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5.- "No deja corazón sin romper a dondequiera que va."

 

Después de un cumpleaños plagado de clases, abundante comida y excelente compañía (de sexo también), Katsuki habría dado por sentado que a la mañana siguiente le costaría levantarse de la cama, demasiado aletargado tras un día que se salía de la estricta rutina a la que estaba impuesto, pero en su lugar le ganó a su alarma por cuestión de varios minutos y casi saltó fuera de la cama ante el prospecto de empezar cuanto antes su día y llegar primero a Plus Ultra.

Ese día en particular tenía un par de clases y conocería a un atleta que quería probar con él por un par de horas antes de decidirse para que lo entrenara para un próximo Iron Man que se celebraría en San Francisco, pero su mente no estaba del todo en su itinerario, sino en una pieza de información que continuaba repitiéndose sin parar en su cabeza.

La noche anterior, Izuku había mencionado que tendría un grupo nuevo de yoga, y que su clase comenzaría a las doce en punto.

A las doce. Ni un minuto más, ni uno menos.

Las doce que para nada contó Katsuki en cuenta regresiva desde cada reloj al que tenía acceso como quien cuenta una bomba atómica a punto de estallar si se maneja mal.

Esas doce que lo encontraron diez minutos antes afuera del aula, cruzado de brazos y con el ceño fruncido en su mejor gesto de “nadie me hable o le doy un mordisco” y que por la mayor parte las mujeres de mediana edad que se congregaron a su alrededor en leggins y con tapetes de yoga respetaron, excepto una.

—¿También vienes a la clase del profesor Midoriya? —Preguntó con un tono de voz que a Katsuki le resultó irritante.

En su mayor parte, él lidiaba con hombres. Atletas sudorosos cargados de testosterona que olían a axila, a pies, y que no se molestaban en perfumarse con nada más que desodorante antes de una clase, a diferencia de la mujer frente a él, que ya en sus cincuentas y con un excelente trabajo de teñido, parecía más preparada para una sesión de fotos que para llevar a cabo ejercicio físico.

Katsuki gruñó lo que esperaba fuera él una respuesta neutra. Ni un ‘sí’ o un ‘no’ porque ni él mismo tenía claro que hacía a las afueras del aula de clases del famoso Deku que hacía unos cuantos años era el líder indiscutible en halterofilia y ahora pasaba sus días dándole clases de yoga a mujeres menopaúsicas.

—Dicen que es el mejor —dijo la mujer, ignorando la clara actitud de Katsuki que implicaba un ‘no quiero hablar con nadie, déjame en paz si aprecia su vida’ que exudaba como una feromona.

—También escuché que es atractivo —mencionó una tercera, que se sumó al grupo, y Katsuki pegó su espalda a la pared al sentirse rodeado.

—Y soltero —se inmiscuyó una cuarta.

Katsuki puso los ojos en blanco. —Si no tiene novia, será por algo —articuló con sequedad.

—Debe ser tímido —dijo una quinta mujer.

—Un alma sensible —fantaseó una sexta, y Katsuki se esforzó para no esbozar una mueca.

«Quizá sólo sea gay, y ustedes pierden su tiempo buscando conquistarlo con ideas de un romance de otoño-primavera», pensó Katsuki, pero no era su lugar el exhibir a Izuku de esa manera, así que calló.

En su lugar volvió a consultar la hora, y con cinco minutos antes de las doce reconsideró su presencia en aquella parte de Plus Ultra. Si era listo, y vaya que se preciaba de serlo, Katsuki emprendería una honorable retirada antes de que Izuku arribara y lo encontrara ahí rodeado de mujeres de mediana edad a punto de iniciar sus clases de yoga para principiantes. Lo único que debía hacer era escabullirse y-...

—Buenos días —dijo una voz inconfundible como la de Izuku («Oh, mierda. Demasiado tarde», maldijo Katsuki para sí, buscando esconderse entre el grupo de mujeres pero sin mucho éxito, porque por su estatura resaltaba por encima de ellas al menos por una cabeza) y se pausó cuando descubrió a Katsuki en el grupo—. Me alegra encontrar caras conocidas entre ustedes.

—Ni hablar. Me marcho —gruñó Katsuki, pero al intentar pasar por el lado de Izuku, éste lo retó.

—¿Asustado? —Katsuki se frenó en seco al lado de Izuku, y éste agregó en tono bajo y casi burlón: —¿Crees conseguir tocarte la punta de los pies o el dolor de espalda te lo impedirá?

—¡Eso y más! —Declaró con acaloramiento, y sólo después comprendió que había caído en la trampa de Izuku.

—En ese caso —declaró Izuku con una palmada—, todos vengan conmigo. La clase comenzará en breve con un alumno de último momento en nuestras filas.

Esta vez, Katsuki no se guardó de expresar lo que pensaba. —Joder... Maldito Deku.

 

—Y ahora para finalizar, levantamos los brazos y hacemos un par de exhalaciones —indicó Izuku una hora después al final de su clase, tan fresco como en un inicio y con una sombra de sonrisa burlona en los labios.

Frente a él se habían formado varias líneas de mujeres en sus esteras de yoga y con su supervisión y ayuda habían conseguido llegar hasta el último movimiento de manera satisfactoria. Por su mayor parte, Izuku había mostrado los asanas básicos con los que él trabajaba en el grupo de principiantes, y después se había paseado entre sus alumnas para hacer correcciones cuando era necesario, y cuando no repartir elogios.

Hasta atrás, un tanto apartado del resto y utilizando un tapete prestado porque duh, él no tenía ninguno ya que jamás había estado en sus planes quedarse para la clase, Katsuki se había pasado la última hora de su vida resoplando, pujando, y en general, sufriendo al percatarse que su elasticidad no era lo que solía ser y que muchos de los asanas le salían mal por cuenta propia.

Izuku había pasado hasta atrás del aula con él para corregirlo un par de veces, pero había desistido cuando Katsuki gruñó en su dirección como perro rabioso. En cierto modo, había tenido que aceptar su derrota y tratar de conservar cualquier vestigio de orgullo que le quedara buscando terminar la clase con los restos de su ego hecho pedazos bajo su protección.

Lo que era peor, no sólo su elasticidad se había visto en tela de juicio, sino también su equilibrio y resistencia. Katsuki había dado por sentado que tras años de entrenamiento físico y moldear su cuerpo a su antojo una simple clase de yoga sería pan comido. Doblarse aquí, estirarse allá, mantener la postura y ya está; simple como chasquear los dedos. Excepto que no había sido ni por asomo nada de eso.

En su lugar las posturas que había tenido que tomar le requerían más elasticidad de la que recordaba tener, y la respiración era un punto a tomar en cuenta. En más de una ocasión instó Izuku a la clase a respirar en 7-4-8 intervalos, y como nunca comprendió Katsuki que era tan difícil conseguir eso con la mente despejada como aspirar bocanadas en los restos de cardio más extenuantes a los que se había enfrentado.

A fin de cuentas, había llegado al último asana como el resto, pero su desempeño había sido tan terrible como el del resto de sus condiscípulas, sino es que peor, y el orgullo le escocía peor que una herida.

No peor que los ligamentos de sus pantorrillas en esos momentos, pero se le acercaba...

—Bien, eso es todo —dio Izuku por finalizada la clase—. Nos volveremos a ver el viernes, a la mayoría al menos —dijo lo último mirando a Katsuki y después enfocándose en el resto de sus alumnas—, y empezaremos con algunas de las posiciones más populares. Por favor vengan con el cabello suelto, porque intentaremos llevar a cabo el sirsasana, que consiste en sostenernos de cabeza. No se preocupen, iremos paso a paso hasta conseguirlo. Sin más... Hasta la próxima, y gracias por asistir.

Sentado en el piso y con la vista clavada en su regazo, Katsuki esperó a ser el último para ponerse en pie y tratar de conservar algo de dignidad, pero claro, Izuku no se lo iba a dejar tan fácil, y tras despedir a la última alumna se acercó todavía descalzo a aquel rincón del aula. Katsuki lo vio acercarse a través del reflejo de las cuatro paredes de espejo, y lo detestó por la facilidad con la que se movía.

—Ni una palabra —le amenazó con un gruñido apenas Izuku se posicionó frente a él.

—No iba a decir nada.

Katsuki suspiró. —¿Era esto lo que planeabas al invitarme a asistir a una de tus clases?

—¿Uh? ¿A qué te refieres?

—Consigues terminar mi circuito más agotador de crossfit como si nada-...

—De hecho, mi brazo —le interrumpió Izuku, pero su voz perdió potencia.

—... y después me haces papilla en tu propia clase. ¿De eso se trata? ¿Querías demostrar acaso que-...?

—¡No quería demostrar nada! —Se acaloró Izuku antes de que el malhumor de Katsuki subiera un nivel más—. Yo estaba tan sorprendido como tú cuando accediste a quedarte para la clase. Ni siquiera traías la ropa adecuada...

Y seguía sin traerla. Katsuki había terminado su propia clase con un pantalón deportivo que le iba suelto y a lo largo de los asanas se había tenido que reacomodar para que no le estorbara. Ahora entendía la utilidad de unos pantalones de yoga, ya fuera porque no fueran un incordio durante las posturas, o porque hacían un buen trasero. Izuku era la prueba de ello.

—Ugh... —Masculló Katsuki para sí al distraerse con la imagen mental de Izuku doblado al frente y con el trasero al aire. Vestido o no, era un deleite a la vista.

—No me disculparé por haberte invitado a mi clase —dijo Izuku, cruzándose de brazos e inamovible—. Te burlaste de mí por eso la primera vez que nos vimos.

—¿Qué, te hizo enojar?

—Me irritó. No eres el primero ni será el último que tiene la absurda preconcepción de que el yoga son sólo movimientos repetitivos y sin utilidad práctica.

—Eso no era lo que yo-...

—Quizá no del todo —farfulló Izuku, por primera vez encendiéndose. El cambio en su tono de voz obligó a Katsuki a levantar la vista, y lo que encontró le gustó.

Izuku, cuando se apasionaba, mostraba una expresión nueva que le sentaba bien. Sus pupilas se habían contraído hasta apenas ser dos puntos negros en un mar de color verde oscuro, y su mandíbula había adoptado una forma que no dejaba lugar a dudas de su determinación para sostener su punto, costara lo que costara.

—Después de mi lesión... —Izuku resopló, y cambio su peso de un pie a otro—. Después de las cirugías, y la terapia, y los interminables “tenías una carrera tan prometedora” y “es una lástima”, tenía tan poco a qué aferrarme... Mi pronóstico no era nada bueno. Tendría mi brazo, pero ¿su funcionalidad?, eso no lo sabía ni mi doctora con certeza.

Katsuki respetó el silencio que siguió a la larga pausa. Izuku hablaría, a su ritmo, y eso hizo.

—Empecé a asistir a clases de yoga porque el estrés de la impotencia por no poder hacer nada por mí mismo estaba acabando conmigo, y... me encantó. Había rutina, y dolor, pero también recompensa cuando poco a poco conseguí recuperar lo que había perdido... Tenía una nueva definición de fortaleza, y creo que ya has descubierto por tu cuenta de cuál es...

Katsuki chasqueó la lengua, pero asintió. —Seh...

Hasta ese punto, él también sólo había conocido la fuerza que se asumía para levantar peso y mover al mundo, pero en esa sesión de yoga que apenas había tenido una duración de sesenta minutos se había topado con que su propio cuerpo era un peso que le iba a requerir un mayor trabajo movilizar.

Dejando caer sus brazos a los costados, Izuku se sentó de cuclillas frente a Katsuki, y apoyando el mentón en sus rodillas le dedicó una mirada que era mitad curiosidad y mitad aprehensión.

—No te obligaré a cumplir con tu apuesta. Pero si quieres intentarlo... Mi clase de principiantes tiene siempre un espacio para ti.

Ah, cierto. La apuesta. Con lo ocurrido en la última semana, Katsuki casi había olvidado la manera en que Izuku había recorrido el circuito más extenuante de su pista y lo había hecho suyo. Incluso si al final casi había estado a punto de venirse abajo por su brazo, el que se hubiera forzado a seguir lo colocaba a ojos de Katsuki en un puesto privilegiado por su tenacidad mostrada al esforzarse más. Siempre Plus Ultra.

—Una apuesta es una apuesta —gruñó Katsuki en lugar de revelar la clase de pensamientos que discurrían en esos instantes por su mente—. ¿Qué clase de persona sería yo si me retractara de mi palabra?

—Pero-...

—Hoy mismo compraré una de estas porquerías plásticas para traer a la clase —dijo Katsuki, tocando la que Izuku le había prestado y que era de un intenso color verde—. Me daría asco seguir usando la que quién sabe cuánta gente más ha utilizado con sus pies sucios, y dejando caer su sudor sin limpiarlo después.

Poniendo los ojos en blanco ante su repentina muestra de misofobia, Izuku aclaró: —Para que lo sepas, es mía, y nadie más que yo la ha utilizado.

—Lo que sea. Igual está sucia y quiero la mía.

—Te recordaré que estoy sucio la próxima vez que intentes lamerme en-... —Pero sus siguientes palabras quedaron sofocadas cuando Katsuki, veloz como un rayo, le cubrió la boca con su mano.

—Vale, entiendo tu punto —murmuró, un ligero tinte sonrosado en las mejillas—. Y, uhm, ¿exactamente dónde puedo comprar una de estas cosas?

Izuku se apartó la mano de Katsuki de la boca, pero no dejó ir su mano. —Si tienes tiempo, puedo acompañarte a elegir una.

—¿Tienes tiempo? —Preguntó Katsuki, y la respuesta de Izuku lo dejó más que complacido.

—¿Para ti? De sobra.

 

—¿Dónde estabas? Pensé que almorzarías con nosotros. ¿Y por qué caminas raro? —Preguntó Eijiro cuando por casualidad él y Katsuki coincidieron en la entrada de Plus Ultra.

Los dos ya habían terminado con sus clases del día, y en el caso de Katsuki con su bolsa de deporte al hombro y golpetear del pie contra el piso, era más que evidente que tenía prisa por marcharse.

—Yo... —Katsuki se cuestionó si no sería más fácil para él una mentira, pero no era su estilo. Y además, nada tenía que ocultar—. Estaba con Izuku.

—¿Almorzaste con él? No los vi en la cafetería.

—Sí, uhm, almorzamos. Pero primero, erm, toméunadesusclases... —Murmuró Katsuki en la misma exhalación, pegando las palabras al punto de hacerlas incomprensibles.

Cualquier otro habría entendido nada de todo eso, pero no Eijiro. No su amigo de varios años, que alzó las cejas casi hasta la línea de su cabello y expresó su parecer con un quedo “wow” apenas perceptible.

—¿Qué?

—Nada.

—Lo tienes escrito en la cara, idiota. Mejor dilo —gruñó Katsuki. Por escenas como la que estaban por protagonizar era que habría preferido guardarse para sí aquella información, pero daba igual. Tarde o temprano se enterarían. Al fin y al cabo la clase de Izuku para principiantes tenía una duración de tres meses, y Katsuki se había prometido asistir a cada una sin falta. Porque había hecho una apuesta y él era un hombre que cumplía, no por cualquier otra razón que se pudiera suponer, y muchas gracias.

—Vale... —Eijiro se pasó la mano por la nuca, y su bíceps quedó marcado bajo la tela—. Mira, Izuku es un amigo genial y todo, pero... No es el indicado para ti. Ya, ahí está, lo dije.

Con las cejas fruncidas hasta casi tocarse en el puente de su nariz, Katsuki exigió una explicación. —¿De qué hablas?

—Sólo para aclarar... ¿Se fueron juntos el sábado después de la reunión, correcto?

—Eso no es asunto tuyo.

Eijiro suspiró. —Lo interpretaré como un ‘sí’, y es por eso que te pongo sobre aviso. Izuku no tiene el mejor récord en temas románticos por aquí. No sé si estés enterado de su relación con-...

—Ochako y Mirio, ajá —confirmó Katsuki, seguro del piso en el que sostenía y de pronto encontrando grietas a su paso cuando Eijiro apretó los labios en una fina línea.

—Sí, bueno, ellos también.

—¿Cómo que también? —Gruñó Katsuki, porque lo que aquella palabra implicaba...

—Lo entiendo, ¿ok? —Desvió Eijiro la atención hacia otros derroteros—. Izuku tiene ese aire de, no sé, ¿lindura? Y es una mierda decir eso de alguien que ya tiene más de treinta, pero es cierto. Debe ser por esos enormes ojos verdes y las pecas o yo qué sé, pero hace que te olvides que solía ser Deku, ¿sabes? Y Deku era el mejor. Deku levantaba pesos que otros atletas jamás habrían siquiera imaginado. Es una leyenda en la halterofilia, y es una pena que su carrera haya terminado de esa manera, pero no es de eso de lo que debemos hablar tú y yo. —Con un resoplido, Eijiro se mostró contrariado—. De un amigo a otro... Ve con cuidado. Izuku no tiene malas intenciones, es demasiado bueno para eso, pero no deja corazón sin romper a dondequiera que va.

—Qué idiotez. A mí no me va a-...

Eijiro lo interrumpió al posar su mano en el hombro de Katsuki y darle un apretón. —Confía en mí en esto.

Katsuki se lo sacó de encima. —Aunque aprecio el consejo...

—No es cierto.

—No, tienes razón —concedió Katsuki—. Mejor métete en tus asuntos y evita los míos.

Con un suspiro, Eijiro lo dejó ser. Era el mismo Katsuki que había conocido tantos años atrás, y sabía mejor que intentar controlarlo.

—Bien. Pero no digas que no te advertí...

Luego Eijiro prometió mantener su distancia y se despidió de Katsuki como habría hecho cualquier otro día de la semana, pero éste no se quedó tan tranquilo. Él por su cuenta algo intuía de lo que había escuchado... Ochako podría negarlo porque tenía a Tenya, pero era evidente que algunos de sus sentimientos por Izuku no quedaban del todo en el área de lo platónico. De Mirio ni hablar, sus intenciones era claras. ¿Pero quienes eran esos otros que Eijiro había aludido antes? Por su manera de decirlo, parecía hablar de una docena de posibles candidatos entre los miembros del staff de Plus Ultra, ¿y siendo honesto?, a Katsuki le costaba imaginarse a Izuku con cualquiera de ellos.

«Bah, no debo dejar que Eijiro juegue con mi cabeza», concluyó Katsuki a tiempo para recuperar la calma, justo cuando en la distancia vislumbró a Izuku caminar en su dirección y a su encuentro. Pero no venía solo. Con él venía el idiota de cabello bicolor que Katsuki había encontrado irritante desde su primer encuentro y cuyo nombre siempre se le resbalaba de la memoria.

Con las advertencias de Eijiro todavía resonando en su cabeza, Katsuki los observó a través de sus ojos entrecerrados caminar a paso lento y en total sincronía. El idiota bicolor se mostraba relajado al lado de Izuku, y era un asunto de tomarse en cuenta, considerando que Katsuki sólo lo recordaba rígido como una tabla en las pocas ocasiones que coincidían a la hora del almuerzo en la cafetería.

En su primer encuentro, Katsuki le había estrechado la mano sin prestar mucha atención a su nombre. Su apariencia se había encargado del resto, pues no sólo tenía un ojo de cada color, sino que la pigmentación se extendía hacia su cabello, y además tenía una desagradable cicatriz de quemadura en un costado de la cara. El conjunto por sí solo habría resultado grotesco, excepto porque el muy idiota conseguía hacer suyo el look y de paso que funcionara a su beneficio.

En otras circunstancias, Katsuki lo habría encontrado atractivo. Pero en Plus Ultra su mera expresión indiferente le irritaba, y no poco. Verlo ahora caminando con Izuku sólo acrecentaba ese sentimiento y lo empeoraba, igual que una picadura de mosquito que él no podía dejar de rascarse hasta sacar sangre.

«Ah, pero claro...», encontró Katsuki de pronto la luz al final del túnel. De pronto el nombre acudió a su memoria. Era Shouto Todoroki. Pero sólo Shouto para Izuku, y dicho en un tono suave porque era junto con Ochako uno de los dos con los que asistía a terapia. Creía recordar Katsuki que el idiota bicolor trataba no sólo lesiones, sino que centraba su práctica en terapias de frío y calor. Con exactitud no recordaba qué hacía porque en su momento no había prestado atención, pero Katsuki suponía que era esa la razón por la que Izuku lo traía de acompañante y los dos charlaban como los viejos amigos que eran, si es que con suerte no habían sido más.

—Gracias por esperarme —dijo Izuku a Katsuki apenas lo alcanzó en recepción, y por educación hizo notar la presencia de su acompañante—. Ustedes dos seguro que se conocen, ¿verdad?

—No recuerdo bien tu nombre —dijo el idiota bicolor a Katsuki, y éste apretó las manos en puños, indispuesto a ofrecerle nada que no fuera un apretón capaz de triturarle las falanges—. ¿Me lo recuerdas de nuevo, por favor?

—Katsuki Bakugou —dijo éste, y le correspondió por igual—. De nuevo, ¿cuál era el tuyo?

—Shouto Todoroki.

Si Izuku encontró la tensión palpable entre sus dos acompañantes, no dio muestras de ello. En su lugar se dirigió a Shouto:

—Gracias por lo de hoy. En verdad me hacía falta.

—Cuando quieras, sabes que no tienes que pedir cita —dijo Shouto, dejando de lado el tono distante que mantenía siempre que Katsuki lo había escuchado utilizar con cualquier otro de sus colegas, pero que con Izuku tomaba una excepción.

—Nos vemos mañana.

—Sí, cuídate —dijo Shouto, y sus ojos se posaron en Katsuki al pronunciarse.

—Vamos —instó Izuku a Katsuki a salir, pero éste tenía la cabeza trabajando a marchas forzadas por una repentina sospecha que le había asaltado y que temía se volviera realidad.

Ya habían salido a la calle y avanzado unos metros en dirección a la tienda que Izuku proclamaba como la mejor en equipo deportivo a los alrededores (“eso sin mencionar los descuentos”, agregó con una sonrisa) cuando un muy enfurruñado Katsuki se metió las manos a los bolsillos, hundió los hombros y preguntó:

—¿Hace cuánto que tú y Todoroki salían juntos?

El pie derecho de Izuku golpeó la línea de la acera y poco le faltó para caerse, pero consiguió recuperar el equilibrio. Mas no la dignidad.

—¿Pero cómo...?

—Basta con tener ojos. —«Ah, Eijiro tenía razón; Izuku era un experto en romper corazones»—. Es obvio que le gustas, y por la manera en que te habla y te toca...

—Es mi terapeuta —dijo Izuku, el mentón firme—. Claro que me toca. Es parte de su trabajo.

—Sabes bien a qué me refiero... Antes, se despidió de ti con un roce en tu mejilla, ¿no? —Una pausa—. ¿Eso también forma parte de sus terapias?

Izuku se paró en seco, e incluso si estorbaba en la calle y otros transeúntes mostraron su molestia al esquivarlo, se mostró firme al cruzarse de brazos y dedicarle una mirada cargada de frustración.

—¿Siempre va a ser así? Porque Shouto y yo no somos nada más que amigos.

—Ahora. ¿Pero antes?

—¿Importa en realidad?

Katsuki habría dado lo que fuera por decir que no. Él no era así. Los celos no iban con él. Y hasta hace una semana se había creído incapaz de experimentarlos, ya no se dijera a ese nivel, pero claro, una semana atrás apenas si sabía quién era Izuku Midoriya en el mundo, y en cambio ahora...

—Dímelo tú —replicó en su lugar, apartándose al bordillo de la acera para no estorbar. Entre él e Izuku, se formó un tránsito de personas queriendo llegar a su destino, pero ninguno osó apartar la vista del otro—. Entiendo que tengas exes, pero... ¿Por qué todos trabajan en Plus Ultra?

¿Por qué todos siguen tan enamorados de ti?

Esa era la verdadera pregunta que Katsuki no se atrevía a formular.

Izuku se llevó la mano al cabello y se lo peinó hacia atrás con desesperación. —Yo...

—No lo niegues.

—No lo sé. Francamente... No lo sé, Katsuki. No es como si lo planeara. Simplemente fue algo que... pasó. Y ya está.

—¿Como lo fue ir a mi aula y....? —«Poner la pelota en mi campo y hacer que rodara.»

Izuku suspiró. —Lo haces parecer como si hubiera entrado a tu salón a... seducirte —masculló la última palabra, y desvió la mirada—. Puede que te sorprenda, pero ese no es para nada mi estilo.

—Ya, y de alguna manera da la impresión de que te has acostado con la mitad de la plantilla en Plus Ultra —rezongó Katsuki, la voz en un volumen tan elevado que varias personas en la calle se giraron en su dirección con expresión horrorizada.

Enrojeciendo hasta la raíz de su cabello, Izuku abrió la boca indicado para refutar, pero pudo más la vergüenza de ser atacado de esa manera en plena vía pública, y dándole la espalda amagó irse por donde había venido.

—Oh, mierda —gruñó Katsuki, consciente de que había dejado a su mal humor tomar control de la situación y la había cagado—. Izuku...

Sujetando a Izuku por el hombro, Katsuki consiguió que se detuviera un par de metros más adelante, pero no que se girara.

—Lo s-...

Izuku le interrumpió dándose media vuelta, y con ojos crueles decir: —¿Sabes qué? Tienes razón. Shouto y yo solíamos estar juntos. Fue justo después de mi lesión, y puedes apostar que era lo que necesitaba en esos momentos. Salimos por más de dos años y éramos inseparables. Ahí lo tienes. ¿Algo más de lo que necesites estar al tanto?

Katsuki tragó saliva, y despacio denegó con la cabeza. Sin embargo, una pequeña espinita le hizo abrir la boca y preguntar:

—¿Quién terminó con quién?

—Yo —dijo Izuku, y la tensión en sus facciones se desvaneció como lavada por agua. Bajando la mirada y mordisqueándose al labio inferior, Izuku confirmó lo que Katsuki ya sospechaba: Nuevamente había sido él quien le pusiera fin a una relación. Tres de tres que hasta el momento estaba al tanto, y sólo Izuku sabría cuántos más.

—Le sigues gustando —dijo Katsuki como una reflexión, no para Izuku en sí, sino para él mismo. Pero de a quién hacía referencia, no podía discernirlo. Tanto aplicaba para Ochako, como Mirio, y ahora Shouto.

Eijiro tenía razón: Por dondequiera que pasaba, Izuku se encargaba de dejar un rastro de corazones rotos.

—Lo sé —admitió Izuku—, pero... No está en mi control. Quedamos como amigos, y no seré yo quien ponga final a eso. Mis amigos lo son todo para mí cuando más los necesito a mi lado. Nunca he mentido al respecto, y mis sentimientos no van a cambiar.

Una pequeña luz de esperanza iluminó a Katsuki tras aquella declaración. Cierto, que Izuku fuera el objeto de afecto de tres personas diferentes (cuatro, contándose él mismo) no hablaba sino del maravilloso tipo de persona que era. Divertido, entregado, también atractivo. ¿Y qué si a su paso había dejado una ristra de corazones rotos? Intuía él que todos habían asumido los riesgos, y no se arrepentían. Del mismo modo que él no lo iba a hacer incluso si su final se pronosticaba similar.

—Fui un idiota —murmuró Katsuki, y cada sílaba le costó lo suyo, pero eran sinceras, e Izuku lo sabía—. Si dices que lo tuyo con, uhm, con quien sea se acabó, te voy a creer.

Izuku parpadeó. —Lo haces sonar terrible cuando lo dices así. ¿Con quien sea? ¿O es que ya volviste a olvidar el nombre de Shouto?

Katsuki lo dejó creer que se trataba de eso, y echándole el brazo sobre los hombros pegó su mejilla a la cabeza repleta de cabello oscuro de Izuku para aspirar su aroma y tranquilizarse.

—Olvidemos a esos extras y vayamos a comprar mi tapete —dijo Katsuki, y a su lado, Izuku no hizo intentos por separarse de él.

Así, ignorando miradas indiscretas de otros peatones, se dirigieron a la tienda de deportes.

 

Katsuki se había hecho de una esterilla de yoga de alta calidad (Izuku había mencionado que bastaría con una de las más baratas, por si acaso su interés no duraba, y en respuesta, Katsuki se había decantado por la mejor, dispuesto a demostrar que lo suyo no era pasajero -aunque quedaba ver si aludía a las clases de yoga o al propio Izuku) en un brillante color naranja que Izuku había elegido por él al afirmar que ese era el color al que más le recordaba.

Con su compra al hombro en una bolsa hecha con ese fin, Katsuki se había enterado de que Izuku todavía tenía un par de clases por la tarde y sesión con Mirio, por lo que debía volver a Plus Ultra. La decepción en el rostro de Katsuki al tener claro que Izuku no volvería con él a su piso como en ocasiones pasadas debió de ser patente, porque éste mencionó tener la próxima hora libre y conocer una cafetería cercana que bien valía la pena visitar.

Fue así como terminaron en el balcón de un segundo piso, bebiendo té verde y disfrutando de dos rebanadas de algo que se llamaba Besos sabor té verde. Katsuki había dado por sentado que con tanto té verde iba a quedar saturado del sabor, pero su miedo resultó infundado al llevarse el primer bocado a la boca y paladear la delicadez con la que los sabores se mezclaban.

—¿Rico, verdad? —Confirmó Izuku con él, que sentado al frente en la diminuta mesita, de pronto pareció caer en cuenta de algo—. Oh, por cierto, ¿podría tener tu número?

—¿Mi número?

—Uhm, sí. Generalmente tengo todos los números de mis alumnos para confirmar en un chat grupal la hora de clases o si por alguna razón alguien no puede estar presente.

—Ah. —Un tanto desanimado por la razón que Izuku le había dado, Katsuki le dictó el número con desgana y esperó a que éste lo agregara a un grupo llamado “Yoga para principiantes: Ma y Vi, 12-13 hrs”.

Al fin y al cabo era de esperarse, que Izuku mantuviera una buena relación con sus alumnos valiéndose de los recursos que tenía a mano. Y la idea de un grupo de chat para la clase era idónea para cualquier imprevisto, pero... ¿Por qué no conseguía sacudirse de encima la sensación de haber bajado de categoría frente a los ojos de Izuku? Antes al menos era el colega con el que se acostaba y los límites, aunque todavía sin trazar, eran amplios. En cambio ahora era un alumno como el resto de mujeres en sus cincuentas y luchando contra el paso del tiempo.

Katsuki ya se estaba guardando el móvil de vuelta en el bolsillo cuando volvió a vibrar en su mano, y el leve rubor tras las pecas de Izuku le hizo desbloquear la pantalla con dedos temblorosos.

 

Número desconocido: :)

Número desconocido: Este soy yo, por si quieres agregar mi nuevo.

Número desconocido: Y mensajearme cuando quieras.

 

Katsuki agregó a Izuku como contacto nuevo, y escribió:

 

KB: Ni pienses que participaré en el grupo.

IM: No esperaba que lo hicieras.

KB: Y si empiezan a hablar de su menopausia o los cambios de la edad estaré fuera.

IM: Dales más crédito.

IM: Algunas de esas mujeres patearán tu trasero al final del curso de principiantes.

KB: Eso ya lo veremos.

IM: ¿Apuestas por ello?

KB: ¡Claro que sí!

 

Y aunque estaban sentados a la misma mesa y sus piernas se entrelazaban por debajo, continuaron enviándose mensajes un rato más mientras disfrutaban de su té y su pastelillo.

 

/*/*/*/*

Notas finales:
(Enormes disculpas por saltarme una semana. Por alguna razón olvidé que tocaba actualizar y después el tiempo se me escurrió entre las manos.) Hay avances y retrocesos~ Eijiro no tiene malas intenciones, pero tampoco quiere ver a su amigo sufrir, pero obvio, él no vive la situación como lo hace Katsuki. ¿Y qué opinan de la clase de yoga? Katsuki puede burlarse todo lo que quiera, pero esas mujeres están mucho más elásticas que él ;D
Como siempre, próximo capítulo el martes (con comentarios) o el viernes (sin). Graxie por leer~!
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios