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Notas del capítulo:
Queridas, queridas lectoras...

Sólo puedo pediros disculpas por haber tardado tanto. En Navidad... bueno, es que ya lo he intentado y... el caso es que todo perdió el sentido que tenía antes ¿sabéis? Y... bueno, simplemente no podía escribir. Tampoco era un boqueo, sólo...

¡Pero estoy de vuelta! He terminado este capítulo y tengo el siguiente un poco empezado... para el ritmo que llevaba antes no es nada, claro, pero recuperaré mis rutinas, seguro. Y además ¡falta poco para terminar!

Antes de dejaros el capítulo quiero deciros que nunca, nunca había pensado en enfocar esta historia desde un punto de vista tan paternal.
Yo no tengo un buen padre. Tampoco lo anhelo, porque vivir con un padre así también ha pulido mi personalidad hacia lo que es y por eso... no sé bien por qué este fic tomó estos derroteros ni por qué cuando me dí cuenta ya no pude evitarlo, pero... No sé, tal vez ha sido catárquico (?) y vuestros comentarios han ayudado mucho. Seguramente (porque soy una charlatana) no os habréis dado cuenta, pero ha habido capítulos con escenas que me han dado verdadera vergüenza y he dudado en subir (y no las de la bañera precisamente xD) y encontrar al otro lado de la pantalla a alguien que también le gustaron e incluso le calentaron el corazón... bueno, es que ha sido un mundo para mi.

Como no tengo nada mejor ni más sincero que decir, os dejo el capítulo con mi deseo de que os guste :)

Capítulo 10

 

Mansión X, 31 de Diciembre de 1977

 

Charles podía notar los mordiscos que Erick le había dado en el lado izquierdo del cuello. Se había contentado en mascar la zona sin apretarla en absoluto y sin separar la boca de la piel. Ahora, cuando algún mechó de pelo lo rozaba, un escalofrío le recorría la espalda y tensaba los músculos de su abdomen.

Salir de la bañera había sido una pesadilla porque Charles se sentía frustrado y torpe. Erick había salido de la bañera con un salto ágil que había mostrado el esplendor de su cuerpo fibrado y atlético bajo las luces tenues y el titilar de las velas aromáticas. Después, se había colocado una exigua toalla blanca a la cintura y había tratado de ayudarlo. Consciente de sus buenas intenciones pero sintiendo el resquemor de la impotencia bajo la piel, Charles apenas le permitió acercar la silla de ruedas y mantenerlo estable sobre la porcelana húmeda.

Por supuesto, no dejó que lo secara ni que le observara atentamente.

El frío hizo su parte y pronto Erick buscó refugio en una manta doblada en el armario para desaparecer corriendo por los pasillos -cualquier vestigio de dignidad abandonado, pero la espalda y el semblante orgullosos y serios- para vestirse apresuradamente en su helada habitación.

Charles fue mucho más lento, pero se encargó de escoger rápidamente la ropa y encerrarse en el baño para darse el tiempo que pudiera necesitar en secarse correctamente y vestirse.

Al final, cuando en silencio abrió la puerta y salió a su habitación, llevaba un poco torcidos los pantalones de pana y hacía casi media hora que Coloso subiera a por ellos.

Casi inexplicablemente, Erick le esperaba allí, frente a la chimenea.

Llevaba unos pantalones vaqueros muy oscuros y una camisa azul celeste bajo un jersey de cuello redondo. Era tan inusual en él aquél vestir, que Charles tuvo que volver a mirarlo discretamente para comparar los ángulos fuertes de su quijada y barbilla y la forma en la que el pelo dorado nacía en su frente. Todo en él parecía distinto con aquella ropa.

También podía ser, no obstante, que lo miraba con un brillo calculador e intenso en los ojos que Charles no recordaba haber visto nunca dirigido hacia él.

— Tenemos el pelo mojado, sabrán que nos hemos bañado juntos.

No era aquél el mejor momento para interceder a favor de su relación-no-relación, pero se vio abocado a ello ante tales palabras.

— Se lo imaginarían de todas formas —contestó escuetamente, dirigiendo su silla a la mesita de noche donde guardaba la manta con la que se abrigaba las piernas.

— ¿Bajamos? Tus invitados nos esperan… —le murmuró sin decir más.

Charles suspiró para sí mismo y extendió la manta antes de dirigirse a la puerta y después al ascensor. Justo tras él, entró Erick alzado en toda su altura y sin mirarlo.

— Lo estás haciendo más difícil de lo que es.

Charles gruñó pero no le contestó y marcó la flecha de bajada. El ascensor comenzó a moverse.

— Aunque tal vez es una buena estrategia… no me desanimo fácilmente y sin duda me gustan los imposibles —se burló con cierto retintín en la voz.

— Sin duda, Erick, eres un soñador —le alabó falsamente.

Las puertas del ascensor se abrieron y la conversación quedó interrumpida entre ellos por el barullo de voces que les recibieron. Venían algunas del comedor, pero los chicos alborotaban por el pasillo, pasando de la cocina al otro lado continuamente.

— ¡Charles!

El primero de los invitados en asomarse fue el atractivo Warren, que no dudó en aproximarse a la silla y estrechar con calor la mano tendida del hombre, que sonrió sincero.

— Querido Warren… qué alegría verte. Una llamada a la semana no compensa tu ausencia —le dijo con una amplia sonrisa que creó una arruga tonta en la comisura derecha de los labios de Erick.

— Y mucho menos si decides dormir un mes entero… ¿cómo no me avisó antes de que había problemas, Profesor? —le dijo dejando a un lado el tuteo y pasando a un tono que parecía todavía más cercano—. Lo habría dejado todo por venir a echar una mano… y ni siquiera tenía algo real que dejar.

— ¿Y Stephie? ¿No…?

— Uy, eso agua pasada. Pero muy pasada. No le gustaban mis amigas… —dijo señalándose la espalda—. Ahora está prometida con un doctorando coreano de su facultad; no me ha invitado a la boda ni nada, pero yo le presenté al señor Yoon Min Suk así que…

El hombre rubio departía despreocupadamente, pero Erick pudo ver la tensión en su cuello que hablaba de cierto pesar y desilusión.

— Júbilo ha sido secuestrada por Tormenta y Felina, pero Ave de Trueno está en el comedor con Erick —le dijo al final, indicándoles con la cabeza que lo acompañaran hacia allí—. Creo que están buscando a Bastian, pero la verdad es que no me he enterado muy bien de que… ¡Hank! ¿pero qué haces? ¡Espera, que te ayudo!

Y los dejó colgados en mitad del pasillo para correr hacia Bestia y quitarle la bandeja con cubiertos que estaba llevando entre el pecho y el brazo sano.

Mirando aquello con sospecha, Erick siguió a Charles y entró en el comedor, que volvía a estar decorado para la ocasión y en el que hacía un calor muy reconfortante.

— Felina y Ororo no son fiables… —masculló al oír dentro la voz de Erick contando alegre alguna cosa.

Bajo los ventanales, a una distancia prudente de la chimenea encendida, Erick rodaba por el suelo sobre la alfombra persa. Frente a él, había montado un juego de plástico, una especie de casa medieval alta y oscura que el niño podía abrir y en la que había dos figuras.

No bien atravesó Charles la puerta justo delante de él cuando el hombre que vigilaba a Erick sentado en una de las sillas de comedor, se puso en pie y le dirigió una cálida mirada desde su rostro adusto y grabe.

— Querido, querido Jhon… —dijo Charles a modo de saludo, esquivando con pericia la mesa y yendo al encuentro del hombre.

Era un indio americano, alto como una estatua y de músculos duros y visibles. Vestía una cazadora ligera de ante y vaqueros descoloridos pero cuidados. Tenía el cabello oscuro trenzado por partes y los pómulos marcados de los apaches.

— Charles…

Fue fugaz.

Tan rápido que apenas fue lógico que lo viera, pero lo sintió como si un rayo lo hubiera atravesado.

John Proudstar se inclinó sobre Charles y buscó el roce de sus labios como un gesto reflejo. Una costumbre.

Erick sintió que se congelaba por dentro.

— Está bien —oyó que el indio murmuraba, otra vez en pie, mientras apartaba la mirada de Charles y la llevaba lentamente a encontrarse con los ojos de Erick.

Por supuesto, Erick no apartó la vista y enfrentó sus orbes oscuras sin mostrar nada en él que no fuera férrea determinación.

La cremallera de su cazadora era de aluminio reforzado. Podía estrangularlo con ella antes de que el fuerte hombre terminase de parpadear.

— John, Ave de Trueno, Proudstar.

El saludo fue serio, sin más intención en las palabras que presentarse, y el hombre le extendió una mano grande y gastada de trabajar.

Erick elevó ligeramente la barbilla y la aceptó con fuerza.

Fue correspondido con mucha más presión.

— Magneto.

— ¡Se llama Erick! —gritó desde la alfombra el niño, girando feliz sobre su espalda con un pequeño muñeco en la mano—. Como yo.

La tensión no se evaporó entre los tres adultos, pero Erick reconoció el momento como el ideal para marcar su posición y para alejarse de allí antes de cometer alguna locura. Con pasos largo, sin mirar a Charles, cruzó el comedor y se colocó junto a su hijo.

Su hijo.

Sí.

Desde la altura, inclinando tan sólo la cabeza pero haciendo coincidir los ojos grandes con los suyos, elevó las cejas y le dijo:

— ¿Y esto de aquí? ¿Le has robado los juguetes a Havok?

Sorprendido y risueño como apenas lo había vito, el niño rio y se balanceó de lado a lado.

— ¡Havok no tiene juguetes!

— Oh… claro que tiene. Creo recordar dos ruidosos coches que se movían si les dabas cuerda guardados en el cajón de su escritorio…

Hasta que Tormenta entró en el comedor con el pan de maíz, Erick jugó con el niño y trató de aislarse de la conversación que Charles y Ave de Trueno mantenían un poco más allá.

Y fue muy complicado

Los juguetes de Erick eran un “regalo de Papá Noël en casa de Jhon” y Charles no paraba de reír y hablar con fingida gravedad, en aquél tono gracioso y jocoso que tenía.

 

Condado de Westchester, 31 de Enero de 1977

 

La nieve caía lentamente del cielo oscuro y engrosaba la capa de cuarenta centímetros que ya cubría el suelo del bosque. Sapo resentía el frío cortante de la noche encaramado a la rama baja de un abeto mientras los demás formaban un círculo entorno al Doctor y bebían sus palabras.

El Doctor Sutura tenía un rostro medio y unos ojos claros rodeados de largas pestañas que acompañaba con una sonrisa delicada y alta, además, era refinado y tenía un aura de intocable… ¿prestigio? O impunidad.

Posiblemente era impunidad.

— … habremos conseguido ¡LA VICTORIA!

La mutantes gritan, ensordeciendo todos los oídos pero inflamando los corazones y la llama prendió de unos a otros. A la vez alzaron un pie y comenzó la inexorable caminata hacia los campos de la Mansión X. Estaba lejos y hacía frío, pero su camino hasta allí había sido más largo, de una vida entera, y la meta sólo los llenaba de calor. Eran como una ola imparable contra una playa que no conoce las mareas.

— Lo leo en todos ellos, querido Mortimer, hoy es nuestro día.

Sapo había bajado del árbol y seguía al grupo apenas a un par de metros de distancia, pero el Doctor Sutura parecía haber esperado por él.

— No somos un ejército… —le dijo, sintiéndose repentinamente cuidadoso.

El hombre se rio.

— Somos el doble que ellos… y tenemos nuestros trucos.

— Callisto nos guiará en las sombras, Arco Voltaico romperá todas las ventanas cuando estemos lo suficientemente cerca y usted nos ocultará de los poderes de Charles Xavier.

— Ummm…

El Doctor asintió suavemente, pero tenía una sonrisa ladina dibujada en el rostro. Desde su altura mucho más baja y ligeramente encorvado, Sapo lo observó y se preguntó qué secretos guardaba aquél hombre de andar aristocrático.

— ¿Sabes… querido Mortimer, cuál es mi poder, mi don?

Sin pensarlo, mientras estiraba la lengua y se lamía la fría nariz, Sapo contestó:

— Telepatía.

El Doctor rio por lo bajo y pareció elevarse unos centímetros más, más alto, más inalcanzable, más grandioso si cabía.

— ¿Telepatía? Sí, bueno… sin duda uno de mis… favoritos, pero no el original. No el original —le dijo, riendo suavemente.

— ¿El… original?

— Ahhh… Sapo, querido Sapo… yo soy un superviviente ¿sabes? Por eso sé que hoy vamos a ganar cuando leo sus mentes, porque leo en ellos la misma inquebrantable voluntad. Aunque algunos, por supuesto, no tengan lo necesario para ver su sueño cumplido.

Sapo continuó en silencio, caminando a su lado y entendiendo que se refería a posibles muertes entre la Hermandad de los Mutantes Diabólicos.

Él ya contaba con eso.

— Yo tampoco tenía lo necesario para vivir en este mundo, para sobrevivir… por lo menos no con la calidad que yo deseaba. Así que la naturaleza me dio… un don acorde a mi necesidad, a mis objetivos. ¿Imaginas ya cuál es?

Sapo permaneció callado, expectante y atento.

— No… ya me imagino que no —le dijo con una gran sonrisa en el rostro—. Yo, querido Sapo, absorbo los dones de los demás. Sólo necesito un poco de contacto y una herida abierta y… ya está. Es mío y puedo llegar a mi siguiente objetivo. Soy un superviviente. Como todos nosotros, pero con la capacidad para ser el último en el tablero al final.

Asombrado y sintiendo el estómago burbujeante de la emoción, Sapo casi perdió el pie.

— Y… y… ¿la telepatía es de… del Profesor X?

Igual que si aquello hubiera sido una broma, el Doctor Sutura estalló en carcajadas.

— Oh, no, no, no… la telequinesis la conseguí hace mucho… incluso antes de la mutación que me permite coser las heridas. Oh, sí… La telequinesis, querido Mortimer, era el poder de mi hermano gemelo —le dijo, agachándose hasta colocar la cara a su altura, sonriente—, se lo arrebaté como primera medida para cumplir mis objetivos: no podía haber otro heredero.

Y con otra carcajada, volvió a erguirse en toda su altura.

 

Mansión X, 31 de Enero de 1977

 

Charles ocupaba el lugar principal en la mesa otra vez y los chicos le habían dejado el plato a su derecha a Erick. Desgraciadamente, el de la izquierda había sido ocupado por John Proudstar y no por el pequeño Erick, a quien en principio Felina y Júbilo habían querido sentar entre ellas. Por suerte, el niño se había negado a alejarse de él y había terminado sentado a su derecha, frente a Warren.

—… aumentar a seis equipos por división, así que habrá quince partidos para cada uno en lugar de dieciocho —le decía Ave de Trueno, sonriente, a Charles.

— ¿Y se sabe qué ciudades optan a entrar?

— Como no lo sepas tú con tus poderes, Charles…

— ¿Quieres decir, John, que debo entrar en Cerebro y utilizar todo su potencial para adentrarme en las mentes de los miembros de la Liga Americana de Béisbol y escrutar hasta que encuentre la lista de candidatos?

— También puedes mirar el ánimo de los Red Sox, a ver si tienen el espíritu del ’75.

— Los Cincinnati Reds, ellos sí que van a ganar. Ya verás —les dijo Warren, interviniendo naturalmente en la broma privada entre ellos.

— Ni hablar, o los Yankees o los Red Sox, me niego a pensar que la Serie Nacional va a volver a salir de aquí ¿verdad, Charles?

— Ummm… llevo casi dos meses fuera de las Ligas, pero… —dijo con una trémula sonrisa divertida— estoy casi seguro de que Warren tiene razón.

— ¡La tengo! ¡Choca!

Y sobre el plato de Ave de Trueno, lleno del aromático puré de patatas de Alex y de un anillo de salmón, chocaron los puños y se rieron. El hombre indio los miró con el ceño fruncido y separó sus manos, tomando la muñeca de charles entre sus dedos y llevándola de nuevo junto a su plato. No la soltó y, de hecho, le obligó a girarla suavemente, hasta dejar expuesta la piel suave del interior.

Se agachó entonces hacia él, murmurándole al oído con un atisbo de preocupación en los ojos oscuros que consiguió que el tenedor de Erick se le pegase a la mano.

Con un movimiento brusco, apartó la mirada de ellos y tiró del tenedor hasta que el magnetismo perdió fuerza.

De pronto, cuando pensaba que iba a tener que abandonar la mesa o arrojar todos los cuchillos presentes sobre John Proudstar, un ligero tirón en la manga de su jersey lo sacó de la espiral de ira.

— Ya no quiero más…

La voz del pequeño Erick era suave y tímida, y en su plato sólo quedaba un poco de puré. Magneto lo observó y dejó el tenedor finalmente sobre la mesa para acariciarle el pelo suavemente.

— ¿Te ha gustado?

El niño asintió.

— Sí, pero ya no quiero más.

— ¿Ya no quieres o ya no puedes?

Dudando, Erick al final se encogió de hombros y se decidió por una respuesta:

— Ya no quiero. Pero quiero la rama de chocolate.

Erick se sonrió discretamente, tratando de que el niño no notase su diversión y asintió. Le había servido él mismo durante toda la cena, midiendo el calor de la sopa, atento al pequeño trozo de salmón que Alex había reservado para él, por si alguna espina se le había escapado al chico, y ayudándolo a dar cuenta de la cucharada y media de puré que le había servido.

Lo había hecho con gusto, por supuesto, pero tampoco iba a engañarse pensando que la presencia de Erick y la atención que podía prestarle no había sido una fuga más que eficaz ante la cercanía de Charles y John Proudstar, Ave de Trueno.

— Muy bien, entonces sólo te quedan por probar las zanahorias y después esperar a los postres.

Había decidido con el niño los platos que estaba dispuesto a comer. Juntos habían apartado de la lista los buñuelos de maíz, amaranto y menta, las brochetas de carne con curri picante y la ensalada de tomate porque el niño se había negado rotundamente. Habían, no obstante, acordado que comería la sopa especial de Alex que está muy rica de verdad de verduras, pera y canela, unas delicias de queso de cabra y pimiento, el plato principal y el salteado de zanahorias con setas.

Havok, que había demostrado ya anteriormente ser un cocinero excepcional, había cubierto la mesa de nuevo de platos trabajados y aromáticos, que llenaban de gula a cualquiera que se acercase a olerlos. Por eso, Erick había tenido miedo de sobre alimentar al niño, pero con decisión había ido midiendo las cantidades.

Y parecía haber funcionado.

Tal vez aquello no se le diese mal. Lo de ser padre al menos, lo de conseguir a Charles ya era otro tema…

— Deberías terminar lo que hay en tu plato antes de comer otra cosa, Erick.

La voz del profesor fue como un cuchillo, o así la oyó Erock, porque en realidad había sido tan suave como siempre que se dirigía a su hijo. Poniéndole una mano en el pelo al niño, se giró muy tieso sobre su silla y sonrió estoicamente al decir:

— Charles, me estoy encargando yo. Tú diviértete.

Las cejas oscuras del chico se elevaron a la vez, pero no dijo nada y terminó esquivando con un poco de culpa su mirada. Erick volvió a girarse y atrajo el cuenco metálico de zanahorias y setas que estaba al otro lado de la mesa.

— No echaremos muchas si después quieres postre.

— ¿No me lo como? —le preguntó el niño, señalando el puré que quedaba mientras era servido.

— No si no quieres. Has comido el suficiente y estás comiendo de todo, la próxima vez atinaremos mejor las cantidades.

Erick se encogió de hombros y le sonrió desde abajo. Magneto terminó de servirle y le giñó un ojo, conspirador.

— No hace falta que mediamos el postre. Me gusta la rama de chocolate.

— El tronco de chocolate.

— No. La rama, los troncos son más… grandes.

Y con aquellas palabras de sabiduría, el niño volvió su atención al plato frente a él.

La cena continuó animadamente un rato más. Felina, Ororo y Júbilo cuchichearon alegres todo el tiempo, Erick podría haber pensado que se trataba de conversaciones “de chicas”, pero captaba desde su lugar la mayoría de las palabras de Ororo y parecían estar intercambiando información sobre universidades. Si para cuando el segundo plato estaba terminado hablaban sobre los equipos deportivos de ellas y de sus becas, Erick no dejó de pensar que eran bastante superiores a las humanas sin mutación de su edad.

— ¿Pasamos ya al salón? —preguntó, casi afirmando, Charles cuando Bolt, Felina y Coloso terminaron de llevar todo a la cocina, dejando sólo el mantel navideño sobre la mesa.

Los chicos se pusieron casi inmediatamente de pie y Ave de Trueno los imitó, colocándose al instante tras la silla de Charles para empujarla. Erick pensaba rezongar un poco en su lugar antes de acompañarlos, pero aquella imagen y el permiso de Charles le hicieron plantearse muy seriamente permanecer en el comedor hasta el cambio de año.

Respiró profundamente y apartó la vista, concentrándose en calmar sus poderes y no dejarse en evidencia. Charles no le había prometido nada. No le había dicho nada. Sólo que estaba asustado. Que era incluso peor que no decir nada.

Mierda.

Era un idiota. Un estúpido.

Pero se iba a quedar con Erick. Eso seguro.

Y mientras la ira interna le helaba las entrañas, unas uñas pequeñas le rasparon el dorso de la mano que apoyaba en el muslo.

Abrió los ojos y miró fijamente al pequeño Erick. Antes de pensarlo, llevó la otra mano al cabello del niño y lo acarició con cuidado. Era un niño guapísimo. Los rizos le habían dado encanto, pero con el rostro despejado se veían sus grandes ojos azules, del color y tamaño de los de Charles, y las cejas rectas que había heredado de él mismo. Seguía delgado, pero eso permitía advertir la futura altura de sus pómulos y la forma angulosa de su barbilla.

— Dime, Erick —le susurró casi en secreto, profundamente conmovido por el cariño que sentía hacia él.

— ¿Hay que ir al salón?

Erick asintió y se vio a sí mismo llevando las manos al cuello blanco de la camisa del niño para quitarle el babero casi limpio que había utilizado.

— Tomaremos allí el postre y esperaremos al año nuevo.

El niño pareció algo más convencido y bajó él mismo de la silla. Erick tiró sobre la mesa su servilleta y el babero y se fue sin preguntar a Cíclope, que estaba barriendo el suelo, si necesita ayuda.

De la mano del pequeño Erick atravesó los pasillos en penumbras y el hall todavía en construcción. Desde el salón llegaba el ruido de la charla y antes de que entraran una melodía navideña de piano llegó hasta ellos.

— Creo que es papá… —le dijo niño, curiosamente contento—. Hank no puede tocar porque tiene malo un brazo. Papá siempre toca en las fiestas y para John.

La calma que había empezado a sentir se rompió en cuanto el niño dijo aquello y un líquido espeso y corrosivo pareció deslizarse por su esófago. Afortunadamente, habían llegado al salón y la diversión de la sala ocultó su ira.

Efectivamente, era Charles quien tocaba. La silla no era lo suficientemente alta para hacer de banqueta, pero parecía feliz dejando que sus dedos recrearan venturosamente Auld Lang Syne; junto al piano, en una postura de niña de coro que no concordaba con sus ropas atrevidas y su pelo teñido de negro azulado, Júbilo esperó su entrada y entonces comenzó a cantar.

El pequeño Erick apretó con fuerza la mano que ambos se daban y antes de que pudiera entender lo que quería, se había soltado y colado entre los sillones recolocados hasta llegar a la silla de Charles, tras la que se colocó y aguardó en silencio.

La pérdida del niño fue casi un golpe físico para Erick, que se quedó inmóvil bajo la puerta, observando la cándida escena. Había ponche y dulces de pastelería en la mesa central y en dos auxiliares y, salvo Cíclope, Havok y Hank, todos estaban allí reunidos, al calor de la chimenea encendida, charlando en voz baja y escuchando la melodía.

Eran felices.

Cuando Auld Lang Syne llegó a su final con un gorgorito entonado y dulce, la sala entera aplaudió y Erick se dio cuenta de que llevaba al menos dos minutos quieto allí, bajo el dintel.

Se sintió tan estúpido y asqueado de sí mismo y de todo, que habría salido de allí si Cíclope, Havok y Hank no hubieran terminado de recoger y entraran en ese momento en el salón, obligándolo a moverse a un lado y poniéndolo bajo la vista de Charles, que se apartaba del piano y dejaba al niño con Júblio. Descaradamente, le sonrió estrechando los ojos y se dirigió directamente hacia él.

Atrapado por sus ojos azules, Erick apretó los puños hasta que los nudillos se le pusieron blancos, pero no fue capaz de desobedecer la petición silenciosa y risueña de Charles de buscar refugio en la esquina del salón, junto a una butaca resguardada que quedaba vacía. Dispuesto a no fracasar en su autocontrol, Erick se sentó en ella silenciosamente y esperó.

Esperó cualquier cosa. Una conversación banal, un elogio al pequeño Erick, un comentario insulso…

Pero no hubo nada por lo que esperar.

Pasaron los minutos, Warren tocó dos piezas, las conversaciones se sucedieron, Bolt se acercó y les dio ponche, Hank se sentó con Erick al piano, hubo risas, la intención de sacar un Trivial Pursuit… Y Charles se mantuvo junto a él en silencio, observando las escenas ante ellos con calma y una gran sonrisa que a veces, porque Erick los observaba, se encontraba con la mirada estoica de Ave de Trueno y se hacía mayor.

Y cuando Erick dejó de esperar, cuando pensaba que nada ocurriría, lentamente, Charles elevó la mano izquierda y atrapó su mano derecha con firmeza pero suavidad, dejando que el calor entibiara su piel fría de la ira.

Con fiereza, sintiéndose herido, Erick se retiró con brusquedad.

— ¿Pero qué…?

El orgullo llenó los rasgos del rubio, que elevó la barbilla y no se dignó a darle una respuesta, cansado de aquél juego estúpido y sintiéndose engañado.

— Erick —le apremió en un susurro—, todos ellos saben que Erick…

Charles no terminó la frase, viendo que ninguna reacción llegaba a su semblante y la felicidad desapareció del todo de su rostro. Con el ceño fruncido, se inclinó ligeramente hacia delante en la silla, dispuesto a un enfrentamiento.

— ¿Se puede saber qué te pasa?

Con la barbilla en alto, Erick apretó la mandíbula. Era un hombre controlado, acostumbrado a manejar la ira fría que le recorría en pecho y le abrasaba por dentro…

— ¿Se puede saber qué tenías en la cabeza para presentarle a Erick al hombre al que te tiras?

… al menos, había susurrado.

Charles se puso lívido y después comenzó a temblar de furia.

— ¿Desde cuándo te debo a ti alguna explicación?

— Desde hace cuatro años, cuando me escondiste a mi hijo y empezaste a decidir por él.

Erick iba a dejar la frase ahí, en una oración cierta e inexcusable, pero parecía que su pecho quisiera explotar y se oyó a sí mismo susurrar antes de saber lo que estaba diciendo:

— ¿Cómo pudiste, Charles? ¿Cómo pudiste hacerme eso, hacérselo a él?

— ¡Intentaste matar al Presidente! ¡Intentaste matarme a mí!

Erick se giró hacia él, los ojos brillando oscuros por las pupilas dilatadas por el enfado.

— Sabes que eso no es cierto —le espetó en un susurro.

La ligera mueca de culpa apareció en el labio de Charles, aquél pequeño tic que acompañaba con una mirada esquiva, pero aquella vez a Erick no le consoló y el Profesor no fue capaz de disculparse con palabras.

— Te volviste a ir, Erick, podrías…

— ¿Haber dejado que volviera a meterme en aquella jaula de plástico a cien metros bajo el suelo? ¡Nunca, Charles! —le gruñó, inclinándose hacia él—. He pasado suficientes años de mi vida encarcelado, atado e investigado, no voy a pasar ninguno más.

— Si no hubieras tratado de matar a Trask y después al Presidente podríamos haber esclarecido lo de Kennedy.

— ¿Y otorgar disculpas por una mentira y diez años de encarcelamiento injusto a una raza inferior? ¿Es eso lo que quieres para Erick, Charles? —le gruñó en voz baja, casi nariz con nariz—. Ya no valen tus planes a largo plazo, Erick tiene cuatro años, veremos a lo sumo dos presidentes más antes de que desarrolle sus poderes y los homo sapiens lo odien por miedo ¿es ese el mundo que quieres que conozca y en…?

— ¿Y si no ha heredado el gen mutante? —le cortó abruptamente Charles, apartándose de él—. Hay un 25% de probabilidades de que ni siquiera lo tenga. Nosotros tenemos sólo la mitad de posibilidades de habérselo transferido. ¿Qué harás entonces, Erick? ¿Qué harás si dentro de diez años, terminada su pre-pubertad no muestra ninguna mutación? No sabemos en qué alelo buscar todavía, tal vez no lo sepamos… o sí, puede que un día Hank lo aísle y entonces ¿querrás que analicemos a Erick para saber si es digno de tu cariño? ¿Te irás si no lo es, si es simplemente un… un… un homo sapiens sapiens?

Erick sintió que se congelaba.

— ¿Cómo te atreves a…?

Fue casi un milagro que viera al pequeño Erick colarse entre los sofás hacia ellos y encontrase la fuerza de voluntad suficiente como para quedarse callado.

El impulso de levantarse y elevar al niño en brazos fue casi inmediato. Lo aupó hasta poder cargarlo con el antebrazo y con una sonrisa tensa le dijo:

— ¿Vienes a que cortemos el Tronco de chocolate?

Con una sonrisa tímida el niño asintió y Erick le despeinó el pelo. Mientras se alejaba de Charles, se giró para mirarlo por encima del hombro.

En sus ojos brilló firme la misma idea que clavaba en su cabeza por si el Profesor quería verla:

Es Mío, Tus Trucos Ya No Valen.

 

· Casa Castillo de playmobil: la verdad es que me ha costado muchísimo encontrar esta información, y es paradójico porque hay páginas y páginas sobre ellos, pero al final he podido encontrar y asegurarme de que Geobra sacó la primera Casa-Castillo en 1977. Podéis encontrarla en google :) Como Ave de Trueno es indio americano no podía regalarle a Erick un pack de las primeras colecciones que eran de Indios y Vaqueros. Bueno, en realidad sí que podría porque leyendo sobre playmobil he descubierto que la filosofía principal de Geobra es “ahorrar y hacer juguetes para la paz” y que “en el mundo de playmobil no debería haber armas”, así que las connotaciones violentas o genocidas estaban apartadas de la idea principal de los clics; ¿sabíais que los policía no llevaron armas hasta que los niños empezaron a mandar muchas cartas diciendo que así no podía detener al ladrón? Ha sido muy curioso y divertido leer sobre todo esto.

· Pan de maíz: es tradicional en EEUU comerlo en Noche Vieja, aunque es más típico de la zona del Sureste. Westchester está al norte de la costa Este.

· Liga Americana de Béisbol: es una de las dos ligas que conforman las Grandes Ligas de Béisbol. Fue desarrollada a partir de una liga menor la Liga Oeste (Western League), que aspiraba al estatus de Liga Mayor. La Liga Oeste fue renombrada como Liga Americana a finales del siglo XIX y al poco se declaró una Liga Mayor.
La Liga Nacional (de anterior fecha de creación) se rehusaba a reconocer a la nueva liga y fue tras un largo litigio que se firmó un acuerdo para aceptar a cada liga como socio en iguales condiciones.

· Tronco de chocolate: visualmente similar al brazo de gitano, es un dulce típico americano de tiempos navideños. En realidad, es más habitual para la comida de Navidad, pero…

· Auld Lang Syne: es la canción típica de la noche de Fin de Año en EEUU que todos conocemos. Si no caéis, está en youtube -y hay una versión escocesa, de donde es original, que a mí me sale la primera pero que es casi irreconocible xD así que buscadla por “Auld Lang Syne piano” o algo así-. En realidad sólo es una canción de despedida, pero… se ha popularizado así.

· La crisis de los rehenes: he adjuntado un capi antes para explicarla, porque es algo larga y así vale como ambientación.

 

Notas finales:
.

Y... bueno ¿qué os ha parecido?

(No hago más preguntas porque no sé si esperabais esto o no y no quiero decir nada que os incline a pensar esto o aquello)

Por cierto, si lo de la Crisis de los Rehenes no se entiende (y creo que es algo difícil de leer con ese espaciado) seguid sintiéndoos libres de preguntar o de alguna otra cosa de esas extrañas que no sabes a quién preguntar porque no conoces a ningún solitario politólogo xD

¡Muchos besos, espero que nos leamos pronto!
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Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios