Las memorias de Draco Malfoy por ArtemiaCelosia
Resumen: Escuché a los médicos decir que un joven como yo no debería conocer tantos infortunios y accidentes. Se equivocaron. No conocían mi historia, no sabían que era mi forma de llamar la atención de mi amado padrino. O quizá me equivoqué yo al pensar que no estaba enfermo.
Mi vida soñada desapareció con una noticia y ahora, después de haber vivido tanto en tan poco tiempo, sólo me queda recordar, resistir...
Soy Draco Malfoy y estas son mis memorias.

Severus/Draco
Categorías: Harry Potter Personajes: Draco Malfoy, Lucius Malfoy, Severus Snape, Tom Ryddle/Voldemort
Géneros: Angustia, Drama, Romance
Advertencias: Chan=Adulto/Menor, Tortura, Violacion/Non-Con, Violencia
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 23 Completo:Palabras: 41738 Lecturas: 11426 Publicado: 05/07/16 Actualizado: 18/08/16

1. Un pequeño percance por ArtemiaCelosia

2. Una enemiga en casa por ArtemiaCelosia

3. El atacante de ojos grises por ArtemiaCelosia

4. Entrada a Hogwarts por ArtemiaCelosia

5. Vuelve a mí por ArtemiaCelosia

6. Secretismos y el Club de Duelo por ArtemiaCelosia

7. Una amiga con la que poder hablar por ArtemiaCelosia

8. Odio esconderme por ArtemiaCelosia

9. Esas malditas voces por ArtemiaCelosia

10. Ése detalle que me faltaba por ArtemiaCelosia

11. Mi horrible futuro por ArtemiaCelosia

12. Intentando curar levemente mi alma rota por ArtemiaCelosia

13. Mi primera vez por ArtemiaCelosia

14. Pídeme que me quede por ArtemiaCelosia

15. Mi triste Navidad por ArtemiaCelosia

16. El castigo de Umbridge por ArtemiaCelosia

17. Conociendo a mi cónyuge por ArtemiaCelosia

18. Ansiedad ante mi misión por ArtemiaCelosia

19. La esperanza perdida por ArtemiaCelosia

20. La ira del Lord por ArtemiaCelosia

21. Cuando mi alma murió por ArtemiaCelosia

22. Una melancólica pregunta en la guerra por ArtemiaCelosia

23. Mi destino por ArtemiaCelosia

Un pequeño percance por ArtemiaCelosia
Notas del autor:
¡Bienvenidos a una nueva historia!

Quiero advertiros, antes que le dediquéis tiempo al fic, de que esta historia se basará enteramente en fechas concretas, como si se tratase de un diario, por lo que si no os gusta ese formato, sería mejor que no continuarais la lectura.
Por otra parte, a pesar de que hay muchos sucesos y personajes reales de los libros y las películas, hay otros que los he cambiado y pueden no agradar si estás totalmente en contra de esos cambios.

Para poder explicaros un poco más sobre la historia y los sucesos, he decidido añadir algunos fragmentos que no sean las memorias de Draco. Éstos se diferenciarán siempre con una pequeña separación con guiones bajos al abrir y cerrar la narración, antes de volver a Draco.

Dicho esto, ya os dejo de dar la charla. ¡A leer!
14 de febrero, 1991

Desperté sobresaltado y sudoroso, había tenido una horrible pesadilla. Por la ventana se reflejaba el oscuro cielo y el jardín, que resultaba terrorífico de madrugada.

—¿Severus? —susurré a la vacía habitación con lágrimas en los ojos.

Las limpié con mis manos y salí rápidamente de mi habitación, dirigiéndome a las de mis padres. Lucius no estaba, había tenido que hacer un viaje de negocios y volvería en tan sólo unas horas, por la mañana.

—¿Madre?

Narcissa se incorporó levemente al escucharme.

—¿Qué haces despierto a estas horas? ¿Te encuentras mal?

Negué suavemente con la cabeza.

—Quiero ver a Severus.

—No puedes ver a Severus ahora. Él está en Hogwarts, trabajando, y a estas horas probablemente durmiendo.

—Pero he tenido una pesadilla...

Abrió las sábanas. —Ven, puedes dormir conmigo.

—¡No! ¡Necesito a Severus! —grité con fuerza mientras las primeras lágrimas caían por mis mejillas.

La mujer me miró con una expresión cansada y llena de ira. Decía que estaba completamente insoportable después de Navidad, cuando Severus se había vuelto a marchar a Hogwarts.
Mi padrino siempre encontraba algún momento para venir a verme, sobretodo en las salidas a Hogsmeade, donde algunos profesores libraban ese día, pero al parecer no había librado en mes y medio, por lo que no pudo hacer ni una sola visita.

En ocasiones escuchaba como mis padres conversaban sobre si era buena idea que fuera a visitarme viendo el estado traumático que presentaba los días posteriores, pero Lucius le dijo que era sólo añoranza y que era mejor que le viera a que pasara meses triste sin saber de él.

—Pues no puede ser.—Narcissa me llevó de vuelta a la habitación sujetándome del hombro y murmurando cosas sobre mi actitud. Sobre que sufría una transformación cuando Sev estaba a mi lado. Según ella me convertía en alguien totalmente distinto al que era, pero volvía a cambiar pocos días después del lloro incesante y el gran drama que repetía cada vez que Severus se volvía a marchar.
Gran drama... Una buena forma de representar lo que sentía al verle irse, al dejarme solo con una presión en el pecho que entraba para ocupar su puesto.

Cerró con un portazo y un fermaportus y le lanzó un encantamiento silenciador a la puerta, para que hiciera toda la rabieta que quisiera.

Miré enfadado a la entrada. Mi rostro estaba inundado en lágrimas y en la oscura habitación sólo se escuchaban mis suaves hipidos.

No entendía porque no me dejaban disfrutar de la compañía de Severus si era lo único que quería en la vida. ¿Tan difícil era dejarme ser feliz?
Conseguiría verle fuese como fuese.

Me acerqué a mi baño privado y miré alrededor, buscando algo que pudiera servirme para mi plan. Allí estaba el grifo del baño. Me senté en el borde de la bañera y, calculando en darme justo en el hombro donde Narcissa me había sujetado antes, me dejé caer hacia atrás. Repetí el proceso varias veces hasta que acabé notando el hombro muy dolorido por lo que decidí que era suficiente.

Volví a mi habitación, sujetándome el hombro que ya tenía leves tonos morados, y me senté en el suelo. Observaba una foto en la que aparecía con Severus y seguí llorando en silencio, intentando no pensar en la pesadilla que había vivido momentos atrás, donde se encontraba el cuerpo ensangrentado y la mirada muerta de él...

Ya era por la mañana y no había vuelto a dormir. Narcissa, retirando los hechizos, abrió la puerta para comunicarme que Lucius acababa de llegar.

—¿Vamos a saludarle juntos?

Negué con la cabeza, mi atención seguía perdida en la foto.

—Como quieras. —farfulló de mala gana, acercándose a mí y quitándome de un manotazo la imagen.

—¡No!

Forcejeé con ella para que me la devolviese. Narcissa respondió con un leve empujón, que me llevo a darme contra el canto de la mesilla de noche, y se marchó para encontrarse con mi padre.

Me toqué la rodilla que sangraba levemente a causa del golpe y dejé el peso muerto para caer al suelo.

—¡Draco, he llegado a casa!

Miré a mi padre mientras me sujetaba la rodilla. Al parecer tenía muy mala imagen y los ojos rojos de haber estado llorando toda la noche porque cambió su humor rápidamente.

—Hijo, ¿qué te ha ocurrido?

—Papá, me duele mucho... —susurré hipando a causa del leve llanto.

—¿Cómo? ¿Dónde te duele? —se inclinó ante mí para ver que me ocurría. No podía decirle que lo más doloroso no era algo físico, sino haber perdido la foto de Sev. Le mostré primero la rodilla, dejando tranquilo a Lucius, para luego mostrarle el hombro, que ya había tomado tonos morados bien intensos y verdosos.

—¿Te has golpeado? —me preguntó, a lo que yo negué con la cabeza. —¿Y qué te ha pasado?

Encogí los hombros. —Madre me castigó por la noche, me cogió del hombro...

—¿Te duele desde entonces?

Asentí suavemente. —Y ahora me ha empujado para quitarme mi foto con Sev... —susurré, volviendo mi mirada al suelo.

Lucius me agarró con cuidado de no hacerme daño. —Nos vamos a San Mungo, después te llevo tu foto, ¿de acuerdo?

Asentí suavemente, agarrándome a Lucius, el cual no podía ver mi sonrisa maliciosa.

17 de febrero, 1991

Sujetaba con fuerza la mano de Sev, había venido a casa para verme.

—Pronto estarás bien. —me acarició la mejilla.

—¿Y me llevarás a volar en escoba?

—Por supuesto, la próxima vez que venga te llevaré a volar.

Sonreí embelesado. Me sentía la persona más afortunada al tener a un hombre tan perfecto a mi lado.
La tranquilidad de la habitación se fue cuando se empezaron a escuchar algunos gritos de Narcissa en la planta inferior.

—Estos días han discutido mucho por mi culpa... —susurré quedamente.

—No es tu culpa, dragón. —cerró la puerta y la silenció, mientras se acercaba a una estantería. —Venga, vamos a leer algo antes de que tenga que marcharme. ¿Qué quieres que leamos hoy?

—¡Filtros y pociones mágicas!

Cogió el libro y se acercó para sentarse en la cama, dejándome entre sus piernas y apoyado sobre su pecho.

—Es increíble que con tu edad te gusten las pociones tan avanzadas.

Me ruboricé levemente.

—Eso es porque tengo al mejor pocionista conmigo.

____

—¡No golpeé a Draco, sólo lo agarré y lo llevé a su habitación! ¡¿Cuántas veces debo repetirlo?!

—¡Eso no es lo que parece y lo que indicó el medimago! ¿Viste su hombro acaso?

—¡Sí, si lo vi y yo no le hice eso! Sólo estaba cansada ¿de acuerdo? Vino a la habitación de madrugada, tenía sueño y estaba harta de oírle decir que quería ver a Severus. Le dije que no podía y lo llevé a su habitación...

—¿Y un boggart lo golpeó?

—¡Se golpearía él mismo, no lo sé!

Lucius se acercó a su esposa sin poder creérselo.

—¿Otra vez con lo de hace años? Pensé que ya lo habíamos hablado y dejado atrás.

—Jamás lo negué ni cambié mi versión.

Suspiró, resultaba agotador hablar con ella. —Narcissa, deja a Draco tranquilo. No tienes derecho a castigarle o quitarle sus cosas sin ningún motivo de peso.

—Ya he dicho que estaba cansada...

Lucius la interrumpió muy malhumorado. —¡Y yo estoy cansado de escucharte a ti! ¡De venir de trabajar para que tú tengas esta vida sin hacer nada y tener que cuidar a Draco porque tú, no sólo eres incapaz de hacerlo bien, sino que además creas problemas! —se acercó a la puerta para dirigirse a su despacho. —Deja a Draco tranquilo, él puede vivir sin ti.

____

—Dentro de poco tendré que marcharme, dragón.

Asentí ligeramente mirando esas orbes negras en las cuales me reflejaba. Al final, después de leer un rato, me acosté y Sev hizo lo mismo a mi lado. Me hablaba con una voz muy tranquilizadora, acompañada de suaves caricias en mi antebrazo. Le había pedido que me contara cosas de su trabajo.

—¿Quieres hablar sobre lo que pasó?

—Madre me castigó.

Severus acomodó uno de mis mechones rubio detrás de mi oreja y me acarició la mejilla. —¿Por qué?

—Porque la desperté de madrugada. Había tenido una pesadilla y quería ir contigo. Y al día siguiente me quitó una foto por no querer ir con ella a saludar a papá...

Acerqué más mi cuerpo al suyo al darme cuenta de la hora que era, odiaba tener que separarme de mi amado padrino.

—Si alguna vez vuelves a tener una pesadilla envíame una carta o avisa a tu padre. Vendré lo antes posible y, mientras no pueda venir, te escribiré para poder estar un poco más cerca, ¿sí?

Le sonreí tiernamente y asentí.

—Ahora debo irme. Cuídate mi dulce dragón. Nos veremos dentro de poco.

Besó mi frente y me abrazó fuertemente.

—Te echaré de menos. —le dije.

—Yo a ti también.

Se despidió con una sonrisa de las que derretían mi corazón y, saliendo por la puerta, volvió a dejar pasar a esa extraña presión.
Notas finales:
¿Qué os ha parecido la primera toma de contacto?
Dejadme vuestras opiniones, recomendaciones y críticas, ¡todo ello ayuda a mejorar! :)

Y si vosotros queréis, nos volveremos a leer dentro de dos días en la actualización. ¡Un abrazo!
Una enemiga en casa por ArtemiaCelosia
26 de mayo, 1991

Miraba por la ventana de mi habitación con el pensamiento de que pronto vería a mi padrino, pues llegaba mi cumpleaños y terminaba el curso escolar de Hogwarts, donde Severus era profesor. Dentro de poco no tendría que preocuparme por estar tanto tiempo separados pues empezaría a cursar ese mismo año junto a él.

Bajé las escaleras feliz cuando escuché una preciosa voz que provenía de la chimenea. Al parecer Narcissa y Severus estaban teniendo una acalorada conversación.

—No quiero que vengas al cumpleaños de Draco, ¿es que no lo ves?

—¿Ver qué?

Narcissa bufó exasperada.

—Él cambia radicalmente cuando tú estás aquí.

—Si, eso lo he notado. Pasa a estar feliz y tranquilo.

—¿Qué le haces para que sea así?

Severus miró a Narcissa sin poder creerse la pregunta.

—¿Hacerle? —frunció el ceño.

—No quiero que te acerques a él, ¡es sólo un niño, Severus!

—¡¿Pero de qué estás hablando?! Jamás le he hecho nada a Draco, quizá le gusta estar conmigo porque tú estás perdiendo la cabeza. ¿No serás tú quien le hace algo?

Narcissa golpeó la mesa cercana, haciendo caer un jarrón que estalló a pedazos.

—¡Yo jamás le haría nada a mi hijo!

—Eso no es lo que parece, siempre que ha acabado en el hospital ha sido cuando tú estabas a cargo.

—¡No voy a permitir que me acuses de esta forma! ¡No vengas nunca más! ¡Te prohíbo que veas a Draco!

Cerró la conexión y quedó mirando a la chimenea, apretando firmemente los puños.

Volví a subir las escaleras dirigiéndome de nuevo a mi habitación. ¿Quién era ella para hablarle así a Sev? Las últimas palabras de Narcissa resonaban en mi cabeza una y otra vez. ¿No ver nunca más a Severus? La simple idea era insoportable y me instalaba un peso aún mayor que cuando se marchaba en el corazón. Una sensación que me ahogaba.

Tendría que hacer algo para solucionarlo.

27 de mayo, 1991

Llamé con toques ligeros al despacho de mi padre hasta que escuché su voz indicándome que entrara.

—Draco, ¿qué necesitas?

—Siento molestarte papá, es sobre mi cumpleaños.

Lucius dejó lo que estaba haciendo y me indicó que me sentara con él en el diván.

—¿Algún regalo que quieras pedir?

Asentí. —Ver a Sev.

El mayor frunció el ceño. —¿A qué te refieres? Verás a Severus cuando venga al cumpleaños.

—Escuché a madre discutir con Sev, le dijo que no podía venir a mi cumpleaños y que no quería que se acercara a mí nunca más.

Lucius se levantó del lugar y suspiró.

—Papá, podré seguir viendo a Sev, ¿verdad?

—Por supuesto que sí.

—¿Por qué madre lo odia tanto?

Volvió a suspirar y se agachó a mi altura. —No es que le odie, es que está... insegura. Ella ve que tú tienes una relación más cercana con él y probablemente también le gustaría tenerla. Pero es normal, somos tus padres y no es lo mismo como un símbolo paterno que te permite hacer todo ¿verdad, dragón consentido? —acarició mi pelo corto y a mí se me escapó una sonrisa al escuchar el apodo por el que Sev siempre me llamaba.—Venga, ve a tu habitación, iré a hablar con tu madre e invitar a Severus.

Me despedí de mi padre y me marché, aunque no muy lejos pues me había escondido para escuchar la conversación que iban a tener.

Lucius salió de su despacho para encontrarse con Narcissa en el salón. Pude ver por la rendija de la puerta que ella leía tranquilamente mientras tomaba el té.

—¿Qué es eso de decirle a Severus que no puede acercarse a Draco?

—No quiero que me molestes ahora, Lucius.

—Ni yo que molestes a Draco o a Severus en ningún momento. Sobretodo aprovechando que no estoy aquí.

Narcissa se levantó del sofá para encarar a padre. —Es mi hijo, puedo decidir lo que está bien o mal y con quién quiero que se junte.

—También es el mío y legalmente tengo más derechos que tú.

—Si, claro. Y tú tomarás mejores decisiones que yo ¿no? Como eres tan perfecto y jamás te equivocas...

A Lucius se le empezó a ver enfadado y pocas veces lo demostraba.

—Ambos estuvimos de acuerdo con el futuro de Draco. Severus cuidará de él y después se casará y será muy feliz. Es el mejor partido que puede tener.

—¡No lo es en absoluto! Es un monstruo que se fijó en nuestro hijo desde antes de haber nacido, ¡y todo por esa obsesión que tiene contigo!

Mi padre suspiró. —Cissy, tienes que relajarte. Me casé contigo hace tanto y sigues sin mostrarme ninguna confianza y, además, tomas decisiones que deberían ser conjuntas.

—No pienso calmarme viendo en lo que Draco se está convirtiendo.

—¡¿En qué se está convirtiendo?!

Narcissa se acercó al rostro de Lucius y le escupió con rabia una frase que me llegó muy hondo.

—En un monstruo, Lucius. Es uno como con el que se va a casar.

28 de mayo, 1991

Estaba dibujando el paisaje que se observaba desde mi ventana y pensando en la conversación que habían tenido mis padres.
Por lo que había creído entender Severus se casaría conmigo y eso me hacía increíblemente feliz pero, no podía quitarme de la cabeza las palabras que mi madre había escupido con tanta ira.

Recordé que una vez con cinco años me golpeé en la cara con un juguete hasta hacerme sangrar. Creo que me hice una leve herida en la ceja. Todo había sucedido porque Severus vino a buscarme un día de vacaciones, quería llevarme a algún lugar y que lo pasáramos juntos, pero Narcissa no me dejó. Después de llevarme al medimago para que me curara, dijo que estaba loco y me llevó a otro medimago, éste especializado en trastornos y problemas mentales. Me había hecho tantas preguntas y tan extrañas... En aquél momento no entendí al doctor pero, a día de hoy, siendo más adulto, comprendí que intentaba descubrir si había sufrido abusos sexuales o malos tratos por parte de Severus.

Papá se molestó muchísimo con Narcissa aquella vez y le gritó delante de mí.
Sigo sin entender porque soy un monstruo solo por amar. Aunque si sé que debo esconderme para hacer esas cosas pues había ido aprendiendo, después de aquello, que nadie veía normal mi forma de expresarme.

Al terminar el dibujo, me dirigí a la cama, cogiendo un álbum de fotos que había creado. En todas ellas salía Severus, indicando la fecha en la que se hizo.
Le había pedido fotos de cuando era pequeño y las guardaba con muchísimo cariño, por eso había creado ese álbum y pedido a papá que le hiciese un encantamiento contra todo deterioro. Él simplemente me sonrió y lo hizo.

En el fondo pensaba que mi padre entendía el apego que tenía por Sev por el hecho de que él también había sentido algo similar por alguien. Ya debía hacer un año desde que me enteré que papá había estado interesado en otra persona antes de casarse con madre y que al parecer lo dejó por el matrimonio.
¿Se arrepentiría o habría elegido bien?

Yo jamás elegiría a otra persona que no fuera Severus.
Acaricié una de las imágenes más recientes. Sev estaba abrazándome en la fotografía y ambos saludábamos alegremente a la cámara. Había sido en mi cumpleaños.

Él era hermoso, cariñoso, amable, atento, valiente... Realmente tenía mil palabras para describirlo y todas ellas buenas.
Cada vez que lo veía mi corazón latía desbocado y quería correr a sus brazos. Esas orbes frías que tanto expresaban, la tierna sonrisa que sólo a mí me dedicaba, unas suaves caricias que me regalaba cada vez que estaba junto a él...

Definitivamente era imposible no amarlo.

Me acosté, mirando fijamente a mi padrino en ése gran tesoro. Querían alejarme de él y no pararían hasta conseguirlo. Una idea que nunca antes había tenido pasó por mi mente y llegué a la conclusión de que lo haría todo por él y por no perderlo.

Planeé hasta que me quedé profundamente dormido.
Notas finales:
Me alegra ver que la historia ha llamado la atención de algunas personitas. Ojalá este capítulo os haya gustado igual o más que el anterior.

¡Muchas gracias!

Recordad que nos leemos, si vosotros queréis, dentro de dos días :D
El atacante de ojos grises por ArtemiaCelosia
31 de mayo, 1991

Lucius había salido por temas de negocio desde muy temprano y no volvería hasta la noche, además de algunos elfos que habían salido para hacer la compra y otros a cuidar de los jardines lejanos, era el día perfecto.

Me levanté y saqué unas sábanas atadas con nudos que había dejado la noche anterior preparadas bajo de la cama y, con ayuda de unos guantes, me descolgué por la ventana.

Miré alrededor, no había nadie. Corrí a una de las ventanas traseras que daba al despacho de Lucius y la rompí con un gran pedrusco que había escondido en uno de los arbustos. Lo sentí mucho por mi padre, él no tenía la culpa... Entré rápidamente poniendo todo patas arriba y me escondí en un pasillo secreto que había tras una de las estanterías.

Pasaron unos minutos en los que la casa se mostraba completamente silenciosa y tranquila. Al parecer no había alertado a nadie. Salí de allí y me dirigí al desierto pasillo.
La luz del sol aún era casi inexistente por lo que era complicado que me reconocieran de primeras si me descubrían. Agarré dos dagas decorativas pero afiladas que se encontraban en un pequeño mostrador y me pasé a las demás salas de la planta baja, dejando todo destrozado a mi paso.

Subí silenciosamente las escaleras, acercándome peligrosamente a la habitación de mis padres, donde Narcissa seguía durmiendo tranquilamente.

____

Lucius llegaba a su casa cuando se encontró la desagradable sorpresa de ver un gran grupo de aurores investigando allí.

—¿Qué ha ocurrido?

—Señor Malfoy, recibimos un llamado de uno de sus elfos, al parecer entraron en su casa.

—¿Cómo? ¡¿Están todos bien?!

—Tranquilícese por favor, señor Malfoy...

—¡No puedo, mi mujer y mi hijo están en casa! ¿Está él bien?

El auror miró a uno de sus compañeros.

—Su mujer... ha muerto, señor. Lo lamento. —cogió aire para darle la otra noticia. —A su hijo no lo encontramos, pero no pensamos parar hasta dar con él.

Lucius inmediatamente se puso a buscar junto con los aurores para encontrar a Draco, ni siquiera fue a ver el cadáver de su mujer, ya no había nada que hacer por ella, pero su hijo aún podía estar vivo.

—¡Draco! —gritó en la habitación del joven.

Todo estaba completamente revuelto y había huellas ensangrentadas de las manos del muchacho y gotas de sangre en la puerta y en una cajonera descolocada cercana, al parecer había intentado bloquearla con ella. ¿A dónde podría haber ido?

—¡Aquí! —gritó fuertemente un auror. Corrió hasta su posición. Allí, en el pasillo secreto del despacho de su padre, se encontraba Draco.

—¡Draco! —lo cogió con suavidad y observó como una daga se había instalado en su pierna que el joven, en un vano intento por no seguir sangrando, había cubierto con una tela. En cuánto vio a su padre se puso a llorar fuertemente.

—Llévenlo a San Mungo, acompañen a su padre con él. —autorizó el auror encargado del caso.

1 de junio, 1991

—No queremos hacértelo pasar mal pero necesitamos saber que ocurrió ayer para poder atrapar a la persona que hizo esto. ¿Estás dispuesto a responder algunas preguntas? —asentí, estaba semiacostado en la cama del hospital y con la pierna bien vendada. —Bien. Si en algún momento necesitas parar solamente tienes que decirlo. Empecemos. ¿Cómo te diste cuenta de que había alguien en casa?

—Creí escuchar que alguien subía las escaleras y pensé que podía ser madre.

—¿Recuerdas qué hora era? —una negación por mi parte. —¿Y qué ocurrió a continuación?

—Me asusté cuando escuche un jarrón romperse en la habitación de mis padres y corrí allí para ver que había pasado.

—¿Por qué fuiste allí?

—Pensé que podía haberse hecho daño. Mi madre estaba tomando algunas pociones para dormir y a veces se sentía mareada... Un día casi cae por las escaleras.

Los aurores confirmaron esa versión con la de Lucius, que también advertía de ello.

—¿Y qué ocurrió cuando llegaste allí?

—Había una persona buscando por los cajones y mi madre, e-ella... —mi respiración se agitó y mis ojos se llenaron de lágrimas.

—Tranquilo, muchacho. Puedes tomarte el tiempo que necesites o no hablar de ello.

Asentí mientras aceptaba el pañuelo que uno de los aurores me acercaba, me sequé las lágrimas que ya corrían por mis mejillas y proseguí. —Mi madre tenía una daga clavada en la cabeza. Yo no sabía que hacer, comencé a llamarla y esa persona se acercó a mí.

El segundo auror interrumpió brevemente. —No mostraba signos de lucha.

—Dices que era una persona, ¿no sabes si era hombre o mujer?

—Era delgada y no muy alta. Si tenía pecho era muy poco, por eso no sé si era hombre o mujer...

—¿Y su rostro?

—Lo llevaba tapado con una tela negra, sólo se veían sus ojos.

—Si pudieras hacer alguna descripción de sus ojos sería de gran ayuda.

—Eran grandes y grises. —susurré con la mirada perdida, como si intentase recordar. —¡Tenía las cejas rubias!

—Como Lucius. —susurró el auror que estaba en la parte trasera.

—El señor Malfoy tiene coartada, además de que la persona que lo hizo parece indicar que es muggle. —dijo el auror que formulaba las preguntas.

—No era mi padre, tenía los ojos más claros y grandes. Y sus cejas... eran distintas.

El auror asintió y me dieron un pequeño descanso, dejándome solo en la habitación. Miré a la puerta, al parecer se lo estaban creyendo todo.

—¿Preparado para seguir, campeón? —dijo el auror volviéndose a sentar en la misma silla que había ocupado antes.

—Sí.

—Bien, nos habías contado que esa persona se acercó a ti. ¿Qué ocurrió?

—Me cogió del brazo y me intentó clavar la daga en el cuello, intenté esquivarlo aunque me cortó. —dije mostrando la herida de mi cuello. —Me empujó contra la pared y me clavo la daga en la pierna. Cogí uno de los jarrones que hay en el tocador y se lo rompí en la cabeza. Corrí como pude a mi habitación e intenté atrancar la puerta.

—¿Qué mueble usaste para ello?

—Una cajonera. Era lo más cerca que había y podía moverla. —el auror asintió haciéndole saber que podía continuar. —Me dolía muchísimo y sangraba... Cogí lo primero que encontré y me tapé la herida.

El mayor miró la pierna de Draco, recordaba la daga clavada en su carne.

—¿Por qué fuiste a tu habitación?

—No lo sé. No sabía que hacer y estaba herido.

—¿Y qué hiciste allí? ¿Cómo llegaste al piso inferior?

—En la mansión hay muchos pasadizos secretos que usan mucho los elfos para moverse entre la gente cuando hay fiestas muy grandes. Yo también los uso por diversión... —bajé la mirada avergonzado. —Hay uno en mi habitación que lleva a la cocina y de allí me fui al despacho de mi padre, para esconderme.

—¿Qué hizo esa persona mientras tú escapabas?

—No lo sé. Oía ruido pero solo... Solo quería esconderme en un lugar seguro. —dije con lágrimas en los ojos.

El otro auror silencioso incluyó datos. —Inspeccionemos la mansión y encontremos los pasillos con alguna pequeña marca de sangre del chico. También se revisó la puerta de su habitación, intentó ser forzada.

—¿Por qué el despacho de tu padre?

—Cuando era más pequeño mi padre solía decirme que era el lugar más tranquilo y seguro de la casa pero... Al llegar allí estaba todo abierto y habían muchas carpetas y libros por el suelo. Lo oí en el despacho, pensaba que venía a por mí...

—¿Te encontró?

Negué. —Huyó por la ventana rota. Poco después escuché ruidos arriba y la llegada de los aurores pero no me atrevía a salir...

—¿Recuerdas algo más o quieres contarnos alguna cosa?

Bajé la mirada.

—El día anterior mi madre había tomado una dosis más grande de su poción para dormir por mi culpa. Si yo no la hubiese hecho enfadar ella se habría despertado...

—¿Qué ocurrió?

—Discutí con ella porque yo quería invitar a alguien a mi cumpleaños, pero ella no y me gritó... La puse muy nerviosa y por eso tomó más poción...

El auror se acercó a mí y con un suave apretón en el hombro, en forma de apoyo, me susurró. —No fue tu culpa, chico.

____

Giliel había salido con cuidado al oír cristales partirse, alguien caminaba a oscuras por el pasillo y se dirigía a la escaleras. Ella, después de unos minutos, fue detrás y se escondió al ver al señorito que, con una daga clavada en la pierna, azotaba su puerta con violencia hasta que entró y escuchó muebles arrastrarse. Al cabo de unos minutos, los ruidos provenían del piso inferior.

Recordó los pasadizos que solía usar para llevar la comida al señorito a su habitación cuando estaba enfermo. Se asomó unos milímetros por la escalera para verle pasar y dirigirse al despacho del señor pero antes de desaparecer completamente, volvió a asomarse y la miró.

Giliel salió para disculparse pero Draco ya la había sujetado antes de que pudiera hacerlo. —Shh... Giliel te prohíbo contar esto, ahora ve a llamar a madre y a los aurores. Tú no sabes nada ¿entendido?

—S-si, señorito...

—Como digas algo tendré que enfadarme contigo al igual que me enfadé con madre y no quieres eso ¿verdad? —la elfina negó con fuerza. —Bien...

La soltó y se dirigió al despacho, donde al parecer se escondió por lo que pudo saber después.

Silenciosamente fue hasta la habitación de los señores, que tenía la puerta abierta de par en par y vio a la señora muerta. En seguida llamó a los aurores y quedó a su espera, guardando silencio cuando encontraron a Draco y éste le miraba con demasiada fijación.
Cuando preguntaron a los elfos ella afirmó que había llegado antes que los demás porque había terminado sus tareas y que al ver la casa hecha un desastre, corrió a avisar a su señora. Allí la encontró ya muerta y no vio a nadie sospechoso.

5 de junio, 1991

Tenía en mis manos un gran regalo de parte de Severus. Ya había abierto todos los demás y habían estado bien, pero ninguno tendría el mismo valor que el suyo. Me dispuse a abrirlo, completamente emocionado.

—Espero que realmente te guste.

El jardín de la mansión estaba a reventar de personas. Muchos hijos de sangre pura acompañados por sus padres y elfos que los cuidaban y servían, por lo que nos habíamos apartado durante algunos minutos a mi habitación, para que fuese algo más intimo.
Deslicé el perfecto lazo que envolvía el paquete. Un precioso caldero y muchos útiles para hacer pociones, acompañados por ingredientes seguros para realizarlas.

—¡Es genial! ¡Podré hacer pociones como tú! —miré a mi padrino que me sonreía.

—Podrás empezar unos meses antes de ir a Hogwarts. Espero que aproveches la ventaja, no te daré cuartel por ser mi dragón.

Sonreí sonrojado. Cada día contaba el tiempo que me quedaba para ver a Severus todos los días y con el añadido de que sería su alumno.

—¡Seré el mejor pocionista después de ti para hacerte sentir muy orgulloso!
Notas finales:
¿Alguien esperaba lo sucedido?
Me gustaría saber vuestras opiniones sobre el personaje de Draco. ¿Os apenáis por Narcissa?

Recordad que dentro de dos días seguirá la historia, así que si vosotros queréis nos leemos. Hasta entonces, ¡qué paséis unos felices días!
Entrada a Hogwarts por ArtemiaCelosia
1 de septiembre, 1991

Tenía la maleta completamente lista y ya estaba de camino al andén para coger el Expreso que me llevaría al colegio. Había sido increíblemente divertido hacer las compras, a pesar de tener que ir solo con papá, ya que Sev no podía verse en público haciéndome un trato especial.

—¿Nervioso? —preguntó padre.

—Un poco...

—No debes estarlo. Encontrarás a muchos chicos que ya conoces y seguro que te pondrán en la casa de Slytherin.

—Sev es el jefe de esa casa.

—Así es. Todos hemos asistido a esa casa. Aún recuerdo la satisfacción que sentí al entrar por primera vez a las mazmorras para llegar a la sala común. También se encuentra allí la clase y el despacho de Severus.

Asentí emocionado. Estaría muy, muy cerca suyo. ¿Quizá podría hacer alguna escapada nocturna para verle y quedarme con él?

—He conseguido que el director Dumbledore te ponga una habitación individual. No quiero que metas a nadie allí, ¿de acuerdo?

Miré extrañado a mi padre. —¿A Severus tampoco?

—Severus puede entrar, me refería a otros chicos o chicas. Tampoco te metas en muchos líos, ni te juntes con...

Miré hacia otro lado, estaba cansado de oír siempre esa charla de los sangre sucia y los que no eran leales al señor oscuro.

Lleguemos bastante pronto, pero decidí subir al tren y encontrarme con los demás para que mi padre pudiera irse a trabajar. Al llegar al vagón él me localizó por la ventana, me despidió con la mano y se marchó.

—¿Qué es lo que más os emociona de ir a Hogwarts? ¡A mí me emociona todo!—preguntó Pansy Parkinson, una chica de mi misma edad, bastante irritante y pesada. Le gustaba llamarme con sobrenombres y solía colgarse de mi brazo, aunque yo siempre la apartaba.

—¡Comida! —respondieron a la vez Vincent Crabbe y Gregory Goyle, dos gorilas que parecían no pensar en otras cosas que comer, dormir y pegar. Ocasionalmente podría tomar partido de ello.

—Clases de vuelo, ¿puede haber algo más emocionante que eso? Si lo hacemos bien, el año que viene podríamos optar a algún puesto en el equipo de Quidditch . —Blaise Zabini, uno de los más serios del grupo. Le encantaba el Quidditch y las artes oscuras, se parecía bastante a su padre. Bueno... por lo menos al último que conocí.

Theodore Nott miró por la ventana. —No lo sé, pero es genial vivir una nueva etapa. —Theo es el típico amigo achuchable que hay en todos los grupos. El soñador, pero siendo realista.

—¿Y tú, Drake?

Miré a la chica atentamente. Las razones de los demás no me parecían tan malas, pero eso no significaba nada para mí. ¿Mi mayor emoción? Poder estudiar junto a Severus para convertirme en un gran creador de pociones cuando fuese mayor de edad, y poder casarme con él. Soñaba continuamente con ello. —Mi futuro. —respondí brevemente.

Ellos se quedaron mirándome extrañados.

En el tren se empezó a hacer gran escándalo.

—¿Qué ocurre? —preguntó Pansy a una chica que pasaba por allí, al parecer la conocía.

—Al parecer el-niño-que-vivió, Harry Potter, está en el tren.

Dirigí mi mirada a la ventana. Potter... Había oído ese nombre antes. Una vez le pregunté a mi padre porque Sev no estaba casado, recuerdo que era muy pequeño. Él me dijo que había estado muy enamorado de una chica llamada Lily Evans, pero que ella no sentía lo mismo y se había casado con el enemigo de Sev, James Potter. Deseé con todas mis fuerzas que el chico no se pareciera a Lily y que no entrara en Slytherin.

—Draco, ya hemos llegado, debemos bajar. —me dijo una voz. Al parecer, había estado el resto del camino completamente anonadado mirando el paisaje.

Subí a unas de las barcas que navegaban solas hacia el castillo, atravesando el gran lago donde una sombra nos acechó.

—¡El calamar gigante viene a saludaros! —gritó el semigigante que nos acompañaba.

No creo que esté intentando saludarnos, más bien parece ansioso porque una barca se dé la vuelta.
Al llegar allí nos encontremos con una profesora, nos hizo seguirla hasta un gran portón y esperar a que ella volviera.
Giré la cabeza mientras miraba todo alrededor.

—Allí está Potter, es el chico moreno que está junto a ese pobretón pelirrojo. —señaló Pansy.

Sev me había comentado que el sombrero seleccionador tiene en cuenta los deseos de la persona seleccionada, por lo que era mi momento para deshacerme de él. No podía venir a Slytherin, debía alejarlo de allí.

—Ya veo que los rumores eran ciertos, Harry Potter ha venido a Hogwarts. Mi nombre es Draco, Draco Malfoy.

Una risilla me hizo desviar mi mirada al pelirrojo.

—¿Te hace gracia mi nombre? No necesito preguntarte el tuyo. Pelirrojo, pecas y ropa de segunda mano. Debes ser un Weasley.

Me hizo una mueca de desagrado y yo sonreí.

—Te puedo ayudar a elegir a las personas correctas, sólo debes desear ir a Slytherin. —le sonreí antes de notar la mano de la profesora McGonagall que ya había vuelto.

Volví con mis compañeros antes de adentrarme en el gran comedor. Miré a la mesa de los profesores mientras esperaba a que el sombrero me llamara, allí, con pose seria y profesional, se encontraba la persona que más admiro y amo. Nuestros ojos se cruzaron y pude ver una leve sonrisa.

—¡Draco Malfoy!

Me acerqué al sombrero y antes de que estuviera sobre mi cabeza ya había gritado ‘¡Slytherin!’ Observé a Potter y le sonreí de medio lado. ¡Ojalá que hubiese funcionado y no quisiera ir a Slytherin!

Desde la mesa de mi casa escuchaba atentamente la selección, me sentía un poco mareado de tanta tensión.

—¡Harry Potter! —el sombrero hizo ruidos mostrando que se lo estaba pensando muchísimo. —Serías buen Slytherin... —No, no... ¡No, Potter no puede venir aquí! —¡Con qué Slytherin no! Mm... ¡Gryffindor! —respiré por fin aliviado, lo había conseguido.

Me acosté en la cama de mi habitación privada. Habíamos cenado hasta que fue la hora de que nos enseñaran el camino y las contraseñas de las salas comunes. Los demás se sorprendieron cuando vieron que tenía una habitación individual y algunos de ellos se molestaron. Serán envidiosos...

Por fin estaba en Hogwarts, a su lado, siendo su alumno, eso era lo único importante.

5 de septiembre, 1991

Me metí en la bañera de mi baño privado, la tibia agua acariciaba mi piel y resultaba muy reconfortante. Hacía cuatro días que habían empezado las clases y no podía estar más feliz.
En la primera clase de pociones, Severus dejó en ridículo a Potter, haciendo notar que no le agradaba en absoluto su presencia y me sumó puntos a mí al responder bien sus preguntas, felicitándome en el proceso. En la segunda habíamos tenido que realizar una poción que me salió genial, llevándome de nuevo alabanzas por parte de Sev.
‘Por suerte tenemos a alguien prometedor en las pociones.’ Dijo.

Me llevé las manos a la cara, mojándola en el proceso. Estaba sonrojado ante el simple recuerdo. Agarré la esponja y me puse a enjabonarme los brazos.

Las demás clases me iban bien, aunque el ritmo del colegio era frenético y, cuando podía hacía la vida de Potter imposible. No parecía un mal chico pero una parte de mí deseaba hacerle caer de la escoba o empujarle al gran lago.

Me di cuenta que al estar pensando en Potter estaba ejerciendo demasiada presión en mis brazos, quedando marcas rojizas en ellos.

Por mi culpa le habían elegido buscador del equipo de Gryffindor, convirtiéndose en uno de los más jóvenes jugadores de Hogwarts. Severus se quejó ante ese hecho pero al parecer el director no le hizo caso y no tuvo problema con que Potter jugara.

Me acomodé en la bañera y cerré los ojos, dejándome llevar por el suave olor a avena y el calor.

14 de octubre, 1991

Llamé fuertemente antes de entrar, pegando la oreja a la puerta. Dentro parecía no haber nadie.

—¿Profesor Snape? —la clase estaba completamente vacía. No era de extrañar, pues muy pronto sería la hora de la cena.

Severus salió de la sala donde guardaba los ingredientes y me miró.

—Draco, no sabía que estabas aquí.

—Acabo de llegar. —me acerqué a él para ayudarle, llevaba los brazos llenos de ingredientes.

—Gracias. ¿Necesitabas algo? Pronto será la hora de la cena. —no me miraba a los ojos, estaba demasiado ocupado ordenando la mesa.

—Lo sé. Sólo quería saber si podrías ayudarme algún día para realizar esencia de Murtlap y...

Severus levantó la mirada hacia mí. —¿Esencia de Murtlap? Aún te quedan algunos años para aprenderla.

—Ya. He leído el libro de primer año y practicado todas las pociones que hay en él. También he modificado un par de ellas con algunos de los ingredientes que me trajiste para mi cumpleaños. Traje tu regalo. —le sonreí.

Sev parecía completamente asombrado.

—Si no puedes...

—Ven el viernes, después de la cena. Te daré un permiso para el toque de queda.

—Gracias Sev.

Nos despedimos y me marché de allí.

18 de octubre, 1991

Me senté en la mesa del profesor, que Severus había preparado previamente. El majestuoso caldero estaba frente a mí, burbujeante con un color amarillo brillante.
Sev había preparado una, mostrándome como se hacía, para seguidamente dejarme hacer una a mí.

—¿Y cómo van las clases? —me preguntó mientras se aseguraba de que cortaba bien los ingredientes.

—Bien, no se me hace muy complicado, aunque me gustaría tener más clases de pociones...

—Serías un pocionista increíble si en el futuro eligieras esa opción.

Sonreí mientras echaba los ingredientes por orden y con los tiempos perfectos de por medio.

—¿Has traído tus apuntes de las pociones que modificaste?

Asentí. —Están en el pupitre. —Sev empezó a revisar mis apuntes en silencio.

—Es increíble. —susurró al cabo de un rato. Sentí mis mejillas acaloradas. —No como Potter...

Ese comentario encendió algo en mí que no pude controlar. Severus estaba pensando en Potter, estaba comparándome con él, y aunque fuese para mi beneficio, eso no me gustaba en absoluto. Apagué el caldero con una mirada ausente y vi como la poción, con un perfecto amarillo, dejaba de burbujear a pesar de seguir ardiendo.

En mi cabeza se debatía un duelo entre una idea y otra. Quería su atención completamente en mí, debía hacerlo aunque doliese. Metí levemente la mano en el líquido caliente y me quejé.

Sev en seguida se acercó a mí. —Lo siento, no sé que me ha pasado...

—Seguramente ya estás algo cansado. Es tarde. —me levantó, dejándome sentado en la mesa del profesor y cogió mi mano con suavidad, examinando mi quemadura. —No es muy grave, puedo curarla yo.

Quedé mirándole fijamente mientras buscaba el remedio para quemaduras. Sus movimientos eran ágiles y su ceño fruncido indicaba que estaba concentrado, solía hacerlo mucho cuando fabricaba pociones. En su mirada se podía ver la preocupación.
Volvió a mi lado y me puso la pasta cuidadosamente en mi piel enrojecida.

—¿Te duele mucho? Puedo darte una poción para ello.

Negué y me incliné un poco más hacia delante, dejando mi cabeza apoyada en su hombro. Con la cara enterrada en su cuello mis sentidos desvariaban, su olor era adictivo.

Sus brazos me rodearon para darme un firme abrazo.
Notas finales:
Ahora que llegamos a Hogwarts puedo comentaros que el fic tomará un compás en cuanto a sus capítulos. Los años en la escuela siempre durarán dos capítulos (uno de llegada y otro de salida) y después seguirá uno que será únicamente de las vacaciones de verano.

Sin más, recordad que podéis enviarme sugerencias o peticiones de parejas y/o situaciones que siempre hayáis querido leer pero que no sean muy habituales.

¡Nos leemos dentro de dos días! :D
Vuelve a mí por ArtemiaCelosia
22 de mayo, 1992

Me sentía completamente nervioso y frustrado.

Desde que habíamos vuelto a Hogwarts, después de Navidad, Sev se comportaba de forma distante y secretista. Varias cosas pasaron a la vez, empezó a cojear, le dedicaba demasiada atención a Potter y solía estar muy enfadado.
Había intentado hablar con él multitud de veces pero él me dedicaba una o dos palabras y se marchaba. Eso siempre que, cuando fuese a su despacho, él estuviera allí y sucedía en muy pocas ocasiones. Le expliqué, por el pasillo, que había estado en peligro por mi castigo en el bosque prohibido... Sin resultado alguno.
Ni siquiera me hablaba en las clases. Ya no había felicitaciones por mi trabajo perfecto, no habían miradas, ni apodos, ni abrazos, ni un beso en la mejilla...

Tiré la lámpara de pie en un arrebato de locura. La bombilla estalló en mil pedazos que se esparcieron por toda la habitación.
Mi respiración estaba agitada e irregular, tenía taquicardias y me sentía mareado. Las lágrimas empezaron a recorrer mis mejillas. Me las limpié con las manos, que temblaban con violencia, al igual que el resto de mi cuerpo.

Deslizándome por la pared, me acerqué a la mesilla donde mi varita esperaba.

—Diffindo. —susurré sobre mi antebrazo izquierdo.

El primer corte se hizo presente, no muy hondo pero si sangrante. Una parte de mi mente me pedía más y más, gritaba por ello y prácticamente dejaba escondida a la otra.

Apoyé la espalda contra una pared y resbalé hasta el suelo. Allí, tirado, me seguí haciendo más cortes hasta que los gritos pararon y pude escuchar a la otra sollozar por un poco de reposo.

21 de junio, 1992

Bajé del tren perezosamente y me dirigí a mi padre, que ya esperaba allí. Con un leve apretón en el hombro me llevó a casa, esta vez no hubo camino, nos aparecimos directamente.

—Draco, ¿cómo ha ido tu primer año?

Dejé las evaluaciones sobre la mesa. —Mal.

Lucius frunció el ceño y miró las evaluaciones atentamente. Todas estaban aprobadas en mayor o menor nota.

—¿Qué ha ido mal?

Encogí los hombros. Mi mirada seguía fría e inexpresiva, como llevaba sucediendo meses atrás.

—Si cualquiera te ha hecho algo puedo hacer que lo exp...

—Estoy cansado. —interrumpí. —¿Puedo irme a mi habitación?

Lucius me asintió con una mirada algo preocupada pero salí de allí lo antes posible, quería evitar más preguntas.
¿Si alguien me había hecho algo? No. Ése era el problema. Severus no me hacía absolutamente nada. Pasaba a mi lado como si fuese inexistente.

Me dejé caer bocabajo en la cama.

Por lo que pude saber el profesor Quirrell había permitido que el Lord entrara en Hogwarts y Potter consiguió vencerle. El profesor murió en el proceso Quién-no-debe-ser-nombrado... No estoy seguro de eso.
Severus seguía mostrándole muchísima atención a Potter hasta el último segundo que el tren partió y es que, si sus miradas se desviaban hacia él, las mías se dirigían siempre hacia Sev...

Abracé la almohada y lloré contra las sábanas. Últimamente no podía dejar de hacerlo.

29 de junio, 1992

Giliel llamó a mi puerta e ingresó cuando le di permiso.

—Giliel viene a avisar al señor que tiene una visita del señor Snape. Él espera en el salón.

Asentí desganado. Me moría de ganas por verle pero... ¿Y si venía a decirme algo malo? Quizá era una visita para declarar que ya no estaba interesado en venir más y que a partir de ahora iría a ver a Potter...

No... Si eso pasara yo no podría seguir viviendo.

Me levanté lentamente y bajé las escaleras. De alguna manera intentaba tardar mucho para que se cansara de esperar y se fuera.

—¡Draco!

Le miré atentamente y vi como me recibía con los brazos abiertos, con una hermosa sonrisa y sus ojos... De nuevo tan expresivos y brillantes como siempre.
Bajé rápidamente los últimos escalones que me quedaban y me abalancé sobre él, abrazándole con fuerza mientras plañía.

—¿Qué te ocurre? —me preguntó cuando notó mi cara completamente mojada.

—He estado preocupado por ti y... t-te he echa-ado tanto de menos. —me limpió unas gotas y me sonrió.

—Lo siento mucho, dragón. No podía contarte nada, no quería que sufrieras riesgos.

Me volví a abrazar a él con fuerza.
Había querido protegerme, si que pensaba en mí todo este tiempo.

—Yo también te he echado mucho de menos. —su voz aterciopelada me susurró muy cerca del oído, erizando mi vello y dejándome completamente ruborizado y calmado.

7 de julio, 1992

Esperaba sentado en la entrada de casa. Severus me había pedido algunos días para prepararme una salida. Quería compensarme por no celebrar mi cumpleaños y no comprarme un regalo.

¡Tendría un día entero con él! Me sentía tan emocionado que me había levantado de madrugada para alistarme y permanecer horas con la mirada fija en la puerta.

Unos firmes toques me sobresaltaron, me acerqué rápidamente para abrir.

—Vaya, ¿ya estás listo? —miró su reloj que marcaba antes de las nueve, hora en la que habíamos acordado que pasaría a buscarme.

—Llevo horas esperándote. —sonreí y le abracé.

Él lo hizo de vuelta. Me indicó que esperara un momento, que iría a hablar con Lucius antes de marcharnos. Miré su vestimenta. Nunca le había visto vestir de otro color que no fuera un negro azulón, como mucho con algún detallito blanco.

Me giré al escuchar bajar a alguien por las escaleras, era Giliel y otro par de elfos. Ella me miró y bajó la cabeza, solía hacerme esos gestos de respeto y... terror.

—Giliel, ven un momento. Vosotros, marchaos. —ordené.

Se acercó a mí y dio una reverencia, se la notaba inquieta e incómoda. Sabía que no quería estar conmigo a solas.

—Giliel...

—Señor, Giliel no ha dicho nada...

La interrumpí al ver que balbuceaba y que sus ojos se aguaban. —Necesito contarte el porqué. —Me agaché junto a ella y señalé a Severus que seguía conversando con Lucius, ella le miró atentamente. —Mi madre quería separarme de él, no quería que volviese a verme jamás. Tenía miedo, Giliel. Sentí tanto miedo de perder a la persona que amo...

La elfina abrió los ojos sorprendida y llevándose las manos a la boca.

—Necesitaba estar con él y se me fue de las manos. —susurré. Algunas lágrimas se me escapaban pero las limpié en seguida, hoy debía ser un día animado pero no dejaba de sentirme mal por lo que había hecho.
Mi madre era bastante estricta aunque tenía sus puntos tiernos. Cada día recordaba como la bella mujer me leía cuentos para dormir, siendo yo muy joven, como me observaba jugar en el jardín mientras tomaba ese té con un dulce aroma, como le gustaba cepillarme el cabello, como me acerqué a su cuerpo dormido y le clavé la daga sin dudarlo y como me dejaron algunos de sus recuerdos cuando ni siquiera asistí al funeral...
Decir que no me arrepentía era mentir, pero ella me había hecho elegir entre Severus y ella. No había duda de quién elegiría.

—Giliel comprende que fue un error, señorito. Giliel no dirá nada.

—Gracias, Giliel.

Severus se acercó a nosotros y me miró preocupado. Mis ojos aún seguían brillantes y un poco rojos a causa del leve llanto.

—¿Vamos? —le sonreí.

Llevé mi mano a su brazo para aparecernos en otro lugar. Era un bosquecillo lleno de vida, los rayos del sol se colaban entre las ramas y lo hacía todo muy cálido.

—No podemos ir al mundo mágico juntos ahora que somos profesor y alumno, pero podemos ver algunos eventos muggles. —asentí feliz, cualquier sitio era bueno con su sola presencia.

Severus sostenía mi mano con fuerza, nos dirigíamos fuera del bosque donde habíamos aparecido, el ruido de una feria se hacía más y más cercano. En seguida nos topamos con la gente que iban con globos, dulces y refrescos en las manos.

Pasamos gran cantidad de día observando los puestos y viendo algunas obras teatrales callejeras, también había gran cantidad de música y algunas atracciones. Comimos en un restaurante que había cerca, nuestra conversación era animada y disfrutábamos de una vista perfecta.

—En mi juventud alguien me enseñó la existencia de esta feria.

—¿Vivías por aquí?

—Vivo. Mi casa siempre ha sido la misma.

Le miré completamente asombrado. Cuando era más joven acompañaba a mis padres a todas sus visitas, entre ellas a las que realizaban a Severus, pero siempre aparecíamos directamente en su ruinosa calle y nunca supe donde estaba situada.
Él no solía hablar de su infancia o ‘detalles sin importancia sobre su vida’. Si supiera lo que realmente me importaban esos detalles...

Después de disfrutar de un rato ameno nos fuimos a pasear de nuevo, esta vez por un sitio mucho menos transitado. Había un pequeño puentecito de madera para pasar un riachuelo que tenía coloridos y brillantes peces que saltaban animadamente.

—Antes de marcharnos de casa... ¿Te pasaba algo?

—Recordaba a madre.

Severus se posicionó detrás de mí, abrazándome fuertemente.

—Siento mucho lo que ocurrió.

—No os llevabais muy bien...

—¿Cómo lo sabes?

Apreté más mi espalda contra su pecho y alcé mis manos para alcanzar las suyas.

—Un día os escuché. Te dijo que no quería que volvieras a acercarte a mí.

Los pulgares de Sev me acariciaban las manos tranquilamente.

—Ella creía que era malo para ti verme. Le dije que no lo era en absoluto pero en realidad jamás te pregunté. —le oí susurrar.

—¡No lo eres!

—En los últimos meses te he hecho sufrir de una manera u otra.

Bajé la mirada al recordar esos tristes meses en los que me había auto flagelado hasta el cansancio, hasta que podía escuchar a esa sollozante voz suplicar piedad.

—Lo hiciste para mantenerme a salvo.

—No sé si siempre te podré mantener a salvo, pero voy a hacer todo lo posible por conseguirlo. Es muy probable que pasemos tiempo separados pero no quiero que olvides nunca que te quiero y que siempre volveré a por ti.

Me giré entre sus brazos, necesitaba verle a los ojos y hacer algo que quería desde hace tiempo. Me acerqué a sus labios, parando antes de tocarlos por si él quería alejarse. Al ver que eso no ocurría me acabé de acercar, rozando su boca con la mía en un suave beso. Una delicada caricia que hacía derretir mis sentidos. Escondí la cara en el hueco de su hombro y le susurré.

—Yo también.

—Draco...
Notas finales:
Me froto un poco las manos al terminar de subir este capítulo y dar un respiro a todo lo que está por llegar.

¿Soy la única que está deseando subir la historia al completo? Ojalá que no D:

Como siempre, me despido hasta dentro de dos días. ¡Qué lo paséis genial!

-----

Agradecimientos especiales a SunnyBeth9819 que está a tope con la lectura y los comentarios :D
Secretismos y el Club de Duelo por ArtemiaCelosia
31 de octubre, 1992

Había empezado el segundo año, algunos de mis compañeros seguían emocionados y otros ya nos habíamos acostumbrado rápidamente al lugar. Miré con atención a la mesa de profesores del gran comedor. Allí se encontraba Sev sentado al lado de una silla vacía donde debía estar Gilderoy Lockhart, un hombre “encantador” que sonreía coquetamente a cualquiera, incluso a mi amado, aunque él le miraba de vuelta con asco.
El trío “dorado” me habían intentado humillar al verme entrar en el equipo de Quidditch a lo que le respondí como merecían, recordando donde estaba su lugar por la sangre de Granger. Weasley me intentó atacar, pero se lo provocó a él mismo. Nadie más inútil que él...

Salí de allí junto a mis guardaespaldas, la fiesta de Halloween ya había acabado y era la hora de marcharse a las salas comunes. Todos lleguemos al pasillo donde nos encontremos a Potter, Weasley y Granger junto a una petrificada Norris, la gata del celador, y un mensaje ensangrentado.

Los alumnos parecían asustados e intrigados, los profesores asombrados y Filch... Él quería volcar la sangre de los tres para aliviar su dolor. La profesora McGonagall en seguida nos mandó a nuestras salas comunes mientras el director Dumbledore tranquilizaba a Filch.

—Temed enemigos del heredero, los primeros seréis los sangre sucia. —espeté con burla mirando a los tres inútiles leones.

Comencé a caminar hacia mi sala común, sabía que Crabbe y Goyle me seguían de cerca.
Al llegar allí me empecé a poner nervioso y los mandé lejos para encerrarme en mi habitación. Solía tener esos arrebatos y cambios de humor, aunque no acababa de entender porqué.

2 de noviembre, 1992

Miré aburrido a mis compañeros de clase, parecían estar en el mismo estado que yo, salvo los que ya se habían dormido.
Estaba en clase de historia de la magia. El profesor Binns había decidido contarnos sobre la cámara de los secretos aunque, por supuesto, era al modo de los “buenos”.

—Salazar Slytherin era el único que no quería permitir personas de sangre “impura”, aceptando así alumnos con familia mágica y al final se marchó porque sus ideas no eran escuchadas por los demás. Dicen que antes de marcharse dejó un lugar... La cámara de los secretos, que está escondida en algún sitio del castillo, con una gran bestia en su interior. —los jadeos asustados de los alumnos, principalmente mestizos o sangre sucia, llenaron la sala. —No os asustéis chicos. Sólo el heredero de Slytherin puede encontrarla y liberar a la bestia. Además, es sólo una ridícula leyenda. Nuestro director, Albus Dumbledore, se conoce el castillo completamente y ningún secreto se le puede escapar.

Mentira, al viejo se le escapaban mil cosas de las que sucedían en el colegio o quizá... Quizá es que no se le escapaba nada de Gryffindor, que era a la única casa a la que prestaba atención.

Quedaba demasiada clase por delante.

8 de noviembre, 1992

—¡Fred envía esa bludger bien lejos, mientras otra se le acerca peligrosamente a Harry Potter! ¡Oh, Merlín! ¡Harry ha sido derribado por una bludger y ésta sigue intentando golpearle! —comentó Jordan desde las gradas.

Miré a Potter que seguía intentando esquivar la bludger como podía. ¿Qué estaba pasando?
Los profesores se acercaron a él e hicieron desaparecer la bola maldita para ver su estado. Descendí con mis compañeros puesto que habían parado el partido y no parecía que se fuera a reanudar.

—No te preocupes, Harry. Te curaré el brazo en un momento. —el profesor Lockhart parecía serio por una vez en su vida.

—No... Usted no.

—Pobre chiquillo, el golpe... ¡Braquiam emendo!

El brazo de Potter se convirtió en un trozo de carne y piel sin hueso ninguno. Mis compañeros se empezaron a reír, y yo con ellos.
Se lo llevaron inmediatamente a la enfermería y se canceló el partido.

9 de noviembre, 1992

____

—Escuché perfectamente lo que dijeron y, cuando se fueron, vi el cuerpo petrificado de Colin. ¡La cámara secreta ha sido abierta!

—Eso quiere decir que el heredero está aquí, pero... ¿Quién será?—Ron miró a sus amigos.

Hermione pareció dudar sobre lo que iba a decir, sabía que no debía inculpar a nadie sin pruebas pero los hechos hablaban por sí solos.

—¿Quién odia a los sangre sucia diciéndolo abiertamente y, durante generaciones, han pertenecido a Slytherin? —se aventuró a comentar la castaña.

—¡Malfoy! —gritaron sus amigos.

Hermione asintió. —Puedo intentar hacer una poción multijugos para colarnos en Slytherin y sacarle la información pero eso quebraría unas mil normas y si nos pillan... Podríamos ser expulsados.

—Tenemos que arriesgarnos, Mione. Es por la seguridad de todos. —añadió Harry, intentando convencer a su amiga.

Ella asintió.

—Tardaré más de un mes en prepararla.

____

21 de noviembre, 1992

No me gustaba en la posición que me encontraba. Rodeado de gente de todas las casas, observándome junto a Potter, esperando que siguiéramos con nuestros ataques.
Había sido prácticamente obligado a ir al Club de Duelo, aunque debo reconocer que al saber que Potter iba a estar allí, había sido yo quien había decidido ir para hechizarlo y poder desquitar mi rabia con alguien más. Pero no esperaba todas esas miradas.

Podía sentir como la gente quería que ganara él, que me hiciera daño. Y Severus... él ni siquiera parecía estar del lado de ninguno de los dos. No como Lockhart que definitivamente iba con Potter, dándole consejos y ayudándole a levantarse cada vez que lo derribaba.

Cuando él me derribo a mí, Severus me levantó por la túnica, sin ni siquiera tocar un milímetro de mi piel. Sentí una corriente en mi columna. Era rabia, tristeza, incomprensión.

—¡Serpensortia! —grité con ira.

La serpiente se dirigió al Gryffindor pero por el camino quedó parada y giró a su derecha, encontrándose con un alumno de Hufflepuff. Un tal Fletchley o algo así.

Potter comenzó a hablar en pársel y todos nos quedemos sorprendidos. Giré mi mirada hacia Severus, viendo como había quedado con los ojos muy abiertos.
Se acercó lentamente a la serpiente y la hizo desaparecer.

Algunos alumnos empezaron a increpar a Potter por haber instigado a la serpiente a atacar al Hufflepuff. Yo salí de allí lo más rápido que pude, deshaciéndome del suave agarre que Sev me había dado.

____

27 de noviembre, 1992

Salí del baño con el pelo aún húmedo, no tenía ganas ni de secarlo. Mi cuerpo estaba destrozado desde el duelo y no podía ir a la enfermería.
Miré a Severus que estaba sentado en la cama, supongo que esperándome.

—He venido a ver cómo estabas.

Susurré suavemente. —Bien.

Noté un casi imperceptible suspiro por su parte.

—Te ocurre algo, llevas días extraño.

—Sólo estoy cansado.

Severus me miró de arriba abajo buscando algún índice de mentira, aunque yo me sonrojé ante esa mirada tan escrutadora.

—Todo fue a partir del club de duelo. ¿Qué pasó allí? Por lo que yo sé no fue nada grave.

Fruncí el ceño. Ese comentario me había molestado en exceso.

—Potter me hizo volar por los aires.

—Caíste más o menos bien.

No sé si era sensación mía o no, pero en mi cabeza no podía evitar ver como Severus defendía a Potter y, de algún modo, me decía que era un cuentista.

—¡Me hizo trizas, ¿de acuerdo?!

El moreno me miró fijamente y yo me volví al baño para encerrarme allí. Si era necesario dormiría ahí dentro para evitar verle. Mis ojos se estaban llenando de lágrimas y no quería tener un nuevo ataque de ira contra mí mismo. No delante de él.

—Draco, siento mucho lo que he dicho. No sabía que te habías hecho daño. —hizo una pausa pero al ver que yo no seguía, prosiguió. —Deberías haber ido a la enfermería o venir a mí. Si sales podré curarte.

—No.

Fue la única palabra que dije durante diez o quince minutos en los que Severus siguió intentando hacerme salir, hasta que al final suspiró sonoramente.

—Si en algún momento quieres alguna poción ven a verme, dejaré permisos en la habitación para que puedas pasar. —dijo antes de marcharse.

Mi cara ya estaba llena de gotas saladas mientras mis uñas se clavaban fuertemente en mi piel.
No podía decirle que no podía ir a la enfermería o acudir a él porque Potter, al lanzarme por los aires y caer en el suelo, había conseguido abrirme heridas que yo mismo me había hecho.
Notas finales:
Como siempre, y si vosotros queréis, nos leeremos dentro de cuarenta y dos horas en el próximo capítulo. Hasta entonces, ¡pasad unos lindos días! :D
Una amiga con la que poder hablar por ArtemiaCelosia
2 de diciembre, 1992

Entré por una puerta, escuchando antes para saber si había alguien dentro. Miré la estancia, al parecer era un baño, nunca había visto a alguien usarlo.

Me metí en uno de los compartimentos por si alguien entraba y saqué mi varita. Respiré hondo y me apliqué un diffindo en el antebrazo derecho. La sangre corría por mi blanca piel hasta caer al suelo.

Llevaba muy nervioso desde que Severus había venido a mi cuarto y no podía quitarme de la cabeza esa voz que me decía que me hiriera. Ni siquiera me dejaba dormir.

—No deberías hacer eso.

Me sobresalté al escuchar la voz que provenía de mi izquierda. Allí había una fantasma que miraba atentamente mis ojos.

—¿Sabes? No deberías estar aquí. Éste es el baño de las chicas, pero viendo que estás tan triste...

Lancé un fregotego al suelo y me vendé el brazo.

—Me marcharé ya.

La fantasma se puso delante de mí y yo paré en seco mi movimiento. Luego me pareció ridículo, podía pasar a través de ella sin ningún problema pero por algún motivo no quería hacerle eso.

—¿Qué te hace estar tan triste? —preguntó mirando mis ojos cristalinos.

—La persona a la que amo...

—¡Oh! Amor... —canturreó con una sonrisa. —Si esa persona te hace llorar y hacerte daño quizá no deberías acercarte a ella.

—¡No, no es eso!... —me sonrojé levemente al defender a Sev con tanta desesperación. —Soy yo. Necesito hacerlo, por mí.

La chica asintió suavemente y se sentó a mi lado, o por lo menos hizo ver que estaba sentada, y se presentó como Myrtle. Estuvo acompañándome un rato, haciéndome incluso sonreír.

Antes de marcharme de allí me hizo prometer que volvería a ir a verla y yo... Lo haría en muchas ocasiones.

15 de diciembre, 1992

____

Hermione se encontraba sentada en el suelo, con un caldero enfrente de sus piernas cruzadas. Estaba terminando de preparar la poción multijugos cuando Harry y Ron entraron.

—¿Está listo?

—Ya le hemos dado los pastelillos a Crabbe y Goyle. Han caído rendidos. —Harry sonrió mientras le ofrecía los cabellos de aquellos mastodontes.

—Pesaban un tonel, casi no podemos ni arrastrarlos para llevarlos al armario de las escobas.

Hermione miró a sus amigos divertida.

—Deberíais bajar la voz, Myrtle la llorona se podría molestar si sabe que habéis entrado al baño de chicas.

—¿Myrtle la llorona? ¿Y quién es Myrtle la llorona?

—¡Yo soy Myrtle la llorona! —Ron se giró asustado para descubrir a la fantasma detrás suyo. —Pero, ¿cómo ibais a saber quién soy? —sollozó y desapareció a través de una pared.

Hermione frunció el ceño a su pelirrojo amigo.

—Myrtle, Ron no ha querido ofenderte. —respondió Harry.

La chica fantasmal volvió a aparecer y miró atentamente al moreno.

—Mi nombre es Harry y estoy encantado de conocerte.

—¿De verdad? —preguntó con pucheros.

—Por supuesto. —sonrío.

—Pareces simpático aunque aquél otro chico...

Hermione miró a sus amigos encogiendo los hombros.

—¿Qué chico? —preguntó la castaña.

—Es un chico muy guapo pero que tiene muchos problemas. Está terriblemente enamorado de alguien. Con lo bonito que es el amor, ¿verdad? —preguntó a Harry que le asintió cordialmente. —Dice que una voz en su cabeza hace que se hiera y que sólo para cuando empieza a escuchar otra que le suplica que descanse.

—¿Cómo se llama ese chico?

Myrtle miró a Ron, quien le había hecho la pregunta.

—No lo diré.

—Myrtle, podríamos intentar ayudar a esa persona si nos dices quien es.

—Si, podría terminar muriendo aquí. —dijo Ron.

Hermione le negó con la cabeza ante ese comentario. La chica sollozó fuertemente y se marchó por una cañería.

—Genial, Ron. Tienes muchísimo tacto...

El pelirrojo bajó la mirada bastante avergonzado.

Harry y Ron avanzaron por los pasillos, ya tenían nuevos cuerpos y Hermione... Bueno, no sabían que le había pasado pero no quería salir del baño. Luego irían a por ella.

Percy los paró en medio del pasillo y les hizo preguntas que no sabían responder. Quizá no había sido tan buena idea. Por suerte, Draco los encontró y los llevó a la sala común de Slytherin.

Tanteaban el terreno insultando a Dumbledore, los Weasley y sobretodo Potter, al cual le mencionaba con mucho más asco que a los demás.

—¿Y tú sabes quién es el heredero? —preguntó Ron transformado, intentando no ser muy inteligente.

—Ya te he dicho que no, Goyle. Pero mi padre me dijo que la cámara secreta ya había sido abierta antes y que murieron sangre sucias cuando eso ocurrió.

Miró hacia otro lado, en lo que Crabbe y Goyle aprovecharon para mirarse y ver que estaban perdiendo efectos de la transformación, por lo que tuvieron que salir de allí corriendo.

____

Miré a la puerta de la sala, donde mis amigos se habían ido corriendo sin motivo alguno. Mi máscara fría sin expresión pronto cayó y suspiré.

—Realmente creéis que soy tan tonto como para creerme que se trataba de Vincent y Gregory... —susurré a la nada.

Me dirigí a mi habitación, tendría que hablar después con mis amigos para que tuviesen más cuidado y les pediría que fuesen a ver a Severus para que cambiase el santo y seña de Slytherin. Aún no me sentía preparado para la charla que me daría.

24 de febrero, 1993

Alguien llamó a la puerta de mi cuarto y con un fuerte adelante, abrieron e ingresaron a la habitación.

—Sev...

Había estado evitando a Sev durante muchos meses por puro miedo. Cada día que pasaba sin hablar con él era una tortura pero no me atrevía a buscarle después de haberle dejado hablando con la puerta durante bastantes minutos y sin buscar su ayuda después.
Los únicos momentos que le veía era en las clases y en el comedor, acabando por ser muy incómodos.

—Draco, necesito hablar contigo sobre lo que está sucediendo en Hogwarts.

Miré atentamente a mi padrino.

—Los padres están asustados ante los ataques pero yo no corro ningún riesgo, soy un sangre pura.

—Por si acaso. Ten mucho cuidado si escuchas un siseo o algo arrastrándose. —se agachó frente a mí y me alzó la barbilla para que le mirara a los ojos. —¿Estás mejor?

Asentí mientras mis ojos se humedecían.

—¿Por qué lloras entonces?

—Lo siento. —susurré.

Él me recogió en sus brazos, dejándome encima suyo y en un tierno abrazo.

—No tienes que sentir nada.

—Me daba miedo ir a buscarte, no quise hablarte así. Tampoco dejarte tirado... —escondí mi rostro en el hueco entre su cuello y hombro. —Te he echado mucho de menos.

—Yo también a ti, mi dragón.

Estuvo abrazándome y acariciando el dorso de mi mano unos cuantos instantes. Para mí fueron demasiado cortos.

—Draco, he estado pensando en ti. Últimamente siempre estás algo triste y no descansas bien. —al parecer supo que le iba a preguntar cómo sabía eso, ya que me respondió antes de que abriera la boca. —Te he estado observando.

Me sujeté a él suavemente y acaricié su mandíbula con mi frente.

—Quizá deberías ver a un medimago, puede que tengas depresión y...

—¡No!

Recordé al medimago de mi infancia, a aquél que me llevó Narcissa. Todas aquellas extrañas preguntas que intentaban inculpar a Sev como si estuviera haciendo algo horrible. Y... Si veían mis heridas sería internado.

—Estoy bien, de verdad. —susurré, haciendo más presión en mi agarre.

Severus me acarició la cabeza y me siguió abrazando hasta que me dormí.

20 de junio, 1993

Paseaba tranquilamente cerca del lago. El lugar estaba desierto por ser unas horas muy tempranas.
En mi caso había decidido levantarme para aprovechar el día al máximo. Necesitaba pensar en todo lo que había ocurrido este último año con las petrificaciones, los rumores de que Voldemort había estado en la escuela, la niña Weasley secuestrada y llevada a... Quién sabe.

Los malditos Gryffindor lo habían conseguido otra vez y, a pesar de infringir normas, se les felicitaba y recompensaba. ¡Qué colegio más injusto!

Miré mis antebrazos que ya estaban casi recuperados de las heridas de los peores meses del curso escolar. Severus iba a verme bastante a menudo por las noches y se comportaba conmigo como hacía antes, cuando estaba en casa.
Tener una amiga al lado con la que no necesitaba fingir en absoluto también me había sido de gran ayuda.

Eché una última mirada al lago antes de dirigirme al segundo piso.

—¿Myrtle? —susurré al entrar y asegurarme de que no había nadie más por allí.

—¡Draco! ¿Qué te trae por aquí?

—He venido a pasar un tiempo contigo y a despedirme. Mañana cogemos el tren y no creo que pueda venir sin que me vean, habrán muchos estudiantes por aquí y por allá.

La chica parecía sorprendida de mis palabras y eso que había ido a verle varias veces ya, al parecer si que estaba completamente sola. Le sonreí levemente y ella me devolvió una gran sonrisa mientras “saltaba” emocionada.
Notas finales:
En el próximo capitulo tendréis un descubrimiento importante para la historia, queridos lectores.

Nos leeremos de nuevo, si vosotros queréis, dentro de dos días. Hasta entonces, ¡sed felices! :D
Odio esconderme por ArtemiaCelosia
7 de julio, 1993

____

Lucius llevó su mano derecha a su dolorido antebrazo. La marca tenebrosa estaba despertando.

Respiró profundamente para aguantar el dolor con dignidad, sentándose en su gran sillón del despacho. Allí, en la mesa, había un pequeño marco de fotos con una fotografía animada de su esposa y su hijo cuando era aún muy pequeño, viendo la nieve por primera vez.

Sonrió levemente. Dentro de poco el Lord volvería y tendría que informarle a Draco sobre el acuerdo al que llegó con él.

Inmerso en aquella imagen, recordó brevemente la escena.

—Mi fiel siervo, Lucius.

—Mi señor. —reverenció el rubio.

—Me agrada que acudas rápidamente a mis llamadas. Eres uno de mis mejores súbditos, pero para ser mi mano derecha aún deberías hacer algo más...

Lucius alzó el rostro que había mantenido agachado, aunque no tanto como para ver la cara de su señor.

—Haré cualquier cosa, mi Lord.

—Deseo un consorte, Lucius.

La habitación se quedó en completo silencio. La mente de Lucius trabajaba a cien por hora para comprender lo que su señor le estaba pidiendo.

—No lo comprendo, señor.

Voldemort suspiró y se acercó a un gran ventanal de su guarida.

—Ten descendencia y lo convertiré en mi cónyuge.

—¿Desea usted una señorita? —preguntó algo perturbado ante la “petición”. —Podría encontrarle alguna ahora mismo para que no tenga que esperar, mi Lord.

—No. Quiero que sea tu hijo y deseo que sea varón. —Voldemort volvió a girarse a su siervo y lo levantó a su altura. —Hazlo y serás mi mano derecha, Lucius. Nada le pasará a mi lado, me encargaré yo mismo de él.

_

Narcissa miró seria a su marido. Su hijo tenía tres meses y Lucius le estaba informando de algo muy decisivo e importante.

—¿Y cuándo será su consorte?

—Cuando él vaya a Hogwarts ya tendrá edad suficiente para valerse por sí mismo. Nuestro Lord lo mandará a llamar y estará junto a él.

—No sé Lucius...

—¿Tienes dudas? —La mujer asintió. —No debes tener ninguna. Nuestro hijo estará completamente seguro al lado del Lord, él mismo lo defenderá. No importa si después hay guerras, Draco estará seguro al lado del mismísimo señor oscuro.

—Cierto que tendrá seguridad, los aurores no podrán herirle pero... ¿No será muy joven para ser un consorte? ¿Qué quiere hacer el señor con nuestro hijo?

Lucius negó. —Simplemente quiere casarse con él, Cissy. No hay de qué temer. Desde generaciones nuestros padres han decidido nuestros matrimonios antes de que naciéramos. Draco estará con la persona más poderosa e influyente del mundo. Podrá hacer lo que quiera con seguridad, nivel y riquezas.

—¿Y su felicidad?

—Será muy feliz, Narcissa.

La mujer le miró durante unos breves segundos.

—De acuerdo. —sonrió a su marido.

_____

26 de julio, 1993

Mi cuerpo se reflejaba en el espejo. Las cicatrices moderadamente difuminadas envolvían mis muslos, antebrazos, costillas... En realidad era más fácil decir donde no tenía.
El curso había sido complicado hasta el segundo trimestre, por suerte en casa tenía ingredientes para elaborar pociones y borrar las cicatrices. Nadie debía verlas.

Me senté en el suelo, frente al espejo y pasé mis dedos suavemente por encima de una bastante larga situada en mi muslo derecho. No entendía porqué necesitaba hacer esas cosas, porqué escuchaba distintas voces dentro de mi cabeza que me incitaban a cosas muy contrarias entre sí.

Unos toques en la puerta me hicieron sobresaltarme y separar mis dedos de mi herida piel.

—¿Si?

—Draco, he venido a visitarte.

—¡Sev! —me acerqué rápidamente a la puerta, quedando con la mano en el pomo y volví a mirar mi cuerpo. Esto era lo que más odiaba. Tener que esconderme y mentir por algo que en realidad no quería hacer.

Las lágrimas se agolparon en mis ojos.

—¡Salgo dentro de unos minutos! —Inspiré y expiré profundamente varias veces y conté hasta veinte para poder tranquilizarme. Me lavé la cara, me vestí y salí como si nada. —¡Sev!

Me lancé a sus brazos que me recibían completamente abiertos.

—Hola, pequeño dragón. ¿Cómo estás pasando las vacaciones?

—Bien, pero te echo de menos. ¿Y tú? —miré sus ojos negros que me miraban de forma escrutadora. Sabía que estaba intentando ver algún rastro de mentira o de problemas, así que le sonreí alegremente.

Él me devolvió la sonrisa.

—He estado algo ocupado con algunos temas del colegio. También te he echado de menos. —acarició mi cabello y me abrazó con suavidad.

—¿El colegio? ¿Por lo de la cámara de los secretos?

Severus asintió.

—¿Qué pasó, Sev? He oído algunas cosas pero...

—¿Qué has oído? —me interrumpió, su pregunta parecía algo ansiosa.

Encogí los hombros levemente y observé como en su rostro se intuía alguna preocupación que no acababa de entender.

—Que Weasley fue llevada allí por Quién-no-debe-ser-nombrado y que volvió pero Potter lo echó. Algo así.

Severus suspiró y, agarrándome de la mano, me llevó hacia la cama para tomar asiento.

—Draco, voy a contarte algo y quiero que guardes muy bien el secreto. —asentí algo preocupado al ver su tono. —Quién-no-debe-ser-nombrado ha intentado volver pero aún le queda algo por conseguirlo. Su cuerpo está muy débil y tiene que alimentarse de otros para poder seguir sobreviviendo.

Fruncí el ceño extrañado. —¿Cómo sabes eso?

La mano de Severus soltó la mía para dirigirse a su manga izquierda y levantarla. Allí, en un negro difuminado, se encontraba la marca tenebrosa. La misma que papá tiene.

—¿Eres un mortífago?

Él me asintió y volvió a bajarse la manga.

—Draco, te digo todo esto porque quiero que tengas cuidado. El señor oscuro está desesperado por volver y sus planes han puesto en peligro incluso a los nuestros. No quiero que nada te ocurra.

—¿Y tú?

—¿Yo?

—¿Y si te ocurre algo a ti? —susurré lo más bajo posible.

—No te preocupes, dragón. Me cuidaré para que nunca estés triste.

Sonreí y me abalancé a sus brazos. No quería volver a salir de ese cálido lugar.

10 de agosto, 1993

Sonreí emocionado ante los pensamientos que me llegaban a la mente mientras dibujaba el majestuoso jardín de la mansión.

La verdad es que el lugar era perfecto para una ceremonia de unión, como la que yo quería e imaginaba con Severus. Me sonrojé levemente.

Las vacaciones estaban siendo estupendas. Severus venía mucho a verme y eso hacía callar a la voz que me decía cosas hirientes, como que él estaba más preocupado por Potter. Esa voz, simplemente había decidido callar durante unos días. Ni siquiera hacía la intención de aparecer.

Giliel vino a informarme de que Severus había vuelto de visita, así que me levanté rápidamente y me dirigí hacia la entrada.
Notas finales:
Muchas gracias a todos los que leéis la historia y que esperáis pacientemente (algunos, ¿eh?) el próximo capítulo :D

---

¿Queréis ver una historia con un tema o una pareja bastante inusual? Dejad vuestra petición en los comentarios o contactarme, ¡intentaré llevarlo a cabo! :D
Esas malditas voces por ArtemiaCelosia
20 de septiembre, 1993

Y ahí estaba otra vez ese hombre con su intención de ser amable a los que deseábamos que lo echaran de Hogwarts.

—No me sonría con condescendencia, yo no soy un estúpido Gryffindor. —le espeté mientras mis amigos le miraban superiormente.

—Tendrás muchos problemas si te crees superior a los demás. —respondió tranquilamente el profesor Lupin, dirigiéndose de nuevo a la clase para proseguir.

Le miré fijamente. En realidad no me sentía superior a nadie, no por ser yo precisamente. Tenía algo que era increíble, Sev... Y ese desgraciado había sido uno de sus acosadores cuando él acudía a Hogwarts como alumno.
El hombre parecía bastante simpático, quizá si no hubiese hecho lo que hizo, o por lo menos no a Severus, podríamos habernos llevado mejor.

Me devolvió la mirada y la mantuvo mientras los demás tomaban apuntes de lo que había escrito en la pizarra. De repente me sentí mareado y con nauseas, dejé de mirarle y llevé mi cabeza al escritorio, apoyándola sobre mis brazos.

—¿Te encuentras bien? —se acercó a mí y me reviso levemente. —Ve a la enfermería, uno de tus amigos puede acompañarte.

Blaise me sujetó con fuerza para ayudarme a salir de la clase pero antes de que pudiéramos siquiera llegar a la puerta, caí al suelo.

—¡Draco! —Blaise me agarró aún más al notar mi peso muerto y la oscuridad me envolvió.

____

—Lo llevaré yo. —dijo Remus alzando al rubio en sus brazos. —Quedaos aquí. No quiero problemas así que si los creáis, estaréis castigados hasta final de curso.

Salió de la sala para dirigirse rápidamente hacia la enfermería, encontrando justo en la entrada a Snape que miró el cuerpo del chico.

—¿Qué ha ocurrido?

—No lo sé, parecía algo cansado o mareado y se ha desmayado. Voy a llevarlo a la enfermería.

Severus asintió. —Iré contigo, ahora no tengo clase.

Llegaron allí y Pomfrey en seguida se movilizó. Después de unos minutos ya lucía bastante más tranquila.

—Al parecer se ha desmayado pero no parece ser por nada grave. Necesitaré preguntarle cuando despierte para saber la causa exacta.

Los hombres asintieron.

—Tengo que volver a clase, mis alumnos esperan. Después volveré para ver su estado. —informó Remus.

—No es necesario, yo estaré aquí.

Los adultos se miraron fijamente, en sus miradas se encontraba un gran duelo que ninguno de los dos quería perder.
Remus salió de allí, volvería después y Snape no era nadie para prohibírselo.

____

Abrí los ojos despacio para volverlos a cerrar por la maldita luz. Mi cabeza martilleaba y aún sentía algunas nauseas.
Coloqué mi brazo sobre mis ojos y suspiré.

—Draco.

Miré hacia mi derecha y allí estaba Severus.

—Sev...

—Hace unos minutos te has desmayado en clase, ahora estás en la enfermería.

Asentí.

—¿Qué te ha ocurrido?

—No lo sé.

La enfermera se acercó cuando Severus le dijo que ya había despertado. Deseé decirle que no lo hiciera pero sabía que eso llevaría a más preguntas que ni yo mismo sabía contestar.

—Jovencito, ¿qué has sentido antes del síncope?

—Mareos y nauseas...

—¿Llevas una buena dieta, buena hidratación? —asentí. —¿Te sientes estresado o con miedo? —negué de forma automática, aunque no estaba tan seguro de ello. —¿Has tenido algún dolor intenso?

—No.

—Bien... Quiero que vengas a verme en unos días y me digas si te sientes mejor. —volteó para dirigirse a Sev, que me miraba con su cara impasible. —No parece tener nada grave, en ocasiones puede ocurrir, pero será mejor que lo controle un poco. Por hoy será mejor que descanse. Puede hacerlo aquí o en su sala común.

Severus asintió y la enfermera salió de allí para dirigirse de nuevo a su pequeño despacho.

—Prefiero estar en mi sala común.

—Sería mejor que te quedaras aquí si aún te sientes mal.

—Estoy bien. —Severus enarcó una ceja. —De verdad, Sev...

Suspiró y se levantó para ayudarme a mí. Me acompañó durante todo el camino para asegurarse que llegaba bien.

Al llegar a mi habitación me giró y me abrazó, acariciando tiernamente mi cabello.

—Sev...

—Si te pasa algo puedes confiar en mí.

—No me pasa nada, no sé porque me he desmayado.

Me acarició la mejilla.

—Debo marcharme, después volveré a verte.

—De acuerdo. —sonreí alegre.

—Y Draco... —Severus ya se había acercado a la puerta. —No te acerques mucho a Lupin.

Asentí confundido y cuando él salió me tiré sobre la cama.

¿Acercarme al profesor Lupin, y por qué iba a hacer yo eso?
Quizá había parecido que me interesaba de alguna forma y por eso Severus...
Pero entonces... ¿eso significaba que Severus se sentía de alguna manera celoso?

No, eso no podía ser. Severus sabía que siempre estaría con él.

30 de noviembre, 1993

Volví cansado a mi habitación.
Severus estaba totalmente concentrado en el cuatro ojos y a mí no me prestaba casi nada de atención. Volvía a sentirme mal y por culpa del maldito Potter.

—Pero la culpa no es de Potter, es tuya por no ser suficientemente interesante para Sev. —dijo una voz en el interior de su cabeza.

Me llevé las manos a ella. Otra vez esa maldita voz que no decía nada bueno y que apagaba la que tenía más consuelo.

—Por lo menos ése es más interesante. Derrotó al señor oscuro cuando sólo era un bebé y lo ha echado del colegio dos veces. También tiene amigos mucho más saludables que los tuyos porque... Realmente no son amigos, apenas los ves fuera de clase.

—¡Cállate! —grité furioso.

—Estás molesto, pero es normal. Tienes mil motivos para estarlo.

—No soy poca cosa, Sev me quiere... —susurré no muy convencido.

—Ve y díselo. Veremos si tengo o no razón. Vas a acabar cortándote y llorando durante toda la noche por ser tan poca cosa.

Me levanté decidido y corrí hacia el despacho de Sev, quedaban pocos minutos para el toque de queda.

—Draco, ¿qué haces aquí? —me preguntó al verme entrar tan agitado. —¿Te ocurre algo?

—¡¿Por qué estás tan atento de Potter?!

Él me miró sin comprender.

—¡No es mejor que yo!

—Draco, tranquilízate y toma asiento.

—¡No!

Se acercó cautelosamente a mí.

—¿Se puede saber que te ocurre?

—¡Exijo mi respuesta! ¿Qué tiene Potter que no tenga yo?

Al parecer había fastidiado un poco a Severus ya que su respuesta no fue nada agradable. —Quizá un poco de cordura.

Me callé de golpe y mi mirada se perdió en la nada.

—Draco, no vuelvas a alzarme la voz. Si estoy pendiente de Potter es cosa mía, no te metas en asuntos que no te incumben.

Sentía mi corazón destrozado y esa cruel voz mental se reía maliciosamente.
Salí del despacho sin volver a mirar a Severus y acabé encerrado en el baño, creando nuevas cicatrices y finos canales de lágrimas por mi rostro, tal y como había dicho esa maldita voz.

Ahora no dejaba de repetir implacables comentarios que me hacían sollozar, hiriéndome hasta el cansancio.
Hasta que no escuché aquella suave voz que me imploraba una tregua, no pude quedarme dormido.
Notas finales:
Y aquí termina. ¿Qué opináis sobre la trama? ¿Os gusta los sentimientos que Draco siente? ¿Odiáis algún personaje de la historia?

Si vosotros queréis, nos leemos en el siguiente capítulo dentro de dos días. Hasta entonces, ¡sed felices!
Ése detalle que me faltaba por ArtemiaCelosia
2 de diciembre, 1993

Observé como Potter se bajaba del hipogrifo que Hagrid había llevado a clase. Peligroso le había llamado a pesar de que se había dejado montar con facilidad.

—Estaría genial ser herido por ese hipogrifo, que Sev fuese a buscarte preocupado por tu estado... —susurró esa vocecilla mental. —Cuanto más dolor, mejor.

Me acerqué al hipogrifo de forma burlesca.

—¿Qué tienes tú de peligroso? —espeté a su lado.

—¡Malfoy, no!

Miré a la bestia retadoramente, creo que eso era lo que faltaba para desencadenar su ataque, aunque no duró mucho tiempo ya que el semigigante lo apartó rápidamente.
Fruncí el ceño irritado. Tenía ganas de gritarle que le dejara hacer, pero me contuve. No podía ser tan evidente.

Mi brazo sangraba y dolía terriblemente. Apreté los ojos, esto era necesario, tenía que hacerlo, no podía ser débil ahora.

Al cabo de un rato ya estaba tranquilo en la enfermería. Pomfrey me había curado mientras me regañaba y por supuesto a Hagrid también.
El director entró para ver mi estado, acompañado de padre que me miró fijamente. Bajé la vista algo avergonzado.

—Me alegra ver que no te ha ocurrido nada grave. —dijo el director, observándome sobre sus gafas.

—¿Nada grave? —preguntó papá con su usual siseo.

—Si fuera algo grave habría sido trasladado a San Mungo en cuanto ha llegado a la enfermería. Ahora supongo que querrá estar con su hijo, puede venir a mi despacho cuando termine la visita. Hagrid y yo estaremos allí para aclarar lo ocurrido.

Hagrid me miró y bajó la vista, por el camino me había estado pidiendo disculpas. Supongo que se sentía culpable y tenía miedo de que ocurriera algo desfavorable para el hipogrifo o para él.
Salieron de la habitación para dejarme solo con mi padre.

—Me han dicho que no has obedecido las normas de... del profesor para molestar a Potter. —noté como se corrigió en el último momento y me mandó una mirada algo furiosa.

Mi padre siempre quería que me comportara y que fingiera con los adultos, ganándome el favor de ellos, mientras por la espalda hiciese la vida imposible a los Gryffindor, a los sangre sucia y sobretodo a Potter.

—Lo siento...

—Sabes perfectamente que tengo mucho trabajo y que no puedo estar perdiendo el tiempo por esas niñeces, Draco. Eres un Malfoy y debes comportarte como tal. —asentí brevemente. —Aún así... Me alegra que no te haya ocurrido nada. —se acercó a mí y me abrazo brevemente. —Ahora debo marcharme, me reuniré con el director y solucionaré esto cuanto antes.

—Papá...

Él me miró, en su mirada había algo extraño. Era preocupación pero no sólo hacia mí. Tendría que hablar con él en otro momento.

—¿Podrías dejar libre a ese bicho y al profesor?

—¿Cómo? ¿Por qué?

—Por favor, papá...

Suspiró y se despidió de mí. No me dijo si lo haría pero esperaba que me hiciese el favor.

____

Lucius entró en el despacho de Dumbledore. Allí, en una gran silla, se encontraba Hagrid con el rostro preocupado.

—Adelante, Lucius. Veo que ha sido una visita breve. —comentó Dumbledore.

—No puedo quedarme mucho tiempo, he de volver al ministerio.

—Por supuesto, no queremos robarle mucho de su tiempo. Entendemos que hay mucho trabajo que hacer. —Dumbledore le sonrió. —Hagrid me ha comunicado que dimitirá de su cargo y se marchará de la escuela con la única condición de que a Buckbeak no le ocurra nada.

—No será necesario, por esta vez. —recalcó. —Aunque en la próxima me vería obligado a hablar con el comité para la eliminación de criaturas peligrosas.

—¡No habrá próxima vez! —respondió rápidamente Hagrid.

—Eso espero. —Lucius clavó sus ojos grises en el semigigante. —Ahora que todo está aclarado, debo marcharme.

—Por supuesto, señor Malfoy. Puede usar esa chimenea si lo desea. —le indicó Albus.

El rubio se dirigió allí y cuando se metió en ella escuchó a Hagrid.

—Muchas gracias señor Malfoy.

—No me las dé a mí, déselas a mi hijo. —tiró el polvo flu y se fue al ministerio.

____

Desperté y miré el reloj, al parecer había dormido durante horas. En la silla de las visitas estaba Hagrid.

—Espero no haberte despertado. —negué con la cabeza. —Quería saber como estabas.

Miré mi brazo vendado, en ese momento no sentía ningún tipo de dolor. Había tomado varias pociones para recuperarme y además, me habían hecho algunos hechizos.

—Bien.

Él asintió nervioso. —Muchas gracias por no tomar acciones contra nosotros.

Sonreí levemente al ver que papá me había hecho caso. Negué con la cabeza restándole importancia.
Alguien más entró en la enfermería y se dirigió hacia nosotros. Severus apareció tras las cortinillas que daban algo de privacidad, miró a Hagrid que dijo que debía marcharse y se despidió saliendo rápidamente de allí.

Se sentó junto a mí y me miró fijamente. Bajé la mirada, dolía recordar lo último sucedido entre nosotros.

—¿Cómo estás?

Encogí los hombros como respuesta, los ojos me empezaban a picar por lo que decidí acostarme dándole la espalda, haciéndome el ovillo más pequeño posible con mi cuerpo.

—Dragón... Siento mucho como te hablé. Estaba algo nervioso y al final lo pagué con quien menos quería. —quedó en silencio a la espera de una respuesta que nunca le di. —No pretendo excusarme con ello.

Sentí una caricia en la espalda. Suave, tierna, cuidadosa. Lo que necesitaba aquél día, que me susurrara que estaba pendiente de mí y que me acariciara de esa forma. Sollocé brevemente. Hacía todo lo posible por contenerme pero no estaba siendo tarea fácil.

En mi cabeza se repetía una y otra vez lo que había ocurrido, las contestaciones que me dio y las noches que pasé desde entonces. No quería volver a preguntar por Potter y recibir las mismas dolorosas respuestas.

Sentí que Severus se deslizaba por la sala para dar la vuelta a la cama, por lo que cerré los ojos de forma cobarde. No me sentía capaz de mirarle.

Su mano acarició mi rostro, llevándose el rastro de lágrimas que habían escapado y dejando mimos en mi mejilla.

Suspiró. —No quería hacerte daño. —encogí los hombros como respuesta, mordiéndome el labio inferior con fuerza para que los sollozos no salieran por mi garganta.
Sentí un beso en mi frente y como Severus decidía que era mejor marcharse y no ponerme más nervioso. Al notar como se levantaba, abrí los ojos, me senté en la cama y le agarré la túnica.
A pesar de que era muy doloroso verle y recordar lo ocurrido, no quería que se marchara. Por algo había provocado al hipogrifo.

—¿Quieres que me quede?

Asentí mirando al suelo. Él se acercó a mi espalda y se sentó sobre la cama. Pasó uno de sus brazos por mi pecho e hizo una pequeña presión para que me recostara sobre él.

Llevé mis manos al brazo que me sostenía y no pude evitar llorar.

—¿Por qué lloras? —susurró, acariciándome la mejilla de nuevo.

—Estoy muy cansado.

—¿No has dormido bien?

Negué con la cabeza.

—Tampoco has comido en condiciones. —volví a encoger los hombros. —¿Estás así por lo que ocurrió conmigo?

—Dile que no, que estás así porque te lo mereces. Porque eres incapaz de sentirte bien contigo mismo si él no está. Tan mimado, tan débil... —se burló esa voz imaginaria. —No se lo puedes decir porque sabes que se marcharía asustado o que te metería en un centro psiquiátrico donde no iría a visitarte por tu locura. Lo dijo el otro día, Potter al menos tiene cordura.

Empecé a hiperventilar, me sentía abrumado ante la situación. Esa voz nunca me había hablado con Severus a mi lado, de hecho desaparecía incluso durante semanas después de haberlo visto cinco minutos.

—¿Draco? —Severus me echó un poco hacia atrás, pegando aún más mi espalda a su pecho. Intentó sacarme la camisa para inspeccionar mis pulmones y mi ritmo cardíaco pero yo le quité las manos y me aparté.

—Estás lleno de heridas, si él las ve huirá. ¿Por qué no dejas que las vea y le ahorras tener que cuidar de ti? Ya tiene bastante con cuidar de uno y a Potter no le va a abandonar... —cerré los ojos fuertemente ante esa intimidante voz. Sollocé quedamente.

Intentaba tranquilizarme aunque esa voz siguiese allí.

Severus me levantó el rostro para fijar su mirada en la mía y entonces comprendí lo que me faltaba. No había visto ni una sola vez su oscura e intensos ojos.

—Ya está, mi pequeño dragón. Todo va a estar bien.

Empecé a calmarme lentamente mientras seguía con los ojos clavados en los suyos.
Él me susurraba palabras tranquilizadoras y me acariciaba con sus pulgares.

Cuando estuve completamente tranquilo, bostecé, por lo que procedió a acostarme y quedarse junto a mí.

—Te quiero, Sev.

—Yo también a ti, dragón.

Cerré los ojos y Morfeo me llevó con él.
Notas finales:
El siguiente episodio va a gustar a los amantes de la angustia. ¡Pero no me tiréis piedras antes de que me marche, que sólo tenéis que esperar dos días para leer la actualización!

Muchísimas gracias a todos los que seguís o habéis empezado a leer la historia. Que le dediquéis tiempo a mis humildes obras (con los personajes de Rowling, por supuesto) es un gran honor :D

Y por mi parte nada más que añadir. Si vosotros queréis, nos leeremos de nuevo dentro de dos días. Hasta entonces... ¡sed felices!
Mi horrible futuro por ArtemiaCelosia
29 de agosto, 1994

Me desperté sintiendo una sensación extraña. Algo en mi mente me decía que iba a ser un mal día y que era mejor no levantarse.

Unos toques en la puerta me sobresaltaron. —¡Draco, quiero hablar contigo, alístate y ve a mi despacho!

Quizá ahí estaba el mal día. Mi padre parecía emocionado pero a la vez serio, preocupado. Qué contradicción, ¿no?
Me dirigí al baño para alistarme, en lo que tardé cinco minutos. Aspiré fuertemente antes de tomar el pomo de la puerta y salir de ahí.

—Siéntate, hijo. —Me senté en el diván esperando que hablara. Sinceramente, tenía ganas de volver a la cama y dormir todo el día. Se sentó frente a mí. —Tengo algo muy importante que contarte.

Le miré fijamente. —Papá, esas pausas dramáticas...

—Perdona, perdona. —Se estrechó las manos, parecía pensar meticulosamente lo que quería decirme. —El señor oscuro resurgirá pronto, ya casi tiene el poder para hacerlo.

Miré al suelo. No quería que llegara el día en que tuviese que elegir un bando en una absurda guerra que no me importaba.
Sabía que Severus era un mortífago, al igual que padre, y si algo salía mal podía ser herido por ambos bandos. Voldemort no era un tipo muy agradable con sus camaradas, si cometían un fallo y lo disgustaban, se lo hacía saber con sangre.

—No serás un mortífago hasta ser mayor de edad pero, hay algo que tenemos preparado para ti.

Volví mi mirada hacia sus ojos con el ceño fruncido. ¿Algo para mí?

—Draco, antes de que nacieras prometí a nuestro señor que mi hijo sería su consorte.

Mi mente quedó en shock al escuchar a mi padre. ¿Lo decía en serio? Como un gran torbellino me llegó el recuerdo en el que papá hablaba con madre sobre mi casamiento con un monstruo. Pensé que se referían a Severus por la diferencia de edad, un “monstruo” que se había prometido a un niño pero... No podía ser...

—No... —susurré lastimosamente al darme cuenta de mi horrible futuro.

—Entiendo que ahora puedas disgustarte, Draco, pero no le conoces. No creas todo lo que escuchas sobre él, será el mejor partido que jamás puedas tener y...

Mi padre seguía hablando pero yo ya no le escuchaba. Intentaba respirar pero a mis pulmones no parecía llegarles oxigeno por lo que comencé a asfixiarme.

—¡No! —conseguí gritar desgarradoramente con el poco aire que me quedaba.

Lucius me sujetó con fuerza, comenzó a gritar y yo perdí todo el control de mí mismo. Por los hechos de después supongo que ordenaba a los elfos que llamaran a medimagos.

Comencé a arañarme y darme golpes con todo lo que había a mi paso. Lucius intentaba sujetarme pero en ocasiones me libraba y eso significaba una nueva herida.
Caí al suelo de rodillas, arañando el suelo con fuerza, rompiendo mis uñas martirizadoramente. Sentí sus manos sobre las mías y las retiré inmediatamente. Imaginaba que era Voldemort y el tacto me producían grandes arcadas.
Vomité violentamente y no recuerdo cuántas veces.

Gente llegaba y me intentaban estirar en el diván pero yo no lo permitía. Hacía fuerza y me intentaba librar de esos crueles brazos que no entendían lo que me pasaba.

—¡Adminístrenle poción calmante! —un medimago dio la orden directa. Lo intentaron varias veces y consiguieron que bebiera suficiente cantidad pero prácticamente no hizo nada en mi organismo. Estaba al borde del colapso y mi mente estaba siendo mi peor enemigo. No dejaba de gritarme que jamás estaría con Severus, que estaría casado con Voldemort sin poder decidir.

Una voz desesperada no dejaba de repetirme ‘¡Huye y mata a todos los que se interpongan!’ pero... Severus era mortífago. Huir significaba dejarle atrás y no podía hacer eso. Temblaba escandalosamente y emitía angustiosos ruidos al intentar coger aire.

Al final me dieron otra pócima, esta vez para dormir, y con las lágrimas surcando libremente hasta mojar mi cabello, se me cerraron los ojos.

31 de agosto, 1994

Desperté con el cuerpo pesado y dolorido, giré levemente la cabeza para ver varias pociones en mi mesilla. Fruncí el ceño, lo que me dio un gran dolor de cabeza, al seguir viendo cosas fuera de lugar y todas ellas eran para funciones médicas.

Un nudo se me formó en la garganta con el turbio recuerdo de lo sucedido y las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos sin control. Puse mi antebrazo sobre ellos, no quería despertar en esta vida.

—Draco... —Lucius acababa de ingresar en la habitación. —¿Cómo te encuentras?

Sentí su caricia en mi mejilla y no pude evitar emitir un desgarrador sollozo. Mi corazón estaba destrozado y Lucius no ayudaba. ¿Cuándo pasó a ser Lucius? Sí, lo recuerdo... Fue cuando me comunicó que me había arruinado la vida.
No quería que me tocara, no quería sentirlo cerca. Él era el culpable de todo, me había vendido por un simple ‘gracias’ proveniente de un demente.

—Márchate. —susurré con los dientes apretados. La ira corría por mis venas y no quería hablar en ese momento.

—Debes mostrarme más educación, hasta Potter lo hace. Vendré a verte después. —dijo molesto.

Escuché sus pasos y la puerta al cerrarse. Quité mi antebrazo y confirmé que no estaba.
Seguía llorando desconsoladamente pensando en mi futuro.

No habían muchas opciones y ninguna de ellas era buena para mí. No podía ir contra el Lord, automáticamente iría contra Severus. Tampoco podía huir y dejarle atrás.

Una única opción quedaba. Estar junto al Lord con tal de proteger a Sev y poder estar levemente a su lado.

Habían pasado horas desde que Lucius se había marchado. Mis ojos seguían cristalinos y completamente rojos pero ya tenía el llanto controlado. Entendí mi destino y, de alguna manera, lo acepté.
Me sentía completamente vacío, como una muñeca rota con la que juegan sin importar sus sentimientos.

—Buenas tardes, hijo. ¿Estás más tranquilo?

Un ardor en el estómago surgió cuando se atrevió a llamarme hijo. Un padre no vende a su hijo de esa forma. Asentí de forma mecánica.

—Bien... Siento que te tomaras la noticia así. Sé que ahora no lo comprendes y estás en todo tu derecho pero, cuando él vuelva ya verás como no tendrás ninguna discrepancia conmigo.

Deseé gritarle que siempre iba a haber una discrepancia clara, yo ya estaba enamorado de alguien y jamás podría casarme con él. Volví a asentir.

Sentí su mirada fija en mí pero yo no quería mirarle, era demasiado doloroso.

—He comprado tus materiales para el curso. Descansa, mañana cogerás el tren.

—¿Mañana? —me sentí completamente confuso ante la noticia.

—Has estado sedado durante algunos días, estamos a treinta y uno. No he avisado a Severus, él debe estar allí, ya lo verás en la escuela.

Mis ojos se aguaron cuando lo mencionó. Cogí una gran bocanada de aire para aguantar las ganas de morir.

—Buenas noches. —susurré, intentando dar por finalizada la charla.

—Qué descanses.

Una caricia de compasión que recibí fríamente.
Ya no quería saber nada, no quería pensar en nada...
Notas finales:
¿Qué opináis de la actitud de Lucius? ¿Entendéis a Draco? ¿De qué forma creéis que actuaríais vosotros ante esa situación?

Voy a seros sincera, ¡me estoy aguantando las ganas de publicar el fic entero! Y es que cada lectura, cada comentario que me dejáis pidiendo más, me animan muchísimo. ¡Gracias! :D

De momento me contendré todo lo posible. Si vosotros queréis nos vemos dentro de dos días, hasta entonces ¡disfrutad del tiempo!
Intentando curar levemente mi alma rota por ArtemiaCelosia
1 de noviembre, 1994

La gente a mi alrededor se sentía emocionada por el nuevo curso y por el evento tan especial que acababa de empezar, el Torneo de los tres magos. Miraras donde miraras habían caras felices y risas escandalosas.
Dolía. Quería pensar que todo daba igual pero la verdad es que dolía.
No me importaban todas esas tonterías, lo único que quería era lo que no podría vivir. Me sentía roto.

—Draco, ¿estás bien? —fijé la mirada en Theo, parecía realmente preocupado. Asentí aunque mis ojos opacos dijeran lo contrario.

—Estás muy raro desde éste verano. ¡Con lo feliz que estabas cuando nos despedimos al finalizar el año! —recordé aquél momento, cuando había solucionado los problemas con Sev...

—Pans y Theo tienen razón, ¿te ha ocurrido algo?

Miré a mis amigos e hice todo lo posible por no derrumbarme. No podía seguir allí, con la gente celebrante a mi lado y mis amigos con expresión preocupada.
Me levanté sin decir ni una palabra y salí rápidamente hacia el baño en el que solía estar Myrtle.
El año anterior solía hacerle visitas bastante a menudo.

Al llegar, cerré la puerta con fuerza y Myrtle se asomó con el ceño fruncido hasta que me vio y suavizó su expresión.

Fijé la mirada en ella y caí de rodillas al suelo, ya no podía soportarlo más.

—¿Draco? —se acercó a mí rápidamente, la preocupación se reflejaba en su rostro muerto. Probablemente ella estuviese más viva que yo en estos momentos.

—M-me van a ob-bligar a cas-sarme... —susurré entre hipidos causados por mi llanto.

—Por tu llanto supongo que no es con la persona a la que amas. —negué con la cabeza y ella se “sentó” a mi lado, susurrando palabras cariñosas y compasivas.

—N-no sé si p-podré aguantarlo...

Ella me miró. —¿Por qué no huir?

Respiré hondo para poder hablar bien, mi pecho estaba oprimido de tanta angustia.

—Si lo hago no podré volver a ver a esa persona especial...

Myrtle me dejó llorar junto a ella hasta que me saciara, ella prefería eso antes que las heridas que me realizaba. De hecho, no había vuelto a hacerlo fuera de mi habitación para no incomodarla.

13 de noviembre, 1994

Sentado frente al lago negro miraba la sombra del calamar gigante.
Qué bonito sería lanzarse y ser devorado por esa bestia. Sacudí la cabeza para quitarme esos pensamientos.

—¿Observando el lago? —me preguntó una voz desconocida.

No hizo falta que me girara para observarle pues se había tomado la libertad de sentarse junto a mí si tan siquiera preguntarme.

—Victor Krum, encantado.

—Draco Malfoy. —respondí por pura cortesía, en realidad no tenía ningunas ganas de hablar con él.

—Malfoy... —repitió en un susurro. —Pareces un ángel caído.

Le miré frunciendo el ceño. No me gustaba nada ese tipo.

—Debo irme. —dije levantándome y dirigiéndome al castillo sin esperar una respuesta.

—No, espera. —me agarró de la muñeca y me giró hacia él. —¿Qué tal si quedamos uno de estos días? Para charlar y conocernos un poco.

—No. —respondí tajantemente. Me solté de su agarre y me fui rápidamente hacia el castillo.

____

Victor se quedó mirando al chico que huía.

—Vaya, parece que al rubio no le gustas. —le dijo uno de sus compañeros riéndose.

—Calla, sólo se está haciendo el duro. Ya verás como al final me da una cita.

—Tendrías más posibilidades con el guardabosques de este colegio.

Victor se giró hacia él.

—¿Quién es?

—El semigigante que babea por Madame Maxime.

Gruñó ante la tontería de su compañero y se fue de allí.

____

28 de diciembre, 1994

Este año había decidido pasar la Navidad en Hogwarts, no quería volver a Malfoy’s Manor y ver a Lucius, pero eso no me había dado ni un segundo de descanso para mi atormentada alma.

Krum, el participante de Durmstrang estaba siendo sumamente pesado, me seguía a los sitios y hacía encuentros casuales que no tenían nada de ello.
Severus me prestaba la atención que podía aunque eso me atormentaba aún más. Tener que sonreírle cuando quería romperme a llorar...

Y mi mente hacía el resto. Me obligaba a hacerme daño, me repetía momentos que no quería volver a vivir y me quitaba la soledad que necesitaba, dejando una agria compañía.

Me dirigí rápidamente al despacho de Severus. Había tomado una decisión e iba a cumplirla, aunque no fuese como yo siempre me hubiese imaginado.

Toqué algo desesperado y tras un breve ‘pase’, entré y cerré la puerta cuidadosamente.

—Draco, ¿qué te trae por aquí?

Me acerqué a él y me senté sobre la mesa del profesor, frente a la silla en la que estaba sentado.

—Asegura la entrada e insonoriza la sala.

Severus frunció el ceño pero me hizo caso. Se quedó mirándome a la espera de que actuara. Y eso hice. Me abalancé sobre él y le besé suavemente en los labios.

—Draco... —susurró sorprendido. Me senté a horcajadas encima de sus piernas y nuestras miradas conectaron.

—Tienes unos ojos tan bonitos. Sueño muy a menudo con ellos.

Arqueé mi espalda hacia atrás, apoyando mis manos en la mesa y tirando su varita al otro lado sin que él se diera cuenta. Dejé expuesto mi cuello y mi torso, aún cubierto por la molesta tela. Moví mi cadera para acariciar su entrepierna con mis glúteos.

—¡Draco, ¿qué haces?! —Severus me agarró y me intentó separar.

—Quiero que me hagas tuyo. —susurré sobre sus labios, incorporando mi espalda a una posición más natural.

Severus me miró como si estuviera totalmente loco, lo que me revolvió un poco el estómago.

—Draco, eres un niño. Ve a tu habitación.

—No. —respondí de forma automática. Mis ojos se habían opacado un poquito más después de todo lo que ya había estado soportando estos meses. Sev me acababa de rechazar.

—Drac-...

Interrumpí lo que fuese a decir. —Ya sé lo que pasa... —se quedó mirándome con apariencia seria. —¡A ti también te gusta más Potter, ¿no?! —exclamé muy molesto.

—Draco, no es eso. Eres muy joven y además mi ahijado.

Saqué una daga del interior de mis pantalones y me rasgué la camisa, dejando expuesto mi lastimado pecho.

—Si te gusto fóllame, si no... atente a las consecuencias. —susurré cerca de su oreja y pasando la daga por mi brazo, marcando mi blanca piel con un tono rojo intenso y brillante.

—¡Draco! —intentó quitarme la daga de la mano pero yo la acerqué peligrosamente a mi cuello.

Conseguí una mirada asustada y que apartara sus manos, dejándolas en mi cadera. Miró mi torso lleno de cicatrices.

—¿Qué has hecho? —susurró sin poder creérselo.

—Lo que tenía que hacer.

Por un momento me sorprendí, la voz que me había salido... Había sonado igual que la de mi cabeza.
Se mordió el labio inferior dudando, al parecer se había percatado de la falta de la varita y no podía desarmarme sin correr riesgos.

—Podías acudir a mí, a tu padre...

—¡No! —grité. —Lucius... él... —sollocé y me anegué en llanto.

Él acarició mi pierna con suavidad.

—¿Qué ha ocurrido con él? ¿Es por eso que haces esto?

Por un segundo pude escuchar a esa voz que me dejaba descansar. Una más flojita y suave. Me dejé llevar por ella.

Abracé a Severus y temblé entre sus brazos.

—No quiero que el Lord me tome, yo sólo quiero ser tuyo. —susurré lastimosamente.

—¿Que te tome?

—Lucius me va a obligar a casarme con él. No quiero... Quiero estar contigo...

Severus se quedó en silencio tras la noticia.

—Déjame estar contigo, por favor. Sólo una vez... La primera vez en mi vida... —escondí el rostro en su cuello, mojándolo por mi llanto.

Un roce en mi herida espalda, una caricia muy suave que intentaba borrar el daño con cariño, y un beso en el hombro me hicieron estremecer.
Notas finales:
Y dejando el capítulo en un momento de intriga, por el que probablemente queréis matarme, me despido.

Vuestras opiniones y criticas se agradecen mil. ¿Tenéis sugerencias? ¡Dejadlas dichas y las tendré en cuenta para futuros proyectos!

¡Hasta dentro de dos días, queridos lectores!
Mi primera vez por ArtemiaCelosia
—Puedo ayudarte a huir.

—No voy a dejarte atrás.

Severus me obligó a sostenerle la mirada.

—Debes darme la daga.

—No...

—Confía en mí. —me vi reflejado en sus ojos negros. Le acerqué la daga lentamente.

—Si intentas algo me heriré de todas formas. Ya lo he hecho antes.

Asintió mientras tiraba la daga a un lado, lejos de mi alcance. Me acerqué a sus labios relamiéndome.

—Por fin seré completamente tuyo... —susurré sobre su boca.

Me agarró de la cintura, atrayéndome hacia su cuerpo para besarme, delineando mis finos labios con su lengua. Jadeé dentro del beso.
Volví a mover la cadera como anteriormente había hecho, notando como su erección crecía ante el roce.

Empecé a aflojar su túnica y camisa dejando su delicioso torso al desnudo. Besé su cuello, lamiéndolo y dejando suaves mordiscos por él.
Aprovechando que nos besábamos, deslicé mis finos dedos por su cetrina piel, llegando al cierre de sus pantalones. Pronto lo desabroché y quise meter la mano, aunque la de Sev me lo impidió agarrándome con cuidado de mi muñeca.

—Sev... —miré de nuevo a sus ojos y pude notar que estaba completamente dubitativo por lo que estaba ocurriendo. Suspiré. —Si me pides que me vaya yo... —las palabras se me atragantaron, tan sólo pensarlo resultaba muy doloroso.

Dirigí mi mirada a la daga que descansaba en el suelo y giré el rostro hacia el lado contrario. Había venido con toda la seguridad, pero a cada minuto que pasaba ésta se iba desvaneciendo y me daba cuenta de que estaba obligando a la persona que amaba a estar conmigo.

—¿Estás completamente seguro de esto?

—No... —susurré. Él sopló y yo bajé la cara sintiéndome algo humillado. —Sé que quiero estar contigo pero...

—¿Pero?

—No quiero que estés conmigo por obligación, porque te haya amenazado.

Unas lágrimas recorrieron mis mejillas al encontrarme en tal situación. Odié por la firmeza que me había abandonado en tan mal momento.

Severus agarró mi barbilla para alzarme el rostro y besarme las mejillas, quitando las lágrimas. Se acercó a mis labios y los rozó. Su otro brazo me agarró de la cintura, acariciándome la espalda.
Las palabras no eran necesarias para comprender que me estaba diciendo que no estaba conmigo por eso.

Me acostó con cuidado sobre la mesa, tenía miedo de hacerme daño, y me quitó con suavidad el resto de ropa. Observó las heridas de mis muslos, muchas de ellas recientes.

Besó cada una de ellas dedicándoles todos los mimos posibles pero sabía que después de este momento me haría muchísimas preguntas y no me dejaría tranquilo.
Sonreí ante ese pensamiento. Sería bonito tenerle para mí todos los días.

—A quien tendrás todos los días será al Lord.

Gruñí con rabia mientras me llevaba las manos a la cabeza al volver a escuchar esa maldita voz. Severus me miró dudoso.

—Necesito escucharte —pedí mientras me levantaba y me arrodillaba ante él.

Llevé mis manos a su pantalón, él levanto la cadera para que pudiera retirárselo, llevándome también la ropa interior.
Me agarró de la nuca y me acercó para darme un posesivo beso.

—Eres perfecto. —susurró dejando su caliente aliento sobre mi boca. —Siempre has sido tan hermoso...

Sonreí satisfecho y repartí besos por su cuello, hombros, pectorales, abdomen... Parándome de vez en cuando a mordisquearle y lamerle, hasta llegar a sus piernas.
Mordí con suavidad sus muslos, saqué la lengua y la pasé por toda la extensión de su pene. Me movía de forma automática teniendo de referencia algunas cosas indecentes que había visto por ahí, y me sorprendía hasta a mí.

Severus gimió roncamente mientras me seguía diciendo piropos e informaciones muy calientes.

—Cuando crecías... Cada vez era más difícil no pensar en ti como si ya fueses un adulto y... ¡Merlín! Cuando me besaste después del primer curso... —volvió a gemir con fuerza cuando me lo metí en la boca y succioné el glande. —...Fue imposible para mí evitar masturbarme aquél día, mientras tú probablemente dormías a horas tempranas como el niño que eras...

Después de unos minutos succionando, lamiendo y tocando, me levanté para besarle. Su beso fue mucho más caliente que los anteriores, ansioso. Su lengua bailaba con la mía y exploraba toda la cavidad. Empezó a masturbarme.

Jadeé moviendo mi cadera acompañando su movimiento.

—Sev, por favor...

—¿Qué quieres? —gemí más fuerte cuando intensificó la velocidad. —Dime...

—Fóllame, quiero ser totalmente tuyo. —sus pupilas estaban completamente dilatadas, probablemente las mías estarían iguales.

—Déjame ir a por la varita. —me dijo cogiéndome y dejándome sentado en la mesa.

—No... —le agarré de los hombros para que no se separara.

—Voy a prepararte, no quiero hacerte daño. —dubitativo por soltarle, añadió. —Confía en mí.

Solté suavemente sus hombros para ver como iba hacia la varita, volviendo a mi lado en pocos segundos.

Susurró un hechizo que me hizo notar algo frío y viscoso en el ano, realmente desagradable. Apoyé mis codos en la mesa mientras abría las piernas todo lo posible. Él me observó explorando todo mi cuerpo.
Dirigió sus largos dedos a mi entrada, introduciendo uno de ellos. Fruncí el ceño y me revolví ligeramente.

—Tranquilo... —susurró.

Me agarró de la nuca con su mano libre, dirigiéndome a un beso protector, mientras movía su dedo en mi interior. Pronto se le unió otro haciéndome un poco de daño.

—No sabes cuanto desee esto...

—¿Sólo conmigo? —pregunté con cierto temor.

—Sólo contigo. —una caricia en mi mejilla me hizo relajarme y que pudiera introducir un tercer dedo pero en esta ocasión ya no pude retener un suave grito de dolor.

Llevé mi mano a su brazo para que parara el movimiento. Respiré profundo, tenía que acostumbrarme, necesitaba hacerlo.

—Podemos parar aquí si no puedes continuar.

Negué con la cabeza, soltando su brazo poco después al notarme más preparado.
Sentí sus dedos entrar y salir de mí. Los sacó por completo dirigiendo su pene a mi rosada entrada.
Me mordí el labio inferior al notar la punta presionar ligeramente.

—Si necesitas que me detenga dilo, ¿de acuerdo? —asentí. En realidad no quería detenerlo a pesar de que me doliese.

Comenzó a entrar lentamente en mi interior. Me aferré a su espalda con fuerza, escondiendo mis gestos de dolor en su cuello.
Mordía con fuerza mi labio inferior para no gritar y pedirle que se detuviera, hasta que sentí el sabor de la sangre emanar por la excesiva presión de mis dientes.
Sollocé quedamente cuando ya estuvo completamente dentro de mí.

Se quedó quieto, esperando a que me acostumbrara un poco a la intrusión, masturbándome y besando toda la piel que tenía al alcance.

—Draco...

Negué con la cabeza y meneé la cadera para incitarle a iniciar el movimiento. Comenzó con movimientos muy suaves y lentos.
Me obligó a acostarme encima de la mesa, dejando en un triste intento mi intención de ocultar el rostro mojado a causa de las lágrimas y la sangre en el labio.

Siguió con las estocadas, cada vez más fuerte y rápidas pero menos dolorosas, pasando a una leve molestia y a un placer inmenso cuando tocó alguna parte de mi interior.

Gemí ferozmente. —Siéntate en la silla... —mi voz había sonado totalmente ronca.

Salió de mí y se sentó, observando depredadoramente cada movimiento que yo hacía. Me subí a horcajadas, metiendo lentamente la gruesa erección de mi padrino.

—Merlín, Draco...

Mis piernas me ayudaron a poder penetrarme con bastante rapidez. Las manos de Sev agarraron mis glúteos, separándolos con fuerza.

—¡Sev! —gemí antes de correrme en su torso y notar como él se derramaba en mi interior.

Apoyé mi cabeza en su hombro, intentando tranquilizar la agitada respiración a causa del esfuerzo y el placer.
Me abrazó protectoramente, acariciando mi espalda y mi cabello.

—Huye, dragón.

Negué con la cabeza.

—Si huyo no podré verte.

—No podré ayudarte si te ocurre algo.

Sentí una presión en el pecho, aunque era completamente consciente de que él no iba a poder ayudarme.
Besé su cuello para tranquilizarle.

—Alguien en el colegio me está molestando, ¿podrías ayudarme con eso? —susurré suavemente, intentando cambiar de tema.

—¿Quién?

—Krum, el tipo de Durmstrang.

Asintió y siguió acariciándome hasta que me sentí demasiado cansado como para seguir despierto.

____

Severus acariciaba el cabello de Draco. Cuando notó la respiración tranquila del joven miró su rostro, se había dormido.
Lo agarró suavemente, dejándolo apoyado en la mesa y se dedicó a hacer unos cuantos hechizos para limpiarlos, ordenar y vestirlos. Además de algunos curativos para su ahijado, aunque no podría curarle completamente.
Cogió su cuerpo herido con sumo cuidado y se apareció en la habitación individual del rubio.

—¿Por qué tenía que elegirte a ti? —susurró a su dragón dormido. —No voy a poder hacer nada por protegerte sin delatar mi posición...

Se acostó junto a él, acariciando su mejilla.

—Seré muy egoísta al pedirte esto pero... Tienes que aguantar. —apartó un mechón rubio que había caído sobre su rostro. —Por mí, al menos...

El rubio se acurrucó más a su cuerpo, por lo que lo abrazó y decidió que se quedaría a dormir con él.

____
Notas finales:
Oh, un capítulo en el que Draco puede poner una pequeña venda en su corazón (para luego sufrir el doble :P)

¿Qué os ha parecido el capítulo? ¿Qué opináis del personaje de Severus?

Me despido con las ganas de que pasen rápidamente dos días para poder subir el próximo capítulo, ¿y vosotros? :P
¡Pasad lindos días!
Pídeme que me quede por ArtemiaCelosia
19 de junio, 1995

Ya hacía unos días desde que, bajándome del tren, me despedí de mis amigos y me dirigí a casa completamente solo.
Lucius no había ido a buscarme, y aunque lo agradecía profundamente, también detestaba la razón. Quién-no-debe-ser-nombrado había vuelto y él estaría besando sus pies en algún lugar.

Ahora me encontraba empapado en el jardín, donde caía una torrencial lluvia, típica de cuando crees que hay muy buen tiempo y haces planes para salir de picnic.
Escuché unas pisadas dirigirse hacia mí.

—Deberías entrar antes de enfermar. —encogí los hombros como contestación.

Resultaba hilarante que la misma persona que me había vendido, se preocupara por mi salud. Aunque en realidad tenía toda la lógica del mundo, debía entregarme de una pieza.

Me agarró fuertemente del hombro y me volteó para que le mirara.

—Más te vale comportarte como el Malfoy que eres.

—Pronto dejaré de ser un Malfoy, no tengo necesidad de comportarme como tal. —respondí desafiante.

Lucius se sorprendió ante la respuesta, se le notaba en el rostro.

—Seguirás siendo un Malfoy toda la vida.

Negué y volví mi mirada ausente al horizonte. El que había sido mi razón de ser, mi ídolo, mi guardián durante tanto tiempo, alzó una mano para castigarme por primera vez, pero alguien le paró el golpe.

—Necesito hablar contigo. —la grave voz de Severus llenaron mis oídos y los dulces recuerdos volvieron a mí. —En privado. —añadió.

Sev no me había hablado más sobre lo ocurrido aquella noche pero me mimaba cada vez que podía, asegurándose de que no me hubiese herido de nuevo y curando las heridas que ya tenía.

Lucius caminó hacia la casa para que Severus fuese con él, aunque mi padrino se entretuvo un poco más.

—Draco, ve a la habitación y sécate, no quiero que enfermes y tú tampoco deberías. Luego iré contigo. —me besó en la cabeza y se marchó, dejándome con una sonrisa y una calidez en el pecho.

____

—¿Casarle con el Lord?

Lucius miró al moreno fijamente.

—Por lo visto Draco ya te lo ha contado. Es fantástico, ¿verdad?

—¿Qué opina él? —preguntó algo cauteloso. No quería mostrarse muy afectado por la situación, pues jugaría con desventaja.

—Bueno... Es un adolescente algo rebelde ahora mismo, pero cuando sea un adulto lo agradecerá.

Severus asintió al escuchar su entusiasmo. —Lucius... —el rubio le tendió una copa de whisky de fuego que aceptó con gusto. —Sabes como es nuestro Señor. ¿No crees que podría ser peligroso para Draco? Sobretodo ahora que es un adolescente...

—Aprenderá a comportarse como todo un Malfoy y tendrá una vida perfecta. —murmuró molesto.

—Eso no es problema. —intentó solucionar el tema para no parecer sospechoso. —Draco será un muy buen Malfoy, pero nuestro señor no desea esperar, ni tener problemas con un chiquillo. Quizá deberías dejarlo para más adelante.

El patriarca pareció pensárselo seriamente.

—Veamos cuando el Lord pueda volver. Él decidirá.

—Bien hecho, Lucius.

Chocaron sus copas y Severus bebió todo el contenido de un trago. Se sentía algo inquieto ante el regreso de Voldemort, y más si eso significaba perder a Draco.
Si... Perder con todas las letras. Sabía que no tendría ninguna piedad con su dragón y dudaba de la resistencia del menor.

—Iré a ver a Draco, si te parece bien.

—Por supuesto. —sonrió Lucius. —Yo debo irme al Ministerio durante unas horas. Si pudieras quedarte con él en ese tiempo sería fantástico.

Severus asintió antes de despedirse de él y subir las escaleras, constatando que Lucius se marchaba por la chimenea.

____

Abracé mis piernas cuando Lucius se alejó junto con Sev, tapando mi rostro mojado por la lluvia.

—Me da igual enfermar si te quedas conmigo... —susurré a mi propia soledad.

Me levanté con dificultad y me dirigí al cuarto donde quedé sentado en la cama, a la espera de Severus.

—¿Desea que le seque, señor? —preguntó cautelosamente Giliel que había aparecido dentro de la habitación.

—No... —dije con la mirada fija en la puerta.

—De acuerdo, señor...

Escuché un pop que me confirmó que la elfina ya se había marchado. Desde lo sucedido con Narcissa, ella estaba mucho más atenta a mí. Creo que sospechaba algo sobre mi estado de salud.

Llamaron a la puerta. —¿Así es como te secas? —Sev tomó la toalla tirada sobre mi cabeza y me secó con un hechizo.

—No puedo hacer magia fuera del colegio.

—Pero puedes frotar la toalla para que haga su función. —Severus se sentó a mi lado. —Lucius se ha marchado durante unas horas. Estaremos solos. —asentí algo feliz. —Creo que debemos hablar de algo.

Hice un gruñido de disconformidad, sabía que no iba a ser una charla muy agradable.

—Debes huir, Draco.

—Ya te dije...

—Si decides quedarte debes prometerme aguantar todo lo que te pase hasta que pueda ayudarte. ¿Crees ser capaz de eso?

Quedé con la mirada fija en el suelo. No sabía realmente lo que me iba a pasar pero tenía la certeza de que no iba a ser bueno. Comencé a arrancar pieles de los laterales de mis uñas hasta que su mano se fundió en la mía para que parase.

—Dragón... Si haces algo mal, te castigarán y no como a un niño.

—Castigos físicos.

Él asintió, observándome preocupado.

—No deseo perderte, pero pedirte que te quedaras sería muy egoísta por mi parte... Si decides marcharte, intentaré ayudarte y te buscaré cuando todo esto termine.

—¿Y cuándo terminará? Si gana el Lord no podré volver nunca más y si gana Potter, tú irás a Azkaban o... —me abracé a él con fuerza. —No quiero que te ocurra nada.

—No me ocurrirá nada. —susurró mientras acariciaba mi espalda.

Estuve unos minutos abrazándole como si fuese la última vez, aunque no era un momento de despedida.

—Huye conmigo.

—Me gustaría, dragón. De verdad que me gustaría...

Asentí levemente al entender que no iba a hacerlo por algún motivo que desconocía.

—Entonces sé egoísta y pídeme que me quede. —miré sus ojos negros que me devolvían el gesto con cariño.

—Quédate y aguanta todo, sin olvidar que te amo y que volveré a por ti. Eres muy fuerte, sé que podrás hacerlo.

Asentí sonriente. Aguantar por Severus era algo que me daba algunas fuerzas para luchar.

—Y ahora creo que debemos hablar de otra cosa. —me dijo agarrando uno de mis antebrazos y subiendo mi manga. Pasó uno de sus largos dedos por mi blanca piel. —Me gusta que no haya heridas nuevas. ¿Desde cuándo?

Encogí los hombros a modo de esquiva respuesta. —No se lo dirás a nadie, ¿no?

—¿A quién podría decírselo? Creo que Lucius ya ha perdido su condición de padre respetable y confiable.

—Un psicomago...

—No me gusta que lo hagas, dragón. Si necesitas ayuda podríamos acudir a uno, no tienen nada de malo.

—Madre me llevó a uno cuando era niño... —Severus me observó sorprendido por la noticia. Sólo lo sabía Lucius en aquél entonces. —No me gustó nada la experiencia. Y me da miedo que me encierren en un lugar como aquellos, sin visitas...

—No diré nada pero...

—Prometo no hacerlo. —comenté algo inseguro.

Muchas veces esa voz era superior a mí. Estaba horas y horas hablando sin poder hacerle callar y lo que decía eran cosas demasiado dolorosas como para pasar de ellas.

—De acuerdo. —sentenció Sev.

Me acerqué a él y le besé la mejilla.

—Lo que pasó en Hogwarts...

Intenté sacar el tema pero él me interrumpió. —Pareces cansado. Duerme, yo estaré aquí contigo durante unas horas más.

Suspiré y asentí sabiendo que no sacaría nada siguiendo con la conversación. Conocía demasiado bien a Severus en esos aspectos.
Me acosté a su lado, entre sus brazos. Y mientras sentía su respiración, su voz comentando cosas que ni siquiera entendía con lógica y sus caricias, me dormí.

____


—No puedo decirte mi condición, dragón. Si supieses lo que soy estarías en un grave peligro. Si pudiera decírtelo y hacerte huir pero no, vas a querer quedarte a mi lado...

Severus suspiró. En muchas ocasiones se arrepentía del acuerdo que había hecho con Dumbledore, pero después veía los ojos de Potter y... Eran exactamente iguales a los de Lily.

—No es normal que un chico de tu edad duerma tanto y además se sienta cansado de todas formas. En realidad no es normal que llore como tú, pierda los nervios por su propia inseguridad, se alimente tan poco y pueda mantenerse en pie... Mucho menos que se hiera como haces. —acarició levemente la mejilla del rubio. —Parece que te marchitas poco a poco y no puedo hacer nada para evitarlo... Lo siento mucho mi dragón.

____
Notas finales:
Y dejando a un Draco marchitándose y a un Severus luchando por sus decisiones, me despido.

Si vosotros queréis, volvemos a leernos dentro de dos días. ¡Un abrazo enorme!
Mi triste Navidad por ArtemiaCelosia
1 de septiembre, 1995

—¿Sabéis que han intentado expulsar a Potter del colegio por usar magia fuera de la escuela? —Pansy la chismosa entró en escena.

—No es de extrañar. Estamos muchas horas realizando hechizos y leyendo sobre ellos, luego llegan las vacaciones y nos prohíben hacerlo. Me pinché con una planta al recolectarla y casi me lanzo un hechizo de curación. —comentó Theo.

—¿Y no lo han echado al final?

—No, Blaise. Por lo que supe fue hasta el mismo Dumbledore a su favor. ¿Tú no sabías nada, Draco? Lucius debería haberte comentado algo.

Negué con la cabeza. No quería contarles que me sentía completamente defraudado por haberme vendido como el consorte del Lord, probablemente se alarmarían y no era para menos.

Pansy suspiró y miró por la ventanilla. —A ver qué profesor de Defensa tenemos este año...

—¿No os parece extraño que cambiemos tanto de profesor y sólo pase en esa asignatura? —Theo nos miró confundido. ¿Y si todo estaba planeado por alguien?

Al llegar al castillo hablando sobre Quidditch, moda y otras tonterías, vimos a una señora sonriente. Llevaba un vestido rosa chillón y un estilo bastante anticuado.
No había duda de que sería una nueva profesora. Miré a mis compañeros y me lanzaron la misma mirada de desagrado.

8 de septiembre, 1995

Miré como una gran multitud de alumnos se situaba frente a una pared y observaba con la cabeza en alto. Dirigí mi mirada para ver que era tan interesante y me percaté de normas extrañas colgadas allí.

—¿Qué está pasando? —pregunté a Blaise.

Había salido bastante antes que yo de la sala común, por lo que suponía que tendría información.

—La profesora Umbridge se ha hecho con Hogwarts. Ahora es la “Gran inquisidora”.

—¿Y el director Dumbledore?

—El ministerio le ha dado permiso a la señora así que... Él no podrá hacer nada, supongo. No estoy muy puesto en esas cosas, tú deberías saber más que yo.

Asentí levemente. No había gran cosa que pudiese hacer el viejo.

—Al parecer Lucius también estuvo a favor para que esto pasara. —me tensé levemente, eso me daba mala espina. —Draco, sé que has tenido algún problema con tu padre. Puedes contar conmigo para lo que necesites.

—Gracias, Blaise. Es difícil de contar.

Me dio un apretón en el hombro y nos dirigimos al gran comedor, ya habíamos visto suficientes locuras por hoy.

18 de septiembre, 1995

Mi equipo cantaba alegremente “A Weasley vamos a coronar” mientras se dirigían al campo. El pobretón había entrado en el equipo y era terrible. Sólo verlo podía darte varias enfermedades mágicas.

Me monté sobre la escoba y sobrevolé el campo cuando las puertas se abrieron. Allí pude visualizar a Severus observándome. Saludé con la mano, como hacía el resto de mis compañeros.

—¿Con miedo, Weasley? Me sorprende que hayas podido comprar una escoba que vuele. —reí con mis amigos. Lucius me había dejado claro que debía meterme con ellos si no quería que el Lord se molestara conmigo.

Potter susurró algo al pobretón y me miraron con desprecio a lo que respondí con un ceño fruncido.

El partido comenzó y tardó tres cuartos de hora en terminar. Me sentía completamente agotado y furioso.

—¡Y Harry Potter consigue la snitch! ¡¡Gryffindor gana!!

Por supuesto, el comentarista tenía que ser de Gryffindor para que la imparcialidad se notara aún más.

Bajé de la escoba y me dirigí a Potter, la comadreja y un gemelo Weasley.

—Menos mal que Potter ha hecho algo bien en su vida porque si fuera por ti, tu equipo estaría vencido en diez minutos.

—No te metas con Ron. —se adelantó Potter y el gemelo me miró con rabia.

—Tú no eres nadie para decirme que hacer. Ve a aprender a controlar las lágrimas por ser un insufrible huérfano. Probablemente tus padres se suicidaron para no aguantarte.

Potter se abalanzó sobre mí pero antes de que algo sucediera ya estaba levitando sin poder acercarse.

—Esperaba cualquier cosa del insolente de Potter y un Weasley que dedica su vida a estúpidas bromas, pero Malfoy... Creí que tú serías mejor. Creo que me confié demasiado. —dijo una voz estridente mientras se acercaba a nosotros. —Quedáis suspendidos del equipo de Quidditch, permanentemente.

Los tres nos quedemos blancos ante la situación.
La mujer estaba loca, no podría debatir con ella y tampoco contaba con Lucius para que lo solucionara.

Suspiré y me fui con mi equipo, o el que iba a dejar de serlo a partir de hoy...

24 de diciembre, 1995

Me encontraba ansioso en casa. No había visto a Severus desde que vine de vacaciones, pero mañana sería Navidad y siempre la celebraba conmigo.

—¿El señor ha terminado su comida?

—Sí, Giliel. Puedes retirar los platos.

La elfina asintió, observando los platos prácticamente igual de llenos que cuando los había traído y se dispuso a llevárselos, aunque antes de poder hacerlo Lucius apareció ante nosotros y lucía bastante agitado.
Se sentó en la mesa para esperar a que le sirvieran rápidamente su comida y yo intenté marcharme de allí lo antes posible.

—Draco. —clavé mis pies en el suelo, no quería girarme y mucho menos seguir allí. —El patriarca de los Weasley ha sido atacado. Aprovecha sabiamente esa información.

Asentí casi imperceptiblemente y volví a caminar hacia los jardines. No iba a aprovechar esa información, me parecía demasiado cruel hacerlo por mucho que fuera un Weasley. Mucho más sabiendo que mi padre había tenido que ver con el ataque y que Quién-no-debe-ser-nombrado iba a ser el causante.

Cerré los ojos con fuerza al sentarme en el pasto hasta sentir una tímida y sutil caricia en el brazo. Me giré para encontrarme los enormes ojos marrones de la elfina.

—Giliel no desea molestar al señor pero el señor Malfoy le ha dicho a Giliel que dé un mensaje...

—Dime.

—El señor Snape no vendrá estas Navidades a casa y ustedes tampoco las pasarán aquí. Desea que conozca a su prometido mañana mismo.

Sentí que mi corazón paraba de golpe su rítmico movimiento.

—¿Qué? Pero yo no... —las palabras se agolparon en mi garganta. No podía ser tan pronto, no quería que fuese tan pronto. Deseaba ver a Severus.

No sé en qué momento comencé a gritar su nombre y tampoco recuerdo claramente cuando Lucius me agarró y, a punta de varita, desmayó.

____

—¡Señor Malfoy!

Lucius se acercó rápidamente a su hijo. Imaginaba que reaccionaría así y ya estaba al acecho.
Le lanzó un desmaius y lo llevo directamente a San Mungo.

____

25 de diciembre, 1995

Desperté completamente agotado y con un ardor horrible en la garganta. Recordé los gritos de ayer y me estremecí.

—Ya has despertado. —siseó Lucius. Asentí para que no se molestara conmigo por no darle ninguna respuesta. —Realmente me defraudas con tu comportamiento, Draco.

—Mejoraré.

—Eso espero. —se dirigió a la puerta para marcharse pero antes de hacerlo, añadió. —Lo de ayer sólo era un simulacro, nadie te mandó a llamar. Eso no quiere decir que debas estar preparado para comprometerte.

—Lo estoy. —dije con una verdad a medias. Estaba completamente preparado, el problema era que lo estaba con una persona que no era mi prometido.

Escuché la puerta abrirse y cerrarse, unos pasos alejarse y el silencio más absoluto.
Minutos después ingresó una enfermera a quien pararon cuando tenía la puerta abierta de par en par. Una mujer muy mayor y su... nieto, le preguntaron por unos pacientes.
Miré aburrido al niño y me percaté que era el inútil de Longbottom. Me observó algo confuso por mi estancia allí. Genial, ahora todo el mundo lo sabría.

Por suerte, Giliel apareció y corrió las cortinas.

—Señor... Giliel le pide disculpas, Giliel no sabía que era mentira.

—No te preocupes Giliel.

Por alguna razón ver a Giliel nerviosa me molestaba de sobremanera y eso que yo mismo la había amenazado anteriormente. Quizá fuese porque yo estaba igual de nervioso que ella, solo que no lo demostraba tan abiertamente.
La enfermera cerró la puerta, me revisó y en unos pocos minutos ya se había marchado.

—¿Y Severus?

—El señor Snape comunicó a Giliel un secreto.

Le miré duramente. —Sev no tiene secretos conmigo, puedes decírmelo. —ella parecía dudar sobre qué hacer. —Eres mi elfina y si no me lo dices será mejor que te vayas con él. —me apenó tener que amenazarla con algo así pero de verdad que necesitaba saberlo.

—¡No! Giliel sólo es leal al señor... El profesor Snape estará con Harry Potter estas Navidades. —comentó algo temerosa.

Mi mundo cayó más fuerte aún. ¿Severus me había dejado solo por Potter?
Notas finales:
Lamento traer el capítulo unas horitas más tarde de lo habitual ^_^"

¿Alguno de los lectores elegiría a Harry antes que a Draco? :P

Nos leemos de nuevo dentro de dos días, hasta entonces... ¡Cuidaos muchísimo y que seáis muy felices! :D
El castigo de Umbridge por ArtemiaCelosia
4 de enero, 1996

—Está en esa cama de ahí, se quedará esta noche a dormir aquí y mañana ya podrá volver a las clases. —escuché la voz de Pomfrey.

—De acuerdo, iré a hablar con él.

Suspiré al saber que era Severus con quien hablaba, no me apetecía en absoluto responder a sus preguntas ahora.

El ruido de las cortinas moviéndose y una presencia delante de mis ojos cerrados. —Draco. —abrí los ojos, pestañeando varias veces por la molesta luz, aunque no le miré el rostro. —¿Qué ha ocurrido?

—Nada.

—No por nada estás en la enfermería.

—La enfermera ya te habrá dicho que me he mareado.

Él frunció el ceño molesto. —Te has mareado en mi clase, mientras preparabas una poción que ha estallado en tu brazo. ¿No podrías haberme avisado de que te sentías mal?

—Me sentía bien, ha sido de repente...

—¿Y las ojeras también te han salido de repente?

Volví a cerrar los ojos, me sentía tan cansado. Una mano se poso sobre mi frente para tomarme la temperatura.

—¿Qué ha ocurrido realmente? —susurró.

—¿Por qué no viniste a Navidad? —pregunté sabiendo perfectamente la respuesta y dejando mis ojos cerrados. Era más fácil así.

—Tuve que cumplir unos compromisos.

Asentí cansadamente.

—Sé esos ‘secretos’ compromisos. —comenté algo molesto. Me irritaba de sobremanera que estuviera con otras personas y sobretodo si esa persona era Potter.

—Escucha dragón, no quiero que te sientas mal por mis actos. Ahora no puedo contarte el porqué de lo que hago, pero un día te lo contaré todo. Te dije que...

—Confiara en ti.

—¿Y lo haces?

Asentí imperceptiblemente antes de susurrar. —Estuve en el hospital.

—¿Qué? ¿Cuándo?

—En Navidad. Tuve un ataque de pánico... Me dijeron que sería normal que durante unos días me sintiera más cansado y que me mareara levemente.

—¿Y Lucius?

Encogí los hombros intentando no darle importancia. —Me dejó solo allí, al fin y al cabo él me puso nervioso, no creo que le importara mucho.

Suspiró molesto y me acarició la mejilla.

—Lo siento mucho, dragón.

10 de febrero, 1995

Caminé sigilosamente acompañando a la loca de Umbridge como parte del absurdo grupo que había montado y que Lucius me había obligado a aceptar.
Blaise me dio un pequeño golpecito en el hombro para llamar mi atención.

—¿Todo bien? Puedo intentar buscar una excusa para sacarte de aquí.

—No te preocupes, cuanto antes acabemos mejor.

Me regaló una de sus sonrisas cómplices y paró su caminata cuando todos los demás lo hicieron.

Las personas que iban delante presenciaron mucho mejor el bombarda que lanzó la profesora hacia una pared. Habían informado que por allí, Potter solía pasar demasiado tiempo, probablemente haciendo una actividad fuera de las nuevas normativas.

En realidad era fácil no cumplirlas, eran demasiadas y muy absurdas. Prácticamente no podíamos ni mirar a Pansy por ser una chica y hablábamos con la mirada fija en otro.
Ella se quejaba mucho de ello, decía que se sentía casi ignorada aunque entendía que nosotros hacíamos lo posible para incluirla en las conversaciones.

Potter y muchos más fueron pillados aquél día y más tarde, cuando Umbridge intentó inculpar a Potter, Dumbledore admitió su culpa ante este grupo y escapó delante de sus ojos.
La loca había conseguido echar a la profesora Trelawney, pero también al director... Era increíble de pensar. Ella misma cogió ese puesto, mientras Dumbledore quedó en busca y captura para condenarle a una estancia en Azkaban.

28 de febrero, 1996

—Vaya bronca nos hemos llevado por culpa de los Weasley. —comentó Blaise. —¿Y cómo pretendían que los paráramos si estaban en completo movimiento en sus escobas y con fuegos artificiales que nos atacaban?

—Umbridge parecía tener muy malas ideas. Me pareció que dijo ‘Cruci’ con la varita en la mano. —susurré cerca de mi amigo para que nadie más se enterara.

—Tendremos que tener cuidado.

Asentí. Miré a mi alrededor. Una habitación horrible con miles de gatos en cuadros, porcelana y mil sitios más, observándonos.
Un escalofrío invadió mi cuerpo.

—Bien. Podéis marcharos todos menos Malfoy.

—Te esperaré fuera. —Blaise se dirigió a mí antes de levantarse.

—No será necesario, Malfoy tardará en salir. Ve a tu sala común.

Le di una mirada tranquilizadora a mi amigo, no debía meterse en más problemas.

—Nos vemos después, Blaise. —sonreí.

Toda la brigada salió de la sala y yo me quedé con la directora que estaba más ida que el anterior, si eso era posible.

—Tus compañeros intentaron parar ese ataque de los Weasley, pero tú... No te vi levantar la varita.

—Quedé en blanco, no supe que hacer. —mi pensamiento era bastante distinto a lo que estaba diciendo. La verdad es que no me apetecía hacer nada. Weasley o no, hicieron lo que debían hacer ante tanta locura.

—Me da la sensación de que no es así. —me entregó una pluma y un papel. —Repite veinte veces ‘Debo tener las cosas claras’. Quizá eso te ayudará a actuar la próxima vez que lo necesites. —me sonrío.

Observé la pluma, no me había dado tinta por lo que supuse que estaba hechizada.
Comencé a escribir. No había estado muy equivocado en mi suposición aunque no esperaba que me hiriera en la mano.

Levanté la mirada a sus ojos verdes que me miraban desafiantes, mostrando una sonrisa que intentaba ser agradable.
Volví a escribir. Cuanto antes terminara, antes podría dejar de estar a solas con ella.

Ya habían pasado veinte minutos y me dirigí rápidamente a mi sala común.

—¡Draco! —Blaise se levantó rápidamente del sillón de la sala. Al parecer me estaba esperando. —¿Por qué te tenías que quedar?

Le mostré la mano herida con la maldita frase. —Un castigo.

—¡Pero eso es inadmisible! ¡Deberías decírselo a tu padre! —comentó Pansy, acercándose a nosotros.

Como si a Lucius le importara algo de lo que me ocurriera. Mientras estuviera de una pieza, todo estaría bien. Lo que él no sabía es que yo ya estaba roto.

30 de mayo, 1996

Desperté sobresaltado al notar que alguien me agitaba.

—¿Sev? ¿Qué hora es?

—Cuatro de la madrugada, siento despertarte pero es algo importante.

Fruncí el ceño al no entender nada.—Hoy has faltado a clase... ¿Tiene algo que ver?

Severus se mostraba realmente nervioso y eso no era nada usual en él.

—Draco, el señor Weasley fue atacado hace unos meses.

—Me lo dijeron.

—Hoy, más personas han sido atacadas. Sirius Black ha sido asesinado por Bellatrix.

Quedé completamente en silencio y con la mirada baja ante la noticia. Nunca pude conocer a Sirius pero por lo que me habían contado... Siempre tuve el deseo de poder cumplirlo algún día para preguntarle porqué había sido tan cruel con alguien como Sev.

—Potter estaba allí, con otros alumnos de Hogwarts. Has escuchado muchos rumores hasta ahora sobre ‘su’ vuelta.

—¿Quieres decir que ahora ya no son rumores?

Me abrazó al instante y me acarició suavemente.

—Debes estar preparado para este verano, Draco.

Asentí, no había muchas más cosas que pudiera hacer.

—¿Ha preguntado ya por mí?

—Sí, él quiere conocerte ya.

Al parecer Severus notó mis ojos algo más aguados de lo normal por lo que me susurraba palabras tranquilizadoras, recordándome que me sacaría de ahí lo antes posible.

—¿Puedes quedarte conmigo? Solo hoy...

Se acostó a mi lado, dejándome protegido entre sus brazos.
Esa noche no pude volver a conciliar el sueño.
Notas finales:
De nuevo me disculpo por la tardanza del capítulo, ya que suelo subirlo unas horas antes. Os aseguro que no volverá a pasar ^_^"

¡En el próximo capítulo, Voldemort hará su entrada triunfal! Espero que estéis igual de emocionados que Draco por conocerle :P

¡Nos leemos dentro de dos días!
Conociendo a mi cónyuge por ArtemiaCelosia
24 de junio, 1996

Respiré profundamente para tranquilizar mis nervios. Lucius había venido a decirme que me preparase. El Lord requería mi presencia.

Al salir por la puerta vi a Severus apoyado en la pared. Se acercó rápidamente para abrazarme.

—Sev, yo... —por un momento pensé que quizá era la última vez que le veía. Aguantaría todo lo que pudiese por él pero... Si me lanzaban un Avada no podría hacer absolutamente nada por aguantar. —Tengo que confesarte algo.

Severus me miró con su rostro serio.

—Yo... Madre murió por mi culpa.

—No fue tu culpa, Draco.

—¡Si, si la fue! ¡Yo la maté!

Su rostro se desencajó y en sus ojos se leía la confusión y la sorpresa.

—Ella jamás me pegó, me herí a mí mismo para inculparla y aquél día... Nadie entró a casa. Bajé por mi ventana y entré por el despacho para matarla...

—¿Por qué? —susurró.

—Una voz me lo decía. La misma que me obliga a hacerme daño cuando tú no estás. Escuché la discusión que tuviste con madre y esa voz me dijo que no podía dejar que nos separara y me hizo elegir... No quería separarme de ti, Sev. —murmuré con lágrimas en los ojos.

—¡Draco, debemos irnos ya! —un grito proveniente del piso inferior.

Mi padrino asintió aún algo turbado ante la confesión, me dio un último beso en los labios y pegó su frente con la mía.

—Resiste por mí, Dragón.

—Te amo. —susurré temeroso.

—Yo a ti también.

Asentí y bajé rápidamente las escaleras, no quería echarme a llorar y no poder soltarme de sus brazos.
Lucius me miró de arriba abajo dando su visto bueno.

—¿Listo?

—¿Cómo debo comportarme? —pregunté.

Él me miró extrañado ante mi repentino cambio. Si quería resistir por Severus sería mejor que hiciese caso, no sabía cuanto tiempo tendría que vivir esta situación y cada castigo contaba para reducir mi aguante.

Me dio algunos consejos básicos para dirigirme a él y nos aparecimos en un lugar completamente desconocido para mí.

—Recuerda ser lo más respetuoso posible. Una mirada a los ojos podría resultarle retador, sólo alza tu mirada cuando te lo diga y nunca lo hagas más que él. —asentí.

Ya habíamos llegado ante la puerta cuando un hombre peludo nos dejó pasar.

—¡Lucius y el joven Draco! El Lord estará complacido al verte. —sonrió socarronamente.

—Espera aquí con Greyback, Draco. Iré a avisar a nuestro señor de tu llegada.

Observé como mi padre se marchaba por un solitario pasillo e ingresaba en la única puerta que había.

—¿Nervioso?

Me giré hacia el hombre que seguía sonriendo.

—Puedo olerlo.

—Greyback... Me sonaba de algo.

—Probablemente hayas oído muchas historias sobre mí, muchas de ellas ciertas.

—Tuve un profesor al que mordió en su niñez, Remus Lupin.

Río maliciosamente al escuchar su nombre.

—Una dulce venganza. —concluyó. —Teniendo en cuenta que serás el consorte del señor, puedes llamarme Fenrir.

Asentí brevemente antes de ver volver a Lucius.

—Puedes ir, Draco.

—¿Solo? —bajé la mirada. No me gustaba que Lucius me acompañara pero ir solo me daba un miedo terrible.

—Si. —posó una de sus manos en mi hombro y, por primera vez en mucho tiempo, me habló pareciendo un padre. —No pasará nada, Draco. Solo vas a conocerle y después volverás a casa.

—¿No me quedaré aquí?

Lucius negó con la cabeza y me sonrió.

—Te veo después.

Me dirigí hacia la puerta y llamé educadamente antes de entrar.

—¡Draco, pasa!

Avancé, cerrando tras de mí y con la mirada al suelo. Noté como se acercó y yo cumplí con la reverencia que Lucius me había dicho que debía hacer.

—Mi señor, es un placer conocerle.

Sentí su mirada sobre mí. Con una mano me levantó el rostro hasta que pude ver su sonrisa y sus ojos rojos.

Aparté la mirada avergonzado y temeroso. —Señor, no pretendía faltarle al respeto...

—Olvida todo lo que te haya dicho Lucius. Él no tiene tu mismo nivel. —pasó su mano por mi sedosa mejilla. —Eres realmente hermoso.

Recordé que Sev me había dicho lo mismo y se me escapó una pequeña sonrisa tímida. Él lo malinterpretó pero quedó satisfecho.

—Ven conmigo, joven.

Le seguí hacia una mesa que había preparada, tomando asiento cuando me apartó una de las sillas.

—Usted no es tan mayor. —respondí intentando no sonar irrespetuoso.

—Si supieras la edad que tengo...

—La sé, señor. Sé que nació en el 1926. —me sonrojé un poco ante la expresión sorprendida que tenía, su mirada era demasiado intensa. Respiré intensamente, debía relajarme y comportarme de mejor manera. —Estuve interesándome por usted, espero que no le importe.

—¿Y qué más sabes?

—No mucho, en realidad. A pesar de ser usted el mago más poderoso del mundo, me han prohibido recibir información importante e histórica. —‘Intenta adularle todo lo posible’ me había dicho Lucius.

—¿Y tu padre, no te comentó nada?

—Él trabaja mucho, realmente no nos vemos ni veinticuatro horas en mis vacaciones.

Asintió divertido. Parecía que mis respuestas le gustaban.

—Además de hermoso, inteligente y educado. ¿Podría pedir algo más? —preguntó osadamente a la nada. —¡Oh! Lucius me contó que te gusta el arte. De hecho me trajo un dibujo tuyo.

Hizo aparecer un lienzo en el que había un colorido dibujo.

—Ése dibujo lo hice antes de entrar a Hogwarts por primera vez, es el paisaje que ofrece el ventanal de mi habitación. —expliqué brevemente.

—¿Alguna vez has visto la marca tenebrosa?

Me sentí algo confuso ante el cambio de tema.

—Si, señor.

—¿En quién?

—Padre y madre me la mostraron cuando era pequeño y me explicaron su significado. También mi padrino...

—Severus, ¿verdad? Un gran aliado. —sonreí brevemente. —¿Y qué necesitarías tú para conseguir la marca tenebrosa?

—¿Disculpe?

Se levantó de su asiento y se dirigió a una ventana de la cual no me había ni percatado.

—Quiero marcar tu piel, Draco. Aunque no seas un simple mortífago, quiero que lleves mi marca, nuestra marca, pero en tu caso deseo que tú mismo la quieras sobre tu cuerpo.

—La deseo, señor.

—¿A cambio de qué?

Libertad, pasó por mi mente. En mi mente una negativa como respuesta, eso no iba a ser posible.

—¿Realmente podría pedir algo a cambio? —pregunté cauteloso y con voz baja.

—Por supuesto. —él se dirigió de nuevo a mí.

—Señor... Severus es mi padrino, alguien muy especial y querido desde mi infancia. Es como un padre, para mí. —asintió mirándome serio. —Alguien sospecha de él, siempre está intentando descubrirlo o echarle las culpas y cuenta con el apoyo de Dumbledore.

—¿Quién sospecha?

—Potter... —susurré quedamente. —Tengo miedo de que puedan hacerle algo, ¿podría... darle seguridad? Sé que le pido muchísimo pero...

—La seguridad de Severus a cambio de tu lealtad.

—Si, señor. Aunque yo seré leal de todas formas, no debe cumplirlo si no...

—Así será, Draco. Pero debes saber que si llevas la marca también tendrás misiones, por mucho que seas mi consorte.

—Por supuesto, señor.

Pareció feliz ante la noticia.

—Aunque me agrada muchísimo tu compañía, me temo que debes marcharte por hoy. Nos veremos dentro de unos días para que te marque y explicarte tu primera misión. Severus estará completamente protegido a partir de entonces.

Hice una nueva reverencia como despedida.

—Ha sido un honor, señor. Esperaré con ansias la próxima llamada.

—El honor ha sido mío, Draco. —sonrió antes que yo saliera por la puerta.

Una vez fuera sentí mi cuerpo temblar y una presión del pecho irse. ¿Cuándo había aparecido? No lo sabía, pero me alegraba que hubiese durado tan “poco”.
Me dirigí de nuevo a la entrada, encontrándome a Fenrir allí.

—¿Y Lucius?

—Tenía una misión y se ha marchado. Puedes aparecerte tú, ¿no?

Sonreí con incredulidad por haberme vuelto a dejar tirado.

—No puedo aparecerme, soy menor de edad.

—Respeto hacia las leyes, ¿eh?

—Respeto hacia el Lord. Si me apareciera, el Ministerio tendría esta dirección y aparecerían aquí...

Bien, había sido muy rápido para inventar una buena respuesta. Me sonrío complacido.

—Te acompañaré a casa. —dijo levantándose de su asiento. —Todo el mundo aquí sabe que serás el nuevo consorte del Lord, pero es complicado no verte como un hermoso joven al que se puede violar y devorar. —señaló con su mirada a un grupo de hombres que me miraban con deseo.

—El Lord no permitiría que me tocaran.

—Si le haces feliz, no.

Me cogió del brazo y se apareció en la mansión Malfoy. Se despidió y volvió a su lugar. Quedé solo en la gran vivienda, cayendo de rodillas al suelo por tanta tensión y tristeza.
¿Significaba eso que si le hacía enfadar me daría también a otras personas para que me castigasen?

Había contado con los crueles castigos de una persona pero no de un grupo.

—Sev...
Notas finales:
¡Y Voldemort está aquí! A partir de este capítulo va a ser un gran problema y otra preocupación añadida para Draco :D

¿Qué creéis que ocurrirá? ¿Cómo pensáis que será el personaje de Voldemort?

¡Nos leemos dentro de dos días más! :D
Ansiedad ante mi misión por ArtemiaCelosia
28 de agosto, 1996

Asegurando todo mi entorno para que nadie me viera antes de entrar a Borgin y Burkes, realmente me sentía muy nervioso por la misión que me habían encomendado.

—Necesito que protejas el armario evanescente para que comunique con otro que yo arreglaré. Todo debe ser muy discreto.

—Discreto, ¿eh? ¿Y qué pasa si alguien se entera?

—La ira del mago más poderoso caerá sobre ti y Greyback se encargará de hacerte pedazos. —miré seriamente al dependiente, sabía que estaba a favor de Voldemort pero que no le servía como tal.

Él asintió temeroso y yo salí de allí, volviendo a asegurar mi presencia por el oscuro callejón.

____

—¿Qué estará haciendo Malfoy? —el rostro de Ron era de completa confusión.

—Debemos seguirle de cerca. —respondió Harry.

Hermione miró a sus amigos como si estuvieran locos.

—Una cosa es que nos enteremos y otra que le sigamos a todas partes. Es Malfoy, una persona bastante cobarde y extraña. Que Neville nos dijera que había estado en el hospital no significa nada. No perdáis mucho tiempo en él, tenemos cosas mucho más importantes por investigar.

El trío bajó del tejado y se dirigieron al lugar de quedada con la familia Weasley.

____

16 de octubre, 1996

Me detuve abruptamente en medio del pasillo, la marca estaba comenzando a arder sobre mi brazo. Aguanté las ganas de gritar y corrí todo lo que pude hasta llegar a la sala de los Menesteres.

—Sigue sin funcionar. —murmuré viendo como lo que metía en el armario seguía allí sin inmutarse.

La tarea no iba a ser fácil, me lo habían advertido desde un principio, pero el ver como no funcionaba me ponía más nervioso aún. Ser consorte del Lord me permitía seguridad a mí cuando hacía las cosas bien, Severus no era contemplado entonces. Debía ser un buen mortífago, obedecer y conseguir cumplir mis misiones para que garantizaran su protección.

Después de un rato miré el reloj, no debía faltar a clases o a comidas si no quería que me hicieran preguntas o parecer sospechoso. Había pasado ya una hora y veinte minutos desde que salí de la última clase de la mañana y me dirigí aquí, ya era una hora decente para ir al gran comedor y poder descansar un poco.

1 de noviembre, 1996

—Profesor Slughorn, he encontrado a un alumno merodeando por los pasillos, probablemente intentando colarse en su fiesta.

—¡Suélteme! —exclamé empujando a Filch que se negaba a soltar mi chaqueta. —No he intentado colarme, ni siquiera sabía que había una fiesta.

—¿Y entonces qué hacías aquí? —resoplé irritado ante la insistencia del celador.

El profesor Slughorn solo nos miró confuso, sin saber muy bien qué hacer.

—No se preocupen, me encargaré de él. —respondió Severus que, desgraciadamente, también se encontraba allí. Me agarró del hombro y me arrastró al pasillo.

Me solté y caminé rápidamente por el largo lugar, pero pocos pasos pude dar antes de ser acorralado por el cuerpo de Severus.

—¡No me estaba intentando colar!

Severus enarcó una ceja.

—¿Y por qué te excusas si aún no te he dicho nada?

—Porque sé perfectamente que me vas a dar una charla de algo que no ha ocurrido. —suspiré. —Quiero ir a mi habitación, estoy cansado. ¿Podrías dejarme pasar?

Negó con la cabeza.

—Estás muy extraño desde que viste por segunda vez a Quién-tú-ya-sabes y nadie me quiere contar cosa alguna. ¿Qué ocurrió? ¿Te hizo daño?

— ‘Fue duro para mí soportar el dolor cuando me realizaron la marca y quedé sin libertad ninguna pero... A la vez me dieron la alegría más grande cuando supe que eso serviría para protegerte de todo mal.’ —pensé.

—¿Draco?

Al parecer me había quedado interno en mis pensamientos con la mirada fija en sus ojos negros. Sonreí y negué con la cabeza.

—Sólo buscaba a Blaise por un trabajo de una asignatura. Me había dicho que vendría aquí pero no le hice mucho caso cuando me explicó el por qué. Y estoy bien, solo algo cansado...

—¿Qué asignatura?

—Pociones.

Él asintió aunque se le notaba que no había creído mis palabras.

—Hablaremos en otro momento. —dijo mientras se apartaba de mí.

Salí de allí sin poder conseguir llegar a Slughorn y llevar a cabo mi plan para saber más sobre el Lord. Sabía que había sido su alumno y esperaba que, estando un poquito ebrio, el profesor tuviera la lengua más suelta.

No me dirigí a mi habitación, debía arreglar ese maldito armario ya.

____

—Zabini. —Severus hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera a una esquina más alejada del resto.

—¿Si, profesor Snape?

—Malfoy me ha dicho que ha venido a buscarte porque teníais un trabajo que realizar, pero no me ha dicho que asignatura. ¿Podrías decirme para que pueda hablar con el profesor en cuestión?

Blaise miró a su entorno, allí se encontraba el profesor Slughorn. Si le decía que era pociones iba a ser muy fácil que le pillara la mentira.

—Supongo que se refería a Transformaciones.

Severus asintió y se marchó de allí. Estaba claro que Draco le ocultaba algo.

____

Sonreí incrédulo, después de unas cuantas horas el armario había empezado a funcionar levemente. Miré al reloj para percatarme que ya no llegaría a la cena, así que salí de allí para volver a mi habitación y poder dormir aunque fueran un par de horas.
No podía permitirme descanso, sentía demasiado peso sobre mis hombros y eso estaba afectando a mi físico.

—Con que un trabajo de Pociones. —me sobresalté al entrar y ver directamente a Severus.

—¡Me has asustado!

—Y tú me has mentido. Zabini me ha dicho que el trabajo podía ser de Transformaciones. —respondió tranquilo.

—Maldito Blaise... —farfullé.

—Él ha sido más inteligente al no elegir a un profesor que estaba tan cerca de mi alcance para poder buscar otra excusa, aunque tampoco hubiese servido de nada.

Rodé los ojos. ¿En qué momento me volví tan idiota?
Sí, probablemente fue cuando tomé la marca y los nervios empezaron a no dejarme dormir tranquilo.

—Tengo sueño... —susurré.

—Creo que todo el colegio lo ha visto, pero tus ojeras también me dicen que puedes permitirte no dormir una hora más y contarme qué está pasando.

Negué y me tiré sobre la cama. Él se acercó a mí y me cogió del antebrazo donde la marca descansaba algo intranquila.

—Te estoy hablando, Draco.

—¡Y yo te he dicho que tengo sueño! —grité contra la almohada, apartando el brazo de su toque. Sollocé roncamente, necesitaba descargar el estrés de alguna manera y el más eficaz era cortarme pero lo había prometido y...

Severus me acarició la espalda y, sorprendiéndome ante su cambio de actitud, preguntó cautelosamente. —¿Quieres una poción para dormir?

Asentí antes de verle desaparecer y volver para entregarme el frasquito que tomé de un trago.

—Lo siento, Sev... —susurré antes de quedarme profundamente dormido.
Notas finales:
¡Hola queridos lectores! Hoy me he dado cuenta de los poquitos capítulos que quedan ¡Jo, qué penita! ¡Pero cuando esto termine volveré con más proyectos!

Recordad que tenemos una cita dentro de dos días :P ¡Un saludo!
La esperanza perdida por ArtemiaCelosia
27 de diciembre, 1996

Respiré el aire pesado que llenaba la habitación. Voldemort me miraba con asqueroso deseo y diversión.

—Ya tengo el armario evanescente prácticamente arreglado, señor. Sólo necesito uno o dos meses más...

—Atacaremos dentro de poco, es perfecto. ¿Y la otra misión?

—Mataré a Dumbledore el mismo día, señor.

—Espero que no me falles, Draco. No desearía tener que lastimarte.

Tragué saliva ante la clara amenaza que me había dicho con tanta tranquilidad. Se acercó a mí y acarició mi mejilla, pasando después a besarme violentamente. Mordía mis labios con fuerza y si un beso dolía de aquella forma, no quería imaginarme lo que tendría que aguantar más adelante.
Quise apartarme, cortar ese contacto que tantas nauseas me producía. ¿Dónde estaba Sev? Yo sólo quería estar con él...

Unos toques en la puerta me salvaron.

—Mi señor, lamento importunarle. —Fenrir apareció por la puerta, inclinándose ante él. —Ha llegado el grupo que mandó a buscar lo que usted ya sabe.

—Reúnelos a todos en la sala. —se volvió hacia mí de nuevo. —Cuando ataques, vuelve aquí. Hasta entonces no nos veremos.

Asentí lo que mis agarrotados músculos me permitieron y me giré para salir de allí. Pude notar por la mirada de Fenrir que éste ya había olido mi miedo, dudas y tristeza.

Agaché la mirada al pasar a su lado. Si lo mencionaba al Lord, mi castigo sería terrible, eso sin contar que no pudiese cumplir mi misión.
Dejar entrar a los mortífagos al colegio era algo que, a pesar de ser duro, podía cumplir. No me veía obligado a quedarme después para ver la muerte y la desolación a mi alrededor, podía marcharme y quedar completamente limpio, pero matar a alguien directamente...

Volví a mi casa, cayendo de rodillas al llegar a mi cuarto, y llorando como venía siendo costumbre esos meses.

5 de febrero, 1997

—Soy cobarde, débil, un inútil sin remedio... —susurré mientras las lágrimas surcaban mis mejillas.

Myrtle estaba a mi lado bastante apenada.

—No digas eso, Draco. Eres sensible, la gente te intimida como a muchos de nosotros y te sientes solo, pero eres muy fuerte y no te avergüenza llorar y mostrarme tus sentimientos.

Miré la sonrisa que la chica fantasmal me dedicaba.

—No voy a poder hacerlo, Myrtle. Casi he cumplido la mitad del plan pero dejarlos entrar sería dar muerte segura a muchos alumnos y yo no voy a poder matar a Dumbledore.

—No lo hagas entonces. Cuéntaselo todo a Dumbledore y huye.

—¡No puedo hacer eso! ¡Severus es mortífago también, si lo descubren irá a Azkaban!

Suspiró a mi lado.

—No quiero que te ocurra nada malo, Draco.

Bajé la mirada avergonzado, las lágrimas no dejaban de caer...

22 de abril, 1997

Todo estaba listo, sólo tenía que informar y esperar que me dieran la orden de ataque. Corrí de nuevo al baño de Myrtle, necesitaba sentirme protegido con ella y que alguien me dijera que no estaba condenando a muerte a muchos de mis compañeros, a pesar de ser la verdad.

—¿Myrtle? —al parecer el lugar estaba desierto y es que ni la fantasma se encontraba allí.

Me abalancé al lavabo para mojarme la cara y un jadeo de puro estrés y desolación abandonó mis labios.

Escuché a alguien detrás de mí, por lo que observé por el espejo. Allí, mirándome sorprendido, se encontraba San Potter.
Una ira recorrió mi columna, era él quien debía estar pasándolo mal en estos momentos, él era quien debía luchar. ¡Yo sólo quería estar con Sev lejos de esta estúpida guerra y estúpidos tratos realizados antes de que naciera!

Giré sobre mis talones y apretando fuertemente la varita pronuncié con rabia. —¡Cruc-!

—¡Bombarda!

Logré esquivar el ataque a unos pocos segundos de que impactara sobre mí.

—¿Es que no puedes morir y ya, Potter? ¿No ves el sufrimiento que tu presencia causa al mundo? —le lancé un hechizo aturdidor, pero se protegió.

—¡Sectusempra! —quedé blanco al no saber que hacer ante ese hechizo, jamás lo había escuchado. Intenté esquivarlo pero me fue imposible y un ardor, acompañado del dolor más agudo que había sentido hasta ahora, se hizo presente en mi torso.

Caí al encharcado suelo a causa de la explosión de uno de los lavabos y noté como mi camisa se mojaba de un líquido espeso y tibio. Estaba sangrando y podía notar que no era poco.
Quise hablar pero me fue imposible. Quise mantenerme despierto cuando Severus llegó, pero la oscuridad me invadió sin que pudiera decirle que le amaba.

23 de abril, 1997

Hice un gruñido por las nauseas que me producían los olores tan medicinales que llegaban de algún lugar.

—Draco, despierta. —me mecieron suavemente. —¡Draco!

¿Por qué parecía tan desesperada esa voz? Recordé difusamente los últimos sucesos. Potter me había atacado y yo caía al suelo, me estaba desangrando.
Abrí los ojos lentamente, intentando acostumbrarme a la luz, y vi un precioso rostro que lucía muy preocupado.
Levanté la mano para tocarle, ¿sería todo esto real? Confirmé que lo era cuando Sev me cogió la mano y la besó.

—¿Por qué lo ha hecho? Él no debía marcarte...

Fruncí el ceño en un estado de completa confusión hasta que sentí una caricia en el antebrazo izquierdo.

—Sev... —intenté levantarme pero él me lo impidió con un suave empujón, que me llevó de nuevo hacia la cama.

—Eras su maldito consorte, no uno de nosotros. ¡No debía marcarte!

—Él me lo ofreció y yo acepté...

Negó con la cabeza algo aturdido.

—No puede ser. ¿Por qué harías algo así? Tienes una misión, ¿verdad? —asentí tragando saliva. —¡¿Cuál?!

—Me ofreció algo a cambio. Quería que estuvieras bien, Sev. Que lográsemos estar juntos... Sólo debo dejar... Y matar a Dumbledore... —susurré con pocas fuerzas.

—¡No lo entiendes! —cogió una de mis manos y con la otra se masajeó las sienes. —Estabas seguro, Draco. Podía volver a por ti sin problemas. Ahora estás marcado, ¿cómo voy a salvarte de la marca cuando todo esto termine?

No pude seguir escuchando a Severus, pues el intenso vacío requería de nuevo mi presencia.

____

—¿Cómo te salvaré ahora de Azkaban? —preguntó Severus observando el rostro dormido de su ahijado. —Yo saldré impune por ser un espía pero tú...

Abrazó el delgado cuerpo con sumo cuidado. Necesitaría de mucha ayuda para poder estar con él cuando todo terminara y si él moría por ser de alguna manera de ambos bandos, debía dejarlo todo listo para que Draco tuviese alguna oportunidad de ser feliz y libre.

Debía ir rápidamente a hablar con Albus sobre la misión de Draco, por lo menos la parte que había entendido.

____

30 de junio, 1997

Había llegado el fatídico día donde tendría que cumplir la segunda parte de la misión que me encomendó.
Respiré hondo antes de dejar el armario listo en la sala de los Menesteres.

Caminé rápidamente hacia la torre de Astronomía, debía llegar antes que los demás para matar a Dumbledore y que no tuviera opción de meterse en la guerra que estaba por venir.

Subía las escaleras de dos en dos mientras escuchaba maliciosas risas de los recién llegados, mi corazón latía desbocado.

Allí, observando la marca tenebrosa que surcaba el cielo, estaba el director que había escuchado todos los años al llegar a Hogwarts. Con un hechizo lo desarmé, sin pensar si quiera en lo fácil que había sido y con la tranquilidad con la que se giró para observarme.

—Hoy es su último día en el mundo, Dumbledore. —dije con toda la seguridad que podía. No era mucha puesto que mi voz tembló considerablemente. —Cumpliré con mi misión.

—Soy consciente de tu misión y del arreglo que has hecho al armario evanescente. —quedé observando al director desconcertado ante la noticia. —Esperaba poder protegerte de Voldemort, que no acabaras como tu padre.

—No necesito protección.

—Puedo ayudarte, Draco. Cambia de bando y consigue estar con la persona a la que amas.

—¡Usted no lo entiende! ¡No puedo estar con la persona a la que amo, es imposible! El Lord ganará esta guerra y yo seré salvado después...

—¿De qué forma?

Quedé mudo ante su pregunta. No sabía de que forma iba a ser salvado, Severus me dijo que confiara en él pero si era un mortífago... ¿Cómo iba a traicionar a su señor? Lo matarían sin dudarlo y tendrían que huir. ¿Huirían juntos? ¿Entonces por qué no huyeron antes de que el señor volviera?

—Confía en él y confía en mí. Puedes ser ayudado, Draco. No te unas a ellos.

—Ya estoy marcado... —susurré lastimosamente. Había dicho que confiara en él, sabía lo que Sev me había dicho.

—La marca tenebrosa no tiene porque significar lealtad hacia Voldemort, puede ser lealtad y protección hacia otra persona.

Dumbledore me sonrío levemente y a mí se me cayó el alma a los pies. Bajé el brazo donde empuñaba fuertemente la varita.

—No puedo... No soy capaz...

Los mortífagos llegaron en poco tiempo, ya no había nada que hacer, no podía salvar a Dumbledore. Empezaron a pelearse por como iban a asesinarlo y yo los miré como lo que eran, locos sin remordimiento ninguno.
Intenté dar un paso hacia atrás antes de chocar contra un cuerpo. Al girar pude verle claramente.

—Severus... por favor... —susurró Dumbledore, observándole serio.

Él le miró con esa mirada de desdén e indiferencia y le lanzó un avada, acabando con su vida y dejándolo caer por la ventana.
Abrí los ojos, teniendo una vista borrosa de los sucesos y me llevé una mano a la boca para no gritar.

—Huid, Dumbledore está muerto. —ordenó Severus cogiéndome de la muñeca y arrastrándome con él.

Pude ver como los demás se desperdigaban y como, al llegar a los jardines para irnos, Potter aparecía para llamarle traidor y cobarde. Con un hechizo desconocido lo mandó al suelo, comentando cosas que yo no entendía. Mi mente estaba demasiada turbada como para reaccionar y atar cabos.

Dumbledore me había ofrecido ayuda, protección y la opción de estar con mi ser querido y todo se había marchado con su muerte...

Me acobardé, en el último momento no quise volver y le supliqué a Severus que me salvara, que no me dejara ir.

—Resiste por mí, Draco. Y perdóname por todo.—me susurró antes de irse y dejarme con Fenrir para que me llevase junto a Voldemort.
Notas finales:
¡Oh! ¿Alguien ha llamado al sufrimiento? Porque parece que se avecina D:

¿Qué creéis que ocurrirá en el siguiente capítulo? ¿Tenéis ganas de verlo? Entonces tenemos una cita dentro de dos días. Hasta entonces, tendréis que esperar.

¡Gracias a todos y un enorme abrazo!
La ira del Lord por ArtemiaCelosia
Fenrir me arrastró hasta la puerta que nos separaba del Lord.

—No has cumplido tu misión. Snape ha tenido que matarle por ti. Probablemente haya un castigo.

Asentí ausentemente.

—¿Severus estará bien?

El hombre contempló mi preocupación por Sev y la resignación por lo que iba a sucederme.

—Me enteraré de su estado y te informaré la próxima vez que nos veamos.

—Quizá eso no suceda más... —susurré.

—Entonces le informaré de tu muerte, diré que no has sufrido mucho y le daré el pésame.

Sonreí levemente. No sabía si era mi sensación pero parecía caerle levemente bien a Fenrir. Por lo que había oído sobre él en ese tiempo supe que no se solía comportar así, por lo que esas reacciones me alentaban aunque fuese un poco.

Llamé a la puerta y entré cuando me dieron paso.

—Draco... —susurró el Lord. —Me has fallado.

Tragué duro intentando asimilar que debía ser fuerte, que debía esperar las noticias de Sev.

____

Severus apareció en la casa de los gritos, allí esperaba Remus.

—Todo ha salido sobre lo previsto.

El moreno asintió en silencio.

—No te culpes, ambos sabemos que Dumbledore estaba muriendo.

—Sé que él quiso que yo lo asesinara para salvar a Draco, pero cuando Potter me ha llamado traidor... Sí, lo soy.

—Pero no de Dumbledore y mucho menos de Lily.

Remus se acercó a Severus y le dio un apretón en el hombro que intentaba ser reconfortante.

—Se lo han llevado, él estará con el Lord ahora... —susurró conteniendo las lágrimas.

—Draco será fuerte y lo debes ser tú también. Acabaremos con Voldemort y lo sacaremos de allí.

—Recuerda que me prometiste que si algo me pasara, lo salvaríais igual.

—Te di mi palabra cuando no conocía exactamente el bando de Draco. Ahora que lo sé no tengo ninguna duda.

Severus asintió cansado.

—Ya deben saber que faltas, probablemente dentro de unos días se te considerará traidor y ambos bandos te buscarán. Debes esconderte. —le pasó una nota. —Quémala después.

‘Grimmauld Place, nº12’ leyó Severus. Quemó la nota y miró al licántropo.

—¿Crees que al dueño le haría gracia?

—Al nuevo dueño se le informará estos días, aunque sean de luto debe saber la verdad y ser parte del plan. En cuanto al viejo dueño... Él ya no está entre nosotros y confiaba en mí, es lo único que necesitas para aceptar.

Remus se despidió de él antes de salir y buscar a los suyos, al igual que hizo Severus para aparecerse cerca de Grimmauld Place.

____

—Cuando te vi pensé en un joven de apariencia tierna que guardaba sed de sangre.

Bajé la mirada ante la confesión de esos pensamientos.

—Lucius me dijo que serías un perfecto acompañante. ¿Dónde está ese muchacho que tanto anhelo?

—Iba a matarle, señor.

—Eso no es lo que me han contado. Bellatrix me ha confirmado que has bajado el brazo en el último momento creyendo palabras de... salvación. —río con sarcasmo. —¿Qué salvación necesitas, Draco?

Mi mente estaba en blanco, no podía encontrar palabras que gustaran al Lord y eso me ponía más y más nervioso.

—Por favor, señor... Arreglé el armario evanescente, yo no quería marcharme de su lado...

—¿A quién amas? —dijo con rabia enterrando sus uñas en mi barbilla.

—A usted, señor. Yo seré su consorte y...

—¡Mientes! —se apartó de mí para sacar la varita y apuntarme. —¡Crucio!

Mis piernas se doblaron y me golpeé contra el suelo mientras gritaba todo lo que mis pulmones lo permitían. Sentía como si me clavasen agujas ardientes en cada rincón de mi cuerpo con toda la saña posible.
No sé cuánto tiempo pasó mientras me aplicaba esa horrible maldición pero parecieron siglos.

—¡Greyback, ven inmediatamente! —ordenó.

Fenrir apareció directamente a su lado, ni se molestó en pasar por la puerta.

—Llévate a Draco a su “habitación” y después busca información sobre lo sucedido.

—Si, señor.

El gran hombre se acercó a mí y me levantó sin ninguna delicadeza, mi cuerpo temblaba violentamente y no era capaz ni de mover un dedo, los tenía completamente agarrotados.

—Y Greyback, puedes devorar los cuerpos derribados. Buen trabajo.

Sonrío complacido y me llevó a una solitaria celda. Al soltarme lo hizo con cuidado.

—Hey, ¿estás bien?

Chasqueó los dedos frente a mis ojos llenos de lágrimas. Suspiró al ver que no había contestación. Para mi mala suerte si estaba siendo consciente de todo, sólo que me resultaba imposible hablar o moverme.

—¡Chicos, nos vamos a buscar información! ¡Tenemos permiso para comernos a los que encontremos! —aulló antes de salir de mi alcance. A lo lejos varios aullidos más se le unieron.

Al final las tinieblas fueron piadosas de mí y me llevaron para que dejase de sufrir.

9 de julio, 1997

Al despertar marqué de nuevo el suelo de la celda, así conseguía saber cuántos días llevaba ahí, aunque probablemente después de tantas perdidas de conciencia me habría inventado algunos.

El ruido de la puerta hizo que me estremeciera. En los últimos días sólo el Lord venía a verme y siempre era para castigarme a base de crucios, dejando marcas y heridas en mi piel y ordenando a Nagini que me ‘cazara’, cosa que resultaba aterradora a pesar de que no me atacaba...

—Draco, ¿sigues en este mundo?

Alcé la mirada para ver a Fenrir y mi rostro se llenó de lágrimas. Creí ver algo de lástima en sus ojos, aunque muy probablemente fuese una imaginación.

—Te dije que vendría a darte información sobre Snape. No te va a gustar. —advirtió.

Bajé la mirada al pensar que le podía haber pasado algo por mi culpa, por no haber cumplido la misión como correspondía. Sequé mis lágrimas en un vano intento de prepararme para la noticia.

—Snape es un traidor. Fue un espía a favor del viejo Dumbledore que ahora está criando malvas. Está ayudando a Harry Potter.

Potter... Lo había elegido a él. Sonreí levemente al escucharle, a pesar de las lágrimas que volvían a correr libres por mis mejillas a causa de la angustia que apretaba con fuerza mi corazón.

—No lo entiendes, ¿verdad? El Lord sospecha de tus intenciones por protegerle, piensa que sabías que era un traidor y no dijiste nada.

Negué, mi sonrisa no quería desaparecer.

—Él...e-está b-bien ahora... —murmuré como mi garganta me permitió, se notaba que estaba destrozada a causa de los gritos agónicos que producía con las visitas de Voldemort.

Fenrir suspiró y me cogió con cuidado.

—Son oficios de trabajo, Draco. Espero que no lo tengas en cuenta.

Vi como el suelo cambiaba a la moqueta que adornaba el primer piso. Me soltó en medio de una sala. Miré alrededor y me percaté de que habían muchos mortífagos, entre ellos Lucius y por supuesto, el Lord con una ira mal contenida.
Cerré los ojos para recordar su voz, ‘Resiste por mí’, pero... ¿Realmente vendría a buscarme después de irse con Potter?

____

—Pero él mató a Dumbledore...

—Harry, necesito que comprendas la situación. Él ya no podía seguir siendo espía y aún tenemos que detener a Voldemort.

Harry miró al hombre que fue su profesor más odiado durante tantos años. Sentía rabia al verle allí tan tranquilo, podría haber avisado a Dumbledore para que se marchara, aunque en realidad Dumbledore ya lo sabía todo y lo había permitido...

—¿Por qué permitió Dumbledore que atacaran el colegio? —le preguntó a Snape.

El mayor le miró con su máscara fría e indiferente.

—Las decisiones de Dumbledore no son asunto mío, ni tuyo. No te atrevas a cuestionarle.

—No lo hago, es sólo que... No entiendo nada.

Remus apretó levemente el brazo de Harry.

—Necesitamos crear un plan, sabemos que Voldemort pretende alzarse e ir a por ti ahora que Dumbledore ya no está. Sabes porqué murió, sabes lo que buscaba.

—Los Horrocruxes...

—Debemos encontrarlos todos, destruirlos e ir a por él. Va a ser algo muy complicado y no vamos a dejarte solo, Harry.

—¿Pero cómo los encontraremos? Ni siquiera pudo localizarlos Dumbledore y uno de ellos fue el causante de su muerte.

Severus y Remus asintieron entre sí para contarle el resto.

—Snape consiguió información. Aún debemos buscarlos para confirmar, pero por lo menos tenemos algo.

El salvador observó a Snape y comprendió rápidamente que no lo haría a cambio de nada.

—Hay un trato.

—Exacto, Harry. Aunque ya nos ha dado la información, quiere que salvemos a Draco Malfoy.

—¿Salvarlo? —preguntó confuso. —Él es un mortífago, dejó pasar a los suyos al colegio e intentó matar a Dumbledore. Cuando le alcancemos irá a Azkaban y la justicia hará el resto.

Severus se levantó y en dos zancadas ya estaba agarrando violentamente a Harry.

—Snape, por favor. —dijo Remus apuntándole con la varita.

—No te atrevas a hablar así de él. —susurró entre dientes. —Tú no sabes absolutamente nada de lo que pasa a tu alrededor, simplemente sigues al resto como un títere sin cabeza.

Lo soltó, marchándose iracundo de la sala.

—Harry, ¿estás bien? —el moreno asintió. —Snape está muy nervioso. Él está preocupado por Draco.

—¿Por qué?

—Me contó que Lucius se volvió loco y entregó a su hijo como consorte a... Voldemort.

Harry giró a observarle, perturbado ante el suceso.

—Falló una misión y sabes que no tendrá ninguna piedad con él, y que sea su consorte solo significa que...

—No hará nada para matarlo, le castigará por sus errores pero le obligará a vivir.

Remus asintió entristecido ante la situación, no le desearía eso a nadie. Miró al hijo de su eterno amigo, parecía haber perdido color de repente.

—¿Harry?

—Remus, yo... Creo que he estado escuchando a Malfoy.

—¿Cómo?

—Cuando consigo dormir, a veces me conecto con Voldemort. Él castiga a alguien... Sus gritos, su llanto... Creo que es Malfoy.

El licántropo suspiró, no había nada que pudiesen hacer por él ahora mismo, no podía arriesgar la vida de tantas personas a cambio de un probable fracaso.

—No le menciones eso a Snape, no necesitamos que haga una locura y ya nos está costando contenerle.

____

Conecté mi mirada con Lucius, parecía estar aterrado por mi aspecto. ¿Realmente pensaba que mi vida sería perfecta al lado del Lord? Quise pensar que sí, que no me había dado a un sanguinario asesino por gusto, que lo había hecho creyendo que sería por ‘mi bien’.

—¿Eres un traidor, Draco? —preguntó Voldemort desde un gran sillón por donde trepaba Nagini.

—No... —mi mirada seguía en mi padre. De alguna manera necesitaba pedirle ayuda.

—Ayudaste a uno, por lo tanto... ¿Qué eres? ¡Mírame! —gritó enfurecido.

Giré el rostro hacia él antes de responder—No lo sabía. Ellos s-sospechaban de él y...

—¡Ellos sabían que era un mortífago, sabían perfectamente que era un maldito espía!

Quedé en silencio sin saber que responder. No importaba, realmente cualquier cosa acabaría en un castigo para mí y con algo de suerte, perdería la conciencia hasta que terminara de ensañarse.
En realidad no había mentido, mi lealtad siempre estuvo hacia Sev y jamás la cambiaría.

—¡Lucius! —el llamado hincó la rodilla al suelo ante su señor, que hizo una seña a Bellatrix para que se dirigiera a mi padre.

—El Lord me mandó a vigilar a tu querido niño. Pude ver perfectamente como dudó en matar al que tantos problemas causó a nuestro señor, todo por una promesa de salvación y poder estar con la persona a la que taaanto ama. —río socarronamente, burlándose claramente de mí y de mis sentimientos.

—¿Amar? —Lucius me miró sin comprender la pregunta.

—Exacto, Lucius. ¿A quién ama tu hijo? —preguntó Bellatrix apuntándole con la varita.

—Jamás lo supe. No lo habría permitido y de ser así...

Mi tía le interrumpió.

—Entonces alza tu varita contra él e interrógale.

Lucius observaba atento su bastón, donde la varita se escondía, hasta que decidió mirarme a los ojos. Pude ver una clara disculpa que me destrozó aún más de lo que ya estaba.

—No puedo hacerlo. —abrí los ojos como platos, ¿no acababa de darme una disculpa muda?

Voldemort se levantó de su asiento, se notaba que estaba lleno de ira.

—Solucionad la traición de Draco.

—¡No! —grité rompiendo aún más mi garganta y forcejeé contra Greyback, que ya se había adelantado a los demás para sujetarme.

Sentí sus garras sobre mi piel, en un claro aviso de que no luchara, puesto que no me las había clavado. Veía como algunos de los mortífagos se acercaban a mí con esas horribles máscaras puestas.
Voldemort estaba dando una orden clara a través de la marca tenebrosa, lo notaba en mi piel, aunque no tenía ni idea de que significaba aquél dolor intermitente.

Quizá era mejor así.

____

Severus llevó la mano a su brazo y dio una fuerte patada a un mueble.

—¿Ocurre algo? —entró rápidamente Remus, quien estaba de camino a su habitación. También se estaba hospedando en Grimmauld Place, lugar que se había convertido en la base de operaciones de la Orden del Fénix.

El licántropo no esperaba encontrar a Snape, aquél profesor tan huraño y serio, llorando con rabia.

—Snape...

Severus mostró su brazo al castaño. Allí se retorcía la marca tenebrosa de forma muy extraña, no era su movimiento habitual que tanto habían visto en los cielos.

—¿Qué significa?

—Es un castigo. —susurró. —Una violación.

Su voz se rompió al añadir lo segundo, no quería pensar que era Draco quien sufriría eso pero todo apuntaba a que sería él.

—Siento mucho esto, Snape. —Remus apuntó directamente la cabeza del moreno con su varita. —Desmaius.

Cogió el cuerpo de su compañero y lo dejó en la cama. Sería lo mejor para mantenerle tranquilo y que no notara la marca tenebrosa moverse.

—Quizá puedas descansar por los dos... —susurró antes de salir de la habitación.

____
Notas finales:
¡Ay, qué cerquita está el final! ;_; ¿Se salvará Draco, serán sus memorias guardadas al lado de su frío cuerpo? ¡No puedo decirlo! Pero si queréis descubrirlo, sólo os queda una semana de espera (cada dos días el nuevo capítulo :P)

¡Un enorme abrazo!
Cuando mi alma murió por ArtemiaCelosia
Intenté luchar por quitar las sucias manos que tocaban mi cuerpo de forma sugerente, que me cogían con fuerza las piernas mientras Greyback sujetaba mis muñecas.
Apretaba mi espalda contra el pecho del gran hombre lobo para intentar apartarme pero era imposible, no iba poder hacer nada contra tantas personas.

—¡Papá, ayúdame! —pude visualizar como intentaba venir pero el Lord le lanzó un Imperius y se lo llevó con él. No quería pensar que le iba a pasar estando con él a solas. —Papá... —sollocé sin sentido alguno.

Mi ropa fue arrancada a jirones, todo mi cuerpo temblaba y escuchar a Fenrir al lado de mi oído no ayudó.

—Intenta pensar que es tu amado y no luches, pasará más rápido si no lo haces.

Hipé a causa del incontrolable llanto. Las risas, los jadeos lujuriosos, los toqueteos... Sentía un miedo terrible por no tener control ninguno de la situación.

—¡Por favor! Fenrir... —supliqué con voz suave y lastimera.

Apreté fuertemente los dientes al sentir varios cortes sobre mi piel, estaban aplicándome hechizos.

—Al parecer te gusta sentir dolor, ¿a qué vienen tantas cicatrices? ¿Quizá ese amor no es correspondido? —comentó mordazmente uno de ellos. —Entonces disfrutarás mucho de tu castigo.

Sentí como me obligaban a acostarme en el suelo. Me abrieron las piernas y uno se puso entre ellas. Por mucho que intentara evitarlo, mi debilidad les permitía realizarlo con pasmosa facilidad. Escuchando el sonido de un cierre me puse en lo peor.

—Hacedlo, ¡ya! —gritó impaciente Bellatrix, que reía ante lo que me estaba sucediendo.

Un grito desgarrador abandonó mi garganta al notar como aquella asquerosa carne se introducía violentamente en mi interior.
Aguanté todo lo posible entre gritos y llantos, mientras ellos iban turnándose. Las macabras risas de los que no participaban resonaban en las paredes junto a los gemidos de aquellos miserables hombres que me rompían más y más.
El peor con diferencia fue Fenrir. Una bestia sin control que me tomó fuertemente lamiendo mis lágrimas, gruñendo y susurrando al lado de mi oído.

El vacío se compadeció de mí durante unos minutos, hasta que me reanimaron con un simple pase de varita.
Cuando ya no pude gritar, suplicar, ni quejarme, me dejaron tranquilo. Al parecer todos habían pasado ya por mi interior, dejándome completamente manchado y ensangrentado.
La tortura prosiguió con crucios y más cortes.

—¡Greyback, llévalo a la celda! Su lección ha terminado por hoy.

Era la voz de Voldemort que había vuelto. Parecía iracundo y eso que probablemente había descargado rabia con mi padre.

No pude abrir los ojos, tampoco deseaba hacerlo. Mi cuerpo se estremeció ante el ramalazo de dolor proveniente de cada una de mis células cuando me levantaron.
Ahora sólo escuchaba los pasos de uno de mis violadores dirigirse escaleras abajo.

Me soltó suavemente en el suelo, como si le diera miedo lastimarme aún más.

—Cosas que pasan, Draco. Debiste ser mucho más listo y no intentar mentir al Lord. —dijo, demasiado cerca de mí. —Descansa, aún te espera castigo por delante.

Recuerdo el leve susurró pronunciar un Desmaius y después el dulce abrazo de la oscuridad.

13 de julio, 1997

____

Remus observó silencioso como Snape se dejaba ver fuera de su cuarto. No había vuelto a salir desde que la marca se había movido, y él había decidido no entrar por simple respeto.

Severus se sentó frente a Harry, que también guardaba distancias por orden de Remus, quien no le había dicho nada de lo ocurrido.

—Debemos empezar a buscar los horrocruxes, no podemos perder más tiempo. —habló decidido el espía.

—No hay que apresurarnos, muchas vidas corren peligro y...

Remus en realidad reflejaba el temor de perder a más personas queridas y cercanas.

—Entonces iré yo solo. No pienso esperar más y perder a Draco.

Pensó en el pasado, como había avisado y avisado sin que nadie le hiciera caso. ‘Debemos esperar, debemos asegurarnos’, todo aquello sólo sirvió para que Lily muriera. Ella estaría sana y salva si alguien hubiese hecho lo que él decía.
Aunque quizá en ese caso... Draco no habría sido gran parte de su vida.

____

24 de agosto, 1997

Observé con mi opaca mirada como el hombre que había sido participe de mis violaciones, de mis torturas, de mis “castigos” había vuelto a la celda, probablemente para volver a llevarme con ellos.

Mi lucidez y cordura cada vez se marchitaban más y la cruel voz en mi cabeza se hacía muy presente.

—Chico, atiende. —movió mi brazo sin hacerme daño pero aún así no pude evitar estremecerme ante el contacto. —Snape sigue vivo, lo lograron ver. Escapó antes de que pudieran atacarle. —me dijo bajando la mirada. ¿Y si fuese mentira?

La única expresión que se formó en mi rostro fue el significado de mi amargo y silencioso llanto.

—¿Por qué seguir protegiendo a un traidor? Te castigan por ello todos los días, solo tienes que cambiar de lealtad.

No respondí ante tales necedades, mi lealtad estaba clara y jamás la cambiaría.

—Allá tú, morirás aquí por tu estupidez. —comentó molesto antes de marcharse.

Severus vendría a por mí, él lo dijo. Sólo debo aguantar un poco más pero... ¿Cuánto? ¿Y si él... no volviera?

6 de octubre, 1997

____

Adultos de la Orden se reunían en la casa con un encantamiento para que nadie pudiera escucharlos, a petición de Snape.

—Sólo dos horrocruxes están destruidos. El anillo de Sorvolo Gaunt, del que se encargó Dumbledore y el diario de Tom Ryddle, del que se encargó Potter en su segundo año.

Remus puso los objetos mencionados sobre la mesa.

—La espada de Godric Gryffindor y el colmillo del basilisco fueron las únicas formas de poder acabar con ellos.

—¿Y cuántos más quedan? —preguntó Arthur.

—Creemos que son cinco más, aunque podríamos estar equivocados. —respondió Remus con la mirada fija en aquellos objetos malditos.

Severus agarró el anillo y se lo devolvió a Remus.

—Dumbledore me dijo que era importante que Potter tuviese el anillo en la batalla contra Voldemort. No sé la razón pero creo que deberíamos hacerle caso.

El castaño asintió, haciéndose cargo de la petición del difunto director.

—¿Alguna pista para poder continuar? —Moody tomó asiento, ya se estaba cansando de una reunión tan lenta.

—Sé con certeza que Nagini es uno de ellos, pero no será fácil matarla.

Molly abrazó a su marido al notar como se estremecía. Aún estaba afectado por el ataque de esa monstuosa serpiente y no era para menos. Solamente su siseo era necesario para ponerte en guardia.

Severus prosiguió al darse cuenta de la incómoda situación. —Hay tres que se refieren a fundadores de Hogwarts. Descubrí que uno de ellos está en la bóveda de la familia Lestrange, la copa de Helga Hufflepuff, aunque a estas horas es posible que la hayan movilizado por seguridad.

—¿Ellos sabían que tú tenías información?

—Descubrí todo esto sin delatarme. A pesar de ser de los suyos, Voldemort es muy receloso con según qué cosas.

Remus asintió y le dejó proseguir. Tomaba notas de cada pequeño detalle para poder formar un buen plan, todo debía salir bien.

—La diadema de Rowena Ravenclaw podría ser uno de los otros, pero desconozco su paradero. Y Dumbledore... murió al traer éste. —dejó la caja que Potter había entregado después de su muerte. —El guardapelo de Salazar Slytherin.

—¿Y por qué no ha sido destruido aún? —Molly observaba escandalizada la caja. Tener un objeto así era muy peligroso y sus hijos estaban en esa misma casa.

—Es una falsificación. Encontremos una nota de un tal R.A.B. que se había llevado el auténtico.

Varias de las personas allí presentes parecieron pensativas ante las iniciales.

—Regulus Arcturus Black...

—Hemos preguntado a Kreacher y nos ha confesado que Black murió aquél día pero que él cumplió con su cometido y cambió los guardapelos, llevándose el auténtico. Desgraciadamente parece ser que fue robado de esta misma casa.

—¿Quizá un mortífago con las órdenes de recuperar algo tan valioso?

Severus hizo una mueca de burla. —En realidad sospecha que fue Mundungus Fletcher para venderlo. Debemos averiguar si realmente fue él y quién lo tiene ahora.

El moreno se levantó para poder salir de allí, su brazo dolía y no quería seguir despierto. Tomaría una poción para dormir y dejaría de pensar en lo que aquello significaba.

—¡Espera, falta uno!

—El otro ya lo tenemos, cuando llegue el momento tomaremos una decisión con él.

Cerró la puerta y se dirigió a la habitación, dejando con la duda al resto de miembros.

____

21 de Octubre, 1997

Sentado como una triste muñeca en una habitación llena de lujos innecesarios y frente al ser que me tenía cautivo y me hacía desear morir, así me encontraba después de meses.

—Debo decirte que eres mucho más fuerte de lo que esperaba. Otro, en tu lugar, se habría rendido la primera semana e incluso el primer día. —río. —Creo que te voy a tener que dar otra oportunidad. Tengo la certeza de que me serás útil en el futuro.

Mi cuerpo tembló visiblemente ante ese maligno tono de voz.
Decir que no quería rendirme era mentira, deseaba hacerlo pero no cambiando de lealtad. Si hubiese tenido alguna forma de conseguir algún arma, tan siquiera un objeto afilado, probablemente ya no estaría aquí.
Sentía que estaba fallando a Severus por desear mi muerte, por no tener una mentalidad fuerte para resistir y eso me rompía aún más. No quería decepcionarle...

Abrí los ojos en su totalidad al notar como Voldemort intentaba usar legeremancia conmigo. Cerré mi mente todo lo que pude pero se escapó una leve imagen que me delató, donde le decía a Severus que le amaba. Después de soportar tantas torturas para guardar el secreto y no había sido capaz...

Un crucio hizo que mis pensamientos quedaran a un lado. Deseé preguntar por qué me atacaba pero no iba a servir de nada. No había una razón específica, solo ganas de hacer daño, ira y... envidia. Había notado algo de envidia antes de que el vínculo se rompiera.

—Estás agotado. —dijo una suave voz en mi mente. —No es culpa tuya.

Aguanté crucios demasiado largos y dolorosos. Ni siquiera sé como lo pude hacer, quizá era ése recuerdo en el que Severus respondía ‘Y yo a ti también’, que me creaba un agradable calor en el pecho, aunque mi cuerpo estaba completamente helado.

15 de diciembre, 1997

____

Harry llamó a la puerta que daba a la habitación donde se hospedaba Snape. Seguía sin tenerle mucha simpatía al hombre, pero antes de marcharse a por los horrocruxes siguiendo el plan establecido, quería hablar con él.
Hacía meses que pensaba en ello, sin aventurarse nunca a cumplirlo.

—Snape, necesito hablar con usted.

Snape levantó la cabeza de unas pociones que preparaba con increíble rapidez y maestría.

—¿Qué hace? —observó la cantidad del caldero, probablemente cabrían más de diez litros. Alrededor también habían algunas cajas donde presumía que habrían más pociones.

—La guerra está cerca, necesitaremos pociones curativas de todo tipo.

El joven asintió en silencio. Remus le había dicho que necesitaban a Snape controlado en casa para que no hiciese ninguna locura y realmente ése era un gran trabajo para él.

—Habla, toma estas pociones y márchate. —dijo groseramente mientras apagaba el caldero para dejar reposar el líquido marrón y le entregaba una pequeña caja con varias pociones en su interior.

Harry pensó en la última vez que había podido conectar su mente con la de Voldemort, pudiendo así saber sobre Malfoy. Escuchar sus ahogados gritos, su leve llanto y como llamaba a Snape... Resultaba doloroso hasta para él. Incluso Sirius, cuando salió de Azkaban después de años, tenía la voz mucho más clara y viva.

—Es sobre Malfoy. Él está vivo, sigue pensando en usted. Voldemort se siente furioso y... No me atrevería a jurarlo pero sentí celos cuando pude conectar con él. —Severus apretó los puños dolorosamente y miró al suelo. —Sólo quería decírselo antes de marcharme. Gracias por las pociones, Snape.

Salió de allí sin mirar atrás, prefería dejarle intimidad y él tenía una misión importante que cumplir.

Remus entró cuando Harry ya se había marchado de la casa. Severus se encontraba sentado. Su rostro demostraba lo cansado que se sentía y en sus manos sujetaba dos fotografías, las cuales miraba seriamente.

—Snape. —saludó acercándose a él. —Draco se ve muy feliz. —comentó cautelosamente al ver una de las imágenes.

—Él era un niño tan cariñoso y risueño...

—Sé que te costó mucho llevarlo con Greyback pero no podíamos defenderlo, no todavía.

Severus observó silenciosamente la imagen hasta que pasados unos minutos pareció volver a darse cuenta de la presencia del licántropo.

—Sé que hubiese corrido peligro aquí, al igual que el que corro yo. Ya sufrí un ataque y aunque conozco bien como actuan cada uno de ellos fui bastante herido, no quiero pensar que le habría pasado a él.

—¿De qué te arrepientes entonces?

—Tuve que huir y llevarlo conmigo. Jamás debí hacerle aquella promesa a Dumbledore...

Remus observó la otra fotografía que Snape mantenía aferrada. Una sonriente y joven niña pelirroja saludaba animadamente con una mano mientras con la otra sujetaba un gran libro.

—Lo hiciste por la persona a la que amabas.

—En ese momento sentí que jamás volvería a...

Severus guardó silencio antes de confesar todos los pensamientos que le estaban carcomiendo desde el primer día que supo que Draco estaba en peligro.

—Le amas, ¿verdad? —el moreno guardó silencio por lo que decidió proseguir. —No te juzgo. Entiendo que el amor va más allá de edades o... —una mirada desafiante le hizo callar.

—¿Cómo ibas a juzgarme si tú mismo te fijaste en él cuando era tu alumno?

—No es que me fijara en él, sólo...

—Guárdate esas estúpidas excusas. —espetó molesto Severus. Le ofreció la foto de Lily, la cual el castaño tomó inmediatamente. —Puedes dársela a Potter, creo que le haría ilusión tener alguna imagen más de su madre.

Remus asintió comprendiendo que Severus estaba dejando completamente el pasado en su lugar y dedicando su presente completamente a Draco.
De nuevo echó una breve mirada a la otra fotografía. Un niño risueño rodeado de pavos albinos en un enorme jardín lleno de nieve.
Irían a por él, por supuesto que lo harían. Sólo esperaba que no fuese demasiado tarde...

____

11 de febrero, 1998

Una voz que no escuchaba desde hace mucho tiempo me despertó cruelmente de mi dulce inconsciencia.

—Hijo... —murmuró acariciando mi mejilla.

Abrí los ojos lentamente para encontrarme con unos grises iguales que los míos. Su cuerpo también estaba herido, aunque no con tanta saña, y tenía unas enormes ojeras rojizas que lo hacían ver muy enfermo.

—Lo siento, hijo. Pensé que tu vida sería perfecta y... —algunas lágrimas salieron de sus ojos y yo no pude evitar sentirme culpable. —Te voy a sacar de aquí. Nos vamos los dos, ahora mismo.

—N-no... —mil pinchazos sobre mi garganta por una simple palabra, pero no podía mantenerme en silencio y dejar que me llevara con él.

—Hijo, sé que hice muchas cosas mal pero debes confiar en mí. La guerra está cerca y no voy a dejarte aquí.

—S-Sev dijo q-que ven-ndría...

Lucius negó suavemente con la cabeza e intentó acercarse a mí para cogerme, a lo que yo me moví bruscamente, sintiendo un gran dolor y dejando ver la sangre seca manchando la entrepierna de mi pantalón.
Voldemort había vuelto a castigarme antes de marcharse de la casa, según él para que no olvidara mi posición. Torturado y violado por él mismo, acariciado por la asquerosa piel de Nagini que recorría mi cuerpo desnudo con parsimonia, una experiencia de lo más terrorífica.
Después de eso mi mente estaba realmente rota. Deseaba la muerte más y más al escuchar esa cruel voz diciéndome que tenía la culpa de todo, que Sev no vendría a buscarme tan manchado, que él ya había elegido... No se lo había inventado todo, el Lord me había susurrado muchas de esas cosas durante su visita.

—Hijo... —volvió a susurrar quedamente.

—Será mejor que te marches de aquí, a no ser que quieras que tu hijo vea como te devoro por haberte colado.

Fenrir le miraba seriamente desde la puerta. Él era mi vigilante desde el primer día y era imposible no ser notado por su olfato o su oído.
Me había violado en más de quince o veinte ocasiones, algunas de ellas estando solo frente al Lord, pero después me traía a mi celda de nuevo y me soltaba con suavidad, lanzándome desmaius siempre que sentía que no podía más. En otras ocasiones, cuando no era llamado o cuando el castigo había terminado, podía escuchar como echaba a algunos mortífagos que querían seguir divirtiéndose conmigo y jamás me molestaron aquí dentro.

—Ha sufrido demasiado, ¡déjalo ir!

El gran hombre lobo se acercó a Lucius, arrinconándolo en una pared.

—He dicho que te marches... —susurró peligrosamente mostrando sus colmillos.

Le agarró de la túnica y con su bestial fuerza lo llevó fuera, cerrando la puerta y dejándome solo de nuevo.

25 de abril, 1998

Fenrir me apareció en el que había sido mi hogar antes de que Voldemort lo contaminara todo con su presencia.
Caí antes de poder dar dos pasos, por lo que me agarró para llevarme a la sala. Tres personas estaban allí, frente a Bellatrix que saltaba emocionada.

—¡Draco! —se acercó a mí para llevarme con ella, pero Fenrir no se lo permitió. La mujer le miró con burla, aunque no comprendí porqué. —Mira, Draco. ¿Puedes decirnos si es Harry Potter?

Fenrir me llevó hasta esas tres personas, dejándome justo en frente de una de ellas. Tenía el rostro deformado por hinchazones en varias zonas.
Observé esos ojos verdes y aguanté las ganas de llorar. Él parecía completamente sorprendido de mi imagen, la cual yo desconocía. Siempre que pasaba por algún lugar reflectante bajaba la mirada, me daba asco solo pensarlo y tampoco era capaz de tocar mi propio cuerpo.

—¿Y bien? Sólo necesitamos tu confirmación para llamar al Lord, él estará muy orgulloso de ti y te dará un regalo. —dijo mi tía fuertemente al lado de mi oído. Era asqueroso, todo allí resultaba repugnante. —Dejará de castigarte, Draco. Piénsalo...

Me empujaron a que le viera más de cerca. Granger hizo escándalo, consiguiendo que se apartaran de mí.
Cuando estaban lo suficientemente alejados para no escucharme me aventuré a sacar el poco coraje que me quedaba, sin siquiera pensar en los infalibles sentidos de Fenrir.

—¿Es-stá Sev-verus bien? —pregunté en un susurro casi inaudible.

—Sí. —respondió en el mismo tono.

—C-cuídalo, por fav-vor. —miré a sus ojos fijamente y pude ver la afirmación. Sonreí muy levemente. —No es P-Potter. —concluí antes de apartarme.

—¡¿Estás seguro?! Míralo bien, Draco.

Bellatrix había vuelto a acercarse rápidamente, estaba muy ansiosa. Simplemente asentí antes de dejarme caer al suelo. Antes de tocar en él, Fenrir ya me había agarrado firmemente.

____

—Se ha desmayado. —dijo Greyback con el cuerpo inerte sobre su brazo. —¿Y ahora qué?

—Nadie estará más seguro que el Lord. —dijo un mortífago que llevaba su máscara.

—¡No! —gritó enfurecida Bellatrix. —Él enfurecerá si le hacemos venir para nada. ¡Greyback, llévate a esa mocosa sangre sucia, haz lo que tengas que hacer para sacarle información!

Harry observó como Greyback miraba el cuerpo del rubio y a la chica.

—¡Déjalo en el maldito suelo si es necesario, él no tiene ninguna importancia ahora!

Fenrir frunció el ceño, claramente se veía molesto.

—Mis órdenes son claras. Soy su custodio y no debo dejarlo por nada, mucho menos por las órdenes de una estúpida mujer que no sabe cumplir con sus deberes. ¿No eras tú la que vio a Potter en persona? Deberías saber reconocerle.

Antes de salir de allí tranquilamente llevándose un único cuerpo, miró a Harry atentamente, alzando las cejas en un claro signo de haberlo escuchado todo.

—¡Maldito licántropo incestuoso, debió matarte Lupin cuando tuvo la oportunidad! ¡¿Crees que tienes alguna oportunidad de quedártelo?! —gritó enfurecida. —¡Lo haré yo entonces!

Arrastró a Hermione del brazo sin que los demás pudieran hacer nada ya que ellos eran llevados a una celda, donde se encontraron con otros compañeros y conocidos.
Notas finales:
¡Ohhhh! Doy palmadas de alegría y emoción al poder publicar ya este capítulo. No sabéis lo que me ha costado no haceros spoiler de lo que iba a ocurrir. ¡Y de lo que ocurrirá en los próximos!

¿Qué os ha parecido el capítulo? :D

Si os habéis quedado con ganas de más, espero que volváis dentro de dos días. Hasta entonces, ¡sed felices!
Una melancólica pregunta en la guerra por ArtemiaCelosia
Harry y Ron subieron en busca de Hermione al ser liberados por Dobby, quien había podido aparecer para ir a buscarlos.

—Tendríamos que haber esperado a Dobby, si algo sale mal él nos podía aparecer en otro lugar. —susurró Ron.

—No tardará en venir. No podíamos quedarnos esperando su vuelta, miraremos que ocurre y huiremos con Hermione. Además, Greyback sabe la verdad. No sé porque no lo ha dicho, pero es sólo cuestión de tiempo.

—Harry...

El moreno giró a su amigo, sabiendo lo que le iba a preguntar.

—No sabemos donde está Malfoy y sólo somos tres, no podemos ir a buscarlo ahora.

El pelirrojo asintió levemente. Ver a su enemigo de la infancia de esa forma había resultado muy perturbador. Lo que Harry no le dijo es que Draco le había pedido que cuidara a Snape, como si supiese que él no podría hacerlo...

____

2 de mayo, 1998

Volví a despertar, muchas eran las veces que lo hacía pero nunca podía mantenerme durante mucho tiempo.
Sentía que estaba en las últimas. Hasta respirar se me hacía dificultoso. Mis ojos ya no podían ver claramente, solo intuía figuras difuminadas y ecos lejanos de gente que me hablaba. Era prácticamente incapaz de moverme y cuando lo hacía, mis huesos crujían con rabia haciendo que temblara de puro dolor.

—Aguanta un poco más. —susurraron en mi oído antes de levantarme.

No sé donde iba pero deseaba que no fuera un nuevo castigo, no podría aguantarlo más.
Nos aparecimos en algún lugar donde había muchísimo ruido y no entendía nada de lo que ocurría.

Giré levemente la cabeza cuando sentí otro brazo sobre mi cintura, noté que Voldemort era quien me sostenía ahora. Miré suplicante a Fenrir, que se alejó de mí lentamente, como si estuviese dubitativo.

Escuché varios gritos que me llamaban, giré el rostro intentando forzar mi mirada. Había siluetas que se me hacían familiares pero no estaba seguro de sus identidades. En cambio, aquella silueta...

Alcé la mano en un vano intento de sentirme más cerca de él.

—¡Crucio! —mi cuerpo dejó de responderme, se dobló de dolor y caí al suelo. Voldemort puso un pie sobre mi espalda para impedir que me moviera. No creía que pudiese hacerlo de todas formas.

Pude ver como Nagini se deslizaba silenciosamente detrás de Severus.

—No... —intenté gritar pero mi garganta ya no podía más.

Pude escuchar la voz de Potter lanzando un potente Flipendo, al parecer acertó ya que la serpiente quedó tendida en el suelo.

—¡Neville, ahora! —gritó fuertemente mientras seguía lanzando hechizos a los demás mortífagos.

Observé como esa silueta que sería Longbottom se dirigía a Nagini blandiendo lo que parecía una espada, que no dudó en clavar en la cabeza de ese malicioso animal.
Los gritos de Voldemort me alertaron. Dejé de sentir su peso en mi espalda y alguien me levantó para apartarme rápidamente de allí.

—Draco, hijo, estoy aquí...

Los brazos de mi padre me sujetaban con fuerza, de hecho me estaba hiriendo, pero necesitaba igual o más que él ese contacto físico. Algo que fuera protector y me hiciera sentir como en casa.

—N-no más... —sollocé, sintiendo como mis párpados pesaban más y más.

Mi alma quería huir de todo el dolor, de la guerra, del Lord y la opción más fácil era abandonar mi cuerpo allí para poder ser libre.

—Draco... ¡Draco, aguanta! —un brusco zarandeo me hizo gritar de dolor, consiguiendo que no me dejara ir al vacío. —Lo siento, hijo... Severus... Él está luchando por ti, para verte. ¿Quieres volver a verle?

Asentí suavemente.

—Entonces quédate conmigo, podrás ver a Severus después, cuando todo esto termine.

—N-no term-minará n-nunca...

—Claro que si, Draco. Por favor, resiste.

Escuchemos el grito furioso de Voldemort acompañado de una maldición que mi cuerpo ya conocía muy bien. Padre me tiró al suelo, causando un terrible daño en mí pero consiguiendo recibir la cruciatus para protegerme.

—¡Malditos traidores! ¡Greyback, tráeme a Draco!

Lucius me metió algo en la manga y susurró algo en mi oído. No pude seguir más tiempo despierto, volví a desmayarme a causa del dolor y el cansancio.

____

Fenrir se abalanzó sobre Lucius con sus ojos brillantes y su boca ensangrentada a causa de la muerte de algunos alumnos de Hogwarts, que luchaban con todo lo que sabían.
Empezaron una lucha encarnizada. Lucius intentaba por todos los medios que Greyback no le mordiera y atacaba todo lo que podía, desgraciadamente el hombre lobo tenía mucha maña también con hechizos de protección y ningún ataque lo hería.

Mientras tanto Severus luchaba contra Bellatrix, que le gritaba como la loca que era.

—¡Nunca debiste traicionar al Lord, te arrepentirás!

Voldemort se centraba en Harry, éste no tenía ninguna oportunidad con las protecciones que le daban los demás mortífagos a su alrededor.

—¡Te veo muy confiado, Voldemort! ¡Demasiado para solo quedarte un horrocrux!

Voldemort río con socarronería. —Tú o yo, ambos sabemos quién es el más fuerte.

—Por supuesto que si. ¡Hoy es tu fin! ¡Avada Kedavra!

—¡Avada Kedavra!

Cuando los hechizos chocaron, estallaron en una gran explosión, dejando algunos heridos alrededor.

Harry sólo buscaba hacerle perder los estribos. Sabía perfectamente que él era el último horrocrux, Snape se lo había informado sólo a él.
‘Confía en Dumbledore, él dejó el anillo para ti.’ Tocó con el pulgar el anillo que adornaba su dedo anular. Debía dejarse matar... Todo dependía de que Dumbledore no se hubiese equivocado.

____

Desperté aturdido al escuchar un estallido. ¿Por qué no moría? Sólo quería descansar...
Levanté la vista hacia donde estaba Severus. Bellatrix le atacaba sin cuartel y reía escandalosamente.

Apoyé mis manos en el suelo, notando que algo había bajado por mi manga. Lo dejé resbalarse hasta que la noté en mi palma. Mi varita... Tanto tiempo sin ella.
Procuré incorporarme sin hacer movimientos bruscos para evitar volver a caer por el dolor.

Bellatrix había conseguido alcanzar con un crucio a Sev. Levanté mi varita contra mi tía sin dudarlo ni un solo segundo.

—¡Bellatrix! —grité furioso. Mi rota garganta funcionaba más allá de sus posibilidades, me estaba forzando demasiado y sabía que eso me llevaría graves consecuencias, lo notaba en todas las heridas que se abrían dolorosamente por mis movimientos, pero nada importaba ya.

Ella giró para observarme, sorprendida al verme de pie y apuntándola.

—¡Avada Kedavra!

Intentó esquivarlo sin éxito ninguno y su cuerpo cayó a los pies de Severus, quien trabajosamente se había incorporado después de la maldición.

Greyback llegó de un salto delante de mí, intenté apartarme pero me cogió fuertemente.

—No...

Supliqué e intenté soltarme creyendo que quería llevarme de nuevo con Voldemort. Cosa ridícula porque mi fuerza era nula en esos momentos. Para mi sorpresa, me alejó más aún del Lord, pero algunos mortífagos nos rodearon cerca del acantilado que conducía al Viaducto.

—¿Tú también eres un traidor, Greyback?

Giré mi rostro lo que pude para ver el del hombre lobo.

—¿F-Fenrir?

Él me miró con esa extraña mirada que siempre me dedicaba cuando estábamos a solas.

____

Hermione sorprendió a algunos de los mortífagos que parecían rodear a Greyback. Algo extraño estaba pasando allí y sabía que tenía que ver con Malfoy, necesitaba recuperarlo.

El temible licántropo dejó suavemente a Draco apoyado en un árbol y se lanzó a por los demás mortífagos.

La castaña corrió entre ellos para llegar hasta su enemigo de la infancia, quien se sobresaltó al notar a alguien a su lado.

—Malfoy, soy Granger. No voy a hacerte daño.

Observó brevemente el cuerpo casi sin vida del rubio y sintió mucha pena. Un par de mortífagos se dirigieron a ellos, pero antes de que pudiera alistar su varita, Greyback ya los había defendido.
Desgraciadamente había permitido ser dañado por defender a Draco y un hechizo aturdidor le dio de lleno, dejándole al borde del abismo.

—Los traidores no salen impunes, Greyback. —dijo claramente uno de los enmascarados.

Hermione observó la escena completamente confundida. Fenrir había girado su rostro a Draco y había chasqueado los dedos, consiguiendo su atención tal y como lo había hecho los meses anteriores.

____


—Sé feliz, cachorro. —Fenrir me tiró algo antes de que los mortífagos le lanzaran violentos ataques, haciéndole caer desde la mortífera altura.

—¡N...nooo! —grité mientras temblaba en los brazos de Granger.

Sin saber porqué empecé a llorar. Aquél que había sido mi custodio había caído, el que me había defendido en aquella celda, el que me había violado brutalmente mientras... Me susurraba que pensara en mi persona amada, llevándose mis lágrimas con su lengua.

____

Hermione se puso delante de Draco, que sangraba profusamente, e intentó protegerle de los demás mortífagos que intentaban recuperarle. Ron se unió a ella, por lo que pudo girar el rostro una milésima de segundo para observar la lucha de Harry.

El moreno atacaba y esquivaba con una destreza impresionante, pero Voldemort consiguió arrebatarle la varita.

—¿Unas últimas palabras, Potter? —sonrío cruelmente.

Harry le miró a los ojos decidido.

—Tú morirás esta noche.

Voldemort río junto con sus mortífagos antes de gritar, ante el asombro de todos los presentes y horror de los amigos de Harry, la maldición asesina.
El cuerpo del moreno cayó al suelo.

____

Observé incrédulo como Potter caía al suelo. Ya no había salvación ninguna. Ni siquiera para Sev...
Intenté buscarle con la mirada pero no conseguía visualizarlo.

Retrocedí al ver que algunos de mis compañeros de colegio me apuntaban con sus varitas, recordando perfectamente quien había dejado entrar a los mortífagos a Hogwarts, haciendo que Dumbledore muriera. Al parecer ambos bandos deseaban herirme.

—¡Nosotros moriremos pero tú tampoco saldrás vivo! —gritó uno de ellos.

—¡Todo esto ha sido tu culpa! —gritó otro.

Pronto me sentí acorralado, me instaban a luchar pero yo me negaba a hacerlo. Tiré la varita a sus pies y quedé a completo merced de ellos.
Al hacerlo conseguí visualizar a Severus y no aparté la mirada al sentir la ira de mis compañeros sobre mí. Alguien intentaba defenderme, supongo que Granger, pero no podía pararlos a todos y pronto dejé de escuchar a mi salvadora.

____

Hermione miró horrorizada todo lo que estaba ocurriendo, Ron le había apartado al ver que no había opción de salir bien de allí. Antes iba la seguridad de su amiga.
Harry tirado en el piso, Voldemort haciendo una temprana celebración mientras seguían matando gente a su alrededor, Snape completamente desencajado intentado llegar a Malfoy, quien recibía el castigo de varios alumnos de su curso y de algunos mortífagos que llegaban a él.

Las lágrimas comenzaron a caer por sus mejillas, no sabía que hacer... No podía soltarse de Ron.

____

Los hechizos pararon cuando Voldemort descargó su ira sobre mis atacantes y quiso venir a por mí, dejando completamente abandonado el cuerpo de Potter.

La gente retrocedió espantada y escuché murmullos y gritos de asombro.
Giré la cabeza sobre el suelo para ver como Potter se había alzado y apuntaba con su varita a Voldemort, que había descuidado su espalda para recuperarme.

—¡Dije que hoy morirías tú! ¡Avada Kedavra!

Los mortífagos intentaron defender a su señor pero les fue imposible con tal fuerza y contando que Potter también tenía muchos aliados que ya le habían rodeado para protegerle.

La última mirada de Voldemort se posó en mí, sorprendido, iracundo y... con tristeza. Con su último aliento alzó la mano para alcanzarme consiguiendo coger la mía.

Intenté apartarla con terror, no entendía como no moría al instante después de una maldición asesina.

—Tu p-padre me aband-dono y ahora t-tú... ¿P-por qué n-no am-marme a mí?

Su cabeza cayó sin poder esperar la respuesta y su mano aflojó al instante el agarre.
Quería intentar entender la pregunta pero mi mente no era capaz de pensar con mucha claridad.

Algunos sonidos de desaparición se hicieron presentes. Los últimos mortífagos intentaban huir para no morir o, peor aún, ser llevados a Azkaban para probablemente recibir el beso del dementor.

Unos pasos caminaron muy rápidamente hacia mí. Unos tiernos brazos me alzaron y me apoyaron sobre su cálido pecho, acariciándome la mejilla y tapando el cuerpo muerto del ser que tanto daño me había causado.

—Dragón...

Observé sus ojos y llevé una mano a las lágrimas que recorrían su rostro.

—Has aguantado por mí.

—S-solo quería... e-estar una vez m-más... en tus b-brazos...

Jadeé entrecortadamente. La vocecilla de mi cabeza que me suplicaba clemencia volvió a aparecer para hacerse más fuerte.

—Voy a llevarte a San Mungo, te pondrás bien. Aguanta un poco más, mi pequeño dragón.

Sonreí ante el apodo, realmente lo había echado tanto de menos...

—T-te amo...

—Y yo a ti.

Se inclinó para darme un beso. Un último beso que me hizo desear seguir viviendo antes de que unos brazos en la oscuridad me hundieran completamente en ella.
Notas finales:
¡El siguiente capítulo será el último!

¿Tenéis ganas de ver como termina o preferís que siga y siga sin fin? :P ¡Decidme que os ha parecido éste!

Nos volvemos a leer, por última vez en esta historia, dentro de dos días. Hasta entonces, ¡sed muy felices! :D
Mi destino por ArtemiaCelosia
Notas del autor:
¡Hola queridos lectores!

Vengo bien prontito para dejaros el último capítulo de esta historia.

Quiero agradeceros el apoyo que le habéis dado, muchos desde el primer día. Las lecturas, los comentarios...
¡Muchísimas gracias por dedicarle tiempo e ilusión a esta humilde servidora!

Deseo de todo corazón que disfrutéis del final de esta aventura :D
18 de mayo, 1998

____

Los golpes que Severus daba alarmaron a todos los que se encontraban en la casa, al parecer habían noticias nuevas.

—¡Snape! —Remus se abalanzó sobre él para detener su destrucción hacia todos los muebles que se cruzaban por su camino.

—¡Le van a hacer un juicio sin ni siquiera darle oportunidad de defenderse! ¡Lo han estado ocultando!

Remus le miró serio. Sabía que eso acabaría pasando.
El Ministerio no perdonaba ni un solo error y Draco, a pesar de que no fuese del bando de Voldemort, había cometido varios de ellos. Estar marcado era la única prueba que necesitaban para dejarle pudriéndose en Azkaban.

—Más de dos semanas luchando para que me dieran permiso para verle en San Mungo, recibiendo negativas y más negativas para que ahora se lo lleven a Azkaban...

—Yo puedo hablar por él. —respondió Harry que escuchaba tranquilamente desde el umbral de la puerta. —¿Cuándo será el juicio?

—En una semana.

—¿Tan pronto?

Remus se sentía intranquilo al ver las prisas del Ministerio. Habían muchos otros mortífagos con mayores crímenes a la espera de los juicios.

—La venganza por los Malfoy... —susurró al darse cuenta de lo que ocurría.

No se trataba simplemente de que hubiese dejado entrar criminales a Hogwarts, era una simple venganza hacia Lucius. Él también había sido juzgado con mucha rapidez, dándole el beso del dementor como castigo, en cambio a los demás... Algunos de ellos, con varios asesinatos reconocidos, tenían penas de muchos años en Azkaban y nada más.

Severus asintió al verle tan pensativo.

—No puedo dejar que muera allí.

—No creo que le den el beso. Por sus crímenes no deberían darle ni la pena más alta en cuánto a tiempo. —dijo Hermione, aunque sus palabras no demostraban mucha seguridad.

—El beso no será necesario para que eso ocurra.

En la sala se instaló un incómodo silencio y un aire pesado donde la melancolía hacía mella.

____

25 de mayo, 1998

____

Severus se sentó junto a Remus, en un lugar de la sala donde los hechizos impedían que los posibles criminales los vieran. Muchos de ellos buscaban venganza contra cualquiera que recordaran antes de entrar a Azkaban. Perdían la cordura dentro y en sus mentes sólo quedaban algunos de los últimos rostros que veían. Se trataba de un protocolo básico de seguridad.

El hombro lobo sintió pena al ver entrar al chico que una vez fue su alumno. Su cuerpo raquítico donde los huesos estaban increíblemente pronunciados, las cicatrices que lo adornaban, ese rostro triste... Y sin duda, lo peor eran sus ojos. Totalmente vacíos y opacos, como un muerto en vida.
Giró el rostro al no soportar más esa visión para encontrarse con una que le incomodaba por igual. Las manos de Snape estaban apretadas con fuerza y su rostro se contraía en una mueca de puro dolor y rabia.

—Draco Malfoy frente al Wizengamot por su participación a favor de Quién-no-debe-ser-nombrado. Se procede a describir sus crímenes. —la mujer hizo una pausa. —El señor Malfoy dejó entrar a los mortífagos al colegio Hogwarts de magia y hechicería al arreglar un armario evanescente, el mismo día acabó con la vida de un gran hombre, Albus Dumbledore. ¿Es eso cierto?

La gente murmuró e incluso se escucharon gritos increpándole por ser un asesino cuando el rubio asintió levemente.

Remus miró a Snape, frunciendo el ceño. Le habían explicado que Draco no había podido matar a Dumbledore, entonces... ¿Por qué asentía?

—Eso no es cierto, yo estaba allí cuando eso ocurrió. Malfoy no pudo lanzar la maldición. Bajó el brazo ante Dumbledore, quien le ofreció protección a pesar de saber que ya estaba muriendo. —gritó Harry.

El Ministro le llamó la atención por no tener la palabra, pero le había tenido en cuenta.

—¿Ha utilizado alguna vez una imperdonable?

Draco volvió a asentir.

—¿Puede decirme con quién?

—Bellatrix.

—Que si no me equivoco era su tía.

—Si.

—Confesó que mató a alguien más, ¿puede decirnos quién era y con qué edad lo hizo?

—Madre no me permitía...Yo quería estar con él cuando cumpliese doce y ella no me dejaba...

La sala se volvió loca ante la confesión del chico, tardaron varios minutos en poder volver a seguir y estuvieron a punto de atacar a Draco, que se arrebujaba en la silla bastante asustado.

—Probablemente no sepa ni dónde está, no parece que su mente esté aquí. —susurró Severus, claramente angustiado.

La mujer siguió como si nada hubiese pasado.

—Ahora daré paso al psicomago que se le asignó cuando llegó al hospital San Mungo. Por favor, si es tan amable.

El hombro asintió y observó la ficha de Draco.

—Por lo que he podido notar, el joven Malfoy tiene síntomas de esquizofrenia en un grado muy grave, aunque no puedo asegurarlo ya que lo he tratado durante muy poco tiempo. Tendencias suicidas, irritabilidad, dificultad para dormir, alucinaciones, delirios... Asegura escuchar dos voces en su cabeza, una que le incita a herirse y hacer daño a los demás, otra muy distinta que le pide que se calme y descanse. Además recordemos que recibió muchas cruciatus, maldiciones que le hacen perder la cordura a cualquiera, por lo que ahora no lo puedo tratar como se debería.

—¡Por lo tanto es una persona peligrosa! —gritó un hombre.

—No en realidad. Los enfermos suelen herir por defensa propia y de hecho, ellos suelen ser los agredidos. Lo que está claro es que tiene una grave falta de autoestima y un delirio obsesivo con su padrino, Severus Snape.

Draco alzó la mirada después de mucho tiempo al escuchar ese nombre.

—No creo que querer a alguien sea un delirio obsesivo. ¿Si yo quiero a mis amigos también lo es? —preguntó Harry, sabía que no había comparativa pero no tenía mucho más para defenderle. El doctor lo entendía pero debía ser profesional.

—Señor Malfoy, ¿qué siente por su padrino?

La mujer parecía ir contra Draco en vez de estar llevando un juicio.

—¿Sev? —preguntó confuso.

—Exacto, Severus Snape. ¿Qué siente por él?

—Dijo que vendría a por mí... Que estaríamos juntos cuando todo terminara...

El Ministro se pasó la mano por la sien al ver el estado del chico. Todo aquello estaba mal, no podían llevarlo a Azkaban si estaba tan enfermo, ni siquiera debían darle un juicio.

—¡Señor Malfoy, le he preguntado qué siente por Severus Snape!

La mujer alzó la voz como si así le fuese a entender mejor. El psicomago negó con la cabeza ante el trato a su paciente y se acercó a él.

—Draco, ¿quieres decirle algo a Severus? —preguntó dulcemente.

—¿Sev?

—Él está aquí pero no puedes verle. —Draco ya había alzado la mirada buscándole. —Él puede escucharte, ¿te gustaría decirle alguna cosa?

—¿Está bien? —susurró.

El doctor le asintió con una sonrisa.

—Que le amo...

—Severus es un gran hombre, ¿verdad? —Draco asintió con una pequeña sonrisa. —¿Qué sientes por él?

—Amor, respeto, admiración...

—Bien hecho, Draco. Él estará feliz de oírte.

La mujer interrumpió al psicomago que quería seguir hablando con él.

—Es evidente que este muchacho es peligroso y además culpable, por mucho que haga esas escenas tiernas será castigado.

—Draco no está haciendo ninguna escena tierna, de hecho está igual de afectado que el día que lo llevaron a San Mungo. Y si me permite decirlo, Ministro... —el aludido asintió. —Usted no puede juzgar a nadie, debe limitarse a explicar sus cargos y votar en privado. —se dirigió a la rancia mujer.

Remus miró a Snape, sus ojos llorosos le confirmaban que tenía una gran lucha interior. Agarró su brazo en señal de apoyo, logrando llamar su atención.

—Dentro de poco habrá un descanso. Podemos intentar hablar con el psicomago, quizá consigamos que lo lleven a un centro.

—No quiero que lo encierren en ningún lugar.

—Si no lo llevan allí es muy evidente que lo llevarán a Azkaban, no tenemos alternativa.

Severus asintió quedamente mientras observaba que Draco había vuelto a encerrarse en su mente. Por un momento había reaccionado cuando había escuchado su nombre. Lo había buscado con la mirada, incluso había podido sentirla sobre él, aunque su dragón no le pudiera ver...

Diez minutos después pudieron salir y correr tras el doctor. Harry había quedado por los alrededores para cuidar a Draco, a pesar de no poder acercarse a él directamente.

—¡Señor, disculpe! —gritó Remus, llegando pocos segundo antes que Snape.

—¿Desean algo?

—Remus Lupin, encantado.

—Severus Snape. —al hombre le brillaron los ojos cuando lo escuchó. —Necesitamos hablar con usted.

—Acompáñenme.

Caminaron por unos pasillos hasta llegar a un pequeño despacho que un auror había prestado al hombre, al parecer eran amigos.

—Disculpen mis modales. Mi nombre es Zachary Steel. Imagino que quieren hablar sobre Draco.

Remus asintió.

—Dr. Steel, necesito que intente llevar a Draco a un centro. Él no es peligroso.

El psicomago quedó mirando seriamente a Snape, que era quien le había hecho la petición.

—Sé que no lo es. Lo he tratado desde el primer día que lo llevaron a San Mungo. He estado las veinticuatro horas con él y he podido observarlo. Al principio no me contestaba nada, se incomodaba con mi presencia, pero después me fue contando algunas cosas.

Severus se quedó en silencio, dubitativo al querer preguntar pero sentir que no era el momento.

—Necesita atención médica urgente.

—¿Está en peligro? —preguntó asustado Remus.

—Intentó suicidarse con un trozo de vidrio al quinto día, al parecer alguien le dijo que no podría ver a Snape y se puso muy nervioso. Gritó desgarradoramente hasta que conseguí quitárselo. Después me suplicó que le dejara ir, que no podía aguantar más sin “Sev”.

Remus se sobresaltó cuando Snape dio un fuerte golpe en la mesa.

—Haré lo posible para que Draco reciba un tratamiento adecuado a su caso, aunque nunca lo podré conseguir si usted desea visitarlo. He escuchado a algunos miembros del Wizengamot y no desean que estén juntos.

—No importa, sálvelo. Yo iré a por él cuando esté bien.

El psicomago alzó su mano para estrechársela a Snape.

—Espero que lo haga. Muchos son los pacientes que quedan olvidados en aquél lugar, y a pesar de ser más seguro que Azkaban, sigue siendo deprimente para ellos.

—No pienso abandonarle allí. —estrechó su mano.

Salieron del despacho, dejando al doctor formulando la petición, para volver de nuevo a la sala donde se estaba celebrando el juicio.

—¿Sabías lo de Narcissa?

—Draco me lo dijo antes de encontrarse con Voldemort la primera vez.

—Snape...

—No le juzgues. Potter ha matado a mucha gente y lo has comprendido.

Remus sabía lo difícil que resultaba ese tema.

—Nosotros acogeremos a Draco cuando esté bien, al igual que hicimos contigo.

Severus asintió agradecido.

____


19 de mayo, 1998

____

Se despertó sintiendo su cabeza estallar. Antes de arreglarse y bajar a desayunar, tomó una poción curativa. Con todo lo sucedido estaba tomando demasiadas.
Bajó los escalones lentamente.

—Buenos días. —saludó Remus que ya había terminado la comida. —Harry sigue durmiendo, es imposible despertarle a la hora. —sonrío. —Por cierto, ha llegado una carta para ti.

Severus la cogió desganado. Al ver el nombre la abrió rápidamente, tomando asiento junto al licántropo.

—¿Algo importante?

Los ojos negros se llenaron de lágrimas. Le entregó la carta a Lupin.

“Estimado señor Snape.

Me complace informarle que, después del juicio de ayer donde no hubo ninguna decisión final, Draco ha sido trasladado a la institución mental Birdwhistle y quedará completamente a mi cargo, además de algunas enfermeras que lo tratarán de forma profesional sin importar su apellido.

Desgraciadamente, como le dije, se le han prohibido las visitas. Dentro de un año unos funcionarios vendrán a observar su progreso, si es muy notable podrá marcharse con usted, por lo que trabajaré todo lo que él me permita para que pueda mejorar.

No se me permite dar información, por lo que no le escribiré más. Solo espero que realmente cumpla su trato, Draco es un chico muy afable.

Att: Dr. Zachary Steel”

—Él estará bien cuidado. —susurró Remus devolviéndole la carta. —Por lo menos tú estás libres de cargos y podrás recibirle cuando pueda salir.

Severus asintió y se marchó a su habitación, donde releyó esa carta hasta aprenderla de memoria.

____

29 de mayo, 1999

Pestañeé al darme cuenta que me había quedado completamente traspuesto viviendo mis memorias desde mil novecientos noventa y uno. Severus, Hogwarts, Voldemort, la guerra... Después de eso todo fue muy confuso y no lo recuerdo casi.
El último año había sido complicado, pero me había permitido respirar y tranquilizar un poco el ritmo que la vida me había marcado.
Necesité muchas terapias para poder entenderme. Para poder saber qué eran esas voces y porque me hacía daño.
Comprendí que estaba enfermo y que necesitaba medicación, a pesar de negarlo constantemente los primeros meses, y cuando lo hice, la vida fue mucho mejor.

Steel me ayudó muchísimo a poder llevar mis sentimientos de una forma mucho más sana y positiva para mí. Y de alguna manera pude perdonar a las personas que me hirieron tanto.

Capté el engaño y la preocupación excesiva de la que mi padre fue víctima. Me dejó una carta antes de recibir el beso del dementor, día que lloré muchísimo al saber que no podría volver a verle como él era. En ella me pidió perdón por no haberme podido proteger de una forma adecuada, por ser un mal padre. Afirmó que había estado con Voldemort hace mucho tiempo atrás y que lo había dejado todo por una familia que había amado con demasiada intensidad. Juré que no moriría sin saber que yo le quería de todas formas y que no le guardaba rencor, aunque fuese en estado catatónico.

El doctor también me explicó la relación que se da en una manada de lobos cuando le expliqué que Fenrir, antes de morir, me había llamado “cachorro”. Me dijo que para ellos era normal tener a sus familiares directos como amantes, sobretodo si era el líder de la manada. Le mostré el anillo tallado en madera que me había lanzado aquél día y, después de estudiarlo, me confesó que eran anillos que se regalaban hace mucho tiempo cuando el líder sentía satisfacción por uno de sus hijos, por lo que entendí el comportamiento extraño que recibía por su parte.
Había formado parte de su imaginaria manada, de su familia, de sus deseos... Y se había sentido orgulloso de mí.

Durante muchas noches recordé la pregunta que me hizo el Lord antes de morir. Intuí la terrible soledad que un mago tan poderoso y respetado, aunque fuese por malos motivos, sintió. Sabía que el hombre era malvado, lo había vivido en mis propias carnes, pero no podía evitar sentir lástima ante su tristeza, su melancolía. Voldemort aguantó dolores inimaginables y aún así, lo que le volvió loco y acabó con él, fue su aislamiento. Murió al intentar quedarse conmigo y, aunque costara de entender, deseé que se hubiese podido sentir acompañado cuando ocurrió, pues yo estuve a las puertas del fin lejos de mi amado y era un sentimiento peor que la propia muerte.

Y Sev... Él fue espía, sabía que estaba a salvo y aún así no me lo dijo para que pudiera huir. Jamás me atreví a reprocharle nada, sé que lo hizo para intentar mantenerme a salvo, a pesar de que yo metí la pata al pedir su protección. Nunca me hubiesen llamado traidor si no lo hubiese hecho, pero no me arrepiento. Mis sentimientos por él siguen siendo igual de fuertes, demostrando que no era una obsesión o un delirio como me dijeron cuando llegué, sino puro amor.

El doctor siempre estaba conmigo y me hablaba mucho. Me traía materiales para poder dibujar, revistas, libros... En los momentos más complicados, cuando la depresión que tenía me hacía necesitar con muchas más ansias a Sev, me tranquilizaba hablándome de él hasta que quedaba dormido. En esas ocasiones incluso me imaginaba que él estaba a mi lado, susurrándome y dándome caricias como las que antaño recibía.

Toqué la fina costura de mi camiseta mientras miraba por la ventana.

De nuevo la duda estaba amenazándome. Unos aurores habían venido a hacerme preguntas y más preguntas. Si seguía escuchando voces, si me había vuelto a herir, qué medicación estaba tomando... Después se fueron con una simple despedida y el doctor se fue con ellos.
Al cabo de unas horas, volvió y me dio ropa de calle, no me dijo absolutamente nada al respecto, solo que me cambiara y esperara a que terminase los últimos preparativos.

—Draco, ¿estás listo?

—¿Listo para qué? —susurré algo asustado.

—No tengas miedo. —el doctor se agachó frente a mí. —¿Sientes la diferencia que existe desde que entraste por esa puerta?

Asentí. —Me siento mucho mejor.

Me sonrió acentuando más las arrugas en sus ojos, se levantó y me dio la mano para llevarme fuera.

La luz que entraba hacía ver las blancas paredes de forma celestial. Todo estaba lleno de plantas y flores, que aunque parecía una tontería, resultaba de mucha ayuda en las terapias.

El doctor se paró frente a una puerta y me dio un abrazo.

—Me alegra mucho que ya estés mejor, Draco. Es momento que salgas de aquí, alguien te espera.

Le observé incrédulo.

—¿Salir?

Volvió a sonreírme y abrió la puerta, empujándome levemente para que entrase. Severus estaba allí, sin haber cambiado un ápice. Sus brazos abiertos y su sonrisa volvieron a despertar en mí aquella calidez que había quedado tan lejana.

—Mi pequeño dragón.

Me abalancé a sus brazos mientras las lágrimas corrían por mis pálidas mejillas.
Había echado tanto de menos esa voz, esa mirada, esos labios...

Acerqué mi rostro al suyo para besarle, siendo completamente recibido con amor. Ese beso me dijo muchas cosas, entre ellas la alegría de volver a vernos.

Retiró mis lágrimas con una tierna caricia y sonreí cuando escuché su susurro antes de apretarme un poco más entre sus brazos.

—No nos volveremos a separar nunca más.


FIN
Notas finales:
Y despidiéndome ya de "Las memorias de Draco Malfoy", deseo que nos encontremos de nuevo en otras historias.

Quizá hoy es el final pero, ¡dentro de dos días me volvéis a tener por aquí con un one-shot de Lucius/Percy! :P

¡Un enorme abrazo a todos!
Esta historia está almacenada en http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=46093