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Notas del capítulo:


¡Hola chicas!
Como avisé de que podría tardar, me siento un poco menos culpable por retrasarme nueve días... de todas maneras, tengo que deciros que ha sido ajeno a mis nuevos compromisos en el voluntariado u.u desgraciadamente tengo que hacer frente a algunos imprevistos de última hora y me han quitado mucho más tiempo del que pensaba...

¡Pero volviendo al fic y a cosas más alegres...! Lo habíamos dejado en la mañana de Noche Vieja, Charles y los Ericks han dormido la siesta juntos para reponer pilas antes de la velada, a la que acudirán algunos conocidos de Charles -antiguos habitantes de la Mansión X-. Antes de eso... ¡Erick y Charles fueron arrastrados a un beso! Y los Ericks hicieron un muñeco de nieve, porque Magneto puede hacer cosas con él que Charles no u.u
Al despertarse primero, los Ericks han tenido pasado por la peluquería -casera- y...

Capítulo 9

 

Manhattan, 31 de Diciembre de 1977

 

El Doctor Sutura los había acogido en un edificio del Upper East Side; Sapo no recordaba haber estado nunca en un lugar tan asombroso sin intención de robar. Los había alojado a todos en el sótano, que era grande y tenía tres ventanas al ras del suelo por las que se podían ver pasar los caros Ferragamo y los bolsos de Chanel.  La pared estaba ligeramente descorchada y no había muebles, pero el suelo de cemento era firme y estaba nivelado, aunque sin pulir.

Había nevado y la humedad se colaba por las paredes sin aislar, pero Sapo se encontraba a gusto así, sus poderes mutantes agradecían más la humedad, pese al frío, que el calor seco. No obstante, añoraba el tiempo de Malasia.

— ¿Cuándo… —empezó a preguntarle el lento Dientes de Sable mientras se acercaba a él— cuándo Erick? Nosotros vamos. Buscar señor Magneto. ¿Cuándo?

El hombre troglodita, en cambio, no se sentía nada a gusto en aquél sótano. Se había quejado de la falta de camas con Phantazia y Rat Bite, estaba inquieto porque se sentía atrapado -aunque el techo era más alto que él- y miraba con aprensión la puerta que permanecía cerrada.

— Cállate de un vez, torpe —le contestó, tratando de no enfadarse y golpeando el suelo a su lado para que se sentara—, intervendremos cuando sea el momento. Un paso en falso y el Xavier…

— Xavier… —escupió Dientes de Sable, dejándose caer junto a él.

— Vamos a acabar con él y a volver con Erick. Y el Doctor Sutura se quedará con nosotros… ya nada nos irá mal nunca.

Sapo, que estaba convencido de sus palabras, asintió hacia sí.

— ¿Visteis lo que hizo en el aeropuerto? —dijo Phantazia, exaltada junto a la ventana— ¡Ningún guardia nos vio! Madre mía… podríamos atracar una tienda con disfraces y nadie sabría nunca que somos nosotros.

— ¿Y para qué quieres los disfraces?

— Para las cámaras de vigilancia que están instalando ahora en los sitios caros, listo, que tú igual terminarías robando en un Trader Joe's —le contestó la chica con malas formas a Rat Bite.

— ¡Oye!

Antes de permitir que la discusión empezara entre los dos, Sapo estiró su lengua y golpeó en medio segundo a los dos en la mejilla. Los mutantes hicieron muecas de asco y se limpiaron rápidamente, dándose la vuelta y apartándose el uno del otro y de Sapo. Años atrás, aquellos comportamientos le habrían resultado dolorosos, pero hacía mucho tiempo que Mortimer había muerto y que Sapo se había hecho con el control y se había aceptado a sí mismo.

Y había sido gracias a Erick.

— Con Xavier muerto y el Doctor Sutura con nosotros, haremos frente al ejército estadounidense sin problema. Iremos a por Rusia después… —les dijo a los demás—. Y entonces… entonces serán los humanos los que tendrán que vivir escondidos.

— Les obligaremos a trabajar en nuestras fábricas ¡ninguno de nosotros volverá a una! —exclamó la felina Feral, que había sido utilizada por su rapidez gatuna para girar latas de refrescos antes de que un gran martillo fusionara la tapa superior con el cuerpo.

— Tendrán que pagar más impuestos —aportó Huracán— porque son menos productivos, una carga. Deben contribuir más.

— ¡Y estudiar en colegios distintos!

— ¡Eso, eso! ¡Que los eduquen para que sepan quién manda!

— ¡Y habrá pena de muerte para los padres humanos que maltraten a sus hijos mutantes!

De pronto, los ocho mutantes de la Hermandad de los Mutantes Diabólicos que habían seguido con Sapo cuando Erick los abandonó, se gritaron ideas del nuevo mundo y el nuevo orden que iban a establecer.

— ¡Y los iremos reduciendo a medida que nosotros crezcamos!

— Nunca más habrá un mutante rechazado… ¡ni un humano en el poder!

— ¡Somos la evolución, se lo haremos entender!

— ¡Sí!

Sapo asintió, feliz, sentado contra la pared. Dientes de Sable observaba a los chicos y gruñía a favor de cada propuesta, aunque posiblemente no entendía todas.

— Vaya, vaya… pero qué ánimos hay por aquí… Qué buena noticia.

Todos los mutantes quedaron en silencio y miraron hacia las puertas del ascensor, que se habían abierto durante su algarabía. Con pasos largos y elegantes, el Doctor Sutura salió de debajo de los focos de luz del elevador y les sonrió con las manos en los bolsillos. Era un hombre alto cuyo tipo se asemejaba mucho al de Magneto, pero era profundamente castaño, de ese color que sólo tiene destellos rojos, y una nariz prominente y redonda. De hecho, Sapo se había encontrado pensando varias veces que era una versión distinta del mismo molde del que Magneto había salido.

Donde Magneto era casual, el Doctor era formal; donde Magneto era atrayente, el Doctor era elegante; donde Magneto era visceral, el Doctor era puro nervio… y aquello alcanzaba todos los aspectos. Magneto era un hombre terriblemente atractivo, con una gran -y escasa- sonrisa, unos ojos claros enigmáticos y decididos y unas facciones armoniosas y masculinas, en cambio, el Doctor Sutura tenía un rostro medio, casi poco agraciado: una nariz prominente y redonda en la punta, los ojos claros rodeados de largas pestañas y una sonrisa delicada y alta que mostraba gran parte de su encía, sin embargo, era refinado y tenía un aura de intocable… ¿prestigio? O impunidad que valía para Sapo un poco más que el atractivo de Magneto.

— Me alegro mucho, queridos, me alegro mucho de veros tan predispuestos hoy…

— ¡Siempre lo estamos! —proclamó Rat Bite— ¡Y lo estaremos hasta que todos los mutantes seamos libres!

Los chicos aplaudieron y Sapo se encontró sonriendo. Sí. Podía notarlo. Estaban muy cerca.

Más cerca de lo que crees, mi querido Mortimer, mucho más cerca. Escucha y hazte el sorprendido porque…

— ¡… atacaremos hoy!

Mientras la voz del Doctor estaba en su cabeza, había seguido hablando, proclamando que era el momento, el mejor día. La fiesta de Año Nuevo entretenía a los garantes de la Ley y confundía a los policías; tardarían horas en tramitar una ayuda real para la Mansión X si sus habitantes eran capaces de pedirla. Era el momento perfecto y Xavier todavía no eraba recuperado.

— Nuestra prioridad será el niño… todavía no debería haber desarrollado sus poderes y fue capaz de manejar a un mutante experimentado y de derribar un avión. Es la prioridad. Matar a Charles Xavier debe ser la siguiente.

— ¡Le morderé! —volvió a intervenir Rat Bite, que se movía inquieto—. Le morderé y si no somos capaces de matarlo en el momento ¡morirá de rabia en unos días!

— Esa es una buena idea, muchacho… —concedió el Doctor Sutura, con un ademán— pero no debes preocuparte. Yo me encargaré de Xavier, soy el único apto para hacerlo. Nos distribuiremos la entrada —les dijo sonriendo—, tenemos que ser cuidadosos porque es posible que el pobre Magneto esté bajo las ordenes de Xavier y no debemos hacerle daños si no es irremediable. Ha contribuido tanto a esta causa que no merece un final así…

De acuerdo con sus palabras, Sapo asintió fervientemente y escuchó con atención las instrucciones.

 

Mansión X, 31 de Diciembre de 1977

 

El ruido de un Rolls-Royce sobre la graba del camino de entrada alertó a Erick de la llegada de alguno de los visitantes. Estaba bajando con el niño en brazos para ayudar en la cocina -para pacificar a Alex y a Hank, que habían vuelto a ser condenados  a preparar juntos la cena-cuando el coche se detuvo frente a las puertas de entrada.

— Es Warren… —le dijo el niño, estirando el cuello hacia la puerta.

Erick no puedo evitar fruncir el entrecejo y erguirse en toda su estatura. Terminó de bajar las escaleras y abrió él mismo la puerta, decidido a dejar en claro su posición delante de aquella posible amenaza. Fuera ya era de noche.

Al otro lado se alzaba un chico joven y guapo, de anchos hombros y abrigo de paño gris hecho a medida. Sonreía con franqueza, enseñando sus dientes blancos y estrechando los ojos azules. Junto a él, el inmenso Coloso parecía un poco más torpe y grande que habitualmente y saludaba desde atrás.

— Uuuh… ¡hola, Erick! —dijo, tras un momento de sorpresa, el hombre rubio— Y… ¿señor Magneto?

Erick tensó un poco los hombros y sonrió lentamente sin decir una palabra.

— ¡Peter! —gritó el niño en sus brazos, saludando con la mano muy abierta a Coloso.

— Hola, enano, menudo cambio ¿dónde están tus bucles de querubín?

Erick se rio, pero también se sonrojó por aquellas palabras, así que escondió la cara en el hombro del adulto. Desde allí, entornó un poco la vista y volvió a mirar a los recién llegados.

— Soy Erick —dijo finalmente, manteniendo su prepotente sonrisa y extendiendo una mano hacia el rubio guaperas—, pero “señor Magneto” es apropiado también.

No llegó a decir el “para ti” pero quedó implícito.

— Warren —le contestó el chico, sin parecer asustado y estrechándole la mano— o Arcángel, pero sólo cuando veas a mis amigas —con un simpático guiño, Warren apretó con fuerza su mano y lo soltó para señalar algo invisible a su espalda.

— Se llama como yo —le aclaró el niño, desenterrando la frente del hombro de Erick y asintiendo firmemente con la cabeza.

El Erick adulto acrecentó su sonrisa y le mandó una última mirada al tal Warren antes de apartarse y dejarlos entrar, evitando que el poco calor se escapara de la Mansión.

— ¡Vaya! ¿Y este desastre? ¿No habíais estado de obras? —le preguntó Arcángel a Coloso, mirando hacia los plásticos que cubrían los muebles de la entrada y a las cortinas quitadas.

— Tendrías que haber visto esto hace dos semanas…

Ambos continuaron su conversación, caminando detrás de Erick y del niño, que se asomaba sobre su hombro para mirarlos. Al acercase a la cocina el olor de las especias llegó a ellos y también un inesperado silencio.

Erick, que había esperado gritos y malas palabras, temió lo peor. Sopesando las posibilidades de encontrarse con dos chicos golpeados e inconscientes, abrió la puerta  y se detuvo bajo el dintel.

Había dos ollas burbujeando a fuego lento sobre los fogones de gas y el horno estaba encendido, pero Alex no estaba a la vista y un cuchillo descansaba sobre la tabla de madera, todavía con un manojo de zanahorias a medio cortar. Inmediatamente, desde el lado derecho, le llegó un susurro de telas y ruidos ahogados por el suave cocer de la cocina.

— ¡Eh! ¿Qué pasa…? —dijo con reproche Warren ante su súbita parada.

Con un movimiento brusco, Erick retrocedió medio paso e interpuso su ancha espalda entre el campo de visión de Arcángel y Coloso y el interior de la cocina. Alex, terminando de ponerse la sudadera, intercambió con él una avergonzada mirada y cruzó la estancia desde la despensa hasta el fregadero, donde se lavó las manos.

Por supuesto, una mera espalda no podía evitar que dos hombres altos y fuertes encontraran la forma de mirar, pero para cuando Peter y Warren se asomaron, Alex ya estaba abriendo el grifo. Con una resentida mirada y un poco de extrañeza, que juntas creaban confusión y desconcierto, Warren colocó la mano derecha en el hombro de Erick y lo desplazó suavemente para poder entrar.

— ¡Havok! ¿Cocinas tú? ¡Buen Dios, entonces venir ha sido la mejor idea del año!

Con pasos lentos, Erick cedió y se apartó de la puerta, entrando en la cocina y colocándose despistadamente cerca de la despensa. El pequeño Erick seguía callado sobre su pecho, pero miraba la escena con atención, consciente de que había ocurrido algo que escapaba a su comprensión.

— Si se te ocurre meter la cuchara en el relleno, te serviré a ti de plato principal, Warren. Y te cocinaré con mis rayos gamma.

— ¿Y si probamos esto de aquí? ¿Qué es? ¿Mermelada?

— ¡Peter!

Los tres chicos intercambiaron un par de puyas que fueron seguidas de una breve pero violenta pelea por el tazón de mermelada o almíbar que Alex estaba dejando enfriar en la isla. Peter, que era el más alto y corpulento, colosal, consiguió arrebatárselo a Warren y lo tenía alzado sobre la cabeza con triunfo cuando Hank salió discretamente de la despensa.

Estaba perfectamente vestido, con su pantalón beige apenas arrugado, la camisa almidonada de cuadros azules y el jersey de cuello de pico oscuro. Llevaba las gafas bien colocadas y el pelo en su sitio. Impecable. Pero era Hank y su semblante reflejaba la vergüenza, los nervios, la angustia, el azoro, la tensión y el secreto. Todo a la vez y claro en sus mejillas rojas, en la curva de su boca y en el brillo esquivo en sus ojos azules.

— H-hola, Peter, señor Worthington— curiosamente, su voz no sonó tan titubeante como Erick había esperado—. La sal de escamas… —murmuró muy bajo, colocando un pequeño bote tapado con un corcho junto a las ollas que Alex atendía.

— ¡Hank! ¿Pero qué te ha pasado? ¿Y ese brazo?

La preocupación del atractivo hombre rubio fue notoria y sincera, incluso a oídos de Erick, pero no pudo evitar sorprenderse ante tal mención, después de que hubiera pasado por alto la gran compresa que cubría todavía la yugular de Alex.

— Oh… nada, unos escombros que salieron disparados…

— ¿Unos escombros? ¿No estabas en tu forma mutante?

El chico negó con la cabeza, permitiendo al hombre sacarle el brazo del cabestrillo y observar la escayola. Erick se negó a divagar sobre las complicaciones que las heridas de los chicos podían crear cuando se dedicaban a las “actividades” que había mantenido en la despensa.

— La Administración Carter está contando conmigo para desarrollar un sistema de control remoto en el desierto —le dijo, apartándose de Alex y mirando tímidamente a Warren—. Estoy t-tomando la misma cantidad de suero que tomaba Charles antes. N-no quería presentarme en la CÍA azul e inmenso…

El sonido demasiado fuerte del cuchillo al clavarse en la tabla de madera apenas fue audible por encima de las risas de Arcángel y de Coloso.

— Ya sabéis las normas —refunfuñó Alex sin levantar la vista de las zanahorias—: os quedáis para ayudar u os largáis de mi cocina.

Erick levantó las cejas pero decidió quitarse de en medio. Los asuntos entre Hank y Havok le importaban en la medida en que pudieran afectar a la estructura de la Mansión.

— Pues Erick y yo nos vamos. Habíamos venido sólo a ver que no os estuvierais matando… y no parece ser el caso.

No puso intención en sus palabras, pero supo que ellas por sí mismas se lo decían todo a los dos chicos y, con un ligero asentimiento, Erick se dio la vuelta y salió de la concina. Por encima de su hombro y pese a tener un dedo en la boca, el niño se despidió agitando la mano abierta.

— ¿Quieres ir a ver si Pegaso está cuidando bien de Bastian o buscamos algo que leer en la…?

— ¡ERICK! ¡Qué guapo estás!

Los dos rubios dieron un salto y Magneto se sintió ridículo por ello. Felina se acercaba a ellos trotando por el pasillo y con los brazos abiertos hacia ellos. Tras sus orejas oscuras y su larga cola peluda, se veía a Ororo correr y reír también.

— ¡Mírate! ¡Pero si tienes orejas! —volvió a decir ella.

Erick se vio a sí mismo entregando al niño a la mutante y se preguntó porque lo estaba permitiendo. El pequeño Erick rio alegre cuando Ororo se acercó también y le acarició el corto pelo.

— Qué guapo…

— ¿Quieres venir con nosotras, Erick? Vamos a colocar el Comedor mientras llega Júbilo.

En sus brazos, el niño se encogió de hombros, que era lo más parecido a una aceptación de alejarse de Erick o de Charles que Magneto le había visto. Con un asentimiento hacia las chicas, les dio permiso para que lo llevaran con ellas.

— No os quedéis fríos —avisó.

— Vamos a encender la chimenea… y en el Comedor ya funcionan los radiadores si los necesitamos —le aseguró Tormenta.

Las miró a amabas un momento más, tratando de implantar en ellas el miedo y respeto que debían sentir hacia él. Pareció funcionar, porque las dos tomaron una actitud firme con la cabeza un poco inclinada. Satisfecho, Erick rascó la nuca del niño y le giró suavemente el rostro con la palma de la mano en sus mejillas, le sonrió con calor y recibió a cambio una mueca feliz.

Con un breve asentimiento de cabeza, pasó entre las chicas añorando el movimiento de la capa tras él.

Dejar a Erick atrás creaba un pequeño espacio de preocupación en su cabeza. Desde que había llegado a la Mansión, Erick se había hecho una pequeña extensión de sí mismo y apenas hacía cinco días que el niño había comenzado a dejar el refugio de sus brazos para jugar en los alrededores. Pero Erick no iba a ser un padre sobreprotector que cuidase a un niño tonto. Y Erick no era un niño tonto.

Se cruzó con el parco Scott e intercambiaron un saludo silencioso. Subió las escaleras de dos en dos sin pensar realmente en su destino, pero sus pasos le llevaron a la puerta de la habitación de Charles sin dilación. Con un breve momento de duda, decidió entrar sin llamar, entreabriendo muy despacio la puerta y observando si era bien recibido. Desde aquél ángulo, no llegó a ver a nadie.

Atravesó el dintel y descubrió que la habitación estaba vacía, una lámpara de pie encendida. La cama estaba perfectamente hecha y las ventanas se habían abierto para ventilar, pero volvían a estar cerradas. La chimenea estaba apagada.

Desde el baño, con la puerta cerrada, no llegaba ningún sonido, pero Erick intuyó que Charles estaba allí. El libro que había estado leyendo mientras velaba su sueño aquella tarde reposaba en la mesita de los sofás y la manta con la que paseaba al niño por la casa cuando estaba en pijama, yacía doblada en el reposabrazos del sillón. Erick no pudo evitar sonreír de lado, pensando en lo hogareño de aquella escena.

Un chapoteo se oyó al otro lado de la puerta del baño y el sonido de un grifo dejando caer agua sobre agua.

Acrecentando su sonrisa y creando un óyelo travieso en su mejilla, Erick comprendió lo que estaba haciendo Charles y cruzó la habitación. Nuevamente, entró sin llamas y permitió que el vapor del baño saliera por la pequeña abertura de la puerta.

Era una estancia grande, muy grande, la que merecía la habitación principal de una mansión como aquella. El suelo era de mármol blanco y las paredes de rombos de azulejo gris, los muebles de madera lacada tenían grandes tiradores de cobre y en el suelo había una gran alfombra y dos sillones brocados. Al fondo, bajo las grandes ventanas que llegaban del suelo al techo, descansaba la bañera de porcelana.

Charles estaba sumergido en el agua caliente, la silla de ruedas descansaba en un lateral, apartada y torcida como si hubiera resbalado. De la tina caía al suelo un hilo de espuma blanca, pero el Profesor tenía la nuca recargada en el borde y los ojos cerrados hacia el cielo infinito de la noche oscura.

Erick sintió la impaciencia en la punta de los dedos, pero sólo fue capaz de recargarse en el marco de la puerta y observar. No pudo, sin embargo, permanecer mucho tiempo en esa postura dichosa, porque el frío que llegaba desde la habitación terminó alertando a Charles.

— ¡Erick! —le gritó, girándose torpemente hacia él. El borde de la bañera era muy alto y el agua le llegaba al cuello estando sentado. Se resbaló y volvió a emerger confundido y con el pelo pegado al rostro.

Irresistible.

Erick sonrió y tomó aquello como una invitación. Cerró la puerta tras de sí y atravesó el baño.

A veces sentía que llegar a Charles era un camino contante que le hacía pasar de una estancia a otra hasta que pudiera alcanzarlo.

Por supuesto, Erick sabía que él era mucho más inaccesible que Charles. Tal vez como una carrera de fondo a través de todas las escaleras del Empire State hecha con cuarenta kilos de plomo a la espalda y una cuerda atando bien cerca las rodillas.

— Erick ¡lárgate!

Sorprendido, porque era una orden firme e inesperada, Magneto se detuvo sobre la alfombra.

— ¡Va en serio! ¡Lárgate! ¿Dónde está Erick? ¡No lo dejes solo!

Rechazado de aquél modo, Erick notó la ira creciendo dentro de él, fría y abrasadora a la vez. Estaba a punto de girarse, posiblemente para no volver a mirar nunca más a Charles, cuando un gesto discreto bajo la espuma llamó su atención.

— ¿Esto es en serio? —le preguntó, la ira dejada de lado y el cabreo remplazándola en su pecho—. Dime, Charles, que estás de broma.

Con un gesto abierto de la mano, señaló hacia el brazo escondido por el agua.

Sonrojado, avergonzado y furioso, el chico entrecerró sus grandes ojos azules y masculló:

— Lárgate, lárgate ahora, Erick. O yo…

— ¿Vas a usar tus poderes para obligarme? —se mofó, levantando la barbilla.

Erick retomó su camino y llegó a la bañera, mirándolo fijamente desde su privilegiada altura. Las velas eléctricas que ambientaban la zona brillaron sobre su cabello rubio y le confirieron un halo difuso.

— ¿Te das cuenta de lo idiota que eres, viejo amigo? —le dijo— ¿de la forma idiota en la que tratas esto? —apoyó las manos en cada borde de la bañera y se cernió sobre él. Charles se encogió un poco, estirándose hacia atrás y hundiendo la nuca en el agua. El pelo oscuro se abrió a su alrededor—. ¿Crees que no entiendo lo que significa esa silla de ruedas? —le susurró, sus miradas fijas en el otro.

Hubo un instante de quietud, de concentración. Un momento de pausa y de lucha. Charles, embebido en el agua, ahogado por la vergüenza. Erick, acechante desde arriba, depredador de sus propios miedos.

Al momento siguiente, Charles levantó bruscamente los brazos y los enredó en el cuello de Erick para sumergirse en un beso tórrido y húmedo.

Y se sumergieron y fue húmedo, porque Erick no estaba esperando aquella reacción y sus manos resbalaron sobre la porcelana, cayendo sobre Charles y la bañera, que desbordó y empapó sus pantalones. Era, además, demasiado honda como para apoyarse con la mano en el fondo y tratar de sostenerse, así que cayó irremediablemente y hundió a Charles con él.

Tosiendo, agarrado al borde, Charles reía y se ahogaba. Erick se arrodillaba fuera.

— ¡Has intentado matarme! —se burló el Profesor.

Erick le dedicó una mirada terrible y consiguió ponerse en pie.

— Bueno, supongo que ya no tiene remedio… —murmuró.

Charles tardó sólo un segundo en cerrar la boca cuando Erick se quitó el jersey oscuro y mostró su torso, estirado por el movimiento, que revelaba las costillas y los abdominales y los fuertes pectorales que terminaban en los anchos hombros dorados.

Al jersey le siguió el pantalón, que fue desabrochado y descendió por las largas y fuertes piernas acompañado de la ropa interior. Erick se mostró ante él sin vergüenza alguna y sin demasiada complacencia; sólo con la naturalidad que da el acto repetido.

Entró en la bañera justo en el centro, haciéndola rebosar nuevamente y murmurando con gusto cuando el agua caliente le cubrió el estómago. Se arrodilló a ambos lados de los muslos de Charles y le sonrió, socarrón.

Inmediatamente, Charles introdujo las manos otra vez bajo el agua y la mirada incómoda volvió a empañar sus ojos claros.

Erick buscó sus manos y los dos forcejearon un poco, pero Charles sabía que no le quedaba más que rendirse.

— Erick… —suplicó.

— ¿Qué es lo que no te gusta? ¿Saber que…?

Sabiendo que sería incapaz de oír las opciones, Charles contestó rápidamente.

— Verlas —dijo con desprecio—. Odio verla al otro lado.

Erick asintió muy despacio, todavía agarrándole las muñecas, y descendió lentamente, acercando ambos pares de labios y jugando con un beso durante un momento.

— Ahora no puedes ver…

— Tú las sientes —le interrumpió. Después, abrió los ojos con una mueca de entendimiento y repulsa—. Oh, Dios… las estás sintiendo.

Se removió inquieto, tal vez tratando de salir de la bañera, pero Erick volvió a acercarse a él y lo presionó contra la porcelana de la bañera. El agua se meció con ellos y jugó a desbordarse tras los oídos de Charles.

— No más que si estuvieras sólo relajado, Charles. No hay nada raro… nada mal con tus piernas.

Charles respiró muy hondo dos veces, con la mirada fija en un lateral. Cerró los ojos y masculló:

— Todavía no estoy preparado para…

— Vale. No hablaremos más.

Charles asintió.

Erick se sintió orgulloso de sí mismo y de su capacidad de comprensión. Soltó las manos de Charles y perdió los dedos en su cabello negro, buscando un nuevo beso.

Permanecieron allí, en aquella postura, intercambiando mimos, hasta que Coloso subió a avisarles de que los dos últimos invitados acababan de llegar y de que cenaría en poco más de media hora.

Gritándole un “gracias” desde el otro lado de la puerta, Charles alejó a Erick de sí, sujetando su rostro con ambas manos y mirándole muy fijamente a los ojos.

Tal vez nunca pueda darte más que esto.

Con arrogancia, Erick simplemente levantó una ceja, como si aceptara un desafío.

Erick, no me vuelvas a romper el corazón.

Si Charles no hubiera sido un telépata y en aquellos momentos no tuviera todo su poder pendiente del hombre rubio, jamás habría llegado a entender que Erick le pedía exactamente lo mismo.

_________________

· Ferragamo: por si alguien no la conoce, es una marca de calzado italiano para mujer que hizo furor en los años 20 en Hollywood y que trabaja el calzado a mano. Fueron los Louboutin de la época y continuaron siéndolo hasta los años ochenta, más o menos.

· Phantazia: es una mutante a la que recluta Sapo cuando crea su propia Hermandad de Mutantes Diabólicos después de salir de Mistfits.

· Trader Joe's: una de las cadenas de supermercados estadounidense más baratas y que fue fundada en 1958. Creo recordar que sólo venden su propia marca, pero no me hagáis mucho caso.

· Arcángel: Warren Kenneth Worthington III. Es un hombre muy atractivo y rico. En el fic -y en algunos universos Marvel, ya sabéis cómo va esto xD- socio en la bolsa de Charles y exalumno.

· Administración Carter: en 1977 -año de la historia- comienza el gobierno del demócrata Jimmy Carter. Aunque suele pensarse lo contrario, la política exterior de Estados Unidos es invariable -no depende del color del Presidente o del Senado- y la época Carter, como la anterior, fue eminentemente beligerante en cuanto a guerra de inteligencia y armada; de hecho, contemporánea a este fic es la Crisis de los Rehenes. No voy a contar exactamente qué fue y eso para no aburriros, pero si me lo preguntáis lo adjuntaré en una nota en el cap siguiente para saciar curiosidades ^^. Por si a alguna le interesa, soy politóloga además de anémica xD así que soy una buena e imparcial persona para contar estas cosas jajajaja y ya sabéis que me encanta charlar xD

 

Notas finales:


Bueno chicas, siento la tardanza, pero... es inevitable. Intentaré actualizar lo antes posible pero... en fin xD cosas que pasan, además... ¡calculo que sólo faltan dos o tres capítulos!

Jajajaja ¿y qué os ha parecido? ¿eh, eh? ¿os ha gustado Arcángel? Llevo queriendo meterlo en la historia desde...
uuuhhh... no lo sé xD pero quería dejar patente que ha habido vida en estos últimos cuatro años en la Mansión X. Por cierto... Constance-Sophia me preguntó si había salido ya algo claro sobre Alex y Hank hace un par de capítulo ¿alguien más había notado que iban a ser pareja en este fics? Sobre ellos va la continuación... xD

Aish, tengo tantas ganas de saber qué opináis ¡espero que os haya gustado!
¡Muchos besos!
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

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El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios