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11.- Cohabitación y Shuzenji.

 

—Mirio siempre fue un novio excelente, y sólo dejó de serlo cuando rompimos y nos continuamos acostando juntos —dijo Izuku, que iba por su quinta pieza de sushi y las estaba acompañando con una botella de sake que había sacado para facilitar la comunicación.

Katsuki se había encargado de servirle, cuidando meticulosamente las cantidades, puesto que lo quería para ponerlo parlanchín y honesto, no torpe y desarticulado.

—En realidad era fácil... —Continuó Izuku sin mirar a Katsuki—. El piso que rentábamos juntos era grande, contaba con un cuarto de huéspedes al que me mudé con intenciones de que fuera algo temporal. Al menos mientras encontraba otro sitio.

—Pero siguieron teniendo sexo.

—Ajá. —Izuku bebió un sorbito de sake para infundirse valor—. Yo mismo había decidido romper y puesto reglas de profesionalismo ahora que iba a ser su entrenador y todo eso, pero era obvio para cualquiera con dos dedos de frente lo que seguíamos haciendo... Ah, quizá sí habríamos vuelto, quizá si...

—¿Si qué? —Preguntó Katsuki.

—Esos entrenamientos en los Estados Unidos fueron... Nos acercaron tanto, pero yo tenía claro que no iba a funcionar. Nos habíamos distanciado, ya no éramos los mismos. El único aspecto de nuestra relación que seguía intacto era el sexual, y ya no podía más... Fue All Might quien me habló de la casita de huéspedes que tenía Shuzenji y... Vi mi oportunidad y la tomé. Pensé que me haría bien estar por mi cuenta una temporada. Para reflexionar y todo eso.

—Y luego me conociste.

—Exacto. Y luego te conocí, Kacchan —asintió Izuku con ojos cansados—. No puedo decir que lo lamento...

—¿Pero?

—Oh, no hay ningún pero.

«No todavía», pensó Katsuki. Siempre cauto con las palabras de Eijiro en el oído, porque el factor común en todos los exes de Izuku había sido la manera en que éste ponía fin a su relación de improviso.

Sin embargo, Katsuki tenía claro que el que no arriesgaba no ganaba, y que si quería salir de la situación en la que se encontraba debía al menos preguntar, hacer una proposición...

—Todavía no estoy listo para una relación en serio —dijo Izuku, poniendo un alto total a cualquier avance para el cual Katsuki se estuviera preparando.

¡Ah!, y ahí llegó, la primera grieta en su corazón. Eijiro tenía razón, y Katsuki por poco perdió los palillos que sostenía. Del hambre ni hablar, se había esfumado, incluso si no había comido ni la mitad de lo que tenía en su plato.

—No es que la idea me desagrade, en lo absoluto —continuó Izuku, ajeno al cuchillo que le había clavado a Katsuki en el pecho y que ahora parecía tener intenciones de retorcer.

—Pero no soy un buen candidato —suplió Katsuki, utilizando una de las razones por las que él en el pasado había roto con alguno de sus amantes. Realmente el karma existía, y volvía con saña a obligarle a pagar el triple.

Izuku suspiró, y moviendo su plato al frente para hacerse espacio, apoyó los codos en la mesa y el mentón en sus manos. Sus siguientes palabras fueron inesperadas, y le dieron a Katsuki esperanza.

—Me he enamorado de ti, Katsuki.

—Oh...

—Lo cual con mi historial es... penoso como poco.

—Dices que no es una garantía de nadie.

—Digo —enfatizó Izuku—, que me gusta lo que tenemos. Si tuviera que pensar en una analogía, diría que es una semilla, que crece y florece. Que puede que dé frutos, o puede que se marchite. Apenas nos hemos estado viendo desde abril, finales de abril para ser precisos, y... Quisiera ir despacio.

—Antes dijiste que a nuestro ritmo. Que nosotros lo marcaríamos.

—Y eso hacemos, pero ahora mismo necesito ir más despacio porque... —Izuku apretó los labios, y Katsuki podría haber pasado por alto el parpadeo nervioso de sus ojos, pero no en balde estaban juntos incluso si no lo estaban, y adivinó que se contenía las ganas de llorar—. Tengo la impresión de que estamos por entrar a una curva, que el terreno es resbaladizo y que... Podríamos darnos el estrellón de nuestras vidas.

—Y eso sería terrible estando la línea de meta tan cerca, ¿no? —Aventuró Katsuki, colocando su mano sobre la mesa con la palma arriba, e Izuku entendió su gesto al poner su mano encima y sujetarlo con fuerza.

—Sí, precisamente eso.

—Puedo esperar —dijo Katsuki con convicción—. El resto lo tengo ya. Estás conmigo, somos exclusivos, no nos escondemos. Si tan sólo pudieras ser un poco más honesto...

—Lo intento —masculló Izuku—, pero no hay mucho de lo que pueda sentirme orgulloso...

—Da igual. Está en el pasado, y es como has dicho antes, no hay nada de lo que debas disculparte o sentirte avergonzado. Es lo que ocurrió, y ya está. Puedes pasar página, podemos hacerlo juntos.

Izuku se mordió el labio inferior y asintió. —Sí, me gusta la idea.

—Bien.

Y porque ya ninguno tenía hambre pero sí ganas su mutua compañía, trabajaron juntos para limpiar la mesa, guardar las cobras en el refrigerador, y uno detrás del otro (las escaleras eran así de estrechas) pero con las manos todavía conectadas, subir a la recámara.

 

Izuku se disculpó repetidas veces por sólo tener dos futones individuales y no haber aireado el de Katsuki por las prisas, pero éste lo calló con un beso y pronto se olvidaron de sus arreglos para dormir.

En cambio, pusieron a buen uso el futón de Izuku cuando juntos terminaron desnudos y rodando encima de la mullida superficie.

—Uhm, yo... —Jadeó Izuku entre besos, su miembro deslizándose junto al de Katsuki entre sus estómagos—. No tengo... No hay... Hace tanto que yo no... Aquí nunca...

Katsuki se sonrió satisfecho contra su pecho, plantando besos a lo largo de su extensión mientras armaba para sí la historia de Izuku, de cómo éste no tenía condones porque hacía muy poco que se había mudado a aquella casa y no había tenido compañía desde entonces.

—No importa —dijo Katsuki, besando la depresión en la base del cuello de Izuku—, podemos hacer otras cosas.

La propuesta fue bien recibida por Izuku, que no opuso resistencia cuando Katsuki continuó descendiendo sobre su pecho trazando un camino húmedo de besos y lamidas ahí a donde iba.

Sin prisas, Katsuki se detuvo en uno de sus pezones para lamerlo, mientras que con la otra mano masajeó el otro hasta hacer que se pusiera duro como una piedrecita. Izuku arqueó la espalda, y Katsuki se sonrió de satisfacción por su logro.

—Ah, Kacchan —gimió Izuku cuando Katsuki no se detuvo ahí y recorrió una línea invisible hasta llegar a su ombligo, lamiendo aquí y después jugando con su aliento allá, provocándole toda clase de sensaciones.

El punto culminante de su exploración llegó cuando alcanzó sus caderas, y sin perder tiempo, Katsuki besó la punta de su pene y lamió el glande en toda su extensión.

Izuku no estaba circuncidado, y Katsuki no se cortó de utilizar una mano para bajar el prepucio y con su lengua trazar el frenillo hasta que gimiera en una mezcla de placer y dolor.

—Quiero... —Articuló Izuku cuando Katsuki sujetó su pene con una mano y se dedicó a masturbarlo.

—Dilo, Izuku.

—También quiero hacértelo a ti —dijo éste, contrayendo los músculos del estómago—. Al mismo tiempo.

—Mmm, suena divertido.

Maniobrando en el estrecho futón, quedaron recostados sobre sus lados y en perfecta imagen de espejo invertido. Katsuki nunca había probado aquella posición, en parte porque requería cierta similitud en estatura y deseo de ser recíproco que pocas veces había alcanzado con otras parejas. Incluso si Izuku medía menos que él por algunos centímetros, se las ingeniaron para hacer que funcionara, y así quedó demostrado cuando Izuku lo hizo doblar una pierna y se lanzó de lleno a succionar su pene.

—¡Ah, joder! —Katsuki apoyó su frente en el muslo de Izuku y se entregó a las sensaciones.

Izuku practicaba el sexo oral como hacía el resto de cosas en su vida: Con intención de ser bueno, si no es que el mejor, para quien le brindara su compañía. Y Katsuki se tomó como propia la tarea de ser equitativo con él. Abriendo la boca se introdujo su miembro hasta la mitad y succionó un par de veces para habituarse. Izuku fue más impaciente al ondular su cadera, y Katsuki sintió el glande golpear contra su garganta antes de apartarse con una leve tos.

—L-Lo siento —se excusó, pero se valió de una mano para sujetar el pene de Izuku por la base y volver a probar.

La práctica hacía al maestro, y Katsuki se sorprendió conforme pasaban los minutos y se entregaba a las sensaciones. Dar y recibir con idéntico entusiasmo era nuevo para él, pero era un cambio agradable cuando Izuku lo masturbaba con la mano y chupaba primero un testículo y después otro.

Aquella era la primera vez que alguien le hacía eso a Katsuki, y éste se sorprendió al descubrir que le gustaba. Quizá después Izuku pudiera hacerlo de vuelta, pero mientras tanto se contentó con imitarlo y obtener a cambio una serie de gemidos que resultaron música a sus oídos.

—Estoy cerca... —Reveló Izuku en un momento dado, y Katsuki se detuvo para plantar besos en la cara interna de sus muslos.

—¿Quieres que me detenga?

—No.

—Ok.

Rodando sobre su espalda, Katsuki hizo que Izuku se posicionara sostenido en brazos y piernas encima de él. La posición requirió de un par de ajustes, donde Izuku abrió más las piernas para hacer que la altura fuera la adecuada, pero una vez que se sintieron cómodos pudieron proseguir.

Izuku no perdió tiempo en llevarse el pene de Katsuki a la boca, y ayudarse con una mano para masturbarlo mientras su cabeza subía y bajaba a un ritmo rápido y haciendo vacío los más posible dentro de sus mejillas.

Katsuki apreció el esfuerzo por llevarlo al orgasmo al mismo tiempo que él, y fue por ello que trazó una línea húmeda con su lengua justo detrás de sus testículos y con sus dedos esparció la humedad alrededor de esa área. Izuku había demostrado antes ser receptivo con aquellas caricias, así que Katsuki se llevó dos dedos a la boca para mojarlos bien de saliva y después presionó en la abertura de Izuku, atento a la tensión del músculo por la sorpresa inicial, y después a la manera en que se relajaba y le permitía acceso.

Mientras tanto, volvió a llevarse el miembro de Izuku a la boca, y en tándem le practicó sexo oral mientras estimula el punto entre sus nalgas.

En un momento dado, Izuku gimió fuerte y Katsuki sintió las vibraciones en su propio miembro. ¡Bingo! Había encontrado lo que buscaba. Con insistencia, Katsuki mantuvo el ritmo de su mano y su boca, y consciente de que el final se acercaba, Izuku hizo lo mismo sujetando la base de su pene y presionando de manera casi dolorosa el nacimiento de sus testículos.

En una derrota que Katsuki no consideraría como tal, él fue el primero en correrse con la boca de Izuku alrededor de su miembro, y su orgasmo desató una reacción en cadena sobre su acompañante, pues Izuku le siguió de cerca con su propio orgasmo, temblando mientras luchaba por hacer que el brazo y las piernas sobre las que se apoyaba le sostuvieran.

A Katsuki la boca se le llenó de semen, y por un instante tuvo dificultades para respirar, pero decidido a demostrar cuánto le había gustado fue que deglutió y el sabor le resultó tan agradable como otras veces con Izuku.

El propio Izuku hizo lo mismo, ya tras los embates de su orgasmo lamiendo el glande de Katsuki hasta dejarlo limpio del todo antes de ceder bajo su peso y desmoronarse encima de su cuerpo.

—Tu trasero está en mi cara —dijo Katsuki apenas recuperó la capacidad del habla.

—Si te molesta lo quito.

—No dije que me molestara —murmuró Katsuki, admirando aquella pieza monumental, esculpida gracias al esfuerzo del yoga y los pilates—, sólo que estaba muy cerca de mi cara.

—¿Preferirías que estuviera sentado en tu rostro? —Inquirió Izuku, casi burlón.

En respuesta, Katsuki le plantó una nalgada. Apenas un roce, pero sabía que la piel se tornaría rojiza. —Puedes apostar que sí.

—Vale, dame unos minutos para recuperar el aliento y lo hacemos.

Mientras tanto, unidos por una fina capa de sudor, retozaron en la quietud de la noche.

 

Katsuki no conoció a Chiyo Shuzenji sino hasta la segunda mañana que pasó hospedado con Izuku y sólo porque ese día él tenía clases a primera hora mientras que para Izuku no comenzaban sino horas después.

Daba igual porque Izuku se había levantado con él para beber un té, y en una rutina a la que a Katsuki no le importaría habituarse, le despidió con un beso en el genkan.

Tan absorto iba Katsuki en la suavidad de sus labios y la promesa de verse a la hora del almuerzo para comer juntos de los bentous que Izuku se había quedado cocinando, que casi pasó por alto a la pequeña mujercita que estaba arrodillada frente a un seto de rosas que decoraban la entrada y que le dedicó un alegre “¡Buenos días!” que lo sacó de sus ensoñaciones.

—Uhm, buenos días —saludó Katsuki de vuelta—. ¿Señora Shuzenji, correcto?

—Chiyo, por favor. Y tú debes de ser Katsuki Bakugou, ¿te puedo tutear?

—Claro —accedió Katsuki, que de pronto experimentó una oleada de formalidad por la mujer ante él.

De pasada le había comentado Izuku que Chiyo Shuzenji era una especie de abuela honoraria para él, y la manera afectuosa en la que se refería a su casera había predispuesto a Katsuki para tratar de dar la mejor impresión posible frente a ella.

—Uhm, Izuku mencionó que me estoy quedando unos días con él, ¿correcto? Mientras-...

—Mientras hacen reparaciones en el aire acondicionado de tu piso, sí —confirmó Chiyo, limpiándose la frente de sudor mientras continuaba trabajando en sus rosas con unas tijeras de podar—. Puedes quedarte el tiempo que gustes. A Izuku ya le hacía falta compañía además de ese gato suyo. Siempre se lo digo, que un joven tan atractivo como él no debería estar solo, pero... No soy quién para para entrometerme más allá de un par de consejos siempre bienintencionados.

—Supongo... —Dijo Katsuki por tener algo que decir, pero su rostro se contrajo en una leve mueca por su imprudencia.

—¿Eres el novio de Izuku?

La pregunta cogió desprevenido a Katsuki por la simpleza con la que aquella mujer ya mayor la había hecho. Incluso entre las personas de su edad una cuestión de ese tipo se manejaba con discreción, pero Katsuki encontró agradable la manera desparpajada que tenía Chiyo para ahorrarse la monserga e ir directo al grano.

—Algo así.

—Algo así, vaya, vaya... —Resopló Chiyo—. Ustedes los jóvenes siempre con sus complicaciones.

—Estoy trabajando en ello —agregó Katsuki, al menos un poco para resarcir su honor.

Mirándolo directo a los ojos desde su posición casi en el suelo, Chiyo lo examinó por lo que a Katsuki le parecieron horas en su lugar de segundos, y al final asintió para sí.

—Excelente. Esa determinación me gusta.

Sin saber cómo proceder ante aquella aprobación maternal, Katsuki estuvo a punto de despedirse cuando Chiyo agregó algo más.

—Se lo diré a Izuku cuando lo vea, pero te lo digo a ti también ahora —se pronunció Chiyo, volviendo a sus rosas como si nada—. Esta noche prepararé soba helado. Deberían pasar a cenar. Así nos conoceremos mejor los tres, ¿no te parece?

Y ya que se hospedaba con Izuku por cortesía de Chiyo y de paso la mujer le estaba cayendo bien, Katsuki confirmó que así sería.

—Vale, yo traeré el sake.

 

La reparación del aire acondicionado de Katsuki se postergó por otros cinco días hábiles cuando el lunes un tifón golpeó con fuerza aquella área de Tokyo e inutilizó una gran parte de servicios con su destrucción.

En Sapporo lo usual era lidiar con tormentas de nieve, así que Katsuki agradeció el cambio, en especial porque el gobierno hizo un llamado a permanecer en casa y Plus Ultra les dio libres los tres días que duró la tormenta.

Guarneciéndose con comida para sobrevivir durante el temporal, Katsuki, Izuku y Kuro redescubrieron el siempre menospreciado placer de simplemente quedarse en cama disfrutando con todos los sentidos de la lluvia al caer.

En su caso, un futón estrecho para dos, ya no se diga dos y un gato que insistía en maullar como desesperado cada vez que los truenos hacían retumbar los cristales de la casa, pero se las ingeniaron para tomar relevos con Kuro en su regazo y acariciándole el lomo porque al parecer era lo único que conseguía tranquilizarlo.

La cotidianeidad de su estancia en casa de Izuku no agobió a Katsuki como éste se temía, sino que fortaleció en él la certidumbre de que realmente estaban hechos el uno para el otro. ¿Cómo si no su compañía le era grata antes que fastidiosa luego de pasar el fin de semana juntos y luego varios días más con el tifón? Lo que era más, esa reclusión forzada había facilitado para ambos hablar de temas familiares y personales que antes no habían tocado por educación o considerar demasiado prematuro en ese punto de su relación, pero que en esos días y tras la protección de las cuatro estrechas paredes de la casa de Izuku les resultaron de lo más naturales.

Eso sin contar con que la cena en casa de Chiyo salió de maravilla, con Katsuki apreciando de Izuku una buena faceta, donde él era el nieto díscolo y Chiyo la abuela que le reprimía por no cuidarse mejor ese brazo suyo. En medio de ellos dos, Katsuki se sintió a sus anchas y bajó la guardia, satisfecho con el simple papel de observador y sin importarle que cada vez más las raíces que Izuku hubiera echado en él desde el primer día de conocerlo se adentraran más en su corazón.

Katsuki estaba enamorado, y si eso al final le rompía el corazón... Que así fuera. En tiempo presente, esos sentimientos estaban demostrando valer la pena.

 

Katsuki no era tan ajeno a las celebraciones como le daban crédito, así que cuando por turnos Eijiro, Ochako y hasta el idiota de Shouto se acercaron a él para hacerle saber que el cumpleaños de Izuku estaba a la vuelta de la esquina, no dudó en mandarlos a freír espárragos. ¿Por quién lo tomaban acaso? Con al menos un mes de anticipación se había hecho Katsuki con la fecha exacta del nacimiento de Izuku al revisar el calendario de cumpleaños que Koji mantenía al día en la sala de descanso de los empleados, y con el objetivo en mente de esmerarse en su regalo, se había pasado una semana completa revisando Amazon hasta dar con lo que él consideraba que era el obsequio perfecto.

De pasada le había comentado Izuku lo bien que lo había pasado en la pista de crossfit la única vez en la que se había atrevido a completar una vuelta del circuito avanzado. Si cerraba los ojos, Katsuki todavía podía verlo sortear los obstáculos con aparente facilidad, mucho mejor de lo que Shouto hacía ahora incluso si ya tenía un mes asistiendo a clases con él, y demostrando por méritos propios que su condición física no tenía nada que envidiarle al resto.

Era una lástima que por su lesión Izuku no tuviera autorización de Chiyo Shuzenji para enrolarse de lleno en un curso de crossfit. Izuku se lo había contado ya tarde en la noche, los dos acurrucados bajo las mantas de su futón, que si bien había vuelto a adquirir fuerza, destreza y agilidad con el brazo que se había herido, jamás volvería a ser el mismo por mucho que lo intentara.

—Mis días en el crossfit terminaron antes siquiera de empezar —había dicho Izuku de lo más adormilado, su cabeza escondida contra el pecho de Katsuki y una de sus piernas entre las de éste, pero a pesar de lo bajo de su voz y el esfuerzo que hizo para ocultar su desilusión, él lo había oído.

Katsuki recordaba haber leído en una revista especializada en atletas y acondicionamiento físico que existían ayudas mecánicas para aquellas personas que habían sufrido una lesión de importancia. Había sido un artículo que le llamara la atención y que leyera a consciencia, por lo que no era de sorprenderse que años después surgiera del trastero de su memoria como una posibilidad para Izuku.

Por su cuenta hizo Katsuki una labor de investigación para informarse más del tema, y fue así como dio con la tienda virtual de Mei Hatsume, que proclamaba con una galería repleta de fotos conseguir lo imposible con ayuda de sus inventos.

De buenas a primeras, Katsuki se había mostrado escéptico. Lo que él buscaba no era precisamente una prótesis, aunque iba más allá de la manga de presión que Izuku llevaba en el brazo bajo la ropa, pero resultó ser justo lo que buscaba una vez que investigó más a fondo y se cercioró que la fama de Mei Hatsume y lo que ella llamaba “sus bebés” era cierta.

Con ánimo de no rendirse sin primero intentarlo, Katsuki había contactado a Mei luego de ver algunos videos de sus artilugios en acción, y ésta se había mostrado receptiva a su idea de crear un soporte para el brazo de Izuku que fuera a la vez ligero y flexible, pero resistente a cualquier esfuerzo al que lo sometiera. Lo que Katsuki pretendía y que para satisfacción suya Mei comprendió a la primera, era una ayuda para Izuku, que le permitiera moverse con facilidad y lo protegiera a la vez de sus propias limitaciones.

—Es un regalo para mí, uhm, novio por su cumpleaños —había dicho Katsuki a través del teléfono, las orejas calientes por aquella mentira blanca, pues no eran novios per se, pero creía que estaban en buen camino de serlo—. Me gustaría que fuera una sorpresa.

Y la respuesta de Mei Hatsume no lo había decepcionado: —Déjalo todo en mis manos.

Al final, luego de compartir por mensajería instantánea varios planos e ideas de prototipos, Mei se puso manos a la obra con su trabajo y consiguió tenerlo listo una semana antes del cumpleaños de Izuku.

Con un hormigueo en el cuerpo que era el preludio a los nervios que sentía por todo el cuerpo, Katsuki se inventó una segunda mentira blanca para marcharse sin Izuku una tarde después del trabajo, y acudió a reunirse con Mei en un parque público para recibir su compra.

La mujer que esperaba por él en un parque que quedaba en un punto medio para los dos era tal como Katsuki la había imaginado: Efusiva y ruidosa, pero también conocedora de lo que hacía y profesional cuando la situación lo requería.

Haciendo gala de su pasión por la ingeniería, Mei le había explicado el funcionamiento de la pieza que ahora tenía Katsuki en su poder y que de buenas a primeras le costó reconocer.

—Mi socia Melissa Shield me ayudó a mejorar el prototipo del diseño —le explicó Mei al extender frente a él una pieza alargada de material flexible como parecía una mezcla de plástico y metal—. Muéstrame tu brazo.

Katsuki así lo hizo, y Mei lo rodeó con su invento. Lo que en un inicio daba la impresión de ser una especie de venda metálica y rígida, al instante se convirtió en una cubierta que proveía soporte y al mismo tiempo no estorbaba con los movimientos naturales del cuerpo.

—Al principio pensé que mi diseño tendría que llevar correas de ajuste, pero Melissa me ayudó a crear una versión mejorada que se adapte a cualquier persona sin necesidad de tener primero sus medidas —explicó Mei de lo más excitada mientras Katsuki movía el brazo y hacía pruebas para cerciorarse de su utilidad.

Aprovechando un parque cercano, Katsuki hizo uso de algunos de los juegos de niños que había ahí para probar la funcionalidad de la nueva manga ergonómica que tenía ceñida al brazo, y comprobó satisfecho que era justo por lo que había pagado. Colgando de las barras de juego con ese brazo, Katsuki apenas si sentía el esfuerzo, y a la par, la manga no estorbaba en sus movimientos.

—Tienes mi tarjeta para cualquier otra invención que quieras llevar a cabo —se despidió Mei una vez que Katsuki pagó, y con su nueva manga para Izuku emprendió el retorno.

De eso hacía ya un par de días, y Katsuki apenas podía contenerse de no compartir su sorpresa con Izuku.

Sin ser consciente de ello, Katsuki había hecho planes para el cumpleaños de Izuku, que aunque caía en miércoles ese año, no por ello debía pasar desapercibido sin importar que la mañana del jueves ambos tuvieran por delante un itinerario cargado de clases y entrenamientos.

En una visita que hizo al dentista para su limpieza anual, Katsuki había hojeado una revista en la sala de espera que hacía un listado de los mejores restaurantes que había en aquel distrito de Tokyo, y para su cuenta había tomado nota de aquellos que le interesaban por si acaso entre sus ideas estaba salir a cenar juntos y pasar una velada agradable.

«Romántica», se había repetido sin parar. «Ideal para una declaración de pasar al siguiente nivel...»

Aunque de eso último Katsuki no estaba del todo seguro. No de sus sentimientos por Izuku ni de que fueran recíprocos, sino de... Bueno, que éste accediera a darle formalmente un nombre a la relación que mantenían. A Katsuki poco le había importado en el pasado no ser el novio de nadie porque en su opinión el título conllevaba ciertos deberes y obligaciones que no se sentía dispuesto a cumplir con ninguno de sus compañeros de turno, pero que con Izuku era diferente.

Con Izuku él quería experimentar las mieles del noviazgo en todas sus facetas, y con ello en mente hacía planes y más planes para hacer de ese miércoles una fecha especial.

Pero claro, como suele ser en situaciones como esa: Uno propone, pero el destino dispone.

Y en su caso, impone.

 

—No voy a preguntar algo tan idiota como si vienes a la fiesta de Izuku y Mirio, así que, ¿te apunto para llevar hielo? Aunque también nos hacen falta decoraciones... —Dijo Mina, ajena a que sin pensarlo había echado por tierra los planes de Katsuki para el cumpleaños de Izuku.

—¿De qué hablas?

Parados a un lado del bebedero y entre clases, Katsuki se estaba tomando un bien merecido descanso luego de una mañana de intensa actividad física, pero parecía ser que eso era demasiado pedir.

Con un cuaderno en manos y repleto de anotaciones, Mina puso los ojos en blanco. —De la fiesta que haremos para Izuku y Mirio. ¿Es que no te suena de nada?

—Izuku no me dijo nada...

—Duh, claro que no. Es una fiesta sorpresa, pero pensé que Eijiro ya te lo había dicho. Fue lo primero que le encargué —resopló Mina, que sin embargo consiguió reponerse en tiempo récord, y dándole unos golpecitos a la hoja, volvió a la carga—. Entonces elije, ¿hielo o decoraciones?

—¿Por qué es la fiesta de Izuku y Mirio? —Preguntó Katsuki en su lugar, de pronto mosqueado. Según entendía, si se tratara de una fiesta conjunta era por dos razones: Celebraban algo como su regreso (y hasta donde sabía, ni iban o volvían a ningún lugar) o era su cumpleaños y hacían una fiesta doble.

—Porque... —Mina entrecerró los ojos—. De verdad no sabes nada, ¿eh?

—No, y harías bien en explicarme qué pasa antes de seguir insistiendo con las decoraciones y el hielo, caray.

—Vaaale —exageró Mina con una exhalación—. Izuku cumple años el miércoles, ¿estamos?

—Eso ya lo sabía.

—Muy bien —ignoró Mina su comentario—. Y da la casualidad que también es el cumpleaños de Mirio.

Katsuki chasqueó la lengua. Claro, tenía que ser así, y qué suerte tan nefasta la suya.

—De hecho fue idea de Mirio hacer la fiesta. Pero nos pidió que fuera una fiesta sorpresa, no tanto por él porque de hecho será en su casa, sino por Izuku.

Katsuki bufó. —Qué considerado de su parte...

—Hey, normalmente yo también diría eso, pero es lo usual. Mirio siempre organiza unas fiestas geniales en su casa, y este año Izuku va en calidad de amigo. No hay nada de lo que debas preocuparte.

—Seguro —ironizó Katsuki—. Y para nada está en sus planes hacer una jugada en Izuku ya que estemos ahí.

—Mirio no es así. Jamás intentaría nada con el novio de otra persona —le aseguró Mina, firme en su resolución de tranquilizar a Katsuki pero también de defender a Mirio, porque igual que todos en Plus Ultra, era amiga de él, y como tal, estaba en su deber defenderlo.

—Ya. —«Si tan sólo Izuku y yo realmente fuéramos novios», pensó con malestar.

—Ahora que ya hemos aclarado este malentendido, ¿hielo o decoraciones?

—Hielo.

—Genial. Te pasaré la ubicación y la hora de llegada. Aunque igual y podrías ser tú quien lleve a Izuku siempre y cuando sepas ser discreto con la sorpresa.

Katsuki soltó un gruñido. En lugar de preocuparse de eso, Mina debería seleccionar a otra persona para ese papel, porque si de él dependía, en lugar de llevar a Izuku a su propia fiesta de cumpleaños sorpresa en casa de Mirio, antes mejor lo secuestraría para llevar a cabo otros planes.

—Mmm, creo que también se lo pediré a Ochako... —Adivinó a medias Mina la expresión oscura en su rostro, y Katsuki denegó con la cabeza.

—Nah, deja. Yo me encargo.

—Genial. Y revisa tus mensajes, en un rato más te envío toda la información.

—Ok.

Pero nada, absolutamente nada, estaba ok para Katsuki.

 

—Así que... —Empezó Izuku tentativamente, él y Katsuki caminando en dirección a un domicilio que conocía bastante bien, y hasta hace unos segundos, en incómodo silencio.

De sorpresa nada. Katsuki iba vestido con camisa y pantalones de vestir, y lo mismo Izuku. Eso sin olvidar la bolsa de regalo que Katsuki traía en una mano, y la parada en una tienda de conveniencia para comprar hielo que también había hecho lo suyo para arruinar cualquier intento de sorpresa.

—Si ya sabes de qué va al menos actúa sorprendido cuando abras la puerta —gruñó Katsuki. Todavía no habían llegado a la fiesta, y él ya quería marcharse.

Resignado a que no se tomarían de las manos, Izuku había metido las suyas en los bolsillos de su pantalón y suspirado. Con la vista en lo alto y fingiendo que la actitud de Katsuki le tenía sin cuidado, había incluso comenzado a silbar una cancioncilla alegre.

—¿Puedes parar? —Le pidió Katsuki, pues para él poco había que valiera la pena celebrar si iban directo a la casa de Mirio Togata porque éste había decidido organizar una fiesta en honor a su ex cuando el mismo Katsuki no había conseguido reservaciones para cenar con él sino hasta el viernes.

—Es mi cumpleaños —dijo Izuku, parándose de seco en la acerca—, y con tu actitud sólo lo estás haciendo memorable de la peor manera posible.

Katsuki se paró en seco un par de metros delante de él, y apretando los dientes como ya no hacía tan seguido gracias a la intervención de Shouto, bajó la cabeza y masculló sus disculpas.

—Lo siento.

—¿Qué? —Izuku caminó hacia él y se posicionó a su lado—. Perdona, no te escuché. ¿Puedes repetirlo?

—He dicho que lo siento.

—¿Y? —Una pausa—. ¿Por qué lo sientes exactamente?

—Por... —Varias respuestas rodaron sobre la lengua de Katsuki, pero todas ellas justificaban sus acciones, y él tenía claro que de utilizar una de esas no estaría en gracia de Izuku. Lo mejor era ser honesto—. Por estar celoso de Mirio y arruinar tu cumpleaños.

—Vale, que todavía no lo has arruinado del todo, pero si sigues con esa actitud vas por buen camino...

—Lo siento.

—Ya lo dijiste antes.

—¡Pero es que en verdad lo siento! —Rezongó Katsuki, levantando la vista para mirar a Izuku directo a los ojos—. Me gustas, mucho, ¿ok? No tengo ninguna duda de... estar enamorado de ti y... —Cada palabra le costó a Katsuki un esfuerzo supremo, pero ya que habían llegado a ese punto de quiebre, no quería él desperdiciar la oportunidad de abrir su pecho y sincerarse—. Mirio ha hecho esto con intención de conquistarte. Y no lo defiendas, lo sabes tan bien como yo.

—Ya, pero... Vengo contigo, ¿o no? Y al final de esta noche me iré también contigo siempre que quieras.

—Eso quiero.

—¿Entonces cuál es el problema?

—Oh, que soy un idiota —masculló Katsuki en voz baja, e Izuku premió su momento de claridad colocándose de puntas para besarlo en la boca.

—Bueno, ya que lo hemos aclarado... ¿En marcha?

—Ya qué.

 

/*/*/*/*

Notas finales:
Hay celos, pero también hay seguridad. Y Katsuki ya tiene la confesión de Izuku, pero hace falta que éste acepte que ya son novios en todos menos la palabra, ¿no? En fin, que quedan 2 capítulos más y terminamos :) Graxie por leer~!
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios