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Notas del capítulo:
¡Bienvenidos otra vez, perritos!

Les traigo un nuevo capítulo, espero que lo disfruten. ¡Guau! :3

Esa noche volvió a soñarlo. Kanrath lo miraba con ese gesto adusto tan suyo mientras el viento le cortaba la piel, una ráfaga tras otra fueron adentrándosele en la carne hasta dejarla hecha jirones; lloraba, lágrimas de sangre dejaban surcos en sus mejillas pálidas. Él no podía hacer nada además de verlo, estaba sumergido hasta el pecho en una masa pegajosa y negra que amenazaba con romperle los huesos cada vez que luchaba por liberarse; ansiaba estar a su lado, consolarlo de alguna forma, desvanecer el dolor que le había desfigurado el rostro. No pasó demasiado tiempo antes de que Kanrath se convirtiera en un amasijo de sangre y vísceras frente a sus ojos. Quedó desolado y el enorme peso de su pérdida se instaló en lo más profundo de su alma. La oscuridad se ciñó sobre él, se apoderó de su cuerpo y ahondó sus entrañas mientras lo consumía todo; una oleada de miedo atravesó su corazón cuando sintió un puño invisible comprimiéndole el vientre. Entonces despertó gritando. Jadeaba. Lo primero que hizo fue llevarse una mano hasta el sito donde descansaba su pequeño, le temblaron los dedos mientras lo acariciaba y paseaba su mirada por la habitación; por un momento se sintió aterrado al no reconocer de inmediato aquel lugar. Se incorporó alarmado, sintió un fuerte mareo al hacerlo de golpe, aquello le sirvió para tranquilizarse e identificar de a poco el sitio.

Para Segen, el tiempo que pasó dormido después de beber la pócima fue de completa calma, noches perfectas sin sueños ni pesadillas que lo atormentaran. El descanso había dado tregua a su desconsuelo, sin embargo, el efecto de la poción pasó tan rápido que el recuerdo de Kanrath estaría ahí, esperándolo, en cuanto volviera a cerrar los ojos.

No tuvo que mirar por la ventana para darse cuenta que ya había caído la noche, sólo la luz de la luna se filtraba por el ventanal; recordó las palabras de Zarek. Encontró una muda limpia al pie de su cama y no tardó mucho en inclinarse por tomar un baño para despejarse del mal sueño. Tardó más de lo previsto en asearse, hacía tiempo no sentía la caricia reconfortante del agua caliente por lo que se permitió ese pequeño gusto durante horas. Sentado en el borde de la cama secaba sus cabellos cobrizos, estaban más largos de lo que acostumbraba llevarlos, le cubrían los hombros y mantenían una apariencia quebradiza, así como el resto de él parecía estar a punto de romperse. Vistió las prendas que Zarek había dejado: un conjunto de fresco algodón color arena con un elaborado bordado en hilos de oro; el sonido de la puerta lo tomó desprevenido.

—La cena está lista, Segen. —Zarek tocó un par de veces antes de abrir.

Volvió la mirada para encontrarse con los ojos brillantes del demonio, inclinó la cabeza un momento al responder. —En un momento estaré contigo, Zarek —dijo terminando de secar su cabello y cepillarlo. Se puso en pie y caminó despacio hacia donde se encontraba; él vestía un atuendo similar que, aunque sencillo, resaltaba el buen gusto y la belleza natural de Zarek: una túnica negra confeccionada con satén damasco, en la cintilla del reborde que rozaba sus muslos había rubíes y ópalos rematados con hilos de plata, llevaba pantalones a juego e iba cómodamente descalzo—. Estoy listo —anunció al llegar a su lado.

—Vamos entonces —indicó mientras caminaban tranquilamente—. Mi habitación está en el siguiente corredor, fuera de ese lugar eres libre de ir a donde desees.

Era la primera vez que se encontraba en un lugar tan lujoso como el castillo de Zarek, cada cosa guardaba un orden y una armonía perfecta, tan diferente a cualquier cosa a la que hubiese estado acostumbrado hasta ese momento: la alfombra del corredor había sido confeccionada con el más exquisito de los cuidados, sobre un tierno tono crema se entretejían orquídeas y lotos con los pétalos bien abiertos; los muros del castillo eran mármol puro, de ellos brotaban apéndices que sostenían estatuillas, figuritas, jarroncillos y cajitas, todos ellos tan ornamentados como preciosos; Segen observaba con atención cada detalle del corredor, intentando no perderse la explicación del demonio. Asintió vagamente al echar un vistazo hacia donde él indicaba, lo siguió sintiéndose cada vez más admirado ante la elegancia de ese lugar.

Zarek lo condujo hasta el descanso de una enorme escalera que se abría como abanico sobre el salón principal, por sus escalones negros bajaba una sencilla alfombra de hilos de oro, un par de franjas carmesí la delimitaban y se extendían junto a ella hasta la formidable puerta de roble que hacía de entrada. Segen tocó la barandilla de oro fundido, se detuvo a mirar con extrañeza esos diamantes incrustados que no creía haber visto antes, a decir verdad, no recordaba siquiera haber notado a su llegada los vitrales que recorrían de lado a lado la estancia, ni las criaturas talladas en las paredes del castillo que recibían a los visitantes, pero lo que más le sorprendió fue no haber sido consciente del bullicio que ahí había. Los sirvientes los recibían al pasar, terminaban sus deberes, salían y luego entraban más. Todos atendían con devoción al demonio y no había uno solo que no fuera humano. Antes de que pudiera continuar pensando en ello, Zarek lo guió al gran comedor donde una abundante cena les esperaba; él fue el primero en adelantarse, tomó una pesada silla tallada en caoba e hizo espacio para que el ángel tomara asiento.

La mesa se extendía hasta abarcar casi todo el salón y por encima de ella se encontraba colgando un candelabro de cristal pulido, la iluminación del comedor era suficiente para arrancarle todos los colores de arcoíris cada vez que una brisa suave lo meciera. En ese castillo todo era lujo y elegancia. El gesto de Zarek lo sacó del embeleso; parpadeó varias veces antes de comprender qué era lo que pretendía, al descubrirlo se sintió aún más incómodo que antes pero terminó por responderle con la misma cortesía; aquel tipo de atenciones eran demasiado nuevas para él, por lo que no pudo dejar de lado esa sensación de extrañeza. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para aquellos pensamientos pues el olor de la comida pronto lo distrajo; observó los platillos dispuestos sobre una vajilla de porcelana fina con asombro y notorio apetito. —Todo luce delicioso.

Con un gesto de su mano despachó a los hombres y mujeres que esperaban atentos sus órdenes. Tomó asiento en la cabecera de la mesa, sirvió una copa de vino tinto al ángel y otra para él mismo, la cogió entre sus dedos coronados con garras transparentes y rojizas. —Sírvete, por favor. —Lo invitó mientras daba un sorbo.

El comportamiento de Zarek reflejaba un alto grado de refinamiento y cierta magnificencia que a Segen le despertaba una sensación bastante peculiar. Su vida siempre estuvo rodeada de una reconfortante sencillez que ahora había sido reemplazada por elegancia en demasía, tanto lujo lo sofocaba al punto en que no podía evitar sentirse incómodo y algo más: lo desconocido siempre desataba los temores del pequeño ángel. Tampoco podía renegar de aquel lugar, el castillo destilaba un aura de serenidad en la que había conseguido sentirse acogido; tal vez todo se reducía a que simplemente acostumbraba recibir un trato más rudo y cálido. Como quiera que fuese, no se sentía en la disposición de continuar emitiendo juicios o quejarse, Zarek era el único apoyo que su pequeño y él tenían en todo el mundo. Segen tomó la copa y se la llevó a los labios para disfrutar del sabor dulce del vino especiado; terminó por relamerse al dejar de beber. —Es exquisito —dijo antes de volver su atención a los platillos, se decidió por tomar una rodaja de jamón ahumado, un corte de carne de venado asada, la rabadilla de un lechón enmielado y otro corte de lomo de ternera, todo lo acompañaría con pan recién horneado, crema de setas silvestres y un tazón de sopa—. Gracias por la comida —dijo antes de tomar un bocado considerable.

Zarek se llenó una copa más de vino y observó el plato del ángel. —No deberías comer sólo carne, es necesario que también te alimentes con verduras.

Miró confuso su propio plato sin entender muy bien a qué se refería con aquello. —¿Por qué dices eso? La carne es beneficiosa, te hace más fuerte y tiene un mejor sabor; es buena —contestó muy convencido de sus palabras.

—Pero debes complementar tus platillos con algunos vegetales. Tu hijo los necesita para crecer saludable.

Escuchó atento lo que decía. Segen miró fijamente el platillo de ensaladas que estaba justo frente a él, dudó un momento antes de pinchar una pequeñísima porción para colocarla sobre en el plato, su comida por fin estaba completa; por cada bocado comía un pequeño trozo de verdura y aunque le tomó algo de tiempo pudo terminarlas todas —Con eso será suficiente —se dijo tomando una nueva porción.

—No, no es así —Zarek abandonó su asiento y se acercó al ángel—. Permíteme —cogió su plato antes de que pusiera en él un costillar adobado; en una pieza de porcelana limpia le sirvió una cama de hojas sueltas de lechuga y berros, le agregó pimientos asados, apio, trocitos de pollo cocido con cubitos de queso semicurado y aceitunas que salpicó con nueces y piñones. Segen se quedó pasmado al mirar la forma en que Zarek mismo se disponía a preparar aquel fastuoso platillo; no creía haber sido tratado de igual manera antes y no pudo evitar sentirse abochornado, al mismo tiempo que agradecido. Siguió cada uno de sus elegantes movimientos con sus ojos azules; en silencio, admiraba esa manera tan particular de actuar.

Al terminar dejó el plato frente a él, puso a su disposición un par de cubiertos de plata, luego le sirvió dos copas: una de agua y otra de vino blanco espumoso. —Listo —anunció al regresar a su lugar—. Espero que sea de tu agrado.

Tras una inclinación de cabeza volvió su atención al platillo recién servido. —Te lo agradezco, Zarek —No tuvo más remedio que comenzar, pinchó primero las piezas de pollo, acompañándolas siempre con aquel delicioso vino, dejó para el último todas las verduras, que si bien lucían sumamente llamativas, encontraba tan poco apetitosas.

Zarek esbozó una sonrisa breve al descubrir el gesto disgustado del ángel. —Sé que desagrada, pero has pasado por un largo periodo de inanición, tu cuerpo se ha debilitado. Además eres muy pequeño, tu condición es delicada y necesitas recuperarte.

Sintió su rostro enrojecer al ser descubierto de esa manera, miró a Zarek y terminó por tomar unas cuantas verduras más. —Debo mejorar para que él esté bien —murmuró pensando que ese sería el menor de los sacrificios que sería capaz de hacer por su hijo, aunque también creía que sería el más desagradable de todos. Segen terminó por obedecerlo, para su satisfacción; lo dejó comer tanto como quisiera por lo que pasaron poco tiempo hablando. Cuando terminó, el demonio le tendió una copa de helado con crema batida, galletas y jarabe de chocolate; Zarek tomó para sí un poco de frutas con miel. —Es el postre —comentó.

La actitud de Zarek no dejaba de sorprenderlo; tomó y comió lo que le ofrecía con gusto, encontrando ese platillo mucho más agradable que las verduras. —Gra-gracias, también está delicioso —señaló, repetiría varias veces más el postre al pensar que esa comida resultaría igualmente beneficiosa para el pequeño. Ya finalizada la cena, el demonio dejó su asiento—. Voy a salir, tengo que prepararme. Mientras tanto, siéntete libre de hacer lo que te plazca en este lugar. Hay un campo de protección en todo momento, aun así, no te recomiendo que salgas al bosque cuando esté oscuro.

Segen prestó atención a las indicaciones de Zarek y asintió a cada una de ellas, sin poder sentir otra cosa más que agradecimiento. —Entiendo, haré lo que tú digas —contestó decidido a quedarse en el comedor un momento más para seguir disfrutando de una nueva copa de helado—. Por favor, ten cuidado.

—No es necesario —dijo antes de salir del lugar.

Las proporciones del castillo eran descomunales, las paredes de mármol se alzaban tan altas que costaba ver donde terminaban, los ventanales atrapaban toda la luz del sol, incluso el camino tapizado de piedras preciosas que discurría desde la puerta principal hasta perderse en los alrededores era precioso. La bruma boscosa, la geografía accidentada en la que se alzaba el impetuoso castillo —descansando en lo más alto de una montaña que daba al vacío—, al igual que innumerables conjuros antiguos, mantenían oculto el territorio de Zarek, apartado del peligro y los horrores insondables que habitaban el Infierno.

Después de que Zarek partiera la vida en el castillo transcurrió de lo más normal, dos meses completos pasaron y Segen poco a poco fue acostumbrándose a disfrutar de la calma de los días. Serenidad y paz era lo que necesitaba para sanarse las heridas del alma. De todos los lugares su favorito era el jardín, ahí se tomó la libertad de construir un pequeño sepulcro para Kanrath en un lugar apartado, había cubierto el montículo de tierra con una pieza de terciopelo púrpura y lo adornaba con rosas rojas cada día. Era algo sencillo, pero ahí podía llorar su ausencia y recordar todos los momentos que habían vivido juntos, también rezaba por ese pequeño vínculo que aún los mantenía unidos. El niño que llevaba en el vientre había comenzado a crecer, se hacía más fuerte y cada vez estaba más próximo el momento en que podría sostenerlo entre sus brazos; eso le llenaba el corazón de esperanza, felicidad e ilusión.

Comenzaba a caer la noche cuando regresaba del jardín, se había pasado la mayor parte de la tarde plantando semillas de rosa alrededor del túmulo por lo que su túnica de seda blanca estaba salpicada de manchones de tierra, raíces rotas y hojas secas por doquier, entre sus ropas ya se asomaba el pequeño vientre abultado del ángel, con lo que se hacía más notoria su condición. Se encontraron en el sendero que llevaba al castillo, cuando Zarek regresaba de cazar; los ojos del demonio refulgían como llamas vivas mientras se paseaba con elegancia poniendo rumbo a la puerta principal. Segen lo miró desde lo lejos, apresuró el paso y pronto pudo alcanzarlo.

—Has vuelto —dijo a sus espaldas con alegría, sintiéndose aliviado y feliz de verlo: usaba un levita negra con broches rematados con latón en los puños y el pecho; una cintilla de piel oscura bajaba desde su hombro izquierdo hasta perderse por la derecha, en su cintura; su pantalón era color humo y unas pesadas botas de cuero complementaban el elegante atuendo del demonio—. Bienvenido, Zarek —le dijo con una gran sonrisa.

Se volvió para mirarlo. Segen tenía un mejor aspecto, lucía sano pues había recuperado buena parte de su peso y el color de su piel era más brillante, también se había recortado el cabello, lo llevaba por debajo de las orejas y su flequillo le cubría traviesamente los ojos, resaltando la apariencia infantil de su rostro; pese a todo, seguía pareciéndole tan quebradizo y frágil como un simple humano. Le extendió el par de paquetes que llevaba en brazos. —Son para ti.

Miró fascinado el lazo negro que mantenía unidas ambas cajas e inclinó su cabeza. —Gracias —dijo antes de tomarlas entre sus manos—, pero, ¿qué son? —preguntó sin poder apartar la curiosidad.

—Regalos: ropa para ti y tu bebé —dijo colocando su mano grande sobre el vientre del ángel.

Ese gesto lo tomó por sorpresa, se quedó inmóvil sin poder evitar que una mezcla de incomodidad y nerviosismo le robaran el habla. El roce del demonio era cuidadoso y suave, con lo que se sentía cada vez más inquieto; el peso liviano de los paquetes hizo que devolviera su atención a ellos. Estaban envueltos en papel metálico rosado que destellaba al ser tocado por la tenue luz del crepúsculo; el más pequeño estaba encima del mayor. Su rostro reflejó la ternura que ese obsequio despertaba en él; lo invadió el anhelo de sostener en brazos a ese hijo que había concebido junto a Kanrath con tanto amor. La pena hizo estremecer su corazón frágil. —Zarek, usé una parte de tu jardín para honrar la memoria de Kanrath; pienso que es importante para él saber quién fue su padre... espero que no te moleste —dijo conteniendo apenas las lágrimas.

—No, está bien, puedes hacer lo que desees. Aunque, tu hijo siempre sabrá quién fue su padre, estoy seguro que será un digno hijo de Kanrath. —Apartó la mano de su vientre y se alejó un poco para darle espacio—. Ya es hora de la cena, Segen.

Las palabras de Zarek lo conmovían todavía más; se esforzó por sobreponerse al dolor, limpiando con insistencia aquellas lágrimas. —Es verdad, será bueno tener compañía en el comedor —Hizo su mejor esfuerzo por sonreírle.

—Vamos entonces.

Anduvieron por todo el camino hasta la entrada principal, una vez ahí, Zarek extendió su mano para que él cruzara las puertas del castillo primero. Observó confundido su ademán y titubeó antes de comenzar a caminar hacia el comedor; pensaba que tardaría mucho tiempo en acostumbrarse a recibir ese tipo de trato.

Zarek fue recibido por sirvientes que se desvivían por complacerlo; no tuvo que decir nada, antes de que llegaran al comedor un banquete ya los esperaba. Segen se acercó hasta una mesita de caoba finamente tallada, frente a un candelero —cada uno de sus tres brazos sostenía una vela negra sobre la que bailaba el fuego— dejó los obsequios y tomó asiento. Zarek se dirigió a su sitio, en la cabecera de la mesa, sirvió un poco de vino amaderado para el ángel.

—¿Has pensando en algún nombre?

Por un momento había olvidado lo grácil que podía resultar Zarek al moverse, su delicadeza le resultó tan desconcertante como abrumadora; lo contempló desde su lugar, cruzado de piernas y con el mentón descansando apenas sobre el dorso de sus dedos, le devolvía una mirada cálida llena de curiosidad. Tomó con cuidado la copa, llevándola a sus labios para degustar al sabor dulce del vino. —Karat —susurró sin poder evitar que en su voz pusiera en evidencia la ilusión que aquello despertaba en él—. Lo decidimos hace tiempo, cuando Kanrath... —Se detuvo sintiendo de nuevo como su corazón se estrujaba de dolor. Llevó nuevamente la copa a sus labios, no deseaba hacer incomodar a Zarek, después de todo recién llegaba de un largo viaje.

—Entiendo —dijo mientras servía diferentes cortes de carne en la vistosa vajilla de plata; colocó un plato frente al ángel y luego se sirvió sus propios alimentos—. Karat. Es un nombre precioso, Segen. —Zarek bebió un sorbo más de vino—. Dime, ¿ya te has adaptado al lugar?

Agradeció internamente que la conversación tomara un rumbo distinto; recobró el ánimo y asintió. —Es difícil sentirse incómodo en un sitio como éste. Todo aquí es muy tranquilo y bello. Me gusta. —Distraído, se llevaba un bocado tras otro a los labios.

—¿No has ido a pasear por el bosque? Es un lugar muy agradable también.

Negó en silencio, dándose un momento para saborear aquel delicioso trocito de carne; ignoraba por completo a las hojas verdes que se asomaban en el plato. —El jardín y el castillo son lo suficientemente seguros y hermosos, no hay necesidad de ir más allá.

—El bosque también lo es, pero si no deseas ir, está bien —dijo comiendo un bocado; no tardó mucho en darse cuenta de las intenciones del ángel—. Segen, dejaste de comer tus verduras.

Se ruborizó al ser descubierto. —Sé que dijiste que debía comerlas, pero no tienen buen sabor, son realmente desagradables. Prefiero la carne. Además ya he comido suficiente ensalada, nunca antes había llenado mis platos con tantos vegetales. Karat no necesitará más.

—¿Y cómo es que lo sabes? ¿Sólo porque a ti no te agrada el sabor?

—Lo siento. —Bajó la cabeza con resignación y tomó una buena porción de ensalada para comerla—. ¿Te quedarás en el castillo esta vez?

—Sí, hasta que nazca tu hijo. Así podré supervisarte ya que, por lo que veo, no has seguido mis indicaciones.

Segen agradecía la preocupación de Zarek, por lo que no pudo evitar sentirse culpable. —Por favor, discúlpame, haré lo que tú digas —dijo cada vez más avergonzado de sí mismo—. Sé que tu tiempo es muy valioso, aun así, me alegro de que vayas a estar aquí; serás la primera persona a la que Karat conozca, Zarek.

—Así será. Estaré para él y para ti.

Sólo pudo responder con una sonrisa amplia. —No sé cuántas veces lo he dicho ya pero: Gracias, Zarek. Tu compañía será muy valiosa para el pequeño, él aprenderá de ti cosas que yo jamás podré enseñarle. Bueno, claro, si tú lo deseas.

—No hay nada que agradecer. —Ya había terminado con la comida, sus dedos largos tomaron una copa más del rojizo vino y miró al ángel a los ojos—. Karat sabrá cómo ser un demonio y un ángel a la vez, se convertirá en un nephilim muy equilibrado. Lo haremos bien.

Segen acarició la curvatura de su vientre y la palabra resonó en su cabeza. Nephilim. Ése era el nombre que recibía el hijo concebido por un ángel y un demonio, aunque también solían llamarlos monstruos, abominaciones, frutos del pecado. La mezcla de dos seres completamente opuestos en su naturaleza daba como resultado una criatura fascinante que disponía sin restricciones de todas las habilidades mágicas de ambas razas. Como aliados resultaban ser un instrumento de guerra infalible en la mayoría de los casos, pero como enemigos eran terribles, por esa razón los ángeles los asesinaban cuando aún estaban en la cuna.

Nephilim. La palabra se le clavó en el pecho y por un momento volvió a sentirse tan asustado como cuando tuvo que ocultarse dentro de aquel baúl. Volvió su mirada hacía Zarek, él lo veía convencido de sus propias palabras como si tuviera la certeza de que todo iría bien en adelante; Segen encontró en él toda la confianza que le faltaba. Nadie como Zarek sabía despejar sus miedos e inseguridades, pues se había convertido en un pilar imperturbable que podía buscar cada vez que necesitara apoyo. Cuando se dio cuenta de ello en sus labios se asomó el atisbo de una sonrisa. Continuó picando la ensalada hasta que quedó satisfecho; dirigió una mirada curiosa hacia el paquete elegantemente adornado. —Desearía ver qué tipo de ropas son las que trajiste —dijo yendo por el obsequio para colocarlo con cuidado sobre la mesa—. ¿Está bien si lo abro aquí? —Observaba fascinado la envoltura.

—Sí, adelante. Espero que sean de tu agrado, Segen.

Más que contento comenzó a desenvolver el regalo más pequeño, encontró pronto un conjunto de prendas sumamente hermoso y elegante: una túnica de vuelo elaborada con terciopelo de seda blanca, bordada con finos hilos de oro cuyo ornamentado diseño floral se distribuía en torno al cuello y pecho hasta los costados, llegando a la parte posterior donde las rosas se entretejían formando un delicado pico, los puños, amplísimos, compartían esta misma disposición; los pantalones lisos estaban confeccionados con el mismo material y las zapatillas que complementaban el atuendo parecían ser muy cómodas. Segen observó con detenimiento el trajecito y lo acarició con ternura. —Oh, Zarek, ¿dónde conseguiste algo tan bello? Es perfecto —Había curiosidad y asombro en su voz, pues ese atuendo sólo se comparaba en belleza a las ropas que el mismo Zarek usaba.

—Una mujer, humana, su trabajo es exquisito.

—¿Humana? —Lo miró con extrañeza. Era común que los demonios más jóvenes acecharan a los humanos de la Tierra, ellos encontraban mórbidamente divertido causar horror y caos por donde pasaran, pues los hombres eran las presas más débiles que había, de espíritu frágil, tan fáciles de manipular que no representaban peligro alguno ni requerían el más mínimo esfuerzo; lo más usual era que con el transcurso de unos cuantos siglos la novedad se convirtiera en aburrimiento y, con el paso del tiempo, para un demonio antiguo como Zarek la humanidad se convirtiera en no más que una raza insignificante cuya existencia era preferible ignorar. Por esa razón, que Zarek mantuviera un vínculo con los humanos despertaba en él tanta curiosidad—. ¿Sueles ir con frecuencia al mundo de los humanos?

—Sí, cuando viajo ése es mi destino habitual.

Encontró fascinante esa respuesta, aunque no inesperada. Durante los meses que Zarek se ausentó fue testigo del constante ir y venir de sus sirvientes humanos, duraban apenas dos semanas en el castillo cuando ya eran reemplazados por alguien distinto. Segen siempre supo que en algún lugar debía haber un portal que conectara ambos mundos, aunque hasta ese momento pensaba que era utilizado sólo por los humanos para regresar a casa. El demonio no hacía más que intrigarlo cada vez más, su curiosidad creció y pronto se encontró realizando una nueva serie de preguntas. —¿De verdad? ¿Por qué? ¿Qué hay de maravilloso en el mundo de los humanos? ¿Qué es lo que te interesa tanto de ahí?

—Los humanos, sus almas.

Se quedó pasmado al escuchar aquello. Zarek le respondía con tanta soltura que no podía evitar estremecer. Su comportamiento refinado, aunado a los delicados modales con que acompañaba cada gesto, le había hecho pasar por alto lo atroz de su naturaleza. Segen se reprendió por ser tan ingenuo. —Tú, ¿asesinas humanos para alimentarte de ellos? —preguntó con un nudo en la garganta, sin darse cuenta del poco tacto que había en sus palabras, de cualquier manera, no pretendía acusar de nada a Zarek, sino comprenderlo.

Al negar los cabellos del demonio se sacudieron con gracia, la luz de las velas le arrancaban destellos de plata. Se mantuvo inmutable al hablar. —Ciertamente he matado, pero nunca con la finalidad de consumir un alma. No, eso sería burdo.

El ángel tembló. Temía recibir otra respuesta escalofriante, sin embargo, no pudo evitar preguntarse. —¿Entonces es posible tomar el alma de alguien sin dañarlo?

—No, no, eso es imposible. Ellos mueren, mas no soy yo quien los mata.

—No puedo comprenderlo —dijo tras una breve pausa en la que había hecho hasta lo imposible por comprender las difíciles palabras del demonio.

—¿Qué es lo que no entiendes?

—¿Cómo es que obtienes sus almas si no eres tú quien los mata? —Hubiera preferido no hacer una pregunta tan directa pero no encontró otra forma de hacerse entender.

—Bueno, ellos son quienes me ofrecen su alma, son ellos quienes consienten que la tome porque desean pertenecerme.

—…dan su vida por ti —añadió contemplando el gesto neutral de Zarek, quien le pareció de pronto un demonio sumamente temible. Zarek asintió a sus palabras mientras bebía de la copa que sostenía con elegancia entre sus dedos. Segen lo observó, silencioso, mientras pensaba cómo la impresión que se había construido acerca de él era bastante diferente de su verdadera naturaleza; bajó la cabeza para observar con detenimiento el ornamentado diseño de aquellas prendas, terminó por sentirse apesadumbrado al creer que la mujer que realizó un trabajo tan hermoso hubiese tenido un destino similar—. ¿Puedes sentirlas? Esas almas están dentro de ti porque era lo que deseaban, pero... ¿sabes si son felices?

—Cumplieron su sueño: pertenecerme. ¿Cómo no encontrar la felicidad de esa manera?

Asintió obligándose a encontrar un poco de consuelo en la respuesta de Zarek, sin embargo, no pudo evitar sentir pena por aquellas personas. Su mirada se perdió en las ropas por las que pasaba sus dedos pequeños. —El amor puede causar mucho dolor.

—Si no existiera ese riesgo no valdría la pena, ¿no lo crees?

Nuevamente asintió. Segen guardó con cuidado trajecito dentro de su preciosa envoltura. —No puedo esperar para verlo usándolo. Gracias otra vez, Zarek, es un regalo maravilloso. —Le devolvió el esbozo de una sonrisa al demonio.

—Ya es tarde, deberías irte a descansar.

Se inclinó un poco. —Eso haré —dijo haciendo una pequeña reverencia después de tomar el paquete y resguardarlo contra su menudo pecho—. Como siempre, es un placer contar con tu compañía, Zarek. Buenas noches. —Su despedida fue corta, salió del comedor con rumbo a la habitación. Zarek no respondió nada, se limitó a observarlo de reojo mientras se retiraba y tomó una copa más de vino.


Notas finales:
¡Gracias por leer!

Recuerda que si te ha gustado la historia puedes agregarla a favoritos para no perderte de cada nueva actualización, ¡guau! :3

¡Hasta el próximo capítulo!
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 38 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios