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28. Percy/Rabastan (Cada mortífago está encargado de una de las familias que trabajan para el bando de los traidores, Rabastan es el encargado de vigilar a los Weasley, pero no todos le son indiferentes y hará de su labor un duro, duro trabajo)

 

 

🖤 


Rabastan estaba comiéndose una manzana mientras observaba desde su escondrijo la casa de los Weasley.

El sabor entre dulce y ácido de la fruta le encantaba, nunca fue un amante de ellas, hasta que la comida fresca fue un mero recuerdo.

La mayoría de cosas para él lo eran, había entrado a Azkaban cuando tenía 21 años, y el tiempo para él se había congelado. Salvo que fuera seguía corriendo sin descanso.

Dentro de la Madriguera había un buen número de Weasley, pero no eran todos. Faltaba uno.

Miró la hora, ya no llegaría.

Era curioso como siendo solo un mero observador uno podía saber tanto de alguien.

Los Weasley eran una familia realmente numerosa, y escandalosa, leales al bando de Dumbledore, aunque este ya hubiera muerto.

Y sin embargo, no eran la familia tan pura y feliz que querían parecer.

Todos guardaban sus propios secretos, y él los conocía todos.

Arthur Weasley no era el amante esposo que a todos quería hacer creer, alargaba sus jornadas laborales más de la cuenta con tal de no volver a casa con su mujer.

Molly Weasley bebía más de la cuenta mientras preparaba copiosas comidas que en el fondo odiaba hacer.

Bill Weasley estaba teniendo más que un escarceo con un viejo y sanguinario lobo de su bando mientras preparaba una boda idílica con aquella bonita francesa.

Charlie Weasley se había ido a Rumanía, porque no soportaba estar rodeado de una familia tan grande y sus continuas exigencias.
George y Fred Weasley no solo ideaban nuevas bromas en la habitación sobre la tienda en el callejón Diagon, sino una relación completamente incestuosa.

Ron Weasley era un cúmulo de celos patológicos, cargado de complejos y con verdadero mal humor.

Ginny Weasley parecía la más inteligente de todos, su objetivo de cazar al elegido era algo que iba tejiendo como la araña su tela. Si el Señor Tenebroso la captara para su bando las opciones de tener a Potter se incrementarían en un 100%.

Pero ella no era su Weasley favorito, era el que faltaba alrededor de la gran mesa llena de comida navideña. Eran en el que todos pensaban y al que muchos odiaban.

Percy Weasley era tan recto que hasta parecía que pudiera romperse si tan solo tirabas de él.

¿Era más guapo que Bill? No, sin duda el mayor de los Weasley era todo un adonis, Greyback debía estar pasándoselo bien a su costa.

¿Era el más interesante? Ginny y Charlie siempre lo serían más.

Ni siquiera pensaba que fuera el más inteligente, la capacidad de los gemelos para crear era asombrosa.


Tampoco era el más oscuro, un miembro al que poder corromper y llevarse a su bando, ese sería Ron, más nunca Percy.

¿Entonces qué tenía para que le atrajera tanto?

Sí, era alguien que creía fuertemente en sus ideales, al punto de darle la espalda a su propia familia. Algo que Rabastan nunca fue capaz de hacer.

Aunque no estaba en la misma línea que el pelirrojo, fiel defensor del Ministro y el Ministerio, admiraba su modo impoluto de regirse.

Eso y que tenía un buen culo.

Rabastan dio un último bocado a la manzana y la tiró al suelo antes de desaparecerse. Su vigilancia sobre la Madriguera había acabado.

Se apareció en el callejón Knockturn, y se lanzó un par de hechizos que solía usar para proteger bien su rostro, aunque la fotografía que estaba circulando de él obtenida hacía 14 años no le hacía justicia.

Las calles estaban prácticamente desérticas era un día de estar en familia, él ya no la tenía, prefería mil veces más estar acosando a un pelirrojo que pasar un minuto con su hermano y su cuñada.

Percy rentaba una habitación en el Caldero Chorreante, cuando traspasó las puertas del local, algún que otro cliente estaba lo suficientemente solo para que aquello pareciera deprimente.

Percy no estaba allí, subió las escaleras evitando darse en la cabeza, conocía aquel pasillo como la palma de su mano.

Cuatro habitaciones más y llegaría a la del pelirrojo.


Entró sin llamar y le vio sobre una pila enorme de pergaminos y un plato lleno de pavo olvidado.


—Deja de entrar a mi habitación, Murphy.

Ni siquiera le miró, sabía que era él.

Rabastan se bajó la capucha de su capa, una barba oscura con alguna que otra cana, pero limpia y recortada le daban un aire atractivo.

Su nariz era más corta que la original, y su cabello corto y rizado.

Incluso había cambiado el color negro de sus ojos por el mismo azul cielo de Percy, pero él ni siquiera se había fijado.

—Deberías cerrar la puerta, ¿qué pasaría si entra un mortífago?

—No digas tonterías.—Pero levantó la cabeza para mirarle.

No tendría que haber hecho eso, no tendría que estar en aquella habitación haciéndose pasar por un mago que no era para estar junto a uno de los miembros de la familia que le habían asignado para vigilar.

No debería estar deseando ver a este miembro cada vez que tenía oportunidad.

—¿Quieres pavo?—le preguntó el pelirrojo, Rabastan sabía lo que quería y no era pavo precisamente, pero llegó hasta el plato, y se lo llevó hasta la cama tendida pulcramente.

Percy le miró mal por destruir su obra pero volvió a centrarse en sus documentos, y Rabastan en masticar y mirarle.

Rabastan se hacía pasar por un mago irlandés que estaba de paso en Londres tratando de cerrar un negocio de pociones.

Alquilaba la habitación contigua a la de Percy, y habían congeniado al punto de aquella familiaridad.

Eso solo le decía una cosa, Percy estaba muy solo y él también. Se colaba en su habitación cada noche cuando llegaba del Ministerio, la habitación era pequeña y a Rabastan le encantaba invadir sus espacios.

Quizás fuera por su familia numerosa, o por haber compartido habitación tanto tiempo en Gryffindor. Pero después de protestar siempre le aceptaba en su pequeño espacio personal, le dejaba tumbarse con él en la cama, aunque no se tocaran era lo más cerca que Rabastan había estado en años de otra persona.

La confianza que mostraba con él que en el fondo era solo un desconocido le irritaba y también le gustaba. Se había quedado varias veces dormido junto a él, y Rabastan había aprovechado para mirarle muy de cerca. Sus pestañas casi trasparentes, las pecas que se acumulaban en el puente de su nariz, y aquel ceño fruncido constante relajado por el sueño.

¿A qué diablos estaba jugando? Aquello no tenía nada que ver con su tarea.

—¿No tienes familia con la que pasar el día?—preguntó, a Percy la pluma le tembló en la mano, pero siguió diligente con lo que hacía.

Hablaban, casi siempre de cosas relacionadas con el ministerio, con la vida inventada que había creado para Murphy, y en alguna ocasión Percy había hablado de sus hermanos, del caos, de la tarta de calabaza de su madre.

—Es complicado.

Rabastan había escuchado más de una vez lo que los otros Weasley, o buena parte de ellos, pensaban. También lo que pensaba Percy.


—Las familias son complicadas—le ofreció como consuelo. Percy asintió.

Pensó que el pelirrojo pasaría horas sobre el escritorio olvidándose de todo y de todos, incluido del inofensivo Murphy. Pero no, se levantó y le quitó el plato que apenas había probado.

Rabastan sabía que se estaba metiendo en un terrero aún más complicado cuando se levantó de golpe y le besó, pero cuando Percy le devolvió el beso todo dejó de importarle. La misión, los bandos. Solo quería estar con él.

Aquella tarde de Navidad fue la mejor de su vida, y Percy no salió en ningún momento de sus brazos; ni siquiera cuando le hizo ojitos a los pergaminos pendientes de revisar.

Pero fue él el que tuvo que dejarle cuando su brazo comenzó a quemarle. Se despidió de Percy con un nuevo beso y con un mal presentimiento.


Cuando llegó al lugar donde habían sido convocados, deseó no estar allí. En realidad aquella nunca fue su idea, pero cuando se dio cuenta de lo adentro que estaba era demasiado tarde.

Ahora volvía a ser tarde para él.

—El ataque será mañana.—Dolohov había matado por aquella información. —Mañana a las once lanzaremos un ataque y separaremos a Potter del grupo.


A Rabastan el futuro de los demás le daba igual, sin embargo, sabía que con la cantidad de Weasley que habría alguno caería, y aunque Percy no estuviera, eso le afectaría.

Las familias eran complicadas pero al fin y al cabo, eran familias.

Lo que quedaba de noche no pudo volver a los brazos del pelirrojo. Y durmió las pocas horas que le quedaban hasta que se pusieran en marcha.

Sus sueños estuvieron repletos de cabello rojizo y sangre.

Por la mañana, con su verdadero aspecto, Rabastan y el resto de mortífagos se dirigieron a la Madriguera, Potter solo había ido a pasar aquel día señalado, pero volvería a su lugar seguro y ellos lo evitarían.

Rabastan conocía aquel lugar a la perfección, podía imaginar al padre en el cobertizo lleno de tratos inútiles ocultándose de su propia familia. A los más jóvenes echando una partida de cualquier juego ridículo de cartas, las mentiras de los mayores incapaces de enfrentarse a la realidad ante sus padres. Pero lo que no podía imaginar fue que Percy en un arrebato de añoranza, había aparecido aquella mañana.

No debería estar allí, Rabastan no quería que estuviera allí, como había soñado aquello podría ser un baño de sangre repleto de pelirrojos.

Notaba como el corazón se le aceleraba, como la mano con la que manejaba su varita estaba tan tensa que comenzó a echar chispas.

—Aún no—le susurró Dolohov pensando que estaba impaciente por comenzar.

Rabastan calculaba, recalculaba y no veía el modo. Cuando vio aparecer a dos aurores vestidos de paisano supo que era el momento, salvo que él no estaba preparado.

Como en todo la espera fue muy larga pero cuando llegó el momento, todo fue demasiado rápido.

En la Madriguera eran muchos, pero los mortífagos apuntaban a matar, y eso sí marcaba la diferencia. Le vio lanzando hechizos junto a su familia, y casi le cercenan la cabeza por no estar concentrado.

Vio a Potter entre todos ellos, luchando. Si tan solo pudiera sacarle de allí, todo aquello acabaría. Voldemort le quería a él, los demás le daban igual.

La estrategia de todos era la misma, sacar a Potter de allí, pero sus amigos no parecía que fueran a permitirlo.

Percy le miró y le lanzó una Imperdonable, no es que no la mereciera, ni que Percy supiera quién era realmente él.

Los más jóvenes habían caído desarmados, los aurores cercaban a Potter; Charlie, Molly y Arthur Weasley hacían otro frente común.

Pero estaban en desventaja, vio a su cuñada retroceder, cómo odiaba a esa mujer. Sus ojos se dirigían hacia los que estaban intentando ayudar a los heridos.


Apuntó a Percy en un momento en el que este estaba desprevenido. Rabastan la desvió, y ella parecía furiosa. Él le señaló a Potter, y ella volvió a apuntar al grupo de heridos protegidos por un Percy en guardia y su hermano Bill.

Percy volvió a mirarle, con su varita en alto apuntando a uno y a otro. No quería hacerlo.

—Ve a por Potter—le gritó a su cuñada, ella era puro odio—. Ellos no importan.

Realmente no lo hacían para él, solo Percy.

La adoración de Bellatrix por Voldemort era enfermiza, y aquello la hizo moverse. Quería entregarle al chico.

Ahora solo estaba él, y los hermanos que se protegían mutuamente.

Era el momento, tenía que sacarlo de allí.

—No te acerques más.—La voz de Percy era firme, pero Rabastan le conocía, estaba realmente asustado.

Uno de los gemelos estaba gravemente herido, y el otro en estado de shock, la más joven quería levantarse para seguir luchando, no tenía claro si una de sus piernas podría ser de nuevo colocada en su sitio. Ron solo balbucía palabras sin sentido.

Lo que le llamó la atención no fue la varita de Percy apuntando hacia él, sino los ojos del otro Weasley al mirar tras Rabastan.

—Yo me ocupo, Lestrange—la voz bestial de Greyback casi le arranca una sonrisa.

Allí todos tenían suficientes secretos como para venderlos al kilo. No era que el lobo le simpatizara en lo más mínimo, pero en ese momento sería un aliado.


—Te dejaré llevarte a tu pelirrojo, si me dejas al mío.

Los dos se retaron con la mirada, Bill obligó a su hermano a bajar la varita que apuntaba al hombre lobo. Y Percy no comprendió el motivo real.

Fue rápido, Fenrir arrastró tan rápidamente a Bill con él, que solo fueron un borrón. Solo había quedado Percy al cuidado de sus hermanos menores.

Y a Rabastan delante de ellos.

—Te mataré si te acercas, te mataré.

Y Rabastan sabía que era verdad.

Miró hacia atrás, los suyos había derribado a Molly Weasley y uno de los aurores caería pronto.

—Tenéis que iros de aquí—dijo Rabastan, y Percy por primera vez le miró distinto. La voz le era tan familiar, pero no era capaz de ubicarla, no allí, no con aquel aspecto.

Rabastan se acercó, y esquivó por los pelos un rayo azul que le lanzó la pequeña de los Weasley.

La brujita tenía pelotas, una pena que estuviera en el otro bando.

—Sácalos de aquí, Percy.

Lo fácil hubiera sido hacer lo que hizo Greyback, sacar a su Weasley, ponerlo a salvo. Solo que este no lo estaría si no ayudaba a los demás, eso era algo que Greyback nunca comprendería.

—No hay tiempo, a tu hermana se le va a caer completamente la pierna, y al gemelo lo tiene que ver un medimago ya.

Percy sabía que este mortífago tenía razón, pero no confiaba que en cuanto se movieran no los atacaría.

—Por favor.—Y entonces una loca idea se formó en su mente, no era posible.

Rabastan se acercó y Percy le apuntó pero la mano en la varita le temblaba.

—Te ayudaré a sacarlos de aquí, Percy.

—¿Murphy?—Su rostro era una poema de sorpresa y traición.

—Vamos.

Rabastan levantó a Ron del suelo, y Percy ayudó a Ginny que se había quedado completamente callada.

—Tú, recoge a tu hermano—le dijo al gemelo, era Fred, no había dudas.

—No puedo dejar a mi familia.—Percy miraba al resto que quedaba aún luchando.

—La estás ayudando.—Rabastan estaba tan cerca de él, habían lanzado un hechizo antidesaparición, los habían cercado y cazado.

Los que estaban dentro no tenían opciones, pero los que ayudó a salir, sí. Percy sí las tenía.

—Ve a San Mungo.

Un pequeño grupo descompuesto de pelirrojos le miraban. Percy se debatía.

—Fred...

—No voy a dejar que vuelvas—le dijo Rabastan viéndole las intenciones de volver.

Iba a protestar, iba a hacerlo, y él solo quería que se fuera, que no estuviera en peligro.

Le besó, no hacía ni 24 horas que le había besado por primera vez, y quizás después de ese día nunca más lo volvería a hacer.

—Intentaré protegerles.—Aquello era lo más parecido a una sentencia de muerte para él si lo cumplía en verdad. Pero el rostro de alivio de Percy era tal que supo que las cosas se complicarían para él.

—¿Quién eres en realidad?—preguntó Percy, completamente convencido de que Murphy y este hombre delante de él eran la misma persona.
La misma con la que había compartido tanto en tan poco tiempo. La misma que le había engañado.

—Rabastan Lestrange.

Percy asintió, y se desapareció con sus hermanos.

Rabastan volvió, tenían a Potter, y no quedaba nadie en pie.

—Vámonos—gritó Dolohov, pero vio a varios apuntando a los caídos.

Quizás no quedara nada de ellos, quizás aún tuvieran una oportunidad. Varios aurores rompiendo las defensas que ellos habían levantado serían los que salvaran a Rabastan de delatarse.

Todos huyeron con Potter como premio para su señor.

Pero antes de desaparecer, la Madriguera crepitó, el hogar de los Weasley fue destruido entre las llamas.

Rabastan solo pudo pensar en Percy, y en el dolor que este sentiría.

Rodolphus tiró de él, sin duda la familia era complicada, pero al fin y al cabo, era familia.

 

 

 

 

 

Notas finales:

Las que hayáis leído los kink week sabréis lo que me gusta esta pareja, aquí salió de un trágico importante. 

Esta idea me la dio   @SelenaGonzalez082  espero que te haya gustado.

 

Nos vemos en el siguiente.

 

Besos

Shimi



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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios