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Uravity le presentó a las chicas: Creati, Earphone Jack y Froppy. Todas en igual estado de semidesnudez en el que les era imposible inmutarse, y que Katsuki correspondió con apenas un asentimiento.

Rodeado por ellas estaba el tipo que antes los sorprendiera a él y a Kirishima en el baño, y en su primera reacción dedujo Katsuki que el reconocimiento era mutuo.

—Y éste de aquí es... Bueno, él puede presentarse por sí mismo, pero es nuestro chico especial —dijo Uravity, y el tipo en cuestión agachó la cabeza con vergüenza.

—Uhm, Izuku Midoriya —dijo su nombre.

—Katsuki Bakugou —respondió de igual manera, de pronto incómodo porque no encontró sentido en quedarse, pero claro, Uravity tenía otros planes.

—Chicas, ¿por qué no le hacemos espacio al recién llegado? —Propuso con un tono de voz especial que todas comprendieron, y sin saber bien cómo lo habían conseguido, Katsuki terminó sentado en ese booth al lado de Uravity, quien a su vez tenía al tipo misterioso, a Izuku Midoriya, en el otro extremo.

Katsuki ya se estaba lamentando de su tonta decisión de acompañar a Uravity a esa mesa, y lo que era peor, Kirishima no parecía ni darse por enterado de que lo había dejado, porque con Pinky sobre sus piernas y los dos susurrándose lindezas al oído no tenían ojos para nada más que el otro.

—Mmm, qué buena vista hay desde aquí de todas las mesas —murmuró Katsuki para sí, y Uravity recargó su cabeza contra su hombro.

—Ese es el plan.

—¿Qué plan?

—Ah, todavía no te has dado cuenta...

—Estoy harto de tus acertijos. Si quieres decirme algo sólo dilo.

—Pero eso no sería tan divertido.

—No estoy aquí para ser tu juego privado.

—No lo atormentes, Uravity —dijo Midoriya, y un escalofrío recorrió a Katsuki sin que pudiera evitarlo.

—Pero es divertido —dijo la chica, recargándose ahora hacia su lado—. Además, no es como si esperara ninguna propina de su parte por buen comportamiento. Es gay, ¿sabes?

—¡Hey!, no estés ventilando mis asuntos así como así, cara redonda —gruñó Katsuki.

—Creí que no te avergonzabas de quién eres.

—Y no lo hago, pero... Uh...

—No le hagas caso —dijo Midoriya—. A mí también me molestó así al inicio.

Katsuki se giró para mirarlo. ¿Acababa de confirmar Midoriya que era...? Pero entonces...

—Y una vez que termina contigo...

—... confieso que yo también soy gay —terminó Uravity la oración por Midoriya, y a Katsuki por poco se le desencajó la mandíbula de su sitio—. ¡Exacto!, porque esa es mi reacción favorita en todo el mundo.

—Joder...

—Oh, pero sin palabrotas —le amonestó Uravity con un golpecito de su dedo índice en el labio inferior de Katsuki—. Por eso me gustan los clientes como tú. Al menos así me puedo sentir a salvo, aunque en realidad no es muy diferente de siempre, ¿uh? —Y se dirigió a Midoriya para eso último—. Ya sé, ¿qué tal si voy por unas bebidas para todos? Esta vez invito yo. Para hacer las paces.

—Lo que sea —masculló Katsuki al pegarse al asiento y dejar que Uravity pasara encima de él refregándole en el rostro los pechos porque sabía que estaba segura a su lado—. Jo, creo que me ha picado un ojo con uno de sus pezones...

—Al menos puedes agradecer que hoy no trajera puestos sus piercings —dijo Midoriya, y Katsuki le miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Lo dices en serio?

—Ella puede mostrártelo. Tiene fotografías, y se las presume a cualquiera que pregunte.

—Ouch.

—Eso mismo pienso yo, pero debo admitir que el efecto visual es... agradable.

Katsuki rió entre dientes. —¿Deduzco entonces que no eres tan gay como Uravity quiso hacerte parecer?

—Oh no, lo soy —confirmó Midoriya con seriedad—. Pero tengo ojos.

—Yo igual.

—Y sentido estético.

—¿E insinúas que yo no?

—Sólo digo que-...

—Relájate —dijo Katsuki—. También creo que un par de piercings en los pezones sería una vista agradable, pero los prefiero verlos donde pueda sacarles provecho.

—Ah, ya entiendo —y su rostro adquirió un saludable tono rosáceo que incluso bajo las lámparas de baja iluminación del bar provocaron reacciones de interés en Katsuki.

Jugueteando con un hilo que colgaba de su camiseta, Katsuki consideró sus opciones respecto a cómo guiar la conversación hacia donde él quería ahora que se encontraba ahí, pero Midoriya se le adelantó.

—Tu amigo, el que está con Pinky... ¿Es Kirishima?

—¿Pinky lo mencionó?

—Sólo unas 20 veces en lo que va de la noche. Estaba bastante emocionada porque hoy iba a venir a conocerla en su trabajo.

—Seh, ese es Kirishima.

—Se ven felices.

Son felices —recalcó Katsuki—. Eso mientras Pinky no le rompa el corazón, o la billetera.

—Ella no es de ese tipo de chica.

—Ya, ¿pero el resto sí?

—No. Miss Midnight jamás se queda con chicas así en la nómina. En cuanto ve problemas, las despide.

—Pareces saber mucho al respecto.

—Sólo, ah, lo que me cuentan.

Uravity volvió a su mesa con una bandeja sobre la que traía las bebidas, y Katsuki no pasó por alto que los 3 bebían té sin alcohol. Por descontado que eran los únicos en todo el establecimiento que acudían ahí a no emborracharse, pero mientras que de Uravity lo comprendía, de Midoriya no.

—Necesito polvearme la nariz, caballeros —dijo Uravity sin llegar a sentarse—. Vuelvo en unos minutos, pero conversen entre ustedes en mi ausencia.

Katsuki la vio alejarse, y por dentro la maldijo a ella y a su burda excusa de actuación para dejarlo ahí con Midoriya.

—Uravity se cree muy lista...

—No la tomes contra ella —defendió Midoriya a la chica—. Está enamorada, y por lo tanto quiere que los demás también lo estén. Por eso está tan feliz de que Pinky y tu amigo Kirishima estén juntos.

—¿Uravity tiene a alguien? —Katsuki frunció el ceño—. ¿Y no le importa que trabaje aquí?

Midoriya denegó con la cabeza. —¿Recuerdas a Froppy? —Katsuki hizo memoria de una de las chicas que antes estaban con él; algo bajita y con pocos pechos—. Ella es su novia. Se conocieron aquí, así que trabajar en un bar de pechos no es el problema por el que algún día su relación se vaya a pique.

Katsuki se llevó el té a la boca. —Pf, quién fuera a decir que habría tantos gays en un bar de este tipo —dijo antes de beber, y a su lado Midoriya se encogió de hombros.

—Es un trabajo como cualquier otro. Hay seguro médico y dental, además de prestaciones de ley. Y no todos los que vienen aquí están exclusivamente por los pechos. A veces sólo quieren compañía, alguien con quién charlar, o les gusta la música y el ambiente del local.

—Ya, como tú, supongo. —Katsuki volvió a dejar su vaso sobre la mesa—. ¿Eres el favorito de las chicas porque dejas buenas propinas, porque como gay eres inofensivo, o...?

—Elijo la tercera opción —dijo Midoriya, y fue la primera vez que Katsuki lo escuchó reír.

—¿Es tu manera de decir que escondes un secreto?

—Puede ser...

—No pienso preguntar —dijo Katsuki petulante, y Midoriya se encogió de hombros.

—Como prefieras.

—No, sí quiero saber. ¿Eres su chulo, verdad?

—Nah.

—Ya lo sabía. Uravity me lo contó.

—¿Ah sí? —Midoriya se giró hacia él y le sonrió en exclusiva, provocando un cosquilleo en la nuca de Katsuki—. ¿Y qué más te dijo?

—Cosas.

—Mmm, así que cosas...

Katsuki decidió que se iba a dejar de juegos. —¿De verdad eres gay?

—Claro.

—¿Y tienes novio?

—No, por ahora no.

—¿Amante? ¿Amigo con derechos?

—Nop y nop —recalcó Midoriya golpeando la ‘p’ con su labio inferior y al parecer divertido del interrogatorio al que Katsuki lo estaba sometiendo—. ¿Por qué tanto interés de pront-...? Oh...

Sin perder tiempo porque no era del tipo que dejara ir sus oportunidades, Katsuki puso su mano en el muslo de Midoriya, y sus dedos masajearon la firme carne de la parte interna.

—Ya veo que Uravity no mintió tampoco en eso.

—¿Uh?
—Dijo que tenías buenas piernas.

—No es para tanto.

—Eso lo decido yo —murmuró Katsuki al ascender con su mano sobre su muslo hasta llegar a la conjunción con su cadera, y despacio, con deliberada lentitud mientras miraba a Midoriya a los ojos, tanteó el prominente bulto que se estaba formando en sus pantalones.

—Ah —exhaló Midoriya antes de poner su mano sobre su muñeca y detenerlo.

—¿Qué, no te interesa? —Lo retó Katsuki a negar lo obvio.

—No es eso.

—¿Entonces?

—No puedo.

—¿No puedes o no quieres?

—Realmente no puedo —enfatizó Midoriya—. Miss Midnight pediría mi cabeza en una bandeja por hacer eso en horario de trabajo.

«¿Qué diablos...?», pensó Katsuki, pero entonces a su mesa llegó una charola con botanas, y tras un breve examen fue Midoriya quien dictaminó que eran cortesía de Uravity.

—Espero que tu amigo Kirishima tenga suficientes fondos o si no...

—Ese idiota —gruñó Katsuki—. Es capaz de vaciar su cuenta del banco en esta salida.

—Lo dudo. Apenas han bebido alcohol, y estas botanas no son tan caras.

—Ya, y cuando no pueda pagar porque su tarjeta tiene fondos insuficientes un monstruo musculoso con una cicatriz enorme en el rostro le exigirá salir al callejón trasero a ajustar cuentas —dijo Katsuki, de pronto un poco inquieto por el bienestar de su amigo, quien seguía contemplando con adoración a Pinky sobre su regazo mientras la chica lo alimentaba con cacahuates y le jugaba los cabellos de la nuca.

—Nah, lo despidieron —dijo Midoriya con trazas de humor en su voz—. El nuevo chico es mejor.

—¿Y qué, se hace llamar ‘Nudillos’ y lleva una navaja en el bolsillo trasero de sus pantalones de cuero negro?

Midoriya rompió a reír con una profunda carcajada que atrajo la atención de unas cuantas mesas a su alrededor, así que se cubrió la boca con una mano hasta que consiguió reponerse.

—¿Eres siempre así de imaginativo? —Le preguntó a Katsuki, que en respuesta se encogió de hombros.

—¿Qué, no son siempre todos así?

—No, no siempre —dijo Midoriya con un brillo especial en los ojos.

Joder, esos ojos verdes que le recordaron a Katsuki que su intento por seducirlo antes había fallado y que no tenía mucho más qué hacer en esa mesa.

—Vale, genial haber conversado contigo, o no... —Empezó Katsuki, trazando un plan simple de volver a su mesa, quitar a Pinky del regazo de Kirishima, y convencer a éste último de que era una buena hora de marcharse. De paso, tener de regreso a su departamento una seria conversación respecto a los sitios que eran buena idea para tener una cita, como el centro comercial o un parque de atracciones, pero nunca un bar de pechos sin importar circunstancias atenuantes. Sin embargo, Katsuki no consiguió terminar su oración cuando desde recepción se escuchó un ruido de voces más alto que el de la música ambiental que permitía mantener conversaciones normales en el establecimiento.

A su lado, Midoriya prestó de pronto toda su atención a la entrada, a tiempo para presenciar cuando un enorme sujeto que apenas cabía por el marco de la puerta y vestía una gabardina entró al lugar armando un escándalo y llamando un nombre en particular.

—¡No me importa si no quiere verme, yo a ella sí! —Gritaba el sujeto con voz ronca, y Katsuki hizo una mueca al ver su rostro tosco como tallado en piedra y de aspecto desaseado—. ¡Pinky! ¿Dónde estás, maldita mujerzuela? ¡PINKY!

—Mierda... —Exhaló Katsuki, pues al volver su vista a la mesa de Kirishima, descubrió que éste en lugar de soltar a la chica en cuestión la había abrazado sobre su regazo y ésta se protegía rodeándolo con ambos brazos alrededor del cuello.

No era así como Katsuki imaginó siquiera que su noche iba a concluir, porque si bien Kirishima iba al gimnasio y practicaba box (el maldito tenía un gancho de izquierda tan bueno que ni Katsuki podía con él en las ocasiones que se le unía para un sparring de aficionados), ni de lejos estaba en condiciones de enfrentarse a un hombre que más bien parecía una montaña de músculos.

—Ah, no de vuelta —gruñó Midoriya, que perdiendo su expresión juvenil y alegre que le había caracterizado hasta ese momento, de un movimiento se puso en pie y con un salto que nada tenía que envidiar al de una liebre de la pradera brincó sobre la mesa y se lanzó de lleno a contener al recién llegado.

—¡Deku! —Gritó la mujer ya en sus 30s que Katsuki había reconocido como Miss Midnight, la dueña del lugar, y fue Midoriya el que acudiendo a su llamado llegó justo a tiempo a la mesa de Kirishima para impedir la tragedia.

En parte al menos.

El recién llegado se plantó frente a la pareja que ahí se encontraba, y mientras Katsuki se deslizaba de su asiento con intenciones de servir de refuerzo a su amigo, éste continuaba sujetando a Pinky y no se dejaba amedrentar por sus gritos.

—¡Mujerzuela!

—¡Déjame en paz, Machia! ¡Lo nuestro ha terminado!

—¡Nunca! ¡Eres mía! ¿Lo escuchas? ¡MÍA!

Kirishima cometió el error de entrometerse. —¡Ya la has escuchado, idiota! Pinky no quiere absolutamente nada que ver cont-...

Katsuki se había acercado a un escaso metro de distancia cuando aquella mole de humano, Machia, lanzó el primer golpe y conectó contra el hombro de Kirishima, que haciendo lo posible por proteger a Pinky entre sus brazos lo recibió de lleno.

—Joder, joder... —Exhaló Katsuki, tensando los músculos y haciendo sus manos puños listo para enfrentarse él también al recién llegado, pero entonces Midoriya se interpuso entre ellos, y aunque medía fácilmente la mitad que Machia, no se dejó amedrentar.

—¡Te lo he advertido antes! —Le gritó posicionando sus piernas un tanto separadas para servirle de soporte y listo para lo que parecía una embestida, y pantorrillas atléticas o no, Katsuki se preparó para presenciar una masacre en toda regla.

—¡No te metas, Deku!

«¡¿Deku?!», gritó el subconsciente de Katsuki, que hizo un repaso de dónde carajos había escuchado ese nombre durante la noche y un chispazo de luz iluminó su cerebro al visualizar a Uravity mencionarlo como aquel que ponía a los pervertidos en su sitio. Por descontado que tenía que ser el guardia de seguridad, y por un instante tuvo Katsuki dudas de que un tipo al que sobrepasaba por varios centímetros pudiera enfrentarse a un gigante como el tal Machia.

Oh, pero no podía estar más equivocado...

Uravity no había mentido al afirmar que Midoriya tenía un par de piernas espectaculares, pero Deku tenía lo dejó mejor en manifiesto al utilizar una de ellas para golpear a Machia y hacer que retrocediera, maniobrando técnica y precisión de una manera fenomenal.

—¡Es tu última oportunidad para marcharte por tu propia cuenta, Machia! —Gritó Midoriya, y Katsuki contuvo el aliento.

Por supuesto, alguien como Machia no iba a dar marcha atrás en sus amenazas, y pendenciero adoptó posición de pelea y se dispuso a enfrentarse a su contrincante sin importarle las consecuencias.

—¡Nadie se interpondrá entre Pinky y yo! —Gritó Machia, y con esa locura que a veces se confunde con exceso de seguridad embistió a Deku igual que un toro dispuesto a cornear a cualquiera que se pusiera dentro de su área de rango.

Deku le esquivó, y lo que era más, se valió de su tamaño para ponerle una zancadilla y hacerlo tropezarse y quedar de rodillas. La escena habría sido cómica de no ser porque al levantarse Machia volteó la mesa sobre la que Kirishima y Pinky tenían sus bebidas, y el ruido de cristales rotos puso fin a cualquier atmósfera que hubiera quedado en el local.

—Ah, pero es que este tipo jamás aprende —dijo Uravity, posicionándose a un lado de Katsuki y refugiándose a medias detrás de su brazo.

—¿No es la primera vez que hace esto?

—Nah. Machia solía ser un cliente frecuente de Pinky pero su comportamiento dejaba mucho a desear, y cuando empezó con sus celos ella le puso un alto definitivo. Después de un par de incidentes se le vetó la entrada al establecimiento, pero claro, intenta detenerlo en recepción... Miss Midnight ha preferido manejar esto por su cuenta, pero creo que hoy sí llamará a la policía.

—No parece que sea necesario... —Murmuró Katsuki, pues en el corto lapso en el que él y Uravity habían conversado, Deku se las ingenió para doblegar a su contrincante y tenerlo de cara al piso y sujetarlo por un brazo con el pie sobre su hombro, de tal manera que si se atrevía a moverse corría el riesgo de luxación.

—Te lo advertí —jadeó Deku por el esfuerzo, y aunque Machia se retorció en su sitio, le fue imposible moverse antes de que un par de agentes de policía llegaran listos para arrestarlo.

Ok, eso había sido sexy. No la paliza brutal que Deku le propinara a Machia (vale, quizá sólo un poco) sino la manera tan simple en la que éste se había pasado las manos por el cabello, acomodado la ropa, y como si nada vuelto a su habitual yo que ni siquiera era más alto que Katsuki pero que escondía una máquina de pelear debajo de aquella ropa anodina.

—Wow...

Uravity lo codeó, y con sorna le cerró la boca abierta con unos golpecitos de su dedo índice. —¿Alguien se ha enamorado, eh?

—Tsk, cállate. No es de ti.

—¿Piensas invitarlo a salir?

Pero Katsuki no respondió nada.

Con la llegada de la policía y la detención de Machia, la dueña del lugar encendió las luces y mandó a las chicas tras bambalinas para desvestirse (¿o en su caso sería ‘vestirse’?) porque la diversión de la noche se había terminado. A los clientes les pidió Miss Midnight amablemente pasar a pagar tras disculparse por el incidente, y Kirishima se mostró un tanto decaído al salir de ahí sin Pinky a su lado.

—Lo siento, colega —murmuró apenado cuando él y Katsuki ya se encontraban en la calle—. No era así como imaginaré que acabaría nuestra noche.

—Ya.

—Supongo que ahora dirás algo como ‘te lo dije’ respecto a salir con chicas que trabajan en sitios como estos, pero antes siquiera de que lo intentes es que debes de saber que yo estaba al tanto de Machia porque Pinky me lo contó todo de antemano y entre ellos dos jamás hubo nada salvo una relación  profesional que-...

—Argh, ¿puedes callarte de una vez por todas, Puercoespín? —Gruñó Katsuki, y Kirishima se quedó con la boca entreabierta a mitad de la oración—. Obviamente no era culpa de ella, sino de ese idiota obsesionado que no sabe tomar un ‘no’ por respuesta.

—¿Cómo...?

—Uravity me lo contó. Pero ya antes me había hecho una idea de tu novia y... Ni su pasado ni su trabajo actual cambian quién es en realidad, ¿no? Te hace feliz y parece que tú a ella, así que está bien.

—¡Oh, Bakugou! —Volvió Kirishima a lanzarse a sus brazos, y hastiado Katsuki lo dejó porque era más fácil que intentar sacudírselo de encima.

—No te emociones, idiota —le palmeó Katsuki la espalda—. Porque si Pinky intenta utilizarte como su cajero automático personal o se convierte en un problema, yo mismo intervendré.

—Te lo juro que no será necesario.

—Más te vale.

Y porque ya pasaba de medianoche y el servicio de trenes pronto dejaría de funcionar, juntos emprendieron la marcha al piso que compartían.

 

Después de aquella caótica noche, Katsuki tuvo serias dificultades para reconocer un par de días después a la chica que se presentó a su puerta a la hora del almuerzo y que de buenas a primeras le resultó una desconocida hasta que ésta misma amenazó con levantarse la blusa y enseñarle los senos.

—¡Soy yo, Pinky! Aunque en mi tiempo libre prefiero utilizar mi nombre, Mina Ashido.

—Ugh... Es demasiado temprano para esto... —Gruñó Katsuki al franquearle la entrada, pero Kirishima opinó lo contrario al recibir a su novia en un fuerte abrazo en el que la alzó del piso y la hizo girar antes de volverla a depositar sobre sus pies.

Así que Ashido se quedó a comer, y a Katsuki no le importó preparar comida para uno más porque a cambio tuvo oportunidad de escuchar de primera mano el resultado final de la pelea de la otra noche.

—... así que Machia tiene prohibido poner un pie en el establecimiento y Miss Midnight habló con los encargados de los bares de al lado para que si alguien lo ve llamen a la policía antes de que la situación escale a más.

Katsuki escuchó a medias a la espera de noticias de la persona en la que estaba interesado, pero como Ashido no lo mencionó, al final él acabó por preguntar.

—Y, uhm, ¿Deku no se enfrentó a cargos por pelear con Machia?

—Oh no, al contrario. Miss Midnight decidió darle una bonificación, y yo por mi cuenta pienso darle todas las propinas de una semana por el enorme favor que me hizo al protegerme.

—¿Quién es Deku? —Preguntó Kirishima.

—Nadie.

—El guardaespaldas del bar —respondieron al mismo tiempo Katsuki y Ashido, y al instante comprendió la chica lo que ocurría—. ¡Te gusta!

—¡No!

—¡Te gusta Deku!

—¿Te gusta el tal Deku? —Inquirió Kirishima, y Katsuki hizo una mueca.

—Eso es asunto mío.

—Entonces es un sí.

—Eso explica por qué Uraraka preguntó tanto de ti después de que te marchaste.

—¿Uraraka?

—¡Uravity! —Ashido sonrió y con alegría batió palmas—. En ese caso tienes que volver al bar. ¡Oh, es tan romántico!

—Pf, ¿qué hay de romántico en eso? —Desdeñó Katsuki la noción, pero la chica no se dejó desanimar.

—Es obvio que entre ustedes 2 hubo química la otra noche.

Kirishima se mostró confundido, y Katsuki no lo juzgó. Después de todo, su amigo sólo había tenido ojos para Pinky y sus pechos aquella velada, pero al parecer Ashido había estado más atenta a los alrededores, y una pequeña llama de esperanza apareció en el pecho de Katsuki.

—Deku preguntó por ti después de que te marchaste, ¿sabes? —Le tentó Ashido con una sonrisa en labios, y por una vez en la vida, Katsuki decidió que estaba harto de fingir indiferencia.

—¿Lo juras?

—Por mis pechos —declaró Ashido—, que si acaso miento, se caigan y los pezones me lleguen al ombligo.

—Ew.

—¡Hey colega! —Se rió Kirishima—, eso tiene que significar bastante.

—Sí —confirmó Ashido al colocar sus manos debajo de sus senos y levantarlos en contra de su peso y la gravedad—. Son mi fuente principal de ingresos, y jamás juraría por ellos en vano, ¿comprendes?

Despacio, calibrando sus opciones, Katsuki asintió y trazó un plan.

 

Vestido con chaqueta, gorro, bufanda y gafas de sol, Katsuki se presentó una semana después en el bar de pechos donde trabajaba Pinky pero esta vez iba por su cuenta y sin la posibilidad de culpar a Kirishima por su predicamento. Lo que era peor, a pesar del aire acondicionado del local, el calor debajo de todas aquellas prendas lo estaba matando, y con manos sudorosas tomó el menú que la chica en recepción le entregó.

—Uhhh... —Katsuki contempló aquella colección de fotografías de pechos sin saber qué hacer, porque él no venía a pasar el rato con alguna de esas chicas, sino que quería repetir su encuentro con Deku, quizá hasta sopesar las probabilidades que tenía de conseguir que al final de la noche accediera a verlo en otro sitio, pero claro, Deku no estaba en el menú sin importar que seguro debajo de su camiseta debía de tener un par de pectorales decentes a juzgar por el modo en que había lidiado con Machia hacía menos de una quincena atrás.

—Si el amo no sabe a quién elegir, puedo darle sugerencias —se ofreció la recepcionista, y Katsuki denegó con la cabeza.

Al diablo con eso. Iría a la segura.

—No. ¿Está Uravity disponible?

La recepcionista consultó en su computadora. —En 15 minutos lo estará. ¿Gusta reservarla por una hora?

—Nah, que sea el resto de la noche —dijo Katsuki, dispuesto a tener de su lado a la mejor aliada posible para aumentar sus probabilidades de éxito.

—Muy bien, una de nuestras otras chicas lo llevará a su mesa y estará con usted mientras Uravity queda libre para atenderlo.

A Katsuki lo acompañó una chica anodina a morir con un buen par de pechos pero que no causó gran impresión en él porque apenas sentarse en su mesa buscó a los alrededores por la presencia, ya fuera de Uravity o de Deku hasta dar con ambos. La chica estaba apenas a un par de mesas de distancia, en compañía de 3 tipos que eran incapaces de mirarla más allá de la clavícula, pero que al menos mantenían las manos para sí y no eran un problema. En cuanto a Deku, Katsuki lo localizó en su mesa de siempre y tan sorprendido de verlo ahí que al instante desvió la vista y durante el siguiente cuarto de hora se negó a reconocerlo.

—¿Qué piensas de Deku? —Le preguntó Katsuki a Stealthy, su compañera para esa noche, y la chica suspiró antes de sonreír con languidez.

—Que es una pena que sea gay.

«Ya, pero puede que tu pérdida sea mi ganancia si juego bien mis cartas», pensó Katsuki, aprovechando al menos el tiempo que tenía a su disposición para armarse de toda la información posible que estuviera a su alcance.

De ese modo consiguió enterarse de los pormenores desde la última vez que Machia estuvo en el local por parte de alguien que lo vivió desde la primera fila, y Stealthy no se cortó en detalles al describir otro incidente ocurrido apenas un par de noches atrás en el que un ebrio cualquiera había intentado propasarse con una de las chicas antes de terminar en el callejón trasero con la mandíbula desencajada de su sitio.

—No me malinterpretes, no estoy a favor de la violencia —dijo Stealthy con mirada diáfana—, pero cuando se lo merecen, Deku es la persona indicada para defender nuestro honor.

—Qué afortunadas son de tenerlo —dijo Katsuki con intenciones de sonar sarcástico, pero el tono en su voz no pegó y Stealthy asintió repetidas veces con emoción.

—Sí, sin dudarlo.

Katsuki escuchó todavía un poco más de las hazañas de Deku antes de que el reloj marcara el final de esos 15 minutos de espera y Uravity se uniera a su mesa tras examinarlo con ojo crítico.

—Vaya, vaya... Si es justo la única persona en el mundo que no esperaba encontrar de vuelta en este sitio.

—¿Y por qué no? —Inquirió Katsuki apenas estuvieron juntos a solas—. Este bar parece ser el sitio perfecto para que un gay como yo la pase bien sin demasiadas preocupaciones en mente.

—Admítelo —le chinchó Uravity—. Vienes a ver a Deku.

—Nah.

—Kirishima le contó a Pinky que hoy estarías aquí y ella me lo dijo a mí. Por supuesto que yo le pasé el mensaje a Deku, pero el pobre creyó que le estaba tomando el pelo.

—Ah, eso explica que en todo este rato no haya volteado para acá.

—¿En serio? —Uravity miró por encima de su hombro, y captó justo el momento exacto en el que la curiosidad de Deku pudo más y los estaba viendo, pero en el acto volvió a girar la cabeza y a esconderse detrás de una máscara de absoluta concentración por lo que alguien más hacía en otra mesa—. Interesante...

Katsuki exhaló. —Sé honesta, ¿crees que tengo posibilidades?

—¿Con Deku?

—Ciertamente no vine por ti.

—Aw, y sin embargo has pagado por tenerme contigo el resto de la noche —dijo Uravity con buen humor, empujando a Katsuki en el costado con su cuerpo—. ¿Quieres que vayamos a saludarlo?

—¿No es demasiado pronto?

—Nah, Deku también ha preguntado por ti.

—¿En serio? —Aunque se odiaba por la nota de patetismo en su voz, Katsuki no pudo evitar sentir un chispazo de emoción.

—No lo sabrás si no vienes conmigo y te cercioras por ti mismo...

Y porque al parecer era su especialidad como persona gay ayudar a otros del gremio a encontrar el amor, Uravity se deslizó fuera del booth y le tendió la mano a Katsuki.

—Ven —dijo con una sonrisa, y movió los dedos en movimientos atrayentes.

«Carajo, ¡sí!», pensó Katsuki al sujetar su mano y dejarse llevar por ella a la mesa del rincón donde Deku ya no podía fingir ignorarlos y se sonrojó de manera visible incluso bajo aquellas luces de baja potencia.

—Bakugou aquí pagó para tenerme por toooda la noche —exageró Uravity su declaración al sentarse en el booth y luego jalar a Katsuki con ella—, pero me temo que mi compañía no sea suficiente.

—Uhhh...

—Tranquilo, no te distraeremos de tu trabajo. No más de lo habitual, al menos —dijo Uravity al guiñarle un ojo a Deku, y sin más quedó zanjado que por esa noche serían un trío.

 

Katsuki se quedó hasta la hora de cierre del local y durante los amplios espacios de tiempo en los que Uravity se desaparecía pretextando ir al sanitario, él y Deku charlaron de todo y nada. Por descontado que no volvió a intentar su numerito de tocarle bajo la mesa, pero consideró una victoria cuando al final de la noche Deku le entregó un papel con su número de teléfono.

Sin perder tiempo, Katsuki le escribió, y de esa manera se mantuvieron en contacto hasta que la semana siguiente Katsuki volvió al bar y reservó el resto de la velada con Uravity.

—Ah, agradezco el honor, pero me haces sentir culpable por tomar tu dinero y a la vez halagada por considerarme su cupido —dijo la chica cuando por segunda vez lo llevó a la mesa de Deku y lo dejó ahí con éste bajo el pretexto de atender unos asuntos en los vestuarios.

Si Deku encontraba molesto contar con la compañía de Katsuki, la verdad es que nunca lo demostró. Y con cada hora que pasaban juntos la tensión sexual crecía más y más entre ellos.

Katsuki volvió una tercera vez al bar, y para entonces Uravity le puso los ojos en blanco y se negó a aceptar su dinero.

—Le gustas, espero estés al tanto —le espetó mirándolo directo a los ojos, y Katsuki esperó a su veredicto final—, pero... Es casi doloroso verlos esperando que sea el otro el que dé el primer paso.

—¿Y cuál es tu consejo?

—Paga mis horas hasta el cierre pero quédate conmigo. Limítate a comprar bebidas, y cuando bar cierre, invítalo a cenar.

—¿No es...? —Katsuki arrugó el rostro, pero Uravity desestimó sus nervios.

—Confía en mí.

Y justo eso hizo Katsuki cuando 30 minutos antes del cierre del local le envió a Deku un mensaje a través de la sala y casi al instante éste le respondió:

 

K: ¿Saliendo de aquí quieres cenar conmigo?

D: Sí.

D: ¿Es por eso que no te acercaste a saludar?

K: Estoy reservando lo mejor de mi conversación para la cena.

 

Si bien seguro llevar a Deku a su piso (tras un previo mensaje exprés a Kirishima para que se mantuviera silencioso en su habitación), cocinar un platillo de 3 tiempos y después dormir con él en todos los sentidos que la expresión incluía no eran los planes que Uravity tenía en mente cuando se lo sugirió, Katsuki no tuvo quejas de los resultados finales cuando a la mañana siguiente Deku se arrebujó más contra su pecho y declaró que si conseguía estar más cómodo sólo sería en muerte.

Seguramente tampoco era lo que el propio Deku había imaginado, pero recorriendo con su mano el costado de Katsuki mientras éste comprobaba por su cuenta una vez más que la descripción de sus muslos no era ninguna exageración de Uravity, ninguno de los dos tenía queja alguna por el desenlace al que habían llegado.

—Kacchan podría trabajar en nuestro bar de pechos... —Murmuró Deku apenas despertar, todavía medio adormilado y con la mejilla apoyada en uno de los pectorales de Katsuki—. Ganarías buenas propinas...

Katsuki rió entre dientes. —¿Qué has dicho? Espera... ¿Cómo me has llamado? —Una pausa, y en voz muy baja pero repleta de curiosidad—. ¿En verdad lo crees?

El besó que le plantó Deku en sobre el erecto y sonrosado pezón fue su única respuesta.

 

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Notas finales:
Imagino que lo saben, pero la H es de Hentai *risas por el título*
Mi idea central era tener a Izuku como guardaespaldas de las chicas, y como es gay, todas molestándolo con insinuaciones y refregándole los pechos porque saben que no hay peligro, pero luego pensé en escribirlo desde el POV de Katsuki y revelar mil pistas en el camino que nosotras como lectoras sí entendemos pero él como idiota no.
Espero les haya gustado, graxie por leer~!
p.d. Como siempre, cualquier comentario kudos es bien recibido :)
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


9 sonatas literarias




--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios