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7.- Mayo y celos.

 

Mayo fue un mes cargado de trabajo.

Algunas de las clases de Katsuki finalizaban con la última semana del mes, y él debía presentar evaluaciones de sus alumnos, y para cada caso recomendaciones de continuar en el mismo nivel o pasar al siguiente. Se decía fácil, pero además de los grupos que tenía ya, se sumaban otros desde que su popularidad como entrenador había crecido. Koji así se lo había confirmado en recepción al entregarle un par de listas con nombres y correos electrónicos de personas que querían sumarse el próximo mes a sus clases de crossfit. Eso y tres personas más que buscaban ser entrenadas para un triatlón.

—Vale, me alegro de que mis habilidades sean reconocidas, pero no me va a alcanzar el tiempo para atender a todo mundo —se quejó Katsuki una tarde de viernes en la que tenía delante de sí un maravilloso fin de semana libre e Izuku había vuelto a su piso con él.

Después de pasar a la tienda por víveres y una bien merecida paquete de cervezas (Katsuki insistió en cargar con todo haciendo malabares con el exceso de peso, pero Izuku puso los ojos en blanco y le quitó la mitad de las bolsas para llevarlas en su lado izquierdo), se habían dirigido al piso de Katsuki con intenciones de no volver a salir por lo menos hasta el domingo en la mañana.

De ser así, aquel sería su tercer fin de semana consecutivo con esa rutina, y Katsuki se descubrió anhelando esas horas ininterrumpidas al lado de Izuku como nada más en el mundo.

Al fin y al cabo, sus horarios se habían vuelto caóticos con la cercanía de los Juegos Olímpicos ese verano, y de lunes a viernes apenas si tenía Izuku un minuto para sí mismo, ya no se dijera para alguien más.

Con el equipo de Plus Ultra había cinco personas que participarían ese año en la categoría de halterofilia, e Izuku era el entrenador principal de tres de ellos, además del entrenador de apoyo en los dos restantes, así que sobre sus hombros descansaba un peso y una responsabilidad que casi competía con el que sus alumnos cargaban en cada competencia a la que se enfrentaban.

Hasta cierto punto, Katsuki se sentía orgulloso de él. Pese a que las clases de Katsuki eran de las primeras que se impartían en la mañana y así estaban puestas en el tablero de anuncios, más veces que no alcanzaba a saludar a Izuku por los corredores de Plus Ultra, ya en forma y listo para atender a su equipo con toda su entrega.

Vale, que la falta de tiempo entre ellos dos era una mierda, y Katsuki a ratos detestaba recibir mensajes de Izuku porque por lo general eran cancelaciones para verse a la hora del almuerzo o avisos de que se quedaría hasta tarde en el gimnasio con el equipo, pero Izuku sabía compensárselo a su manera en esos fines de semana en los que cada minuto de su tiempo le pertenecían a Katsuki y sólo a Katsuki.

Justo como ese viernes, en que los dos habían pasado de comer fuera y estaban juntos en la cocina preparando sus propios alimentos.

Pese a que Katsuki era quien cocinaba la mayoría de las veces, esa noche Izuku había insistido en ser él el chef principal, y con la ayuda de Katsuki para cortar los ingredientes para una ensalada, se estaba afanando en su lado de la cocina con carne molida para una tradicional hamburguesa.

—Yo sólo digo que una clase más le daría al trasto a mi equilibrio de trabajo y tiempo libre —continuó Katsuki hablando del tema que había sido central durante su última media hora: Plus Ultra, y los horarios que tenían que entregar para la semana siguiente como borradores de su próximo itinerario—. Además, creo recordar que en alguna parte de mi contrato de trabajo se me permite un tope de cuarenta horas por semana, contando mi tiempo de gimnasio y clases de cortesía.

—Ah, creo que nadie da por sentado que quieras avanzar al siguiente nivel de yoga y han marcado esas horas tuyas como disponibles —dijo Izuku, poniendo más atención en la pimienta que le agregaba a la carne molida que a la expresión dolida de Katsuki.

—¿Quién dijo que no estaría el próximo trimestre en las clases de nivel intermedio?

Izuku levantó la vista, y su expresión era de sorpresa. —¿En serio? Oh, wow... De hecho fui yo quien le dijo a Koji que no, y uhm... Le escribiré para corregir ese dato. A menos que...

—No, ahí estaré. ¿Acaso no he mejorado en mis asanas? Y mi elasticidad está mejor que nunca.

Con la vista todavía clavada en la carne, Izuku enrojeció un poco. —Me alegra que pienses de esa manera.

—No negaré que ha sido divertido llevar clases en un grupo donde la edad promedio ronda los cincuenta años —bromeó Katsuki, e Izuku se le sumó a las risas porque era cierto. Si bien había suficientes mujeres de edad media, también había un buen número de ancianas que aprovechaban la oferta que se le había ofrecido a la residencia de la tercera edad donde vivían, y su edad subía el promedio para el resto.

Sin planearlo, la conversación se desvió de Katsuki y sus clases a Izuku y la disponibilidad limitada que tendría por los siguientes tres meses con la llegada de los Juegos Olímpicos.

—Fue All Might quien dio la orden —continuó explicando Izuku, ya frente al fogón mientras con su espátula aplastaba las dos hamburguesas que cenarían esa noche—. Debo estar disponible para el equipo en todo momento, así que tendré menos clases y se me pagará salario de entrenador personal a jornada completa más horas extras cuando sea el caso. Bueno para mis finanzas, no tanto porque... Uhm. —Izuku miró por encima de su hombro, y Katsuki lo entendió a la perfección.

Mirio Togata era parte del equipo olímpico, y aunque las cosas entre él e Izuku aparentaban marchar bien, Katsuki sospechaba que existían tensiones subyacentes. Después de que Mirio se presentara por cuenta propia y fingiendo ir de parte de Izuku en el aula de Katsuki para buscar una confrontación, el mismo Izuku había pedido tener una palabra con él y había puesto los puntos sobre las íes respecto a lo que eran y lo que no.

Si le quedó o no claro a Mirio que su oportunidad con Izuku se había reducido hasta ser inexistente luego de aquella jugarreta, Katsuki no lo sabía con certeza.

Disculpándose con una profunda reverencia, Mirio había pedido perdón por sus acciones y una segunda oportunidad para demostrarle a Izuku que valoraba su amistad, y a cambio éste había accedido de nueva cuenta a ser su entrenador principal en lugar de All Might, cimentando así su petición de mantener un trato profesional entre mentor y alumno por el tiempo que lo fueran.

Aquella era una manera discreta de apelar a su profesionalismo como atletas, y se jugaban el honor, pero Katsuki estaba convencido de que no sería el fin de Mirio. Porque podrían haber ganado esa batalla, pero la guerra de Mirio seguía en pie.

—Por cierto —dijo Izuku de pronto, arrancando a Katsuki de sus pensamientos—, la semana entrante son los cumpleaños de Mashirao y Yuga.

—Ah sí, algo escuché mencionar —respondió Katsuki. Con Yuga no mantenía una relación cercana (le incomodaba su manera tan extravagante de ser), pero con Mashirao tenía una buena relación porque estaba en una de sus clases y pretendía subir de nivel en el siguiente trimestre. Si los rumores eran ciertos, la cercanía de fechas en sus cumpleaños favorecía que el staff de Plus Ultra decidiera celebrarlo como era debido.

—A Mashirao no le importaba gran cosa dónde celebrarse, pero Yuga insistió en rentar un salón en un hotel y encargarse del resto. Así es él —prosiguió Izuku, y a Katsuki no le pasó por alto la manera en que sus orejas y luego cuello adquirieron un considerable color sonrosado.

—Mientras no insista en que el menú sean sólo platillos franceses estará bien.

—Oh no, creo que contratará servicio de catering. Uhm, la cosa es que... —Con una profunda exhalación, Izuku bajó el fuego de la estufa y se dio media vuelta para confrontar a Katsuki—. Yo estaba con él a la hora del almuerzo mientras anotaba en la lista de invitados quiénes iban y quiénes no, y erm...

—¿Qué? —Presionó Katsuki en vista de que Izuku parecía no dar con las palabras correctas. Por un segundo temió Katsuki que él no estuviera invitado y que esa fuera la razón para la que Izuku estuviera tan nervioso, quizá porque Yuga le había encargado la penosa labor de notificárselo o...

—Verás... —Articuló Izuku despacio después de mordisquearse el labio inferior con saña hasta casi hacerlo desaparecer tras sus dientes—. Yuga puede ser un poco, uhm, anal con este tipo de cosas. Para él no es sólo una fiesta de cumpleaños, sino la perfecta razón para organizar un evento digno de recordarse. Lo cual está bien y todo eso, pero Yuga quiere mandar a hacer invitaciones grabadas y...

De nueva cuenta, Izuku se mostró incapaz de seguir. Jugueteando con la espátula entre sus dedos, daba la impresión de no tener un diálogo preparado en su cabeza y estarlo ensayando con murmullos que a Katsuki sólo le llegaban de lejos.

—Oh, sólo dilo y ya —gruñó Katsuki, no de mal humor pero si fastidiado por la larga espera.

Parpadeando mientras salía del trance en el que se había sumido, Izuku asintió una vez. —Ok. Lo diré y ya está... Yuga pensó que podía haber dos diseños para las invitaciones: Uno para los que van por su cuenta, y otro para las... parejas.

—Ajá, continúa —le instó Katsuki, moviendo la mano en el aire para indicarle que continuara hablando.

—Y bueno, Ochako encontró la idea encantadora. Se apuntó con Tenya, obvio. Y Mina hizo lo mismo con Eijiro, porque los cuatro son pareja. No entre sí, obviamente. Sino entre ellos. O sea, Ochako con Tenya y-...

—Entiendo lo que dices, corta el rollo —le interrumpió Katsuki sin ver a dónde iba con todo eso—, no te enredes.

—Ya. Es que... —Izuku tragó saliva, y le costó lo suyo.

De golpe, Katsuki se puso de pie, e Izuku abrió grandes los ojos cuando lo vio acercarse a él con grandes zancadas.

—La comida —explicó Katsuki al posicionarse frente a Izuku, y con una mano quitarle la espátula—. Las hamburguesas ya deben de estar.

Izuku asintió repetidas veces en movimientos cortos y nerviosos. —S-Sí, tienes razón.

Con aquella interrupción de por medio, sirvieron sus hamburguesas en dos platos y se sentaron a comer cara a cara en la diminuta mesita que coronaba la cocina de Katsuki. Descalzos, sus pies se rozaban y sus rodillas entrechocaban, pero no era nada nuevo. Lo que sí lo era resultó ser el temblor apenas perceptible en la mano de Izuku cuando Katsuki le pidió el tazón con ensalada y sus dedos se rozaron.

Mientras preparaba su hamburguesa con mostaza y kétchup, Izuku fue relajando la tensión de sus hombros, pero Katsuki no lo iba a dejar salirse con la suya tan fácil.

—¿Y luego? —Preguntó a tiempo para sorprender a Izuku con el tenedor en el aire y expresión cercana al pánico.

—¿Luego?

—Me estabas contando de Yuga y las invitaciones...

—Ah. —Izuku bajó el tenedor—. Eso.

—Escúpelo de una vez. Seguro no puede ser tan malo —refunfuñó Katsuki, seguro de que Izuku estaba haciendo una tormenta en un vaso de agua, pero sería él quien se llevara un chasco al respecto.

—Uhm, verás... —Dijo Izuku tras limpiarse la boca con una servilleta, y en un cambio de carácter que sorprendió a Katsuki, perdió su inseguridad y lo miró directo a los ojos—. Yuga me preguntó prefería una invitación individual o incluir a mi pareja a un lado. Por un segundo pensé que se refería a Mirio y estaba a punto de corregirlo, pero entonces me preguntó cuáles eran los kanjis de tu nombre y...

Fue el turno de Katsuki para bajar su tenedor, y el tintineo con el plato lo sacó del trance en el que se había sumido por unos segundos.

Así que Yuga lo sabía.

«Tsk, no es como si lo hubiéramos estado escondiendo, aunque...», pensó Katsuki, dejando aquella oración inconclusa porque... No, no se escondían, pero tampoco lo iban pregonando por Plus Ultra con orgullo y deseos de llamar la atención.

Desde un inicio habían llegado él e Izuku a un acuerdo de discreción, donde no tenían por qué avergonzarse de quiénes eran, lo que hacían o con quién, pero tampoco querían convertirlo en el tema central de cotilleo dentro de Plus Ultra. Sólo si preguntaban estaban obligados a dar una respuesta, y en el caso de Katsuki, esa sería “métete en tus propios asuntos” para así no tener más que lidiar con esa persona. Por fortuna, nadie hasta el momento había metido las narices donde no se les llamaba, Katsuki al menos le reconocía eso a los otros entrenadores, pero estaba al tanto de que su cercanía con Izuku ya estaba despertando interés, y Yuga había sido el primero en lanzar una piedra para cerciorarse de la tranquilidad de esas aguas.

—¿Y se lo dijiste?

—¿Uh?

—Los kanjis.

—Bueno, no. —Izuku se ganó tiempo bebiendo de su lata de cerveza, la primera de la noche mientras que Katsuki ya iba por la tercera—. Antes pensé conveniente hablarlo contigo y cerciorarme de qué pensabas.

—¿Entonces me dejas a mí toda la responsabilidad?

Izuku exhaló. —No, pero no negarás que eres del tipo al que le gusta tener todo bajo su control. A mí me da lo mismo.

—Ya. —Katsuki se llenó la boca de comida para no tener que llenársela de palabras hirientes.

La respuesta de Izuku no le había gustado nada. Vale, que Izuku lo había leído a él y a su necesidad casi enfermiza de estar en control de las situaciones en las que se veía envuelto, pero... Daba la casualidad que eso era cuando consideraba que las otras personas involucradas eran incompetentes y por lo tanto tenía él que asumir el mando. Con Izuku no era así. Katsuki estaba convencido de que podía confiar en él, y creía habérselo demostrado durante el tiempo que tenían de conocerse, pero al parecer no era su caso.

Ocurría que aquella era una decisión de dos, si es que eran o querían considerarse una pareja, y aunque no lo habían hablado y de momento se encontraban en una especie de limbo en donde no eran amigos con derechos, sino más bien dos virtuales desconocidos dándose una tentativa oportunidad porque la atracción que sentían el uno por el otro era demasiado fuerte como para pasarla por alto, Katsuki habría preferido que Izuku también reclamara su oportunidad de opinar.

De preferencia, que Izuku hubiera puesto sus cartas sobre la mesa y pidiera estar juntos de manera oficial. La invitación de Yuga que los catalogara como tal era simplemente opcional.

Izuku volvió a exhalar, y esta vez se asemejó más a un suspiro. —Deberías de ser más honesto, Kacchan...

Sus palabras sorprendieron a Katsuki, lo mismo que la pierna de Izuku deslizándose bajo la mesa entre las dos suyas y haciéndose un espacio.

—Yo... Bah —gruñó Katsuki apenas pudo pasar bocado, y mantuvo la vista fija en su plato.

Pese a todo, Izuku no se lo tomó en cuenta, y extendiendo una mano sobre la mesa, le rozó los dedos con los suyos en un gesto íntimo, justo como Katsuki lo necesitaba incluso si era incapaz de verbalizarlo.

—Le diré a Yuga que haga invitaciones separadas pero... Lleguemos juntos. Eso les dará de qué hablar. ¿Qué opinas? —Propuso Izuku, y la tregua, que aliviaba y confundía a Katsuki por partes iguales, resultó ser justo lo que éste necesitaba.

—Ok. Pero nada de ir con la ropa combinada o-... —«O hacer tonterías de parejas a pesar de que es justo eso lo que quiero que seamos», pensó Katsuki, pero que ni loco diría. No todavía. No cuando se sentía tan vulnerable, y las advertencias de Eijiro por cuidar de su corazón todavía resonaban en sus oídos.

Izuku le dio unas palmaditas en la mano antes de dejarlo ir. —Lo que tú digas. Tú pones las reglas.

«Ya, pero éste es tu juego...»

Y zanjando el asunto, se dedicaron a disfrutar de su cena.

 

Katsuki no volvió a acordarse del asunto de la fiesta y la invitación hasta que el propio Yuga lo abordó en los pasillos de Plus Ultra y con una fluorita le entregó aquel trozo de papel que tantos quebraderos de cabeza le había provocado en días pasados.

—No faltarás, ¿verdad, Katsuki? —Inquirió Yuga, que con sus ojos azules y cabello rubio desentonaba al perfecto japonés con el que se expresaba—. Porque todos contamos con tu asistencia.

«¿Todos? ¿Quiénes son todos?», pensó Katsuki, contentándose con una respuesta diplomática.

—Mmm, no prometo nada.

Yuga cruzó un brazo por su centro, y apoyando el otro sobre su muñeca, se llevó los dedos al mentón y se dio unos golpecitos en un falso gesto de concentración.

—Es mi deber informarte que Izuku prometió no faltar.

Katsuki no respondió a aquella provocación. En un pasado, cuando todavía no sabía controlar su mal genio, su contestación habría ido sobre las líneas de “¿Y a mí qué me importa que ese idiota esté ahí?” para ocultar lo que en realidad sentía, pero la experiencia había terminado por enseñarle que las palabras podían lastimar, y que no era una excusa viable decir que no era bueno con ellas y las consecuencias posteriores. De ahí que aprendiera a callar.

Pero claro, Yuga no lo iba a dejar salir tan fácil de aquel atolladero. —¿Y sabes quién más estará ahí sin falta porque Izuku prometió ir?

Poniendo los ojos en blanco, Katsuki masculló las dos sílabas más detestadas de su repertorio. —Mirio.

Con una sonrisita que no auguraba nada bueno, Yuga lo desmintió. —También. Pero yo me refería a Shouto.

—¿El idiota bicolor? —Se le escapó a Katsuki el apodo que tenía reservado para ese ex de Izuku, y la sonrisa de Yuga se ensanchó con malicia.

—Oh, veo que tampoco es de tu agrado.

—¿Cómo que tampoco? —Buscó defenderse Katsuki, y en el proceso arrugó la invitación que tenía en sus dedos. Aquel movimiento no le pasó por alto a Yuga, que desvió la mirada igual que haría un herbívoro al enfrentarse a un depredador, y de la misma manera hizo planes para emprender la retirada.

—¿Sabes? Creo que alguien me llama y-...

—Ahí estaré —gruñó Katsuki, que tras una profunda inhalación consiguió recuperar la calma.

—A todos nos alegrará que así sea —enfatizó Yuga, pero por la manera en que lo dijo, Katsuki decidió en el ahí y el ahora que no le agradaba.

Alguien que buscaba crear rumores y conflicto de una manera tan burda no podía ser bueno.

Y el día de la fiesta su instinto se lo demostraría con creces.

 

Porque la sala de hotel en donde se llevaría a cabo la fiesta estaba más cerca del piso de Katsuki que el de Izuku, éste supuso que se reunirían en su departamento para de ahí partir juntos, pero Izuku se disculpó repetidas veces por teléfono cuando de última hora Yuga le pidió como favor especial pasar antes y ayudarle con unos cuantos preparativos que se habían retrasado y requerían de su cooperación.

A Katsuki aquello le olió a gato encerrado. Especialmente porque justo la tarde anterior había escuchado de pasada a Yuga presumirle a Ochako durante el almuerzo que el servicio de catering incluía barra libre y dos meseros a su disposición. ¿Para qué entonces podía requerir ayuda, y en específico la de Izuku?

Sus sospechas se vieron confirmadas a lo largo de la tarde con una inquietud imposible de sacársela de encima, y que empeoró conforme se acercó la hora de la fiesta. Katsuki era de lo que preferían hacer una entrada tardía para no tener que lidiar con los recién llegados, pero por una vez su tradición resultó ser contraproducente cuando ya de camino al hotel y luchando contra la repentina necesidad de apurar el paso, su teléfono le alertó de un mensaje.

Era Eijiro, y tenía malas noticias.

 

EK: [Una fotografía borrosa, tomada entre Mina y Hanta con vasos de licor al frente, y en medio la imagen se puede apreciar a Izuku y Shouto en la lejanía, apartados en un rincón y al parecer conversando desde cerca.]

EK: ¡EMERGENCIA!

EK: ¿DÓNDE CARAJOS ESTÁS?

 

Katsuki se frenó en seco, y resistió el impulso de lanzar su teléfono contra el suelo. En su lugar, apenas atinó a escribir de vuelta:

 

KB: Estoy a un par de calles de distancia.

 

Y en una súplica que después Katsuki no reconocería como suya porque para nada encajaba con su carácter y le avergonzaría reconocer ante cualquier otra persona que no fuera un aliado suyo, pidió:

 

KB: Haz algo.

KB: Lo que sea.

 

Guardándose de vuelta el móvil en el bolsillo del pantalón, Katsuki emprendió una carrera al hotel que ya se dibujaba en la distancia, y con el corazón latiéndole desbocado en el pecho (a la vez presionando contra su garganta, también en su mano y constreñido, todo a la vez porque ese era el efecto que Izuku tenía en él) lanzó una única súplica a cualquier Dios de la Calamidad que quisiera atenderlo: Que si Izuku no era de momento suyo, tampoco lo fuera del idiota bicolor.

Y no fue un Dios, sino Mina aconsejada de Eijiro, pero su petición fue atendida de la manera más satisfactoria posible...

 

—¡Hey, Katsuki! —Lo abrazó Mina apenas éste entró a la sala donde se celebraba la fiesta, y por un segundo estuvo tentado de apartarla con brusquedad por su efusiva muestra de afecto, pero ella lo sorprendió al susurrar en su oído justo lo que quería escuchar—. Por accidente le derramé encima a Izuku una bebida y está en el baño limpiándose, ¿por qué no vas y le ayudas, uh? —Sugirió ella, y al apartarse le guiñó un ojo.

«Claro, un accidente», se sonrió Katsuki ante aquella mujer que de pronto le caía diez veces mejor que un minuto atrás.

—Gracias —le susurró, y siguiendo la dirección a la que apuntaba su dedo, pasó de largo de otros de los invitados a la fiesta de esa noche.

Katsuki no tuvo problema en identificar la puerta del baño, y suspiró con alivio al descubrir adentro a Izuku sin más compañía que la propia. Del idiota bicolor que seguro se había confiado de no tener competencia no había ni rastro, y Katsuki tuvo un instante de regodeo al comprobar que un hombre así no era el adecuado para Izuku. Ni hoy, ni nunca.

—Oh, Kacchan —dijo Izuku al levantar la vista y encontrarlo ahí—. En un momento estaré contigo...

—¿Tuviste un accidente? —Preguntó Katsuki por la mancha de vino en su camisa, y lo que esperaba él que fuera su mejor cara de desconocimiento de las circunstancias.

Haciendo uso de papel de baño y mojándose la orilla de la prenda en el lavamanos, Izuku suspiró. —Yo no, Mina. Se acercó a contarme no sé qué cosa y tropezó con su copa encima de mí. Tsk, ya sabía yo que venir con una camisa de color claro no era la mejor de mis ideas.

—Ya, pero va bien con tus ojos —dijo Katsuki, y en verdad lo pensaba así.

Para la ocasión, Yuga había sido explícito en las invitaciones al requerir de los asistentes ropa formal. Nada de trajes de gala ni vestidos hasta el piso, pero sí pasar de la ropa de deporte y mancuernas para el sudor que la mayoría estaba acostumbrados a vestir en Plus Ultra.

A Katsuki no le había importado demasiado pasar a la tintorería para que lavaran y plancharan sus pantalones de vestir y una camisa de color vino que a juzgar por el número de conquistas exitosas que había tenido en el pasado vistiéndola debía de sentarle más que bien, pero ni por asomo había llegado a sospechar que ver a Izuku en las mismas condiciones (salvo la parte de la mancha y que su look completo se había perdido) le aceleraría el pulso.

Al instante visualizó Katsuki lo increíble que luciría esa camisa verde lima de Izuku en el piso de su habitación, mismo caso para sus pantalones negros al pie de la cama. De preferencia, con Izuku desnudo sobre la misma una vez que hubiera terminado de desvestirlo.

—Gracias —respondió Izuku, ajeno a la clase de pensamientos que tenía Katsuki en esos momentos—. Nunca estuve convencido realmente de que el verde era mi color hasta que Ochako me la regaló.

—¿Esa camisa es un regalo suyo? —Preguntó Katsuki en lo que esperaba fuera un tono neutral, pero Izuku le demostró que no era el caso al desviar un segundo la vista de la mancha a su rostro, y luego con deliberada lentitud confirmar que sí.

—De un cumpleaños, uhm, del único que pasamos como pareja.

Katsuki apretó los labios.

Vale, que estaba celoso. Pf, ¿era acaso ese un crimen? Pero al menos se trataba de la dulce Ochako, y pese a sus sentimientos mal disimulados y que perduraban a través de los años y una nueva pareja, Katsuki no la despreciaba. Al menos le reconocía que era una buena amiga para Izuku y hacía lo posible para olvidarlo, así que no, esa camisa no terminaría en la basura al final de la noche porque repentinamente a Katsuki le ganar la impaciencia y le rompiera los botones a Izuku al retirársela.

Y menos mal. De haber sido un obsequio del idiota bicolor o de Mirio, Katsuki no habría dudado, y al diablo con que en verdad ese tono de verde hiciera maravillas en los ojos de Izuku.

—Deja te ayudo —dijo Katsuki para no tener que lidiar con más palabras inútiles, e Izuku lo dejó entrar en su espacio personal.

Utilizando agua y servilletas de papel, Izuku no había conseguido mucho contra la mancha que portaba, y Katsuki no tenía más arsenal que el jabón para manos del dispensador, pero de algún modo se las ingeniaron para que la marca dejada por el vino tinto fuera menos notoria que antes.

—Seguro que cuando se seque nadie la notará —murmuró Izuku al revisar el resultado final, y volvió a guardarse los bajos en el pantalón—. Y así apenas se nota, ¿verdad?

—Depende. —«Es difícil pasarla por alto si se trata de alguien tan pervertido como yo para estarte viendo la entrepierna», pensó Katsuki, pero lo matizó lo mejor que pudo—. La iluminación tenue te ayudará.

—Eso espero. —Con una sonrisa y posicionándose de punta, Izuku le agradeció de la mejor manera que sabía: Con un beso ligero—. Gracias por la ayuda, Kacchan.

Katsuki carraspeó. —¿Ahora seré Kacchan dentro y fuera del dormitorio?

—Oh, siempre eres Kacchan para mí, pero tienes razón. No debería hacer eso en público —dijo Izuku, que tras dedicarse una última mirada en el amplio e iluminado espejo del baño sugirió salir de ahí lo antes posible.

Katsuki se mostró complacido de unirse a la fiesta (ya en su apogeo y con la mayoría de los invitados presentes) al lado de Izuku, pues éste tenía una de esas personalidades que encajaban bien en cualquier grupo. Daba igual que no fuera el más extrovertido, conversador o divertido, porque se las ingeniaba para caerle bien a cualquiera y por lo tanto ser bien recibido ahí donde iba.

Esa facilidad que para Izuku era natural, no lo era tanto para Katsuki a la hora de relacionarse con el prójimo (incluso si más veces que no terminaba dentro de un grupo de amigos que lo acogían igual que si de un perro salvaje se tratara), así que agradeció su compañía yendo con él a presentarle sus felicitaciones a Mashirao y a Yuga, y después de cumplida aquella convención social, sugerir buscar un par de bebidas.

—Pero nada de vino tinto —bromeó Izuku por su percance de antes, y Katsuki se esmeró en conseguir en su lugar dos copas de vino blanco.

—Izuku, siento tanto haber arruinado tu outfit —se acercó Mina a ellos, trayendo consigo a Eijiro de un brazo y de paso a Hanta—. Por favor envíame la cuenta de la tintorería y la pagaré lo antes posible.

Buscando no ponerla en aprietos, Izuku se enfrascó con Mina en una discusión de cómo eso no era necesario mientras ella insistía sin parar, y Katsuki aprovechó esos minutos para dejar vagar su vista por la sala.

Aquí y allá se habían formado grupos como los suyos, con el ocasional solitario que se mantenía en un rincón sosteniendo su copa intacta.

«Así que Mina te arruinó la oportunidad, ¿eh, idiota bicolor?», pensó Katsuki al toparse con que Shouto estaba parado al lado de la mesa del buffet pero sin un plato o aspecto de tener hambre.

De tratarse de Mirio, Katsuki habría caído en alguna estratagema presuntuosa como echarle a Izuku un brazo por los hombros y después cerciorarse de estar en su campo de visión, pero Shouto no era Mirio, ¡bueno era!, y Katsuki podía mostrarse más amable con éste.

—De pronto quiero uno de esos bocadillos de pepino y queso —le dijo a Izuku en voz baja aprovechando que la voz cantante de la conversación la tenían Hanta y Eijiro—. ¿Quieres que te traiga algo de la mesa del buffet?

—Sólo a ti —respondió Izuku, y la honestidad de su petición obligó a Katsuki a reprimirse para no besarlo ahí mismo.

Tras dedicarle un discreto apretón en la cintura, Katsuki enfiló directo a la mesa del buffet sólo para desviarse lo más posible a la orilla. Ahí se encontraban los dichosos bocadillos de pepino y queso que no podrían importarle menos a Katsuki, pero también estaba Shouto, y era con él con quien quería intercambiar unas palabras.

—¿Así que Mina es tu amiga? —Inquirió Shouto sin perder tiempo.

Katsuki tomó un platillo y depositó dos piezas de pepino encima. —La mejor.

—Eso de antes...

—No le pedí que lo hicieras, si eso te preguntas. Pero considero que te sirvió bien de advertencia para mantener tu distancia con Izuku.

—¿Con mi amigo Izuku, te refieres?

Katsuki chasqueó la lengua. —La fachada de inocencia no te va en lo absoluto.

—Sabes que fue Izuku el que rompió conmigo, ¿correcto? —Dijo Shouto sin reaccionar a la ira contenida de Katsuki—. ¿Y que hace ya varios años de eso?

—Y sin embargo, de alguna manera te las ingenias para buscar su compañía y actuar el papel de la protagonista no correspondida en una novela de romance.

—Como dije antes, somos amigos —dijo Shouto, y su expresión cambió. De la irritación que antes mostraba, sólo quedó un dejo de melancolía—. Tú mejor que nadie deberías saberlo a estas alturas. Izuku no da marcha atrás, y sabe ser firme con sus negativas.

—Genial. Y tal vez tú y el resto de sus exes deberían aprender a mantener una distancia si lo de ser amigos no funciona como esperan de él. —Katsuki eligió dos bocadillos más, esta vez de pan y lo que parecía ensalada.

—¿Qué ahora, eres el novio celoso que protege a Izuku de sus temibles exes?

—Ni soy el guardián de Izuku, ni él lo necesita, y mucho menos pienso que ustedes son tan temibles —dijo Katsuki, eligiendo un último bocadillo y dedicándole una mirada—. Pero una cosa sí te diré: Aprende a ser un amigo de Izuku o mantente alejado.

—¿Y si no qué? —Rebatió Shouto con el mentón rígido en su sitio.

—O si no... —Paladeó Katsuki sus palabras—. En ese caso será Izuku el que por cuenta propia te aleje de su vida. Tú elige.

Y sin esperar respuesta, dio media vuelta y se alejó. Había dicho lo que tenía que decir, y el resto corría por cuenta de Shouto.

 

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Notas finales:
*Suspiro* Prefiero actualizar una o dos veces por semana para dar tiempo a que lean los capítulos y que con suerte dejen comentarios, pero luego de un mes ya me resigné a que este fic no fue el éxito que esperaba, so... Actualizaciones diarias hasta terminar de subirlo completo. Por su comprensión, gracias.
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Noticias
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

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El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios