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Un escalofrío recorrió su espalda al sentir a Beliar detrás suyo. Entrecerró un poco sus ojos e intentó calmar todas las emociones que se habían apoderado de él cuando se percató de la presencia del demonio.

 

- Ya era hora de que dieras la cara... Beliar - solo volteó un poco su rostro para apreciar al demonio. Se podía ver el odio en sus ojos.

 

- ¿Debo suponer que sigues molesto conmigo? - rió. El tibio aliento de Beliar rozaba el cuello de Miguel, haciendo que este se estremeciera un poco -. Ya que estoy aquí... podríamos comenzar ¿no? - se alejó algunos metros del arcángel -. Sé que a eso viniste - sonrió.

 

- Eres el ser más despreciable que he conocido - miró directamente a los ojos a Beliar. Reinó el silencio por unos segundos antes de que Miguel agregara algo más -. Créeme, demonio... voy a acabar contigo - esto solo provocó una sonrisa en Beliar, quien se relamió posteriormente los labios, gustoso de lo que pronto sucedería.

 

Miguel se preparó con la espada santa en la mano... estaba listo para atacar al demonio, este último simplemente disfrutaba ver al arcángel de aquella manera y sonreía por ello. Miguel rápidamente atacó a Beliar, pero este pudo bloquear su ataque y contraatacó también. Ambos se defendían y atacaban a la perfección. Ambos tenían un total dominio sobre la espada. Beliar aprovechó un descuido por parte de Miguel para azotar a este estrepitosamente contra el suelo e intentar acabar con él, pero Miguel logró reponerse y defenderse del ataque del demonio.

 

Mientras Miguel y Beliar seguían en su encuentro en los cielos, Uriel tomó el mando del ejército y optó que lo mejor era empezar a sacar gente del lugar, por lo que un grupo de ángeles comenzó a sacar grupos de persona de todas las grandes ciudades devastadas por las fuerzas demoniacas y los llevó a campos solitarios en donde estarían a salvo.

 

Miguel se estaba dando cuenta a cada minuto que pasaba de que no sería nada fácil derrotar al demonio y también se percató de que este había incrementado su poder, seguramente por las almas que ya habían sido corrompidas por las hordas demoniacas, lo que le estaba jugando en contra en el enfrentamiento.

 

Luego de haberse entretenido en gran parte de la batalla a espadazos, Beliar optó por comenzar a causar destrozos mayores con liberación de energía. Se alejó un poco de Miguel y se preparó para causar grandes daños, tanto a los seres de luz como a la humanidad.

 

- Dime, Miguel... ¿Darías tu existencia por seres como ellos? - sonrió.

 

- Si... - lo dijo sin titubear -. Y más si tengo el placer de derrotarte yo mismo -.

 

- Sabes... No te mataré ahora - dirigió su mirada hacia la ciudad en ruinas -. Lo primero que haré... ¡Será liquidar a ese ejército tuyo! - dijo con una sonrisa.

 

Dicho esto último, Beliar lanzó una poderosa esfera de energía hacia la ciudad en ruinas, en donde se estaban enfrentando las legiones infernales contra el ejército celestial... todo esto bajo la asombrada mirada de Miguel quien solo pudo observar lo que el demonio había hecho. Se destruyó gran parte de la ciudad, incluyendo ángeles, hombres y demonios, dejando un gran agujero sin absolutamente nada.

 

- ¿No te importa acabar con aquellos que te sirven, verdad? - dijo Miguel fijando su vista en el demonio, luego de ver lo que este provocó.

 

- Para alcanzar el éxito es necesario realizar sacrificios - dijo Beliar muy calmado provocando más molestia en el arcángel -. Además, para eso se mandan primero a los peones - rió sádicamente ante esto.

 

Miguel se cansó de escuchar las palabras de Beliar. El arcángel sabía que entre más minutos pasaran, el demonio se haría más fuerte, por lo que decidió acabar de una vez por todas con el enfrenamiento. Si el demonio utilizaba energía para destruir y acabar con todo, él también lo haría pero con el único propósito de derrotar al demonio. Miguel no esperó más y arremetió contra el demonio lanzando su energía en su contra. Este último desvió el ataque del arcángel y atacó de la misma manera. Sus ataques ahora se comprendían entre combates cuerpo a cuerpo y su propia energía lanzada al opositor. Beliar encontró la oportunidad justa para lanzar nuevamente a Miguel hacia un edificio, destruyéndolo por completo. Rápidamente el demonio buscó al arcángel entre los escombros que todavía caían al suelo y la gran nube de polvo que se había levantado por el acto, haciendo que no hubiera una buena visibilidad, lo que aprovechó Miguel para atacar de imprevisto a Beliar. El demonio logró defenderse del ataque y continuaron con su enfrentamiento.

 

Los demás ángeles y arcángeles seguían con la difícil tarea de liquidar con las legiones demoniacas e intentar salvar todas las almas humanas que podían, pero la tarea se estaba haciendo difícil, pues la cantidad de demonios estaba aumentando y acabar con ellos parecía algo imposible.

 

Uriel observó desesperadamente a Miguel quien seguía batallando con el demonio. Luego de observarlo por unos momentos, no pudo evitar pensar que se les agotaba el tiempo y que si Miguel no derrotaba pronto a Beliar, sería demasiado tarde.

 

- "Vamos, Miguel... No nos queda tiempo... ¡Mátalo de una buena vez!" - pensó Uriel mirando con súplica y preocupación a dicho arcángel. Luego siguió batallando contra los demonios que invadían la ciudad.

 

Ya había pasado más de una hora desde que comenzó el enfrentamiento entre Beliar y Miguel, y para la mala suerte de este último, pareciera que tenía perdido el encuentro, pues ya se estaba agotando y notaba que Beliar se estaba volviendo más fuerte.

 

- ¿Ya estás cansado, Miguel? - dijo el demonio en tono burlón, molestando de sobremanera a su contrincante -. Creo que no será como la última vez... - sonrió maliciosamente.

 

- No te voy a dejar ganar... - respiraba agitadamente y miraba fijamente a Beliar.

 

- Esta guerra ya la tengo ganada y todo gracias a ti... mi querido Miguel - cada palabra que decía, ponía mas furioso al arcángel -. Deberías controlar mejor tus emociones... Así hubieras evitado esta situación - rió.

 

- Juro que voy a matarte... - había ira reflejada en sus ojos -. ¡Te haré desear no haber salido del Infierno nunca! -.

 

Miguel intentó atacar rápidamente a Beliar, pero el cansancio le jugó en contra y para el demonio fue fácil esquivar sus ataques y contraatacar. La espada santa había volado por los aires y se perdió entre los escombros de la ciudad. Beliar atacó a Miguel, azotándolo contra el suelo y luego se posicionó arriba de este con la espada exorcismo apuntando a su pecho.

 

- Esto se me hace muy familiar, aunque se invirtieron los papeles... - sonrió con malicia.

 

El arcángel respiraba con mucha dificultad. Miraba a Beliar a los ojos y solo podía verlo con desprecio... o eso quería aparentar. No podía negar que le agradaba tener tan cerca al demonio, pero no olvidaba lo que había pasado la última vez que se encontró en una situación así, lo que aumentaba su ira hacia aquel ser.

 

- Tus últimas palabras, Miguel - se acercó un poco al susodicho y se apoyó en su mano izquierda la cual estaba al lado de la cabeza de Miguel.

 

- ¿Sabes la pena que me das?... ¿La lástima que siento por ti? - dijo firmemente sorprendiendo a Beliar -. Siempre hiciste todo para beneficio propio...

 

- Tú que sabes, Miguel - le cortó tajantemente Beliar -. Tengo mis razones para todo esto y se exactamente lo que hago -.

 

- ¡Y tus razones implican destruirlo todo!... ¿Alguna vez te importó... algo? - dijo Miguel, pero la verdad de las cosas era que hubiera preferido decir "alguien".

 

- Si... si hay cosas que me importan -.

 

-¡Mentira! - algunas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos -. ¡Siempre jugaste con los demás!... ¡Nunca te importo lo que ellos sentían por ti!... incluso Amelia - Beliar se sorprendió con lo último dicho por Miguel -. Ella murió por ti, ¿sabes? Y es lo que le pasará a todo aquel que se fije en ti... - cada palabra la decía con desprecio -. Tú acabarás con todo... - miraba con odio a Beliar. Pasaron unos incómodos segundos antes de que Beliar se atreviera a decir algo.

 

- Miguel... - tenía la cabeza gacha. Sabía que lo dicho por el arcángel era verdad y no se atrevía a mirarlo a los ojos -. Yo... yo nunca quise...

 

- Te odio... - esas simples palabras habían herido profundamente a Beliar, quien comenzó a ceder ante Miguel -. Te odio como no tienes idea... - el demonio se atrevió a mirar al arcángel a los ojos y solo vio odio en ellos -. En mí... ya no hay amor por ti, solo te desprecio... -.

 

Ambos se sostuvieron la mirada por unos minutos. Beliar veía todo el rencor que sentía Miguel hacia él y este último solo veía como era observado por el demonio. Luego de observarse por un tiempo, Beliar bajó la mirada, mientras dejaba de empuñar la espada en contra del arcángel. Miguel se sorprendió ante la reacción del demonio y por un momento vio tristeza reflejada en sus dorados ojos, pero sus sospechas resultaron ciertas al ver como Beliar comenzó a temblar ligeramente... en verdad se habían invertido los papeles y ahora era el demonio quien estaba sufriendo. Luego de estar así por un tiempo, y de que Miguel no supiera que hacer, Beliar volteó rápidamente para detener el sorpresivo ataque de Uriel, quien había decidido atacar al demonio junto a los otros dos arcángeles al ver a su compañero en aquella situación. Miguel vio a Beliar defenderse al instante en que era atacado por Uriel y por unos segundos creyó ver como el demonio derramaba algunas lágrimas, pero desechó rápidamente esa idea al ver como Beliar se defendía y atacaba a la perfección a sus compañeros. Luego se levantó rápidamente de su sitio y fue en busca de la espada santa.

 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

JC y sus compañeros corrían por las calles de la devastada ciudad. Seguían intentando buscar una salida, pero se detuvieron de golpe al ver frente a ellos a uno de los ángeles, pero que sin embargo, JC era el único que lo conocía.

 

Manakel sonrió al ver frente a él a quien precisamente estaba buscando y comenzó a avanzar hacia él, mientras tanto el susodicho lo miraba con un creciente odio... después de todo, él fue el culpable de su rompimiento con Beliar.

 

- Estaba buscándote... - sonrió. Tenía ambas manos hacia atrás, ocultándolas en su espalda.

 

- ¿Y para que me buscas nuevamente? - preguntó más que fastidiado JC -. Tú y yo no tenemos nada más que decirnos... Ya los dejé en paz - refiriéndose a Manakel y Beliar -. Ahora solo me interesa salir de aquí con mis amigos -.

 

- Eso veo - dirigió su mirada hacia los acompañantes del moreno -. La verdad es que ellos no me interesan, así que se pueden ir - dirigió su vista nuevamente hacia JC - Pero si tengo algunos últimos asuntos que atender contigo - su sonrisa era cada vez más grande.

 

Los compañeros del moreno observaron a este último, esperando una respuesta por parte de JC quien parecía meditar la situación. Al cabo de unos segundos, el moreno levantó la mirada y fijó su vista en el ángel.

 

- De acuerdo... pero a ellos los dejas fuera de esto -.

 

- Trato hecho - cantaba victoria mentalmente.

 

- ¿Qué haces, JC? - dijo por lo bajo.

 

- Solo sácalos de aquí, Kiara... por favor - miró a la chica suplicante -. No quiero que se involucren en esto -.

 

Kiara observó a JC y supo que lo decía con toda la sinceridad del mundo. Sabía que las intenciones del moreno era de protegerla a ella y a sus dos compañeros, por lo que volteó rápidamente y corrió en dirección opuesta siendo seguida por sus dos no muy convencidos amigos. JC observó como estos se alejaron antes de enfrentar a Manakel.

 

- ¿Qué quieres? - demandante.

 

- Sí que tienes un buen corazón... y buenos amigos por lo que veo. Al parecer no estaban muy convencidos de dejarte solo - sonreía.

 

- La verdad es que no quiero que se involucren en esto y ojalá no hubiera sido así - mantenía su distancia -. Me hubiera gustado que ellos no regresaran por mi, pero después de que me fui de Kanazawa junto con Beliar, ellos creyeron que posiblemente me encontrarían aquí... junto a Hunter... - desvió su mirada al decir esto último -. Como sea... - fijó su vista nuevamente en el ángel - Dime ya que quieres -.

 

- Esperaba de que con la discusión que tuviste con Beliar, este al fin se olvidara de ti y se concentrara en lo que realmente queríamos - comenzó a acercarse un poco a JC -. Pero estoy viendo que eso... no va a suceder -.

 

- A mi ya no me interesa lo que haga o deje de hacer ese demonio - con desprecio -. Me dejó bien claro de que yo no le importaba en lo absoluto -.

 

- ¿Y tú le creíste? - esto solo desconcertó a JC - Por si no lo sabes, Beliar es un maestro del engaño y se perfectamente que te dijo lo que te dijo para que no estuvieras en peligro.

 

- Estás mintiendo... - lo dijo algo bajo.

 

- ¿En verdad crees que Beliar te utilizó? - pudo observar duda en los ojos del moreno -. Fuiste tan fácil de engañar... además, si Beliar te hubiera utilizado, ¿qué provecho hubiera sacado de ello? - esto sorprendió más al moreno, quien se estaba dando cuenta de lo cierto de esas palabras -. Beliar si está enamorado de ti y por desgracia... yo te considero un impedimento para lograr con nuestro objetivo. Un impedimento que estoy a punto de resolver - rio maliciosamente mientras descubría detrás de si la espada perteneciente a Miguel... la espada santa - Observé cuidadosamente la batalla entre Miguel y Beliar... solo aproveché la oportunidad que se me dio. Al tener en mi poder la espada santa... puedo matar dos pájaros de un tiro -.

 

- ¿Qué piensas hacer? - retrocediendo, viendo como Manakel se estaba acercando hacia él.

 

- Si te mato con esta espada... Beliar puede pensar que fue Miguel el culpable y lo más probable es que valla detrás de él para matarlo, así como mató a los comandantes infernales quienes asesinaron a su amada Amelia - su sonrisa se hacía cada vez más grande -. Esta espada supuestamente mata solo demonios, pero eso no es del todo cierto... Esto depende del portador... - rio.

 

JC corrió enseguida en dirección opuesta a Manakel, viendo como este se apresuró a atacarlo. Intentó escabullirse entre los desmoronados edificios sin mucho éxito, pues el ángel apareció delante de él y alcanzó a cortar un poco su torso. cuando éste se volteó para verlo. JC inmediatamente se llevó una de sus manos a su pecho e intentó presionar la herida mientras corría por las calles de la arruinada ciudad.

 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

Beliar se defendía ferozmente de los ataques de los tres arcángeles. Mientras tanto, Miguel no podía encontrar la espada santa, lo que comenzaba a desesperarlo. Sabía que la única forma de derrotar y acabar con el demonio era con la dichosa espada, pero no estaba totalmente convencido de matarlo, pues la imagen de Beliar derramando lágrimas seguía en su pensamiento y lo estaba perturbando.

 

Uriel y Rafael atacaron simultáneamente al demonio, haciendo que este retrocediera justo para que Gabriel lo atacara por la espalda, pero el cometido de la chica no tuvo éxito, ya que Beliar logró desvanecerse para arremeter en contra de los tres arcángeles, siguiendo con su encuentro.

 

Beliar ya se estaba cansando de luchar contra los tres arcángeles cuando súbitamente se percató de que JC corría por las calles siendo seguido de Manakel, y lo que más le alarmó fue ver como este último empuñaba la espada santa. Gracias a que estaba pendiente de esto, no logró esquivar uno de los ataques de Uriel, quien hizo que Beliar cayera estrepitosamente al suelo. Enseguida los tres arcángeles atacaron a Beliar, pero este logró reponerse a tiempo para defenderse y luego volver a los cielos para observar en donde se había ido el moreno, no tardando mucho en encontrarlo con la mirada. Se desesperaba al observar que JC era seguido por Manakel y este intentaba por todos los medios de acabar con él. Beliar optó por atacar con energía a los tres arcángeles e ir en la dirección en donde había visto irse al moreno.

 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

JC corría para poder salvar su vida y lo único en que podía pensar era en lo estúpido que había sido por creer en todas las mentiras que le había dicho anteriormente Manakel, y todo había sido para poderlo separar de su demonio... su Beli. Seguía pensando en esto cuando se tropezó y cayó al suelo, miró hacia atrás percatándose que Manakel había detenido su marcha y simplemente lo miraba con una expresión sádica. JC comenzó a arrastrarse de espaldas con la mirada fija en el ángel, mienras los latidos de su corazón se aceleraban cada vez más.

 

- Ya todo acabó - sonrió Manakel -. Prometo que lo haré rápido y sin dolor... - rio. El moreno se había quedado estático observándolo. Ambos se habían detenido y solo se clavaban la mirada uno en el otro, solo por unos segundos -. ¡Se terminó tu miserable existencia! -.

 

Manakel arremetió velozmente en contra de JC empuñando la espada santa. El moreno quedó perplejo ante aquel ser que solo tenía la intención de acabar con él y cerró sus ojos fuertemente en un intento de desconectarse de la realidad. Luego de esperar unos segundos, al darse cuenta de que no había pasado nada, abrió sus ojos lentamente para percatarse que solo a unos metros delante de él se encontraba Beliar, atravesando por el pecho a Manakel con la espada exorcismo. Este último no podía creer lo que estaba pasando.

 

- ¿Qué...? - con mucha dificultad - ¿Qué has hecho? -.

 

- Lo que debí hacer hace mucho tiempo, Manakel - dijo calmadamente Beliar en el oído del ángel -. Acabar con tu existencia... -.

 

- No podrás... - algo de sangre caía de la comisura de sus labios -. Entrar... al Paraíso -.

 

- Eso ya no me importa... - dijo seriamente el demonio -. Pero no dejaré que se repita nuevamente... no otra vez - esto lo dijo en un tono algo bajo.

 

Dicho esto último, Beliar empuñó con más fuerza la espada exorcismo en el pecho de Manakel, haciendo que este sangrara cada vez más. El ángel sabía perfectamente que esto lo mataría, de que ya no existiría nunca más, de que su alma quedaría atrapada en la espada de aquel demonio. Sabiendo esto último, Manakel se desvaneció ante la mirada atónita de JC, quien luego desvió su mirada rápidamente hacia la espalda de Beliar.

 

Cerró sus ojos por unos momentos y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Mantuvo esa expresión por unos segundos para luego abrir sus ojos y esbozar una mueca de dolor. Se llevó su mano derecha hasta la empuñadura de la espada que también atravesaba su pecho e intentó sacarla, pero no pudo... la espada santa estaba absorbiendo su fuerza y energía vital.

 

Los cuatro arcángeles habían visto a Beliar alejarse velozmente de la batalla y ahora veían el por que de su acción. Mientras los otros tres arcángeles miraban sorprendidos lo hecho por el demonio, Miguel sentía un gran dolor crecer en su pecho. Las lágrimas se agolparon rápidamente en sus ojos al ver que posiblemente Beliar moriría frente a él si no hacía algo al respecto. Se apresuró a posicionarse al frente del demonio viendo como éste intentaba quitarse la espada de su pecho. Miguel se arrodilló para quedar a su altura. Colocó su mano izquierda en el hombro de Beliar y con la derecha intentó sacar la espada incrustada en el pecho del demonio. Luego de unos minutos en que ambos intentasen quitar la espada, lograron su cometido. Miguel se deshizo de la espada santa y luego se concentró en Beliar.

 

- Beli... - intentó llamar al demonio -. Beli mírame... - tomó entre sus manos el rostro del demonio para observarlo a los ojos, pero sin éxito alguno... estaba semiinconsciente -. ¡Beli reacciona!... por favor... - lloraba.

 

JC que no había podido reaccionar anteriormente, al ver esto comenzó a levantarse y caminar lentamente hacía Miguel y Beliar, no pudiendo aguantar más las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos.

 

- Yo... no quería esto... - lo decía con dificultad por la culpa de su sollozo y negaba con la cabeza -. Beli... no quería que terminara así... -.

 

- Lo... siento... - dijo con dificultad Beliar con la cabeza gacha. Miguel observó como unas lágrimas habían caído hasta el suelo. Luego, Beliar levantó la cabeza lo suficiente para que el arcángel se diera cuenta de que éste si estaba llorando -. Lo siento... tanto -.

 

JC no se atrevió a acercarse más, quedando detrás de Beliar y Miguel, observando a estos dos últimos y llorando en silencio.

 

- Por una vez... quería proteger... lo que me... importaba - dijo con demasiada dificultad y sonriendo débilmente, sorprendiendo al arcángel y al moreno. Miguel se acercó más a Beliar y lo abrazó, recostando a éste último en su pecho -. ¿Me perdonarán... algún día? -.

 

No hubo tiempo para esperar una respuesta, Beliar había comenzado a desvanecerse de la misma forma en que lo había hecho Manakel, ante la mirada impotente de Miguel y JC. El arcángel no aguantó más y comenzó a llorar desconsolado... sentía rabia... sentía pena... sentía un gran vació crecer en su pecho. JC se desplomó cayendo de rodillas al suelo y se llevó una de sus manos a su rostro en un intento de contener todas las lágrimas que había comenzado a derramar.

 

Uriel, Rafael y Gabriel se habían acercado un poco más y solo podían observar aquella escena. Cada uno era capaz de sentir el dolor de aquellos dos seres que lloraban desconsoladamente frente a ellos, pero ninguno quiso acercarse más... era mejor que liberaran el dolor que sentían en el alma.

 

Uriel, luego de observar por unos minutos más a JC y a Miguel, dio media vuelta y caminó unos pasos para observar la ciudad. Sin Beliar... la guerra estaba ganada. Sin su poder, acabar con las legiones demoniacas era más fácil y el eclipse llegaría a su fin. Cerró sus ojos y suspiró con pesadez, para luego contemplar el vasto cielo que comenzaba a despejarse dejando ver las estrellas de la noche.

 

- Ya todo acabó... - dijo casi en un susurro.

Notas finales:
Lo sé... lamento haber matado a Beli, pero así tenía que ser :S Espero compensar bien en el próximo capítulo por lo que acabo de hacer en este u.u
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Noticias
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 144 Comentarios