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6.- "En vista de que tanto te gusta hacer de cupido."

 

Abril llegó a su fin y con ello cualquier rastro del invierno que todavía hiciera residencia en Tokyo. De buena gana guardó Katsuki sus ropas invernales, tomando nota de deshacerse de aquellas que ya no le servirían más porque las temperaturas jamás descenderían a varios grados bajo cero como había ocurrido en Sapporo.

Por fin sintiéndose a sus anchas de manga corta y experimentando la primavera en todo su esplendor, Katsuki también se descubrió cómodo en sus relaciones con los restantes miembros de Plus Ultra. A su tercer mes en Tokyo, había hecho buenas migas con algunos de sus colegas, y procuraba mantener esa camaradería aceptando a salir con ellos en sus ocasionales noches de ir a beber. Con Kyoka y su grupo incluso se organizó para reunirse una vez a la semana a ensayar con su banda amateur, fungiendo él tras la batería como un miembro más.

No con todos consiguió llevarse de manera armoniosa. Especialmente hubo tres personas a las que él tuvo que analizar de antemano para decidir qué curso de acción tomar, y con cada uno fue diferente.

Con Ochako fue simple. Ella tenía a Tenya, y aunque seguido Katsuki la sorprendía mirando a Izuku con ojos que hablaban de sentimientos más allá de lo platónicos, Ochako no cruzaba jamás la línea de la amistad. Izuku en verdad tenía con ella una amistad sólida, y Katsuki empezó a bajar más y más la guardia ante ella hasta sentirse del todo tranquilo cuando se les reunía a la hora del almuerzo en la misma mesa. Lo que selló su tregua y dio pie a una amistad fue que Ochako pasara por su aula igual que lo había hecho Izuku, y le demostrara que las apariencias podían engañar, porque aunque pequeña y sin dar la impresión de estar en una condición física envidiable, consiguió terminar uno de sus circuitos. No el nivel tres que incluso a Katsuki le costaba, sino el uno, pero él tenía alumnos que se entrenaban por semanas para conseguir esos resultados, y él la respetaba por intentarlo y conseguirlo.

El asunto con Shouto Todoroki no fue tan simple. A Katsuki le tomó semanas habituarse a su extraña manera de ser que sólo Izuku parecía comprender por completo. El idiota bicolor era la clase de persona que parecía tener a su disposición sólo dos emociones: Completa frialdad y control sobre sí mismo, y... Eso que demostraba sólo ante Izuku. De nuevo, era sólo Izuku la excepción, y por lo que Katsuki podía dilucidar, también el objeto de sus afectos. Todoroki era eficiente en su trabajo y educado con todos, Katsuki incluido a pesar de los desaires por los que éste lo hizo pasar en esas primeras semanas, pero mantenía su distancia. Ante cualquiera que intentara acercarse demasiado para su gusto, levantaba una invisible barrera de hielo tras la cual se escudaba y que sólo Izuku era capaz de traspasar. Katsuki lo detestaba, a Todoroki y a la situación, pero Izuku había puesto un alto rotundo a sus celos con tres simples palabras: “Sólo somos amigos.” Y Katsuki le había creído porque... Porque tenía que creerle. Porque su corazón estaba en juego, y quería mantenerlo intacto el mayor tiempo posible. Así que había aceptado a Todoroki en la vida de Izuku, y con esa batalla perdida esperaba ganar la guerra.

Por último, Mirio Togata resultó ser el incordio más detestable con el que Katsuki alguna vez tuviera que lidiar. El famoso Lemillion, pues ese era su nombre entre los círculos de la halterofilia, mantenía puesta en Izuku la mira y no cejaba en su empeño de volver a conquistarlo. De vuelta a Japón y con Izuku como entrenador adjunto al lado de All Might, Mirio había aducido ante Izuku que no tenían motivos para intentarlo una segunda vez. En un revés de suerte que Katsuki no sabía si atribuir como buena o mala, había estado presente en las duchas mientras aquella conversación tenía lugar, y en silencio había escuchado con el cuerpo cubierto de gotas de agua y la toalla atada alrededor de la cadera cómo Mirio intentaba hacer recordar a Izuku de los buenos momentos que habían disfrutado juntos como pareja. Con el corazón en el puño y listo para convertirse en polvo, Katsuki había escuchado a Izuku rechazar a Mirio con delicadeza, aduciendo no sentir lo mismo por él, y tras una corta pausa, afirmar estarse viendo con alguien más en esos momentos. Mirio había tachado de mentira aquella afirmación (“Si en verdad estuvieras saliendo con alguien, ya me habría dado cuenta, Deku”) e Izuku la había tamizado (“Todavía es demasiado pronto para saber si vamos en serio...”), de tal manera que sólo se compró tiempo, pero no libertad, y desde entonces vivía Katsuki con el miedo en la base del estómago aposentado ahí como una bala de plomo.

Era curioso cómo a veces uno mismo era el causante de su propia desgracia.

Consciente de que Izuku era una criatura que necesitaba su espacio, que no podía mantenerse enjaulada tras los barrotes del supuesto amor que encadena y ata, había sido el mismo Katsuki quien luego de una semana de estarse acostando juntos en la mayoría de esos días (a veces más que una vez por día) le propusiera ir a su ritmo.

Con las palabras de Eijiro todavía resonando en sus oídos de cómo Izuku rompía corazones a donde quiera que iba y sin ser malicioso al respecto, Katsuki había tomado la única ruta que conocía para no terminar lastimado: Por su cuenta, poniendo distancia.

Izuku había tomado de buen agrado la propuesta de empezar despacio y conocerse primero, pero en la cama y desnudos todavía de la última vez que habían tenido sexo, implícito quedó entre ambos que no tenían por qué detenerse en lo que ya hacían.

Sexo era sexo, después de todo, y en eso habían demostrado ser más que compatibles.

La novedad del cuerpo de Izuku contra el suyo no había perdido su chispa en ese último mes, y Katsuki quería disfrutarlo mientras podía. Si para ello tenía que frenar su marcha y adecuarse a la de Izuku para no asustarlo, que así fuera. El “hagámoslo a nuestra manera, a nuestro ritmo” que brotó de su boca sonó natural. Y en charla post-coital, Izuku se mordisqueó la uña del pulgar por un largo y agónico minuto antes de dar su aprobación.

—Sí, vayamos despacio. Será lo mejor.

Y a un ritmo de tortuga para el que Katsuki jamás había tenido paciencia porque sus relaciones anteriores tenían la misma durabilidad que una curita de quita y pon para picazón que iba y venía con su consabida pústula, plantó sus dos pies firmes en el suelo y se forzó a seguir a Izuku.

Pese a que de buenas a primeras Katsuki había dado por sentado que la novedad de tener sexo con la misma persona y verse forzados a trabajar en el mismo entorno acabaría con cualquier fuego que ardiera entre ellos dos, pronto se dio cuenta que no iba a ser el caso.

Las instalaciones de Plus Ultra eran grandes, alguien podría incluso definirlas de masivas. A diario un buen número de personas entraban y salían por esas puertas, y cada empleado tenía sus grupos de alumnos a cargo y tiempo limitado para cada uno. Katsuki podía pasarse toda la mañana en sus clases sin ver a Izuku, y tenía que hacer un esfuerzo deliberado por hacer que sus horas del almuerzo coincidieran.

De ahí que el único momento que era fijo y tenían para verse fueran las sesiones de yoga para principiantes a las que Katsuki se anotó oficialmente en recepción y a la que no faltó ninguna. Clases en las que dicho sea de paso no era el mejor, y Katsuki podía frustrarse todo lo que le viniera en gana al respecto, enfurecerse con la sonrisita autosuficiente de Izuku cuando pasaba por entre las esteras de yoga para hacer correcciones en las posturas y movimientos, porque la mejor alumna de la clase era una mujer de setenta años que se movía sin ningún esfuerzo entre asanas.

Para mal que los horarios de salida de Katsuki e Izuku poco coincidieran entre sí. Casi hasta parecía alguna especie de broma cruel del destino, porque las horas de clase de Katsuki eran horas libres de Izuku y viceversa. Eso sin contar con que Izuku veía a Ochako y a Todoroki varias veces por semana por terapias para su brazo, y el tiempo efectivo que tenía Katsuki para pasar a su lado era limitado.

Y con todo... Se las ingeniaban.

En más de una ocasión pasó Izuku por el aula de Katsuki para compartir con él algo de comer de los tantos puestos secretos que al parecer conocía alrededor de Plus Ultra y que eran siempre lo mejor que éste hubiera comido en Tokyo desde su llegada. Otras veces fue Katsuki el que esperó a Izuku a la salida, una o dos horas después de la suya, y bastaba una mirada para que la invitación estuviera hecha. Un diálogo silente de “¿vienes?” al que Izuku no se resistía y juntos terminaban en el departamento de Katsuki. La mayoría de las veces en la cama, pero también en el sofá, la barra de la mesa, y en una memorable ocasión, el genkan de entrada con los pantalones hechos bulto alrededor de las rodillas y los zapatos todavía puestos.

Katsuki todavía no tenía claro qué sacar de todo eso. No del sexo, que como siempre era genial, sino del hecho indiscutible de que la compañía de Izuku le era tolerable. Más que eso, la anhelaba.

Con toda honestidad, Katsuki no había sido nunca del tipo amistoso. Ni siquiera de pequeño. A su alrededor tendían a congregarse personas que él bien podría catalogar de extras. Personas que lo admiraban, que esperaban algo de él, pero que al final del día no podía considerar amigos. Eijiro había sido uno de esos, pero Katsuki hacía rato que había aprendido a diferenciar a esa clase de individuos. Ahí donde otros pretendían obtener un beneficio de su presencia (ya fuera palpable o intrínseco), a Eijiro le había bastado con su mera compañía para estar satisfecho. Porque Eijiro no era de la clase de personas que muestran una máscara encima de su rostro verdadero, sino que se presentó ante Katsuki tal cual como era, e incluso si a ratos conseguía fastidiarlo y las contadas peleas que habían tenido en el pasado se contaban como temibles y dignas de recordar para no volver a cometer los mismos pasos que los habían llevado a casi liarse de puñetazos, al final habían salido indemnes.

En su fuero interno no tenía dudas Katsuki de que llegado el momento Eijiro le pediría ser el padrino de su boda y el de sus hijos, simplemente porque lo consideraba su amigo a pesar de sus diferencias, y precisamente por eso era que Katsuki ya se había hecho a la idea de tener que cumplir esos dos papeles y además de buena gana.

Con Izuku el asunto era similar, y a la vez no lo era. Ciertamente no catalogaría a Izuku como amigo. Los amigos no tenían sexo entre sí, al menos no la clase de amigos como lo eran él y Eijiro, pero en esa etapa previa a una relación y cruzadas ciertas barreras, tampoco es que pudieran catalogarse de desconocidos. No había tal cual una palabra que les hiciera justicia, y a la vez que ese hecho tranquilizaba en Katsuki su nerviosismo de tener que actuar bajo el influjo de la presión social, también le irritaba y con justa razón porque sobre Izuku no tenía ninguna clase de vínculo. No era nadie en su vida, salvo Katsuki Bakugou, colega de trabajo y compañero de cama ocasional...

—Y por eso, justo por eso es que te advertí de lo peligroso que podía ser involucrarte con Izuku —le riñó Eijiro una noche en que sorpresivamente fue Katsuki el que lo invitó a tomar unas cervezas.

De antemano había tenido Katsuki planes con Izuku, pero éste le había cancelado de última hora porque en realidad no eran planes tal cual, sino una rutina de pasar cuanto tiempo libre tuvieran a su disposición al lado del otro. Katsuki había asumido que volverían juntos a su piso, y se había llevado un chasco cuando Izuku le envió un mensaje anunciando que esa noche volvería a su propio departamento porque tenía que hacer la colada.

Y era todo.

Katsuki se había sentido demasiado deprimido en su departamento, donde las sábanas olían a Izuku y en su baño aquel cepillo de dientes que le comprara un mes atrás descansara junto al suyo, así que le había preguntado a Eijiro si no quería salir a beber un rato y éste había accedido de buena gana a pesar de ser miércoles.

A Eijiro le había bastado un vistazo de Katsuki sentado en una mesa y contemplando su tarro de cerveza con enojo patente en sus facciones para intuir cuál era la causa del malestar de su amigo, y no se había reprimido a la hora de aconsejarlo.

—Mira, no voy a decir ‘te lo dije’...

—Bien. Porque no quiere escucharte —replicó Katsuki, con el índice recorriendo el borde del tarro a medio consumir.

—No lo diré —repitió Eijiro, de pronto más solemne de lo que alguna vez Katsuki pudiera darle crédito—, pero sólo porque esto da la impresión de ser diferente a otras veces. Y no quiero darte esperanzas, colega, pero...

—Espera... ¿A qué te refieres? —Inquirió Katsuki. De pronto, el alcohol de su sangre evaporándose como el rocío en un día de sol.

Tomándose su tiempo para hablar, Eijiro bebió de su cerveza y se secó los labios primero. —Ok, no lo oíste de mí, pero la relación de Izuku con Shouto y luego con Mirio fue muy diferente a la tuya. Al menos en sus comienzos. Ustedes dos se fueron juntos la noche de tu cumpleaños, pero en realidad pocos prestaron atención. Sólo yo, y Mina estamos al tanto.

—¿Le contaste?

—¡No! —Se mostró Eijiro contrariado de aquella acusación de deshonor entre amigos—. De hecho fue ella la que me lo hizo notar. Da igual —movió su mano barriendo aquel desvío de su conversación fuera del camino—. Mi punto es que vi con estos dos ojos míos los comienzos de Izuku con Mirio y Shouto, y debo decirte que fueron similares, pero —se apresuró a poner alivio en la ansiedad que se leía en los ojos de Katsuki—, lo que le siguió no lo ha sido.

Katsuki decidió ahí mismo que requería de otra cerveza más si quería estar preparado para lo que seguía, así que empinó su tarro hasta no dejar una gota y con la mano le hizo una seña a la mesera para que sirviera dos más en su mesa.

—Continúa —pidió con la voz constreñida.

—Vale... Izuku tuvo el mismo efecto en ellos que ha tenido sobre ti. Y no intentes negarlo, es obvio para cualquiera que preste una pizca de atención. Nadie está enterado de lo que pasó en la fiesta, pero sí de lo que se está cociendo en Plus Ultra. Porque ustedes dos están... Actúan como-...

—No actuamos como nada —gruñó Katsuki—. Sólo somos los de siempre y ya.

—Yo te conozco, Bakugou —volvió Eijiro al uso de apellidos, a los años de universidad en los que su amistad todavía era incierta—. Y en todos estos años jamás te he visto así con nadie. Izuku saca una versión de ti a la que nadie más tiene acceso. Y es genial, ¿sabes? Casi tanto como para atreverme a aconsejarte que sigas adelante, pero yo sé bien cómo terminan esas historias con Izuku. Lo vi en Shouto, y el tiempo que le costó superarlo. Y también en Mirio, y ambos tenemos claro que sigue detrás de Izuku como un perro con su hueso...

—Haz lo que quieras, yo haré lo mismo —gruñó Katsuki, que se giró para agradecerle a la mesera las cervezas que colocó frente a ellos—. Yo no soy Todoroki ni ese idiota de Lemillion.

—Ya. —Eijiro tamborileó los dedos sobre la mesa—. Pero el punto en común no son ellos, sino Izuku.

—Deja a Izuku fuera de esto, ¿sí? Además —agregó Katsuki de lo más acalorado—, no vamos en serio ni nada por el estilo. Es sólo diversión. Nos la estamos pasando bien juntos, ¿qué hay de malo en eso?

—¿Sólo diversión? —Le retó Eijiro a pronunciarse, y Katsuki encogió un hombro. No iba a mentir, pero tampoco a contar toda la verdad. No ahora que todo era demasiado frágil entre él e Izuku todavía.

—Eso parece. Y el resto no le incumbe a nadie más.

—Mmm... —Eijiro lo imitó en el gesto, pero tras llevarse el tarro a los labios y no beber, se limpió espuma del labio superior y le dio un único consejo—. Presta atención a Mirio. No digo que Izuku vaya a volver con él, pero... Es del tipo al que le cuesta aceptar un ‘no’ por respuesta.

Katsuki rememoró la media docena de ocasiones en las que por casualidad Mirio se había pasado al aula de Izuku, los mensajes que de él todavía recibía, y unas cuantas ocasiones en las que de pasada Izuku había mencionado que Mirio almorzó con él pese a lo diferente de sus horarios.

—Eso ha quedado más que claro.

—Es tenaz.

—No más que yo.

—Cuídate, Katsuki —fue la única advertencia que hizo Eijiro—. No termines como el resto.

Que si se refería a cuidarse de Mirio o hacerlo de Izuku, Katsuki prefirió pensar que era de lo primero.

 

Recién había terminado Katsuki con su último grupo de la tarde y estaba reorganizando el espacio para la siguiente clase, cuando la puerta de su aula se abrió. Por la hora y repetidas experiencias similares, Katsuki no alzó la vista de los sacos de boxear que ese día sus alumnos habían cargado a peso durante la sesión y que en esos momentos estaba limpiando con desinfectante para eliminar los rastros de sudor. Estuvo a punto de abrir la boca, eso sí, y darle la bienvenida a Izuku, pero su sexto sentido lo previno de ello cuando el ritmo de las pisadas de su visitante no coincidió con las de su amante.

Repentinamente enojado porque alguien había osado entrar así y acercarse a él sin siquiera anunciarse, Katsuki levantó veloz la cabeza y entrecerró los ojos a la persona que menos le apetecía encontrar en sus dominios.

—Hey, Katsuki —saludó un muy alegre Mirio Togata, una mano en la cadera y la otra moviéndose al aire al mismo ritmo que lo haría la cola de un perro.

Una pausa por parte de Katsuki, y con mucha dificultad...

—Hey...

—Izuku me pidió pasar y darte un mensaje —dijo Mirio, que moviéndose hasta quedar a un par de metros de Katsuki, daba la impresión de estar a sus anchas—. Hoy su sesión con uno de sus alumnos se va a prolongar media hora más. Estamos cada día más cerca de los Juegos Olímpicos, y este año el equipo de Japón por fin tiene oportunidad de llevarse a casa medallas en halterofilia. Genial, ¿eh? Eso no había ocurrido desde que Izuku participó en sus últimas competencias.

En otro momento, Katsuki habría hecho un esfuerzo por corresponder a ese intento de comunicación. Atrás habían quedado los días en que Katsuki vivía convencido de no necesitar a nadie ni necesitar esforzarse en sus habilidades verbales, pero con Mirio bien quería él hacer una excepción. Más cuando era obvio que varias de las medallas a las que hacía mención serían las suyas. «Bastardo presumido.»

El tipo le irritaba, tan simple como eso. ¿Qué había hecho él para ganarse la antipatía de Katsuki? Simple. Ser novio de Izuku antes incluso de que él lo conociera. Y no había que dar más explicaciones. Era tan sencillo como eso. Y Katsuki tenía claro que era infantil, y se habría forzado a superarlo igual que lo había hecho con Ochako, pero a diferencia de ésta última Mirio no se daba por enterado de que para Izuku su relación estaba finiquitada y seguía detrás de él.

Si su desagrado por Mirio se limitara a esos sentimientos no correspondidos por parte de Izuku, Mirio estaría en la misma categoría solitaria en la que Katsuki había confinado a Shouto Todoroki. Otro más de los corazones rotos de Izuku, pero Todoroki al menos tenía la decencia de guardarse para sí sus sentimientos por Izuku y no molestarlo. Mirio en cambio...

Porque no era ciego sino más bien considerado, Izuku apenas mencionaba a Mirio en presencia de Katsuki, pero éste no necesitaba de él para mantenerse informado de sus últimos movimientos. Todo mundo estaba al tanto del interés de Mirio por Izuku, y sus intentos por congraciarse con él, ya se apareciendo como por casualidad en su aula para llevarle un té, invitándolo a salir al menos una vez a la semana, y almorzando en su misma mesa según sus horarios se lo permitieran.

A Katsuki le rechinaban los dientes pensando en las ventajas que tenía Mirio sobre él en terreno de oportunidades, porque a diferencia de los suyos, sus horarios y los de Izuku parecían embonar de maravilla, por no obviar la parte en que Izuku ya no lo entrenaba directamente, pero era parte del equipo que ese año llevaría varios competidores a los Juegos Olímpicos de verano.

Que Mirio compartiera con Izuku la misma pasión por la halterofilia era algo que inquietaba a Katsuki por dos razones. La primera y más obvia, por el físico. Mirio era alto (mucho más que él) y musculoso (de nuevo, bastante más que él), y aunque las tres parejas que Katsuki conocía de Izuku eran por demás diferentes entre sí, éste no podía evitar hacer comparaciones y molestarse por su evidente desventaja. La segunda razón tenía más que ver con el tema de los intereses. A todos en Plus Ultra les interesaba el deporte, el acondicionamiento físico, y el cuerpo como un medio y un fin  para conseguir ser su mejor versión, pero cada uno lo hacía desde su propia especialidad. Así como Ochako tenía predilección por tratar con áreas lastimadas y trabajaba tanto como lo era posible en su rehabilitación, Eijiro hacía lo propio fortaleciendo los músculos e incrementando su tamaño de manera estética. El mismo Katsuki buscaba con sus entrenamientos crear fortaleza y rapidez, y seguro Izuku tendría sus propias metas en sus clases de yoga y pilates. Todos ellos seguían ese patrón que individualizaba, pero que en el caso de Izuku y Mirio los unía bajo su interés conjunto como el levantamiento de pesas.

Contra esa pasión compartida no podía él competir, y era una ventaja sobre la que Mirio se sentía orgulloso, a juzgar por la manera casi alegre en la que esperó respuesta de Katsuki.

—No hay problema —dijo éste, poniéndose de pie y adoptando una posición de reto con las piernas ligeramente separadas y listo para enfrentar un ataque físico que jamás vendría de Mirio, porque de momento, éste se iba a valer de las palabras—. Lo esperaré.

—No deberías. Esas sesiones pueden prolongarse hasta una hora. Yo le diré que decidiste marcharte sin él —dijo Mirio en un tono ligero, casi amistoso, pero no había duda en lo que pretendía.

—¿Acaso dije yo algo como eso? —Gruñó Katsuki, y sin darle oportunidad a Mirio de responder, agregó—: Esperaré a Izuku. Puedes darle el mensaje, en vista de que tanto te gusta hacer de cupido.

—¿Cupido? Ah, por ir de aquí a allá enviando mensajes de enamorados. Ya lo entiendo —murmuró Mirio, y su expresión hasta entonces alegre y un tanto bobalicona se puso seria—. ¿Entonces es cierto?

—¿Qué es cierto?

—Izuku lo niega, pero yo lo conozco mejor que tú por lo menos. ¿Cómo si no explicaría que de pronto esté ocupado casi todas las tardes y no dé explicaciones de su paradero?

—Tal vez sólo no quiere salir contigo y tu dura cabezota no lo entiende así —gruñó Katsuki, y el rostro de Mirio se ensombreció.

—Debes de pensar que eres el primero después de que Izuku y yo nos separáramos, pero no podrías estar más equivocado. Harías bien en retirarte ahora que tienes oportunidad. Y al final, es sólo cuestión de tiempo antes de que él y yo volvamos a estar juntos. Cuanto antes lo entiendas, mejor será para todos los involucrados.

Katsuki hizo una mueca, e igual que un animal a punto de saltar a la yugular de su presa, enseñó los dientes superiores como señal de peligro inminente.

—Tú eres el que debería dar un paso atrás y no molestar más a Izuku. ¿Es que tanto te cuesta tomar un ‘no’ por respuesta válida?

Mirio rió entre dientes. —¿Esa es la impresión que tienes? Porque déjame aclararte algo: Nunca dejé de ser parte de la vida de Izuku. ¿Qué versión te contó? ¿Que terminamos cuando se volvió mi entrenador? Es cierto. Se terminó la relación e Izuku puso reglas, pero nunca dejamos de acostarnos juntos. Ni siquiera después de Izuku tuviera un par de novios aquí y allá. Todos entraron y salieron de su vida, pero yo sigo aquí, ¿o no? Y es algo que a la vuelta de un par de meses seguro no podrás decir por igual.

Presa de una furia ciega que se llevó consigo toda la cordura, Katsuki rechinó los dientes.

—Largo de aquí —siseó, y la risa de Mirio le taladró los oídos.

—Veo que por fin entiendes que no las tienes todas contigo...

—¡He dicho largo! —Estalló Katsuki, que hizo bola el trapo con el que limpiaba antes y lo lanzó en dirección a Mirio.

El trapo le dio de lleno en el pecho, y en su camiseta blanca apareció una mancha de suciedad, pero Mirio no pareció darse por enterado.

—¿Es todo lo que vas a hacer? —Una pausa, en la que lo único que se escuchó fue la respiración elaborada de Katsuki—. Qué patético. Y considérate advertido. Izuku puede estar contigo por ahora, pero tarde que temprano volverá a mí. —Y sin darle oportunidad a Katsuki de ordenar sus pensamientos y encontrar una respuesta, le dio la espalda y abandonó el aula.

Mirio había lanzado su reto.

 

—Oh, ¿no recibiste mi mensaje? —Preguntó Izuku más tarde cuando encontró a Katsuki esperando por él en la entrada de Plus Ultra.

Era tarde, mucho más de lo que Katsuki habría calculado ese día para quedarse. En casa tenía sus propios asuntos para hacerse cargo, y sin embargo, ahí estaba como estatua de piedra esperando a Izuku.

En efecto, Izuku había enviado un mensaje. Katsuki lo tenía en su móvil, y era como cualquier otro. De haber revisado su teléfono y sin toparse con Mirio, Katsuki habría vuelto a casa a la hora de siempre sin más contratiempos. Pero no había sido el caso, y el enojo que durante las últimas dos horas había estado bullendo en su pecho de pronto amenazó con desbordarse.

—¿Enviaste a Mirio para que me avisara? —Preguntó Katsuki en respuesta, e Izuku ladeó la cabeza en un gesto de clara incomprensión.

—No. Te escribí, yo-... —Amagó Izuku sacarse el móvil del bolsillo, pero antes de conseguirlo, Katsuki se acercó a él en grandes zancadas y lo rodeó con los brazos.

Al diablo con la discreción. Era tarde, y si alguien los veía, pues que disfrutara con la vista. Katsuki estrechó fuerte a Izuku en su abrazo, y hundió la nariz en aquella mata de cabello suya. Olía a sudor, no se había duchado después del entrenamiento, pero eso no le importó. Katsuki encontró su fragancia natural de lo más acorde a sus gustos, y no se cortó en pegar más sus cuerpos hasta quedar unidos de cadera hasta el pecho sin espacio alguno.

En un primer momento, Izuku se quedó paralizado. La mano todavía dentro de su pantalón y la espalda ligeramente echada hacia atrás porque por una fracción de segundo le había parecido que Katsuki era un toro listo para embestirlo, pero al final lo había abrazado, y continuaba haciéndolo sin importarle la discreción.

—¿Kacchan? —Inconsciente de su elección de palabras, Izuku hizo uso del apelativo cariñoso que sólo se permitía pronunciar tras la protección de cuatro paredes y en la cama, y el abrazo de Katsuki se hizo todavía más posesivo.

Cualquiera en su posición habría buscado poner distancia entre ambos; empujar a Katsuki con los brazos como palancas contra su pecho, retrocediendo un paso, buscando liberarse, pero... Izuku no lo hizo. Incluso si le mortificaba un poco recién haber salido de un entrenamiento sin pasar luego por las duchas, Izuku descubrió que encontraba halagadora la manera que tenía Katsuki de enterrar mal disimuladamente su nariz entre su cabello, descendiendo un poco por su cuello, para aspirar su fragancia personal. Izuku le había preguntado una vez si olía mal, listo para correr a la regadera y darse una buena tallada con la barra de jabón, pero Katsuki tenía una manera particular de responder esas preguntas, no con respuestas sino con acciones, recorriendo cada rincón de su anatomía con la nariz, buscando puntos de olor con los que satisfacer su curiosidad.

—Da igual —murmuró Katsuki, que al intentar soltar a Izuku descubrió que éste de pronto correspondía su abrazo entrelazando sus manos a la altura de su espalda baja.

Izuku no pasó por alto el tono decaído en la voz de Katsuki, y alzó el rostro para verlo directo a los ojos.

—¿A qué te referías antes con que envié a Mirio?

Katsuki torció la boca en una esquina. —A que Mirio fue a mi salón a informarme que hoy estarías ocupado y que no esperara por ti. Según él, tú se lo habías pedido como un favor.

—Qué tontería —replicó Izuku—. Te envié un mensaje instantáneo, ¿o no? ¿Para qué iba a enviar a Mirio entonces? No tiene sentido.

«Maldita sabandija», pensó Katsuki al darse cuenta del cuadro completo y comprender que había caído en las provocaciones de Mirio.

—¿Él no te dijo nada después?

Izuku frunció el ceño, haciendo memoria. —No. Recuerdo haberlo visto salir de la sala, pero asumí que iba al sanitario o a tomar agua.

—Ya.

—Te ha hecho enfadar —dijo Izuku, no como pregunta sino como afirmación, y parándose de puntas se elevó para alcanzar la boca de Katsuki en un beso—. Hablaré con él para que esto no vuelva a ocurrir.

—No, déjalo. No es nada —denegó Katsuki, más satisfecho por el beso que por la oferta de Izuku.

Además, ¿qué sentido tenía? Si Izuku confrontaba a Mirio, sería demostrar debilidad ante éste, como si Katsuki mismo no pudiera pelear sus propias peleas. Si Izuku intervenía, entonces Katsuki no podría sentirse con derecho de reclamar un puesto de iguales, porque demostraría cobardía al no hacerlo cara a cara.

—¿Seguro? —Insistió Izuku, y fue el turno de Katsuki en inclinarse un poco para besarlo. Sus labios estaban ligeramente secos y calientes, perfectos para que Katsuki no quisiera nada más que plantar una docena de besos sobre ellos.

—Por completo —le aseguró Katsuki, y era justo lo que pensaba.

Por su cuenta, ya lidiaría él con Mirio y sus acciones.

 

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Notas finales:
¿Alguien lee esto o sólo me va a responder el viento? Es un tanto tedioso actualizar semana a semana sin sentir que esto tenga alguna propósito o utilidad, así que si no es el caso, alguien diga algo. Como autora, basta una palmadita de "me gusta tu fic, tú sigue" para encantada presentar los siguientes capítulos y tener con quién compartir esta maravillosa pareja que es el bakudeku, pero si no es así, pues nada. Esto se vuelve aburrido y sin sentido.
Graxie por leer. Con suerte nos leeremos el martes siguiente (con comentarios) o el ¿viernes? (sin).
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Noticias
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

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El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios