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CAPITULO TRECE

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Era un largo viaje, y Bill se sentía adolorido de una manera inimaginable. Intentaba con todas sus fuerzas mantenerse callado pero no pudo evitarlo cuando llegaron al primer punto de descanso. Ya habían estado viajando por cuatro o cinco horas. Algunas mujeres – las de rango más alto, como Bill era considerado – cabalgaban los caballos, mientras que las otras mujeres caminaban a sus lados.

Bill gimió de dolor cuando Cloelia le ayudo a bajar. Cojeó todo el camino hasta que se sentó a un lado del camino, y sin importarle cuan poco femenina se veía, se colocó de la manera más cómoda posible. Cerró sus ojos mientras esperaba a que Cloelia regresara con una de las mujeres mayores.

—¿Lady Billa? —Bill abrió los ojos y le sonrió de lado a la mujer—. ¿Solicitó mi presencia?

Bill asintió, gimiendo. —Me duele. Dios, estoy tan adolorida.

La mujer, Dietlinde, le sonrió gentilmente. —¿No está acostumbrada a viajar en caballo distancias tan largas, querida?

Bill se sonrojó terriblemente. —En verdad, um, Lord Tom y yo… Él fue mi primero…

Los ojos de Dietlinde se abrieron en sorpresa. —¡Oh mi querida niña! Ya regreso.

Bill observó a la mujer retirarse. Había esperado estar ligeramente adolorido, más incomodo que otra cosa. Nunca esperó que el dolor fuera tan intenso cuando se sentó por primera vez en el caballo. Nunca consideró que el dolor fuera tan constante cada vez que brincaba en el caballo.

Si Bill hubiera conocido algo de caballos en su época, hubiera entendido que el caballo que Tom le dio era un Paso Fino. Era una raza muy difícil de criar, pero de un trote tan suave que las mujeres solían decir que podrían tomar el té sentadas en la silla con el caballo galopando y nunca derramar una gota.

Pero sin importar que tan suave o no fuera el caballo, Bill estaba convencido que era la cosa más dolorosa que había experimentado. Pronto, pero no tanto como deseaba, Dietlinde regresó. Con ella traía bultitos de telas mojadas y una roca. Bill gimió. ¿Piedras?

—Abra sus piernas, querida. Me temó que esto estará frió.

Bill la vio comenzar a levantar las faldas de su vestido e hizo una mueca. Mientras su bóxer apretado se mantuviera en su lugar todo estaría bien. Jadeó al sentir la frialdad de las telas mojadas al tocarle, y observó como la mujer presionaba la piedra contra sus partes inferiores.

—La piedra ágata le ayudará a sacar el dolor —la amable mujer le dijo—. Relájese, milady. Cuando nos comencemos a mover de nuevo, la pondremos en uno de los vagones.

—Gracias, Dietlinde. Es tan dulce.

La mujer mayor sonrió y le palmeó la mejilla. —No se preocupe, Lady Billa. Todos aquí le amamos, excepto por esa taupie de Godiva. —Dietline le guiñó el ojo antes de retirarse a juntar agua del río que corría paralelo al camino para el viaje. Cloelia se estaba riendo pero Bill no entendía.

—¿Taupie?

—Significa —Cloelia trató de acallar su voz, —estúpida jovencita.

Bill trató de no reírse pero no pudo resistirlo mucho tiempo.

 

Realmente le estaba costando adaptarse a la vida viajera. Ya había batallado mucho en Trümfels con los baños limitados, pero viajando era peor. Ya tenías cuatro días en el camino y Bill no se había bañado ni una sola vez. Nunca se había sentido tan asqueado en su vida, y sólo estaba agradecido de que Tom no estuviera ahí para olerle.

El viajar había parecido tan emocionante y aventurero. Pero con forme los días pasaban, Bill decidió que no era lo que se suponía que era. El paisaje que había parecido tan hermoso estaba perdiendo su atractivo. Las montañas se perdían entre ellas que parecían una sola línea. Todos los árboles parecían el mismo para Bill. El pasto nunca terminaba.

Al crecer en la ciudad, Bill estaba acostumbrado a hierba muy limitada, y a edificios hasta donde sus ojos podían ver. Era tan extraño – tan insano. Sólo se ponía peor en la noche. Hacía frío, mucho frío, y Bill nunca había extrañado algo tanto como extrañaba la calidez de los brazos de Tom.

En esa noche en particular, Bill había sido arropado en su tienda. Cloelia yacía junto a él en algo parecido a una cama. Llegarían al punto de encuentro al mediodía del día siguiente.

Cloelia le miró. —¿Por qué luce tan enojada últimamente?

Bill le devolvió la mirada. —¿Qué quieres decir?

—El viaje se está cobrando de todos, pero parece que usted está pasando un mal rato en verdad. ¿Extraña su propia tierra?

—NO tienes idea —Bill aceptó rápidamente. —No pertenezco a aquí, Clo.

—¿Clo?

—Es un apodo —Bill sonrió.

—¿Así cómo le dicen Billa?

—Exactamente.

Cloelia sonrió. —Clo. Me gusta. De todos modos ¿qué es lo que no le gusta?

—Está tan… muerto. Esta tan alejado de la civilización. Estaba acostumbrado a ver casas y edificios enormes, que siguen y siguen. Ahora, todo lo que veo son arbustos rodantes, bastantes.

—¿Puedo preguntarle algo?

—Claro —Bill asintió.

—En su tierra, ¿ha visto las luces del norte? ¿Ha presenciado un cuervo en el viento? ¿Es capaz de mirar al cielo y no ver otra cosa más que estrellas, en tal número que es imposible distinguir una de la otra? ¿Ha escuchado a una manada de lobos aullar?

Bill se quedó callado un largo rato. Consideró todo lo que Cloelia había dicho. Era verdad. Había tantas cosas sucediendo en su mundo que muy poca gente se detenía a prestarle atención a cualquiera de las cosas en la lista de Cloelia.

Le miró y notó que ya estaba dormida. Bill se acomodó mejor en su cama temporal. Tomó un respiro profundo y notó que el aire era más limpio de lo que pudo nunca haber imaginado que podría ser en su tierra.

 

Desde el día en que Lady Billa se fue, la vida en Trümfels había caído en espiral. Lord Tom estaba enojado casi todos los días. Una mueca más fiera que la que hubiera portado estaba cosida a su cara.

Tom negaba cada uno de los intento de Georg de decirle que era Billa quien afectaba tanto su humor. No fue sino hasta que vio a una niña caerse  y rasparse la rodilla en el camino que cruzaba Trümfels que consideró lo que su amigo decía. Había visto caer a la pequeña, y por atrás, parecía como una miniatura de Billa. Pero cuando Tom la alcanzó y vio que no era su Billa, le gruñó y se fue lo más rápido que pudo.

+.+.+.+

 

Notas finales:
¡Gracias por sus lindos comentarios!

Es este punto, y los próximos dos capítulos me parece, la autora pide disculpas si todo se esta moviendo muy rápido pero, como indica, parecía totalmente fuera de lugar pasar capítulos describiendo el viaje de varios días. Así que la historia se movera un poco más rápido es esta ocasión.

Por mi parte, estoy muy agradecida de que sigan la historia a pesar de las lagunas que hay entre capítulo y capítulo, de repente se me va el tiempo de las manos y cuando acordé, ¡ya estaba atrasada más de dos meses en las actualizaciines! :s

Bueno, creo que es hora de que me vaya a estudiar -.-

Devi R. Black
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios