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3.- "Funcionamos mejor como amigos."

 

Como era su costumbre, hubiera lluvia, truenos o relámpagos en el cielo, Katsuki despertó a las cinco en punto y requirió de un instante de pánico al descubrir que no estaba solo en la cama sólo para tranquilizarse un segundo después cuando reconoció aquella mata de cabello oscuro que le picaba en la nariz.

Era Izuku, se recordó. Izuku había vuelto a su piso con él, y después de una sesión de sexo por demás placentera a pesar de la falta de penetración (desventajas de recién haberse mudado y no resurtido su mesita de noche de lubricante o condones), se habían quedado dormidos en un amasijo de brazos y piernas.

Katsuki no recordaba haberla pasado igual de bien con otra persona en años, sino es que en la vida. Y no se refería sólo a su tiempo en la cama, sino también a las horas previas en la fiesta, con Izuku comiendo y bromeando a su lado, de tanto en tanto ofreciéndole bocados del platón para tres que habían pedido y que quizá por asociación constituyó un manjar como pocos había probado en la existencia.

Con Izuku envuelto en su abrazo y su estómago puesto en su espalda, Katsuki consideró sus dos opciones más evidentes: Volver a dormir porque los domingos era su día libre en Plus Ultra o despertar a Izuku con la erección que en esos momentos presionaba contra su trasero. La respuesta más obvia era la segunda, y Katsuki la habría elegido, de no ser porque estaba demasiado cómodo en aquella posición.

Daba igual si el cabello de Izuku le provocaba cosquillas en la nariz, porque bastó con moverse un poco para tener a su alcance una porción de piel que no dudó en besar.

—Mmm... —Izuku despertó a medias—. ¿Qué horas son?

—Las cinco.

—Muy... temprano... —Murmuró Izuku, arrebujándose más en el abrazo de Katsuki—. Despiértame más tarde y... Te haré una mamada —prometió con ligereza, como quien acuerda una cita a tomar el té y no a posicionarse entre las piernas de alguien más y practicarle una felación.

Katsuki habría preferido hacerlo ahora mismo. ¿Para qué esperar? Si impaciencia era uno de sus peores defectos, pero bastó que Izuku tirara del brazo con el que le rodeaba por el estómago para estrechar su agarre y cualquier otra idea salió volando por la ventana.

Sí, Katsuki podía esperar, y con ese pensamiento en mente e Izuku entre sus brazos, volvió a cerrar los ojos y no tardó en quedarse dormido.

 

La segunda vez que Katsuki despertó esa mañana fue un par de horas más tarde y con Izuku recostado sobre su torso. De espaldas y con un brazo encima de los ojos para cubrirse de la luz matinal que ya entraba por su ventana, fue precisamente su móvil el que lo arrancó de la placidez de su sueño, aunque según comprobó al abrir un ojo y tener vista privilegiada de los hombros desnudos (¿eran esas pecas? Tendría que cerciorarse, de preferencia recorriéndolas con su lengua...) de Izuku, la realidad no era tan terrible esa mañana si es que la promesa hecha por éste de madrugada era cierta.

Con un manotazo certero hacia su mesa de noche, Katsuki levantó su móvil para hacerlo callar, y se llevó una sorpresa cuando con un ojo trató de enfocar la vista en la pantalla que sólo después reconoció que no era suya. Su pupila encontró ofensiva aquel nivel de luminosidad, y su cerebro no procesó de buenas a primeras que la pantalla de inicio no fuera la que él tenía siempre, sino una fotografía de Izuku con Mirio Togata posando con éste último sosteniendo en alto una medalla de oro.

«Oh, este no es mi teléfono», razonó Katsuki listo para entregárselo a su dueño y que lo pusiera en silencio, pero entonces la pantalla comenzó a llenarse con más mensajes. El tono era idéntico al del móvil de Katsuki, y de ahí la confusión, pero a diferencia de Izuku, él no tenía el número de Mirio, y no era a él a quien Mirio buscaba, al parecer para invitarlo a desayunar.

 

MT: ¡Buenos días, Deku!

MT: Espero que la resaca te haya sido leve. Te vi beber bastante anoche, pero en realidad todos lo hicimos, ¿no?

MT: Creo que te vi compartir taxi con el chico nuevo de crossfit.

MT: Ya olvidé su nombre...

 

—Tsk, idiota —masculló Katsuki entre dientes, listo para dejar el móvil donde lo había encontrado porque él no era ningún cotilla y no tenía ningún interés en empezar a serlo a esas alturas de su vida, pero el mismo Mirio selló su destino escribiendo con rapidez el resto de sus mensajes.

 

MT: Espero que hayas llegado bien a casa.

MT: ¿Te apetece salir a desayunar conmigo? Yo invito.

MT: Espero la falta de antelación no sea un problema.

MT: Anoche no fue mi intención molestarte. Y me gustaría ofrecerte una disculpa como es debido. Después de que cambiaste asientos no tuve oportunidad, y no quisiera empezar la semana con un malentendido entre nosotros dos.

 

—¿Pero qué...? —Katsuki apartó el móvil de sí, pues su cabeza se había llenado con toda clase de ideas extrañas respecto a lo que había leído, y que conjugadas a la información que ya tenía, no era muy de su agrado.

Katsuki no recordaba que la noche anterior Izuku se hubiera apartado de Mirio por alguna razón en específico. De hecho había sido Tenya el que acudiera a charlar con Toshinori, e Izuku se había ofrecido al cambio porque era uno de los dos que estaba ahí sentado. Katsuki no conseguía rememorar quién era la otra persona al lado de Toshinori, pero daba lo mismo, porque en su momento no había parecido importante. Sólo lo era ahora en la mañana, a la luz de un nuevo día que no estaba empezando como él hubiera preferido.

Más mensajes continuaron llegando, e Izuku se removió sobre su cuerpo con un quejido de molestia.

—Ugh... ¿Es mi móvil?

—¿Es que acaso no reconoces tu propio tono? —Gruñó Katsuki al entregárselo.

—Lo cambié al volver a Japón —respondió Izuku, rodando fuera de su abrazo para tallarse un ojo, y tras ocultar un profundo bostezo con esa misma mano, procedió a examinar la pantalla de su móvil.

Examinando sus reacciones, Katsuki no reconoció en el rostro de Izuku nada. Ni sorpresa, gusto o disgusto. Sólo dejó sus ojos vagar por la pantalla y después la apagó.

De ser una persona razonable, Katsuki habría fingido no estar enterado de nada. Pero ese no era su estilo, ese no era él, y Katsuki creía en enfrentarse de cara a cara a lo peor si es que quería tener oportunidades de ganar.

—¿Y bien?

—¿Y bien qué? —Preguntó Izuku, la sábana cubriendo apenas lo esencial de su anatomía, trazando una curva sobre su estómago y mostrando una buena porción de cadera.

A Katsuki no le pasó por alto la firmeza de sus músculos y la elasticidad con la que había demostrado la noche anterior que quizá el yoga y los pilates no eran después de todo tan mala idea para mejorar su desempeño en el sexo, pero se forzó a mantenerse enfocado para no desviarse a asuntos menos urgentes.

—¿Aceptarás? —Katsuki resopló, la vista puesta en el techo raso de su habitación—. ¿Irás a desayunar con Tintín?

—¿Tintín? —La expresión de Izuku se tornó extrañada, luego divertida—. Vale, Mirio se parece un poco a Tintín, pero no lo llamaría así precisam-...

—¿Irás o no? —Preguntó otra vez Katsuki, entrelazando las manos detrás de su cabeza para evitar hacer algo idiota como intentar tocar a Izuku.

—No.

—Bien.

—¿Por qué?

«Porque... estás conmigo. No quiero que te marches con él», pensó Katsuki, pero no iba a decir algo tan idiota así como así sólo porque todavía tenía en el sistema las endorfinas de la noche anterior. En su lugar intentó desviar la atención hacia otros derroteros que no le inmiscuyeran. No del todo al menos.

—¿Qué hizo para que se esté disculpando a primera hora de la mañana de un domingo?

—Ah, eso —exhaló Izuku, recostándose de vuelta en la cama al lado de Katsuki, y porque la temperatura en la habitación era baja, se cubrió por encima de los hombros con las mantas—. No lo entenderías.

—Pruébame.

—¿Seguro? —Lo desafió Izuku, alzando una ceja como si no lo creyera capaz.

El mismo Katsuki no creía conseguirlo si resultaba que tenía que ver con esa relación que los dos habían compartido en el pasado, pero siendo a la vez del tipo de persona que no huía de los conflictos incluso si las tenía todas en su contra para perder, asintió.

—Uhm, ok... —Izuku tamborileó los dedos sobre la cama—. Me tocó por debajo de la mesa.

—Ew.

—No así. Sólo puso su mano en mi muslo.

—¿Justo como tú me hiciste a mí?

—Ya, pero yo quería llevarte a mi piso o venir contigo al tuyo, y a juzgar por la cama que compartimos el sentimiento era mutuo, ¿o no? —Explicó Izuku la lógica de su argumento—. Si hubiera permitido a Mirio continuar, entonces le habría dado falsas esperanzas.

—¿Porque con él no querías pasar la noche, correcto?

—Correcto —confirmó Izuku igual que si lo hiciera con un crío de cinco años incapaz de una lógica más complicada que esa—. Vine aquí contigo después de todo, ¿o no?

—Y aquí sigues... —Murmuró Katsuki, de pronto mil veces menos malhumorado que antes—. Waffles.

—¿Uh?

—Sé preparar waffles. Por si, uhm... —Katsuki giró el rostro para enfrentarse a Izuku, que lo miraba expectante—. Por si la idea de desayunar es como la de tener compañía para la noche.

—¿Con Mirio no pero contigo sí? —Adivinó Izuku, que sin esperar respuesta apartó las mantas y se subió a ahorcajadas de Katsuki.

Con dos piernas fuertes rodeando su cadera y el trasero de Izuku rozando sus muslos, Katsuki se vio en la ventajosa posición de tener frente a él un prospecto insuperable para empezar su mañana con el pie derecho.

—Me gusta tu cuerpo —dijo Izuku, con su palma abierta recorriendo los pectorales de Katsuki—. Es tan... ¡Ah!

«¿Mejor que el de Mirio?», quiso preguntar Katsuki, pero en su lugar alzó la pelvis, y su erección se deslizó contra la de Izuku. Dejaría esa enfermiza necesidad suya por compararse, por ser el mejor, para después. Cuando ambos tuvieran ropa, y sobre todo, no estuvieran lidiando con sendo par de erecciones.

Y porque Izuku era un hombre de palabra, a su manera y valiéndose de su boca y lengua, lo hizo olvidarse de nimiedades por la siguiente media hora.

 

Izuku se quedó a desayunar, y Katsuki hizo waffles (él era un hombre que también cumplía sus promesas), pero no pasó a más después. Por debajo de la mesa revisó Izuku su móvil y envió un par de mensajes que, como según comprobó Katsuki por el tono idéntico al suyo, habían recibido respuesta casi al instante. Katsuki no preguntó si era Mirio, de igual manera que Izuku no se lo aclaró, y tuvieron un desayuno agradable en la espaciosa cocina.

—No te imaginé del tipo que sabría desenvolverse en la cocina —comentó Izuku entre grandes bocados de waffles con abundante fruta y miel.

—Mis talentos no se limitan a las cuatro paredes del gimnasio o a la superficie de mi cama —replicó Katsuki con arrogancia. También con humor, e Izuku supo interpretar la broma por lo que era, riendo por su ocurrencia.

—No negaré nada. En ambas ocasiones me has callado la boca llenándomela...

Pese que a Katsuki no le habría importado continuar con aquella mañana perezosa de lidiar con resabios de una ligera resaca y el cansancio acumulado de la semana al lado de Izuku, fue éste quien después de ayudar a limpiar la cocina se disculpó porque tenía otros compromisos que cumplir.

—Me divertí anoche, gracias por todo —dijo Izuku con sencillez, cuando en el genkan y con los zapatos puestos se alzó de punta para alcanzar a Katsuki, más alto que nunca en el escalón superior, con un casto beso en los labios—. Y feliz cumpleaños, anoche olvidé felicitarte.

—Bah, mi cumpleaños no es sino hasta mañana —le recordó Katsuki, y de paso a sí mismo. Ya casi lo había olvidado, y de no haber sido por la salida de ayer le habría resultado un acontecimiento sin pena ni gloria en su calendario personal. Faltaba todavía ver si al día siguiente sus colegas volvían a mencionarlo, pero a Katsuki no podía importarle menos.

—Entonces mañana recuérdame darte tu regalo —replicó Izuku, y algo en su sonrisa, mitad inocencia y mitad travesura le provocó a Katsuki un subidón de adrenalina.

—Eso haré...

 

Quiso la (mala) suerte que aquel lunes de volver a Plus Ultra el primero en darle a Katsuki un abrazo de felicitaciones por su cumpleaños no fuera otro más que Mirio Togata.

Alto, mucho más que él, y también ancho de brazos y espalda (aunque Katsuki preferiría arrancarse la lengua que confirmar que también más que él), Mirio no se cortó en rodearlo con fuerza y en su emoción hacer que sus zapatos se desprendieran del piso momentáneamente. Katsuki se contuvo de apartarlo con un empellón porque había más personas presentes que podrían presenciarlo, que por turnos lo felicitaron con muestras menos efusivas por su gran día.

—Así que treinta y tres, eh? —Le chanceó Eijiro, y amagó tocarle la cabeza—. Pronto veremos esa cabeza tuya llena de cabellos grises, ¿o es que ya te los tiñes?

—Argh, idiota —lo apartó Katsuki con un manotazo sin intenciones de lastimar—. No eres quién para hablarme de mi cabello cuando cada cuatro semanas pasas al salón de belleza por un retoque.

—¡Se llama barbería! —Refutó Eijiro acalorado—. ¡Y es de lo más varonil!

—Claro, si tú insistes...

Porque tenía clases y esa mañana pretendía ser el doble de severo con sus alumnos de lo que era en días normales (quizá algo de la crisis de la edad le había dado esa mañana, y necesitaba demostrarse a sí mismo y al mundo que treinta y tres años recién cumplidos eran todavía el pináculo de su condición física), Katsuki no prestó mucha atención a nada de lo que ocurría fuera de los cuatro muros de su sala.

Sin tregua hizo a sus alumnos correr detrás de él y completar un circuito extra antes de permitirles dar por terminada la clase, y después los despachó con indicaciones de tomárselo leve por el resto del día si no es que querían terminar desmayados.

Él mismo se había quedado corto de aliento, así que Katsuki se sentó unos minutos a reponerse mientras bebía agua a sorbos pequeños en intervalos cortos y rememoraba la noche que había pasado con Izuku.

Su domingo así había transcurrido, con él haciendo la colada de la semana, limpiando su piso, en general descansando, pero también teniendo lapsus de distracción en los que de pronto se sorprendía con la vista perdida y recreando los momentos que había vivido con Izuku en su cama. El alcohol no hacía sino desdibujar un poco los bordes de su memoria, pero no tanto como para pasar por alto que había sido el mejor sexo del que tenía noción en al menos el último año, y eso que se habían limitado a actividades de colegiales por falta de lubricante y condones.

Sin hacer planes concretos para ello, Katsuki había incluso fantaseado con una repetición. Puede que esa segunda vez con el cajón de su mesita de noche bien surtido de lo necesario para hacer de ese encuentro uno más placentero que el anterior, y la mera posibilidad de que así fuera le provocó un agradable cosquilleo en el vientre bajo.

—Ugh, pésimo lugar para tener una erección —masculló Katsuki para sí, contrayendo sus músculos rítmicamente para desviar la sangre de su entrepierna a otros sitios menos vergonzosos, porque no había nada peor que aquellas salas repletas del aroma de sudor como para matar cualquier deseo sexual.

Sin una clase para las próximas dos horas, Katsuki consideró limpiar la sala y pasar a la cafetería por un té verde, pero sus planes cambiaron de improviso cuando la puerta de su aula se abrió y una cabeza repleta de alborotado cabello oscuro y reflejos verdes se asomó.

—Hey —saludó Izuku antes de entrar—. Vine por ti.

—¿Uh? —Katsuki arqueó una ceja, e Izuku redujo la distancia entre ambos hasta quedar frente a él a un escaso metro de distancia.

—Hay pastel sorpresa para ti en la cafetería —reveló Izuku con una media sonrisa que se ensanchó conforme la mueca de desagrado de Katsuki tomó posesión de sus facciones—. Se supone que Eijiro vendría por ti para invitarte una malteada de proteínas, pero lo votaron para no hacerlo porque es pésimo para guardar sorpresas. En su lugar me enviaron a mí.

—Y lo primero que haces es contármelo todo —dijo Katsuki.

—Bueno —se balanceó Izuku, cambiando el peso de un pie a otro—. Me das la impresión de no ser el tipo de persona que tolera bien las sorpresas.

—Bingo.

—Así que pensé en venir, contártelo todo, y darte cinco minutos de ventaja antes de hacerte que vengas conmigo.

—Ugh...

—Servirá para que practiques tu mejor cara de sorpresa y ensayes ese ‘oh chicos, no puedo creerlo, ¡son los mejores!’ —remedó Izuku el tono falsamente alegre que para nada iba con Katsuki, y éste chasqueó la lengua en su dirección.

—Jamás diría algo como eso.

—Entonces prueba a decir ‘gracias’ con tus propias palabras. Con eso bastará para la mayoría.

—Gracias —dijo Katsuki con expresión pétrea, e Izuku puso los ojos en blanco.

—Eres imposible. Todo un caso perdido.

—No importa. Sólo es pastel.

—Oh, nunca es sólo pastel, esto por descontado —dijo Izuku, avanzando un paso y casi paladeando la dulzura—. Es de una pastelería cercana. Su especialidad son unos pastelillos llamados Besos sabor té verde, pero la tarta de chocolate también es deliciosa.

—Lo dulce no me va. Prefiero lo picante.

—Oh. ¿Entonces ya probaste el ramen que está al lado de la estación? Tienen una variedad que promete hacerte zumbar los oídos de lo picante que es.

—No. ¿Dónde dices que queda exactamente?

Izuku terminó de acortar la distancia de ambos al sentarse al lado de Katsuki en su banca, y sus muslos se encontraron lado a lado, y a pesar de las dos capas de ropa deportiva que los separaba, el calor corporal era evidente.

Hablando de ramen y especialidades fue como los encontró Eijiro, que acudió a buscarlos luego de que Izuku se hubiera pasado por más de veinte minutos de la hora en que había quedado para llevar a Katsuki ‘a su fiesta sorpresa’.

—El resto empezó a hacer apuestas de ustedes dos —se quejó Eijiro al encontrarlos hablando como si nada.

—¿Ah sí? —Inquirió Katsuki sin interés real—. ¿Y cuáles eran?

—La mitad creía que estaban peleando. Tu fama te precede, Bakugou —se burló Eijiro.

—¿Y la otra mitad? —Preguntó Izuku.

—Oh, el resto creyó que los descubriría montándoselo en una de las colchonetas. Qué imaginación la suya, ¿eh?

—Bastante —fue el agrio comentario de Katsuki, que pese a todo, intercambió con Izuku una mirada de reconocimiento.

Definitivamente en Plus Ultra había que irse con pies de plomo si lo que querían era ser discretos.

 

Katsuki acudió a la cafetería de Plus Ultra para cumplir con su deber social de aceptar las felicitaciones de cumpleaños en su honor, comer una rebanada de pastel, y posar para un par de fotografías de recuerdo.

La verdad es que no estaba tan mal ser una pizca de sociable. Además de que Izuku no había estado equivocado al afirmar que el pastel de chocolate tenía lo suyo en sabor, aunque prefería mil y un veces el tazón de ramen extra picante del que le había hablado al lado de la estación. Puede incluso que Izuku aceptara la responsabilidad de compartirle su ubicación junto con una invitación a ir a comer juntos más tarde, puede incluso que a cenar, y después...

—Lemillion no sabe cuándo rendirse —escuchó Katsuki una conversación a espaldas suyas entre Ochako y Mina.

Katsuki sabía que espiar era un hábito desagradable, pero eso no le impidió ignorar al grupo que lo había incluido para hablar de las próximas olimpiadas a celebrarse ese verano en Japón y centrar su atención en las dos chicas.

—No, pero es eso lo que lo ha hecho campeón en su categoría, ¿no?

—Eso y tener a Deku como entrenador, pero no puede tenerlo todo a la vez —declaró Ochako en voz baja y no exenta de resentimiento—. Izuku ya se lo dejó claro, pero Mirio todavía alberga esperanzas.

—Pues si Izuku quiere mi consejo, debería buscarse la manera de dejarle bien en claro que lo suyo se acabó. Pretendientes para cubrir ese puesto no le faltarían si se lo propusiera...

—Mmm, puede que tengas razón.

Molesto por lo que escuchaba, Katsuki se excusó del grupo en el que se encontraba y se dirigió de vuelta a la mesa donde estaba el pastel para cortarse una segunda rebanada. En realidad sentía la boca amarga, y requeriría de una buena taza de té verde para lavarse el asqueroso sabor dulce que ya le había saturado cada papila gustativa, pero mejor eso que seguir escuchando aquella conversación desagradable.

¿Y qué si Izuku requería de un clavo para sacarse otro y al mismo tiempo ellos dos...? Ah, pero no era eso lo que había ocurrido, ¿o sí? Si Katsuki hacía memoria de los momentos compartidos, creía apreciar entre ellos dos ráfagas de interés mutuo. Habían saltado chispas, y el roce de sus cuerpos había sido eléctrico. Eso no podía fingirse. Y Katsuki quería creer que su papel en todo eso no había sido sólo temporal y por conveniencia, porque en ese caso... ¿Qué? ¿Cuál medalla de patetismo era la que le tocaba colgarse al cuello cuando para él Izuku se había metido bajo su piel y para éste el sentimiento no era mutuo?

—Woah, mejor suelta esto... —Apareciendo a su lado, Izuku le tomó por la muñeca y le quitó el cuchillo de pastel que aferraba entre sus dedos de manera más propia para cometer un asesinato que cortarse una segunda rebanada—. Tienes cara de que podrías herir a alguien.

Katsuki gruñó, pero no opuso resistencia a que Izuku le cortara una rebanada y después hiciera lo mismo para él. Costaba creer que esa persona que tenía al lado pudiera ser una mente maquiavélica repleta de planes para deshacerse de la atención mal recibida, en ese caso, de Mirio. Y costaba horrores porque Izuku tarareaba entre dientes una cancioncilla alegre y no actuaba como si la telenovela que se había hecho Katsuki en la cabeza apenas un minuto atrás fuera real.

«Escuchaste a ese par de cotillas dar su opinión de un asunto que no les incumbe y te creaste todo un escenario horripilante», se reprendió Katsuki a sí mismo, y la tensión que se había ido formando en sus hombros como un peso invisible que lo anclara al piso de pronto se aligeró.

—¿Viniste por más pastel? —Preguntó Katsuki a Izuku sólo para cerciorarse.

La respuesta era más que obvia. Izuku se había cortado una rebanada, y dicha rebanada había terminado en su plato. ¿Qué había por analizar de eso? Salvo porque era una rebanada delgada, que Izuku de pronto sólo picoteaba, y no había vuelto a marcharse con el grupo que conversaba antes, donde se encontraba Mirio.

—Eh, algo así —reveló Izuku una de sus cartas, el resto de su mano oculta. Luego desvió la atención—. Te vi aquí y pensé en... ¿Saludar?

—Qué excusa tan mala.

—Vale, quería alejarme de alguien, pero también preguntarte como la estabas pasando.

—Tsk...

—¿Qué, acaso no pueden ser ambas?

Katsuki no replicó, y en cambio se dedicó a desmigajar su rebanada de pastel con el tenedor igual que si estuviera sacándole las tripas con un instrumento de tortura.

—¿Cuál es la historia completa? —Preguntó Katsuki luego de casi un minuto completo de silencio—. Entre tú y Lemillion, quiero decir.

—Ah.

—Nada de ‘ah’ y escurrir el bulto. Desde que han vuelto, es todo lo que escucho. Que solían estar juntos, que... —«Que todavía le interesas y que está haciendo lo que puede por atraer tu atención»—. Que es probable que vuelvan a estarlo.

—Pf —desdeñó Izuku la noción—. Nadie que nos conozca diría eso jamás.

—Ya...

Izuku recogió con su tenedor un poco de pastel, y lo sostuvo en el aire cerca de su boca. —¿Por qué tanto interés, uh? Casi parecen celos.

—¡Claro que no son celos! —Refutó Katsuki en el acto, y un par de miradas se dirigieron a su alrededor. Con un carraspeo que para nada disimulaba su exabrupto, Katsuki se aclaró lo más rápido posible—. Bah, qué tontería. ¿Celos de qué? ¿De quién? Sólo es... curiosidad.

Con el tenedor en la boca y paladeando el pastel, Izuku se demoró su dulce tiempo antes de hacer un poco de luz en toda aquella confusión.

—¿Tanta, eh, curiosidad te da?

—No es que me importe, sólo que no paro de escuchar al respecto, y erm... Me fastidia no ser el único enterado de lo que pasa —mintió a medias Katsuki. Claro que le fastidiaba que al parecer la pasada relación romántica (o sexual, para el caso que fuera) entre Izuku y Mirio era de dominio general en Plus Ultra, pero tenía la sospecha profundamente arraigada de que no importaba tampoco si se hacía con toda la información; en todo caso, seguiría igual de molesto.

—No es una historia que haga honor a tu interés —dijo Izuku, y antes de que Katsuki se defendiera alegando que no le interesaba, que no, que a él sólo le irritaba no tener la información completa cuando todos a su alrededor parecían estar más que enterados de hasta el mínimo pormenor, se apresuró a agregar—. Sin embargo, si tanto quieres saber... ¿Recuerdas el puesto de ramen del que te hablé antes? ¿El que-...?

—¿... está al lado de la estación y tiene verdadero chile mexicano en su menú? —Completó Katsuki la frase, y a su lado Izuku sonrió.

—Ese mismo. Mi última clase es a las cuatro.

—La mía es a las tres treinta.

—Oh.

—Pero puedo esperarte. Sólo no esperes que se haga costumbre.

Bajando el rostro en un vano intento de esconder el calor que le subía por las mejillas, Izuku dijo: —Intentaré que no sea el caso...

 

Izuku no se había quedado corto al afirmar que el ramen que se vendía cerca de la estación estaba en su punto justo en cuanto al picor.

Fiel a su promesa, Katsuki lo había esperado en recepción respondiendo un par de mensajes de sus antiguos compañeros de trabajo, y había expresado su impaciencia cuando Izuku apareció colocándose la bufanda alrededor del cuello para tolerar mejor el frío del exterior.

—El frío de Tokyo es una burla —gruñó Katsuki, con una chaqueta mucho más ligera que la de Izuku.

Después de vivir en Sapporo por varios años, incluso alguien como Katsuki tan sensible al frío y que prefería mil y un veces más el verano encontraba la primavera de Tokyo como una copia barata de lo que era el frío verdadero. Aquel año habían tenido nieve fuera de temporada y una primavera tardía, de ahí que todavía llevaran prendas gruesas, pero Katsuki ya contaba los días para que el calor hiciera su aparición y poder ir a la playa a sus anchas con ropa ligera.

—¿Extrañas Sapporo? —Preguntó Izuku, sacando a Katsuki de sus reflexiones climáticas.

—Ni un poco.

—¿No había nada haya que te retuviera?

—Eh, quizá el gato de la vecina. Creo que se llamaba Goro —dijo Katsuki, rememorando aquella bestia ladina que acostumbraba pasar por su piso cada vez que tenía sobras de pescado—. Por el resto, nada.

—¿No dejaste amigos atrás, o...?

—No todos somos como tú con una larga lista de conquistas detrás de tus huesos.

—Si lo dices por Mirio-...

—Y por Ochako —interrumpió Katsuki—. Es obvio que todavía le gustas.

—Qué va. Somos amigos. Lo nuestro hace muchos años que terminó y ahora ella está con Tenya.

—¿Y? —Katsuki pateó una piedrecilla en el camino y la mandó a volar lejos—. Basta con un vistazo para entender que cara redonda rompería con el cuatrojos si te dignaras a mirar en su dirección.

Izuku permaneció callado. Ya fuera porque estaba consciente de aquel hecho o porque le incomodaba hacer partícipe a Katsuki de aquel conocimiento, metió las manos a los bolsillos de su chaqueta y apretó la boca en una fina línea.

—No tienes por qué ponerte así —dijo Katsuki, listo para meter más el dedo en la llaga—. No es como si hicieras algo deliberado para mantenerla enamorada de ti.

—Ochako no-...

—Corta el rollo. Le gustas y lo sabes —dijo Katsuki sin amabilidad—. Hace una semana que volviste, y no necesito más tiempo que ese para tenerlo claro. Y tengo menos de dos meses en este trabajo. No quiero imaginar qué es lo que sabe el resto en Plus Ultra y lo callan.

—Ugh... —Con un suspiro, Izuku arrastró los pies un par de metros antes de abrirse ante Katsuki—. ¿Recuerdas que mencioné estar juntos? Rompimos porque-...

—Eres gay —suplió Katsuki.

—¿Qué? No. ¿Y por qué siempre me interrumpes? Es un mal hábito, Katsuki —dijo Izuku, que de pronto se pasó la mano por el cabello y se lo alborotó más—. Rompimos porque fui seleccionada en el equipo olímpico. Yo solía levantar pesas, ¿sabes?

—Algo he oído al respecto —masculló Katsuki. Más que eso, de hecho, porque había dedicado ya un buen número de horas a investigar por su cuenta quién era Izuku Midoriya y el papel que representaba para el mundo.

Katsuki estaba al tanto de un accidente, y que la palabra que había utilizado para describirlo era ‘raro’. En su lugar, él habría escogido ‘insólito’, porque sólo así podía catalogar lo ocurrido.

Izuku había sido lo que por definición era la prueba viviente de que si lo quieres y te esfuerzas lo consigues. Las pocas fotografías que había de su infancia y primeros años de adolescencia revelaron un crío pequeño y esmirriado, apenas capaz de cargar con su propio peso. Luego la historia cambiaba. En una entrevista que Katsuki había visto en YouTube, un joven Izuku contaba agradecido cómo el encuentro con su ídolo All Might lo había cambiado todo.

El resto eran años de entrenamiento y ascender categorías sin parar a ritmo de vértigo. Izuku había superado cada prueba sin detenerse demasiado a vanagloriarse, siempre dándolo todo para superarse ante el público que lo adoraba por su sencillez y empeño.

Una tras otra las medallas y trofeos se acumularon. Izuku rompió varios récords en su participación en toda clase de torneos y finales, incluso subió el pódium durante las Olimpiadas, y con los dedos rozó el cielo que como nunca parecía estar a su alcance.

Y luego había ocurrido el accidente.

Bastó una barra defectuosa durante un entrenamiento de muestra en Estados Unidos para que todo se viniera abajo. El metal se dobló, y con ello el brazo de Izuku se fracturó en nueve sitios distintos. Algunos de los huesos de su mano se hicieron trizas cuando perdió el equilibrio con el peso acumulado en desbalance.

Katsuki había leído sin parar al respecto, documentándose de cada pieza de información a su disposición.

Las largas horas en el quirófano con la mejor cirujana disponible. La dolorosa rehabilitación. El retiro forzado cuando se hizo evidente que la carrera de Izuku había terminado de la manera más abrupta posible. La demanda contra los fabricantes y las instalaciones. El periodo oscuro en la vida de Izuku cuando su dependencia a los analgésicos lo hizo reconsiderar su futuro... Todo estaba disposición del público interesado.

Del mismo modo en que también lo estuvo el desenlace, con Izuku participando en un documental que detallaba su meteórica carrera hasta el estrellato y la rápida caída (Katsuki lo había visto ya de madrugada, con los ojos irritados de tanto mirar la pantalla de su portátil por horas) y dejaba abierta la posibilidad de un retiro a medias. Sólo a medias.

Y lo había conseguido justo así, dejando para el resto subir a la plataforma y levantar por sí mismo la barra una última vez, conformándose con un papel secundario tras bambalinas como entrenador.

—Da igual si no estás al tanto de mi, uhm, de mi carrera —continuó Izuku, ajeno hasta qué punto Katsuki se había informado de su persona—. En su momento era lo más importante en mi vida, y Ochako... Ella no merecía conformarse con ese segundo puesto. Terminamos por mutuo acuerdo.

«Eso cuesta creerlo», pensó Katsuki, si es que la manera en que Ochako todavía se desenvolvía frente a Izuku era una prueba.

—La verdad es que funcionamos mejor como amigos. Así terminan la mayoría de mis relaciones —bromeó Izuku, pero detrás de aquella risa intuyó Katsuki que se ocultaba el dolor—. Soy mejor amigo de lo que soy novio.

—Eso no es lo que piensa Mirio.

—Ya, volvemos a Mirio.

—Por algo vamos a comer ramen, ¿no? Para que me cuentes de Mirio.

—No —dijo Izuku—. Vamos a comer ramen porque es el mejor a un kilómetro de distancia y en verdad tienes que probar la selección de picantes que ofrecen. Pero si quieres que te cuente de Mirio... Allá tú.

Y el resto de su trayecto hasta el pequeño y anodino restaurante (que con todo resultó hacer honor a la fama que Izuku le había otorgado) incluyó a la presencia casi palpable de Mirio Togata entre ellos.

 

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Notas finales:
Katsuki tiene celos y no sabe cómo disimularlos. Por otra parte, muy lindo y todo ser amigo con los exes, pero Mirio es demasiado insistente, ¿no?
Como siempre, nos vemos el viernes con comentarios y el próximo martes sin. Graxie por leer~!
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Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


9 sonatas literarias




--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios