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Uno de más
Yami to Fujikiri

Beta: Midhiel


Capítulo 4
A Face Inside


Me acabo de dar cuenta que no pongo disclaimer en "Uno de más"...

Disclaimer: Lord of the Rings © J.R.R.Tolkien - Warner Brothers Entertainment, New Line Entertainment. Legolas, Aragorn, los demás Personajes e Historia de Lord of The Rings pertenece a los ya mencionados. Sin fines de Lucro.



Legolas se encontraba en un balcón, entre los pasillos que conformaban la hermosa estructura de la Casa de Lord Elrond, esperando conversar como lo había acordado con el Señor Elfo. El paisaje que desfilaba ante sus ojos era una verdadera obra de arte, las aguas del Bruinen ambientaban toda la obra élfica; sin embargo, Rivendel, a diferencia del Bosque Negro, tenía una cierta tendencia más estrecha con el arte y la estética que cautivaba siempre al hijo de Thranduil. Aún la mañana estaba muy joven, sin embargo, Legolas sabía que el Concilio iba a ser lo más temprano posible y en palabras del propio Elrond, la conversación debía tener lugar antes del Concilio.

Así estaba el arquero, después de pasar una noche de risas y amor sincero por las más recientes noticias que compartía con su esposo; así estaba, esperando al único elfo con el que le costaba enfrentar la mirada. Sólo un elfo podría haber escuchado las pisadas ligeras de otro, como Legolas lo hizo en cuanto Lord Elrond estuvo cercano a encontrarse con el esposo de su hijo.

- Alasse’ aurë, Lord Elrond - dijo Legolas, iniciando una reverencia al recién llegado.

- Hara – dijo, indicándole un asiento al elfo junto a una pequeña mesa no fuera del balcón donde se encontraban. - Seré breve con lo que te tengo que decir.

- Escucho sus palabras, mi señor. - replicó Legolas mientras tomaba asiento en el lugar indicado.

- El Concilio tratará asuntos importantes. - dijo Elrond hablando rápidamente. - Te resumiré las cosas: una guerra está por comenzar, el Anillo Único, la maldición de Isildur, ha movilizado a la Tierra Media y el Señor Oscuro ha comenzado a preparar todo para conseguirlo y acabar con los Pueblos Libres. Necesitamos destruir el anillo; mas esa tarea sólo será asignada a unos cuantos, pues no podemos llamar la atención del enemigo; nueve, he decidido que sean nueve los integrantes de la compañía que marchará a los fuegos del Monte del Destino y fundirá el anillo; pues nueve también son los Espectros del Anillo; sólo uno será el portador y estará bajo la protección de los ocho restantes.

- Noticias oscuras me ha venido a decir, mi Lord; ya sabía que algo grande se aproximaba; pues el Bosque Negro, encargado de mantener preso a Gollum, ya sentía este movimiento, mas no me imaginaba que tan inmenso asunto era con el que tratábamos; más, mi Lord, ¿porqué me dice esto a mí, fuera del Concilio, donde de todas formas me habría enterado como los demás?

- Escúchame, aún no decido quiénes serán los nueve integrantes, mas, ahora te pido, hijo de Thranduil que tú seas uno de los caminantes a Mordor. - acabó diciendo con voz profunda.

Legolas se quedó por un momento sin habla, estuvo apunto de aceptar inmediatamente, como sus principios de príncipe se lo demandaban, pero un pensamiento cruzó por su mente antes de decir cualquier cosa: Estaba embarazado; era imposible que marchara a la mismísima Puerta Negra, pues el peligro amenazaba también al hijo que llevaba ahora dentro. De alguna forma, tenía que negarse, pues el riesgo era muy alto, tanto que no estaba dispuesto a tomarlo. Estaba a punto de negarse, cuando Elrond comenzó.

- Thranduil es un terco, obstinado, avaricioso. - Al oír estas palabras Legolas estuvo a punto de ponerse de pie y responder al insulto; mas se contuvo, pues sabía que no era el lugar ni la persona más adecuada; sin embargo, por debajo de la mesa, sus puños apretaron fuertemente su túnica para intentar reprimir el enfado. - ... Siempre creí que su hijo era igual a él, hasta que te conocí mejor y supe que sí heredaste el carácter de tu Ada, pero también la dulzura de tu madre; siempre te vi como mi ahijado y un ser querido en mi familia. - Con esto, Legolas olvidó cualquier comentario anterior; estaba más que sorprendido por la declaración de su padrino. - Hasta que mi hijo decidió casarse contigo, entonces te vi como una serpiente venenosa; pues aunque no sea mi verdadero hijo, a Aragorn lo quiero tanto como a Arwen y los gemelos, tú nos lo arrebataste y no conforme con eso, le destruiste las esperanzas a Arwen, que amaba a Aragorn, lo sigue amando, estaban comprometidos desde un inicio, más desde que ustedes se casaron, se ha convertido en otra, le falta el brillo de la estrella que siempre tuvo en su mirada; ella fingió muy bien estar contenta con la boda de ustedes dos, al igual que Elrohir y Elladan, pero sabes muy bien lo que mi hija siente por Aragorn y lo que más deseo es verlos juntos...

- Yo nunca tuve intención... - Las palabras hirientes de Elrond le habían llegado hasta lo más profundo. - Yo...

- Sin embargo has hecho todo eso y ahora no me queda más que redimirme a aceptar ese matrimonio; pero no será gratis, ahora te ofrezco la oportunidad de enmendar algo de tus acciones para ganarte mi perdón y el de mi casa; sólo tienes que aceptar ser miembro de la comunidad. Sólo entonces aceptaré tu matrimonio con mi hijo y tendrán mis bendiciones.

Ahora Legolas se encontraba ante un dilema. Elrond había envenenado su mente y corazón, le había hecho creer que realmente había actuado como un egoísta y había venido a perturbar a los de Rivendel, que había acabado con la relación de Aragorn con su familia y le había destrozado la vida a Arwen; se sentía como una basura y lo que más deseaba era oír lo contrario, pedirle perdón a Elrond y que éste se lo otorgase; sí... no había otra opción, aunque eso significara un riesgo enorme para la vida que llevaba adentro.

- Estaré gustoso de servir a la casa de Imladris y de representar con honor y gloria a los de mi raza y mis bosques. – dijo, bajando un poco la mirada.

- Muy bien, entonces así será. Deja que Thranduil se entere por boca de tus acompañantes cuando estos regresen al Bosque Negro, de cualquier forma, su furia arrasará con todo Imladris cuando se entere que he mandado a su único hijo a la guerra, pero ya estará hecho; no podrá hacer nada, ya veremos, entonces, qué hacer con él. - replicó, poniéndose de pie rápidamente. Legolas imitó el gesto. y sin otra palabra. dio media vuelta y se alejó del príncipe . Ya estando solo dejó caer su cuerpo pesadamente en el asiento.

- Ahora tengo que convencer a Aragorn... mi Ada, de verdad lamento hacer esto sin su consentimiento; se supone que lo vería en unos días y ahora no sé si lo vuelva a ver. ¡No! - Ante este pensamiento sacudió su cabeza negando cualquier posibilidad. - No sólo solo se trata de volver a ver a mi Ada y mi reino, sino de defender a quienes amo y de mantenerme de pie siempre, por el hijo fruto de nuestro amor... Aragorn.



El concilio de Elrond llegó pronto, más pronto de lo que Legolas hubiera querido; pues no había pasado aún una hora desde su plática con el Lord de Rivendel, cuando el sonido de las campanas empezó a resonar en todo Imladris, clamando por la reunión el Concilio que definiría el curso de la Tierra Media en esta épocas de oscuridad total.

Legolas caminaba en silencio a lado de su esposo que parecía ajeno a cualquier oscilación a su alrededor. Legolas mantenía la mirada baja, pensando en todo lo que habría de suceder después de que aceptara la exigencia de su suegro.

- Largas son las desventuras que los medianos han pasado para llegar a Imladris, no habríamos tenido tanta suerte si no hubiera sido por la ayuda de Glorfindel. - dijo Aragorn, rompiendo el silencio en el que ambos se encontraban, y su declaración levantó un poco el ánimo del elfo.

- ¿Glorfindel ha estado con ustedes? - preguntó Legolas, sonriendo al recordar a su amigo de la infancia, con quien solía jugar junto a los gemelos en días de antaño. - Más aún no lo he visto.

- Lo verás seguro en el Concilio, es uno de los consejeros de la casa de mi padre. - explicó el hombre sin desviar la mirada del camino. - Ya he visto el daño tan grande que este anillo puede traer al mundo, pero no será hasta ahora cuando comprendamos la totalidad de su destrucción y la solución al problema. En este concilio nos encontraremos con una gran sorpresa.

Legolas bajó la mirada; sabía muy bien que para él no era sorpresa alguna lo que se hablaría en el Concilio, y le dolía hasta el alma tener que ocultarle a su esposo lo hablado con anterioridad.

- Legolas - Los pensamientos del elfo fueron interrumpidos por la voz del hombre a su lado. - ... sea lo que sea que planee, no digas nada mientras estemos ahí... - Terminó Aragorn sin siquiera mirar al elfo. Legolas se sorprendió al oír la seriedad con la que se había dirigido su esposo; mas no tuvo tiempo de protestar, ya estaban en el pórtico donde estaba destinada la reunión.

El concilio se estaba dilatando demasiado, empezando por Glóin, quien traía noticias devastadoras de Moria y con Elrond, quien había explicado las desventuras remotas y el daño de Isildur; Ya era tarde cuando Frodo, el portador del anillo, reveló el pequeño e importante objeto que había iniciado la nueva guerra.

- ¡Saca el Anillo, Frodo! El momento ha llegado. Muéstralo y Boromir entenderá el resto del enigma. - indicó Elrond al mediano, quien con un temor significativo alzó el anillo ante todos. Legolas se estremeció; ahí estaba el destino de la Tierra Media, pero era por mucho más que pelearía.

Entendía a la perfección la posición de aquel extraño hombre venido del norte, de la misma Ciudad Blanca, Boromir, pues estaba determinado a defender a los suyos, a las leyendas de antaño de los grandes reyes y a su padre, Señor de Minas Tirith. El se encontraba en la misma posición y por el Bosque Negro en parte habría de aceptar lo que inevitablemente vendría. Ni siquiera el gran estremecimiento que no sólo él, si no todos los representantes elfos que ahí se encontraban sintieron al oír la voz fuerte y clara de Mithrandir al pronunciar el grabado del anillo que tanta maldad traía a su alrededor.

Y aún, cualquier sentimiento de pesar que llevara cargando el hijo de Thranduil, no lo detuvo para hablar cuando debió hacerlo; al oír del gran peligro que acechaba con la huida de Gollum.

- Las noticias que me han ordenado traer deben ser dichas ahora. - dijo con la voz suave y dulce, típica de los Eldar, más aún endulzada con el aroma de los bosques. - Sméagol, ahora llamado Gollum, ha escapado...

Y tardó varios minutos en relatar el revés de los elfos del Bosque Negro al sentir la compasión sentida por la criatura Gollum. Y al terminar se sumió en pensamientos muy propios bajo un semblante serio, sombrío, nada típico de Legolas Greenleaf Thranduilion; algo que no tardó en ser notado por Aragorn, quien por momentos centraba su mirada en su esposo, embriagado por una gran preocupación.

Legolas continuó en ese estado somnoliento hasta que escuchó de nueva cuenta la voz de Gandalf responder a la risa de Bilbo.

- ...A los mensajeros que llevarán el anillo... - Legolas entrecerró los ojos, como rogando que lo que había escuchado fuera una simple confusión de sus oídos y que tal compañía nunca se hiciera realidad; pero continuaba esa plática; Bilbo le había respondido al Istari.

- ...¿Se te ocurren algunos nombres? ¿O lo dejaremos para después de comer?...

Nadie respondió. Discretamente, Legolas miró de reojo a Elrond, quien se encontraba sentado con su clásica postura firme, elegante. El Lord debió haber sentido aquella mirada tímida, pues de repente rodó los ojos hacia el lugar de Legolas y éste desvió inmediatamente la mirada. Situación que no pasó desapercibida por Aragorn.

En el tiempo en el que se desarrollaba esto, sonaban las campanas anunciantes del mediodía y aún nadie respondía; Legolas fue sacado del trance por la voz tímida del mediano al que apenas conocía de lejos.

- Yo llevaré el Anillo... aunque no sé cómo.

Y por primera vez en la vida de Legolas, alguien que no era su padre, le pareció tan fuerte como la misma marea y en silencio admiró el valor del mediano; sonrió pero no tardó en esconder esa bella sonrisa de la que Aragorn se enamorara, pues también le pareció ver al Lord de Rivendel sonreír de otra forma, forma que le hizo coger un temor indescriptible...

Terminó entonces el Concilio, el cual había ocupado toda la mañana. Ahora se encontraban almorzando algo ambos, en silencio. Ni Legolas ni Aragorn se habían cambiado el atuendo que habían vestido durante el Concilio. Legolas con una túnica discreta y Aragorn con un ropaje elegante que mantenía, por lo general, durante sus estancias en Rivendel. El hombre veía de vez en cuando al elfo enfrente de él, lo miraba apenas masticar de su plato, con esa mirada sombría que había mantenido desde el Concilio, entonces regresaba a su mismo plato, temeroso de saber la respuesta si preguntaba; más en esos momentos de gran preocupación, su lado real triunfaba.

- Legolas... - llamó suavemente, el elfo apenas levantó el rostro. - ... dime qué sucede, ¿Todo bien con el bebé? - Legolas notó la preocupación en los ojos de su marido. Y formó una sonrisa forzada.

- Por supuesto, no te preocupes, sabes bien que los de mi raza tenemos buena intuición y te aseguro que sabría si algo malo pasara. - replicó, manteniendo esa sonrisa que tanto pesar le empezaba a causar a Aragorn.

- No me mientas.

- No te miento. Si quieres creerme bien por ti, si no, entonces no deberías pedirme que almorcemos juntos. - Y se levantó bruscamente abandonando la estancia y dejando solo a Aragorn junto con todo lo demás, que por desgracia, no era lo mejor para el hombre; preocupación y miedo, eso era todo. Esta cambiando, eso es todo, repetía el humano y en momentos se convencía de que sólo era eso.

Habían pasado tres semanas en Rivendel desde el Concilio. Los medianos parecían disfrutar Rivendel a su plenitud, la gracia de los elfos y poco a poco sus preocupaciones empezaban a desaparecer, al menos de sus mentes.

Para Aragorn sus mejores días los pasaba con los gemelos o platicando con Frodo. Durante las primeras dos semanas, el tiempo con Legolas se había ido volviendo más insoportable, aún cuando el hombre se esforzara por lo contrario y también el elfo, pues sufría bastante cuando meditaba su culpabilidad en cada pelea. Mas, después de esas dos primeras semanas, ambos empezaron a comportarse afablemente con el otro, Aragorn comprendía que fuera el bebé o lo que fuera, había algo que más allá de inquietar a su esposo, lo mantenía fuera de sí y debía de ser más paciente que nunca. Por otra parte, Legolas entendía a la perfección la preocupación de Aragorn y ahora más que nunca debían estar juntos, tendrían un hijo pronto, debían estar juntos.

Y pasó una semana más y ya llevaban un mes en Imladris. Legolas ya tenía dos meses de embarazo y Aragorn se estaba volviendo sobre protector para su gusto. Aún los signos físicos de su condición no eran notorios, pero aspectos fisiológicos eran protagonistas de la preocupación bien fundamentada de Aragorn.

- Pero... - Legolas empezó a temblar de tan solo pensar en la idea de su esposo. - ... tu padre no.

- Vamos, mi amor, no es tan malo y es el mejor curador de la Tierra Media - dijo tratando de forzar al elfo, cuya fuerza no se igualaba a la del montaraz y sin embargo aún oponía una considerable resistencia. Pronto, Aragorn vio que sus esfuerzos por convencerlo eran inútiles. - No quieres que le pase nada malo a nuestro hijo, ¿cierto? - Legolas se mordió el labio ante la pregunta.

- Pero, existen otras... posibilidades... - dijo, tratando de pensar en un buen pretexto. La idea de Aragorn era terrible ante sus ojos, quería decirle a la peor persona que iba a ser abuelo, a Elrond, al que lo había forzado en todo el sentido de la palabra a ser parte de la compañía, a la cual Legolas ya pertenecía sin haberse formado aún, Legolas ya sabía que pertenecía

- ¿Posibilidades? – preguntó Aragorn intrigado. Y entonces Legolas no tuvo más remedio que decir el primer nombre más sensato que se le vino a la cabeza.

- ¡Glorfindel! - exclamó de un solo golpe.

- ¿Glorfindel?

- Sí, él tiene conocimientos de curación, además, es discreto y... le tengo confianza. - replicó el elfo sonriendo de manera desmesurada, lo cuál provocó un largo suspiro en el hombre.

- Está bien, de todas formas será solo un chequeo para que vuelvas al Bosque Negro. - Legolas nunca se hubiera esperado esto, no estaba dentro de sus planes, no era lo que debería suceder.

- ¿Regresar al Bosque Negro? – tartamudeó.

- Sí. ¿Qué sucede?. Ya has hecho todo a lo que tu padre te ha enviado, yo me quedaré un poco más para ver que sucederá hasta que parta Frodo, entonces nos encontraremos en el Bosque Negro.

- Aragorn... - dijo, tratando de mostrarse lo más indiferente posible. - ... si tu te quedas entonces yo me quedo; tú mismo lo has dicho, aquí está el mejor curador de la Tierra Media y si voy ahora solo, no sabes lo que pueda ocurrir. - trató de convencerlo; se suponía que él se quedaría hasta que Elrond dictara sentencia y anunciara a los miembros de la compañía que debían unirse con el mediano en el viaje para fundir el anillo; mas de esto, Aragorn no sabía nada.

- En eso tienes razón – ahora su esposo parecía más pensativo y sereno; sin duda alguna, las palabras de Legolas lo habían hecho meditar; aunque realmente su decisión dictara un destino más trágico para él y su familia que empezaba a formarse. - Está bien, nos iremos juntos hasta que mi padre dicte su decisión. - Legolas sonrió escondiendo una vez más su pesar.

- ¿Entonces Glorfindel? - preguntó Legolas, cambiando el rumbo de la conversación.


*****************

- ¡Hoja Verde, más te vale salir ahora mismo si no quieres arrepentirte después! - Los gritos de Thranduil eran temibles, pero nunca tan temibles como los que clamaba cuando el pequeño príncipe se escabullía en una travesura a su ada.

El pequeño tapaba sus oídos ante elescándalo de que pegaba su padre. Empezaba a temblar, verdaderamente y realmente arrepentido de haberse echado a correr mientras Thranduil lo reprendía al por haberse escapado de sus clases diarias para pasearse por el bosque. Entonces el pequeño sólo solo tenía seis años humanos de edad. También sabía que su Ada estaba verdaderamente enojado esta vez, pues sólo lo llamaba Hoja Verde cuando estaba muy molesto. Y esto Legolas sabía que no era para menos, pues había escapado del regaño de su ada justamente cuando este estaba reunido con algunos miembros de su Consejo y si había algo que enojara al Rey del Bosque Negro es mostrarse débil ante otros y este gesto de su hijo era suficiente para que se llegara a pensar en signos de debilidad de Thranduil.

- ¡Legolas! - Oyó nuevamente un grito del Rey mientras su cuerpecito se estremecía abruptamente. Entonces Legolas no soportó más el miedo y salió del armario donde se encontraba escondido.

- ¡Ada, Ada! No me pegues, tú me hiciste así.

****************


Esa fue la primera vez que Legolas observara a Thranduil sorprendido por las palabras de alguien más.

- Él me hizo así después de todo... yo soy el Príncipe del Reino de los Bosques y así lo demostraré. - dictó Legolas bajó la luna llena de otoño que se dibujaba en aquellos finales de la Tercera Edad.


-

Bueno, ¿Qué les ha parecido? costado Me costó mucho empezarlo

Terminado el 17 de Enero del 2006 en México, DF. Por Yami to Fujikiri.
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Noticias
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
Nuevo libro:
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Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios