Another Day por Devi
Resumen: Tom Trümper ha estado loco por Bill Kaulitz desde hace tres años. Este año ha hecho de su resolución de Año Nuevo pedirle a Bill que salga con él en algún momento.

Si tan sólo hubiera elegido un día que no fuera el de San Valentín.

Traducción de la historia homónima escrita por Synnie.

TOKIO HOTEL
Categorías: Famosos - RPS, Músicos Personajes: Ninguno
Géneros: Drama, Humor, Romance
Advertencias: AU=Universos Alternos, Otras
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 11 Completo:Palabras: 14354 Lecturas: 4501 Publicado: 05/02/14 Actualizado: 15/02/14
Notas de la historia:
Esta ya es algún número de traducción, ya perdí la cuenta en verdad.

Another Day u Otro Día es una triste y risiblemente dramática historia de San Valentín como pocas, donde nuestro protagonista parece no dar una para conquistar a su intencionado. Acompañen a Tom en esta ridícula travesia para ganarse el corazón de Bill.

1. Introducción por Devi

2. Martes por Devi

3. Miércoles por Devi

4. Jueves por Devi

5. Viernes por Devi

6. Lunes por Devi

7. Martes por Devi

8. Miércoles por Devi

9. Jueves por Devi

10. Viernes por Devi

11. Lunes por Devi

Introducción por Devi

INTRODUCCION

+.+.+.+.+.+

Tom Trümper suspiró mientras colocaba su cabeza sobre su puño. Escritura – donde estaba ahora – y ciencias, eran sus dos materias favoritas y aún así no escuchaba ni una palabra de lo que el maestro decía. No, su atención estaba completa y enteramente sobre un muchacho de cabello negro que estaba sentado un par de filas más adelante.

Bill Kaulitz era absolutamente hermoso y uno podía soñar con convencer a Tom de lo contrario. Había estado encandilado con Bill los últimos tres años. Sabía casi todo de él – no que Tom estuviera obsesionado, sólo que Bill era muy ruidoso. Cualquiera podía escucharlo a una milla de distancia, pero Tom amaba eso de él.

Para Tom, las imperfecciones de Bill, eran perfectas.  Su carcajada abierta era lo más hermoso; su volumen era una delicia y su cinismo era entrañable.

Por los últimos tres años, no quiso más nada que tener la mano de Bill entre la suya. El par de veces que Bill tuvo que trabajar con él en algún proyecto fueron los tiempos más felices de su vida. Uno podría pensar que se acostaron en lugar de pasar la noche entera haciendo tarea.

Dudaba que Bill le hubiera notado en ese par de ocasiones. Tom no era nada especial – sólo un típico adolescente con ropas demasiado grandes y rastas. Pero Bill… él era algo especial. Algunos días, como hoy, dejaba su cabello lacio, otros lo traía en una melena de león desafiando a la gravedad. Lápiz negro siempre delineando sus ojos, haciéndolos lucir humeados y sexis. Su ropa era ajustada y parecía que uno tenía que literalmente desprenderla de él.

Tom fantaseaba con hacer eso bastante seguido.

—¡Tom!

—¿Bill-qué? —Tom se sobresaltó pareciendo estar en pánico cuando el maestro le asustó, luego mortificado cuando se dio cuenta que había pronunciado el nombre de Bill en alto.

—Sí, estamos bastante consientes de que estabas mirando a Bill —el maestro dijo rodando los ojos mientras continuaba con su lección. Bill se rio por lo bajo girando su cabeza para mirarle. Le saludó con un movimiento de mano, luego se rio un poco más para sus adentros cuando notó el rostro de Tom ponerse más rojo. Hecho eso, se giró de nuevo al frente y dejó que Tom se hundiera en su silla por la humillación.

—Excelente movimiento —el mejor amigo de Tom le dijo muy bajito. Tom le miró y notó que Georg se estaba muriendo de la risa silenciosamente. Miró a su supuestamente amigo de mala manera antes de enderezarse para poder escribir en su libreta todo lo que el maestro había puesto en la pizarra.

Era sobre el Día de San Valentín – el origen, y también como la literatura describía ese día y el amor. Quizás poco característico para un maestro hombre  el invertir tanto tiempo en un día como ese, pero recientemente se había comprometido así que esta época del año era un motivo para celebrar las maravillas del amor.

Los ojos de Tom de repente se abrieron enormemente, su lápiz cayendo sobre la mesa. —¡Lo tengo! —dijo un tanto demasiado fuerte.

El maestro levantó la mirada, ligeramente divertido por la repentina revelación de su estudiante. —¿Qué es lo que tienes, Tom?

—Oh uhm, nada, señor —tartamudeó mientras los estudiantes, Bill incluido, le miraban fijamente—. ¡Lo tengo! —Le siseó a Georg, quien se acercó ligeramente para escucharlo.

—¿Qué? Dime.

—Mi meta de Año Nuevo. ¡Voy a hacer que pase y sé justo como hacerlo! —Tom no pudo evitar bailar alegre en su asiento.

La meta de Año Nuevo de Tom era por fin amarrarse los pantalones y pedirle a Bill una cita. No había sido capaz antes y decidió que ese, era el año para hacerlo. Pero ya era Febrero y no tenía ni idea de cómo iba a hacerlo.

Hasta ahora.

—Oh por favor, dime como le vas a hacer para que caiga redondito por ti —Georg comentó un poco seco, pero también curioso.

—Le enviaré pequeños regalos y así, hasta llegarse el día. Entonces, en San Valentín ¡le preguntaré! —Para un romántico perdido como Tom, era la idea más perfecta que nunca alguien había tenido.

Georg, en cambio, no estaba realmente seguro. Sabía que Bill era cínico, y que ese cinismo sólo se hacía peor en el Día de San Valentín – O Día de San Mierda, como Kaulitz se refería al mismo. Sabía que Tom estaba cometiendo un grave error, pero también sabía que no había como sacarlo de su plan.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Como siempre... si no se me olvida, actualizo diario :D

Y es un pequeño regalo para este Febrero, ¡espero lo disfruten!

Devi R. Black
Martes por Devi

MARTES

+.+.+.+.+.+

Bill Kaulitz se estiró y rodó para salir de la cama el primero de Febrero, pensando que sería un día como cualquier otro. Se quejó por tener que despertarse como siempre lo hacía. Trastabilló en dirección al baño y siguió su rutina antes de irse a vestir. Se arrastró en dirección a la cocina en el piso de abajo, donde sus padres corrían arreglando el desayuno antes de irse a trabajar. Se sentó apáticamente en la mesa mientras su madre le besaba la cabeza y ambos adultos salían corriendo por la puerta. Bill se quedó sentado unos minutos más antes de mirar que quería para desayunar.

Viendo nada que le pareciera bueno en ese momento, se aseguró de traer cinco dólares en su bolsillo y se dirigió a la puerta principal. Agarró su chamarra preferida y sus zapatos y salió de la casa. Llego hasta el final del camino de la entrada antes de regresarse por su mochila. No era que fuera “uno de esos días” – sus días siempre comenzaban con él olvidando algo.

El camino a la escuela no era tan largo y se hacía mucho más ameno si se detenía en la cafetería cercana por el camino. Mantuvo sus ojos bien abiertos para encontrar a sus mejores amigos y los vio, Andreas y Gustav, caminando rumbo a los casilleros en la dirección opuesta. Se mantuvieron parados frente a los casilleros por un minuto, completamente ignorantes de sus alrededores mientras platicaban.

La única cosa que los regresó al mundo real no fue la campana. No, fue un Bill estornudando. No parecía querer terminar y los ojos del pobre muchacho comenzaban a ponerse rojos y acuosos. Las lágrimas se deslizaban de sus ojos tras demasiados estornudos incontrolables.

—Mierda —Andreas suspiró mientras miraba el frente del locker de Bill.

Puestas en el piso con una tarjeta, que rezaba en letra bastante torpe Bill, había un ramo de trece rosas –cinco rojas, tres moradas, tres blancas y dos rosas.

Bill apenas las miró antes de levantar sus brazos y estornudar de nuevo. Con la voz más sexi conocida por el hombre – aka el sonido más profundo – Bill demandó que Andreas las tirara inmediatamente. El rubio pareció mortificado pero no había algo que pudiera hacer.

Gustav le ayudó a tirarlas en la basura, tomándoles fotografías con su teléfono y agarrando la tarjeta que venía con el arreglo. Eran flores hermosas y resultaba realmente una pena que tuvieran que deshacerse de ellas.

Antes de que pudieran lamentarse completamente, la campana sonó y los chicos se dirigieron a clases. Andreas sacó los libros por Bill y el constipado muchacho  se encaminó a su clase de escritura con Andreas. Sabía que lucía horrible, pero no había algo que se pudiera hacer al respecto. No notó la mirada consternada de cierto muchacho rubio en su clase mientras dejaba caer su cabeza sobre su escritorio.

—Kaulitz, sin dormir en mi clase —fue la primera cosa que dijo el maestro cuando entró al salón.

—No lo estoy haciendo —fue su patética respuesta—. Alguien trató de asesinarme.

—¡No es cierto! —Andreas soltó.

Bill sólo le miró de mala manera. —¿De qué lado estás tú?

—Mira, alguien trató de ser realmente dulce y te mandó flores. No sabía que eras alérgico a ellas. Al menos no eres mortalmente alérgico…. —Bill sólo miró asesinamente a su amigo y volvió a hundir su cabeza entre sus brazos.

—He sido arrollado por un tren —Bill se quejó, suspirando dramáticamente cuando el maestro le dijo que se callara.

 

Tom mientras tanto estaba mortificado. No tenía idea de que Bill era alérgico a ellas. Sabía mucho sobre el otro, pero no eso. ¿Qué estudiante de preparatoria cargaba flores en la escuela? ¡No era como si Tom hubiera estado en algún momento en una posición como esa!

Podía sentir a Georg a su lado, riéndose silenciosamente ante la mala suerte de su amigo.

Geo sabía las ganas que le había puesto a Tom: buscar cada flor, llamar a cada florería de los alrededores; pagar por ellas con su propio dinero que había ganado; escribir la nota que iba en el ramo y en verdad hacer que fuera legible. Pero también sabía que Tom debió de haber esperado este tipo de cosas porque esa era la suerte que se cargaba.

Todo lo que podía hacer era escuchar a Andreas mostrarle las fotos de las flores a Bill y escucharlo admirarlas de ese modo, al menos Bill parecía apreciar su belleza. Mientras su amigo miraba la foto del ramo, Andreas sacó un libro grueso y lo abrió hasta casi el final de sus páginas, claramente buscando un índice. Encontró lo que andaba buscando y leyó la página, soltando un “aw” bastante fuerte.

—Andreas ¿vas a compartir lo que sea que te haya hecho interrumpir mi clase? —el profesor preguntó irritado.

—¡Seguro! —el rubio sonrió—. Mientras Bill estaba estornudando, Gustav me prestó su libro de 300 Cosas que Quizás Necesites Sabes en Cualquier Momento que siempre lleva en su mochila. Dijo algo sobre que había una guía de flores así que lo busqué. Rojo significa amor, morado es “amor a primera vista”, blanco es “te merezco” y el rosa significa “Por favor, créeme”. ¡AAAAAAAW! ¿No es eso lindo? —Andi se rió mientras codeaba a Bill—. ¡Oh y mira esto! Trece rosas significan admirador secreto.

Georg se atragantó con su propia saliva y miro a Tom riéndose silenciosamente. Andi miró a la aparte de atrás del salón y observó la interacción con curiosidad. Aunque Bill estaba completamente ignorante de todo eso mientras leía lo que su amigo acababa de encontrar en el libro de Gustav. Tom vio al muchacho de cabellos negros sacudir su cabeza y mirar el pizarrón. Sus estornudos habían disminuido pero Bill aún lucía miserable.

Tom se sentía peor que la mierda por haberlo causado.

 

Tom finalmente reunió las fuerzas para hablarle en clase de ciencias, la única otra clase que tenían juntos. El maestro los había separado en parejas y Tom estaba emocionado. Después de decirle hola al otro muchacho, Tom sólo se sentó ahí por un largo rato, las manos le temblaban y trataba de no babear mucho por él y llenarlo en el proceso de babas, a pesar de que Bill estaba usando guantes gruesos.

—Así que, uhm, ¿cómo… cómo te sientes? —Tom preguntó muy bajito.

—¿Huh? —Bill levantó la mirada después de que agregó el líquido al vaso de precipitación.

—Durante la primera hora estabas estornudando y así. Te veías tan miserable. ¿Me preguntaba si ya te sentías mejor?

—¿Y tú cómo sabes como me sentía en la primera hora? —Bill levantó una ceja, pensando que estaba siendo un poco raro.

—Estoy en la misma clase… —le respondió lentamente.

—¿Lo estás? —Bill parpadeó y Tom sintió como si lo hubieran apuñalado en el pecho—. ¡Oh, cierto! Sí, te sientas unas filas más atrás. Perdón, creo que el polen de hace rato se pegó en mi cerebro. Diablos, ya hemos trabajado juntos en esta clase antes —Bill se rio un poco y Tom se descubrió sonriendo también, incapaz de evitarlo—. Culpa al cabrón que me envió las flores. Son hermosas, pero juro que sentía que iba a morir. Bastardo —murmuró con una risa airada.

—Él sólo estaba tratando de demostrarte que le gustas —Tom se defendió.

—¿Él? ¿Lo conoces?

Tom intentó que su cara no mostrara el pánico mental en el que entró. —Y-yo no dije eso. Sólo decía. Dije él porque todos saben que te gustan los chicos, así que una muchacha no perdería su tiempo.

—¿Estás seguro de que no eres tú? —Bill observó los ojos de Tom abrirse ingenuamente antes de reírse—. Sólo estoy bromeando. Sé que no serías los suficientemente estúpido para hacer algo así.

Lo único que pudo hacer Tom fue forzar una sonrisa mientras Bill agachaba su cabeza para seguir trabajando. Sabía que Bill sólo estaba bromeando de la manera en que se comportaría si Tom fuera Andreas o Gustav, lo cual si lo pensaba bien le hacía sentirse un poquito más alegre. Pero ser la persona de la que Bill hablaba tan desconsideradamente era simplemente brutal.

Afortunadamente el resto de la clase no siguió ese camino. Hablaron con relativa facilidad y a Tom, se le partió el corazón cuando el maestro les dijo que recogieran.

Todo lo que Tom podía hacer era ir a casa y planear algo más que hacer dado que las flores no habían funcionado. Quería a Bill, lo necesitaba. No se iba a rendir tan fácilmente.

+.+.+.+

Notas finales:
Devi R. Black
Miércoles por Devi

MIERCOLES

+.+.+.+.+.+

La siguiente mañana, Bill caminó a la escuela con la medicina de su alergia sólo en caso de que algún otro idiota decidiera enviarle flores. Pero afortunadamente, esa lección había sido aprendida y ya no había más flores esperándole cuando llegó.

No, esta vez había un contenedor rojo con forma de corazón, la tapa estaba cubierta con cordones negros. En realidad era muy hermosa. Pensando que el libro de Gustav en verdad sabía lo que decía, decidió que él debía de tener un admirador. Cualquiera que supiera algo de él sabría que le gustaría la caja, incluso si tenía la forma de un corazón.

Pero su felicidad se medio apachurró cuando se dio cuenta que estaba llena de chocolates.

La campana sonó y después de tomar sus libros y el corazón, entrelazó su brazo con el de Andi y los dos se fueron a su clase de escritura que tenían juntos. Tom los vio entrar y le sonrió a Georg, comprendiendo que este regalo lo había elegido mejor. Hasta que escuchó la conversación de los otros dos.

—Aunque odio el chocolate. Me dieron algo en Navidad y aún tengo la mayoría. Probablemente no vuelva a tener antojo hasta dentro de tres años de todos modos.

El cuerpo entero de Tom se hundió en la silla. Había fallado espantosamente de nuevo.

—Me voy a quedar con la caja —decía Bill—. Pero el chocolate… bueno ya se lo comerán de igual manera. Lo meteré en el refrigerador, mi padre probablemente lo encuentre y así. Aparte, es de Russell Stover —dijo arrugando la nariz.

A cualquiera que estuviera escuchando, Bill probablemente sonaría como una diva de lo peor, pero en verdad no lo era. Era dulce, aunque demasiado honesto algunas veces; ayudaba a cualquiera que pudiera; pero también podía ser un poco egocéntrico. Parecía que por cada buen punto que tenía, había una reversa.

Pero a Tom le gustaba así aunque en ese momento se sentía totalmente aniquilado a pesar de que Bill no tuviera ni idea de que era de su parte. El otro muchacho no estaba siendo negativo intencionalmente con los regalos. Hablaba calladamente con Andy de la manera en que cualquiera hablaría con sus amigos. Estaba recibiendo regalos y todos eran de alguna u otra manera la cosa más errónea vista. Le gustaba la intención detrás de ellos – de hecho, le dijo a Andreas que se sentía emocionado de tener un admirador, pero al mismo tiempo ¿realmente esta persona sabía algo de él?

Pero la cosa era que Tom si sabía sobre Bill. No estaba consciente de sus alergias pero eso no era un tema de conversación recurrente. Y del chocolate, sabía que Bill lo comía de vez en cuando. No era su mayor fan pero las otras opciones eran corazones de canelas, corazón con frases o gomitas en forma de corazón – los cuales tenían un rotundo y definitivo no. Bill odiaba los dulces de canela y la goma, lo cual Andreas le había señalado que era gracioso porque amaba lo picante. Pero Gustav había dicho que no sabían ni remotamente parecidos. Y las gomitas … simplemente eran asquerosas y viscosas. Oh y los corazones de dulce con frases “eran como lamer tiza”.

Se fue por la mejor opción y le disparó en el trasero. De nuevo.

Tom sintió una mano en su hombro y miró a donde Georg que le palmeaba en simpatía. Tom se lo quitó de una sacudida antes de mirar a Bill y asegurarse de que no había visto nada de lo que su amigo acababa de hacer. Para su suerte, no lo vio así que Tom estaba a salvo, por ahora.

 

Para cuando la clase de Ciencias llegó, Tom estaba complacido de saber que Bill se había comido uno de los chocolates. No tantos como esperó que consumiera pero no se quejaba.

El día anterior, Bill había hecho el experimento así que era el turno de Tom. Escuchó contentó a Bill hablar sobre todo, desde esos regalos que había recibido hasta lo que planeaba hacer el fin de semana próximo. Eso hacía sentir a Tom como la persona más importante sobre el planeta porque Bill le estaba hablando a él.

Pero la mayoría de su atención estaba puesta en Bill y el resto, que era poca, en el experimento que estaba elaborando. Y tan pronto como Bill se acercó para ver si ya había terminado, la cosa explotó.

Los ojos de Bill estaban muy abiertos tras los lentes protectores y su boca se estaba abriendo lentamente más y más grande mientras se le colaba en el cerebro que estaba vistiendo el experimento. A Tom, de alguna manera extraña, no le cayó ni una gota.

—¡Baño! —Bill le gritó al maestro y Tom también se levantó, siguiendo a su amado en dirección al baño para ayudarlo a limpiarse.

—Realme…. —Tom se detuvo cuando entró al baño justo en el momento para ver a Bill quitarse la playera. Esa solo acción siempre le robaba el aliento cuando se cambiaban en los vestidores. Para su consternación, ese año tenían clases diferentes de deportes.

—Oh hola, Tom —Bill levantó la mirada del lavabo donde comenzaba a lavar su playera, sacando a Tom de su trance.

—Lo siento, en verdad lo siento —el rubio le dijo, tratando de no quedársele mirando.

—Fue un accidente, todo está bien. Es sólo que no sé si podré volver a usar esta playera. Probablemente no debería ni de estarla tocando. ¿Exactamente qué era lo que mezclabas?

—Creo que no recuerdo —Tom admitió avergonzado. Bill mordisqueó su labio pensando y casi no notó a Tom quitarse sus playeras. Levantó una ceja cuando vio el cuerpo tonificado que se le estaba revelando. Tom sostuvo su playera enorme en una mano y la playera que usaba de interior, más ajustada claro, en la otra—. Necesitas algo que usar —le dijo muy quedito.

—¡Oh! —Bill sonaba claramente sorprendido por el ofrecimiento de Tom, pero una sonrisa genuina iluminó su rostro mientras tomaba la playera interior. Abrazó al muchacho de rastas y el rubio rezó por que no se notara que el contacto de sus pechos desnudos le estaba afectando de sobremanera.

Pero Bill se alejó antes de poderlo notar y se fue a ponerse la playera por sobre su cabeza. Tom hizo lo mismo con la otra enorme.

Juntos dejaron el baño y caminaron de nuevo a clase, Tom sintiendo como si sus zapatos tuvieran alas todo el camino.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Jueves por Devi

JUEVES

+.+.+.+.+.+

Bill, habiéndose asegurado de lavar la playera la noche anterior, se acercó a Tom y Georg a primera hora en la mañana.

—Muchas gracias por lo de ayer, Tom —dijo inmediatamente cuando los vio—. Aquí está tu playera.

Tom la tomó tímidamente. —Está bien, en verdad. No importa. Sí alguna vez necesitas otra playera –

—Ahí estarás —Bill le cortó riéndose—. Parece que esas cosas siempre terminan sobre mi cuando tenemos ciencia juntos.

Tom sólo atinó a sonrojarse brillantemente. Cuando Bill se alejó, Georg – quien había, gracias a Dios, permanecido callado – se le fue encima, riéndose de él y bromeando sobre que estaría oliendo esa playera todo el día para ver si aún olía como Bill antes de exigir que se le informara de lo que había sucedido el día anterior.

—Bueno, ¡parece ser que estás haciendo algo bien! —Georg se rio después de escuchar la historia. Tom sólo lo golpeó en el brazo.

—¡Deja de salarme! —chilló.

 

Pero era demasiado tarde.

Bill había recibido el regalo más reciente.

Era una playera de una banda que siempre promocionaba y de la que sólo muy poca gente había escuchado. Tom, porque Bill lo había dicho, escuchó a la banda del sur de Alemania llamada Vampire. Resultó que también le gustaron un poco y decidió que un buen regalo sería una playera de ellos porque nunca había visto a Bill usar una.

Y su corazón voló a la luna cuando Bill entró a su clase de escritura usando esa misma playera.

El rostro de Tom se ilumino como un árbol de Navidad. Georg, quien sabía lo que era el regalo, le codeó y le sonrió. Quizás Tom realmente estaba llegando a algún lugar con eso. Lo que Georg no sabía, hasta que vio a Bill entregarle un pedazo de papel a Andi, era que Tom le había añadido una nota.

Cos since three years I got an eye on you.
- De tu admirador secreto.

Tom, accidentalmente, había escrito su nombre después del “admirador secreto” y era obvio, porque había una enorme mancha de tinta que claramente cubría su nombre. Intencionalmente había escrito la nota en inglés horrible porque esa era la línea de una de las canciones que cantaba la banda de la playera… Excepto que Tom había sustituido un año por tres, porque era el tiempo que tenía de estar enamorado de Bill.

Bill estaba claramente emocionado por la nota y Tom estaba bastante orgulloso de si mismo porque a Bill, obviamente, le estaba gustando el regalo…

Hasta que fue hora de sacar los libros de las mochilas y Tom notó la misma playera que Bill estaba usando también guardada en SU mochila.

Tenía dos.

Un gemido muy audible salió de Tom y Bill volteó justo a tiempo para ver a Tom golpearse la cabeza contra el escritorio.

—Fallé de nuevo, Geo —Tom se quejó miserablemente pero muy bajito. Le tomó a su amigo unos minutos pero eventualmente Georg notó las dos playeras. Día tres de febrero y Tom aún tenía que hacer algo exitosamente para  cortejar a Bill. Era realmente gracioso, en verdad.

 

El hecho de que no sólo trajera puesta una playera de Vampire, sino que también le regalaron otra – la misma – era de todo lo que Bill quería hablar en clase de ciencia. Eso y cuan asombrosa era la banda.

—¿Ya los has escuchado, cierto? —el de cabellos oscuros le preguntó.

Tom sólo pudo sonreírle. —Te aseguraste de que lo hiciera. Varias veces.

Bill se rio, claramente culpable. —Bueno, tenía que asegurarme. Porque son geniales. Y el cantante tiene el trasero más firme conocido por la raza humana —Tom realmente no quería saber que hizo Bill con el cantante y trató de aparentar no estar muy azorado—. Me refiero al último concierto al que fui, Rene estaba cargando a Tobi en sus hombros y después de que se inclinó para bajarlo. Traté de cerrar la puerta y no quería, la muy. La abrí para ver que la estaba bloqueando y vi a Rene con el trasero levantado. Babeé por todos lados. ¡Nada puede mover esa retaguardia, déjame decirte!

Tom sabía a cuál de los dos cantantes se refería y sólo pudo suspirar. No tenía ni un solo parecido con él. Aparte del cabello largo, pero el de Rene era lacio y negro y el de Tom eran rastas rubias. Suspiró más pesadamente, sabiendo que no estaba ni remotamente cerca del tipo de Bill.

—¿Qué sucede? Pareciera que tu perrito fue atropellado —Bill preguntó después de haber terminado de compartir su pequeña anécdota.

—Oh no, no pasa nada.

Bill le palmeó el brazo y Tom tuvo que verse obligado a mantener la placentera sensación bajo control. Estaba seguro de que Bill lo había sentido, y aún así parecía bastante ignorante.

Estuvieron callados por un rato y Tom se pateó mentalmente por haber matado el momento. Cuando faltaba algo como diez minutos para que se terminara la clase, tuvo el nervio para volver a reiniciar la conversación.

—Entonces, uh… esos regalos que te están llegando… ¿Qué piensas sobre eso?

—Son muy tiernos, ¿sabes? Me gusta la idea de tener un admirador. Y me gusta que me den regalos, pero este chico parece que está perdido en el aspecto del que darme. Me gustó que esta vez fuera más personal. La playera fue genial y la amo. Ya la tengo pero obviamente significa que le gusto si consiguió una para mí. Quizás soy demasiado complicado para que me compre algo… ¿Soy demasiado complicado, Tom? —pero antes de que pudiera preguntar, Bill se rio—. Cierto ¿Por qué tendrías que saber? Nunca me has dado algo, así que no sabrías. Realmente necesito aprender a pensar antes de hablar, sabes.

Tom sólo pudo sonrojarse, una sonrisa tonta en el rostro mientras escuchaba a Bill platicar. Maldijo la campana cuando sonó pero Bill dijo que lo vería después y eso causó que mariposas comenzaran una batalla en su estomago, de nuevo.

Esa noche, después de la escuela, se encaminó al centro comercial para ver si encontraba algo mejor para Bill ahí. Tenía una idea de lo que quería comprarle, pero después del comentario de que le gustaban más las cosas personales, Tom decidió tachar la idea número cuatro y reemplazarla con algo mucho mejor.

+.+.+.+

 

Notas finales:
¡Ese Tom!

Devi R. Black
Viernes por Devi

VIERNES

+.+.+.+.+.+

Era el último día de clases antes del fin de semana y Bill tenía otro regalo esperándolo. Estaba en una de esas tontas bolsas de regalo de San Valentín y estaba pegada con cinta en su locker. Tom sabía que nadie se atrevería a llevársela o tan siquiera fisgonearla – nadie se atrevía a provocar a Bill así. Pocos podían soportar sus berrinches de diva y nadie causaba uno. No desde aquella vez en noveno grado.

Así que Bill tenía una bolsa pegada a su casillero y se moría por ver que le esperaba.

Abrió la bolsa y sacó el papel que contenía, encontró un pequeño anillo envuelto cuidadosamente en el delgado papel de corazones. En realidad parecía una corona, decidió. Pero el corazón morado al frente era bellísimo. Soltando un chillido de emoción se lo puso en su dedo.

Bueno… lo intento. Probó en todos sus dedos, pero era muy pequeño.

Soltando un lamento decidió desabrochar uno de sus collares y poner el anilló ahí. Claro, por fin obtiene el mejor regalo de todos y no le queda. De acuerdo, sus dedos lucían más delgados de lo que en verdad eran. Su admirador lo había intentado y tuvo éxito… excepto por ese pequeño detalle.

No estaba seguro como se sentía en respecto a lo del admirador. En verdad amaba la atención y aún más los regalos. Y cada vez que Tom veía a Bill parecía estar emocionado por eso. ¿Pero la realidad? Sentía que este chico le estaba dando todas esas cosas sin saber nada sobre él. Era demasiado trabajo por un pedazo de culo, pero Bill comenzaba a creer más y más que sólo lo hacía para metérsele en los pantalones. Sabía que los hombres harían cosas ingeniosas para asegurarse algo de sexo.

Secretamente era un romántico y en verdad quería creer que este muchacho le enviaba cosas porque en verdad gustaba de él. Pero al mismo tiempo, el día de San Valentín se acercaba y ese era un día que Bill odiaba desde que los maestros dejaron de obligar a los niños a enviar tarjetas de San Valentín. Bill no había recibido alguna ese año y se dio cuenta a tan temprana edad que ese día era una porquería donde se esperaba que la gente mostrara atención por otra.

Lo odiaba. ¿Cómo podría una persona decir que amaba a otra pero sólo demostrarlo una vez al año? ¿Esa persona no era lo suficientemente buena los otros días del año? Era cierto que esos regalos no se los estaban dando el día de San Valentín, pero el significado era el mismo.

Pero cada vez que trataba de ser el mismo cínico de siempre ante la situación, se le recordaba que tenía regalos. Los regalos eran una buena distracción.

Sin embargo Tom le estaba dando regalos porque en verdad le gustaba Bill y no sabía como más demostrárselo.

Así que estaba esperando ansiosamente a que Bill entrara a la clase con su nuevo anillo en uno de sus dedos. Pero no estaba ahí. Le tomó un par de devastadores segundos el realizar que estaba en una cadena alrededor de su cuello.

—La cagué. De nuevo —Tom gruñó derrotado. Lo dijo más fuerte de lo que esperaba y varios voltearon a verle. El maestro le amonestó con un “cuide su lenguaje” y el resto de los estudiantes simplemente voltearon a mirar el pizarrón. Pero Andreas sé le quedó mirando un poco más, los engranes en su cabeza claramente trabajando.

Si Tom no hubiese esta tan ocupado admirando su cuaderno como si fuera lo más fascinante en el mundo, hubiera notado el ligero intercambio entre Andi y Georg, porque el rubio le miró con una ceja levantada. Georg le respondió con un casi imperceptible asentimiento de cabeza y ambas cejas de Andi se levantaron en sorpresa pero el pelilargo le indicó con la cabeza que no. Un asentimiento después ambos regresaron a su trabajo.

 

Durante el resto de la clase y la de ciencias, ni Tom ni Bill estuvieron conscientes de la silenciosa discusión entre sus amigos. Desafortunadamente para Tom no había experimentos para hacer ese día, lo cual significaba que estaba sentado en el lado opuesto del laboratorio a su chico de ensueño, soñando despierto y dibujando garabatos por toda su libreta.

Sintiendo varios ojos encima, el muchacho de cabellos oscuros se giró un par de veces en dirección a Tom y le  saludaba ligeramente cada vez que lo atrapaba mirándolo. Se le había ocurrido, una sola vez, que Tom podría ser su admirador. Sabía que el rubio le miraba mucho pero se imaginó que tenía que ver solamente con su cabello y sus rarezas. Incluso a Bill algunas veces le resultaba difícil dejarse de mirar cerca de alguna superficie reflejante.

Tom no podía hacer otra cosa más que mirarlo fijamente, deseando poder ser valiente y atreverse a acercarse a Bill apropiadamente. El ser capaz de invitarlo al cine o algo así en lugar de murmurar un hola entrecortado.

Cuando finalmente pudo quitar sus ojos del otro muchacho, miró su libreta, la cual estaba cubierta de garabatos. Mordiendo su pluma, Tom intentó pensar en un par de cosas que le pudiera regalar a Bill que no incluyeran medidas o tallas que pudiera confundir.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Lunes por Devi

LUNES

+.+.+.+.+.+

El fin de semana llegó y se fue y Tom había usado ese tiempo al máximo tratando de encontrar cosas para ganarse los afectos de Bill.

Pero sólo encontró una cosa. Tenía ideas para lo que quería hacer los otros días, pero sólo una se compraba en una tienda. Decidió que ese artículo sería una perfecta idea para el lunes. Estaba emocionado más allá de lo decible cuando Bill entró en la clase de escritura con un pequeño peluche de león en su mano.

No sólo era un pequeño león de San Valentín que tenía un “You’r my MANE squeeze” escrito en su playera, pero también funcionaba porque Bill había puesto su cabello en una melena esa mañana. Combinaban perfectamente.

Tom estaba realmente nervioso por ese regalo. Bill, quien amaba ser halagado, odiaba ser copiado. No estaba seguro de si el muchacho de cabellos negros vería eso como un halago o como una manera de hacerle burla. Afortunadamente, lo comprendió como lo que era y lo adoraba.

—Lo voy a llamar “Secreto” —Bill le anunció a su amigo Andreas, pero Tom escuchaba la conversación perfectamente.

—¿Secreto? ¿Por qué?

—Porque no tengo ni idea de quien lo envió. Es un secreto —se encogió de hombros como si eso fuera lo más obvio.

—¿Por qué no lo nombras Tom? —Andreas sugirió con una sonrisa. El rubio miró hacia donde Tom, en la parte trasera del salón, quien estaba totalmente enfocado en su libro como si nunca lo hubiera leído, rezando porque su rostro no estuviera rojo.

—¿Tom? ¿Por qué? Eso sería insinuar que Tom me ha estado enviando los regalos. Dios, a veces eres tan tonto, Andi —Bill dijo riéndose ligeramente.

—Oh sí, cierto. Porque Tom, quien constantemente te está mirando todo el tiempo, no está loco por ti.

—Él sabe apreciar el hecho de que soy sexi —Bill bromeó—. Pero no significa que yo le guste. Y el león se queda con Secreto.

Su conversación se detuvo cuando el maestro entró al salón.

—¡Georg! —llamó la atención del castaño—. Sin dormir en mi clase.

Georg, quien había estado sentado con sus brazos doblados sobre el escritorio y su cara entre ellos viendo la mesa, levantó su cabeza y había lágrimas en su rostro.  Había intentado tan duro el mantenerse callado durante la conversación de los otros dos pero cuando les vio mirándole no pudo resistirlo y estalló en carcajadas. Estaba prácticamente aullando y agarrándose el estómago, pareciendo un idiota porque nadie sabía exactamente porque se estaba riendo.

Pero Tom sabía y su rostro se puso mucho más rojo mientras pateaba a su amigo en una pierna.

—¿Qué es tan gracioso, Georg? —el maestro le preguntó, las cejas levantadas molesto.

—Bill, hoy viene instalado en comediante al parecer.

Después de un mili segundo de parecer confundido, Bill simplemente plasmó una sonrisa – incluso si aún no tenía ni idea de que estaba sucediendo – y se encogió de hombros desinteresado. —Soy un caos, qué puedo decir —sonrió.

El maestro sacudió la cabeza y se giró hacia el pizarrón para escribir el tema del día. Mientras Bill ponía a Secreto en su regazo y se preparaba para escribir, Andi miró hacia Georg y el castaño le asintió con la cabeza. El rubio sonrió y miró  a Tom con una ceja arqueada. El muchacho de rastas repentinamente entendió la plática silenciosa de los otros dos y miró con la boca abierta a Georg antes de golpearlo en la cabeza.

Andi se giró de nuevo y Tom lo vio susurrarle a Bill. Su pánico mental se reflejó completamente en su cara y sólo empeoró cuando Bill le volteó a ver con una sonrisa. Tom sólo le sonrió tímidamente y agitó su mano en saludo ligeramente. El moreno sonrió aún más y le saludo de vuelta antes de regresar su atención a Andi y susurrarle también.

Tom sólo se hundió en su asiento, rogando porque el suelo se lo tragara. ¡No se supone que pasaría de esa manera! No se suponía que Georg dijera algo; no se suponía que Andreas supiera; Y Bill, se supone que no sabría hasta el Día de San Valentín donde Tom le daría su regalo final, profesándole su amor, ¡y Bill se volvería su novio! … Bueno, no era como si eso fuera a pasar pero era todo por lo que Tom deseaba. Y ahora nunca pasaría.

 

Tom hizo planes para evitar a Bill todo el día pero falló cuando la clase de ciencias llegó. El maestro les hizo juntarse en parejas con la última persona con la que hicieron un experimento y se suponía que tenían que leer algo y discutirlo. Eso significaba que Bill estaría con Tom, pero el de rastas no se movió de su lugar así que Bill lo hizo. Se sentó junto a él con una sonrisa brillante.

—¡Hola, Tom!

—Hola, Bill —fue la respuesta callada que dio.

—¿Estás bien? —Bill le preguntó. Tom era muy callado cuando estaban juntos, pero hoy estaba inusualmente callado.

El de rastas asintió con la cabeza y se dijeron un poco más de palabras antes de ponerse a trabajar. Pero la suerte no estaba del lado de Tom ese día.

Terminaron temprano.

Y terminar antes significa que hay tiempo para charlas, lo cual Bill hacia a cada oportunidad posible.

—Me he estado muriendo por saber - ¿por qué te veías tan asustado en la primera hora? —Tom gruñó y escondió su rostro. Tampoco se suponía que Bill fuera tan directo con eso—. Andi me dijo que me girara y viera cuan asustado lucías. ¿Qué lo causó?

—¿No lo sabes? —Tom preguntó, aprovechando la oportunidad de mirar a Bill a los ojos.

Todo lo que vio fue honestidad y curiosidad mientras sacudía su cabeza negando. —No tengo idea.

Tom le sonrió tímidamente. —No era algo importante —siguieron hablando cuando de repente Tom se dio cuenta de algo—. Oye ¿Bill?

—¿Hmm? —el otro le miró y Tom estaba seguro que su enamoramiento hacia Bill se volvió más grande con sólo esa mirada.

—Sólo… En la mañana andabas por ahí con un animal de peluche ¿Qué le pasó?

El labio inferior de Bill se levantó en un puchero. Rebuscó en la mochila que traía consigo  y sacó el peluche mencionado.

Tom estaba completamente mortificado.

“Secreto” había sido llenado de pintura de varios colores por todos lados. Su melena estaba en pedazos duros y la pequeña playera que vestía estaba arruinada.

—Luce justo como yo lucía en noveno grado —Bill intentó bromear. Tom sabía que Bill era molestado muy seguido durante el primer año. Eso duró hasta que el muchacho había tenido suficiente y fue y le rompió la nariz a uno de los individuos. Tom recordaba los días en que siempre lo llenaban de pintura y le decían de cosas—. Fui al armario de materiales por unos minutos, pensando que estaría seguro en mi escritorio. Cuando regresé dos minutos después ya lucía así. Bueno, su playera estaba sobre su cabeza para que no pudiera ver.

—¡Eso es horrible!

—Lo sé ¿verdad? No debí de haber dejado a Secreto solo. No sé… Espero que mi mamá pueda limpiarlo todo y hacer que luzca tan bien como si fuera nuevo. Aunque siempre va a oler a pintura —Bill se dio cuenta y arrugó la nariz.

—Quizás si lo rocías con el spray que usas huela bonito.

La cabeza de Bill se giró rápidamente en su dirección. —¿Estás diciendo que huelo bonito, Tom? —le provocó juguetonamente.

Tom se puso rojo como tomate. —Yo… yo solos de-decía…

—Está bien. Sólo me gusta ver como te pones todo rojo de repente. Sé que huelo rico.

Y antes de que Tom pudiera decir algo más, la campana sonó y Bill desapareció.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Martes por Devi

MARTES

+.+.+.+.+.+

El león de peluche del día anterior había salido muy bien, pensaba Tom. Bueno, si no fuera por el incidente de la pintura. Con buena suerte la Sra. Kaulitz podría sacarla toda, aunque no parecía que fuera posible – Secreto se veía bastante mal – Tom sólo esperaba poder encontrar uno igual para reemplazarlo.

Pero el martes pedía un regalo nuevo. Tom no compró ese. No. Trabajó toda la noche en él.

A la mañana siguiente, Bill se topó con una bolsa de regalo nueva pegada en su casillero. Rápidamente la revisó, sacando un CD hecho en casa. Miró la portada, la cual no decía más que: para Bill. Dándole la vuelta, leyó el reverso, el cual tenía las canciones enlistadas en orden.

Thing For You by Jann Arden
OhneDich by Rammstein
More Than Words by Extreme

The Blower's Daughter by Damien Rice

Love Is Worth The Fall by O.A.R
U Got It Bad by Usher
Breathe by Faith Hill
Since The First Day by Vampire

Back At One by Brian McKnight
Iris by Goo Goo Dolls
L-O-V-E by Nat King Cole
Love Is Oxygen by SHINee

Kiss Me Thru The Phone by Soulja Boy

Luego había una línea de texto diciendo que la canción bajo la línea era sólo porque representaba la suerte de su admirador. Y luego estaba la susodicha línea y debajo una canción “Tragic Comic” de Extreme. No había letras remarcadas o algo en esa canción y Bill no estaba comprendiendo que su admirador literalmente lo deletreó para él. Estaba demasiado ocupado tratando de figurar quienes eran gentes como Nat King Cole. Había una variedad de música que no podía adjudicarle a una sola persona.

Abrió el estuche y encontró un Post it. B porque no pude encontrar ninguna canción que empezara con V. Bill leyó varias veces y se rascó la cabeza. ¿Qué tenía que ver eso con todo esto?

Fue dejado sólo en su confusión hasta que Gustav y Andreas llegaron. Les sacudió el regalo en la cara a los dos rubios hasta que Gustav lo tomó. Leyó la parte trasera rápidamente, sus ojos comprendiendo rápidamente lo que su amigo claramente no. Andreas se rió con ganas indicando que también había comprendido.

—Hay maaaas —Bill se quejó y abrió la caja. Les mostró la nota y Andi volteó el CD de nuevo, justo notando que decía “lubs”. Simplemente se rió a carcajadas y le regresó el CD a Bill.

—Bueno, en su defensa sólo existen como seiscientas canciones que comienzan con V, por otro lado hay más de seis mil que comienzan con B. Era más fácil encontrar una que se identificara con sus sentimientos y que empezara con B —Gustav razonó subiendo sus lentes.

Bill y Andreas miraron a su amigo antes de reírse. Sólo Gustav podría saber ese tipo de cosas.

—Como sea —Andi comenzó después de sacudir su cabeza incrédulo—. Ahora que obviamente ya sabes que Tom Trümper anda tras de ti ¿qué vas a hacer al respecto?

—¿Tom Trümper? —Bill parpadeó—. ¿Quién es ese y qué tiene que ver con todo esto?

Después de cerrar sus ojos y respirar profundamente, Gustav señaló el reverso del estuche del disco donde las letras estaban en negritas. —¿Ves? Tom T Lubs Bill K.

—¡Awww! —Bill soltó emocionado—. ¡Me quiere! Ahora… ¿Quién demonios es Tom T?

—¡El tipo de nuestra clase de escritura! —Andi chilló y bajó su tono cuando se dio cuenta cuanta gente les estaba mirando—. Es el tipo de rastas que está en nuestra clase de letras.

—¡Psh! Me estas mintiendo —Bill meneó la cabeza negando a su amigo—. ¿No se llama Tom Schmidt o algo así?

Gustav cerró sus ojos de nuevo mientras se masajeaba la frente y Andreas simplemente se golpeó en la cara con la palma de su mano.

 

Cuando la clase favorita de ciencias de Tom llegó, descubrió que era día de película simplemente porque el maestro admitió que no se sentía con ganas de enseñar ese día. Y con la idea de que tendrían que hacer trabajo de todos modos, los estudiantes ya se habían acomodado en parejas.

Bill y Tom estaban sentados juntos, sacando sus libros cuando el anunció se dio. Bill simplemente se encogió de hombros y decidió quedarse sentado junto a Tom. El último se sonrojó, el color volviéndose más brillante cuando vio a Bill sacar el CD.

—¿Es nuevo? —intentó preguntar de manera muy casual.

—Sí. Ese admirador me lo dio. Pero en serio, ¿quién hace CD’s y los da en la escuela? ¡Por favor! Digo, creo que esa es la única manera de hacerlo… pero ahora tengo que esperar todo el día para irme a casa y ni siquiera conozco la mayoría de estas canciones y ¡gah!

—¿Aún no sabes de quien es? —Tom prosiguió.

Dándole la vuelta al disco, Bill le mostró el TOM T LUBS BILL K—. Todos están así de “oh tiene que ser Tom Trümper” lo cual es ridículo porque ni siquiera sé quién es ese. Y sin incluir al chico Trümper ¿sabías que hay cuatro Tom T en esta escuela?

—No… en realidad no lo sabía… —Tom confesó. Quería arrancarse el cabello a jalones porque Bill aún no lo comprendía pero al mismo tiempo, estaba agradecido de que sus planes para el Día de San Valentín aún estuvieran funcionando – Bill aún estaría sorprendido.

—¿Quién lo haría? —Bill se encogió de hombros—. Tuve que ir a la oficina y preguntar. Pero de todos modos, como estaba diciendo –

—Bill… cállate —le dijo el maestro. Era algo que comúnmente salía de su boca y Bill solamente le sonreía, prometiendo que intentaría estar callado. Intentar siendo la palabra clave porque nunca sucedía y simplemente el maestro había perdido las esperanzas de que sucediera.

Se mantuvo relativamente callado, girando el disco distraído entre sus manos mientras la película comenzaba. Tom frunció el entrecejo ligeramente al escuchar la música y fue sólo segundos después de la primera imagen de una planta en la pantalla que la mente de Bill conecto las dos cosas.

—¡Porno vegetal! —gritó—. ¡Mi favorita! —la clase se rio, mayormente porque en verdad sonaba como música porno. Escuchó una suave risa a su lado y se giró con una enorme sonrisa hacia Tom, quien le miró con una sonrisa bien puesta también.

Por el rabillo del ojo, y mientras Bill miraba a las plantas haciendo porno, Tom le miró a él. Preguntándose cuan afortunado era de tener a Bill sentado junto a él y su mente se desvió a cuan maravilloso sería sí Bill realmente fuera su novio. Fue muy cuidadoso de no quedarse dormido, porque sabía que si sucedía, soñaría con Bill y eso sería muy, muy vergonzoso. Así que dejó a su mente vagar en lo que tendría que preparar esa noche para el regalo de Bill del día siguiente.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Miércoles por Devi

MIERCOLES

+.+.+.+.+.+

Tom estaba ligeramente sorprendido de cuan lento podía ser Bill para darse cuenta de que era él su admirador. Sabía que era listo - ¡Bill estaba en la lista de honor, por Cristo! Pero esas calificaciones no tenían absolutamente nada que ver con el sentido común. Pero incluso así, Tom no estaba tan seguro de que Bill fuera tan estúpido como aparentaba ser.

Pero definitivamente iba de maravilla con sus planes y estaba agradecido por ello. Si a quien él llamaba “demasiado hermoso” se le enfrentaba, dudaba de que tuviera las pelotas para invitarlo a salir. Era uno de esos pensamientos que le invadieron mientras elaboraba el regalo de Bill para el día siguiente.

 

Cuando Bill llegó a la escuela, el paquete parecía… de alguna manera diferente. Podría ser que había más papel del normal. Sin embargo, Bill lo abrió igual, sacando un contenedor de plástico. Sobre de él había una nota que decía se suponía que eran corazones y junto al texto había una pegatina de una figurita escondiendo su rostro.

Bill quitó la enorme nota y miró a través de la tapa.

¡Su admirador le había hecho galletas!

Bill soltó un grito emocionado, amaba demasiado las galletas. Tomó una galleta de forma extraña y estaba a punto de darle una mordida cuando escuchó a Gustav.

—Parece un pato. Un pato rojo —le dijo a Andi. Bill bajó la mirada y vio la forma de pato inmediatamente incluso a pesar de que la nota decía que se suponía que eran corazones. Había chispitas rojas sobre ellas, así que parecía como que un pato muerto, pero uno al final de cuentas. Gustav sacó su libro de la mochila y buscó en el índice—. Patos, aquí vamos. Hmm. Patos se supone que significan fidelidad, también honestidad y simplicidad —les informó antes de volver a meter el libro en su mochila de nuevo.

—Genial… —Andi dijo con tono monótono—. Creo que eso realmente no importa aquí Gus. Estoy seguro de que solamente perdió el cortador de corazones.

Mientras tanto, Bill estaba felizmente masticando su galleta de “pato” Para cuando la campana sonó y caminaron a clases, ya estaba terminándose la segunda galleta.

—Realmente estoy impresionado —Tom escuchó a Bill al entrar al salón—. Estas son muy buenas.

El rubio no pudo evitar la sonrisa que se instaló en su rostro, no importando cuantas veces tratara de esconderla. Justo cuando estaba por sentarse, Bill vio a Tom sonriéndole y en respuesta le sonrió enormemente  también, ofreciéndole una galleta.

—¿Quieres un Pato de Mierda?

—¿Disculpa? —Tom parpadeó.

—Se supone que sean corazón de San Valentín… parece un pato ¿ves? —sostuvo una atrocidad de galleta para que la vieran todos—. Y dado que San Valentín es el Día Internacional de San Mierda, Patos de Mierda parece un buen nombre. ¡Aunque realmente saben bien!

—Y-yo pasó. Estas hechas para ti y eso —Tom dijo suavemente.

La clase entera estaba observando la interacción entre los dos, la mitad divertida y la otra mitad sorprendida de que Bill fuera tan ciego para notar las miradas que Tom le daba. Miradas que Tom, por supuesto, no se daba cuenta que hacía.

 

Nadie molestaba a Tom por su obvio enamoramiento con Bill – había sido ya tanto tiempo que todos sabían de eso – y la escuela entera sabía que tenía que ser él dándole al otro adolescente todos esos regalos. Nadie decía nada porque querían saber cuánto se tardaría el otro en darse cuenta o actuar.

Sólo observaron a Tom esperar ansiosamente para que Bill le acompañara en clases de ciencias.

Bill llegó pero un poco tarde. Su rostro parecía un poco cenizo y se sentó en la mesa más cercana a la puerta. El muchacho puso su cabeza sobre sus brazos, recostándose sobre su escritorio y no se movió incluso cuanto Tom se levantó de su lugar y fue a sentarse junto a él para asegurarse de que estuviera bien.

Unos minutos después de que Bill yaciera ahí, alguien tocó a la puerta. Siendo el más cercano capaz de moverse, Tom se levantó y la abrió.

Era Gustav que entró con una botella de ginger ale y unas galletas saladas. Las puso junto a su amigo, le tomó la temperatura con los labios fruncidos antes de asentir ligeramente y dejar el salón. El resto de los estudiantes y el maestro se miraron entre ellos antes de sacudir las cabezas y devolver su atención al trabajo que tenían que hacer ese día.

Excepto Tom. Se sentó de nuevo junto a Bill y le sobó la espalda al otro en un intento de calmar lo que fuera que le aquejaba. Se escuchó una arcada seca y Bill se levantó de golpe y salió prácticamente volando por la puerta antes de que alguien pudiera decir nada. Tom se quedó sentado, medio atontado por un momento, antes de levantar y seguirle.

Encontró a Bill en el baño, vomitando hasta los intestinos y, a pesar de que eso le asqueó un poco, entró al cubículo de minusválidos que estaba abierto y sostuvo el cabello de Bill. Pensando que era Andi, Bill se recargó contra él cuando hubo terminado. Se retiró rápidamente cuando se dio cuenta que el cuerpo de Tom no se parecía, de ninguna manera, al de Andi.

Cuando Bill se giró y le miró, Tom le sonrió preocupado. —¿Puedo llevarte a la enfermería? —le ofreció.

Bill asintió y procedió a usar a Tom como muleta para llegar ahí.

Si fuera una situación diferente. Tom hubiera estado muy emocionado que quizás no hubiera sido capaz de soportarlo.

 

Pero Tom se mantuvo quieto porque el llevar a Bill a la enfermería era mucho más importante que regocijarse en el hecho de que el brazo de Bill estaba abrazándole. Cuando llegaron a la pequeña habitación que funcionaba como enfermería, dejó a Bill muy cuidadosamente sobre una de las camas antes de ir en busca de la enferma.

Se sentó cerca mientras la mujer le revisaba.

Y Tom escuchó la peor cosa de su vida.

—Creo que fue algo que comí —Bill gimió patético.

—¿Comiste hoy algo diferente de lo que usualmente comes?

—Comí galletas que… un amigo mío hizo.

—Entonces tengo que decir que tu amigo no sabe cocinar. Estoy seguro de que es eso. Te escribiré un justificante para tus demás clases, luego quiero que vayas a casa a descansar. Deberías de estar bien para mañana.

Bill le agradeció y sacó su celular, mandándole un mensaje a Andi preguntándole si podía llevarlo a casa antes de que Tom pudiera tan siquiera ofrecerse.

Después de unos minutos, el rubio llegó y ayudó a Bill a salir de la escuela, dejando a Tom parado ahí preguntándose cómo tan grandiosa idea pudo salir tan terriblemente mal.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Jueves por Devi

JUEVES

+.+.+.+.+.+

Cuando la mañana del jueves llegó, Bill se despertó lentamente esperando sentirse como si un dinosaurio le hubiera pasado por encima. Pero sorprendentemente cuando se estiró y se levantó, su malestar de ayer había desaparecido. Con un suspiro de alivio, se dejó caer en la cama de nuevo y contempló el quedarse en casa ese día.

Pero la necesidad de ir al baño le ganó y se levantó de la cama. Y dado que ya estaba de pie comprendió que mejor se comenzaba a arreglar para la escuela.

Y no estaba muy seguro de como se sentía ante la falta de regalo en su casillero.

No había algo. Ni bolsa, ni nota, ni un objeto aleatorio en el piso.

Por fuera, Bill sólo se encogió de hombros y se puso a esperar a sus amigos. Pero por dentro se preguntaba por qué no le había dejado algo. Dolía, pero debió de haber esperado eso. Bill no había sido muy amable en cuanto a los regalos, pero el Día de San Valentín estaba acercándose  y sabía que absolutamente nada bueno vendría de ese día.

Pero su admirador no se había rendido a pesar de algunos comentarios. Hasta ahora.

Andreas y Gustav llegaron interrumpiendo sus pensamientos.

—¿Dónde está? ¿Dónde está el regalo número ocho? —Gustav preguntó mientras acomodaba sus lentes.

—No llegó —Sus dos amigos parecían sorprendidos así que Bill siguió hablando—. Yo digo ¡qué bueno! Ya tuve dos atentados contra mi vida en el lapso de una semana. Realmente no quiero otro aquí gracias.

—Bill ¡él no estaba tratando de matarte! —Andi soltó azorado.

El muchacho sólo rodó los ojos. —Bueno, obviamente. De cualquier manera, estoy feliz de que se terminara —cruzó sus brazos sin expresión alguna. Los otros dos rubios se miraron entre ellos y trataron de sonreír. Bill estaba herido y por eso, se la iba a pasar haciendo pucheros y renegando hasta que se le pasara. Eso era algo que podría llevarse su tiempo porque justo cuando uno creía que Bill se había olvidado, lo mencionaba y su relativamente silencioso berrinche comenzaría de nuevo.

 

Tom sabía que algo no estaba bien en el segundo que Bill entró al salón y pensó que quizás era por todo eso de los regalos. Esperaba que eso se solucionara pronto cuando fuera entregado.

Pero como los pasados siete intentos, éste no salió para nada bien.

El regalo de Tom simplemente era un dulce-grama que la escuela estaba haciendo. El Consejo Estudiantil lo había organizado y se la pasaban todo el día, de clase en clase, entregando bolsas pequeñas de dulces a cada persona a la que se la había comprado una. Nombres fueron llamados y Georg se encontró a si mismo con tres –todos con halagos a su cabello – y Tom con uno.

Bill no obtuvo ni uno solo.

La escuela entera había asumido que Tom le daría uno a Bill, así que era terreno que no querían ni siquiera pisar. El rubio simplemente era demasiado adorable y se veía tan desesperado que, en verdad, todos deseaban que pudieran estar juntos.

Pero nadie del Consejo de estudiantes dijo el nombre de Bill.

El muchacho de cabellos oscuros simplemente se encogió de hombros restándole importancia cuando notó que la gente le miraba. Les iba a demostrar que el simple hecho de no recibir algo como un dulce-grama no le afectaba, porque en verdad no le molestaba. Mucho. En verdad, había esperado que su admirador hiciera algo, pero realmente no le sorprendía que no lo hubiera hecho.

“Día de San Mierda” era solamente para flores, chocolates, y promesas que uno no tenía la intención de mantener. Este era un claro ejemplo del porqué odiaba tanto ese día. Era simplemente para mostrar afecto en un intento de poder acostarse con alguien. No tenía nada que ver con los sentimientos, y si en caso de que fuera muy extenuante, simplemente paraban de hacerlo.

Y Bill no era alguien fácil de atrapar.

Que es exactamente el por qué su admirador se había rendido con él.

 

Tom pasó la primera parte del día asustado, incapaz de entender el porqué Bill no había recibido el dulce-grama.

La respuesta le llegó durante el desayuno. Tom y Georg estaban sentados en su lugar usual en frente de los casilleros mientras comían. La boca de Tom iba a una milla por minuto mientras expresaba todos sus pensamientos concernientes al dulce-grama. Georg simplemente le estaba escuchando.

Pero la conversación se detuvo cuando uno de los muchachos punketos de la escuela se paró frente a Tom, sus tenis pulgadas separados uno del otro. Tom levantó la mirada y se topó con una sonrisa amigable de un muchacho con moha.

—Ten —el muchacho dijo, la típica voz gay con la que hablaba no les sorprendió del todo. Quizás parecía muy rudo pero era muy dulce y gay así como se veía—. Estoy bastante seguro de que esto te pertenece. Bueno, entiendes lo que quiero decir —se rio.

Extendió su mano y le entregó el dulce-grama que Tom no había visto antes. Lo miró y leyó la tarjeta. Era el que estaba dirigido a Bill. —¿Cómo lo…?

—Se lo enviaron al Bill equivocado. Bill y yo tenemos el mismo nombre y las mismas iniciales, y de alguna manera terminé con él. Pero sé que no era para mí.

—¡Muchas, muchas gracias! —Tom dijo sonriéndolo al otro Bill. El muchacho asintió y se retiró por el pasillo rumbo hacia sus amigos.

 

Después del almuerzo, Bill ya estaba en el salón de ciencias antes de que Tom llegara, lo cual le sorprendió. Respirando profundamente, caminó hacia donde  su querido se encontraba dándole la espalda. Se paró junto a su escritorio y colocó la bolsa de dulces junto a la mano de Bill.

El moreno levantó la mirada sorprendido. Tom sólo le pudo sonreír tímidamente.

—Hubo un malentendido. Se lo dieron a un Bill diferente. Dijo que la nota no le aplicaba a él, así que supo que era para ti. Me lo dio a mí para que te lo entregara.

—Oh. Um, gracias —Bill sonrió antes de buscar la nota.

En verdad lamento lo de las galletas. No era mi intención que enfermaras. Así que pensé que esta vez me iría por algo que no pudiera arruinar.

Tom, quien había estado de pie junto a Bill mientras leía la nota, finalmente se fue a sentar. Bill le miró mientras masticaba pensativo un corazón de goma, los engranes en su cabeza girando.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Viernes por Devi

VIERNES

+.+.+.+.+.+

Cuando Bill caminó hacia su casillero el siguiente día, no estaba muy sorprendido cuando vio que de nuevo no había regalo. El día anterior había habido una confusión, así que - con la suerte de quien quiera que fuera su admirador – no le sorprendería si otro error sucediera.

Pero conforme se acercaba, se dio cuenta de que había un post-it pegado. Era de los mismos que había sido dejado dentro del CD y eso causó que sonriera ligeramente.  Pero murió rápidamente cuando leyó las palabras en la nota.

Asegúrate de venir a tu casillero al final del día. Muy importante.

Bill no estaba realmente seguro de si quería. El Día de San Valentín era el lunes y ya estaba planeando no ir a la escuela. Pero no le había dicho a nadie, ni siquiera a sus mejores amigos. ¿Podría ser que su admirador se metió en su cabeza y se enteró de ello? Bill tembló. Eso era asqueroso.

Pero no había más que hacer que esperar hasta que finalizara el día y ver cuál sería su regalo.

 

Pobre Tom.

Estaba tan emocionado, su cuerpo tembló durante todo el día debido al nerviosismo. Este era un regalo que sabía que Bill iba a amar. Se lo había dicho a Georg y después de unos minutos, éste le había dicho que era una idea espectacular y que debería de hacerlo. Tom no tenía ni idea que el castaño se estaba mensajeando con su nuevo y muy buen amigo, que iba por la vida bajo el nombre de Andreas, si Tom debería de darle ese regalo. Andreas había respondido que sí inmediatamente, sabiendo que Bill quería uno.

Y la emoción de saber que quizás podría ganarse los afectos de Bill con ese regalo era demasiado para soportarlo. Trató de mantenerse bajo control  – en verdad lo hizo – pero no podía. Y eso lo llevó a una serie de mini catástrofes durante todo el día.

Durante la primera hora, Tom se la pasó mirándole como siempre y accidentalmente chilló el nombre de Bill cuando el maestro le pidió que respondiera una pregunta. Todos estallaron en carcajadas y Bill rápidamente enterró su cabeza entre sus manos. Su cuerpo estaba temblando de la risa, pero también estaba muy rojo.

Tom había estado tan intrigado observando a Bill que había apagado la voz del profesor por completo, quien estaba discutiendo cuando la literatura erótica había aparecido por primera vez. No era parte de la lección pero con el día del romance a la vuelta de la esquina, el maestro pensó que debería de darles algunos hechos interesantes que los niños recordaran en verdad.

Por supuesto, cuando preguntaron si alguien tenía una idea en particular de quien fue el primer autor conocido en escribir sobre eso, y Tom respondió con un “Bill” muy alto, fue la causa de la risa de todos. Bill se estaba riendo en sus manos y miró a Tom, viéndolo por entre sus dedos. Cuando el maestro repitió lo que estaban discutiendo, el rostro de Tom era poco menos que invaluable.

Esa fue la primera hora y ya estaba mostrando las promesas de en lo que el resto del día le tenía previsto.

 

Ahora, Tom no tenía a Bill en su clase de física – afortunadamente. Pero eso no significaba que Bill no necesitara hablar con el maestro. Así que caminó dentro del gimnasio mientras Tom le daba la espalda a la puerta. Este último no tenía ni idea hasta que anotó un tiro de tres puntos durante su juego de basquetbol. Golpeó el aire con su puño y soltó un grito de alegría antes de dirigirse a las bancas para que otro jugador pudiera entrar a la cancha. Tom miró hacia donde el maestro entonces y vio a Bill. El muchacho de rastas tropezó y cayó sobre las gradas.

Por supuesto, cayó sobre un punto débil. La banca debajo de él colapsó y deslizó a todos los demás jugadores hacia él, haciendo que se apilaran encima de él. Todos se levantaron tan rápido como pudieron y Tom se sujetó de la mano que se extendió frente a él. Estaba casi totalmente de pie cuando se dio cuenta que era la mano de Bill. Quitó bruscamente su mano y en el proceso de caerse de nuevo, accidentalmente jaló a Bill encima de él.

Gritó de nuevo, sus caderas golpeando fuertemente con las de Bill. El moreno le miró con los ojos bien enormes, y Tom sólo pudo sonrojarse y murmurar que tenía astillas en el trasero.

Bill se rió y se levantó de encima de él, jalándole una vez más.

 

Pero no terminó ahí. No, aún le quedaba la clase de ciencias por sobrevivir. Lo emparejaron con Bill de nuevo, esta vez mientras disecaban ranas. Tom había hecho el corte inicial y habían tomado turnos para sacarle las entrañas. Justo acaba de sacar algo que no estaba seguro de que era y se giraba hacia Bill para pasarle los instrumentos.

El pelilargo estaba estirándose provocando que la parte baja de su estomago se mostrara. El tatuaje de estrella, que estaba estratégicamente colocado ahí, hizo que la boca de Tom se aguara y su mano, involuntariamente, cayó sobre la charola en la que habían estado colocando las partes de la rana removidas. Su mano golpeó un lado y la volteó, haciendo que partes de rana volaran por la clase y golpearan a otros estudiantes.

Bill terminó de estirarse y observó todo con una expresión de mortificación muy cómica. Había, por primera vez, logrado mantenerse fuera del rango de fuego, igual que Tom. Los otros en la clase estaban asqueados y una muchacha tuvo que correr al baño con la mano sobre su boca.

Después de eso, el maestro le dijo que sólo se sentara allí y no tocara nada.

 

Para ese punto sólo quería que el día acabara pero aún le quedaba una clase. Cuando faltaban 15 minutos para que el día finalizara, Tom recibió un mensaje de su tía, diciéndole que la buscara al frente de la escuela. El de rastas levantó su mano y el maestro asintió inmediatamente, habiendo sido informado del plan antes de que la clase comenzara.

Tom hiso su camino fuera de la escuela y saludó a su tía. Tomó el regalo que ella cargaba y lo mantuvo muy cerca de él mientras lo llevaba cuidadosamente dentro de la escuela. Tenía sus libros con él, así que simplemente se sentó frente al casillero de Bill hasta que la campana sonó. Se quedó justo ahí incluso a pesar de que el regalo estaba atado al casillero. Un grupo de gente rápidamente se formó y Tom pudo pretender que sólo era parte del gentío.

—¡Disculpen! ¡Muévanse! ¡Necesito pasar! ¡Dis-OH POR DIOS! —Bill gritó mientras se dejaba caer sobre sus rodillas frente al alegre desastre frente a su casillero.

Una correa había sido atada al locker y al otro lado estaba el más hermoso cachorro café con patitas blancas. Ella brincó y trató de darle besos a su nuevo amo. Bill la recogió en sus brazos y la abrazó y la besó repetidamente mientras se reía.

Una mano se acercó a acariciar al cachorro y Bill sonrió cuando sus ojos encontraron los de Andi. —Tú tuviste algo que ver con esto ¿verdad?

—Quizás pude haber mencionado que querías otro perro —fue la respuesta complacida.

—Eso fue estúpido e inhumano, imbécil. Dejando un perro aquí así como así —Bill frunció el ceño regañando a su amigo.

—No realmente —el rubio contraatacó—. Inhumano sería traerla aquí en la mañana. Tu admirador la trajo al final del día y te puedo asegurar que aún no la ha perdido de vista.

—Incluso así. Fue estúpido, irresponsable e inhumano —dijo abrazando al cachorro aún más. Sólo justo en ese momento notó la nota en su collar. Con curiosidad, la abrió y lo leyó en voz alta—. ¡Hola! Mi nombre es Brownie, pero puedes cambiarme el nombre si quieres. ¿Me llevarías contigo a casa? ¡Oh, claro que te llevaré a casa, dulzura! ¿Quién no? Pero ¿Brownie? ¿En serio? ¿Qué clase de idiota te nombra Brownie? Sí ¿Qué clase de idiota te llama Brownie? —le preguntó con su voz de bebé antes de abrazarla de nuevo.

Tom sólo pudo agachar su cabeza ligeramente. De hecho, le había puesto Brownie, pero aún así, no podía quitarse la sonrisa tonta de la cara al ver cuanto amaba Bill su regalo.

Bueno, hasta que lo escuchó hablar de nuevo. —Cuando encuentre a quien la dejó aquí, le voy a patear el trasero.

—¡No te preocupes por él! —Andi soltó mientras miraba a Tom—. Sólo mira a la pequeña Brownie ¿Cómo la vas a llamar?

Bill se quedó callado por un momento mientras lo pensaba. —Sika. Su nombre será Sika. Pero en serio, Andi, le voy a patear el trasero.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Lunes por Devi

LUNES

+.+.+.+.+.+

En dos partes separadas del pueblo, dos muchachos estaban temiendo el lunes. Era típico que la gente odiara los lunes, pero era peor para estos dos.

Era el Día de San Valentín – o el Día de San Mierda.

Uno de ellos sabía que le iban invitar a salir, el otro sabía que sería rechazado. Pero aún así ambos se dirigieron a la escuela.

Bill estaba sorprendido de que su casillero no estuviera cubierto de corazones de papel como otros perdedores le hacían con sus parejas. Pero estaba realmente agradecido por eso. Odiaba cuan horrible lucía todo eso.

Y como era de esperarse, parejas estaban saliéndose de los límites con sus muestras publicas de afecto y hacían sentirse enfermo a Bill. La gente era tan vacía. No mostraban tanto cariño en todo el año, sólo en este día lo demostraban porque era lo que se esperaba de ellos.

Bill en realidad había terminado con su último novio por el Día de San Valentín. Nunca le había demostrado a Bill excesivas cantidades de afecto porque le gustara, nunca hizo algo sólo porque si. Había esperado hasta ese fatídico día para reservar una cena romántica, para darle regalos. Bill lo había llamado superficial y le había dicho que se buscara otro novio. Si no podía tratarlo como oro todos los días, no lo merecía.

Desde ese día, Bill había sido considerado el Cínico de San Valentín.

Y ese era de quien Tom se había enamorado. Se había sentido destrozado cuando Bill se consiguió un novio, pero incluso después de que rompieran no tuvo los huevos suficientes para acercársele o tan siquiera hablar de algo que no fuera relativo a un proyecto.

Tom había desperdiciado cada día de la semana de Febrero tratando de cortejarlo, cada oportunidad escupiéndole en la cara de alguna manera. Ya no quería preguntarle a Bill, sabía que lo iba a rechazar. Pero al mismo tiempo, había llegado tan lejos como para darle la espalda a la meta.

Se sentó en clase de literatura, escuchando los comentarios cínicos que Bill hacia cada vez que el maestro les pedía contestar alguna pregunta relativa a San Valentín. Y en ciencias Bill se sentó del otro lado del salón, en su usual asiento.

Tom quería preguntarle en privado, no queriendo que le rechazaran enfrente de todos. Pero antes de entrar a clases no fue una opción porque Bill estaba rodeado y en el almuerzo no logró encontrarlo por ningún lado. Eso significaba que Tom tendría que esperar a que las clases terminaran, incluso si había gente a su alrededor.

Sin embargo, por primera vez desde que su intento de cortejo comenzara, Tom obtuvo un respiro. Iba de regreso a su última clase después de haber ido al baño y quién podría estar solo en el pasillo con él más que Bill Kaulitz.

El de cabellos negros estaba seriamente acercándose a la esquina y Tom no tuvo otra opción más que llamarle. Bill se detuvo y se giró para mirarle. Vio a Tom dirigiéndose hacia él y su sonrisa era amigable, a pesar de su actitud durante el día. Espero a que el otro le alcanzara.

—Hola Tom —dijo mientras se acercaba.

—Hola Bill. Uhm ¿Podemos, uh, hablar un momento?

—¿No estás ya hablando conmigo? —Bill le preguntó levantando las cejas. Se rio cuando Tom se rasco la nuca, su rostro rojo.

—Sí, uh, creo que sí. Mira. Ni siquiera sé como decir esto, incluso si lo practique un millón de veces enfrente del espejo esta mañana. Supongo que sólo lo haré y espero que no te importe mi parloteo incesante. Es sólo que parece que no puedo detenerme ahora —se rio avergonzado—. Como sea, uhm, sí. Yo sólo… como que me preguntaba y esperaba que quisieras salir conmigo alguna vez… —terminó, mirando sus pies.

—No —fue la respuesta que Tom había esperado y sólo pudo asentir mientras sentía como su corazón se rompía—. Si fuera otro día, diría que sí. Pienso que eres lindo, especialmente cuando te pones todo rojo y torpe. Otro día, Tom. Cualquier otro jodido día. Pero no. Elegiste este día del año que sabes que odio. Sólo eres como todos los demás ¿lo sabes? ¿Piensas que la persona con la que estas o la que te gusta sólo merece que te esfuerces cuando la gente espera que lo hagas?

La cabeza de Tom se levantó en ese punto y se descubrió mirándolo de muy mala manera. Pero Bill no dijo nada al respecto. Simplemente siguió desquitándose. —No estaba muy seguro de que fueras tú al principio, pero después de unos días lo supe. Me estaba haciendo el estúpido para ver hasta donde llegarías. Sí, seguro, hiciste exactamente lo que la sociedad esperaba de ti. Eres como el resto de ellos, Tom.

El rubio metió las manos en los bolsillos de su pantalón y sacó una rosa azul de origami que había hecho, junto con una galleta que compró en la tienda que decía “Te Amo”. Se los dio a Bill.

—Debí de haber esperado que reaccionarías de esa manera. Sabía que dirías que no. Sólo que nunca pensé que serías tan rencoroso. Sí, te invité a salir el día de San Valentín, pero pasé cada día hasta hoy tratando de demostrarte que estaba interesado en ti. Después de tres años finalmente pude juntar el valor para preguntarte, pero no sólo me rechazaste, me arrastraste por la mierda. Usé el día de San Valentín para mostrarte atención extra. Todos mis demás intentos fallaron, ¿así que por qué este iba a funcionar? Bill, sólo quería que vieras que veo el Día de San Valentín como un día de extra atención. Pero ambos pusimos nuestros puntos en claro. Así que no hay otra cosa que yo pueda hacer más que darte esto – una flor que significa lo imposible porque sabía que me dirías que no, y una galleta, que no te va a hacer que te enfermes, que dice como me siento. Eres demasiado bueno para mí, lo entiendo. Pero al menos puedo decir que lo intente.

Y con eso, Tom se giró y se alejó caminando. Trató de mantener su cabeza en alto pero con cada paso, una parte más de su corazón se desmoronaba.

 

Bill le miró partir, no había esperado que le hablara de esa manera. Pero cada palabra que el rubio había dicho se reproducía una y otra vez en su cabeza y lentamente comenzó a ver que el otro tenía razón. Había intentado cortejarlo en días pasados, simplemente todo le salió terriblemente mal. Y sabía que no debió de haber pisoteado al chavo que le gustaba de esa manera, simplemente estaba ofendido de que Tom pudiera pensar que por ser San Valentín podría ganarse su afecto. Pero comenzaba a ver que ese no era el caso.

Nunca había visto a Tom mostrarle cariño a nadie los otros días del año, porque Tom nunca había tenido un novio. Bill lo sabía porque durante el primer año de la preparatoria había pensado que Tom era lindo pero, conforme pasaba el tiempo, el sentimiento se volvía más fuerte. No les había dicho a sus amigos. No quería que se divirtieran con él de la manera en que Georg lo hacía de Tom.

Y mientras Tom comenzaba a dar vuelta en la esquina del pasillo, Bill se dio cuenta que estaba equivocado. Estaba a punto de dejar ir al que quizás fuera la mejor cosa que le pudiera pasarle en la vida.

 

Tom escuchó los pasos sordos detrás de él, pero no se giró, ni siquiera cuando los tenía cerca. No fue sino hasta que sintió una mano en su brazo que se detuvo. Levantó su mirada miserable y se topó con los ojos cafés de Bill. Estaba sorprendido y se le notaba; no había esperado que Bill fuera tras de él.

—Lo siento-

—No, no lo hagas. Dijiste lo que sentías.

—Pero no lo merecías. Estabas en lo cierto. Ignoré todo lo importante porque estaba tan aferrado a sólo ver las cosas malas porque es el día de San Mierda. Y después de todo lo que dije, no espero que me creas cuando digo que me gustas, desde hace tres años. Sí, quizás la jodiste con tus regalos, pero yo lo hice mucho peor —Bill se mordió el labio, dándose cuenta que sólo se estaba hundiendo más—. Lo que quiero decir es que no era mi intención alejarte. ¿Podemos intentar esto de nuevo?

—¿Cómo? —Tom preguntó muy bajito, tratando de no dejar que sus esperanzas se construyeran de nuevo. Mordió su labio confundido al principio cuando Bill le devolvió la galleta y la flor. Aclarando su voz, lo intentó de nuevo, esperando que esta vez si saliera bien—. ¿Te gustaría salir conmigo, Bill? —le preguntó en voz baja mientras le ofrecía de nuevo sus regalos.

Esta vez, Bill asintió con una sonrisa tomando los obsequios. —Sí, me gustaría.

La sonrisa de Tom no se podía volver más grande de lo que era mientras bailaba sobre sus pies. —Sólo una cosa…

—¿Qué? —él otro preguntó divertido.

—¿Puedo hacer algo que he querido hacer por tres años, ahorita?

Bill asintió. Su corazón se aceleró mientras esperaba un beso, pero en lugar de eso Tom tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de Bill. Si era posible, su sonrisa se hizo más grande. Era contagiosa y la de Bill también se hizo incontrolablemente enorme hasta que ambos comenzaron a reírse tontamente en el pasillo.

Tenían que regresar a sus respectivas clases, pero antes de que Bill se fuera, Tom le preguntó dulcemente si podía acompañarlo hasta su carro al terminar la escuela, a lo cual el pelilargo le dijo “mas te vale”.  Y luego preguntó que si podía anunciar el hecho de que estaban saliendo juntos. Entendiendo que quería decir  “sí, eran una pareja” a cualquiera que preguntara, Bill dijo “seguro”.

Regresó a su salón de clases con la flor y la galleta y una enorme sonrisa que parecía no querer desaparecer. Segundos antes de que la campana sonara, el sistema de anuncios de la escuela se encendió y la sobre excitada voz de Tom se escuchó.

—Bill dijo que sí —fue todo lo que dijo antes de apagarse de nuevo.

Pero todos sabían quien había hecho el anuncio. Y mientras Bill miraba boquiabierto a la bocina en su clase, shockeado de que Tom había querido decir literalmente anunciarlo, el resto de sus compañeros explotaron en aplausos y comentarios sobre de que ya era hora. Bill se rio y escondió su rostro.

Y aunque era Día de San Mierda, en verdad, Bill no podía evitar el estar feliz de que Tom le hubiera invitado a salir ese día en lugar de cualquier otro.

 

Notas finales:
Gracias por leer :D
Devi R. Black
Esta historia está almacenada en http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=43700