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CAPITULO CATORCE

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Bill miraba en toda dirección conforme llegaban al lugar designado para el intercambio. Le recordaba a los mercados ambulantes. Había pequeños puestos construidos y cada pueblo tenía su propia área.

Todos los ojos estaban puestos en él mientras cruzaba el pequeño pueblo llamado Veslortr. Amaba tener los ojos puestos en él. Siempre había sabido que era guapo pero comparado con las mujeres que veía, era guapísimo. Les sonrió de manera grácil y encantadora conforme pasaba.

Los murmullos comenzaron inmediatamente. Bill cabalgaba alto y muy recto, incluso a pesar de que su región sur aún estaba muy adolorida. Todos los pueblos usaban ese mismo lugar cada año, así que los chismes se expandieron como fuego de que Bill era el consorte de Tom.

Para cuando Cloelia terminó de hacer las miles de tareas que había que hacer, había reunido una gran cantidad de información para Bill.

—Parece que creen que usted es una bruja disfrazada, o algún tipo de diosa —le dijo después de que cenaran esa noche.

Bill se sonrojó. —¿Es en serio?

Cloelia asintió. —Soy honesta, Billa. Siento que este intercambio va a ser en nuestro favor. Todos quieren mirarle, Billa. Quieren hacer algún negocio con usted para poder decir que lo hicieron. Lord Tom estará muy complacido.

—¿Creerás que lo ya lo extraño? —Sonrió tristemente.

—Comprendo cómo se siente —la doncella suspiró.

Bill se sentó. —¿Te gusta alguien? ¿Quién?

Vesloftr tenía una gran vereda en el centro. Detrás de cabañas donde los intercambios se hacían, había pequeñas casitas para que los mercaderes se quedaran. Eran como casas miniatura, con unos cuantos cuartos privados. Dada a la obvia importancia de Bill para su Lord, se le tenía permitido quedarse en el cuarto que él quisiera,

Era la privacidad lo que había ayudado a Bill para sacar los amores y demás. Estaba medio sentado, medio recostado sobre la cama mientras Cloelia se movía por todo el cuarto, preparando cosas para en la mañana.

—Puedes decirme, Cloelia.

La chica romana sacudió su cabeza. —No puedo… es sólo…

Bill sonrió. —Está bien. No necesito saber en realidad.

—¿No está enojada o lo demandara de mi?

—¿Qué bien harían cualquiera de esas dos opciones? Lo digo en serio. Los amigos no hacen eso.

—Pero las damas sí, con sus doncellas.

Bill le tocó el hombro con una suave sonrisa. —Los amigos no.

Cloelia le sonrió entonces y se encontró envuelta en un fuerte abrazo.

 

La siguiente mañana fue como Cloelia lo había esperado. Había una línea en frente de la cabaña de Trümfels. Bill “supervisaba” todo. Se movía por todo el lugar, luciendo como si supiera todo, pero en verdad no tenía ni idea de cuantas libras de cerdo salado eran considerados un buen trueque por una piel de oso.

Los peniques eran poco usados en esto. Era más un intercambio de objetos, aunque el dinero siempre era aceptado. Tom le había sorprendido cuando le dio una pequeña bolsa con peniques dentro.

—Úsalos para ti, Billa —habían sido las palabras que Tom le dijo  al darle la bolsa. Bill no quería más que gastarlos en una Magnum de leche con chocolate.

Todas las mujeres tomaron un descanso alrededor del medio día. Había una gran colina y todas llevaron sabanas y comida hacia allá. Se sentaron y chismearon como viejas cacatúas. Bill escuchó, incluso cuando no tenía ni idea de quién era la gente mencionada.

Después de la comida, Bill tomó a Cloelia y juntos fueron de cabaña en cabaña buscando un regalo. Bill finalmente encontró uno, después de horas de hablar con gente que ni conocía y de tener cosas que no quería aventadas en la cara.

Era una pequeña, vieja y delgada anciana quien lo tenía. Le recordaba mucho a Constanzia. Lo que su cabaña tenía era una cobija. Cuando la vio, pensó en Tom. Era de ese color rojizo que Tom usaba tanto. En el centro tenía la forma de un árbol bordado. Los filos estaban adornados con nudos de aspecto céltico. En las esquinas tenía lo que parecían remotamente bestias.

Era la cobija más gruesa que Bill hubiera visto. Estaba rellena de pluma de ganso en el interior pero la parte baja era completamente de piel de oso. Aún no era invierno, pero Bill ya se estaba congelando en la noche.

—¿Cuánto por esto? —Bill le preguntó a la mujer.

—¿Tiene monedas o va a intercambiar?

—Monedas.

—Sería quince, entonces.

Bill revisó su cuenta de monedas. —¡La tomo!

La mujer sonrió y comenzó a doblarla. —Usted debe de ser Lady Billa.

Bill el miró. —¿Me conoce?

—¿La consorte de Lord Tom? O al menos es como ellos se refieren a usted.

—Es verdad —se sonrojó.

La mujer sonrió de nuevo. Agregó otro paquete a su compra. —Trümfels ha sido muy generoso con sus trueques en el pasado. Para darle las gracias por parte de Nerthlund, deseo entregarle esto. Una cobija tejida.

—Eso es TAN lindo de su parte —Bill chilló alegre—. Es hermosa.

La mujer sonrió una vez más mientras Cloelia tomaba el paquete. —Sería un honor volver a verla de nuevo, Lady Billa. Hasta entonces, que encuentre el favor de los dioses sobre usted.

Bill le sonrió honestamente. —Y usted.

Mientras se retiraba, se dio cuenta de cuan diferente hablaba de los otros. Incluso aquellos en Trümfels comenzaban a tomar ese aspecto más relajado de la lengua de Bill.

 

Esa tarde a la luz de las velas, Bill y Cloelia miraron la compra y el regalo.

—Esto es hermoso, Billa.

—¿Verdad que si? —Bill suspiró felizmente. Pertenecía en la cama de Tom, de ambos. Pero por ahora, Bill puso la enorme cobija sobre su cama, después de darle la manta bordada a Cloelia para que la usara.

—¿Clo?

—¿Sí, Billa?

—¿Cómo es que todos saben de Tom y de mi?

—No lo saben. Simplemente asumen. Y cualquier Lord amaría tenerla a su lado, y todos saben que Lord Tom es un hombre de buen gusto. No creen que la dejaría a usted sin reclamar. ¿Se refirieron a usted como consorte o esposa?

—Me han dicho de ambas maneras.

Cloelia asintió. —¿Sabe algo de matrimonios en este tiempo?

Bill sacudió la cabeza —Nop.

—¿La gente en Berlín se compromete con la unión de manos?

Bill sacudió su cabeza. —No. Pero he escuchado que alguna gente aún lo hace. Mayormente en Escocia. ¿Cuál es la diferencia?

—La unión de manos es estar casados por un año y un día. Después de ese año y un día, puedes buscar un nuevo compañero o puedes unirte de nuevo, esta vez hasta la muerte. Un matrimonio es hasta la muerte. No es tan común aquí como la unión de manos.

—Interesante. —Bill se dijo más a si mismo que para su doncella. Se sentó y se quedó callado mientras peinaba su cabello con sus dedos—. Ni siquiera sé si estoy haciendo esto bien.

—¿Hacer qué?

—Siendo una buena “señora” y eso. Digo, las mujeres me han dicho cosas como que los dioses me sonrían y eso. ¿Cómo se supone que responda a eso?

—Pienso que lo ha hecho maravillosamente, Billa. ¿Puedo preguntarle algo?

—Seguro.

—¿Qué dicen en Berlín cuando quieren despedirse?

—Bis bald o Tchuss.

Cloelia asintió, absorbiendo la nueva información. Disfrutaba mucho cuando Bill platicaba de su tierra natal. Era tan excitante para ella que él hubiera vivido en la misma tierra pero tan, tan diferente. Había conservado los dibujos que Bill le había hecho de su tiempo y los guardaba muy cerca de ella, como si supiera que si eran encontrados, las cosas no irían muy bien.

 

Los siguientes días pasaron de la misma manera para Bill; mirando y aprendiendo como intercambiar artículos. Estaba asombrado de que el dinero no fuera importante. Si uno tenía monedas, perfecto, si tenías pollos para intercambiar, mucho mejor.

Para cuando el tercer día del evento transcurría Billa ya estaba cansada. Le gustaba cuando nuevos pueblos llegaban, pero sus cabañas eran tan atrayentes sólo por un rato, especialmente cuando la mayoría de las cosas eran tan parecidas.

Era un momento de descanso, y Bill había conseguido hacer unos cuantos amigos. Mucha de la gente hablaba de la manera en que hablaba la anciana que le había vendido la cobija. Cuando finalmente fue tiempo de regresar a casa, Bill ya les había agregado muchas palabras nuevas a sus vocabularios.

En el cuarto día de estar ahí, era hora de que el clan de Trümfels iniciara su viaje de regreso a casa. Bill se vio complacido al ver que los hombres con los que habían llegado estaban ahí. No los había visto del todo durante el trueque y se dio cuenta que probablemente habían estado montando guardia en el perímetro.

Un par de villas también partieron el mismo día que Trümfels, así que viajaron juntas por varios caminos. El viaje a casa fue tan poco eventual como el de ida, aunque a Bill el pareció más corto el de regreso.

Estaban a un día y medio de Trümfels cuando Bill comenzó a sentirse enfermo. Estaba temblando terriblemente cuando por fin se detuvieron a hacer el campamento.

La tienda de Bill fue armada de inmediato, y Cloelia le ayudó a acomodarse. Le pidió que fuera a localizar a una curandera.

Había escuchado como se suponía que el embarazo debía de ser, pero había algo más dentro de él diciéndole que ese no era el problema. Eso le asustaba. Al menos con el embarazo, sabía lo que iba a suceder. Pero ahora estaba atorado en una tierra virtualmente sin atención médica, con una enfermedad que no tenía ni idea de que era. Se quedó ahí, esperando.

 

Unas muy buenas yardas dentro de las sombras había un pequeño campamento. Se quedaron escondidos, esperando las órdenes de su señor. No mucho tiempo después, un hombre alto con largo cabello castaño caminó por entre el grupo.

Una capa de pelaje estaba puesta sobre sus hombros, escondiendo varias espadas y hachas. Su rostro era duro, sus ojos negros. Su boca era una delgada línea firme.

Se paseó por enfrente de sus hombres. Cuando vio que el campamento estaba ya asentado, sonrió cruelmente. Se quedó quieto, sin moverse, hasta que el sol se puso.

Sus ojos estaban puestos en una tienda, y sólo una. Cuando creyó que ya era tiempo, les indicó a sus hombres que se movieran.

—Tráiganme a esta Lady Billa.

 

Bill estaba recostado en su cama. Se sentía débil. Comenzó a quedarse dormido mientras esperaba a que Cloelia regresara. Escuchó como la cortina de la tienda se abría y sonrió.

—Bien. Te tardaste bastante.

Estaba esperando escuchar una suave voz que perteneciera a la curandera, preferiblemente Dietlinde. Lo que obtuvo fueron manos agresivas sujetándolo, amordazándolo. Fue aventado por sobre un hombro, sin fuerzas para poder pelear contra los fuertes músculos de sus captores. Trató de gritar por Cloelia, por quien fuera, pero la mordaza acallaba todos los sonidos. El hombre que lo cargaba se echó a correr.

Bill comenzó a entrar en pánico mientras era cargado por entre los árboles. Odiaba los bosques. Odiaba los árboles. Odiaba los animales salvajes. Odiaba estar solo. Odiaba que el hecho de que la historia de Brynja Trümper y su horrífico destino se estuviera repitiendo en su mente una y otra vez.

Bill no estaba seguro de estar feliz o más asustado cuando fue puesto en el suelo. Frente a él había un par de botas. Lentamente levantó su mirada hasta que se encontró viendo la cara burlona de su nuevo Lord. La mordaza fue arrancada por el hombre.

—Lady Billa, que amable de su parte el unírsenos.

—¿Quién es usted? —Bill estaba orgulloso de que voz sonara más fuerte de lo que se sentía.

—Escuché que es la nueva consorte de Lord Tom —el hombre dijo, evadiendo la pregunta a propósito.

—Es no es de su incumbencia. —Bill estaba asustado por si mismo, pero en ese momento, estaba más asustado por Tom.

—Oh pero lo es. ¿No le ha dicho de mí? Estoy herido, profundamente herido de que mi propio hermano haya fallado en mencionarme.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa. —¿Es su hermano?

—Medio hermano, en verdad —el hombre corrigió—. Siempre lo he querido tanto. Esto es una vergüenza.

Tom había mencionado a su hermano sólo unas cuantas veces. Y cada vez que lo hacía, su cuerpo se ponía rígido. Era la misma reacción que tenía cuando discutía sobre su padre. Por el tiempo que habían pasado juntos, Bill aprendió a leer el lenguaje del cuerpo de Tom bastante bien, porque decía más que las palabras que hablaba. Ahora que lo pensaba, Tom nunca había dicho el nombre de su hermano.

—Es hermosa, Billa. Es una pena que no pudiéramos habernos conocido antes. Estuvimos, después de todo, en su aldea.

Todas las visiones del ataque a Trümfels durante el festival se apilaron en la mente de Bill. Estaba enojado. Las muertes para Trümfels habían sido pocas, pero Bill ya amaba a su pueblo. Ese puñado de muertes eran demasiadas.

En lugar de eso, Bill puso una sonrisa en rostro. —Oh, así que eran ustedes los que atacaron. Gracias. En verdad. Realmente se los agradezco.

—Mató a su gente y usted me agradece. Es extraña, Lady Billa —el hombre comentó divertido—, tendré que tomarla como mi propia esposa. Pienso que disfrutaré de su humor.

—Pero —Bill le indicó dulcemente—, nunca me dejo decirle porqué le agradecía.

—Oh, le ruego que me diga —el hombre dijo sarcásticamente.

—Fue la noche en que Tom y yo descubrimos nuestro amor por el otro. Unimos nuestras manos poco tiempo después justo ahí. —Bill mintió, un fragmento de plan formándose en su mente.

—No veo alianza en su dedo.

—Porque nuestra boda fue tan pronto, que no hubo tiempo de hacernos unas especiales para nosotros. Lo están haciendo en Trümfels, y me temó que el que usaba por el momento eran demasiado grande que continuaba cayéndose. El herrero lo está reajustando, pero no me lo han devuelto —Bill pensó que si había podido escaparse fingiendo ser una mujer por tanto tiempo, podría lograr hacerse pasar por la esposa de Tom.

—¿Entonces, está unida a Tom?

—Sí.

—Un pequeño contratiempo, pero no es problema. Puedo esperar un año.

Un año. Bill le había comprado a Tom un año para encontrarlo. No dudaba ni por un momento que el hombre de rastas iría a buscarlo. Y también estaba bastante seguro que los residentes de Trümfels aceptarían que Bill estaba unido a Tom. Bill sabía que le amaban, y esperaba que fuera suficiente para mentir si alguien les preguntaba.

+.+.+.+

 

Notas finales:
DUN DUN DUUUUN

Gracias por leer y comentar :D

Devi R. Black
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios