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Notas del capítulo:
Prospice

A la luz de las velas, Bill se veía magnífico a pesar de los moretones. Su piel brillaba ante la luz parpadeante, haciéndola parecer más bronceada que su habitual blanco mármol. Una criatura tan hermosa como él, es realmente algo que admirar y su atractivo seguía siendo claramente visible aun cuando nunca había estado en un estado tan terrible.


El dorado del altar improvisado se veía suave y acogedor, y el modo en que resplandecía y se reflejaba en la piel de Bill era etéreo. Los ojos de Bill eran vacilantes y tímidos mientras contemplaban a Tom, imploraban amabilidad, bien pensando en las caricias.


Tom había llegado a la entrada con una mirada inusual de nerviosismo y solemnidad en el rostro. Estaba vestido de una manera muy favorecedora con una túnica blanco puro hecha de un material ligero y suave; nada como el típico uniforme de soldado que llevaba todos los días. Se veía prácticamente civilizado con los ropajes inmaculados y se comportaba con un aire de resolución y calma.


Entrar en la habitación era como ser emboscado por mil aromas lujuriosos. Bill siempre tuvo un agradable e intrigante olor rodeándolo, uno que atraía y rogaba ser degustado, pero cuando se mezclaba con el exquisito aroma del incienso flotando, el aire se asentaba deliciosamente en la lengua y calentaba el alma mientras el cuerpo lo digería. Tom se sintió al instante calmado debido a la atmósfera seductora, y sus manos, que habían estado temblando levemente, cayeron tranquilas.


Andreas se sentó en la esquina enfrente de la puerta con un antiguo pergamino y un tintero delante de él. Sus manos acariciaron un fino cálamo (*), el extremo del cual ya estaba mojado con tinta y listo para ser puesto en el papiro. Aunque se veía bastante contento y decidido en su sitio, no había duda de que iba a saltar de su asiento si surgía algo problemático durante el ritual.


Hubo una ligera brisa cuando Tom se movió hacia el altar improvisado, mientras sus ropajes eran cuantiosos y ondeaban con cada paso. La vestimenta de Bill era mucho más ligera que la suya, Tom se dio cuenta de eso cuando se arrodilló ante el chico bendecido; era una túnica plateada casi transparente.


Bill respiró hondo cuando las manos de Tom se posaron en el lazo de su túnica y empezaron a aflojar el nudo.


—Shh… —susurró Tom mientras apartaba la túnica del muchacho. —Todo será seguro de ahora en adelante.


Bill se incorporó levemente para ayudar a Tom a deslizar sus brazos de su ropa. Tom recogió el material en sus propias manos y lo juntó, colocándolo como una almohada detrás de la cabeza de Bill y ayudó al chico a tumbarse.


—Sé que esto no va a enmendar lo que he hecho —murmuró Tom en voz baja para que sólo Bill pueda escucharlo—, sin embargo, espero que confíes en mí para arreglar esto.


El rastudo tomó la mano del profeta en la suya y la acarició. Besó cada dedo, sus labios ligeramente separados, llenos y cálidos, y Bill sonrió débilmente ante la prolongada sensación de los labios de Tom contra la yema de sus dedos. Los labios pronto fueron a las muñecas magulladas de Bill, que lucían misteriosamente menos lastimadas. Ellos besaron cada herida, cicatriz y marca en la piel de Bill, apreciando todas y cada una.


—Te he hecho tanto daño… —susurró Tom mientras propagaba besos por el brazo de Bill, en su hombro y su clavícula. —No merezco este momento.


—Tom, no tienes que…


—Calla, Bill —le interrumpió Tom. —Simplemente permítete sentirlo.


Bill asintió y cerró los ojos, recostando su cabeza en la cómoda almohada mientras dejaba que las sensaciones se apoderaran de él.


Era justo como la primera vez que se habían acostado. Cada roce contra su piel de los labios del otro hombre afectaba a todo su sistema. Este deseo era diferente a todos los otros que había sentido alguna vez antes en su vida. Tom le prestaba tanto homenaje, alimentando su necesidad de ser tocado con los besos más significativos y caricias inimaginables. El rastudo le estaba dando a Bill lo que él quería, sentir la intimidad de este momento con mucha intensidad, en lugar de utilizar al profeta como un medio egoísta de satisfacción.


Andreas apartó la mirada de la escena cuando Bill gimió por primera vez bajo las caricias de Tom. Había algo grandioso produciéndose aquí, y él podía sentir su poder; algo más poderoso incluso que la lujuria. La conexión delante de él era amor, sin ninguna duda al respecto, y él se veía obligado a soportar la intimidad que los otros dos hombres compartían, una que él nunca había podido sentir antes con Bill, sin importar lo cercanos que se habían vuelto. Lágrimas de un corazón hecho pedazos y destruido con mil espadas furiosas centelleaban detrás de los ojos del rubio.


—¡Oh!


Dedos estimulaban cuidadosamente la piel de Bill mientras la excitación empezaba a crecer en su estómago. Cuando las manos de Tom acariciaron su torso, vagando por encima de cada perfecto músculo y hueso creado, Bill dejó que su cuerpo se arquee contra las caricias. Parecía tener una energía recién descubierta más larga que el incienso quemado. No sólo la reliquia mística lo mantenía despierto y suscitaba el apetito de su piel, sino que también se sentía más fuerte; como si el propio ritual lo estuviese reparando y cada pieza rota fuese juntada. Los moretones se curaron y los cortes se desvanecieron en cicatrices sobre la piel cuando se hizo la voluntad de los dioses.


—Tan cálido —susurró Bill en el momento en que las prendas de Tom fueron quitadas y su cuerpo desnudo cubrió el del chico. El aroma caliente del deseo serpenteaba en su vientre y su espalda chorreaba con sudor mientras se arqueaba contra el cuerpo ágil del rastudo.


Tom apartó el pelo de Bill de su cuello sudoroso y acarició con su nariz la piel acalorada del chico. Bill gimió bajito, aferrándose a los fuertes brazos del líder mientras sus entrañas ardían en llamas. La piel de Tom contra la suya quemaba acaloradamente y cada movimiento de su cuerpo se sentía como mil chispas magnificadas. La sensación estaba sacudiendo a Bill en todas las maneras correctas.


—Por favor, tócame. —Bill jadeó alto mientras sus dedos retorcían las rastas de Tom y las jalaba muy levemente.


Cuidadosos y callosos dedos envolvieron la longitud de Bill, y Tom acarició el pene del chico hasta que estuvo duro y grueso en sus manos. Bill chilló con gemidos imprecisos cuando Tom bajó por su cuerpo y dio besos tiernos y suculentos en su virilidad palpitante.


Los ojos de Andreas ardían por las lágrimas mientras observaba a la pareja y el aura que los rodeaba. Gruesas y húmedas lágrimas cayeron sobre el pergamino cuando Andreas liberó su angustia.


Se oyó un ligero ruido cuando Tom metió sus dedos en un platillo lleno de aceite que estaba junto al altar. Las sedosas piernas de Bill cayeron abiertas y Tom acarició el agujero fruncido del chico de una forma placentera, recubriéndolo con el lubricante perfumado. Bill gimió de buena gana cuando Tom presionó un dedo dentro de él, la ansia en su estómago aumentó diez veces con esa sola acción. Mientras Tom dilataba a Bill, el profeta sentía los impulsos estimulantes creados por las manos del hombre viajar por su columna e incitar su anhelo aún más.


Tom metió dos dedos, luego tres, dentro de Bill, dilatando al chico bendecido tan minuciosamente que no había ninguna posibilidad de que le hiciese daño. El pene del rastudo se mantenía erguido orgullosamente, tenso por las ganas pero aún así firme.


—En cualquier momento… —murmuró Bill mientras su estómago quemaba del deseo, su cuerpo buscando la liberación. —Por favor… en mí…


Tom se tomó su tiempo en recubrir su propio pene con lubricante, y mientras su pene rozaba la entrada preparada de Bill, él aprovechó la oportunidad para admirar al chico con todo detalle. Tom bajó la cabeza, mirando intensamente a Bill con un atisbo de arrepentimiento y cariño en sus ojos, y conectó sus labios con los de Bill a la vez que deslizaba su miembro lentamente dentro de él.


Bill gimió contra los labios de Tom y los devoró con avidez. Tom se movió dentro de él cuidadosamente, a un ritmo enloquecedor que parecía estimular todos sus sentidos al máximo de su capacidad antes de estallar en un placer ardiente.


Tom le penetraba lentamente y Bill rogaba por más. Su cuerpo sanado se deleitaba con el cuidado que le estaban mostrando, y él mismo nunca se había sentido más despierto y consciente que durante cualquier otra demostración de afecto. Bill sentía la profecía en su interior esperando salir, susurrándole lo que debía decir en una niebla de lujuria; pero todavía podía sentir a Tom moviéndose dentro de él, incluso a través de la bruma de la profecía, y él seguía presente y disfrutando cada minuto de la gentileza que Tom le estaba profesando.


—Tom… sí. —Bill gimió mientras sus ojos parpadeaban. Calor viajó a través de él y empezó a golpear en su interior cuando el rastudo encontró su próstata y empujó contra ella. Las palabras flotaron fuera de su lengua con determinación. —Cras amet qui nunquam amavit… quinque amavit, cras amet. (*)


Andreas alzó la cabeza, su boca abierta levemente en un tipo de sorpresa y conmoción.


Puede que él ame mañana a quién nunca ha amado antes.


—¡Oh… oh! —Bill expresó su apuro justo cuando su cabeza cayó hacia atrás, y sus bolas se contrajeron y él encontró su liberación. Tom se vino instantes después, la presión del trasero de Bill sacó su orgasmo fuera de él.


—Andreas, vete. —Tom dijo jadeante cuando salió de Bill y cayó sobre la tela dorada junto a él. —Déjanos un rato a solas.


Andreas envolvió sus largos dedos alrededor del papiro donde había registrado la profecía de Bill y salió de la habitación, sintiéndose desechado y olvidado mientras lo hacía.


—Tom, yo no sé qué… gracias. —Bill murmuró con voz cansada. Podía sentir el sueño llegando a él, no porque la profecía lo hubiese agotado, sino porque tanta felicidad se llevó toda su energía.


Tom jaló a Bill contra su pecho y los cubrió con los pliegues de la tela dorada. Fue así como se quedaron dormidos, y horas más tarde, todavía en los brazos del otro se despertaron.


Notas finales:

(*) Cálamo: es una caña hueca, cortada oblicuamente en su extremo, que se utilizaba para escribir en la antigüedad.

Cras amet qui nunquam amavit… quinque amavit, cras amet: la frase pertenece al poema latino Vigilia de Venus, que se cree que fue escrito en el siglo IV por Tiberianus, dada la similitud con su poema Amnis ibat. La traducción más aceptada y común es: Deja que mañana ame todo aquel que nunca ha amado y deja que todo aquél que amó, vuelva a amar.

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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios