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La Venganza de Kütral





Resumen: Elduamn es un orgulloso, ególatra y despiadado Príncipe del Imperio Kütral que es emboscado y tomado prisionero por Yallel Antü. En manos del enemigo, no sólo surgirá una impetuosa pasión, si no también el inesperado secreto de su origen. Secuela de El último de los Ko

Autor: Paula Moonlight

Clasificación: NC-17

Pareja: Elduamn/Serfin – Elduamn/Yallel




Capítulo 6: Deseo.




Sus manos se aferraron a él con desesperación, como si temiera que aquello se tratara de un simple sueño. Estas exploraban con ansia su espalda desnuda, ávidas de la textura de aquella piel, tan tersa y suave. Todo juicio y racionamiento habían escapado de su mente, en aquellos momentos lo único que deseaba era el cuerpo de Edluamn bajo suyo, hundirse en él, rendirse ante el deseo que lo dominaba… aunque después se arrepintiera de ello.

Yallel sabía que lo que estaba haciendo era una estupidez, no había forma que el príncipe de Kütral quisiera esto sólo por un repentino deseo, sin duda tramaba algo al tentarlo de esta forma, pero resultaba imposible luchar contra sí mismo. Nunca había deseado a nadie de esta forma, con una implacable necesidad. Elduman era como una droga, su simple tacto había echo desaparecer todas sus dolencias como por arte de magia y enardecido todos sus sentidos. El perfume que emanaba de él, suave y exótico, lo envolvía, su mirada cautivante e incitadora lo hechizaba, la perfección de su cuerpo lo tentaba...

Se apretó contra él. Las manos de Yallel descendieron por sus muslos, acariciándolo a través de la tela y el cuerpo entero de Elduamn se tensó. Hace ya mucho que había perdido el control de aquel beso que tan descaradamente había comenzado, Yallel invadía su boca con deliciosa violencia, mientras sus manos exploraban su cuerpo con un fervor y ansia que no había previsto. Había planeado tener el control de toda la situación, pero era claro que lo había perdido.

Se había perdido en él.

Elduamn no se había preparado para esto, los labios de Serfin en muchas ocasiones eran apasionados, pero siempre gentiles y respetuosos. Elduamn sabía que a pesar de superarle con creces en fuerza y tamaño él siempre podía detenerlo con una sola palabra. Lograba con total facilidad que aquel fiero guardián se convirtiese en un manso perrito.

Yallel en cambio era un maremoto.

El deseo que se había desbordado en él era algo imposible de detener, y Elduamn se encontró ahogándose en las olas de su pasión. Aquellos labios sobre los suyos consumían sus sentidos, dominándolos uno a uno; y no sólo era la boca, el cuerpo entero de Yallel se dedicaba a atacarlo sensualmente. Una mano puesta en su nuca, le impedía a Elduamn retroceder de aquél devastador beso, mientras la lengua del rebelde efectuaba una profunda y erótica incursión en su boca. La otra mano, directamente en la curva de su trasero, lo acariciaba con vehemencia, atrayéndolo hacía él con poderío. La escasa diferencia de altura hacía que con este gesto el duro bulto masculino del capitán se frotara directamente con el suyo, en una deliciosa fricción.

Lejos de querer huir, Elduamn se encontró lamentando tener las manos amarradas, no poder surcar cada cicatriz que cubría aquel cuerpo, ni acariciar con ellas cada poderoso músculo. Estas, atrapadas entre el cuerpo de ambos, apenas lograban asirse a la camisa del rebelde, en un innecesario intento de acercarlo más.

Las múltiples sensaciones que inundaban sus sentidos, causaron que apenas se percatara de ser apoyado contra un árbol. De lo que sí se dio cuenta, fue de cuando sus manos fueron alzadas y la cuerda que aún prendía de sus muñecas fue amarrada a una alta rama.

-¿Qué demonios haces?- preguntó Elduamn con autoridad, irritado al verse amarrado con los brazos en alto, esfumándose el hechizo de deseo que hasta aquel entonces le había sometido- ¡Suéltame!- exigió.

-No confío en ti- dijo Yallel, apretando con más fuerza el nudo que lo ataba- Si con esto pretendías distraerme para huir, ahora no lo lograrás.

-¿Huir?.. ¿Pero que te crees que soy? – increpó Elduamn colérico. Si bien conquistarlo para facilitar su huida era el fin último de Elduamn, la insinuación lo había enfurecido. Le había recordado que se sentía tan desesperado como para usar su cuerpo como un arma. Le había recordado que su padre lo desapreciaría si algún día se enterara que se había visto obligado a usar una treta como esta.

Era tanta la ira que lo embargaba, que le habría dado un puñetazo de no tener las manos amarradas, así que hizo lo más parecido que pudo a este gesto: lo pateó.

-¡Agh!...- ahogó un grito Yallel, aguantando el dolor. Elduamn había apuntado a su muy evidente excitación- Mierda, esta me la pagarás…

Yallel, procurando esta vez inmovilizar también las piernas, se dedicó a desabrocharle el pantalón y a deshacerse de la ropa interior. Elduamn miró desesperado como la poca ropa que lo cubría desaparecía completamente.

-¡Maldito, suéltame ahora!- exigió Elduamn mientras seguía forcejeando.

-Lo haré… una vez que termine contigo.- dijo mirándolo fijamente. El hambre con que pronunció esas palabras acalló todo reclamo del príncipe y el deseo que hasta entonces había sentido amenazaba con convertirse en pánico. Su atrevimiento había ido demasiado lejos y sin saberlo, había despertado una bestia feroz e indomable.

Quizás hubiese estado más seguro en manos de Koa.




Yallel comenzó su ataque, provocando la punta de su pene con los dedos, dejando que su humedad la cubriera, centrando su mirada dorada en las orbes anaranjadas del otro. Elduamn lo miró sin hacer comentarios, mientras él exploraba su longitud, intentando no sucumbir a esas caricias, procurando dominar y reprimir el placer que estaba sintiendo.

-No me mires así- le dijo Yallel al ver como lo retaba con la mirada. – tú comenzaste esto…

Elduamn no le contestó y es que no podía hacerlo, sabía que si abría la boca de esta sólo escaparían gemidos y no deseba darle ese placer. No iba a demostrarse tan débil ante él. Y es que Yallel sabía muy bien lo que hacía, ejerciendo la presión precisa con su mano y acariciándolo a lo largo del todo el eje, muy lentamente, despertando su deseo. Pero cuando los dedos se deslizaron hasta el suave saco de los testículos, Elduamn no pudo evitar arquear la espalda en una respuesta instintiva.

Deleitándose con su poder sobre él, Yallel decidió ir un paso más allá y, arrodillándose en la tierra húmeda, tomó su punta en la boca. El cuerpo entero de Elduamn tuvo un espasmo en respuesta, incitándolo a complacerlo aún más.

Al sentir la boca de Yallel atormentándolo, Elduamn no pudo seguir haciéndose el indiferente. Siseando, tiró la cabeza hacia atrás y arqueó la columna mientras aquella lengua ejercía esa magia increíble sobre él. Yallel se quedó unos minutos más atormentándolo, acariciando cada centímetro de su hombría con minuciosidad, disfrutando del descontrol que ejercía en él. Inhaló el rico y exótico aroma mientras se tomaba su tiempo saboreando el cuerpo de Elduamn y levantó la mirada para encontrarlo observándolo, con los ojos brillantes de deseo.

-¿Vez como estar amarado no resulta tan malo?- no pudo evitar comentar Yallel, incitándolo. Alejándose de él y volviendo a retomar las caricias con su mano.

-Te odio, bastardo..._ le contestó el príncipe, cuando consiguió obtener un poco más el control sobre sí mismo, pese a esas expertas caricias que estaban a punto de hacerle llegar al orgasmo_ Haré que te arrepientas de esto...

Sonriendo y haciendo caso omiso a sus palabras el rebelde comenzó a subir lentamente por su cuerpo, exploró con su lengua el ombligo, acarició con las yemas de sus dedos sus pezones, recorrió con sus dedos las clavículas, los suaves hombros y luego sus brazos, poco a poco... adorándolo con cada roce, gravando con su sutil tacto cada rincón de ese cuerpo a su merced. Empezó a besarlo en el cuello, despacio... sin prisa, jugando con su resistencia que ya estaba al límite, hasta poder reclamar esa decadente boca que, aunque lo negara, rogaba por sus besos.

La lucha de lenguas no se hizo esperar y Elduamn volvió a sucumbir ante él, tornándose el beso en una caricia dulce y mansa. Las manos del capitán volvían a circundar las caderas del otro y a estimular su entrepierna con suaves roces. Yallel aprovechó esta breve docilidad para hundir un largo y delgado dedo en el interior del pelirrojo.

La intrusión de aquel dedo le robó el aliento, causando que se estrangulase por la sorpresa. Y es que hasta ese instante no lo había pensado, pero esta situación no sólo no la dominaba, si no que al parecer sería por primera vez la parte pasiva. La realidad de este hecho conmocionó a Elduamn: le iba a entregar su virginidad a un tipo al que odiaba.

-¡Detente!- gritó con todas sus fuerzas, pero Yallel no le escuchó y si le había parecido que el ano del príncipe era muy estrecho, tampoco le había dado gran importancia.

Un segundo digito dibujó un grito en sus labios y un pequeño respingo de dolor. Yallel ralentizó su intrusión, sabiendo que la saliva no era el mejor lubricante para este tipo de situación, pero no se detuvo. El tercer dedo provocó que Elduamn quisiera morirse, o aún mejor, matarlo. Yallel lo estiraba, rompiendo indudable y dolorosamente la estrecha entrada. Elduamn gritó esta vez fuertemente y su interior apresó con fuerza los tres dígitos que lo lastimaban, exigiendo con este gesto que el dolor cesase.

Sólo eso hizo que Yallel tomara verdadera conciencia de la situación.

Tenía ante sí a un caprichoso y orgulloso príncipe Kütral. Si no se había enamorado de un simple soldado mucho menos le abría dejado dominarlo.

Tenía a un príncipe virgen en sus manos.

Dudó unos instantes. Tomarlo así, sin la adecuada lubricación y atado a un árbol, no era lo más adecuado a hacer, ni aunque este fuese su enemigo. Pero el deseo aún pulsaba por sus venas y su pene se alzaba dolorosamente…

“Al diablo… él se lo buscó” pensó segundos antes de levantarle una pierna, para luego introducirse profundamente en él.

Elduamn gritó cuando lo llenó completamente. Él era largo y duro, y estaba tan dentro que no podía ni respirar. Más allá del dolor que sentía, la intimidad de su contacto en un lugar que nadie había tocado antes, le hacia sentir vulnerable.

Odiaba esa sensación.

Yallel no se movió. Siendo conciente del dolor causado, reprimió sus propias ansias y se dedicó a tocar dulcemente al ser entre sus brazos, las caricias no ayudaban a mitigar el dolor, pero al menos lo distraían, mientras este pasaba. Cuando lo creyó conveniente, colocó sus manos sobre sus caderas y lo mantuvo inmóvil mientras salía lentamente de él, para luego volver a introducirse con la misma suavidad, tomando cada largo y exquisito centímetro. Yallel sintió como su miembro penetraba poco a poco, saboreando la piel que lo apresaba y le daba la bienvenida, seda y fuego envolviéndole con fuerza. Con los sentidos colmados por el sabor y el aroma de él, intoxicado por su contacto, empujándole más allá de lo que consideraba lo racional, Yallel inició un suave y rítmico movimiento en su interior, al principio casi imperceptible, luego más y más poderoso.

Para Elduamn poco a poco el dolor había dado paso a una sensación nueva y placentera, en cada empuje Yallel había buscado aquel ángulo estratégico que acariciaba la sensible próstata y cuando un grito más fuerte de lo normal le había indicado que lo había encontrado, se había dedicado a estimularlo acelerando sus profundos y penetrantes golpes. Cada uno lo atravesaba, caliente y agridulce, provocando que su cuerpo ardiese y se estremeciera.

Poco a poco comenzó a sentirse embargado de placer, mientras era besado y llenado por Yallel. Empezó a moverse con él, buscando acompasarse a sus suaves embestidas. Nunca imaginó que aquella posición brindara tanto placer, el rebelde lo penetró con un ritmo acompasado e incesante, el calor le recorrió en oleadas cada vez que Yallel golpeaba en su próstata, expandiéndose por todo su cuerpo. El ritmo fue aumentando y aumentando, impulsándolo más allá del borde difuso de su orgasmo, hasta que Elduamn se retorció, y en medio de un grito de éxtasis, sus sentidos se disolvieron en una brillante oscuridad.




Elduamn volvió en sí al sentir algo frío recorrer su vientre. Somnoliento y algo aturdido, abrió los ojos para encontrarse tendido sobre la tierra, sus manos desatadas y a Yallel limpiándolo con un paño húmedo, que resultó ser los restos de su propia camisa untada con el agua que Yallel llevaba en su cantimplora.

-Ya era hora de que despertaras… ¿Te encuentras bien?

-Eres un bastardo…- gruñó Elduamn.

-Tomare eso como un sí- dijo Yallel sonriendo brevemente, pero luego su expresión volvió a tornarse seria. Abrió la boca, buscando las palabras que sabía necesitaban ser dichas… pero ninguna palabra podría cambiar los hechos. Era mejor dejarlo así, ni siquiera él sabía de forma exacta que lo había impulsado en ese frenesí pasional, y por lo tanto, tampoco había alguna excusa que darle a él; reflexionaría las cosas con calma después-. Ten- dijo alcanzándole el pantalón que le había quitado hace pocos minutos y entregándole su propia chaqueta en reemplazo de la camisa perdida -, los demás podrían alcanzarnos en cualquier momento.

Después que se vistieran esperaron en un incómodo silencio. Ninguno sabía como actuar frente al otro. Yallel evitaba la mirada del príncipe, intentando explicarse a sí mismo su comportamiento; y el príncipe se dividía entre el odio y vergüenza de haberse entregado a esa violacion y la deliciosa sensación que había experimentado. Había comenzado todo esto como una forma de tener al capitán Antü en sus manos, pero al final le salió todo al revés y no sabía quien había quedado en manos de quien. Sus confusos sentimientos, iban desde los deseos de matarlo hasta de rogarle por un beso, provocándole una migraña que superaba con creces la dolencia de su trasero.

En aquella situación se encontraban cuando los gritos de Tai los distrajeron de sus pensamientos.

-¡Yallel!... ¡Capitán! – se escuchaban los gritos lejanos.

-¡Por aquí!- gritó Yalell y guiados por el sonido, pronto Vaiora y Tai aparecieron en medio de la floresta.

-¡Capitán!... ¿Todo bien por aquí?- preguntó Tai al acercarse y sentir la extraña atmósfera entre celador y prisionero.

-Sí- respondió Yalell, pensando que esa era una gran mentira- ¿Qué ha pasado con Koa?

-Le quitamos su traje térmico y le echamos encima todo el agua fría que teníamos… entró en un estado de letargo y eso al parecer logró calmarlo, pues regresó a su color normal. Pero como aún no sabemos que lo llevó a actuar así decidimos que mejor continuásemos el camino de forma separada: Rani, Caúr y Koa, seguirán nuestro rastro escoltando al otro prisionero. Nosotros iremos adelante, vigilando a este – dijo Vaiora señalando al príncipe, quien seguía sentado en el suelo.

-Bien, entonces será mejor que continuemos, aún quedan varias horas de sol.

Ante estas palabras Elduamn se puso lentamente de pie, una punzada de dolor se reflejó momentáneamente en su rostro, que a Yallel no le pasó desapercibida. A pesar de dolor que sentía, su orgullo le instó a caminar, no deseando verse vulnerable ante él. Pero su intento fue cortado por Yallel, quien se situó delante de él, mirándolo intensamente.

Por segundos se quedaron observando sin decirse nada, hasta que con un suspiro Yallel le dio la espalda.

-Sube- le ordenó agachándose un poco para que el príncipe pudiese encaramarse en él. Elduamn se sintió como en un extraño déjà vu , mirando a Yallel en la misma posición en que Serfin le pidiera subirse en su primer día en este planeta.

-¿Qué sucede?- preguntó Vaiora que había estado mirando la interacción sin perder detalle.

-Nuestro orgulloso príncipe se niega a admitir que en su pelea con Koa le lastimó un tobillo, pero su testarudez sólo nos hará avanzar más lentamente- explicó a Vaiora dándole una excusa a Elduamn sobre su doloroso caminar.- Sube- le ordenó nuevamente a Elduamn.

Este iba a replicar, incómodo por la situación a la cual pensaba someterlo, cuando pensó que él era quien había causado su dolor, lo justo es que hiciera algo para aminorarlo. Y a regañadientes subió a su espalda.

De inmediato supo que esta no era la espalda de Serfin, aunque igualmente musculosa, los hombros no eran tan anchos, y este hombre, aunque era muy alto, no alcanzaba los dos metros diez centímetros de su fiel guardian. Sujetándose de los hombros, Elduamn comenzó a sentir como el calor de aquel cuerpo lo invadía lentamente, al igual que el acre aroma de su sudor… agitando algo en su interior.

“No, definitivamente este no es Serfin” pensó Elduamn sintiendo los cortos rizos castaños hacerle cosquillas en su mejilla.

La cercanía de Serfin nunca le había provocado mariposas en el estómago.




Continuará...
Notas finales:
¡Feliz 2009! Se que tardé una eternidad y la verdad es que el lemon lo tenía listo antes de Navidad, pero esta última escena simplemente no quería salir de mi cabeza. Es el capitulo más corto a excepción del prólogo, pero espero realmente que valga la pena.

Gracias a todos quienes dejaron un cometario y a quienes no se olvidan de esta historia.

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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios