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CAPITULO DIECIOCHO

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Billa gruñó mientras rodaba. Sus ojos se abrieron de repente mientras corría hacía la ventana, sin importarle si había alguien caminando por debajo. Tosió y  vomitó mientras su estómago se vaciaba. Estaba tan ocupado tratando de respirar que no escuchó la puerta abrirse o cerrarse. Hizo su camino de regreso a la cama, gimiendo. Odiaba estar enfermo.

Varios minutos pasaron y una jovencita en lo que se sabía en la era de Bill, estaba en la pubertad, entró. Una vieja curandera venía con ella, cargando un tazón.

—¿Lady Billa?

—¿Sí?

—Camilla me dice que no se encuentra bien.

Bill asintió, a pesar de no saber quién era esa. Todo lo que quería era que terminara.

—Necesito que llene este tazón.

—¿Disculpe?

—Necesito que orine en este tazón.

—¡¿QUÉ?! ¡¿Por qué?!

—Está enferma, y es de mañana. ¿Ha dormido con un hombre últimamente?

—Sí…

—Entonces debemos de ver si trae un niño.

Bill tomó el tazón que ya contenía líquidos y se fue detrás de un pedazo de tela que colgaba del techo. Hizo lo que le pedían y salió con el tazón.

La anciana sonrió. —¿Mirará?

—¿Qué estoy mirando?

—Si la orina reacciona con el vino, está embarazada.

Bill parpadeó. Nunca había deseado tanto por una de las pruebas orina-en-un-palito de alta tecnología que las mujeres usaban en Berlín. Asintió y observó con la jovencita y la anciana como el vino reaccionaba con las proteínas de la orina.

—Felicidades, Lady Billa.  Está embarazada.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa y su cuerpo enteró cosquilleó, luego sacudió su cabeza. —Algo más está mal en mí. Puedo estar embarazada pero no es todo. Puedo sentir algo más, pero no sé qué.

—Déjeme mirar.

Bill asintió y se recostó. Sabía que algo más andaba mal, incluso si no estaba seguro de lo que era, y temía que pudiera lastimar a su hijo. El hijo de Tom. Sintió su pecho hincharse con el pensamiento, olvidando lo que su doctor de toda la vida en Berlín le había dicho: que si en algún momento quedaba embarazado, no podría llevarlo por mucho tiempo – su cuerpo no estaba lo suficientemente equipado.

—¿Qué siente?

—Me siento mal del estómago; siempre estoy cansada pero no puedo dormir; me enojo sin razón aparente; no puedo hacer del baño; y ahora que sé que estoy embarazada me soy cuenta que debería de estar hambriento pero no… Oh, y me dan calambres como si se fuera a acabar el mundo.

La anciana asintió, no entendiendo lo último, pero comprendiendo los síntomas. —Camilla, tráeme los dientes de león —la joven asintió y salió corriendo. La anciana se dirigió a Bill—. Eso debería de ayudarle… en el baño.

Habiendo escuchado que Lady Billa estaba vomitando, trajo consigo sus varas de oro y obligó a Bill a que comiera algunas, diciendo que calmaría sus mareos. Mientras él lo hacía, ella levantó su vestido para poner las piedras de ágata en la parte baja de su estomago para calmar los calambres. Su mano roso el miembro de Bill. No estaba duro pero la mujer había estado en el mundo los años suficientes para saber las diferencias entre un hombre y una mujer.

Los ojos de ambos se agrandaron al encontrarse. Bill comenzó a entrar en pánico, tratando de bajarse las faldas del vestido. Fue sin éxito mientras ellas tomaba los bóxer y los bajaba lo suficiente para poder mirarlo de reojo. Se giró sobre sus talones y se fue.

La respiración de Bill se incrementó al punto en que tuvo que jadear aire. Sus ojos se aguaron mientras trataba de respirar. Se recordó que tenía que mantenerse calmado, por el bienestar del bebé. El bebé. Estaba cargando el hijo de Tom.  Tom. Tom estaría emocionado, Bill estaba seguro de ello.

El pensar en Tom hizo maravillas con su respiración. Aunque no tan bien terminó su ataque de pánico la mujer regresó. Esta vez con Lord Josef.

—¡Milord, es una blasfemia!

—Déjame juzgar eso —el líder se mofó, observando a Bill con una mano protectoramente sobre su estomago. Le asintió a sus guardias, quienes se movieron rápidamente para mantener a Bill quieto en su lugar. Lord Josef removió los ajustados bóxer de Bill.

—Eres un hombre —Lord Josef comentó, sus cejas levantándose con diversión.

—No —Bill soltó. Sabía que no le iba a ayudar en nada pero se negaba a arrepentirse—. Soy intersexual.

—¿Eres qué?

—Intersexual. Soy hombre y mujer en un solo cuerpo. De acuerdo a las runas de Kara, los Dioses mismos me enviaron aquí.

—¡Le dije que era blasfemia! —la vieja aulló, agitando su dedo.

—Y que lo es. Uno con el que debemos de lidiar. Billa, entiende, somos una buena comunidad cristiana. No hay lugar para tus dioses paganos aquí, ni tampoco su brujería —había algo en la forma en que lo dijo que puso a Bill de nervios—. Venga, dejemos a Lady Billa —el grupo se fue, cerrando la puerta con candado detrás de ellos. Bill podía escuchar la voz de Lord Josef ordenando que se corriera la voz hacia los mercenarios cristianos, a las armadas cristianas, a cualquier religioso que deseara ver como se lidiaba con Billa como se debería de hacer con todos los Demonios Paganos.

La sangre de Bill se congeló. Lo iban a matar. Él y el hijo de Tom serían asesinados. No existía algo que Bill pudiera hacer para detenerlo. Pero lo intentaría. Tom lo encontraría. TENIA que encontrarlo.

Bill se acercó a la ventana, una mano en su estómago. Desde que la mujer esa le había anunciado la mitad de su diagnostico, no podía parar de tocarlo. Sabía que no era la única cosa pasándole a su cuerpo, pero si se enfocaba solamente en su vientre, podía sentirlo realmente.

Tenía aproximadamente dos meses de embarazo, así que aún no mostraba cambios, pero había algo que podía sentir en su interior. No podía ponerlo en palaras, sólo lo sabía. Se sentía estúpido por no darse cuenta antes – era tan obvio ahora que le prestaba atención.

Con el paso del tiempo en Trümfels, Bill había comenzado a ver la magia que los Dioses Nórdicos habían hecho por su gente. Miró al cielo, creyendo que si había alguien que pudiera ayudarle, serían ellos.

—No sé quien sea la Diosa de la fertilidad y de los embarazos y todo lo que implica —Bill comenzó pensativo, rezando—. Recuerdo que Freyja fue llamada, pero no tengo ni idea de quien rige que aún así que por favor, sean comprensivos. Ustedes saben por todo lo que pasado y hay demasiados de ustedes como para recordar. Pero por favor, quien sea que cuide de los niños… por favor protege a mi hijo. No sé por qué siento que es un niño, sólo lo sé. Por favor, protegido de lo que sea que Lord Josef esté planeando… y por favor dejen que Tom venga por nosotros a tiempo. Gracias.

Bill terminó su plegaria y estaba a punto de regresar cuando se dio cuenta que olvidó algo que siempre se decía. Se giró de nuevo y dijo la palabra, —¡saludos! (en realidad era ¡Salve!) —antes de regresar a su cama. No tenía nada más que hacer así que sería mejor dormir.

 

Había comenzado a nevar. Lord Tom y sus hombres estaban agradecidos de haberse quitado las armaduras. Los aros de hierro de la cota de malla eran insoportables cuando estaban congelados. Si estaban alrededor del cuello de alguien, se volvía difícil respirar.

Su paso se apresuró. Lord Tom recordó un gran pueblo que estaba cerca. Sus hombres podrían hacer buen uso de una cena tibia y algo de cerveza. Con suerte, lograrían llegar antes de que la nieve se volviera muy espesa. La nevada volvería lento el viaje, lo que significaba que para poder rescatar a Billa, los hombres tendrían que quedarse en las rutas principales donde la nieve estaría más compactada y sería más fácil viajar.  Habían caído pequeñas nevadas durante el pasado mes, pero significaban nada. A penas y quedaba nieve a la vista. Tom sabía que esta vez no tendrían tanta suerte.

Tom estaba atrapada en sus planes a futuro próximo que no escuchó el ligero retumbar. No fue sino hasta que Kara le llamó por su nombre que lo escuchó.

La mujer cabalgaba con él, sus sabios ojos bien abiertos. —Lord Tom, escuche.

Tom hizo lo que la mujer le pidió. Escuchó el retumbar. Y de repente, tronó fuertemente.

—Truenos.

—Lluvia y nieve juntos son un mal augurio, pero truenos y nieve…

—Oh Thor, mantén a salvo a Billa —Tom murmuró por lo bajo.

Los truenos no duraron mucho. De hecho, para cuando el pueblo que Tom recordaba estuvo a la vista, habían terminado. Pero cada hombre siguiendo al de rastas escuchó. Algunos venían de aldeas “cristianizadas” pero las viejas creencias eran difíciles de olvidar. Todos estaban tensos y en guardia mientras se aproximaban al pueblo.

 

Tom y sus hombres se quedaron ahí por un par de días. Él había hablado con su líder, quien le había permitido a la armada quedarse condicionados a que no causaran problemas. Cada hombre respetó la regla de Tom de no violaciones cuando se les permitía entrada a algún lugar, aunque casi todos encontraron compañía.

Tom no fue uno de esos. La idea de estar con alguien no le causaba algo; nadie podría compararse con Billa. Tom pasó sus días en la taberna con los oficiales principales de su armada: Gustav, Skvisgaar, Eadwig y Cynric. Había otros hombres de menor rango que se les unieron pero esos cuatros eran los principales.

Gustav era su segundo al mando en esta campaña, como Georg lo era en Trümfels; Skvisgaar guiaba el flanco derecho; Cynric llevaba el flanco izquierdo y Eadwig guiaba a los arqueros. Kara también había permanecido presente todo el tiempo.

La armada había quedado varada por una semana debido a la nieve. Mientras la nieve comenzaba a derretirse, un extraño caminante se detuvo dentro de la taberna. Todos dejaron de hablar para poder escuchar al hombre. Sabía todo lo que pasaba fuera del pueblo y era su fuente de noticias. Tom no le importaba nada de eso, excepto por una historia.

—Más arriba en Krevdberg, hablan de una atrocidad. Claman haber capturado a un demonio. Se dice que es el ser más hermoso que ha caminado sobre la tierra. Pero que es hombre y mujer en un solo cuerpo.

Los ojos de Tom se agrandaron. Billa.

—Dicen que puede seducir a un hombre con solo una mirada, volviéndolo incapaz e inútil —el bardo continuó.

Tom sonrió. Sí, la mayoría de las cosas en los cuentos se veían exageradas, pero eso era verdad. Bill había cautivado a Tom la noche en que se conocieron, e incluso ahora, Tom era un inútil contra él. Nunca podía decir que no a la luz que se había convertido en una de las cosas más importantes para él.

Estaba perdido en sus pensamientos que casi se pierde algo más que el vado comentó. —Se dice que un hombre relacionado con Lord Josef mismo ha caído bajo su hechizo, y que es el padre del hijo que ahora engendra el demonio.

Los ojos de Tom se agrandaron mientras miraba a Gustav y luego a Kara y de nuevo. No era uno de los que mostrara emociones en la mayoría de los casos, porque los hombres podrían leerlas y usar esas emociones como ventaja. Pero incluso el gran Lord Tom a veces olvidaba eso.

—¿Lo creen? —Lord Tom respondió, inclinándose hacia los dos.

Kara sonrió. —Es muy posible. Billa es mitad mujer.

Tom no pudo evitarlo. Sonrió. Y era una de las sonrisas más grandes que nunca había tenido en su vida. Billa, su Billa, estaba posiblemente embarazada. Y lo estaba, Tom estaba completamente seguro que era de él. Iba a tener un heredero.

—Tom —Kara le dijo de manera urgente, odiando tener que romper su momento de inmensa felicidad—. Lord Josef lo tiene en Krevdberg. El bardo acaba de decir que planean matar a Billa. Será en la noche en que comienza La Caza.

Tom asintió. Eran mediados de noviembre. Necesitaban estar en el norte en menos de un mes. Si la nieve permanecía de su lado y no los retenía en un lugar por mucho tiempo, Lord Tom estaba seguro de que llegarían al distante castillo de su hermano en el tiempo suficiente.

Tom se obligó a permanecer calmado ante el pensamiento de que su medio hermano tenía a Billa cautivo. Era justo como lo pensaba. Tom recordaba que una vez cuando era más joven, había encontrado un pequeño cachorro. Le había preguntado a su madre si podría quedárselo y ella le había dicho que sí. Josef había estado tan molesto de que Tom hubiera obtenido un cachorro y él no, que había estrangula al perrito hasta la muerte. Si él no podía tener un cachorrito, tampoco Tom. Esperaba que Bill no fuera otro cachorro.

Cuando Tom era un niño, bastante consciente de que el esposo de su madre no era su padre, le preguntó quién era su padre biológico. Wolfgar Trümper había sido un guerrero vikingo que allanaba su pueblo continuamente. Era el líder se su tribu, y era el que decidía que villa destruir. Conforme Tom creció, aprendió que él y su hermana no eran productos de violación, como la mayoría de los hijos de nórdicos eran. No, la unión de Wolfgar y Brunhilde fue planeada para parecer una violación.

Sven el Furioso, el esposo de la madre de Tom – no hay que confundirlo con Sven de Nerthlund, quien le dio a Tom algunos de sus hombres para ayudarlo a salvar a Billa – no fue engañado como su gente lo fue. Sabía que había sido escenificada esa violación. El medio nórdico Tom y Brynja habían sufrido por eso.

Eso hacía que Tom estuviera más determinado a seguir las maneras de la gente de su verdadero padre. Aprendió sus leyes, sus costumbres, aprendió todo lo que pudo. Pasó tiempo en una villa escandinava, aunque no era la de Wolfgar. Tom tomó Trümper como su apellido, así como su pequeña hermana. Tom sabía que la manera de vivir de los vikingos sería terminada por los mercenarios cristianos pero eso no lo detenía.

Josef, por otro lado, siguió los pasos de su padre Sven el Furioso. Había aclamado ser un hombre de un solo dios, leal a la iglesia, y dispuesto a marchar en una cruzada si había una. La mayoría de la gente sabía que sólo era una imagen que había puesto para poder hacerse de poder.

Desde que Sven el Furioso había muerto, Josef había tomado el mando de su pueblo. Tom se dio cuenta que esa debió de hacer sido su primera suposición cuando Bill fue raptada. Pero siendo el Lord que era, Tom sabía cuan cansado su rol era. Fue estúpido pensar que Josef no se aburriría y tomaría lo que fuera que hacía a Tom feliz. Era un error que Tom no volvería a cometer de nuevo.

Josef, aunque era un hombre grande, no había madurado de la manera en que Tom lo había hecho. Mientras que el último había viajado por toda la extensión de tierra, peleando y haciéndose un nombre para él mismo, Josef había vivido la vida lujosa. Siempre había vivido en Krevdberg, aunque años atrás, la comunidad se había llamado Geurberg. Fue la gente de Wolfgar quienes habían cambiado el nombre. Krevd era la palabra noruega para cobarde, lo cual Tom encontraba bastante acertado.

Krevdberg era una comunidad en tiempos modernos. No moderno como Bill, pero moderno para el año 1100. Todos tenían lo último en la moda y los pobres casi comían tierra mientras los ricos comían carne y bebían vinos especiados. El sólo pensamiento de hacer eso a su gente le repugnaba.

Tom trataba a sus cautivos bien. Eran alimentados y vestidos. Su clase de “cautivos” eran los esclavos romanos, como Cloelia. Tom se negaba a tener guerreros como cautivos. Una vida en una caja para un guerrero era peor que la muerte. Tom ayudaba a los hombres que llevaban la sangre nórdica. Aquellos que no, simplemente eran asesinados. Tom no quería mirarlos más de lo que tenía que hacerlo.

Josef era lo opuesto. Aventaba a cualquiera que se atreviera a mirarlo de la manera equivocada en una mazmorra.  Llenaba de impuestos a su gente sin parar, y no le importaba quien moría o quien viviera.

Hacía temblar a Tom el pensar que Bill estaba viviendo en un lugar con un hombre como ese.

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Notas finales:
Devi R. Black
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios