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PROLOGO UNO: BERLIN, ERA MODERNA.

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Bill Kaulitz suspiró, quitándose los lentes para apretarse el puente de la nariz ligeramente. Había estado trabajando en el mismo poster por dieciséis horas seguidas, y aún sentía que no estaba bien. Miró por la ventana, suspirando de nuevo al ver la oscuridad próxima saludando a sus cansados ojos. Retiró la mirada cuando escuchó un suave toque en la puerta. La perilla giró y unos ojos oscuros le miraron. Bill no pudo evitar sonreírle a la pequeña mujer del aseo.

—Hola, Constanzia, —Bill sonrió cansado.

—Hola, Malijaba —la mujer respondió, llamando a Bill por ese mote cariñoso de su tierra nativa.

 

Bill conocía a la vieja señora desde que se había mudado de nuevo a Alemania hace dos años. Había estado solo, sin algún lugar a dónde ir. Había gastado lo que le quedaba de dinero en el avión de regreso a su patria, y se apareció en el edificio donde actualmente trabaja sin nada más que su nombre, las ropas en su mochila, y un portafolio en su mano. Fue un movimiento estúpido pero que le había funcionado a favor al menos.

Su madre y padre, Simone y Gordon, se habían mudado a América cuando tenía catorce. Ahora tenía veintitrés, en casa, y solo. Sus padres habían muerto en un accidente de auto, y poco después, Bill había regresado a Alemania. Constanzia había sido la señora de la limpieza por unos años antes de que Bill llegara. Después de escuchar su historia, inmediatamente lo había llevado a su casa hasta que pudiera valerse por si mismo – algo por lo que él estaría eternamente agradecido.

—¿Por qué aún estás aquí, Malijaba? —La voz de Constanzia interrumpió sus pensamientos.

—Estoy tratando de hacer el poster de la revista.

—Tomas descanso, ¿escuchaste? Tú ir a casa y comer. Estar muy pequeño —Ella dijo, pellizcándole la piel del brazo gentilmente—. Necesitar carne en los huesos.

Bill se rio. —Está bien, lo haré —guardó su trabajo y comenzó a apagar su portátil. Había aprendido de la manera difícil a prestarle atención al extraño alemán de la mujer. La manera difícil siendo casi ser atado a una silla y ser forzado hasta que Constanzia estuviera satisfecha de que había comido suficiente. La mujer generalmente iba a su apartamento, llevándole galletas hechas en casa.

Antes de salir por la puerta, besó a la mujer en la mejilla. —Te veré mañana.

—Te veré entonces. Buenas noches, Malijaba.

Bill no pudo evitar el irse sintiéndose mejor. La presencia de Constanzia le provocaba eso. Era lo más cercano que tenía a una familia en dos años. Ella le daba ese poquito extra de ánimo.

Deteniéndose de camino a casa para comprarse una magnum de leche chocolatada, Bill caminó lentamente, disfrutando el ir y venir de la ciudad a su alrededor. Su apartamento estaba cuatro cuadras más allá, así que le daba tiempo de disfrutar un poco las cosas. Su vida era su trabajo. Su vida en América había sido del tipo social.

Nunca había estado en casa, vivía la vida nocturna, rodeado de sus amigos, asistiendo a fiestas. Si la fiesta era lo suficientemente buena, Bill estaba ahí. Era conocido. Sus padres se habían forjado un nombre, y Bill vivió espléndidamente por ello. Pero su mundo se había destruido cuando murieron. Simone y Gordon eran jóvenes, así que nunca pensaron que necesitarían un testamento, dejando a Bill con casi nada.

Bill se había visto forzado a crecer en una noche. Se había dado cuenta de quienes eran sus amigos, nadie. Ni uno sola alma que consideraba sus amigos estuvieron ahí para confortarlo, ayudarlo, o incluso para prestarle un hombro. Se dio cuenta que ya no vivía de las tarjetas de crédito de Papi, no podía vivir de los tabloides. Así que se había movido a la única cosa que podría hacer – moda.

Bill nunca había TENIDO que hacer algo él mismo, pero cuando ponía su mente en algo, lo hacía en grande. Así que tomó su portafolio al mejor editor de moda en Alemania. Sólo para ser rechazado. Pero había regresado a su oficina días después con un nuevo lote de diseños. Había ido cada día hasta que la editor estuvo impresionada finalmente para dejarlo entrar. Creció rápidamente, convirtiéndose en un diseñado de alto perfil y muy solicitado.

 Pero la fama aclamada no era algo para él. Tenía conocidos, y amigos que trabajaban, pero nada más. Usualmente nunca le molestaba, pero eran noches como esa cuando deseaba el tener a alguien que lo esperara en casa. Otra noche más de cenas de microondas. No es que no pudiera pagar un cocinero, era más sobre principios. Quería hacerlo él solo, así que lo haría.

Después darse una larga ducha caliente para relajar sus músculos, Bill envolvió su cabello con la toalla en un tipo turbante. Se puso sus pijamas de franela que serían su ruina si alguien las veía. De alguna manera, la franela, no importaba cuan calientita fuera, no estaba exactamente al último grito de la moda. Se preparó una cena que vio en la televisión y se dirigió al balcón. Dejando su comida en la pequeña mesa, entro en la casa para tomar una frazada.

Regresando a su cena comenzó a observar el cielo, donde las estrellas deberían de estar. Pero claro, estaba en la ciudad, así que no importaba cuan limpia estuviera la noche, nunca habría estrellas. Miró a un punto en cielo, donde imaginó que una grande y brillante estrella debería de estar. Pensó en su madre, y en como, cuando niño, siempre le hacía desear con la primera estrella que viera. Que haría que su deseo se hiciera realidad.

Su madre siempre lo convencía de que deseara por el verdadero amor, por esa única chica en el mundo que era perfecta para él. Bill había llorado, incluso aunque tenía quince, cuando le había dicho a su madre que él no quería una Encantadora Princesa. En lugar de eso, se había dado cuenta que quería un Príncipe. De la maravillosa manera en que era ella, había mejorado la situación cambiando unas cuantas palabras en su ritual. Bill sonrió con ese recuerdo. Nunca había sido demasiado viejo para tomar parte en esa tradición. Era algo que él y su madre habían hecho desde que podía recordar, incluso cuando pasó por la etapa de pensar que era muy tonto.

Era en ella en quien pensaba ahora, mientras buscaba las estrellas invisibles. Deseó por amor, por una familia, por gente que lo amara de la manera en que solía ser amado. Y para  mantener la memoria de su madre viva, de alguna manera, también deseo por el hombre de sus sueños.

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Notas finales:
Devi Riddle Black
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios