Con este anillo por lady_chibineko
Resumen: Luke decide que es hora de atar el nudo con Deckard, decisión 120% apoyada por Sam. Sin embargo, antes de aceptar, Deckard piensa que hay que limpiar el camino primero, y revelar algunas verdades. Angst, MUCHO angst... pero con un final feliz. No homofóbicos ni menores de 14 años.
Categorías: Fast and the Furious Personajes: Ninguno
Géneros: Drama, Romance
Advertencias: Ninguno
Desafíos: Ninguno
Series: Momentos Hobbs/Shaw - por Samantha
Capítulos: 1 Completo:Palabras: 6999 Lecturas: 35 Publicado: 06/07/21 Actualizado: 06/07/21

1. Oneshot por lady_chibineko

Oneshot por lady_chibineko
Título: Con este anillo

Autor:
Lady chibineko
(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Miembro de la Mazmorra del Snarry)
(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)

Disclaimer: La franquicia de Fast & Furious es propiedad intelectual de Gary Scott Thompson, Universal Pictures y los respectivos productores de cada película. Esta historia entra después de la película Fast & Furious 8 (The Fate of the Furious) y el spin-off Hobbs & Shaw.

Advertencia: Este es un fic slash, lo que quiere decir relación chico-chico; si no es de su agrado este tipo de lectura por favor no sigan.


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Sam veía a su papá con el orgullo claramente presente en su mirada.

Por fin, luego de 4 años con Deckard, comenzaba a ver las cosas desde el punto de vista de ella. Ese punto de vista en el que Sam pensaba que su papá demoraba demasiado tiempo en llegar al siguiente paso, y que a sus 14 años de vida no dudaba en expresar.

Pero en ese momento en específico, mientras ambos salían de la joyería a donde papá la había llevado con el objetivo de que le ayudase a escoger el anillo con el que le pediría matrimonio a Deckard; Sam no podía evitar la sonrisa que casi partía su rostro en dos mientras por fin sentía que ambos estaban en el mismo carro. Metafóricamente hablando.

El plan era sencillo:

Ese fin de semana, Deckard, papá y ella iban a estar por fin solos en casa; sin tíos o tías visitando, sin la abuela o nana cayendo de sorpresa (porque sí, la abuela Sefina por fin había salido de Samoa y había ido a visitarlos a Los Ángeles, gracias a que nana Queenie y la abuela Sefina se habían hecho realmente muy buenas amigas, y cuando la británica sugirió un viajecito alrededor del mundo de 4 semanas a su primera consuegra, la matriarca de los Hobbs aceptó para sorpresa de todos y espanto de más de uno... Y fue ridículo el saber que a su regreso a Samoa, los tíos casi se echan a llorar a los pies de su abuela mientras que ésta veía con incredulidad como la casa había llegado a estar a un paso de la ruina, pero esa ya es otra historia).

El punto era, no familiares ni amigos ¡No misiones para papá ni para Deckard! Solo ellos tres y una cena especial hecha por papá (lo cual le ganó un fruncimiento de ceño de parte de Deckard, pero bueno)... y la pedida de mano de parte de ambos Hobbs.

Porque sí, Sam estaba bastante involucrada en la pedida de mano. Ella y papá era un paquete completo, y papá no solo estaba de acuerdo con ese punto de vista de parte de Sam, sino que insistía en que Sam estuviese a su lado en aquél momento crucial.

Y no era como si Deckard no lo supiese, no después de 4 años de risas y llantos, victorias y momentos de frustración, buena salud y también momentos de enfermedad.

Pensándolo bien, la verdad era que Deckard y papá estaban bastante casados a la fecha, solo faltaba hacerlo oficial a los ojos de la ley.

Y eso era justo lo que iban a hacer el viernes por la noche. Y apenas era martes por la tarde... ¡Las próximas 70 y tantas horas se le iban a hacer eternas!

~.~.~.~.~.~


- Debo decir que me sorprendiste, grandote. La comida estuvo buena, muy buena.- comentó Deckard con una sonrisa tras el último bocado del pudín de chocolate que fungía como postre.

- ¿Solo muy buena?- preguntó papá casi haciendo un puchero, y Sam sonrió al ver a Deckard rodar exageradamente los ojos ante la pregunta.

- Muy, muy buena.- rectificó el inglés.

Y papá sonrió tan ampliamente, que hasta la habitación parecía de pronto más iluminada.

- ¿Escuchaste eso, nena? Mi comida estuvo 'Muy, muy buena'.

Esta vez fue el turno de Sam de rodar los ojos, y también de sonreír.

- ¿Y ahora qué? ¿Una película?- preguntó Deckard perezoso, aunque Sam estaba segura de que de un momento a otro se levantaría recoger la mesa y los platos, así como para guardar las sobras en el refrigerador.

Después de todo, cuando Deckard cocinaba, esas eran las tareas de papá o de la misma Sam (lo cual era casi todo el tiempo).

Fue entonces que papá le lanzó la mirada que decía que aquél era el momento preciso, y Sam estaba de acuerdo.

Llevaba AÑOS esperando que aquello sucediese, y esperar a que los platos estuviesen limpios no era una opción.

Escuchó a papá suspirar, lo vio sacar la pequeña cajita de terciopelo negro de su bolsillo e hincarse frente a un Deckard que, aún sentado a la mesa, parecía haber perdido de pronto el aliento mientras la cajita era abierta.

- Princesa... Deckard Shaw, eres todo lo que no creí posible encontrar, y tanto mi vida como la de Sam están mejor contigo a nuestro lado ¿Quisieras?... ¿Te casarías conmigo?- fue la pregunta que Sam escuchó a su padre realizar con voz trémula.

Y entonces... algo pasó.

Por un corto momento, apenas un instante, Deckard pareció casi brillar de felicidad ante la pregunta realizada, al punto que Sam estuvo segura de que el hombre saltaría de la silla directo a los brazos de papá, mientras tenían uno de esos momentos de papás mortalmente embarazosos para cualquier adolescente.

Sin embargo, pronto esa dicha era reemplazada por algo más, algo que hizo que Deckard se cerrase casi en automático, mientras su expresión se tornaba cauta y... ¿adolorida?

¿Era eso posible?

Y al parecer papá también notó aquello, puesto que la sonrisa se le borró de inmediato del rostro.

- ¿Deck?...

- Yo... yo...

La cajita fue bajada lentamente. Sam frunció el entrecejo.

- Cariño, si es demasiado pronto para ti, en verdad lo siento.- comenzó a disculparse papá.

Pero Deckard lo cortó negando con la cabeza.

- No, no es eso ¡Por supuesto que quiero casarme contigo, gran tonto!- inició el inglés, haciendo que la sonrisa volviese a aparecer en el rostro de papá, pero fue cortada de nuevo cuando Deckard continuó con un- Pero...

El inglés aspiró profundo.

Papá volvió a fruncir el entrecejo.

- ¿Pero?- apuró papá a Deckard para que éste continuase.

Entonces Deckard la miró a ella, y esta vez fue Sam quien frunció el entrecejo, confundida ¿Qué podría preocuparle sobre ella a Deckard? ¡Ella era la primera interesada en verlos darse el sí después de tanto tiempo!

- Creo... creo que antes, Sam debe saber cómo nos conocimos. Como realmente nos conocimos.

Sam acrecentó el fruncimiento de su entrecejo ¡Ella sabía cómo se conocieron papá y Deck! ¡Fue cuando tuvieron que ir a rescatar a bebé Ryan de esa mujer que hizo que metieran a papá a la cárcel! ¿Qué más había que saber?

Desvió la mirada de Deckard hacia su papá con el fin de compartir una mirada cómplice con él, pero entonces vio lo pálido y nervioso que papá estaba de pronto y aquello no le gustó para nada.

- ¿Papá?- preguntó sintiéndose nerviosa ella misma de pronto.

Papá la miró y lo observó tragar con dificultad. Algo no estaba bien.

- Deck, cariño.- lo escuchó decir de una manera casi suplicante, algo que no ocurría con mucha frecuencia.

Pero Deckard negó.

- Prefiero que lo escuche de mí, antes que de otra persona.

Y ante la actitud decidida del inglés, papá finalmente asintió, soltando un suspiro.

- ¿Quieres que me quede?- preguntó papá, pero Deckard negó una vez más.

- Tengo que hacer esto yo solo.

Así, finalmente tras un largo suspiro, el hombre asintió y salió del comedor... aunque no llegó más allá de la sala.

En cuanto a Deckard y Sam, el primero mostró una sonrisa tentativa mientras la adolescente lo miraba con un poco de inseguridad.

- Deck ¿Qué está pasando?- preguntó por fin Sam.

- Solo... Mira muñeca, cuando tu papá y yo nos conocimos, no lo hicimos en los mejores términos. Y fue... un tiempo antes de que llegase el pequeño Bryan a la vida de Toretto.

Se dio otro silencio, en el cual era visible como Deckard trataba de encontrar las palabras adecuadas.

Y cuando por fin abrió la boca, lo hizo con una línea que Sam ni imaginó escuchar.

- ¿Recuerdas?... Tu papá me dijo que lo cuidaste en aquella ocasión, cuando cayó de la ventana de su oficina desde el tercer piso. Tenías siete años si no me equivoco.

- Fue del cuarto.- replicó en automático la adolescente.

Deckard sonrió de manera forzada.

- Claro... del cuarto.

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Luke estaba completamente concentrado en admirar el anillo en la cajita entre sus dedos, deseando desesperadamente el ver dicho anillo en la mano del hombre con el que quería pasar el resto de su vida, cuando un grito lo hizo alzar la cabeza de golpe.

- ¡¿Cómo pudiste?!- escuchó a Sam gritar antes de verla pasar como un bólido frente a él, y segundos después escuchar la puerta del cuarto de su hija cerrarse de un azote.

Con el corazón latiéndole en la garganta, volteó la cabeza y se dirigió al comedor, donde por fin vio a Deckard recostado contra una pared del comedor, con los ojos acuosos y una expresión que iba entre derrotada y dolida.

- ¡Oh, princesa!- dijo mientras se acercaba a envolverlo en un abrazo.

Deckard tan solo negó.

- No, está bien. Ya... ya tiene 14, y este es un paso grande. Y después de Hattie, yo... no podría volver a pasar por lo mismo ¿Lo entiendes?

Luke suspiró.

- Si, lo entiendo. No me gusta, pero lo entiendo. Mira, deja que hable con ella, y-

- No.- cortó Deckard a Luke- No ahora. Tal vez... Creo que lo mejor sería darle un tiempo, y algo de espacio. Yo... unos días fuera de aquí tal vez sea lo mejor para todos. No quiero abrumarla.

Luke perdió el aliento.

- ¡Deckard! ¡Esta es tu casa! No tienes porqué irte.

Deckard colocó una mano en la mejilla del otro y sonrió con tristeza.

- Solo unos días... será lo mejor.- se separó de Luke- Iré a preparar algunas cosas en un maletín y... créeme, será lo mejor.

Y Luke vio impotente, como 15 minutos después un devastado Deckard salía por la puerta principal.

Ese día no había ido en absoluto como lo había planeado.

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Había pasado casi una semana desde que Deckard se fuese a pasar 'unos días' a su viejo departamento. Seis días, seis espantosos días...

Luke apenas y había soportado estar en casa sin Deckard al lado.

Y Sam apenas y le había hablado en monosílabos, pero no porque siguiese molesta, o por lo menos Luke no pensaba que su hija en realidad continuase molesta. Si lo estuviese, no habría puerta que se cerrase sin escuchar el golpe hasta el otro extremo de la cuadra. En su lugar, la adolescente apenas y daba señales de vida mientras deambulaba como un fantasma por la casa. Un fantasma triste.

Definitivamente Luke no previó en lo absoluto la situación actual cuando decidió que era hora de atar el nudo con el inglés.

- Hora de ponerle fin a esto.- se dijo el hombre decidido, mientras levantaba el teléfono móvil de la mesa y buscaba el contacto de Deckard. Seis días habían sido más que suficiente.

Encontró el contacto y le dio marcar... y fue enviado al buzón de voz. Frunció el entrecejo y le mandó una mirada de fastidio al aparato.

- ¡Ah, no princesa! Nada es eso...- rezongó en voz baja mientras buscaba el número de la línea fija del departamento de su pareja.

Deckard había insistido en la importancia de tener una años atrás cuando adquirió el dichoso departamento, incluso si ya nadie las utilizaba; y Luke jamás pensó en agradecer tanto las excentricidades de su amado.

Esta vez el teléfono timbró una, dos, tres veces.

- Bueno.- la voz de un Shaw contestó, pero no era la que Luke esperaba.

- ¿Hattie?

- ¡Luke! ¡Ey, grandote! ¿Qué tal todo?

El ex-DSS cerró los ojos con cansancio.

- He tenido mejores días. Pásame con Deckard, por favor.

Un silencio incómodo se extendió.

- Hmmm... No está.

El samoano gruñó.

- ¿Va a demorar mucho? En verdad necesito hablar con él... Necesitamos hablar los dos.

De pronto el hombre escuchó como la respiración de la menor de los hermanos Shaw se cortaba de manera involuntaria, y aquello no le gustó nada.

- Luke- dijo Hattie suavemente, lo cual nunca era una buena señal... en serio, nunca lo era- Deck viajó a Londres el mismo día que yo llegué. Me dijo algo sobre ir a resolver un asunto... pero estoy comenzando a sospechar que no era cierto ¿Qué pasó?

Y Luke tuvo que aspirar realmente hondo para no echarse a llorar allí mismo.

Y quizás, si no fuese porque realmente necesitaba un oído con el cual desahogarse, hubiese agradecido a Hattie la información y luego hubiese colgado; pero el asunto era que no solo había llegado a su límite, sino que hasta lo había rebasado, y necesitaba con desesperación compartir lo que estaba pasando, aunque sea para escuchar a alguien decirle que todo iba a estar bien.

Así que, como una presa rajada y lista para desbordarse, no fue capaz de aguantar ni un segundo más y le contó todo lo ocurrido el viernes anterior a Hattie, con peras y manzanas, y sin guardarse un solo detalle.

Y el resoplido furioso por parte de Hattie no tardó en llegar apenas unos segundos después de que Luke terminase.

- ¡Ese idiota!- expresó la agente de MI-6.

Y Luke no podía estar más de acuerdo.

- No sé que más hacer, Hatts.- añadió Luke con tono derrotado- Creí que iba a ser capaz de resolver esto, pero... ya no estoy tan seguro.

- ¡Oh, Luke!... Mira, no eres tú ¿De acuerdo? Es... son demasiadas cosas, y aunque creo tener una idea de lo que pasa por la cabeza del estúpido de mi hermano, y luego de lo que pasó cuando nos conocimos, tú también deberías de sab- Hattie cortó sus palabras de pronto, y Luke frunció el entrecejo.

- ¿Hatts?

Un suspiro se escuchó del otro lado de la línea.

- Creo que tengo una idea de cómo arreglar esto... estaré allí en unas cuantas horas.- fue la respuesta críptica que recibió el ex-DSS antes de que la llamada se cortara, y Luke se quedase viendo confundido al teléfono móvil en su mano.

Y se concentró tanto en el aparato, que ni escuchó los pasos que se retraían casi a rastras, con dirección a las habitaciones de la familia.

Sam entró en su cuarto con el alma en el suelo, y no pudo evitar que las lágrimas se asomasen a sus ojos.

Deckard se había ido, y toda la culpa era suya y de nadie más.

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Eran casi las 9 de la noche, cuando el timbre del hogar de Luke Hobbs cobró vida, y cuando el hombre fue a abrir la puerta, miró con sorpresa a las personas frente a él.

Por supuesto esperaba a Hattie, y de alguna manera había llegado a pensar en la posibilidad de que la menor de los hermanos Shaw incluyese a Emere en el asunto. La amistad que habían desarrollado ambas con los años se acrecentaba cada vez más y tanto una como la otra se apoyaban en situaciones como la presente.

Lo que no predijo, ni en sus sueños más locos, era la presencia de Magdalene Shaw. Y mucho menos de...

- ¿Mamá?- preguntó el hombre sin poder ocultar su incredulidad y sorpresa- Pero... ¿Cómo?

- Los beneficios de los jets privados.- fue la respuesta que obtuvo de parte de la matriarca de los Shaw- Ahora ¿Serías tan amable de dejarnos pasar o tendremos que pasar por encima tuyo, querido? Estoy bien con cualquier opción.

Aún confundido, Luke se quitó del camino, dejando que las cuatro mujeres entrasen a su hogar.

Finalmente tomó aire para preguntar ¿Qué demonios estaba pasando? En especial porque no podía creer que su madre estuviese allí, de por sobre todas las cosas.

La verdad era que más o menos 8 meses atrás (días más, días menos), Magdalene Shaw había convencido a Sefina Hobbs para que la acompañase a un viaje de un mes por el mundo, lo cual incluía por supuesto Los Ángeles. Y Sefina, poco acostumbrada a la idea de salir de su tierra, fue finalmente convencida ante la perspectiva de incluir tiempo para comprar regalos para sus varios nietos, además de ir a conocer las casas de su hijo Luke y su hija Emere, así como de poder engreír a todos los 4 nietos que tenía en Los Ángeles.

El asunto fue que Sefina y Magdalene (Queenie) la pasaron de maravilla, y que Sefina se sintió relajada como no lo había estado en años ¡Y como bono había pasado 4 días mimando no solo a su Luke, sino también a sus 4 nietecitos! Y por supuesto, Queenie había acaparado a Deckard para ella mientras tanto... y de vez en cuando habían intercambiado a Luke y Deckard entre ellas, donde Sefina había mimado a Deckard y Queenie había aterrorizado a Luke ¡Había sido una parada espectacular en medio de un viaje de ensueño! ¿Mencioné que en los días que pasaron tanto en Tailandia como en Holanda, habían sido mimadas hasta la saciedad y que los masajistas estaban como para morir de un ataque al corazón de lo bien que sabían utilizar las manos? Exacto, así que bueno había sido el mes de relajación.

Excepto que el sueño terminó una vez que volvió a casa y encontró todo patas arriba a y punto de colapsar.

El lugar había quedado a cargo de sus hijos solteros, y estos la recibieron coon un aire que rondaba entre el terror y el alivio, ambas emociones expresadas al mismo tiempo.

Toda la sensación de relajamiento se borró por completo de alrededor de Sefina Hobbs, y luego de decirle a sus hijos, de manera muy detallada, lo que les iba a pasar en caso de volver a dejar su hogar en aquél estado una vez más, procedió a prometerse a sí misma no volver a salir de Samoa a menos que se tratase de una verdadera emergencia.

Al parecer, la situación actual contaba como una emergencia.

Y antes de que Luke pudiese vocalizar una sola letra, Emere se le adelantó.

- Tranquilo Luke, vamos a resolver esto.

- Comenzaremos con una pequeña charla entre mujeres con la joven Samantha, si no te importa querido.- añadió Magdalene sin siquiera detener su paso.

- Oka, trata de ser un buen chico y busca algo que hacer mientras hablamos con mi nieta.- ordenó Sefina siguiendo a Queenie, luego de palmear con cariño el brazo de su hijo.

- Ya escuchaste, grandote. Ve a tomarte una cerveza o algo, esto demorará un rato.- concluyó Hattie finalmente, mientras las cuatro mujeres se perdían de la vista de Luke en tanto avanzaban al interior de la casa.

Luego de un rato, finalmente el hombre tomó su billetera, llaves y teléfono móvil, y cerró con cuidado.

Sea lo que fuese, si Deckard terminaba volviendo a casa, no necesitaba saber los detalles.

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Sam aun encontraba metida en su cuarto, sentada frente al escritorio donde usualmente hacía su tarea, pero esta vez con la mirada perdida en algún punto que no tenía nada que ver con la noche que se extendía al otro lado del cristal de la ventana.

Le dolía que Deckard no estuviese, pero le dolía la idea de verlo también. Le dolía que su papá lo extrañase tanto, y aún más el extrañarlo ella misma. Le partía el alma que el hombre no hubiese hecho más por explicarle lo que le había revelado antes de irse, pero a la vez no quería escuchar lo que tuviese que decir.

Estaba confundida y asustada. Necesitaba entender todo el asunto, pero le aterrorizaba el obtener respuestas.

¿Cómo fue que papá y Deckard terminaron como pareja si es que papá conocía sobre su pasado?

Porque era dolorosamente obvio que papá había entrado a la relación sabiéndolo todo ¡Siendo que papá lo había arrestado antes!

No entendía.

Su papá era la persona más justa y recta que conocía. Le había enseñado a diferenciar entre lo bueno y lo malo, y ella sabía perfectamente a sus 14 años de edad que su papá siempre elegía el lado del bien ¡Él era su héroe! ¡El que siempre atrapaba a los malos!

Entonces ¿Por qué?

Sam gruñó y hundió la cabeza entre sus brazos.

Unos golpes suaves pero firmes en su puerta llamaron su atención.

Miró la hora... 9:02 de la noche, y al día siguiente, viernes, había clases.

- Ya terminé mi tarea, papá. Ya me voy a dormir. Buenas noches.- dijo la adolescente con voz apagada antes de suspirar.

- ¿Crees poder demorar eso unos minutos?- la voz de tía Emere vino desde el otro lado de la puerta, congelando a Sam unos segundos en su sitio, antes de que la joven corriese a abrir la puerta, y al hacerlo no pudo creer lo que veía.

No era solo tía Emere la que estaba allí.

Lágrimas acudieron a sus ojos, antes de aferrarse a su abuela y llorar con lágrimas gruesas y berreando de manera sonora, tal y como había querido hacerlo desde un principio pero que no se había permitido a sí misma.

Sefina suspiró, abrazó a su nieta y con lentitud fue guiándola hasta la cama, con Hattie y Queenie detrás, consciente de que su hija Emere entraría de último y cerraría la puerta con delicadeza. La mujer finalmente tomó asiento sobre el colchón, llevando a Sam a hacer lo mismo, y sobre la cabeza de la sollozante muchacha intercambió una mirada con sus tres acompañantes.

Todas pensaban lo mismo. Luke había sobreprotegido demasiado a su hija, pintándole un mundo de blancos y negros, sin tonos grises de por medio; y ahora eso le estaba pasando factura.

Era hora de abrirle los ojos a Sam sobre cómo era el mundo en realidad, o tal vez no se podría levantar de la siguiente caída, teniendo en cuenta toda la ayuda que parecía necesitar para recuperarse de ésta.

Acarició con cariño la oscura cabellera ondulada de su nieta y esperó a que el llanto menguara, mientras que Hattie acomodaba la silla del escritorio cerca a la cama para que su madre se sentase, justo antes de apoyarse de manera casual contra dicho escritorio. Emere por su lado se sentó en la cama, al otro lado de Sam.

- ¿Terminaste?- preguntó la mujer samoana con dulzura y firmeza, minutos después cuando su nieta finalmente levantó la cabeza.

Sam se secó las lágrimas con las manos antes de asentir.

- Deckard... Deckard, se fue...- dijo la adolescente de manera miserable.

Y allí obviamente continuaba un 'Y fue mi culpa', pero también un 'Era un criminal buscado' y un 'Papá y Deckard me mintieron'.

Sefina suspiró, y no fue la única.

- Creo cariño, que es hora de que te enteres de unas cuantas verdades, porque no es sano el que termines en este estado cada vez que te enteres de algo sobre la familia que no concuerda con los estándares designados por tu padre.

Sam frunció el entrecejo, no muy segura de lo que significaban exactamente aquellas palabras dichas por nana Queenie.

Sefina miró a Emere por encima de la cabeza de su nieta.

- Creo que comenzaremos por tu abuelo ¿Oka?

Y lo que siguió a aquella afirmación, fueron largos minutos de horror en la mente de la joven.

Todos sus tíos tenían un pasado criminal. Incluso su padre lo había tenido siendo apenas mayor de lo que ella era ahora, antes de entregar a su abuelo a la justicia.

¡Y no eran los únicos! Nana Queenie fue una criminal de alto perfil hasta hacia poco... ¿O aún lo era? Y Owen, el hermano menor de Deckard, aún lo era. Pero nadie excepto ella parecía tener problema alguno con la situación.

La muchacha miró a Hattie con desesperación.

- ¿Tú...?- trató de preguntar, pero era obvio que no se atrevía a formular la pregunta.

Hattie suspiró.

- Actualmente soy una agente de MI-6, tal y como lo fue Deck alguna vez; lo he sido por años. Pero la base de todo lo que soy, lo aprendí siendo una pequeña pilla gracias a las enseñanzas de mamá y de mis hermanos, y es por eso que soy tan buena en lo que hago. Piensa como tu presa para ser realmente eficiente.- Hattie hizo entonces una mueca- Alguna vez traté de ocultar eso Sammy, sentí vergüenza... pero con suerte, saqué mi cabeza de mi propio trasero. No tan rápido como hubiese querido, pero lo hice.

Sam abrió los ojos con sorpresa.

- Pero... pero... ¿Deckard fue también agente? Entonces, porqué...

- Fue inculpado, querida. Fue así como lo empujaron al mundo del crimen de nuevo. Se rehusó a unirse a la organización criminal que lo inculpó, pero no por eso iba a dejarse atrapar. Mi Dex es un sobreviviente, e hizo lo necesario para seguir respirando. Así que sí, hizo muchas cosas fuera de la ley, y él mismo nos ha dicho que no se siente orgulloso de muchas de ellas; pero era eso o terminar muerto.

Ante la rudeza de lo dicho por Magdalene, Sam palideció.

- El asunto es pequeña, que nadie en este mundo es perfecto. No hay solo blancos y negros, sino toda una gama de tonos grises en medio; y si quieres sobrevivir, tienes que aprender a vivir con esos grises, y a veces hasta ser uno de ellos.- dijo finalmente su tía Emere.

Sam tragó duro antes de morder su labio inferior.

- Pero... Deckard se fue ¡Y debe de estar furioso conmigo!

La risa sin gracia de Hattie la hizo levantar la mirada.

- Demonios, es como verme a mí misma unos años atrás.- dijo con ironía, antes de continuar- Deck no te odia, créeme. Pueden pasar días, años, una vida entera, y en el momento que decidas que quieres hablar de nuevo con él, estará allí con los brazos abiertos para recibirte, y de paso dispuesto a morir por ti de ser necesario. La pregunta es ¿Quieres dejar pasar una década para comprobarlo? ¿O prefieres vovler a tenerlo en tu vida desde ahora?

El labio inferior de Sam tembló por el llanto contenido.

- Ahora.- dijo la muchacha con la voz baja y acuosa.

Las cuatro mujeres suspiraron aliviadas ante la respuesta.

- Emere, mándale un mensaje a tu hermano. Dile que avise al colegio que mi nieta va a faltar el día de mañana.

- ¿Adónde vamos?- preguntó Sam al ver a su tía cumplir la orden de su abuela.

- A ver a Deckard ¿A dónde más?- respondió Hattie con una sonrisa de lado a lado.

- Pero ¡Está en Londres! Hay que comprar los pasajes, sacar el permiso de mi papá para poder viajar fuera del país...- comenzó a enumerar la chica entre confundida y frenética.

¡Debía de buscar su pasaporte!

La risa cantarina de Magdalene Shaw la detuvo.

- Ay, querida. Nada de eso es necesario conmigo alrededor.- dijo lanzándole un guiño cómplice- Toma una muda de ropa, ponla en tu mochila, y eso es todo. O mejor aún, te podemos conseguir lo necesario una vez que lleguemos allá; después de todo solo tu presencia es necesaria.

Sam exhaló el aire con lentitud.

- Sí hay algo que necesito llevar...- señaló con cuidado- Y me sentiría mejor llevando mi propia ropa para cambiarme.

- Lo que necesites para ser feliz.- respondió Queenie- Ahora, a moverse. Salimos en 10 minutos.

Sam asintió.

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El timbre de la puerta sonó insistente una vez más, lo cual lo hizo fruncir el entrecejo mientras terminaba de despertar.

Aquello era raro, no se suponía que nadie supiese que se encontraba en Londres en aquellos momentos.

Tomó el arma del cajón del velador y se dirigió a la puerta de entrada, alejando de sí los últimos resquicios de sueño.

El timbre volvió a sonar.

- ¡Ya voy!- gruñó sin poder evitarlo.

Y al abrir la puerta...

- ¿Ma?... ¡¿Hattie?! Pero ¿Qué?...- preguntó Owen atontado mirando a las mujeres frente a él.

- Owen, querido; déjame presentarte a Samantha, la nieta de mi buena amiga Sefina.- fue el saludo de la matriarca de los Shaw, mientras señalaba a una mujer madura con rasgos filipinos a su lado.

Y efectivamente había una jovencita junto a las nombradas, así como una mujer con gran parecido a la mencionada jovencita ¿Su madre tal vez?

- ¿OK?... ¿De qué se trata todo esto?

La joven dio un paso al frente, y en un movimiento completamente inesperado, abrazó a Owen, lo cual lo sacó completamente de contexto.

- Es un gusto conocerte por fin, Deckard me ha hablado mucho de ti.- dijo finalmente ésta, dando un paso hacia atrás, luego de finalizar el abrazo.

- ¿Deckard?- preguntó Owen confundido.

La joven, Samantha, asintió.

- Él y mi papá llevan juntos 4 años, y se van a casar pronto. Creo que también conoces a mi papá ¿Luke Hobbs?

Ante la mención del agente Hobbs, Owen se tensó por completo.

- ¡Sí! ¡Ese mismo! El asunto es, que si haces algo para interferir, no vivirás para contarlo ¿De acuerdo?

Otro abrazo.

- ¡En serio es genial conocerte por fin!

Pronto la joven se despedía de un impactado Shaw, y se alejaba de su puerta junto a Hattie y la mujer de la que nunca supo de quien se trataba, quedando frente a él Magdalene Shaw y la tal Sefina, que al parecer era la madre del agente Hobbs.

- Vamos querido, adentro. Espero tengas lo suficiente como para que Sefina pueda preparar el desayuno ¡Muero de hambre! Y Sefina tiene unas manos mágicas. Y mientras tanto, tú y yo vamos a conversar sobre los motivos por los cuales no vas a hacer nada que arruine la felicidad de tu hermano, y aún más importante, el que Samantha se transforme en mi futura y, teniéndolos en cuenta a ti y a tu hermana, posiblemente única heredera.

~.~.~.~.~.~


Sam miró con aprehensión la puerta que estaba delante, y sintió como todo el coraje y determinación que tanto le había costado reunir, de pronto se le escapaban del cuerpo a toda velocidad.

La mano de tía Hattie en su hombro la sacó de sus cavilaciones.

- Vamos nena, tú puedes. Sé que no es fácil, pero si te apuras en tocar el timbre, te prometo que las cosas fluirán y te sacarás todo ese peso de encima.

Y Sam pudo reconocer que su tía hablaba con la voz de la experiencia, así que tomando una temblorosa bocanada de aire, tocó el timbre y fijó su mirada en la puerta, en espera de que ésta se abriese.

Pasó casi 1 minuto antes de que se escuchase sonido alguno del otro lado, y cuando por fin la puerta fue abierta, a Sam se le olvidó hasta como respirar.

De pronto Deckard le devolvía la mirada, y el hombre se veía tan... cansado, perdido y mucho mayor de lo que recordaba.

¿Puede alguien envejecer tanto en tan solo una semana?

- ¿Sammy?- preguntó Deckard con voz rasposa.

Y Sam exhaló el aire con dificultad, lista para contestar algo ¡Lo que fuese! Cuando notó como Deckard miraba a la persona detrás de ella y fruncía el entrecejo.

- ¡¿Qué demonios, Hattie?!- preguntó el inglés furioso, y Sam se sintió perdida.

¿Tanto le molestaba que ella estuviese allí?

- ¡Estamos en un día escolar!- continuó el hombre, y Sam pudo escuchar a tía Hattie bufar ante la frase recriminadora- ¡Y es menor de edad! ¡No puedes ir sacándola de los Estados Unidos así como así! ¡¿Dónde demonios está Luke?!

Sam parpadeó confundida, olvidando de golpe toda su ansiedad.

¿Deckard estaba... preocupado por ella? ¡¿Quería decir eso que no estaba molesto por lo sucedido? ¡¿Que no la había fregado de manera colosal?!

- Tranquilo Deckard, mi hermano sabe que Sam está con nosotras.- fue la respuesta de tía Emere, quien hata ese momento había estado apoyada contra la pared al lado de la puerta, y cuya presencia Deckard ni siquiera había notado.

- Emere...- Deckard reconoció su presencia antes de volver su mirada una vez más hacia Sam.

Sam suspiró y sintió su labio temblar y sus ojos escocer por las lágrimas que pugnaban por salir.

- Lo siento...- dijo bajito.

Y fue como si la barrera entre ella y Deckard se rompiese.

- ¡Oh, muñeca!- apenas musitó el inglés antes de que Sam se fundiese con él en un abrazo.

- Vendremos por la mañana a recogerlos a ambos para llevarlos a casa ¿De acuerdo?- preguntó tía Emere, antes de besar a Sam en la cabeza y apretar con una mano el brazo de Deckard.

- Eso mismo.- corroboró Hattie con una sonrisa pequeña, antes de que las dos mujeres se despidiesen y se fuesen juntas.

Sam se quedó abrazada a Deckard unos segundos más, antes de que el inglés se separase despacio de ella, y con una sonrisa pequeña la guiase al interior del departamento.

Ni siquiera le preguntó, solo la guió hasta la cocina, la sentó en una banca alta situada al frente de la barra que daba hacia donde se ubicaba la estufa, y comenzó a buscar los ingredientes para preparar algo.

El lugar era nuevo para Sam, pero la situación era tan conocida que no pudo evitar sentir la humedad de nuevo empañar su sentido de la vista.

Y sí, tenía hambre; no había comido nada desde el día anterior varias horas antes de salir de los Estados Unidos. Pero habían cosas más importantes de momento.

- Deckard...- llamó por fin la joven al adulto de manera tentativa, y pronto era receptora del 100% de la atención de éste.

Sam lo miró, tomando aire y de paso un poco de valor.

Tragó.

- En serio lo siento.

La mirada de Deckard se tornó infinitamente suave, aunque también mostraba un poco de tristeza, lo que hizo que el pecho de Samantha se contrajese.

- Está bien, Sam. Estás aquí y estás dispuesta a perdonar mi pasado, todo lo demás no importa.- mencionó el hombre con voz cálida.

Y el labio de Sam tembló de nuevo.

- ¡No!- dijo con fuerza, sorprendiendo a Deckard y de paso sorprendiéndose ella misma- ¡Ese es el asunto! ¡No tengo nada que perdonar!... No tenía derecho a juzgar, pero de pronto me sentí tan molesta y...- las lágrimas por fin se soltaron mientras Sam se encogía de hombros.

Deckard, por supuesto, la abrazó sin dudarlo un segundo; y se mantuvo así hasta que la misma Samantha se separó de él una vez más.

- Arruiné toda la proposición de papá. Debía de ser un momento mágico y lo eché a perder.

- Sam... No...

La muchacha sorbió con fuerza.

- Pero pienso solucionarlo. Justo ahora.

Tomó el maletín que había traído consigo y abrió el cierre de uno de los bolsillos pequeños, sacando una familiar cajita cubierta con terciopelo negro.

Deckard miró a Sam con sorpresa.

- Realmente metí la pata el otro día, Deckard; pero si me das la oportunidad, quisiera solucionarlo... Así que- Sam abrió la cajita y sacó el anillo- con este anillo, te pido por favor que nos aceptes a mi papá y a mí en tu vida, para siempre.

- Sam.- musitó el inglés despacio, antes de volver a envolver a la jovencita en un nuevo abrazo y besar su sien, mientras lágrimas corrían libremente por su rostro- Nada me haría más feliz en todo el mundo, muñeca. Claro que acepto.

Sam finalmente se permitió relajarse en el abrazo.

Aunque pronto la tranquilidad entre los dos ocupantes de la cocina fue interrumpida por la protesta del estómago de Sam.

Lo que llevó a Deckard a reír suavemente, mientras se limpiaba las lágrimas.

- ¿Huevos revueltos suena bien para ti? ¿Crepes? ¿Un omelette? O tal vez algo más tradicional, ya que estás del otro lado del charco ¿Tostadas con frijoles horneados?

Sam asintió.

- Eso suena genial.

Con una sonrisa, Deckard volvió a la estufa y comenzó a trabajar en la preparación del desayuno con manos ágiles; de las cuales, la izquierda estaba adornada con el anillo de compromiso en el anular.

~.~.~.~.~.~


Apenas 3 semanas después, familiares con y sin lazos de sangre se unían para celebrar la unión de Luke Hobbs y Deckard Shaw, en la tierra que alguna vez viese nacer al ex agente de la DSS.

La ceremonia fue sencilla pero significativa, y el estar rodeados de aquellos que conocían de una forma u otra la historia compartida por ambos, lo hacía todo mucho más especial.

Pero sin lugar a dudas, la persona más emocionada en aquél momento era Samantha Hobbs, quien había sonreído y llorado durante la ceremonia más que ningún otro asistente.

Por fin papá y Deckard estaban juntos oficialmente, y ella estaba segura de que cada palabra prometida durante los votos intercambiados por ambos, eran promesas para siempre.

Nada podía hacerla más feliz en aquellos momentos. Aunque... eso no quería decir que las cosas no pudiesen mejorar en un futuro.

Con un nuevo objetivo en mente, Sam se dedicó a aplaudir y vitorear mientras los novios cortaban la primera porción del pastel, y la llamaban para compartirlo entre los tres.


The End


Notas de la autora:


¡El drama! ¡Se me pasó la mano con el drama en esta entrega!

Y la verdad siento como que aún le falta algo, pero por lo menos ya no estoy atorada en esta historia... Me ha costado como 6 meses poner una palabra después de la otra. Aunque debo de admitir que la escena entre Sam y Owen era una que me moría por escribir ¡Y lo hice! Así que tengo metas cumplidas aquí.

Anyway, espero que les haya gustado de todas maneras, y pues... nos estamos viendo en el siguiente oneshot de esta serie.

Un beso felino para todos.

chibineko chan
(Miembro de la Orden Sirusiana)
(Alumna de la casa de Hufflepuff en Media Noche en la Torre de Astronomía)
(Miembro de la Mazmorra del Snarry)

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Campaña de NO AL PLAGIO

Digamos NO al plagio, este mensaje va dirigido al público, para que el trabajo de cada uno como autor sea tratado con el respeto que se merece. Recuerden que cada obra es como el bebé de cada uno de los que creamos dichas obras; y como tales amaremos y protegeremos esas obras dándole lo mejor de nosotros para que el resto del mundo pueda disfrutar con el resultado final. Por eso, si sabes de algún caso de plagio, denúncialo al autor del respectivo trabajo, ten por seguro que dicho autor te lo agradecerá. Gracias.
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