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1 de septiembre, 1991

Tenía la maleta completamente lista y ya estaba de camino al andén para coger el Expreso que me llevaría al colegio. Había sido increíblemente divertido hacer las compras, a pesar de tener que ir solo con papá, ya que Sev no podía verse en público haciéndome un trato especial.

—¿Nervioso? —preguntó padre.

—Un poco...

—No debes estarlo. Encontrarás a muchos chicos que ya conoces y seguro que te pondrán en la casa de Slytherin.

—Sev es el jefe de esa casa.

—Así es. Todos hemos asistido a esa casa. Aún recuerdo la satisfacción que sentí al entrar por primera vez a las mazmorras para llegar a la sala común. También se encuentra allí la clase y el despacho de Severus.

Asentí emocionado. Estaría muy, muy cerca suyo. ¿Quizá podría hacer alguna escapada nocturna para verle y quedarme con él?

—He conseguido que el director Dumbledore te ponga una habitación individual. No quiero que metas a nadie allí, ¿de acuerdo?

Miré extrañado a mi padre. —¿A Severus tampoco?

—Severus puede entrar, me refería a otros chicos o chicas. Tampoco te metas en muchos líos, ni te juntes con...

Miré hacia otro lado, estaba cansado de oír siempre esa charla de los sangre sucia y los que no eran leales al señor oscuro.

Lleguemos bastante pronto, pero decidí subir al tren y encontrarme con los demás para que mi padre pudiera irse a trabajar. Al llegar al vagón él me localizó por la ventana, me despidió con la mano y se marchó.

—¿Qué es lo que más os emociona de ir a Hogwarts? ¡A mí me emociona todo!—preguntó Pansy Parkinson, una chica de mi misma edad, bastante irritante y pesada. Le gustaba llamarme con sobrenombres y solía colgarse de mi brazo, aunque yo siempre la apartaba.

—¡Comida! —respondieron a la vez Vincent Crabbe y Gregory Goyle, dos gorilas que parecían no pensar en otras cosas que comer, dormir y pegar. Ocasionalmente podría tomar partido de ello.

—Clases de vuelo, ¿puede haber algo más emocionante que eso? Si lo hacemos bien, el año que viene podríamos optar a algún puesto en el equipo de Quidditch . —Blaise Zabini, uno de los más serios del grupo. Le encantaba el Quidditch y las artes oscuras, se parecía bastante a su padre. Bueno... por lo menos al último que conocí.

Theodore Nott miró por la ventana. —No lo sé, pero es genial vivir una nueva etapa. —Theo es el típico amigo achuchable que hay en todos los grupos. El soñador, pero siendo realista.

—¿Y tú, Drake?

Miré a la chica atentamente. Las razones de los demás no me parecían tan malas, pero eso no significaba nada para mí. ¿Mi mayor emoción? Poder estudiar junto a Severus para convertirme en un gran creador de pociones cuando fuese mayor de edad, y poder casarme con él. Soñaba continuamente con ello. —Mi futuro. —respondí brevemente.

Ellos se quedaron mirándome extrañados.

En el tren se empezó a hacer gran escándalo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Pansy a una chica que pasaba por allí, al parecer la conocía.

—Al parecer el-niño-que-vivió, Harry Potter, está en el tren.

Dirigí mi mirada a la ventana. Potter... Había oído ese nombre antes. Una vez le pregunté a mi padre porque Sev no estaba casado, recuerdo que era muy pequeño. Él me dijo que había estado muy enamorado de una chica llamada Lily Evans, pero que ella no sentía lo mismo y se había casado con el enemigo de Sev, James Potter. Deseé con todas mis fuerzas que el chico no se pareciera a Lily y que no entrara en Slytherin.

—Draco, ya hemos llegado, debemos bajar. —me dijo una voz. Al parecer, había estado el resto del camino completamente anonadado mirando el paisaje.

Subí a unas de las barcas que navegaban solas hacia el castillo, atravesando el gran lago donde una sombra nos acechó.

—¡El calamar gigante viene a saludaros! —gritó el semigigante que nos acompañaba.

No creo que esté intentando saludarnos, más bien parece ansioso porque una barca se dé la vuelta.
Al llegar allí nos encontremos con una profesora, nos hizo seguirla hasta un gran portón y esperar a que ella volviera.
Giré la cabeza mientras miraba todo alrededor.

—Allí está Potter, es el chico moreno que está junto a ese pobretón pelirrojo. —señaló Pansy.

Sev me había comentado que el sombrero seleccionador tiene en cuenta los deseos de la persona seleccionada, por lo que era mi momento para deshacerme de él. No podía venir a Slytherin, debía alejarlo de allí.

—Ya veo que los rumores eran ciertos, Harry Potter ha venido a Hogwarts. Mi nombre es Draco, Draco Malfoy.

Una risilla me hizo desviar mi mirada al pelirrojo.

—¿Te hace gracia mi nombre? No necesito preguntarte el tuyo. Pelirrojo, pecas y ropa de segunda mano. Debes ser un Weasley.

Me hizo una mueca de desagrado y yo sonreí.

—Te puedo ayudar a elegir a las personas correctas, sólo debes desear ir a Slytherin. —le sonreí antes de notar la mano de la profesora McGonagall que ya había vuelto.

Volví con mis compañeros antes de adentrarme en el gran comedor. Miré a la mesa de los profesores mientras esperaba a que el sombrero me llamara, allí, con pose seria y profesional, se encontraba la persona que más admiro y amo. Nuestros ojos se cruzaron y pude ver una leve sonrisa.

—¡Draco Malfoy!

Me acerqué al sombrero y antes de que estuviera sobre mi cabeza ya había gritado ‘¡Slytherin!’ Observé a Potter y le sonreí de medio lado. ¡Ojalá que hubiese funcionado y no quisiera ir a Slytherin!

Desde la mesa de mi casa escuchaba atentamente la selección, me sentía un poco mareado de tanta tensión.

—¡Harry Potter! —el sombrero hizo ruidos mostrando que se lo estaba pensando muchísimo. —Serías buen Slytherin... —No, no... ¡No, Potter no puede venir aquí! —¡Con qué Slytherin no! Mm... ¡Gryffindor! —respiré por fin aliviado, lo había conseguido.

Me acosté en la cama de mi habitación privada. Habíamos cenado hasta que fue la hora de que nos enseñaran el camino y las contraseñas de las salas comunes. Los demás se sorprendieron cuando vieron que tenía una habitación individual y algunos de ellos se molestaron. Serán envidiosos...

Por fin estaba en Hogwarts, a su lado, siendo su alumno, eso era lo único importante.

5 de septiembre, 1991

Me metí en la bañera de mi baño privado, la tibia agua acariciaba mi piel y resultaba muy reconfortante. Hacía cuatro días que habían empezado las clases y no podía estar más feliz.
En la primera clase de pociones, Severus dejó en ridículo a Potter, haciendo notar que no le agradaba en absoluto su presencia y me sumó puntos a mí al responder bien sus preguntas, felicitándome en el proceso. En la segunda habíamos tenido que realizar una poción que me salió genial, llevándome de nuevo alabanzas por parte de Sev.
‘Por suerte tenemos a alguien prometedor en las pociones.’ Dijo.

Me llevé las manos a la cara, mojándola en el proceso. Estaba sonrojado ante el simple recuerdo. Agarré la esponja y me puse a enjabonarme los brazos.

Las demás clases me iban bien, aunque el ritmo del colegio era frenético y, cuando podía hacía la vida de Potter imposible. No parecía un mal chico pero una parte de mí deseaba hacerle caer de la escoba o empujarle al gran lago.

Me di cuenta que al estar pensando en Potter estaba ejerciendo demasiada presión en mis brazos, quedando marcas rojizas en ellos.

Por mi culpa le habían elegido buscador del equipo de Gryffindor, convirtiéndose en uno de los más jóvenes jugadores de Hogwarts. Severus se quejó ante ese hecho pero al parecer el director no le hizo caso y no tuvo problema con que Potter jugara.

Me acomodé en la bañera y cerré los ojos, dejándome llevar por el suave olor a avena y el calor.

14 de octubre, 1991

Llamé fuertemente antes de entrar, pegando la oreja a la puerta. Dentro parecía no haber nadie.

—¿Profesor Snape? —la clase estaba completamente vacía. No era de extrañar, pues muy pronto sería la hora de la cena.

Severus salió de la sala donde guardaba los ingredientes y me miró.

—Draco, no sabía que estabas aquí.

—Acabo de llegar. —me acerqué a él para ayudarle, llevaba los brazos llenos de ingredientes.

—Gracias. ¿Necesitabas algo? Pronto será la hora de la cena. —no me miraba a los ojos, estaba demasiado ocupado ordenando la mesa.

—Lo sé. Sólo quería saber si podrías ayudarme algún día para realizar esencia de Murtlap y...

Severus levantó la mirada hacia mí. —¿Esencia de Murtlap? Aún te quedan algunos años para aprenderla.

—Ya. He leído el libro de primer año y practicado todas las pociones que hay en él. También he modificado un par de ellas con algunos de los ingredientes que me trajiste para mi cumpleaños. Traje tu regalo. —le sonreí.

Sev parecía completamente asombrado.

—Si no puedes...

—Ven el viernes, después de la cena. Te daré un permiso para el toque de queda.

—Gracias Sev.

Nos despedimos y me marché de allí.

18 de octubre, 1991

Me senté en la mesa del profesor, que Severus había preparado previamente. El majestuoso caldero estaba frente a mí, burbujeante con un color amarillo brillante.
Sev había preparado una, mostrándome como se hacía, para seguidamente dejarme hacer una a mí.

—¿Y cómo van las clases? —me preguntó mientras se aseguraba de que cortaba bien los ingredientes.

—Bien, no se me hace muy complicado, aunque me gustaría tener más clases de pociones...

—Serías un pocionista increíble si en el futuro eligieras esa opción.

Sonreí mientras echaba los ingredientes por orden y con los tiempos perfectos de por medio.

—¿Has traído tus apuntes de las pociones que modificaste?

Asentí. —Están en el pupitre. —Sev empezó a revisar mis apuntes en silencio.

—Es increíble. —susurró al cabo de un rato. Sentí mis mejillas acaloradas. —No como Potter...

Ese comentario encendió algo en mí que no pude controlar. Severus estaba pensando en Potter, estaba comparándome con él, y aunque fuese para mi beneficio, eso no me gustaba en absoluto. Apagué el caldero con una mirada ausente y vi como la poción, con un perfecto amarillo, dejaba de burbujear a pesar de seguir ardiendo.

En mi cabeza se debatía un duelo entre una idea y otra. Quería su atención completamente en mí, debía hacerlo aunque doliese. Metí levemente la mano en el líquido caliente y me quejé.

Sev en seguida se acercó a mí. —Lo siento, no sé que me ha pasado...

—Seguramente ya estás algo cansado. Es tarde. —me levantó, dejándome sentado en la mesa del profesor y cogió mi mano con suavidad, examinando mi quemadura. —No es muy grave, puedo curarla yo.

Quedé mirándole fijamente mientras buscaba el remedio para quemaduras. Sus movimientos eran ágiles y su ceño fruncido indicaba que estaba concentrado, solía hacerlo mucho cuando fabricaba pociones. En su mirada se podía ver la preocupación.
Volvió a mi lado y me puso la pasta cuidadosamente en mi piel enrojecida.

—¿Te duele mucho? Puedo darte una poción para ello.

Negué y me incliné un poco más hacia delante, dejando mi cabeza apoyada en su hombro. Con la cara enterrada en su cuello mis sentidos desvariaban, su olor era adictivo.

Sus brazos me rodearon para darme un firme abrazo.
Notas finales:
Ahora que llegamos a Hogwarts puedo comentaros que el fic tomará un compás en cuanto a sus capítulos. Los años en la escuela siempre durarán dos capítulos (uno de llegada y otro de salida) y después seguirá uno que será únicamente de las vacaciones de verano.

Sin más, recordad que podéis enviarme sugerencias o peticiones de parejas y/o situaciones que siempre hayáis querido leer pero que no sean muy habituales.

¡Nos leemos dentro de dos días! :D
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Noticias
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Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios