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Notas del capítulo:
Hola, perritos, les comparto un nuevo capítulo. ¡Un nuevo personaje aparece!

¡GUAU! :3

En compañía de Zarek el tiempo parecía detenerse; poco a poco se había habituado a él a tal grado que buscaba abiertamente su compañía, sobre todo durante las horas de comida, en las que podía disfrutar de una charla amena. La tranquilidad se había convertido en una constante que Segen agradecía desde lo más profundo del corazón. Sin embargo, conforme pasaban los días, iba apartándose cada vez más de ese ambiente pacífico dado a lo avanzado de su condición. Estaba cada vez más ansioso, la espera se volvía más corta, y el día que había estado esperando con ilusión por fin llegó.

Alumbrar normalmente no representaba dificultad alguna para una criatura como él, los ángeles y demonios eran seres capaces de gestar en su vientre una nueva vida, más aun, el proceso no se limitaba a eso, sino que también se formaba un vínculo espiritual entre ambas almas, ofreciéndole al hijo protección en la medida de las propias habilidades mágicas del padre. Esta unión era momentánea y, una vez desarrollado el bebé, las almas de ambos debían de separarse para que el niño naciera.

Pese a ello, la frágil naturaleza de Segen lo había obligado a prepararse para el proceso de alumbramiento. De una criatura tan débil como él lo más que podía esperarse era que fuese capaz de concebir, sin embargo, dar a luz al hijo de un poderoso demonio como lo fue Kanrath resultaba ser un desafío casi imposible para el ángel. Sus capacidades mágicas eran bastante limitadas, lo cual le traía como resultado un inusitado agotamiento espiritual y físico. De ahí que Segen llevara una semana recibiendo sus alimentos en la cama, ya que estaba tan débil que ni siquiera podía ponerse de pie por sí mismo. Zarek había estado presente cada vez que lo necesitaba y él no podía más que agradecer constantemente su preocupación y cuidados.

Segen comenzó la labor al octavo día. Pasó toda la mañana tratando de desprenderse del alma de Karat, pero la unión era demasiado fuerte y resistía a sus vanos esfuerzos, dejándolo débil y fatigado. Intentó deshacer la unión que lo enlazaba al espíritu del niño tantas veces como pudo y todas ellas fracasó; el esfuerzo comenzaba a costarle caro: apenas podía mantenerse consiente mientras caía la tarde. El ángel tenía el rostro congestionado por el dolor y lágrimas de impotencia; los sirvientes trabajaban inútilmente intentando tranquilizarlo mientras le ayudaban a recuperar el aliento, pero apenas se concentraba en deshacer el vínculo con Karat, una tormenta de angustia se desataba dentro de él asolando su frágil alma. Ese último esfuerzo le costó la conciencia. El ángel quedó inmóvil, lánguido y febril mientras Zarek se aproximaba entre sombras.

El demonio había estado observando impávido el esfuerzo de Segen desde que comenzó el alumbramiento; al acercarse a la cama, los sirvientes que atendían al ángel se hicieron a un lado dejándole ver su estado deplorable. Colocó la palma de su mano sobre el vientre abultado de Segen, él abrió los ojos de golpe al sentirlo; era un roce suave, a la vez que brutal, que le cortó el aliento. Zarek le dedicó una mirada impasible antes de atraer el alma de Karat, apartando lentamente su mano del vientre del ángel. Segen se estremeció sollozante, ahogado en un grito de dolor, y un resplandor enceguecedor se asomó en el centro de su cuerpo iluminándolo todo.

El espíritu de Karat surgió delante de un imperturbable Zarek y su padre, quien yacía inconsciente nuevamente. Pronto, el fulgor comenzó a cobrar la forma de un pequeño niño que se mecía levitando por su cuenta. Zarek lo tomó con cuidado mientras se balanceaba suspendido en el aire, lo recostó a un lado de Segen y despidió a los sirvientes que estaban en la habitación. Segen parecía ser más frágil que el propio Karat; el ángel estaba exhausto aunque mantenía en su rostro un gesto sereno, casi dulce, que le sumaba ternura a cada uno de los finos rasgos de su cara. Zarek formó una esfera de energía que bailó entre sus garras rojas, la acercó hasta el ángel y la colocó en su pecho donde terminó por ser absorbida. Aquello le devolvería las fuerzas a Segen y le ayudaría a recuperarse más rápido, sólo era cuestión de tiempo. Zarek esperó durante una hora pero nada sucedió. Convencido de que ninguno de los dos despertaría, abandonó la habitación en silencio.

Ya era media noche cuando regresó donde Segen, sin hacer ruido se acercó hasta el dosel de la cama y miró cómo el pequeño se removía entre los exhaustos brazos del ángel que lo resguardaba contra su pecho; estudió una a una las facciones del bebé: grandes ojos violáceos le devolvían una mirada llena de curiosa inocencia; tenía una nariz pequeña, afilada; delicados labios que se enrojecían, contrastando con el tono claro, casi lechoso, de su piel y su cabello era una pelusa castaña muy fina; pese a sus regordetas mejillas sonrosadas, a Zarek no le tomó mucho tiempo deducir que, al crecer, Karat se convertiría en el retrato vivo de su padre. Sonrió al verlo gesticular mientras pedía alimento con su diminuta boca, acercó una mano para acariciarle una de sus suaves mejillas. Por último, se inclinó, envolvió al niño en un delicado paño aterciopelado color salmón y cargó con él muy despacio, le acercó una botella de leche tibia que Karat apresuró de inmediato.

Segen comenzó a removerse inquieto al sentir ausente el calor del bebé, lo buscó a oscuras, desesperadamente, el pánico le arrebató el sueño cuando descubrió que no se encontraba en ningún lugar cercano. Con sus ojos azules entreabiertos, no tardó en encontrarse con aquella imagen tan dulce. —Zarek... —susurró aliviado, esbozando una sonrisa tenue.

—No quise despertarte —le contestó despacio, acunando al niño entre sus fuertes brazos.

—Está bien, me siento mejor y ya he descansado suficiente —dijo mientras se incorporaba con dificultad, observando cómo el pequeño parecía sentirse bastante cómodo con él—. Creo que a Karat le gustas.

Meció al niño mientras éste bebía, acarició con el meñique su carita, el pequeño aceptó de buen agrado el gesto, ajeno al peligroso recorrido que trazaba la garra carmesí de Zarek —Él a mí también me gusta.

Karat se agitó tan sólo por escuchar la voz suave de Zarek, alzó con torpeza sus manos y rozó de forma burda uno de sus largos dedos. Segen sólo pudo sonreír al escuchar sus palabras, suspiró al mirar a su pequeño jugueteando. —Nunca pensé que sería tan hermoso y se parece tanto a Kanrath... —El recuerdo de su amor perdido lo golpeó muy hondo, reabriendo una herida que se negaba a sanar. Disimuló el quebranto de su voz para no perturbar la serenidad del niño, sin embargo, por sus mejillas las lágrimas se derramaban en abundancia—. Desearía que él estuviera aquí —sollozó sin poder contenerse más.

Zarek lo observó mientras se estremecía presa del llanto y decidió acercarse un poco a él; Segen levantó la mirada y sus ojos se encontraron. El demonio repitió el ademán, deslizó lentamente sus dedos pálidos por una de sus mejillas para limpiarle las lágrimas, acariciando su piel blanca. —Kanrath estaría orgulloso.

Aquel gesto bastó para que se derrumbara frente a Zarek. La angustia volvió a engullirlo por completo, sentía sofocarse su corazón entre tanto sufrimiento, resistiendo apenas el tormento que la muerte de Kanrath dejó en él. Lloró buscando alivio desesperadamente. Tomó con una de sus pequeñas manos los dedos largos del demonio, apresándolos con firmeza, sintiéndose necesitado de afecto y ternura, aquello que tanta falta le hacía.

La reacción de Segen lo había tomado por sorpresa, Zarek se puso a la altura de Segen para depositar el bebé en su regazo. Karat se había quedado dormido a mitad de su comida y sólo de vez en cuando bebía un trago de leche. Entre lamentos cargados de pena, el ángel recibió el peso ligero del niño y lo tomó con sumo cuidado y amor entre sus brazos, terminando así con la caricia de Zarek. Le retiró la botella de sus labios sin que el niño despertara y llenó su carita de cariñosos besos y lágrimas amargas. Sentir el dulce calor del pequeño sólo alimentó su angustia; Segen se estremecía desconsolado, cargando en brazos a ese niño que había concebido lleno de esperanza con Kanrath.

Una vez que Segen sujetó al bebé, Zarek se sentó por un lado y recostó al ángel contra su pecho, compartiendo con ellos un abrazo reconfortante. Segen sostenía lánguidamente a Karat y encontró refugió ante el dolor entre los brazos de ese hombre, se aferró a él con fuerza, ansiando hallar consuelo en la calidez que ofrecía su cuerpo. Segen dejaba escapar una parte de su vida con cada lágrima, ante la desdicha y el desconsuelo, sólo la presencia de Karat le daba un motivo para continuar con su vacía existencia, debía ser fuerte y sobreponerse por él, sólo por él. Desahogó toda esa amargura que venía consumiéndolo desde hacía meses a través de un lamento largo; el abrazo lo consolaba sin que se diera cuenta, haciéndole sentir un poco más seguro y protegido.

Zarek se mantuvo inamovible, permitiéndole a Segen llorar tanto como fuese necesario; muy despacio comenzó a acariciarle la espalda una y otra vez con suavidad. El roce inesperado le hizo levantar su rostro lloroso para encontrarse con mirada rubí de Zarek —¿P-puedo... puedo quedarme así un poco más? —murmuró con la voz entrecortada por el llanto. El demonio concedió con un asentimiento mudo, sujetando el cuerpo de Segen y levantándolo hasta dejarlo sobre su regazo para estrecharlo entre sus brazos.

Se había dejado hacer por Zarek, encontrando en su pecho calidez, ternura; la sensación le resultó extraña a la vez que familiar, como si se tratase de una añoranza. El recuerdo de Kanrath le atenazó el alma y su llanto se tornó tan desesperante que en ocasiones lo dejaba sin aliento. Pasaron varias horas antes de que el sollozo del ángel comenzara a debilitarse hasta convertirse en un lamento quedo; al final, sólo dio un suspiro pesado y terminó por rendirse ante el cansancio, quedándose dormido ahí mismo, aferrado a su pequeño y al demonio que los envolvía con cuidado entre sus brazos.

Al verlo, Zarek, de igual manera, se recostó holgadamente contra la cabecera acolchada de la cama, dejando que sus largos cabellos platinados cayeran por su espalda y costados; después de unos minutos, sólo la respiración pausada de Karat y Segen se escuchaba en la habitación. Zarek cerró sus ojos para descansar.

La tierna luz de la mañana fue lo que le hizo despertar. Se desperezó muy despacio, sintiéndose inesperadamente cómodo; pese a todo el tiempo que había pasado en ese lugar, ésa era la primera vez que una sensación de completa tranquilidad le llenaba por dentro. Karat se removió aún entre sueños, atrayendo su atención; tuvo que bajar la mirada para encontrarlo acurrucado entre su pecho y el de Zarek. El recuerdo de la noche anterior volvió a él de golpe y cuando Segen cayó en cuenta de la posición en la que se había quedado dormido, de súbito se apartó del demonio, sintiéndose demasiado avergonzado ante lo impropio de su comportamiento.

—Ya despertaste —le dijo con su usual calma.

Él asintió sin atreverse a mirarlo a los ojos —Mi comportamiento no fue el adecuado anoche, perdí el control, lo siento. Debió ser muy incómodo para ti, te ruego que me disculpes, Zarek —murmuró con una breve inclinación de cabeza y sintiendo el calor subirle al rostro—. Aun así, te agradezco que permanecieras a mi lado... —dijo ofreciéndole una sonrisa breve.

—No hay ningún problema —contestó con simpleza, levantándose de la cama de Segen, teniendo cuidado al dejar el niño en sus brazos.

Lo vio ponerse de pie y comprendió que se disponía a retirarse de la habitación; le dedico una mirada dulce al bebé que ponía todo su empeño en seguir dormido —Zarek, si deseas ver a Karat puedes hacerlo a la hora lo desees. Eso lo hará muy feliz.

—Lo haré —dijo antes de salir con la intención de refrescarse.

Segen despidió al demonio con una sonrisa, el sonido de la puerta al cerrarse terminó por despertar a Karat, quien parecía atrapar la luz del día en su rostro; la idea de recostarlo sobre su pecho mientras le veía con esos enromes ojos llenos de inocencia hacía rebosar de alegría su corazón y amenizaba su sufrimiento, porque ya no importaba nada más que colmar a Karat de mimos y cuidados tiernos, amarlo sin razón ni medida, amarlo más que a la propia vida, más allá del límite de su existencia. Dejó un beso tierno en su cabeza, el niño recibió más que feliz el gesto y Segen le prometió en secreto dedicar su vida entera a hacerlo sonreír así.


Notas finales:
¡Gracias por leer, guau! Si quieres estar al pendiente de nuevas actualizaciones y algunas curiosidades del mundo fanfiction, te recomiendo que le des like a la página del Señor Perrito:

https://www.facebook.com/seniorperrito/

¡Está perrísima, guau! :3
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Noticias
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 38 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios