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Notas del capítulo:
Amare Et Sapere Vix Deo Conceditur

El desierto de Titania estaba lleno de susurros. El plan para rodear al enemigo ya se había propagado entre los guerreros, y la abrumadora sensación de éxito se extendía a lo largo de las tropas. Los hombres sonreían a sabiendas de que iban a la batalla. Pronto los Elateanos serían destruidos.


Jost estaba sentado en su tienda, leyendo detenidamente la carta de Tom – otro éxito para los Hiperiónes. Esta guerra estaba resultando demasiado fácil. Los interminables años de conquista pronto culminarían en la batalla más inolvidable del siglo, y Jost sonrió por el papel que él y sus hombres desempeñarían en ella.


—Saki, tengo noticias de Tom. —dijo Jost con una voz segura y triunfante cuando el estratega abrió la solapa de su tienda. —Tom ha tenido éxito. El templo es nuestro.


—Excelente. —respondió Saki. —Los sacerdotes han sido matados entonces, ¿no queda nadie para ejecutar del enemigo?


Jost negó con las cabeza. —¡Ay, todos ellos fueron destruidos y sus restos ya están dispersados!


—Bueno, no podemos correr el riego de que nuestros planes se vayan a la ruina. —Saki amonestó, con un gesto reflexivo en su cara. —¿Y qué de la misión personal de Tom?


—Tom ha capturado a Bill y planea usarlo para nuestro beneficio. —Jost informó al hombre más mayor.


Saki frunció el ceño y se rascó la barbilla. —Él debió matar al chico inmediatamente. ¡Bill es demasiado poderoso, él podría destruir todo lo que hemos conseguido!


—Entiendo tu preocupación, Saki. Yo tengo el mismo temor —, Jost estuvo de acuerdo. —pero confío en Tom, él dice que Bill puede ser utilizado de alguna manera. Voy a tener que confiar en su palabra.


—¿Y si Bill simplemente ha embrujado a Tom? Ya viste como Tom lo adulaba antes, Bill puede estar afectando al juicio de Tom. —advirtió Saki.


—No creo que ese sea el caso, pero voy a averiguar el verdadero motivo de la acción de Tom para estar seguro.


~~~


Georg se había asegurado de evitar a Tom después del incidente con Bill. No podía pensar en la pérdida de control que había tenido – ¡por lo general él no era tan fácil cuando se trataba de cuestiones sexuales! En su lugar, Georg se entretuvo llevando el armamento que los hombres habían traído con ellos al templo hacia un sótano húmedo, que era aparentemente utilizado para guardar objetos de los rituales de una importancia sagrada. Georg colocó las armas cuidadosamente, justo en la parte inferior de las viejas escaleras de piedra.


Con cada carga de las nuevas armas, Georg se adentraba más en el sótano, abriéndose paso a través de las altas estanterías repletas con todo tipo de maravillas religiosas. ¿Por qué no había comenzado por la parte de atrás para empezar, así el podría hacer el recorrido sin tropezar con todo lo que ya había bajado? Georg era siempre así; torpe y desorganizado.


Después de acomodar el último grupo de lanzas, Georg caminó a través de los pasadizos abarrotados hacia las escaleras. Él se detuvo de repente, dejando que el tranquilo sonido invada sus oídos. Debía estar imaginando cosas. Sonaba como si alguien estuviera respirando.


~~~


—¡Suéltame! ¡Quita tus sucias manos de mí! —un patético chillido resonó y distrajo a Tom de sus pensamientos acerca de cómo debería practicar con los hombres y enseñarles a actuar cuando hicieran un ataque sorpresa.


—¿Qué es ese escándalo? —Tom dijo enojado, sus ojos buscando la fuente del ruido. Tom oyó que estaban forcejeando, la desesperación y como arrastraban los pies.


Georg apareció con tres jóvenes guerreros. Sus manos apretaban con fuerza los brazos de una figura con una túnica marrón que se retorcía y sacudía bruscamente. Obligaron al chico a arrodillarse ante Tom a la vez que sacaban sus espadas, apuntando directamente al torso del chico.


—Lo encontré en la bodega de almacenamiento, dormido con éstos debajo de su cabeza. —dijo Georg, mostrándole a Tom un conjunto de pergaminos con símbolos antiguos en ellos. —¿Qué quieres que haga con él?


—Mátalo. —dijo Tom, desechando el asunto con un gesto de su mano. —No tengo necesidad de un sacerdote o un monaguillo.


El chico de pelo rubio chilló de miedo.


~~~


Andreas se abrió paso por debajo del templo, dejando el olor del incienso quemado detrás de él mientas buscaba por más ofrendas sagradas. El ritual no podía ser interrumpido, las profecías las necesitaban para terminar de ser manifestadas.


Sus manos entrelazadas apretaron firmemente el rollo en sus manos, manteniendo las profecías ya reveladas en su poder. Encontró la vasija correcta, una roja parduzca hecha de barro, y extrajo otra varilla de incienso. Esto debería ser suficiente para terminar la orgía adecuadamente.


Justo cuando estaba subiendo las escaleras, lo escuchó; el sonido de las pisadas y de las espadas atravesando la carne vulnerable. Andreas se agachó, aterrado de lo que estaba pasando en el templo encima de él, temiendo por su vida y por la de Bill.


Se asomó fuera del sótano tanto como se atrevió, y vio a un hombre con rastas amarrando a Bill firmemente con una cuerda gruesa y resistente. Los sacerdotes, por lo que vió, ya estaban muertos.


Jadeando, Andreas retrocedió al sótano. Habían demasiados. Nunca sería capaz de escapar ahora y mucho menos de dejar a Bill con una veintena de extraños hombres armados bloqueando su camino. Intentó calmarse, hizo todo lo posible para actuar de una manera razonable bajo estas circunstancias. Se escondería hasta que los hombres pensaran que todo estaba seguro, entonces, en la oscuridad de la noche, él cortaría los amarres de Bill y los amantes huirían juntos.


Por ahora, haría todo lo posible para permanecer oculto, y quizás intentaría interpretar las profecías de Bill mientras estuvieran con él, puesto que él era el único capaz de hacerlo ahora.



~~~


Bill se sobresaltó. Podía jurar que acababa de oír... No, era imposible. No había manera de que pudiera ser esa voz. Miró hacia los otros hombres, quienes estaban de pie en un círculo en el extremo más alejado del templo. Podía simplemente fingir que iba detrás del altar. Sus espadas estaban desenvainadas y Bill se acercó más para averiguar el por qué.


Fue entonces cuando el más dulce y aterrador llamado llegó a sus oídos.


—¡Bill!


Los ojos de Bill se ensancharon cuando el círculo se dividió y sintió ahogarse con el mismo que aire respiraba. Andreas estaba arrodillado, su rostro pálido y blanco, sus mejillas demacradas por la falta de luz solar. ¿Estaba vivo?


—¡Andreas! —Bill gritó, y corrió hacia su amante a toda velocidad. De repente se echó hacia atrás por el cuello, el collar le impedía ir más cerca. —¡Te vi consumirte!


—¡No era yo, todavía estoy aquí, Bill! —el rubio sollozó, angustiado por Bill y el regocijo de Tom a la vez.


—No por mucho tiempo. —dijo Tom, desenvainando su espada y alineándola con el cuello de Andreas, preparado para rajarlo.


—¡Tom espera! —Bill gritó. Las lágrimas amenazaban con caer de sus triste ojos marrones. —¡Por favor, no lo mates! ¡Haré lo que sea! ¡Te voy a dar la profecía que quieras, pero por favor permítele vivir!


Tom vaciló, desenfundando su espada ligeramente. —¿Y por qué debería dejarlo vivir? ¿Por qué razón debería perdonarle y no trocearlo en pedazos una vez que tenga la información que yo quiero?


—¡Porque es necesario que él interprete mis palabras para ti! —Bill dijo con una voz que terminó siendo puramente una súplica. —Incluso si tú escuchas mis profecías, deben ser interpretadas por alguien de autoridad. Yo no puedo explicarlas.


—¿Por qué debería creerte? —preguntó Tom. Su espada se acercó aún más al cuello de Andreas. —Podrías estar mintiendo.


—Mírame a los ojos y dime si estoy mintiendo. —Bill espetó humildemente. La verdad en su mirada desafiante reveló todo – Tom podía verlo.


—Acepto tu propuesta. —Tom dijo mientras su espada caía a su lado y miró cautelosamente a los hombres.


~~~


—Pensé que nunca volvería a verte. —Bill dijo llorando. Sus brazos estaban envueltos fuertemente alrededor de Andreas en un abrazo aplastante, sin querer dejar ir al otro chico nunca más, con su cara hundida en el hombro del rubio.


—Shhh... Está bien, Bill. —Andreas arrulló dulcemente mientras frotaba la cabellera de Bill. —Estoy aquí ahora.


—Podría jurar que tu cuerpo estaba junto a los consejeros cuando ellos... ellos... —La frase de Bill fue inconclusa – no quería recordar lo que había pensado o visto la primera vez que creyó que Andreas estaba muerto.


Andreas calló a Bill con un tierno beso. —No llores. Todo va a estar bien. —Andreas observó a Tom, quien estaba a pocos pasos del recuentro de la pareja. Georg y Gustav bloqueaban la entrada a la habitación. —Te lo prometo.


—Creo que has tenido suficiente tiempo. —Tom dijo severamente, interviniendo entre los dos amantes. —Andreas, le explicarás los pergaminos a Gustav y Georg en otro cuarto. Cuando Bill y yo terminemos aquí, yo te llevaré la profecía hasta allí.


El rubio asintió, desconfiando de que Tom se quedara a solas con Bill y no le hiciera daño, pero no estaba realmente en condiciones de hacer nada al respecto sin tener sus intestinos saliendo despedidos hacia el suelo. Georg y Gustav agarraron cada uno un brazo de Andreas y se lo llevaron de la habitación.


Tom y Bill se quedaron solos.


~~~


Bill apretó sus ojos con fuerza mientras Tom le miraba de reojo. Él no quería obedecer la humillante orden del otro hombre.


—Te dije que te desnudes. —dijo Tom sonriendo con suficiencia. —Los dos sabemos cuán cómodo te sientes al hacerlo.


Con las manos temblorosas, Bill deslizó la túnica verde que Tom le había dado de sus hombros. La tela cayó de su esbelto cuerpo, cayendo en un círculo alrededor de sus pies y dejándolo completamente expuesto. A pesar del alto grado de erotismo que provenía del acto, a Bill no le gustó. Tom sólo le había ordenado que se desvista para de esa forma resaltar la desvergonzada y silenciosa conducta de Bill.


Bill trató de contener su respiración de la mejor manera posible cuando Tom se le acercó y puso sus manos sobre las lisas y desnudas caderas de Bill. Pero por más que lo intentara, aún podía oler la excitación de Tom flotando por su nariz y incluso podía saborear la lujuria del otro hombre en su lengua con cada inhalación.


Dado que los ojos de Bill se cerraron, el tacto de los labios de Tom en los suyos fue una sorpresa al principio. Bill se inclinó hacia adelante sin poder hacer nada, su cuerpo hacia el de Tom y sus ojos se abrieron ante la chispa de energía que el beso le proporcionaba. Bill gimió, sus labios rozaron los de Tom ávidamente cuando la excitación lo invadió. Tom sonrió y colocó su mano derecha en la parte baja de la espalda de Bill, atrayéndolo más cerca y moviéndose intensamente contra la semidura entrepierna de Bill.


—Mhmm... —Tom tarareó cuando empezó a succionar el cuello de Bill. —Sabes justo como soñé que lo harías...


—Ahh, ¿qué? —Bill gimió, sus manos involuntariamente buscando la desnuda y tonificada piel de Tom. Tom mordió el sensual cuello de Bill lo suficientemente duro para dejar marcas, y Bill se quedó mudo, olvidando por completo la confesión que Tom había hecho sobre sus sueños sólo un momento antes.


Bill intentaba recordar que esto no era su culpa, que él solo estaba balbuceando y gimiendo como un tonto porque había estado sin ser tocado bastante tiempo. Cuando él se tumbó en el suelo de baldosas, y su pene rebotaba con la necesidad de ser acariciado mientras Tom se quitaba sus vestimentas, él se lo recordó una vez más.


Era realmente extraño para Bill lo amable que Tom estaba siendo con él mientras se posicionaba encima suyo. El miembro de Tom ya estaba erecto y pidiendo por su liberación, pero de alguna manera logró calmarse lo suficiente como para jugar con Bill por un corto tiempo. La excitación de Bill se volvió casi insoportable cuando Tom empezó a chupar su pezón izquierdo, provocando el botoncito rosado hasta que estuvo rojo y liso por la saliva y rodeado de marcas de dientes. El abdomen de Bill se estremeció, la misma extraña sensación que había tenido antes, aún desorientado, pero Bill lo atribuyó a la inquietud que sentía estando alrededor de Tom.


Bill no pudo evitarlo – sus piernas se abrieron ampliamente y su boca colgó abierta dejando escapar un suspiro lascivo cuando Tom empezó a besar la parte interna de sus muslos. Las piernas de Bill temblaban por el esfuerzo de contenerse de venirse por toda la cara de Tom y lo que posiblemente podría hacer el otro hombre estando enojado.


—En tus rodillas. —Tom dijo respirando entrecortadamente cuando miró a Bill ya bastante excitado.


Bill sacudió la cabeza. —No seré capaz de hacerlo. Voy a desvanecerme antes de que incluso puedas estar en mí si lo haces por detrás. —Era simplemente demasiado erótico lo que iba a suceder.


—Vas a tener que confiar en mí en esto. —Tom dijo exhalando profundamente, sabiendo muy bien que no había ninguna razón para que Bill confiara en él en absoluto.


Con toda la determinación que fue capaz de reunir, Bill luchó contra la nube lujuriosa que lidiaba en su pecho y se dio la vuelta, sus manos apoyadas en el suelo tan firmemente como era posible mientras su trasero se alzó expuesto ante Tom.


Bill temblaba del nerviosismo y dejó escapar un grito excitado que hizo que su punta empezara a chorrear sin previo aviso –la nariz de Tom se había situado en su zona más privada, su lengua bordeaba su agujero arrugado provocativamente.


—¡Ahh, por favor! —Bill gimió, cayendo sobre sus codos, incapaz de sostenerse en tales condiciones. Tom agarró las caderas de Bill con firmeza y lo mantuvo en su lugar. Bill apenas podía hacer poco más que dejar que la lengua de Tom excite los nervios que rodean su orificio.


La lengua de Tom se deslizó dentro de la caverna aterciopelada que era el trasero de Bill y Bill se sentía como si fuera a estallar con el placer que ahora eran martillazos dentro de él, luchando por salir. Tom lamió sus dedos y los metió dentro de Bill, uno a la vez, introduciéndolos poco a poco hasta que Bill se retorcía enérgicamente y su pene palpitaba más apremiante de lo que podría jamás recordar. Las bolas de Bill estaban tensas – él estaba tan cerca.


Cuando el chorreante miembro de Tom se alineó contra Bill, lubricado con su propio sudor y saliva, el chico de pelo negro tuvo que morderse el labio para no gritar. El pene de Tom era grueso como el de Bushido, y tan largo como el de Andreas, pero de alguna manera más exuberante que el de los otros dos combinados, y cuando Tom se deslizó en él, Bill vio estrellitas detrás de sus párpados.


Nunca había experimentado algo como esto antes. Jamás había durado tanto tiempo antes. Tendría que haberse ido ya.


Tom llenó a Bill hasta la empuñadura, sus manos agarrando las caderas de Bill desesperadamente. Con todo el esfuerzo que le tomó a Bill no caerse hacia adelante, no podía atender su ardiente necesidad de liberación – su pene se balanceaba desatendido entre sus piernas abiertas.


Repetidas embestidas chocaban contra Bill, cada una aumentado su necesidad de correrse, y los gruñidos de Tom detrás de él eran una sinfonía para sus oídos.


De nuevo, él debería haberse ido ya.


Tom cambió el ángulo de sus caderas, penetrando profundamente a Bill.


—¡Tom! —Bill gritó; el rastudo había encontrado su próstata.


La tierra tembló en torno a Bill, y el saco de Tom se apretó sólo un momento antes de disparar su semilla dentro del cuerpo de Bill. Bill se vino al sentir el orgasmo del otro hombre, la sensualidad detrás de él y toda la naturaleza erótica del momento que estaba viviendo. Chorros de semen mancharon su vientre, salpicando todo el suelo de mármol.


Bill jadeaba cansado mientras Tom se retiraba de él. Estaba completamente agotado y respiraba entrecortadamente como si ninguna cantidad de aire pudiera calmarlo de tal acto físico. Se acurrucó en el suelo, su pelo estaba a punto de caer en su propia corrida, y esperaba que el sueño lo venciera como inevitablemente haría. Su estómago se sentía algo raro y extraño aún...


Asimismo, Tom también jadeaba, con sus ojos fijos en los de Bill. La expresión de Tom era ilegible cuando él dijo; —¿Dónde está mi profecía, Bill?


Bill parpadeó hacia él mirándolo confusamente.


—¿Qué?

Notas finales:
(*) Elateanos: llamados así a la gente pertenecientes a Elatea, una antigua ciudad griega de Fócida, situada cerca de la Termópilas: era considerada la puerta de Grecia.

Hiperiónes: hijos de Hiperión, uno de los doce Titanes, es considerado a menudo el dios de la observación.
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Noticias
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

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--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios