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12.- "Y estoy harto de fingir que no."

 

Pese a tener él la ubicación en su teléfono, fue Izuku quien guió los pasos de ambos hasta la fachada del hogar Togata, y señaló la casa con ligereza.

—Es ahí.

La construcción no era diferente a las de otras en la zona. Ahí sólo vivían familias, con sus perfectas casas de dos pisos y jardín incluido. Eran residencias, y Katsuki se encontró preguntándose si ese era el hogar que Izuku decidió abandonar cuando rompió con Mirio.

Si bien la pregunta colgaba de la punta de su lengua, Katsuki se contuvo. —Uhm, se supone que entremos y yo diga en voz alta “espero que Mirio esté aquí para prestarme sus mancuernas.” Esa es la señal para que todos salgan y griten “¡Sorpresa!” lo más fuerte que puedan.

Izuku rió entre dientes. —No les darán un premio por espontaneidad.

«Todavía estamos a tiempo de irnos», pensó Katsuki, y en su lugar dijo:

—Vamos.

Abriendo la verja que conectaba al jardín delantero con la casa, Katsuki se paralizó cuando dos perros shiba se acercaron rápido a saludar a los recién llegados.

—Ichi, Gogo —recibió Izuku a los perros, arrodillándose para dejar que lo olisquearan—. Sentados. Sentados. Muy bien.

—¿Ichi y Gogo? ¿Uno y Cinco, en serio? —Alcanzó Katsuki a preguntar antes de que la puerta principal de la casa se abriera con la luz encendida y de ahí saliera un sonoro “¡Sorpresa, Deku! ¡Feliz cumpleaños!” de parte de todos en Plus Ultra.

En medio y hasta al frente estaba Mirio, que no hesitó en cruzar el jardín en grandes zancadas y abrazar a Izuku sin importarle que éste estuviera con sus perros.

Katsuki en cambio apretó el asa de la bolsa de hielo, pero se contuvo de darle a Mirio con ella porque tenía claro que en caso de hacerlo las consecuencias a las que tendría que enfrentarse serían graves. No con Mirio, a quien de todos modos pensaba aniquilar en una pelea, sino con Izuku.

—Deja un poco del chico del cumpleaños para los demás —salió Ochako a su encuentro.

—Pero es que yo también soy el chico del cumpleaños —bromeó Mirio de vuelta, y todos rieron cuando Ochako los abrazó a ambos a pesar de que la diferencia de estaturas era considerable.

Por su cuenta, Katsuki se limitó a hacerse a un lado y buscar deshacerse de la bolsa de hielo que le habían encargado y de la que sólo quedaba la mitad. El resto se había derretido al calor del verano.

—Oh, quizá tengas que ir a la tienda por más —dijo Mina al acercarse a él y examinar la bolsa—. Espero que no te importe.

—Claro que me importa —gruñó Katsuki sin quitarle la vista de encima a Izuku. O mejor dicho, a Mirio, que lo había soltado pero sólo a medias. Su brazo todavía colgaba de los hombros de Izuku como si perteneciera a ese sitio.

—Quita esa cara y diviértete —le amonestó Kirishima—. Estamos en una fiesta, no en un funeral.

—No habría sabido decir la diferencia...

Pese a lo negativo de su estado de ánimo, Katsuki se dejó arrastrar al interior de la casa y de ahí al jardín trasero, que no era la gran cosa considerando los precios de inmobiliaria en Tokyo, pero que daba de sí para contener a aquella multitud sin que apenas fuera necesario utilizar los codos para abrirse espacio.

Katsuki dejó los restos de hielo en el fregadero con otras tantas bolsas en idéntico estado, y aceptó de Tenya el ofrecimiento de una bebida.

—Tsuyu la preparó —explicó Tenya al entregarle a Katsuki un vaso con un extraño líquido verdoso—. No tiene buen aspecto, pero cerciórate por ti mismo del sabor...

Conteniendo a duras penas la mueca de asco que aquel mejunje verdoso le provocaba, Katsuki entrecerró los ojos al llevarse el vaso a la boca y beber, pero resultó que no estaba tan mal. De hecho, no estaba nada mal, y apuró su contenido casi hasta la mitad.

—Eh, cuidado —le advirtió Tenya, subiéndose con precisión las gafas—. No lo parece, pero tiene suficiente alcohol como una cerveza.

—Creo que puedo manejarlo, gracias —replicó Katsuki, que de pronto se giró para barrer la estancia—. ¿Y Ochako?

—Debe estar convenciendo a Denki para que ponga otra música.

—Mmm...

Sin ánimo de pasar el rato con Tenya, no porque no le cayera bien sino porque a veces éste podía ponerse muy técnico hablando de los corredores para distancias cortas a los que entrenaban y que parecían ser su único tema de conversación, Katsuki se excusó alegando que necesitaba saludar a un par de personas más y se fue al otro extremo de la sala para intercambiar frases con Momo y Fumikage.

La ventaja del grupo que conformaban ellos tres era, que a pesar de sus muy evidentes diferencias en personalidad, compartían el mismo gusto por la música. No en balde se reunían un par de veces al mes para tocar en una banda amateur en la que Denki también participaba y Kyoka lideraba, pero del grupo de cinco que eran, ellos tres era quienes mejores migas habían hecho.

Disfrutando de la distracción que era escuchar a Momo hablar de una tienda de té que había encontrado en las cercanías de Plus Ultra (Fumikage era un adicto como ella a esa bebida; Katsuki no tanto, pero no le importaba reunirse con ellos en cafeterías y sacar provecho de sus recomendaciones), consiguió así tolerar la primera hora de su estancia en la casa de Mirio y sin la compañía de Izuku.

Dispuesto a demostrar que podía arreglárselas por su cuenta para socializar con sus colegas de trabajo sin la ayuda de Izuku, Katsuki se movió de aquí a allá entre varios grupos, saludando y conversando como si en el fondo de su mente no tuviera una única preocupación carcomiéndole el cerebro.

Y es que desde su llegada no había vuelto a ver a Izuku, y ahora que lo notaba, tampoco a Mirio. Pero lo mismo podía decirse de Ochako, así que confiaba él que estuvieran los tres juntos conversando de algo tan inocuo como el clima y no...

«Montándoselo en una extraña orgía de exes», pensó Katsuki con un escalofrío a pesar de que el clima caluroso de la temporada propiciaba todo menos eso. «Aunque faltaría Shouto en esa ecuación. ¿Y qué papel jugaría yo? ¿Simple espectador? Aunque ni ex soy, que para el caso novio tampoco y...»

Sin planearlo como tal, Katsuki ya iba por el cuarto vaso de esa extraña bebida que Tsuyu había traído a la fiesta, y aunque no acostumbraba beber cerveza más que en ocasiones especiales, creía tener una mejor tolerancia al alcohol. Tal vez Tenya había subestimado su contenido, y él a su vez sus advertencias, por lo que Katsuki decidió salir un momento al jardín para tomar aire fresco.

Excusándose bajo el pretexto de ir al sanitario, Katsuki volvió a entrar a la casa y salió por la puerta principal dispuesto a dejar pasar unos minutos de tranquilidad y silencio para recuperar la calma, pero se topó con que él no era el único con esa idea, pues sorprendió a Kyoka y a Denki en una posición por demás que comprometedora, y tan absortos en su abrazo (y los besos que se prodigaban) que Katsuki por poco perdió su vaso y también la compostura.

¿Desde cuándo estaban juntos esos dos? Aunque a juzgar por la manera tentativa con la que Denki recorría su costado con una mano y Kyoka reaccionaba de manera exagerada a sus roces, no podían tener mucho. Daba igual. Alguna vez había comentado Momo que la atracción entre ellos dos era mutua, pero que también eran demasiado cobardes para actuar por su cuenta, así que Katsuki tomó la decisión de no interrumpirlos, y moverse en dirección opuesta a la suya.

Escudándose en un costado de la casa, Katsuki deseó como nunca no haber abandonado su viejo hábito del tabaco. En la universidad fumaba un par de pitillos a la semana, y lo había dejado para demostrarse que podía. Claro que la mejora de su salud y que el menor desgaste de su bolsillo habían sido buenos extras, pero no era eso lo que cruzaba en esos instantes la mente de Katsuki mientras apoyaba la espalda contra el muro y movía ansioso los dedos de su mano derecha.

Haber venido a la fiesta organizada por Mirio no había sido tan terrible como Katsuki se había temido. La bebida era decente, la compañía buena, y la música no le taladraba los oídos, pero... No podía dejar de pensar que Izuku continuaba ausente, y que si era él el primero en contactarlo se estaría comportando como un novio celoso cualquiera, minus la parte de ser novios porque Izuku ya había dejado claro antes que ellos dos no necesitaban etiquetas para ir a su ritmo.

—Argh, esto apesta —masculló Katsuki al resbalar por el muro y sentarse de cuclillas en aquella parte retirada del jardín.

Al menos debía reconocerle a Mirio que tenía un par de arbustos bien cuidados, y también dos perros geniales que se acercaron a olisquearle y le hicieron compañía mientras Katsuki les acarició detrás de las orejas.

«Ah, a esto he llegado. Lo suficientemente sociable para venir a una fiesta, pero no tanto como para quedarme del todo en ella», se lamentó Katsuki, y tras unos segundos frunció el ceño y tiró el resto del contenido de su vaso a la sombra de uno de los arbustos. Ese no era su yo habitual sino el alcohol hablando a través de él y magnificando la ansiedad que sentía, así que lo mejor era beberse un par de vasos de agua, lavarse la cara de ser necesario y fingir que todo estaba bien. Pero antes de que Katsuki pudiera ponerse en pie, una voz lo dejó congelado en su sitio.

—Deku...

—No sé por qué tenemos que seguir hablando de esto, Mirio. Mi respuesta no va a cambiar.

Apretando lo mandíbula hasta casi escuchar sus molares crujir bajo la presión de su fuerza, Katsuki bajó la mano e ignoró a Gogo e Ichi mientras buscaba la procedencia de aquellas voces.

—Éramos los mejores juntos. ¿Es que acaso ya lo olvidaste?

—No.

—Y no me vengas con el cuento de que por profesionalismo no podemos estar en una relación. Mi entrenador es All Might, y nuestros objetivos claros. Una relación romántica no interferiría con eso y lo sabes bien.

—Mirio, yo...

Alzando la vista, Katsuki descubrió en el segundo piso de la casa una ventana que estaba abierta, y que con toda probabilidad era la habitación en la que Izuku y Mirio hablaban. Que ya fuera un dormitorio o cualquier otro tipo de estancia, era un sitio privado al que ellos dos habían acudido para hablar sin interrupciones.

Con un peso en el estómago que sólo podía ser su corazón recubierto en plomo, Katsuki se puso en pie dispuesto a retirarse. Confiaba en Izuku. Confiaba en ellos dos. En la relación que tenían incluso si todavía era demasiado incipiente como para darle nombre. Y en honor a esa confianza, iba a otorgarle la privacidad que merecía.

De pie y calculando cada paso y su ruta de retorno para no toparse con Kyoka y Denki, de paso ensayando su expresión de normalidad cuando era todo menos eso lo que sentía, Katsuki todavía alcanzó a escuchar más de aquella charla que no le incumbía.

—No sé qué ves en alguien como él. No es para nada tu tipo, Deku.

—Eso no lo sabes.

—¿Que no lo sé? Yo solía ser tu tipo.

—No lo entenderías.

—De verdad que no. Y nadie más lo hace,

—Por favor, Mirio...

—Y no soy el único que se lo pregunta. Todos en Plus Ultra saben de tus exes, y el único que no encaja en el grupo es Katsuki.

—Ese no es asunto de nadie más que mío.

—Ya. ¿Y se supone que no debo hacer nada mientras veo que cometes un error?

—Kacchan no es un error.

—¿Kacchan? ¿Así es como lo llamas?

Katsuki apretó las manos en sendos puños a cada lado. La sangre le hervía en las orejas, pero incluso así era incapaz de moverse y dejar de escuchar.

—Lo amas. ¿Es eso?

—¿Por qué haces esto tan difícil, Mirio?

—¡¿Yo?! ¡Tú eres el que así lo quiso! Me rompiste el corazón, Izuku, y me diste esperanza... Una y otra vez, hasta que de pronto decidiste que habías tenido suficiente de tu juego de ‘vamos a romper pero sigamos siendo amigos con derechos’. ¿Quién es el que lo hizo difícil en primer lugar, uh?

—No era mi intención...

—Ya, seguro que no lo era.

—No, y aunque suene terrible, eso no cambia mi decisión. Yo-... —Pero el resto quedó opacado cuando alguien subió el volumen a la música y Katsuki se quedó sin oportunidad de escuchar más.

«Es lo mejor», dictaminó para sí mientras hacía acopio de fuerza y se movía de aquel lugar. Mejor para su salud mental, aunque quizá no tanto para su corazón.

Al emerger del costado de la casa, Katsuki suspiró aliviado al no encontrarse ahí con Kyoka y Denki, aunque ahora ese lugar lo suplantaban Eijiro y Mina, que en las mismas condiciones se besaban en un abrazo por demás íntimo.

—¿Uh? —Eijiro se percató primero de su presencia—. ¿Qué, saliste a echar una meada?

—No seas vulgar, Eiji —lo amonestó Mina con un golpe sobre uno de sus voluminosos pectorales, pero Katsuki se encogió de hombros.

—Salí a tomar el aire.

—¿Y cómo estaba?

—Todo menos fresco —fue la críptica respuesta de Katsuki, que sin detenerse para dar explicaciones, volvió a entrar a la casa dispuesto a beber más de aquel mejunje de Tsuyu.

Si la fiesta apestaba, ya se encargaría él de hacerla tolerable.

 

Sin saber quién lo había sugerido o cómo se vio él envuelto en aquel torneo amateur de vencidas, Katsuki pasó la hora siguiente en la fiesta con el codo bien plantado en la barra de la cocina y venciendo sin parar a cuanto contrincante se le acercaba.

Algunos no representaron problema alguno, como Ochako, que insistió en hacerlo y accedió a la ventaja de utilizar dos manos en lugar de una, pero incluso así Katsuki hizo su brazo golpear contra la barra sin siquiera romper en sudor. Otros requirieron un poco más de destreza, como Denki y Fumikage, que también eran entrenadores en Plus Ultra pero no al nivel que lo era él. Y por último, estuvieron las competencias en verdad reñidas, como él y Eijiro.

Ejerciendo resistencia al sujetarse a la barra con el otro brazo, ambos mantuvieron la tensión en el aire por casi cinco minutos antes de que la resistencia de Katsuki imperara sobre los músculos desarrollados de Eijiro, y al final se proclamara vencedor.

—¡Dame un mes y te pediré la revancha, colega! —Celebró Eijiro su derrota, siempre más orgulloso de la fuerza de sus contrincantes y las posibilidades que eso entrañaban para él de mejorar.

El siguiente fue Shouto, que había hecho una llegada tardía a la fiesta y hasta entonces se había mantenido alejado del grupo conversando con Momo y Tenya.

Limpiándose una gota de sudor encima de la ceja, Katsuki vació su sexto vaso de bebida y lanzó una bravata.

—¿Seguro que quieres competir contra mí?

En respuesta, Shouto hizo crujir los nudillos de ambas manos. —Sí, pero te daré ventaja. Usemos la mano izquierda.

A Katsuki el reto le pareció interesante. Hasta ese momento había usado su brazo derecho, pero no le importaría cambiarlo para demostrarle al idiota bicolor que daba lo mismo cuál era su mano dominante, porque igual lo iba a hacer trizas. Con falsa ventaja o sin ella.

—¡Tú puedes, Katsuki! —Animó Eijiro a su amigo.

—¡Haz justicia por el resto de nosotros, Shouto! —Pidió Denki en cambio.

La separación entre ambos bandos quedó clara, pues estaban aquellos que habían sido derrotados por Katsuki y querían que Shouto obtuviera la victoria, y los que sólo estaban como espectadores y se limitaban a esperar una batalla de pulsos que fuera el cierre perfecto de esa competición amateur.

Moviendo su brazo desde el hombro para calentar, Katsuki fue el primero en poner su codo sobre la barra, y Shouto le imitó. Al instante en que sus manos su unieron, corrió entre ellos una ráfaga de calor que presagiaba cuán importante era para ambos ganar por encima del otro.

—¿Listos? ¡Ya! —Contó Ochako como réferi no oficial, y al instante tensó Katsuki los músculos cuando el primer tirón de Shouto le hizo resbalar el codo sobre la barra un par de centímetros.

Odiaba admitirlo, pero el idiota bicolor tenía mucha más fuerza en ese brazo izquierdo de lo que le había dado crédito en primer lugar.

—Woah, miren esas venas —recalcó Hanta, pues tanto en el brazo de Katsuki como en el de Shouto habían aparecido las primeras señales físicas del esfuerzo supremo al que se entregaban.

Katsuki apretó los dientes, y con un empuje que provenía desde su espalda hizo que el brazo de Shouto bajara un par de centímetros. De seguir así, la victoria sería suya. Pero claro, Shouto tampoco pensaba dejárselo tan fácil, y tensó los dedos sujetos a los de Katsuki hasta conseguir recuperar terreno perdido y un poco más.

—Menos mal que la barra está cimentada a la pared... —Comentó Kyoka por la bajo, porque resultaba evidente cuánta fuerza imprimían los dos sobre la superficie en la que estaban apoyados, y de haber sido aquella una mesa de madera, la habrían partido a la mitad sin problemas.

En un momento dado, Katsuki perdió concentración cuando entre la concurrencia distinguió un mechón de cabello oscuro y ligeramente verdoso que se ocultaba entre Tenya y Koji. No era necesario ser un genio para reconocer a quién pertenecía, y aliviado de que Izuku por fin hubiera vuelto a la fiesta, Katsuki perdió casi la mitad de la distancia que separaba su brazo de la mesa.

—¡OH! —La exclamación fue colectiva, y Katsuki decidió que ya tenía bastante por esa noche.

—Mejor suerte a la próxima, idiota bicolor —articuló Katsuki entre dientes, mirando a Shouto directo a los ojos, y con cada sílaba avanzó un centímetro hasta colocar sus brazos en la posición inicial, y con un último tirón que sintió hasta en los músculos del cuello y el estómago, consiguió poner el dorso de su mano sobre la mesa en un sonoro golpe.

Tras ganar, hubo un segundo de incredulidad por la repentina victoria de Katsuki, y luego gritos y algarabía entre quienes se alegraban por verlo ganar, y aquellos que se lamentaban porque habían apostado dinero y ahora tendrían que pagar.

—Ah, mierda —amagó soltar Katsuki a Shouto, pero éste se negó. Impertérrito como era su costumbre, asintió una vez para sí.

—Eres más fuerte de lo que creí.

—Tsk, lo mismo podría decir de ti —masculló Katsuki—, pero al final gané.

—Sí —convino Shouto—. Seguro que dolerá bastante en tu próxima terapia.

Al soltarlo, Katsuki entendió el significado de sus palabras, pues no sólo le dolían los dedos, sino el brazo en su totalidad. A la mañana siguiente lamentaría haberse visto involucrado en ese estúpido torneo de vencidas.

—Lo justo es que el ganador obtenga su premio, ¿verdad, Katsuki? —Dijo Mina, atrayendo la atención de todos en la sala, y depositó frente a él un vaso relleno hasta el borde de aquella bebida extraña de Tsuyu—. Fondo.

—¡Fondo, fondo, fondo! —Los vítores fueron aumentando en número y volumen, por lo que Katsuki tomó el vaso, y tras poner los ojos en blanco para dejar claro que hacía eso para que se callaran, se lo llevó a la boca y bebió sin parar hasta vaciarlo.

—¿Contentos de una vez por todas? —Resopló al golpear la barra con el vaso, y después limpiarse la boca con el dorso de la mano.

El movimiento le provocó un leve mareo, y Katsuki parpadeó repetidas veces para quitarse de encima la peculiar sensación de que la habitación se tambaleaba un poco.

—Yo no recomendaría que hicieron eso con mi bebida especial —dijo Tsuyu, pero su consejo llegaba demasiado tarde.

—Sólo no vomites en la alfombra, Katsuki —le dijo Denki, que incluso si había perdido contra él estaba de lo más alegre porque había apostado a su favor y ahora era ¥1000 más rico que antes.

—Kacchan, hey... —Se acercó Izuku para ayudarle a ponerse en pie, y aunque en un inicio Katsuki se resistió, pronto descubrió que no tenía sentido.

Pegando su mejilla a la nariz de Izuku, preguntó: —¿Ya terminaron de charlar tú y Mirio?

—¿Pero cómo...?

—Los escuché por accidente a través de una ventana. Ustedes dos... No son tan discretos como pretendían —farfulló Katsuki, ardiendo en deseos de hacer algo loco e impulsivo, como morderle el hombro o besarlo ahí mismo para demostrar con quién estaba Izuku—. Pero no me quedé, ¿eh? No es mi estilo.

—¿Qué tanto escuchaste?

—Oh, un poco de esto, un poco de aquella; la misma mierda de siempre.

—Estás ebrio, Katsuki.

—¿Mmm, sí? No me siento como tal —replicó éste, pero al ponerse de pie la habitación volvió a mostrarse inestable, no sus pies—. O quizá sí.

—Ven. Salgamos a tomar aire fresco.

—Estoy harto del aire fresco —gruñó Katsuki, pero ya que Izuku no tenía toda la información de su salida anterior, Katsuki se dejó llevar ya no al jardín delantero y de vuelta al costado de la casa, sino al jardín trasero, donde varios de sus amigos habían formado grupos y no prestaron atención a su llegada.

—Espera aquí —lo sentó Izuku en una silla de jardín—. Iré por agua.

«O puede que vuelvas a tener una segunda parte de esa charla con Mirio y desaparezcas por horas...», pensó Katsuki con malicia, pero claro, tantas palabras al mismo tiempo y en su estado eran imposibles. Sentía la lengua algodonosa y como del doble de su tamaño normal.

Echando la cabeza hacia atrás para tratar de conseguir un poco de apoyo en la pared, Katsuki se cuestionó por primera vez qué clase de receta era la que conocía Tsuyu para preparar aquella bebida, y por qué diablos él se había tomado como una tarea personal en beber vaso tras vaso como si fuera su obligación no dejar ni una gota. Realmente era una bebida que no golpeaba más allá que una cerveza, pero Katsuki había bebido al menos diez vasos en el último par de horas, y sentía los estragos en el cuerpo igual que si hubiera bebido la misma cantidad de latas. La resaca de la mañana siguiente prometía convertirse en una penitencia de la que no podría olvidarse jamás...

—Ugh... —Se quejó Katsuki con los ojos cerrados, pues tratar de enfocar en la distancia se había vuelto una tarea demasiado confusa para él. En su lugar estaba intentando conseguir un descanso, pero la satisfacción no le duró más que un par de segundos.

Unos pies sobre la grava le alertaron que alguien se había acercado a él, y abriendo un ojo mientras pensaba que era Izuku con su agua, se llevó un chasco. Porque en efecto, alguien traía agua para él, pero no se trataba de Izuku con su sonrisa fácil, sino Mirio, que por una vez se mostraba circunspecto exclusivamente para él.

—Ten, tienes aspecto de necesitarla —le extendió una botella de agua que Katsuki se limitó a examinar—. No le he hecho nada si eso te preguntas. El sello está intacto.

Katsuki tomó la botella. —No te daré las gracias.

—No las esperabas.

—Pues no deberías. No después del... numerito que montaste en tu habitación.

—¿Eh, de qué hablas?

Katsuki rompió el sello de la botella, y ese simple movimiento le hizo doler el brazo. En verdad que pagaría caro sus excesos de esa noche, no sólo con el alcohol sino con esa competencia amateur de pulsos.

—Tú e Izuku teniendo su charla privada en el piso de arriba.

—¿Pero cómo...? Y era un estudio. Bah, da igual —dijo Mirio, y tras unos segundos, exhaló—. No importa, Izuku me rechazó.

—No es la primera vez.

—Ya, pero sí la definitiva. Hoy me quedó más que claro que no habrá una oportunidad más con él.

Con la botella a medio camino de su boca, Katsuki se detuvo y le miró de reojo. —¿Ah sí?

—Izuku se encargó de que así fuera, y... Voy a respetar su decisión.

—Ya era hora —gruñó Katsuki, y el trago de agua que hizo a continuación le supo a gloria. Mientras el líquido helado bajaba por su garganta, él se sintió revitalizado y listo para superar cualquier obstáculo que se le pusiera al frente.

Eso, hasta que Mirio volvió a hablar.

—Pero no soy un buen perdedor, ¿sabes? Izuku siempre tendrá una gran porción de mi corazón con él, y por eso... Sólo por eso... Te voy a contar algo, especialmente para ti... —La voz de Mirio fue perdiendo volumen y jovialidad hasta sólo quedar como un murmullo. A Katsuki el vello de la nuca se le erizó—. Desde que nos conocemos, Izuku y yo siempre hemos celebrado juntos nuestro cumpleaños. Es obvio cuando piensas que es el mismo día, pero para nosotros dos siempre era el doble de especial. Celebrábamos nuestro día nacimiento, sí, pero también el día en que nos conocimos por primera vez en Plus Ultra. ¿Cuáles eran las posibilidades, eh? Y también... El de la primera vez que nos acostamos. Así que no te sientas tan especial porque desde un inicio Izuku no haya tenido barreras contigo y pasado directo de desconocido a amante. Así es él, y así lo ha sido con todos. No te pienses ni por un segundo que eres diferente al resto...

—¿Mirio?

A tiempo para interrumpir su conversación unilateral, Izuku apareció con un vaso de agua y expresión tensa que revelaba su aprensión.

—Sólo vine a traerle agua a Katsuki —dijo Mirio, volviendo a su habitual yo con una sonrisa y ojos que a Katsuki le parecían de muerto.

—Uhm... —Izuku observó la escena, que a simple vista daba la impresión de ser eso, pero no justo eso.

Katsuki chasqueó la lengua. —También a airear sus asuntos contigo. No cabe duda del porqué es uno más de tus exes...

—Basta —pidió Izuku, apretando la boca en una fina línea—. Basta los dos.

Y sin mediar ni un segundo más, Izuku se dio media vuelta y se marchó por donde había venido.

 

Sin pretenderlo como tal, pero ya qué, era su involuntaria costumbre, Katsuki no tardó en verse rodeado por un grupo compuesto por Eijiro, Mina, Hanta y Denki, que se reunieron en torno a él para continuar su charla e incluirlo. Así era como alguien tan reservado como Katsuki hacía amistades, porque terminaba adoptado por dichas amistades, y generalmente se sentía aliviado de su suerte, pero no esa noche.

Tras un tiempo considerable, Katsuki había vuelto a entrar a la casa para tratar de arreglar su desaguisado con Izuku, sólo para descubrir a éste en un sofá charlando con nada menos que Ochako y Shouto. Katsuki se había visto tentado de preguntar en voz alta si no quería que llamara a Mirio para complementar la escena, pero entonces lo habría empeorado todo, así que volvió al exterior con el rabo entre las piernas, aliviado al menos de que no se hubiera marchado de la fiesta.

De eso hacía al menos una hora, y a base de beber y orinar había conseguido Katsuki limar los ásperos bordes de su borrachera y conseguir al menos sobriedad suficiente para percatarse que su no-relación con Izuku pendía de la cuerda floja por los eventos de esa noche.

Con una fuerte opresión en el pecho que le hacía sentirse corto de aliento, Katsuki tuvo un momento en que no pudo resistir más y envió una serie de mensajes a Izuku.

 

KB: Lo siento.

KB: No era así como quería arruinar tu cumpleaños.

KB: No es que tuviera planeado hacerlo.

KB: Quería hacerlo especial.

KB: Incluso traía un regalo.

KB: Lo siento tanto.

KB: Y no es justo que elija este momento para admitir que te amo.

KB: Pero lo hago.

KB: Y estoy harto de fingir que no.

KB: Porque

 

El resto del mensaje se perdió cuando Eijiro intervino, y tras darle una hojeada rápida a su móvil, le aconsejó:

—Colega, no hagas más profundo el agujero en el que te encuentras. Estás borracho.

—No es cierto.

—Sí lo estás, y si por una vez dejas de ser tan cabezadura, entenderás que esas confesiones se hacen a la cara y no vía mensaje. Eso es casi tan malo como romper por medio de una llamada.

—¿En serio?

—Totalmente. Y ya que mencionas un regalo, ¿dónde lo dejaste?

—Yo... No lo recuerdo.

—Vale. Mañana seguro que aparece.

Asumiendo el papel de enfermero, aunque más bien sería de niñero, Eijiro no volvió a dejar que Katsuki se apartara de su lado, ya fuera para ir al sanitario o conseguir más agua.

Para el final de la fiesta, Eijiro había hecho tan buen trabajo con Katsuki que había conseguido llevarlo a un estado apenas de embriaguez y también había encontrado la pequeña bolsa en la que traía el regalo de Izuku y que había olvidado por descuido al lado de la ponchera ya vacía de Tsuyu.

Katsuki ya no podía negar que en Eijiro había encontrado un amigo valioso, y al recibir de vuelta el regalo por parte de éste, la falta de inhibiciones producto de la ebriedad le permitió darle un fuerte abrazo al que en un inicio Eijiro reaccionó con sorpresa y después correspondió al 100%.

—Oh, colega —exhaló con satisfacción, enterrando su rostro en el cuello de Katsuki en un gesto más de amantes que de amigos—. Esto es tan masculino.

—Pf, lo que sea —masculló Katsuki antes de separarse. Pero por una vez no iba a burlarse de Eijiro y sus extrañas definiciones de masculinidad, porque éste había encontrado su regalo perdido, y no podía estar más que agradecido con él.

—¿Era para Izuku?

—Sigue siendo para él... Si es que consigo que hagamos hoy las paces.

—No pierdes nada con intentarlo. Izuku no es de los que guardan rencor. Seguro que ya todo es agua bajo el puente.

—Quizá...

Katsuki había perdido de vista a Izuku en la última hora y su paradero era desconocido, pero fueron precisamente Ochako y Shouto quienes entraron a la casa a buscarlo.

—Deku está por irse —dijo Ochako, y Shouto agregó:

—Está afuera esperando un taxi.

—Deberías ir con él.

Encogiendo un hombro, Katsuki expresó su duda. —No lo creo.

—No te tenía por un tipo cobarde —dijo Shouto, y Katsuki resopló.

—No soy ningún cobarde. Si acaso soy considerado. No creo que Izuku quiera verme ahora mismo.

—Yo no apostaría por ello.

—Pues deberías —sentenció Ochako con ojos brillantes—. Mira, o vas afuera con Izuku y arreglas las cosas con él o...

—¿O qué?

—O te obligaré. Izuku es uno de mis mejores amigos, y no merece que lo hagas sufrir.

—Como si el sentimiento no fuera mutuo... —Farfulló Katsuki, pero incluso a sus oídos sonaba como excusa barata. Izuku nunca había hecho nada deliberado para lastimarlo, y en cambio Katsuki había aprovechado cada oportunidad de sentirse ofendido para tomarla en contra de él.

—Ve afuera, por favor —pidió Ochako—. Izuku sería incapaz de rechazarte.

—¿O es que preferirías que llamáramos a Mirio? —Le provocó Shouto, y a diferencia de Ochako, sus ojos centellaban no del todo con amabilidad, sino también con un toque de peligro que amenazaba pelea.

A Katsuki el hombro todavía le dolía por su sesión de vencidas, y no tenía duda alguna que una pelea entre ellos dos sería apenas una victoria con bastante daño, tanto dado como recibido. Además, tampoco quería pelear con él. Tenerlo en sus clases, asistir con él a terapia, a veces almorzar juntos, todo ello había contribuido a que la animosidad de su primer encuentro se desvaneciera. Ahora sólo tenía frente a él una especie de amigo, que sabía cómo presionar sus botones para ponerle en marcha cuando más se necesitaba.

—Ni te atrevas, idiota bicolor —dijo Katsuki, que sin despedirse dio media vuelta y marchó directo a la puerta.

Afuera había unas cuantas personas charlando, pero Katsuki no se dejó arrastrar por ningún grupo. Su meta era llegar afuera, y justo como le habían descrito Shouto y Ochako, ahí estaba Izuku recargado contra la pared y esperando su taxi.

Liberando su aliento en una ráfaga entrecortada que reveló el alivio de saber que no había llegado tarde, que todavía tenía oportunidad, Katsuki avanzó directo hacia Izuku, y sin detenerse a pensar cómo podría ser recibido o si siquiera tenía derecho, extendió una mano y rozó su brazo.

—Yo... —Tragando saliva para organizar sus pensamientos, Katsuki optó por una política de sinceridad—. Siento lo de antes.

—No has parado de disculparte. —Una pausa—. Leí tus mensajes, y no hay nada qué perdonar.

—Ah, ok.

—Esta vez convencí a Mirio de que nuestra ruptura era definitiva —dijo Izuku, y al alzar el rostro para mirar a Katsuki directo a los ojos, encontró serenidad en su mirada—. ¿Me crees?

—Sí. A ti sí, pero Mirio tendrá que demostrarlo con acciones.

—Ya, eso mismo pienso yo, pero creo que esta vez lo ha comprendido.

—Bien.

Sin dejar ir al brazo de Izuku, Katsuki decidió que era ahora o nunca.

—Uhm... Este regalo es para ti —extendió su otro brazo, e Izuku contempló la discreta caja que lo contenía. Sin un moño o listones, sólo iba envuelta en simple papel de estraza y podía confundirse con un paquete cualquiera.

—Ya me preguntaba yo qué era lo que traías contigo...

—Lo siento, yo-...

—Kacchan...

—Esperaba el momento adecuado para dártelo —explicó Katsuki, omitiendo las disculpas de su despiste—. Y es una idiotez. No hay mejor momento que el presente, ¿correcto?

—Correcto —confirmó Izuku al recibir la caja y sostenerla con sus dos manos como si tratara de adivinar su contenido sólo por el peso—. Gracias.

—Dímelo cuando veas qué es.

Fue el turno de Izuku en mostrarse inseguro. —En casa. Eso suponiendo que... Vienes conmigo, ¿sí?

—Sólo si me quieres ahí.

Izuku asintió con timidez. —Eso me encantaría.

—Igual —respondió Katsuki en idéntico tono, y deslizando su mano sobre el brazo de Izuku, consiguió entrelazar sus dedos.

De esa manera, en silencio, esperaron juntos al taxi.

 

/*/*/*/*

Notas finales:
El siguiente capítulo es el último~ Básicamente Mirio perdió, pero Katsuki todavía no ha ganado ;) Sufran un poquito conmigo y mañana tendrán el desenlace de esta historia de amour.
Graxie por leer~!
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


9 sonatas literarias




--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios