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8.- Azúcar quemada y caramelo.

 

—¿Qué tanto hablaste con Shouto? —Preguntó Izuku apenas moviendo los labios en cuanto Katsuki volvió a su lado, y éste se compró unos segundos extra metiéndose un bocadillo a la boca.

En sí, la intención de Katsuki no había sido actuar como un animal posesivo de lo que en su opinión era suyo. Sus celos, si bien presentes y bien reconocidos, no eran más fuertes que su mente racional, y estaba en cierta medida orgulloso del nivel de contención con el que había confrontado al idiota bicolor. Además, a su criterio él estaba en lo correcto. Izuku quería ser amigo con sus exes, como lo era con Ochako y a la que le entregaba total acceso a su persona. Todoroki estaba en medio de ese camino, era fácil verlo en la manera en la que Izuku todavía se mostraba reservado en su presencia; siempre cortés, pero raras veces cercano. Katsuki no tenía claro si su intervención estaría o no a su favor, pero también creía que ya era momento de que Todoroki hiciera un mejor trabajo escondiendo sus sentimientos remanentes por Izuku y aceptara como él mismo había dicho que no, que Izuku no volvería a su lado, y que si su amistad era lo único que éste tenía para ofrecerle, debía ser un buen amigo a cambio. No un ex esperando una segunda oportunidad en puerta, sino un verdadero amigo...

«Y más me valdría aprender lo mismo si por alguna razón yo soy el siguiente en esa lista de exes...», pensó Katsuki, deglutiendo lo último del bocadillo en la boca, y como nunca el fresco sabor del pepino le resultó igual que haber comido un puñado de arena.

—¿Y bien? —Presionó Izuku en voz baja, los dos buscando ser discretos porque los rodeaban otras personas.

—Nada importante —respondió Katsuki—. Sólo... consejos. De un amigo a otro.

Izuku arqueó una ceja en un gesto incrédulo, pero no lo acusó de mentir porque no era momento para pelear. No estaban a solas, y no querían montar una escena en medio de la fiesta.

—¿Debo preocuparme?

—Nah —dijo Katsuki, con una mano sosteniendo su plato mientras le echaba un brazo sobre los hombros y lo atraía más cerca a su costado.

Para cualquiera que les dedicara un vistazo, era evidente que su relación no se limitaba a lo profesional, pero rodeados de sus amigos que nada juzgaban y estaban enterados a medias de lo que ocurría, se sentían en confianza. Quizá atraerían la curiosidad de otros de sus colegas, pero nadie osaría preguntar. No todavía al menos.

—Vale... —Concedió Izuku, y al menos de momento, lo dejó estar.

 

La fiesta continuó en su apogeo por un par de horas más.

Katsuki guió a Izuku a una de las mesas disponibles para ocupar un asiento y descansar, pero tuvo que dar su brazo a torcer y prescindir de su compañía cuando Ochako se acercó a invitarlos a bailar y él tuvo que dejar ir a Izuku porque ni loco haría el ridículo en la pista y con esa música.

—¿Qué, no bailas? —Le chanceó Izuku al dejarse jalar por Ochako, y Katsuki alzó su copa en su dirección haciendo un brindis discreto.

—Diviértete.

Con su aprobación explícita y confiado de que Katsuki en verdad estaba de acuerdo, Izuku se unió a Ochako y al resto de sus amigos en el centro de la sala, moviéndose al ritmo de la música y mostrando una faceta suya que hasta el momento había permanecido oculta.

A Katsuki en verdad no le molestaba dejarlo ir. Ochako cuidaría bien de él, y la vista no era tan terrible. Nadie acudiría a entregarle a Izuku una medalla por sus logros en la pista de baile, pero sabía moverse al ritmo de la música, y a juzgar por la cercanía entre él y Mina, ésta última le enseñó un par de pasos que resultaron cómicos a la vez que apropiados.

Disfrutando de la visión que era Izuku bailando, unos canapés que el mesero encargado de su mesa había dejado, y el agradable hormigueo del alcohol en su sistema, Katsuki apenas si reaccionó cuando Shouto se acercó a él y preguntó si el asiento contiguo al suyo estaba libre. En realidad no, ahí había estado sentado Hanta, pero como en esos momentos se movía al ritmo de la música con un extraño baile robótico con ayuda de sus largas y delgadas extremidades, Katsuki consideró que no le importaría cederlo e hizo un gesto con su mano que bien podía significar ‘adelante’ como ‘haz lo que quieras, no me importa’.

Siempre cortés, Shouto debió haber intuido que era lo segundo, pero no se mostró ofendido. Todo lo contrario, cuando se dirigió a Katsuki y habló lo que discurría por su mente sin tapujos.

—Gracias.

—¿Uh?

—Tenías razón. No me estaba comportando como un verdadero amigo para Izuku.

Katsuki se contuvo de poner los ojos en blanco. —Si necesitabas de mi ayuda para descubrirlo por tu cuenta, en verdad que eres más denso de lo que creía, idiota bic-... —Deteniéndose en seco ante el uso del apodo que sólo utilizaba para sí, Katsuki arrugó el rostro por su desliz—. Uhm...

—Sospechaba que no te caía bien —dijo Shouto sin perder la compostura—. Pero idiota bicolor es nuevo. Nadie me había llamado así antes.

—Pues acostúmbrate. Puede que no vuelva a decírtelo a la cara, pero es como pienso de ti.

—Oh, yo también tengo un apodo para ti —dijo Shouto, y el que las esquinas de su boca se curvaran ligeramente hacia arriba le indicó a Katsuki que estaba por bromear, aunque quedaba ver si lo hacía con malicia.

—¿Y cuál es, uh?

—El novio de Izuku... Aunque seguro que prefieres, Kacchan, ¿correcto?

Katsuki rechinó los dientes. —¿Dónde escuchaste eso?

—A Izuku se le ha escapado llamarte así durante nuestras sesiones. Supuse que... —Por una vez, el semblante inamovible de Shouto cambió, y Katsuki tuvo una visión de lo que tal vez había cautivado a Izuku de él. Porque al sonreír, Shouto no se veía tan mal después de todo—. No te preocupes, no será como me dirija a ti en el trabajo...

Katsuki murmuró un ‘gracias’, pero su victoria fue corta.

—... aunque no prometo nada fuera de horas de oficina.

—Idiota bicolor —gruñó Katsuki, pero era una amenaza vacía. Él lo sabía igual que Shouto, que habían alcanzado una tregua en común a través de Izuku, y podía no ser perfecta, podía ser un proyecto en construcción, pero al menos era un inicio sobre el cual podrían trabajar.

Y porque ya se sospechaba algo al respecto, media hora después cuando volvió Izuku de la pista de baile (sudado, pero oliendo increíble para Katsuki) y se sentó al lado de Katsuki, aceptando de paso el brazo de éste en el respaldo de su silla, no comentó nada al respecto.

En su lugar le sonrió a Shouto, pero la mirada de absoluta adoración fue sólo para Katsuki.

 

Conforme transcurrió la noche y Shouto no hizo intentos de cambiar de mesa, Katsuki se fue habituando más y más a su seco sentido del humor y a su charla, que resultó menos insulsa de la que podía haber creído antes. Luego de reírse por tercera vez de uno de sus chistes, Katsuki comprendió qué había visto Izuku en él, aunque dejó para reflexión futura cuál habría sido su razonamiento para romper con él. En su lugar, se contentó con apartar esos pensamientos de su cabeza y centrarse en el aquí y el ahora, donde la bebida era buena, la comida exquisita, y la compañía inigualable.

Como era tener a Izuku casi sentado en su regazo por la cercanía de sus sillas y a cada tanto tocándole el brazo, la pierna o el rostro. Izuku era un ebrio afectuoso, un tanto proclive a alternar risas con bostezos, y Katsuki tenía planeado invitarlo a pasar la noche en su piso una vez que el número de los segundos superara los primeros, pero de momento la estaban pasando bien, y no había otro lugar en el que quisiera estar más.

O así lo fue hasta que Mirio se decidió de una vez a sumarse a su mesa y eligió precisamente el asiento disponible más cercano de Izuku. Hasta entonces ahí había estado sentada Ochako con Tenya, pero al escuchar una de sus canciones favoritas en el altavoz lo había convencido de salir a bailar, dejando los asientos libres y la oportunidad perfecta para que Mirio hiciera de las suyas.

—Chicos, ¿qué tal? —Saludó Mirio en general a los ocupantes de la mesa, y Katsuki tuvo un momento de corta solidaridad con Shouto cuando sus miradas se cruzaron y le mensaje implícito que compartieron era el de mantener un ojo en él y otro en Izuku.

—¡Mirio! —Lo saludó Izuku efusivamente, alejándose un poco de Katsuki para hablar con su ex—. Creí que no vendrías. ¿No tienes mañana cita con el dentista?

—Sí, pero mientras no beba alcohol —respondió éste, levantando su vaso con zumo—. ¿Qué estás bebiendo tú?

—Ah, un poco de esto, un poco de aquello. Lo suficiente para divertirme, pero no tanto como para acabar ebrio —dijo Izuku, pero el modo en que sus ojos brillaban y sus palabras se arrastraban un poco sobre la última sílaba contaban una historia diferente—. ¿Ya felicitaste a Yuga y a Mashirao?

—Sólo a Yuga. Supe que se encargó por su cuenta de los preparativos. Impresionante, ¿verdad?

—Bastante. No en balde sus cumpleaños son siempre los mejores.

—Y por la celebración conjunta, también los de Mashirao. Es una pena que todavía no lo haya visto.

Veloz como un rayo para ayudar porque su personalidad era así, Izuku se ofreció a acompañarlo. —Vengo en unos minutos —le dijo a Katsuki, y éste apretó los dientes cuando sus dedos dejaron de estar ceñidos alrededor de la cintura de Izuku y éste se marchó hablando animadamente con Mirio.

—Izuku no es de los que son infieles —dijo Shouto al otro lado de Katsuki.

—No es eso lo que me preocupa —replicó con sequedad—. Sino Mirio.

—Mirio puede intentar sobrepasarse con Izuku y terminar con una patada en el trasero. Izuku sabe cuidarse sin problemas. Tú en cambio... Harías bien en no arruinarlo todo con celos —aconsejó Shouto, y Katsuki estuvo a punto de mandarlo callar y enfurruñarse, pero... ¿Acaso no tenía el idiota bicolor toda la razón?

Hasta el momento, Izuku no le había dado razones para desconfiar, y acompañar a Mirio a encontrar a uno de los dos anfitriones de aquella fiesta no contaba como tal. Si acaso era su usual yo, siempre preocupado por los demás y dispuesto a echar una mano cuando la situación lo requería. Una de las razones principales por las cuales Katsuki había caído rendido por él, y que eran parte intrínseca de su personalidad, así que no podía decidir por su cuenta con quién podía ser así y con quién. Incluso si la persona era Mirio Togata.

—¿Sueles usar guarda? —Preguntó Shouto de improviso, y el cambio tan abrupto de tema confundió a Katsuki.

—¿De qué demonios estás hablando?

—Ya sabes, una guarda dental —se llevó Shouto el dedo índice a la boca y se dio unos golpecitos sobre los labios—. El estrés y tú parecen ser uno solo. Rechinas los dientes.

—No estoy estresado —gruñó Katsuki, instintivamente tensando más los hombros, la nuca y apretando los dientes tal como no quería demostrarle a Shouto que hacía de manera casi constante. Sus manos hechas puño sobre su regazo y los bíceps flexionados tampoco ayudaron a su causa.

—Deberías de pasar por mi consulta —dijo Shouto sin inmutarse, y como por arte de magia se sacó una tarjeta de la manga y se la entregó en un movimiento que casi parecía un truco de magia.

Dispuesto a buscar la reacción más dramática de su repertorio (ya fuera hacerla bola y tragársela o rasgarla en pedazos diminutos y tirárselas a Shouto en la cara como si de confeti se tratara), Katsuki recibió la tarjeta y leyó la especialidad de Shouto: Terapia de frío y calor. ¿Y eso qué era? ¿Acaso lo trataría como pierna de pollo, congelándolo primero y después enviándolo al horno?

—Paso —amagó Katsuki devolverle la tarjeta, pero Shouto se negó.

—No, mejor consérvala. Y tengo los lunes de diez a doce libre por si te interesa.

—No.

—¿Entonces de dos a cuatro? Podría consultar tus horarios en la pizarra de clases y-...

—No me interesa tener terapia contigo —gruñó Katsuki, pues una cosa era haber enterrado el hacha de la guerra con el idiota bicolor apenas un par de horas atrás y otra muy diferente acudir a él en calidad de profesional—. Además, ya tengo mi cupo de clases de cortesía lleno.

En parte era cierto. Katsuki hacía uso de la alberca y el sauna, además de las clases de yoga con Izuku, y eran tres actividades en las que estaba anotado en recepción y que contaban como sus tres clases de cortesía en Plus Ultra, así que ni hablar de agregar una cuarta sin pagar primero en su totalidad la tarifa correspondiente.

—Escuché que estás por empezar clases nuevas el mes entrante —dijo Shouto—. ¿Por qué no hacemos un trato?

—¿A qué te refieres? —Inquirió Katsuki, aunque ya lo sospechaba.

—Entro a tu grupo de principiantes y a cambio te doy esas mismas horas de terapia. Así ninguno de los dos sale perdiendo.

—Ni siquiera entiendo en qué consiste lo que haces —gruñó Katsuki, y Shouto se encogió de hombros.

—Es difícil de explicar si sólo digo que trabajo con calor y frío, pero es bueno para los músculos cansados, fortalece el sistema inmunológico, y es ideal para personas con tu nivel de estrés.

—Con un carajo, que yo no estoy estresado, ni tampoco-...

—¡No mientas, Katsuki! —Se unió Mina a su conversación, que atraída por el elevado volumen de la voz de Katsuki se inmiscuyó sin más—. El estrés y tú son uno, unidos en sagrado matrimonio hasta el final de sus días.

—Casi la pareja ideal —le chanceó Hanta.

—Claro, mientras te decides a hacer pareja con alguien más, ¿eh, colega? — Terció Eijiro con un guiño, y Katsuki chasqueó la lengua con desagrado por tener toda la atención para él.

—Como sea, me lo pensaré —dijo Katsuki a Shouto, y tras unos segundos, agregó—: Me pensaré lo de ir a tus sesiones. Tú puedes empezar la semana entrante con el grupo de principiantes.

—¿Entonces irás a mis terapias?

—Dije que me lo pensaría, idiota bicolor. ¿Es que no escuchas bien?

—Pero entonces no sería equitativo.

—¿Y?

—Que no sería justo. No podría ir a tus clases sin saber que puedo pagarte el favor por igual.

Katsuki dejó salir un profundo resoplido desde lo más hondo de su alma. —Como sea. Iré. Pero ya no me fastidies más con eso.

—¿Con las terapias o con que tienes estrés?

—¡Ambas! —Gruñó Katsuki, y el estallido de su malhumor provocó más risas que reacciones airadas entre sus compañeros de mesa. Al fin y al cabo, todos habían tenido oportunidad de conocerlo en los últimos meses, y estaban al tanto que así era él, esa era su manera de comportarse, y que en realidad, podían estar tranquilos de cómo hablaban y se movían alrededor de él porque no habría consecuencias de ningún tipo.

Simplemente así era Katsuki, y de algún modo, era parte de su encanto.

 

La fiesta terminó sin mayores incidentes que Yuga tropezando cuando fue momento de sacar el pastel y caer de cara sobre la crema y fruta con la que estaba decorado, pero fue una oportunidad más de reír y descubrir que la celebración había sido un éxito en toda regla.

A las afueras del hotel, aquellos invitados que se habían quedado hasta el final esperaban por transporte para marcharse, y Katsuki e Izuku eran parte de ese grupo. Eijiro y Mina se habían ido antes en el vehículo de Hanta, pero ya que sólo quedaba una plaza disponible y ellos eran dos, le habían cedido el asiento a Tsuyu, que también se dirigía a la misma dirección.

De haber querido, Katsuki habría podido volver a casa caminando incluso si le tomaba algo así como cuarenta minutos, pero Izuku no estaba en condiciones. Luego de haber bebido zumo gran parte de la noche, había cedido a la presión social de hacer brindis aquí y allá, vaciando su copa hasta el fondo en cada ocasión, y lidiando después con las consecuencias de una ligera borrachera que en esos instantes lo tenía inestable sobre sus pies y cantarino de las canciones pop más sosas que Katsuki conociera de la radio.

—Hacía tiempo que no me sentía así de bien —le dijo a Katsuki, recargando su peso contra él mientras éste le sujetaba con un brazo alrededor de la cintura para impedir que se resbalara hasta el piso.

Con las inhibiciones ausentes porque él mismo había bebido algunos tragos a lo largo de la noche, Katsuki no estaba para falsos tapujos con respecto a la relación no oficial que él e Izuku mantenían. Si alguien en Plus Ultra quería comentar al respecto o hacer un gran lío de ello, Katsuki lo confrontaría, pero de momento nadie había intransigido esa regla implícita.

En igual o peor estado que ellos, la mayoría de los que esperaban por transporte a esas horas ya tenían suficiente con su propio consumo de alcohol como para meterse en los asuntos de los demás, y Katsuki lo agradeció al pegar más cerca el cuerpo de Izuku contra su costado y plantarle un beso en la cabeza repleta de cabello oscuro y alborotado.

Pese a que le olía un poco a sudor (por haber bailado cada vez que alguien se lo pedía) y a humo (no suyo, él no fumaba), Izuku mantenía un aroma que a Katsuki le resultaba incomparable y delicioso, por lo que se permitió cerrar unos segundos los ojos y aspirar hondo para llenarse los pulmones con él. Katsuki no podía esperar a volver a casa y dormir abrazado a Izuku como primera opción. Un poco de sexo tampoco estaría mal, pero los dos estaban cruzando a una nueva etapa en donde su necesidad por el cuerpo del otro estaba siendo sustituida por su simple compañía como el placer más absoluto a su disposición.

En relaciones anteriores, esa había sido la pauta de Katsuki para decidir que la fecha de caducidad en aquella aventura estaba llegando a su fin y era hora de ponerle punto, pero con Izuku la mera idea de que eso fuera una posibilidad le ponía la palma de las manos a sudar y una dolorosa opresión en el pecho.

Suponía él que era lo normal. No los sudores y las palpitaciones, sino encontrar una persona que lo complementaba en áreas que él ni siquiera había considerado antes que fueran importantes (más allá del sexo) y temer que la perspectiva de perderlo fuera real.

Lo que había entre Katsuki e Izuku no era perfecto. Ellos también habían tenido sus desavenencias y discusiones; no podía decirse que eran tal cual el uno y el otro porque seguían siendo sus propias personas, diferentes en aspectos mayores. Había altas y bajas, pero era precisamente eso en lo que Katsuki ponía su fe: Que las altas eran la mayoría, y que las bajas sólo eran una oportunidad más para comunicarse y ser mejores personas. Izuku hacía eso en él, lo volvía su mejor versión con tal de mantenerlo a su lado, y Katsuki no podía pensar que eso fuera negativo en su vida. En lo absoluto.

—¿Puedo quedarme a pasar la noche contigo? —Preguntó Izuku de pronto, ajeno a las emociones que esa noche Katsuki tenía a flor de piel. Con su brazo también le había rodeado por la cintura, e ignorante de que Katsuki le estaba oliendo el cabello, había girado la cabeza y lo miraba con ojos adormilados y de pupilas completamente dilatadas donde apenas quedaba rastro del verde característico de su iris.

—Iluso de ti si creías que iba a ser diferente —le respondió Katsuki, y la cercanía de sus rostros y la mínima distancia entre sus figuras hablaba por sí misma.

Cualquiera que estuviera ahí presente sabría leer la atmósfera y mantenerse alejado para no ser un incordio. Pero no Mirio Togata, que a lo largo de la velada se había quedado en otra mesa rodeado de su propio grupo de amigos sin molestar, y ahora decidía hacer su última jugada de la noche.

—El servicio de taxis por esta zona es un chiste —dijo Mirio al posicionarse frente a Izuku, y éste se volteó para dedicarle una sonrisa trémula.

—Erm, sí. Eso parece.

El agarre de Katsuki en torno a su cintura se tornó posesivo, pero eso no evitó que Izuku lo dejara ir, y que luego de considerarlo un poco más, también se moviera para librarse de su mano.

Katsuki habría de quedarse en shock de no ser porque Izuku no daba la impresión de dejarlo ir para lanzarse en brazos de Mirio, sino que en conjunto dio un paso atrás como si quisiera apartarse de la situación en su totalidad, y en un gesto que revelaba más que las palabras de su dueño, se cruzó de brazos formando una barrera entre él y Mirio mientras que apoyaba un poco su espalda en el cuerpo de Katsuki.

—Deberías venir con nosotros —dijo Mirio, con el pulgar señalando a dos de sus amigos con los que se había sentado antes. Katsuki recordaba sus rostros de Plus Ultra, pero no los nombres, y como nunca lamentó su falta de atención en detalles de ese tipo—. Tamaki no bebió, y nos llevará en el automóvil de Nejire. Sólo que queda una plaza disponible nada más —agregó con voz meliflua, y sólo entonces demostró reconocer la presencia de Katsuki para mostrarle una sonrisa falsa y con demasiados dientes—. Seguro que tú puedes buscar transporte hasta tu casa, ¿no? Por Izuku no te preocupes, yo me encargo.

Conteniéndose para no reaccionar de la peor forma posible, la voz que imperó en Katsuki no fue la de su consciencia (esa lo aleccionaba a atacar con “mátalo, ¡destrózalo!”) sino una ajena a él y que se asemejaba demasiado a la de Shouto con su perpetuo consejo de no permitir que la tensión y él estrés sacaran lo peor de él.

«Afloja los hombros y destraba la mandíbula», le decía esa voz, y al obedecer descubrió Katsuki que tenía picor en la palma de las manos por haberse clavado las uñas en la suave carne.

—Qué amable, Mirio, pero no será necesario —se le adelantó Izuku a responder, como siempre, haciendo gala de su cortesía y buenos modales. En su lugar, Katsuki habría explotado; pero claro, aquel era parte del encanto de Izuku y con toda certeza también una de las razones que los tenían en esas circunstancias.

No en balde Mirio todavía iba detrás de Izuku. Katsuki lo comprendía, pero no lo toleraba.

—¿Seguro? Porque podrías estar en casa mucho antes —presionó Mirio, e Izuku supo quitárselo de encima sin muchas complicaciones.

—Es que esta noche tengo planes de dormir en otro sitio, pero gracias por la oferta.

Los ojos de Mirio se posaron una fracción de segundo en Katsuki, y éste detecto la hostilidad en ese simple gesto. Pero frente a Izuku, Mirio no iba a actuar de manera desfavorable.

—Bueno, en ese caso... Ten buena noche, Izuku.

—Igualmente, Mirio.

Katsuki esperó a que se hubiera alejado con su grupo de amigos antes de abrir la boca, pero Izuku se le adelantó como si pudiera leer de antemano su reacción.

—Antes de que digas algo... Gracias por mantener la cabeza fría. Mirio puede ser así. Le gusta provocar y buscar reacciones negativas que lo coloquen en una situación ventajosa, pero es agradable ver que no caíste en su juego.

Katsuki se quedó con la mente en blanco, porque de haber seguido a sus instintos, la actitud de Izuku habría sido la opuesta.

—¡Al fin, el taxi está aquí! —Celebró Ochako la llegada del vehículo, y con Tenya en el asiento del copiloto, abordaron ellos tres en la parte trasero con Deku en medio.

Por una vez, a Katsuki no le importó que Ochako tomara la mano de Izuku bajo el pretexto de sentirse mareada (lo cual seguro sería verdad en un 90%, dando margen a ese 10% restante de ser sus sentimientos latentes por su exnovio), porque Izuku se arrellanó en el asiento, y ladeando la cabeza hacia Katsuki, la apoyó sobre su hombro y la dejó ahí.

Durante todo el trayecto hasta el departamento de Katsuki, Izuku dormitó inalterable.

 

Tenya fue el único que encontró apropiado comentar con extrañeza si Izuku se iba a quedar con Katsuki en su departamento, pero Ochako le puso un alto con un golpe en la coronilla y una sonrisa de disculpa.

—Perdónalo —le dijo a Katsuki, el más despierto de los dos, porque Izuku se limitaba a recargarse a su lado y asentir cada vez que mencionaban su nombre, ya fuera por cansancio o sueño—. Es un poco… Bastante denso, de hecho.

—¿Yo? —Preguntó Tenya, pero su novia lo ignoró.

—Da igual —respondió Katsuki con el desenfado que lo caracterizaba, y afianzando más su agarre en Izuku para evitar que éste se deslizara al piso—. Nos vemos luego.

—Pasen una buena noche los dos —se despidió Ochako, ya con la portezuela del taxi cerrada y moviendo la mano de manera alegre.

—Allá va una ebria feliz —murmuró Katsuki para sí, y a su lado Izuku alzó el rostro.

—¿Uh?

—Y aquí tengo conmigo un ebrio dormilón —terminó Katsuki su análisis, tirando de Izuku hacia la entrada.

Por fortuna tenía elevador, y a esas horas de la noche no había nadie que pudiera verlos. A Katsuki le daba lo mismo lo que pensaran sus vecinos de él, pero tenía un depósito que cuidar, y entre las reglas de su casero estaba una en contra del desorden público que no quería infringir.

—Kacchan… —Llamó Izuku a Katsuki cuando las puertas del elevador se abrieron en su piso—. ¿Estamos en mi casa?

—No, idiota. En la mía —respondió Katsuki, ya buscando sus llaves en el bolsillo de sus pantalones.

—Phew, menos mal —respondió Izuku, y a Katsuki no le gustó para nada aquello.

Quizá no era importante, y por ello el que Katsuki volviera a ese tema resultaba una tontería de la que debía desembarazarse lo antes posible, pero tras seis semanas de conocerse todavía no era hora para que él conociera el piso de Izuku. Y no es que eso fuera algo que le quitara el sueño durante la noche, pero constituía un misterio para él por qué siempre era su piso el elegido para pasar la noche o verse en privacidad.

En un inicio, Katsuki había asumido que era debido a la cercanía de su bloque de pisos de Plus Ultra, pero a juzgar por las nulas quejas que tenía Izuku del transporte público o de las distancias recorridas, él también debía de vivir cerca. En ese caso, ¿por qué nunca había ofrecido a Katsuki a visitarlo?

En las contadas ocasiones en las que Katsuki había demostrado interés en acompañar a Izuku a su piso o visitarlo, éste se salía por la tangente y terminaba presentándose en su departamento sin más.

Por pistas repartidas aquí y allá, Katsuki estaba al tanto de que Izuku rentaba por su cuenta, y que como única compañía tenía un gato (“Se llama Kuro, lo sé, nada original”, le había revelado con una fotografía de un grácil gato negro que asemejaba a una pantera tomando el sol en una ventana”) y una buena colección de plantas que siempre le obligaban a no ausentarse más de tres días seguidos porque tenía que hidratarlas. También que no vivía a nivel de piso, porque una vez había mencionado disfrutar de la brisa nocturna incluso en las noches en que aparentemente no había viento.

Más que eso Katsuki no lo sabía, y atento a las reticencias de Izuku por mencionar siquiera el barrio en el que se encontraba su departamento, había tenido la paciencia de no preguntar por si acaso su insistencia terminaba siendo un punto en su contra. Después de todo, era fácil suponer que Izuku vivía en una buena zona, porque todos ellos en Plus Ultra ganaban buen dinero, e Izuku seguro que además tenía ahorros de todos los años que había sido atleta profesional, por lo que era difícil imaginarse que estuviera avergonzado de su hogar y esa fuera la razón por la que mantenía separados los espacios en los que prefería estar en compañía de Katsuki.

—Henos aquí —dijo Katsuki al abrir la puerta de su piso, e incluso con los ojos entrecerrados, Izuku se mostró feliz.

—Huele a ti —murmuró con modorra, y Katsuki le plantó un pellizco en el costado—. ¡Ouch! Pero lo digo con la mejor de las intenciones, porque… porque…

—¿Es tu manera de decir que aquí apesta a sudor y calcetines sucios? —Inquirió Katsuki con hosquedad, sacándose la chaqueta ligera que vestía y aflojándose la corbata. Mientras soltaba a Izuku para que éste hiciera lo mismo, Katsuki se agachó para desanudar los cordones de sus zapatos.

—Para nada —desestimó Izuku aquella noción moviendo su mano frente a él como apartándose una mosca molesta—. Aquí huele a Kacchan, y es reconfortante.

—Pero no negaste lo del sudor y los calcetines, ¿eh?

—Más bien como a… Azúcar quemada y caramelo. Hay un toque dulce por doquier —murmuró Izuku, perdiendo fuerzas con cada sílaba hasta casi arrastrar las palabras.

—Hey, te estás quedando dormido en el genkan —le advirtió Katsuki, a tiempo para sujetarlo del hombre cuando se hizo evidente que Izuku se resbalaba por el muro y estaba por caer—. Deja te ayudo.

—Gracias, Kacchan…

Con las orejas rojas de vergüenza por ese apodo al que se había acabado por acostumbrar (sólo de Izuku; si alguien más osaba llamarlo así, le partiría en el acto la nariz de un puñetazo), Katsuki le retiró a Izuku el saco y la corbata, y a diferencia de sus prendas, las de él si se encargó de que llegaran al perchero. El mismo camino siguieron sus zapatos, e Izuku necesitó sujetarse a sus hombros para no tropezar.

—La habitación da vueltas —masculló Izuku, y Katsuki rió entre dientes por su estado.

—Era de esperarse después de todo lo que bebiste.

—Apenas fueron un par de copas de vino…

—Define un par, porque juraría que eso significa que son ‘dos o tres’ y la última vez que conté ibas en la séptima.

—Ow —se lamentó Izuku, ya descalzo y manteniendo sus manos en Katsuki cuando éste se incorporó—. Lo lamentaré en la mañana, ¿verdad?

—No si lo dejas a mi cuidado —se jactó Katsuki, que antes de permitirle a Izuku retirarse al dormitorio, lo obligó a beber dos vasos de agua y una aspirina.

Luego, con mucha más delicadeza de la que cualquier persona que lo conociera pudiera atribuirle, Katsuki guió a Izuku al baño para que hiciera pis, se lavara los dientes y la cara, y se cerciorara de no tener náuseas.

—Eres… el mejor, Kacchan —exhaló Izuku con satisfacción cuando en el dormitorio Katsuki lo desnudara hasta quedar en bóxers y después lo empujara para quedar de espaldas y con brazos y piernas extendido en la cama como estrella de mar se relajara a sus anchas.

—Vale, pero hazme sitio para dormir —dijo Katsuki, y en igual estado de desnudez se acostó a su lado y le rodeó con un brazo sobre el pecho—. ¿Todo bien? ¿Quieres vomitar o…?

—Estoy de maravilla. Un poco, uhm… —Y como muestra, tiró del brazo de Katsuki alrededor de su pecho y lo bajó hasta su cadera. Con los dedos hizo que rozara la erección que tenía ahí.

—Y yo que pensaba que sólo eras un ebrio que quería dormir, pero resultaste más que eso… —Dijo Katsuki, plantándole un beso a Izuku en la mandíbula, y éste se retorció, conteniendo un gemido.

—Kacchan…

—No haré nada que no quieras, y detestaría abusar de ti en este estado —prometió Katsuki en la oscuridad de la habitación—, pero no creo que seas capaz de dormir estando duro…

—No suena divertido —balbuceó Izuku, y con dificultad se giró para quedar cara a cara con Katsuki—. Kacchan, ¿podrías…?

—Con gusto —replicó Katsuki, que introduciendo su mano en los bóxers de Izuku, se encargó de trabajarlo en movimientos rápidos y cortos que le ganaron sus gemidos directo al oído.

Izuku no aguantó mucho. Pasando una pierna por encima de Katsuki y aferrándose a él con desesperación, contrajo los músculos del estómago y se corrió sobre ambos.

—Ahhh…

—Respira, eso —le besó Katsuki repetidas veces en el rostro, guardándose sus labios para el final.

Había una cierta ternura en aquel gesto que él no había experimentado antes por otra persona, y Katsuki quiso atesorarla para siempre en su memoria sensorial. Al punto en que cuando Izuku por fin se recobró e intentó corresponderle el favor, Katsuki eligió prescindir de su propio orgasmo.

—No, está bien así —dijo contra la sien de Izuku, abrazándolo con fuerzas—. ¿Dormimos?

—Eso suena genial —exhaló Izuku, y no mucho después el sonido de su respiración se acompasó hasta revelar que lo hacía.

En silencio, con una erección que no le tentaba tocar, Katsuki continuó rodeándolo en su abrazo y murmurando palabras de amor contra su cabello, que a la luz del día y con Izuku despierto, todavía no se sentía listo para pronunciar.

El temor al rechazo era bastante real.

 

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Notas finales:
Mirio tiene difícil competencia para recuperar a Izuku, ¿eh? :)
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Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios