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Yami to Fujikiri


Capítulo 2

The Dream Foretold



- Y es la mañana del 24 de Octubre por si te interesa saberlo...
- ¡Gandalf!


Varias veces, Legolas se había escabullido algún par de días de los ojos de su Ada y ocultado en Rivendel. En una de esas calaveradas, había conocido al joven Aragorn, 40 años antes; aunque Aragorn no había cambiado mucho desde entonces, para Legolas, seguía teniendo ese brillo en los ojos con el que lo conoció; con el que se topara entre los pasillos de Imlandris después de haberle pedido permiso a Lord Elrond de quedarse por dos años de estancia en aquel hermoso reino élfico. El Lord, por supuesto; le dio la bienvenida con los brazos abiertos. Elrond había conocido al hijo de su amigo Thranduil desde que era un pequeño elfo; pues, como era bien supuesto, había sido uno de los invitados a la ceremonia de nombramiento que se realizara en el Bosque Negro. Entonces Elrond sonrió ante el pequeño rostro que dibujaba una inocente alma en un profundo sueño élfico.



******

- Es idéntico a ti Thranduil.

- Pero con la belleza de su madre. - Dijo, aún sonriendo el rey.

- ¿Cómo lo llamarás?

- Tanto Lindalë como yo tenemos la mente en blanco; aún no sabemos que nombre le vendría bien al heredero del trono y mi hijo; además de que está tan bello. - Dijo mostrando un lado que pocas veces Elrond había visto antes. - Sin embargo, tú serás el padrino... - El Lord de Rivendel, quien se había remontado a observar al pequeño, levantó el rostro hacia el hablante que había dictado aquella frase.

- Te lo agradezco Thranduil. - Fue lo único que dijo antes de volver al pequeño. - Tiene un olor... a bosque... ¿Le han puesto alguna esencia?

- Claro que no, es un recién nacido.

- Entonces el aroma viene de naturaleza; es una pequeña hoja entre un tumulto de mellorns; una hojita verde, ¿Te suena bien? - Y le sonrió al otro; quien lo vio entre maravillado y confundido.

- ¿Hojita verde? ¿Dices, "Legolas"?

******




Efectiva y peligrosamente, Elrond lo había nombrado y desde aquel día había fungido de una forma cordial, afectiva y paternal sus funciones como padrino de la criatura; así que cuando las obligaciones de príncipe que tenía que llevar, lo agobiaban demasiado; Legolas corría a los brazos de su padrino, directo a Imlandris y en Imlandris había conocido el amor.

Aquella vez, Aragorn era un joven apenas, que en términos humanos se diría tenía solo aproximadamente 40 años; con su naturaleza de la rama de los Dúnedain.
Inmerso en aquella imagen de Isildur, Legolas lo conoció; como varias veces después y algunas décadas, lo volviera a recordar. En aquella habitación se habían conocido. Desde la última vez que Legolas estuviera en Rivendel, habían pasado más o menos cien años humanos; por aquello, se explicó; no recordaba haber visto a aquel hombre en un mundo de elfos; pues, según Thranduil, una vez que Legolas absorbe en su memoria un rostro, nunca más lo dejará ir. Por aquella época e incluso actualmente; el primero y único hombre que había conocido Legolas, era Aragorn, esa y entre otras, fue razón para cautivarse con la piel arraiga y los ojos insondables del humano.
Para el hombre la cautivación aún fue mayor. Sí, había vivido y crecido con elfos, pero era aquella vez la primera que veía un rostro tan hermoso y lleno de candidez como el del príncipe; aún más sus eternales ojos azules lo hechizaron desde aquella noche y para siempre; por eso no dudó en correr al Bosque Negro a una semana de la partida de Legolas; pues en esos dos años que compartieron juntos y que Legolas tenía como plazo para quedarse en Imlandris; fueron suficientes para que ambos cayeran en el sueño más dulce que cualquier criatura que habita la Tierra Media, pueda sentir. Ambos se habían enamorado perdidamente del otro; pero Legolas sabía que un amor con un mortal no podía quitarle el sueño ni las responsabilidades y al cabo de dos años tuvo que partir a lado de su padre. Cual fuera siendo su sorpresa al encontrarse con el hombre a quien amaba, una semana después, gritando su nombre a los pies del palacio.
Entonces Aragorn conoció a Thranduil y supo que gritar a todo pulmón el nombre de su hijo con él oyendo todo no era una idea de lo más inteligente.


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Era por eso que Legolas aún se maravillaba cada vez que arribaba a Imlandris. Era imposible, no solamente para Legolas, sino para cualquier otro ser vivo, no pasmarse ante la grandeza de Rivendel, incluso si se ha llegado un millón de veces. Y cuando la escolta y Legolas pasaron las puertas del sitio de Lord Elrond y bajaron de sus caballos; no pudieron evitarlo y de nuevo, Legolas le dio vueltas con su profunda mirada una vez más al espejo de realeza que contenía Imlandris.

Y profundo dentro de aquellas maravillas se encontraba cuando sintió dos fuertes brazos rodearle la cintura; seguidos de una nariz invasora en aquel espacio entre su cabeza y sus hombros.

- Te extrañé tanto. - Aragorn susurró en su puntiaguda oreja. Legolas le sonrió sin darle la cara. Esperó a que Aragorn lo obligara a dar la media vuelta para tenerlo de frente; lo cuál innovó segundos más tardes. Cuando sus bocas estuvieron a escasos centímetros de tentarse, Legolas respondió con un susurro casi igual de inaudible que el anterior.


- Yo también... y... - Legolas osciló de pronunciar palabra para luego sonreír. - Tengo algo importante que decirte.


- ¿Si? - Profirió Aragorn después de dar un leve beso a su esposo. - ¿Qué es?


- Ahora no; te lo diré después, ¿está bien?, cuando haya visto a tu padre y me dejen de temblar las rodillas de una buena vez. - Aragorn rió.


- Claro mi amor; lamentablemente yo ya pasé por eso; así que el temblor no lo compartimos. - Legolas hizo un gesto de disgusto antes de ponerse en marcha rodeado por el brazo de su marido a la casa de Elrond y seguidos por la escolta y representantes del Bosque Negro.


- ¿Ya conocen el camino a los establos, verdad? - Dijo Legolas dirigiéndose a la escolta. - ¿Podrían?


- Ná, cundo. - Y se retiraron.



Frodo y Sam admiraban la belleza de Imlandris desde un piso alto a la casa de Elrond que quedaba justo arriba de las cabezas de la pareja al llegar a ese punto. Aragorn hizo una mueca hacia donde los dos hobbits se encontraban sin voltear la mirada. Al notarlo, Legolas miró discretamente hacia arriba.

- Son los hobbits que ayudé; el moreno es el que carga el anillo hasta que el Concilio de una resolución.


- Ya veo; es un gran peso para una persona tan pequeña... que curiosas son las razas no élficas... - Dijo ladeando su rostro y mirando fijamente a lugar donde constaban los medianos. No mucho tardo aquel blanco rostro en ser tomado por aquellas bien conocidas manos. Legolas giró para encontrarse con la mirada sonriente de Aragorn.


- Qué curioso te vez tú así. - Le dijo sin dejar de sonreír. - ¿También yo te parezco gracioso? - Legolas se zafó del toque.


- La mayoría de las veces. - Iba a contestarle algo más, sin embargo una fuerte y recia voz los interrumpió.


- Legolas Thranduilion; casi cincuenta años de que Imlandris no cuenta con tu maldición. - El rostro contraído de Elrond y sus ásperos ojos clavados en los azules del príncipe de los bosques.


- Ada. - Se quejó Aragorn.


- ¿Qué? ¿Ahora me dirás cómo debo hablar? - Elrond se había girado velozmente para mirar desafiante a su hijo. - Veo que Thranduil te ha maleducado.


Legolas bajó la mirada y ahí, oculta, figuró una mueca de enojo. Que alguien vociferara algo en contra de su Ada le retorcía las entrañas; más aún si aquello eran solo mentiras malintencionadas.


- ¿Acaso no es verdad, Hoja Verde? - Vociferó Elrond al notar la mirada cabizbaja de Legolas quien solo pudo mantenerse en su lugar.


- ¿Has estado satisfecho, Ada? - Gruñó Aragorn al notar la dolida mirada de su esposo. - ¿Ya podemos irnos?


- Arwen te quiere ver; dijo que te esperaba en el lugar de siempre. - Legolas cerró los puños al oír el comentario, ya sin sentir sus uñas clavándose en la tersa piel y haciendo pequeñas, pero notorias heridas. Aragorn no pudo más que ahogar un gruñido; mientras que en el rostro del señor de Imlandris se podía visualizar una ligera sonrisa maliciosa.


Después de unos segundos de silencio, Legolas concibió el articular palabra, aún cabizbajo.

- Ve Aragorn. - Aragorn lo volteó a ver dudando. - Yo te esperaré en nuestra habitación. - Dijo ahora firmemente y mirándolo a los ojos, como emitiéndole esa confianza que el hombre siempre adoró. Después de mirarse a los ojos impávidamente; Aragorn asintió.


- Con permiso. - Dijo haciendo una reverencia cuando pasó a lado de Elrond; quien todo ese tiempo no había desviado la mirada sobre Legolas. Cuando Aragorn estuvo lo suficientemente lejos, Elrond comenzó a caminar hacia el príncipe. El Lord mantenía los brazos cruzados. Ambos no habían intercambiado miradas desde el inicio de la conversación.
Legolas se sorprendió cuando sintió la mano de Elrond apretar contra su antebrazo y mencionar bajo pero reciamente.


- Antes de comenzar la junta del Concilio de mañana quiero hablar contigo, ¿Te parece? - Legolas no respondió y a la vez, Elrond no esperó respuesta y enseguida se marchó. Legolas se quedó anonadado; mas pronto tomó su renombrado perfil de príncipe y se dirigió sigilosamente a su habitación designada.



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- Arwen... no puedo aceptarla...


- Es mía y se la doy a quien me plazca... como mi corazón... - Sus miradas encontradas, la luz tenue del brillo nocturno embriagando su entorno. Arwen contenía esa espuma en su rostro que la hacía ver tan bella como la luna misma y en sus ojos se podía relucir el deseo.


- Arwen... yo amo a Legolas, estoy casado con él. - Dijo Aragorn bajando la mirada, ahora aquellas perlas relucientes, desorbitaron en el rostro de la elfa.


- Lo sé... - Susurró. - Solo esperaba que te dieras cuenta de que... ¡Te amo y estaba dispuesta a dejar la inmortalidad por ti!... esperaba que lo dejaras por mí. - Y cubrió su rostro élfico con ambas manos, ocultando algunas lágrimas. Aragorn solo atinó a tomarla por los hombros.


- Lo amo. - Arwen no necesitó oír más para salir corriendo del hermoso lugar.


Arwen había estado enamorada de Aragorn desde que el hombre tenía memoria; tampoco la elfa intentaba disimularlo demasiado. La estrella de la Tarde... así la solían llamar, por su gran belleza; tal vez solo un elfo podría enfrentarla en aquel aspecto y ese era, sin duda, Legolas. Siempre, un gran cariño en su corazón había guardado para con ella Estel, como era Aragorn llamado por los elfos. Más Arwen siempre esperó algo más, algo que nunca llegó y algo que se esfumó en cuanto el hombre hubo conocido al príncipe de los Bosques.



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La habitación designada era la que antes había sido habitación individual de Aragorn; era pequeña pero con una cama amplia y un lumbral igual de amplio. Su iluminación consistía en dos antorchas de pie, engarrotadas a dos postes y un balcón que daba a un flanco muy vistoso de Imlandris, digno para un hijo del Señor de Rivendel.

Era en el barandal barnizado de aquel balcón donde Legolas postraba su cuerpo, inerte ante la vista que la noche le regalaba. Parecía sumergido en un sueño, más su naturaleza élfica le permitió escuchar los leves pasos de algún intruso en la habitación; intruso a quien conocía muy bien. No esperó a que su amado llegara a él, como otras veces; sino que caminó adentro de la habitación para encontrarse de frente a su esposo y sonreírle como lo hiciera horas antes.


- ¿Te has divertido? - Después de contemplarse, dijo Legolas, con un tono acusador.


- Vamos, mi amor. - Aragorn lo obligó a acercarse y lo abrazó cálidamente, mientras le frotaba la espalda. - Sabes que nunca nadie me podría despegar los ojos de tu belleza.


- ¿Qué te ha dicho? - Dijo Legolas en un tono más tranquilo, respirando el aroma del pecho del hombre.


- No mucho... algunos de sus sentimientos y yo la verdad, a quien amo y que nunca lo dejaría. - Dijo para después tomar el rostro élfico en sus manos y besar aquellos labios carmesí que tanto deseaba probar; hundiendo su lengua, hurgando a placer, mientras el elfo lo dejaba hacer.


- Gracias. - Cuando hubo terminado la inspección, dijo Legolas en un susurro sonriendo.


- ¿Qué era aquello tan importante? - Dijo Aragorn sin separar sus manos del rostro del príncipe. La expresión de Legolas cambió a una más seria. Llevó una de sus manos a su rostro para reposarla sobre la pétrea piel del hombre; obligándolo a separarla de su rostro y por inercia, bajar también la otra mano. Legolas tomó ambas en las suyas y lo guió a la cama; donde ambos tomaron asiento.


- Aragorn... bien sabías cuando nos casamos que yo era fértil... ¿cierto?


- ¿Cómo obviar algo tan importante, Legolas? - El príncipe lo miró fijamente a los ojos por unos momentos hasta que Aragorn reaccionó. - ¡Por Dios! - Dijo saltando de la cama.


- Aragorn... - Legolas se asustó ante la reacción de su marido. ¿Y sí le parecía muy temprano?, peor, ¿Si le parecía una aberración?... No lo podría soportar. Legolas se levantó también siguiendo los pasos de su marido, temeroso. - No... - Cabizbajo de nuevo. - Perdona, no pensé que... no... - Y pronto tenues lágrimas aparecieron en el rostro blanco. Pronto Aragorn se dio cuenta de su error.


- No, mi amor, no. - Dijo acercándose al elfo para tomarlo por los hombros. - Es solo que me sorprendió... no puedo creer que los Valar hayan dictado un destino tan dulce como éste... ¿Es verdad? - Legolas sonrió.


- Es verdad, no tengo dudas. - Aragorn le dio un repentino y fuerte abrazo y así lo levantó del suelo, dando vueltas con el elfo en brazos.


- ¡Aragorn, para! - Dijo Legolas entre increpando y riendo.


- ¡Voy a ser papá!







Me tarde bastante, sorry; ahora trataré de apurarme más n-n Pronto vendrá el siguiente capítulo.

- Ná, cundo: Sí, príncipe
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Noticias
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Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 53 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 134 Comentarios