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31 de mayo, 1991

Lucius había salido por temas de negocio desde muy temprano y no volvería hasta la noche, además de algunos elfos que habían salido para hacer la compra y otros a cuidar de los jardines lejanos, era el día perfecto.

Me levanté y saqué unas sábanas atadas con nudos que había dejado la noche anterior preparadas bajo de la cama y, con ayuda de unos guantes, me descolgué por la ventana.

Miré alrededor, no había nadie. Corrí a una de las ventanas traseras que daba al despacho de Lucius y la rompí con un gran pedrusco que había escondido en uno de los arbustos. Lo sentí mucho por mi padre, él no tenía la culpa... Entré rápidamente poniendo todo patas arriba y me escondí en un pasillo secreto que había tras una de las estanterías.

Pasaron unos minutos en los que la casa se mostraba completamente silenciosa y tranquila. Al parecer no había alertado a nadie. Salí de allí y me dirigí al desierto pasillo.
La luz del sol aún era casi inexistente por lo que era complicado que me reconocieran de primeras si me descubrían. Agarré dos dagas decorativas pero afiladas que se encontraban en un pequeño mostrador y me pasé a las demás salas de la planta baja, dejando todo destrozado a mi paso.

Subí silenciosamente las escaleras, acercándome peligrosamente a la habitación de mis padres, donde Narcissa seguía durmiendo tranquilamente.

____

Lucius llegaba a su casa cuando se encontró la desagradable sorpresa de ver un gran grupo de aurores investigando allí.

—¿Qué ha ocurrido?

—Señor Malfoy, recibimos un llamado de uno de sus elfos, al parecer entraron en su casa.

—¿Cómo? ¡¿Están todos bien?!

—Tranquilícese por favor, señor Malfoy...

—¡No puedo, mi mujer y mi hijo están en casa! ¿Está él bien?

El auror miró a uno de sus compañeros.

—Su mujer... ha muerto, señor. Lo lamento. —cogió aire para darle la otra noticia. —A su hijo no lo encontramos, pero no pensamos parar hasta dar con él.

Lucius inmediatamente se puso a buscar junto con los aurores para encontrar a Draco, ni siquiera fue a ver el cadáver de su mujer, ya no había nada que hacer por ella, pero su hijo aún podía estar vivo.

—¡Draco! —gritó en la habitación del joven.

Todo estaba completamente revuelto y había huellas ensangrentadas de las manos del muchacho y gotas de sangre en la puerta y en una cajonera descolocada cercana, al parecer había intentado bloquearla con ella. ¿A dónde podría haber ido?

—¡Aquí! —gritó fuertemente un auror. Corrió hasta su posición. Allí, en el pasillo secreto del despacho de su padre, se encontraba Draco.

—¡Draco! —lo cogió con suavidad y observó como una daga se había instalado en su pierna que el joven, en un vano intento por no seguir sangrando, había cubierto con una tela. En cuánto vio a su padre se puso a llorar fuertemente.

—Llévenlo a San Mungo, acompañen a su padre con él. —autorizó el auror encargado del caso.

1 de junio, 1991

—No queremos hacértelo pasar mal pero necesitamos saber que ocurrió ayer para poder atrapar a la persona que hizo esto. ¿Estás dispuesto a responder algunas preguntas? —asentí, estaba semiacostado en la cama del hospital y con la pierna bien vendada. —Bien. Si en algún momento necesitas parar solamente tienes que decirlo. Empecemos. ¿Cómo te diste cuenta de que había alguien en casa?

—Creí escuchar que alguien subía las escaleras y pensé que podía ser madre.

—¿Recuerdas qué hora era? —una negación por mi parte. —¿Y qué ocurrió a continuación?

—Me asusté cuando escuche un jarrón romperse en la habitación de mis padres y corrí allí para ver que había pasado.

—¿Por qué fuiste allí?

—Pensé que podía haberse hecho daño. Mi madre estaba tomando algunas pociones para dormir y a veces se sentía mareada... Un día casi cae por las escaleras.

Los aurores confirmaron esa versión con la de Lucius, que también advertía de ello.

—¿Y qué ocurrió cuando llegaste allí?

—Había una persona buscando por los cajones y mi madre, e-ella... —mi respiración se agitó y mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Tranquilo, muchacho. Puedes tomarte el tiempo que necesites o no hablar de ello.

Asentí mientras aceptaba el pañuelo que uno de los aurores me acercaba, me sequé las lágrimas que ya corrían por mis mejillas y proseguí. —Mi madre tenía una daga clavada en la cabeza. Yo no sabía que hacer, comencé a llamarla y esa persona se acercó a mí.

El segundo auror interrumpió brevemente. —No mostraba signos de lucha.

—Dices que era una persona, ¿no sabes si era hombre o mujer?

—Era delgada y no muy alta. Si tenía pecho era muy poco, por eso no sé si era hombre o mujer...

—¿Y su rostro?

—Lo llevaba tapado con una tela negra, sólo se veían sus ojos.

—Si pudieras hacer alguna descripción de sus ojos sería de gran ayuda.

—Eran grandes y grises. —susurré con la mirada perdida, como si intentase recordar. —¡Tenía las cejas rubias!

—Como Lucius. —susurró el auror que estaba en la parte trasera.

—El señor Malfoy tiene coartada, además de que la persona que lo hizo parece indicar que es muggle. —dijo el auror que formulaba las preguntas.

—No era mi padre, tenía los ojos más claros y grandes. Y sus cejas... eran distintas.

El auror asintió y me dieron un pequeño descanso, dejándome solo en la habitación. Miré a la puerta, al parecer se lo estaban creyendo todo.

—¿Preparado para seguir, campeón? —dijo el auror volviéndose a sentar en la misma silla que había ocupado antes.

—Sí.

—Bien, nos habías contado que esa persona se acercó a ti. ¿Qué ocurrió?

—Me cogió del brazo y me intentó clavar la daga en el cuello, intenté esquivarlo aunque me cortó. —dije mostrando la herida de mi cuello. —Me empujó contra la pared y me clavo la daga en la pierna. Cogí uno de los jarrones que hay en el tocador y se lo rompí en la cabeza. Corrí como pude a mi habitación e intenté atrancar la puerta.

—¿Qué mueble usaste para ello?

—Una cajonera. Era lo más cerca que había y podía moverla. —el auror asintió haciéndole saber que podía continuar. —Me dolía muchísimo y sangraba... Cogí lo primero que encontré y me tapé la herida.

El mayor miró la pierna de Draco, recordaba la daga clavada en su carne.

—¿Por qué fuiste a tu habitación?

—No lo sé. No sabía que hacer y estaba herido.

—¿Y qué hiciste allí? ¿Cómo llegaste al piso inferior?

—En la mansión hay muchos pasadizos secretos que usan mucho los elfos para moverse entre la gente cuando hay fiestas muy grandes. Yo también los uso por diversión... —bajé la mirada avergonzado. —Hay uno en mi habitación que lleva a la cocina y de allí me fui al despacho de mi padre, para esconderme.

—¿Qué hizo esa persona mientras tú escapabas?

—No lo sé. Oía ruido pero solo... Solo quería esconderme en un lugar seguro. —dije con lágrimas en los ojos.

El otro auror silencioso incluyó datos. —Inspeccionemos la mansión y encontremos los pasillos con alguna pequeña marca de sangre del chico. También se revisó la puerta de su habitación, intentó ser forzada.

—¿Por qué el despacho de tu padre?

—Cuando era más pequeño mi padre solía decirme que era el lugar más tranquilo y seguro de la casa pero... Al llegar allí estaba todo abierto y habían muchas carpetas y libros por el suelo. Lo oí en el despacho, pensaba que venía a por mí...

—¿Te encontró?

Negué. —Huyó por la ventana rota. Poco después escuché ruidos arriba y la llegada de los aurores pero no me atrevía a salir...

—¿Recuerdas algo más o quieres contarnos alguna cosa?

Bajé la mirada.

—El día anterior mi madre había tomado una dosis más grande de su poción para dormir por mi culpa. Si yo no la hubiese hecho enfadar ella se habría despertado...

—¿Qué ocurrió?

—Discutí con ella porque yo quería invitar a alguien a mi cumpleaños, pero ella no y me gritó... La puse muy nerviosa y por eso tomó más poción...

El auror se acercó a mí y con un suave apretón en el hombro, en forma de apoyo, me susurró. —No fue tu culpa, chico.

____

Giliel había salido con cuidado al oír cristales partirse, alguien caminaba a oscuras por el pasillo y se dirigía a la escaleras. Ella, después de unos minutos, fue detrás y se escondió al ver al señorito que, con una daga clavada en la pierna, azotaba su puerta con violencia hasta que entró y escuchó muebles arrastrarse. Al cabo de unos minutos, los ruidos provenían del piso inferior.

Recordó los pasadizos que solía usar para llevar la comida al señorito a su habitación cuando estaba enfermo. Se asomó unos milímetros por la escalera para verle pasar y dirigirse al despacho del señor pero antes de desaparecer completamente, volvió a asomarse y la miró.

Giliel salió para disculparse pero Draco ya la había sujetado antes de que pudiera hacerlo. —Shh... Giliel te prohíbo contar esto, ahora ve a llamar a madre y a los aurores. Tú no sabes nada ¿entendido?

—S-si, señorito...

—Como digas algo tendré que enfadarme contigo al igual que me enfadé con madre y no quieres eso ¿verdad? —la elfina negó con fuerza. —Bien...

La soltó y se dirigió al despacho, donde al parecer se escondió por lo que pudo saber después.

Silenciosamente fue hasta la habitación de los señores, que tenía la puerta abierta de par en par y vio a la señora muerta. En seguida llamó a los aurores y quedó a su espera, guardando silencio cuando encontraron a Draco y éste le miraba con demasiada fijación.
Cuando preguntaron a los elfos ella afirmó que había llegado antes que los demás porque había terminado sus tareas y que al ver la casa hecha un desastre, corrió a avisar a su señora. Allí la encontró ya muerta y no vio a nadie sospechoso.

5 de junio, 1991

Tenía en mis manos un gran regalo de parte de Severus. Ya había abierto todos los demás y habían estado bien, pero ninguno tendría el mismo valor que el suyo. Me dispuse a abrirlo, completamente emocionado.

—Espero que realmente te guste.

El jardín de la mansión estaba a reventar de personas. Muchos hijos de sangre pura acompañados por sus padres y elfos que los cuidaban y servían, por lo que nos habíamos apartado durante algunos minutos a mi habitación, para que fuese algo más intimo.
Deslicé el perfecto lazo que envolvía el paquete. Un precioso caldero y muchos útiles para hacer pociones, acompañados por ingredientes seguros para realizarlas.

—¡Es genial! ¡Podré hacer pociones como tú! —miré a mi padrino que me sonreía.

—Podrás empezar unos meses antes de ir a Hogwarts. Espero que aproveches la ventaja, no te daré cuartel por ser mi dragón.

Sonreí sonrojado. Cada día contaba el tiempo que me quedaba para ver a Severus todos los días y con el añadido de que sería su alumno.

—¡Seré el mejor pocionista después de ti para hacerte sentir muy orgulloso!
Notas finales:
¿Alguien esperaba lo sucedido?
Me gustaría saber vuestras opiniones sobre el personaje de Draco. ¿Os apenáis por Narcissa?

Recordad que dentro de dos días seguirá la historia, así que si vosotros queréis nos leemos. Hasta entonces, ¡qué paséis unos felices días!
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios