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Yami to Fujikiri
Beta: Midhiel
Respuesta al desafió de Rass


Capítulo 6
Strangers of Love



Disclaimer: Lord of the Rings © J.R.R.Tolkien - Warner Brothers Entertainment, New Line Entertainment. Legolas, Aragorn, los demás Personajes e Historia de Lord of The Rings pertenecen a los ya mencionados. Sin fines de Lucro.




Ninguno de los que ahora marchaban en la recién formada Comunidad del Anillo había soñado siquiera con pisar la oscura y maléfica tierra de Mordor. Aquel recóndito sitio era objeto de lóbregas leyendas y alguna que otra pavorosa canción. Ninguno de los nueve caminantes, con excepción de Gandalf, había vivido lo suficiente para ser parte de alguna guerra, alguna batalla significativa que le pudiera brindar experiencia alguna para enfrentar los peligros próximos a enfrentar, ni siquiera Legolas. Incertidumbre y escama era lo que avivaba en sus corazones, mas ahora, su único objetivo era llegar a Mordor, destruir el anillo, pues en sus manos recaía toda esperanza de la Tierra Media.


Había, entonces, apenas comenzado el viaje que definiría el destino de la Tierra Media. Habían pasado apenas tres días desde su salida a Imladris. Las paradas eran escasas, a los ojos de Legolas no había tiempo que perder; raramente Aragorn daba opinión alguna acerca de lo que estaba bien o estaba mal, Boromir pasaba más tiempo hablando de la grandeza de Gondor que del bienestar de la comunidad, seguido por Gimli, quien prácticamente imitaba a la perfección la asiduidad del hombre en materia de la oratoria, pero éste se dedicaba más a la majestuosidad de los enanos.
Gandalf velaba por el bienestar de los hobbits, un tanto en secreto, pero siempre dejaba un poco a relucir su interés y cariño por la raza más prescindida de todas. Ante estos gestos, tanto hobbits como enano le agradecían todo lo que podían al mago.
Cada parada que se les permitía era utilizada sabiamente para alguna comida o simplemente para descansar los pies. En aquellos casos Legolas rodaba los ojos en señal de disgusto y se alejaba un poco para respirar algo que no fuera el humo de la pipa de Gandalf o el estofado de Sam, se alejaba un poco para relajarse entre sus adorados árboles y en ocasiones se alejaba un poco para lamentarse de la situación con su esposo, quien había pasado casi todo el tiempo de viaje hasta ahora en silencio.


- Las montañas nubladas - murmuraba Boromir a los dos hobbits más curiosos del grupo - . Este bosque que rodea Imladris no me da confianza absoluta.


- Estamos en un momento de oscuridad, Boromir - interrumpió Gandalf con su firmeza acostumbrada - . Ningún rincón debería darte confianza absoluta. Nos detendremos aquí unos minutos y si me hicieras el favor de inspeccionar los alrededores con Aragorn, tal vez tu confianza se vea, en algún modo, reconfortada – y, al término del disimulado regaño, se acercó a una roca seca tomando asiento en ella. Boromir miró al montaraz, quien ya se había adelantado a cumplir con la orden del mago, y lo siguió apresuradamente. Frodo sólo sonrió ante la escena típica del mago y se acercó a éste para gozar de algunos minutos de su compañía.
El resto de los hobbits comenzaban a escudriñar por cualquier cosa que pudiera ser comestible con una ayuda experimental de Gimli, quien lucía su buen saber en lo comestible y lo no comestible.


- Seguimos perdiendo el tiempo - musitó Legolas y se alejó del grupo con el propósito de no desacostumbrar sus piernas al caminar. Frodo vio de reojo al elfo y luego volteó su vista de nuevo al mago, quien había, al parecer, perdido el interés en la conversación que había comenzado con el Portador del Anillo; así que optó por seguir al eldar.


De alguna forma, tener a un elfo cerca era para Frodo un placer; podría conocer más de la gente hermosa, saber que no se había visto satisfecho para el hobbit durante su estancia en Imladris. Deseaba tener plática con Legolas, inducirse en la verdad que atravesaba los hermosos ojos azules del inmortal, saber porqué siempre mantenía ese semblante desazonado, nada típico de los elfos. Para Frodo y su curiosidad esto era materia fascinante.


Entre su caminar y algún comentario que intercambiaba con los árboles, Legolas miró a su costado derecho. Nadie con la mejor vista podría saber que hacia esa dirección los dos hombres inspeccionaban según las órdenes de Gandalf, pero Legolas, no sólo por si mirada profunda y su fascinante vista podía saberlo, sino también porque sentía el caminar de Aragorn, podía, incluso, olerlo hasta ese rincón. Bajó la mirada recordando su pelea, recordando incluso la razón de por qué estaba ahí, preguntándose una y otra vez cómo es que no estaba en aquellos momentos con Thranduil abrazándolo y alzándolo por los aires como si fuera un pequeño elfito. Seguramente su ada estaría feliz de saber que iba a ser abuelo. Sonrió, mas no pasó mucho tiempo antes de que regresara a la realidad, realidad en la cual seguramente su Ada ya se había enterado de la participación de su hijo en la Comunidad del Anillo por medio de los mensajeros. Se lamentó en silencio y siguió su andar casi sin darse cuenta.
Frodo casi había alcanzado a Legolas, a pesar de la dificultad que esto había significado. Como todo elfo, Legolas se movía ágilmente, incluso sin quererlo. Su andar era demasiado ligero, lo cual lo convertía en una criatura sumamente veloz a los ojos del pequeño hobbit, quien seguramente no habría alcanzo a Legolas sino fuera por la parada momentánea del eldar. Vio, entonces, como Legolas reanudaba su marcha y estaba apunto de alzar la voz para detenerlo, cuando vio como uno de los pies del elfo se hundía en la tierra, Legolas por su parte apenas se dio cuenta de tal hecho cuando cayó de lleno en un hoyo de fango.


- ¡Ay! - exclamó al no tener tiempo para caer bien, pues aquello había provocado que se lastimara la cara con las ramas sueltas de las paredes.


- ¡Legolas! - al ver lo sucedido Frodo corrió hacia donde estaba el elfo. - ¿Estás bien? - no era un hoyo muy grande para alguien como Legolas, así que no le costó mucho salir de él.


- ..Sí, gracias - le sonrió en señal de aprecio por su preocupación.


- Esta tierra no parece segura, entra el invierno y apenas está descansando de las lluvias de otoño - dijo Frodo - . Será mejor que regresemos con Gandalf y los demás - y desechó su idea de adentrarse al mundo del elfo.


- Tienes razón - inmediatamente Frodo tomó el sendero de regreso, Legolas miró de nueva cuenta el motivo de aquel incidente. - No es normal.



- ¿Qué fue lo que te pasó Hoja Verde? - dijo Gandalf sin apartar la vista del suelo; en la misma forma en la que Frodo lo había dejado. Legolas se sonrojó bastante, decir lo que había pasado no estaba en sus planes pues era algo verdaderamente penoso para un elfo - ¿Y en dónde estaban ustedes dos? No se deben alejar.


- Fuimos a caminar - interrumpió Frodo - . Me caí por cierto y Legolas me ayudó, pero terminé ensuciándolo más de lo que yo me ensucié. - aquellas palabras tomaron por sorpresa a Legolas, pero agradeció en silencio la discreción del hobbit.


- Les repito que no se alejen de nuevo - recalcó Gandalf, ambos asintieron. Con su fallido intento de internarse en el mundo de Legolas, Frodo se acercó al grupo de sus compañeros hobbits, quienes se deleitaban con un almuerzo anticipado junto con Gimli. Legolas se recargó en el tronco de un árbol cercano.


- No es normal, por más distraído que estuviera debí haber sentido lo frágil de la Tierra, ¿Será por el bebé? Pero... - pensaba Legolas.



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- ¿Sucede algo, Aragorn? - Boromir se había extrañado de la distracción del hombre, quien se había quedado mirando a un punto desde hacía varios segundos.


- Nada - fue la seca respuesta del montaraz. Mas, al igual que Legolas, Aragorn también podía sentir al elfo, también lo podía oler y reconocer su voz por más lejana que esta se oyera. Regresó su vista al camino que entre él y Boromir abrían.


- Me parece que no hay nada de qué preocuparse - dijo Boromir, aún mirando a su alrededor.


- Entonces regresemos - desde que partieran su voz se había vuelto más neutral; no sonaba a como la recordaba Boromir cuando conoció a Aragorn en durante el Concilio de Elrond, sin duda todos en la comunidad sabían que algo pasaba con Aragorn y pocos sospechaban de Legolas. Ni siquiera el resto de la comunidad sabía que ellos dos estaban casados, solamente Gandalf lo sabía. Para los demás era imposible averiguarlo, no lo aparentaban, no habían cruzado palabra alguna; incluso se podría pensar que apenas se conocían pues ni a amigos lucía su relación.


Aragorn no se dio cuenta cuando regresaron con Gandalf y los demás. Iba detrás de Boromir. Caminando en esa dirección lo primero que se encontraban era a Legolas recargado en un árbol; Aragorn se extrañó al ver el aspecto de su esposo con la ropa claramente sucia de lodo y dos o tres rasguños que alarmaban su rostro con un tono carmesí, se preocupó pero no dijo nada. Boromir se detuvo ante el elfo.


- ¿Ha pasado algo? - obligó a Legolas a mirarle y en cuanto lo reconoció bajó el rostro de nuevo, se sentía incómodo con la mirada del hombre.


- Nada - dijo sin más.


- Yo no diría nada, que aquellas marcas opaquen la belleza de tu rostro es de alarmarse - Legolas volvió a mirarle y observó una sonrisa rápida que el hombre le dedicó antes de seguir hacia Gandalf.
Aragorn vio con desconfianza la mirada que Boromir le dirigió al elfo antes de encaminarse de nuevo. Si quedaba algo de confianza en el hombre antes, después de esa mirada y ese comentario, se había esfumado por completo.


- Bien - dijo Gandalf poniéndose de pie - . Vamos a continuar, la confianza de Boromir se ha visto reconfortada después de todo - el hombre solo vio desafiante al mago quien no le prestó mucha importancia.


- Pero no hemos acabado - protestó Merry con algo, que Gimli aseguró, era comestible, atragantándosele en la garganta.


- No importa, Meriadoc, continuamos. - pronto todos estaban de pie y, siguiendo a un Gandalf ya adelantado en el camino, reanudaron la marcha. Legolas cerró los ojos por un momento y suspirando recobró ánimos para seguir con el viaje y seguir caminando, debido a esto se convirtió, también, en el último de la fila. Aragorn no se había movido del lugar a dónde había llegado así que al momento de cruzarse con él para continuar, Legolas trató de ser lo más indiferente posible y pasar al hombre por alto; mas antes de que pudiera seguir con su plan, sintió cómo el hombre lo tomaba por el brazo fuertemente.


Aragorn pretendía darle fin a todo éste juego; después de todo ya estaban ahí, no había forma de que pudieran solucionarlo pero más que otra cosa, no pretendía seguir alejado de Legolas un minuto más.


- ¿Qué quieres? - preguntó lo más bajo posible el elfo, esperando que los demás no se dieran cuenta de la escena. Frunció el ceño aparentando enojo ante Aragorn, mas éste no cambió su firme semblante ni la fuerza con la tenía a Legolas sujeto - . Basta - intentó zafarse.


- ¿Qué te pasó? - preguntó sin tomar en cuenta los intentos y jaloneos de su esposo.


- No te importa - dijo con un último jalón en vano.


- Sí, me importa - y jalándolo así sí mismo ahora lo mantenía sujeto por ambos brazos - . Te comportas como un niño.


- Mira quien habla, fuiste tú quien comenzó con todo eso y ahora suéltame, ¿quieres? Nos dejarán atrás - ya se habían quedado solos y a pesar de no querer que sus compañeros se dieran cuenta de la situación, Legolas si se preocupaba por separarse del grupo.


- Bueno, entonces también seré yo quien lo termine - en aquellos momentos poco era el interés de Aragorn por mantenerse con el grupo, ya los alcanzaría después; para él, mientras se mantuviera con Legolas, no tenía demás preocupaciones. Legolas rió ante el comentario.


- No te será tan fácil - por un instante Aragorn soltó a Legolas sólo para tomarlo de nuevo, ahora con una mano le sujetó por la cintura y con la otra tomó el rostro para forzarlo a besarle. Al contrario de las expectativas del hombre, el elfo no lo rechazó, así que optó por profundizar el beso. Legolas separó los labios para hospedar la clara ansiedad de su marido, quien ahora ya se encontraba degustando con la boca del otro. Legolas tampoco perdió partido, con sus brazos rodeó el cuello de Aragorn, profundizando aún más, si era posible, aquel beso que reunía todo el deseo y la avidez que había estado vehemente todo este tiempo. Era el orgullo el que los había estado matando. Ambos eran guerreros incontenibles y ninguno cedía. Durante esos días que habían estado distantes ambos extrañaban el sabor de la boca del otro, pero era el orgullo el que los había estado matando sin poder pedirse perdón, por más mínimo que el detalle fuera; en silencio Legolas le agradeció al hombre, pero la falta de aire se hizo también presente y ambos se separaron; Legolas bajó las manos hasta el pecho de Aragorn donde centró su mirada.


- ¿Funcionó? - el elfo sólo respondió con una sonrisa a la pregunta de su esposo. Deshicieron el abrazo que los mantenía unidos - ¿Y qué te pasó?
Ante la pregunta, Legolas bajó la mirada. Preocupación y duda inundaban su cabeza ante el extraño acontecimiento, aún le parecía muy inusual y no encontraba explicación alguna para tal descuido; sin embargo tampoco quería preocupar a Aragorn más de lo que ya estaba, no quería parecer débil y darle la razón a su esposo, aceptar que este viaje era un verdadero peligro para él y más que otra cosa, para su bebé.


- ¡Oigan! - Por un momento, Legolas bendijo el día en que conoció a los enanos al reconocer la voz de Gimli - . Si no se apuran, se quedarán.


Ambos optaron en silencio por dejar la conversación para después, cuando encontraran nuevamente un momento para estar a solas.


- Legolas - llamó Aragorn - . Mantente alejado de Boromir - al principio Legolas se sorprendió de la petición de su esposo, luego entre una leve risa le respondió.


- ¿Estás celoso? - preguntó poniendo todo de su parte para no llamar la atención de Gimli, quien marchaba delante de ellos.


- Es en serio - se detuvo un momento para mirarlo, Legolas entendió la seriedad de las palabras del hombre - Tengo un mal presentimiento, no confío en él - Legolas asintió en silencio y continuaron con Gimli.



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- No... - hacía unos diez minutos que el mensajero de Imladris y la escolta que había acompañado al Príncipe a aquel reino élfico habían llegado al Bosque Negro ante el Rey Thranduil - . Esto no, esto no puede ser cierto... - acababa de leer la carta firmada por Lord Elrond . Nunca antes el rostro del Rey había mostrado tal miedo y desesperación como en aquel momento.


Sí, Thranduil de Mirkwood amaba las joyas y las piedras hermosas, era avaricioso, amaba los tesoros y todo aquello que brillara, amaba sus riquezas, pero también amaba a su hijo, su mayor riqueza, y lo amaba más que nada en el mundo y podría dar todos sus diamantes y sus esmeraldas por Legolas y por su felicidad; y ahora ahí, ante las palabras de Elrond, sabiendo que era su hijo quien se encontraba en medio de esta terrible guerra, que era su hijo quien corría peligro, el solo pensamiento le aterraba, tenía miedo; por primera vez en su vida, El Rey Thranduil tenía miedo. Envolvió su rostro con sus manos y ahí se refugió de la terrible realidad hasta que una idea lo inundó, aún con las manos ante su rostro, la rubia cabellera revuelta ante la negativa.


- ...Lo hizo a propósito... - susurró y de inmediato cambió su voz tan bruscamente, gritando – ¡Ese maldito desgraciado envió a mi hijo para matarlo! - bajó la voz - No lo permitiré, me pagarás esta traición con creces, Elrond de Rivendel, me la pagarás - de inmediato salió corriendo del estudio en donde había recibido la carta y el primer rostro con el que se encontró fue con el de su primer consejero real.


- ¿Se encuentra bien, su Majestad? - dijo alarmado, viendo el pálido rostro del rey.


- Erdhtor, haz que preparen mi caballo de inmediato - dijo deteniéndose en seco, sin pensar.


- ¿Sucede algo, su Alteza? ¿Planea salir? Entonces debe ir acompañado con su escolta - respondió el elfo, en cierta forma tratando de tranquilizar al mandatario.


- ¡No! - el grito hizo estremecer al consejero, quien pasmado se dedicó a guardar silencio - has lo que te ordeno, no quiero escolta esta vez - y Thranduil se adelantó al salón donde guardaba sus tesoros más preciados, incluyendo las armas que solía usar cuando se trataba batallar, días añejos y aún, lozanos. Ahí, se acercó a un cofre grande de color plateado y lo abrió revelando su contenido. Un majestuoso arco, tenía la traza sublime y guerrera de los arcos de los galadhrim pero la delicadeza de la raza silvana. Lo tomó entre sus manos; en un costado del cofre se encontraba un carcaj, compuesto por los mismos trazos que del arco.


- Mi señor - aquel consejero apenas figuraba entre la puerta del salón - . Su caballo está listo -
Thranduil lo siguió.



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- y para correr levemente sobre la hierba y las hojas, o sobre la nieve... un elfo - y Legolas salió corriendo sobre la espesa nieve con el propósito de traerles un rayo de esperanza, aunque fuera leve como los rayos de aquel sol. A su regreso y con el informe de la forma en que seguía el camino, todos bajaron la insaciable montaña por el sendero que antes Aragorn y Boromir habían abierto a través de la nieve. Tras estar a salvo de la saña de Caradhras, la comunidad, entonces, zanjó el tomar un camino tan peligroso como oscuro, Moria.


El viaje hacia las Murallas de Moria fue decadente y algo silencioso; a pesar de algún leve argumento de Gimli, una despedida a Bill, el poney de Sam quien, a sugerencia de Gimli y confirmación de Gandalf, no sería útil y pasaría mejor tiempo tomando el camino de vuelta.


Por lo general, Aragorn y Legolas cerraban la marcha, de vez en cuando se tomaban de las manos y entrelazaban sus dedos y sin necesidad de palabra alguna se decían todas las cosas hermosas del mundo en un solo toque. Habían decidido, queriendo tomar un talante más discreto, mantener en secreto su condición como matrimonio y así evitar complicaciones con el resto de la comunidad, los hobbits en especial eran muy curiosos.


Llegaron, entonces, a las Puertas de Durin para encontrarse con un acertijo.


- ¿Qué significa habla, amigo y entra? - preguntó Merry. La voz serena de Gandalf y la respuesta rotunda de Gimli, cultivó bastante confianza en el resto. Por supuesto, sólo había que decir la contraseña y entrar; ¿por qué, entonces, había pasado tanto tiempo ya meditando contraseñas el mago? Poco a poco su paciencia se iba viniendo abajo.


Había, alrededor de aquel lugar, un bosque, como muchos otros paisajes tenían el propio. Legolas creyó que sería buena idea ir a indagar un poco, conocer más, tal vez especies de árboles extrañas para él, al fin y al cabo nadie estaba haciendo nada útil y en definitiva, nadie estaba haciendo algo más interesante que esperar la palabra mágica de Gandalf. Se alejó de donde estaban, siguiendo un tanto el curso del río que ahí anidaba mientras profundizaba en aquel sitio.
Encontró un árbol alto y demostrando la agilidad bien conocida de los elfos, subió hasta la copa de aquel majestuoso elemento de la naturaleza, no sin antes asegurarse de que era bienvenido en él. Subió, entonces, para descansar un poco, no del viaje sino de todo pensamiento que lo agobiaba y se quedó ahí respirando el ligero viento que se anegaba, viento catártico y puro.


Pasó no mucho cuando escuchó claramente unas cargadas pisadas acercándose al sitio donde estaba. Miró con cuidado hacia abajo y alcanzó a ver, a pesar de la oscuridad, a Boromir. Supo, de inmediato, que el hombre no sabía de su presencia y seguramente se había alejado del sitio de reunión con intenciones similares a las del elfo. Vio como Boromir inspeccionaba el lugar y al mismo tiempo se acercaba a un cúmulo de arbustos. De este cúmulo sobresalían, entre las hojas verdes, una planta de un color cercano al plateado. Boromir estaba a punto de cortar un gajo de ese hermoso ejemplar, cuando, apenas haciendo un leve ruido, Legolas saltó de la rama donde se encontraba.


- No la toques - le advirtió al hombre, quien de inmediato volteó alarmado, preparado a sacar su espada en defensa de cualquier extraño, pero enseguida reconoció al elfo - . No la toques, te hará daño - Boromir devolvió la vista a la planta.


- No lo sabía, no he visto nada así en mi reino - se defendió, regresando la mirada al elfo, quien se acercó hacia él con la mirada clavada en la planta.


- Estamos lejos de Gondor, a pesar de su belleza, muchas plantas pueden ser venenosas, como ésta lo es - luego miró hacia un costado - a diferencia de esta otra - y se inclinó a tomar desde la raíz una mata que yacía escondida y con un tono de verde tan común que en la oscuridad era casi imposible de concebir - . Tiene propiedades curativas, basta este pequeño brote para curar una fuerte fiebre - concluyó extendiendo la mano hacia Boromir para dársela, quien tomó de inmediato la hierba y junto con ella también sostuvo con fuerza la mano de Legolas.


- No lo sabía. Poco sabía de la sorprendente belleza y la gran sabiduría de los elfos hasta que los conocí más de cerca en Imladris - pronto Legolas notó la considerable fuerza que el hombre imprimía en él, sin poder soltarse - . Son maravillosos realmente, sin embargo... - bajó a tomar la muñeca del elfo, sin reducir la fuerza - ...nada como tú, nada tan bello... tan deseable.


- Te agradezco el halago - en este punto Legolas estaba más que incómodo, intentó soltarse jalando con fuerza pero no lo consiguió - . Pero te pediré de la más cordial forma que me sueltes - resaltó con la voz más firme que pudo y al mismo tiempo clavó su mirada en la del hombre, algo en ella le aterrorizó.


Boromir no perdió más tiempo y arremetió contra el cuerpo del elfo, cayendo encima de él, aún tenía sujeto a Legolas por la muñeca.


- Suelt... - estuvo apunto de alzar la voz cuando la hambrienta boca del hombre capturó la suya en un beso que lo dejó inmóvil por unos segundos; cuando reaccionó, comenzó a golpear el pecho del otro con la mano que tenía libre y a forcejear tratando de liberar la otra. Boromir no lo dejaba respirar, había aprovechado el intento de Legolas por hablar y así había introducido desde un inicio su lengua en la cavidad del elfo, explorándola como un loco. El elfo intentó quitarlo de encima con sus piernas, más no pudo.


- No es posible, por más fuerte o pesado que sea yo debería poder con él... ¿Por qué no puedo? - sintió como la mano del hombre con la que no lo sujetaba bajaba hasta su entrepierna, le entró el pánico; supo entonces que no podría con Boromir quien de pronto se separó del elfo para tomar aire. Legolas no pensó un segundo más y se preparó para gritar.


- ¡Alto! - lo detuvo la voz del hombre - . Antes de que grites piensa en Frodo - Legolas no tuvo tiempo de pensar en Frodo como le había dicho el hombre cuando sintió la húmeda lengua de Boromir recorrer su rostro. Apretó los dientes, cerró los ojos.


- ¡Aragorn! - clamó en silencio.


Boromir estaba tan concentrado saboreando la piel del elfo que no sintió el golpe que lo había hecho a un lado hasta que ya estaba debajo del montaraz.


- ¡Te mataré desgraciado! - la cara de Aragorn mostraba una furia y una ira que Legolas nunca había visto antes, ni siquiera cuando Elrond había echado a Legolas de Rivendel al saber que se casarían.
Aragorn mandaba puñetazos directos a la cara del de Gondor, quien apenas se podía defender. Un empujón de Boromir, en el segundo en el cual Aragorn había bajado la guardia para seguir golpeándolo, bastó para librarse del peso del montaraz y de inmediato se puso en pie.


- ¿Por qué? - vociferó Boromir apenas recuperándose - ¿También te gusta? Si quieres lo compartimos - Legolas apretó los dientes ante tal comentario, Aragorn por su parte estuvo apunto de volver a tirar al otro, decidido a matarlo de verdad esta vez, cuando la voz de Gandalf lo detuvo.


- ¡Deténganse los dos! - dictó detrás de Legolas, a quien ayudó a levantar, pues seguía en el suelo - ¿Estás bien pequeño? - el elfo sólo asintió - Boromir - llamó con aquella voz segura, firme, inmutable. Boromir lo miró de frente - . Espero, por tu bien, que nunca más se te vuelva a ocurrir ponerle una mano a Legolas de nuevo; tal vez no lo sepas, pero no eres indispensable para la Comunidad.


El silencio envolvió a los cuatro, Boromir sólo miraba al suelo, intimidado por las palabras de Gandalf.


- ¡Gandalf! - oyó la voz de Frodo desde lejos, no llevaba alarma ni premura, así que, de inmediato, el mago intuyó que no se trataba de algo grave, aún así salió de inmediato para atender el llamado del hobbit - ¡Boromir! - lo llamó y el hombre lo siguió también, procurando no mirar a Aragorn. - Que no les tome demasiado tiempo - concluyó mirando de reojo a Legolas y luego a Aragorn.


Dejaron que pasaran unos segundos. Pronto, Aragorn se adelantó hacia donde estaba Legolas con paso lento; se sorprendió al ver la rápida acción del elfo al tirarse desesperadamente en los brazos de su marido. Aragorn se apresuró también rodeándolo fuertemente; le sostuvo la cabeza, pues Legolas la había resguardado ya en el pecho del hombre. Con la otra mano recorría la espalda del elfo, confortándolo.


- Está bien, ya pasó todo - le susurraba al oído - Legolas - lo separó un poco de sí, sin romper el abrazo y le tomó la barbilla - . Ya pasó todo - acabó depositando un suave beso en los labios del temeroso elfo. Legolas se aferró de nueva cuenta a su marido, sujetando con fuerza su chaquetilla.


- Perdóname - el hombre se sorprendió ante tal comentario.


- ¿Qué? - lo tomó por los hombres obligándolo a mirarle – . Legolas no tengo nada que perdonarte, no... sabes que te amo, no podría culparte de nada, no tendría por qué - y con eso se acercó a beber de los labios de su elfo en un largo y pronunciado beso, al término de cual ambos se dedicaron una sincera sonrisa, representando todo el apoyo y amor que simbolizaba para el otro.


- Te amo - le susurró al hombre.


- Yo también te amo... a los dos - dijo posando ligeramente su mano en el vientre de Legolas - vamos - regresó su mirada hacia el otro - regresemos con el resto.




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- Pronto... un nuevo orden comenzará... - dijo el elfo aún con los ojos cerrados, aún concentrado en su tarea. No escuchó ni siquiera, los ligeros pasos de su hija acercándose.


- ¿Qué órdenes manda el Señor Oscuro... Ada? - dijo Arwen con una sonrisa en su rostro, su mirada centrada en el palantír frente a ella.


- Pronto, hija mía, tendrás lo que por derecho te corresponde, pronto, la escoria que te arrebató tu felicidad... morirá - sentenció Elrond, separando su mano de aquel objeto.


- Elrond... - escucharon una agitada voz detrás de ellos - ...¿Cómo te has atrevido?... ¡¿Desde cuándo eres el aliado del enemigo?! - gritó Thranduil - . ¡Habla maldito, dime por qué has enviado a Legolas a esa guerra! - la voz de Thranduil era más que agitación, sorpresa, ira y furia. No podía creer lo que sus ojos veían. Ahora lo sabía, sabía que su hijo corría un gran peligro. Un inmenso terror invadió su corazón, tenía que hacer algo, tenía que salvarlo.


Elrond sonrió.



...TBC...




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Perdón a todos por la tardanza y más que nada, gracias a Midhiel por todo.
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Noticias
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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
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Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
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Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios