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CAPITULO VEINTIOCHO

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Berlín Moderno: Tres Años Después de que Bill y Tom Unieron sus Manos

 

Constanzia encendió su pequeño televisor para mirar las noticias matutinas antes de irse a trabajar.

—La policía ha cerrado el caso de la persona desaparecida bajo el nombre de Bill Kaulitz. Tres años atrás, el internacionalmente reconocido diseñador de modas desapareció después de haber sido localizado, tras ser secuestrado,  con un caso de plumbismo —el reportero estaba diciendo.

—Oficiales han determinado que fue secuestrado de nuevo, pero esta vez, no pudo sobrevivir.

La vieja señora del aseo apagó la televisión con una sonrisa. Bill le había dicho todo lo que sucedió.

—¿Lo estaba inventando? No creía que lo hiciera. Y por lo que había escuchado sobre Tom, y no era poco, era claro que Bill quería regresar. Extrañaría a su joven amigo, pero al final, ese era su camino.

—Adiós, Malijaba, mi pequeña rana, adiós.

 

Germania año 1100 – Siete años Después de que Bill y Tom Unieran Manos

 

Billa permaneció fiel al voto que hiciera muchos años atrás. Había ocasiones en que observaría Wolfram jugar y pensaría en el día en que el pequeño nació.

—Lord Tom! ¡Lady Billa! ¡Hannah esta pariendo al bebé!

Los recién casado salieron de la cama antes de que otra palabra fuera dicha y corrieron por el pasillo hacia donde Hannah estaba retorciéndose de dolor.

Georg había ido a encontrar una rama, dejando su lado abandonado. Bill inmediatamente tomó su lugar mientras Tom se quedaba fuera de la habitación. El castaño regresó con el pedazo de madera y lo colocó justo al lado de la moza del bar para las contracciones siguientes. Georg rápidamente salió y tomó su lugar junto a Tom.

Era un momento muy estresante para los hombres. No podían hacer más que esperar afuera, sabiendo que había la posibilidad de que la mujer o el niño murieran.

Hannah, como sea, estaba relajada en su cama. Las contracciones no eran muy seguidas aún, dándole tiempo de platicar con Bill.

—Hey —susurró, habiendo adoptado la palabra rara de Bill hace tiempo.

Bill le acarició el rostro. —Gracias, por dejarme estar aquí para esto.

—Gracias a ti por no odiarme –fue su única respuesta.

La moza del bar sólo hablaba en susurros, tomaba demasiada energía de ella, y el vivir en una época donde no había tecnologías modernas en caso de que algo fuera mal, Hannah trataba de conservar toda la energía lo mejor que podía. Sabía cuan largo era el proceso de dar a luz y si iba a vivirlo por las siguientes treinta y seis horas de nuevo, tenía que salvar todo desde ahora hasta el final.

Afortunadamente para todos los que estaban ahí, usualmente era el primer parto el que duraba tanto. Sólo fueron unas cuantas horas esta vez antes de que las contracciones se repitieran seguido. La rama fue colocada en su boca para que la mordiera.

Hannah se estaba preparando para el último pujamiento cuando sus ojos se abrieron. —¡No puedo tenerlo aún!

Kara, quien se había unido a la ocasión, le miró. —No puedes decidir, Hannah. El niño nace ahora.

—¡No! ¡Denme una espada!

Bill se sentó en shock ante la petición de su amiga. Kara sonrió ampliamente, antes de mencionarle a Cloelia que abriera la puerta.

—Tom —la mujer de las runas le llamó—. Dame tu espada. ¡Apresúrate! ¡No podemos esperar!

Tom corrió tan rápido como pudo por su espada, y luego de regreso. Se la dio a la mujer y miró como la puerta se cerraba lentamente en su cara.

Se le fue entregada a Hannah quien la puso sobre su estomago, aún enfundada. La mujer reunió toda su fuerza y pujo con todo lo que tenía.

Maldijo y gritó conforme la cabeza del bebé la estiraba para poder dejar su vientre. Después de que la cabeza saliera, el resto del cuerpo salió disparado.

—¿Quién deberá cortar la línea? —Kara preguntó respecto al cordón umbilical.

Los ojos se giraron hacia Bill, quien sólo estaba ahí sentado, llorando. Cloelia abrió la puerta e hizo la misma pregunta. Tom se ofreció voluntario y con la espada que estaba aún sobre el estomago de Hannah, separó a las dos personas.

Limpiando los orificios, Kara envolvió al bebé en una manta que ella misma había hecho específicamente para él. Había sabido que sería niño, igual que Hannah. La manta estaba agraciada con versos de protección, tanto para darle fuerza, coraje y sabiduría.

Bill había tenido un difícil momento sosteniendo al bebé, recordando demasiado bien cuando perdió al suyo. Pero cuando le miró, vio un bebe perfectamente formado, aunque un poco arrugado, quien seguro luciría igual que su padre.

Fue muy duro para él el sostener al pequeño niño y recordar cómo le había fallado al suyo.

Tom se acercó al lado de Bill sosteniendo su pequeña familia. Besó la rente del muchacho de cabellos negros, luego sus labios antes de acariciar el cabello de su hijo.

—¿Cómo deberíamos nombrarlo? —Tom murmuró.

—¿Wolfram? —Bill preguntó.

—Lobo-cuervo. Un hombre fuerte y bueno.

—Y nombrado tras tu padre —Bill le comentó sonriendo.

—Sí, eso también.

 

Hannah estaba un poco verde mientras observaba a los dos con su bebé. Era SU hijo, de ella, no de Bill. Trataba de recordarse eso a si misma muy seguido. Se volvió más fácil cuando Georg se sentó junto a ella y le habló; definitivamente una distracción muy placentera.

 

Bill se había enterado de los celos de la mujer. No era algo que ella pudiera evitar, y no le tuvo rencor. Eventualmente, ella logró poner eso en el pasado y se dedicó a ser la mejor tía que pudiera ser para el niño.

Pero aún así, no todo eran Skittles y arcoíris.

Tom se descubría estando en guardia cada vez más, u no tenía ni idea de por qué. Eso fue hasta que vio a Bill hablando con un amigo.

Durante algún tiempo, la “reina” de cabellos negros como la noche había comenzado a hablar más y más con uno de los hombres de Tom.

En la mente de Bill, era estrictamente inocente. Había conocido a Cedric mientras cabalgaba y su caballo se había asustado. El joven de cabellos rubios como el sol le había ayudado a calmar al caballo y desde entonces se habían vuelto amigos.

Pero Tom veía todo lo que Bill no – las miradas, los pequeños roces, y otras cosas parecidas. Sabía que su cama era la única que Bill calentaba. Nunca cuestionó eso, pero cuestionaba los motivos de Cedric.

 

Las sospechas de Tom no se confirmaron hasta que una noche se encontraba fuera haciéndole una nueva espada a Wolfram. En su cumpleaños número siete el niño comenzaría sus lecciones de pelea, y Tom quería que tuviera una nueva espada para practicar.

Bill había abandonado la Ahora completa residencia de piedra para preguntarle a su esposo si podía contarle la historia de Sigurd una vez más a su hijo cuando fue desviado de su curso.

—Oh, hey Cedric. ¿Qué estás haciendo aquí afuera? —Bill le preguntó a su amigo.

Su llamado “amigo” le respondió con un beso borracho.

—Ced, detente. Estoy casada, primero. Y segundo, sólo somos a mi- —fue interrumpido por besos aún más desesperados, y el otro hombre se atrevió a ir más lejos, rompiendo el vestido de Bill, aunque no completamente. Su secreto estaba a salvo, por ahora.

—¡Tom! —Bill gritó, tratando de mantener su boca lejos de la de Cedric así como tratar de mantenerse cubierto—. ¡TOM!

El gobernante de rastas había estado sentado en el establo mientras trabajaba, uniéndose aún más con su caballo. Escucho los gritos de su amado y se apresuró a llegar con su espada ya desenvainada. Escuchó a Cedric quitar a Billa de su camino pero tras haber escuchar al de cabellos negros intentar detenerlo, simplemente estaba muy enojado.

La mano de Tom sujeto el cuello del hombre quien ya tenía los pantalones abajo. Bill claramente estaba asustado e intentando no llorar.

Aún era verano, así que el sol estaba muy alto en el cielo, a pesar de lo tarde que era. L mayoría de la gente se había retirado por la tarde, y esa fue la razón por la que el borracho de Cedric sintió que podía tomar a Billa de esa manera.

Con un fuerte grito de Tom, Georg rápidamente llegó a su lado.

—Toma a Billa y ponle algo de ropa. Tráeme el tornillo.

Los ojos de Georg se agrandaron mientras miraba al hombre a los pies de Tom. —Uh, sí.

El castaño se quitó la camisa y cubrió a Bill con ella, dado que el vestido había sido destruido. Gentilmente lo guió dentro de la residencia hacia su esposa, Hannah quien de nuevo estaba embarazada; luego, tomo el aplasta pulgares de Tom.

Afuera, Tom había llamado la atención de todos mientras desnudaba al hombre frente a ellos. Georg salió y le dio el aparato.

—Este hombre, uno de los míos, trató de violar a mi esposa. Lo voy a decir una vez, y sólo una. Si alguien piensa que puede tocarla, el mismo destino será suyo.

Y con eso, se agachó junto al hombre que rápidamente regresaba a la sobriedad. —Vi la manera en mirabas a mi Billa. Vi todo. Me tomé mi tiempo porque tenía que. Ahora, desearás nunca haberla visto —Tom siseó mientras colocaba el aparato alrededor de la hombría de Cedric.

El punto de un aplasta pulgares era tener un pulgar (o dedo o incluso un dedo del pie) colocado en él. Al girar los tornillos se causaba que los huesos se rompieran. Las barras de hierro con espinas sólo le agregaban dolor insufrible.

Con el rostro carente de cualquier emoción, Tom hizo del hombre un ejemplo para su gente. No era un líder malo, como lo decía varias veces, pero tampoco era una fuerza que se debía de retar.

Los gritos de Cedric retumbaron por millas al parecer. Tom siguió ajustando los tornillos hasta que ya no pudo. El rubio ya se había desmayado en ese punto por el intenso dolor.

Con un golpe de agua fría Tom le despertó.

—Eso fue por tratar de violar a mi esposa. Esto es por traicionarme a mí. Sobre tu pecho. —Tom le comandó y el hombre rodó, gritando cuando su pene aún atrapado toco el piso.

Tom desenfundo su espada, y de nuevo con el rostro de piedra, abrió la espalda de Cedric a lo largo de la espina dorsal. Los gritos del hombre sólo se hicieron más fuertes mientras Tom metía las manos dentro de su cuerpo y hacia el frente donde separó cada costilla, una a una.

El de rastas giró los huesos hasta que todos estuvieron al revés, dándole a la espalda de Cedric la forma de alas de águila bastante ensangrentadas.

Cedric había quedado inconsciente, de nuevo, por el dolor pero eso no detuvo a Tom. Con jalones fieros, arrancó los pulmones del hombre.

Levantándose sobre sus pies, Tom levantó los órganos en el aire, la sangre corriendo por sus brazos.

—Si alguien me reta a mi o a los míos, TENDRAN el mismo destino. Escuchen bien mis palabras.

Tom caminó hacia el agua para limpiarse y Georg le llamó.

—¿Qué hago con su cuerpo?

—Alimenta a los cuervos.

 

Después de esa exhibición, Tom nunca fue retado de nuevo. Bill se había comenzado a tenerle miedo por un tiempo, y estaba molesto porque aunque casi lo había violado, Cedric había sido su amigo.

Pero Bill logró sobreponerse.

 

El cumpleaños de Wolfram fue algo especial.

Había recibido una espada de madera de su padre y su entrenamiento había comenzado ese día. Recibiría su espada de hierro cuando cumpliera quince, y era en ese entonces cuando comenzaría a participar en las batallas.

El niño de siete años había estado ansioso no sólo de recibir un regalo de su padre, pero también porque Tom lo entrenaría el mismo.

Después de que Wolfram naciera, y hasta su quinto año, Tom virtualmente lo había ignorado. No había nacido de Bill, así que cuando la emoción inicial se hubiera desvanecido, Tom no quería nada que ver con él.

Pero Bill, sin embargo, trataba al niño como lo que era – no sólo un humano, pero también su hijo, por sangre o no.

La “madre” de cabellos negros había tomado su té de la mañana siguiente cada mañana, sólo para estar seguro, y había arruinado completamente su sistema reproductivo. Ya no tenía que preocuparse dado que ya era verdaderamente estéril.

Cuando Kara le dijo eso, había desarrollado un amor más profundo por Wolfram dado que ese niño era el único que tendría. Lo había sabido antes, pero ahora era oficial en su mente.

Eventualmente, Tom había convencido a Tom de sus puntos de vista, y el de rastas comenzó a pasar tiempo con su hijo. Le contó montones de mitos, y también historias verdaderas de Wolfgar quien hace mucho había navegado hacia lo que se conocía, en la época de Bill, como Canadá.

 

~ ~ ~

 

Una década paso, y Bill y Tom estaban parados uno junto al otro, sus brazos alrededor del otro, mientras miraban a su único hijo navegar lejos de ellos. Wolfram ya había salido en aventuras Vikingas antes (como todos los muchachos lo hacía cuando alcanzaban los quince), pero ahora iría a ver la tierra que su abuelo le había dejado.

Era una despedida muy sentimental, especialmente para Bill, pero sabían que regresaría. Tom le había enseñado todo lo que sabía, y Wolfram se había vuelto un guerrero honorable a pesar de su juventud.

Todos en Trümfels se quedaron parados junto al agua para ver al hijo de su señor,  quien había crecido tan amado por todos, partir. Uno a uno, los aldeanos se retiraron hasta que sólo Tom, Bill y sus amigos quedaron. No se movieron hasta que el gran navío hubo desaparecido de su vista.

Gustav, con su brazo alrededor de su esposa Cloelia, se giraron rumbo a la fortaleza, seguidos pronto por Hannah y Georg, con Bill y Tom cerrando la comitiva.

Bill se detuvo en las escaleras que guiaban a la estructura de piedra con el arco de madera de su boda aún en su lugar.

—¿Tom?

—¿Sí, mi amor? —el de rastas preguntó mientras abrazaba a su Bill de ahora cuarenta y tantos años.

—Wolfram va estar bien allá afuera ¿verdad?

Tom le sujeto la barbilla y lo beso suavemente.

—Va a estar bien.

—Bien.

—Y el va a regresar a casa después de haberse encontrado una hermosa esposa para darnos nietos.

Los ojos de Bill se iluminaron y abrazó fuertemente a su esposo. —Bien. Quiero nietos.

—Yo sólo te quiero a ti —Bill sonrió mientras mordía la oreja de Bill. Después de todos esos años juntos, y muchos otros más en su futuro, Tom aún era tan vivaracho como cuando él y Bill estuvieron juntos por primera vez.

Después de ese inicio tan terriblemente duro, el par se dio cuenta que la vida sólo los estaba probando. Lograron vencer esas pruebas y sólo habían sido acercados más. El suyo era un amor que literalmente había sobrevivido al tiempo.

 

Mientras tanto, wólfram navegaba su propio camino y no podía evitar el pensar en su hermano – el que sería su hermano mayor si hubiera sobrevivido. Wolfram generalmente se refería a él en su propia mente como Einridi. Billa aun le hablaba de él y algunas veces pensaba que podía sentir la presencia de su hermano mientras navegaba por mares abiertos. Definitivamente, amaría la oportunidad de ir como Vikingos con él.

Y el otro pensamiento se quedaba con él eran sus padres y solía rogar a los Dioses que pudiera encontrar a ese alguien que significara mucho como Billa significaba para Tom.

EL FIN

Notas finales:
Y con esto nos decimos adiós. Muchas gracias por la paciencia y los comentarios. Lamento no haberla terminado a tiempo, pero ya está lista ;)
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

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Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios