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4.- Ramen y sexo.

 

El ramen era tan picoso como Izuku había prometido, pero Katsuki prestó más atención a las palabras con las que éste aderezó su comida.

—Mmm, supongo que si tengo que empezar por algún lado en mi historia con Mirio... —Izuku sacó sus palillos del papel y con un movimiento rápido los separó antes de dejarlos flotando encima de su plato—. Es el día en que nos conocimos.

—¿En Plus Ultra? —Con fideos en sus palillos, Katsuki los sostenía en el aire expectante a una respuesta que se demoraba en llegar.

—No. Su entrenador era un viejo amigo de All Might y quería que Mirio aprendiera del mejor, así que lo envió por seis meses a Plus Ultra. Lo nuestro duró esos seis meses, y... Un poco más. No fue mucho después cuando me asignaron como su entrenador, así que para mantener la relación profesional intacta decidimos romper.

—No da la impresión de que fuera mutuo.

—Pero lo fue —insistió Izuku, removiendo un poco los fideos de su cuenco antes de comer un gran bocado. Después de masticar y deglutir, agregó—: Creo que Mirio está convencido de que podríamos funcionar como pareja a pesar de que soy su entrenador y él mi pupilo, pero yo no lo pienso así. Tenemos buena química y antes que nada somos amigos, pero yo por él...

—¿El sentimiento no es mutuo?

—Podría resumirse así.

—Ya veo.

Katsuki esperaba más de aquella historia, pero a juzgar por la manera casi desapasionada en la que Izuku se la había compartido, para él no era la gran cosa. Izuku veía en Mirio un buen amigo, un estudiante más a su cargo, y eso era todo. Genial.

—Sigue siendo tu cumpleaños...

Alzando la mirada de su plato, Katsuki enarcó una ceja. —Sí, por el resto del día.

—¿Tienes planes para más tarde?

«Elaborar una próxima rutina de entrenamiento para mi clase de los martes y viernes, y salir a hacer la compra», pensó Katsuki haciendo memoria de algunos pendientes que estaban en su lista, pero seguro que Izuku no se refería a eso. No cuando la mirada que le lanzaba a través de la mesa era de interés.

—No.

—Yo... —Izuku se mordisqueó el labio inferior antes de lanzar tentativa su propuesta—. No te compré un regalo de cumpleaños, pero pensaba que quizá-...

—Sí —aceptó Katsuki sin pensarlo. Cualquier cosa que ofreciera Izuku (ya fuera volver a su cama o cualquier otra actividad en la que pudieran pasar tiempo juntos) estaba bien por él.

Izuku rió entre dientes. —Lo volviste a hacer. En verdad eres impaciente.

—Hablas demasiado despacio —gruñó Katsuki, molesto por su propia exasperación que era un rasgo negativo de su personalidad con el que más veces que no tenía que lidiar sin poder ponerle un freno, pero a esas alturas ya le daba igual—. ¿Y bien? ¿Qué estabas por decir antes?

Con una exhalación que incrementó la expectativa, Izuku apoyó el codo en la mesa y su rostro en esa mano, dedicándole una mirada de ojos chispeantes que iba acompañada de una media sonrisa.

—¿Por qué no pasamos a la farmacia de regreso?

Y con eso selló su invitación a más.

 

Katsuki pagó el ramen sin aceptar el argumento de Izuku que como era su cumpleaños debía ser él quien disfrutara de una comida gratis. Con un gruñido y la frase “esas ridículas convenciones no van conmigo así que olvídalo de una vez por todas” Katsuki se encargó de la cuenta, y de paso guió el camino hasta su piso tomando una ruta que aseguraba una tienda de conveniencia en su ruta.

—Oh, casi se me olvidaba que en casa no tengo hilo dental —dijo Izuku cuando se encontraron en el pasillo de higiene personal, y cogió del estante uno.

Por su cuenta Katsuki hizo nota mental de lo que hacía falta en su baño, y se surtió con un tubo más de pasta de dientes y un cepillo. No fuera a ser que tuviera visitas que volvieran a quedarse a pasar la noche y que éstas necesitaran con qué refrescar su aliento a la mañana siguiente.

—¿Será verdad que las cerdas duras desgastan el esmalte? —Preguntó Katsuki revisando el empaque, y a su lado Izuku se encogió de hombros.

—Ni idea. Mis encías son sensibles, yo utilizo cerdas suaves.

Ok. Cerdas suaves. Katsuki devolvió el empaque a su sitio y tomó otro en donde esa especificación estaba impresa en la caja.

Sin hacer ningún comentario por su acción, Izuku le indicó con una cabeceada que lo que estaban buscando se encontraba al fondo del pasillo.

—¿Quieres privacidad para hacer tus compras o...?

Con un bufido, Katsuki lo llamó idiota pero sin saña en su mordida. —A ti también te interesa esto, no escurras el bulto.

Ligero de pisadas, Izuku le siguió al final del anaquel, donde se podían encontrar una buena variedad de condones.

—Antes que nada, esto —dijo Izuku al escoger una botella de lubricante.

—Que sean dos.

—Ok.

—Y en cuanto a lo otro... —La mano de Katsuki se posicionó sobre una caja de condones que indicaba ser ‘extra grande para el hombre espacioso’ e Izuku se rió a sus costillas—. ¿Qué? Tú ya lo viste. No negarás que es necesario.

—Hay más grandes —dijo Izuku, pero ya fuera que se tratara de su experiencia personal o una observación inocente, no lo aclaró. En su lugar eligió una caja distinta, también tamaño superior al normal, pero que enfatizaba la inclusión de lubricante—. Confía en mí, estos son mejores.

Por si acaso, Katsuki escogió la caja con diez, y luego de una pausa y un arranque de optimismo, tomó otra más del anaquel.

—Qué seguro de tus posibilidades te encuentras esta tarde —comentó Izuku al pasar por su lado, pero la manera en que su hombro golpeó el de Katsuki al pasar y el contoneo de sus caderas contaban una historia diferente.

De nueva cuenta Katsuki se empeñó en pagar, no sólo lo suyo, sino también el hilo dental de Izuku. “Así es más fácil”, masculló al poner un billete de denominación grande en el mostrador y recibir sus compras en una simple bolsa de plástico opaca.

—Te lo compensaré la próxima vez —dijo Izuku a la salida de la tienda.

«Siempre que haya una próxima vez...», pensó Katsuki, el deseo de una continuación a lo que sea que se estuviera cociendo entre ellos dos como prospecto suficiente para que de pronto sus pisadas adquirieran un ritmo de urgencia por llegar a su destino.

Ajeno al efecto que tenía sobre él, Izuku iba caminando a su lado y hablando de algo que en apariencia Katsuki primero consideró un comentario sin importancia, pero después intuyó que tenía peso y debía prestar atención.

—Uhm, seguro que la otra noche no lo notaste, pero mi brazo... —Con las manos libres, Izuku se había llevado la mano izquierda al brazo derecho y se tocaba justo arriba del codo—. Digamos que no es una vista agradable después de todas las cirugías por las que he pasado.

—Traías puesta una manga de compresión, ¿no?

La memoria de Katsuki respecto a su tiempo compartido era clara, pero se centraba en otros puntos de la anatomía de Izuku, no en su brazo precisamente. Su primer orgasmo había sido apresurado, con ellos dos todavía a medio desvestir, pero para el resto se habían despojado de todas sus prendas, y creía recordar que encontró curioso que Izuku hesitara al librarse de su camiseta cuando debajo tenía un cuerpo esculpido por el ejercicio. No mucho en realidad. Más que ver, había sentido la manga en contacto con su piel cuando Izuku lo abrazó, pero de nuevo, su presencia ahí y uso le habían importado un comino cuando la sangre de su cerebro abandonó su cabeza para dirigirse a otro sitio más urgente.

—Es porque no he sanado del todo. Mi lesión nunca lo hará en realidad... El hueso de mi brazo se fracturó en nueve partes, pero además se hizo polvo en una sección. Mi doctora dijo que era similar a una explosión, y que debía estar agradecido por tener movimiento y funcionalidad después de lo que había pasado. Realmente lo estoy —dijo Izuku con seriedad, un tono lúgubre que hasta entonces no había utilizado antes en su presencia—, pero eso no implica que esté contento con el resultado. Es un brazo que cumple con su función, pero que también duele y es casi mi enemigo personal...

—No sé qué decir —masculló Katsuki—. No soy nada bueno con las palabras de consuelo.

—Y no tienes que decir nada, no es un requisito, sólo... Quería prevenirte. Porque no todo mundo ha sido comprensivo cuando me quito la manga y ven lo que hay debajo. Entenderé si te desagrada y no lo haré en tu presencia, pero...

«Pero entonces será tu presencia la que faltará», adivinó Katsuki la línea de pensamiento que discurría en la cabeza de Izuku, y en un gesto que podía considerarse de demasiada confianza para dos virtuales desconocidos a pesar de que ya habían compartido juntos unos cuantos orgasmos, lo atrajo a su lado y le plantó un beso en la coronilla, justo en medio de aquella mata de cabello oscuro y alborotado que destellaba en tonos verdes y que en esos momentos olía a limpio, justo como a él le gustaba.

—Ten más confianza —dijo Katsuki, zanjando el asunto—. Tenme más confianza.

Y la verdad fuera dicha, esperaba él tenerse más confianza.

 

Una vez en su piso, Katsuki abrió la puerta para dejar pasar a Izuku primero y después lo hizo él. Sin muchos miramientos se sacó los zapatos sin molestarse en acomodarlos, y con esa misma impaciencia se quitó la chaqueta y la bolsa de deporte para colgarlas en el perchero. Izuku en cambio se mostró dubitativo, como si de pronto su presencia ahí no terminara de ser del todo correcta, y Katsuki se apresuró a corregirlo.

Posicionándose frente a él, Katsuki sujetó el rostro de Izuku entre dos manos y lo besó larga y detenidamente, recorriendo su boca con su lengua y dominando cada reacción de su cuerpo. Izuku apoyó sus manos sobre las de Katsuki, pero en ningún momento intentó apartarlo, y no fue sino hasta que se quedaron sin aliento que Katsuki se retiró unos centímetros y lo miró directo a los ojos.

—¿Todo bien?

—S-Sí... —La pupila de sus ojos se había expandido hasta hacer el verde oscuro de su iris apenas una franja a punto de ser engullida por la negrura de su deseo.

—Vamos al dormitorio.

Con una mano sujetando la muñeca de Izuku y guiando sus pisadas a la recámara y la otra cargando la bolsa de compra, Katsuki no se demoró en lanzarlos a ambos a la cama y después unírseles en un segundo beso tan impaciente como el anterior.

Izuku metió sus manos debajo de la camiseta de Katsuki y acarició su estómago esculpido, subiendo por sus desarrollados pectorales y masajeando sus pezones con los pulgares. Katsuki gimió en el beso que compartían, y le dio un mordisco en el labio inferior. Nadie con quien se hubiera acostado antes se había tomado la molestia de hacerle eso, y muy tarde en la vida descubrió que le encantaba.

—Hueles increíble —murmuró Izuku, aprovechando una pausa para hundir la nariz en el cuello de Katsuki—. Tócame. También tócame.

Katsuki lo complació eliminando la mayor cantidad de prendas posibles para reducir su contacto cuerpo a cuerpo. Lo último que cayó con descuido a la orilla de la cama fue un calcetín de Izuku, y Katsuki se posicionó entre sus piernas mientras elevaba la larga y firme extremidad de Izuku y apoyaba su peso contra su hombro.

—Qué elástico —se admiró cuando Izuku no dio muestras de protestar. Otras parejas se habían quejado de tener que abrir las piernas un poco más de lo habitual, pero Izuku parecía estar contento y sin dolor.

—Te burlabas tanto de mis clases de yoga y pilates —rió Izuku—, pero ahora soy yo quien tiene la ventaja.

—Eso ya lo veremos...

Inclinándose un poco para besar la cara interna de la rodilla de Izuku, Katsuki trazó un camino húmedo de besos y mordiscos en sus muslos, y éste se cubrió el rostro con un brazo.

—Ka-... ¡Ah! —Gimió Izuku cuando Katsuki llegó a su ingle y le pasó los dientes por la sensible piel.

Pese a que no habían encendido las luces al entrar a la habitación, no era necesario. Por la ventana todavía entraba luz suficiente para que Katsuki pudiera apreciar el rubor generalizado en el cuerpo de Izuku, y lo bien que combinaba con los racimos de pecas que éste tenía aquí y allá.

Ya antes había apreciado Katsuki las pecas de sus pómulos y las había encontrado infantiles, poco apropiadas para un adulto de su edad que todavía podía pasar por adolescente si se lo proponía, y se había cuestionado si el estado de su piel era similar en otras áreas. Pues ahí tiene su respuesta: Sí, y le encantaba.

Encontrando pecas en sus muslos como si de tesoros se tratara, Katsuki alternó cada pierna en más besos hasta que Izuku resopló con impaciencia.

—¿En serio? —Inquirió con voz contenida, removiendo su cadera en la superficie de la cama—. ¿No hay nada más que llame tu atención?

Katsuki chasqueó la lengua. —Y antes me llamabas a mí impaciente.

—Tengo desde ayer fantaseando con esto.

—Mmm, en ese caso —se propulsó Katsuki directo a la entrepierna de Izuku, donde su pene descansaba rígido y apuntaba hacia arriba con orgullo. Izuku no estaba circuncidado, y a Katsuki la boca se le hizo agua de pensar en las posibilidades.

Dispuesto a torturar un poco más a Izuku para prolongar la expectación, Katsuki acercó despacio su rostro a la entrepierna de Izuku, y con la punta de la nariz rozó la base de sus testículos. Al instante se contrajo su escroto, y Katsuki tuvo una vista privilegiada del punto entre sus nalgas cuando Izuku abrió más las piernas y las elevó.

—Esto tiene sus ventajas —murmuró Katsuki con apreciación, antes de con la lengua trazar una húmeda línea justo donde comenzaba el perineo de Izuku.

—¡Ah, Ka-... Kacchan! —Exclamó Izuku de pronto, sin planearlo, lanzando una de sus piernas al aire y por poco golpeando a Katsuki en el proceso.

El uso de un apelativo como ‘Kacchan’ fue lo que más llamó la atención de éste. —¿Cómo me dijiste?

—¿Uh? —Aturdido como si hubiera recibido una descarga eléctrica, Izuku lo ignoró y pidió más—. No puedes dejarme así...

—Debería hacerlo por ponerme un apodo tan ridículo, pero... —Katsuki sujetó a Izuku por las corvas y lo empujó hasta levantar su trasero justo hasta el nivel de su rostro—. Tócate.

Izuku lo obedeció en el acto, lamiéndose la palma de la mano antes de sujetar su pene y darse un par de tirones bien esperados.

—Ah... Ah... —Jadeó Izuku, y Katsuki evitó darle un vistazo porque él mismo se sentía a punto de llegar a un punto de no retorno.

Con los brazos en tensión por el esfuerzo de sostener las piernas de Izuku en lo alto, Katsuki volvió a sacar su lengua y a trazar con ella un camino húmedo que partía del nacimiento de sus testículos hasta llegar a su orificio. El anillo de músculos entre sus nalgas se contrajo, y Katsuki no hesitó en rodearlo con su lengua y trazar círculos insistentes hasta que volviera a relajarse.

Mientras tanto, Izuku ayudó él mismo sosteniendo sus piernas lo más posible cerca de su pecho mientras con su mano derecha se masturbaba furioso y con la izquierda se acariciaba el pecho, pellizcándose los pezones como antes había hecho con Katsuki.

Bien podría haber alcanzado el orgasmo de esa manera, pero Katsuki también estaba lidiando con las consecuencias de su excitación, y quería estar con Izuku justo en el punto más álgido.

—Hey, sin prisas... —Murmuró Katsuki contra su piel, bajando la intensidad de sus movimientos de lengua y sustituyéndolos con más besos—. No tienes planes urgentes por las próximas horas, ¿correcto?

—Eres, uh, cruel... —Respondió Izuku, que con todo intuyó que debían cambiar de marcha o se iba a llevar un chasco, y tras un segundo de duda dejó ir su miembro y gimió casi con dolor.

—Sigue siendo mi cumpleaños hasta medianoche, ¿y no dicen que al chico del cumpleaños lo que pida? —Dijo Katsuki, incorporándose sobre sus rodillas antes de recostarse sobre el cuerpo de Izuku y besarlo de lleno en los labios—. Hagamos que dure, ¿ok?

Con el rostro de Katsuki a una distancia mínima del suyo, Izuku le echó los brazos alrededor del cuello y le miró con ojos lánguidos de placer.

—Ok.

Así que se besaron, y Katsuki marcó el ritmo previo de lo que sería su cópula al refregar su miembro contra el de Izuku, haciendo un desastre de líquido preseminal sobre sus vientres bajos sin que a ninguno le importara en realidad.

Justo cuando Izuku creía que esta vez sí se le permitiría alcanzar el orgasmo, Katsuki se separó de su abrazo y lo hizo darse media vuelta, elevando su pelvis con un par de almohadas para tener mejor acceso.

De nueva cuenta lo besó entre las nalgas, y valiéndose primero de su saliva y un dígito, y después de lubricante y dos dedos más, Katsuki se cercioró de preparar a Izuku para recibirlo.

—¿Estás listo? —Comprobó Katsuki mientras extraía un condón de su empaque y se lo colocaba en el miembro erecto.

—Desde hace al menos cinco minutos —resopló Izuku, y su insolencia le hizo ganador de una nalgada corta pero eficaz que en lugar de dolor le provocó un gemido sofocado—. ¡Ah!

—Sabía que eras de ese tipo...

—Soy de muchos más tipos que todavía no conoces —murmuró Izuku con el rostro apoyado en la cama—. Ahora hazlo.

Sosteniendo su pene con una mano para guiarlo, Katsuki utilizó la otra para sujetar un glúteo de Izuku y revelar su abertura reluciente de lubricante. Pese a la insistencia de Izuku por estar listo luego de un par de dedos, Katsuki no había cedido a la tentación al notar los músculos en tensión bajo su toque. Sí, habría sido genial con aquel nivel de estrechez, pero corría el riesgo de lastimarlo, y eso no iba a ocurrir en su turno.

—Kacchan... —Repitió Izuku el mote de antes, temblando cuando el glande de Katsuki presionó contra su abertura, y tras tensos segundos de expectación, consiguió entrar.

Un placer tan intenso que se volvía casi tan doloroso sacudió a Katsuki, y lo forzó a quedarse quieto unos segundos, boqueando por aire. Ante él, Izuku parecía estar en un estado idéntico, estrujando el cubrecama bajo sus dedos y temblando.

Después lo hablarían, después coincidirían con que aquella primera vez había tenido consigo un halo de incertidumbre para el cual no estaban preparados físicamente a sucumbir de tal manera al placer, pero en tiempo presentes, con la piel húmeda de sudor y la mente aturdida por una carencia total de pensamientos que no fueran “mío” y “más”, la necesidad y urgencia era otra.

—Ahhh... —Izuku arqueó más la espalda, y el ángulo favoreció a Katsuki para hacer la penetración lo más profunda posible. Su pelvis chocó contra el trasero de Izuku, y aquel contacto dermis contra dermis le resultó imposible de perder.

Cayendo rendido sobre su espalda, posicionando sus brazos encima de los de Izuku en búsqueda de mantener una unión física en todos los sentidos de la palabra, entrelazó sus dedos con los de él y enterró su rostro en su alborotado cabello oscuro, olisqueando esa mezcla de sudor, shampoo y su propia esencia personal que le hacía sucumbir al deseo de devorarlo completo.

—¿Te gusta? Di que te gusta —murmuró Katsuki enfebrecido contra la nuca de Izuku, mordiendo aquí y allá la sensible piel mientras con sus caderas marcaba un ritmo corto y rápido de estocadas.

Izuku se contraía con cada golpe de su cadera, alzándose él mismo para recibirlo en cada ocasión, y gemía de continuo sin parar. Para incluso así se las arregló para ofrecer una respuesta.

—Sí, Kacchan, ¡sí!

Deseoso de más, de tenerlo enteramente a su merced, Katsuki apretó la mandíbula para tolerar la separación y se apartó de Izuku, que gimoteó ante la pérdida de su contacto pero se repuso veloz cuando tiró de él y lo hizo rodar sobre su espalda. Katsuki no perdió tiempo en posicionarse entre sus muslos, y alzando las piernas de Izuku encima de sus hombros, volvió a penetrarlo. Esta vez con mayor facilidad. El cuerpo de Izuku lo recibió, y éste estiró los brazos para recibirlo contra su pecho. Katsuki lo besó, e Izuku no se resistió, incluso si tenía los tobillos casi a la altura de las orejas y cualquier otro habría considerado la posición de lo más incómoda para los músculos y tendones.

Con cualquier otro compañero de cama, Katsuki no se habría conformado con un par de posiciones y alcanzar el orgasmo. Él siempre quería variedad, pero en el caso de Izuku, de momento no iba a ser posible. Los dos se encontraban más allá de un punto de retorno, y el orgasmo amenazaba con sobreponerse a su resistencia. A juzgar por la manera ansiosa en la que Izuku recorría los músculos de su espalda con desesperación y refregaba su miembro contra el estómago de ambos, no tardaría en llegar a su límite, y Katsuki estaba igual condición. No podría contenerlo ni aunque quisiera, y no quería...

—Córrete por mí, hazlo —le ordenó Katsuki, marcando cada sílaba con una embestida de su cadera, atento a los ruidos de sus cuerpos el unirse al compás de una música que sólo llegaba a sus oídos, e Izuku le obedeció como accionado por un interruptor.

Liberando un gemido gutural que vino acompañado de sus dedos contrayéndose involuntariamente sobre los hombros de Katsuki y su rostro mostrando una expresión de total sublimación, Izuku se entregó al placer de su orgasmo y se corrió entre sus vientres en un largo y poderoso chorro que su acompañante consideró como una extensión de su propio placer. Izuku se tensó como una cuerda de guitarra hasta lo indecible, arrancándole en el proceso a Katsuki su propio orgasmo, y después hundiéndose laxo en la cama y bajo el peso de su compañero.

Todo pasó demasiado rápido. Katsuki estaba seguro de todavía tener tiempo, de estarse controlando a la perfección, y entonces el orgasmo de Izuku lo había golpeado como el propio, seguido del suyo todavía menos placentero pero no por ello menos perfecto. La simultaneidad del acto era algo que nunca había experimentado con anterioridad, y Katsuki rechinó los dientes al ser sacudido de esa manera antes de también perder todo el ímpetu y caer sin fuerzas en los brazos de Izuku.

Yaciendo en un bulto que lo era todo en brazos, piernas, piel húmeda y besos interminables, uno a uno volvieron los sentidos de Katsuki e Izuku a la normalidad.

Era digno de analizarse. Un minuto atrás, Katsuki no tenía ningún pensamiento que no los incluyera sólo a ellos dos. El mundo podría haber terminado afuera de su ventana y él no se habría enterado, demasiado absorto en los ojos verdes y de pupilas dilatadas de Izuku que estaban clavados en los suyos. Todo en él había sido objeto de su absoluta concentración; el tacto de su piel, el sabor de su boca, el sonido de su placer... Pero el momento había pasado, y ahora podía apreciar no sólo las partes que los mantenían unidos, sino también el resto.

Como el condón que se interponía entre ellos dos, y del que debía de deshacerse antes de que derramara su contenido sobre la cama.

—Uh... ¿Por qué tengo tu talón en mi mejilla? —Preguntó Katsuki de pronto, y al girar ligeramente el rostro apreció un pie demasiado cerca de la cara para su gusto.

Todavía recuperándose, Izuku resopló. —Oh, tu culpa... Es mi pierna la que tienes doblada de esa manera, ¿sabes?

—Uhm... —Apartándose despacio de Izuku, Katsuki hizo una mueca cuando su piel mojada de sudor entró en contacto con el frío de la habitación.

Izuku pareció de la misma opinión, pero además se tragó un gemido que ya sólo era de dolor cuando pudo devolver las piernas a su posición original y un hueso crujió.

Sentado sobre sus pantorrillas, Katsuki se retiró el condón y lo anudó para no derramar su contenido. —Espera aquí...

Sin importarle su estado de desnudez, Katsuki tiró el condón en la basura del baño, humedeció una toalla de mano con agua caliente y volvió al dormitorio. Esperaba encontrar a Izuku todavía en la misma posición en la que lo había dejado, pero éste se había sentado con los pies en el piso y se examinaba el pecho cubierto de marcas de besos y mordiscos.

—Lo siento —masculló Katsuki al entrar a la recámara y sin agregar que lo volvería a hacer de tener la oportunidad—. Ten.

Izuku aceptó la toalla con un quedo “gracias” de su parte, y se limpió primero el desastre sobre su estómago y después con más vergüenza se puso en pie e hizo lo mismo con el área entre sus piernas. Con reservas de su papel en esos momentos, Katsuki desvió respetuoso la mirada para darle privacidad.

De haber podido elegir, Katsuki habría preferido que Izuku siguiera en la cama para ser él quien lo limpiara. Con suerte habrían podido dormir una corta siesta, y después al despertar podrían incluso haberle dado uso a los condones restantes de la caja, pero... De pronto no parecía una opción.

Dejando la toalla sucia en la cama revuelta, Izuku se agachó para buscar su ropa, y algo en su movimiento alertó a Katsuki.

—¿Te... lastimé?

—Oh no, nada de eso —se apresuró Izuku a explicar mientras recogía sus bóxers del montón y se los ponía—. Ha sido... intenso, ¿no te parece? Y hay posturas que deberían venir con instrucciones de un calentamiento previo —bromeó, pero en su rostro cruzó una mueca de dolor al levantar la misma pierna que antes tenía doblada hasta tocarse su propia oreja y por poco perdió el equilibrio.

Incluso si no había nada más que quisiera en esos momentos que asegurarse la estancia de Izuku aunque fuera por unos minutos más, no fue eso lo que movió a Katsuki a arrodillarse a su lado y tocarle la pierna, sino genuina preocupación de su bienestar.

Y bueno, culpa. Porque había sido por su causa.

—¿Dónde te duele? —Preguntó al tocarle el muslo con los dedos y recorrer algunos de los músculos principales.

—Justo, ¡ah!, ahí —jadeó Izuku de manera muy diferente a la de la última hora que habían pasado juntos.

—No es una lesión grave, pero... —«Y qué cruz sería si lo fuera», pensó Katsuki, porque seguro que el resto de sus colegas en Plus Ultra lo notarían si al día siguiente Izuku se presentaba con una cojera, e incluso si conseguía hacer que una mentira de su procedencia colara, él no podría mantener una expresión seria al respecto—. Tiéndete bocabajo en la cama.

—¿Katsuki?

—Oh, vamos —gruñó Katsuki, quitando el cubrecama sucio y mostrando sábanas limpias debajo—. No es lo que piensas. Te voy a dar un masaje.

Izuku frunció el ceño, pero se mostró divertido. —No imaginé que fueras de ese tipo de romántico.

—Y no lo soy, idiota —gruñó Katsuki—. Es una pomada de calor para lesiones, no un jodido aceite aromático con el que te voy a untar. Ahora acuéstate y no hables más.

Con trazas de humor por la manera tan torpe y falta de tacto en la que Katsuki insistía en hacer algo bueno por él, Izuku obedeció tendiéndose sobre su estómago en la cama y esperando. Katsuki se movió en la habitación, abrió un cajón y lo volvió a cerrar; de paso también se vistió con un par de bóxers limpios, y después se sentó en la orilla de la cama, rozando con sus dedos la pierna de Izuku.

—Dime dónde te duele más —ordenó con voz suave, subiendo de la corva al muslo, primero por la cara externa y después la interna. Izuku siseó cuando Katsuki dio con el músculo en cuestión, y éste chasqueó la lengua.

—Es el aductor mayor.

—No sabía que los conocías de nombre...

—¿Qué esperabas? ¿Qué por dedicarme al entrenamiento físico sólo sabría de deportes y no de anatomía? —Katsuki abrió el frasco con pomada, y tras tomar una generosa porción y calentarla entre sus dedos, procedió a masajear a Izuku—. Odio esas suposiciones. Como si por entrenar mi cuerpo no fuera capaz de hacer lo mismo con la mente.

Izuku exhaló cuando Katsuki presionó justo en el músculo que tenía lastimado y lo recorrió con sus dedos hasta hacerlo vibrar de dolor, pero ni una vez lo expresó así. En cambio, se las arregló para decir con voz tranquila:

—Tienes razón. Perdona por-...

—No hay nada que perdonar —le interrumpió Katsuki, la vista clavada en su pierna y haciendo su mejor trabajo—. Ahora cállate y sopórtalo.

En opinión de Izuku, ‘soportarlo’ no era el verbo correcto, sino más bien ‘disfrutarlo’. Sobre todo cuando el músculo en cuestión quedó relajado y el masaje terapéutico de Katsuki comenzó a extenderse a otras áreas.

Murmurando que tenía pomada de sobra y que no pensaba desperdiciarla, Katsuki subió a sus hombros, e Izuku lo dejó trabajar en el área de sus paletillas y después bajar por su columna hasta la estrecha cintura. Para entonces Katsuki ya se había olvidado de la pretensa de estarle proveyendo un masaje, y con sus pulgares trazaba con insistencia sobre los dos hoyuelos que tenía justo encima del trasero, al borde del elástico de su ropa interior.

—Mmm, eres bueno —elogió Izuku sus acciones con voz gruesa, y Katsuki deslizó una de sus manos bajo la tela, sujetando aquel glúteo pequeño pero bien formado en su palma—. Muy bueno.

—Puedo ser el mejor si me lo propongo...

—¿Sí?

—Pruébame.

E Izuku lo hizo.

 

Katsuki se vio tentado a invitar a Izuku a pasar la noche. Después de todo, luego de tres orgasmos, una cena intermedio que consistió en unos bocadillos que tenía congelados y que comieron en el sofá para después olvidar cuando la tentación de besarse se hizo insostenible, por ende, un cuarto orgasmo y después comentar que se hacía tarde y los dos tenían que madrugar... Al fin y al cabo Katsuki había comprado un cepillo de dientes extra. Un jodido cepillo de dientes con cercas suaves. Para Izuku. El mismo Izuku que bostezaba contra el dorso de su mano y comentaba que tenía una clase a las nueve.

—Es un grupo de principiantes. Yada, yada, sólo mujeres mayores y ancianas, justo como te gusta recalcar —se burló Izuku de sí mismo con las frases que Katsuki prefería utilizar para machacarle—. Da igual. Son los mejores grupos. Seguido me llaman el candidato perfecto para conocer a sus hijas o nietas.

—Lástima que seas gay —se burló Katsuki.

—No sé si lástima o no, pero... —Izuku volvió a bostezar—. Como sea. Me marcho.

Siguiendo a Izuku al genkan y observándolo mientras se colocaba los zapatos de vuelta y después hacía lo mismo con su chaqueta, Katsuki se vio tentado una vez más de hacerle la invitación de compartir con él la mitad de su colchón que ahora de pronto daba la impresión de pertenecerle. A cambio de su compañía prometía proveerlo de una almohada, sábanas limpias, y uno de sus brazos alrededor de su estómago... Pero claro, ¿quién podía ser tan patético como para caer así de rápido por otra persona?

Ahí donde Katsuki se sentía a punto de hacer combustión en la cercanía de Izuku, éste no daba la apariencia de ser recíproco. No a juzgar por el modo relajado con el que se cercioraba de tener la billetera y las llaves en los bolsillos, y después se despedía.

—Pasa de medianoche así que no diré de vuelta ‘feliz cumpleaños’, pero espero que mi regalo te haya gustado.

Descalzo y experimentando un estremecimiento que nada tenía que ver con la temperatura de aquella tardía noche de abril, Katsuki encogió los hombros. Era su manera de decir que sí, había sido el mejor regalo posible, pero Izuku pareció no darse por enterado.

—Gracias por tenerme aquí —murmuró, y en la penumbra del genkan y la fragilidad de un momento que terminaría apenas abriera la puerta, se posiciono de puntillas y le besó la boca—. Nos vemos mañana en el gimnasio, Katsuki.

—¿Qué, ya no es Kacchan? —Le chanceó éste, e Izuku examinó sus ojos en búsqueda de una señal.

Si la encontró o no, no lo demostró, y con una última sacudida de su mano se despidió una última vez y se marchó.

Atrás quedó Katsuki, cuestionándose no por primera vez en las últimas horas si avanzaban demasiado rápido, o por qué su impaciencia quería todavía más velocidad.

 

/*/*/*/*

Notas finales:
Nosotras descubrimos un poco de la historia de Izuku, y ellos 2 tienen sexo~ Traté de incorporar elementos del canon en el fic (como lo del brazo) pero no serán fieles al 100% para darle sabor a la trama y mostrar algunas sorpresas durante el camino.
Como siempre, nos vemos el martes con comentarios o el próximo viernes sin. Graxie por leer~!
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
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Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios