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Notas del capítulo:
Ya, ya. Me tardé horrores, ni me lo recuerden. Snif!! No tengo perdón, lo sé. Sólo espero que no me vayan a linchar muahaha. Y que les agrade el capi. ^^

Saludos. NOTAS DE ULTIMA HORA Cambié el rating de la historia a NC-17 para que no me dejen comentarios anónimos, cargados de estupideces de una mente enferma e inmadura.
Im Still alive chicas, no me fuí de vagaciones… ¬¬

PD: Hay comentarios sin contestar. A la brevedad daré respuesta.




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CAPITULO 13


Sombras del pasado y presente


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Aragorn guardaba pocos bellos momentos a lo largo de su vida, y aquel era uno de ellos. Observar a Legolas dormitar, recargado gentilmente sobre su hombro, no lo hubiese cambiado por nada en el mundo. Era la segunda vez que lo sentía, piel con piel y sin embargo era muy distinto. Habían hecho el amor de una manera deliciosa e inolvidable. Haber conocido esa parte escondida del elfo, lo había dejado impactado y más enamorado que nunca.

Su entrega, su pasión. Su manera de hacer las cosas. Tan dulce y gentil. Legolas era bello por dentro y por fuera. Un ser que merecía ser felíz, y el, Aragorn, estaba dispuesto a brindar todo de sí, para nunca más, volver a verle llorar.

Legolas… Gracias Elbereth por haberlo puesto en mi camino… Te amo tanto. Como no creo que llegues a imaginarlo. Sólo espero que algún día, mis sentimientos sean completamente correspondidos. Sé que llegarás a amarme con todo tu corazón. —Aragorn jugueteaba con el cabello suelto y rubio entre sus dedos—Dioses. ¡Cómo pude dudar de ti! ¡Cómo pude dejarme llevar por los estúpidos celos! Ay, Legolas. Tengo tanto que aprender de ti. Debo ser mas racional y menos impulsivo.

Depositó un pequeño beso el la cabeza de Legolas, haciendo que el durmiente se removiera un poco, dándole la espalda. Aragorn pasó su mano sobre la cintura y lo apretó con un poco de fuerza contra su cuerpo, para no perder el contacto.

Unos pequeños besos en la espalda y en los hombros, tenían el firme propósito de hacerle despertar a Legolas y continuar con lo que habían comenzado horas antes. El cuerpo desnudo del elfo bajo la tela de las cortinas (que fueron casi arrancadas de su posición original) Era una dulce tentación, imposible de pasar por alto. El rey quería volver a perderse en las mieles del amor. Legolas era una flor repleta de néctar dulce y jugoso.

—Vamos Legolas, despierta. No seas perezoso.— Decía Aragorn juguetón —Quiero volver a sentirte muy cerca de mí. Vuelve a regalarme el placer de hacer el amor contigo, una vez más. Quiero demostrarte lo mucho que te amo.

Al no obtener la ansiada respuesta, Aragorn tomó y fritó su virilidad para volver a reanimarse y entrar en el cuerpo de Legolas, quien sólo gimió un poco. La penetración fue lenta, profunda, pero suave.

—Legolas, mi Legolas. Nos pertenecemos en cuerpo y alma. Yo soy de tí y tu eres de mí.

—Te quiero Aragorn. —Legolas parecía despertar excitado.—Te quiero.

—Hmm, podría permanecer así contigo, por siempre. Te amo, te amo… Eru, esto es como estar en el paraíso. Siento que no te merezco.

—Ámame Aragorn. Hazme sentir vivo.

El rey aumentó el ritmo sexual, ante la súplica enardecida de Legolas. Se estaba volviendo loco de placer. Loco de amor por ese hermoso ser, que le entregaba lo más sagrado que poseía.

¡Eran tantas las cosas que pasaban por la mente del rey! Que creyó estar perdiendo la cordura.
Los castos besos que regalaba a los hombros desnudos del elfo, se volvieron caricias subidas de intensidad. Si Legolas hubiese sido una deliciosa tarta de manzana. Aragorn lo habría devorado en dos hambrientas mordidas. Lo hubiese devorado por completo. Hasta el último de sus rubios cabellos.

—Eres tan perfecto…

Aragorn no podía observar el rostro de Legolas. Pero en el se reflejaba la picardía y el sentimiento. Su candorosa sonrisa, surcaba con gracia su rostro angulado dándole un toque travieso sensual y salvaje. Todo al mismo tiempo.

Así pues, en el bordé del éxtasis y sintiendo desbordarse, Legolas giró su brazo por detrás de la cabeza de Aragorn, atrayéndole más. Dando a entender con esto, que deseaba un poco más de potencia y el rey era una buen entendedor que no necesitaba de palabras. Lo complació con todas las fuerzas de las que fue capaz, hasta que ya no pudo más. Derramó por cuarta vez su semilla, dentro de Legolas, que no tardó mucho más en hacer lo mismo en la mano de Aragorn. Ambos gimieron, sudorosos. Las muestras de amor, habían sido cortas pero muy placenteras.

—Eres tan exquisito, amor, que no me importaría pasar así por todo lo que resta de mi vida.

Legolas lo miró de frente, perdiéndose en el azul de sus ojos. Le tomó el rostro y el dio un tierno beso en los labios.

—Gracias Elessar. Me hiciste revivir. Has venido a llenar éste vacío que sentía en mi interior. Ahora ya no me siento solo. Ahora sé que tu amor hacia mí es sincero, pues me lo has demostrado con hechos y no sólo con palabras. Creo cada una de ellas con los ojos cerrados. Ahora… Ahora sé… Que… Rúmil se fue, porque vendrías tú. Ya todo está claro. La venda que nublaba mis ojos, ya se ha disipado. Ya no hay oscuridad ni dolor, ni incertidumbre.

—Sí amor. Hay un futuro para ambos, después de todo.—Aragorn tomó la mano de Legolas y la besó —Un futuro prometedor lleno de felicidad. Una dicha que sería aún más completa, si aceptaras casarte conmigo.

Legolas se estremeció.

—Amor, sé que ésta proposición no te la esperabas tan pronto. Ni yo, debo confesarlo. Hasta hace poco yo… Bien, pensé que nunca encontraría a la persona ideal para compartir mi vida. Pero desde que te vi por vez primera, no pude alejarte de mi pensamiento en ningún momento. Supe que tú serías lo mejor que podría pasarme. Y no me equivoqué. Tienes mi corazón, tienes mi amor, mi lealtad, y mi fidelidad por toda la eternidad. Mis ojos jamás mirarán a otro ser que no seas tú. Antes preferiría arrancármelos.

—Aragorn.

—No me contestes ahora. De buena fuente sé que debe pasar cierto tiempo antes de que puedas desposarte de nuevo y que tu Atar, el rey Thranduill, debe darnos su venia y su bendición, como lo marcan los cánones. Pero si he pasado por largos e interminables años para encontrarte, qué mas da soportar unos cuántos días más. Estoy seguro que la espera valdrá la pena… Ahora, permíteme presentarte como mi pareja formal, ante los ojos de todos. Ya no quiero esconderme de nada ni nadie. Quiero darte el lugar que mereces ¡Quiero presumirte por todo Gondor! ¡Por toda Arda! Que todos miren lo felíz y afortunado que soy por tenerte. ¿Aceptas Legolas? ¿Quieres ser mi compañero?

En los ojos de Aragorn había una inmensa luz de alegría y esperanza. Y en el corazón de Legolas también. Una esperanza al final del camino. Sin embargo, la revelación de Gandalf, acerca de Anderiel lo tenía bajo un constante nerviosismo. Aragorn debía saber toda la verdad. Su verdad.

—Elessar… Debes saber algo importante, antes de darte una respuesta definitiva. Algo que sucedió hace algunas semanas, antes de llegar a Gondor y que es vital que sepas.

—Lo que haya pasado, pasado es. No me interesa Legolas. Nuestra historia apenas se escribe. Todo lo anterior no tiene validéz para mí.

—Pero Aragorn, no comprendes… De esto dependerá nuestro futuro. Por favor, déjame explicarte.

—Si tanto te empeñas en querer hablar de ello, lo haremos, pero después de que vuelva a hacerte mío. Ésa es mi condición…

Volvió a juntar desesperadamente sus labios contra los de Legolas como una fogosa demostración de pasión y el elfo se dejó llevar hasta donde Aragorn quisiese llevarle. Ya era suyo.

Completamente suyo…


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—Éowyn, lo siento. Pensé que al desposarme contigo, sería… Diferente. Pero me equivoqué. Lo primeros meses fueron magníficos, no puedo negarlo. Éramos felices y todo parecía marchar bien. Yo te quería. Realmente no sé cuándo fue que sucedió. Me refiero a nuestro distanciamiento. Simplemente me levanté un día y…

—Dejé de importante.—Éowyn miraba el paisaje nevado a través de la ventana de la habitación—Lo haces parecer tan fácil Faramir. Nos abandonaste cuando más te necesitábamos, sin dejar una nota. Huiste como un vulgar ladrón, dejando del lado tus deberes y obligaciones como el príncipe que eres. Pero claro, era más tu urgencia por irte de mi lado, que todo eso no importó mucho ¿verdad?

—¿Abandonaste? ¿Porqué hablas en plural Éowyn?

—No tiene caso que lo sepas. —La mujer miró con dureza a su esposo, aproximándose— Lloré mucho por tu ausencia Faramir. Pero mis lágrimas se han agotado. No derramaré una más por ti. No las mereces. —Faramir suspiró profundamente, hasta cierto punto derrotado— Ahora quiero separarme definitivamente de ti. Quiero mi libertad. No te será difícil mi querido esposo es lo que más ansías en toda Arda. Al igual que ésas amantes tuyas. Así podrán revolcarse libremente a su antojo y no mis espaldas… Porque al contrario de ti, yo si tengo dignidad.

—¡Por todos los Dioses Eówyn! ¿De qué demonios estás hablando? ¡Yo no me acuesto con ninguna mujer! ¡Estás equivocada!

—¡No mientas! Sólo los dioses saben cuántas noches te vi partir del lecho de amor, sigiloso, a hurtadillas, para encontrarte con todas ellas. Callé por amor a tí, callé por tratar de salvar nuestro matrimonio, pero fue en vano. Cada día te alejabas más de mí… Al grado de hacerlo sólo por lástima Como la última vez, antes que te marcharas… Sentías repulsión por mis besos y caricias llenas de pasión... Yo no merecía trato semejante Faramir… Yo, que te di los mejores años de mi vida, me pagas de la peor forma.

—No seas dramática, mujer. Ya te he pedido perdón de mil formas por ello, Éowyn. ¿Qué mas quieres? ¿Qué me arrodille y suplique porque olvides todo? Si es lo que deseas, tendrás que esperar. Como puedes ver, estoy imposibilitado.

—¡Eres un cínico! —Faramir recibió una sonora bofetada que le volteó el rostro —No sé como pude haber puesto mis esperanzas en ti. ¡TE ODIO! ¡No quiero volverte a ver en toda mi vida! Haz muerto para mí.

Con todo el dolor de su corazón salió destrozada de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con mucha fuerza. Se había prometido así misma no mostrar debilidad, pero Faramir se había comportado como todo un patán. Si bien, ya se esperaba algo como aquello, nunca imaginó que llegaría a sentir tanto odio y rencor hacia la persona que más había amado en toda su vida.

Las náuseas y los mareos regresaron con fuerza, haciéndola trastabillar. Por lo que tuvo que alentar su paso buscando con la mirada, algún sitio seguro donde guardar reposo.

Lo siento bebé. Hemos perdido a tu padre definitivamente. Pero yo sabré amarte por ambos. Nada te faltará y serás muy felíz. Regresaremos a Rohan y ahí vivirás rodeado de amor.

Éowyn acarició su vientre con dulzura. Se había enterado de su embarazo antes de llegar a Gondor y se había reservado la noticia para sí, antes de hablar con Faramir. Ahora sabía que había hecho bien en guardar el maravilloso secreto de vida. Y dada la inminente guerra, lo mejor que pudiese hacer, era regresar a su hogar cuanto antes y mantenerse a salvo. Otra vida se gestaba dentro de ella y debía protegerle.

—¿Se encuentra bien? —Se trataba de Haldir, que había estado caminando por los pasillos sin rumbo aparente. Haciendo rondines por los alrededores.

—Un poco mareada, es todo —Contestó Éowyn con una sonrisa forzada. Pues no le había escuchado llegar— No he dormido lo suficiente. Las noches han sido terriblemente frías e insufribles.

—Comprendo. ¿Cómo se encuentra su esposo? ¿Ha superado la etapa difícil?

Qué lejana se escuchaba la palabra esposo en la cabeza de la mujer.

—Sobrevivirá. —Dijo con amargura— Estel es un gran sanador. El mejor… Ahora si me disculpa capitán. Necesito descansar, con su permiso.

Éowyn era una mujer fuerte y valiente. Haciendo alarde de éstas virtudes, caminó erguida hasta sus habitaciones, dejando al capitán Haldir en soledad. Sin embargo, éste no dejó de mirar la puerta por donde había salido la dama.


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—Aragorn, ya debemos levantarnos. Se está haciendo tarde. Alguien podría entrar…

Era el turno de Aragorn de dormir como un lirón y Legolas movió la cabeza de izquierda a derecha, juguetón.

Es inútil que intente despertarlo. Está rendido. —Suspiró—Quizás deba dejarlo dormitar un poco más. Debe ser desgastante ser el soberano de toda una nación. Las típicas presiones de un gobernante que hasta ahora no ha podido ver más allá de sus responsabilidades. Que no ha podido ser él mismo, siempre dejando del lado su lado sentimental… hasta ahora.

Aquel pensamiento recordó a Legolas algo similar, hacía algunos ayeres en las profundidades de Bosque negro. Motivo que ocasionó que el príncipe elfo nublara su sonrisa.

—No quiero Rúmil. No quiero reemplazar a mi Atar cuando éste te marche a las tierras imperecederas.

—No tienes elección meleth nîn. Eres el príncipe. Y su único descendiente. Es por eso que tu Atar ha puesto todo su empeño en tu educación. Confía en ti y no puedes ni debes fallarle. Tu destino estuvo marcado, el día en que tu mamil te parió. Naciste entre sábanas de seda y tu nacimiento fue bendecido por los Valar. Está escrito en tu futuro que tomarás su lugar algún día.

—Para mi futuro deseo otra cosa Rúmil. Quiero ser yo mismo… Simplemente Legolas. Caminar y correr libremente por el viejo camino del bosque, nadar en el Anduín, en el lago largo, en el río encantado. Escalar las montañas nubladas…

—Aún siendo soberano de Bosque negro podrás hacerlo. No es ningún impedimento y lo sabes. Tu atar el rey Thranduil siempre ha sido de corazón aventurero y…

—Pero ya no sería libre. —Legolas observó a Rúmil con la vista nublada —Otros dispondrían de mi tiempo. Me pondrían horarios, me dirían que hacer y cómo comportarme a cada momento y no podría soportarlo. Dejaría de ser quien soy, para transformarme en una sombra de lo que fui.

—Tu excusa es absurda meleth nîn. Tu Atar siempre ha sido estricto contigo en cuanto a horarios y responsabilidades y nunca he visto en ti algún deje de desobediencia y rebeldía. Por el contrario, siempre has sido un ejemplo a seguir. Eres el orgullo de bosque negro.

—Que no lo hayas visto, no significa que no lo haya pensado Rúmil. No soy tan perfecto como todos piensan.


Legolas comprendió entonces… Si Aragorn lo aceptaba y lo comprendía con respecto a su doble oscuro, habría otro obstáculo aún mayor que sortear. Su atar. El rey Thranduil. Todavía podía recordar y sentir las dos bofetadas que le había propinado el día que había rebelado sus sentimientos hacia Rúmil.

!Eres un elfo y no una elfa! Tu obligación es tener descendencia y al lado de… ¿Cómo dijiste que se llamaba tu pérfido amante?

—¡No es mi amante! Es mi compañero y lo amo… Y es mi deseo desposarme con él.

—¿Acaso te has vuelto loco Ionn in? ¿Quieres ver el reino destrozado por un simple capricho tuyo? ¡Mira a tu alrededor! ¡Todo lo que ves, se ha logrado con esfuerzo y dedicación! ¡Siempre apegándome a las reglas! ¡Y es lo mismo que deberás hacer por ser quien eres! Mi hijo ¡El príncipe Legolas!


Las reglas.

Le había costado lágrimas de sangre que su atar reconociera por fin su relación con Rúmil. ¡Cuánto había luchado por ello! Y al final de toda la tempestad, su atar le había llegado a querer como un hijo más. Con Aragorn sería completamente distinto. Nunca de los nunca aprobaría su relación y volvería a la carga con su eterno sermón de apegarse siempre al código del pueblo élfico… Sumado a eso. Aragorn era un humano hombre. Su atar los odiaba, porque para él eran menos que escoria.

—Mi atar tiene motivos de sobra para desconfiar de los hombres —Reflexionaba Legolas—Pero a veces siento que su odio es completamente irracional. Nadie en todo Arda puede sentir tanto rencor hacia otro ser viviente, como él. Su corazón no puede ser tan cruel, no puede serlo… Y si una vez, por amor a mí, cambió de parecer, bien podría… Aceptar que Aragorn y yo… posiblemente… Estoy adelantándome a los hechos—Legolas masajeó sus sienes —No quiero atormentarme ahora por algo que puede ser solucionable o que podría terminar de otra manera dada la inminente guerra.

Sin ánimos de seguir recostado, se levantó, recogió su ropa del suelo y se vistió con la camisa, y el pantalón, llevando en brazos sus botas y el resto de su vestimenta. Dirigió una última mirada a Aragorn, depositó un beso en la frente y salió con sigilo de la sala de juntas para no despertarlo.


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—Es curioso. El clima es gélido, y sin embargo percibo la primavera.

Legolas paró su marcha. La voz provenía de un pequeño jardincillo improvisado (completamente cubierto de escarcha) en el interior de la residencia. La única parte del “hogar” del rey que carecía de techo.

—Eres un elfo nuevo.

Haldir decidió dar la cara por fín. Aunque Legolas sabía perfectamente a quién pertenecía la voz. El capitán lucía diferente con toda esa agua nieve mojándole el sedoso cabello. Como si acabase de tomar una ducha refrescante. Haldir tomó un pequeño copo que se había pegado a su cabellera y que rehusaba a desintegrarse. La observó antes de hacerse agua entre sus dedos.

—A veces quisiera poder sentir algunas cosas… Como el frío y el calor, de la manera en que los hombres lo sienten. Debe ser una sensación completamente diferente ¿verdad Legolas? Quién mejor que tu para platicarme … No, mas bien, para mostrarme un vívido y rojizo claro ejemplo de lo que estoy tratando de decir.

Haldir acercó su mano hasta la camisola de Legolas y la abrió un poco. En el cuello del príncipe se mostraban las claras huellas de la batalla pasional. El elfo, apartó la mano de Haldir con educación. Aunque sintiendo vergüenza de verse descubierto.

—¿Qué sucede Haldir? Te siento distinto. ¿Estás molesto?

—No me pasa nada en lo absoluto Legolas. Y no estoy molesto, simplemente… Olvídalo, no es importante. —Haldir sonrió con desanimo — El estar lejos de mi hogar me ha vuelto algo sentimental ¿puedes creerlo? El orgulloso y temido capitán de Lothlorien ha tenido un momento de debilidad… Bien, creo que ibas rumbo a la habitación. No te detengo más, ve a hacer lo que tengas que hacer. Yo seguiré vagando por ahí. Encontraré en qué entretenerme. No quiero volverme perezoso. Me disgusta estar en el mismo lugar por mucho tiempo sin hacer algo productivo.

—Espera un momento, Hal…

Haldir detuvo su marcha entrecerrando los ojos y giró hacia Legolas.

—Hacía tiempo que no me llamabas por mi sobrenombre. Tanto, que hasta pensé que lo habías olvidado. Es bueno saber que aún te acuerdas de aquellas pequeñas cosas que nos hacían felices antaño.

—Hal, hemos convivido como nunca en las últimas semanas, dormimos en la misma habitación, sabes todo acerca de mí. Somos confidentes. No tengo secretos para tí. Es por eso que tus palabras me desconciertan. Dime por favor qué sucede contigo.

—¿Realmente quieres saberlo?

—Sí, es mi deseo.

—Muy bien, te lo diré. —Acortando las distancias, Haldir se colocó justo a la altura de la mirada de Legolas. A escasos centímetros — El día de hoy he visto como un amor se marchita, y he sentido como resurge uno nuevo. He visto el odio y el rencor, y he sentido el deseo y la pasión recorriendo cada partícula de mi anatomía. Todo éste cúmulo de sensaciones han hecho que en mi… Me han hecho… —Haldir dudaba en abrirse completamente. — Me he dado cuenta de que estoy completa e irremediablemente solo. No hay nadie que me espere en Lothlorien ni en ninguna otra parte.

—Hal. Recuerda que me tienes a mí, a Orophin. No estás solo.

—Legolas, no. No es ésa clase de compañía lo que necesito. ¿Comprendes?

Legolas asintió.

—Si muero en la batalla…

—Hal no digas eso. Tú no vas a morir. —Legolas intentó abrazar a Haldir y reconfortarlo, pero el elfo capitán retrocedió— Legolas aún olía a hombre y a el orgulloso capitán elfo no le agradaba en lo absoluto.

—Es una factible posibilidad… Ahora Legolas, si muero en batalla… Antes de que pudiese ocurrir una tragedia, quiero que sepas algo que juré callar por los siglos de los siglos. Mis labios estaban sellados por un juramento de hermandad. Un juramento irrompible, y que ahora ya no tiene caso seguir guardando por más tiempo, dadas las circunstancias. Quiero que lo sepas ahora. De propia voz…

—No sigas Hal. No… No prosigas. Si lo haces me voy a sentir el elfo más miserable de todos. Tú no mereces sufrir por alguien como yo...

Haldir se removió nervioso ¿Legolas sabía su grande y penoso secreto.

—…Que no sé exactamente cuál será el rumbo de mi existencia de ahora en adelante. Haldir, conozco ése gran secreto entre Rúmil y tú. Hablamos de ello hace muchas noches. No tiene caso que te diga cómo es que el tema salió a la luz. Pero fue muy noble de tu parte hacerte a un lado para que tu hermano fuese felíz. Nadie sacrifica su propia felicidad a costa de otra. Eres un gran elfo y tienes todo mi respeto y admiración.

Haldir suspiró. Fue como si se hubiese quitado una enorme loza de sus hombros. Pero comprendió otra cosa aún más dolorosa. Sus sentimientos nunca iba a ser correspondidos.

—Bien. Es un alivio saber… Que estás enterado de todo. Yo sólo deseo que la decisión que has tomado sea la correcta y que seas feliz con el rey de los hombres. Espero que pronto te de el lugar que mereces , porque de lo contrario...

—Lo hará, no te preocupes. Lo ha prometido y creo en él.

—Era todo lo que necesitaba decirte, antes que otra cosa pudiese intervenir. Ahora estoy en paz. Aquí no ha pasado nada. Todo seguirá igual entre nosotros. Seguiremos siendo los grandes amigos de siempre.

Haciendo la clásica reverencia entre los elfos, Haldir se despidió con una sonrisa agridulce en su rostro. Legolas lo dejó partir sin decir nada más puesto que no era necesario. Pero sintió una profunda pena por aquel ser extraordinario, que no había podido encontrar con quien compartir su larga vida. Pero estaba seguro que tarde o temprano alguien llegaría para hacerle compañía y entregarle todo su amor. Haldir merecía la plena felicidad.

—Elbereth no te abandonará, Hal.


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Al abrir los ojos y no encontrar a Legolas a su lado, hizo que Aragorn se levantara de inmediato del pedazo de suelo alfombrado, preguntándose en repetidas ocasiones, si todo lo que había sucedido horas antes, habría sido una deliciosa realidad. Aún no podía creer que su elfo rubio le hubiese correspondido de tal manera… De sólo recordarlo ya estaba duro de nuevo. Pero no había dudas. Las cortinas estampadas olían a él. Habían hecho el amor. Muchas… Muchas veces.

Aspirando el olor de la blanca tela, enredó su cuerpo desnudo y envuelto en ella se dirigió al sanitario tarareando una clásica melodía Dunedain. El buen humor había regresado con intensidad. Incluso, su esbelta y bien formada figura (que le regresó el espejo de cuerpo completo) y que le hizo hacer algunas poses realmente extrañas, contemplando sus velludos músculos pectorales.

—Eres todo un hombre, Trancos — Se dijo así mismo henchido de orgullo — Estuviste a la altura. Todavía eres joven y muy potente. Estás más que listo para complacer a tu ardiente elfo cuántas veces quiera, en donde el quiera, a la hora que quiera.

En el cuarto de baño adjunto al saloncito de juntas, siempre había agua limpia dispuesta en sendos recipientes de mármol blanco. Así que Aragorn sólo tuvo que llenar la zona de baño hasta donde le apeteciera y mientras más fría, mejor. Todavía tenía la calentura por dentro. Había que bajársela a cualquier costo, si quería evitar tener alguna de sus acostumbradas erecciones inoportunas.

Se sumergió de una sola zambullida.

Al salir a la superficie de acomodó plácidamente, recargando su cabeza en el borde de la tina, sin abrir los ojos. Enjabonándose lentamente su cabellera, imaginando que eran las suaves manos del príncipe que lo acariciaban.

—Disfrutaría más si Legolas estuviese aquí conmigo. ¿Habrá ido a su habitación? Hmm, a su habitación… ¿Qué pasaría si yo…? No, también son los aposentos del capitán Haldir… Creo que debemos hacer ciertos ajustes en ése aspecto. Lo platicaré con Legolas en cuanto me sea posible. El hecho de que me haya correspondido, no quiere decir que cambie tan pronto mi manera de pensar respecto a Haldir. Hay algo extraño en la manera en cómo me mira. No es estúpido y debe saber que hay algo más que una mera relación de fraternidad entre mi elfo rubio y yo.


El sonido de la puerta (del sanitario) abriéndose y cerrándose estrepitosamente, le hizo ponerse en alerta.

—¿Legolas? —No recibió ninguna respuesta, salvo una risita tras la puerta — Oh, conque quieres ponerte travieso hoja verde. ¿Quieres jugar? Te voy a dar gusto.

—Te estoy esperando con ansias mi rey Elessar. Justo detrás de la puerta… Desnudo. Ven a mí, no me hagas esperar.

Imaginando aquella reveladora y excitante visión, enjuagó su cuerpo con rapidez, y sin molestarse en secarse y ponerse alguna prenda para ocultar sus partes nobles, salió completamente confiado, escurriendo en agua. La habitación parecía vacía. Salvó el gran ventanal, que debaja el libre paso del agua nieve. Aragorn inspeccionó meticulosamente cada rincón.

—No te servirá de nada esconderte de mi, amor. La estancia es reducida y tarde que temprano te voy a encontrar. Y cuando lo haga, prepárate, porque éste insaciable e incansable rey de Gondor, te hará subir hasta las nubes.

—Y yo te haré bajar hasta el mismísimo infierno.

No lo vió venir.
Todo se volvió oscuro.


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CONTINUARA

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O.O

No me vayan a golpear por dejarlo ahí. Prometo que ésta vez no me voy a tardar tanto en actualizar.
Notas finales:
Gulp!!!! o.o
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios