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Capítulo 6: Contacto

No había otra descripción para la forma en que Abi entró en su cocina el día siguiente excepto “como un zombie.” Obviamente no los zombies reales a los que se refería Ra para designar un tipo de cuerpo reanimado, pero los de la televisión y películas, que a su vez más se asemejaban a personas muertas de sueño con un tobillo torcido. A excepción del caminar inseguro, Abi de hecho se sentía como uno mientras se dejaba en la silla frente a la mesa de la cocina.

Ra se había ordenado y comía un lomito entre un pedazo de pan francés tostados. El envoltorio de papel gris le servía de base a un envase de plástico lleno a rebosar de papas fritas. Había otro paquete envuelto en el mismo material cerca, colocado encima de un plato. Un reloj encima del lavavajillas señalaba que eran las 10 de la noche y a Abi no le sorprendió. Alex, que lo venía siguiendo desde la sala en momento en que pusiera un pie fuera de su habitación, se le puso detrás y le colocó una mano a cada uno de sus hombros. Abi movió su palma para quitárselo de encima pero cambió de opinión al último momento y se frotó los ojos hinchados.

-No sabía cómo lo querías –dijo Ra a modo de saludo-, así que te lo pedí completo. Si no lo quieres déjalo y acabaré con él más tarde.

Abi vio el paquete y extendió la mano hacia él, percibió el calor que todavía emanaba desde adentro y se arrepintió pensando en esa cosa dentro de su estómago. Tomó en su lugar una papa frita entre sus dedos y le dio una mordida antes de dejarla. A pesar de que se había pasado todo el día en la cama y se había perdido tanto el almuerzo como el desayuno, no sentía el menor apetito.

-Sea así –aceptó Ra, encogiéndose de hombros y pegándole una nueva mordida a su cena-. Por cierto, lo pagué ahora sí con mi dinero así que no te preocupes por eso.

A Abi no podría haberle importado menos.

-Sentate –le ordenó al rubio apenas moviendo la cabeza y este, diligente, se fue a ubicar en la silla justo a su lado, mirándolo con una angustia espantosa que Abi se negó a reconocer, fijándose en la mesa-. Mira la tele.

Alex le dio una palmadita a la rodilla, lo cual le hizo estremecer a Abi, antes de volverse hacia la televisión y encenderla para fijar sus ojos.

-Imagino que ya sabes que no puedes ir haciéndole desaires a tu propio tulpa –dijo Ra. En su voz no había un reproche evidente y eso era un alivio, pero todavía había desaprobación implícita en sus palabras-. Se pasó toda la noche mirando la puerta de tu cuarto esperando que le abrieras. Entiendo que a veces vas a necesitar estar solo, pero él no es un simple perrito al que puedes darle de comer un gran tazón al día y estar satisfecho con eso. ¿No lo notas más delgado?

Abi observó al tulpa, vestido con una simple remera amplia y unos boxers color negro. A lo mejor los brazos habían perdido algo de musculatura, pero en realidad no podía decirlo con seguridad.

-Al menos yo no lo dejé detrás de una pared para que se pudriera –comentó con algo de resentimiento.

-¿Y sabes al menos por qué lo hice, pibe? –inquirió el otro sin molestarse-. Los tulpas se perciben entre sí. Cada vez que un tulpa percibe a otro, percibe también a su dueño. Ese chico… o chica, no sé, a lo mejor sólo le gustaba travestirse, sólo era uno de miles de dueños que van a querer darle más poder a su propio esclavo matando al de los otros. Si yo en mi viaje me hubiera traído a este, no habría podido hacer el viaje que tenía en mente.

-¿Para qué el viaje? ¿Andabas buscando la iluminación o algo así?

-Te ríes, pero muchas personas hacen eso. Igual, yo ya tuve mi viaje de claridad mental y no fue la gran cosa. Estaba prácticamente hecho un muerto viviente cuando acabé. El caso es que necesitaba investigar algo importante y para poder hacerlo, tenía que dejarlo atrás. Nadie sabía que vivía en este departamento, de modo que asumí que sería una buena caja de seguridad, mejor que cualquier otra que tuviera en el momento –Le dio otro mordisco a su comida, tironeando para separar a la carne y se lamió un dedo cuando un dedo una gota de mayonesa le cayó encima-. Entre otras cosas, buscaba una manera de destruir tulpas sin tener que depender de ellos. Nunca me gustó la idea de tener mi vida dependiendo del desempeño de otros.

Abi pensó en la lívida cara del chico o chica de ayer y sintió que su estómago hueco se le retorcía. Toda la noche y parte del día esa imagen no había dejado de perseguirlo, y los gritos horribles contenedores de una intensa agonía parecían ondas pegadas al interior de sus orejas. Una de las cosas que más le perturbaba era que sólo el chico o chica había emitido esos sonidos, mientras el tulpa había sido consumido en silencio.

-Entonces… ¿podríamos haber hecho lo de anoche sin matar al otro? El tulpa de todos ya estaba muerto, ¿no?

-Si hay una manera de romper el vínculo sin que el tulpa pase de manos, yo no la encontré. Se suponía que iba a estar fuera un par de años, pero apenas me di cuenta de que mi vínculo había sido roto tenía que volver para saber qué había sucedido.

Abi se frotó los costados con las manos. Pensó, no por primera vez, que debería renunciar a tratar de entender su nueva realidad.

-¿Cómo es eso… cuando el tulpa pasa de manos y rompe contigo? ¿Duele?

Ra le observó pensativamente unos segundos antes de responderle.

-Tómalo como quieras, pero la mejor manera que se me ocurre para explicarlo es como si acabaras de pasar por una ruptura. Es como un dolor sordo en el pecho hecho de repente cuando menos te lo esperabas. No es tanto una apuñalada como si alguien te agarrara el corazón y lo abriera para dejar un espacio hueco. Por supuesto, eso sólo dura unos instantes y luego es como si nada hubiera sucedido. Pero es un claro aviso de lo que ha pasado, no importa qué tan lejos estés. No es tan horrible. Sobrevives.

Abi frunció el ceño.

-No sé si he pasado por eso –comentó-. No sé si sabría lo que es, la verdad.

-Si tienes que preguntarlo es que no has pasado por eso, pibe. ¿Nunca has tenido una pareja antes? ¿Algún novio o noviecita para pretender que no te gustan los chicos?

-Soy bi, para que sepas–aclaró Abi, rascándose distraídamente la nuca-. Pero igual a mis viejos nunca les molestaron si les llevaba chicos y les decía que era un novio. De todos modos… nunca duraron mucho.

-Pan –Ra sonrió un poco y elevó el lomito-. Pero como sea. ¿Estás reconsiderando liberarlo? Incluso si es la primera vez que pasas por eso, créeme que sobrevives.

-No sé –exhaló Abi-. De verdad no sé.

-Podría hacer que te olvidaras de todo eso, ¿sabes? También podrías dormir tranquilamente si dejaras al tulpa acompañarte.

-No quiero.

-¿En serio, pibe? –Ra giró los ojos-. ¿Vas a hacer el acto del “pobrecito yo, merezco pasarla mal”? ¿Por ese niño malcriado? ¿Te has olvidado que él iba a hacerte lo mismo y amenazó con reventarte la cabeza con una pistola? Todo eso por lo cual tú lo viste pasar, él quería hacértelo pasar a ti y seguro que no le habría importado hacérselo pasar a cuantas personas se le atravesaran si eso podía alimentar a su tulpa. De hecho, los dos tenemos una increíble suerte de seguir estando vivos. Si el niño no hubiera seguido llamando a su noviecito este no se habría distraído de defenderse y habría ganado sin mayores problemas.

-¿Lo has hecho apropósito vos? –preguntó Abi, elevando la vista.

-¿Qué? ¿Llamar a las cosas por su nombre en frente de su cara? Yo no le forcé a hacer nada, pibe. Ese niño estaba mal de la cabeza. Cualquier día de estos iba a estallar o hacer estallar a alguien. No me sorprendería saber que ya lo había hecho antes de llegar aquí. Pero… -Tomó un trago de la botella de gaseosa a su lado- sí, confiaba en que presionando unos botones tendríamos una ventaja. Discúlpame si entre ser el blanco de sus balas o ser masacrado por su tulpa, preferí no pasar por ninguna de las dos cosas.

-Todo eso es horrible –determinó Abi-. Que le hagan eso al cuerpo de alguien y si alguien te gana en una pelea de monstruos, los dos son comidos como galletitas. Es un asco.

-Pero al menos estamos vivos para seguir en este asco. Hay que agradecer los pequeños favores cuando sea que se presenten. De todos modos, pibe… te repito que no tienes que pasar por nada de esto si no quieres.

-¿Y de qué me serviría eso? ¿Olvidaría que han pasado nada de esto estas semanas? No quiero que andes jodiendo con mi cabeza.

Ra tomó una profunda respiración. La paciencia que le había tenido al inicio se le estaba agotando.

-Entonces aprende a vivir con esto. Siento decírtelo si tanto te afecta, pero esta no es la primera vez que vas a ver algo que no te guste. Sólo déjalo pasar y sigue por tu camino.

-Decís eso, pero no sé qué camino es ese. ¿Qué se supone que tendría que hacer contigo? ¿Matar gente para que no me anden matando a mí?

-Nosotros no matamos gente –remarcó Ra endureciendo su voz-. Un tulpa fue absorbido y su dueño pasó por lo mismo que todos los dueños cuando pasan por esa experiencia. Si el chiquillo hubiera hecho su tarea y leído el manual, habría sabido que eso le esperaba.

Volvió a escuchar los gritos.

-A mí no me sonó como si lo hubiera sabido –dijo-. Me sonó como si no hubiera tenido ni puta idea de cómo habría pasado eso.

-No cambia el hecho de que eran ellos o nosotros, pibe. A lo mejor vos estás bien con entregar la vida en una situación así, pero ciertamente yo sé que no.

Abi lanzó un resoplido casi como una risa desganada.

-Yo ya no sé con qué estoy bien ahora –dijo con la mayor sinceridad que podía-. ¿Vos… decís que uno se acostumbra al final, después de un tiempo?

-Nadie se acostumbra a algo así, pibe. Por más que la otra persona sea un desgraciado sin el cual el mundo sería un mejor lugar, todavía son personas. Yo tendría que ser el que se preocupara si tú no vivieras ninguna secuela después de haber visto algo así por primera vez. Lo que te pasa ahora es completamente normal. El asunto en realidad es que la gente nada más aprende a vivir con lo que le toca.

Abi apoyó los codos en la mesa y pasó las manos por su rostro. La verdad era que la comida olía bien. Tomó una de las papas fritas y le dio vuelta en sus manos. Dejaron los dos pasar unos minutos en silencio, sólo acompañados por el sonido del programa puesto al azar que Alex fingía estar siguiendo. Ra ya había terminado su comida y más de la mitad de las papas fritas cuando Abi volvió a hablar, alcanzando el paquete con su propia comida. El olor de la carne caliente, pan tostado y queso derretido trajo una agradable vibración en su estómago.

Suponía que a fin de cuentas era verdad que sólo era cuestión de aprender a vivir con ello. No podía cambiar el pasado y, por más que quisiera, tampoco iba a poder olvidar lo sucedido, no sin dejar que manos ajenas se metieran en su cerebro y fueran revolviendo sus recuerdos a acabar haciendo quién sabía qué clase de trabajo luego. Extendió las piernas y le dio un golpecito con su rodilla a la del rubio. En ese leve contacto se sintió un poco más ligero.

-¿Qué es lo que va a pasar conmigo ahora? –dijo Abi-. Con vos y Alex aquí, vos de vuelta a tu negocio…

-Vas a estar bien, ¿no te lo he dicho ya? En serio, tendrías que limpiarte las orejas. Ya perdí la cuenta de las veces que me has hecho repetir lo mismo.

-Perdón –dijo Abi automáticamente, desenvolviendo su comida y dándole el primer mordisco. Había hueso, lechuga, tomate y algo que sólo podía clasificar como mayonesa casera adentro. Estaba delicioso-. Pero va a tomar un rato hasta que me acostumbre, creo.

-No pasa nada –Ra soltó un suspiro y se levantó para recoger su mano, poniéndose a limpiarlo después de un remojo. Abi tuvo un curioso pensamiento; si no fuera por la magia, la muerte y el canibalismo de criaturas fantásticas, Ra sería la clase de compañero de cuarto que sencillamente le encantaría tener-. ¿Vas a ir a tomar una siesta ahora?

El único sueño que había logrado conseguir había sido malo e intermitente. Sabía que con sólo dejar que Alex se quedara a su lado, incluso si no hacían nada, sería suficiente para remediar eso pero todavía no tenía ganas de comprobarlo. Ni siquiera sabía qué había pretendido dejando que sus pesadillas le afectaran de esa forma.

Cuando de verdad quería investigar al respecto, llegaba a una respuesta que sabía iba a sonar absurda si la pronunciara en voz alta: si él pasaba por una experiencia así en frente de alguien, no querría que esta fuera olvidada. Habían sido los últimos momentos de una vida humana, desvanecidos en el aire como si a nadie le importara. No tenía idea de qué había hecho o no aquel chico del vestido, pero sabía que ese le parecía a un destino que no se lo desearía a nadie.

-No tengo sueño.

-Como quieras, pibe. Bueno, si no tienes nada más que quieras hablar, tengo que devolver a una llamada en relación a mi “negocio.”

Ra salió de la cocina en dirección a la sala, sacando su celular del bolsillo trasero de su pantalón. Abi llegó a escuchar un “hola” antes de que el sonido enmudeciera. Continuó comiendo su cena hasta la mitad y guardó el resto en la heladera. Luego apagó la televisión a Alex y le hizo un gesto de que lo siguiera, revolviéndole el pelo cuando pasó a su lado. La sonrisa del rubio le animó un poco, aunque igualmente pensó que podía ser el efecto de su vínculo comenzando a fortalecerse de nuevo.

En la sala Ra estaba acostado sobre el colchón inflable, la mano detrás de la cabeza mientras hablaba por el celular. En cuanto los vio aparecer les hizo un gesto de que pasaran si querían, eran bienvenidos, pero de momento se dedicaba a escuchar lo que le decían al otro lado de la línea. Abi pensó que podría dejarlo manejar sus asuntos en paz y dedicarse a ver cualquier cosa en la televisión, pero lo que acabó haciendo fue sentarse en un costado del colchón. El hombre llevaba vestido con una remera multicolor de diseño hippie. La tela delgada permitía apreciar lo plano de su abdomen y lo hinchados de sus músculos en el pecho. Sin duda que estaba en mucho mejor estado físico que él. Jamás lo había pensado antes, pero parecía estar en el principio de sus cuarenta años o el final de los treinta años. Se sobresaltó un poco cuando Alex se ubicó encima de su regazo y le atrajo hacia sí con sus brazos.

El efecto de su contacto se dejó percibir casi de inmediato: una sensación de tranquilidad y calma se expandió por su cabeza como un derrame de agua, refrescándole el ánimo. Todavía tenía los recuerdos y podía oír al chico del vestido, pero era como si otra persona se los estuviera poniendo en frente sin que tuviera una directa relación con él mismo. No tenía el mismo remordimiento o pena llegando justo inmediatamente detrás de la idea, aumentando el peso sobre sus espaldas. En medio de esa paz, Abi se sintió agradecido e, impulsado por esa sensación, le dejó a Alex un beso sobre el cuello y le abrazó de vuelta.

-¿Seguro? –escuchó que preguntaba Ra-. Ya veo. Me parece bien. Creo que puedo hacerlo. Llámame o escríbeme más tarde si algo cambia o cualquier cosa.

Ra soltó una media sonrisa por algo que había escuchado decir a su interlocutor y apagó el teléfono. Lo dejó a un lado antes de volver a acomodarse y ver al par.

-¿Algo importante, jefe? –preguntó Abi, mirándole de reojo entre el cabello rubio que daba contra su mejilla-. ¿Algún trabajo o algo así?

-Puede ser –respondió Abi, suspirando-. Mañana lo sabré seguro. Pero si lo hacemos ya te estaré avisando.

El colchón debajo de ellos se movió cuando Ra se sentó con las piernas cruzadas.

-Mira, pibe, a menos que me quieras invitar, si quieres volver a jugar con tu tulpa yo preferiría irme. Las paredes aquí bien podrían ser papel. Aunque casi seguro que el papel retiene mejor el sonido.

Abi dejó pasar unos segundos hasta reunir la valentía para pronunciar la simple frase que se le acababa de ocurrir.

-¿Vos lo decís en serio?

-Por supuesto. Prefiero ver el porno en lugar de sólo escucharlo.

-No lo digo por eso.

Abi escuchó un nuevo resoplido y sintió una de sus amplias manos paseando por su nuca, dándole un ligero apretón a la parte trasera de su cuello, encima del brazo de Alex.

-Lo sé, pero quiero escuchar si te atrevías a decirlo directamente –Abi sintió el colchón moverse de nuevo cuando el hombre se corrió hasta ponérsele al lado. Notó claramente cómo sus ojos se concentraban en sus labios un segundo antes de subir de nuevo y sonreírle-. Aunque puede que quieras decirle a alguien que no pasa nada malo antes porque, acorde al viejo dicho, si las miradas mataran me habría convertido en salame tres veces ahora.

Abi bajó la cabeza y se dio cuenta que Alex seguía cada movimiento del brujo con una intensa fijeza que parecía no presagiar nada bueno. La sonrisa plácida que llevaba antes había desaparecido sin dejar rastros.

-Los tulpa son naturalmente celosos –le aclaró Ra con naturalidad-. Me sorprende que no te hayas dado cuenta antes. Para ellos cualquier amenaza de que alguien pueda quitarle a su dueño es sencillamente inaceptable.

-Ah –dijo Abi. Suponía que eso tenía sentido-. Creo que no he tenido ninguna chance de comprobarlo antes. Cuando estaba con él en la universidad solía estar solo y no tenía muchos compañeros cercanos. No pasa nada –le dijo a Alex, frotándole la espalda. Este le observó, desconfiado todavía-. Todo está bien.

-Lo puedes incluir si quieres –dijo con simpleza Ra y tuvo que soltar una risa cuando Abi abrió los ojos con sorpresa-. ¿Qué? ¿Nunca se te había ocurrido tener un trío?

-Ah, bueno, perdona que no haya previsto que iba a tener a un tulpa y a un brujo a mi casa al mismo tiempo para poder revolcarme con los dos en la cama.

-¿Sabes cómo se llama eso, pibe? Falta de imaginación. Eso no es bueno en la cama. No sé si voy a querer seguir manteniendo en alto la oferta ahora. Puede ser que lo único que sepas hacer sea el misionero.

Abi aprovechó lo que el otro se había acercado y le besó. Alex volvió a moverse para erguirse en su regazo y estar a la misma altura que sus rostros.

-Puto de mierda –le dijo Abi con falso enojo, como si no le hubiera hecho gracia.

Ra sonrió a centímetros de sus labios.

-Y a mucha honra, pibe –afirmó, orgulloso, antes de atraerlo de vuelta para besarlo tan profundamente que la respuesta instintiva de Abi fue gemir.

Su lengua se sentía enorme dentro de su boca y pasar la suya por su superficie fácilmente corría el riesgo de convertirse en una actividad adictiva. El peso de su regazo cambió cuando Alex se irguió para empezar a subirle su remera y apoyar sus propios labios encima de sus pezones. Cuando estaba en soledad, Abi no creía que esos puntos tuvieran una gran sensibilidad o al menos él no se sentía impulsado a jugar con ellos incluso mientras buscaba darse placer por su mano, pero cuando se trataba de la influencia ajena y encima en contacto directo con el aliento cálido de pronto esos puntos eran suficientes para enviar una onda de placer por todo su cuerpo.

Abi se dejó mover hacia abajo por la mano de Ra y luego alzó los brazos para permitir que entre los dos le quitaran la remera por completo. Ra no esperó ninguna ayuda y se desnudó para arriba mientras Alex le empezó a bajar para hacer deporte que llevaba. Abi recorrió con sus manos el abdomen marcado por músculos endurecidos de Ra. No pudo evitar sentir una pizca de envidia de envidia al verlo. Él no era tan flaco como Alex la misma mañana después de que se hubiera tragado su nombre, pero haciendo comparación con el hombre mayor debía parecer un verdadero enclenque. La parte que más le gustaba de las que estaban a la vista eran sus pechos, sobresalientes casi tanto como los de una mujer y sin lugar a dudas masculinos.

Alex había conseguido desnudarlo del todo y ahora se dedicaba a lamer su miembro, pasando la mano de arriba abajo por el tronco cuando sintiera que hacía falta. Abi se vio perderse entre los labios del rubio nuevamente antes de estirar su mano a los pantalones de Ra… para acabar recordando en el último momento que el hombre mismo le había dicho que no había nada ahí. Abi apartó sus dedos y miró de hito en hito al mayor, inseguro sobre cómo prefería que procediera al respecto. Este le sonrió para tranquilizarle y le aparató los cabello de su frente en un gesto amistoso.

-Si no te molesta, voy a dejarme los calzones puestos –le dijo y él mismo se quitó los pantalones, quedándose, tal como había dicho, sólo con unos calzones negros en los que no se veía ningún bulto sobresaliente-. ¿No te importa chupársela a él un rato? Quiero empezar mostrándole lo que yo puedo hacer.

Abi ya estaba empezando a disfrutar con el trabajo que realizaba el rubio sobre él, pero también sentía curiosidad por saber si los alardes que se había dado el hombre en el pasado tenían alguna relación con la realidad. Así pues, asintió y le dio una palmada en descenso del rubio, el cual se detuvo, esperando a ver qué quería.

-Quítate la ropa y vení aquí. Deja lugar a Ra.

Alex acató sus órdenes al pie de la letra y Abi nuevamente fue agraciado con la visión de su lampiño cuerpo pálido sirviéndole de tamaño a un miembro ya erecto, rosado mientras más se acercaba a la punta y ligeramente torcido a un costado. El rubio se ubicó encima de las palmadas que Abi se daba a sí mismo sobre el pecho y se sentó encima de su clavícula, dejándole sentir su peso pero no de manera que pudiera molestarle.

Sabía que el deseo de Alex era tan fácil de controlar como un interruptor de luz y ser tocado o no, no tenía el menor efecto en sus reacciones biológicas. No se decidió a empezar a lamerle con el mero objetivo de darle un placer que de todos modos sólo tenía que ordenarle con una palabra para que lo sintiera. Sentía una verdadera excitación al tener el miembro de otro hombre en sus vanos, cerrar el puño alrededor y percibir el latido íntimo de sus venas hinchadas, regocijándose en saber que él era el responsable porque se encontrara en semejante estado. Le gustaba por el poder que emanaba de sí cuando lo hacía y ver cambiar las expresiones de sus amantes, escucharlos gemir o reprimir sus voces según el cómo él se moviera.

Antes de metérsela por completo en la boca, la degustó de arriba abajo y, aunque no tenía idea exactamente de qué sabor era exactamente, el líquido transparente que estaba aterrizando sobre sus papilas gustativas no era amargo, no era dulce y no era salado pero tampoco insípido o desagradable. Se trataba, en realidad, de la clase de sabor que hubiera preferido gustar en más de una ocasión cuando hacía lo mismo con otros amantes. Una extraña combinación, apropiada para tan extraña criatura.

En la posición en el cual estaba no alcanzaba a ver qué estaba haciendo Ra, pero sí percibía que había abandonado la inestabilidad del colchón y, unos segundos más tarde, le abría las piernas para hacerse a sí mismo un espacio más cómodo. Abi contribuyó lo más que podía sin que le resultara incómodo, apoyando los pies sobre el suelo y sus rodillas señalando los costados de su sala.

De inmediato pudo comprobar que podía llegar a acostumbrarse al tacto de las manos ásperas del hombre sobre su piel más sensible. Eran grandes, fuertes y apretaban con sólo la suficiente fuerza para que él también sintiera el poder que se ocultaba bajo sus músculos. Luego apareció la lengua y esa pareció envolverlo por completo, de una manera que ni siquiera sabía que era posible y por lo tanto no había intentado con Alex en el pasado. El juego combinado de su lengua con sus labios estaba enloqueciéndolo e incluso sentía el impulso de cerrar las piernas para evitar perder el control por completo.

Esa última idea se fortaleció cuando percibió uno de los dedos del brujo probar la tensión de su entrada. Soltó un gemido de sorpresa y soltó a Alex para ver por encima de la cadera del rubio. El brujo sonrió desde entre sus piernas, el rostro al lado de su miembro erecto.

-¿Algún problema?

Acabó diciendo que no con la cabeza. Hacía mucho tiempo que no estaba en esa posición.

-Me sorprendí, nada más –comentó antes de volver su atención a Alex.

Extendió las manos para pellizcar los pezones del rubio para distraerse de la incomodidad que sabría se le vendría encima y continuó lamiendo. Cuando un dedo humedecido acabó deslizándose en su interior, Abi respiró hondo para amortiguar el dolor.

-No te preocupes, pibe.

Escuchó un sonido como de algo moviéndose encima de su cabeza, adonde estaba la mochila de viaje de su invitado. Por el rabillo del ojo, para su sorpresa, vio a un frasco lleno de un contenido verdoso flotando en el aire para dirigirse más allá de él y del rubio, presumiblemente la mano del brujo. Después de que escuchara la tapa siendo separada del cristal, se estremeció al dar cuenta de que la crema aquella tenía por objetivo servirle como lubricante. Pero debía ser algo más que eso porque pronto Abi sintió una especie de adormecimiento de los músculos alrededor en la zona que todavía le permitió dar cuenta de la intrusión sin tensarse.

No tenía idea de lo que era, pero claramente se trataba de algo útil para la ocasión. Suspiró con alivio. Esa pequeña facilidad más el tratamiento que estaba recibiendo contribuyeron ambos a borrar cualquier otra cosa que no fuera placer de su mente. Dejó caer sus rodillas a los costados, pero el brujo quiso mantenérselas todavía separadas para hundirse en su interior con más comodidad.

Era una sensación tan extraña que parecía completamente nueva para su cuerpo, ser abierto de esa manera tan paciente. Aferró el trasero de Alex y le buscó el hueco íntimo con su propio dedo, sabiendo que por lo menos él no tenía que prepararlo. Le encantaba percibir ese calor especial, no importara qué parte de sí lo experimentara.

El brujo sacaba y metía el mismo grosor, imitando el movimiento de la penetración y no era difícil encontrarle el gusto al ritmo que estaba aplicando con él. Sin embargo, ninguno de los dos estaba contento con eso, y en el momento en que Abi agregaba un segundo dedo al primero el brujo hacía lo mismo, arrancándole un leve gemido húmedo. Sus interiores apretaron con deseo y hambres crecientes en tanto sus caderas se movían como por consciencia propia, ondulando con suavidad.

Alex también se movía encima de él y sus manos, más pequeñas y menos musculosas en comparación, se metieron entre los cabellos de su cabeza para acariciarlos y sostenerse de ellos sin hacer demasiada fuerza. El calor se expandía por todos lados y no podía dejar de expresar su creciente gusto.

Entonces Ra se adelantó más por sus paredes secretas para presionar justo sobre su próstata y Abi definitivamente lo perdió, liberando un grito ahogado en tanto todos sus miembros daban una sacudida como si le hubieran pegado con una corriente eléctrica. Levantó su trasero del colchón en ese punto.

El brujo atrajo con magia otro objeto desde su mochila, pero Abi no alcanzó ver de lo que se trataba hasta que se lo hizo saber presionándolo contra él. Se trataba de una forma demasiado familiar para que no se sintiera confundido, dadas las circunstancias.

-¿Qué…? –preguntó.

Alex se levantó un dedo, dejándole deslizarse afuera para permitirle saciar su curiosidad. Ra estaba de rodillas entre sus piernas y por lo que podía ver se había puesto un cinturón encima de la línea de su ropa interior. Irguiéndose un poco, estuvo más seguro de lo que era y el brujo en sí se había detenido en sus avances para subir lo que tenía de modo que lo viera.

Un strap on, por supuesto. Pero en lugar de imitar el color de su piel, ese era morado con protuberancias alrededor en lugar de venas en relieve.

-Tengo uno o dos de estos en caso de emergencia –le dijo Ra, divertido por su desconcierto inicial-. ¿Te parece bien con esto?

Abi observó el largo y grosor del juguete. Sintió una vibración ligera en su bajo vientre. No, no tenía ningún problema con ese juguete y asintió para hacérselo saber. Alex se volvió a poner en posición, pero Abi le dio una palmada a un muslo y esperó que entendiera su intención sin que tuviera que decírselo. Como de costumbre este lo hizo y se alzó de su pecho para ubicarse encima de su erección. El brujo la soltó en el momento en que el tulpa quiso tomarla para dirigirla hacia su propio cuerpo.

El brujo, sin la necesidad de implementar un vínculo mágico, comprendió lo que deseaba y se introdujo paso a paso, a medida que Abi se sentía apretar por el anillo del ano de Alex, descendiendo con cuidado. El juguete era más largo que su propio miembro, de modo que incluso cuando se encontró rodeado en su totalidad el brujo todavía era capaz de dar un último empujón para llenarlo por completo. No le cupo la menor duda de que si no fuera por la cosa que le había aplicado antes ahora se sentiría partido a la mitad. Sin duda que era conveniente. Tal como estaban las cosas, sólo era una ligera incomodidad que no hacía nada por suprimir la elevación de su temperatura que había estado experimentando desde hacía rato.

Abi sintió sus manos apretar los costados de Alex y su cabeza echándose hacia atrás, tomando todo el aire posible en rápidas inhalaciones. Pasados unos segundos, en los que el brujo dejó de moverse para darle la oportunidad de acostumbrarse, Abi tuvo cuidado de levantar una de sus piernas y rodearle la cintura. Una vez la tuvo en posición elevó la otra. Encontraba difícil recuperar el ritmo normal de su respiración y eso no le molestaba en lo absoluto. Sentía su mente dar vueltas de carrusel.

-Y-ya… -musitó para el brujo-. Más.

Apenas consiguió su permiso, el brujo le tomó desde el trasero y salió casi por completo. Alex imitó desde su posición la acción, dándole a Abi una visión más que clara de su miembro desapareciendo por debajo de sus testículos, a excepción de la cabeza. En un segundo los dos continuaron el movimiento y mientras el brujo emitía un jadeo como si recibiera los estímulos en su propia carne, Abi gemía sin control. ¿Cómo no se le había ocurrido hacer algo así en el pasado, realmente? No había tenido la menor idea de lo que se estaba perdiendo.

En medio una neblina borracha llegó a sus oídos el sonido del brujo emitiendo una ligera risa.

-Tú debes estar en el cielo ahora, pibe, siendo atendido por los dos lados al mismo tiempo.

A pesar de todo, Abi no pudo reprimir la misma risa pequeña. ¿Para qué mentirle? Le encantaba todo.

-Es por lo que sea que hayas hecho antes –Presionó y elevó sus caderas en contra de su entrepierna. Alex le apoyó las manos sobre su pecho y se inclinó hacia adelante sin dejarle salir del todo antes de mover su trasero, empalándose de nuevo-. Esa crema o líquido o lo que fuera… es buenísima. Si no ya te estaría gritando que lo dejaras todo.

El hombre le dio una nueva embestida, certera, segura.

-Espero que te sirva esto de lección para el futuro, pibe. Los conocimientos antiguos de magia siempre pueden ser útiles con los jovencitos virgencitos para ayudarlos a dejar de ser vírgenes.

-Yo no soy… -Otro empujón le cortó la frase antes de que pudiera pronunciarla, reemplazando las palabras por sonidos incoherentes.

-Para el tiempo que has dejado pasar, bien podrías serlo. Excelente material para sacrificios a dioses paganos cachondos… los cuales, en realidad, serían todos los dioses.

-C-creía yo que ya estaba haciendo eso –continuó la broma Abi, tratando de imprimir algo más de normalidad a su voz y sabiendo que fallaba sin ninguna gloria.

-Bueno, quién me lo iba a decir acerca del pibe. Había sabido usar esa boquita para endulzar los oídos. ¿Sabes, pibe? Si me quieres lamer el culo sólo tienes que pedirlo. Yo no tendría inconveniente en cumplirte ese capricho.

-Lo voy a… tomar en cuenta.

Un nuevo empujón y Abi supo que la promesa que el brujo había pronunciado en tono bromista no había sido ninguna broma. Un grito en toda regla salió disparado desde el interior de su garganta sin intervención de su boca cuando el juguete golpeó como una flecha inteligente en el punto secreto para dejarlo a unos simples pasos de caerse al abismo.

No había remedio. Desde el momento en que empezaron, si en algún momento a Abi se le habría ocurrido que le convenía a su orgullo mantener una fachada en control incluso entonces, cualquier pretensión parecida se vio desintegrada en el aire en ese mismo segundo. No podía escapar, estaba atrapado por todas partes, por el tulpa, el brujo y su propio deseo para asegurarse mantenerlo prisionero de la situación. Todas las voces, incluso la propia, eran signos de excitación sentidos de distintas maneras.

El material del colchón hacía rebotar sus cuerpos y debido a la velocidad, ayudaba a ambos frentes para que se sincronizaran para impactar sobre el suyo. Los estímulos parecían llegarle desde todas partes y sus intensos jadeos no le daban tregua a sus cuerdas vocales. La fuerza y la decisión en las embestidas de Ra, sosteniéndolo con seguridad desde sus nalgas, abriéndolas para complacer a su propio deseo, y el miembro de Alex dándole suaves latigazos a su estómago en cada salto. Creía estar en el paraíso y tuvo un inmediato salto a la tierra de vuelta cuando el brujo le dijo de cambiar de posición.

Tenía la cabeza rellena de nubes de algodón y se movió casi como si lo hubiera hipnotizado. Alex ahora quien se ubicaba acostado sobre el colchón y Abi se inclinaba sobre él con las manos a cada lado de su cabeza. Inmediatamente detrás de él, casi apoyándose sobre su espalda y también de rodillas, Ra se ponía en posición.

Cuando Abi giró la cabeza se encontró de inmediato con sus labios y la lengua del otro ahogó la expresión de su deseo al volver a ser llenado por el juguete de un solo golpe. Como si fuera un suspiro en medio de una energética maratón, Abi pensó que más le valía no dejarle herido para más tarde si alguna vez pensaba repetirlo y de inmediato se olvidó de ello porque esa posición traicionera o la habilidad del hombre, una de los dos fue responsable directo de darle adonde menos necesitaba si pensaba durar demasiado tiempo.

Apenas el brujo le dejó respirar, Alex le atrajo la cabeza hacia sí y se empujó a sí mismo para hundirse su erección. Por un breve momento, completamente enloquecido, Abi creyó que sería fácil enamorarse en serio del tulpa, pensar que el tulpa había sido creado para él, que nadie más podría hacerle sentir como que le habían dado el mejor regalo de su vida y hacerle olvidar del todo lo que costaba. Él era prácticamente el relleno de un envoltorio conformado por los dos y mandado por Ra; cuando el brujo iba hacia adelante él le seguía como impulsado por la potencia de unas olas.

-Ya casi está, pibe –dijo Ra y Abi sintió la presión de su palma contra la base de su cuello aumentar, como para mantenerlo en su sitio-. Ya casi estamos.

-¿Cómo…? –preguntó, todavía atontado, demasiado tarde.

En la última sílaba recibió el impacto y eso acabó siendo lo último que pudo soportar, corriéndose con la mayor abundancia que le había haber experimentado durante toda su vida. Su estómago se vio manchado con lo que Alex expulsó en conjunción con él, enviándole un placentero masaje a lo largo de su tronco mientras continuaba derramando todo de sí. Le pareció que tardaba varios minutos, aunque debieron ser sólo segundos, antes de que se derrumbara encima del tulpa. Ra no se sintió satisfecho hasta darle unos cuantos empujones más, cada uno de los cuales le hizo estremecer, antes de salir y dejarse caer en el colchón al lado de ellos.

Al principio ninguno de los dos tenía energía ni siquiera para mirarse el uno al otro. Se corrieron por la superficie hasta que sólo sus pies estuvieron en contacto con el suelo. Como para recuperar el tiempo perdido anoche, Alex de inmediato se supo acurrucar contra el costado de Abi. Paseando los dedos por dentro su pelambrera dorada, Abi finalmente buscó la mirada del brujo y la encontró fácilmente, sonriéndole de buen humor.

-¿Qué te dije, pibe? –fue lo primero que pronunció el hombre.

Abi giró los ojos.

-Cállate –dijo, un poco apenado pero de última dispuesto a reírse de sí mismo y su nula resistencia. Incluso sentía que su garganta iba a sufrir las secuelas de todo lo que le había hecho gritar durante la experiencia-. Ni se te ocurra decir una sola palabra.

Una suave risa, profunda y cálida llenó sus oídos.

-Como quieras, pibe –dijo Ra poniéndose bocabajo sobre el colchón y apoyando el mentón sobre sus brazos. Abi notó que se había desprendido del cinturón y el juguete yacía cerca de un sofá, habiendo cumplido su justo trabajo-. Pero decir admitir que ha estado bien. Hacía tiempo que no tenía oportunidad de hacer algo así con nadie.

-Che, pero… perdona si te molesta o si te ofende, pero ¿cómo vos… acabas?

El hombre arqueó las cejas cerrando los párpados, como diciéndose que ya debería haberse esperado una pregunta así.

-Existen los orgasmos secos, pibe. Es parecido a los que las mujeres tienen todo el tiempo. El sexo no es sólo dos cuerpos chocando y metiéndose partes dentro de otras partes, o al menos no siempre.

-¿Y vos no podés, no sé, arreglarlo?

-No soy un televisor al que le falta un cable ni yo soy un técnico con una caja llena de repuestos –El hombre hablaba con los ojos cerrados, relajado y tranquilo. Por alguna razón a Abi le dio la impresión de ser un felino tomando el sol-. De todos modos incluso me parece que siento el sexo mejor que antes. Además, reparar todas las heridas de una sola vez quita todo el punto de tener heridas en primer lugar. Son todas lecciones. La lección, para mí, es aprender a conocer mejor a las personas antes de meterla o dejar que me la metan. A ti me pareció que ya te conozco lo suficiente para decidir que valía la pena intentarlo.

Abi sonrió. Después de lo que había pasado y los extremos con los cuales debía vivir, un comentario así resultaba un verdadero cumplido.

-Igualmente digo –respondió, aunque sabía que él podía ser más que un poco más ligero al respecto.

Mientras una persona le atrajera y no le generara inmediatas razones para desconfiar, era suficiente para al menos buscar algo de una sola vez. En el caso del brujo, no sabría decir en qué momento había pasado de considerarlo un hijo de puta insufrible a alguien en quien simplemente podía confiar. En las raras, extrañas e incomprensibles circunstancias en las que estaba, aunque resultaba desalentador pensarlo, quizá fuera la única persona en la que podía confiar.

-Che, ¿y cuál era el trabajo para el que te llamaron? –preguntó, pero apenas le echó una segunda mirada al hombre se dio cuenta de lo inútil que resultaba.

Se había dormido y ahora descansaba en paz. Abi bajó la cabeza hacia Alex y este lo miró a su vez. El rubio no se iba a dormir sin importar cuánto ejercicio hiciera. Lo único que podía hacer era cerrar los ojos y mantenerlos así hasta que percibiera que el otro se despertara, lo mismo que habían hecho desde que Abi comprendiera un poco mejor la naturaleza del tipo de ser que era. La verdad era que podría hacer uso de una buena siesta. Se notaba cansado. Posiblemente iba a notar mayor incomodidad más tarde. No le importó. Había valido la pena.

Después de haberlos cubierto a todos con la sábana que había utilizado el brujo durante la noche, Abi se dio la vuelta y se dejó llevar.

--

A una hora de la mañana, Abi se perturbó semi dormido cuando sintió su hombro fue agitado. Renuente para abandonar su tranquilo sueño, se movió hacia el otro lado buscando perder la intromisión molesta, pero el responsable de ella no se contentó y lo agitó de nueva cuenta desde el hombro. Justo ahora que le faltaban pesadillas de chicos siendo consumidos por una bestia sonriente y extendiendo la mano hacia él con caras de preguntarle por qué les estaba pasando eso.

En lugar de la absoluta oscuridad a la que se había acostumbrado o a la visión de un monstruo sonriéndole como un perro contento esperando un premio por su buena acción, Abi se encontró con un vestido y ya arreglado Ra tratando de llamarle la atención.

-Levántate, pibe –le dijo ni bien vio que había conseguido lo que buscaba.

Abi se desprendió de Alex, el cual se mostró alerta al momento, y procedió a limpiarse las lagañas. Estaba increíblemente cómodo y su primera idea fue preguntarse por qué carajo estaba durmiendo en el colchón inflable en la casa de su casa. Luego le llegó como un flash el recuerdo de lo que habían anoche y movió un poco las piernas, pero, gracias al cielo (o a la magia de Ra, a quien correspondiera) el dolor era apenas mínimo y para nada insoportable.

-¿Por qué? –preguntó, tomando una gran bocanada de aire y dejándola ir en forma de un bostezo profundo-. ¿Qué pasa?

-Tenemos que salir a realizar nuestro trabajo. Tenemos nada más una hora, así que vete vistiéndote, desayuna y nos iremos.

Abi estiró los brazos sobre su cabeza y algo en su espalda crujió de manera agradable.

-¿Qué hora es?

-Las 8 de la mañana.

Ra se despegó del colchón y se dirigió a su mochila para sacar un nuevo par de calcetines. Lo único que le faltaba para estar listo del todo era el calzado. Abi bostezó de nuevo y se levantó perezosamente, seguido de Alex. Se dirigió primero al baño para empaparse la cara, despabilándose de manera efectiva como hacía al prepararse parara asistir a sus clases de la mañana, antes de entrar a su cuarto. Supuso que si necesitara una ropa especial o formal Ra se lo habría mencionado, de modo que optó por una camisa básica junto a unos jeans y zapatillas blancas. A Alex le dio un conjunto similar en otro color y se reunieron con el brujo en la cocina.

Este no prefería otra cosa que un vaso de agua mientras esperaba a que Abi acabara con lo suyo. Alex, ya aprendidos sus hábitos, se dirigió a la cocina por la tostadora para el pan y la colocó sobre la hornalla que ya había encendido, haciéndola expulsar una llama azulada. Abi le pasó las rodajas del poco pan que les quedaba en la cocina y puso a calentar el agua para hacerse su mate cocido. En tanto el rubio se encargaba de las tostadas y él esperaba por el clásico silbido, Abi se sentó a la mesa a seguir las noticias que, por primera vez, estaban encendidas por iniciativa del brujo en lugar de por el tulpa.

-¿Pasa algo? –preguntó Abi al notarle con una extraña expresión en el rostro, siguiendo las letras con los titulares bajo los reporteros.

-No, no parece –respondió Ra sin abandonar su postura-. Pero si eso cambia, ya te lo iré diciendo.

Abi arqueó una ceja, interrogante, pero todavía no tenía el cerebro en condiciones para ir haciendo averiguaciones y dejó al tiempo pasar. Luego de que el agua estuviera lista y Alex llevara la mesa el tazón con las tostadas (ligeramente más oscuras en un lado que en el otro, tal como le gustaban a Abi), se preparó la bebida y llevó el azúcar, sólo para acabar dándose cuenta de que en previsión Alex ya lo había colocado en la mesa también. En cuanto se sentó, el rubio se inclinó hacia él y le apoyó la cabeza contra el hombro.

Una idea graciosa; a lo mejor esa era su forma de agradecerle por el banquete que debería haberle dado anoche, absorbiendo las pesadillas y las tensiones que sin duda habría tenerlo de no habérsele pegado anoche. Lo más probable fuera que no, pero todavía era agradable pensarlo y por eso Abi le acarició la espalda mientras tomaba su primer sorbo.

-¿En qué consiste el trabajo? –quiso saber.

-No la gran cosa. Según me contaron, un caso de posesión típico –explicó el brujo con naturalidad, sin despegar la vista de la pantalla-. Una pareja que encontró un objeto maldito y ahora no saben qué hacer con él. Respondieron a la entidad como no debían y no pueden deshacerse de su presencia. Van a necesitar ayuda nuestra para librarse de eso.

-Ah, bueno, menos mal que no es la gran cosa –replicó Abi sin poder contener el sarcasmo.

-No es para usar ese tono. Para la cantidad de cosas que he hecho para ganar dinero a lo largo de los años, un exorcismo es el equivalente de ir a limpiar las ventanas de un asilo. Puede ser una molestia, pero alguien tiene que hacerlo y no va a ser lo peor que uno pueda hacer. Recuerda que tú sólo vas para aportar con tu tulpa. De resto puedes quedarte atrás y lucir bonito. Por no mencionar que la paga debería ser incentivo más que suficiente.

Tal vez tenía razón y en serio podría ser peor. Abi se dijo que prefería creer en eso. Después de todo, no tenía derecho a quejarse si él mismo se había negado una y otra vez a abandonar tanto a Alex como el mundo que trajo aparejado con su descubrimiento. Todo el mundo debía hacer en algún punto de su vida cosas que no quería por dinero. Lo único que iba a suceder sería que ahora le tocaba su turno. Sólo esperaba no tener que revivir en un futuro cercano una escena como la de aquel chico y su novio tulpa. Podía vivir una larga y pacífica existencia sin haber tenido que presenciar y saberse en parte responsable por algo así (y el “parte responsable” sólo era concebible tras imponerse aceptar que de verdad se trataba de una situación de vida o muerte).

Comieron y bebieron el resto de su desayuno en silencio. Después de lo cual, salieron del edificio. A esas horas la potencia del sol era evidente sobre las porciones de piel descubierta, pero el ambiente se sentía fresco y brevemente Abi se preguntó si Alex sentiría frío si llegaba a bajar todavía más la temperatura, al menos siquiera como una forma de absorber otros aspectos de su dueño. Ra revisaba un mensaje en su celular que acababa de recibir.

-¿Conoces este lugar? –le preguntó, enseñándole la pantalla.

Abi leyó el mensaje en la parte superior, el cual sólo contenía una dirección escrita y el nombre de un establecimiento.

-Sí, es una cafetería. Siempre pasaba por ahí de camino a la universidad.

-Entonces ahí tenemos que ir para encontrarnos con nuestros clientes.

Ra volvió a guardarse el celular en el bolsillo de sus jeans deslavados, Las calles se veían congestionadas y cada tanto se oía el pitido desesperado de un auto que, para sorpresa de nadie, no hacía nada por adelantar el tráfico y todo para aumentar la tensión del resto de los conductores, acabando en una imitación resentida para ver quién podía ser más escandaloso hasta que finalmente se agotaran los oídos. Subirse al transporte público, así, carecía de todo sentido y emprendieron el camino a pie con Abi indicando por cuáles calles debían doblar.

La cafetería a la que supuestamente debían ir era una amplia de diseño vintage adonde tenían una especie de balcón en el segundo piso adonde las personas podían contemplar los autos y los peatones mientras no necesitaran más que el espacio requerido para tres mesas redondas. Dos paredes enteras no eran otra cosa que ventanas de cristales con pegatinas anunciando las especialidades en tonos acordes al establecimiento. Cada mesa tenía por defecto dos sillas, por lo tanto debieron robar otra de una mesa vacía para que Alex tuviera adonde sentarse que no fuera el regazo de Abi, la primera opción a la que parecía más inclinado y cuya negación le causó un leve puchero que se borró ni bien su dueño le dejó la mano encima de su rodilla.

-¿Adónde andan los clientes? –inquirió Abi.

Ra estaba en proceso de sacarse un mazo de cartas de un bolsillo. No se trataba del mismo que le había visto la primera noche que se había metido en su departamento, llenos de signos incomprensibles, sino de uno español, simple y con líneas blancas por el uso. El hombre empezó a mezclarlas subiéndolas unas sobre otras, las separó en tres montones sobre la mesa, las juntó de nueva cuenta y las revolvió en sus manos. En ningún momento había levantado la vista para observar al resto de la clientela.

-Todavía no han llegado –contestó con simpleza y puso tres cartas al azar sobre la mesa. Les dio vuelta girándolas por un lado y las examinó por unos segundos antes de determinar-. Uno de la pareja tiene el pelo teñido y lleva muchos accesorios de metal, así que mantente atento por eso, aunque aún deberían tardar unos minutos.

Abi observó las cartas pero, aunque ahora entendían lo que simbolizaban en un juego de la loba, no pudo ver ninguna relación aparte de pertenecer al mismo mazo.

-¿Eso lo acabás de ver en las cartas?

Ra pasó el dedo por cada carta y frunció el ceño.

-Sí. Lo que es gracioso porque les pregunté cómo se iba a dar la reunión con ellos. A veces ellas dicen lo que quieren, lo juro.

Meneando la cabeza como si fuera un caso perdido discutir al respecto, Ra juntó de nuevo las cartas con sus hermanas. Repitió el proceso de revolverlas, separarlas y juntarlas para colocar otras tres cartas a las que giró de igual modo. Las examinó rápidamente, pero Abi no tuvo oportunidad de preguntar qué estaban contándole ahora antes de que un mesero se detuviera a preguntarles a ellos qué deseaban.

-Tráeme un par de medialunas rellenas con un vaso de soda, por favor –dijo Ra, guardando las cartas y respondiendo antes que ellos-. ¿Ustedes qué van a querer? Yo invito así que no se preocupen por pedir lo que quieran.

Acababan de desayunar y el brujo lo sabía, por lo que Abi quedó un poco desorientado, pero al rato supuso que tampoco podían estar esperando en el lugar sin pedir nada en lo absoluto y por lo tanto pidió una porción de lo mismo que el hombre mayor. En cuando el mesero anotó sus órdenes rápidamente, elevó las cejas en dirección al rubio esperando que le dijera qué quería él.

-Un vaso de agua nada más –dijo Abi, apretando la mano debajo de la mesa. Mesa que no tenía manteles y no era tan gruesa para ocultar nada, de modo que cualquiera que girara en su general dirección sería capaz de captar el gesto. A pesar de que nadie se lo había pedido, acabó agregando-. Anda mal de la panza.

-De acuerdo, entonces van a ser cuatro medialunas rellenas, un vaso de soda y dos de agua. ¿Nada más?

-No, con eso ya estamos –respondió Abi, mientras Ra seguía revolviendo las cartas en su regazo sin darle mayor atención a nada ni a nadie.

Después de un tiempo, al parecer frustrado, les dio unos golpecitos en la mesa como para enderezarlas y las colocó en el bolsillo de su camisa. Se pasó la mano por una sien y apretó, frunciendo el entrecejo.

-¿Qué hora es? –inquirió.

-Eh –Abi se apresuró en sacar su propio celular del bolsillo y le anunció que estaban ya cerca de las nueve y media-. ¿A qué hora se supone que vienen ellos? ¿Y para qué dijiste de desayunar si podíamos comer aquí?

-El desayuno siempre es mejor tomarlo en casa, pibe –dijo, encogiéndose de hombres, como si eso fuera razón más que suficiente-. En especial cuando se es tan joven y tienes a una criatura que depende de tu energía psíquica pegada a tu lado todo el tiempo. Cuando yo era su dueño siempre preparaba mis propias comidas.

-No te entiendo un carajo lo que decís –expresó Abi.

-Una cosa son las galletas de agua producidas en masa que comiste ayer. Desde luego, tú no sabes qué clase de emociones tienen esos empleados que usan sus manos para preparar tu comida. ¿Tú no crees que eso luego puede transferirse en la comida y puede afectar lo que va a producir en tu cuerpo? Gente que a lo mejor no durmió en toda la noche, gente que trabaja a disgusto, gente que tiene mejores cosas en las cuales concentrarse que en cortarte tu sándwich de miga con jamón y queso antes de tostarlo, gente que anda pensando en la última pelea que tuvieron con un pariente o sus parejas y todavía cargan con el enojo en el trabajo. Puedes llamarme paranoico si quieres, pero un tulpa sobrealimentado con malas cosas no es algo muy bonito como espectáculo, ni siquiera para el dueño. En especial para el dueño. El almuerzo o la cena también son importantes, pero nunca tanto como la primera comida del día.

Abi pensó que ya había más de una cosa que no le gustaba acerca de tener un tulpa, pero se mordió los labios. Ra no se estaba refiriendo a eso. Él era el experto, así que si le advertía acerca de una etapa todavía peor que aquella del monstruo luchador y devorador de otros tulpas, sólo podía esperar sinceramente jamás tener que verla.

-Si lo decís así –dijo, aferrándose a Alex para que le disolviera la sensación de tripas estrujadas que tenía adentro. El contacto le alivió un poco, pero ahora ese malestar permanecía en su consciencia como un fantasma conectado con él por un invisible cordón umbilical-, entonces no me queda otra que hacerte caso en eso.

-Te voy adelantando desde ahora, te ahorrarías un montón de inconvenientes si me hicieras caso más seguido.

Abi recordaba la última vez que había empleado esa frase (no hacía más que unos pocos días, insuficientes para llenarle la mano) y el recordatorio no le agradó. ¿Cómo iba a él saber que tendría que haber renunciado a Alex en ese mismo instante en que un sujeto harapiento vino pidiéndoselo? ¿Cómo se suponía que debía saber? ¿En verdad se esperaba que actuara de distinta forma?

-Ya se anda haciendo el sabihondo el señor –dijo con cierto tono petulante. No era lo justo, lo sabía, pero quería devolverle la picadura de alguna forma-. A lo mejor te haría caso más seguido si te molestaras en explicarme mejor las cosas.

Ra le miró con gravedad unos instantes, incapaz de creerse que había decidido irse por esa ruta. Esa expresión duró lo suficiente para que Abi se sintiera avergonzado de su arrebato, pero no desistió y se mantuvo en sus trece hasta que tuvo que ser el brujo quién lanzara un leve gemido de exasperación.

-Pibe, si yo no siempre tengo todas las respuestas, y créeme que pongo de mi parte para averiguarlas, ¿qué te hace pensar que voy a poder dártelas a ti en el exacto momento en que las quieres? A veces tenemos que actuar sin saber porque sencillamente no queda de otra manera o todavía no nos toca saber más. Harías bien en empezar a ejercitar el escuchar más a tu instinto en lugar de a tu razón. Desde el segundo en que ese tulpa tomó tu nombre bien podrías haber despedido esa parte tranquila y normal de tu vida en lo que te resta de ella. Hay varias cosas en este mundo con las cuales una cabeza fría y lógica no va a tener nada que hacer, como un niño ciego al que se le pide identificar colores.

-¿Pero te das cuenta de que me estás pidiendo que te siga como un pelotudo, sin nunca hacer preguntas, sin nunca entender nada y que sea lo que vos digas?

-No como un pelotudo –aclaró Ra y el tono de su voz no podría haber dejado más en claro que estaba haciendo manifestación de paciencia al hacer la distinción-, pero sí como alguien que está caminando por un valle desconocido y ha tenido la suerte de encontrarse con un guía que ha vivido en esa zona toda su vida. Francamente no entiendo qué es tan difícil de creer cuando te digo que intento mantenerte, mantenernos a los dos, de hecho, con vida por el máximo tiempo que sea posible.

-Y yo no sé qué tan increíble es que quiera saber adónde estoy parado.

-Pues no, no tiene nada de increíble –dijo el hombre, suspirando con cansancio-. Pero a veces ni yo tengo idea tampoco de adónde me paro yo. Muchas personas no tienen idea durante gran parte de su vida y no por eso dejan de vivir o seguir adelante. Saberlo todo no es lo importante como lo que haces hasta que puedas averiguarlo.

-Y supongo que vos con tus cartitas sos el experto en eso.

-No experto, pero sí un poco más experimentado en el tema que tú.

Abi en realidad no tenía ninguna respuesta para algo así. Ahora ni siquiera sabía por qué discutía. Soltó la mano de Alex y un subidón de confusión subió por su cabeza. ¿Qué carajo pretendía discutiendo de esa manera con él? ¿Por qué lo había hecho en primer lugar?

-Ah, ya veo –dijo Ra con cierta nota de alivio-. Eso puede que no sea del todo bueno.

-¿Qué cosa? –preguntó Abi sin entender.

-Que te aferres a tu tulpa mientras pretendes tener una discusión conmigo –El hombre se inclinó hacia adelante, juntando sus propias manos-. No te recomendaría eso hacer eso discutiendo nada con nadie que tengas cosas pendientes.

-¿Por qué?

-Porque una discusión en la que tú seas incapaz de reconocer un error de juicio y criterio es lo mismo que si no hablaras en lo absoluto, pibe. El tulpa se alimenta en todo momento y más cuando tú se lo permites. La claridad que ellos te dan puede ser contraproducente tratando con otras personas. La confianza enlatada nunca es buena para todo.

Abi no sabía si le gustaba que achacara todo lo que acababan de hablar sólo a la presencia de Alex. Después de todo esas eran legítimas cuestiones y preocupaciones que había tenido desde el primer momento y había enterrado una y otra vez, precisamente por su falta de confianza en todo lo que le rodeaba.

-Y ahí están –afirmó Ra de repente, arrancándole de sus pensamientos.

Abi miró sobre su hombro, adonde se encontraba la puerta de entrada y el foco de atención del brujo. En efecto era una pareja; ella era una mujer vestida con una camisa a líneas verde oscuro sobre fondo blanco, tirantes rojos y pantalones de tela azul hasta encima de la cintura. Su largo cabello castaño claro estaba sujeto en una coleta baja que caía libremente sobre su espalda, balanceándose a cada paso. La persona que iba a su lado, el cabello teñido de blanco, los lóbulos de las orejas agrandados y tres sucesiones de piercings negros a un costado de los labios era difícil definir si se trataba de una mujer o un hombre.

El pecho plano y los rasgos delicados, más la presencia de ropa en colores pasteles, hacían la confusión patente y así uno sólo quería verlo por más tiempo para tratar de determinar algún lado. Los dos eran atractivos a su particular manera, pero en cuanto pasaron por en frente de su mesa para dirigirse a la barra mostradora con los postres y dulces en exhibición Abi también notó que ninguno de los dos llevaba maquillaje y, sobre todo aquel de género indefinido, tenían bajo los ojos la clara presencia de ojeras. En general, vistos más cerca, parecían necesitar más que una buena hora de sueño.

Ellos dos observaron sin ver, sin hacerlo demasiado obvio, a pesar de que una apariencia como la de ellos estaba invariablemente destinada a llamar algo la atención, el cómo hacían su pedido antes de dirigirse hacia una mesa y derrumbarse cada uno en una silla.

-¿No vas a ir? –preguntó Abi.

-No, prefiero esperar a que les sirvan sus órdenes –respondió Ra con naturalidad, bajando la vista de vuelta a su mesa y mirando el cristal que tenían a su lado, el cual les permitía ver un tenue reflejo del par sin problema-. La gente por lo general es menos renuente a abandonar una conversación con un extraño si tienen comida por la que ya han pagado todavía en el plato.

-¿Extraño? –repitió Abi-. ¿No habías dicho vos que esos eran nuestros clientes? ¿Por qué iban a ser extraños para vos?

-Son nuestros clientes, no te preocupes por eso. El único inconveniente es que ellos todavía no se enteran y ya me aseguraré de cambiar eso.

-Entonces ni siquiera sabés si van a aceptar o no e igualmente puede que no tengamos ningún trabajo que hacer.

-No lo van a hacer. Ellos de verdad necesitan el trabajo y no podrán negarse. Sólo espera.

-Che, pero esperá –pidió Abi, dándose cuenta de una incongruencia-, ¿quién te ha dicho que iban a estar aquí o que iban a ser nuestros clientes, si vos no los conocías de antes?

Ra elevó la vista hacia él y sonrió suavemente, apoyándose el mentón en el dorso de la mano.

-Como muchos brujos su información sobre estas este tipo de asuntos, pibe. El oráculo me lo dijo.

-¿Por el celular? ¿Mandando un whatsapp?

-Tarde o temprano tenían que modernizarse, ¿no te parece?

Abi todavía estaba tratando de determinar si se trataba de un eufemismo para otra cosa o el sujeto era sólo literal con su respuesta cuando el mesero que había tomado sus órdenes llegó. Encontraba perturbador el hecho de que no lo tenía claro y que tanto uno como otro fueran opciones del todo viables. El mesero empezó sirviéndoles los vasos de agua, la soda de Ra y colocar en frente de él y el brujo los platos con la comida todavía humeante.

No tenía especialmente mucha hambre, pero al oler el pan caliente de las medialunas se le activó el apetito al instante. En casa tampoco había hecho más que comer que un par de rodajas tostadas. El brujo se había llenado más que él y sin embargo se tragó la primera medialuna en unas cuatro mordidas. No les quedaba de otra que esperar, de modo que eso hicieron, echándoles un vistazo a la pareja que ahora hablaba entre susurros entre sí con las cabezas inclinadas. La chica tenía la mano encima del dorso del de su pareja y se la apretaba, al parecer para un ánimo que le estaba faltando.

-Ahí va –dijo Ra cuando una mesera salió de la puerta de la cocina llevando una nueva bandeja.

La comida en cuestión consistía de un pedazo de torta de chocolate y otro de cheesecake bañado en salsa de frutilla, junto a una botella de gaseosa naranja de medio litro con dos vasos tintineando sobre la superficie metálica. Después de ser servidos, ellos quisieron pagaran de inmediato y la mesera le hizo que un gesto de que esperaran mientras iba a buscar el vuelto. Abi interrogó al brujo con la mirada.

No tenía problemas en reconocer que estaba más que un poco interesado en el éxito de la conversación que se iba a llevar. Apenas les contara a sus padres lo que había pasado con la universidad (y cuyo retraso sabía sólo lo hacía peor), iban a aplicarle el viejo cuenta de que debía estudiar otra cosa o trabajar antes de que le cortaran los ingresos y tuviera que volverse a Buenos Aires para vivir con ellos. La verdad fuera dicha, mucho les convenía que aceptaran.

-Todavía no –determinó el brujo con calma, después de haber tragado otro mordisco de la medialuna humeante-. Que los dejen en paz primero y ya hayan dado un mordisco.

La mesera regresó trayendo el ticket de la transacción y el vuelto, dejándolo en la mano de la mujer antes de retirarse nuevamente. La persona andrógina parecía incapaz de hacer otra cosa que jugar con su porción de torta de chocolate, partiéndola en pedazos cada vez más pequeños sin decidirse a llevarse nada a la boca, mientras la mujer ya había empezado a comer y le frotaba la rodilla con la suya. A Abi no se le escapó que ese mismo gesto Alex lo había tenido muchas veces con él, pero seguramente la mujer no se estaba alimentando de ondas de frustración a través de esa leve muestra de simpatía.

Finalmente el que podría ser tanto hombre como mujer se sirvió un pedazo y masticó.

-Ahora sí –dijo Ra, frotándose las manos y luego la pechera de su ropa para quitarse de encima las migas que le pudieran haber quedado-. Quédate aquí y, si puedes, no les hagas notar que estás esperándome.

-¿Y eso? ¿No quieres que haga nada, presentarme o algo así?

-No hará falta. Actúa natural hasta que yo regrese.

El hombre se puso de pie y se dirigió a paso tranquilo hasta la mesa de la pareja. A la distancia en que estaban Abi no podía captar ni una palabra de lo que hablaban, pero por sus gestos quedaba claro que el brujo estaba desplegando todo el carisma del que era capaz para ofrecer un porte lo menos amenazador posible en tanto les hablaba. Después de intercambiar unas pocas palabras, y con el aparente beneplácito de la pareja, Ra tomó asiento con la pareja y se inclinó sobre la mesa hacia ellos para hablarle de forma más confidencial.

Abi estaba jugando a una versión en miniatura de futbolito con Alex usando una pequeña bola de papel, hecha de tiras de servilletas (lo que era difícil porque debía decirle al rubio continuamente que no hacía falta que lo dejara ganar cada vez), cuando la pareja se puso de pie, sus platos vacíos, y el brujo les estrechaba las manos. Siguió aparentando que no le importaba los movimientos del trío por el reflejo de la ventana, hasta que estos finalmente se fueron de la cafetería y Ra regresó a ellos luciendo más satisfecho que antes.

-Pibe, oficialmente tenemos trabajo –anunció.

El corazón de Abi dio un salto brusco. No tenía idea de qué podía estarle esperando ahora, pero sabía que desde hacía tiempo había quemado el puente para dar la media vuelta.
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 38 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios