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WALK WALK FASHION BABY

PARTE 2

 - ¿Por qué no sales con nadie, Potter? Debes tener a muchos a tus pies – preguntó Draco casual.
Harry lo miró intrigado pero sonrió.
-De hecho estaba saliendo con un muchacho hasta hace unos tres meses, pero no lo hicimos público. Era un compañero de trabajo, un auror un poco más grande que nosotros... William Clackes, no se si lo conoces…
-Clackes… – Draco se sintió molesto – si lo conozco, es un santurrón afeminado, en serio Potter, hasta tú estas para algo mejor...
Harry rió.
-Ese santurrón afeminado tiene un paquete entre las piernas así – contestó haciendo un gesto exagerado del posible tamaño.
Draco levantó ambas cejas y las bajó rápidamente, desdeñoso.
- Pero supongo que no tiene la habilidad y belleza que tengo yo.
- jaja, eso sería imposible ¿no? – rió el moreno.
Draco se sintió mejor al ver esa sonrisa cálida y sonrió también.
- ¿Y tú? Tanta “belleza exacerbada”, no debe ser para nada, ¿o si? – preguntó irónico.
- Es cierto, tengo mis amantes ocasionales, pero nada es lo suficientemente bueno para mí. – contestó el rubio con suficiencia.
Harry le pegó en el hombro jugando, pero en realidad la respuesta no le había gustado. Una pesadumbre se instaló en su estómago.
- Eres un caso perdido Malfoy. En fin, he disfrutado mi estancia contigo, pero ya es hora de irme.
 Draco lo vio levantarse, con ganas de pedirle que se quedara, pero no dijo nada. Sólo lo acompañó hasta la puerta.
- Podríamos vernos de nuevo uno de estos días – dijo de pronto antes de que Harry se fuera. Este sonrió mostrando sus perfectos dientes, y Draco se sintió aliviado.
-Claro – contestó el ojiverde y con una última sonrisa desapareció.
 Esa misma tarde Hermione apareció en su departamento, pidiendo lujo de detalles de lo que había pasado. Harry sació su curiosidad, divertido por los suspiros, las exclamaciones y los aplausos que de vez en cuando hacía su amiga, pero omitiendo los detalles más pudorosos. Ella estuvo especialmente emocionada cuando le relató su primer beso, en el balcón, y cuando él terminó de narrar, inmediatamente comenzó a planear formas de que Draco y Harry se vieran de nuevo. Él la observaba divertido por su entusiasmo, y también algo curioso.
- Aun así, ya te dije lo que mencionó al final, nada es muy bueno para él. Sólo soy otro de sus amantes ocasionales.
Ella hizo un gesto desdeñoso con la mano.
- No creo que lo haya dicho por ti, sino por todos los anteriores… y en realidad, creo que sólo exagera, es su forma de ser. No creo que piense eso de verdad.
Harry asintió no muy convencido.
   
Pasó una semana sin noticias del rubio. Harry pensó que ya se había olvidado de él, hasta que el viernes lo encontró a la salida del ministerio, elegantemente ataviado, esperándolo apoyado en un poste de luz. Harry sonrió sorprendido y se acercó a él.
- Veras Potter, pasaba por aquí y pensé que podía dignarme a invitarte un café. ¿Qué dices?
- ¿No será mucho sacrificio? – respondió él divertido y contento.
- Hoy me siento generoso.
Entraron a un bar a pocas cuadras de allí y se acomodaron en los sillones de un rincón. Harry le contó sobre el caso al que había sido asignado recientemente, y Draco lo escuchó interesado, haciendo gala de sus buenos modales. Luego le contó de su propia experiencia como modelo, su vida viviendo solo, las cosas que planeaba hacer y los lugares que planeaba visitar. Ambos coincidieron en que querían visitar roma y Harry comentó que siempre había querido ver París. Draco, que ya lo conocía, le relató todo lo que sabía sobre esa ciudad, y el ojiverde lo escuchó asombrado. Malfoy sabía mucho sobre cultura general. Descubrió gratamente sorprendido que el rubio tenía muchas cosas interesantes para contar. Conocía varios países y hablaba perfectamente el francés, se las ingeniaba con el alemán y chapuceaba con el italiano. Cuando Harry le pidió que hable francés, Draco lo complació, “Vous avez les yeux plus beaux que j'ai vu dans ma vie” (tienes los ojos mas hermosos que he visto en mi vida). Al moreno le encantó como sonaba el idioma en la voz del ojigris, delicado y placentero a sus oídos. “¿Qué dijiste?” preguntó curioso. “que tu pelo es un caso perdido” respondió el rubio riendo y Harry rió también.   
 La tarde pasó amena charlando, y Draco lo invitó a su departamento otra vez, pero Harry tuvo que rechazarlo pues había quedado en ir a cenar con Ron y Hermione. El rubio asintió desilusionado, pero no lo demostró. “Será la próxima entonces”.  Harry estuvo de acuerdo. Se despidieron en la puerta del café.
- Bien Potter, la pasé bien esta tarde, eres un buen oyente. – aprobó Draco.
- Es difícil no escucharte, parece que tienes muchas cosas que contar.
-Es que soy culto, Potter, algo que tú deberías fomentar.
- Engreído – lo riñó Harry divertido.
-Es la verdad – insistió Draco arreglándose la ropa innecesariamente – Nos vemos Potter.
 El rubio estaba dando vuelta para desaparecer, cuando Harry lo sujetó de la muñera. Éste quedo desconcertado, y el ojiverde aprovechó para acercarlo y depositar un suave beso en los labios, que Draco respondió. Fue un beso breve, pero intenso. Harry lo soltó, acarició la suave línea de la mandíbula del rubio y desapareció.

-Hoy lo vi de nuevo – le comentó a Hermione, aprovechando un momento en que Ron se fue de la sala.
 Hermione lo miró abriendo la boca en O y soltó un chillido bajo.
- ¡Te lo dije! ¿Qué te dijo?
 Él le contó los detalles de la “cita” rápidamente.
- No pensé que Malfoy fuera tan… interesante – comentó ella.
- Yo tampoco, fue una grata sorpresa. Hermione.. – Harry dudó en preguntar - ¿Qué crees que saldrá de todo esto?
- ¿Qué sientes por él? – preguntó ella. – Piénsalo bien, hace casi tres meses que estas con Malfoy en la cabeza. Personalmente, creo que te gusta, lo veo en tus ojos cuando me hablas de él.
 Harry asintió, pensativo. Malfoy era atractivo, interesante y seductor. Admitía que tenía un efecto hipnótico en él. Disfrutaba su compañía y no se saciaba de verlo, de recorrer cada uno de sus rasgos exquisitos. Pero no creía que Malfoy sintiera lo mismo por él.
 La castaño pareció adivinar sus dudas por que suspiró y dijo.
-Seriamente, Harry, a Draco también debes estarle gustando, si te ha ido a buscar al trabajo.
- ¿Tú crees?
Ella giró los ojos.
- Dudo mucho que Malfoy sea el tipo de persona que invita a sus amantes a un café.
Harry contempló esa idea y sintió un calorcito en el pecho que le hizo sonreír. Supo que era felicidad.
 Ella contempló la sonrisa de bobo de su amigo y suspiró contenta.

 El caso que tenían asignado era sobre unos traficantes de polvos flu vencidos, que hacían que los magos y brujas inocentes que los compraban terminaran en cualquier lado, incluso chimeneas muggles, lo que tenía loco al equipo desmemorizador. Los niños muggles eran más fáciles por que creían que era santa claus en la época equivocada del año, pero los mayores pegaban alaridos que llamaban la atención de todos los vecinos y llamaban a la policía pensando que eran ladrones. Tenían la pista de que vendían los polvos en un pub de Hogsmeade, que la intuición les decía que era cabeza de puerco. Así que el equipo de Harry, que tenía doce aurores, se dividió en tres grupos y tres turnos para vigilar desde una esquina del pub. Llevaban varios días sin éxito, pero Harry aprovechó su estancia en Hogsmeade para invitar a Draco vía lechuza a las tres escobas. Así que esa tarde al finalizar su horario se encontró con él allí.
 Draco lo saludó muy formal con un asentimiento de cabeza, evidentemente poco dispuesto a grandes demostraciones en un lugar mágico público. Harry comprendió y se sentó en el otro extremo de la mesa. Madam Rosmerta se acercó a pedir la orden, y Harry la saludó efusivamente, mas Draco fue más reservado en su gesto. Si la mujer se extrañó de verlos juntos allí, no lo demostró. Enseguida llegó con las cervezas de mantequilla y dos vasos. Cuando ella se dio vuelta, Draco sacó un pañuelo de su pantalón y limpió el borde del vaso. Luego sonrió a Harry presuntuoso.
Harry rodó los ojos y rápidamente se sumergieron en una conversación sobre lo cambiado que estaba Hogsmeade desde que ellos dejaron el colegio. Draco sonreía discretamente, y aunque era aparentemente distante, Harry se sentía reconfortado con su presencia. Pensó que nunca se  cansaría de mirarlo, de disfrutar los ademanes elegantes con los cuales acompañaba sus palabras, los gestos medidos y los movimientos aristocráticos con los que bebía. Cuando terminaron la cerveza, Draco se acercó a la barra a pagar y desde allí le envió una mirada a Harry, que para algunos podía no significar nada, pero a él le decía todo.
 Salieron de las tres escobas y caminaron hacia un lugar más escondido. Allí Draco sujetó a Harry y desaparecieron.
 Aparecieron en la cocina del rubio, donde éste se zambulló sobre la boca del moreno, sujetándolo por la nuca y murmurando palabras inteligibles, Harry rápidamente le sacó la túnica al rubio y desabrochó su camisa negra. Draco restregó su miembro sobre el suyo, separados por los pantalones, y ambos gimieron en medio del beso. La ansiedad de esas dos semanas era tan fuerte que allí mismo sobre la barra de desayunar Draco convocó el lubricante y se lo tendió a Harry, quien entendió la indirecta y empezó a prepararlo rápido, con urgencia. Dejo el pote sobre la barra y Draco se apoyo contra ella, mirando a Harry a los ojos. Luego levantó sus piernas y envolvió con estas la cadera del morocho, quien sin perder tiempo lo penetró. Ambos gimieron con fuerza y el ojiverde empezó a moverse rápidamente, sus miradas fijas en la del otro, mientras gemían. Draco se apoyaba sólo con los brazos en la barra. El movimiento salvaje tenía al rubio derritiéndose de placer y paso poco tiempo antes de que ambos acabaran. Harry apoyó la frente en el cuello de Malfoy, que a fin de aliviar sus brazos agarrotados se sentó en el taburete. El rubio pudo sentir la sonrisa de Potter y también sonrió.
  Harry se quedó a comer allí, y descubrió con sorpresa que el rubio tenía un televisor gigante en una habitación rodeado de miles de películas. Así que prepararon juntos palomitas de maíz y vieron una llamada “los siete pecados capitales” que dejó a Harry impactado pues eran como aurores muggles. Draco reía de cómo el ojiverde se metía en la trama, mientras él era más observador y distante. Potter era sorprendentemente una agradable compañía, llenaba de calor y alegría su departamento solitario. Esa noche disfrutaron el jacuzzi donde le tocó a Harry recibir a Draco, y ambos se fueron a dormir contentos.
 Harry despertó temprano pues tenía que ir a trabajar, así que a las ocho ya estaba arriba. Beso a Draco en la cabeza y se hizo un desayuno rápido. El rubio se le sumó, somnoliento, murmurando algo de que no quería ver su cocina hecha un desastre, y Harry se hizo el ofendido pues el sabía perfectamente como prepararse un café. Lo hacía todas las mañanas. Antes de irse, el rubio le arregló la túnica de auror con un hechizo. Y Harry le agradeció con la mirada. Se acercó para darle el último beso.
- Nos vemos, auror Potter – saludó Draco. Harry sonrió y desapareció.

  Ese martes Harry invitó de nuevo a Draco a las tres escobas. Había pasado todo el día allí, pues al no tener suerte en cabeza de puerco empezaron a vigilar ese bar. De sus tres compañeros de trabajo, Lucian, Tom y William, sólo quedaba Bill. Harry se sentía un poco incómodo sentado en la misma mesa que él a solas, pero aun faltaba rato para que Draco llegue. Siguió la charla sin mucho interés, hablando sobre la posibilidad de encontrar a los traficantes y si sería allí donde harían los intercambios.
- Harry, no es de eso de lo que quería hablar. – comenzó Bill nervioso. Harry sintió que su estómago se encogía. – estuve pensando mucho en ti últimamente, y de verdad creo que deberíamos darnos otra oportunidad. – el moreno empezó a negar con la cabeza – escúchame – pidió Bill tomando su mano. – Creo que aun estoy enamorado de ti. – y al decir eso, se inclinó sobre la mesa y lo besó.
 Harry tardó unos segundos en pasar la sorpresa, y apartó al castaño bastante indignado. – Bill ya hablamos de esto, y de hecho estoy empezando a salir con alguien más. – La mirada decepcionada de su ex le aflojó el corazón. – no te preocupes, - dijo posando su mano en su hombro – ya encontrarás a alguien que te quiera como te mereces.
  Pero Draco, que había llegado temprano como era su costumbre, había visto toda la escena desde la puerta, por supuesto sin escuchar. Se dio media vuelta y desapareció. Apareció en su apartamento y se sentó en su sillón, tomándose la cabeza. Se sentía humillado. Y aunque jamás lo admitiría, muy celoso. El maldito Potter estaba viéndose con el idiota de Clacker, seguramente por sus “grandes dotes” pensó fastidiado. Había herido su orgullo. Evidentemente Draco no era suficiente para él. Pues bien, Potter podía irse a la mierda. Él podía tener a cualquiera a sus pies.
  Harry esperó en vano a Draco, pues este no apareció. Desconcertado, volvió a su departamento y le mandó un mensaje, pero jamás recibió respuesta. Los días pasaron, y la lechuza volvió siempre con las manos vacías. Harry quería ir a buscarlo a su apartamento para entender que pasaba, pero nunca había preguntado donde vivía. Las dos veces Draco lo había aparecido.
 Así pasaron los días, y el ojiverde se sentía cada vez más desconcertado, y aunque no lo admitiera, triste. Probablemente el rubio ya se había cansado de él.
 Hermione no podía entender el súbito cambio de interés de Malfoy, pero Harry la reconfortó.
- Te dije que sería sólo un polvo. Sólo tuve suerte y fueron dos.
 Pero a pesar de sus palabras Hermione sabía que su amigo estaba dolido.
  El trabajo distraía a Harry, y así pasaron un par de semanas. Intentó salir con un muchacho que también era auror, pero su conversación aburrida y su devoción por el “héroe” hizo que las cosas no prosperaran. Extrañaba la charla profunda de Malfoy, sus gestos vanidosos, la forma en que sonreía y sus ojos tormenta. Le gustaba recordar su primer beso, ese instante mágico en que se fundieron el uno en el otro bajo la frescura primaveral. Y sonreía como tonto para luego caer en la realidad, de que el rubio ya lo había botado sin siquiera explicaciones.
  En medio de eso, al menos obtuvo la alegría de resolver el caso en el que trabajaba. Resulta que los maleantes estaban haciendo los intercambios en el salón de té de Madam Pudipié. Se hacían pasar por parejitas y al ser un lugar más bien íntimo, podían pasarse la mercadería sin ser observados. Lo malo de haber resuelto el caso, es que en el Ministerio no tenía que estar tan concentrado, y entre papel y papel volvía a su mente los ojos plateados, la voz ligeramente arrastrada y los ademanes sofisticados.
  Fue dos semanas después que se enteró que el rubio participaría en un desfile dentro de tres días, y Harry decidió que al menos, iría a verlo por última vez.
  Estaba nervioso en su asiento mirando a los otros modelos cuando lo vio aparecer. Su estómago dio un vuelco y no pudo evitar pensar que estaba mas lindo que nunca con su camisa color plata y su pantalón de jean negro. Entonces sus miradas se encontraron y el corazón de Harry se aceleró a mil por hora. Draco no sonrió, pero no dejó de mirarlo en todo el paseo por la pasarela. Harry no sabía lo que significaba su mirada.
 Por su parte el rubio estaba nervioso y a la vez molesto. No podía entender que hacía Potter ahí, si había ido a reírse de él, o sólo para fastidiarlo. Las cartas que había recibido no las había leído, y ahora sentía cierto arrepentimiento de no haberlo hecho, pues no sabía a que atenerse.
 El desfile pasó rápido para Draco, pero para Harry fueron horas. Necesitaba ir a hablar con el rubio y preguntar por qué, aunque la respuesta que recibiera doliese.
  Sabía por la mirada intensa de Potter que este iba a acercarse en cuanto pudiera, y cobardemente pensó en desaparecer. Pero no, le haría saber al imbécil que él no era juguete de nadie, que no tenía derecho a hacer lo que hacía.
 Cuando el moreno entró en su camarín Draco sintió su corazón desbocado y todas sus convicciones venirse abajo. Se dio vuelta por que los ojos verdes lo debilitaban.
- ¿Por qué? – dijo Harry simplemente.
 Draco bufó irritado y se volvió a mirarlo.
- ¿En serio me preguntas por qué? ¿Qué te crees, que soy idiota? – preguntó levantando la voz. El ojiverde lució totalmente desconcertado. – Mira Potter vete y olvídate de que existo, no me busques más ni me mandes ni una puta lechuza, no quiero saber nada de ti. No se por qué perdí mi tiempo contigo.
- Pero... hablas como si yo supiera por que desapareciste.. – dijo Harry mortificado – al menos merezco que me expliques…
- No tengo explicaciones para ti Potter, véselas a pedir a Clacker.
- ¿Bill? ¿Que tiene que ver? ¿El te hizo algo?
- ¡Deja de hacerte el imbécil de una vez! – Draco dio vueltas por el camarín sin poder creer la hipocresía de Potter – te vi besándolo en el bar.
 A Harry le cayeron todas las fichas juntas.
- ¡No! Draco… ¡Él me beso a mi! Él quería volver conmigo y me besó pero yo le dije que no… ¡Le dije que estaba saliendo contigo! Bueno no exactamente tu nombre pero…
- ¿Y esperas que te crea? ¡Yo te vi Potter...!
- Lo interpretaste mal – Harry acorraló a Draco contra el muro – te lo juro – murmuró mirándolo a los ojos – no he dejado de pensar en ti desde ese día... tienes que creerme.
 Draco lo miró sin saber que pensar, momento que el moreno aprovechó para besarlo con posesividad, rodeándolo por la espalda con sus brazos, manteniéndolo firme contra la pared. Lo beso intentando demostrarle todo lo que había sentido. Se separaron unos segundos para mirarse a los ojos con sus respiraciones agitadas, y el ojigris vio la sinceridad en los ojos esmeralda. Sujetó al gryffindor del cuello y lo atrajo hacia sí, besándolo como si fuera la primera vez, tratando de expresar todo lo que lo había necesitado ese tiempo, la falta que le había hecho. Harry sonrió dentro del beso, sintiendo una felicidad imposible de poner en palabras.
- Te extrañé – dijo el ojiverde acariciando el rostro del rubio.
- Merlín, También yo, Potter – dijo Malfoy agitado.
- ¿Vamos a mi apartamento? – propuso embriagado por sentir de nuevo la calidez del otro.
- De acuerdo.
 Harry lo agarró del brazo y con un giro desaparecieron.
 

Cuando Draco despertó al día siguiente sonrió sintiendo los brazos del moreno a su alrededor.
Remolonearon en la cama, charlando y sonriéndose, admirándose el uno al otro.
- Lamento todo el malentendido… – Dijo Harry.
- Ya esta, olvidémonos de eso.
- Todo este tiempo…
- Lo sé. Yo también – murmuró el rubio con la voz entrecortada.
  Draco y Harry empezaron a verse más seguido, tres o cuatro veces por semana. Llevaron su relación sin prisas, con la mayor naturalidad posible. Un día, un mes después, Harry le contó que Bill había intentado un acercamiento otra vez en medio del departamento de aurores, aun delante de sus propios compañeros, y Draco decidió que era hora de dejarle algunas cosas claras al imbécil ese.
 Espero en el vestíbulo del ministerio por si el idiota se iba por la red flu y en cuanto lo vio aparecer, sacó la varita dispuesto a hechizarlo. Pero se dio cuenta de que Clacker venia tratando de hablar con Harry y eso lo enfureció más. Se puso delante de él con una mirada asesina capaz de atemorizar al mismo Voldemort, y gritó:
- ¡¡¡POTTER ES MIO!!! – y luego le encajó una trompada al castaño. Harry lo miró asombrado, sin confiar en lo que sus ojos veían. Pero supo que era cierto por la agitación formada a su alrededor. Se llevó afuera al Sly, tratando de tranquilizarlo.
 - ¿Estás bien? – le preguntó preocupado.
- Mucho mejor – asintió el rubio. Harry no podía creer que Draco, siendo tan poco demostrativo en público hubiese hecho una cosa así. Probablemente ni el mismo se lo creía. – bien, con eso no te molestará más.
 El ojiverde pensó que no era necesario hacer una escena para conseguir eso, pero juzgo prudente no mencionarlo.
- ¿Así que soy tuyo? – sonrió coqueto.
Draco lo fulminó con la mirada. – ¿Acaso lo dudabas?
 Harry negó rápidamente y levantó las manos en señal de rendición.


 Al otro día era sábado y Draco se quedó a dormir en su casa. Despertaron con los golpes de alguien en su puerta, y Harry se vistió rápido. Cuando miró por la mirilla vio a Ron, que tenía los ojos desorbitados. Le abrió la puerta con la ligera sospecha del por qué de su visita, y el pelirrojo le puso delante de los ojos la tapa de “El Profeta”, confirmándola.

 POTTER ES MIO
Esas fueron las palabras que gritó Draco Malfoy en el vestíbulo del Ministerio de la Magia  y seguido de eso golpeó al Auror William Clacker. El chico-que-venció estaba allí mismo presente y se fue con el joven Malfoy.
continúa en página 2. 

- Explícame que esta pasando – pidió Ron consternado. En ese momento pasaron dos cosas. Hermione entró por la puerta abierta, con cara de disculpas y diciendo “lo siento, intenté detenerlo...” y Draco apareció por el pasillo de la habitación en jeans y una camisa que no se había molestado en abrochar.
 - El titulo lo dice muy clarito Weasley – contestó el rubio sonriente.
Ron puso cara de haber visto a Peter Petigrew en persona, y Hermione y Harry lo sentaron en el sillón y le sirvieron un café a su enmudecido amigo. De a poco le explicaron las cosas mientras Draco tomaba su café muy divertido con toda la situación.
- ¿Entonces ustedes…? -preguntó Ron sin poder terminar la frase.
- Somos novios – asintió Draco feliz de terminarla por él.
 Harry enarcó las cejas como diciendo ¿Lo somos? Y Draco lo miró como retándolo a negarlo.
 Hermione a pesar del shock de su novio estaba muy feliz y propuso festejar con una cena allí esa misma noche. Draco dijo que “era la primera vez que estaba de acuerdo con Granger en algo”, y Ron quedó catatónico el resto del día.


Harry y Draco hicieron ese verano su primer viaje de enamorados juntos a Roma, pasando por París para deleite de Harry y diversión de Draco, quien disfrutaba la forma en que su novio lo miraba cuando hablaba francés, embelesado y excitado. El rubio sabía que lo único que necesitaba para tener una buena sesión de sexo en cualquier momento era susurrarle cosas en francés al oído. Su relación no era perfecta ni tampoco era lo que pretendían. Era lógico, por sus caracteres opuestos y a la vez complementarios, que hacían que se necesitaran uno al otro para sentirse enteros. Fueron la comidilla de todas las revistas mágicas del corazón que circulaban por Inglaterra, especialmente de Corazón de Bruja. En los años siguientes harían muchos viajes, y Hermione siempre diría que ella vio el potencial de esa pareja desde el desfile por el cual Draco y Harry se volvieron a encontrar. Hablando de desfiles, Harry asistió a todos y cada uno de ellos en los que Draco participó, en primera fila, jugando con sus miradas como la primera vez. Y Ron… bueno, Ron con el paso del tiempo recuperó la plena capacidad del habla, pero para cuando lo hizo, ya era obvio que esos dos no se iban a separar nunca más.

FIN

Notas finales:
Hola a todas! Les cuento que me volvi loca intentando que el formato saliera bien o__o.

Espero que les haya gustado, soy muy insegura con estas cosas, dude en publicarlo por que en general no me gusta nada de lo que escribo, siempre pienso que me ha quedado horrible. De hecho tengo otras historias guardadas en mi pc, aunque sin terminar, que tal vez algún día vean la luz, si me animo. Como ya les conté, soy muy insegura, si no les gustó por favor no me traten muy mal o es posible que no me anime a publicar nada más never in my life D:
 De todas formas creo que no podría superar a la histórica Perla Shumajer =P aunque admito que tengo la misma tendencia que ella a describir que tienen puestos los personajes todo el tiempo. En fin, cariños para todas las Darryescas!
 Sabri :3
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 144 Comentarios