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Notas del capítulo:
Éste capítulo se lo dedico a mi amiga Lulú-chan, para que veas mujer que si actualizo, jejeje. Y gracias por ir a la casa, la pasé muy bien n_n ¡Yaoi! XD
En aquel momento la situación resultaba tan tensa que incluso ninguno de los tres amigos consentía la idea de conversar. Por obvias razones, tanto Trowa como Heero permanecían en silencio. El primero esperaba junto a su hermana Catherine la llegada de los refuerzos, mientras que el segundo, aún sentado en la sala de espera junto a los demás clientes, miraba de soslayo a Duo, pensando en que le depararía a éste si tuviera que ir preso (el trenzado había tenido la opción de evadir aquel castigo pero se negó a aceptar la oferta, queriendo pasar por lo mismo que sus dos amigos).



Quatre, quien se encontraba sentado con Duo y Wufei, e igual que ambos, con expresión taciturna, recordaba momentos al lado de quien por mucho tiempo fue para él como un sueño, el hombre casi perfecto de quien se había enamorado. Entre ellos, se encontraba el que con más empeño guardaba en su memoria: la noche que lo había conocido. Todo sucedió apenas hace cinco meses, las cosas en Monsieur hasta ese día no tenían el mismo panorama que en la actualidad, todo era no más que monótono y aburrido, solo de vez en cuando aparecía un cliente interesante, y como era de suponer, era peleado por todos los acompañantes. Sin embargo, una noche que parecía como cualquier otra, había aparecido un cliente muy particular, un hombre de estatura alta y buen porte, cabello castaño claro, repartido sobre su rostro en un curioso corte que desde aquel ángulo no permitía mostrar su ojo derecho, el otro en cambio mostraba un interesante color verde esmeralda y una mirada profunda e inquietante, y aunque su rostro no poseía facciones perfectas, resultaba bastante atractivo, aún cuando vestía un elegante traje color negro. No había tardado en llamar la atención de los acompañantes, entre ellos Duo y Quatre, ambos se miraron en complicidad y después de sonreír le miraron como si esperaran un veredicto



¿Saben? El otro día que fui al doctor había uno de esos en mi receta médica – comentó Duo con picardía, haciendo reír a Quatre, pero a Wufei no le cayó en gracia su comentario. El rubio y el chico trenzado volvieron a verle con interés mientras él se acercaba a la recepción, dirigiendo algunas palabras a Catherine. Hasta antes de la noche del arresto, para Quatre aquel movimiento había resultado insignificante, pero en la época actual había cobrado un real significado, sobre todo porque la pelirroja en aquella noche, no llevaba más de una semana laborando en la casa de citas.



El cliente fue llevado por la recepcionista hasta la sala de espera, para que desde ahí pudiera elegir a quien habría de convertirse en su arma para poder cerrar el lugar. Los ojos verdes no tardaron en posarse sobre la mesa de los tres amigos, la cual resultaba más atractiva que las demás, sobre todo por un par de ojos violetas que le observaban con insistencia. Al darse cuenta Duo de que la mirada verde había encontrado la suya volvió a sonreírle a Quatre, quien resignado se encogió de hombros y respondió la sonrisa. Pocos segundos después llegó Trowa hacia la mesa y después de mirar a Quatre, notó la expresión apática de Wufei, quien le dedicó una mirada dura a la cual Trowa no respondió, limitándose a tomarle solo un poco de importancia.



Buenas noches – dijo en un suave murmullo, sin dejar de observar los llamativos ojos y enseguida encontró respuesta por parte del dueño de aquellos



Bien, los dejamos solos – comentó Quatre sonriendo, cerrándole un ojo a su amigo y poniéndose de pie después, sin darse cuenta en ese momento que la mirada esmeralda estaba fija sobre él



Siéntate, nosotros nos vamos – contestó Duo al tiempo que intentó levantarse, pero al terminar su frase, la mano del cliente en su hombro se lo impidió



Perdóname, cambié de parecer – tanto a Duo como a Quatre, la decisión le sorprendió a Wufei y los tres le miraron, dándose cuenta que la mirada verde estaba fija sobre Quatre, quien pronto sintió el rostro arder, pues jamás alguien que hubiera elegido a Duo se arrepentía de su decisión, y por lo que se daba cuenta, aquel cliente lo escogería a él



Pero… - intentó intervenir Duo



¿Cómo te llamas? – preguntó con voz suave



Quatre – respondió como hipnotizado. Hasta ese momento, el rubio siempre había usado el pseudónimo de Sand, pero al hallarse descubierto con aquella respuesta, no lo volvió a usar más



Lindo nombre ¿entonces vamos? – cuestionó con sutileza, extendiendo su mano hacia él y Quatre aceptó sin dudar, acompañándolo ante las miradas de sus amigos



Me rechazó – oyó Quatre decir a Duo con enfado mientras él acompañaba al supuesto cliente, Trowa escogió una mesa cerca de la oficina de Lady, situación que aquella noche el rubio la tomó como intrascendente y que en el tiempo actual resultaba tener mayor significado.



Tu nombre realmente es lindo – le dijo al oído de forma suave, haciéndolo estremecer. Incluso lo revivía al recordarlo



Gracias ¿y el tuyo es…? – cuestionó sonriendo, acariciándole la mejilla derecha mientras esperaba respuesta



Trowa Barton – dijo sin titubear, respondiendo a la caricia con una suya en los labios del rubio, los cuales tocó con suavidad con la yema de sus dedos. Quatre no pudo evitar una sonrisa real, no como la falsa sonrisa que mostraba a los clientes normalmente y entonces le besó, sin rodeos, sin más esperas, sus labios unidos por primera vez, con intenciones de devorarse mutuamente, ambos fingiendo, ambos cumpliendo con su trabajo, pero aún así era difícil que ninguna de las fibras de su piel reaccionara. En aquel momento se dejaron llevar por el deseo físico, aunque para Quatre estaba prohibido cualquier clase de arrebato, estaba ahí solo para complacer al cliente y no a él mismo. Sus labios se soltaron y el rubio pudo notar en los ojos esmeraldas un pequeño brillo, el cual en aquel momento le pareció tal vez solo el reflejo de la luz. Cuando Trowa le confesó que lo amaba, el recuerdo de aquel brillo le ilusionó al creer que desde entonces sintió algo por él. Ahora que sabía el origen de todas sus citas, le parecía tener ante él al mejor de los actores



Mucho gusto – comentó Quatre sonriendo



Completamente mío – le respondió mirándole fijo, después reanudó la conversación, mostrándose muy interesado en él



Dime ¿Qué clase de cosas hacen? –



¿Qué clase? Pues hacemos compañía – contestó simple y Trowa sonrió



¿Sexual? – cuestionó enseguida, mostrando bastante interés, Quatre sonrió amplio y le guiñó un ojo



Eres directo, me agrada – contestó con sarna, pasando suavemente su mano por la pierna del cliente, creyéndolo en ese momento un pervertido. Sin embargo ahora comprendía porque quería saberlo realmente



Aunque lamento decepcionarte, nada de sexo aquí, solo hacemos compañía, hay clientes que quieren charlar, otros quieren desahogarse y otros quieren besos y caricias – explicó despacio, con intenciones ocultas al concluir



Ya veo, es lógico – respondió sin mostrar interés, después le volvió a mirar fijamente, como si el rubio tuviera grabado en su rostro la respuesta de una pregunta que no tardó mucho en formular



¿Por qué alguien como tú trabaja en un lugar así? – como si le hubiera hecho una ofensa, Quatre arrugó el entrecejo y le miró con enojo



Los asuntos personales están fuera de esto – respondió irritado, recibiendo por parte del cliente una elegante sonrisa, sin embargo aquello no le cautivó



De acuerdo, no te enojes – Quatre le sonrió con hipocresía ya que no quería perder a aquel cliente. Se acercó más hacia él hasta sentir su respiración cerca



¿Qué quieres hacer? Haré lo que me pidas, bueno, depende – sabiendo que le seguía el juego, Quatre obtuvo como respuesta que Trowa lo besara, dándole así la respuesta que quería, el cliente no deseaba realmente conversar, quería un entretenimiento real y él no tenía intención de negárselo, por eso en aquel momento le respondió de igual forma, aunque ahora su realidad era otra. Cuando abandonó sus labios vio en la mirada verde una petición que no era la primera vez que veía, la mayoría de sus clientes la hacía, pero no a todos les comentaba de aquella opción, aunque aquel día hizo una excepción con Trowa, no obstante ahora era algo de lo que se lamentaba, pues con eso su supuesto cliente se había allegado de una prueba



Es opcional, fuera de aquí, nosotros ponemos el precio – ahora que sabía la verdad acerca de su supuesto cliente, entendía el porqué de la sonrisa de triunfo que Trowa le mostró aquella noche, pero en aquel momento la interpretó de manera distinta



Entonces vamos – en ese instante volvió a mostrarse frío como al principio y se levantó de la mesa, Quatre le siguió el movimiento y al girar su cabeza hacia la mesa donde estaban sus amigos, vio la cara de desaprobación de Wufei y la sonrisa de aprobación de Duo, se giró de nuevo y vio a Trowa cerca de la recepción, esperándole



Anótame – ordenó a Catherine



De acuerdo, suerte – entonces salió con aquel cliente, sin imaginar que después se enamoraría de él, aquella noche le pareció algo misterioso y eso le agradó, además de su rostro, por eso se dejaba llevar. Por primera vez le tocó estar en un buen Hotel, eso y el auto en que lo llevó le hicieron saber la posición económica de su cliente, y también le agradó. Lo único malo es que Trowa se había puesto demasiado serio, pero al llegar a la habitación se deshizo de aquella imagen y dejó en claro la situación, despojándolos de la estorbosa ropa, era evidente que ponía las cartas sobre la mesa, sin embargo, cuando Quatre sintió el peso del cuerpo de su cliente encima del suyo, vio que le observaba fijamente a los ojos, no dijo nada, solo intentó bajar más su rostro para besarle, pero el rubio giró su cabeza hacia un lado y el cliente se detuvo, sin dejar de observarlo



Si puedes evitarlos, mejor – pidió tranquilo, sintiéndose un poco nervioso, en realidad cuando iba con sus clientes por un servicio de ese tipo, ellos solían evitar los besos en la boca, buscando zonas más apropiadas o simplemente buscando solo el contacto sexual por el que pagaban, eso para el rubio estaba bien, porque se consideraba tan solo un objeto, después de todo era parte de aquel convenio cliente-acompañante



Comprendo – Trowa lo siguió mirando por más tiempo, y creyendo Quatre que había acatado la petición volteó de nuevo, solo para ver con sorpresa como los labios de su cliente se encontraban con los suyos. Aquel detalle fue el que hizo que Quatre supiera que Trowa era diferente a los demás clientes, que le trataba como a un ser humano, y por mucho tiempo así fue, sin embargo ahora sabía que solo era para ganarse su confianza, para que poco a poco se enamorara de él y poder usarlo para sacarle información. Ahora era tarde, cerca de él tenía a un supuesto Trowa Barton, cliente de Monsieur y el primer hombre de quien se enamoraba, pero era una farsa, se trataba de Tritón Bloom, detective y el primer hombre que le había roto el corazón. Lo único que quería en ese instante era desaparecer.







La suerte para Wufei no sonreía tampoco, ni siquiera de una manera cínica, simplemente no le sonreía y en esos momentos se sentía enclaustrado, pero no solamente por el hecho de que literalmente lo estaban, sino porque se lamentaba de haberse dado cuenta demasiado tarde de sus verdaderos sentimientos hacia Treize, y es que siendo él una persona testaruda, no estaba de menos esperar que así sucederían las cosas, sin embargo el hecho de estar consciente de ello no le hacía sentir mejor. Su mirada azabache se posaba discretamente sobre la figura solemne de quien hasta hace unos momentos aún fuera su jefe, sin que el aludido se diera cuenta. Aquellos ojos casi fríos no lograban apartarse, aquella situación le traía viejos recuerdos, no porque ellos tuvieran que ver con lo que sucedía en esos momentos, simplemente su memoria hacía honor a momentos que aún hace un par de horas le parecían insignificantes, como aquel día en que había aceptado el empleo en esa casa de citas.



Habían pasado exactamente un año y ocho meses desde aquel día, pero en su mente pululaba el recuerdo como si hubiese sucedido hace unas semanas. El día en general no había traído consigo notas escandalosas o interesantes, todo apuntaba a que sería un día como cualquier otro, y en teoría lo era, porque a temprana hora había salido de su pequeño departamento rumbo a su aburrido empleo como mesero en un reconocido Restaurante de la ciudad. Wufei gozaba de una popularidad aceptable entre las chicas que trabajaban en el mismo lugar, y él, como todo casanova no dejaba escapar a ninguna, aunque en particular todas le daban lo mismo, siempre había tenido tendencias misóginas, las cuales nunca había negado, es por eso que su vida era de lo más aburrida, nunca le costaba ningún trabajo llevar alguna mujer a su cama, así que la vida se burlaba de él no poniéndole retos



Todas son tan idiotas – gruñó al oír el cuchicheo de algunas de sus compañeras, hablando sobre tonterías superficiales mientras le miraban con sonrisas absurdas, aun así él hacía gala de sus dotes y con hipocresía les saludaba. Pero ese día la suerte estaría de su lado en un modo distinto, empezando irónicamente de una mala manera, recordaba haber visto entrar por la puerta principal a una pareja que le llamó la atención, se trataba de una mujer y un hombre, ella, toda una dama en apariencia, vestida como una gran ejecutiva, de esas que no pierden la feminidad al entrar en un traje sastre, usaba gafas frente a una adusta mirada y su cabello castaño oscuro estaba suelto de forma desenfadada sobre sus hombros; en ese momento Wufei pensó que era una mujer muy atractiva e interesante, ahora sabía que no se había equivocado. Su acompañante, un hombre sumamente atractivo vestía de forma más casual, con ese aire que dan las personas Snob de algún lugar residencial, a diferencia de su compañera, los ojos azul profundo se encontraban al desnudo, al igual que la mirada intensa que bien hacía gala del hermoso color que la acompañaba



Atiéndelos bien – dijo su jefe por detrás del hombro de Wufei, él giró levemente su cabeza hacia él y sin entender porque tanto interés obedeció enseguida, acercándose a la mesa que habían tomado. Mientras avanzaba hacia la mesa, a Wufei le dio la impresión de que se trataba de unos importantes ejecutivos que eran buenos clientes del local, aunque ahora sabía que la verdadera razón del interés de su ex jefe porque les atendiera bien, se debía a que el hombre era un cliente frecuente de Monsieur, varias veces le tocó el desagradable escenario de tenerlo cerca



Bienvenidos – dijo amablemente, fijando su penetrante mirada en la mujer, la cual se dio cuenta del interés y sonrió un poco, después Wufei entregó un par de menús a la pareja



Si me permiten recomendarles la especialidad del Chef, él día de hoy… –



Veremos el menú – interrumpió abruptamente el hombre apuesto, los ojos negros no tardaron en posarse sobre los azules que le observaban cínicamente, Wufei recordaba claramente la sensación desagradable que Treize le había causado en esa ocasión, incluso de haber sido posible le asestaría un golpe, porque su orgullo había sido aplastado, sin embargo se limitó a toser discretamente



Lo lamento – se disculpó de mala gana, parecía tranquilo, pero por dentro se moría de rabia, además para colmo, una sonrisa de satisfacción surcó el rostro hermoso del hombre, haciendo que Wufei se sintiera nuevamente humillado



Déjalo tranquilo – comentó Lady aunque se mostraba un tanto divertida, su expresión facial casi mostraba una sonrisa. En aquel momento Wufei sintió tanto coraje que estuvo a punto de armar una revolución y lanzarse a golpes no solo sobre el hombre apuesto, sino también sobre la atractiva mujer



Está bien, solo porque sé que gozas de quitarme mi único placer – de forma descarada los ojos de Treize recorrieron lo que alcanzó a ver del cuerpo del mesero, haciéndolo sentir demasiado incómodo, tanto que recordaba que sus piernas habían temblado, en esos momentos maldijo una y otra vez al hombre. Solo ahora comprendía y se apenaba de haber hecho lo mismo tantas veces con muchas mujeres



Me retiro, vuelvo en unos minutos a tomar su orden – aún con autocontrol logró decir esas palabras, dio la espalda e intentó alejarse, pero antes de dar el segundo paso la puerta se abrió de golpe, entrando por ella un hombre bastante molesto, a su lado iba una muchacha temerosa, no parecía pasar de los diecisiete años, y la cual al ver a Wufei levantó la mano y le señaló enseguida, el hombre volteó y con rapidez se acercó a un desconcertado chino que apenas si logró arrugar la frente cuando un puño se estrelló contra su cara, al instante el delgado cuerpo cayó en el suelo cerca de las patas de una silla donde estaba sentada una mujer gorda, la cual echó un exagerado grito de espanto. Todo el Restaurante pareció congelarse e instantes después comenzó el cuchicheo mientras algunos curiosos se levantaban de sus asientos para ver al chico que acababa de ser atacado



¡Levántate degenerado! – gritó el hombre más que furioso mientras se sobaba el puño utilizado, preparándose para el segundo golpe, pero Wufei no era para nada débil, solo había sido atacado desprevenido. Sin problemas se puso de pie, mirando con desprecio a su atacante, después miró unos instantes a la asustada chica y gruñó apáticamente



¿Qué mentira le inventaste? – preguntó con desdén, pero su comentario solo hizo enfurecer más al hombre, el cual enseguida se acercó con el puño levantado dispuesto a golpearlo, pero ésta vez Wufei lo vio venir y con maestría detuvo el puño con la mano izquierda, aprovechando la posición en que había quedado su agresor para darle un fuerte golpe en el estómago, éste se dobló por completo sin lograr un grito pues se le salió por completo el aire, la chica gritó mientras el hombre caía de rodillas sujetándose la parte lastimada, el jefe no tardó en acercarse, mirando preocupado al hombre herido en el suelo a quien Wufei miraba con desprecio



¿Eres estúpido? ¡Estás despedido! – decretó molesto y preocupado, la mirada de Wufei daba a entender lo poco que le importaba, con discreción acomodó sus ropas y antes de caminar sintió que le miraban, así que volteó a su lado izquierdo, ahí seguía Treize, mirándolo fijamente, sus ojos azules reflejaban algo que en aquel entonces Wufei repudió por completo, en ellos había deseo. Fingió no darle importancia y mientras caminaba se quitó el delantal, arrojándolo después al suelo, molesto salió del local, metió sus manos en los bolsillos y caminó como si nada hubiera pasado, a pesar de que su labio inferior sangraba



¡Espera! – oyó la desagradable voz del hombre del Restaurante, muy a su pesar se detuvo, aunque no volteó hacia atrás



Ya no tienes trabajo – comentó el hombre, Wufei casi sonrió ante aquellas palabras, se dignó a voltear, topándose de nuevo con los profundos ojos azules



Eres observador – se bufó con fastidio, sacando después su mano derecha del bolsillo y acomodándose los cabellos atrás de la oreja, Treize le observó unos momentos y no resistiéndolo por mucho tiempo, estiró su mano e imitó el movimiento del ex mesero, acomodando sus cabellos atrás de la oreja izquierda, no perdiendo la oportunidad de acariciarle después la mejilla. Rápidamente a la defensiva Wufei le apartó con brusquedad la mano, observándolo con verdadero odio



Vete al diablo – dijo antes de girarse sobre los talones y alejarse del extraño sujeto



Trabaja para mí – oyó nuevamente la voz a su espalda, Wufei se detuvo ante la oferta (no podía darse el lujo de dejar de tener ingresos), se giró de nuevo hacia el apuesto hombre, él se acercó otra vez, sacó una tarjeta y la extendió hacia el muchacho, los ojos negros la miraron unos segundos antes de agarrarla y leer Monsieur con letras grandes, abajo un simple teléfono y una dirección, Wufei levantó la mirada con desconfianza



¿De qué se trata? –



Es una casa de citas – contestó tranquilamente. Con el antecedente de las sinuosas miradas de aquel hombre, enseguida el rostro de Wufei enrojeció y molesto aventó la tarjeta hacia Treize, la cual él no agarró y cayó al suelo



Idiota – enojado intentó darse media vuelta, pero en esa ocasión fue detenido por la mano de Treize alrededor de su antebrazo, la mirada era seria y decisiva; aún ahora Wufei recordaba el extraño escalofrío que sintió al verla



No es lo que piensas, no se trata de nada gay, claro, a menos que así lo quieras, incluso el sexo es opcional, y por lo que vi, se te da bien eso de tener contentas a las mujeres, bueno, por lo menos no en un plano sentimental – observó el hombre con astucia, recordando el incidente de pocos minutos atrás, Wufei le miró fijamente, como si quisiera estudiar sus facciones, como si pudiera leer la mente de aquel hombre para comprobar que sus palabras eran ciertas. Después de unos instantes de silencio, Treize sacó otra tarjeta y se la entregó a Wufei



Piénsalo, si te llama la atención entonces te estaré esperando – la última mirada y la última sonrisa que le mostró Treize a Wufei ese día aún reinaban entre los recuerdos que el chino tenía de su ex jefe, porque aquellas le habían dejado muy en claro sus pensamientos, Treize estaba más que seguro de que no sería la última vez que se verían, pero también explicaban que él no se daría por vencido hasta hacerlo suyo. Ahora que la mirada cálida de Wufei observaba a Treize es que se daba cuenta de lo agradecido que estaba de haberlo conocido y de lo triste que era saber que no le volvería a ver.







En esos momentos Duo no podía pensar en otra cosa que no fuera la terrible situación, pero más que lamentar el hecho de pasar una temporada encerrado en una cárcel, se sentía angustiado porque ya no sería capaz de ver a Heero, aun cuando sabía perfectamente que eso era lo mejor, terminar con la situación que estaban viviendo desde hace un par de semanas, Heero le pertenecía a la jovencita que había ido una noche a encararlo, a decirle que ellos tenían un compromiso formal y que su supuesto cliente no quería nada serio con él como muchas veces había insinuado



Es lo mejor ¿cierto? – sus amigos estaban a su lado, lo oyeron, pero ninguno se había dignado a responderle, tanto Quatre como Wufei estaban ensimismados con su propio drama. Duo guarda silencio después de eso, sabía que las palabras que pudiera decir en esos momentos no tendrían valor, así fueran de arrepentimiento o esperanza, nada de lo que dijera importaría, nada trascendería. Su mirada violeta se fija en Heero, quien consultaba su reloj de cuando en cuando, estaba a escasos cinco metros de él, lo suficiente para ver a la perfección los rasgos de su rostro, atractivo, quizás un poco más que la primera vez que lo había visto, esa idea le traía viejos recuerdos, todo se remontaba hacía dos años atrás, cuando en un conocido Bar le había visto



Recordaba claramente cuando había entrado en el local, esa noche de viernes había decidido que se relajaría, tomaría un par de copas solo y después regresaría a su departamento, aquella rutina la repetía una vez al mes, jamás había pensado que esa noche en particular resultaría en un cambio a su vida, ni siquiera cuando había entrado, dirigiéndose hacia una pequeña mesa que solo tenía dos sillas, el encargado de atender las mesas no tardó mucho en acercarse para tomarle la orden, Duo pidió una copa de vino tinto, su bebida favorita, habiéndose retirado quien le atendió, su mirada captó algo en particular, en la barra frente a su mesa se encontraba un hombre, del lado izquierdo del Bar, se mostraba absorto en la copa que tenía enfrente suyo, la observaba como si dudara en tomarla o no, pero no era eso lo que había llamado su atención, sino ese semblante de soledad y vacío, una expresión que jamás había visto en nadie, jamás había creído que la vería en un sujeto tan apuesto como él, aunque no estaban del todo cerca alcanzaba a distinguir algunos rasgos, como los hermosos ojos color azul, atrapados en la mirada que le había llamado la atención; la piel morena del hombre contrastaba a la perfección con el color de ojos, haciéndolos resaltar; además de la piel, poseía un cabello singular, con aire desarreglado que para nada la hacía ver mal, también haciendo contraste con el traje que llevaba puesto, parecía como si trabajara en alguna oficina, de hecho habría jurado que había estado ahí antes que en el Bar



Duo sonrió, estaba interesado en ese hombre, le había gustado bastante, aun cuando ignoraba todo lo relacionado con él, sin duda era el tipo de hombres que le gustaban. Después de unos momentos de mirarlo, observó como llamaba la atención del barman, éste se acercó con una botella en mano y llenó la copa del atractivo hombre, Duo miró con interés como éste observaba la copa, como si dudara nuevamente en beberla, al cabo de unos segundos vio como levantaba la copa y poco después bebió por completo el contenido, eso le sorprendió, aunque le ayudó a comprender que se encontraba afligido, quizás con una situación personal. El hombre bajó enseguida la copa, depositándola con fuerza sobre la barra, como indicando que sería la última, poco después se dio cuenta que no se había equivocado, pues giró su cabeza hacia el lado izquierdo, como buscando al barman, al no encontrarlo el hombre volteó hacia la derecha, Duo enseguida movió su cabeza para que no descubriera que lo observaba, pero lo sintió inútil, se dio cuenta que ahora la mirada azul estaba sobre la suya, así que volteó nuevamente, topándose directo con los ojos azules, dándose cuenta que se veían más hermosos de ese modo



La expresión del hombre era ininteligible, parecía como sorprendido, pero iba más allá de eso, Duo le sonrió por amabilidad, aunque debía admitir que por breves segundos sintió algo de nerviosismo, así que dio un nuevo sorbo a su bebida y después de dejar sobre la mesa la copa que antes poseía en sus manos, se puso de pie, resuelto a acercarse a la barra donde estaba el otro hombre, se sintió intrigado, quería saber cosas de él. Al llegar a su lado tomó asiento en el banco de la derecha, el otro parecía sorprendido, quizás también nervioso, lo miraba fijamente, como si quisiera hablar, pero al no hacerlo él se le adelantó



Buenas noches – saludó cortésmente, volviendo a sonreír



Bue… buenas noches – contestó mostrándose intranquilo, quizás por el resultado de haber bebido un par de copas. Después de eso no volvió a hablar, Duo encontró la situación algo extraña, tal vez había interpretado mal la mirada azul, era probable que ese hombre no quisiera ninguna clase de compañía, el trenzado recordaba claramente lo difícil que le resultó en esos momentos saber que decir, observaba a Heero fijamente, como si mirando su rostro pudiera leer en su mente las intenciones que tenía



¿No hablas? – se animó a preguntar después de incómodos minutos de silencio



Dis… discúlpame – respondió rápidamente, aún nervioso, aunque Duo nunca supo a que se debía tanto titubeo, en esa ocasión pensó que ese hombre era muy introvertido



No te preocupes, aunque no hables me pareces lindo – se animó a decir, usando un poco de malicia en su tono, dándose cuenta de forma divertida como el rostro moreno adquiría un leve color rojo, entonces supo que no se había equivocado en hacer ese comentario, el hombre lo miraba incrédulo, como si nadie antes lo hubiera halagado. La mirada violeta se acentuó de forma cautivadora, Duo acercó su mano a la de Heero que reposaba sobre la barra, tomándola después entre la suya, sin dejar de mirarlo a los ojos, provocándole desconcierto, lo notaba en su rostro



Está fría – le dijo suavemente, causando en el extraño una reacción inmediata, pues cuando dirigió esa fría mano a su cálido pecho, el hombre se acercó a él, dispuesto a besarlo, pero él le detuvo antes de que lo lograra, colocando su índice derecho sobre los labios de Heero para sellarlo, los ojos azules se abrieron un poco más, sorprendido de que hubiera sido detenido



No eres de aquí ¿cierto? – preguntó Duo de forma traviesa



Es verdad – contestó el hombre, encontrándose descubierto, volviendo a sonreír Duo, soltó su mano y con la derecha apoyada del codo sobre la barra sostuvo su cabeza para observarlo fijamente



Eres realmente hermoso – oyó de labios de Heero, como si aquellas palabras le picaran en la boca desde hace varios minutos, no podía negar que en esos momentos no sintió mucho halago, estaba acostumbrado a los cumplidos de ese tipo y no resultaban tener siempre el mismo efecto, en ese caso no lo esperaba



Gracias – respondió de forma cortante, sin embargo no pudo evitar sonrojarse, decidiendo no abandonar la expresión que hasta entonces había mantenido, logrando así que ese hombre no dejara de estar cautivado, no le era difícil comprenderlo. El silencio les hizo compañía nuevamente, pero el trenzado no tenía deseos de irse, aun cuando las cosas no parecían ir muy bien



¿Sabes?... desde antes que tú me vieras a mí yo te miraba a ti y me pareciste lindo – dijo al fin, logrando captar la atención del hombre nuevamente



¿De verdad? No te creo – respondió sin titubear, mostrando incluso una enigmática sonrisa, Duo en esos momentos jamás habría creído que lo vería sonreír, sin duda estaba encantado con la expresión, el hombre se veía aún más atractivo



De verdad, me preguntaba que hacía alguien como tú en un Bar como éste – insistió, mostrándose ahora más interesado, sentía que ahora rota la última capa de hielo podían entablar una conversación decente, no se había equivocado, a partir de ese momento no dejaron de platicar, quizás eran tonterías, pero con eso lograban conocerse un poco, aunque a ninguno de los dos se les ocurrió preguntar el nombre del otro, ahora en la actualidad Duo se preguntaba si ese pequeño error no se hubiera presentado, las cosas entre ambos habrían sido distintas, pero sabía que no había respuesta para algo que no se podía cambiar. Después de un par de horas de charla, el Barman se acercó a ellos y les indicó que la hora de cerrar había llegado, el trenzado miró su reloj y notó que eran las 2 de la madrugada, la mirada violeta se apagó entonces, la estaba pasando tan bien que no quería que terminara, aunque sabía que debía suceder así, observó que el atractivo hombre pagó la cuenta de ambos



Bien, supongo que eso es todo – comentó Duo, cabizbajo, se había levantado del banco en el que antes estaba sentado, no quiso decir nada más, así que le miró por última vez para despedirse, después le dio la espalda y comenzó a avanzar hacia la salida



¿Quieres acompañarme a mi hotel? – escuchó de repente por parte del otro, logrando que se congelara, como si su cuerpo no respondiera a ningún estímulo que no fueran esas palabras, sintió que su corazón se aceleraba, también se había quedado mudo, era la primera vez que se encontraba ante una situación tal, por el momento no tenía ninguna pareja, llevaba meses sin una, hombre o mujer, no obstante, su condición de no tener ningún compromiso no indicaba que debía irse con cualquier desconocido a algún lugar más privado, sin embargo algo le decía que si contestaba que No, entonces iba a arrepentirse de por vida, ahora es que Duo comprendía que había sido al contrario, haber aceptado fue el peor error de su vida



Perdóname yo... –



Si quiero – se apresuró a contestar, antes de que Heero se arrepintiera, en esos momentos no supo que impulso lo llevó a decir que Sí, solo sabía que no debía decirle que no, aun cuando no concebía la idea, ni siquiera estaba excitado, solo había decidido que quería estar con ese hombre. Esperó unos segundos sin moverse, unos cuantos más y Heero llegó hasta su lado, entonces comenzaron a caminar hacia fuera del Bar, rumbo al Hotel donde estaba hospedado aquel desconocido. Mientras se dirigían hacia su destino, Duo no pudo hablar, quería preguntarle su nombre, seguir conociendo de él, pero en la garganta morían todas sus palabras, tampoco sus ojos eran capaces de voltear a verlo, ni siquiera cuando habían subido al elevador, en ese pequeño espacio solo podía ver las puertas enfrente de él, solo podía oír su propia respiración. Cuando llegaron a la habitación Duo entró primero, dirigiéndose enseguida hacia la cama, sentándose en ella y admirando su alrededor



Agradable hotel – dijo con convencimiento, nunca había estado acostumbrado a lujos de ningún tipo



Gracias – escuchó la respuesta por parte del otro. Los dos se quedaron quietos sin saber que hacer, Duo vio después que Heero se quitó el saco y lo aventó a una silla cercana a él, vio la trayectoria de la prenda de vestir, sintiendo un pequeño vacío en el estómago, sin duda estaba nervioso, nunca había hecho algo así, sin embargo nunca había tenido tanto deseo de ponerse un reto. Miró los ojos azules y se puso de pie, acercándose al extraño, estando frente a él cerró enseguida los ojos, acercando más su cuerpo, sintiendo los delicados brazos del hombre rodearle la cintura, después los suaves labios sobre la piel de su cuello, haciéndolo estremecer, poco a poco comenzó a subir, llegando por fin a su boca, atrapándola con la suya, Duo recordaba claramente la sensación que tuvo, como si el tiempo se hubiera detenido de forma caprichosa solo para que él disfrutara más que nunca de un sabor antes no experimentado, pero como todo buen momento llega a su final tuvieron que separarse, la mirada violeta y la azul volvieron a cruzarse, Duo tomó la mano de Heero y lo jaló hacia la cama, mientras avanzaba se desabotonaba la camisa de seda roja que traía puesta, a la vez que no apartaba su mirada de la del otro



El trenzado recordaba esa noche con más detalle del que Heero pudiera tener, él solo había tomado dos copas, por eso recordaba cada nuevo cosquilleo, la delicadeza del hasta entonces extraño para despojarlo de la ropa, para soltar su largo y sedoso cabello, recordaba a detalle cada beso, cada mirada, todas las caricias, recordaba la calidez del cuerpo abajo del suyo, la mirada que le dedicaba al observar con vehemencia cada expresión de placer en su rostro, recordaba la agradable sensación de recorrer con sus manos el fuerte pecho de Heero



¿Me dirás... tu nombre? – escuchó claramente la voz de Heero mientras ambos se perdían en una batalla entre el placer y la razón



Duo... Maxwell – respondió casi rendido, agachándose ligeramente hacia el frente sin dejar de moverse, apretando sus manos sobre el abdomen de Heero, exclamando el último gemido mientras sus músculos se tensaban por última vez. Su frente se topó con el hombro del extraño, sintiendo su respiración, después las manos acariciándole la espalda



Me llamo Heero – dijo con voz suave, Duo levantó un poco su cabeza y le observó, tenía los ojos cerrados, parecía más dormido que despierto



Mucho gusto – respondió débilmente, besándole después la mejilla, pero ya no hubo respuesta, el hombre atractivo del Bar se había quedado completamente dormido, Duo sonrió y tomó una nueva posición acostándose sobre el cuerpo desnudo de Heero, se acurrucó en él y también cerró los ojos, tardando un poco en quedarse dormido. Había pasado una noche increíble aquella vez, nunca antes le habían hecho sentir tan bien, sin embargo Duo no fue capaz de quedarse



A la mañana siguiente despertó muy temprano, encontrando a Heero aún dormido, recordaba que había tenido una agradable sensación en la boca del estómago, lo había observado dormir por unos momentos, después se dirigió al baño y se duchó, al salir volvió a mirar a un dormido Heero, fue en ese momento que decidió que debía dejar las cosas así, después de todo no sabía qué tipo de vida tenía ese hombre y sí él era capaz de entrar en ella, por eso decidió irse antes de que despertara, por curiosidad abrió su cartera para ver alguna credencial y comprobar si había dicho la verdad acerca de su nombre, sonrió al saber que no le había mentido y devolvió la billetera, se acercó nuevamente a Heero y le besó sobre los labios



Adiós – dijo de forma triste, acariciando después los cabellos alborotados, le dio la espalda y se marchó. Duo no podía olvidar la gama de sentimientos encontrados que tenía en esos momentos, maldecía la decisión que había tomado con respecto a no esperar que Heero despertara, ahora en la época actual maldecía el hecho de haberle dicho que sí a su propuesta, de haber ido al Hotel de un extraño, maldecía el hecho de haber conocido a Heero, sin embargo bastaba un pequeño gesto para darse cuenta que no era eso lo que realmente pensaba. Ahora es que lo sabía, ahora que la puerta se abría de nuevo, entrando por ella un par de policías, cargando esposas entre manos



Permanezcan todos en sus lugares – indicó uno de ellos, haciendo después una seña la cual dirigió al grupo recién llegado, acercándose después hacia Trowa al cual saludó de mano, pero la mirada de Duo no se apartaba de la mirada de Heero, que ahora lo miraba con tristeza, un hombre se dirigió al trenzado y le sujetó los brazos por atrás, Heero no se pudo contener y enseguida se acercó a él mientras el hombre cerraba las esposas en las muñecas de Duo



Duo – la voz preocupada de Heero hizo sentir bien a Duo en cuestión de segundos, pero estaba más que decidido, no se arrepentía de nada, de haberlo conocido, de haberlo amado, incluso de haberlo perdido, esa era la mejor opción, él iría a la cárcel y Heero tendría su vida normal de nuevo, al lado de aquella chica



No te acerques – por primera vez Duo lo miró sinceramente, sin hacerle pretender que era un ambicioso superficial, el policía se detuvo, concediéndoles la despedida



Te sacaré de ahí –



Aquí se termina, sé feliz con ella y olvídate de mí – dice con voz suave y mirada fija, sus ojos se comienzan a cristalizar



Pero… - con las manos sobre las mejillas de Duo se acerca y lo besa, olvidándose de todas aquellas palabras crueles que le había escuchado minutos atrás, intentando con ese beso también borrar las que él había dicho al trenzado



Adiós – la expresión de Duo era igual que la de aquella mañana cuando había dejado dormido a Heero en el Hotel. Una sonrisa se forma en sus labios antes de girar su rostro para evitar la mirada azul, Heero no alcanza a decir nada más y solo observa como Duo es alejado de él. A lo lejos Trowa había visto la escena, dirigiendo después la mirada hacia Quatre, el rubio miraba expectante como todos sus compañeros eran atrapados menos él, en sus ojos se podía notar la incertidumbre, hasta que ve la presencia de Trowa cerca de él, se acerca más hasta estar frente a frente, sujetándolo de la camisa con fuerza, mirándolo a los ojos



¡No lo puedes evitar! – le grita molesto, pero no recibe respuesta



Lo siento – con la mirada fija en el rubio hace una seña levantando la mano por encima de su cabeza, enseguida se acerca uno de los policías que habían entrado después



Dame unas – ordena refiriéndose a las esposas, Quatre ve con asombro como el policía se las entrega y Trowa coloca solo una en su antiguo acompañante



¿Qué haces? – pregunta desconcertado, Trowa jala a Quatre hacia la barra de bebidas del local, en la estructura había varios tubos que abarcaban del suelo al pequeño techo, en uno de ellos cierra el otro extremo de las esposas, Quatre mira sorprendido, después voltea hacia Trowa



Te quedarás aquí hasta que todo se calme –



No, no puedes… -



No te veré encerrado ¿entiendes? – interrumpe abruptamente, haciendo que Quatre se sorprenda aún más, quedándose mudo, Trowa se acerca e intenta darle un beso pero rápidamente el rubio se voltea para evitarlo



Déjame solo – dice por fin, Trowa lo observa unos momentos antes de marcharse silenciosamente, Quatre mira de soslayo cuando su ex cliente se marcha, dejándose caer de rodillas al suelo, comenzando a llorar







Uno a uno los coches patrulla se van alejando, llenos de acompañantes, solo los clientes estaban aún en el local y también los dueños, Trowa se había quedado pero Catherine se había marchado para supervisar la llegada de los acompañantes. Momentos después comienzan a sacar de ahí uno a uno a los clientes y llevárselos, quedándose ya solo los dueños de Monsieur, Quatre, Trowa y el hombre que había llegado con los refuerzos



¿Qué esperan? – pregunta enojada Lady, dirigiéndose especialmente a Trowa, no precisamente con una amigable mirada a cuestas



Ustedes vienen conmigo a la comisaría, a partir de hoy todas sus cuentas bancarias están congeladas mientras continuamos la investigación, todo el proceso se les explicará a detalle posteriormente – responde secamente, dirigiendo miradas discretas a Quatre, quien parecía más calmado, mirando el suelo, después da una indicación a su compañero y éste se lleva a ambos dueños. Trowa se acerca tranquilamente al rubio mientras busca la llave de las esposas, abre la que está alrededor del tubo y la coloca en su muñeca derecha, apenas Quatre levanta la mirada, topándose con la de Trowa



¿Ahora me vas a secuestrar? – pregunta burlonamente, mirando con dureza al policía, pero él no responde, solo da un tirón a las esposas al momento de levantarse, haciendo que por consecuencia el rubio también se ponga de pie



Vamos a mi oficina, hoy será una noche larga – comenta con seriedad, avanzando hacia la puerta, Quatre le observa fijamente el rostro, sonrojándose después, se sentía confundido, obviamente estaba enojado porque lo habían utilizado, estaba decepcionado porque le habían mentido, y también estaba triste porque sus amigos habían tenido que pagar el precio de su estupidez, sin embargo, había un sentimiento cálido que luchaba por sobresalir de los otros, sabía perfectamente que se trataba de alegría, porque lo que hacía Trowa o como fuera que se llamaba ese hombre, lo hacía porque sentía algo por él, sino no se habría tomado la molestia de procurar no meterlo también a la cárcel, aunque sabía también que estaba mal, no podía ser egoísta, por mucho que significara ese detalle



¿Por qué? – a pesar de sentirse mal, había sentido necesidad de preguntar aquella tontería, pero necesitaba saber, quería saber porque Trowa había hecho todo eso



Porque te amo, te lo dije antes ¿no me crees? – respondió de manera fría, cortante, quería hacerse el fuerte, pero solo él sabía las ganas que tenía por darse media vuelta, estar frente a Quatre y tomarlo en sus brazos, pero sabía que se tenía que contener, por eso ni siquiera se había dignado a mirarlo, no dándose cuenta de la expresión que el rubio había puesto al oír la respuesta



No, no te creo – fue su respuesta, hecha con tono afligido, el resto del camino ninguno habló nuevamente, la situación era tan nefasta que no sabían qué decir, Quatre sabía que lo único que saldría de su boca serían reclamos y Trowa sabía que no quería hablar con el rubio acerca de sus decisiones, ya lo haría en su justo momento







Al llegar a la comisaría, todos los acompañantes son dirigidos a un lugar distinto al que habían enviado a los clientes. En el momento en que habían llegado a hacer la captura no se estaba cometiendo ningún acto por el que se pudieran llevar detenidos a todos los acompañantes, pero aun cuando no se había sorprendido in fraganti a nadie, había orden de detención debido a la investigación previa que habían llevado a cabo Catherine y Trowa, por eso es que habían sido enviados directamente para ocupar una celda. Una mujer sentada detrás de un amplio escritorio registraba en su máquina de escribir los nombres de cada uno de los acompañantes. Tras algunos minutos todos son anotados y llevados a sus respectivas celdas, en la tercera asignación mandan a Duo y Wufei juntos, además de otros cuatro acompañantes, los amigos no habían entablado conversación alguna en todo el tiempo que habían estado ahí, el ambiente era demasiado hostil, uno de sus ex compañeros golpeaba enojado la pared



Yo nunca acepté uno de esos trabajitos especiales – decía enojado, golpeando una y otra vez la pared, Wufei alcanzó a ver algunas manchas de sangre sobre ésta pero permaneció callado



Ya cállate – espetó otro acompañante, molesto por la actitud de su ex compañero



¡No me digas que hacer! – le responde furioso, dispuesto a acercarse y golpearlo, pero antes de que lo hiciera Wufei se mete entre los dos al mismo tiempo que Duo les grita que se detengan, mientras los otros dos les observaban, segundos después un guardia se aparece ante los barrotes de la celda, golpeando estos con su macana, enseguida voltean a verle



No quiero problemas ¿entendieron? – advierte enojado el celador, Wufei se aleja de ellos mientras que Duo solo se voltea a otro lado, los involucrados miran al guardia y sin decir nada captan, moviendo la cabeza para hacérselo entender. Nuevamente el ambiente estaba lúgubre, nadie había vuelto a decir algo



¿Qué nos espera? – pregunta Duo después de minutos de tensión, todos le oyeron pero solo Wufei le responde, acercándose a él



No creo que nada bueno, ese maldito de Trowa, usar así a Quatre – contesta con indignación, cruzándose de brazos, casi al instante ve a Duo ponerse de pie en un salto



¡Quatre! – dice asustado, como si su amigo hubiese desaparecido



Antes de que me llevaran vi que ese imbécil lo esposó cerca de la barra – comenta Wufei para calmarlo, pero Duo vacila unos momentos, como si tratara de asimilar las palabras



Entonces en verdad lo liberó de esto – aunque Duo sintió las miradas de los otros 4 acompañantes, hizo caso omiso de ellas, dirigiéndose solamente a su amigo



Seguramente es verdad y se enamoró de él – expresa de manera acongojada, como si aquello fuera algo malo, Wufei se limita a gruñir, no iba a aceptar nunca que aquel hombre tuviera sentimientos sinceros por el rubio, en esos momentos odiaba a Trowa, porque por él es que ya no volvería a ver a Treize en un largo tiempo







A pesar de que se le había librado de cualquier cargo gracias al intercambio que había hecho Duo con Trowa, Heero se dirige con el encargado de las celdas en la comisaría, exigiendo ver a uno de los acompañantes que habían llevado ahí, sin embargo no era posible y le niegan el acceso, enojado está a punto de gritarle a la persona encargada cuando entran por la puerta principal Trowa y Quatre. Heero no toma importancia al hecho de que estaban esposados ambos y mirando con desprecio al detective se acerca un poco más



Como estoy entendiendo tú les tendiste una trampa – acusa de forma decidida, logrando aparecer una especie de sonrisa en el rostro de Trowa, quien a la vez da un paso al frente para dejar a Quatre un poco atrás



No me importas en lo más mínimo, pero estás hablando de cosas que no sabes – responde seriamente, sin ninguna clase de expresión en las facciones



Libera a Duo – exige de forma molesta, Trowa le mira igual que siempre, pero en cambio Quatre se mostraba sorprendido



No haré eso – sin decir nada más que aquellas palabras en tono seco, Trowa avanza tranquilamente llevándose con él a Quatre, quien al pasar junto a Heero voltea hacia él, topándose con aquella gélida mirada, notando en las manos del chico que apretaba con fuerza los puños.







¿A dónde me llevas? – pregunta molesto el rubio, siendo ignorado por completo



No puedes estar haciendo estas cosas – reclama en el mismo tono molesto, pero nuevamente vuelve a ser ignorado por su captor. Quatre desiste de momento, entonces llegan a una oficina ante la cual Trowa se detiene en la puerta, abre ésta y entra, al pasar Quatre entonces cierra la puerta, dirigiéndose al escritorio del fondo donde se encontraba una placa donde Quatre alcanza a leer “Inspector Triton Bloom”. La mirada aqua se entristece al ver que efectivamente él no era Trowa Barton, el cliente del que se había enamorado



Es tu oficina – comenta indiferente, Trowa que revisaba unos papeles sobre su escritorio voltea al oírle



Necesito que te quedes aquí – del bolsillo de su pantalón saca una pequeña llave con la cual se abrían las esposas



No quiero tu ayuda – dice Quatre antes de que Trowa use la llave



Déjame ir, no soporto verte, eres un mentiroso y ahora quieres dártelas de héroe, no me hagas reír – comenta de forma altanera, mirándolo con desprecio



Aunque digas que me amas no quiero nada contigo, solo quiero que me dejes en paz – sin decir algo Trowa le escucha pacientemente, mirándolo fijo



¿Ahora no dices nada? Vamos ¿Qué ganas con esto? ¿Acaso quieres limpiar la culpa que sientes? No seas ridículo – realmente indignado lo mira duramente, aunque sus pensamientos en ese momento distaban mucho de concordar con aquella mirada



No espero nada a cambio, te lo dije, solo no quiero verte dentro de la cárcel, ya que pase todo esto sigue con tu vida como mejor te plazca – responde seca y fríamente, haciendo que Quatre se sienta mal por aquella respuesta. Trowa logra quitar las esposas de las muñecas de ambos



No salgas de aquí, mi jefe no puede verte – informa seriamente, confiando en que Quatre ha entendido su orden, pero cuando da la espalda al rubio éste se acerca hasta donde está Trowa, colocándole una mano en el hombro, entonces el voltea y observa la expresión del rubio, era como si estuviera suplicando que lo dejara libre, Trowa siente grandes deseos de besarlo pero se domina, dándole fríamente la espalda



No salgas – vuelve a pedir y entonces sale de la oficina sin echar algún tipo de cerradura, Quatre suspira resignado, sabía que podía salir de ahí, marcharse, pero algo lo impulsaba a seguir las órdenes del Inspector







Heero se dirige con desesperación al primer lugar que se le ocurrió: la casa de Relena, no tenía en mente nada más que Duo, sabía perfectamente que Milliardo con sus recursos y el interés que tenía por el chico trenzado le ayudarían a liberarlo, no le importaba si así lo perdía o si él resultaba humillado por su anterior jefe, mientras su Duo fuera libre nada más le importaba. Toca el timbre y para su suerte (si así podía llamarle) abrió Milliardo, la expresión que ve en su rostro podía definirse como de repulsión, pero evita pensar en ello e ir directamente al grano con el asunto



¿Qué quieres aquí? – cuestiona molesto el rubio, esperando una excusa realmente buena



Es Duo, debes ayudarlo – responde rápidamente, observando a su ex jefe arquear las cejas, mostrando que no entendía a qué se refería



¿Le pasó algo malo? – pregunta con indiferencia



Está en la cárcel, clausuraron el local – los ojos cobalto observaban sorpresa en la mirada azul celeste frente a él, pero Milliardo no tarda en mostrar su apatía, sonriendo casi por impulso



Vaya, eso cambia mis planes, creo que ya no me sirve – al oír la respuesta de su jefe, Heero siente como si le hubiesen propinado el golpe más duro de su vida, estaba desconcertado, mirando aquella desagradable mueca, sintió que el estómago se le revolvía, el coraje no tardó en dominarlo, reflejándose en su mirada



¿Estás de broma? – inquiere alzando el tono de su voz



Claro que no ¿acaso crees que voy a tomarme la molestia de sacar a un prostituto de la cárcel? Además ya obtuve de él lo que… - antes de poder terminar su asqueroso discurso siente el puño de Heero caer sobre su rostro, no le da tiempo si quiera de reaccionar, tal como había sucedido el día que lo despidió. Por el golpe Milliardo retrocede, intentando incorporarse para estar a la defensiva, sin embargo al intentarlo Heero le sujeta la mano derecha y con su diestra le propina otro golpe, suelta la mano de su ex jefe y con la zurda le da otro golpe al instante, noqueándolo



¡Canalla! – enojado se acerca al rubio que yacía en el suelo



¿Cómo puedes expresarte así? Solo lo utilizaste – grita con furia, dispuesto a volverlo a golpear, pero la voz de Relena desde lo alto de la escalera lo detiene, girando su cabeza hacia ella, la ve sosteniéndose de muletas, observando horrorizada la escena: su hermano estaba acostado en el suelo intentando ponerse de pie y Heero estaba bajo el marco de la puerta abierta, en el umbral, en posición de defensa



¿Qué está pasando? – pregunta asustada, bajando poco a poco las escaleras, Heero se atreve a entrar en la casa, ayudándole a bajar cuando estaba a medio camino, se posiciona al lado de la chica cuando bajaron por completo, Milliardo ya estaba de pie y miraba con rabia a su ex empleado, deseoso de cobrarse, pero Relena estaba a su lado



¡Vete de mi casa! – ordena temblando de coraje, había sido humillado por alguien tan pequeño como Heero, pero él no obedece



Eres escoria, no puedo creer que abandones a Duo y lo hayas utilizado – Relena exclama un pequeño grito el cual Heero no presta atención, pues estaba absorto en mirar con odio a Milliardo



¿Qué pasó? – pregunta preocupada, mirando fijamente a Heero, quien no apartaba la mirada de su ex jefe



Han clausurado Monsieur, los acompañantes han ido a prisión, vine creyendo que él ayudaría a Duo, pero me ha quedado muy claro que solo lo utilizó y que no le importa lo que le pase – a pesar de lo sucedido, Milliardo no oculta su cínica sonrisa, a Heero vuelve a hervirle la sangre, dispuesto a destrozarle aquella mueca con golpes



Hermano ¿cómo pudiste? – la repentina mirada del rubio hace retroceder a Relena



No vale la pena hablar contigo, veré la forma de ayudarle – dice decidido el chico estoico, dándole la espalda a los hermanos, dirigiéndose a la puerta para marcharse



Milliardo, no es justo lo que has hecho, deberías ayudarlo, tú lo buscaste, le pediste marcharte contigo, es muy cruel de tu parte que… - las palabras de su hermano se clavaron en su pecho como un puñal cuando callaron las suyas



Tú cállate ¿Acaso no recuerdas lo que hicimos? – la sangre de Relena baja hasta sus pies, Heero aún no salía por completo de la casa, así que oye claramente lo que su anterior jefe había dicho, se gira en sus talones y observa el pálido rostro de su amiga, sus miradas se cruzan, sembrándose en Heero la semilla de la duda. Ambos callaron y entonces sin decir algo les da de nuevo la espalda y se marcha. La chica voltea para ver a su hermano



¿Qué has hecho? Dijiste algo estúpido, me vas a delatar – acusa la chica con nerviosismo, Milliardo no dice nada, simplemente se limpia el rastro de sangre que adornaba su barbilla y pasa de lado a su hermana, subiendo las escaleras. Relena se queda plantada ahí, lo había percibido en la mirada fría de su amigo, él dudaba y ella estaba segura que era cuestión de tiempo para que Heero investigara y averiguara todo el asunto, la idea de perderlo se hace cada vez más posible y aturdida ya no sabe en que más pensar
Notas finales:
Continúa en Capítulo 16. Absolución

Y con esto he llegado a Pénjamo... Bueno no, llegué donde me quedé desde el 2009 cuando actualicé éste fanfic por última vez. No tengo excusas, es simplemente el paso del tiempo, quizás ni siquiera eso, pero quiero terminar lo que comencé, no sé si lo logre pero haré un esfuerzo. Tampoco tengo palabras para agradecer por tanto tiempo que estuvimos juntos, ustedes leyendo y yo escribiendo, interactuando a través de los reviews, el ahora extinto messenger o por correo electrónico, quizás esos días no vuelvan, pero los valoro mucho y los recuerdo como si hubiese sido hace poco. No tengo más que decir por ahora, solo Gracias Totales b29;
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Noticias
Recopilatorio Gratis "9 sonatas literarias!
Vamos a celebrar el Día del Trabajador con un nuevo libro homoerótico escrito por varias grandes autoras, algunas de las cuales las conocéis porque han publicado algunos de sus trabajos en slasheaven.

Son relatos cortos en los que hay de todo, misterio, romance, aventura… y todos y cada uno de ellos relacionado con una canción.

El título del recopilatorio es “9 sonatas literarias” y aquí os dejo los enlaces desde los que podéis descargarlos gratuitamente. Repito: ES GRATIS. Así que no sé a qué estáis esperando.

9 sonatas literarias


9 sonatas literarias


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--Administrador en 01/05/14 - 09:03 pm 37 Comentarios
Guiones nick
Os pedimos que no utilicéis los guiones a la hora de poneros un nick, ya que está dando problemas cuando se ingresa en la cuenta y hay que cambiar el seudónimo eliminándolo.



Gracias por vuestra ayuda

--Administrador en 06/06/13 - 11:37 am 49 Comentarios
Nuevo libro:
Os queremos anunciar la publicación de un nuevo libro. Una historia original que está realmente bien y que merece que le demos un empujoncito

Esta es la web donde podéis encontrar el booktrailer y también los links donde se puede adquirir “Sangre y acero”

Os dejo un extracto del resumen, para ir abriendo boca: “En Fuego y Acero, la distancia entre el orgullo y el honor, la fuerza y la tiranía, el amor y el odio, queda reducida a cenizas por las intensas pasiones de sus protagonistas, que desafiarán incluso a su propio corazón para forjar su destino."

Fuego y Acero en Third Kind


--Administrador en 31/01/13 - 07:54 pm 123 Comentarios