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Último Capítulo.

 

 

Por más de cinco minutos nuestras miradas se conectaron en la inmensidad del frío estéril. Yo buscaba en sus orbes avellanados un dejo de esperanzas, las esperanzas que yo tenía, esperanzas de salir de ese lugar, juntos y poder cambiar las cosas. De ser… ser lo que una vez fuimos y yo tiré a la basura como el ser desinteresado que soy.

 

Deseé, bien en la profundidad de mi ser, no haber sido un jodido titiritero que ató a sus hilos al ser más exótico de todos; deseé no haberlo domesticado hasta el punto que una palabra mía podía romperle el corazón en pedazos. Deseé no haber sido tan hijo de puta, tan desconsiderado, tan Gerard Way.

 

-Podemos salir de aquí, juntos, los dos, mi amor.

 

Le vi negar con esa mueca sádica en el rostro y di un paso atrás, casi chocando con la pared cubierta de escarcha. Tenía el ligero presentimiento que de tocarla se me quedaría pegada la piel y se separaría de la carne al intentar alejarme.

 

-¡No hay… ningún nosotros! –bramó, desde la oscuridad que rodeaba su ser.

 

-Podía haberlo, podríamos tenerlo todo de vuelta…

 

-¡Men…tiroso!

 

Negué yo esa vez, y me arrodillé en el suelo, con las manos a los lados y mi mirada en sus ojos. Quería que me perdonara, quería salir de ese lugar y poder sentir su calor contra mí de nuevo. Cometí serios errores en mi vida, y nunca me arrepentí de ellos, jamás tuve un solo remordimiento porque había dañado a personas ajenas a mí mismo.

 

Pero ahora… mi juicio final había llegado.

 

-Lo siento mucho, Frank, no sabes cuánto lo siento…

 

-¡Mientes…! ¡Mientes…! –gimió blandiendo el bisturí de un lado a otro. En ese momento noté que no debí dejar el bisturí en el suelo, Frank lo había tomado… cuando yo no miré. Él estaba en todas las de ganarme y quizás eso quería él.

 

Por tercera vez en ese juego, pasé algo por alto, Frank me había enseñado que su lengua estaba cortada, me había dicho que su prueba fue esa y por eso estaba vivo, pero mientras hablábamos sólo el frío impedía su habla. Entonces, si Frank estaba bien, si no pasó su prueba…

 

-No había prueba… ¡Tú…! –gemí asustado, levantándome del suelo y chocando contra la pared a mis espaldas.

 

Todo tenía sentido, y todas las piezas del puzzle empezaban a encajar en mi congelado cerebro. Frank había armado todo eso, Frank me había puesto a abrir a mi hermano, a dejar morir a una muchacha y cortarlo a él. Frank era el único que me conocía tanto,

 

Frank era el único que sabía el dolor que le había causado.

 

No, él no tenía la culpa de lo sucedido ahí sino yo. Pues el titiritero siempre tiene la responsabilidad ante lo que hace su marioneta, si ésta decide cortar los hilos y salir corriendo por el mundo, la responsabilidad siempre será de quién la creó. Y yo creé un títere dispuesto a matar por mi amor, un títere que se derretía ante mis palabras y un títere que un día: aprendió a desconfiar.

 

Y con esa desconfianza vino el odio y con el odio el rencor y con ello…

 

-¿Por qué…? ¡¿Por qué Mikey?! ¡Esto es entre tú y yo! –grité sintiendo que mi garganta se cortaba en diversos sectores y la sangre bajaba despacio-

 

-¡No! ¡No, Gerard, eso es lo que tu crees! –estaba débil, podía verlo. Mas yo jamás, ni en el más estúpido sueño, podría lastimarle.- Todo esto va más allá de tu y yo… ¡Eres un ser despreciable! –Unas pequeñas gotitas de sangre me llegaron a la cara ya manchada, y volví a caer de rodillas. Llorando esta vez.

 

Mis lágrimas saladas se sentían calientes al principio pero luego solo se volvían heladas como toda esa habitación, heladas como el corazón que Frank debía tener en su interior, pues por más odio que yo le tuviese, jamás le habría hecho algo así.

 

-Tú, maldito Way, destruiste todo lo que en mi vida tenía sentido. ¿Y sabes por qué? –Como no contesté, tomó mi cabello con una mano y me jaló el rostro lloroso.- ¡Responde, marica!

 

-…no… no sé –jadeé-

 

-Porque tú hiciste que mi mundo, mi vida, mi razón de existir fuese escuchar un estúpido te amo de tus labios. Y como eso nunca llegó, el mundo se volvió gris.

 

-¡Pero… yo te amo!

 

-¿Ahora lo dices? –rió de nuevo, esa risa desfigurada… Dolorosa…- ¡¿Ahora?!

 

Apreté las manos contra el suelo, sintiendo como mi piel ligeramente se pegaba al metal helado y las uñas deseaban desprenderse de la carne.

 

-Es la…v-v-verdad.

 

-La verdad es que has sido un grandísimo y gordo hijo de la puta madre que te parió. Y no miento, ¿o si, Gerardcito? ¡Tu madre es una perra frígida que te ha vuelto esta mierda que eres!

 

Su pie me pateó, y lo sentí como un bloque helado de veinte toneladas en mi pierna. El frío sólo lograba hacer las cosas peores. Hasta su voz se escuchaba más seca, más malvada…

 

-¿Vas a levantarte o te quedarás de rodillas? –Sonrió, y se acercó a mi- ¿Qué se siente estar de rodillas por primera vez, imbécil?

 

De mis labios, y pensando en mi pequeña hija que no sabía nada del mundo y probablemente no sabría nada de su padre si…

 

-¿Me matarás?

 

-No, te violaré, abusaré de tu corazón y haré que enloquezcas paseándome con mi esposa. –Se arrodilló frente a mí y, presionando el bisturí contra mi cuello, se acercó a mi oído-: Yo no soy tan vil.

 

Me estremecí en un sollozo, si la vida era tan cruel conmigo, ¿por qué tenía que serlo con aquellos que yo quería? Si Frank movía ese cuchillo un centímetro, o dos, moriría desangrado y él y mi familia, mis amigos, todos sufrirían…

 

Abrí grande los ojos y me llevé ambas manos al cuello una vez que Frank se alejó. No fue tanto el dolor, ni la llegada inminente de la muerte lo que me espantó, sino ese sentimiento de sorpresa, de tener el corazón realmente roto por la última persona que creí se vengaría de mi.

 

Presioné con todas las fuerzas mi carótida, intentando que la sangre se detuviera de alguna forma estúpida y lo miré con los dos ojos llenos de lágrimas. Ese no podía ser mi Frank…

 

El bisturí que apenas tenía sangre en su hoja afilada cayó al suelo y él se sentó delante de mí, a mirarme, observarme.

 

-Frank… tengo frío –susurré intentando no caer hacia delante, porque si eso sucedía, yo estaba muerto.

 

Un recuerdo hizo que se me saltaran las lágrimas y el dolor comenzara a escocer muy profundo:

 

Acabábamos de comenzar con nuestros acostones semanales, de los cuales toda la banda estaba más o menos al tanto (en especial por el hecho de irnos a dormir a un motel, con la excusa de querer más espacio) y ya era tarde, muy tarde a la noche.

Habíamos hecho el amor como bestias, una y otra vez, sobre la cama, sobre el piso y en la ducha de la habitación de motel. Inclusive habíamos olvidado protegernos un par de las tantas veces y nos sentimos realmente conectados, por más que ninguno lo dijo.

Fumábamos sobre la cama, como las otras veces, sin decirnos ni una palabra, ni mirarnos. El humo del cigarro me distraía de pensar en el por qué de las cosas que hacía cuando no debía de hacerlas. Y esperaba que el humo del cigarro le hiciese saber a Frank que yo no quería hablar.

 

La mayoría de las noches él lo entendía perfectamente, se vestía y me daba la espalda para “dormir” sin molestarme. Yo por el contrario me cubría con la sabana y me perdía en los dibujos sin sentido de la pintura del cielo raso.

 

Había olvidado la ciudad en la que estaba, el estado y hasta mi nombre con la forma de besar de Frank y no quería recordarlo.

 

-¿Gerard? –lo escuché decir y volteé apenas. Su espalda seguía desnuda y sólo tenía un boxer puesto.

 

-Así desnudo alguien podría aprovecharse –susurré queriendo pasar mi lengua por esa piel y hundir mis dedos entre sus piernas...-

 

-Gerard, tengo frío –dijo bajito y se hizo una pequeña bolita mirando hacia la ventana.

Esa fue la primera vez en la que no actué con la voz de la razón y lo abracé atrayendo su espalda hacia mi pecho desnudo.

 

-¿Mejor? –susurré a su oído y tomé sus manos entre una mía-

 

-No volveré a acostarme contigo.

 

Supe que sonreía, y lo hice también.

 

-Aún así está algo frío…

 

 

 

-Te amé desde… -intenté tomar aire, pero todo el oxígeno se perdía en ese mar rojo- desde…ese momento…

 

Supe que Frank me miró sin entender, y que en algún punto de su mente, el remordimiento comenzó a aflorar al igual que un pequeño brote de pasto en medio del concreto.

 

-¿Gerard?

 

Su voz me resultó un producto de la imaginación, pues para entonces mi cuerpo había golpeado el suelo y mis manos entumecidas dejaron de ofrecer presión alguna en mi carótida.

 

-Muérete, imbécil.

 

Ese fue el momento en que vi mi muerte tan clara como si mirase una fotografía. Venía a por mí y no podía hacer nada por evitarla. Siempre dije que no le temía, mas tenerla tan cerca, palparla aún deseando vivir era destrozador.

 

Mientras estaba vivo había buscado el disfrute personal, y no me di cuenta que creé el infierno a cada paso que di. Una parte de mi cerebro se obligó a pensar que del otro lado no me esperaría nada más que el pago de mis errores. Y lo peor, fue que lo merecía.

Mis ojos se fueron cansando del blanco frío, tenía sueño. Lo único que lamentaba era haber dejado a mi hermano atrás… él no merecía fallecer por mis estúpidos pecados.

 

 

Yo… sentía todo, lo sentía de verdad…

 

 

 

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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios