¡Ayúdanos a mantener SlasHeaven con tus donaciones!

Si te gustan los originales, regístrate aquí para recibir alertas de actualización



¡Recomienda la historia a un amigo!
- Tamaño de texto +

2.- "No te invité a dormir la siesta, Izuku."

 

Katsuki debía reconocer que en Plus Ultra aquellos que ostentaban los títulos oficiales de Instructores y Terapeutas no eran sólo colegas de trabajo que se daban los buenos días y seguían su camino, sino que se esforzaban por crear verdaderos lazos de amistad entre sí.

Por una parte, era agradable encontrarse en un medio donde la competencia era con uno mismo en lugar de con el resto como solía ser en su anterior empleo. En Sapporo se había sentido Katsuki en medio de un nido de serpientes, teniendo él mismo que adoptar escamas y nuevos hábitos para mantenerse con vida, pero en Tokyo aquellas habilidades no tenían gran uso. Toshinori en verdad se esforzaba día con día en crear dentro de sus instalaciones un espacio agradable para sus clientes tanto como el staff que los atendía, y era un detalle que se apreciaba cuando casi a diario convivían codo contra codo entre sí.

La única pega, si es que se podía contar como tal, era que por su naturaleza Katsuki no era gregario como el resto. No de la misma manera al menos. Toleraba el contacto humano y no tenía inconveniente en mantener la cortesía al mínimo, pero a ratos llegaba a su límite cuando a la hora del almuerzo buscaba una mesa apartada donde sentarse a comer en paz y de pronto otros instructores consideraban una labor social sentarse con él como si pensaran que estaba solo por azar y no porque él lo hubiera buscado así.

—Les caes bien a todos —le había explicado Eijiro la única vez que se atrevió a quejarse de no tener un minuto para sí mismo—. Acéptalo y sigue con tu vida.

—Además —había agregado Mina, que al lado de Eijiro se sumaba cada vez más y más a sus almuerzos—, Izuku les contó a todos que eras agradable. Eso ayudó a romper más el hielo.

Katsuki gruñó, pero no volvió a quejarse, y de esa manera tuvo que resignarse a que sus comidas serían acompañadas a partir de ahora en adelante.

Porque los horarios de todos eran diferentes y estaban en constante cambio conforme algunas clases terminaban, otras daban comienzo, se anotaban alumnos privados o los mismos instructores y terapeutas acudían a sus clases de cortesía, cada día de la semana tenía Katsuki compañía diferente para comer. A veces era una persona en su mesa y podían disfrutar del espacio; a veces eran cinco, y los codos se estorbaban al levantar los palillos.

En cualquier caso, nunca fueron sólo él e Izuku, y ese en aparente nimio detalle molestó a Katsuki más de lo que estaba dispuesto a admitir en voz alta, incluso a solas.

Después de su primer encuentro («del beso que compartimos», se reprendió Katsuki por minimizarlo) no habían tenido oportunidad de estar juntos y a solas.

Izuku tenía al igual que Katsuki un par de clases a primeras hora de la mañana, pero a diferencia de él tenía sesiones privadas con el tal Mirio Togata hasta mediodía, y después clases vespertinas. En esas horas de la tarde en que Katsuki aprovechaba las instalaciones de la piscina y la sauna, Izuku atendía sus grupos. Y justo cuando él terminaba y asistía a sus terapias (de eso se había enterado Katsuki por casualidad, no que estuviera espiando la conversación de Ochako con el idiota de cabello bicolor del que nunca podía acordarse el nombre) era que Katsuki tenía sus últimas clases del día.

Sus horarios no coincidían en lo más mínimo, y Katsuki ya se había resignado a que la charla pendiente de ese beso que habían compartido en su sala de entrenamiento quedaría en nada, cuando el mismo Izuku se presentó de vuelta justo cuando terminaba con uno de sus grupos y antes de que empezara la clase con el siguiente para recordarle que más tarde todos saldrían juntos a celebrar.

—Por la victoria de Mirio y tu cumpleaños —le recordó Izuku, vestido con pantalones elásticos y una camiseta con el logotipo de All Might—. Así que no puedes faltar.

—Ya, pero... —Fingiendo estar ocupado mientras reorganizaba el equipo para su siguiente clase, Katsuki le había dado la espalda—. No sé si pueda ir.

—¿Si puedes o si quieres ir? —Presionó Izuku por una respuesta honesta, y Katsuki gruñó.

—Eso es asunto mío.

—He hablado con los otros instructores de Plus Ultra —dijo Izuku, ignorando la clara negativa, y entró a la sala. Con pies ligeros se posicionó detrás de Katsuki y casi hizo a éste saltar cuando su voz le llegó desde más cerca—. Salvo por Eijiro, la mitad cree que no tienes demasiadas habilidades sociales.

—¿Y la otra mitad?

—Que no te importa.

Katsuki bufó. —¿En cuál mitad te colocas tú?

Colocándose a su lado, Izuku se sentó de cuclillas para estar a su misma altura. —Oh, yo me he formado mi propia opinión de ti.

—¿Que es...?

—Te lo diré si vienes a la fiesta. Compartiremos taxi a la salida, así que únete. No es nada formal. —Izuku se balanceó y su hombro chocó con el de Katsuki—. Haré que valga la pena.

Y esa promesa, por encima del resto, fue lo que selló el trato.

 

—Es genial que hayas venido, Katsuki —dijo Ochako cuando a la hora de la salida éste se unió al grupo que esperaba a un costado del edificio el taxi que pasaría por ellos para llevarlos a un bar-restaurant con karaoke que All Might en persona había hecho reservaciones para la feliz ocasión.

De falda corta y un ligero escote, Ochako no desencajaba para una salida de noche salvo por los zapatos bajos, aunque Katsuki le dio puntos porque no era calzado de enfermera ni nada por el estilo. Sólo un par cómodo, y no era la única. La mayoría de los ahí presentes vestía jeans y camisetas, algunos llevaban camisa, y ni rastro de zapatos deportivos, pero no eran el clásico grupo que se había vestido de lujo para una salida a bailar y beber. Al fin y al cabo, por el tipo de trabajo que mantenían aquella era el tipo de vestimenta con la que acudían a Plus Ultra antes de cambiarse la ropa por prendas adecuadas.

—¡Ah, Izuku! Por aquí —atrajo Ochako la atención de su amigo, y al acercarse le echó los brazos al cuello y lo abrazó. A Katsuki no le pasó por alto la naturalidad con la que pegó su nada despreciable pecho contra Izuku, o la manera desparpajada con la que éste le rodeó la cintura y la hizo dar un giro en el aire antes de volverla a dejar en el piso—. Había extrañado eso.

—A nadie aquí le importaría que lo saludaras así —dijo Izuku, pero Ochako denegó con la cabeza.

—No, sólo contigo puedo dar esas vueltas sin marearme.

Para sí, tomó nota Katsuki de que esos dos tenían historia. Hasta donde sabía, Ochako tenía algo con Tenya de contabilidad, que además fungía como entrenador de un selecto grupo de corredores, así que no era una relación reciente de la que quedaran rescoldos, pero había manchas de ceniza que se negaban a desaparecer...

—El taxi está aquí —anunció Koji con su dulce voz, para nada en concordancia con su masiva figura, pero la mayoría ya se habían hecho a la idea de las maneras del recepcionista de Plus Ultra, y en orden procedieron a subir a la camioneta.

Pese a tener a su disponibilidad una docena de asientos, ellos eran muchos más, y Ochako acabó por sentarse en las piernas de Izuku, muy para disgusto de Katsuki.

«Bah, no es asunto mío», se forzó Katsuki a rechazar los celos que le picaban en las palmas de las manos como nitroglicerina a punto de explotar. Al diablo con ellos dos y también con el idiota de Tenya, que había preferido sentarse al frente con el conductor para charlar de regulaciones de tránsito en lugar de hacerse cargo de su chica.

Conformando un grupo de lo más variopinto y ruidoso, Katsuki consiguió hacer migas con Kyoka Jiro (entrenadora de calistenia, pero también músico amateur) y Hanta Sero (entrenador de gimnasia acrobática y con cables) mientras ignoraba a Izuku y la mano que éste tenía sobre la cintura de Ochako porque no le importaba. Oh no, para nada, ni una pizca. Ni esa mano, ni ellos dos, ni las risitas que compartían casi susurradas cuando acercaban el rostro tan de cerca que cualquier frenada inesperada los haría besarse.

—... deberías unirte a nosotros —propuso Kyoka, que ajena a los pensamientos casi asesinos de Katsuki, le propuso poner en buen uso sus habilidades con la batería en la banda tentativa que ella, Momo, Fumikage y Denki participan en sus esporádicos días libres—. No vamos para nada en serio, pero nos gusta reunirnos una vez por semana a divertirnos con nuestros instrumentos.

—Lo pensaré —dijo Katsuki, más atento a las risas de Ochako que a la conversación en la que supuestamente participaba.

No tardaron mucho en llegar a su destino, y al bajar del automóvil se admiró Katsuki complacido del lugar donde sería la reunión.

—Te va a gustar, colega —dijo Eijiro al pasar por su lado con una mano en la cintura de Mina—. Nuestras mejores fiestas han sido aquí.

—No lo dudo...

Porque Toshinori era una pequeña celebridad y un cliente frecuente, una porción del área común estaba reservada para ellos con una enorme mesa en donde ya había algunos comensales (instructores que habían salido antes que ellos de sus últimas sesiones) y también bebidas que se consumieron mientras los esperaban.

Katsuki siguió a Eijiro y a Mina a una de los asientos en la orilla de la gran mesa que coronaba el lugar, y apenas tuvo oportunidad le pidió a la mesera que le sirviera una cerveza bien helada.

—Tienes que probar todo el menú de aquí —elogió Mina la comida al inclinarse sobre Eijiro para hablar con Katsuki—. Hemos venido por casi dos años y en cada ocasión salimos convencidos de haber probado comidas mejores que la vez anterior.

—Eso quiero comprobarlo —murmuró Katsuki.

Precisamente con Tenya a su otro lado, Katsuki supuso que Ochako estaría al lado de su novio y después Izuku, pero éste se había ido a sentar entre All Might y un tipo grande y rubio que no paraba de echarle el brazo encima y tocarlo con familiaridad.

—¿Qué carajos...? —Masculló Katsuki para sí. Era obvio que ese tipo tenía esa clase de cercanía con Izuku era porque compartían alguna clase de pasado, a menos que estuviera malinterpretando las señales, pero ni él se creía eso.

—Puede que no lo reconozcas porque no es exactamente tu escena, pero ese es Mirio Togata —le explicó Eijiro al apreciar el punto fijo que tenían los ojos de Katsuki al otro lado de la mesa—. Es el-...

—¿Novio de Izuku? —Interrumpió Katsuki, y a su lado Eijiro se atragantó con una media carcajada.

—¿Qué? ¡No! Bueno... Tienen su pasado en común, y después de eso creo que salieron juntos un par de veces, pero... ¿Sabes tú algo, Mina?

Mina dejó a medias una conversación que mantenía con Tsuyu y se dio unos golpecitos en el mentón mientras hacía memoria. —Creo que lo dejaron cuando Izuku se convirtió en su entrenador.

—Así fue —confirmó Tsuyu—. Aunque sospecho que Mirio no ha conseguido superarlo del todo.

—¿Izuku lo entrena en yoga y pilates? —Inquirió Katsuki con sorna—. ¿Existen campeonatos para eso?

En idéntico gesto, Eijiro, Mina y Tsuyu, pero también Tenya y Ochako que se giraron hacia él desde su otro lado le dedicaron una expresión de desconcierto.

—No te ofendas, colega —dijo Eijiro con buen humor—, pero deberías prestar más atención a tu entorno o vas a quedar en ridículo con tu ignorancia.

Katsuki puso los ojos en blanco. —No es como si tuviera más que un par de días de conocer a Izuku. Recién volvió de los Estados Unidos, ¿o no?

—Sí, porque fue con Mirio a entrenarlo allá para una competición —dijo Tsuyu, haciendo uso de unos niveles de paciencia envidiables para cualquiera.

—Izuku también solía levantar pesas de manera profesional —dijo Ochako, antes de agregar con voz pesarosa—, antes de la lesión...

Como si de un chispazo de inspiración se tratara, Katsuki conectó los puntos: El brazo de Izuku, su hombro en concreto. Justo el aquel día en que se conocieron («cuando nos besamos», suplió el traidor de su cerebro) Izuku había dejado ir la barra cuando una contracción en su brazo derecho lo obligó. Y después se lo había masajeado cuando creía que Katsuki no le prestaba atención. En su momento él se lo había atribuido a alguna especie de tic nervioso, pero la verdad al parecer era otra.

—Se retiró hace casi tres años —explicó Eijiro tras un suspiro—. Iba en línea directa a la cima de la halterofilia cuando tuvo aquel maldito accidente raro y... Da igual. Es agua pasada. Ha recorrido un largo camino para volver a estar en forma, y aunque es imposible que vuelva a recuperarse al 100% al menos tiene la satisfacción de poder entrenar a su sucesor.

—Que Izuku no te escuche decir eso frente a él —intervino Tenya con seriedad, subiéndose las gafas cuadradas sobre el puente de su nariz tan recta como él daba la impresión de ser—. Es cruel.

—Izuku jamás lo admitiría, pero... —Ochako desvió la vista hacia Izuku, que en esos momentos sonreía con Toshinori y Mirio—. Hay pérdidas de las que uno jamás se recupera...

—Yo, uhm, di por sentado que sólo daba clases de yoga y pilates —gruñó Katsuki—, al menos es lo que aparece en el tablero de horarios.

—Y así es —confirmó Tsuyu—. Después del accidente, Izuku empezó a fortalecer su cuerpo desde lo más básico. Y ya que tiene prohibido levantar más peso que el propio...

—Es por eso que Mirio es su único alumno, a pesar de que antes solían ser rivales —dijo Tenya—. Es una lástima... Izuku pudo haber llegado a la cima. Incluso superado a All Might.

—No será para tanto —desdeñó Katsuki, incapaz de creer que alguien de ese tamaño y sin un físico particular, que además se dedicaba a dar clases de yoga y pilares a ancianitas y mujeres en la menopausia, se mereciera aquellos títulos.

—Puedes apostar que sí, colega —respondió Eijiro por todos, y el pesar en su voz hizo que Katsuki no buscara pelea refutándoselo.

La llegada de la mesera con sus bebidas puso punto final al lúgubre tema de conversación que era Izuku y su aparente carrera como trunca como pesista, pero incluso con una cerveza en la mano y charlando a sus anchas con las personas que lo rodeaban, Katsuki no pudo quitarse a cierta persona de la cabeza.

No a Izuku tal cual. No, ni hablar. Sino a Mirio Togata, que no paraba de tocar a Izuku y actuar como si fuera de lo más natural el insistir mantener su brazo sobre el respaldo de su silla y cada tanto rozarle el cabello. Vale, que era un cabello que incitaba a tocarlo. Oscuro en color con un cierto tono verdoso que iba a juego con sus ojos, claro que era un cabello que ameritaba ser revuelto con gesto juguetón («incluso sujetarlo desde la base y tirar fuerte», suplió una parte del cerebro de Katsuki que éste prefirió ignorar), pero Mirio ya debería aprender que él no era el único con ese deseo, y que si el resto podía contenerse, igual por decencia debería hacer él lo mismo.

—Jóvenes —atrajo de pronto Toshinori la atención de los ahí presentes al ponerse en pie, y con su figura alta, apenas una sombra de la gloria de sus mejores tiempos, hacer que su voz se superpusiera a cualquier otra—, esta noche estamos de celebración por Mirio y las medallas que trajo a casa, pero también por Izuku que fue su entrenador. Por lo tanto, la comida y bebida corren por mi cuenta, ¡así que a disfrutar!

—No tienen que decírmelo dos veces —bromeó Eijiro al lado de Katsuki, que abrió su menú y se dispuso a ordenar lo que más le apeteciera de la carta sin culpa.

Sin conocimiento previo de cuáles podrían ser los mejores platillos a su disposición, Katsuki aceptó la sugerencia de Ochako por compartir unas cuantas entradas y una parrilla de platillos que incluían camarón y que Tenya no podía probar por ser alérgico a los mariscos.

Por eso último de hecho pidió un cambio de asiento al otro lado de la mesa, y quiso la suerte de Katsuki que Tenya tuviera un par de pendientes por hablar con Toshinori respecto a una orden de pago que sus proveedores todavía no conseguían sortear, de tal manera que fue Izuku el que quedó entre él y Ochako.

—Oh, ¿van a pedir la parrilla marina celeste para dos? —Preguntó Izuku apenas sentarse, y al asentir Ochako pidió que fuera para tres.

—¿A Mirio no le importó que cambiaras de lugar con Tenya? —Inquirió Ochako a la menor oportunidad, e Izuku se atragantó con la cerveza que bebía. Hicieron falta un par de palmaditas de su amiga en la espalda para que pudiera recuperarse, e incluso entonces se mostró mortificado.

—¿Qué? No. Y no debería. Sólo somos amigos.

—Su mano en el respaldo de tu silla contaba una historia diferente —murmuró Katsuki, tan bajo como para que no llegara a oídos de Ochako, pero sí a los de Izuku.

El propio Izuku se giró hacia Katsuki, y tras evaluar su rostro unos segundos, dijo en el mismo tono bajo: —Ya, pero soy su entrenador, y nosotros no tenemos esa clase de relación.

—¿Querrás decir que tenían? —Enfatizó Katsuki, poniendo a prueba los rumores que había escuchado en esa misma mesa apenas minutos atrás.

Con un ligero rubor aposentándose en sus mejillas, Izuku entrecerró los ojos. —¿Quién te lo dijo?

—¿Importa?

—Oh, ¿qué tanto mascullan ustedes dos? —Intervino Ochako, ligeramente achispada por su consumo de alcohol desde que habían arribado—. No estarán peleando, ¿o sí?

—Qué cosas dices, Ochako —la tranquilizó Izuku con naturalidad—. Sólo conversábamos.

Haciendo uso de la familiaridad de su trato, Izuku consiguió desviar la atención de Ochako hacia otros derroteros, aceptando contar un par de historias de su tiempo en Estados Unidos con Mirio y de las aventuras que habían tenido allá mientras se preparaban para la competición.

Katsuki escuchó atento sin interrumpir salvo para hacer preguntas aquí y allá, y al cabo de un rato se descubrió absorto en las descripciones que Izuku hacía de las personas y los lugares que había conocido en su estancia fuera del país. Por lo que contaba, había sido una experiencia única en la vida y de lo más increíble, pero también se sentía satisfecho de haber vuelto a Japón.

—No hay lugar como el hogar, definitivamente —finalizó Izuku a tiempo para que empezaran a llegar los platillos a la mesa, y frente a ellos tres plantó su mesera un platón grande con una gran variedad de preparaciones que se podían hacer con camarones. El toque extra venía con una ensalada y cinco clases diferentes de aderezos para acompañar además de la salsa de soya y más alcohol.

—Oh, no sé si debería seguir bebiendo —dijo Ochako con el rostro rojo por el consumo de alcohol y arrastrando un poco las palabras—. Tenya es el que tendrá que lidiar conmigo...

—Pues que lo haga. Es su trabajo como novio —gruñó Katsuki, cogiendo uno de los tres platos que venían con su comida y los palillos para servirse.

—Hoy estamos de celebración —dijo Izuku con mayor afabilidad—. Además, cuidaré de ti.

Ochako recibió sus palabras con una risita, y Katsuki se vio tentado de estrujar un camarón empanizado que sostenía con sus palillos, pero se contuvo a tiempo.

—Vale, ¿así que ustedes dos se acostaban juntos o...? —Preguntó sin ambages, y ahí donde Ochako enrojeció todavía más y se cubrió el rostro con ambas manos, Izuku manejó diestro los palillos seleccionando su comida en el platón mientras daba una respuesta.

—Ochako y yo salimos juntos por un año cuando recién empezamos a trabajar en Plus Ultra. ¿Hace cuánto ya de eso? Mmm, casi hace ocho años, pero obviamente no funcionó. Nos separamos y quedamos como mejores amigos, ¿no es así, Ochako?

—Sí —asintió ella, dándose golpecitos en las mejillas antes de también tomar su plato y esperar por un turno para servirse—. Es historia pasada.

«Sigue repitiéndote eso, cara redonda», pensó Katsuki para sí con un dejo de crueldad. Daba lo mismo si esa relación romántica suya era agua bajo el puente, porque a sus ojos Ochako todavía tenía remanente de sentimientos por Izuku. Al diablo si ahora ella estaba con Tenya y obviamente Izuku la había superado saliendo con Mirio, porque de su viejo amor todavía quedaban brasas y no cenizas. No que Izuku fuera a culparla. Izuku tenía una manera de meterse bajo la piel de cualquiera, y si lo sabría él por experiencia propia lidiando actualmente con eso...

—Es lo que pasa cuando trabajas tan de cerca y seguido con una persona —agregó Ochako en un tono ligeramente melancólico—. Bastantes parejas se han formado así en Plus Ultra. Algunas efímeras...

—Y otras sólidas como tú y Tenya —dijo Midoriya para confirmar su teoría, pero Katsuki encontró que aquel comentario amable era también insensible cuando Ochako se mordió el labio inferior y le dio la razón... Incluso si estaba claro que había un cierto atisbo de duda en su elección.

«Ah, no debería involucrarme en esto. Izuku es problemas, es...»

—Prueba esto —depositó Izuku en el plato de Katsuki una pieza de camarón envuelta en lo que parecía tocino frito y rezumando queso—. También saben bien fríos, pero están mejor calientes.

—Yo podía agarrar uno por mi cuenta —gruñó Katsuki—, pero gracias, supongo...

Izuku ignoró el tinte de hostilidad con el que se expresó, y dio el primer bocado a su comida, cerrando los ojos de placer mientras paladeaba el sabor. Katsuki encontró su expresión extrañamente erótica, y se ayudó a pasar la repentina bola en su garganta con abundante cerveza.

—¡Cuidado con el alcohol, eh, colega! —Le aleccionó Eijiro a su lado, pero era su versión de ‘haz lo que digo, no lo que hago’ porque tenía dos tarros vacíos y estaba en miras de pedir otro más.

«Al diablo, si voy a sobrevivir esta noche necesito más alcohol en mi sistema...», eligió Katsuki, y alzando un dedo en dirección a la mesera que miraba en su dirección lista para atenderlos, se dispuso a ahogar cualquier ridícula atracción que sintiera por Izuku en cerveza.

—¿Puedes pedir otro tarro para mí? —Dijo Izuku, y el calor de su brazo al costado de Katsuki provocó en éste un grato cosquilleo en éste. Al instante se alzaron dos dedos en el aire, y la mesera asintió tomando su orden—. Gracias, Katsuki.

La comida facilitó pausas en la conversación, y la cerveza se encargó de hacer el resto más llevadero. Katsuki no tardó en descubrir que tener a Izuku al lado era tener a la estrella de la noche como compañía, porque éste agradaba a todos por igual y sabía hacer uso de su carisma natural sin explotarlo. Además, Izuku no perdía oportunidad en recordarles a todos que esa noche también estaban celebrando por adelantado el cumpleaños de Katsuki, y éste se vio obligado a aceptar distintas felicitaciones, un abrazo aquí y allá, y en un memorable momento con Eijiro, un besó en la frente y un torpe discurso de su parte acerca de la amistad y la masculinidad innegable de la misma.

En algún punto de la velada, las reticencias de Katsuki por estar ahí y lidiar con un grupo tan nutrido se desvanecieron, y se enfocó más y más en Izuku, que a su lado no paraba de contarle bromas y hacerlo reír. El alcohol también le había hecho efecto, y al disminuir sus inhibiciones resultó ser uno de esos borrachos que no pueden vivir sin contacto humano. Con dedos ligeros, Izuku no había dejado de tocar el cabello de Katsuki y afirmar que era mucho más suave de lo que aparentaba a primera vista, rozándole luego las orejas, la punta de la nariz, el lóbulo, la curva de su cuello... Cualquier atisbo de piel desnuda y a su disposición, al parecer.

Al menos resultaba mucho mejor que la versión de borracho que era Katsuki, donde la sangre del cuerpo se le acumulaba entre las ingles e igual que perro en celo consideraba cualquier persona de su mismo sexo con dos piernas (o una, no iba a ponerse en plan quisquilloso por una tontería de ese calibre) un candidato favorable para sus avances.

Aunque a juzgar por los ojos entrecerrados y chispeantes con los que Izuku lo miraba a él y sólo a él, Katsuki quería creer que no estaba solo en ese tren de deseo. Su teoría sólo se vio confirmada cuando Izuku atrajo su atención colocando su mano en su pierna, pero después no la retiró. Y como si hubiera querido, porque Katsuki había tomado ya una decisión.

Ajeno a que Izuku y Ochako mantenían una conversación acerca de una película que tenían intenciones de ver la semana entrante porque sus horarios coincidían en un par de horas libres, Katsuki se envalentonó apoyando su mentón en el hombro de Izuku, y con voz baja para que nadie pudiera escucharlos, hizo su propuesta.

—¿Quieres venir conmigo después de que esta fiesta se termine?

Izuku perdió el hilo de lo que hablaba por unos segundos. Sus mejillas enrojecieron todavía más de lo que ya estaban por el alcohol, y Ochako se cubrió la boca con dos dedos y rió a sus costillas.

—Oh, ¿qué le has dicho, Katsuki? Izuku se ha puesto como... como... ¡Como un tomate!

—No es cierto —murmuró Izuku, apenas moviendo los labios, pero giró el rostro y en idéntica voz baja le dio a Katsuki su respuesta—. Sí.

—¿Sí?

—Claro. Pensé que no lo pedirías...

—¿Pedir qué? —Preguntó Ochako, que ebria ya no podía apreciar la mirada cargada de intenciones que Katsuki e Izuku compartían a la vista de cualquiera.

De no haber estado todos en distintos niveles de ebriedad, cualquiera con dos dedos de frente podría haber apreciado lo que se cocía entre Katsuki e Izuku, pero... No era el caso. Y más tarde cuando fue hora de pagar la cuenta y despedirse, nadie tomó en cuenta que subieron al mismo taxi y Katsuki se negó a tomar otro acompañante.

—Nah, no vamos en la misma dirección —le dijo a Fumikage cuando éste extendió la mano para sujetar la portezuela—. Busca otro taxi.

—¿Estarás bien, Deku? —Inquirió Mirio, que se había acercado para despedirse de su entrenador, y desde el asiento y con Katsuki al lado, Izuku le sonrió ampliamente.

—De maravilla, Mirio. Nos vemos el lunes.

—Ok... —Fue la opacada respuesta de éste, y Katsuki se contuvo para hacer alguna mueca o sacarle la lengua en señal de victoria.

Esa noche, Izuku sería suyo.

 

—Oh, pensé que lo estabas fingiendo —gruñó Izuku cuando el taxi se detuvo en la dirección que Katsuki le había dado al taxista antes de apoyar la cabeza en su hombro y quedarse botado de la borrachera.

Con cuidado Izuku lo sacudió para despertarlo, y mientras Katsuki se las arreglaba para bajar del taxi con piernas inestables como las de un corderito recién nacido, pagó la cuenta.

—Te lo... devolveré... —Articuló Katsuki en referencia al dinero, pero Izuku hizo un gesto con la mano.

—Da igual. ¿Puedes subir por tu cuenta?

—¿No venías conmigo?

Izuku se mostró dubitativo. —¿Exactamente qué tan ebrio estás? No quisiera aprovecharme de ti cuando obviament-... ¡Oh! —Exhaló cuando Katsuki lo besó de lleno en la boca, ignorando al taxista que ya se había subido de vuelta a su vehículo y les dedicó un silbido de admiración por su atrevimiento a mitad de la calle.

—Nadie se aprovecha de mí sin mi permiso —declaró Katsuki, arrastrando un poco las palabras pero con la vista firme, listo para demostrar que iba en serio.

—Vale, subiré sólo un momento para, eh, cerciorarme de que estarás bien. —Izuku le echó los brazos al cuello y le acarició la nuca antes de pararse de punta y besarlo una vez más.

Igual que si Katsuki fuera nitroglicerina e Izuku la chispa que hacía falta para provocar una explosión, los dos se enfrascaron en una serie de besos cada vez más intensos en los que apenas conseguían dar paso al portal de entrada.

Katsuki maldijo la falta de elevador en su edificio, pero Izuku lo retó a subir más rápido que él las escaleras, y fue así como terminaron en el tercer piso sin aliento, pero no a causa del esfuerzo físico, sino de la necesidad que tenían por el cuerpo del otro.

Acorralando a Izuku contra la puerta de su departamento, Katsuki no hizo ningún intento por buscar la seguridad de su piso hasta que éste le tanteó el trasero con dedos ágiles.

—¿Impaciente? —Se burló de Izuku entre besos, y éste expuso su cuello para darle mayor acceso.

—Sólo buscaba tus llaves.

—Prueba en el bolsillo delantero.

Izuku así lo hizo, y de paso se llevó una clara prueba del nivel de excitación de Katsuki en esos momentos.

—Uh...

Encontrando el manojo de llaves, Izuku le dio la espalda y Katsuki no perdió tiempo en plantarse un beso en la nuca y recorrer con sus labios aquella zona. Izuku probó las distintas llaves en la cerradura mientras Katsuki lo besaba, y mientras con una mano lo sujetaba alrededor de la cintura, con la otra exploraba debajo de su ropa y recorría su firme estómago y ascendía hacia sus pectorales. Izuku gimió cuando Katsuki pasó los dedos por encima de uno de sus pezones, que se endureció al contacto, y por poco se cayeron cuando las piernas le fallaron y consiguió abrir la puerta al mismo tiempo.

—Pasa —le indicó Katsuki, caminando detrás de él mientras se adentraban al genkan a oscuras.

—Espera, yo... Ouch —se lamentó Izuku al golpear el mueble de los zapatos, y Katsuki encendió la luz.

—Ten cuidado, idiota —le riñó su torpeza, pero incluso si sus palabras eran ásperas, su tono de voz no lo era.

Izuku lo entendió así cuando imitó a Katsuki al descalzarse y después éste tiró de su mano para que le acompañara a la envolvente oscuridad que reinaba en el departamento.

Un enorme ventanal con las cortinas descorridas permitía entrar luz de la calle, pero desde el tercer piso era la luna y no tanto las farolas las que proyectaban sombras por las cuales guiarse. Izuku apreció los dedos de Katsuki entrelazados con los suyos mientras lo guiaba hasta su dormitorio, y suspiró con alivio al encontrar una recámara limpia, con sábanas que olían delicioso y eran suaves al contacto de su mejilla.

—No te invité a dormir la siesta, Izuku —murmuró Katsuki al recostarse a su lado en la mano, metiendo la mano por debajo de la camiseta de Izuku y recorriendo su espalda sólida de músculos.

Izuku levantó el rostro del cobertor que estaba impregnado de la fragancia de Katsuki: Una mezcla de limón y madera ahumada que en su opinión iba a juego con su personalidad caustica y presencia sólida.

—¿No? —Le retó, y Katsuki le dio un tirón a su camiseta, haciendo que se desprendiera del todo de ella.

Izuku se tensó. Debajo de la ropa, llevaba todavía recientes las marcas de las cirugías por las que había pasado después de su accidente. Incluso si en la semipenumbra de la habitación apenas eran visibles a la vista, Katsuki no pasaría por alto la manga de compresión alrededor de su brazo derecho, desde el hombro hasta el codo.

Excepto que si la notó no mencionó nada, y en cambio hizo rodar a Izuku hasta quedar de espaldas y se posicionó encima de él sostenido entre sus brazos y piernas.

—Estoy lo suficientemente sobrio para esto —dijo Katsuki, a centímetros su rostro del de Izuku—. ¿Y tú?

Incluso si a ambos la cabeza les daba vueltas, no era por el alcohol, sino por la expectación del momento. El flirteo de las últimas horas les había cobrado factura, y lo único que les apetecía era pagar sus penitencias.

—También —respondió Izuku, que elevó sus brazos y rodeó a Katsuki por el cuello con un abrazo.

Después volvieron a besarse, y el resto fluyó como debía ser.

 

/*/*/*/*

Notas finales:
¿Avanzan rápido, eh? Pero eso tiene relevancia para la trama. Sin planearlo, Katsuki está cayendo por Izuku a velocidad de vértigo~
Como siempre, el próximo capítulo estará el martes (con comentarios) o el próximo viernes (sin). Graxie por leer~!
Debes INICIAR SESIÓN (login) o (registro) para poner un comentario.
Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


9 sonatas literarias




--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios