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Notas del capítulo:
Con mucho cariño, espero que os guste :)

Capítulo 11

 

Mansión X, 31 de Diciembre de 1977

 

El alto reloj de péndulo dio las once y media y el piano fue dejado de lado. Repartidos por los sillones y sofás del salón, los mutantes charlaban animados y bebían ponche de huevo mientras daban cuenta del Tronco de chocolate.

El pequeño Erick se había envalentonado después de terminar su porción y había abandonado a Erick, que se había hecho con una de las butacas más cómodas junto al ponche, y hablaba velozmente con Hank, de pie entre las piernas del muchacho de ojos azules.

Charles seguía apartado en el rincón del salón, pero John Proudstar, Ave de Trueno, había tomado el sitio de Erick a su lado y los dos parecían charlar confortablemente. Después de dejar el piano y deambular un poco por el salón, Júbilo y Ororo se unieron a la retirada conversación.

— Está bueno ¿verdad?

La voz cercana de Warren sobresaltó a Erick, que casi se tiró el ponche por encima.

— Cuando Raven venía por Navidad estaba mejor, pero hay que reconocer que Havock —le dijo, mascando el nombre mientras se servía ponche— va cogiéndole el punto.

Olvidando un momento a Charles y al enfado que había en él, Erick se giró hacia el atractivo hombre.

— ¿Raven venía por aquí?

Warren se encogió de hombros, sentándose sin cuidado en el reposabrazos de la butaca de Erick.

— Sólo en Navidad, pero cuando decidió ir a Europa Oriental a ver con sus propios ojos el otro lado del Muro… Creo que no ha vuelto. Escribió una carta hace como dos años: estaba recorriendo los asentamientos mutantes del Este. Charles tuvo otro contacto con ella, me parece —le dijo, señalándolo con la barbilla.

Erick respiró profundamente y no dijo nada.

Él no había vuelto a tener ninguna noticia de Raven, ni siquiera cuando mandó a La Hermandad de Mutantes a buscarla. No le extrañaba que la chica no quisiera verlo ni en pintura, pero había mantenido contacto con Charles…

Repentinamente asqueado, Erick dejó la copa de ponche sobre la mesita y se recargó en el respaldo del sillón.

— Intentó tener algo con Hank —continuó contándole Warren—. Es increíble, lo sé, pero Hank estaba un poco deslumbrado por ella… a Ororo y a Felina les encantaba, con sus abrigos de Nueva York y el acento de Los Ángeles —se rio ligeramente, negando con la cabeza—. Es una pena que este año no haya venido, era la única que conseguía separar a Hank de… Havok.

Con la desazón en el estómago, Erick apenas registró el matiz en la voz de Warren al dirigirse a Alex otra vez.

Se mantuvieron un tiempo en silencio, Warren todavía en el reposabrazos, bebiendo lentamente el ponche con brandy y degustando la nata y la canela. Erick, en silencio, mantenía la vista fija en el pequeño Erick, negándose a mirar a Charles y a Ave de Trueno, todavía en el rincón, guardados por cierta intimidad ahora que habían perdido la compañía de Júbilo y Ororo.

No obstante, cuando Erick empezó a tocarse la oreja y ya no quiso seguir jugando con Hank y Alex, corrió hacia Charles y Erick no pudo evitar mirarlos.

El pequeño había pedido ser cargado y Charles no había dudado en subirlo a sus piernas y mecerlo contra sí, enterrando la nariz en el pelo rubio y recién cortado. Pareció murmurarle un par de palabras y ante su contestación, Charles elevó la vista y miró a Ave de Trueno.

Erick pensó que rasgaría el cuero del sillón con las uñas.

¿Cómo se atrevía? ¡Con Erick en brazos…! Inspiró para tranquilizarse, pero no pudo más que apretar la mandíbula con fuerza cuando John Proudstar asintió a las palabras de Charles, se puso en pie y empujó su silla hacia el centro del Salón.

¡La silla!

¡Erick había tenido totalmente prohibido si quiera hablar de ella!

¡¿Por qué?!

¿Por qué él sí?

¡Nadie, JAMAS, podría entender a Charles si quiera la mitad de bien que lo entendía él!

¡Habían soñado juntos! ¡Habían sangrado juntos! ¡Habían recorrido todo el país en busca de mutantes para crear el primer grupo oficial de ellos!

¡Juntos habían comenzado el Movimiento Mutante!

Y sin embargo… Sin embargo, aquél hombre, posiblemente de mediocre poder, tenía el derecho, ¡el beneplácito!, de ayudar a Charles ¡de que Charle le diese permi…!

Se levantó de golpe en cuanto lo oyó.

“Iré a por una manta para Erick” había dicho Ave de Trueno ¡posando una mano sobre las piernas del niño! Charles podría tener edad para hacer lo que le viniera en gana y restregarse con quien quisiera, pero Erick NO tendría que soportar a aquél hombre.

En dos pasos largos estuvo junto a ellos. Tomó por la muñeca a John Proudstar y lo alejó del cuerpo del niño.

— Voy yo.

Su voz sonó grave y dura incluso para sus oídos, pero era justo lo que pretendía. Que tocara a Charles era malo. Que tocara a Erick era imperdonable.

Ajenas a aquella tensión, mientras Erick salía del salón, las chicas habían vuelto al piano y desde allí le gritaron:

— ¡No tardes Erick! ¡Faltan menos de cinco minutos para Año Nuevo!

Erick les hizo un gesto con la mano y empezó a subir de dos en dos las escaleras, furioso.

Entonces, cayó.

 

Mansión X, 31 de Diciembre de 1977

 

La explosión hizo retumbar los cimientos de la Mansión. Las ventanas explotaron casi a la par y el Doctor Sutura dejó brotar fuertes carcajadas de sus labios finos y altos mientras el olor a quemado llegaba a ellos. Sapo estiró la larga lengua y saboreó el ambiente. Una nueva explosión les dijo que Dientes de Sable había dañado la caldera.

En menos de un par de minutos hubo llamas en las ventanas del piso bajo.

— Mira esta casa, Mortimer —le dijo el Doctor Sutura—, mira cómo el egocentrismo de Charles Xavier la hace caer.

Había en las palabras del mutante un deje de malsana prepotencia que, sin embargo, Sapo encontró correcto y vengador. Los XMen dificultaban la libertad de los otros mutantes. Ellos, con su aspecto respetable y su conciencia humana, como homos sapiens sapiens sólo bendecidos con un don, apartaban, marginaban y enterraban a los mutantes que, como él, había nacido sin la posibilidad de esconderse entre los humanos.

Y sin tal deseo.

Sapo se negaba a admitir que alguna vez hubiera podido desear… encajar entre todos aquellos simios evolucionados.

— Philippa, preciosa, creo que es tu turno.

Junto a ellos, Arco Voltaico pasó corriendo.

Habían acechado la Mansión X durante las últimas horas. Ocultos tras el murete de la terraza, sentado en la nieve, los habían visto terminar de cenar y cantar al piano. El Doctor Sutura había decidido que el ponche podría ayudarlos en su enfrentamiento, que evitaría bajas innecesarias, y que la llegada de la media noche, un nuevo día y un nuevo año era el momento ideal para convertirse también en el comienzo de una nueva era.

Cuando Arco Voltaico llegó a la pared del salón y tiró contra ella sus ondas, por fin se escucharon por el patio los primeros gritos.

El Doctor Sutura comenzó a caminar hacia allí.

Fiel tras él, Sapo, que era el único que no se había adentrado todavía en la Mansión, lo siguió hasta que el calor del incendio llegó a ellos.

— Es el renacer del fuego…

Las llamas pintaban el rostro del Doctor en colores naranjas, pero sus ojos parecían brillar en profundo color negro, alejado del suave azul que les era natural.

— Es nuestra noche, Sapo, recuerda este olor… es la carne quemada de tus enemigo —le dijo, volviéndose hacia él y sonriendo con su alta boca—. Consígueme al niño.

Sapo asintió.

— Buscaré a Magneto también, en cuanto Xavier deje de contro…

— No lo controla. Él quiere estar aquí. Lo siento, es un traidor.

Como si le hubieran dado un golpe, Sapo se tambaleó, pero nada pudo decir, pues el Doctor avanzó hacia la casa y se perdió en el interior, pasando entre el derrumbado muro.

Un traidor.

El hombre que le había inspirado, el mutante más poderoso que había conocido hasta toparse a Sutura…

Sapo se restregó sobre la nieve fría y se arrojó al interior de la Mansión.

 

Mansión X, 1 de Enero de 1978

 

Era un caos.

El salón se había convertido en un caos.

Charles no sabía realmente lo que había pasado. Erick se habían acurrucado en sus brazos y aunque intentaba permanecer despierto tenía frío, John se había ofrecido a buscarle una manta y Magneto había terminado saliendo del salón a por ella. Mientras lo veía partir, observando el ángulo firme de la tensión en sus hombros, cubiertos por aquella camisa y aquél jersey de pico tan extraños en él, una ligera presión en su mente le había hecho torcer la cabeza hacia las ventanas y…

Y después había habido caos.

Las ventanas habían estallado. Una explosión había tambaleado la estructura de la Mansión y en algún momento, caído Charles al suelo y arrojado de su silla, las llamas habían surgido y el fuego había comenzado.

— ¡Erick! —gritó— ¡Erick!

— ¡Papá!

Estaba tirado en mitad del Salón. Erick, junto a él, le quitaba el cabello del rostro con las manos torpes de los niños.

Charles se dio cuenta de que había estado inconsciente.

— Papá, sangras… —le dijo el niño, con voz muy baja entre el estruendo.

Mareado, Charles se incorporó cuanto pudo y lo abrazó.

Pudo ver el salón entonces por primera vez y darse cuenta de las peleas que estaban sucediéndose entre los escombros y el fuego.

Algo bloqueaba sus poderes. Charles no tuvo duda alguna de que se trataba del Doctor Sutura y abrazó con mayor fuerza a Erick contra sí.

Cerca del piano destrozado, Felina y Ororo hacía frente a Rat Bite con más destreza de la que podía esperarse de dos chicas jóvenes. Al otro lado de la habitación, tras una cortina de llamas, Charles creía que Warren y Cíclope enfrentaban a, al menos, tres mutantes.

Besó la coronilla de Erick, haciéndole esconder el rostro en su hombro y se arrastró hasta apoyar la espalda en el sofá volcado. Su silla estaba a varios metros y las llamas acariciaban parte del metal. Pronto sería inservible. Cerró los ojos con fuerza y trató de buscar una mente a la que pedir ayuda pero sentía que algo envolvía su cabeza, como si fuera él quien llevase el casco de Magneto y no pudiera salir de sí mismo.

Frustrado, gimió y cerró los ojos. El humo iría haciéndose denso y las llamas ganando terreno. Tenía que sacar a Erick de allí, enviarlo con alguien que lo llevase lejos. ¿Dónde estaba John? ¿Dónde estaba Hank? ¿Dónde estaba Erick? Warren podría llevarlo lejos en un momento, pero estaba ocupado luchando tras el fuego.

— Erick, Erick, cielo —le dijo al niño, colocándole las manos en las mejillas y fijando la mirada en sus bonitos ojos, esos tan grandes como los suyos y con un color que recordaba al de Erick—. ¿Sabes dónde está John? Estaba a nuestro lado y ya no lo veo.

El niño, con ojos asustados, asintió.

— Una chica hizo su poder y John peleó con ella. Estaban detrás del sofá. Me dijo que me quedara contigo, papi.

Charles se giró cuanto pudo, atado al suelo, pues no podía erguirse más allá de estar sentado, pero no pudo ver a John; tal vez la batalla lo había arrastrado lejos.

Una nueva explosión volvió a sacudir los cimientos de la mansión y Charles cerró los ojos, volviendo a abrazar al niño. Entendía que debía azuzarlo a correr hacia el jardín y ocultarse en el bosque hasta que pudiera volver y buscar cobijo en las cocheras. Los asaltantes no prestarían atención a aquél lugar alejado y vacío, pero Erick tendría calefacción y algunas reservas de chucherías que guardaban para las celebraciones.

— Cielo…

— Vaya, vaya, vaya… pero si están aquí las dos personas a las que buscaba…

Charles reconoció la voz sin necesidad de elevar la vista. De pie, con una máscara en el rostro que le salvaba del humo y las esquirlas de madera que saltaban entre el fuego, el Doctor Sutura los observaba con las manos en las caderas y tan ufano como era posible.

— Mathew, aléjate, piensa en lo que estás haciendo y provocando —le dijo, poniendo pasión en cada palabra—. Sólo hay destrucción, mira a tu alrededor. Hay otras formas de conseguir tus fines, no tienes por qué ser el malo.

El Doctor Sutura rio.

— ¿Qué se siente, Xavier, cuando no tienes poder alguno? —rio de nuevo— No sabes lo que pienso… estás indefenso, postrado en el suelo y tratando de proteger a ese niño que ya has perdido. Ven, Erick, ven aquí.

Charles gritó y apretó al niño contra sí. Erick empezó a llorar, pero peleó contra el agarre y buscó alejarse de su padre. Asustado, en pánico, Charles apretó con todas sus fuerzas el cuerpo pequeño y agradeció que el niño todavía estuviera enfermo y pese al golpe que lo mareaba pudiera mantenerlo entre sus brazos.

El Doctor Sutura se inclinó sobre ellos y le arrebató al niño.

Aferrado a él, Charles fue elevado hasta que volvió a caer al suelo, sus piernas muertas retorcidas en una posición extraña e incapaces de aguantar su peso.

— ¡No! ¡No, dámelo! ¡DÁMELO!

Jamás. Jamás había sentido aquello.

De haber tenido sus poderes habría doblegado la voluntad del hombre hasta volver su cerebro poco más que una papilla. Lo hubiera hecho con todos.

Pero no podía.

Una muralla poderosa y más estable que él con el golpe, le impedía alcanzar mente alguna.

— ¡Devuélvemelo! ¡Erick! ¡ERICK!

El niño lloraba, pero no peleaba en los brazos del hombre. Tirado en el suelo, Charles sintió que las lágrimas acudían a él también y no pudo evitar un sollozo cuando el hombre se le acercó. Tras la máscara no podía verlo, pero intuyó que sonreía y con toda la saña que podía haber en una persona, el Doctor Sutura levantó el pie y clavó el tacón de sus zapatos de vestir en la mano sobre la que se apoyaba.

— Repta como un gusano, Xavier, no eres más una repugnante lombriz húmeda… debería decirle a Sapo que se ocupe de ti. Le encantan los bichos. Disfrutaría mucho de terminar con el hombre que le robó a su héroe…

Sobreponiéndose al dolor, Charles se apoyó en el codo contrario y lo miró. Se sentía desprotegido, como una tortuga dada la vuelta, pero tenía a Erick y el niño no apartaba los ojos de él, aunque los poderes del Doctor Sutura le impedían hablar.

— Deja a Erick. Llévame a mí en su lugar. Es un niño… ¿por qué quieres a un niño? Yo te daré más pelea o seré más sumiso… haré lo que quieras, pero deja a Erick, déjale.

El humo oscuro empezaba a bajar y el calor se hacía cada vez más fuerte, tal vez apremiado por aquello, el Doctor Sutura se inclinó un poco y apretó con más fuerza el zapato en la mano. Charles sintió cómo se le rompían las falanges y tal vez la palma también.

Gritó y se retorció.

La cabeza se le fue de nuevo, llenándose de una bruma espesa que lo atontaba. Sintió que caía, pero costosamente volvió a levantarse sobre el codo, jadeando. Cuando el hombre levantó el zapato, el dolor volvió y Xavier se sintió incapaz de mover el brazo.

— Pero terminaré yo contigo, Xavier —le dijo el hombre, casi como un secreto mientras seguía inclinado. Erick cayó casi inerte sobre él, como un muñeco, y Charles alargó los brazos hacia él, sollozando y suplicando, aunque sabía que no lo alcanzaría—. Tsk, tsk, tsk… Erick se queda conmigo, Xavier, y tú… tú te quedas aquí.

—Mathew, mi hijo…

Pero Charles ya no pudo decir más. El Doctor Sutura alargó la mano y con el dedo señaló el centro de su esternón. Regodeándose, pensó en lo que estaba a punto de presenciar. Cosería la tráquea a la altura de los pulmones. Apretaría tanto la sutura que las paredes se pegarían y el aire dejaría de pasar. Xavier, tumbado en el suelo, trataría de respirar, pero los pulmones se sentirían llenos y no ejercería la fuerza necesaria… moriría ahogado sin deseos de respirar.

Se pondría rojo, después azul y los labios se le hincharían.

No tardaría mucho en morir. Él y el niño se irían pronto, justo después de encontrar a Magneto y terminar también con él, si es que Sapo, arrastrado por la furia, no había conseguido dañarlo ya.

A Charles le recorrió un pinchazo extraño desde el centro del pecho hasta el nacimiento del cabello. Asustado, se llevó la mano sana al esternón y de pronto fue cubierto de sangre.

Boqueó, confundido por el dolor, el humo y el calor. Se preguntó si habían sido sus piernas insensibles las heridas, pero entonces Erick gritó.

Un chillido agudo, asustado, que se oyó por encima del crujir de la madera, de los golpes de las peleas y entre el espeso humo.

Charles levantó la vista y encontró una escena tan aterradora como deseada.

El Doctor Sutura estaba quieto, en pie, con Erick mal agarrado a su cuerpo… sólo un golpe de suerte mantenía al niño junto a él.

Y estaba muerto.

Una barra de metal lo atravesaba desde el hombro derecho hasta la pelvis izquierda y lo mantenía fijado al suelo, otra, más gruesa pero muy corta y que Charles identificó como el reposabrazos de su silla, ocupaba el lugar de su corazón, pero había atrapado también su muñeca, tal vez cuando levantó la mano para evitar la entrada furiosa del metal.

— Erick… —susurró Charles, sin estar seguro de referirse al niño o al padre.

Trató de acercarse, reptando como la lombriz que el Doctor Sutura le había dicho que era, para tranquilizar a Erick, que había quedado atrapado por el brazo destrozado.

No vio la sombra que se acercaba hacia él.

Cayó inconsciente, envenenado por el dióxido de carbono y cegado por el dolor.

 

Mansión X, 1 de Enero de 1978

 

Erick bajaba las escaleras con la manta cuando la primera explosión sacudió la Mansión y las ventanas explotaron. La honda de Arco Voltáico lo arrojó hasta el suelo del atrio, de donde se levantó confundido, con los oídos sordos y el mundo lento a su alrededor.

Por instinto se llevó la mano a la frente, que le palpitaba dolorosamente, y la encontró abierta por una herida sangrante.

Con los sentidos embotados, recordó a las personas del salón y trató de enfocar la vista en la puerta para acudir en su ayuda… ¿dónde estaba la manta? Erick necesitaba una manta… No. No la necesitaba. La había necesitado.

Magneto tenía que centrarse.

Con paso torcido, pues el mundo todavía parecía caerse hacia la izquierda, se dirigió a la puerta del salón que había explotado. Se dio cuanta entonces de que el radiador de la entrada se había prendido fuego y que las llamas se propagaban por los grandes muebles de robusta y oscura madera.

— ¡Señor Magneto!

Como en un sueño, con la cabeza perdida, Erick se giró y encontró a Sapo quieto y a la espera junto a la puerta que quería alcanzar. Lentamente, el mundo comenzó a asentarse.

— Sapo… Sapo ¿qué está pasando?

— ¡Hemos venido a por usted!

— ¿A-a por mí? —preguntó, llevándose de nuevo la mano a la herida y buscando terminar de centrarse—. Sapo, no. Yo no… aquí ha pasado una cosa. Estoy aquí por mi voluntad.

Incluso en aquél estado, Erick pudo ver cómo Sapo se rompía. Su cara enjuta y babosa se agrió y sus ojos centellearon con el brillo de la locura y el desaliento.

Una nueva explosión los tiró al suelo y más por instinto que por estrategia, Erick arrancó una de las tuberías que habían quedado a la vista y atrapó a Sapo con ella. Mareado, se puso de rodillas y a gatas se acercó al mutante, que se revolvía.

— ¿Qué está pasando, Sapo? ¿¡Qué habéis hecho!?

Fuera de sí, Sapo pataleaba y trataba de deshacerse de la barra de metal, pero Erick estaba tan rabioso y mucho más preocupado que él, así que la increíble fuerza de sus piernas no era suficiente. Magneto se puso en pie agarrándose de la balaustrada y le pateó sin piedad la cadera.

— ¡Da la orden de parar esto!

Fue imprudente y lo pagó: Sapo aprovechó la cercanía para golpearlo con la lengua en el pecho y hacerle caer contra las escaleras. Sin embargo, la tubería ni siquiera se movió unos milímetros, si bien, lo apretó con más fuerza.

— ¡Yo no tengo ese poder! ¡Nos has traicionado! ¡Dijo que lo habías hecho y lo has hecho!

Erick apenas tuvo tiempo de girar sobre los escalones para apartarse del ácido escupitajo de Sapo. Sentía la sangre que escurría por su frente sin control e intuía que la saliva del mutante lo paralizaría por completo con aquella debilidad.

— ¿¡Quién!? —le gritó, apartándose de nuevo y apretando la tubería, que gimió mientras el vestíbulo comenzaba a llenarse del humo espeso de los incendios y las llamas se propagaban por las cortinas— ¿¡Quién tiene el poder!? ¿¡Quién te ha dicho que os he traicionado!? ¿A QUIÉN TE HAS VENDIDO?

— ¡A quien debí seguir desde el principio! ¡A un hombre que será un héroe! ¡Un héroe para nosotros!

Con un grito estrangulado, Erick obligó a la tubería a romper el suelo y a encadenar a Sapo. Necesitaba entrar en la sala y sacar a Charles y a Erick de allí si es que no habían salido al pat…

La puerta del salón cedió de golpe. Las llamas derrumbaron el dintel, y el polvo y el humo enceguecieron todo durante unos segundos mientras el calor atacaba sin piedad todos los cuerpos cercanos. Erick se tapó los ojos con los brazos y buscó con desesperación algo entre el hollín. Oía golpes y tal vez algún quejido, pero los muebles lloraban sin parar y las explosiones le habían dejado adoloridos los tímpanos.

Se acercó con decisión a la entrada y rezó porque las llamas fueran sólo una cortina, que al atravesarlas no hubiera más o se quemaría y tendría que buscar otra manera.

Se quemó, por supuesto, pero pudo atravesarlas e introducirse en la sala.

— ¡Magneto!

Era Cíclope quien había gritado. Luchaba junto a Warren contra dos mutantes robustos que parecían tener la piel hecha de piedra y ser todo músculo y una mujer bajísima y hábil como un ninja. Aunque Erick quería buscar a Charles y al niño por encima de cualquier otra cosa, vio el ala destrozada y quemada de Warren y la indefensión de Scott, que temía quitarse las gafas y crear una explosión mayor.

En cuanto dio un paso hacia ellos, uno de los dos gigantes corrió hacia él como si fuera un toro dispuesto a embestir. Erick lo esquivó porque tardó en darse cuenta de que se aproximaba y su movimiento fue inesperado. Sin piedad, convocó todos los tornillos de la sala y los hizo impactar con él. La mayor parte rebotaron y se rompieron, pero otros encontraron espacio entre los pliegues de la roca y rompieron las articulaciones y los órganos que encontraron a su paso.

Warren se las apañaba bastante bien, pese a su ala rota, contra el otro gigantón, que se movía errático como si hubiera sentido el dolor de su compañero, pero Scott seguía en problemas. La mujer lo atacaba sin piedad y las llamas y el humo acortaban cada vez más su campo de movimiento.

Con un gesto, Magneto arrojó a la mujer contra el suelo al obligar a los botones de su chaqueta a alejarse de él. Ella pareció desvanecerse en el aire unas milésimas de segundo, pero volvió a aparecer. Sin entender lo que había pasado, Erik dio un paso hacia ella, pero Scott fue más rápido y, sin piedad alguna, levantó la pata de una silla rota para darle un golpe en la cabeza que la noqueara. La mujer volvió a “parpadear” antes de que lo hiciera y el golpe se perdió, sin embargo, cuando volvió a aparecer, la madera todavía estaba en su lugar y, espantado, Scott la soltó al sentirla atrapada por el cráneo de la diminuta mujer.

Instintivamente, Erik alargó la mano y tiró del hombro de Scott para que se diera la vuelta y dejara de mirar el grotesco cadáver.

— ¡Ayuda a Warren y salid de aquí!

Tal vez debería haberle dicho que sacaran a todos, que fueran héroes, pero Magneto no predicaba el heroísmo, sólo la supervivencia.

Empujó a Cíclope hacia Warren y buscó entre las llamas y el hollín su siguiente pasaje hacia algún lugar. Daría vueltas y vueltas por la sala hasta encontrar a Charles o hasta que este se pudiera en contacto con él.

El silencio en su cabeza era peor que los alaridos de la Mansión.

Le pareció ver un camino entre las llamas, cerca de donde antes había estado una gran estantería, y se aventuró unos pasos hacia allí, dejando tras de sí a Warren y a Cíclope. Una nube de ceniza corrió de pronto mientras andaba y el calor le quemó el rostro, las manos y los pulmones, pero tras ella pudo ver movimiento y después a una figura totalmente erguida, como si el incendio no le afectase.

Tambaleante, dio unos pasos más, casi a la espalda de aquél desconocido. Tenía los ojos irritados y apenas podía ver nada, pero con los sentidos tan alerta… sintió la aleación del caro reloj de Charles y actuó antes de pensar.

Sin saber qué convocaba, pero saboreando cada partícula de aquellas barras, las lanzó contra aquella figura y justo un instante antes de que se clavaran, vislumbró al pequeño Erik atrapado entre esos brazos. Las desvió sin saber cómo y corrió ladeado hacia allí. Por fin pudo ver a Charles, reptando desesperado por el suelo, y le faltó tiempo para arrebatar del cuerpo convulsionante del Doctor Sutura a Erik.

El niño tenía los ojos cerrados con fuerza, pero de algún modo debió de reconocerlo, porque se abrazó a su cuello sin dudar y empezó a llorar desolado, ahogado por las cenizas.

Erik no pudo decirle nada, asfixiado también. Se giró hacia Charles y lo encontró quieto sobre el suelo. Sintió que algo caía dentro de él hasta sus pies, pero atrajo pequeñas partes de metal de la destrozada silla de ruedas y, envolviéndolas en sus muñecas y tórax, lo hizo levitar tras él mientras buscaba una salida hacia los jardines.

 

Las ventanas estaban apenas a unos pasos a la izquierda, pero las llamas quemaban sin contemplación y una espiral de fuego se había creado allí donde se había roto, fruto del oxígeno y el viento.

Beso los cabellos de Erik, que seguía aferrado a él pero ya no podía llorar, y se tiró contra las llamas protegiéndolo tanto como pudo.

No fue consciente de haberlas dejado atrás, el calor era demasiado y se había pegado a su piel. Tenía feas quemaduras y no podía distinguir si ya estaba bajo el frío de la noche de diciembre o no. Fue la nieve bajo sus botas la que se lo hizo saber y, pese al dolor, dejó de correr para hacer pasar a Charles por aquél infierno tan rápido como fuera posible.

— Erik, Erik… —le murmuró al niño mientras vigilaba la veloz salida del inconsciente Charles— Erik ¿estás bien?

Estaba quieto en sus brazos, pero se agarraba con demasiada fuerza a él como para pensar que estaba inconsciente. Erik lo meció y se acercó al cuerpo de Charles, haciéndolo bajar suavemente hacia el suelo, hasta recostarlo sobre la nieve que cubría la terraza.

Había huellas de pisadas por todas partes y, fugazmente, Erik se preguntó cuándos mutantes estaban atacando la Mansión y si no sería imprudente mantenerse allí. Cíclope y Warren no habían salido todavía, al menos no por allí, y no había visto a las chicas, ni a Ave de Trueno ni a Hank y a Alex.

Charles tenía sangre en la nariz y en la boca y se le oía respirar, pero parecía inconsciente por el humo, sin más heridas visibles que raspones y quemaduras pequeñas.

Una parte de él, casi desconocida hasta entonces pero de un poder insospechado, le gritaba que volviera a alzarlo, se metiera en uno de los coches con Charles y el niño y condujera hasta el amanecer. Por desgracia o por fortuna, Magneto era demasiado fiel a su causa -salvar a los mutantes- como para dejar que los muchachos de Charles murieran abrasados en aquella casa.

Arrodillado sobre la nieve, tiró de Erik para comprobar que de verdad estaba bien. Tenía el rostro manchado de hollín y algunas salpicaduras de sangre. Las lágrimas habían abierto dos largos caminos en sus mejillas y tenía los ojos, esos ojos con la forma de los de Charles pero el color que él había tenido de niño, rojos por el llanto y el humo.

— ¿Te duele algún sitio? ¿Te hizo algo? —le dijo acariciándole el pelo corto con demasiada fuerza.

Erik negó con la cabeza y un puchero bajó las comisuras de sus labios. Desolado, Magneto tuvo que alejarlo cuando volvió a abalanzarse sobre él en busca de un abrazo.

— Erik, los chicos están todavía ahí dentro. Tengo que entrar para ayudarlos a salir. Te quedarás aquí con Charlas ¿de acuerdo?

Sin esperar la respuesta del niño, volvió a ponerse en pie sintiendo las quemaduras de las manos arderle sin piedad. Bajó las escaleras de la terraza con el niño en brazos, que se recostó contra él pero no lo abrazó, y Charles detrás.

Buscó refugio para ellos entre la pared de la terraza y los arbustos del jardín. Colocó con cuidado a Erik allí, donde la nieve no había alcanzado a cubrir el suelo de tierra, y dejó que Charles bajara suavemente. Desde la casa, atrajo tantas piezas de metal como pudo y en torno a ellos las entrelazó a modo de nido.

Abrazó al niño para reconfortarlo y buscó su mirada. Él, en principio, la esquivó, pero Erik le puso amablemente una mano en la mejilla y forzó que sus ojos se encontraran.

— Voy a volver ahora, Erik. Abrázate fuerte a Charles para que no pase frío.

Erik asintió fervientemente, pero no dijo nada. Magneto no pudo contenerse y se encontró a sí mismo dándole un muy sentido beso en la sien.

Respiró profundamente antes de alejarse y fijar su atención en Charles. Con reverencia, le pasó los dedos por el cabello y lamentó no tener más sensibilidad en las manos. Con cuidado, lo atrajo hacia su pecho con la excusa de ponerlo más cerca de Erik y de recostarlo de lado para que respirase mejor.

— Mi Charles… —se oyó decir antes de inclinarse y posar sus labios en los de él con devoto afecto.

Sabiendo que si demoraba aquél momento un poco más nunca sería capaz de dejarlos, Erik lo soltó y se puso en pie, haciendo que los metales respetasen su altura. Al pequeño Erik le faltó tiempo para enroscarse en el pecho se padre, pero no dejó de mirar a Magneto ni un segundo.

Con un cabeceo final, Erik salió de aquél escondite y volvió a subir las escaleras hacia la Mansión.

 

Mansión X, 1 de Enero de 1978

 

Sabiéndose incapaz de volver a atravesar la espesa cortina de llamas, Erik recorrió la terraza hasta llegar a las ventanas del despacho de Charles. Habían sido reventadas también, pero el fuego todavía no había llegado a la sala cerrada, aunque el calor ya había hecho saltar el revestimiento de madera de la pared.

Con Sutura, porque suponía que aquél hombre era el Doctor Sutura, muerto y Sapo atrapado en el rellano, Erik esperaba que los demás mutantes hubieran huido, aunque con el clamor de las llamas era posible que no se hubieran percatado.

Con un movimiento de mano hizo que la puerta corredera del despacho se abriera y tuvo una fugaz visión del hall al otro lado antes de que una inmensa mole se abalanzara sobre él. Debía haber perdido más audición de la que creía, porque no había escuchado a Dientes de Sable.

El mutante gruñó algo y trató de despedazarlo con los dientes y las manos al acorralarlo contra el suelo, pero Erik era infinitamente más veloz e hizo que un cajón saliera disparado contra su cabeza. El golpe lo aturdió y lo apartó de Erik que, sin contemplaciones, hizo que la barra de las cortinas lo tirara contra la pared que daba al incendiado salón. Ésta cedió y una bocanada de llamas se metió en el despacho. Dientes de Sable desapareció entre ellas y Erik terminó de ponerse en pie, sin lamentar su posible muerte.

Con paso firme, salió del despacho y volvió a encontrarse en el hall. Las llamas habían crecido por todas partes pero había patrones extraños y Erik tardó sólo dos pasos en sentir que el suelo estaba cubierto por algo. Aterrado porque fuera gasolina, bajó la vista y trató de ver entre las cenizas qué era.

— ¡Voy otra vez!

Reconociendo de inmediato la voz de Ororo, Erik dejó su investigación y buscó con la mirada. De pronto, notó unas gotas caer sobre su cabeza y hombros y comprendió que la mutante estaba invocando lluvias para frenar las llamas. Sin embargo, era incapaz de verla.

Atrajo una pieza larga de metal que no estaba seguro de lo que había sido, y la empotró con fuerza contra los escombros ardientes de uno de los muebles del recibidor, que creaba una columna grande llamas en el pasillo junto a las escaleras.

— ¡Tormenta! —llamó— ¡Sal por el despacho de Charles!

El humo se estaba comiendo su voz, pero la lluvia había bajado ligeramente el estruendo de las llamas devoradoras.

— ¡Señor Magneto!

Era Júbilo quien gritaba y un instante después, apareció por el pasillo que acababa de abrir con Tormenta cogida del brazo. Tenían quemaduras por todas partes y, al igual que el pequeño Erik, tenían surcos de haber llorado. Magneto no necesitó más para entender que Felina ya no estaba con ellas.

— ¡Salid por el despacho de Charles! —volvió a gritarles.

Ellas obedecieron tambaleantes y al pasar por su lado, Tormenta le vociferó:

— ¡Cíclope y Warren iban a la terraza! ¡No encontramos a Hank y a Alex!

— ¡Ave de Trueno estaba en el pasillo de la cocina! —le dijo Júbilo— ¡Hay dos mutantes! ¡Nos mandó a buscar a Hank y a Alex!

Magneto asintió y, aunque él se sentía destrozado y malherido, las chicas lo vieron como un auténtico héroe. Donde los demás parecían encorvados y temerosos, él estaba erguido, como si fuera intocable, aunque tenía las manos quemadas y tanto hollín como los demás.

— ¡Buscad a Hank y a Alex! ¡Charles y Erik están escondidos junto a las escaleras de la terraza! ¡Esperad allí!

Ororo pareció a punto de decir algo, pero no lo hizo y las chicas siguieron su camino mientras la lluvia se extinguía. El fuego era demasiado, pero sin duda aquellas gotas habían dado unos valiosos minutos a todos los que se encontraban todavía allí dentro.

Erik recorrió el pasillo y giró en las escaleras. No recordaba demasiado bien si Alex y Hank habían estado en el salón cuando él salió a por la manta, pero si nadie los había visto, la única posibilidad era que hubieran vuelto a la cocina. Tal vez por ello Ave de Trueno se encontrase allí.

Una explosión en el piso superior hizo tambalear los cimientos del ala central de la casa y Erik tuvo que apoyarse contra la puerta secreta que daba a las instalaciones subterráneas de la Mansión. Había golpes en ella, de alguien que había tratado de forzarla, y supuso que había sido alguno de los chicos. Sin embargo, alguna explosión debía haberla bloqueado, porque nadie había usado uno de los extraordinarios inventos de Bestia para solucionar todo aquello.

Sintiendo todos los objetos de metal a su alrededor, Erik continuó su camino dispuesto a enfrentarse a cualquier percance frente a él.

Tenía que volver con Erik y Charles.

 

Notas finales:
· Mathew George Clearmoth: Doctor Sutura.

· Philippa Sontag: Arco Voltaico.

· Júbilo: Jubilation Lee

· Ave de Trueno: John Proudstar

· Mutantes que siguen al Doctor Sutura: Huracán, Rat Bite, Phantazia, Feral, Sapo, Dientes de Sable, Calisto, Spike y Arco Voltaico.

 

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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios