Boku no H: Titty Bar Edition por Marbius
Resumen: [Boku no Hero Academia | BakuDeku] Katsuki Bakugou es gay, pero eso no le impide entrar a un bar de pechos como cliente y encontrar justo lo que no sabía que buscaba.
Categorías: Manga/Comic Personajes: Ninguno
Géneros: Accion, Humor
Advertencias: AU=Universos Alternos, Voyerismo=mirar a otros
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 2 Completo:Palabras: 10699 Lecturas: 71 Publicado: 23/01/21 Actualizado: 23/01/21
Notas de la historia:
Disclaimer: Es una idea boba donde Katsuki conoce a Izuku tras superar algunas nociones bobas de lo que es un bar de pechos. Plus, se hace amigo de Uraraka y parece no enterarse de nada, pero una como lectora sí y de todo :) Espero disfruten~

1. Tu amigo sí que es gay. por Marbius

2. Deku preguntó por ti después de que te marchaste, ¿sabes? por Marbius

Tu amigo sí que es gay. por Marbius

Boku no H: Titty Bar Edition

 

Katsuki iba a matar a Kirishima. De preferencia, de la manera más lenta y dolorosa que su mente consiguiera conjurar apenas terminaran con aquella nefasta aventura en la que su idiota amigo lo había involucrado.

—Quita esa cara, parece que te traje a un funeral y no a un bar de pechos —le amonestó Kirishima con sorna, ambos esperando turno en el lobby del establecimiento para pasar mientras una chica en minifalda, medias de red y tacones pero completamente topless salvo por un par de cintas adhesivas que atravesaban en cruz sus pezones les extendía los menús con ‘las meseras’ disponibles para esa velada.

—Cuando los caballeros estén listos los haré pasar a su mesa —dijo la recepcionista, y el único detalle interesante que encontró Katsuki en su persona fueron las expansiones en sus orejas.

—No sé por qué carajos acepté venir aquí contigo —gruñó Katsuki apenas tuvieron un momento de privacidad en el lobby, y Kirishima le dio un codazo.

—¿Es que no quieres conocer a mi chica?

—No.

—Vamos, colega. Hazlo por mí. Eres mi mejor amigo en el mundo.

—No abuses del título.

Katsuki se cruzó de brazos, porque de entre todas las posibilidades a su disposición para pasar un sábado en la noche agradable, lo último que había cruzado por su mente era visitar un bar. Lo que era peor, un jodido bar de pechos en el que daba la casualidad que la nueva chica de Kirishima trabajaba 3 veces por semana para supuestamente pagarse la universidad. Ajá, y Katsuki era un unicornio.

De sobra estaba decir que Katsuki no lo comprendía, y con toda certeza jamás llegaría a hacerlo, en primera porque para él la idea de ver pechos le dejaba tan frío como un carámbano de hielo. No en balde era gay, y aunque tenía ojos y un sentido estético capaz de diferenciar lo bello de lo feo, en lo personal encontraba desagradable (si no es que denigrante) no sólo acudir a uno de esos establecimientos, sino pagar para contar la compañía de una de esas chicas.

Cuando Kirishima le había revelado por fin a qué se dedicaba la misteriosa chica con la que salía y que se sentaba desde ese semestre a su lado en algunas de sus clases, pero que a diferencia de ellos dos no tenía un empleo de medio tiempo mal remunerado con el que apenas iban tirando como estudiantes universitarios, Katsuki apenas había podido creerlo.

Y cualquiera que conociera a Kirishima estaría con él en eso: La tal Mina Ashido con la que ahora salía y que oficialmente era su novia para nada daba la impresión de ser su tipo. Katsuki todavía no la había conocido más allá de los innumerables relatos con los que Kirishima le había obsequiado en el último cuarto de año, pero en un inicio habían sido bastante típicos y hasta cursis. La chica en cuestión, Ashido, se había sentado a su lado desde el primer día de clases, y aunque no era de las primeras en calificaciones, ella y Kirishima habían hecho buenas migas, quedándose a veces a estudiar en la biblioteca o viéndose en cafés con la finalidad de conversar.

Una cosa llevó a la otra, y Kirishima se había declarado, salvo que en lugar de recibir la respuesta afirmativa que esperaba Ashido se había tornado seria y confesado que todavía faltaba mostrarle una faceta de ella que quizá sería determinante para su futuro juntos.

De todo eso se había enterado Katsuki a posteriori, incluida la parte en la que Ashido le había entregado a Kirishima una tarjeta de un negocio en uno de los distritos mejor conocidos por su vida nocturna y las indicaciones de preguntar por Pinky. Obediente Kirishima había seguido sus instrucciones, listo para enfrentarse al peor de los panoramas y sólo para descubrir que la chica de la que se había enamorado trabajaba como mesera topless en un bar unas cuantas noches a la semana y que con eso se pagaba la universidad en Tokyo.

Al escuchar su relato, Katsuki no había podido menos que reírse por su mala suerte e inocencia, porque le costaba creer que precisamente Kirishima hubiera dado con la única chica honesta cuyo envolvimiento con un negocio de ese tipo fuera meramente laboral, pero su amigo había afirmado vehemente que así era, y que para demostrarlo, quería llevarlo a que la conocieran.

—¡¿Pero es que estás demente, maldito Puercoespín?! —Le había gritado Katsuki cuando su amigo lanzó la proposición de ir juntos al bar donde su novia trabajaba y presentarlos, pero éste no cejó en su empeño.

Al parecer, Kirishima estaba convencido de la honestidad de su chica, y quería que Katsuki la conociera a como diera lugar justo en su entorno, porque como explicó en numerosas ocasiones antes de convencerlo, Midnight’s Dream no era el tipo de establecimiento que fungía como fachada para una red ilegal de prostitución ni mucho menos, sino que era un simple bar de pechos con música en vivo, excelentes bebidas, y chicas lindas que se paseaban desnudas de cintura para arriba y que tenían por regla cero contacto entre ellas y los clientes. Lo cual en opinión de Katsuki era una patraña y Kirishima y completo imbécil por creerlo con tanto fervor, así que al final había terminado aceptando la invitación con una mueca de desagrado por las horas de su sábado que iba a perder sin retorno alguno.

—Bueno, yo pediré a Mina, pero tú eres libre de pedir a la mesera que te apetezca —dijo Kirishima, que magnánimo agregó—: Hoy yo invito.

—Wow, qué generosidad la tuya —ironizó Katsuki al examinar el menú que la recepcionista había dejado para ellos y en el que se podían ver fotografías de torsos desnudos con pechos para todos los gustos, desde los más pequeños hasta las copas más grandes, seguidos de un seudónimo y una breve biografía.

Katsuki no tuvo problema en encontrar a Pinky y fruncir el ceño el leer que le gustaba el color rosa, bailar break dance, yoga y las películas de extraterrestres. Eso explicaba el que ella y Kirishima hubieran congeniado tan bien desde un inicio, aunque quedaba a su criterio si era lo único.

—¿Ves alguna que te guste? —Se asomó Kirishima por encima de su hombro.

Esbozando una mueca, Katsuki gruñó: —Son sólo fotografías de pechos. ¿Qué esperan que haga con esto?

—Elegir una, duh. ¿Te gustan grandes o pequeños? ¿De pezones claros u oscuros? Mira, ésta de aquí los tiene perforados —señaló Kirishima a una chica que se hacía llamar Stealthy.

—No me gustan los pechos y lo sabes. De hecho, tampoco me gusta nada de lo que viene con los pechos —dijo Katsuki entre dientes, y no por primera vez esa noche consideró dar media vuelta y mandar todo el demonio.

¿Kirishima quería salir con una chica que trabajaba en un bar de pechos? Allá él. Katsuki no velaría más por su sanidad mental y bienestar. Si el precio era pasar por todo eso él mismo cuando su interés en las mujeres se medía en números negativos, entonces pasaba de todo eso.

—Vaya que eres gay —dijo Kirishima con admiración—, y lo digo en el buen sentido.

—¡Maldito P-...!

—Vale, vale —lo aplacó Kirishima en el acto—. Elegiré por ti, ¿está bien? Las chicas aquí son agradables y sólo quieren ganarse su dinero de la manera más honesta...

Seguuuro —ironizó Katsuki.

—... y fácil posible —finalizó Kirishima su oración, mirando las fotografías y dándole unos golpecitos a una que por lo menos era copa D y se hacía llamar Uravity—. Mira, a ésta le gusta el té verde y la comida japonesa. Tal vez tengan algo de qué hablar ustedes dos.

—Te juro que si me has traído a un bar de alterne...

—Tranquilízate de una vez —dijo Kirishima, masajeando sus hombros antes de dejarlo ir del todo—. No es de esa clase de establecimiento. Lo entenderás una vez que estemos dentro.

—Por tu bien más vale que así sea —siseó Katsuki antes de que su amigo presionara el botón de recepción y la chica de antes volviera para tomar nota de su reserva.

Katsuki no abrigaba ni la más remota esperanza de pasar un buen rato, pero ya que Kirishima pagaba, al menos esperaba que el alcohol hiciera decente su espera.

Era lo menos que le debía por arrastrarlo ahí.

 

—Tsk, para tratarse de un par de pechos la verdad es que esperaba más —fue el primer comentario de Katsuki cuando la chica de recepción los llevó a su mesa, un booth semicircular con los respaldos altos y que proveía de privacidad con respecto al resto de los clientes.

—Chist —le pateó Kirishima por debajo de la mesa, y Katsuki puso los ojos en blanco porque presentía que por delante tenía un par de horas de lo más tediosas.

—Pinky y Uravity estarán con ustedes en unos momentos —dijo la recepcionista con una inclinación antes de retirarse, y de nueva cuenta, lo más interesante que encontró Katsuki de su visión fue su look un tanto rockero con esas medias de red y zapatos industriales que llevaba.

Kirishima no perdió oportunidad en sonreír bobaliconamente porque a su alrededor al menos 2 docenas de chicas ocupaban asientos en mesas contiguas o se movían de aquí a allá en distintos estados de desnudez, pero sobre todo, con los pechos al aire y apenas cubiertos de los pezones, ya fuera con cinta adhesiva o distintos aditamentos hechos precisamente para ese fin.

Katsuki bostezó sin disimular, y Kirishima se inclinó sobre la mesa. —¿Qué, de verdad no te hacen sentir nada todas esas chicas topless?

—Sí —dijo Katsuki con el gesto impávido—. Aburrimiento.

—Bah, tú eres el aburrido, colega.

—Mejor aburrido que ser el tipo idiota que trae a su amigo a conocer a su novia en un establecimiento de este tipo. —Katsuki resopló—. Estoy seguro de que Hanta o Kaminari habrían aceptado más que encantador venir en mi lugar.

En respuesta, Kirishima puso un gesto horrorizado. —¡No, ni hablarlo!

—¿Qué te pasa?

—¡A ellos sí les gustan los pechos! Jamás dejaría que vieran a Mina así.

—Pero es a mí a quien traes a este sitio de tortura, claro —dijo Katsuki poniendo los ojos en blanco antes de que 2 figuras aparecieran frente a su booth y se presentaran como Uravity y Pinky, sus acompañantes por las siguientes horas pagadas.

Katsuki las examinó por turnos. Ambas eran de estatura promedio y de cuerpos bien redondeados con pechos abundantes que marcaban al aparecer frente a ellos con las manos en la cintura y arqueando un poco la espalda, pero hasta ahí llegaban los parecidos. La primera de ellas tenía el cabello castaño y vestía con falda y mallas gruesas; sobre sus pezones, llevaba una estampa de una luna y un sol, y Katsuki dedujo que tenía que tratarse de Uravity por la temática espacial. La otra chica era más llamativa con el pelo pintado de rosa y alborotado, de piel más bronceada y que tapaba sus pezones con 2 corazones en papel brillante de un chillón fucsia que iba a juego con su cabellera. Por descontado que era Pinky, y Katsuki examinó su rostro con detenimiento tratando de vislumbrar en ella cualquier señal de deshonestidad que le obligara a noquear a Kirishima y alejarlo de su lado antes de que cometiera una locura irreparable como sacar un par de préstamos a la yakuza para continuar pagando su nuevo vicio.

—Wow, no mentías —dijo Pinky al ocupar el lugar al lado de Kirishima sin que Katsuki le quitara la vista de encima ni un segundo—. Tu amigo sí que es gay.

—¿Algún problema con eso? —Gruñó Katsuki, y la chica desdeñó la noción con una sacudida de su mano—. Yo no, pero seguro que Uravity lo agradecerá.

—Siempre es agradable conocer a uno más del gremio —dijo Uravity, que sentándose a su lado se mostró mucho más relajada que antes.

—Ugh...

Atrapado en su asiento, Katsuki se cuestionó una vez más cómo había terminado envuelto en todo ese lío, y si acaso estaba en sus posibilidades fingir que iba al sanitario y escabullirse por la puerta trasera, pero aunque lo negaría incluso bajo tortura, el de pronto tener a Kirishima con una chica de la que parecía estar enamorado hasta el tuétano le produjo curiosidad. Después de todo, su amigo había pasado por un considerable número de relaciones fallidas en los años que tenía de conocerlo, y resultaba interesante que esa fuera la primera vez que no estuviera actuando como un completo imbécil pero que la chica en cuestión no diera la impresión de ser del tipo que llevarías a casa a presentar a tus padres.

No que Katsuki supiera realmente de eso último. Él tampoco había sido muy afortunado en el amor a largo plazo, complaciéndose mejor con relaciones fugaces y con fecha de caducidad por una noche, pero quería al menos creer que no iba a ser tan descuidado como para caer por alguien como Kirishima. Aunque en su caso, ¿qué, se trataría de un tipo que trabajara en un par de pelotas? ¿O un bar de glúteos?

Riendo entre dientes por lo absurdo de la idea, Katsuki se congeló cuando un par de ojos castaños lo miraron con atención.

—¿Qué quieres? —Le preguntó a Uravity, que había colocado el menú frente a ellos y esperaba por cualquier orden suya.

—Tu amigo, insiste en que va a pagar por todos —dijo Uravity—. ¿Ya pensaste que vas a pedir, amo?

—Ew, ¿y llamarme ‘amo’ es parte del paquete?

—No, pero me diste la impresión de ser del tipo de persona que lo apreciaría.

Katsuki se llevó una mano al rostro y se presionó el tabique nasal entre el índice y el pulgar. —Mira, aclaremos algo desde un inicio: Vine aquí por obligación para conocer a la novia de mi amigo, así que ahórrate cualquier intento de exprimirme dinero y mantén tu distancia.

—¿Mis pechos no te parecen atractivos?

Katsuki le respondió con una mueca.

—Vale —respondió Uravity sin tomárselo a mal—. El consumo mínimo por hora paga lo suficiente para que estar aquí sentada sin hacer nada valga la pena por sí solo, pero es tedioso, ¿sabes? Al menos podrías regalarme con algo de conversación en vista de que ese par... —Y señaló con el pulgar a Pinky y Kirishima, que sin tocarse porque las reglas del bar exigían cero contacto físico hablaban entre ellos con los rostros casi tocándose y ajenos del mundo que les rodeaba.

Katsuki detestaba reconocerlo, pero nunca había visto a Kirishima así de feliz con cualquiera de las otras chicas con las que había salido en el pasado, aunque también era justo decir que nunca había presenciado esa misma escena con una de sus novias en topless, así que quizá eso influía en algo a su estado de ánimo.

—¿Puedo al menos pedir algo de comer? —Inquirió Uravity sin verse afectada por el mutismo de Katsuki.

—¿Piensas inflar la factura y arruinarnos?

—Nah, pero tengo hambre y en el menú hay platillos que vale la pena probar. ¿Te gusta la comida japonesa?

—¿Te parezco acaso extranjero?

Uravity le dio unos golpecitos al menú y le señaló un plato para 2 con distintas variedades de alimentos fritos. A juzgar por la fotografía, al menos tenía buen aspecto, y ya que Kirishima invitaba fue Katsuki quien autorizó el pedido junto con un par de tés helados.

—¿Qué, es un bar y no piensas beber u obligarme a beber? —Cuestionó Katsuki a su acompañante, y Uravity se encogió de hombros haciendo que sus pechos se sacudieran.

—Aunque no lo creas, mañana temprano me reúno con mi grupo de estudio y apreciaría no presentarme ahí con resaca. Además, yo nunca bebo en horas de trabajo, reglas del local —dijo la chica—. ¿Y tú qué haces? ¿También estás en la universidad?

—Ajá.

—Yo estudio física —suplió Uravity, y tras una larga pausa, Katsuki le correspondió a regañadientes.

—Ingeniería química.

—Oh, pensé que estarías en la facultad de geología con Kirishima.

—Kirishima estudia eso porque tiene la cabeza dura de granito. No todos somos igual de idiotas que él.

Uravity rió de su broma, y justo en eso llegó a su mesa el pedido que habían hecho. Por su cuenta Kirishima y Pinky habían encargado 2 copas con una bebida dulzona que por el solo aroma hizo a Katsuki poner una mueca de desagrado, así como un par de botanas para picar que les ofrecieron.

Sólo entonces se percató Kirishima de su descortesía por acaparar la atención de su novia, y haciendo su mejor esfuerzo porque en la mesa los 4 pudieran participar, trató de buscar entre todos temas en común.

Entre Pinky y Katsuki no había gran cosa en común salvo el gusto por unas cuantas bandas a las que habían visto en vivo justo ese año, y aunque éste respondió por su mayor parte con monosílabos, Kirishima sonrió para sí porque si su desaprobación por su novia fuera total, Katsuki ya se lo habría hecho saber.

Era molesto reconocerlo, pero salvo por el hecho de su empleo y que se movía en ese lugar a sus anchas sin prenda alguna que cubriera sus pechos, la tal Pinky era un buen elemento para Kirishima, a quien Katsuki jamás había visto con anterioridad tan atento y dedicado a una chica. Juntos parecían congeniar más allá de la evidente atracción física que sentían el uno por el otro, y si a Kirishima no le molestaba la manera en que su novia se ganaba un salario (que lo suyo le debía costar, sin dudarlo), ¿por qué debía Katsuki de hacerlo por él?

Tras una segunda bebida y pedir más botanas para su mesa, Katsuki se excusó al sanitario, y no se sorprendió cuando tras orinar y frente al lavamanos Kirishima se le unió con aspecto de querer hablar urgentemente con él.

—Escúpelo de una vez —dijo Katsuki al hacer espuma y esmerarse en que sus manos quedaran limpias en su totalidad.

—Bien, ¿qué te pareció?

—¿Honestidad total?

Kirishima resopló y asintió. —Lanza tu mejor golpe, colega.

Katsuki se esperó hasta eliminar el último rastro de jabón de sus dedos y arrancar una toalla de papel del dispensador antes de dar su veredicto final.

—No es tan fastidiosa como la hiciste sonar en tus descripciones, y al menos tiene buen gusto musical. Será un problema de los gordos si después de la universidad sigue trabajando en este bar, pero mientras no tengas ningún conflicto con ello...

—¿Entonces la apruebas?

—Es tu vida, Kirishima. Haz con ella lo que quieras —dijo Katsuki en aparente indiferencia, pero su amigo lo conocía mucho más de lo que le daba crédito y aquella era su versión de aprobación, y presa del momento se lanzó hacia él y lo abrazó—. Joder, Puercoespín.

—No sabes cuánto significa esto para mí —dijo Kirishima rodeándolo con fuerza con ambos brazos sin importarle que Katsuki estuviera luchando por quitárselo de encima—. Estaba más nervioso de presentarla contigo de lo que seguro estaré cuando la lleve a casa a que mis padres la conozcan.

—Pf, lo que sea —masculló Katsuki, dándole unos golpecitos en la espalda con ánimo de apartarlo, y por el rabillo del ojo presenció una figura que entró al sanitario y se quedó congelado al ver aquella escena.

Al fin y al cabo, estaban en un establecimiento para adultos, y Katsuki suponía que la escena que él y Kirishima protagonizaban era una que podía prestarse a malinterpretaciones, así que se dirigió al recién llegado con mal humor.

—¿Y tú qué miras, uh?

El individuo, que en apariencia tenía de peligroso lo mismo que un cachorro con esos enormes ojos verdes y rostro juvenil en el que se notaba a leguas que apenas tenía la edad suficiente para acceder a uno de esos establecimientos, simplemente levantó ambas manos con las palmas hacia arriba en señal de rendición.

—P-Perdón si interrumpí a-algo —dijo con un apenas perceptible tartamudeo.

Katsuki bufó. —Largo de aquí.

Y con una leve inclinación de su cabeza, el tipo dio media vuelta y se marchó por la misma dirección en la que había llegado.

—Genial, ahora pensará que encontró a un par de maricas a punto de montárselo en el baño —gruñó Katsuki, y sin soltarlo, Kirishima le miró al rostro.

—¿Qué más da? Eres gay, y la persona menos reservada con eso que conozco.

—Pero tú no, idiota. Piensa un poco al menos. ¿Qué creería cualquiera que nos viera si no es lo obvio?

—Que somos un par de amigos en un muy masculino abrazo —dijo Kirishima, dándole un último apretón y refregando sus mejillas como un gato antes de dejarlo ir—. Si a ti no te importa mucho menos a mí.

—A mí me vale un carajo porque soy gay, Puercoespín, pero tú...

—Yo estoy seguro de mi sexualidad —dijo Kirishima sin ningún titubeo—. Tengo una novia linda con el mejor par de senos en todo el establecimiento, y lo que piense un desconocido me tiene sin cuidado.

Muy en contra de su propia personalidad, Katsuki rió entre dientes. —Ah, quizá después de todo eres menos idiota de lo que te doy crédito.

—Viniendo de ti ese es todo un cumplido.

Tras terminar con sus asuntos en el sanitario, ambos volvieron a su mesa para descubrir que Pinky y Uravity charlaban entre ellas y manifestaron su gusto por tenerlos de vuelta.

—¿Es parte del show? —Inquirió Katsuki cuando Uravity miró su vaso de té a punto de finalizar y se ofreció a pedir por él otro más.

—¿Qué?

—El actuar solícita, casi como hostess en su elemento. Aunque por la falta de ropa...

Uravity le dio rápido un golpe en la mejilla, que sin llegar a constituir una bofetada, tuvo la saña de una.

—No me llames prostituta —le reprendió la chica—. Trabajo 3 días a la semana aquí para pagar mis estudios y es lo mejor que me pudo haber pasado en el mundo.

—¿Qué, encontraste un sugar daddy que cuidara de ti?

—No es necesario. Basta pasar el rato en un par de mesas por noche y tengo suficiente para pagar mis gastos y tener un extra considerable. Además del tiempo libre que dispongo el resto de la semana, y que en realidad no es la gran cosa.

—Te paseas topless por aquí, ¿eso no te parece la gran cosa?

—No —replicó Uravity sin dejarse amedrentar, el mentón en alto al verlo directo a los ojos—. ¿Te crees muy importante porque eres el único cliente que entra aquí y no está interesado en mis pechos? Pues piensa de vuelta, porque a veces hay clientes que vienen por la curiosidad del momento, ancianos que sólo desean un poco de compañía, a veces hasta mujeres que aprecian la belleza en su mismo sexo, y sí, el típico pervertido que cree que puede propasarse y acaba en el callejón trasero cuando Deku lo pone en su lugar.

—Vale, éste es tu trabajo y estás orgullosa de él.

—No, orgullosa no. Simplemente me niego a avergonzarme por lo que hago —dijo Uravity, que en penitencia hizo a Katsuki comprarle un coctel bastante caro en el menú que éste pagó en efectivo porque sí, la chica tenía agallas y él podía apreciarlo. Merecía el crédito.

Intrigado por el tipo de ambiente que podía vivirse en ese bar, Katsuki hizo que Uravity le contara historias de las chicas que trabajaban ahí y de sus clientes, y su acompañante satisfizo su curiosidad con gusto al pegarse a su costado y en voz cómplice señalar aquí y allá a los ocupantes de otras mesas.

—Ella es nuestra jefa y gerente del local, Miss Midnight, y los tipos con los que está sentada son sus mejores amigos desde la escuela preparatoria. Seguido vienen a pasar el rato y dejan buenas propinas. Nunca están interesados en ninguna chica más que nuestra jefa, así que sospechamos que son pareja.

—No lo dudaría —opinó Katsuki, pues si bien ese par no se mostraba afectuoso entre sí, en el rato que los observó también descubrió que podían comunicarse casi en silencio, con gestos y miradas, justo como hacían los amantes que se conocen desde mucho tiempo atrás.

Katsuki escuchó historias, algunas aburridas por su obviedad para un local como ese pero la mayoría interesantes, y no pasó por alto que Uravity se saltó una mesa situada en un rincón estratégico desde el que se tenía una vista privilegiada de toda la habitación y el área del bar.

—¿Y ese de ahí quién es? —Preguntó por el tipo que antes los interrumpiera a él y a Kirishima en el baño.

Era detestable reconocerlo, pero Katsuki sentía curiosidad por el desconocido, simplemente porque la visión de sus ojos verdes abiertos de par en par con sorpresa le habían resultado atrayentes. De menor estatura que él y un cuerpo que bajo la ropa no se adivinaba como gran cosa, no era el tipo de Katsuki ni en un millón de años. Algunos exes y la mayoría de encuentros de una noche (o de horas) que Katsuki sostenía eran con hombres como él, con al menos un poco de músculo en el cuerpo y noción de las reglas del juego en el que participaban.

Por descantado que mínimo debía de tener algún interés en las chicas del local, aunque resultaba casi gracioso verlo sentado ahí solo en un booth en el que realmente nunca experimentaba soledad porque las chicas del local pasaban por ahí sin parar y le dedicaban toda clase de atenciones, ya sea llevándole algo de comida, bebida o de pasada haciéndole un mimo que con toda seguridad ponía un llamativo rubor debajo de ese puñado de pecas que tenía en las mejillas.

—Ah, es nuestro chico favorito en todo el mundo —dijo Uravity con una sonrisa en labios—. Es encantador, ¿verdad? Quizá hasta podría ser de tu tipo.

—Nah, no me gustan los flacuchos. —«Y tampoco los hetero, atraen demasiados problemas... como un corazón roto», pensó Katsuki, rememorando la única vez que se había enamorado de un jodido hetero y lo difícil que había sido sacárselo del corazón una vez que experimentó el dolor del rechazo.

Por salud mental era mejor no pensar en eso porque era un relato del pasado, ya enterrado y olvidado, pero que le servía como recordatorio de lo que estaba más que vetado en su lista de errores a cometer por una jodida segunda ocasión.

—Tendrías que verlo debajo de la ropa —dijo Uravity con un guiño travieso que puso a Katsuki en alerta.

—¿Y lo has visto tú? —La retó a confirmarlo—. Creí que este establecimiento estaba en contra de mezclar los negocios con el placer.

—Y lo está.

—Vale, no me cuentes si no quieres —gruñó Katsuki tras esa respuesta tan críptica.

—No seas así, estoy jugando contigo —dijo Uravity al pegarse a su brazo, y uno de sus pechos rozó a Katsuki sin que éste moviera un músculo—. Wow, en verdad que debes de ser gay...

—Es la segunda vez que me lo dicen así esta noche.

—¿Sí? Pues es agradable tener mis horas reservadas contigo.

—¿Incluso si eso implica no pasar un rato con el tipo de la mesa del rincón? —Volvió Katsuki a la carga, pues en los últimos 10 minutos había presenciado a varias de las chicas del establecimiento pasar a su mesa para revolverle el cabello, pellizcarle la mejilla y en general tratarlo como un cachorro perdido al que fuera necesario hacerle mimos para que no se aburriera.

Uravity levantó las cejas con interés. —¿Estás seguro que no es de tu tipo? Desde aquí no lo parece, pero tiene unos muslos y pantorrillas que...

—No molestes, cara redonda —gruñó Katsuki, escondiendo el bochorno que de pronto le atacó al llevarse el vaso con té helado a los labios y bebiendo hasta al fondo.

—¿Te la estás pasando bien, colega? —Preguntó Kirishima al otro lado de la mesa, con Pinky sobre sus piernas pero de alguna manera ingeniándoselas para no ser él quien la tocara de manera indebida.

Katsuki hizo un gesto vago y lo ignoró. No se la estaba pasando mal, per se, pero tanto que llamarlo bien...

Porque para tipos que se la pasaban bien tenía que ser el tipo de la mesa del rincón, que en esos momentos tenía 3 chicas y ninguna perdía oportunidad en tocarlo y atenderlo como sultán en su harem.  Katsuki al menos dedujo que tenía suficiente dinero para comprar afecto, porque tener en exclusiva para él a una de las chicas costaba lo suyo, ya no se diga a 3 de ellas. Y el cuadro habría de ser completo salvo por la parte en el que pobre infeliz no parecía estar a sus anchas, sino que se mantenía rígido en su asiento e incluso desde la distancia se le podía apreciar el bochorno que le subía por el cuello y le teñía el rostro de un vivaz color cereza.

—Realmente te tiene intrigado, ¿eh? —Se burló Uravity, y Katsuki gruñó—. Puedes ir a su mesa y hablarle.

—Estás loca.

—¿Y por qué no? Puede que hagas un nuevo amigo.

—Ya bastante tengo con éste —señaló a Kirishima con el pulgar—, como para conseguir otro que me arrastre a sitios como éste.

—¿Es que no te estás divirtiendo?

—Diversión no es la palabra con la que lo definiría.

—Te hace falta relajarte un poco más, Bakugou-sama —dijo Uravity al pegarse a él y apoyar su mentón en su hombro. Katsuki olió de su cabello un aroma a té verde agradable, pero por inercia arrugó la nariz y se giró en dirección contraria—. Ah, eres tan fácil de molestar.

—Entonces detente.

—No hasta que me digas qué interés tienes en el chico del rincón. Porque te tiene intrigado, ¿no es así? Quieres saber quién es él, y yo podría contarte lo que quieras de él, incluso averiguar por ti si tienes una oportunidad...

—Basta —refunfuñó Katsuki, moviendo el hombro y quitándosela de encima sin que Uravity se lo tomara a mal a juzgar por sus risitas.

—¿Puedo llevarte a conocerlo? Si quisieras... Es mi amigo, y podría ser el tuyo si descubres cómo jugar tus cartas.

—¿Estás segura que has pedido esos tés vírgenes? Actúas como borracha.

—Aw, puedes oler mi aliento si lo prefieres.

—Basta.

Pero Uravity no parecía ser del tipo de chica que se dejara amedrentar con facilidad, y sujetando su brazo contra su pecho (el contacto de sus senos contra su piel desnuda lo dejó helado) susurró muy cerca de su oreja:

—Ven. Y si no es lo que esperabas, juro que la factura de esta mesa correrá por mi cuenta.

—Pareces muy segura de ti misma.

—Tengo que estarlo para trabajar en un sitio como éste. —Y repitió—: Ven.

Katsuki no sabía qué esperar. Por una parte, una chica a la que apenas conocía de una hora atrás lo quería invitar a la mesa de un desconocido que no lo era totalmente si tomaba en cuenta lo que ocurrió antes en el sanitario, y por otra, en su fuero interno, él quería ir con ella y satisfacer esa curiosidad que le quemaba las entrañas como brasas ardientes.

—¿Es un chulo? —Preguntó Katsuki sólo para cerciorarse, y la risa cristalina de Uravity le dijo todo lo que necesitaba saber.

—¿Qué, él? ¡Ni en sueños! Es demasiado dulce para eso.

—¿Tampoco es tu proveedor?

Uravity perdió su buen humor y le miró directo a los ojos. —¿Te parezco del tipo que consume drogas?

—Nadie lo parece hasta que lo descubren.

—Pues no —bufó la chica—, estoy limpia desde siempre. —Una pausa—. ¿Alguna otra suposición tonta que te apetezca hacer?

Katsuki chasqueó la lengua, y Uravity se deslizó fuera del booth y de pie le tendió la mano.

—¿Vienes o no? A menos que seas un cobarde...

Y Katsuki le siguió.

Deku preguntó por ti después de que te marchaste, ¿sabes? por Marbius

Uravity le presentó a las chicas: Creati, Earphone Jack y Froppy. Todas en igual estado de semidesnudez en el que les era imposible inmutarse, y que Katsuki correspondió con apenas un asentimiento.

Rodeado por ellas estaba el tipo que antes los sorprendiera a él y a Kirishima en el baño, y en su primera reacción dedujo Katsuki que el reconocimiento era mutuo.

—Y éste de aquí es... Bueno, él puede presentarse por sí mismo, pero es nuestro chico especial —dijo Uravity, y el tipo en cuestión agachó la cabeza con vergüenza.

—Uhm, Izuku Midoriya —dijo su nombre.

—Katsuki Bakugou —respondió de igual manera, de pronto incómodo porque no encontró sentido en quedarse, pero claro, Uravity tenía otros planes.

—Chicas, ¿por qué no le hacemos espacio al recién llegado? —Propuso con un tono de voz especial que todas comprendieron, y sin saber bien cómo lo habían conseguido, Katsuki terminó sentado en ese booth al lado de Uravity, quien a su vez tenía al tipo misterioso, a Izuku Midoriya, en el otro extremo.

Katsuki ya se estaba lamentando de su tonta decisión de acompañar a Uravity a esa mesa, y lo que era peor, Kirishima no parecía ni darse por enterado de que lo había dejado, porque con Pinky sobre sus piernas y los dos susurrándose lindezas al oído no tenían ojos para nada más que el otro.

—Mmm, qué buena vista hay desde aquí de todas las mesas —murmuró Katsuki para sí, y Uravity recargó su cabeza contra su hombro.

—Ese es el plan.

—¿Qué plan?

—Ah, todavía no te has dado cuenta...

—Estoy harto de tus acertijos. Si quieres decirme algo sólo dilo.

—Pero eso no sería tan divertido.

—No estoy aquí para ser tu juego privado.

—No lo atormentes, Uravity —dijo Midoriya, y un escalofrío recorrió a Katsuki sin que pudiera evitarlo.

—Pero es divertido —dijo la chica, recargándose ahora hacia su lado—. Además, no es como si esperara ninguna propina de su parte por buen comportamiento. Es gay, ¿sabes?

—¡Hey!, no estés ventilando mis asuntos así como así, cara redonda —gruñó Katsuki.

—Creí que no te avergonzabas de quién eres.

—Y no lo hago, pero... Uh...

—No le hagas caso —dijo Midoriya—. A mí también me molestó así al inicio.

Katsuki se giró para mirarlo. ¿Acababa de confirmar Midoriya que era...? Pero entonces...

—Y una vez que termina contigo...

—... confieso que yo también soy gay —terminó Uravity la oración por Midoriya, y a Katsuki por poco se le desencajó la mandíbula de su sitio—. ¡Exacto!, porque esa es mi reacción favorita en todo el mundo.

—Joder...

—Oh, pero sin palabrotas —le amonestó Uravity con un golpecito de su dedo índice en el labio inferior de Katsuki—. Por eso me gustan los clientes como tú. Al menos así me puedo sentir a salvo, aunque en realidad no es muy diferente de siempre, ¿uh? —Y se dirigió a Midoriya para eso último—. Ya sé, ¿qué tal si voy por unas bebidas para todos? Esta vez invito yo. Para hacer las paces.

—Lo que sea —masculló Katsuki al pegarse al asiento y dejar que Uravity pasara encima de él refregándole en el rostro los pechos porque sabía que estaba segura a su lado—. Jo, creo que me ha picado un ojo con uno de sus pezones...

—Al menos puedes agradecer que hoy no trajera puestos sus piercings —dijo Midoriya, y Katsuki le miró como si le hubiera crecido una segunda cabeza.

—¿Lo dices en serio?

—Ella puede mostrártelo. Tiene fotografías, y se las presume a cualquiera que pregunte.

—Ouch.

—Eso mismo pienso yo, pero debo admitir que el efecto visual es... agradable.

Katsuki rió entre dientes. —¿Deduzco entonces que no eres tan gay como Uravity quiso hacerte parecer?

—Oh no, lo soy —confirmó Midoriya con seriedad—. Pero tengo ojos.

—Yo igual.

—Y sentido estético.

—¿E insinúas que yo no?

—Sólo digo que-...

—Relájate —dijo Katsuki—. También creo que un par de piercings en los pezones sería una vista agradable, pero los prefiero verlos donde pueda sacarles provecho.

—Ah, ya entiendo —y su rostro adquirió un saludable tono rosáceo que incluso bajo las lámparas de baja iluminación del bar provocaron reacciones de interés en Katsuki.

Jugueteando con un hilo que colgaba de su camiseta, Katsuki consideró sus opciones respecto a cómo guiar la conversación hacia donde él quería ahora que se encontraba ahí, pero Midoriya se le adelantó.

—Tu amigo, el que está con Pinky... ¿Es Kirishima?

—¿Pinky lo mencionó?

—Sólo unas 20 veces en lo que va de la noche. Estaba bastante emocionada porque hoy iba a venir a conocerla en su trabajo.

—Seh, ese es Kirishima.

—Se ven felices.

Son felices —recalcó Katsuki—. Eso mientras Pinky no le rompa el corazón, o la billetera.

—Ella no es de ese tipo de chica.

—Ya, ¿pero el resto sí?

—No. Miss Midnight jamás se queda con chicas así en la nómina. En cuanto ve problemas, las despide.

—Pareces saber mucho al respecto.

—Sólo, ah, lo que me cuentan.

Uravity volvió a su mesa con una bandeja sobre la que traía las bebidas, y Katsuki no pasó por alto que los 3 bebían té sin alcohol. Por descontado que eran los únicos en todo el establecimiento que acudían ahí a no emborracharse, pero mientras que de Uravity lo comprendía, de Midoriya no.

—Necesito polvearme la nariz, caballeros —dijo Uravity sin llegar a sentarse—. Vuelvo en unos minutos, pero conversen entre ustedes en mi ausencia.

Katsuki la vio alejarse, y por dentro la maldijo a ella y a su burda excusa de actuación para dejarlo ahí con Midoriya.

—Uravity se cree muy lista...

—No la tomes contra ella —defendió Midoriya a la chica—. Está enamorada, y por lo tanto quiere que los demás también lo estén. Por eso está tan feliz de que Pinky y tu amigo Kirishima estén juntos.

—¿Uravity tiene a alguien? —Katsuki frunció el ceño—. ¿Y no le importa que trabaje aquí?

Midoriya denegó con la cabeza. —¿Recuerdas a Froppy? —Katsuki hizo memoria de una de las chicas que antes estaban con él; algo bajita y con pocos pechos—. Ella es su novia. Se conocieron aquí, así que trabajar en un bar de pechos no es el problema por el que algún día su relación se vaya a pique.

Katsuki se llevó el té a la boca. —Pf, quién fuera a decir que habría tantos gays en un bar de este tipo —dijo antes de beber, y a su lado Midoriya se encogió de hombros.

—Es un trabajo como cualquier otro. Hay seguro médico y dental, además de prestaciones de ley. Y no todos los que vienen aquí están exclusivamente por los pechos. A veces sólo quieren compañía, alguien con quién charlar, o les gusta la música y el ambiente del local.

—Ya, como tú, supongo. —Katsuki volvió a dejar su vaso sobre la mesa—. ¿Eres el favorito de las chicas porque dejas buenas propinas, porque como gay eres inofensivo, o...?

—Elijo la tercera opción —dijo Midoriya, y fue la primera vez que Katsuki lo escuchó reír.

—¿Es tu manera de decir que escondes un secreto?

—Puede ser...

—No pienso preguntar —dijo Katsuki petulante, y Midoriya se encogió de hombros.

—Como prefieras.

—No, sí quiero saber. ¿Eres su chulo, verdad?

—Nah.

—Ya lo sabía. Uravity me lo contó.

—¿Ah sí? —Midoriya se giró hacia él y le sonrió en exclusiva, provocando un cosquilleo en la nuca de Katsuki—. ¿Y qué más te dijo?

—Cosas.

—Mmm, así que cosas...

Katsuki decidió que se iba a dejar de juegos. —¿De verdad eres gay?

—Claro.

—¿Y tienes novio?

—No, por ahora no.

—¿Amante? ¿Amigo con derechos?

—Nop y nop —recalcó Midoriya golpeando la ‘p’ con su labio inferior y al parecer divertido del interrogatorio al que Katsuki lo estaba sometiendo—. ¿Por qué tanto interés de pront-...? Oh...

Sin perder tiempo porque no era del tipo que dejara ir sus oportunidades, Katsuki puso su mano en el muslo de Midoriya, y sus dedos masajearon la firme carne de la parte interna.

—Ya veo que Uravity no mintió tampoco en eso.

—¿Uh?
—Dijo que tenías buenas piernas.

—No es para tanto.

—Eso lo decido yo —murmuró Katsuki al ascender con su mano sobre su muslo hasta llegar a la conjunción con su cadera, y despacio, con deliberada lentitud mientras miraba a Midoriya a los ojos, tanteó el prominente bulto que se estaba formando en sus pantalones.

—Ah —exhaló Midoriya antes de poner su mano sobre su muñeca y detenerlo.

—¿Qué, no te interesa? —Lo retó Katsuki a negar lo obvio.

—No es eso.

—¿Entonces?

—No puedo.

—¿No puedes o no quieres?

—Realmente no puedo —enfatizó Midoriya—. Miss Midnight pediría mi cabeza en una bandeja por hacer eso en horario de trabajo.

«¿Qué diablos...?», pensó Katsuki, pero entonces a su mesa llegó una charola con botanas, y tras un breve examen fue Midoriya quien dictaminó que eran cortesía de Uravity.

—Espero que tu amigo Kirishima tenga suficientes fondos o si no...

—Ese idiota —gruñó Katsuki—. Es capaz de vaciar su cuenta del banco en esta salida.

—Lo dudo. Apenas han bebido alcohol, y estas botanas no son tan caras.

—Ya, y cuando no pueda pagar porque su tarjeta tiene fondos insuficientes un monstruo musculoso con una cicatriz enorme en el rostro le exigirá salir al callejón trasero a ajustar cuentas —dijo Katsuki, de pronto un poco inquieto por el bienestar de su amigo, quien seguía contemplando con adoración a Pinky sobre su regazo mientras la chica lo alimentaba con cacahuates y le jugaba los cabellos de la nuca.

—Nah, lo despidieron —dijo Midoriya con trazas de humor en su voz—. El nuevo chico es mejor.

—¿Y qué, se hace llamar ‘Nudillos’ y lleva una navaja en el bolsillo trasero de sus pantalones de cuero negro?

Midoriya rompió a reír con una profunda carcajada que atrajo la atención de unas cuantas mesas a su alrededor, así que se cubrió la boca con una mano hasta que consiguió reponerse.

—¿Eres siempre así de imaginativo? —Le preguntó a Katsuki, que en respuesta se encogió de hombros.

—¿Qué, no son siempre todos así?

—No, no siempre —dijo Midoriya con un brillo especial en los ojos.

Joder, esos ojos verdes que le recordaron a Katsuki que su intento por seducirlo antes había fallado y que no tenía mucho más qué hacer en esa mesa.

—Vale, genial haber conversado contigo, o no... —Empezó Katsuki, trazando un plan simple de volver a su mesa, quitar a Pinky del regazo de Kirishima, y convencer a éste último de que era una buena hora de marcharse. De paso, tener de regreso a su departamento una seria conversación respecto a los sitios que eran buena idea para tener una cita, como el centro comercial o un parque de atracciones, pero nunca un bar de pechos sin importar circunstancias atenuantes. Sin embargo, Katsuki no consiguió terminar su oración cuando desde recepción se escuchó un ruido de voces más alto que el de la música ambiental que permitía mantener conversaciones normales en el establecimiento.

A su lado, Midoriya prestó de pronto toda su atención a la entrada, a tiempo para presenciar cuando un enorme sujeto que apenas cabía por el marco de la puerta y vestía una gabardina entró al lugar armando un escándalo y llamando un nombre en particular.

—¡No me importa si no quiere verme, yo a ella sí! —Gritaba el sujeto con voz ronca, y Katsuki hizo una mueca al ver su rostro tosco como tallado en piedra y de aspecto desaseado—. ¡Pinky! ¿Dónde estás, maldita mujerzuela? ¡PINKY!

—Mierda... —Exhaló Katsuki, pues al volver su vista a la mesa de Kirishima, descubrió que éste en lugar de soltar a la chica en cuestión la había abrazado sobre su regazo y ésta se protegía rodeándolo con ambos brazos alrededor del cuello.

No era así como Katsuki imaginó siquiera que su noche iba a concluir, porque si bien Kirishima iba al gimnasio y practicaba box (el maldito tenía un gancho de izquierda tan bueno que ni Katsuki podía con él en las ocasiones que se le unía para un sparring de aficionados), ni de lejos estaba en condiciones de enfrentarse a un hombre que más bien parecía una montaña de músculos.

—Ah, no de vuelta —gruñó Midoriya, que perdiendo su expresión juvenil y alegre que le había caracterizado hasta ese momento, de un movimiento se puso en pie y con un salto que nada tenía que envidiar al de una liebre de la pradera brincó sobre la mesa y se lanzó de lleno a contener al recién llegado.

—¡Deku! —Gritó la mujer ya en sus 30s que Katsuki había reconocido como Miss Midnight, la dueña del lugar, y fue Midoriya el que acudiendo a su llamado llegó justo a tiempo a la mesa de Kirishima para impedir la tragedia.

En parte al menos.

El recién llegado se plantó frente a la pareja que ahí se encontraba, y mientras Katsuki se deslizaba de su asiento con intenciones de servir de refuerzo a su amigo, éste continuaba sujetando a Pinky y no se dejaba amedrentar por sus gritos.

—¡Mujerzuela!

—¡Déjame en paz, Machia! ¡Lo nuestro ha terminado!

—¡Nunca! ¡Eres mía! ¿Lo escuchas? ¡MÍA!

Kirishima cometió el error de entrometerse. —¡Ya la has escuchado, idiota! Pinky no quiere absolutamente nada que ver cont-...

Katsuki se había acercado a un escaso metro de distancia cuando aquella mole de humano, Machia, lanzó el primer golpe y conectó contra el hombro de Kirishima, que haciendo lo posible por proteger a Pinky entre sus brazos lo recibió de lleno.

—Joder, joder... —Exhaló Katsuki, tensando los músculos y haciendo sus manos puños listo para enfrentarse él también al recién llegado, pero entonces Midoriya se interpuso entre ellos, y aunque medía fácilmente la mitad que Machia, no se dejó amedrentar.

—¡Te lo he advertido antes! —Le gritó posicionando sus piernas un tanto separadas para servirle de soporte y listo para lo que parecía una embestida, y pantorrillas atléticas o no, Katsuki se preparó para presenciar una masacre en toda regla.

—¡No te metas, Deku!

«¡¿Deku?!», gritó el subconsciente de Katsuki, que hizo un repaso de dónde carajos había escuchado ese nombre durante la noche y un chispazo de luz iluminó su cerebro al visualizar a Uravity mencionarlo como aquel que ponía a los pervertidos en su sitio. Por descontado que tenía que ser el guardia de seguridad, y por un instante tuvo Katsuki dudas de que un tipo al que sobrepasaba por varios centímetros pudiera enfrentarse a un gigante como el tal Machia.

Oh, pero no podía estar más equivocado...

Uravity no había mentido al afirmar que Midoriya tenía un par de piernas espectaculares, pero Deku tenía lo dejó mejor en manifiesto al utilizar una de ellas para golpear a Machia y hacer que retrocediera, maniobrando técnica y precisión de una manera fenomenal.

—¡Es tu última oportunidad para marcharte por tu propia cuenta, Machia! —Gritó Midoriya, y Katsuki contuvo el aliento.

Por supuesto, alguien como Machia no iba a dar marcha atrás en sus amenazas, y pendenciero adoptó posición de pelea y se dispuso a enfrentarse a su contrincante sin importarle las consecuencias.

—¡Nadie se interpondrá entre Pinky y yo! —Gritó Machia, y con esa locura que a veces se confunde con exceso de seguridad embistió a Deku igual que un toro dispuesto a cornear a cualquiera que se pusiera dentro de su área de rango.

Deku le esquivó, y lo que era más, se valió de su tamaño para ponerle una zancadilla y hacerlo tropezarse y quedar de rodillas. La escena habría sido cómica de no ser porque al levantarse Machia volteó la mesa sobre la que Kirishima y Pinky tenían sus bebidas, y el ruido de cristales rotos puso fin a cualquier atmósfera que hubiera quedado en el local.

—Ah, pero es que este tipo jamás aprende —dijo Uravity, posicionándose a un lado de Katsuki y refugiándose a medias detrás de su brazo.

—¿No es la primera vez que hace esto?

—Nah. Machia solía ser un cliente frecuente de Pinky pero su comportamiento dejaba mucho a desear, y cuando empezó con sus celos ella le puso un alto definitivo. Después de un par de incidentes se le vetó la entrada al establecimiento, pero claro, intenta detenerlo en recepción... Miss Midnight ha preferido manejar esto por su cuenta, pero creo que hoy sí llamará a la policía.

—No parece que sea necesario... —Murmuró Katsuki, pues en el corto lapso en el que él y Uravity habían conversado, Deku se las ingenió para doblegar a su contrincante y tenerlo de cara al piso y sujetarlo por un brazo con el pie sobre su hombro, de tal manera que si se atrevía a moverse corría el riesgo de luxación.

—Te lo advertí —jadeó Deku por el esfuerzo, y aunque Machia se retorció en su sitio, le fue imposible moverse antes de que un par de agentes de policía llegaran listos para arrestarlo.

Ok, eso había sido sexy. No la paliza brutal que Deku le propinara a Machia (vale, quizá sólo un poco) sino la manera tan simple en la que éste se había pasado las manos por el cabello, acomodado la ropa, y como si nada vuelto a su habitual yo que ni siquiera era más alto que Katsuki pero que escondía una máquina de pelear debajo de aquella ropa anodina.

—Wow...

Uravity lo codeó, y con sorna le cerró la boca abierta con unos golpecitos de su dedo índice. —¿Alguien se ha enamorado, eh?

—Tsk, cállate. No es de ti.

—¿Piensas invitarlo a salir?

Pero Katsuki no respondió nada.

Con la llegada de la policía y la detención de Machia, la dueña del lugar encendió las luces y mandó a las chicas tras bambalinas para desvestirse (¿o en su caso sería ‘vestirse’?) porque la diversión de la noche se había terminado. A los clientes les pidió Miss Midnight amablemente pasar a pagar tras disculparse por el incidente, y Kirishima se mostró un tanto decaído al salir de ahí sin Pinky a su lado.

—Lo siento, colega —murmuró apenado cuando él y Katsuki ya se encontraban en la calle—. No era así como imaginaré que acabaría nuestra noche.

—Ya.

—Supongo que ahora dirás algo como ‘te lo dije’ respecto a salir con chicas que trabajan en sitios como estos, pero antes siquiera de que lo intentes es que debes de saber que yo estaba al tanto de Machia porque Pinky me lo contó todo de antemano y entre ellos dos jamás hubo nada salvo una relación  profesional que-...

—Argh, ¿puedes callarte de una vez por todas, Puercoespín? —Gruñó Katsuki, y Kirishima se quedó con la boca entreabierta a mitad de la oración—. Obviamente no era culpa de ella, sino de ese idiota obsesionado que no sabe tomar un ‘no’ por respuesta.

—¿Cómo...?

—Uravity me lo contó. Pero ya antes me había hecho una idea de tu novia y... Ni su pasado ni su trabajo actual cambian quién es en realidad, ¿no? Te hace feliz y parece que tú a ella, así que está bien.

—¡Oh, Bakugou! —Volvió Kirishima a lanzarse a sus brazos, y hastiado Katsuki lo dejó porque era más fácil que intentar sacudírselo de encima.

—No te emociones, idiota —le palmeó Katsuki la espalda—. Porque si Pinky intenta utilizarte como su cajero automático personal o se convierte en un problema, yo mismo intervendré.

—Te lo juro que no será necesario.

—Más te vale.

Y porque ya pasaba de medianoche y el servicio de trenes pronto dejaría de funcionar, juntos emprendieron la marcha al piso que compartían.

 

Después de aquella caótica noche, Katsuki tuvo serias dificultades para reconocer un par de días después a la chica que se presentó a su puerta a la hora del almuerzo y que de buenas a primeras le resultó una desconocida hasta que ésta misma amenazó con levantarse la blusa y enseñarle los senos.

—¡Soy yo, Pinky! Aunque en mi tiempo libre prefiero utilizar mi nombre, Mina Ashido.

—Ugh... Es demasiado temprano para esto... —Gruñó Katsuki al franquearle la entrada, pero Kirishima opinó lo contrario al recibir a su novia en un fuerte abrazo en el que la alzó del piso y la hizo girar antes de volverla a depositar sobre sus pies.

Así que Ashido se quedó a comer, y a Katsuki no le importó preparar comida para uno más porque a cambio tuvo oportunidad de escuchar de primera mano el resultado final de la pelea de la otra noche.

—... así que Machia tiene prohibido poner un pie en el establecimiento y Miss Midnight habló con los encargados de los bares de al lado para que si alguien lo ve llamen a la policía antes de que la situación escale a más.

Katsuki escuchó a medias a la espera de noticias de la persona en la que estaba interesado, pero como Ashido no lo mencionó, al final él acabó por preguntar.

—Y, uhm, ¿Deku no se enfrentó a cargos por pelear con Machia?

—Oh no, al contrario. Miss Midnight decidió darle una bonificación, y yo por mi cuenta pienso darle todas las propinas de una semana por el enorme favor que me hizo al protegerme.

—¿Quién es Deku? —Preguntó Kirishima.

—Nadie.

—El guardaespaldas del bar —respondieron al mismo tiempo Katsuki y Ashido, y al instante comprendió la chica lo que ocurría—. ¡Te gusta!

—¡No!

—¡Te gusta Deku!

—¿Te gusta el tal Deku? —Inquirió Kirishima, y Katsuki hizo una mueca.

—Eso es asunto mío.

—Entonces es un sí.

—Eso explica por qué Uraraka preguntó tanto de ti después de que te marchaste.

—¿Uraraka?

—¡Uravity! —Ashido sonrió y con alegría batió palmas—. En ese caso tienes que volver al bar. ¡Oh, es tan romántico!

—Pf, ¿qué hay de romántico en eso? —Desdeñó Katsuki la noción, pero la chica no se dejó desanimar.

—Es obvio que entre ustedes 2 hubo química la otra noche.

Kirishima se mostró confundido, y Katsuki no lo juzgó. Después de todo, su amigo sólo había tenido ojos para Pinky y sus pechos aquella velada, pero al parecer Ashido había estado más atenta a los alrededores, y una pequeña llama de esperanza apareció en el pecho de Katsuki.

—Deku preguntó por ti después de que te marchaste, ¿sabes? —Le tentó Ashido con una sonrisa en labios, y por una vez en la vida, Katsuki decidió que estaba harto de fingir indiferencia.

—¿Lo juras?

—Por mis pechos —declaró Ashido—, que si acaso miento, se caigan y los pezones me lleguen al ombligo.

—Ew.

—¡Hey colega! —Se rió Kirishima—, eso tiene que significar bastante.

—Sí —confirmó Ashido al colocar sus manos debajo de sus senos y levantarlos en contra de su peso y la gravedad—. Son mi fuente principal de ingresos, y jamás juraría por ellos en vano, ¿comprendes?

Despacio, calibrando sus opciones, Katsuki asintió y trazó un plan.

 

Vestido con chaqueta, gorro, bufanda y gafas de sol, Katsuki se presentó una semana después en el bar de pechos donde trabajaba Pinky pero esta vez iba por su cuenta y sin la posibilidad de culpar a Kirishima por su predicamento. Lo que era peor, a pesar del aire acondicionado del local, el calor debajo de todas aquellas prendas lo estaba matando, y con manos sudorosas tomó el menú que la chica en recepción le entregó.

—Uhhh... —Katsuki contempló aquella colección de fotografías de pechos sin saber qué hacer, porque él no venía a pasar el rato con alguna de esas chicas, sino que quería repetir su encuentro con Deku, quizá hasta sopesar las probabilidades que tenía de conseguir que al final de la noche accediera a verlo en otro sitio, pero claro, Deku no estaba en el menú sin importar que seguro debajo de su camiseta debía de tener un par de pectorales decentes a juzgar por el modo en que había lidiado con Machia hacía menos de una quincena atrás.

—Si el amo no sabe a quién elegir, puedo darle sugerencias —se ofreció la recepcionista, y Katsuki denegó con la cabeza.

Al diablo con eso. Iría a la segura.

—No. ¿Está Uravity disponible?

La recepcionista consultó en su computadora. —En 15 minutos lo estará. ¿Gusta reservarla por una hora?

—Nah, que sea el resto de la noche —dijo Katsuki, dispuesto a tener de su lado a la mejor aliada posible para aumentar sus probabilidades de éxito.

—Muy bien, una de nuestras otras chicas lo llevará a su mesa y estará con usted mientras Uravity queda libre para atenderlo.

A Katsuki lo acompañó una chica anodina a morir con un buen par de pechos pero que no causó gran impresión en él porque apenas sentarse en su mesa buscó a los alrededores por la presencia, ya fuera de Uravity o de Deku hasta dar con ambos. La chica estaba apenas a un par de mesas de distancia, en compañía de 3 tipos que eran incapaces de mirarla más allá de la clavícula, pero que al menos mantenían las manos para sí y no eran un problema. En cuanto a Deku, Katsuki lo localizó en su mesa de siempre y tan sorprendido de verlo ahí que al instante desvió la vista y durante el siguiente cuarto de hora se negó a reconocerlo.

—¿Qué piensas de Deku? —Le preguntó Katsuki a Stealthy, su compañera para esa noche, y la chica suspiró antes de sonreír con languidez.

—Que es una pena que sea gay.

«Ya, pero puede que tu pérdida sea mi ganancia si juego bien mis cartas», pensó Katsuki, aprovechando al menos el tiempo que tenía a su disposición para armarse de toda la información posible que estuviera a su alcance.

De ese modo consiguió enterarse de los pormenores desde la última vez que Machia estuvo en el local por parte de alguien que lo vivió desde la primera fila, y Stealthy no se cortó en detalles al describir otro incidente ocurrido apenas un par de noches atrás en el que un ebrio cualquiera había intentado propasarse con una de las chicas antes de terminar en el callejón trasero con la mandíbula desencajada de su sitio.

—No me malinterpretes, no estoy a favor de la violencia —dijo Stealthy con mirada diáfana—, pero cuando se lo merecen, Deku es la persona indicada para defender nuestro honor.

—Qué afortunadas son de tenerlo —dijo Katsuki con intenciones de sonar sarcástico, pero el tono en su voz no pegó y Stealthy asintió repetidas veces con emoción.

—Sí, sin dudarlo.

Katsuki escuchó todavía un poco más de las hazañas de Deku antes de que el reloj marcara el final de esos 15 minutos de espera y Uravity se uniera a su mesa tras examinarlo con ojo crítico.

—Vaya, vaya... Si es justo la única persona en el mundo que no esperaba encontrar de vuelta en este sitio.

—¿Y por qué no? —Inquirió Katsuki apenas estuvieron juntos a solas—. Este bar parece ser el sitio perfecto para que un gay como yo la pase bien sin demasiadas preocupaciones en mente.

—Admítelo —le chinchó Uravity—. Vienes a ver a Deku.

—Nah.

—Kirishima le contó a Pinky que hoy estarías aquí y ella me lo dijo a mí. Por supuesto que yo le pasé el mensaje a Deku, pero el pobre creyó que le estaba tomando el pelo.

—Ah, eso explica que en todo este rato no haya volteado para acá.

—¿En serio? —Uravity miró por encima de su hombro, y captó justo el momento exacto en el que la curiosidad de Deku pudo más y los estaba viendo, pero en el acto volvió a girar la cabeza y a esconderse detrás de una máscara de absoluta concentración por lo que alguien más hacía en otra mesa—. Interesante...

Katsuki exhaló. —Sé honesta, ¿crees que tengo posibilidades?

—¿Con Deku?

—Ciertamente no vine por ti.

—Aw, y sin embargo has pagado por tenerme contigo el resto de la noche —dijo Uravity con buen humor, empujando a Katsuki en el costado con su cuerpo—. ¿Quieres que vayamos a saludarlo?

—¿No es demasiado pronto?

—Nah, Deku también ha preguntado por ti.

—¿En serio? —Aunque se odiaba por la nota de patetismo en su voz, Katsuki no pudo evitar sentir un chispazo de emoción.

—No lo sabrás si no vienes conmigo y te cercioras por ti mismo...

Y porque al parecer era su especialidad como persona gay ayudar a otros del gremio a encontrar el amor, Uravity se deslizó fuera del booth y le tendió la mano a Katsuki.

—Ven —dijo con una sonrisa, y movió los dedos en movimientos atrayentes.

«Carajo, ¡sí!», pensó Katsuki al sujetar su mano y dejarse llevar por ella a la mesa del rincón donde Deku ya no podía fingir ignorarlos y se sonrojó de manera visible incluso bajo aquellas luces de baja potencia.

—Bakugou aquí pagó para tenerme por toooda la noche —exageró Uravity su declaración al sentarse en el booth y luego jalar a Katsuki con ella—, pero me temo que mi compañía no sea suficiente.

—Uhhh...

—Tranquilo, no te distraeremos de tu trabajo. No más de lo habitual, al menos —dijo Uravity al guiñarle un ojo a Deku, y sin más quedó zanjado que por esa noche serían un trío.

 

Katsuki se quedó hasta la hora de cierre del local y durante los amplios espacios de tiempo en los que Uravity se desaparecía pretextando ir al sanitario, él y Deku charlaron de todo y nada. Por descontado que no volvió a intentar su numerito de tocarle bajo la mesa, pero consideró una victoria cuando al final de la noche Deku le entregó un papel con su número de teléfono.

Sin perder tiempo, Katsuki le escribió, y de esa manera se mantuvieron en contacto hasta que la semana siguiente Katsuki volvió al bar y reservó el resto de la velada con Uravity.

—Ah, agradezco el honor, pero me haces sentir culpable por tomar tu dinero y a la vez halagada por considerarme su cupido —dijo la chica cuando por segunda vez lo llevó a la mesa de Deku y lo dejó ahí con éste bajo el pretexto de atender unos asuntos en los vestuarios.

Si Deku encontraba molesto contar con la compañía de Katsuki, la verdad es que nunca lo demostró. Y con cada hora que pasaban juntos la tensión sexual crecía más y más entre ellos.

Katsuki volvió una tercera vez al bar, y para entonces Uravity le puso los ojos en blanco y se negó a aceptar su dinero.

—Le gustas, espero estés al tanto —le espetó mirándolo directo a los ojos, y Katsuki esperó a su veredicto final—, pero... Es casi doloroso verlos esperando que sea el otro el que dé el primer paso.

—¿Y cuál es tu consejo?

—Paga mis horas hasta el cierre pero quédate conmigo. Limítate a comprar bebidas, y cuando bar cierre, invítalo a cenar.

—¿No es...? —Katsuki arrugó el rostro, pero Uravity desestimó sus nervios.

—Confía en mí.

Y justo eso hizo Katsuki cuando 30 minutos antes del cierre del local le envió a Deku un mensaje a través de la sala y casi al instante éste le respondió:

 

K: ¿Saliendo de aquí quieres cenar conmigo?

D: Sí.

D: ¿Es por eso que no te acercaste a saludar?

K: Estoy reservando lo mejor de mi conversación para la cena.

 

Si bien seguro llevar a Deku a su piso (tras un previo mensaje exprés a Kirishima para que se mantuviera silencioso en su habitación), cocinar un platillo de 3 tiempos y después dormir con él en todos los sentidos que la expresión incluía no eran los planes que Uravity tenía en mente cuando se lo sugirió, Katsuki no tuvo quejas de los resultados finales cuando a la mañana siguiente Deku se arrebujó más contra su pecho y declaró que si conseguía estar más cómodo sólo sería en muerte.

Seguramente tampoco era lo que el propio Deku había imaginado, pero recorriendo con su mano el costado de Katsuki mientras éste comprobaba por su cuenta una vez más que la descripción de sus muslos no era ninguna exageración de Uravity, ninguno de los dos tenía queja alguna por el desenlace al que habían llegado.

—Kacchan podría trabajar en nuestro bar de pechos... —Murmuró Deku apenas despertar, todavía medio adormilado y con la mejilla apoyada en uno de los pectorales de Katsuki—. Ganarías buenas propinas...

Katsuki rió entre dientes. —¿Qué has dicho? Espera... ¿Cómo me has llamado? —Una pausa, y en voz muy baja pero repleta de curiosidad—. ¿En verdad lo crees?

El besó que le plantó Deku en sobre el erecto y sonrosado pezón fue su única respuesta.

 

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Notas finales:
Imagino que lo saben, pero la H es de Hentai *risas por el título*
Mi idea central era tener a Izuku como guardaespaldas de las chicas, y como es gay, todas molestándolo con insinuaciones y refregándole los pechos porque saben que no hay peligro, pero luego pensé en escribirlo desde el POV de Katsuki y revelar mil pistas en el camino que nosotras como lectoras sí entendemos pero él como idiota no.
Espero les haya gustado, graxie por leer~!
p.d. Como siempre, cualquier comentario kudos es bien recibido :)
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