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CAPITULO UNO

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Los ojos de Tom se habrían más y más conforme Lord Eadwig se acercaba al patio central. Su hija caminaba ligeramente a su izquierda. Tom sólo podía pensar en una sola cosa para describirla – te robaba el aliento.

Su cabello castaño rojizo caía en cascadas rizadas sobre su espalda, acentuando el perfecto vestido azul de manera esplendorosa. Sus ojos eran grandes y brillantes. Sus labios parecían carnosos y realmente cautivadores. Tom revisó el resto de su apariencia lentamente. Era curvilínea, y llenaba el vestido justo en los lugares precisos. Tom sonrió. Esta era definitivamente mucho mejor que las dos anteriores.

Georg siguió su camino, pasando al Lord Eadwig, y se colocó al lado derecho de Tom. Se inclinó un poco hacia su lord y se rió disimuladamente. —Te roba el aliento ¿o no?

Tom sonrió fugazmente mientras se movía hacia un lado, permitiéndoles a sus visitantes pasar. —Ella es bas – ¡oh Dioses! —Georg levantó una ceja burlonamente. Fue cuando Tom notó que el castaño estaba reteniendo su aliento—. ¿Qué es ese horrible olor?

Una vez que la comitiva entró al patio, Georg se giró hacia él. —¿No le dije que ella le robaba el aliento?

Los ojos de Tom se abrieron en sorpresa, ligeramente aguados por el ataque fétido. —¿Eso era ELLA? — Georg asintió y ambos se soltaron riendo. La risa no era algo que saliera tan fácilmente de la boca de Tom, aunque cuando sucedía, usualmente era por culpa de Georg.

—Ellos dicen que aún es pura también. Que incluso el más desesperado de los ladrones ni la tocaría.

Tom se rio y sacudió su melena enredada. Miró a su amigo, una sonrisa socarrona en sus labios, sus ojos regresando a esa usual dureza. —¿Supongo que podemos contarla como la tercera?

—Bueno, mi señor —Georg dijo lentamente—, es enteramente su decisión.

Tom soltó un sonido a través de la nariz. —No puedo casarme con una mujer que me alejara de mi propia cama.

Georg simplemente asintió. Era bastante seguido que un hombre tomaba a una amante, especialmente cuando estaban fuera, en la guerra. Pero el joven sabía mucho mejor que irlo a mencionar. Tom nunca engendraría un bastardo si estaba casado. Había vivido su vida como uno por demasiado tiempo que preferiría no poner a su propia sangre y carne en esa misma situación.

Eso no quería decir que Tom no tuviera su propia cuenta de mujeres. Putas de bar, sirvientas de la villa, víctimas de las redadas, no le importaba a Tom. Dispuestas o no, sólo importaba si él estaba de cierto ánimo. Georg había sido amigo de Tom por muchos años, y se habían salvado la vida el uno a otro en varias ocasiones. Había sido el primero de los seguidores de Tom y sabía el carácter de su señor mejor que nadie.

Tom, algunas veces, resultaba difícil de comprender. Generalmente cuando estaba muy callado era alguien con quien no deberías de atravesarte. Georg estaba orgulloso de ser su amigo. A pesar del hecho de que era un lord, había ayudado a su tierra a convertirse en lo que era, con sus propias manos desnudas. Había puesto su mano para ayudar a levantar más de la mitad de los edificios de la villa. Pero Tom, en todos los años que Georg le había conocido, nunca había parpadeado al matar a hombres. Era como si a veces fueran dos personas totalmente distintas.

Pero la batalla no era bonita, hacia que el más caballeroso de los hombres se volviera violento aún lejos de ella. Georg sabía que Tom necesitaba una mujer que le cuidara. Que le amara por ese lado gentil y juguetón que le gustaba salir de vez en cuando, y alguien que le ayudara a mantener los sueños de las batallas lejos, aquellos que hacían al lord despertarse envuelto en sudor frío. Georg estaba más en esto de buscarle una pareja que Tom. Y simplemente supo, con mirar a la hija de Lord Eadwig, que ella no era esa mujer.

Sacudiendo su cabeza, Georg se liberó de sus pensamientos perdidos y siguió a su señor al salón.

Tom había caminado hacia el final. Se quedó parado, aunque les indicó a sus invitados que tomaran asiento en la larga y rectangular mesa que se extendía por todo el centro del Salón. Había sido sacada de la habitación donde guardaban los muebles para esa ocasión.

—Bienvenidos, amigos —dijo, su voz atrapando la atención de todos los ahí presentes. Tom había aprendido hace mucho tiempo el llamar pacíficamente a sus visitantes como amigos, porque los hacía sentirse tranquilos y confiados. Un lord era nada sin dos cosas: su gente y sus aliados.

Lord Eadwig levantó el tazón que se le había puesto en sus manos. —Salve Tom, señor y dueño de Trümfels —y mientras Tom inclinaba su cabeza un poco, reconociendo su título, el resto de los hombres alzaron sus tazones y gritaron salve.

—Estoy muy honrado de tener tan distinguidos invitados en mi salón. Coman hasta que ya no puedan tragar un solo bocado más, bailen gasta que la música acabe y olviden todas sus preocupaciones por esta noche. Su visita, ciertamente, es algo para celebrar, Lord Eadwig.

—Entonces quizás debamos hacer esta noche aún más jubilosa. He escuchado que aún no toma a una esposa, Lord Tom. ¿Quizás mi hija, Godiva, sería digna? —El lord de cabellos canosos finalizó guiñándole un ojo.

Tom forzó una sonrisa cuando Godiva batió sus pestañas primorosamente. —De hecho —fue su única respuesta. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que oler peor que cualquier establo en el día más caluroso? Si sólo fuera el olor de los caballos y el viaje, podría vivir con eso, porque se quita con el agua. ¿Pero esto…? Tom levantó su tazón una vez más antes de sentarse en la cabecera de la mesa. Georg estaba a su derecha y Eadwig a su izquierda.

El más grande de los Lord se pasó el rato hablando, comentando los beneficios de convertirse en aliados y de la dote de su hermosa hija. Después de que los restos de la cena fueran limpiados y la mesa fuera movida para dejar espacio para el baile, Godiva se había movido cerca y más cerca de Tom.

—¡Esclavo! —Tom gritó. En momentos, una chica romana apareció. Vestía uno de sus vestidos más presentables, aunque estaba roto para informarle a todos de su estatus. Su cabello negro estaba recogido holgadamente en su espalda.

—¿Sí, mi señor?

—La noche se está acabando. Muéstrale a Lady Godiva su cuarto.

—Sí, mi Lord —La chica de la servidumbre hizo reverencia, con los ojos fijos en el suelo en respeto, se acercó a la dama de la que su señor había hablado. Su cabeza se elevó repentinamente—. Oh, mi señor, temó que no puedo hacer esto.

—¿Y por qué no, esclava?

La mencionada esclava entrecerró los ojos. —Tengo un nombre, Lord Tom. Es Cloelia y le sugiero que lo use.

La cabeza de Tom se giró, sus ojos quemando a la esclava. —Cuida tu lengua —la cabeza de Cloelia cayó rápidamente y la mirada de Tom se suavizó. Para ser una esclava le gustaba. Tenía espíritu y, aunque era Romana, Tom sentía que ella sería una pieza valiosa para cuando la ocasión surgiera—. Ahora, ¿por qué no, Cloelia?

Ella le sonrió a su señor, contenta de escuchar su nombre. —Porque ella huele, señor.

La risa de Tom Salió a carcajadas. Algunos hombres voltearon a verlo mientras su risa continuaba. —Lo siento, pero esa es tu tarea.

—Sí, mi señor —Cloelia respondió con ligera molestia en su voz—. ¿Señor?

—¿Sí?

—¿Cuándo termine mi tarea, puedo retirarme por la noche? Temo que voy a necesitar un baño.

Tom no pudo evitar la sonrisa. Todo lo que ella había dicho era verdad. Le asintió, dándole su permiso. —Y Cloelia. Te dejaré ir esta vez, pero si vuelvo a escuchar de tu falta de respeto hacia algún Lord, Lady o incluso niño, o cualquiera que esté por encima de ti, personalmente tendré que azotarte. ¿He sido claro?

—Sí, señor —Y con eso Cloelia guiaba Lady Godiva hacia su habitación.

Tom observó entretenido el resto del baile. No era mucho de disfrutar de esas actividades. Se rio cuando observó a un Georg muy borracho tratar de cortejar a la moza de la cerveza con sus habilidades en el baile. Ella lo pasó de largo, sonriendo, y continuó su tarea.

Tom se escapó de su Salón sin mucha dificultad, mientras la moza de Georg llenaba el tazón de Eadwig con más cerveza. Las puertas se cerraron detrás de él y caminó a lo largo de la losa de piedra sobre la que estaba construido su salón. Miró a las estrellas, preguntándose por qué los dioses le estaban poniendo tan cruel broma frente a él.

—Debería de hacerles un trato —Tom dijo fuerte—. Ustedes me dan a la única que quiero. Hermosa, con espíritu —la mente de Tom vago rápidamente hacia Godiva—, con un olor encantador. ¿Vainilla, quizás? Disfruto esa esencia. Necesito a alguien por quien desee regresar a casa de una batalla, que quiera procrear herederos con ella. Me conceden eso y no sólo educaré a mis hijos para que los adoren, también crearé un nuevo altar y les haré una ceremonia como nunca antes han recibido.

Las estrellas, por supuesto, se mantuvieron calladas. Tom había sido una persona pensante mucho tiempo de su vida para sentir cuando había una presencia más alta. La reconoció en su mente. No podía imaginar que el báculo que lo había tenido intrigado por tantos días sería el instrumento clave para su trato.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Tom, para ser un barbaro es un romántico muy en el fondo ¿no?

Lamento la demora, pero por fin terminé mi proceso de titulación yeeeei por mi :D

Capítulo el Domingo, para ponernos al corriente ^^

Devi Riddle Black
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios