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Notas de la historia:

"Pasteloso": esta palabra la aprendí de un chico español. ¡Qué bueno, todos los días aprendo algo! Gracias, hombre. Cuando el chico leyó este fic. lo calificó de pasteloso. Y sí, tuvo mucha razón, porque lo es ¡y mucho! Ja,ja. En realidad... creo que se quedó corto, yo, además, hubiera comentado que es ¡muy cursi! Pero a mí me encanta, y por eso lo quiero compartir con ustedes. Espero que les guste tanto como a mí. Gracias. Pasen y lean este fic. bastante leído y poco comentado. 

Notas del capítulo:

Como todos dicen: los personajes no me pertenecen, fueron creados por el señor Tolkien, yo solo los tomo prestados sin fines de lucro.

El lemmon tal vez les resulte un poco fuerte o desagradable, pero entre dos que se aman y se desean todo es válido; y amor y deseo sobran entre Aragorn y Legolas.

       Web en gotas de rocío al amanecer en los rayos del sol Foto de archivo - 10775069

  

Pasaron la noche ahí. Cuando el pudoroso amanecer los descubrió, se ruborizó, y enseguida pretendió cubrir sus impúdicos cuerpos con una manta, pero no lo consiguió, pues, ingenuamente, la tejió con cristalinas gotas de rocío.

 

Sin darse por aludidos, ellos continuaron besándose y apretándose, bajo la tenue luz avergonzada. Yacían tan juntos, ignorando la húmeda envoltura, que el ligero aire matinal no lograba pasar entre sus cuerpos y apenas se colaba por sus jadeantes gargantas para hinchar, a medias, sus necesitados pulmones.

 

Aragorn no quería que el momento culminara, y hacía un gran esfuerzo para no dar el último paso, pero Legolas, cuya pasión aumentaba con cada beso, con cada caricia y con cada embate del adan, se movía despiadadamente debajo de él, exigiéndole más y más, arrastrándolo al borde de la desesperación, hasta lograr vencer su  férrea resistencia.

 

Y al fin, con sus bocas abiertas y sus ojos cerrados, embriagados de placer, saltaron al vacío.

 

Cansado y transpirado, Aragorn se quedó recostado sobre Legolas. 

 

Éste, aunque ya estaba satisfecho, no dejaba de abrazarlo y susurrarle palabras amorosas en su dulce idioma nativo.

 

El hombre quiso corresponderle con algo romántico, aunque nunca había tenido mucho talento para los piropos, así que se irguió un poco y lo recorrió con la mirada, y, emocionado, dijo: 

 

 

-Eres cautivante... como un bosque virgen. 

 

Al escucharlo, Hoja Verde soltó una fuerte carcajada que provocó que Aragorn se deslizara y cayera a su costado, y que algo ofendido por su inesperada reacción, le preguntara:

 

-¿Por qué lo que pretende ser un  halago te causa tanta gracia? 

 

-¡¿Crees, de verdad, que lo que te hace verme cautivante depende de mi... virginidad?! Entonces, debería parecerte lo menos cautivante sobre Arda.

 

-Tu piel se ve así –dijo el enamorado hombre, mientras le acariciaba el blanco vientre con la punta de los dedos.

 

-¡¿Mi piel?! Fue acariciada por tus manos, rozada por tu cuerpo y bañada por tu saliva y tu semen, tantas veces, que de virgen ya no tiene nada.

 

-Tus ojos son cristalinos y de una mirada tan pura –dijo Aragorn, algo sorprendido por la respuesta de su amado, tan... explicativa.

 

-Mis ojos han disfrutado tu desnudez; han visto erguirse tu sexo y estremecerse tu cuerpo en cada clímax, tantas veces, que de vírgenes ya no tienen nada.

 

-¿Qué me dices de tus orejitas puntiagudas? –preguntó Aragorn, en broma, mientras con el mentón frotaba una de ellas, para  provocarle cosquillas con la barba. 

 

-Ellas han escuchado tantas de tus propuestas indecentes, suspiros y gemidos, que de vírgenes ya no tienen nada.

 

-¿Tu nariz? –Aragorn, riendo abiertamente, dejándole ver al elfo sus graciosos dientes separados, se quedó esperando su afilada respuesta. Y, para su sorpresa y gusto, escuchó:

 

-Ella se ha embriagado con los olores más eróticos: el de tu sudor y el de tu virilidad a pleno –respondió el sinda, para continuar con lo que de a poco se había transformando en un juego.

 

-Mejor... no digo nada de tu linda boca -dijo Aragorn, ya con ironía.

-¡No,… mejor no! -contestó Legolas, tan ruborizado como el amanecer. 

Y esta vez, rieron juntos. 

Aragorn, a esa altura del juego ya estaba empecinado, así que se paró para ver al elfo desde arriba.

 

Legolas no se movió, siguió recostado junto al río, sobre el rocío que entibiaba con el cuerpo, con el torso levemente erguido, pues se apoyaba en los codos, y las piernas cruzadas y extendídas a lo largo. Así miraba a su hombre, sin entender, todavía, qué buscaba.

 

Aragorn, a su vez, lo observaba y se preguntaba si quedaba algo virgen en su hermoso… arquero, hasta que su rostro se encendió y sus ojos grises destellaron, pervertidos, clavados en dos partes de Legolas que nunca...

 

-¿Nunca? -dudó-. ¡No, nunca! -gritó, asustando al elfo, y con una sonrisa tan amplia que daba la sensación de que en cualquier momento la cara se le partiría en dos.

 

El elfo, mientras admiraba su trabajada figura, vio al hombre arrodillarse frente a sus pies y le oyó decir: 

 

-Ya he visto que eres capaz de disparar con el arco... dos flechas, al mismo tiempo.

-¿Adónde quieres llegar? -preguntó Legolas, achicando los ojos y arrugando el entrecejo, y pensando: "¿Qué tiene que ver eso con lo que estábamos conversando?"

-Muy bien, mi amor, ahora vas a hacerlo..., pero, al revés –dijo Aragorn, con expresión de satisfacción anticipada. 

 

-Eso... no se puede hacer -retrucó el hijo del bosque, con suficiencia. 

 

-¡Ya verás, si no! -contestó el dúnadan, desafiante.

 

Para demostrárselo, Aragorn enseguida apoyó sus ásperas manos sobre las rodillas de Legolas, y lentamente las deslizó por sus piernas hasta llegar a sus tobillos y atenazárselos con fuerza.

 

El sinda siguió con atención los movimientos de esas manos que tanto lo complacían, y recién cuando se detuvieron, subió su mirada interrogante para cruzarla con la chispeante de Aragorn.

 

Éste, soltó sus tobillos y de inmediato tomó sus empeines, y sin dejar de sonreírle ni de verlo a los ojos, despacio le descruzó las piernas y acomodó los arcos alrededor de su erguido pene, para comenzar a mover los pies de arriba a abajo, primero despacio, y luego…

 

El elfo abrió la boca y los ojos, desmesuradamente, y cuando pudo sobreponerse a la fuerte impresión que le causara ver a Aragorn masturbándose con sus pies, muy excitado dobló las rodillas para alcanzarle la boca y fundirse en un apasionado beso. Dándose placer a sí mismo, cada tanto se separaba un poco de Aragorn, para ver cómo sus arcos tensaban la "flecha", hasta que al fin recibió el disparo en pleno pecho. Y cuando se serenaron, dijo con picardía:

 

-Tenías razón, se podía. Como nunca antes lo había hecho de este modo, creo que tendré que practicar más para afinar la técnica; claro, siempre que estés de acuerdo en prestarme... la "flecha". ¡Ah!, y con gusto te cederé la mía, para que también te ejercites.

 

El hombre río fuerte, complacido por haberle enseñado algo a un arquero tan avezado, y, entusiamado, volvió a ponerse de pie. 

 

El elfo suspiró al darse cuenta de que el insistente humano se disponía a seguir jugando, y que de ser así, él cada vez quedaría  más lejos de ser cautivante como un bosque virgen.

 

-Nos vamos amor, dejémonos de jueguitos, que ya es hora de ir a trabajar. Vístete -dijo Legolas, mientras se levantaba para ir a buscar su ropa.

 

Esa noche, sólo habían llevado a Arod. Antes de que clareara más, Legolas montó y tomó las riendas.

Atrás, montó el hombre, y de inmediato envolvió la cintura del elfo con un brazo, y de camino a Minas Tirith se entretuvo quitándole las hojitas que habían quedado enredadas en su largo pelo.

Los gondorianos, acostumbrados a sus escapadas nocturnas y a sus regresos al alba, ya no se sorprendían al verlos llegar; y ellos, ya no se preocupaban de que los vieran arribar en ese estado, así que, cuando se cruzaban, todos se hacían respetuosas reverencias y con naturalidad se deseaban un buen día.  

Era tiempo de retomar el trabajo, uno, como rey, se ocuparía de los asuntos de estado, y el otro, como su príncipe consorte –y con suerte–, colaboraría con  Su Majestad, en todo aquello que requiriera de su acertado criterio. 

La jornada laboral trascurrió con normalidad, a pesar de que Aragorn cada tanto se acordaba del juego y dibujaba en su boca una media sonrisa que nada tenía que ver con los temas que se trataban en la reunión.

Faramir, varias veces debió insistir para atraer su atención. Ya, sobre el final de la jornada...

-¿Majestad…? ¡¿Aragorn, estás escuchándome?! ¿Qué te sucede? Hoy estás un poco... distraído. 

 

-¿Eh?... Ah, perdón Faramir, ¿qué dijiste?

 

-Creo que será mejor que sigamos mañana. Se ha hecho muy tarde, y se nota que estás cansado -comentó el senescal, mientras dejaba unos papeles bien acomodados sobre el escritorio de su rey.

 

-Sí, ya casi es la hora de cenar. Mañana continuaremos con esto, no es urgente. Iré a buscar a Legolas. Buenas noches, Faramir, que descanses, y dale mis respetos a Éowyn.

 

-Gracias, serán dados, y saluda de mi parte al Príncipe.

 

El senescal se retiró, preguntándose qué le pasaría a su viejo amigo. Jamás se le ocurriría pensar que esa madrugada había estado "jugando" con su esposo, y había quedado obsesionado. Y menos podría imaginárselos en tal situación, pues Aragorn y Legolas, ya no eran dos jovenzuelos, aunque, a pesar del tiempo transcurrido, conservaran toda su belleza y lozanía.

 

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Sí, eso era cierto, ya no eran dos adolescentes calenturientos, y llevaban  más de siete años enlazados, sin embargo seguían apasionados como el primer día en que descubrieron que no podrían seguir llamando... "amistad", a lo que sentían el uno por el otro.

 

Aragorn, tiempo atrás, se había comprometido con la hermosa Arwen, hija de Lord Elrond, pero luego de ser coronado y a punto de casarse, se dio cuenta de que en realidad no la amaba. 

 

Ella lo comprendió, y viajó con su padre a Valinor.

 

Por ese entonces, Legolas se había quedado en Minas Tirith, por expreso pedido de Aragorn.

 

El hombre siempre había admirado al magnífico, valiente y osado guerrero elfo. Para él, era una criatura misteriosa, con un rostro difícil de sondear, pero lo sabía tan sensible como fuerte, alegre, honesto y confiable.

 

Para el príncipe elfo, el jefe de los Dúnedain del Norte era un hombre noble y valiente, de carácter fuerte, el líder perfecto para los de su especie.

 

Durante la guerra se habían protegido mutuamente, y desde entonces no podían estar alejados. La gran amistad que había nacido entre ellos, imperceptiblemente se fue modificando hasta convertirse en un gran amor. 

 

Fue inevitable la ruptura del compromiso con la hermosa elfo, tan inevitable como el amor que surgiera entre ellos, y los uniera para siempre.

 

 

--------------------------------------------

 

 

Aragorn caminó apurado hasta su recámara, pensando en que seguramente Legolas lo estaría esperando para ir juntos al Salón Comedor. Pero al entrar al cuarto se quedó extrañado, pues apenas estaba iluminado por la tenue luz de una lámpara, y su esposo se hallaba acostado.  

 

Legolas, recién bañado, desprendía un exquisito aroma a jabón y aún tenía el cabello húmedo; cubría su hermosa desnudez con la sábana, pero dejaba expuesta una pierna y el costado de la cadera hasta la cintura. Por debajo de la seda, a la altura del vientre, abrazaba un pequeño almohadón.

 

El rey, al verlo así, quedó hechizado, y por un momento lo imaginó…

 

-¡Por Elbereth, aún conserva virgen…! -murmuró para sí.

 

Aragorn se le acercó muy despacio porque aún no quería despertarlo. La imagen era tan bella que no pudo resistirse a la tentación de desnudarse. Cuando levantó la sábana para tenderse a su lado, vio el almohadón y sonrió; sin más le acarició la cara y se inclinó para besarle la boca, y en ese momento sintió los brazos de Legolas deslizándose por su cuello. 

 

Los besos apasionados y las caricias más atrevidas, no tardaron en llegar. Hicieron el amor, como nunca, entregándose por completo; invadidos por una emoción especial y un mismo deseo postergado. 

 

A la mañana siguiente, Aragorn despertó primero, y miró a su esposo que dormía, esta vez de verdad, con los ojos a medio cerrar y sonriendo plácidamente. 

 

Pasaron los días y Legolas empezó a sentirse extraño, pesado y somnoliento; había perdido el apetito, y lo poco que comía no siempre quería quedarse en su estómago. Se conmovía por todo y al extremo, era capaz de ver volar una mariposa, pensar en lo hermosa que era y largarse a llorar como un tonto.

Aragorn, por ese tiempo trabajaba muchas horas al día y no había notado su malestar, y él, para no preocuparlo más, hacía grandes esfuerzos por  ocultárselo. Pero no dejó pasar más tiempo, y fue a consultar a un sanador que, después de hacerle varias pruebas, finalmente le confirmó que estaba preñado. 

Ya empezaba a pensar que nunca podría darle un hijo a su esposo, a pesar de ser poseedor de esa bendición tan única y maravillosa de la que gozaba la gente de su especie: la de ser varón y poder gestar una vida. Pero ahora esa vida ya venía en camino, porque ambos la desearon. Terminada la consulta, fue a esconderse detrás de un gran sauce que crecía junto al estanque sembrado de nenúfares, y lloró de felicidad mientras abrazaba su vientre aún plano. Quería que el primer festejo  fuera sólo entre ellos dos: ada e ion. ¿Pero cómo reaccionaría Aragorn, cuando se lo dijera? -se preguntó, con algo de aflicción-. Habían hablado tantas veces sobre el tema, y él siempre le decía:

 

-"Tenemos una eternidad por delante, y muchos asuntos serios por resolver. Cuando estemos más tranquilos..."

 

Pero el tiempo pasaba y... Por eso, días atrás, cuando vio como Aragorn  se entretenía buscando en su anatomía lugares no invadidos, pensó que quizás ya fuera tiempo de ayudarle a recordar qué parte de su cuerpo...

 

Y así lo ayudó...

 

Aquella noche, esperó pacientemente a que Aragorn terminara su reunión con Faramir, y fuera por él. Cuando escuchó sus enérgicos pasos por el pasillo, corrió a acostarse y deliberadamente se puso el almohadón sobre el vientre para parecer embarazado. Su pierna sería la carnada perfecta para atrapar al siempre hambriento hombre. Lo conocía profundamente, y sabía que su "mensaje" le llegaría. Y fingió dormir.

 

Tiempo después, le comunicó la buena noticia al rey, quien tampoco pudo contener las lágrimas de alegría mientras lo abrazaba y cubría de besos.

 

Los doce meses pasaron sin sobresaltos. La primavera regresó a los jardines de Gondor, llenándolos con  los más vívidos colores y exquisitos perfumes.

 

Todo marchaba a la perfección, y aún faltaban varios días para la fecha del parto. Pero una madrugada, Legolas despertó sintiendo su vientre muy tenso y dolorido; metió las manos bajo la sábana y se masajeó, y, de pronto, notó que sus ropas de noche estaban empapadas. Asustado, se destapó y quiso erguirse, pero una fuerte contracción lo abatió y...

 

-¡Aragorn…, despierta…, ayúdam…! –gimió entre dientes, aferrándose a las sábanas con sus crispadas manos.

 

Los dos se habían acostado tan cansados y dormido tan profundamente, que no se habían percatado de que la bolsa se había roto.

 

Aragorn, con los ojos a medio abrir, no comprendía qué pasaba, hasta que otro gemido terminó por despabilarlo, entonces sintió, a pesar del calor dentro del lecho, que estaba mojado. Miró al costado y vio a Legolas destapado, con las piernas separadas y jadeando, y de inmediato comprendió que el nacimiento se adelantaba y los sorprendía sin tener nada preparado. Legolas, ni siquiera le dio tiempo de mandar a buscar al sanador que lo había atendido durante su preñez, así que tuvo que ser él, quien lo animara y recibiera a la criatura.

 

Pasado un rato...

 

-Vamos, un poco más…, falta poco. Otra vez, otra vez…, haz un último esfuerzo.  

 

Legolas pujó nuevamente, y extendió una mano para alcanzar la de Aragorn, pero éste no se dio cuenta porque estaba muy concentrado en la pequeña coronilla que ya empezaba a asomar entre las temblorosas piernas.

 

-Ya viene, amor…, un poco más, y al fin veremos su carita y podremos abrazarlo.

 

Conteniendo el aire, Legolas hizo un gran y último esfuerzo, sintió un terrible dolor, y, luego, todo pasó. Cuando miró por entre sus rodillas, vio a su compañero de vida con los ojos llenos de lágrimas.

  

-¡¿Qué pasa?! ¿Está bien? -se apresuró a preguntarle, temiendo que, por haberse adelantado el parto, algo malo le sucediera al bebé.

 

-¡Es... perfecta! -dijo Aragorn, mientras le contaba los deditos de los pies-. ¡Es hermosa..., es una niñita hermosa! -agregó llorando y sonriendo, antes de besarla en la cabeza. 

 

La pequeña no tardó en hacer notar su llegada a la Tierra Media, llorando a pulmón lleno.

 

Al escucharla, Legolas también lloró y rió, y extendió los brazos para recibirla, pero tuvo que esperar a que Aragorn encontrara con qué cortar el cordón que los unía y que con suma delicadeza la limpiara con un paño húmedo.

 

Entonces sí, el orgulloso padre la puso sobre el pecho de su querido que continuaba agitado por el esfuerzo y la emoción, y le dio un amoroso beso en la frente.

 

La pequeña tenía la cabeza cubierta por una pelusita que, aún mojada, se veía castaña clara con reflejitos dorados. Cuando dejó de llorar, abrió sus ojitos, y dejó maravillados a sus padres con sus irises intensamente azules.

Conmovido, Legolas dijo:  

-Te llamarás... Rocío.  ¿Te gusta ese nombre, amor? ¿Estás de acuerdo? -preguntó, mientras acariciaba la mano con que Aragorn cubría la diminuta espalda de su hijita. 

 

-Sí, es precioso.

 

Legolas, sonriendo dulcemente, le agradeció a su esposo el piropo que le dijera doce meses atrás.

 

Entonces, ese fue el nombre dado a la pequeña. Cada vez que la nombraran, ambos recordarían el rocío de aquel otro amanecer tan especial, en el que, lo que había empezado siendo un simple elogio y seguido como un atrevido juego, luego se materializaría en alguien que los haría mucho más felices de lo que ya eran. 

  

 ¿ FIN ?

Notas finales:

Midhiel, ya sabés que esta historia está dedicada a vos. Sos una de las primeras autoras que leí. Me alentaste a escribir, para bien o para mal.

También se la dedico a Tinita y a Galaxia (muy buena escritora, no dejen de leer sus historias) por animarme a volver. Muchas gracias a todas. Besos.

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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios