¡Ayúdanos a mantener SlasHeaven con tus donaciones!

Si te gustan los originales, regístrate aquí para recibir alertas de actualización



¡Recomienda la historia a un amigo!
- Tamaño de texto +

Título: GUGALANNA

Autora: Clumsykitty

Fandom: MCU

Parejas: Stony y un pellizco de Thorki, algo de OC/Loki.

Derechos: Todo es de Marvel, hasta mi alma pecaminosa. Yo solo hago ideas.

Advertencias: Violencia, sangre, horror y malos tragos. Me tomo súper licencias con aspectos mitológicos, otros tantos con personajes. Adoro los monstruos y el terror, por lo que esta historia es de lo más oscura. Más no puedo decir.

 

Gracias por leerme.

&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&

 

 

Capítulo 1. Un nuevo hogar.

 

Se van las semanas y los meses
Y la soledad me favorece
Es el precio - soledad de hierro
Esa es la pesadilla de mi existencia
Solo - olvidado – exiliado

Der letzte hilfeschrei, Lacrimosa.

 

 

Bruce Banner esperaba paciente en la mesita exterior de una cafetería llena de extranjeros en su mayoría que charlaban en sus idiomas, rodeados de vallas atiborradas de pequeñas macetas con flores multicolores y verdes enredaderas. Las sombrillas cuadradas formaban un mosaico de luz y sombra en aquel espacio abierto que daba a una de las avenidas principales de Nueva York. El doctor tenía un café a medio terminar en la mesita junto con un trozo de pastel que apenas si había probado. Miró su reloj de mano con un suspiro antes de abrir de vuelta su periódico para seguir leyendo las noticias internacionales. Era un día soleado, lleno del típico ambiente de festividad que reinaba en los habitantes de la ciudad al aproximarse el otoño. Las hojas de los árboles se tornaban naranjas y cobrizas, haciendo una alfombra en los senderos de los parques, algunas calles y jardines.

-¿Te hice esperar mucho?

-Tony… solo un poco.

Los ojos de Banner no pudieron evitar hacer su examen visual en la figura del genio millonario. Estaba vestido con sus amados jeans y tenis, una playera negra se asomaba por el cierre entreabierto de su sudadera cuya capucha tenía encima igual que sus lentes oscuros, aunque le permitía ver una mirada sosegada, ligeramente divertida. Había una lejana tristeza pero en general todo su aspecto le decía que su gran amigo estaba bien, aliviando su inicial preocupación cuando le citó en aquella cafetería.

-¿Desea ordenar, señor? –una joven camarera se acercó.

-Un té inglés, si fuera tan amable. Ah, y otra rebanada como ésa.

-Enseguida.

Stark le sonrió a la chica, volviéndose a él cuando los dejó solos, con sus manos bailoteando sobre la mesa.

-¿Cómo estás, Brucey?

-¿Podemos evitar esa parte de la conversación?

-Pero, Bruceee…

-Tony, no sé si abrazarte o darte un puñetazo.

-Un abrazo, me gustan, ¡ya doy abrazos! ¿Puedes creerlo?

El millonario se levantó riendo cual niño travieso para darle un fuerte abrazo a Bruce quien apretó su mandíbula, queriendo no llorar. Anthony Stark había abandonado a los Vengadores, no en definitiva pero se ignoraba cuándo sería su regreso, de ello ya tenía medio año. Él, quien había hecho volver a su hermano de ciencias ocupado en Tailandia, ayudándole de enfrentar a Natasha Romanov y reintegrarse al equipo de Fury, desapareció sin previo aviso como si se lo hubiera tragado la Tierra. Pepper Potts le dijo más tarde que Stark se comunicaría con él más adelante, no había nada qué temer. Eso solamente le preocupó más hasta que un día recibió una insólita carta escrita a mano de su parte, contándole sobre su paradero. Había perdido la batalla con sus crisis post traumáticas, la soledad y depresión, aceptando que necesitaba la ayuda del especialista que tiempo atrás el doctor Banner le sugiriera para su problema. El psiquiatra ruso Pavel Bodrov, quien recientemente había instalado una clínica privada en Vermont gracias a la donación del Senado por sus investigaciones en perfiles criminales, entre otras cosas.

Poco o nada le dijo Tony en sus subsecuentes cartas. La mansión neoclásica que ahora servía de psiquiátrico tenía actividad con sus residentes quienes gozaban de un espectacular bosque de coníferas junto a un pequeño lago. Como era costumbre en el millonario, pronto le apodó Hannibal a su doctor por recordarle a éste: serio, siempre de traje con una imperturbable sonrisa depredadora como sus ojos grises y esa voz seductora que ya había ganado la confianza del castaño para que avanzaran en su tratamiento, aceptando sus manías excéntricas al momento de internarse. Una mente tan inquieta como la de Stark, aún en rehabilitación, iba a necesitar en qué enfocarse y Pavel le dio ciertos privilegios que otros pacientes no tenían.

-Su orden, señor.

-Muchas gracias, señorita –dijo el castaño volviendo su mirada a Banner- Ya sé, esperabas verme como si fuese un mendigo con la boca babeando por los medicamentos.

-Ni por asomo se acerca a los tratamientos de Bodrov.

-Sé que tienes muchas preguntas.

-La que más me interesa es saber si estás bien.

-Ésa es la razón por la que te invité a este café. Estas plantas son nuevas, como las mesas, ya no se mecen tanto. Más de una vez se me cayó el café por los malos soportes. Me alegra saber que escuchan al cliente.

-Tony…

-Hannibal dice que ya puedo tener visitas. La primera visita que quiero tener es la tuya, Brucey.

Éste le sonrió con una mirada húmeda. –Gracias por el honor.

-Vamos, Brucieee, no te pongas así. Estoy tranquilo, bebiendo té porque no puedo tomar café por los medicamentos, pero luego lo haré no te preocupes, estoy avanzando mucho. Ya doy abrazos.

-¿Cuándo puedo ir a verte?

-¿El fin de semana?

-¿Hora?

-En la mañana, tienes que probar las crepas que hace Camille. Ya sé que tienes que levantarte temprano y eso pero te juro que vale la pena. Sobre todo las de crema de fresa, son un pecado –Tony sonrió pícaro- Pero también hay otras sorpresas que estoy más que ansioso que veas.

-No sabes lo feliz que me hace hablarte escuchar así.

-¿Cómo están los demás?

-Todo bien, en orden.

-Ahora tú eres quien no me dice gran cosa. Por favor, viejo, dame pasta.

Bruce rió, negando apenas antes de comenzar a contarle. La actividad con los Vengadores había caído en una rutina, pocas misiones que muchas veces eran compartidas con Shield. Solamente estaban dos asuntos de los cuales no estaba seguro fuesen el momento apropiado para mencionarlas a su amigo. No ahora que le veía tan relajado. Pavel hacía milagros.

-Bueno, es algo muy disperso…

-Vamos, vamos, Brucey.

-¿Recuerdas cuando me encontraste en Tailandia? La epidemia por los ganados muertos.

-La recuerdo.

-Estuve monitoreando más tarde, hubo más ganado muerto en otros puntos alrededor. Luego nada. Entonces apareció un cuadro similar en Uganda, incluyendo algunos animales salvajes y cazadores furtivos. Una vez más, todo se calmó. Volvió a aparecer en Europa Central, esta vez una zona más amplia con mascotas, vagabundos, varios niños y viajeros.

-Uuuuhhh, ¿Chupacabras? –el millonario abrió sus ojos moviendo sus dos manos como tentáculos.

-Sé cómo suena. Es extraño, pero no puedo unir las evidencias. Es muy disperso y los testimonios tampoco son uniformes. Los pocos testigos que hay hablan primero de lobos, otros de pandillas de niños psicópatas y una minoría de un monstruo.

-¿Qué te han dicho los de Shield?

-No están investigando, hay asuntos más importantes –Banner se talló su nuca- Se ha detectado movimiento de armamento ilegal, quizá Hydra. Hay razones para pensar en ellos.

-Siento que estás evadiendo algo de ese asunto.

-Tony… -el doctor suspiró- No sé qué tan bueno sea que estés escuchando esto.

-Buenísimo –replicó el otro, comiendo golosamente su rebanada de pastel- Tú mejor que nadie sabes que Hannibal no me hubiera dejado venir de no estar seguro que puedo manejar esto. Suelta todo, sin restricciones.

-Es que…

-Brucey…

-Steve ya encontró al Sargento Barnes, con ayuda de Sam.

Stark se detuvo unos segundos, sonriendo apenas moviendo su tenedor al que le dio vueltas antes de seguir comiendo.

-¿Qué dijo Fury?

-Está con nosotros –confesó Bruce en un susurro- Adaptándose y… bueno, estamos trabajando en el daño que Hydra le hizo.

-¿Estamos?

-Mira, Tony…

-Sin problemas, sin resentimientos –el Hombre de Hierro levantó una mano- Me figuro que el capitán debe estar más que feliz de tener a su perdido amigo de vuelta.

-… sí.

-Por eso Hydra se ha mostrado de nuevo. Lo quiere de vuelta, a su Soldado de Invierno. Pobrecito de Bucky.

-¿Estás bien?

Tony asintió, terminando su rebanada como su té. –Excelente. ¿No te lo dije? Ahora ya tienen a mi reemplazo.

-Jamás nadie podría reemplazarte, Tony. Ni yo lo aceptaría.

-Que no te escuche el águila patriótica o te sacará del equipo –bromeó, riendo tranquilamente- Me alegro por él y por el Polar, harán una excelente mancuerna. ¿Sabes qué deberías hacer? Fijarte en las horas de los ataques, la geografía y el clima. Algo me dice que hay un patrón ahí.

-No creo que Pavel te haya dado permiso de darme consejos de trabajo.

-Sssshhh –Stark miró su reloj- Debo irme o no llegaré a mi telenovela del mediodía. ¿Te veo el fin de semana entonces?

-Así será.

-Okay, ya le pedí a Pepper un auto. Happy te llevará hasta la clínica, él te hará llegar la hora en que te recogerá. Preguntas por mí, Anthony Edward Stark.

Bruce sonrió no sin algo de dificultad. -¿Puedes regalarme otro abrazo antes de que te marches?

-Claro, mi amigo. Ven acá.

-Te quiero, Tony.

-Yo también te quiero, Brucey. La cuenta está pagada.

-Lo temía.

Con algo de renuencia, el doctor Banner le dejó ir, viéndole perderse entre la gente, seguramente a dónde le esperaba el incondicional Happy. Sintió un nudo en el estómago. El Soldado de Invierno había sido el culpable de la muerte de Howard y María Stark, como de otras tantas vidas que el Sargento Barnes no recordaba. El lavado de cerebro que Hydra había hecho una y otra vez en él también había arrasado con su vida pasada, su identidad como ser humano. Pero eso no restaba importancia a sus acciones relacionadas con el pasado del millonario quien parecía haberse tomado su aparición en el cuartel con un temple digno de admirar. Dejó el café para volver a su laboratorio para seguir las instrucciones que Tony le dijera sobre aquellos eventos de cuerpos masacrados sin sentido aparente, sin comentar a nadie de su reunión con su viejo amigo, salvo, por supuesto de la espía rusa a la que no se le podían ocultar secretos.

Ella le ayudó a estar correctamente vestido para la visita a la clínica, bromeándole para quitarle los nervios antes de ir al punto de reunión con Happy, viajando en un jet particular de las Industrias Stark hasta Vermont en una ruta corta y luego en auto, disfrutando del paisaje boscoso que se abrió ante ellos al momento de tomar la autopista estatal que conducía hacia la desviación privada, deteniéndose en la caseta de registro donde un par de guardias les saludaron, pidiendo sus credenciales. Bruce no se sorprendió de que aquellos dos hombres mandaran un mensaje bromista al millonario, quien seguramente conocía a cada uno de los residentes y empleados de la clínica si esas mañas suyas no se habían extinguido. Entraron por un camino empedrado con lámparas discretamente ocultas entre árboles y enredaderas junto con las cámaras de vigilancia.

La mansión tardó unos minutos en aparecer frente a ellos, con el camino haciéndose más ancho conforme se aproximaban a la entrada principal. Aquel enorme sitio tenía bajo su resguardo a varios veteranos de guerra que el gobierno estaba apoyando en su tratamiento psiquiátrico, otros tenían los medios para costearse algo tan oculto como lujoso. El doctor Banner no ocultó su admiración ante la construcción tan bien restaurada que podía competir con el hogar de cualquier noble europeo. Jardines con esculturas, fuentes, laberintos verdes, arcos de rosales con enredaderas. Parecía más la estancia exclusiva de la élite que una clínica para enfermos mentales, sin duda su amigo no había tenido reproche alguno cuando firmó su entrada.

-Aquí esperaré, Doctor Banner.

-Gracias, Happy.

Bajó del auto, siendo recibido por Pavel Bodrov, cuya amplia sonrisa fue su primer saludo seguido de sus brazos abiertos. Alto como todos los rusos, se mantenía en perfecta forma a pesar de su edad aunque no era tan viejo, sus cabellos grises estaban completamente alisados, con una media barba que alcanzaba sus patillas. Bruce le saludó con igual efusividad, usando las pocas palabras en ruso que sabía para charlar con él.

-Hace mucho tiempo que no nos veíamos. ¿Tres años?

-Algo así. Linda clínica.

-Eres bienvenido a quedarte cuanto tiempo quieras.

-Gracias, de momento me siento bien –rió Banner.

-¡BRUCEEEEY!

-Te dejo con tu amigo. Nos veremos más tarde.

-De nuevo, gracias, Pavel.

El psiquiatra se giró cuando Tony llegó casi corriendo con una sonrisa de oreja a oreja, vestido en pants que mostraba manchas de sudor de una carrera matutina recientemente concluida.

-Hannibal, buenos días.

-Quiero que muestres buenos modales, Anthony.

-Okay, okay, sígueme Bruce.

-Con permiso –rió éste, siguiendo a su amigo.

No le llevó dentro de aquella enorme mansión, la rodearon en un camino flanqueado por arcos y esculturas de ángeles de mármol con rostros sonrientes. Stark se dio cuenta de la confusión en el doctor, riendo una vez más cual niño travieso.

-Iremos a mi guarida donde creo planes malvados en contra de la Humanidad.

-¿Qué clase de privilegios te ha dado Pavel?

-¿Celos, Verde?

-No entiendo…

-Esta mansión es todo un cuento de hadas, doc.

Mientras caminaban dejando atrás la mansión, el millonario le relató la estructura real de la clínica. Esa parte donde habían llegado era la sección central, le rodeaban en cada esquina cuatro mansiones más pequeñas pero igualmente elegantes que el denso bosque no permitía ver. Un ala se ocupaba como dormitorios y almacenes para médicos, enfermeras junto con el resto del personal a cargo. Otra ala era donde vivían los pacientes. La tercera la ocupaba el castaño, quedando solamente un ala sin ocupar de momento, sería la residencia de las pacientes femeninas cuando la población aumentara.

-Espera… ¿Pavel te dio una mansión lateral completa a ti?

-Comprende mi necesidad de espacio personal.

-Tony…

-Cuando veas, entenderás.

-¿No pagaste más por eso, verdad?

-Que horrible concepto tienes de mí, Verde.

-¿Cómo es que te deja vivir solo ahí?

Tony rió pensando en algo. –Y no sabes la historia de este lugar. Le perteneció a un Lord inglés que llegó a vivir al comprar los terrenos alrededor para cultivo, su esposa había muerto y tenía cuatro hermosas hijas, por eso les hizo a cada una su pequeña mansión para cuando se casaran. Ya sabes, esas ridiculeces. Pero una epidemia cobró la vida de las cuatro hijas del Lord y éste se dejó morir de tristeza, sin heredar esta belleza que pasó al gobierno de aquel entonces y luego al actual. Cada ala lateral lleva ahora el nombre de las hijas: Ágatha, donde viven los otros loqueros, Cecile que es la de mis compañeros, Elizabeth que es la vacía y la mía se llama Rosemary. Ahora verás por qué me quedé con Rosemary, es mi Downtown Abbey.

Ya habían dejado atrás la mansión principal cuando el castaño terminó su relato, entrando a una parte del bosque con el mismo camino empedrado y las elegantes lámparas de hierro forjado. Bruce estaba maravillado pero su sorpresa mayor fue ver la mansión lateral que su amigo llamaba Rosemary. Neoclásica gótica como la central, poseía cuatro torres adosadas con un torreón central que dejaba ver un observatorio modesto en el segundo nivel. Amplias ventanas con balcón y una entrada frontal coronada por unos leones de piedra, mirando a los recién llegados. Sin embargo, Banner notó que la mansión no estaba tan bien cuidada como aquella donde vivía Pavel y que eran los consultorios como oficinas. Se veía que apenas estaban restaurándola. Abrió sus ojos al entender.

-¡A eso te referías con tus tareas extracurriculares! Pavel te está dejando restaurar esta enorme cosa como terapia ocupacional.

-Así es. Se siente bien, déjame decirte, y aunque extraño las herramientas de mi taller, bueno, la vieja escuela tampoco es tan mala. Está mejor por dentro.

No faltó a sus palabras, el recibidor estaba en perfecto estado, con una alfombra corriendo desde la puerta hasta donde comenzaban las escaleras que subían al primer nivel a donde invitó Tony cada vez más emocionado. Bruce negó imaginando los argumentos que el otro debió haber usado para convencer a alguien como Pavel de que aquello era una buena idea. Llegó tras el millonario que le mostró el pasillo recién pintado, sin cuadros ni decoraciones pero con las paredes como las ventanas renovadas.

-Todo este trabajo te ha sacado los malos humores.

-Jajaja, aún no te sorprendo del todo –Stark sonrió cual gato Cheshire antes de volverse hacia su derecha- ¡Rain, cariño! ¡Ven unos momentos!

Hubo un corto silencio, antes de escucharse una risa quieta. El doctor Banner frunció su ceño mirando al Hombre de Hierro quien no apartó sus ojos de una puerta no lejana a ellos de donde salió un tierno bebé vestido en un cómodo mameluco de conejo que le cubría de pies a cabeza, con un chupón que llevaba el diseño de un conocido reactor. El bebé abrió grandes sus brillantes ojos verdes con signos de heterocromía antes de soltarse del marco de la puerta para extender sus cortos brazos hacia Tony, corriendo como los infantes de su edad, siendo levantando con un beso en su sonrosada mejilla. Bruce dejó caer su mandíbula.

-Tony… tú… ese bebé… ¿cómo…?

-Brucey, te presento a Rain Stark. Rain, éste raro de aquí es el tío Verde.

-¿Ua?

-Ése mismo.

El científico no podía dar crédito a sus ojos, la manera tan dulce como cariñosa con que Stark cargaba a ese bebé de cabellos negros que le abrazaba con inmensa alegría de verle de vuelta, acomodándose de inmediato sobre su hombro, casi ronroneando con sus manecitas aferrándose a la sudadera apenas si dedicándole una mirada a él.

-Ahora sí estás sorprendido –rió aquel genio, alzando una ceja.

-¿Desde cuándo…?

-En una de mis últimas juntas de negocios, me enteré de él por casualidad. Huérfano. No sé, me dieron ganas de ser papá.

-¿Por eso… te internaste, cierto?

-Sí, Bruce. Me di cuenta que para cuidar mejor de Rain tenía que enfrentar a mis demonios. Y bueno, tú sabes que de todos modos era el único camino para mí.

-No me puedo creer que Pavel esté consintiendo todo esto.

-Porque es un loquero entrenado por el Diablo mismo y además le hice la promesa de seguir al pie de la letra su tratamiento. Medicamentos en horario y día precisos, sesiones con los demás residentes, ejercicios, terapias, vigilancia del cuerpo médico. Fue muy difícil al principio, pero con Rain siempre a mi lado, un día pude escribirle a mi mejor amigo y luego vernos en una cafetería de Nueva York.

Esta vez Bruce no pudo contener sus lágrimas, abrazando a ambos de sorpresa. Sabía bien porque Tony se lo dijo, de lo sucedido con Steve aquella noche, él estaba al tanto de esas cosas como de sus consecuencias posteriores. Jamás imaginó que su amigo encontraría una razón para salir adelante cuando todo parecía que se lo había arrebatado ese gesto del capitán. Si alguien podía levantarse de las cenizas, sin duda era el Hombre de Hierro. Sintió un brazo de Stark rodearle los hombros como una regordeta mano darle varios golpecitos en sus cabellos.

-Estoy orgulloso de ti, Tony.

-Gracias por venir, Bruce.

Éste se separó para ver bien al pequeño Rain Stark quien le miró fijamente antes de quitarse su chupón para ofrecérselo, cosa que hizo reír a Tony.

-Se da cuenta que necesitas consuelo. Y que también tienes hambre. Todos tenemos hambre. ¿Puedes cargarlo unos minutos en lo que me doy un baño? Hay que desayunar con mi escuadra de veteranos.

-Será todo un honor.

-De acuerdo –el castaño besó la frente de su hijo- Ahora quédate con el tío Verde mientras me cambio. Hoy es día de crepas.

Una vez que el millonario salió en jeans y su playera doble, bajaron justo a tiempo para ver llegar a cinco personas que charlaban de forma amena, cargando en trastes lo que parecía ser el desayuno como lo supuso Bruce. Rain ya les conocía, porque agitó sus bracitos al verles, gorgoteando cosas. El doctor esperó paciente a que fuesen presentados.

-Escuadrón de la Muerte, quiero presentarles a mi gran amigo y hermano de ciencias, el Doctor Bruce Banner.

-Doctor –corearon aquel grupo con una sonrisa cálida.

-Éste es Albert, veterano de Vietnam. Cuidado tiene una pierna biónica. Mathew, veterano de la Guerra del Golfo, no creas que se desespera, así son sus gestos. Ralph, veterano de Vietnam pero de otra compañía, juntos odiamos la oscuridad y las cuevas. Holter, veterano de la Guerra de Irak, quiere poner en competencia su marcapasos con mi reactor. Y esta bella pelirroja de aquí es Camille, la Condesa Sangrienta. Ex miembro de la Interpol con malos recuerdos de la Guerra de Bosnia. Somos el Escuadrón de la Muerte.

-¡HAIL STARK! –bromearon aquellos imitando el saludo nazi.

-¡DAI! –gritó alegre Rain levantando su chupón en lo alto.

-Es todo un honor sentarme a la mesa de tan espectacular equipo –rió el doctor Banner.

-Permítanos asombrarlo con nuestras muestras gastronómicas, doctor –Camille le guiñó un ojo- Como bien sabe, nuestro amado líder tiene diferencias con la cocina.

Nuevas risas vinieron con las quejas del castaño. Bruce se dio cuenta de lo bien que se llevaban todos ellos, seguramente visitaban aquella mansión con regularidad porque Rain pasó de un regazo a otro sin que se molestara o buscara los brazos de Tony. Eran de los pacientes menos agresivos si tal cosa existía con el doctor Bodrov, por supuesto, más no le cabía duda que también el carisma imperdible de su amigo había obrado el milagro. Desayunaron en el comedor a medio trabajar, escuchando los chismes dentro de la clínica como la anécdota del día anterior. Luego de comer hasta hartarse, salieron a dar un paseo en bicicleta. La de Stark tenía una canastilla especial para Rain quien estaba más que emocionado por la salida, no era un niño ordinario, pensó Banner en un momento dado. Parecía que entendiera las palabras de los adultos o los gestos del Hombre de Hierro en una perfecta sincronización.

El bosque era asombroso como solo la madre naturaleza sabía sorprender, llegando al lago de aguas tan quietas que reflejaba el cielo de enormes nubes blancas y una cordillera de montañas a lo lejos. Ahí descansaron, tomando un ligero almuerzo, entre charlas muy entretenidas de aquellos veteranos que habían visto mundo igual que el millonario. El día terminó con una despedida de Bruce, dándole un fuerte abrazo a Tony como si no quisiera separarse de él, en la entrada principal con Pavel y Happy observándoles.

-¿Cuándo volveré a verte?

-En un par de semanas, si los planes de dominación mundial nos resultan.

-Hasta entonces, seguiré esperando por tus cartas.

-Cuídate, Brucey.

-Hasta luego, pequeño Rain. No descuides a este tonto.

-¡Ua! ¡Ua!

Bruce no supo bien por qué, pero al llegar al cuartel se detuvo antes de entrar, dejándose caer sobre el pasto para llorar.

Debes INICIAR SESIÓN (login) o (registro) para poner un comentario.
Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


9 sonatas literarias




--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios