In A Time Of Need por Devi
Resumen:
Han notado que siempre son los hombres a quien se culpa de los viajes en el tiempo? Seguro, es la chicha la que viaja, pero SIEMPRE es por culpa del hombre.

Así que ¿qué pasa cuando Bill se descubré siendo arrastrado hacia Germania - en los años de 1100, por un guerrero de apariencia fiera, quien lo confunde con una mujer?

Tokio Hotel
Bill x Tom

Traducción autorizada por su autor Synnie de su historia homónima en Tokio Hotel Ficcion

Categorías: Músicos Personajes: Ninguno
Géneros: Accion, Aventura, Drama, Fantasia, Romance
Advertencias: AU=Universos Alternos, Contenido Hetero, Mpreg=Embarazo Masculino, Muerte de un personaje, Travestismo, Violencia
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 30 Completo:Palabras: 65053 Lecturas: 31755 Publicado: 16/06/13 Actualizado: 06/08/14

1. Prologo Uno por Devi

2. Prólogo Dos por Devi

3. Capítulo Uno por Devi

4. Capítulo Dos por Devi

5. Capítulo Tres por Devi

6. Capítulo Cuatro por Devi

7. Capítulo Cinco por Devi

8. Capítulo Seis por Devi

9. Capítulo Siete por Devi

10. Capítulo Ocho por Devi

11. Capítulo Nueve por Devi

12. Capítulo Diez por Devi

13. Capítulo Once por Devi

14. Capítulo Doce por Devi

15. Capítulo Trece por Devi

16. Capítulo Catorce por Devi

17. Capítulo Quince por Devi

18. Capítulo Dieciseis por Devi

19. Capítulo Diecisiete por Devi

20. Capítulo Dieciocho por Devi

21. Capítulo Diecinueve por Devi

22. Capítulo Veinte por Devi

23. Capítulo Veintiuno por Devi

24. Capítulo Veintidos por Devi

25. Capítulo Veintitres por Devi

26. Capítulo Veinticuatro por Devi

27. Capítulo Veinticinco por Devi

28. Capítulo Veintiseis por Devi

29. Capítulo Veintisiete por Devi

30. Capítulo Veintiocho por Devi

Prologo Uno por Devi

PROLOGO UNO: BERLIN, ERA MODERNA.

+.+.+.+.+.+

Bill Kaulitz suspiró, quitándose los lentes para apretarse el puente de la nariz ligeramente. Había estado trabajando en el mismo poster por dieciséis horas seguidas, y aún sentía que no estaba bien. Miró por la ventana, suspirando de nuevo al ver la oscuridad próxima saludando a sus cansados ojos. Retiró la mirada cuando escuchó un suave toque en la puerta. La perilla giró y unos ojos oscuros le miraron. Bill no pudo evitar sonreírle a la pequeña mujer del aseo.

—Hola, Constanzia, —Bill sonrió cansado.

—Hola, Malijaba —la mujer respondió, llamando a Bill por ese mote cariñoso de su tierra nativa.

 

Bill conocía a la vieja señora desde que se había mudado de nuevo a Alemania hace dos años. Había estado solo, sin algún lugar a dónde ir. Había gastado lo que le quedaba de dinero en el avión de regreso a su patria, y se apareció en el edificio donde actualmente trabaja sin nada más que su nombre, las ropas en su mochila, y un portafolio en su mano. Fue un movimiento estúpido pero que le había funcionado a favor al menos.

Su madre y padre, Simone y Gordon, se habían mudado a América cuando tenía catorce. Ahora tenía veintitrés, en casa, y solo. Sus padres habían muerto en un accidente de auto, y poco después, Bill había regresado a Alemania. Constanzia había sido la señora de la limpieza por unos años antes de que Bill llegara. Después de escuchar su historia, inmediatamente lo había llevado a su casa hasta que pudiera valerse por si mismo – algo por lo que él estaría eternamente agradecido.

—¿Por qué aún estás aquí, Malijaba? —La voz de Constanzia interrumpió sus pensamientos.

—Estoy tratando de hacer el poster de la revista.

—Tomas descanso, ¿escuchaste? Tú ir a casa y comer. Estar muy pequeño —Ella dijo, pellizcándole la piel del brazo gentilmente—. Necesitar carne en los huesos.

Bill se rio. —Está bien, lo haré —guardó su trabajo y comenzó a apagar su portátil. Había aprendido de la manera difícil a prestarle atención al extraño alemán de la mujer. La manera difícil siendo casi ser atado a una silla y ser forzado hasta que Constanzia estuviera satisfecha de que había comido suficiente. La mujer generalmente iba a su apartamento, llevándole galletas hechas en casa.

Antes de salir por la puerta, besó a la mujer en la mejilla. —Te veré mañana.

—Te veré entonces. Buenas noches, Malijaba.

Bill no pudo evitar el irse sintiéndose mejor. La presencia de Constanzia le provocaba eso. Era lo más cercano que tenía a una familia en dos años. Ella le daba ese poquito extra de ánimo.

Deteniéndose de camino a casa para comprarse una magnum de leche chocolatada, Bill caminó lentamente, disfrutando el ir y venir de la ciudad a su alrededor. Su apartamento estaba cuatro cuadras más allá, así que le daba tiempo de disfrutar un poco las cosas. Su vida era su trabajo. Su vida en América había sido del tipo social.

Nunca había estado en casa, vivía la vida nocturna, rodeado de sus amigos, asistiendo a fiestas. Si la fiesta era lo suficientemente buena, Bill estaba ahí. Era conocido. Sus padres se habían forjado un nombre, y Bill vivió espléndidamente por ello. Pero su mundo se había destruido cuando murieron. Simone y Gordon eran jóvenes, así que nunca pensaron que necesitarían un testamento, dejando a Bill con casi nada.

Bill se había visto forzado a crecer en una noche. Se había dado cuenta de quienes eran sus amigos, nadie. Ni uno sola alma que consideraba sus amigos estuvieron ahí para confortarlo, ayudarlo, o incluso para prestarle un hombro. Se dio cuenta que ya no vivía de las tarjetas de crédito de Papi, no podía vivir de los tabloides. Así que se había movido a la única cosa que podría hacer – moda.

Bill nunca había TENIDO que hacer algo él mismo, pero cuando ponía su mente en algo, lo hacía en grande. Así que tomó su portafolio al mejor editor de moda en Alemania. Sólo para ser rechazado. Pero había regresado a su oficina días después con un nuevo lote de diseños. Había ido cada día hasta que la editor estuvo impresionada finalmente para dejarlo entrar. Creció rápidamente, convirtiéndose en un diseñado de alto perfil y muy solicitado.

 Pero la fama aclamada no era algo para él. Tenía conocidos, y amigos que trabajaban, pero nada más. Usualmente nunca le molestaba, pero eran noches como esa cuando deseaba el tener a alguien que lo esperara en casa. Otra noche más de cenas de microondas. No es que no pudiera pagar un cocinero, era más sobre principios. Quería hacerlo él solo, así que lo haría.

Después darse una larga ducha caliente para relajar sus músculos, Bill envolvió su cabello con la toalla en un tipo turbante. Se puso sus pijamas de franela que serían su ruina si alguien las veía. De alguna manera, la franela, no importaba cuan calientita fuera, no estaba exactamente al último grito de la moda. Se preparó una cena que vio en la televisión y se dirigió al balcón. Dejando su comida en la pequeña mesa, entro en la casa para tomar una frazada.

Regresando a su cena comenzó a observar el cielo, donde las estrellas deberían de estar. Pero claro, estaba en la ciudad, así que no importaba cuan limpia estuviera la noche, nunca habría estrellas. Miró a un punto en cielo, donde imaginó que una grande y brillante estrella debería de estar. Pensó en su madre, y en como, cuando niño, siempre le hacía desear con la primera estrella que viera. Que haría que su deseo se hiciera realidad.

Su madre siempre lo convencía de que deseara por el verdadero amor, por esa única chica en el mundo que era perfecta para él. Bill había llorado, incluso aunque tenía quince, cuando le había dicho a su madre que él no quería una Encantadora Princesa. En lugar de eso, se había dado cuenta que quería un Príncipe. De la maravillosa manera en que era ella, había mejorado la situación cambiando unas cuantas palabras en su ritual. Bill sonrió con ese recuerdo. Nunca había sido demasiado viejo para tomar parte en esa tradición. Era algo que él y su madre habían hecho desde que podía recordar, incluso cuando pasó por la etapa de pensar que era muy tonto.

Era en ella en quien pensaba ahora, mientras buscaba las estrellas invisibles. Deseó por amor, por una familia, por gente que lo amara de la manera en que solía ser amado. Y para  mantener la memoria de su madre viva, de alguna manera, también deseo por el hombre de sus sueños.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi Riddle Black
Prólogo Dos por Devi

PROLOGO DOS: GERMANIA AÑO 1100

+.+.+.+.+.+

Tomas Trümper le gruñó al sol que se ocultaba. Había pasado no sólo la mayor parte del día, sino también la mayor parte de la semana ¡tratando de entender que tenía de especial ese báculo!

Había pasado casi una semana desde que su compañía se había encontrado con una banda de escoceses viajeros. Tom, un hijo bastardo de un Escandinavo, vivía por sus propias reglas: matar, comer o dormir con. Así que cuando se había topado con ese grupo de viajeros, decidió que quería lo que fuera que tenían. El grupo estaba muy lejos de casa. Mientras él y sus compañeros cabalgaban acercándose, los viajeros habían escondido el báculo rápidamente. Así que había hecho lo usual y los mató a todos. Por primera vez, deseó no haberlo hecho. Ahora tenía el bastón, con nudos movibles de los que no tenía ni idea de qué hacer con ellos.

—Knock, knock —una voz dijo tras entrar—. ¿Ya has descifrado el báculo?

Tom se giró hacia la voz, una sonrisa cansada apareciendo cuando vio a su segundo al mando, y su mejor amigo. —No, Georg. No entiendo esto. ¿Por qué esto necesitaba protección?

Georg se encogió de hombros. —¿Quizás magia de hadas, mi señor?

Tom mordió su labio pensativo. Era posible. La población de hadas de las Islas Escocesas era conocida, aunque los detalles no eran contados en Germania. Pero ciertamente explicaría el interesante pedazo de madera que tenía entre sus manos. Puso el báculo en la cama con cuidado, aún no estando listo para tenerlo completamente maltratado.

—¿Mi señor?

—¿Qué, Georg?

—He dicho que hay una caravana que se dirige hacia acá. Un mensajero ha llegado hace rato con una petición de muchas habitaciones, una cena grande, y una audiencia con usted cuando su señor llegara —Georg se repitió.

Tom asintió lentamente. —Prepara el salón, llama a la moza romana, y llegaré pronto —con un asentimiento rápido, el otro guerrero se retiro, dejando a su capitán en soledad.

Tom caminó hacia la ventana y miró el paisaje. Era algo que él podía llamar propio. El esposo de su madre lo desheredó al nacer, diciendo que su esposa era una cualquiera, porque nadie en su familia (ni la de ella) tenía cabello rubio. No tenía una herencia. Había aprendido a una temprana edad que si quería algo, tenía que trabajar por ello con toda su fuerza.

Paso sus dedos por el antes mencionado cabello. Estaba enredado y lo había estado por años. Al acercarse a la adultez, se había quedado solo; recorriendo los más remotos parajes, creándose un nombre.

Nunca se había preocupado por las apariencias. Sus largos mechones rubios se habían enredado y anudado entre ellos mismo en lo que sería, en un futuro, llamado rastas.

Su cabello sólo se sumaba a su apariencia barbárica. Sus ojos eran salvajes y su cuerpo era duro como la piedra. Tomaba todo lo que quería y nadie quien se parara en su camino vivía. Tom y sus hombres habían invadido una villa, reclamándola como propia. Los hombres no era más que un grupo de renegados que se juntaron, pero todos ellos admiraban a Tom, y todos eran bien remunerados por su lealtad.

Eran los habitantes los que habían costado mucho ganarse, aunque tras aprender que Tom cumplía con su palabra, la villa había comenzado a crecer. Tom mantenía a su gente bien protegida de los grupos atacantes e incluso de sus propios hombres. Había hecho que les quedara claro que las mujeres no eran para tratarlas mal, y que los niños deberían de ser defendidos por sobre todo. Ellos eran, después de todo, los futuros defendedores de su tierra.

Su villa había crecido hasta ya no ser eso, pero una fortaleza miniatura defendida, a la que él sólo llamaba su pueblo. Incluso había logrado que esos hijos bastardos de los romanos hicieran el trabajo. Sus mujeres trabajan en la cocina y eran las únicas mujeres que eran permitidas para que los hombres las tomaran a placer – en contra de la voluntad de las mujeres o no. Sus esposos trabajaban los campos.

Sería considerado barbarie en el futuro, pero por ahora era simplemente la vida. El pequeño puñado de romanos tenían sus vidas protegidas, y eran bastante bien alimentados  - lo cual era más que en otros lugares. Lo sabían y estaba agradecidos.

Los ojos de Tom se empequeñecieron al enfocar la vista en los montes. Sabía lo que venía. Mensajeros. Amenazas. Tom estaba solo. Sin esposa, sin hijos. Podrían fácilmente quitarlo y poner a su gente bajo el mando de otros. Era sólo su reputación lo que los mantenía alejados. Hasta que no eligiera una esposa y creara un heredero, sería un blanco.

No era nada despiadado, algo que los otros señores deseaban tener de su lado. Tom suspiró pesadamente, ya había tenido que despreciar a dos prospectos de esposas. No estaba muy seguro de que era lo que lo retenía – no, eso era una mentira. LO SABIA. La primera mujer parecía lo suficientemente vieja para ser su madre. La segunda no era su tipo, por decir algo. Realmente delgada y parecía enferma, se veía como si fuera a morir antes de que pudiera tan siquiera producirle un heredero.

Con una última mirada al báculo robado, Tom dejó su habitación para ir al salón principal, para poder estar presente cuando el grupo de viajeros llegara.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Y conocimos a nuestro Tom ;)

Devi Riddle Black
Capítulo Uno por Devi

CAPITULO UNO

+.+.+.+

Los ojos de Tom se habrían más y más conforme Lord Eadwig se acercaba al patio central. Su hija caminaba ligeramente a su izquierda. Tom sólo podía pensar en una sola cosa para describirla – te robaba el aliento.

Su cabello castaño rojizo caía en cascadas rizadas sobre su espalda, acentuando el perfecto vestido azul de manera esplendorosa. Sus ojos eran grandes y brillantes. Sus labios parecían carnosos y realmente cautivadores. Tom revisó el resto de su apariencia lentamente. Era curvilínea, y llenaba el vestido justo en los lugares precisos. Tom sonrió. Esta era definitivamente mucho mejor que las dos anteriores.

Georg siguió su camino, pasando al Lord Eadwig, y se colocó al lado derecho de Tom. Se inclinó un poco hacia su lord y se rió disimuladamente. —Te roba el aliento ¿o no?

Tom sonrió fugazmente mientras se movía hacia un lado, permitiéndoles a sus visitantes pasar. —Ella es bas – ¡oh Dioses! —Georg levantó una ceja burlonamente. Fue cuando Tom notó que el castaño estaba reteniendo su aliento—. ¿Qué es ese horrible olor?

Una vez que la comitiva entró al patio, Georg se giró hacia él. —¿No le dije que ella le robaba el aliento?

Los ojos de Tom se abrieron en sorpresa, ligeramente aguados por el ataque fétido. —¿Eso era ELLA? — Georg asintió y ambos se soltaron riendo. La risa no era algo que saliera tan fácilmente de la boca de Tom, aunque cuando sucedía, usualmente era por culpa de Georg.

—Ellos dicen que aún es pura también. Que incluso el más desesperado de los ladrones ni la tocaría.

Tom se rio y sacudió su melena enredada. Miró a su amigo, una sonrisa socarrona en sus labios, sus ojos regresando a esa usual dureza. —¿Supongo que podemos contarla como la tercera?

—Bueno, mi señor —Georg dijo lentamente—, es enteramente su decisión.

Tom soltó un sonido a través de la nariz. —No puedo casarme con una mujer que me alejara de mi propia cama.

Georg simplemente asintió. Era bastante seguido que un hombre tomaba a una amante, especialmente cuando estaban fuera, en la guerra. Pero el joven sabía mucho mejor que irlo a mencionar. Tom nunca engendraría un bastardo si estaba casado. Había vivido su vida como uno por demasiado tiempo que preferiría no poner a su propia sangre y carne en esa misma situación.

Eso no quería decir que Tom no tuviera su propia cuenta de mujeres. Putas de bar, sirvientas de la villa, víctimas de las redadas, no le importaba a Tom. Dispuestas o no, sólo importaba si él estaba de cierto ánimo. Georg había sido amigo de Tom por muchos años, y se habían salvado la vida el uno a otro en varias ocasiones. Había sido el primero de los seguidores de Tom y sabía el carácter de su señor mejor que nadie.

Tom, algunas veces, resultaba difícil de comprender. Generalmente cuando estaba muy callado era alguien con quien no deberías de atravesarte. Georg estaba orgulloso de ser su amigo. A pesar del hecho de que era un lord, había ayudado a su tierra a convertirse en lo que era, con sus propias manos desnudas. Había puesto su mano para ayudar a levantar más de la mitad de los edificios de la villa. Pero Tom, en todos los años que Georg le había conocido, nunca había parpadeado al matar a hombres. Era como si a veces fueran dos personas totalmente distintas.

Pero la batalla no era bonita, hacia que el más caballeroso de los hombres se volviera violento aún lejos de ella. Georg sabía que Tom necesitaba una mujer que le cuidara. Que le amara por ese lado gentil y juguetón que le gustaba salir de vez en cuando, y alguien que le ayudara a mantener los sueños de las batallas lejos, aquellos que hacían al lord despertarse envuelto en sudor frío. Georg estaba más en esto de buscarle una pareja que Tom. Y simplemente supo, con mirar a la hija de Lord Eadwig, que ella no era esa mujer.

Sacudiendo su cabeza, Georg se liberó de sus pensamientos perdidos y siguió a su señor al salón.

Tom había caminado hacia el final. Se quedó parado, aunque les indicó a sus invitados que tomaran asiento en la larga y rectangular mesa que se extendía por todo el centro del Salón. Había sido sacada de la habitación donde guardaban los muebles para esa ocasión.

—Bienvenidos, amigos —dijo, su voz atrapando la atención de todos los ahí presentes. Tom había aprendido hace mucho tiempo el llamar pacíficamente a sus visitantes como amigos, porque los hacía sentirse tranquilos y confiados. Un lord era nada sin dos cosas: su gente y sus aliados.

Lord Eadwig levantó el tazón que se le había puesto en sus manos. —Salve Tom, señor y dueño de Trümfels —y mientras Tom inclinaba su cabeza un poco, reconociendo su título, el resto de los hombres alzaron sus tazones y gritaron salve.

—Estoy muy honrado de tener tan distinguidos invitados en mi salón. Coman hasta que ya no puedan tragar un solo bocado más, bailen gasta que la música acabe y olviden todas sus preocupaciones por esta noche. Su visita, ciertamente, es algo para celebrar, Lord Eadwig.

—Entonces quizás debamos hacer esta noche aún más jubilosa. He escuchado que aún no toma a una esposa, Lord Tom. ¿Quizás mi hija, Godiva, sería digna? —El lord de cabellos canosos finalizó guiñándole un ojo.

Tom forzó una sonrisa cuando Godiva batió sus pestañas primorosamente. —De hecho —fue su única respuesta. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que oler peor que cualquier establo en el día más caluroso? Si sólo fuera el olor de los caballos y el viaje, podría vivir con eso, porque se quita con el agua. ¿Pero esto…? Tom levantó su tazón una vez más antes de sentarse en la cabecera de la mesa. Georg estaba a su derecha y Eadwig a su izquierda.

El más grande de los Lord se pasó el rato hablando, comentando los beneficios de convertirse en aliados y de la dote de su hermosa hija. Después de que los restos de la cena fueran limpiados y la mesa fuera movida para dejar espacio para el baile, Godiva se había movido cerca y más cerca de Tom.

—¡Esclavo! —Tom gritó. En momentos, una chica romana apareció. Vestía uno de sus vestidos más presentables, aunque estaba roto para informarle a todos de su estatus. Su cabello negro estaba recogido holgadamente en su espalda.

—¿Sí, mi señor?

—La noche se está acabando. Muéstrale a Lady Godiva su cuarto.

—Sí, mi Lord —La chica de la servidumbre hizo reverencia, con los ojos fijos en el suelo en respeto, se acercó a la dama de la que su señor había hablado. Su cabeza se elevó repentinamente—. Oh, mi señor, temó que no puedo hacer esto.

—¿Y por qué no, esclava?

La mencionada esclava entrecerró los ojos. —Tengo un nombre, Lord Tom. Es Cloelia y le sugiero que lo use.

La cabeza de Tom se giró, sus ojos quemando a la esclava. —Cuida tu lengua —la cabeza de Cloelia cayó rápidamente y la mirada de Tom se suavizó. Para ser una esclava le gustaba. Tenía espíritu y, aunque era Romana, Tom sentía que ella sería una pieza valiosa para cuando la ocasión surgiera—. Ahora, ¿por qué no, Cloelia?

Ella le sonrió a su señor, contenta de escuchar su nombre. —Porque ella huele, señor.

La risa de Tom Salió a carcajadas. Algunos hombres voltearon a verlo mientras su risa continuaba. —Lo siento, pero esa es tu tarea.

—Sí, mi señor —Cloelia respondió con ligera molestia en su voz—. ¿Señor?

—¿Sí?

—¿Cuándo termine mi tarea, puedo retirarme por la noche? Temo que voy a necesitar un baño.

Tom no pudo evitar la sonrisa. Todo lo que ella había dicho era verdad. Le asintió, dándole su permiso. —Y Cloelia. Te dejaré ir esta vez, pero si vuelvo a escuchar de tu falta de respeto hacia algún Lord, Lady o incluso niño, o cualquiera que esté por encima de ti, personalmente tendré que azotarte. ¿He sido claro?

—Sí, señor —Y con eso Cloelia guiaba Lady Godiva hacia su habitación.

Tom observó entretenido el resto del baile. No era mucho de disfrutar de esas actividades. Se rio cuando observó a un Georg muy borracho tratar de cortejar a la moza de la cerveza con sus habilidades en el baile. Ella lo pasó de largo, sonriendo, y continuó su tarea.

Tom se escapó de su Salón sin mucha dificultad, mientras la moza de Georg llenaba el tazón de Eadwig con más cerveza. Las puertas se cerraron detrás de él y caminó a lo largo de la losa de piedra sobre la que estaba construido su salón. Miró a las estrellas, preguntándose por qué los dioses le estaban poniendo tan cruel broma frente a él.

—Debería de hacerles un trato —Tom dijo fuerte—. Ustedes me dan a la única que quiero. Hermosa, con espíritu —la mente de Tom vago rápidamente hacia Godiva—, con un olor encantador. ¿Vainilla, quizás? Disfruto esa esencia. Necesito a alguien por quien desee regresar a casa de una batalla, que quiera procrear herederos con ella. Me conceden eso y no sólo educaré a mis hijos para que los adoren, también crearé un nuevo altar y les haré una ceremonia como nunca antes han recibido.

Las estrellas, por supuesto, se mantuvieron calladas. Tom había sido una persona pensante mucho tiempo de su vida para sentir cuando había una presencia más alta. La reconoció en su mente. No podía imaginar que el báculo que lo había tenido intrigado por tantos días sería el instrumento clave para su trato.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Tom, para ser un barbaro es un romántico muy en el fondo ¿no?

Lamento la demora, pero por fin terminé mi proceso de titulación yeeeei por mi :D

Capítulo el Domingo, para ponernos al corriente ^^

Devi Riddle Black
Capítulo Dos por Devi

CAPITULO DOS

+.+.+.+.+.+

Había sido uno de esos días para Bill. ¿De esos días en los que absolutamente nada sale bien? Los pantalones que quería usar estaban sucios; su desayuno se quemó; tuvo que tomar una ruta alternativa para llegar al trabajo; su jefe estaba de un humor… y para terminarla de mejorar, había tenido que perderse su descanso de comida para poder terminar su trabajo.

La única cosa que hacia su día más tolerable era saber que era viernes – y tenía libres los dos días siguientes. Decir que había salido de su trabajo en el minuto en el que se le tuvo permitido era muy entendible. Nunca antes había dejado el edificio tan rápidamente. Prácticamente voló por la puerta.

Caminó por la calle, decidiendo que no sólo se merecía la magnum más grande de chocolate que pudiera encontrar, sino que también una pizza.

Después de terminarse su cena, Bill regresó a su apartamento. Se bañó y se puso una falda larga negra con listones y hebillas plateados. Lo combinó con una blusa negra con estampados plateados y un cinturón plata. Sabía que su cabello era impresionante cuando lo ponía en melena de león, lo cual hizo esa noche. Después de maquillar sus ojos en tono ahumado, y ponerse un par de botas, Bill dejó la casa una vez más.

Había decidió hacerla una noche sólo para Bill. Ya no asistía a fiestas tanto como solía hacerlo pero aun disfrutaba ir a un club de vez en cuando. Era una de esas noches. Paso toda la noche bailando con, y restregándose contra, unos caballeros bastante guapos. Incluso se había atrevido a dejarles su número a unos cuantos de ellos.

Fue ya cuando comenzaba a amanecer que Bill decidió ir a casa. Se despidió de sus nuevos admiradores y comenzó su camino a casa. Una ancha y suave cama lo esperaba dentro de un apartamento lindo y cálido y no podía esperar a llegar. Aunque Bill Kaulitz nunca llegaría a casa esa mañana.

 

Lord Tom una vez más estaba afuera de sus cuartos, incapaz de dormir. Era una situación bastante recurrente. Demasiados años en lo salvaje habían acostumbrado a su cuerpo a despertarse varias veces en la noche para revisar los alrededores. Había estado en Trümfels por poco más de dos inviernos pero su cuerpo nunca se había ajustado completamente.

Tomó el báculo de los escoceses, su espada, y había salido. Se encontró un lugar. Sobrevivencia era sobre todo multi-tareas, así que Tom era más que capaz de experimentar con el artilugio y aún así mantener un ojo en sus tierras.

Suspiró mientras movía uno de los nudos del báculo. Era viejo. Ni siquiera había visto treinta inviernos, pero su cuerpo comenzaba a mostrar la fatiga de las batallas. Estaba en buena forma, aunque algunas veces algunos de sus músculos estaban rígidos. Veintisiete inviernos habían pasado y aún no había engendrado un heredero. Miró de nuevo al báculo, sus pensamientos regresando al pacto que había hecho con los dioses la noche anterior.

Había estado horas afuera, era casi de día. Escuchó pasos y su cuerpo se tensó. Se giró rápidamente cuando los pasos estaban casi detrás de él y blandió el bastón al desconocido ser.

Sólo era Georg quien sujeto el bastón. Pero cuando lo agarró,  su mano hizo contacto con los nudos móviles con los que Tom había estado jugando. Movió uno y todo comenzó a girar. Inmediatamente el muchacho de futuras rastas sujeto su espada porque el remolino comenzaba a tragarlo también.

—¿Qué es esta maldad? —Gruñó mientras sus piernas se preparaban para la batalla. Todo su cansancio anterior se vio olvidado, cada uno de sus sentidos en alerta máxima ahora. Cuando el remolino comenzó a ralentizarse le dio la espalda a Georg, sabiendo que el otro la protegería de la misma manera en que Tom le protegía.

El remolino alrededor de ellos se detuvo aunque a su derecha el aire comenzaba a girar también. Desde el centro del mismo, un gritó se escuchó y Tom y Georg levantaron sus espadas, no para atacar al dueño del grito sino para matar a quien fuera que lo hubiese causado. El grito estaba lleno de nada más que miedo.

En segundos, una persona había quedado parada donde antes estuviera el remolino. Tom estudió a la muchacha frente a él. Era alta y desaprobatoriamente plana, pero su rostro era increíble y no olía como Godiva. Tom la miró mientras los ojos de la muchacha revisaban a su alrededor, observando el lugar en el que estaba. El ser observador era ser inteligente. Cosas muy importantes, porque eso era la diferencia entre vivir o morir en esos tiempos.

Cuando los ojos de la muchacha finalmente se posaron en la villa de Tom fue cuando habló, y pareciera que dijo lo primero que se le vino a la mente porque no tenía sentido. —¡Se parece a Meduseld!

—¿Disculpe? —Tom parpadeó.

—Meduseld. Ya sabes ¿la Gran Fortaleza de Rohan en la película de El Señor de los Anillos? ESA si es una buena película. Ni siquiera puedo decirte cuantas veces la he visto pero esos elfos son realmente sexis.

Tom y Georg se miraron un momento. ¿Meduseld? ¿Rohan? ¿Señor de los Anillos? El castaño se encogió de hombros.

—No sé donde quede Rohan, pero esto es Trümfels. Mi fortaleza, mi tierra —Tom señalo con su mano la tierra frente a ellos. El cielo había comenzado a clarearse dejando ver a Bill de lo que le hablaban.

Bill sonrió ante la vista. Había tonado el orgullo en la voz del hombre cuando habló. Frunció el ceño ligeramente. —Me temo que no conozco tu nombre.

—Lord Tom Trümper. Señor de Trümfels. Él es Georg, mi mano derecha.

—Tom…

Lord Tom. ¿Quién es usted?

Bill tembló de emoción cuando Lord Tom le gruñó. Tan directo, tan poderoso.  Mordió su labio  para evitar gemir ante el pensamiento de cómo sería tal hombre en la cama.

Bill nunca había sido una puta, no podría. Su cuerpo era diferente. Seguro, había salido con otras personas, pero raramente se acostaba con ellos. Intentó justificar sus pensamientos adjudicándoselos puramente al alcohol que había consumido, aunque no pudo evitar sentir que era más que eso.

Sacudiendo su cabeza para aclarar su mente, Bill le sonrió a Tom, y se complació al notar que el hombre aún era ligeramente más alto que él mismo. Odiaba cuando los hombres eran más pequeños. —Puedes llamarme Billa.

—Ven, le mostraré sus habitaciones.

Bill brincó ligeramente emocionado y siguió a Tom dentro de la fortaleza. Georg le siguió de lejos hasta que se detuvieron en un cuarto. Tom abrió la puerta, cruzando el lindel se detuvo a mitad de la habitación, encendió una vela que estaba sobre una mesa junta a la gran cama.

—Este es su cuarto. Será llamada para romper el ayuno. Duerma bien, Billa —y con eso, Tom se fue. La puerta se cerró con un suave clic.

—Buenas noches, Tomi —Bill susurró. El muchacho de rastas podría haberse ido físicamente de la habitación pero se había quedado en los sueños de Bill.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Lo prometido es deuda, aunque un demasiado corto :D

Nos leemos el próximo Viernes ^^

Devi Riddle Black
Capítulo Tres por Devi

CAPITULO TRES

+.+.+.+.+.+

Bill siempre había sido amante del desayuno. Cuando sus padres estaban vivos, había sido su comida favorita. Disfrutaba el hecho de que comían juntos cuantas veces podían. Amaba simplemente hablar de lo que sería del día; sólo el pasar tiempo con sus padres. Pero lo que no amaba era que alguien tocara a su puerta apenas unas horas de haberse quedado dormido.

—Es hora de romper el ayuno, Lady Billa.

¿Lady? No me acaba de llamar Lady Billa… ¿verdad? Suspirando, Bill se levantó, aún totalmente cansado. Ni siquiera eran las ocho de la mañana. Su cabello sólo conservaba la mitad de su melena esponjada, el dormir lo había aplastado ligeramente. Su delineador logró mantenerse en su lugar en su mayoría. Había una línea negra por su nariz donde sus lentes de lectura se acomodaban. La quito rápidamente con sus dedos.

No se había quitado nada de su ropa, sólo sus joyas. Dejó la habitación, caminando por el pasillo por el que había llegado la “noche” anterior. Sabía que todos los ojos estaban sobre de él. Al verlos entendió porqué. Eran como en las películas, vestidos sin adornos, nada de maquillaje, cabello áspero.

De alguna manera le recordaban a perros. Se veían mucho más salvajes que la gente de su tierra. Era como si pudieran oler el miedo, y lo devorarían por ese hecho. Rogaba por una  noche como la anterior, donde todo era placenteramente borroso por el alcohol. Ahora, sólo era espantoso. Respirando profundamente para tranquilizarse, le insistió a sus piernas a seguir adelante. Sobreviviría el desayuno, luego regresaría a su habitación. Podía perder el control en privado y tratar de averiguar qué demonios iba a hacer.

Bill caminó torpemente hacia la mesa. Miró confundido a Tom, inseguro de donde sentarse. Tom le indicó que tomara un lugar a la mitad de la mesa. Hizo lo que le dijeron, y se encontró sentado frente a la siempre hermosa Godiva. Bill se tragó un ladrido mientras ella flirteaba espantosamente con Tom. Sólo eso lo asustaba. ¿Qué estaba haciendo en un mundo al que no pertenecía y de repente, contra su mejor juicio, se volvió completamente posesivo de un hombre increíblemente sexy, pero muy hetereo, quien probablemente era un brutal militar que sólo quería violar su hermoso trasero?

Recordó las clases de historia que fue obligado a llevar en la escuela. La homosexualidad estaba prohibida en estos tiempos. Bueno, excepto en la antigua Grecia, pero esos días habían terminado, si Bill estaba en lo correcto. Había pensado demasiado en eso toda la noche. La única explicación a todo era que había viajado en el tiempo. ¿Creería en eso, bajo circunstancias normales? ¡Claro que no! Pero, bueno, había leído suficientes novelas de romance para saber que así sucedía. Y ciertamente esto no era circunstancias normales.

Así que había razonado que estaba en una época totalmente diferente, con un lord bastante sexi, en un lugar donde la homosexualidad estaba prohibida. Esa era su suerte. ¿Por qué no podía estar este hombre en la era moderna? Era eso o simplemente se había atravesado en un muy intenso juego de roles.

Bill trató de mantener su mirada amenazadora sólo para él mientras comía su sorprendentemente delicioso desayuno. Pan, leche y queso acompañaban una rebanada de cerdo salado. Y no era la plática de desayuno a la que estaba acostumbrado. Un tipo canoso estaba discutiendo sobre arreglos matrimoniales.

Bill observó como Tom levantaba su mano ligeramente. —Lord Eadwig. Estoy realmente complacido por su animosidad. Lady Godiva es realmente una belleza digna de admirar —Bill no pudo evitar contemplar a la mencionada mujer regodearse—. Pero como sea, aún es demasiado temprano para planificar esas cosas. Hay detalles que debo ver antes de que podamos sentarnos y hacer tales arreglos.

—Por supuesto, Lord Tom. Un señor debe de ver por sus tierras.

—Sabía que entendería, milord —Tom inclinó su cabeza. Los ojos de Bill vagaron por las partes del cuerpo de Tom que podía ver. Ya no vestía la delgada camisa de la noche anterior. Los pantalones eran los mismos, aunque ahora sólo vestía un largo chaleco. Si Tom se levantaba le alcanzaría hasta sus rodillas. Era de un rojo muy oscuro y estaba tejido con pelaje de lobo gris.

Su pecho estaba expuesto al igual que sus brazos. Bill bebió de la imagen de esa piel bronceada animadamente. Lord Tom estaba bien formado, la piel se movía por encima de puro musculo con cada movimiento. Incluso desde la distancia a la que se encontraba, Bill podía ver claramente las cicatrices cubriendo su cuerpo. Había una que no podía ver del todo, sólo el inicio y parecía ser más una quemadura que una herida de espada.

Bill fue regresado a la realidad por una patada bajo la mesa. Realmente necesita dejar de soñar despierto. Su cabeza le movió rápidamente para ver a Georg con una ceja levantada. —¿Sí?

—Lord Tom le estaba hablando.

Los ojos de Bill se agrandaron y trató de esconder su sonrojo. —L-lo siento to- Lord Tom —Bill rápidamente se corrigió y Tom le asintió.

—¿De dónde nos visita, Lady Billa? —El Lord de cabellos grises le preguntó, haciendo que el soberano y el nuevo olvidaran que Tom había dicho algo. Se volvió el turno de Godiva de contemplar con el ceño fruncido. Ella había escuchado todo lo que Bill no. Era una mujer – sabía quién era competencia y quién no. Tom parecía bastante interesado en esa muchacha quien había llegado durante la noche. Bill tragó saliva y esperaba que lo que iba a decir fuera lo correcto.

—Soy de Berlín aunque mis padres partieron hacia América cuando yo era muy pequeño.

—Tus padres ¿quiénes son?

—Gordon y Simone Kaulitz.

Tom silenciosamente aprendió todo lo escuchaba mientras Eadwig y Billa conversaban. Se descubrió ensimismado por la boca de Bill al hablar; la boca del moreno parecía enredarse en cada palabra que decía, haciendo que cada una fuera pronunciada tan perfectamente cómo era posible.

—Me temo que no sé de tu padre ni he escuchado de tu madre. De hecho, no he escuchado de América. Debe de estar cruzando los océanos.

—En realidad, señor, así es.

—¡Oh! Bien, entonces una flor extranjera, por supuesto —el viejo le guiñó un ojo—. Eso también dice mucho de su nombre. Me temó que “Billa” no es un nombre común en estas partes —Bill se sonrojó y bajó la mirada. ¿Cómo demonios les iba a decir que era Bill Kaulitz – un muchacho?

—Perdone si estoy fuera de lugar, milady —Eadwig continuó—. Pero usted luce como si acabara de salir de alguna batalla. ¿Puedo preguntar dónde fue la más cercana?

Bill se atragantó con su leche. —¿Di-disculpe?

—Bueno, su cabello, Lady Bill, sin mencionar su pintura de guerra. Hay algo que decir sobre una mujer en la guerra aunque realmente debemos de saber en donde fue para poder hacer los procedimientos de defensa necesarios.

La mente de Bill se aceleró pensando en una razón. ¿Por qué? ¿POR QUÉ tuvo que dormirse en historia? Si pudiera regresar, sabiendo que esto pasaría, hubiera tomado esa clase de civilizaciones antiguas. La que condenó a que sólo los nerds la tomarían. ¡Seguramente le ayudaría justo ahora!

—Yo, um, bueno. Estaba viajando y yo… ¿no quería que me atacaran? —La excusa sonaba débil incluso a sus propios oídos.

Lord Eadwig prácticamente saltó de su asiento. —¡¿Quién, en el nombre de los dioses, le ha dejado viajar sola?! ¡Las mujeres deben de tener una escolta!

—Bueno no se pudo evitar que yo viajara sola —Tom escuchó la argumentación de Bill silenciosamente. Si Billa fuera a decir lo que realmente pasó, bueno, sería algo muy interesante.

—¿Qué clase de padre envía a una hija como usted a viajar sola?

Bill se levantó, la furia y el enojo evidentes en sus ojos. —No se atreva a hablar de mi padre de esa manera. ¡Ni siquiera ha estado bajo tierra por mucho tiempo! —Empujó su silla hacia atrás y con un giro enojado, salió cual tormenta hacia su recamara.

—¡Cloelia! —Tom ladró.

La chica rápidamente caminó hacia el lado de su señor. —¿Sí, mi señor?

—Ahora eres la nueva sirvienta de Lady Billa. Ve con ella.

—Sí, señor —Cloelia se levantó y miró placenteramente hacia Godiva antes de salir detrás de su nueva “señorita”

+.+.+.+

 

Notas finales:
Y aquí tenemos un capítulo de relleno, un poco de historia y un poco de Tom :D

Nos leemos el vierneees.

Devi Riddle Black
Capítulo Cuatro por Devi

CAPITULO CUATRO

+.+.+.+.+.+

—¿Qué? —Bill demandó cuando sus pensamientos fueron interrumpidos por un toque en la puerta. Ni siquiera hacia estado diez minutos en su cuarto y ya lo estaban molestando.

—Lord Tom me envió, milady —la voz de una mujer se escuchó a través de la puerta de madera.

Bill asintió, pero se dio cuenta que no podían verlo. —Pase —reconoció a la muchacha como parte de la servidumbre del desayuno.

—Lord Tom dijo que sería su sirvienta, mi señora.

Bill abrió la boca para gritar que era un chico, pero rápidamente la cerró. Respondió con un corto asentimiento de cabeza. Eso era malo. Muy malo. Bill siempre había sido muy hablador. No sólo decía las cosas cuando tenía una opinión o parecido – lo gritaba.  Ahora su vida repentinamente se había convertido en un enorme secreto que crecía como las bolas de nieve.

Se dejo caer en el piso al pie de la cama. Una mano rápidamente se encontró sobre su hombro.

—¿Milady? —La voz de Cloelia era suave aunque se escuchaba con  un tono de preocupación en ella—. ¿Se encuentra bien?

La cabeza de Bill cayó ligeramente antes de poderla levantar y mirarla. Su delineador estaba embarrado por sus mejillas indicando el camino de las lágrimas. —¿Cómo demonios terminé aquí?

—¿Creo que llegó aquí a la medianoche desde Berlín?

Bill asintió. —Si, pero… oh no importa.

—¿Milady?

—Por favor no —Bill se quejó—. No quiero ser llamada “milady”. Yo sólo, yo soy, es… ¡ARGH! —Bill se agarró el cabello. Cloelia sólo le miró con los ojos abiertos en sorpresa—. Necesito hablar con Tom.

Cloelia asintió —Puedo solicitar una audiencia para usted si lo desea.

Bill también asintió y se limpió la nariz. —Sí, pero, oh cómo puedo verlo luciendo así. Y si empiezo a llorar otra vez…

Cloelia le palmeó el brazo, —Estoy segura de que Lord Tom entenderá. ¿Lady Billa?

—Billa. Sólo, sólo Billa. Por favor.

Cloelia asintió. —Billa. Realmente no quiero ofenderla y pasar los límites pero me temo que no vi algún vestido acompañándola.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa y se quejó aún más. Se hizo bolita en el suelo. —¿Puede ponerse esto peor? Todo esto y ahora no tengo ropa. ¡Maldito hijo de perra!

Ella le sobó la espalda con pequeños círculos y fue sorprendida cuando Bill la abrazó. Ella le devolvió el abrazo, después de todo, era su señorita. Cualquier cosa que Lady Billa quisiera, Cloelia se aseguraría de que fuera hecho. Una vez que el llanto de Bill se hubiera calmado, se levantó de la pila que eran sus faldas. —Si usted gusta, después de que termine de hablar con Lord Tom puedo ir a buscar al costurero.

Bill pensó en ello pero sacudió su cabella negando. Sería maravilloso tener a alguien que le hiciera su ropa, pero no era tan ingenuo para pensar que se quedaría callado sobre que tenía partes masculinas. No, era mejor si lo hacia el mismo. —¿Puedes conseguirme algo de telas? Puedo hacerlo yo.

—¿Está segura? —Los ojos de Cloelia parecía que se saldrían de sus cuencas. Alguien con el tipo de presencia que Billa tenía seguramente no era una persona común y aún así, ahí estaba, cosiendo sus propias ropas como si no fuera más que la esposa de un granjero.

Cloelia salió de la habitación, dejando a Bill solo con sus pensamientos. ¿Dónde estaba exactamente? Demonios ¿CUAL era la época? ¿Cómo llegó ahí? ¿Podría volver a casa?

Demasiado pronto, la cabeza oscura de Cloelia se asomó en el cuarto. —La verá ahora, Billa —la sirvienta lucía muy complacida consigo misma. No solamente se había movido hacia arriba en su mundo, de una esclava a una sirvienta, pero también se le tenía permitido llamar a su señorita por su nombre solamente.

Bill la siguió a una habitación larga. Por los mapas que estaban encima de la mesa, claramente era el cuarto reservado específicamente para planear las batallas y esas cosas. Bill descubrió que era realmente desconcertante el estar en esa habitación. Su nerviosismo creció aun más mientras observaba los detalles. Era jodidamente tenebroso. Nunca había escuchado algo sobre las proezas de Tom en la batallas pero conforme miraba a su alrededor, comenzaba preguntarse si realmente estaba seguro ahí.

Aprendió en sus clases de historia que la gente siempre invadía otras tierras. Pero para ser honesto, preferiría eso. La habitación estaba metida en los cuartos principales. De hecho, estaba adjunta a los aposentos del propio Tom. Había cierta pesadez en el ambiente. Runas estaban grabadas en las paredes y el suelo. Las que estaban en las paredes parecían estratégicas, como si estuvieran manteniendo algo dentro o fuera. Las que estaban en el suelo eran más circulares y fluían con armonía. Hacía a Bill pensar en esas películas de ocultismo.

El hecho de que los mapas estuvieran estirados con huesos como marcadores no logró calmar el acelerado pulso de Bill. Las paredes estaban ordenadas con… cosas. Armas, talismanes, era como una pared de trofeos. Había sogas colgando en una esquina – vacía pero cubierta de sangre seca. Lo peor de todo fue cuando Bill comprendió lo que estaba clavado en la pared. Se dio cuenta de que era la cosa que seguía llamándole la atención.

Clavado en la pared había un cuero cabelludo. No había partes del rostro, sólo la parte de arriba de la frente, con rastas rubias cayendo por la pared.

Bill salió corriendo de la habitación, apenas logrando llegar a una ventana antes de vomitar todo lo que había comido en el desayuno. Cloelia le siguió, y en poco tiempo las dos regresaron a la habitación. Bill aún estaba temblando. Tom y Georg, los dos únicos hombres en el cuarto le miraban con expresiones divertidas.

—Mis disculpas, bella dama —Lord Tom dijo la sonrisa bien clara en su voz—. Pero sucede que esta es la habitación en la que pienso más claramente.

La boca de Bill se abrió en horror. —C-cómo… c-cómo…

—Soy un monstruo, Lady Billa. Todos lo somos. Quizás usted no. No, nunca usted, no sus amigas. La guerra es la jurisdicción del hombre. La guerra hace que los hombres sean una de dos cosas: cadáveres o monstruos, ya sea que nos guste o no.

—No tiene que ser tan… —Bill no terminó su frase, incapaz de encontrar una palabra tan suficientemente fuerte.

—¿Frío?

—¡Eso también! Digo, ¿en verdad tienes que conservar los… esas cosas? —Señaló hacia el pedazo de cabeza en la pared.

—Sólo hay un cuero cabelludo ahí, Lady Billa. Para responder su pregunta, no soy frío. Soy simplemente inteligente.

—¿Qué…?

Tom le interrumpió de nuevo. —Quizás un día le explicaré todo lo que hay aquí. Quizás. ¿Puedo sugerirle algo, mi señora?

—Adelante.

—Nunca me cuestione enfrente de mis hombres, o de mi gente. No voy a tolerarlo. —Bill rápidamente cerró la boca, asustado de decir algo más en esa habitación.

—¿Cloelia?

—¿Sí, Lord Tom?

—Estás obligada a guardar silencio de todo lo que escuches dentro de esta habitación. Si algo de esto salé de aquí, te mataré yo mismo.

—Lo sé, milord. Estoy a sus ordenes —Bill estaba impresionado. Por lo que había visto, parecía una muchacha bastante vocal en sus opiniones. Pero incluso ella sabía cuando morderse la lengua.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi Riddle Black
Capítulo Cinco por Devi

CAPITULO CINCO

+.+.+.+.+.+

 —¿Milady? ¿Estoy escuchando bien? —Cloelia preguntó, parpadeando en sorpresa. La pobre chica trató de comprender en su mente todo lo que Tom le había dicho. Considerando eso, lo estaba haciendo bien.

Bill le sonrió suavemente y puso una mano en su hombro. —Sí, soy del futuro. Lord Tom me trajo aquí con esa cosa que está en la mesa —movió su cabeza para indicar el artefacto que yacía sobre los mapas en la mesa que estaba en el centro de lo que Bill llamaba “La Cámara de Torturas de Tom”.

Cloelia se quedó callada por un largo rato antes de preguntar curiosa —¿las cosas son muy diferentes?

Bill asintió—NO tienes ni idea. Um, ¿tienes papel?

Tom reviró los ojos. —No somos de las cavernas, Lady Billa.  Tenemos papel.

Bill le miró fijamente, pero regresó a Cloelia. —Quizás si Lord Tom me proporcionara algo de papel, pueda dibujar algunas cosas de mi hogar.

Los ojos de Cloelia se iluminaron. —¡Me encantaría eso, milady!

—Lo cual está bien —dijo Tom—, sin embargo, esa no es la razón por la que estamos aquí.

—¿Me vas a regresar a  casa? —Bill preguntó esperanzado. Extrañaba su hogar. Ese lugar ya era muy diferente a él.

—Si puedo averiguar COMO es que llegó aquí, entonces deberé de regresarla a casa. Georg, dime de nuevo qué hiciste.

El pequeño grupo pasó horas en la habitación, para la incredulidad de Bill. Realmente quería salir de ese lugar. Georg les dijo todo lo que sabía, Tom rememoró también lo que sucedió y lo que hizo, e incluso el afortunado Bill tuvo la oportunidad de contar lo que hizo esa noche. Bill se estaba cansando de ver a los dos hombres tratar de entender lo que había sucedido.

—¿Lord Tom? —Bill preguntó dulcemente. El chico de rastas levantó la cabeza, dándole permiso al otro muchacho de hablar—. ¿Podemos Cloelia y yo retirarnos? Digo, hemos estado aquí por horas. Este lugar es realmente extraño. No tengo otras ropas ¿no podríamos irnos a coser o incluso ir a conocer el pueblo?

Tom consideró lo que le decía antes de asentir. —Puede ir con el sastre, pero espero que esté aquí inmediatamente si le llamo.

—¿Con todo respeto, milord? —Cloelia habló—. Lady Billa ha solicitado material para que ella pueda hacer sus propios vestidos.

Una de las cejas de Tom se elevó mientras miraba a Bill. —¿Puedes coser y remendar?

Bill asintió. —Mi trabajo era de diseñador de modas, en mi mundo.

—Así que no eres totalmente inútil. Bien. Déjenos pero no vayan muy lejos.

Bill asintió y se retiró de la habitación, Cloelia muy cerquita. —¡Pensé que NUNCA nos iríamos de ahí!

La esclava convertida en sirvienta caminaba felizmente junto a Bill—. Nunca había estado antes en esa habitación. Debo decir que es horrible.

—Era repugnante. ¿Y viste ese cuero cabelludo? ¿Por qué lo tiene?

Cloelia sacudió su cabeza en negativa—. Ha estado ahí desde que Lord Tom llegó.

Bill se quedó callado, pensando en Tom, sobre esa cosa colgada en pared. Sus pensamientos se fueron a Cloelia. Sólo la acaba de conocer, pero sabía que la iba a extrañar enormemente cuando regresa a su propia era.

Estaba contento con hacer vestidos y eso. Lord Tom y Georg parecían inteligentes – seguramente lo regresarían a casa en poco tiempo. Así que Bill decidió que sólo esperaría. Jugaría en ese mundo por ahora. Cuando regresara, jamás volvería a tomar su cama como una cosa más. O incluso su cepillo de dientes… ¡Oh Dios! Bill salió rápidamente de sus pensamientos mientras una mano volaba a su boca.

—¿Cloelia?

—¿Sí, milady?

—¿Tienen Cepillos de dientes en esta era?

—Lo más probable. ¿Usted no tie-? Oh cierto. Por supuesto que no tiene uno. ¿Desea que le haga uno ahora?

—¿Hacerme uno? Um… seguro —Bill se mordió el labio. Eso no sonaba prometedor, no tenían fábricas de plástico. Y, si contaba para algo, Cloelia tenía bonitos dientes, así como Lord Tom, borra eso, Bill pensó, Tom tiene la sonrisa más maravillosa que he visto… Bueno, cuando sonríe… Debería de hacer eso más seguido.

Cloelia dejo a Bill en su habitación. Salió al patio, y unos minutos después, regresó. Le mostró a Bill un palito, abierto en varias partes de un lado. Bill lo tomó, eso y el tazón con hojas de menta que le acompañaba.

—Y eso es…

—El cepillo de dientes que requirió. Las hojas de menta son para refrescar el aliento.

—¿Uso un palito para cepillar mis dientes? ¿Y qué hay de la pasta de dientes?

—¿Qué es eso?

Bill la miró con horror. —¡Lo usas para limpiar tus dientes! —De repente, la idea de besar a Tom ya no le parecía atractiva.

—No tenemos esa pasta que usted dice. Pero las hojas son para refrescar el aliento, y el palito es para remover cualquier pedazo de comida.

Bill se dejó caer en su cama, manos sobre su rostro. Ok, si esta estancia, incluso si es por pocos días, será demasiado larga. Pero él era Bill Kaulitz, el nuevo Bill. Ya no existía el joven e ingenuo chico que vivía del dinero de sus padres y que todo se lo daban en bandeja de plata. Esos días se habían ido. Se había construido una vida cuando no tenía nada antes. Incluso tenía cepillo de dientes entonces, esto era solamente otro reto para él. Uno que estaba determinado a salir airoso y triunfador también.

Parándose después de su charla interna, tomó el palillo y se talló los dientes. Masticó las hojas de menta. No lo admitiría, pero le hacía sentir a su boca mucho mejor. Miró hacia su sirvienta, sus ojos duros y llenos de determinación. Iba a sobrevivir en ese mundo tan normalmente como pudiera. Incluso si tenía que dar todo lo que él era.

—Vamos por las telas.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Gracias por leer

Devi Riddle Black
Capítulo Seis por Devi

CAPITULO SEIS

+.+.+.+.+.+

La visita a la costurera no fue nada como lo que Bill esperaba. No estaba seguro de si era por su pasado, en el cual había crecido con lentes de Gucci y las finas telas, o si era porque era su trabajo el crear piezas asombrosas de ropa, pero los tubos de telas que encontró ciertamente no eran de su gusto.

Pasó sus dedos por la lana gruesa y rugosa. Miró a Cloelia  que parecía estar fascinada con la colección. Suspiró y se fue en busca de la mujer él mismo.

—¿Disculpe?

—Yes m. ¡Oh mi Diosa! —la costurera se inclinó ante Bill. Era una villa muy pintoresca pero incluso así, los rumores se regaban más rápido que el fuego. Bill no tenía ni dos días y el pueblo entero no sólo sabía de él sino que también había una historia de su relación con el Lord Tom.

—Lady Billa, es un honor que usted agracie mi humilde tienda con su presencia. ¿También tendré el honor de hacerle un vestido?

—No gracias —Bill sacudió su melena medio esponjada—. Voy a hacerlo yo misma. ¿Esto es todo lo que tiene?

—El material que está aquí es para la gente común. Si me sigue, tengo más finas telas adentro para el Lord Tom y aquellos en su favor.

Bill soltó un chillido emocionado, tomó la mano de Cloelia y la jaló a la parte trasera. —¡Esto es MUCHO mejor! —Bill tocó las suaves telas ligeramente. Rápidamente le dijo a la mujer su orden. La dama tomó nota de los arreglos de que la cuenta fuera enviada a Lord Tom. Cloelia cuidadosamente tomó el pedido entre sus manos cuando ella y su “señora” estuvieron listas para irse. A medio camino hacia la puerta, Bill se detuvo.

—¿Cloelia?

—¿Sí, Billa?

—Elige algo.

—¿Disculpe?

Bill le sonrió suavemente. —Te dije que eligieras algo. Si Tom, digo, Lord Tom realmente hablaba en serio de que eras mi sirvienta, al menos deberías de ser capaz de tener ropas más bonitas que esos harapos remendados. Hablo en serio, ve y busca alguna tela y te haré algo nuevo.

Cloelia le miró con la boca abierta pero corrió a seleccionar la lana que había visto hace rato. Una vez que fuera añadida a la cuenta también, las dos clientas emocionadas regresaron a las habitaciones de Bill.

 

Mientras tanto, Lord Tom y Georg había dejado el problema del báculo de lado por un tiempo, teniendo que detenerse para poder comer. Había comenzado como una comida entre dos amigos, pero rápidamente cambio para incluir a alguien más.

Godiva se había tomado el descaro de invitarse a si misma a la comida. Georg se reclinó más en su asiento, en un intento de alejarse lo más posible del olor de Godiva. Sin embargo, Tom no fue tan afortunado. Godiva se había pegado a su brazo, flirteando descaradamente con él. La comida tardó una eternidad en terminar pero eventualmente lo hizo. Godiva dejo a los dos hombres en sus temas, ya que no eran asuntos de mujeres. Tom sacudió su brazo ligeramente, tratando de quitarse el olor de Godiva de las ropas. Georg se rio y se levantó de su asiento.

—Ven, vamos a aclarar nuestros sentidos con Hannah —Georg le sonrió a su amigo.

—¿Hannah? —La frente de Lord Tom se arrugó.

—Sí, Hannah —La sonrisa de Georg se ensanchó mientras ponía su brazo alrededor del cuello de Tom y lo guiaba en dirección a una de sus mujeres favoritas – la mujer de la taberna.

Hannah simplemente meneó su cabeza mientras veía a su señor y su mano derecha entrar.

—¿Tan pronto de regreso, milord? —Le preguntó a Georg después hacer una pequeña reverencia a Tom.

—¿Tan pronto? Mi moza de la dorada cerveza, no he visto su hermoso rostro desde el atardecer de ayer.

—Verdad, ¿pero me han dicho que vino en la mañana para platicar conmigo?

Georg sonrió. —Quizás.

—Lady Hannah, ¿acompañaría a mi más desesperado amigo en su cama esta noche?

La mujer sacudió su cabeza mientras ponía dos tarros de cerveza frente a ellos. —Al menos uno de ustedes es directo.

Georg no respondió mientras sus mejillas se incendiaban. Lord Tom se rio y la mando a seguir sirviendo a los otros hombres.

—Es una buena mujer —Tom comentó como si la mujer fuera el clima o un caballo.

—También Lady Billa —Georg le respondió.

—Ah, pero no tengo interés en Lady Billa.

—Sí, claro.

Tom se rio. —Sí, es bella de la cara.

Georg golpeó a su amigo en el hombro. —Lo sabía. Así que dime, ¿por qué estás tratando de enviarla tan pronto a casa?

—Porque ella no pertenece a aquí.

—Tom, déjala quedarse —la voz de Georg se volvió sutil—. Ella es hermosa y puede darte un heredero. Luego la mandas de regreso.

Lord Tom se quedó callado por un largo rato. Veía fijamente su tarro mientras pensaba profundamente. Se salió de su ensimismamiento sólo para decirle a Hannah que le vendría bien otra ronda. Georg trató de poner a la mujer en su regazo mientras esperaba por Tom, pero la moza no lo dejaba.

Georg sabía que su Lord estaría pensando seriamente, tratando de revisar cada parte de la idea. Finalmente el de rastas habló. —No puedo ver algo mal con este plan.

—Excepto porque tendrás a algunos lores deseando robarte a tu dama —Georg le provocó.

Tom medio sonrió, aunque su tono era serio. —En la mañana, continuaremos nuestro trabajo.

Georg asintió.

 

Bill sonrió mientras giraba las telas de su nuevo vestido entre sus manos, remallando. Un vestido estaba completo, así como un conjunto de interiores y la mitad de otro. Estaba agradecido de haber estado usando una falda cuando llegó. Quería decir que estaba usando boxers lo suficientemente ajustados para esconder sus partes masculinas. Acababa de terminar su primer vestido y había obtenido la aprobación de Cloelia antes de moverse al siguiente. La chica le ayudaba cosiendo el delgado Chemise que iba debajo del vestido.

El estar cosiendo a mano le mantenía ocupado, pero su mente no podía detenerse.

Una parte de él añoraba el regresar a casa en su mundo. Era una gran parte. Extrañaba la ciudad, extrañaba su casa – demonios, incluso extrañaba su trabajo. La enormidad de las tierras que había visto le molestaba. Odiaba estar tan alejado de la gente.

Y aún así, una pequeña parte de su ser disfrutaba el lugar. Cloelia había demostrado ser muy divertida. La comida era deliciosa, y también lo era Lord Tom. Bill decidió que quedarse un poco más de tiempo estaría bien – tan solo por ver a Tom todos los días.

Mientras la mano de Bill continuaba cosiendo la falda del vestido, su mente estaba completamente en Tom. No había más que deseara que llevárselo a la cama. Pero eso era lo que le preocupaba. Si Tom descubría lo que realmente era, sería muy malo.

Cloelia le había platicado de como su viejo hogar había sido atacado, y que ella misma y la mayoría de las otras muchachas habían sido violadas. Bill temía que eso le pasara a él. Si alguien se enteraba…

En Berlín, la gente como Bill no era completamente aceptada, pero era más de lo que aquí obtendría. Bill era intersexual – un hermafrodita. No era transgénico o parecido. Simplemente había nacido de esa manera. Sus padres le habían dejado así en lugar de elegir un género para él como la mayoría de los padres hacían. Pensaron que él tomaría su propia decisión basado en lo que fuera lo correcto para él.

Pero a decir verdad, amaba lo que era. Tenía lo mejor de dos mundos. Seguro, aún era virgen por eso. Bueno, había estado con una chica antes, fue así como se dio cuenta completamente  de cuan gay realmente era. Pero ¿era en verdad gay, o era bisexual, porque la mitad de él era una chica?

Tenía un pene y testículos, incluso si era un poco corto en ese departamento. Pero ahí, justo detrás del escroto y justo antes de su ano, había una pequeña abertura. Realmente no lucía como una vagina. Era más como que un agujero con capaz protectoras. Sin clítoris o algo más.

No podía inseminarse a si mismo aunque podía embarazarse. La única cosa que el doctor le había dicho cuando Bill le dijo que pensaba que era gay fue que el sexo con protección era obligatorio, en caso de que su compañero se metiera en el agujero equivocado. Su parte femenina no era tan notable a menos de que la buscaras, aunque Bill pensaba que se notaba demasiado. Había evadido el sexo con hombres por esa sola razón. Podía embarazarse, pero nunca se quedaría. Duraría por un corto periodo de tiempo, su cuerpo no podía manejar el llevar un embarazo hasta la etapa final.

No había muchas personas intersexuales en el mundo, aunque probablemente había más de lo que los números contaban. De cualquier manera, una vez que hubo pasado por la etapa de la preparatoria en su vida, había abrazado completamente quien era. Amaba el poder confundir a la gente con lo que era. Amaba que podía hacer que chicos heterosexuales se volvieran gay sin ni siquiera tener sexo con ellos. Pero por primera vez tras haberse descubierto a él mismo, Bill deseaba poder ser diferente. Deseaba ser normal. Deseaba ser una chica. Amaba sus partes masculinas, pero Tom…

Tom era el hombre de sus sueños. Él era el hombre que Bill y su madre deseaban a las estrellas. Tom era hetero. Lord Tom pronto lo mataría, o lo quemaría en una hoguera o algo, por ser de la manera que era.

—¿Billa?

—¿Sí? —Bill fue sacado de sus pensamientos por Cloelia.

—La cena.

—Está bien. Vamos —sonrió.

Bill alisó el vestido que se había puesto. Había lavado su melena de león, dejando su cabello en suaves ondas, y deseo poder tener una plancha de cabello con él. La “pintura de guerra” también había sido lavada. No teniendo con que reemplazarla, Bill trató de quitarse sus inseguridades y el disgusto por si mismo. No tenía nada de atractivo sin maquillaje – aunque eso era solamente en su mente.

Cloelia, por otro lado, había elogiado su aspecto repetidamente. Y mientras los dos se reunían con la demás gente en la mesa, parecía que muchos de ellos compartían la opinión de su acompañante.

Georg le indicó a Cloelia que le diera un  nuevo asiento a Bill, más cerca de Lord Tom. La joven muchacha sonrió e hizo lo que le ordenaron. La cena pasó sin eventos. Bill se dio cuenta que discutían mucho acerca del clima, aunque notó algo diferente sobre esa conversación. En Berlín, e incluso en América cuando había vivido ahí, mucha gente hablaba del clima como una charla relajada. Rompía el hielo. Aquí, como sea, Bill estaba intrigado por el hecho de que parecía un tema muy serio.

Bill observó a Lord Tom asentir de vez en cuando, escuchando las ideas de alguna gente en la mesa. De repente, las puertas se abrieron y un aire helado recorrió el lugar. De entre la nube de hojas y la ligera niebla, Bill vio a una de las más increíbles mujeres que hubiera visto.

Era alta, comparada con el resto que conocía. Su piel estaba arrugada ligeramente alrededor de los ojos, su boca y su frente. Pero sus ojos eran brillantes y de un fiero azul que pareciera haber visto mucho y contener sabiduría infinita, y aún así ese brillo de un adulto joven. Vestía múltiples capas, y su ropa le recordaba a Bill a una gitana. Delgados diseños azules adornaban su rostro. Toda ella gritaba antiguo, aunque no había manera de que tuviera más de cuarenta.

Detrás de ella, dos personas le seguían, un hombre y una mujer. La fémina vestía de manera similar a la que Bill decidió debería ser su madre y el hombre que parecía ser su hermano, si no es que su gemelo, lucía como un guerrero con sus ropas. Los ojos de Bill se colocaron inmediatamente sobre Tom, quien se había levantado rápidamente de su asiento. Caminó hacia la mujer, aunque dejo bastante espacio entre ellos. El hombre que había entrado con ellas se unió al círculo que se estaba formando a su alrededor. Bill también se unió, curioso por saber que estaba sucediendo. El aire se sentía denso.

—¿Quién es ella? —Le susurró a Cloelia.

—Ella es nuestra interprete de runas.

—¿Nuestra qué? ¿Interprete de runas?

—Sólo mire —Le comentó Cloelia asintiendo.

Las dos mujeres comenzaron a cantar, moviendo sus cuerpos como si estuvieran en trance. Bill escuchó golpeteo en el suelo y se dio cuenta que bailaban alrededor de bastones. Estaban inconscientes de todo lo demás, incluso de la otra a su lado, mientras sus pies alineaban los bastones. Bill no podía definir si lo estaba inventando en el momento o qué era lo que estaba pasando.

Bill observó su alrededor, jurando que podía escuchar ligeramente un tambor, pero no había alguno cerca que pudiera ver. Miró a Lord Tom quien miraba atentamente los bastones en movimiento. Y de repente, el tambor que Bill parecía oír se detuvo justo en el preciso segundo en que los cuatro pies al centro del círculo pararon. Todos se quedaron en silencio antes de que Tom hablara.

—¿Kara?

La mujer más vieja levantó su cabeza. —Helada.

Lord Tom asintió. —¿Cuándo?

—Las runas no lo dijeron, sólo que sería justo como Niflhel misma.

Los murmullos se elevaron en el comedor. Bill sólo se quedó callado. ¿Quién era Niflhel? No le sonaba nada bien. Pensó haber escuchado la palabra “infierno”, pero ¿qué tenía que ver la helada con el infierno?

—Hay más, Lord Tom.

—Continúe.

—Entrando la primavera después de que el invierno termine, habrá guerra. No sé dónde, o qué tanto nos veremos envueltos, pero debemos de tener presente que habrá una —Kara miró el rostro duro de Tom y sus ojos le sonrieron—. Gebo, seguido por marcas de fertilidad. —Georg sonrió y algunas personas vitorearon. Bill siguió mirando a su alrededor, no entendiendo completamente todo. Aunque sabía lo que fertilidad significaba, y juzgando por la expresión en el rostro de Tom, el sería el padre. Bill sintió su corazón encogerse. Comenzó el camino de regreso a su asiento cuando se detuvo al sentir un par de ojos sobre de él.

Los ojos de Kara estaban abiertos completamente y dijo muy suavemente —pertho.

—¿Disculpe?

—Pertho —Kara repitió—. Billa ¿puedo obtener algo de cabello suyo?

—¡No lo creo!

—Nunca se le niega a Kara —Tom le dijo calladamente. Bill tragó y jaló unos cuantos cabellos de su cabeza.

Estaba asustado. Él SÍ recordaba una que otra cosa de su clase de historia – las brujas paganas. Hervían bebes y hacían muñecas vudú de la gente. Hacían magia sólo para herir a otros y trataban de eliminar todo lo bueno del mundo. Demasiadas cosas podían hacerse son un poco de cabello, y ahora Bill estaba a su merced. Quería llorar.

Sin embargo, todos los demás le miraban como si fuera un Dios o cercano. Se sentó lentamente. La atención fue removida de él cuando Tom habló. Bill escuchó como el lord dividía a sus hombres. Empezando el día de mañana, muchos de los hombres capaces, mujeres y niños irían al campo. Algunos otros repararían las casas que lo necesitaran, mientras un grupo de mujeres deberían de reunir telas, comida y otras cosas para intercambiar.

Después de la cena, Lord Tom se le acercó a Bill y Cloelia antes de que pudieran hablar de lo que había sucedido.

—¿Lady Billa?

—Sí, ¿Lord Tom?

—Desde mañana ¿puede cuidarse usted misma unos cuantos días?

—Um, ¿sí?

—Bien. Cloelia, irás al campo. Ve con tus padres antes de que el día termine —la chica asintió y se disculpó para poder dejar las cosas listas para Billa esa noche.

—Va a estar terriblemente ajetreado mañana.

Lord Tom se encogió de hombros. —Las heladas llegan antes. Si queremos sobrevivir, necesitamos recolectar las cosechas ahora.

—¿Hay algo que pueda hacer?

—Puedes coser, lo has dicho. Necesitamos cosas para intercambiar —con eso, Lord Tom le dio la espalda a Bill y comenzó a hablar con otros hombres.

ESPERABA Bill pensó para sus adentros que encontraras algo que hacer para mi lejos de las viejas brujas, y más cercano a ti. A parte, podrías protegerme mejor si esa cosa rúnica intenta ponerme bajo algún hechizo.

Con un suspiró, Bill se retiró a sus aposentos, y se molesto aún más cuando Cloelia no tuvo tiempo ni de tan siguiera platicar cuando entró.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Más largos, más todo, más secretos, más problemas, más preguntas. Pobre Bill, nada parece lucir bien para él.

Devi Riddle Black
Capítulo Siete por Devi

CAPITULO SIETE


+.+.+.+.+.+


Bill estaba bastante decepcionado al descubrir que iba a pasar su tiempo cosiendo con las mujeres más grandes. Fue obligado a escuchar su viejo sonido mientras platicaban entre ellas. Eran muy lindas en incluirlo pero era tedioso. Después de unas pocas horas, Bill ya no podía soportarlo. Puso su recién terminada capa de pelaje a un lado, acomodo sus faldas, y corrió.


Aparentemente, las mujeres de la alta sociedad no trabajaban, y dado que pensaban que Bill era de la alta, lo habían puesto en ese grupo.


Una de las mujeres levantó la mirada cuando le vio correr. —La pobre querida debió de haber escuchado el llamado de la naturaleza.


Pero Bill terminó corriendo hacia Tom en su camino lejos de las mujeres.


—¿Lady Billa? —Tom le llamó mientras bajaba el pan que estaba por meterse a la boca.


Bill inmediatamente puso una sonrisa enorme en su rostro. —¡Tom! Er… Lord Tom.


—¿Nos acompaña? —Bill giró su cabeza en busca de la voz y vio que provenía de Georg, quien señaló una silla vacante junto a Tom.


—No me importaría hacerlo —Bill sonrió y se sentó.


—Hola, mi señora. ¿Cerveza?


Bill miró a la mujer que le habló. Lucía como salida de una película, no que fuera hermosa como una actriz, sino porque parecía una moza típica de taberna. Era más pequeña que Bill, mucho más pequeña, y delgada, aunque sus pechos parecían querer salirse por el escote de su vestido. Su cabello estaba recogido en una media coleta, y Bill notó la cosa más asombrosa sobre su rostro. Tenía una belleza común pero había maquillaje en su cara.


—¿Dónde conseguiste eso? —Bill preguntó, la desesperación palpable en su voz. No sabía que usaban maquillaje en esa época, ahora todo lo que necesitaba era una plancha de cabello.


—Yo lo hice —la mujer respondió lentamente.


—¡¿Cómo?!


—Miel, agua, jengibre y levadura.


 —¿Haces tu maquillaje con miel? ¡Genial!


—¿Maquillaje? —La muchacha comenzó a reírse sonrojándose—. Pensé que se refería a la cerveza.


Bill dio un sorbo a la bebida parpadeando en sorpresa. —Esto está realmente bueno. Pero tienes que decirme donde conseguiste tu maquillaje.


Tom y Georg sólo sacudieron sus cabezas murmurando un “mujeres”.


—Sí Lord Tom está de acuerdo. Puedo traerle algo está noche —la muchacha dijo, mirando a Tom para su aprobación.


—Sí. Lo que Lady Billa quiera.


Bill se sonrojó y miró a Lord Tom. Se giró y le extendió una mano a la otra mujer. —Soy Billa.


—Lo sé. Es usted más hermosa que lo que estos dos hombres presumen —se rio, señalando con su cabeza a sus acompañantes—. Soy Hannah.


—¡Mesera!


Hannah suspiró y le sonrió a Bill. —Le llevaré maquillaje en la noche. Fue un placer conocerle —antes de que Bill pudiera contestar, se retiró para poder llenar el tarro  del hombre que le había llamado.


Tom se levantó repentinamente. Juntó algo de comida, y le ofreció su brazo a Bill. —¿Camina conmigo?


Bill sonrió emocionado y saltó de su asiento.


 


—Entonces, Lord Tom —Bill comenzó mientras caminaban alejándose de los campos de cultivo.


—¿Sí, Lady Billa?


—Sólo somos nosotros dos ¿es necesario esto de las formalidades?


Tom sonrió ligeramente. —Supongo que no. Sabe, es muy poco apropiado de usted que esté aquí afuera, sola, conmigo.


Bill le miró por debajo de sus pestañas. —Déjalos hablar —suspiró para si mismo. Tom realmente era una vista espectacular—. ¿Alguna vez aprenderé algo sobre ti?


—Soy un guerrero que tiene su propia tierra. ¿Qué más hay que saber?


—Bueno, ¿de dónde vienes? ¿Quiénes son tus padres? ¿Hermanos?


—Del norte. Hijo bastardo de un Noruego. Mi madre, Brunhilde, fue casada con Sven el Hatheort. Tuve una hermana y un medio hermano.


Bill frunció el ceño. Sonaba tan frío al hablar, podía sentir como se tensaba – y no era lo que quería, así que hizo la última pregunta en ese tema. —¿Qué significa Hatheort?


Tom sonrió cruelmente. —Furioso. Es sajón.


Bill podía adivinar a donde iría a terminar esa conversación, así que cambio de tema rápidamente. —¿Y qué hay de Trümfels? ¿Cómo lo obtuviste?


—Mi compañía y yo atacamos el área. Estaba pobremente defendida. Apenas y tenían una empalizada levantada, y había muy pocos hombres entre 15 y 50 años que los podía contar con las manos. Ganamos fácilmente y ellos se sometieron mi como su Lord. Pasamos el último verano tratando de fortificar el lugar, aunque aún necesita mucho trabajo. Nuestra muralla está de pie y nuestra fosa completa.


—¿Qué sigue? —Bill preguntó, sonriendo ante el orgullo en la voz de Tom.


—Seguiremos construyendo el pueblo, y más importante, convertir mi casa en un castillo.


—Yo creo que así es bonito —Bill dio su opinión. Se estremeció al sentir las rudas manos de Tom sobre sus hombros. De repente estaba mirando la residencia.


—¿Bonito? Usable. Es un techo sobre nuestras casas. Pero míralo. Un simple falariqued podría tumbarlo.


—¿Qué es un fal…falariq…


—¿Falariqued? Es una flecha encendida.


—Oh …Bill miró al hogar de Tom en toda su gloria de materiales incendiarios—. Ya veo que quieres decir. Así que, esa chica que vino anoche, hablando sobre heladas y guerra y cosas…


—¿Kara?


—Sí, ella ¿quién es y de qué hablaba?


—Ella es nuestra runista. Es una de las personas más importantes en mi villa. Puede adivinar el futuro, y no me gustaría ir en guerra sin su consejo. Su hija, Urdrun, se está volviendo como su madre, mientras que su hijo, Gustav, es uno de mis mejores hombres. Kara nunca ha unido su mano con un hombre, y se dice que sus hijos son los hijos de los dioses.


Bill levantó una ceja incrédulo. —¿Estás bromeando?


—Yo no bromeo, Billa. Gustav es lo más cercano a un inmortal que he visto. Urdrun heredó el don de su madre- Kara fue nombrada por una Valkiria, y algunos dicen que no fue nombrada para alabarlas, sino que es una Valkiria de verdad.


—¿En serio? Okey, eso es realmente genial. Así que ¿por qué me llamó Perdho? ¿Y por qué se llevó mi cabello?


—Perdho es una runa. Habla de los misterios de una mujer. Tú eres un misterio, incluso para ella. Así que tomó tu cabello para bendecirte y protegerte. Cree que fuiste enviada por los dioses —Tom le dijo con simpleza.


—¿Entendiste eso con una palabra?


—Bueno, entiendo las runas, y ya se ha comportado así antes, aunque no a tal grado. No temas, Billa. Ella no te causaría algún mal.


—Suenas tan seguro.


—Lo estoy.


Bill le sonrió. —¡Oh! ¿Qué hay de la otra palabra? Gezebo o eso.


—¿Gebo?


—Sí.


—Bueno —Tom comenzó —significa obsequio.


—¿Obsequió? ¿Cómo un regalo?


Tom asintió —Sí. Pero también puede significar que alguna gente se unirá. Las runas hablaron de fertilidad, así que en este caso Gebo, creo, tomará la forma de una dama, como tú. Es para el comienzo de algo nuevo.


Bill se quedó callado por un minuto, tratando de entenderlo todo. El par se sentó cerca de un pequeño lago no muy lejano del pueblo.


—Voy a hacer todo esto mío.


—¿El lago completo? —Bill miró a Tom, riéndose quedamente—. Señor ¡qué valiente y fuerte es usted!


Tom sonrió. —Eres una bromista, Billa.


Bill se rio aún más. —Lo siento. ¿Qué es lo que va a ser todo tuyo?


Tom asintió con la cabeza. —Todo eso. Toda la tierra hasta donde tus ojos alcancen a ver.


—Eso es impresionante —dijo Bill, sus ojos siguiendo el dedo de Tom. Los muchachos se quedaron en un silencio cómodo antes de que Bill hablara de nuevo—. ¿Puedo preguntar algo?


—Lo que quieras.


—Bueno, Cloelia dijo algo como que eras este gran guerrero, y he visto tu pequeña habitación de tortura con un cuero cabelludo. ¿Cómo es que no actúas como tal todo el tiempo? Quiero decir, estoy agradecida de que no lo hagas —habló rápidamente— es sólo que me lo preguntaba.


Tom se estiró ligeramente. —Está mal ser un guerrero agresivo todo el tiempo. Hay un tiempo y un lugar para eso. Si quiero que nuestra aldea prospere, tengo que gobernar con justicia y equilibro. En verdad espero que nunca tengas que ver mi lado guerrero, es bastante brutal. No puedo dirigir a mi gente así. Ellos estarán más dispuestos a luchar por ti si trabajas a su lado. Como has visto, he trabajo a su lado. La mayoría de los lords no lo hacen.


—¿Qué te hizo decidir eso? ¿Lo has visto de la otra manera?


—Sí, el esposo de mi madre reinó de esa manera. Su gente se sublevó en su contra y fue asesinado por eso.


—Lo siento.


Tom se encogió de hombros. —El bribón me odiaba, no me importa —Tom suavizo su posición y jaló a Bill un poco más cerca. Georg no estaba por ahí para comentar si coqueteaba con Bill, así que lo hizo. Georg, su amigo, había decidido que era su derecho el hostigarlo en cualquier oportunidad posible, incluso enfrente del ejército de hombres. Tom lo permitía, mientras que la línea de respeto no fuera cruzada. Puso su brazo alrededor de la espalda de Bill.


—¿Otra pregunta?


—Puedes hacerlo.


—Bien. Um, ¿no estás ni un poco asustado porque yo esté aquí? Digo, diablos ¡yo lo estoy! Fui arrastrado por el tiempo y terminé en tu tierra, y ni siquiera pareces preocupado por eso.


—Venimos de diferentes mundos, Billa. Dime ¿hay dragones en el norte de dónde vienes?


—¿Dragones? ¿Así como gigantes lagartos escupe fuego? Estás bromeando ¿verdad? —Bill se rio, pero se detuvo al ver la mirada seria en el rostro de Tom


—No, no me estoy riendo. Tenemos esos monstruos aquí. Me complace saber que todos fueron destruidos. He visto muchas cosas extrañas en mis años de vida. Si causara una estampida por cada cosa que pasa, no estaría vivo.


—¿La gente te mataría por eso?


—Quizás no intencionalmente. Pero si entró a la batalla preocupado porque hay un dragón frente a mí, no estaría pensado claramente. Mis pensamientos estaría en otro lado, y en mi distracción, haría que mataran. Pienso por la noche, lejos de mi gente, de cómo llegaste aquí. ¿Qué clase de lord sería si reaccionara violentamente porque una hermosa mujer ha aparecido en mis tierras, incluso si ella viene del futuro? ¿Especialmente ahora?


—¿Ahora? —Bill preguntó—. ¿Qué es lo que pasa ahora?


—Ahora, cuando lo que más deseo es tener una esposa —Tom dijo suavemente, apretando a Bill gentilmente con la última palabra.


Bill levantó al mirada, sus ojos encontrándose con los chocolate de Tom, y tan inocentemente como pudo, tratando de evitar que la risa se le escapara, preguntó —¿Es por lo que Lady Godiva está aquí? ¿Para casarse contigo y tener a tus bebes?


Tom se estremeció. —Desafortunadamente, ella está aquí como prospecto. Aunque creo que tú y yo podríamos tener herederos más atractivos.


Bill se sonrojó de sobremanera. En su momento de espontaneidad, se inclinó y acarició con sus labios la mejilla de Tom. NO estaba esperando que Tom lo sujetara y lo acomodara para un beso. La cabeza de Bill comenzó a dar vueltas cuando sintió la lengua de Tom pidiendo entrada.


Incapaz de detenerlo, separó sus labios, peleando con Tom por el dominio del beso. EL muchacho de rastas gimió cuando el piercing de Bill comenzó a trabajar su magia.


Fueron interrumpidos por un carraspeo de un muy divertido Georg.


—Estoy contento de que Lord haya admitido que le agrada, Lady Billa, pero me temo que debemos regresar al trabajo.


Bill gimió desesperado pero se levantó. —¿Tom?


—¿Sí?


—¿Puedo trabajar en algún otro lado? No quiero estar encerrada con esas viejas hienas de nuevo.


—Viejas hienas —Georg se rio entretenido.


Tom le secundó, asintiendo. —Si puedes. Pero ruego me diga, Billa ¿dónde?


Bill suspiró dramáticamente. —El campo, la cocina, hazme trabajar como esclava limpiando la caquita de caballo, que me importa, ¡sólo no me envíes de vuelta con esas viejas argüenderas!


Tom sonrió. —¿Caquita?


Bill se rio. —Quiere decir popo.


Los otros dos hombres se rieron a carcajadas durante un rato. —Está bien, Billa. Puedes acompañarnos a Georg y a mí en el campo si lo deseas, aunque estoy seguro que si gustas, podrías preguntarle a cualquiera si necesitan ayuda y van a estar agradecidos de aceptarla.


—Me voy al campo —Bill respondió, pensando que ese trabajo no sería tan malo. Después de todo ¿qué tan malo podría ser jalar unos vegetales?


Sin embargo, Tom y Georg se miraron entre ellos. Tom parecía complacido consigo mismo y Georg lucía bastante orgulloso. Si pudieran posponer que Billa regresara a su propio tiempo, ella ya tenía las bases para ser una Dama regente.


+.+.+.+


 

Notas finales:
Devi Riddle Black
Capítulo Ocho por Devi

CAPITULO OCHO

+.+.+.+.+.+

El campo no era nada como lo que Bill esperaba. Sus piernas estaban entumidas, su espalda lo estaba matando, sus manos estaban de un rojo brillante y además, con yagas. Intentaba no quejarse, pero incluso si no decía algo en voz alta su rostro lo decía por él.

Tom había estado mirando a Bill por un par de filas de vegetales. Su respeto por Lady Billa crecía con cada vegetal que jalaba. Le vio encoger su rostro cuando miro sus manos. Se levantó y caminó hacia donde Bill. Pero Hannah se le adelantó.

Ella llegó primero y levantó a Bill, quien se quejó con el esfuerzo de sus piernas estirándose. Ella le ofreció una cantimplora y Bill bebió de ella con necesidad. Tom parpadeó lentamente, podía jurar que vio que Billa tenía una manzana de Adán.

Decidió ignorarlo. Después de todo, había muchas mujeres que eran mujeres en todo lo que eso significaba, pero que tenían un ligero bigote. Estaba agradecido de que Bill fuera perfecto en cada otro sentido. Tom podía soportar un ligero borde en la garganta de su mujer.

Tom se estiró, causando que su larga túnica abierta enmarcara su pecho aún mejor. No era esa su intención – todo lo quería era estirar sus músculos. Sin embargo, Bill le vio y dejo caer la cantimplora. Sus mejillas brillaron de vergüenza, causando que Hannah se riera mientras recogía la petaca.

—¿Guapo, verdad?

—¡Tú me lo dices! —Bill sonrió. Se sonrojó de nuevo mientras Tom le miraba. Le vio acercarse, tragó y limpió sus manos en su vestido, siseando cuando el material rosó las ampollas.

—¿Está usted bien, milady? —Tom preguntó. Asintió con su cabeza en saludo a Hannah, quien respondió y luego los dejo para ir a darle de beber a Georg.

—Sí, estoy bien. Es sólo que no estoy acostumbrada a este trabajo.

—No debería tener  la necesidad. ¿Me permite? —Tom le preguntó, alargando su manos para poder investigar mejor el desastre que eran las manos de Bill. Después de mirarlas rápidamente, le indicó a Bill que le siguiera.

Ninguno de los dos notaron las miradas que recibían. Los trabajadores, ya sea que estuvieran en el campo o reparando casas o entrenando en el pequeño ejército, todos se detuvieron para mirar a los dos. Estaban felices de poder ver un lado poco familiar de su lord. Siempre había sido distante, no exactamente frío, cuando ayudaba a su gente cuando podía, pero una parte de él siempre había permanecido bloqueada.

Ahora, parecía que Billa sacaba esa parte amable y cálida. Después de unos momentos de mirar, la gente regresó a su trabajo, contenta. Estaban felices con la idea de tener a Billa como su Señora.

Georg y Hannah observaron a Tom guiar a Bill. El lord se sentó y Bill lo hizo frente a él.

—Mira eso —Georg dijo suavemente mientras miraban a Tom, personalmente, atender las manos de Bill.

—Son una buena pareja —Hannah le respondió, sonriendo al sentir la mano del otro hombre tocando su brazo gentilmente.

Sus ojos se encontraron brevemente. —Venga, dejémoslos. Aún hay trabajo que hacer.

Hannah sonrió y asintió. —De hecho —con una última mirada al castaño, se alejó para rellenar su petaca.

Tom, por otro lado, tenía las manos de Bill entre las suyas mientras les esparcía un ungüento gentilmente sobre las heridas. Platicaron de diferentes cosas, Bill flirteando, deseando que Tom le respondiera, lo cual el de rastas intentaba.

—¿Cómo podría agradecerte por esto? —Bill preguntó, mirando por debajo de sus largas pestañas, su voz ligeramente rasposa. Tom tembló visiblemente.

La mano áspera del lord acarició brevemente la cara de Bill antes de caer sin movimiento en su regazo. —Yo… es … si…

Bill trató de esconder su sonrisa al ver como le fallaban las palabras a Tom. Pero sin más, el lord se levantó y se alejó, dejando un muy desconcertado Bill a su paso. El muchacho de cabellos negros se quedó en su lugar por unos momentos, tratando de tranquilizarse y esconder su decepción.

Sin embargo, cuando estaba a punto de regresar a su trabajo, una sombra le cubrió. Levantó la mirada y vio a Tom parado casi sobre de él. En su mano, sostenía una flor blanca que lucía mucho como un narciso.

Bill le miró intrigado. —¿Para mi?

Tom asintió ligeramente, sus ojos mirando a todos lados menos a él, como sucedía cada vez que estaba nervioso. Bill, sin pensarlo, extendió su mano derecha para aceptar la flor. De repente el rostro de Tom se iluminó con una sonrisa. Le recordó a Bill, a un niño en navidad cuando se daba cuenta que todos los regalos eran para él.

 

—¿La mano derecha? Maldición —Godiva murmuró para si misma mientras espiaba a los dos hombres—. ¿Qué demonios ha hecho Billa para merecer un junquillo¡ Yo soy MUCHO mejor y más adecuada para Tom —gruñó y regresó a su telar.

La peor parte era que Billa ni siquiera parecía realizar en lo que se estaba metiendo. Afecto deseado, de hecho. Godiva se dejó caer en su asiento. Su padre se había ido temprano ese día, dejándola sola, excepto por su sirvienta. Eso no era justo. A menos que…. Pensó, una sonrisa sinuosa desfigurando su rostro. —¡Moza!

En momentos Hannah estaba a su lado. —¿Sí, milady?

Lady Godiva miró con disgusto a la muchacha de la taberna—. No tú, quise decir mi sirvienta. Estás disculpada.

Hannah rodó los ojos y se fue sin preocuparse. Inclusive si Godiva había sido nacida en la alta clase o no, Hannah sentía que el respeto debía de ser ganado, no dado. Y esa Lady Godiva ciertamente no lo merecía. Aparte, Lord Tom claramente favorecía a Billa.

Lady Godiva, de cualquier modo, tenía otros planes. Cuando su sirvienta finalmente apareció, la jaló del cabello, casi hasta el suelo.

—Vienes cuando e digo que vengas. Ni un minuto después, ¿Fui clara?

—Sí, milady —la sirvienta respondió susurrando.

—Quiero que encuentres lo que sea que puedas de Lady Billa. Hazte amiga de la niña romana. Debemos destrozas a Billa de algún modo.

La sirvienta no habló, aunque sus ojos protestaron silenciosamente. —Si haces que mi plan sea descubierto, desearas el infierno ms obre mi castigo.

—Claro que si, mi señora.

Lady Godiva se sonrió cruelmente, complacida, mientras comenzaba ha planear.

 

Cloelia había trabajo constantemente junto a su familia – su madre y hermano menor – por cuatro horas cuando una muchacha de cabello rojo de su edad se apareció a su lado.

—Um ¿hola? —Cloelia le saludo cortésmente. Sabía quien era la extraña, pero no por su nombre.

—Hola. Cloelia ¿verdad?

—Sí.

—Soy Lorelei. La sirvienta de Godiva. ¿Se me permite trabajar aquí?

—Por supuesto. ¡Entre más mejor! —La madre de Cloelia respondió.

Cloelia y Lorelei se hallaron de maravilla. Bromearon todo el tiempo que trabajaron juntas, encontrando que aún podían reírse de la gente. Lorelei, estando lejos del alcance de oído y vista de Godiva, incluso se atrevió a bromear sobre su señora. Cloelia estaba asombrada, pero le siguió el juego.

Lorelei había comenzado eso en un intento de que Cloelia se burlara de Lady Billa, pero mientras el día pasaba, incluso días, comenzó a darse cuenta de que quizás Billa no era tan mala como le habían hecho creer.

Bill, por otro lado, había renunciado al trabajo de campo. Sacó también a los niños de ahí. Él mismo se había propuesto para cuidarlos, para el deleite de los niños. Bailaban y cantaban en los montos y simplemente se comportaban como los niños deberían.

Los días pasaban viéndolos en el campo, eso había causado conflictos en Bill. Había sido educado con las leyes de que el trabajo infantil estaba mal, pero esto era diferente de alguna manera. Pero aún así, no terminaba de convencerle. Habló con Tom, quien accedió a dejarle cuidar a los más pequeños.

Sin embargo, estaba a oscuras en cuanto a las razones egoístas de Tom para acceder. No sabía que el de rastas había aceptado para poder observar a Billa. No podía encontrar una mejor manera de observar a la mujer que quería que le diera herederos en acción.

Bill, por supuesto, se estaba divirtiendo de lo lindo. Comenzó a enseñarles las canciones infantiles de su era. Cuando sus padres regresaban del campo, y los niños corrían por los caminos de terracería cantando Callate y Sonríe, Bill se quedaba en el monte.

También cantaba, aunque canciones muy diferentes.

"I cannot stay here, 
I cannot leave.
Forever haunted 
More than afraid
Asphixiate on the words I would say
I'm drawn to blackened sky
As I turn blue. 

There are no flowers
No not this time
There'll be no angels
Gracing the lines
Just these stark words I find
I'd show a smile
But I'm too weak
I'd share with you 
Could I only speak
Just how much this hurt me."

—Esa es una canción bastante melancólica —Tom le comentó suavemente mientras se acercaba.

—Es una de mis favoritas de siempre —Bill sonrió, mirando por encima de donde sus brazos abrazaban sus rodillas.

—¿Continuarías para mi? —Tom pidió con tranquilidad.


"I cannot stay here
I cannot leave
Just like all I loved
I'm make believe
Imagine heart
I disappear 
Seems no one will appear
and make me real

There are no flowers
No not this time
There'll be no angels
Gracing the lines
Just these stark words I find
I'd show a smile
But I'm too weak
I'd share with you 
Could I only speak
Just how much this hurt me

I'd tell you how it haunts me
It cuts through my days
sinks into my dreams
You don't care that it haunts me

There are no flowers
No not this time
There'll be no angels
Gracing the lines
Just these stark words I find
I'd show a smile
But I'm too weak
I'd share with you 
Could I only speak
Just how much this hurt me
Just how much you . . ."

Tom escuchó atentamente la voz de Bill elevarse poderosamente para la última vuelta del coro. Le miró asombrado. No fue hasta que su voz se apago con el final que Bill le miró.

Se sonrojó con fuerza. —Es… um, sí. Esa. Esa es la canción.

—Eso fue hermoso Billa.

—Gracias Tom.

Tom miró a Bill lamerse los labios nervioso y sin pensarlo mucho, se inclinó, presionando sus labios contra los del moreno. Su lengua salió humedeciéndolos el mismo. Bill jadeó sorprendido, sus manos levantándose para sujetar las largas rastas. Gimieron y Bill terminó encontrándose tendido sobre su espalda.

La mano de Tom deslizándose por su pierna y haciéndose camino al filo de las faldas de su vestido, hicieron que Bill se sintiera ponerse duro y rápidamente aventó a Tom.

—¡Y-No puedo!

—Está bien, Billa. Nunca te lastimaría.

—No, lo sé. Es sólo. Oh nunca lo entenderías. Tengo que irme.

—¿Quédate? ¿Por favor? —Bill rodó alejándose de Tom y comenzó a levantar se para irse, pero la silenciosa suplica lo congelo en su lugar. Sabía que Tom sería su muerte. Estaba a punto de girarse cuando sintió su miembro moverse. Eso le recordó que tenía que irse. Rápidamente levantó sus faldas y corrió como si los perros del infierno fueran tras de él.

Tom se quedó sentado donde estaba. No es que pensara que Billa era una simple moza pero no había sido capaz de detenerse. Bill le tentaba como nunca había sido tentado en su vida.

Pasó sus dedos entre sus nudos antes de suspirar profundamente. Le levantó e hizo su camino hacia su hogar.

Mientras tanto, Bill había corrido hacia su habitación. Puso lo que pudo contra la puerta para que nadie pudiera entrar. Subió su vestido, y se bajo esos exageradamente restrictivos bóxer. Sujeto su miembro en un puño y lentamente comenzó a mover su mano. Mordió su labio para callar sus gemidos y se imagino una mano más grande y callosa a su alrededor.

En su mente, Tom estaba a su lado, sus labios deslizándose por su cuello, por su s hombros y por su pecho, mientras él se masturbaba lentamente. Mientras se acariciaba a si mismo, deslizó su otra mano hacia abajo, y metió un dedo dentro de él. Suspiró feliz y siguió embistiendo su mano mientras metía y sacaba ese dedo de su orificio femenino.

Con lo que no contaba era con Cloelia haciendo una nueva amiga. Habiéndola conocido ya por un par de días, Cloelia había invitado a Lorelei a ver su habitación, la cual estaba adjunta a la de Bill. La mente de Bill, solamente preocupada por aliviar su excitación, no pensó en revisar si su doncella estaba dentro del cuarto.

Ella había estado ahí, y con Lorelei miraron con horror mientras Bill se masturbaba, gimiendo el nombre de Tom muy, muy suavemente. Billa era un hombre. No podían decir que era intersexual pero sabían como lucían las partes de un hombre.

+.+.+.+

 

Notas finales:
:S ¡qué atrasó!
Capítulo Nueve por Devi

CAPITULO NUEVE

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Cloelia cerró la puerta y se sentó en su cama completamente escandalizada. Adoraba a su señorita Billa pero justo ahora se sentía completamente traicionada.

—Lorelei, creo que es hora de que te vayas.

La doncella de Lady Godiva asintió. —De acuerdo—Cloelia la dejó salir por la ventana.

Cloelia se quedó sentada en su cama, su cabeza gacha. No tenía ni idea de que hacer. Conocía su trabajo, pero también sabía lo que había visto. Sabía lo que le pasaría a Billa. Cloelia era una doncella. Un titulo dado generalmente a aquellos de rango más alto, pero Tom la había seleccionado por una razón.

Ella sabía cómo era Lord Tom y que era lo que admiraba de la gente. Si mantenías la cabeza sobre los hombros era más probable que él te respetara. Cloelia sentía que ese era el porqué de que le dieran tal tarea.

De repente, ella supo lo que tenía que hacer. Entró a la habitación de Bill y aclaró su garganta. Bill ya se había cubierto. Le miró sorprendido y con algo de miedo. Ella se sentó en la cama con él, aunque manteniendo su distancia.

—¿Podemos hablar?

—¡Claro! —Bill se sentó—. ¿Qué pasa?

—Sé que sólo soy una sirvienta, pero…

—No lo eres. Te considero una buena amiga. La única que realmente tengo.

—Entonces, como amigas, ¿puedo hacer una pregunta y tener una respuesta honesta?

—Sí —Bill no estaba seguro de que le gustara a donde estaba fluyendo la conversación.

—¿Qué eres?

—¿Qué quieres decir con qué soy yo?

—Yo… lo sé, Lady Billa. Lorelei y yo estábamos en mi cuarto y le vimos… usted.. um sí.

Los ojos de Bill se agrandaron. —Oh Dios.

—Sí. No lo diré. Seré leal a usted, y sólo a usted. Aunque no puedo hablar por Lorelei.

—¿Quién es Lorelei de nuevo?

—La doncella de Lady Godiva, milady… o mejor dicho, milord.

—Ya te dije, sólo Billa.

—¿Ese es su nombre real?

Bill se pellizco la nariz y suspiró. —No. Es Bill. Pero mi sobrenombre es Billa, y…

—¿Por qué está pretendiendo ser una mujer?

—No lo estoy.

Cloelia rodó lo ojos. —No soy tonta, Billa. Sé que es un hombre.

—No realmente.

Cloelia suspiró frustrada. —Billa. Suficiente. ¡La verdad!

Bill gimió desesperado. —¿Dijiste que eras leal  a mi?

—Lo soy.

—Entonces, si te digo algo, no deberás decírselo a nadie. Ni siquiera a Tom. ¡Dios, especialmente no a él!

—No le diré a Lord Tom.

—Bien. Yo… —Bill respiró profundamente—. Soy intersexual, —escondió su rostro, no sabiendo que esperar. Cloelia era la primera persona a la que se lo decía, en realidad.

—¿Intersexual? ¿Qué es eso?

—Soy un hermafrodita. Tengo partes de hombre y mujer. No soy realmente un hombre, pero tampoco soy una mujer —Cloelia estaba realmente callada así que Bill prosiguió—. No es una cosa común, incluso en mi época, pero así fue como nací. Aprendí que existimos incluso en este tiempo.

Cloelia le miró con los ojos llenos de sorpresa. —Está en muchos problemas, Billa.

—Lo sé.

—No, no lo sabe.

—¿No lo sé?

—No. Ellos le mataran si se enteran, Billa. Es imperante que le diga a Lord Tom.

—¡No puedo hacer eso! ¡ÉL me matará!

—Se va enterar de una u otra forma. Si Lorelei le dice a Godiva…

—Esa puta me odia.

—¡Billa! —Cloelia se rio.

—¡Bueno es verdad! No quiere otra cosa más que ver que me vaya.

—¡Y es por lo cual debe de decirle a Lord Tom!

—Quien me matara con sus propias manos.

—Yo creo que él le defenderá.

—Creo que estas equivocada.

—Entonces será mejor que le reza a todos los Dioses que pueda para que usted esté en lo correcto.

Mientras tanto, Lorelei entró con poca ceremonia a las habitaciones de su señora, llevaba una batalla interna en su cabeza. Había conocido a “Lady” Billa una vez, y pensaba muy alto de ella. Billa era la señora que soñaba con tener, tan opuesta Godiva.

Se sentía una traidora por lo que estaba a punto de hacer, pero como doncella, la tarea principal en su vida era ser leal a su dama.

—¿Lady Godiva?

—¿Qué?

—Tengo noticias concernientes a Lady Billa.

 

Lord Tom estaba sentado con Georg y Gustav, asegurándose de que todo estuviera caminando como debería. Casi todas las parcelas estaban en el granero, el pequeño ejército estaba en condiciones para pelear, y ya casi era tiempo para el intercambio anual con otras tierras.

Tom levantó la cabeza, habiendo notado el olor de Godiva. Realmente no le había dejado solo últimamente. Si él no estaba con Billa, la tenía a ella tratando de colgársele. Estaba comenzando a volverlo loco. Y, a pesar de estar constantemente ahí, su olor no era algo a lo que fuera inmune.

—¿Qué sucede ahora, Lady Godiva? —Tom suspiró.

—He descubierto algo que debería de saber.

—¿Y qué sería eso?

Godiva se acercó a Tom, quien rápidamente se apretó la nariz. No le importaba cuan rudo fuera considerado eso, era algo que simplemente tenía que hacer. Después de susurrarle su secreto, él giró su cabeza hacia ella.

—Lady Billa no es un hombre, Godiva.

Georg y Gustav levantaron la mirada en sorpresa. ¿De dónde había salido ESO?

—De hecho lo es, Lord Tom. Pregúntele a su sirvienta. Mi Lorelei estaba ahí, milord. Ella lo VIO, así como la esclava romana.

—Esto es suficiente —la voz de Tom era dura. Georg y Gustav agacharon sus cabezas, sabiendo que la paciencia de Tom se estaba agotando.

—Sólo quería que lo supiera, Lord Tom. No creí que fuera correcto que él siguiera engañándolo continuamente, y….

—¡SUFICIENTE! —Tom ordenó. El rostro de Godiva palideció al tiempo que ella y el resto de la gente en la habitación brincaban. Godiva rápidamente levantó sus faldas y salió corriendo hacia su cuarto.

Bill y Cloelia habían estado platicando calladamente sobre las opiniones de Bill cuando el arranque de ira de Tom les sorprendió. El dúo estaba en un pasillo alejado del salón principal, pero Lord Tom era conocido por hablar muy alto algunas veces.

—Creo que ahorita es un muy mal momento. —Cloelia dijo.

Bill asintió, riéndose nervioso. —Eso creo.

 

Los rumores se habían esparcido como el fuego sobre de que Bill era un hombre. Se había sorprendido de que en esta sociedad existieran los rumores, pero pensándolo bien, tenía sentido. Cloelia le había explicado que en su cultura, los rumores eran una manera de probar la lealtad. Si el rumor te llegaba, no se debería de confiar en esa persona. Lorelei, en este caso, era esa persona.

Afortunadamente para Bill, a mayoría de la gente simpatizaba con él y culpaban a Godiva del rumor. Hannah, la moza de la taberna, se había probado a si misma como amiga de Bill, diciéndole a todos los que lo mencionaran que eran, en palabras modernas, idiotas. Su amistad había comenzado con el maquillaje pero de ahí había ido creciendo y Bill, Hannah y Cloelia formaron su pequeño grupo.

Sin embargo, Tom no estaba muy seguro de que pensar de las cosas que decía la gente últimamente. Muchos rumores comenzaron con un fragmento de la verdad. Recordaba haber visto la manzana de Adán en Bill en un par de ocasiones. Había notado el pecho plano, aunque se preguntaba ahora si no era simplemente por su altura y tamaño.

En la soledad de sus habitaciones, lord Tom comenzó a planear. Esperaría hasta el festival de las Noches de Invierno.

 

Cloelia se movía alrededor de Bill, tratando de prepararlo en toda la manera posible. Desafortunadamente para ella, Bill era una creatura bastante independiente, así que quería hacer todo por si mismo. Eso dejaba a la pobre doncella con la tarea de asegurar que su vestido estuviera completamente liso.

—¿Entonces por qué exactamente tengo que ir a este… Festival?

—Es para la alabanza de la mujer Disir, Billa. Si hay una mujer en su pasado que desea honrar, lo hace hoy.

—Una mujer en el pasado, ¿como alguien que murió? —Cuando Cloelia asintió, Bill sonrió. Esa noche, honraría a su madre.

—¿Y cualquiera puede participar?

—¿Cualquiera? Oh, Billa. TODOS participan en el festival. El comienzo de las Noches de Invierno es un momento muy importante en Trümfels.

—¿Cómo es eso? —Preguntó.

Cloelia se encogió de hombros. —Parece muy importante para Lord Tom. Sólo él y Lord Georg saben la verdad, pero la gente dice que tiene algo que ver con su hermana.

—Él mencionó tener una hermana.

—Escuché que ella murió. Y que el cabello en el salón de estrategias tiene algo que ver con ello.

Bill tembló. —Odio ese lugar.

—También yo, Billa.

Los dos terminaron de prepararse, y se dirigieron a las puertas donde el festival estaba siendo llevado a cabo. Había una enorme hoguera rugiendo, y la villa entera estaba reunida alrededor del área. Bill estaba sorprendido de ver a un par de cientos de gente ahí.

—No había pensado que hubiera tanta gente en Trümfels. —Bill murmuró.

—No son sólo de Trümfels, también de las tierras aledañas. Ellos juraron lealtad a Lord Tom, y por darle sus cosechas, él los defiende.

—Suena como un intercambio justo. ¿También conservan su propia comida?

—Algo. Lord Tom la guarda toda. Juntamos una larga cantidad de comida para una población tan pequeña. Todos comemos bien. Lord Tom se asegura de que sea dividida equitativamente.

—Es un buen hombre —Bill dijo distraído, mientras miraba al objeto de su discusión.

Lord Tom estaba parado cerca del fuego, vestido de nuevo en una larga túnica roja abierta. Sus rastas parecían tener una sustancia en ellas que las hacia lucir menos esponjadas y mucho más bonitas. Sus piernas estaban enfundadas en pantalones negros. Y mientras Bill se acercaba, se dio cuenta que no era su usual capa de piel, si no que era pelaje de lobo.

Lord Tom escuchó a gente acercársele y les miró, casi tirando su cuerno de aguamiel. Lady Billa lucia absolutamente hermosa. Georg estaba parado junto a Tom, sonriendo como el gato Cheshire.

—¿Le gusta el vestido que pidió?

—¿Yo qué?

—Cloelia y yo conspiramos. ¿Creo que todo lo que Lady Billa esta vistiendo combina con usted?

Lord Tom se miró a si mismo, luego a Bill. Georg estaba en lo correcto. El largo vestido de Bill era del mismo rojo que su túnica, y la capa cubriendo sus hombros también era de pelaje de lobo gris, como el que adornaba su túnica. El cabello de Billa esta suelto y relativamente lacio.

Lo que hizo que el corazón de Tom casi se detuviera, era el maquillaje de Bill. Estaba acostumbrado a las mujeres usando mucho. El rostro de Bill había sido blanqueado, pero no fantasmagóricamente, como Tom había visto en mujeres en su pasado. Y sus ojos. Los ojos de Bill estaban delineados con negro, pero no pesadamente como la noche en que llegó.

—Lord Tom —Bill se inclinó en una pequeña cortesía, y luego se paró a su izquierda.

—Lady Billa, luce asombrosa.

Bill se sonrojó de un tono hermoso, aunque era difícil de ver con el polvo blanco en su rostro, y la hoguera siendo la única fuente de luz.

—¡Hannah! —Bill chilló cuando vio a su amiga. La mujer se acercó rápidamente y abrazó a Bill y Cloelia.

—Luce hermosa. Ambas. Billa, debes de enseñarme como logras tu maquillaje.

Bill se rio. —Lo haré.

Hannah sonrió. —Bien —se giró hacia Tom—. ¿Debó de llenar su cuerno, milord?

—Estoy bien así pero gracias.

Hannah asintió y miró a Georg, quien tenía una sonrisa boba en la cara. —¿Lord Georg?

—Hola moza —Moza era generalmente usado para insultar a una mujer, pero por alguna razón, Hannah no le importaba cuando Georg la llamaba así. Lo decía casi de manera afectuosa.

—Lo que él quiere decir es —Bill se rio—, que luces deslumbrante y que quiere arruinar sus sabanas esta noche contigo.

—¡Billa! —El grupo rio.

Bill se sonrojó pero sólo se rio también. —Oh, vamos Georg. Sabes que sólo digo lo que estás pensando.

—Creo que eso fue muy poco femenino de su parte.

—Bueno, no he actuado muy propiamente en el pasado ¿por qué empezar ahora?

—Eso es razonable ciertamente — Tom comentó, aún sonriendo.

 

Cuando el pueblo y los aledaños terminaron de llegar, Tom se preparó para su discurso. Antes de caminar se giró hacia Bill.

—¿Lady Billa?

—¿Sí?

—Recuerdo que una vez me dijo ¿que perdió a su madre? —Bill asintió triste—. Sería un gran honor para mí si se para a mi lado. Me gustaría también, invitar a su madre, si eso es aceptable para usted.

—Mi madre está muerta —Bill dijo confundido.

—Sí, estoy consciente de eso y mis más sinceras condolencias, Lady Billa —Tom dijo bastante paciente—. Verá, este festival es sobre Disir.

—¿Qué es Disir?

—¿No celebran el inicio de las Noches de Invierno en Berlín?

—Nope. No puedo decir que haya asistido.

Tom le miró tristemente. —Nunca podría vivir de esa manera —sacudió su cabeza—. El Disir son los espíritus de las mujeres fallecidas. Son invocadas para la fertilidad y para protección durante los meses de invierno.

Bill no pudo retenerse y acarició gentilmente la mejilla de Tom. —Significaría mucho para mí.

Tom le sonrió y extendió su brazo para que Bill lo tomara, lo cual el de cabellos negros hizo.

Tom lo odiaba. Mientras los días transcurrían, su atracción por Lady Billa se hacía más fuerte. Había alcanzado el punto en el cual Tom consideraba la posibilidad de que Bill quizás fuera, de hecho, un hombre, y no estaba tan asqueado como pensó que debería de estar. Y parecía que cada vez que Bill estaba cerca, o incluso hablaban de él, Tom sonreía. Raramente sonreía, pero tan pronto como el muchacho bonito había llegado a su vida y lo había puesto todo de cabeza, parecía que todo lo que Tom hacia ERA sonreír.

Sacudiendo su cabeza para aclarar su mente de la alta belleza en su brazo, Tom tomó su lugar enfrente de su gente.

—Esta noche —esas simples palabras eran fuertes y claras para capturar la atención de todos—, recordamos a aquellas mujeres que murieron. Algunas muertas en la batalla, algunas en los partos, algunas asesinadas a sangre fría. Cada una de ellas fueron arrebatadas de nosotros demasiado pronto.

—Esta noche, las llamamos. Les llamamos para protegernos en este invierno que se acerca. Les pedimos que bendigan a nuestros niños. Les llamamos para recordarnos a nosotros mismo que ellas no murieron en vano, que no serán olvidadas. Cada uno de nosotros tenemos a quienes deseamos llamar, y pueden hacerlo.

—Esta noche, hay dos en particular que deseo convocar. Brynja Trümper y Simone Kaulitz —Bill sonrió y apretó el brazo de Tom en un agradecimiento silencioso—. Pido no sólo por mí, si no por mi gente, que estas dos extraordinarias mujeres se queden con nosotros durante las frías noches de invierno.

—Esta noche, les pido que levantemos nuestro cuernos no sólo por estas mujeres, si no por aquellas que perdimos y aún mantenemos tan queridas en nuestras almas. ¡Salve a los muertos victoriosos!

Para marcar el final de su discurso, Tom levantó su largo cuerno que sostenía en su mano. Bill notó a los demás hacer lo mismo, así que también elevó el que Hannah le había dado. Tom dio un largo trago de él y Bill hizo lo mismo.

No pudo terminarlo todo de un sólo trago, aunque eso parecía ser el caso de todos. Después de levantar sus cuernos al cielo, luego beber de ellos, la gente dejó caer los restos en el suelo. Bill hizo lo mismo, pero mientras la celebración iniciaba una vez más, le preguntó a Tom porqué hacían eso.

—Cuando levantas el cuerno, les estas ofreciendo a los dioses tu bebida. Para mostrarles que ellos son primero, ellos deben de beber primero. Luego, cuando hayas bebido, les das los restos a Disir. Las mujeres vienen después del hombre, por lo cual nosotros bebemos antes de ofrecerles.

Bill se quedó callado un largo rato, procesando todo antes de asentir. Tenía sentido.

 

El festival continuó por un rato más. Bill se quedó al lado de Tom, y se sorprendió de ver que Tom no tomaba más de lo que él había pensado. Se sentaba muy tieso, como si estuviera preocupado. Le indicó a Hannah que se acercara y después de haberle susurrado algo al oído, ella asintió y se fue. Bill observó a Tom inclinarse sobre Georg y también susurrarle algo.

El segundo en comando inmediatamente dejo caer lo que quedaba de su bebida en el piso. Tom se levantó y le ofreció su brazo.

—¿A dónde vamos? —murmuró Bill mientras el Lord lo llevaba por entre la gente

—A estar con mi pueblo —el de rastas respondió. Hablando un poco más fuerte, ordenó— ¡Hannah! Canta para nosotros.

La muchacha de la taberna se sonrojó y se paro en medio del mar de gente. Aclaró su garganta y comenzó a cantar.

Tom se quedó en guardia aunque parecía estar disfrutando totalmente de la canción. Por el rabillo del ojo vio algo brillando entre el fuego. Sacó su espada y partió al hombre en dos.

Bill soltó un gritó ahogado, así como otros. La mayoría sólo jadearon. Tom tomó asiento y habló calladamente pero cada hombre lo escuchó. —Un explorador. Monten guardia a los alrededores. —Unos pocos hombres de lo más sobrios, incluyendo Georg, dejaron el festival.

Tom le sonrió a Hannah. —Continua.

Ella le miró, pero abrió su boca de nuevo. —Iremos a casa, iremos a casa. Iremos a casa por entre las montañas-

—¿Qué fue eso? —Bill siseó.

—Un explorador —dijo Tom con calma.

—Pero…

—Matarlos es la mejor manera de lidiar con ellos.

Tom no dijo algo más sobre el tema, y no parecía preocupado de que hubiera matado a alguien sin provocación. Bill había estado asustado pero eventualmente se calmó. Creí en lo que Tom había dicho sobre invocar a su madre porque estaba seguro de sentir su presencia, lo cual lo calmaba inmensamente. Sin mencionar la seguridad que aún sentía cerca de Tom.

Conforme la noche se terminaba, Tom se encontró a si mismo acercándose más y más a Bill. No hubo otra palabra sobre la cuadrilla de donde había venido el explorador. Para cuando el festival de las noches de invierno se terminó, Bill estaba total y completamente intoxicado, aunque no era por el alcohol. Tom, tras haber escoltado a Bill de regreso a su habitación, había requerido un beso de buenas noches.

El beso fuera de la habitación había crecido en intensidad, hasta que Bill se vio pasar de estar aplastado contra la pared a ser sujetado bajo el duro cuerpo de Tom sobre la cama. Besó al de rastas rudamente, deslizando el largo chaleco del hombre hacia el piso.

Su cabeza estaba nublada por la pasión, y se sentía tan bien que nunca pensó en ocultar su masculinidad de Tom.

Se siguieron besando y tocando hasta que Tom estaba completamente desnudo y a Bill sólo le faltaba su vestido. La mente del moreno solamente estaba puesta en el hombre frente a él y no se detuvo a pensar que Tom notaría la falta incluso de un ligero abultamiento, dónde sus pechos deberían de estar.

Incapaz de detenerse Bill se quitó a Tom de encima, haciéndolo caer sobre la cama. Acomodándose rápidamente, Bill se le puso encima, no le tomó mucho tiempo para tener el miembro de Tom en su boca. El de rastas jadeó y sostuvo el suave cabello de Bill. Gimiendo y suspirando mientras Bill presionaba su arete de la lengua contra la parte inferior de su hombría mientras succionaba.

Los ojos de Bill se cerraron felices mientras apretaba sus labios. Jamás había probado a un hombre tan delicioso como Tom. El de rastas, por otro lado, tenía la cabeza echada para atrás y estaba comenzado a embestir gentilmente en esa boca.

Bill quitó su boca haciéndolo gemir. Tom tomó a Bill y rodaron, poniendo bajo suyo de nuevo. Bill estaba duro, pero aún sólo vestía su bóxer que no permitían mucho para mostrar. Pero incluso así, Tom pensó sentir algo contra él pero estaba demasiado perdido en su lujuria para pensar mucho en ello.

Con urgencia, Tom deslizó el bóxer de Bill.

Ambos se detuvieron viendo fijamente el miembro endurecido de Bill. El rostro del moreno estaba completamente cubierto de horror ahora que Tom sabía. El Lord le miró, sus ojos ardiendo en furia.

—Ellos decían la verdad. Eres un maldito hombre.

—¡No! —Fue todo lo que Bill pudo decir como explicación antes de ser cubierto en sangre cuando su nariz comenzó a dolerle. Miró horrorizado a Tom retraer su puño.

—Me mentiste-

—¡Déjame explicar!

—No hay nada que decir.

—¡Sí, sí lo hay! Y tú no te has ido aún, claramente quieres escucharlo.

—No, tú ha- … ¿Qué estás haciendo?

Bill se había recostado de nuevo sobre la cama con las piernas abiertas, sus rodillas dobladas para que Tom tuviera una mejor vista. El de rastas no podía negar que era una de las imágenes más calientes que hubiera visto. Y Bill notó como el miembro de su Lord se endurecía entre más miraba.

Bill puso sus manos en su zona sur y, cerrando sus ojos fuertemente, dejó que Tom viera sus partes femeninas.

—En el nombre de Freya ¿qué…? —Tom murmuró. Bill tenía lágrimas deslizándose por sus mejillas. Pero antes de que alguien pudiera decir algo, una fuerte campana resonó por todo el lugar. La cabeza de Tom se giró violentamente y se vistió antes de que Bill pudiera adivinar que significaba la campana.

—Quédate aquí —fue la orden final que Tom le dio antes de salir de la habitación.

Bill se recostó en la cama, dejando que sus lágrimas cayeran. Después de escuchar la campana continuar su retoque, se levantó y se vistió antes de volverse a hundir en su llanto, y fue así como Cloelia lo encontró.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Ahora sí :D Se vienen los tiempos dificiles

Lamento el retraso con esta historia. La vida pasa, a veces.

Devi Riddle Black
Capítulo Diez por Devi

CAPITULO 10

+.+.+.+.+.+

Cloelia corrió frenéticamente hacia las habitaciones de Bill. Vio una espada aparecerse en su camino y abrió la boca para gritar, pero una mano la silencio. Levantó su mirada hacía su captor y vio que sólo era Gustav. Se relajó inmediatamente.

El rubio le indicó que tomara la espada que sostenía para Bill. Su propia espada estaba desenvainada y se miraba tenso y obviamente en guardia. Entraron a los aposentos de Bill juntos y Cloelia inmediatamente se apresuró hacia la figura derrumbada en el suelo.

—¿Billa? —Siseó.

Él le miró, su maquillaje corrido y su rosto enrojecido por el llanto, una sonrisa triste en sus facciones. —Hola, Cloelia.

—¿Qué sucedió?

—Tom sabe —susurró, sentimientos de humillación recorriéndolo de nuevo. Era la cosas más degradante para un ser intersexual – tener que mostrarle a alguien cuan extrañas eras sus regiones bajas. Usualmente, Bill disfrutaba de quien era, pero incluso él no estaba exento de sentirse avergonzado, humillado y simplemente una abominación.

Cloelia le sostuvo cerca. Estaba agradecido de que su amiga no le hubiera obligado a hacer lo que tuvo que hacer para Tom, nunca le hizo mostrarse en tan degradante manera. Pero por mucho que se odiara así mismo en ese momento, sabía que era la única manera. Tom era del tipo de ver para creer.

—¿Qué sucede? —Bill dijo calladamente cuando los gritos y el golpeteo de metales se hizo más fuerte.

Cloelia gimió. —Estamos bajo ataque.

Bill también gimió, asustado ahora que sabía que significaba el sonido.

—¿Qué hacemos? —Graznó.

—Nos quedamos calladas y tratamos de escondernos lo mejor que podamos, pero si necesitamos pelear entonces lo hacemos.

—¿Pelear? Puedo pelear con los puños.

Cloelia meneó su cabeza. Recordó la espada que Gustav le había dado y se la dio a Bill. —Esto es para usted.

—Gracias.

—Ella no es a la que hay que agradecerle —Gustav dijo. Bill le miró en sorpresa. Nunca había escuchado hablar al rubio antes—. Lord Tom me la dio para dársela a usted. También me pidió que le protegiera.

—¿Tom hizo eso? —Bill estaba confundido. Estaba seguro de que Tom lo odiaba, pero aquí estaba su mejor guerrero—. ¿No debería usted de estar protegiendo a Tom?

—Puede cuidarse solo, esté segura. Demandó que cuidara de usted. No lo cuestiono.

Bill frunció el cejo. —¿Sólo haces lo que te dicen? ¿Incluso si no estás de acuerdo con ello?

—Si no estoy de acuerdo con Lord Tom, se lo digo. Respeta los puntos de vista de todos en un tema, en caso de que exista algún detalle que él no haya visto. Pero cuando se trata de proteger a alguien, jamás lo cuestionaré.

—Creo que significas algo para él, Billa —Cloelia le sonrió. Fue un momento corto porque los gritos se volvían más fuertes y cercanos. Bill sujetó la mano de su dama de compañía y comenzó a temblar. No tuvieron oportunidad de esconderse antes de que la puerta fuera abierta de una patada, la madera destrozada.

Gustav estaba preparado y movió su espada hacia uno de los intrusos antes de girar y matar al segundo. Quedan dos, uno se lanzó hacia Bill, quien sostuvo su espada hacia arriba para atravesarlo. Fue ahí cuando noto con horror que la hoja era completamente redonda en la punta.

Gustav llegó en un segundo y removió la cabeza del atacante con un movimiento fluido. Bill gritó mientras era bañado en sangre. El rubio se deshizo del último atacante como si fueran nada.

Bill gimió y se aferró a Cloelia. —¿Por qué me dio una hoja redonda?

—Es muy filosa, Lady Billa —Gustav jadeó ligeramente—. Debo de enseñarle a usarla. Se apuñala sólo con espadas cortas y dagas. Las espadas son usadas para descabezar. Un hombre puede sobrevivir una apuñalada pero no puede sobrevivir sin cabeza.

Era una explicación correcta, aunque Bill no quería admitirlo. Su mente se hundió en una de las primeras cosas que pensó cuando llego a Trümfels – no pertenezco a aquí.

Gustav lo devolvió a la realidad. —Tenemos que irnos. No podemos quedarnos.

Las dos “chicas” asintieron y siguieron al guerrero. Les guió por el salón principal, deteniéndose sólo para pelear con algunos atacantes, aunque no había tantos como Bill había esperado.

Bill y Cloelia fueron guiadas hacia la habitación de planificación y guerra de Tom

—Este es el lugar más seguro para usted —Gustav dijo, aunque Bill lamentaba diferir. Sabía que no estaban solas en la habitación. No había otros humanos excepto por ellos tres, y no había animales. Bill nunca fue del tipo religioso. Seguro, iba a la iglesia en Navidad con sus padres, pero sólo era por tradición. Se consideraba más como un ateísta pero incluso no podía negar que ahí, había algo.

Cloelia le platicó sobre sus dioses, los principales siendo Odin, Thor y Tyr. Dioses de guerra. Había otros como Frigg, Frey, su hermana gemela Freya, Hel, etc., pero no había alguno más poderoso que esos tres.

Odin – dios de la guerra, la sabiduría y la muerte – se decía que era capaz de detener una lanza a medio vuelo. Tenía sólo un ojo el cual había cambiado por runas como las que Bill vio a Kara leer.

Thor era el dios del trueno y la guerra. Era más como un dios para la gente común aunque cualquiera podía llamarle.

Tyr era el dios del aire y la justica, aunque también era invocado durante la guerra. Tenía sentido para Bill. Cualquiera que haya iniciado una guerra injustamente no triunfaría.

Se había reído bastante ante el concepto de dioses, pero conforme la batalla crecía y con lo que fuera (o quien fuera) que fuera la presencia en esa habitación, comenzaba a cuestionarse sus propias creencias.

Después de lo que parecieron horas, dos hombres completamente húmedos de sudor entraron en la habitación. El corazón de Bill se atoró en su garganta cuando se dio cuenta que uno de ellos era Tom. Estaba feliz de ver que Georg le acompañaba, ambos relativamente ilesos, pero su atención estaba solamente en Tom.

Bill se sorprendió al ver que Tom parecía aliviado de verle. El de rastas puso su atención en Gustav, quien inmediatamente comenzó a narrar lo que había sucedido durante la pequeña lucha en los cuartos de Bill.

Tom rodó los ojos hacia el techo cuando Gustav terminó su historia diciéndole que nadie había sido herido pero la puerta no había sobrevivido. Bill lo tomó como que solamente estaba rodando los ojos en fastidio, pero poco sabía que Tom actualmente estaba dando gracias a que Gustav hubiera llega ahí a tiempo.

—Me temo que hoy no podrá dormir ahí, Lady Billa —Tom dijo—. Muchas de las puertas fueron destruidas. La mayoría estará durmiendo en una habitación común. No hay lugar para una dama como usted.

Estaba claro para Bill y  Cloelia que Tom se estaba burlando de él. Gustav estaba seguro de haber entendido la mayor parte. Él, su madre y su hermana habían pasado muchas horas discutiendo el tema Billa y el porqué fue enviada a ellos. Ninguno de ellos sabía sobre la parte del viaje en el tiempo, pero Kara sabía que existía más de esa historia de lo que decían.

—¿Qué está diciendo, Lord Tom?

—Sólo la estoy invitando a que pase sus noches en mis aposentos hasta que su puerta sea reparada.

Bill abrió la boca, al igual Cloelia. Incluso Tom estaba sorprendido de si mismo aunque no quisiera admitirlo. Su mente seguía regresando a Bill, incluso en la batalla. Era peligroso tener ese tipo de distracción, pero Tom descubrió que funcionaba en su beneficio. Cada vez que pensaba en Bill, su necesidad de defender su hogar se volvía más fuerte. Estaba seguro que había matado a la mitad de sus oponentes de un solo golpe.

Ahora que Tom estaba en la misma habitación con Bill, no podía evitar pensar en la imagen que recibió antes de que la campana de advertencia sonara. La hermosa creatura yaciendo sobre su espalda en la cama, abriéndose completamente a Tom. Su miembro comenzó a volver a la vida y Tom inmediatamente puso su mente en toda la sangre y el desastre que literalmente le había bañado.

Bill balbuceó hasta que finalmente fue capaz de hablar. —C-creo que sí…

Tom sonrió ladino. —Bien. Por este lado, mi querida Lady Billa.

Bill siguió a Tom detrás de un tapiz que colgaba de una de las paredes de la habitación de planeación. Había una puerta detrás. Gustav y Georg salieron por la puerta principal con Cloelia para llevarla a donde pasaría la noche.

Bill miró a su alrededor mientras Tom le guiaba a su cuarto. Había una larga cama en el centro de la habitación y el lugar entero estaba decorado con pieles. En Berlín, Bill hubiera temblado ante el pensamiento de tantos animales muriendo. Pero aquí en Germania, era diferente. Los animales eran matados frecuentemente, pero en Trümfels cada parte de ese animal era usado, así que eso lo hacia un poco mejor ante sus ojos.

Tom comenzó a desnudarse, y considerando lo que estaba usando, no le tomó mucho tiempo. Bill inmediatamente se sintió consciente de su cuerpo de nuevo. Justo en ese momento entendió que pasaría la noche con Tom. Pasaría la noche con el mismo hombre que le forzó a mostrase de tal manera. Tampoco tenía ropas para pasar la noche.

Tom parecía saber lo que había en la mente de Bill, porque le aventó una camisa similar a la que había usado cuando Bill le vio por primera vez. La aceptó y, dándole la espalda a Tom, comenzó a cambiarse.

El muchacho de rastas le observó. No había manera de que pudiera mirar a otro lado. Sus ojos estaban enganchados a la pequeña espalda del moreno. Intentó quedarse parado donde estaba pero cuando la larga y holgada camisa comenzó a deslizarse por el cuerpo de Bill, descubrió que sus pies se movían solos hacia esa belleza.

Tom se paró detrás él, presionándose muy cerca. Bill se estremeció al sentir la dureza de Tom presionándolo por detrás.

—¿Tom?

—¿Sí?

—Necesitamos hablar —Bill murmuró.

—¿No puede esperar? —Tom preguntó, acariciando la curva del cuelo de Bill quien no pudo evitar ladear su cabeza ante tales atenciones.

—Necesitamos hablar sobre… —Bill terminó gimiendo cuando Tom le mordió gentilmente el cuello.

—Después. Justo ahora te necesito Billa.

Los ojos de Bill se cerraron mientras dejaba caer su cabeza sobre el hombro de Tom. Tan seguro como estaba de que se arrepentiría de esto, Bill no pudo evitar dejarse llevar. Esperaba sentirse tan barato por entregarse a Tom tan fácilmente, pero no. Algo en eso se sentía como lo correcto.

Bill giró su cuerpo para estar frente a Tom y sus bocas se unieron en un beso fiero. Las manos del moreno vagaron por la espalda sudorosa de su lord. Se dio cuenta que Tom no se había limpiado después de la batalla. Decidió que había dos tipos de sudor. Ese oloroso sudor que hace que la gente vomite y luego ese que realmente no olía feo – te hace querer lamerlo como si fuera agua.

Tom parecía tener un buen olor por naturaleza, y el sudor de la batalla solo lo hacía más pronunciado. Bill inclinó su cabeza y lamió por todo lo largo de la quijada de Tom, probándolo. Tom se acercó, sus cuerpos pegándose. Podía sentir la dureza de Bill pero estaba muy lejos de sentirse disgustado por ello.

Tom hizo caminar a Bill de espaldas y lo recostó sobre la cama. Sus labios se encontraron de nuevo y gimió cuando Bill se arqueó debajo de él. Con un movimiento fluido, la camisa que Bill se había puesto minutos antes había desapareció.

Los labios de Tom viajaron por la piel pálida, dejando besos aquí y allá. Se aseguro de dejar pequeñas marcas por su camino. No le importaba ya más que Bill tuviera partes masculinas. Todo lo que le interesaba era marcar a Bill como suyo. Sintiéndose más y más atraído hacia Bill, no quería que nadie más estuviera con tan hermosa creatura.

Bill gimió de dolor y Tom le miró.

—¡Eso dolió, idiota! —Bill gruñó.

Tom acarició con sus dedos callosos el lugar que había mordido un poco más fuerte. —Lo siento.

Bill inmediatamente lo perdono cuando escalofríos de placer le recorrieron ante tan ligero toque. Sentía que moriría si Tom decidía alejarse de él en ese momento; miro su propio pene. Tom sonrió cuando sus ojos siguieron su mirada. Tomó con una de sus manos el miembro de Bill como si fuera el suyo y lo acarició un par de veces, en muestra de una silenciosa aceptación de su condición.

—¿Billa? —Tom susurró mientras su mano se movía hacia sus agujeros.

—¿S-sí?

Tom se quedó callado por un momento, causando que Bill le mirara. La incertidumbre en el rey guerrero era enternecedora. —¿Importa en cuál entre?

Bill respiró profundamente pero sacudió su cabeza en negativa.

Tom le sonrió. —Eres el primero de tu clase con el que he estado.

Bill se sonrojó y admitió muy callado. —Tú eres el primer hombre con el que soy pasivo.

—¿Pasivo?

—Sí, um —Bill se sonrojó, sintiendose muy incomodo. Sin embargo, Tom parecía interesado en lo que Bill tenía que decir así que continuó—. Cuando he estado con otros hombres, yo siempre he… estado dentro de ellos. Nunca han estado dentro de mí.

Tom sonrió feliz y le besó. Bill se sonrojó y jadeó cuando Tom comenzó a besarlo. Miró como el muchacho de rastas se movía por su pecho hacia su miembro. Tom lo consideró, y sólo dejo un beso en la punta para moverse hacia su zona femenina.

Bill volteó su cabeza hacia otro lado, aun incomodo con sus órganos raros. Sus ojos se abrieron rápidamente cuando sintió una lengua deslizarse por ahí antes de presionarle.

—¡Dios, sí! —Bill gimió, sus caderas elevándose ligeramente. Tom movió su lengua, y notando que a Bill le gustaba por su reacción, lo hizo repetidamente, acelerando su ritmo. Nunca pensó que algo como eso se sintiera tan bien. La sensación se intensificó mientras Tom le agregaba un dedo, y luego dos. Se quedó ahí por unos minutos, lamiendo y moviendo sus dedos dentro y fuera, hasta que sintió como las paredes internas de Bill se contraían alrededor de sus dedos. Sólo en ese momento se retiró.

Antes de que Bill pudiera protestar, los labios de Tom estaban sobre los suyos. El Lord estaba tan duro que le dolía y no podía esperar a poder entrar en la calidez de Bill. Nunca rompió el beso mientras presionaba para poder entrar. Y aunque no podía negar su atracción hacia Bill, no estaba muy seguro de estar listo para las partes masculinas que venían con él.

Bill había escuchado que dolía el ser penetrado, pero se sorprendió al notar que no era tan terrible como lo había esperado. El estiramiento dolía un poco, pero no el acto en sí de “la desfloración”. Miró a Tom y le sonrió, indicándole al rubio que estaba bien moverse.

Tom gimió al deslizarse prácticamente fuera y luego regresar dentro. Había estado con vírgenes antes, pero ninguna tan estrecha como Bill. Sintió manos deslizarse por su espalda. Uñas arañándole gentilmente la piel, causando que siseara de placer.

La boca de Bill se encontró con su cuello, determinada a marcarle. El cambio de posición causó que Tom golpeara un punto escondido que hizo a Bill gritar. Sus ojos se abrieron, sorprendido al sentir como algo en él se liberaba. Se dio cuenta en ese momento que eso sería considerado su primer orgasmo femenino real.

—¡Más! ¡Justo ahí! —Bill jadeó, enredando sus piernas fuertemente alrededor de su amante. Cuando Tom localizó ese punto de nuevo, le penetró con más fuerza, gimiendo ante la vista bajo él.

—Billa —Jadeó Tom. Bajo su mirada para ver como Bill se acariciaba a él mismo. El de rastas se sentía listo para correrse y se lo informó a Bill con un gemido.

Los músculos internos de Bill se apretaron a su alrededor firmemente cuando otro orgasmo femenino sacudió su cuerpo, causando que el Lord dejara caer su cabeza hacia atrás.

—N-no puedo… oh dioses —Tom gruñó, penetrándole frenéticamente. Con una embestida particularmente fuerte, vació su semilla dentro de Bill. La sensación fue increíble para el moreno y eso, combinado con unas caricias más a su pene, hizo que se corriera en su tercer, y final, orgasmo gritando el nombre de Tom.

Tom permaneció sobre de él un par de segundos mientras salía del cuerpo de Bill y se recostaba en la cama junto a él. Se quedaron callados mientras sus cuerpos cubiertos de sudor regresaban a su respiración normal.

Bill le dio la espalda a Tom, acurrucándose tan cerca del otro hombre como pudiera. Sus ojos se cerraron al sentir un par de fuertes brazos rodearle. Soltó un ligero suspiro mientras el sueño le tomaba prisionero.

Tom acarició con su nariz el hombro de Bill, pero no obtuvo respuesta. —¿Billa? Debemos de tener esa conversación que solicitaste.

Cuando no obtuvo respuesta, se levantó un poco para mirar a Bill y por la luz de la luna vio que se había quedado dormido. Tom soltó una sonrisa muy pequeña antes de apretar sus brazos un poco más alrededor de su compañero antes de cerrar sus ojos.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Nos leemos pronto ^^

Devi Riddle Black
Capítulo Once por Devi

CAPITULO ONCE

+.+.+.+.+

Bill se despertó envuelto en un par de brazos fuertes y rodeado de la maravillosa esencia que era Tom. Se sonrojó cuando pensó en los eventos de la noche anterior. Levantó las sábanas para ver si todo había sido un sueño. Pero no. Ambos estaban desnudos.

—Podrías dormir durante el Ragnarok —la voz de Tom le provocó cuando el cálido aliento le golpeó en la oreja.

Bill se estremeció. —Pudiste haberme despertado.

—¡Lo intenté! —Tom se rio y Bill se sonrojó aún más. Se quedaron recostados unos minutos más antes de que Tom hablara de nuevo—. Debemos hablar, Billa.

—¿En serio?

—Sabes que sí.

—¿En verdad tenemos cosas de que hablar? Digo, ya sabes todo. Ya VISTE todo.

—Pero no lo sé todo. Esto es algo que tengo que, Billa. Debo de saber todo lo que concierne a mi gente o a mí. Mi pueblo te adora, Billa, y yo… —Bill contuvo el aliento con esa pausa de Tom buscando las palabras correctas—. También me he encariñado contigo.

—También me “he encariñado” de ti. —Bill le sonrió.

Tom no reaccionó ante la confesión de Bill, como si estuviera tratando de averiguar que exactamente era lo que sentía hacia Bill. Cariño era un palabra que podía significar muchas cosas, todo de las cuales Tom pensaba que esa era una palabra lo suficientemente inocente.

—Me gustaría hacerte una cuantas preguntas.

Bill suspiró. Sabía que sólo era cuestión de tiempo antes de que Tom lo bombardeara con preguntas, y aunque no quería contestar ni una, sabía que entre más pronto sucediera más pronto acabaría.

—Pregunta.

Tom no perdió el tiempo. Bill suspiró de nuevo. Odiaba como es que habían pasado una noche tan apasionada hace unas cuantas horas y ahora, Tom lo estaba interrogando. ¡Aún estaban en la cama, por el amor de Dios!

—¿Naciste así o fuiste maldecido?

—¿Disculpa? —Bill parpadeó ¿maldecido?

—¿Naciste con ambas partes o fue un hechizo que te pusieron?

—Um , nací así…

—¿Tus padres fueron maldecidos?

—¡¿Qué traes tú con las maldiciones?! ¡No! Mis padres jamás fueron maldecidos. No, tampoco yo. El ser así no tiene que ver con la magia o parecido —Bill bufó indignado.

—¿Entonces qué es?

—Es sólo que tengo SIAP – Insensibilidad Androgénica Parcial. Básicamente, cuando me estaba desarrollando en la pansa de mi mama, la testosterona se volvió loca y terminé como soy. No me voy a meter mucho en detalle y eso porque probablemente ni lo entenderías. No tiene que ver nada con la magia. Es completamente explicable científicamente.

—¿En serio?

—¡SI!

—Tienes partes femeninas.

—Gracias por lo obvio, Míster Obvio —Bill rodó los ojos.

—Me temo que no tenemos esa frase aquí.

  —No importa. Sí, estoy consciente de que tengo partes femeninas.

—¿Puedes procrear un niño?

—¡PUE – OH MIERDA! —Bill gritó.

—¿Qué sucede?

—Nunca usaste un condón, ¿verdad?

—¿Un qué?

—Un condón. Protección de látex.

—¿Protección para qué? ¿Y qué es látex?

—¡Látex es de lo que están hechos los condones! ¡Y protección de embarazos y contra ETS’s!

Tom parpadeó. —¿Qué es ETS? —Preguntó lentamente.

—Enfermedades de Transmisión Sexual.

—Así que deseas protegerte de ellas, tiene sentido. Las enfermedades son algo terrible. Terminas en los calabozos de Hel si mueres de una.

—¿Huh? —Bill se rio—. ¿Te vas al infierno por morir de una enfermedad?

Tom estaba completamente serio. —Si mueres postrado en una cama y enfermo, o mueres como un anciano, te vas al Hel. Odin no puede usarte para pelear en el Ragnarok si eres débil.

Bill frunció el ceño. —Eso es algo tonto. ¿No se supone que deberías de ir ahí si eres bueno?

Tom se burló. —¿Has escuchado de los métodos Cristianos? ¿El cielo si te comportas, el infierno si no? Eso no es de nosotros. No creemos en tales tonterías. Nuestros dioses nos aman y nos protegen. Si mueres viejo, te envían a un área del Hel diferente a la de los cobardes y asesinos.

—Bueno al menos ESO es lindo.

—Me niego a dejar que los bastardos Cristianos entren a mi tierra después de lo que hicieron —La voz de Tom estaba llena de malicia.

—¿Qué hicieron?

Tom le miro con ojos enojados. —Mataron a mi hermana. ¿Cuál fue su crimen? Era pagana, Billa. El ojo ciego de Odin debió de estar de su lado en ese momento.

Bill le tocó el brazo gentilmente. —Si quieres hablar de eso, estoy aquí.

Tom lo consideró por un momento. —Tienes razón. Tú me has dicho algo, compartiré algo contigo también. Mi hermana, Brynja, apenas tenía trece inviernos. Era hermosa. Era mi hermana totalmente, y realmente no se la confiaría al esposo de mi madre .

—Se suponía que ella se quedaría hasta que pudiera encontrarle un lugar más seguro para vivir. Pero en uno de los viajes, ella me siguió. No me di cuenta que estaba ahí hasta que la escuché gritar. Georg estaba conmigo esa vez. Teníamos de ser amigos por unas cuantas lunas.

—Corrió conmigo hacia donde se escuchaba. Cuando la encontramos, estaba con cuatro mercenarios cristianos. Había peleado muchas veces antes, pero nunca me había vuelto un Berserker. Georg proclama que esa noche me volví uno de ellos, aunque yo estaba tan lleno de rabia como para que pueda recordarlo.

—Uno de ellos la estaba atacando como si fuera una mujerzuela cualquiera. Me llamó, me rogó que le ayudara. Pero antes de que pudiera llegar hasta ella, ese mercenario le había cortado el cuello con su espada. Los maté a todos, aunque ya era muy tarde.

Bill abrazó a Tom fuertemente, conociendo el dolor de perder a un familiar pero nunca de tal manera.

—Lo siento.

Tom le miró. —Es por eso que el festival de las Noches de Invierno es tan importante en Trümfels. Yo celebro a mi hermana, y la recuerdo por la luz que era.

Bill sonrió y le quitó una rasta de la cara. —Ella fue afortunada de tener un hermano como tú.

—Ella murió por mi culpa.

—No. Murió por culpa de ese hombre. Murió sabiendo que fuiste a por ella. No importa si fue muy tarde o lo suficientemente pronto. Lo que importa es que ella sabía que te importaba lo suficiente para ir a buscarla.

Tom sonrió ligeramente, permitiéndose creer que quizás Bill estaba en lo correcto.  —Es imperante que mantengas lo que eres como un secreto. Si los cristianos se enteran te van a lastimar. Para tan adorada religión, son muy violentos.

—Y ustedes son conocidos como barbaros —Bill le contesto en retórica.

Tom asintió. —Doble estándar es lo que es.

—¿Pero ustedes no los matan también?

—Ahora lo hacemos. Hemos estado en sus iglesias, Billa. Nos hemos sentado en muchos sermones. Les dimos una oportunidad pero preferimos los viejos hábitos. No puedes culparnos por eso.

—Pienso que es estúpido. ¿Sabes que incluso en mi tiempo, las guerras religiosas siguen sucediendo?

Tom asintió. —Lo creo. No estoy seguro de si era tu intensión o si sólo nos desviamos, pero estamos muy lejos del tema sobre ti.

Bill gruñó. —Oh claro.

—¿Hay muchos como tú en tu época?

Bill sacudió la cabeza. —No. La gente aún nos considera anormales, pero somos más aceptados que ahora.

Tom asintió. —¿Por qué lo hiciste?

—¿Hacer qué?

—¿Vestirte como mujer por tanto tiempo?

—Porque es lo que soy. Nací como tal. Estoy bastante bonito y la ropa de hombres y mujeres me quedan así que ¿por qué no?

—Porque es peligroso que se enteren.

—Aquí, sí. En casa, no en realidad. Los matrimonios gay soy legales, así que no importa.

—Desearía que los matrimonios fueran alegres.

—Homosexuales. Me sigo olvidando que gay significa otra cosa aquí.

Tom asintió. —Debo intentar recordarlo. ¿Así que a los hombres se les permite casarse con otros hombres?

—¡Sí! Es maravilloso —Bill sonrió.

La conversación se silencio mientras Tom pensaba. —¿Serías considerado gay?

Bill se encogió de hombros. —Las personas intersexuales probablemente sólo son consideradas bisexuales. Aunque yo podía argumentar con eso de ser heterosexual, si realmente lo quisiera. Podría decir que a mis partes femeninas les gustas los hombres y que a mis partes masculinas, las mujeres —Bill se rio divertido. Tom sonrió, pensando que él era extraño, pero lindo—. Pero personalmente a mí me gustan los hombres. A mis partes femeninas y masculinas les gustan los hombres.

Tom asintió con la cabeza, pensado seriamente en eso.

—¿Y qué hay de ti, Tom?

—¿De mi?

—¿Te gustan los hombres o las mujeres?

Tom le miró. —Me gustan las mujeres —el rostro de Bill decayó un poco aunque intentó que no se notara—. Pero en contra de mi buen juicio, también encuentro a un anormal auto proclamado bastante atractivo.

Bill el miró, sus ojos llenos de esperanza. Tom le sonrió de lado antes de besarlo suavemente.

—Ahora, salgamos y rompamos el ayuno. Hay mucho que hacer el día de hoy. —Tom dijo levantándose.

+.+.+.+

 

Notas finales:

Estoy tratando de ponerme al corriente, ¿no se nota? :D

Capítulo el jueves ¡acuerdenme si se me va el tiempo!

Devi R. Black

Capítulo Doce por Devi

CAPITULO DOCE

+.+.+.+.+.+

Billa estaba en las nubes cuando se dirigieron a romper el ayuno. Cloelia se había aparecido en los aposentos de Tom con un vestido limpio y Tom había esperado a que su nuevo amante se vistiera antes de dirigir a los dos “chicas” hacia el comedor.

—¡Ahí está Lord Tom! —Georg sonrió, moviéndose para palmear a su amigo en el hombro. —Se ha levantado tarde.

—Tuvimos una noche difícil. ¿Seguramente no soy el único quien ha celebrado nuestra victoria con una hermosa compañía en la cama? —Tom puso su mano ligeramente en la parte baja de la espalda de Bill mientras los hombres se reían. Unas pocas mujeres se rieron entre ellas. Georg pensó que sería divertido y palmeo a Hannah en las trasero. Para el deleite de los hombres, ella se giró en redondo y lo abofeteó en la cara. No dejaría marca y ella sonrió después de hacerlo, pero la expresión en el rostro de Georg fue lo que causo tanta risa.

Bill miró a Tom, cuya risa se unió a la de los otros hombres. Bill le sonrió, disfrutando ese sonido tan raramente escuchado.

La comida fue puesta ante ellos. Bill trató de mostrar su decepción ante la comida frente a él, pero se sentía un poco triste. Trümfels estaba bastante bien acomodado. Había muchas tierras, buenos cazadores, y suficiente comida para que pudieran comer como la realeza.

Tom no creía en eso de que ciertas comidas para ciertos rangos, como en otras tierras. Dado que él no vivía en un gran pueblo en el este, o en el sur, era capaz de gobernar a su propia manera. Sabía lo que era vivir de la tierra y sabía como era ser un Lord. Prefería la cerveza de los comunes al vino especiado de la realeza.

Los vegetales, como las papas, que los campesinos comían se encontraban también en el plato de Tom. En restitución, el venado y los postres que aquellos en la posición de Tom disfrutaban, se encontraban en las mesas de familias como la de Cloelia. Tom creía que compartiendo las comidas, se creaba más para que comieran todos, y más alimentos podían ser guardado para el invierno.

Tom notó las caras largas de su gente. Ellos, sin duda, esperaban el puerco salado para una comida matutina. En lugar de eso, ante ellos había tazones de avena cocida.

—Avena en nuestros platos, pan fresco en nuestra mesa. No será un festín pero pone carne en tus huesos y permite que más cerdo se guarde para el invierno que llega. —Los hombres corearon, e incluso Bill, sobre el tocino en el desayuno. Tom comenzó a comer y sus hombres le siguieron.

El buen humor de Bill se vio oscurecido cuando Godiva se sentó frente a él. Ella se mofó de él y se acercó más a Tom.  El de rastas se dio cuenta pero no dijo algo. Bill trató de mantener su cabeza en alto para que así Godiva no viera que estaba herido por el hecho de que Tom no hiciera algo al respecto.

Aunque no notó la mano hasta que tocó su mejilla. Miró a Tom sorprendido mientras el de rastas le acariciaba la mejilla con el pulgar.

Georg estaba entre ambos, pero siempre se quitaba del camino de los toques que Tom le daba a Bill durante la comida.

Después de que la avena se hubiera terminado, y que el pan hubiera sido partido y compartido entre los comensales, Georg se inclinó hacia Bill.

—¿Entiende que es lo que ha sucedido?

—¿Compartimos porque es lindo?

Goerg sacudió la cabeza. —Me refiero a Tom y sus toques durante la comida.

—¿Está siendo dulce?

Georg sonrió. —No exactamente. Te está marcando. La probabilidad es que nunca escuches palabras de amor de Lord Tom. No es su manera. Usa la piel del lobo porque es el animal que siente que es como él. ¿Alguna vez ha visto a un lobo cortejar a otro?

Bill sacudió la cabeza. Sabía el proceso de apareamiento gracias a Discovery Channel, pero nunca había observado el cortejo. ¿No simplemente iban y se montaban al que estuviera en celo?

—Un lobo masculino —Georg comenzó mientras partía el pan y le ofrecía una parte a Bill antes de tomar algo para él. Bill asintió agradeciendo. El pelilargo asintió y continuó su informe—, cuando corteja a una hembra, la tocara tanto como sea posible. Correrá tan cerca de ella como pueda. Le lamerá el muslo, y la acariciara con el hocico muy seguido para demostrar su interés en ella. También es una forma de mostrarle a los demás que ella ya está apartada.

Los ojos de Bill se agrandaron mientras miraba a Tom, luego a Georg. —¿Quieres decir…?

—Así es —Georg sonrió ampliamente—. Tom está intentando cortejarte. —Bill se sonrojó brillantemente. Cuando Tom le miró, el pelinegro le miró tímidamente. Georg continuó hablando calladamente—. No está muy bien entrenado en el arte del cortejo, así que sea amable con él.

La sonrisa de Bill se volvió aún más grande cuando observó como Tom no respondía de ninguna manera a los avances de Godiva. En lugar de eso, el de rastas le guiñó el ojo a Bill, quien casi muere de felicidad en su silla.

 

Para el gran consternación de Bill, después del desayuno, no vio  mucho de Lord Tom. Trümfels parecía más bullicioso de lo normal. Era casi tiempo de que el intercambio comenzara. En dos días, de hecho, el viaje comenzaría.

—Entonces ¿exactamente qué sucede?

—Bueno —Cloelia dijo mientras empacaba tapices tejidos—, un grupo de nosotros parte al alba. La mayoría son mujeres, aunque también van hombres para la guardia. Nos dirigimos al rio Elbe. Allí, mujeres de todas las tierras intercambian sus bienes. Después de una semana regresamos a casa con los nuestros.

Bill miró alegremente a su amiga. —¿Cloelia?

—¿Sí, Billa?

—Me gustaría acompañarles en este negocio de intercambio.

La doncella sonrió. —A las mujeres les encantará que vaya, pero me temo que tendrá que ir a preguntarle a Lord Tom sobre eso. Puede que él tenga otros planes. Todos vimos sus acciones en el desayuno.

Bill se sonrojó. —Oh dios ¿fue tan obvio?

Cloelia se rio divertida. —Sólo un poco —se quedaron calladas un minuto antes de que ella hablara de nuevo—. ¿Y bien?

—¿Bien qué?

—Se dice que pasó la noche con Lord Tom.

—¡Estabas ahí cuando se hicieron los arreglos!

—Sí, pero también andan diciendo que dormir no es la única cosa que ocurrió. De hecho, Billa, los escuché a ambos al otro lado de la casa.

Los ojos de Bill se abrieron enormes. —¡¿Fuimos tan ruidosos?!

—¡Sí! —Cloelia asintió, riéndose. Se sonrojó mientras soltaba su curiosidad—. ¿Es realmente tan bueno?

Bill se estremeció y trató de no pensar en eso. —Hablaremos luego —dijo, posando sus ojos rápidamente en su regazo, pero esperaba que Cloelia entendiera. ¡Lo último que necesitaba era a su miembro varonil endureciéndose en el comedor!

—¡Billa! —Una voz se escuchó desde el otro lado, y era una distracción muy bienvenida. Era Hannah. Sus brazos cargados con bases, algunas hechas de huevo, otras de plomo. También traía consigo algunos frascos de kohl. Bill extrañaba sus lápices delineadores. No disfrutaba el tener que estarle poniendo agua a su maquillaje sólo para ponérselo, pero al final decidió que era mejor que nada.

—¡Hannah! —La “dama” y su doncella gritaron, apresurándose a abrazar a la morena.

—¡Vine a traer maquillaje para el intercambio!

Siendo típicas mujeres (la parte femenina de Bill salía a relucir fuertemente en ess momentos), por cada frasco de kohl que ponían dentro, dejaban uno aparte. Por cada frasco de base de maquillaje, otro más se agregaba a los que se quedaban.

 

Convencer a Tom de que él debía de ir en la excursión fue más difícil de lo que Bill imaginó.

—No —fue la simple respuesta de Tom.

—Que- pero.. puh… ¡¿POR QUÉ NO?! —Bill jadeó.

—Podrías morir —el de rastas se encogió de hombros.

—También podría morir aquí pero me dejas quedarme.

—Puedo protegerte aquí. No puedo ver que estés a salvo si estás lejos de mí. También considera, Billa, que creo que serías una excelente señora para mis tierras.

Bill parpadeó. —¿Quieres que reine junto a ti?

—Aún no puedo decirlo por cierto, aunque por lo que veo, no existe alguien más que lo haría mejor.

Bill le sonrió tímidamente. Su sonrisa de convirtió en una mueca que rápidamente oculto tras su sonrisa. No le permitiría a Tom salir triunfante. De ninguna manera. —Oh, pero Tom, ¿no estás olvidando algo?

—¿Y qué es eso?

—¿Cómo podría posiblemente ser una buena “Señora” para Trümfels si no sé qué sucede ni cómo se hacen las cosas? —Bill preguntó dulcemente, batiendo sus pestañas inocentemente. Tom le miró largo y tendido antes de finalmente rodar los ojos.

—Tú ganas.

Bill gritó alegre y abrazó a Tom. —¡Gracias!

—PERO sólo irás si vas bien resguardada. Directo allá, directo aquí. —Las cejas de Tom estaban muy juntitas con su expresión seria, y sólo se suavizaron cuando se acercó a darle un beso—. Odio lo que me haces —gruñó en su oído.

—¿Qué es lo que hago? —Bill le miró triste.

—Volverme uno de ellos —Tom gruñó una vez más, señalando con la cabeza a dónde Georg estaba mirando a Hannah. Bill prácticamente podría ver salir corazones del castaño, quien estaba demasiado embobado mirándola que se tropezó con sus propios pies. Bill se rio y apreció audiblemente el momento con un “¡aww!”. Tom se alejó de él y Bill le miró, observando a su amante tratar de permanecer frio e indiferente como siempre había sido.

 

La noche antes de que Bill partiera hacia donde se realizaría el intercambio fue una noche muy calurosa. Calurosa en todos los buenos sentidos. Bill se volvió arcilla en las manos de Tom mientras hacían el amor más de una vez durante la noche. Serían dos largas semanas para ellos sabiendo que no podrían verse.

Tom despertó a Bill extra temprano esa mañana.

—¿Billa?

—Mmfh —La almohada de Bill se comió la respuesta.

Tom unió su boca al cuello del pelinegro, besando y chupando gentilmente. —Despierta.

Bill gimió pero mantuvo sus ojos cerrados, determinado a seguir dormido, incluso si sabía que no había esperanza de regresar a la tierra del sueño con esos labios sobre de él.

—Por favor, Bill —Tom medio rogó mientras embestía contra una de la pierna del mencionado.

—¿Qué nunca tienes suficiente? —Bill preguntó, sentándose ligeramente, tratando lo mejor posible de lucir molesto.

Tom sonrió. —No realmente.

Bill le miró por un momento, luego agarró su almohada. Golpeó al de rastas en el rostro con ella, luego la puso de vuelta en la cama y se recostó sobre de ella, dejando claro que quería dormir. Tom no podía ver su cara, así que no tenía idea de que Bill estaba intentando no reírse.

Sin embargo, Tom miró la espalda de Bill sorprendido. Finalmente, el de rastas gruñó juguetón y se aventó sobre la forma durmiente de Bill. Sujetando la parte de atrás del cuello de Bill con sus dientes y sacudiéndole muy ligeramente. Bill gritó en sorpresa, pero rápidamente se volvió en un gemido. Tom se rio en su cuello. —Te dije que despertaras. Te necesito, Billa —agregó una embestida al final. El de cabellos negros gimió y sacudió su trasero en dirección al Lord.

Bill aún estaba húmedo por la mezcla de la esencia de Tom y la suya, permitiendo que el miembro de Tom se deslizara con facilidad. Sin embargo Bill siseó, no estaba acostumbrado a la sensación irritada de su agujero femenino, haciendo que la entrada de Tom fuera algo incomoda. Pero entre más le penetrara el Lord, Bill respondía más enérgico, olvidándose de la ligera molestia anterior.

El ritmo se incrementó, y sus respiraciones se volvieron irregulares mientras se acercaban al clímax. Si Bill hubiera estado pensando claramente, le hubiera demandado a Tom que se saliera antes de correrse. Pero Bill no estaba pensando bien. No podía, no con la caliente boca de Tom sobre su piel, no con el pene de Tom embistiéndole, no con los dientes de Tom marcándolo. No podía pensar – sólo sentir.

Demasiado pronto sus clímax llegaron. Cada momento que pasaban mirándose uno al otro significaba que estaban un momento más cerca de la partida de Bill.

Un toque en la puerta les anunció que su tiempo a solas había terminado.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Devi R. Black
Capítulo Trece por Devi

CAPITULO TRECE

+.+.+.+.+.+

Era un largo viaje, y Bill se sentía adolorido de una manera inimaginable. Intentaba con todas sus fuerzas mantenerse callado pero no pudo evitarlo cuando llegaron al primer punto de descanso. Ya habían estado viajando por cuatro o cinco horas. Algunas mujeres – las de rango más alto, como Bill era considerado – cabalgaban los caballos, mientras que las otras mujeres caminaban a sus lados.

Bill gimió de dolor cuando Cloelia le ayudo a bajar. Cojeó todo el camino hasta que se sentó a un lado del camino, y sin importarle cuan poco femenina se veía, se colocó de la manera más cómoda posible. Cerró sus ojos mientras esperaba a que Cloelia regresara con una de las mujeres mayores.

—¿Lady Billa? —Bill abrió los ojos y le sonrió de lado a la mujer—. ¿Solicitó mi presencia?

Bill asintió, gimiendo. —Me duele. Dios, estoy tan adolorida.

La mujer, Dietlinde, le sonrió gentilmente. —¿No está acostumbrada a viajar en caballo distancias tan largas, querida?

Bill se sonrojó terriblemente. —En verdad, um, Lord Tom y yo… Él fue mi primero…

Los ojos de Dietlinde se abrieron en sorpresa. —¡Oh mi querida niña! Ya regreso.

Bill observó a la mujer retirarse. Había esperado estar ligeramente adolorido, más incomodo que otra cosa. Nunca esperó que el dolor fuera tan intenso cuando se sentó por primera vez en el caballo. Nunca consideró que el dolor fuera tan constante cada vez que brincaba en el caballo.

Si Bill hubiera conocido algo de caballos en su época, hubiera entendido que el caballo que Tom le dio era un Paso Fino. Era una raza muy difícil de criar, pero de un trote tan suave que las mujeres solían decir que podrían tomar el té sentadas en la silla con el caballo galopando y nunca derramar una gota.

Pero sin importar que tan suave o no fuera el caballo, Bill estaba convencido que era la cosa más dolorosa que había experimentado. Pronto, pero no tanto como deseaba, Dietlinde regresó. Con ella traía bultitos de telas mojadas y una roca. Bill gimió. ¿Piedras?

—Abra sus piernas, querida. Me temó que esto estará frió.

Bill la vio comenzar a levantar las faldas de su vestido e hizo una mueca. Mientras su bóxer apretado se mantuviera en su lugar todo estaría bien. Jadeó al sentir la frialdad de las telas mojadas al tocarle, y observó como la mujer presionaba la piedra contra sus partes inferiores.

—La piedra ágata le ayudará a sacar el dolor —la amable mujer le dijo—. Relájese, milady. Cuando nos comencemos a mover de nuevo, la pondremos en uno de los vagones.

—Gracias, Dietlinde. Es tan dulce.

La mujer mayor sonrió y le palmeó la mejilla. —No se preocupe, Lady Billa. Todos aquí le amamos, excepto por esa taupie de Godiva. —Dietline le guiñó el ojo antes de retirarse a juntar agua del río que corría paralelo al camino para el viaje. Cloelia se estaba riendo pero Bill no entendía.

—¿Taupie?

—Significa —Cloelia trató de acallar su voz, —estúpida jovencita.

Bill trató de no reírse pero no pudo resistirlo mucho tiempo.

 

Realmente le estaba costando adaptarse a la vida viajera. Ya había batallado mucho en Trümfels con los baños limitados, pero viajando era peor. Ya tenías cuatro días en el camino y Bill no se había bañado ni una sola vez. Nunca se había sentido tan asqueado en su vida, y sólo estaba agradecido de que Tom no estuviera ahí para olerle.

El viajar había parecido tan emocionante y aventurero. Pero con forme los días pasaban, Bill decidió que no era lo que se suponía que era. El paisaje que había parecido tan hermoso estaba perdiendo su atractivo. Las montañas se perdían entre ellas que parecían una sola línea. Todos los árboles parecían el mismo para Bill. El pasto nunca terminaba.

Al crecer en la ciudad, Bill estaba acostumbrado a hierba muy limitada, y a edificios hasta donde sus ojos podían ver. Era tan extraño – tan insano. Sólo se ponía peor en la noche. Hacía frío, mucho frío, y Bill nunca había extrañado algo tanto como extrañaba la calidez de los brazos de Tom.

En esa noche en particular, Bill había sido arropado en su tienda. Cloelia yacía junto a él en algo parecido a una cama. Llegarían al punto de encuentro al mediodía del día siguiente.

Cloelia le miró. —¿Por qué luce tan enojada últimamente?

Bill le devolvió la mirada. —¿Qué quieres decir?

—El viaje se está cobrando de todos, pero parece que usted está pasando un mal rato en verdad. ¿Extraña su propia tierra?

—NO tienes idea —Bill aceptó rápidamente. —No pertenezco a aquí, Clo.

—¿Clo?

—Es un apodo —Bill sonrió.

—¿Así cómo le dicen Billa?

—Exactamente.

Cloelia sonrió. —Clo. Me gusta. De todos modos ¿qué es lo que no le gusta?

—Está tan… muerto. Esta tan alejado de la civilización. Estaba acostumbrado a ver casas y edificios enormes, que siguen y siguen. Ahora, todo lo que veo son arbustos rodantes, bastantes.

—¿Puedo preguntarle algo?

—Claro —Bill asintió.

—En su tierra, ¿ha visto las luces del norte? ¿Ha presenciado un cuervo en el viento? ¿Es capaz de mirar al cielo y no ver otra cosa más que estrellas, en tal número que es imposible distinguir una de la otra? ¿Ha escuchado a una manada de lobos aullar?

Bill se quedó callado un largo rato. Consideró todo lo que Cloelia había dicho. Era verdad. Había tantas cosas sucediendo en su mundo que muy poca gente se detenía a prestarle atención a cualquiera de las cosas en la lista de Cloelia.

Le miró y notó que ya estaba dormida. Bill se acomodó mejor en su cama temporal. Tomó un respiro profundo y notó que el aire era más limpio de lo que pudo nunca haber imaginado que podría ser en su tierra.

 

Desde el día en que Lady Billa se fue, la vida en Trümfels había caído en espiral. Lord Tom estaba enojado casi todos los días. Una mueca más fiera que la que hubiera portado estaba cosida a su cara.

Tom negaba cada uno de los intento de Georg de decirle que era Billa quien afectaba tanto su humor. No fue sino hasta que vio a una niña caerse  y rasparse la rodilla en el camino que cruzaba Trümfels que consideró lo que su amigo decía. Había visto caer a la pequeña, y por atrás, parecía como una miniatura de Billa. Pero cuando Tom la alcanzó y vio que no era su Billa, le gruñó y se fue lo más rápido que pudo.

+.+.+.+

 

Notas finales:
¡Gracias por sus lindos comentarios!

Es este punto, y los próximos dos capítulos me parece, la autora pide disculpas si todo se esta moviendo muy rápido pero, como indica, parecía totalmente fuera de lugar pasar capítulos describiendo el viaje de varios días. Así que la historia se movera un poco más rápido es esta ocasión.

Por mi parte, estoy muy agradecida de que sigan la historia a pesar de las lagunas que hay entre capítulo y capítulo, de repente se me va el tiempo de las manos y cuando acordé, ¡ya estaba atrasada más de dos meses en las actualizaciines! :s

Bueno, creo que es hora de que me vaya a estudiar -.-

Devi R. Black
Capítulo Catorce por Devi

CAPITULO CATORCE

+.+.+.+.+.+

Bill miraba en toda dirección conforme llegaban al lugar designado para el intercambio. Le recordaba a los mercados ambulantes. Había pequeños puestos construidos y cada pueblo tenía su propia área.

Todos los ojos estaban puestos en él mientras cruzaba el pequeño pueblo llamado Veslortr. Amaba tener los ojos puestos en él. Siempre había sabido que era guapo pero comparado con las mujeres que veía, era guapísimo. Les sonrió de manera grácil y encantadora conforme pasaba.

Los murmullos comenzaron inmediatamente. Bill cabalgaba alto y muy recto, incluso a pesar de que su región sur aún estaba muy adolorida. Todos los pueblos usaban ese mismo lugar cada año, así que los chismes se expandieron como fuego de que Bill era el consorte de Tom.

Para cuando Cloelia terminó de hacer las miles de tareas que había que hacer, había reunido una gran cantidad de información para Bill.

—Parece que creen que usted es una bruja disfrazada, o algún tipo de diosa —le dijo después de que cenaran esa noche.

Bill se sonrojó. —¿Es en serio?

Cloelia asintió. —Soy honesta, Billa. Siento que este intercambio va a ser en nuestro favor. Todos quieren mirarle, Billa. Quieren hacer algún negocio con usted para poder decir que lo hicieron. Lord Tom estará muy complacido.

—¿Creerás que lo ya lo extraño? —Sonrió tristemente.

—Comprendo cómo se siente —la doncella suspiró.

Bill se sentó. —¿Te gusta alguien? ¿Quién?

Vesloftr tenía una gran vereda en el centro. Detrás de cabañas donde los intercambios se hacían, había pequeñas casitas para que los mercaderes se quedaran. Eran como casas miniatura, con unos cuantos cuartos privados. Dada a la obvia importancia de Bill para su Lord, se le tenía permitido quedarse en el cuarto que él quisiera,

Era la privacidad lo que había ayudado a Bill para sacar los amores y demás. Estaba medio sentado, medio recostado sobre la cama mientras Cloelia se movía por todo el cuarto, preparando cosas para en la mañana.

—Puedes decirme, Cloelia.

La chica romana sacudió su cabeza. —No puedo… es sólo…

Bill sonrió. —Está bien. No necesito saber en realidad.

—¿No está enojada o lo demandara de mi?

—¿Qué bien harían cualquiera de esas dos opciones? Lo digo en serio. Los amigos no hacen eso.

—Pero las damas sí, con sus doncellas.

Bill le tocó el hombro con una suave sonrisa. —Los amigos no.

Cloelia le sonrió entonces y se encontró envuelta en un fuerte abrazo.

 

La siguiente mañana fue como Cloelia lo había esperado. Había una línea en frente de la cabaña de Trümfels. Bill “supervisaba” todo. Se movía por todo el lugar, luciendo como si supiera todo, pero en verdad no tenía ni idea de cuantas libras de cerdo salado eran considerados un buen trueque por una piel de oso.

Los peniques eran poco usados en esto. Era más un intercambio de objetos, aunque el dinero siempre era aceptado. Tom le había sorprendido cuando le dio una pequeña bolsa con peniques dentro.

—Úsalos para ti, Billa —habían sido las palabras que Tom le dijo  al darle la bolsa. Bill no quería más que gastarlos en una Magnum de leche con chocolate.

Todas las mujeres tomaron un descanso alrededor del medio día. Había una gran colina y todas llevaron sabanas y comida hacia allá. Se sentaron y chismearon como viejas cacatúas. Bill escuchó, incluso cuando no tenía ni idea de quién era la gente mencionada.

Después de la comida, Bill tomó a Cloelia y juntos fueron de cabaña en cabaña buscando un regalo. Bill finalmente encontró uno, después de horas de hablar con gente que ni conocía y de tener cosas que no quería aventadas en la cara.

Era una pequeña, vieja y delgada anciana quien lo tenía. Le recordaba mucho a Constanzia. Lo que su cabaña tenía era una cobija. Cuando la vio, pensó en Tom. Era de ese color rojizo que Tom usaba tanto. En el centro tenía la forma de un árbol bordado. Los filos estaban adornados con nudos de aspecto céltico. En las esquinas tenía lo que parecían remotamente bestias.

Era la cobija más gruesa que Bill hubiera visto. Estaba rellena de pluma de ganso en el interior pero la parte baja era completamente de piel de oso. Aún no era invierno, pero Bill ya se estaba congelando en la noche.

—¿Cuánto por esto? —Bill le preguntó a la mujer.

—¿Tiene monedas o va a intercambiar?

—Monedas.

—Sería quince, entonces.

Bill revisó su cuenta de monedas. —¡La tomo!

La mujer sonrió y comenzó a doblarla. —Usted debe de ser Lady Billa.

Bill el miró. —¿Me conoce?

—¿La consorte de Lord Tom? O al menos es como ellos se refieren a usted.

—Es verdad —se sonrojó.

La mujer sonrió de nuevo. Agregó otro paquete a su compra. —Trümfels ha sido muy generoso con sus trueques en el pasado. Para darle las gracias por parte de Nerthlund, deseo entregarle esto. Una cobija tejida.

—Eso es TAN lindo de su parte —Bill chilló alegre—. Es hermosa.

La mujer sonrió una vez más mientras Cloelia tomaba el paquete. —Sería un honor volver a verla de nuevo, Lady Billa. Hasta entonces, que encuentre el favor de los dioses sobre usted.

Bill le sonrió honestamente. —Y usted.

Mientras se retiraba, se dio cuenta de cuan diferente hablaba de los otros. Incluso aquellos en Trümfels comenzaban a tomar ese aspecto más relajado de la lengua de Bill.

 

Esa tarde a la luz de las velas, Bill y Cloelia miraron la compra y el regalo.

—Esto es hermoso, Billa.

—¿Verdad que si? —Bill suspiró felizmente. Pertenecía en la cama de Tom, de ambos. Pero por ahora, Bill puso la enorme cobija sobre su cama, después de darle la manta bordada a Cloelia para que la usara.

—¿Clo?

—¿Sí, Billa?

—¿Cómo es que todos saben de Tom y de mi?

—No lo saben. Simplemente asumen. Y cualquier Lord amaría tenerla a su lado, y todos saben que Lord Tom es un hombre de buen gusto. No creen que la dejaría a usted sin reclamar. ¿Se refirieron a usted como consorte o esposa?

—Me han dicho de ambas maneras.

Cloelia asintió. —¿Sabe algo de matrimonios en este tiempo?

Bill sacudió la cabeza —Nop.

—¿La gente en Berlín se compromete con la unión de manos?

Bill sacudió su cabeza. —No. Pero he escuchado que alguna gente aún lo hace. Mayormente en Escocia. ¿Cuál es la diferencia?

—La unión de manos es estar casados por un año y un día. Después de ese año y un día, puedes buscar un nuevo compañero o puedes unirte de nuevo, esta vez hasta la muerte. Un matrimonio es hasta la muerte. No es tan común aquí como la unión de manos.

—Interesante. —Bill se dijo más a si mismo que para su doncella. Se sentó y se quedó callado mientras peinaba su cabello con sus dedos—. Ni siquiera sé si estoy haciendo esto bien.

—¿Hacer qué?

—Siendo una buena “señora” y eso. Digo, las mujeres me han dicho cosas como que los dioses me sonrían y eso. ¿Cómo se supone que responda a eso?

—Pienso que lo ha hecho maravillosamente, Billa. ¿Puedo preguntarle algo?

—Seguro.

—¿Qué dicen en Berlín cuando quieren despedirse?

—Bis bald o Tchuss.

Cloelia asintió, absorbiendo la nueva información. Disfrutaba mucho cuando Bill platicaba de su tierra natal. Era tan excitante para ella que él hubiera vivido en la misma tierra pero tan, tan diferente. Había conservado los dibujos que Bill le había hecho de su tiempo y los guardaba muy cerca de ella, como si supiera que si eran encontrados, las cosas no irían muy bien.

 

Los siguientes días pasaron de la misma manera para Bill; mirando y aprendiendo como intercambiar artículos. Estaba asombrado de que el dinero no fuera importante. Si uno tenía monedas, perfecto, si tenías pollos para intercambiar, mucho mejor.

Para cuando el tercer día del evento transcurría Billa ya estaba cansada. Le gustaba cuando nuevos pueblos llegaban, pero sus cabañas eran tan atrayentes sólo por un rato, especialmente cuando la mayoría de las cosas eran tan parecidas.

Era un momento de descanso, y Bill había conseguido hacer unos cuantos amigos. Mucha de la gente hablaba de la manera en que hablaba la anciana que le había vendido la cobija. Cuando finalmente fue tiempo de regresar a casa, Bill ya les había agregado muchas palabras nuevas a sus vocabularios.

En el cuarto día de estar ahí, era hora de que el clan de Trümfels iniciara su viaje de regreso a casa. Bill se vio complacido al ver que los hombres con los que habían llegado estaban ahí. No los había visto del todo durante el trueque y se dio cuenta que probablemente habían estado montando guardia en el perímetro.

Un par de villas también partieron el mismo día que Trümfels, así que viajaron juntas por varios caminos. El viaje a casa fue tan poco eventual como el de ida, aunque a Bill el pareció más corto el de regreso.

Estaban a un día y medio de Trümfels cuando Bill comenzó a sentirse enfermo. Estaba temblando terriblemente cuando por fin se detuvieron a hacer el campamento.

La tienda de Bill fue armada de inmediato, y Cloelia le ayudó a acomodarse. Le pidió que fuera a localizar a una curandera.

Había escuchado como se suponía que el embarazo debía de ser, pero había algo más dentro de él diciéndole que ese no era el problema. Eso le asustaba. Al menos con el embarazo, sabía lo que iba a suceder. Pero ahora estaba atorado en una tierra virtualmente sin atención médica, con una enfermedad que no tenía ni idea de que era. Se quedó ahí, esperando.

 

Unas muy buenas yardas dentro de las sombras había un pequeño campamento. Se quedaron escondidos, esperando las órdenes de su señor. No mucho tiempo después, un hombre alto con largo cabello castaño caminó por entre el grupo.

Una capa de pelaje estaba puesta sobre sus hombros, escondiendo varias espadas y hachas. Su rostro era duro, sus ojos negros. Su boca era una delgada línea firme.

Se paseó por enfrente de sus hombres. Cuando vio que el campamento estaba ya asentado, sonrió cruelmente. Se quedó quieto, sin moverse, hasta que el sol se puso.

Sus ojos estaban puestos en una tienda, y sólo una. Cuando creyó que ya era tiempo, les indicó a sus hombres que se movieran.

—Tráiganme a esta Lady Billa.

 

Bill estaba recostado en su cama. Se sentía débil. Comenzó a quedarse dormido mientras esperaba a que Cloelia regresara. Escuchó como la cortina de la tienda se abría y sonrió.

—Bien. Te tardaste bastante.

Estaba esperando escuchar una suave voz que perteneciera a la curandera, preferiblemente Dietlinde. Lo que obtuvo fueron manos agresivas sujetándolo, amordazándolo. Fue aventado por sobre un hombro, sin fuerzas para poder pelear contra los fuertes músculos de sus captores. Trató de gritar por Cloelia, por quien fuera, pero la mordaza acallaba todos los sonidos. El hombre que lo cargaba se echó a correr.

Bill comenzó a entrar en pánico mientras era cargado por entre los árboles. Odiaba los bosques. Odiaba los árboles. Odiaba los animales salvajes. Odiaba estar solo. Odiaba que el hecho de que la historia de Brynja Trümper y su horrífico destino se estuviera repitiendo en su mente una y otra vez.

Bill no estaba seguro de estar feliz o más asustado cuando fue puesto en el suelo. Frente a él había un par de botas. Lentamente levantó su mirada hasta que se encontró viendo la cara burlona de su nuevo Lord. La mordaza fue arrancada por el hombre.

—Lady Billa, que amable de su parte el unírsenos.

—¿Quién es usted? —Bill estaba orgulloso de que voz sonara más fuerte de lo que se sentía.

—Escuché que es la nueva consorte de Lord Tom —el hombre dijo, evadiendo la pregunta a propósito.

—Es no es de su incumbencia. —Bill estaba asustado por si mismo, pero en ese momento, estaba más asustado por Tom.

—Oh pero lo es. ¿No le ha dicho de mí? Estoy herido, profundamente herido de que mi propio hermano haya fallado en mencionarme.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa. —¿Es su hermano?

—Medio hermano, en verdad —el hombre corrigió—. Siempre lo he querido tanto. Esto es una vergüenza.

Tom había mencionado a su hermano sólo unas cuantas veces. Y cada vez que lo hacía, su cuerpo se ponía rígido. Era la misma reacción que tenía cuando discutía sobre su padre. Por el tiempo que habían pasado juntos, Bill aprendió a leer el lenguaje del cuerpo de Tom bastante bien, porque decía más que las palabras que hablaba. Ahora que lo pensaba, Tom nunca había dicho el nombre de su hermano.

—Es hermosa, Billa. Es una pena que no pudiéramos habernos conocido antes. Estuvimos, después de todo, en su aldea.

Todas las visiones del ataque a Trümfels durante el festival se apilaron en la mente de Bill. Estaba enojado. Las muertes para Trümfels habían sido pocas, pero Bill ya amaba a su pueblo. Ese puñado de muertes eran demasiadas.

En lugar de eso, Bill puso una sonrisa en rostro. —Oh, así que eran ustedes los que atacaron. Gracias. En verdad. Realmente se los agradezco.

—Mató a su gente y usted me agradece. Es extraña, Lady Billa —el hombre comentó divertido—, tendré que tomarla como mi propia esposa. Pienso que disfrutaré de su humor.

—Pero —Bill le indicó dulcemente—, nunca me dejo decirle porqué le agradecía.

—Oh, le ruego que me diga —el hombre dijo sarcásticamente.

—Fue la noche en que Tom y yo descubrimos nuestro amor por el otro. Unimos nuestras manos poco tiempo después justo ahí. —Bill mintió, un fragmento de plan formándose en su mente.

—No veo alianza en su dedo.

—Porque nuestra boda fue tan pronto, que no hubo tiempo de hacernos unas especiales para nosotros. Lo están haciendo en Trümfels, y me temó que el que usaba por el momento eran demasiado grande que continuaba cayéndose. El herrero lo está reajustando, pero no me lo han devuelto —Bill pensó que si había podido escaparse fingiendo ser una mujer por tanto tiempo, podría lograr hacerse pasar por la esposa de Tom.

—¿Entonces, está unida a Tom?

—Sí.

—Un pequeño contratiempo, pero no es problema. Puedo esperar un año.

Un año. Bill le había comprado a Tom un año para encontrarlo. No dudaba ni por un momento que el hombre de rastas iría a buscarlo. Y también estaba bastante seguro que los residentes de Trümfels aceptarían que Bill estaba unido a Tom. Bill sabía que le amaban, y esperaba que fuera suficiente para mentir si alguien les preguntaba.

+.+.+.+

 

Notas finales:
DUN DUN DUUUUN

Gracias por leer y comentar :D

Devi R. Black
Capítulo Quince por Devi

CAPITULO QUINCE

+.+.+.+.+.+

—¡¿QUÉ?! —La voz de Tom rugió por todo el salón, y por la mayoría de Trümfels.

Acaba de enterarse del secuestro de Bill, de como nadie había visto algo. Se giró y tomó a la llorosa Cloelia por el cuello. Ella jadeó en busca de aire, tratando desesperadamente de remover la mano de Tom.

De repente Gustav estaba a su izquierda, Georg a su derecha. La mano del último estaba bajando el brazo de Tom, y Gustav removía a la mujer del firme agarre del Lord.

—¿Estás herida gravemente? —Gustav le preguntó calladamente. Cloelia sacudió su cabeza, aún agarrándose el cuello, tratando de regresar su respiración a la normalidad.

El salón estaba lleno. El par de cientos de habitantes de Trümfels y sus granjeros de alrededor habían ido al salón tras oír la desaparición de Lady Billa.

Tom recobró la compostura mientras se detenía justo frente a su gente.

—Como ya habrán escuchado, mi Lady Billa ha sido secuestrada. Por meses mi Lady Billa ha sido una guía para nuestra tierra. La llenaba de luz, y belleza y música. Y Trümfels lo será una vez más. Personalmente iré a rescatarla y la traeré de vuelta - ¡a Trümfels!

La multitud tomó las palabras de su lord de corazón – determinación y venganza estaban bien instalados en sus rostros. Completamente convencidos, le respondieron:

—¡A Trümfels!

La cabeza de Tom se levantó con orgullo cuando escuchó a su gente animarle. Su puño se elevó en el aire. —¡A Trümfels!

Una vez más, le respondieron. —¡A Trümfels!

Tom desenvainó su espada, la cual brilló mortalmente en la luz. La sostuvo en alto mientras el tono de su voz se elevaba aún más. —¡A TRÜMFELS!

—¡A TRÜMFELS! —Su gente le gritó de nuevo. Tom regresó su espada a su funda. Le indicó a Georg y Gustav que le siguieran hacia el cuarto de estrategias.

 

Los tres hombres estaban parados alrededor del mapa de Tom sobre las tierras. Habían colocado un hueso para representar donde había estado Bill. Su rostro repentinamente se oscureció y su mano se movió rápidamente, quitando el hueso del mapa, aventándolo. Se retiró brevemente y regreso con una piedra.

Gustav miró a Georg y sonrió. Los huesos representaban la muerte. Tom los usaba como marcadores porque lo que fuera que planeaba usualmente resultaba en muerte – pare el enemigo e incluso para sus propios hombres. Pero el cambiar el marcador de Billa por una roca modificaba el significado simbólico.

Georg sonrió y le asintió rápidamente a su camarada. También lo había notado. Se había dado cuenta que Bill era más que un simple peón en el juego de la guerra. Las rocas no morían. Eran parte de la tierra. Controlaban sutilmente cosas, como el fuego. Para poder detener el fuego de que siguiera extendiéndose, las rocas se ponían a su alrededor. Eran usadas para defender; para proteger.

Era como si Tom fuera el fuego, y Billa la roca que lo contenía. Aunque Tom protegía físicamente a Billa, era la joven quien protegía lo que era más importante. Bill cuidaba el corazón de Tom.

Bill, como la roca, era una fuerza indestructible.

Sin embargo, Tom no había notado el significado simbólico de eso. Simplemente había querido cambiar el hueso de Bill porque no podía soportar la idea de que estuviera muerto.

—Bill estaba aquí —murmuró fuerte mientras colocaba las figuras por el mapa. Los otros dos hombres se miraron entre ellos al notar que su lord había dicho un nombre masculino, pero no dijeron algo. Tomando un hueso mediano, lo colocó ligeramente al norte—. Todos dicen haber escuchado cascos de caballo dirigiéndose hacia el norte. Eso deja… —los ojos de Tom se cerraron fuertemente antes de abrirse de nuevo—. Eso deja mucha tierra aún. Los destruiremos.

—¿Todos? —Georg preguntó su frente arrugándose.

—Cada uno de ellos.

—No —Gustav sacudió su cabeza.

Tom le miró —¿No?

Gustav miró a su lord directo a los ojos. —No. Demasiadas vidas inocentes serán perdidas innecesariamente.

Georg asintió. —Está en lo correcto, Tom. Queremos rescatar a Billa tanto como tú, pero esta no es la manera. Piénsalo. ¿Qué ganaría un pueblo como Konrje, por ejemplo, tomando a Billa?

—Nuestra armada no será la más grande, pero muchos de los pueblos del norte no pueden ni llegar a la mitad de nuestros hombres, mucho menos pelear. Enfoquémonos en las que sí pueden.

Tom parecía avergonzado. —Demasiadas emociones están invertidas en esto. Las emociones obnubilan el juicio, te vuelven irracional.

—Y es por eso que estamos aquí. Cada ángulo debe de ser analizado —Georg sonrió maliciosamente, burlándose de Tom. Una de las esquinas de los labios de Tom se elevó. Pero pasó rápidamente cuando su mirada cayó en el cuero cabelludo rubio en la pared. Sus ojos se oscurecieron hasta casi volverse negros por el odio.

—Si alguien le hace eso a mi Billa… —Tom no terminó.

Gustav frunció el ceño. —Lord Tom. ¿Puedo preguntar de quién es ese cabello? Nunca lo ha dicho antes, pero parecer ser de importancia.

—Ese pedazo de cuero —Tom dijo con los dientes apretados—, es del hombre que violó y mató a mi pequeña hermana.

Georg agachó la cabeza. Conocía la historia, había estado ahí. El cuero cabelludo nunca era mencionado pero cuando fuera que Tom necesitaba llenarse de furia, simplemente lo miraba. Un simple vistazo funcionaba.

—Bill es hermoso —Tom comenzó—, quien sea que lo capture va a querer tenerlo. Van a saber…. —Tom se hundió en sus pensamientos, sus ojos agrandándose y su rostro palideciendo—. El tiempo se está agotando. Necesitamos un plan ahora. ¡En pocos días tenemos que movernos!

—¿Qué es lo que van a saber, Tom? —Georg preguntó firme.

Tom miró a sus dos hombres más confiables. Sabía que sería peligroso si alguien sabía, pero estaba seguro que podía depender de los hombres frente a él. Mantendrían el secreto de Bill. Tom les asintió antes de hablar. —Vas a saber que él no es enteramente mujer.

—¿Billa es un hombre? —Georg preguntó, sólo para estar seguro de haber escuchado bien.

—No. Billa es ambos. A primera vista parece hombre, pero también tiene sus órganos femeninos. A menos de que te muestre, nunca lo sabrás. Si tratan de tocarlo, los sabrán. Lo van a matar.

Los tres hombres se quedaron en silencio mientras las palabras entraban a sus cerebros. Fue una larga espera antes de que Gustav hablara.

—Quizás no —Georg y Tom le miraron—. Nuestra gente es más comprensiva. Mi madre es conocida en cada clan que sigue a nuestros dioses. Si Billa la menciona, seguramente estará a salvo. Madre lo valúa, clama que es un regalo de los dioses.

Tom sacudió la cabeza. —Nuestra gente está muy en el norte. Si Bill esta tan lejos, puede que estés en lo correcto, puede estar seguro. Pero Gustav, estamos en tierra cristiana. Ellos no están tan dispuestos a aceptarlo.

Los ojos de Georg de repente brillaron. —¡Envía hombres a los cristianos!

—¡NUNCA! —Tom gruñó.

Georg levantó las manos. —Sólo escucha. Si enviamos un puñado de hombres a varios cristianos, clamando que han abandonado nuestras costumbres y quieres aceptar a su dios, puede que escuchen cosas. Seguramente tal “abominación” se extenderá como fuego en sus campos.

Tom se quedó mirando el mapa fijamente, asintiendo lentamente. —Eso puede funcionar. Gustav, selecciona a unos cuantos hombres para esa tarea. Necesitaré a algunos otros para ayudarme. Cloelia dijo que Billa hizo amigos con muchos de los pueblos en el intercambio. Quizás pueda formar una alianza con ellos para ir a rescatarlo.

—Di la palabra y cada hombre capaz de sostener un arma estará de tu lado. —Gustav recalcó—. Billa se ha vuelto muy querido para todos nosotros.

—No —Tom sacudió sus rastas—. No dejaré a mi gente vulnerable. El usar a tantos hombres dejará a nuestra tierra indefensa. Un niño la podría tomar en medio de una rabieta. Sabrán que me habré ido en busca de Billa, así que la probabilidad de un ataque es muy alta. No me arriesgaré. Georg, tú te quedarás.

El castaño asintió. —Sí.

La planeación siguió por horas. Gustav finalmente tenía una lista de hombres para ambas tareas, y estaba a punto de hacer su camino para juntar a los hombres cuanto Tom lo detuvo.

—Gustav.

—¿Si, señor?

—Incluye a tu madre. Quiero a Kara conmigo.

Gustav asintió y abandonó la Sala de Guerra.

 

La cena fue solemne. Todos los ojos estaban puestos en el asiento vacío de Billa. Tan pronto como terminó de comer, Lord Tom se retiró, incapaz de soportarlo más. La desaparición de Bill lo había golpeado en lo más profundo. Desde la muerte de su hermana, había jurado nunca amar a alguien en cualquier forma. Un error en el tiempo, literalmente, había cambiado eso.

 

Esa noche más tarde, Tom se detuvo frente a la vieja habitación de Bill. La puerta había sido reparada, y Cloelia había regresado a dormir ahí.  Tom quería disculparse con ella por trata de matarla. Pero lo detuvo un suave sonido.

Cloelia había sido enseñada por su Lady Billa a cantar lo que fuera que sintiera. Sin importar que emoción sintiera, una canción podía salir de ella. Así que abrió su boca, y cantó para si misma.

—Así que decimos adiós. Digamos que no lo intentaste. Estas lágrimas que lloras han llegado ya muy tarde. Llévate tus mentiras, el dolor, la culpa. Y llorarás cuando enfrentes el final a solas —la voz de Cloelia se apagó, su llanto ganándole.

La cabeza de Tom cayó mientras caminaba hacia su propia habitación, sintiendo que las palabras de Cloelia estaba dirigidas solamente a él. Su cama se había sentido enorme y solitaria mientras Bill había estado lejos con las mujeres. Pero ahora sabía que permanecería medio vacía por un indeterminado tiempo, y sabía también que su lado de la cama sería raramente usado.

No sabía que pensar del mundo que Bill había creado. Tom había sido encadenado desde el momento en que lo había mirado. Y para ser sincero consigo mismo, Tom lo disfrutaba. Sabía la mitad de lo que podía esperar de Billa. Usualmente odiaba no saber que esperar. Pero Bill le hacía ver que a veces lo inesperado era algo bueno, una cosa dulce.

Tom entendió por qué seguía rechazando las ofertas de esposas. Había estado esperando por Billa. No lo sabía en ese tiempo, pero vino a darse cuenta de que las Nornas realmente lo tenían planeado todo desde el principio.

Si sólo Godiva pudiera verlo de esa manera. Mientras Bill estaba aprendiendo las maneras del trueque, la apestosa mujer se había pegado al lado de Tom. El caso había escalado hasta el punto de que tenía a sus hombres manteniéndola físicamente a raya.

Mientras se recostaba para dormir un poco, sonrió para si mismo. Pensaba en lo que Billa diría si sabía de los intentos de Godiva. Abrazó su cuerpo con sus brazos, extrañando sentir la suave piel contra la suya como nunca lo había extrañado.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Gracias por leer :D


Devi R. Black
Capítulo Dieciseis por Devi

CAPITULO DIESCISEIS

+.+.+.+.+.+

Dos noches después, los hombres de Trümfels estaban listos. Un pequeño grupo de 15 hombres habían sido escogidos para penetrar las fuerzas Cristianas. Se iban a dividir en grupos más pequeños para poder entrar a varias áreas al mismo tiempo. No era una pequeña coincidencia que cada grupo tuviera un halcón. Para que las noticias viajaran rápido, liberarían al ave y la enviarían a uno de los otros grupos. Era lo mejor que podían hacer con tan limitado tiempo. Nadie pero Tom, Georg, Gustav  y Kara entendían la razón completa de que se necesitaba hacer esto lo más rápido posible.

Tom le había informado a Kara de la condición de Bill en cuanto aceptó unirse al grupo de Tom. Era verdad que ella realmente no tenía opción a decidir si iba o no, pero incluso Tom le tenía respeto. No la hubiera forzado físicamente a ir.

La mujer había sentido que era su deber proteger a Bill. Había mantenido el mechón de pelo de Bill muy cerca de ella. Estaba atado en las puntas y trenzado. Las trenzas eran importantes en su cultura. Trenzas en el pelo eran la marca de un guerrero. El mechón de pelo de Bill estaba trenzado para mantenerle fuerte y valiente.

El mechón de cabello había comenzado a deshacerse. No era tan bello como al principio. El cabello había comenzado a salirse de la trenza y si seguía así, se rompería. Kara no tenía manera de saber que eso había sucedido cuando Bill comenzó a mostrar síntomas de enfermedad. Sabía que era un mal augurio, así que la había reforzado, poniendo las hebras de nuevo en su lugar. Kara tampoco sabía que cuando había terminado de amarrarla de nuevo, fue cuando Bill conoció al hermano de Tom.

Kara era una bruja en algunos aspectos, capaz de conocer el bienestar de una persona basada en la condición de un montón de pelo. Bill lo ignoraba. Nunca olvidó que la lectora de runas tenía su cabello. Pero aunque le ponía nervioso al principio, comenzaba a ver cuánto confiaba Tom en la mujer. Saber que el lord no confiaba tan fácilmente era suficiente para Bill.

 

La siguiente mañana, todos en Trümfels se reunieron para ver a su lord partir. Se sentó orgulloso en su caballo, su cota de malla resplandeciendo con la luz de la mañana. Su rastas estaban atadas flojamente en su espalda. Cloelia había pasado la mayor parte de la noche deshaciendo dos rastas. Las había reemplazado con dos trenzas de guerrero que enmarcaban su rostro.

Enrollado y atado a su caballo había una bandera. Se mantendría enrollada hasta que se acercaran a alguna aldea en la cual pedirían ayuda. Era la marcar Naudhiz sobre una tela blanca, la runa de la necesidad en el color de la paz.

A su izquierda cabalgaba Kara, envuelta en su túnica ceremonial rúnica. A su derecha, en armadura completa, cabalgaba Gustav. El rubio había querido  acompañar a los hombres de los campamentos cristianos, pero Tom le señaló que era conocido como uno de los guerreros favoritos de Trümfels – la historia nadie la creería. Detrás de ellos tres había cien hombres armados; veinticinco a caballo y setenta y cinco a pie. También tenías siete cazadores, un herrero y un carro para los suministros.

Georg se detuvo en los escalones de la residencia, tres delgadas trenzas a cada lado de su cabeza aunque no lleva cota. Tom estaba a punto de indicar a sus hombres que partieran, cuando Georg le detuvo a gritos. El castaño se retiró y regresó rápidamente con un desastre sangriento entre sus manos.

—¡Lord Tom! Envié cazadores para esto, pero apenas regresaron esta mañana. Tenga.

Tom aceptó lo que le era ofrecido y lo miró. Era el corazón de un verraco. Lo levantó para que todos lo vieran. Sangre deslizándose por su muñeca.

—Gracias Lord Georg. He comido muchos de estos en mi vida. Esperemos que rinda frutos. —Con eso, el de rastas lo llevó a su boca y le dio una mordida con un gruñido fiero. Su cabeza en alto mientras masticaba con los ojos llenos de ferocidad. Su gente le animó mientras arrancaba otro pedazo de la misma manera.

El verraco era una criatura fiera. Siempre se había dicho que había dos corazones que podías comer. El corazón de la gallina era simplemente eso. Lo hacía a uno, un cobarde. El comer el corazón del verraco era para guerreros – los valientes, los fuertes, los intrépidos. Era similar a usar la piel de lobo y oso. El vestir sus pieles era como conectarse con el espíritu del animal.

Con la cabeza en alto y sangre en su barbilla, Tom le señaló al encargado de la corneta que hiciera su tarea. La armada de poco más de cien hombres hizo su camino por entre las puertas.

 

Bill estaba cansado de cabalgar. Había sido atado y forzado a cabalgar con varios miembros de la armada de su captor. Estaba muy seguro de que Tom podría acabar con todos ellos. Eso era, hasta aproximadamente una semana de viajar.

La banda había subido una colina. Cuando llegaron al punto más alto, se encontraban arriba de una armada de miles. Los ojos de Bill se abrieron en miedo. Cuando los hombres vieron a su lord regresar, comenzaron a vitorearlo. Bill gimió al darse cuenta que todos los hombres pertenecían al hermano de Tom.

Billa amaba a Tom, y tenía más que fe en sus habilidades como peleador. Pero esto era demasiado. Miles de hombres, contra un par de cientos. Locura. Y eso era si Tom se llevaba a cada guerrero de Trümfels, lo que Bill temía que no haría.

Necesitas mantenerte tranquilo aquí, Bill, pensó para si mismo. Tom necesita tu ayuda. Permanece racional y enfocado. Busca cualquier manera en que puedas ayudar a Tom. Él VENDRÁ por ti. Lo HARÁ. Y cuando lo haga, va a necesitar que le hagas las cosas tan fáciles como puedas.

Bill hizo lo que siempre hacia. Comenzó a cantar. Era muy suave, más un zumbido que otra cosa. Le ayudaba a calmarse. Dance With The Devil era una canción de su era, aunque cuando se dio cuenta que estaba cantando comprendió que no era demasiado placentero.

Aquí estoy, impotente y dejado a la muerte” … Vaya manera de permanecer positivo. Ok, mmm. Nueva canción.

De repente recordó algo. Su primer novio. Era de cuando estaban en la preparatoria. Era un metalero, con largo cabello negro, barbas de chivo y billones de tatuajes y perforaciones. Se veía agresivo, pero era uno de los muchachos más dulces que Bill hubiera conocido nunca.

Cualquier tipo de metal que existiera, Nathan lo escuchaba. Hardcore, gothic, industrial, classic rock/metal . . . viking metal.

Nathan solía cantar tanto como Bill, excepto que su voz era más gruesa. Sin embargo, encajaban perfectamente. Los versos de una de las canciones favoritas de Nathan le vino a la cabeza. No era un gran fan del metal, seguía prefiriendo a Nena, pero aún así habían durado dos años.

Aunque disfrutaba de su voz, Bill había desechado la canción por  mítica y sin sentido. Preferiría las canciones de amor, hacer lo que uno quisiera, y de divertirse, con la ocasional rompecorazones por ahí. Los Vikingos no habían estado por siglos sobre la tierra, ¿por qué cantar sobre ellos?

Ahora, Bill estaba agradecido de que Nathan le hubiera cantado esas. Se daba cuenta AHORA que no sólo eran bazofias.

Odin is working to eagerly form a great heathen fist from the north. Pray for your life at the signs of a storm, but praying won't help with the dragons come forth. Roaming the bow, the berserks the fierce, they know not the fear of pain. Women and children are swimming in tears, while berserks are going insane.

(Odin está trabajando entusiasta formando un puño ardiente desde el norte. Reza por tu vida ante las señales de una tormenta, pero rezar no te ayudara cuando los dragones lleguen. Rondando las proas, los guerreros los fieros, no conocen el miedo al dolor. Mujeres y niños se deshacen en lágrimas mientras los guerreros se vuelven dementes.)

— Lalala la lalala la la lala le lalalili la laaa.

Bill no se había dado cuenta que estaba cantado en voz alta hasta que le miraron de manera extraña. Se removió un poco.

El hermano de Tom sacudió su cabeza ligeramente antes de pararse casi en el filo. Levantó sus brazos.

—¡Tenemos la victoria!

Los hombres vitorearon.

—¡Ahora nos vamos a casa! ¡Avancemos!

Bill miró asombrado como casi simultáneamente los hombres se giraron y comenzaron a moverse. En minutos estaban empacados y marchando en sincronía. Bill no pudo suprimir los temblores. Se sentía como en clase de historia, observando a Hitler controlar su régimen. Pero era mucho peor porque estaban frente a él.

De repente, Bill se dio cuenta de algo. —¿Hermano de Tom?

—¿Sí, Lady Billa?

—Y a todo esto ¿cómo se llama?

—Lord Josef.

+.+.+.+

Notas finales:
Devi R. Blak
Capítulo Diecisiete por Devi

CAPITULO DIECISIETE

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Semanas pasaron cabalgando con hombres que tenían cero higiene personal y esa no era su idea de un buen viaje. Bill deseó muchas veces seguir viajando con las mujeres. Seguro, no se bañaban seguido, pero al menos lo hacían. El olor a hombre sucio hacia que Bill se pusiera mal del estómago. Despertarse cada mañana con ese olor sólo lo hacia más intenso.

Estaba agotado, y nunca se detenían lo suficiente para que Bill pudiera dormir propiamente. Deseaba más que nada poder pasar un fin de semana en su mundo. Sentía que fácilmente podría dormir treinta y seis horas seguidas. Ni siquiera despertarse para comer, sólo dormir completa y profundamente.

Casi un mes en esto. Un mes. Bill no podía dormir bien, estaba enfermo, y aún le daban mareos de repente. Estaba demasiado ido como para preocuparse por el maquillaje, o su cabello. Pero Tom no estaba ahí para tener a alguien a quien impresionar.

Los mareos disminuían, pero Bill nunca sumo dos más dos de que entre menos maquillaje usaba, su salud mejoraba.

Nunca estuvo más feliz de ver una torre gris oscuro en el horizonte. Sabía que la torre estaba unida a un castillo y un castillo significaba dormir. Nunca había estado en uno, y sus emociones se encontraban divididas. Una parte de él estaba emocionado de estar ahí - ¡tantas historias provenían de lugares como esos! Pero la otra parte estaba definitivamente asustado. Era la parte asustada la que era más fuerte en ese momento. Tanto, que su estómago se vació de nuevo.

Aprendió muy temprano en ese viaje que los hombres no se detendrían para dejarlo vomitar. Pasaba varias veces durante el día, pero mayormente por las mañana. Había aprendido simplemente a ladearse y vomitar mientras cabalgaban. Eso lo hacia ponerse más molesto, y estaba seguro que si tenía que cabalgar y vomitar un día más, tendría que apuñalar a uno de esos hombres.

 

Lord Tom había cabalgado por ahí con sus hombres por semanas. Las armaduras ya no eran usadas porque eran demasiado pesadas para no tener ninguna batalla ocurriendo. La mayoría de los hombres, Tom incluido, seguían con la cota de malla en el pecho. De igual manera, algunos seguían usando sus cascos y otros los pusieron en la carreta con el resto de la armadura.

El número de hombres siguiendo a Lord Tom se había multiplicado. Tenía más o menos como unos mil. No había descansado buscando seguidores. A algunos les pagaría extra; a otros les daría extra cuando estuvieran en el mercado de trueque; los más cercanos a Trümfels, los protegería; mientras que otros le dieron sus hombre voluntariamente – siempre que Tom hiciera lo mismo por ellos si lo necesitaban.

Tom pensaba mientras dirigía a sus hombres más hacia el norte. Su mente seguía en aquella vez que se detuvieron en un pueblo pequeño de unos cuantos cientos de personas, llamado Nerthlund.

—¡Lord Tom está aquí! —alguno de los habitantes gritó mientras su armada se movía por la aldea. Era de una manera pacífica, y todos se acercaron al camino principal para ver a la procesión de hombres,

Sus soldados se quedaron atrás, dejando sólo a Tom, Gustav y Kara acercarse al edificio principal, aún bajo la bandera blanca.

—¿Lord Sven? —Tom llamó.

De su izquierda, una delgada mujer ya grande se acercó. —¿Lord Tom? ¿Cómo está Lady Billa? Ella es en verdad una belleza. Esté orgulloso de tener a una mujer como ella a su lado ¿Está haciendo buen uso de las mantas que compró?

Tom recordaba esas cobijas muy bien. Le había permitido a Cloelia quedarse con la tejida. La gruesa y hermosa manta que Bill había elegido estaba doblada para que sólo cubriera el lugar de Billa en la cama. Tom no quería que le tocara. Se negaba a usarla hasta que Billa estuviera de vuelta y compartiéndola con él.

No entendía su razonamiento para eso. Era sólo una cobija, y el clima se ESTABA poniendo frio. Pero Tom no podía hacerlo. De alguna manera no se sentía correcto.

Sus pensamientos se vieron interrumpidos por la llegada de Lord Sven.

—Milord —Tom reverenció.

—Lord Tom. ¿Qué lo trae a Nerthlund? No es que su presencia no sea bienvenida, lo es.

—Lord Sven. Estoy aquí en necesidad de su ayuda. Necesito hombres.

—Entre y discutiremos su contiend. —el hombre de cabello oscuro dijo, guiando al trío. Fueron seguidos por la delgada mujer. Se sentaron con vino y hablaron.

—Mi Lady Billa ha sido secuestrada. Usaría mis propios hombres, pero como puede ver cuatrocientos no es mucho.

—¿Cuántos de mis hombres está solicitando?.

—Tantos como pueda darme —Tom se quedó callado. Observando a una mujer rubia que les había traído hogazas de pan caliente. Mientras se giraba para retirarse, Sven la detuvo. Le besó suavemente mientras le acariciaba el vientre hinchado con sus manos callosa.s Intercambiaron sonrisas tiernas antes de que ella se retirara para llevar comida a los hombres de Tom.

Tom observó el intercambió con el rostro casi verde. —Sven, por favor. Sabe que si algo le pasara a Lady Sieglinde, mis hombres estarían a su disposición. Estoy en desesperada necesidad de su ayuda. Necesito a mi Billa.

—Hijo —la anciana habló—. Envía hombres. Tienes más que suficientes para defender Nerthlund.

—Eso lo sé, madre. Por favor, déjame terminar —Sven regresó su atención a Tom—. Sé que la necesita. Puedo verlo en sus ojos. Dígame ¿Ya han unido sus manos?

Tom se inclinó hacia adelante. —Somos viejos aliados, usted y yo. Entre nosotros, no, Billa y yo no lo hemos hecho. Iba a preguntarle cuando regresara de los intercambios en Vesloftr pero nunca regresó. —Tom procedió a decirle al otro líder como se habían llevado a Bill.

Sven estaba afligido al final de la historia. Asintió triste, claramente imaginando la misma cosa pasándole a su hermosa esposa. —Cuando tenga a Billa de regreso, invíteme a su unión.

Tom sonrió, sabiendo en ese momento que su petición de ayuda había sido respondida. —Gracias.

Doscientos hombres habían partido con ellos de Nerthlund. En su camino de salida, Tom se encontró con una sorpresa. Lord Eadwig. El hombre quien había llevado a su hija Godiva a Tümfels – a quien Tom nunca desposaría – llegó con quinientos hombres armados. La historia le había llegado y estaba determinado a ayudar. Eadwig tenía un heredero. Un fuerte hijo con el nombre de Wulfar.

Los Nórdicos creían que una muerte gloriosa – una muerte en batalla – era la mejor manera de morir. La  vejez los enviaba a las partes congeladas del Hel. Eadwig sabía que era viejo, y que esta sería probablemente su última batalla. Tom aceptó su decisión. La batalla era mucho mejor que quemarse en fiebre postrado en una cama.

 

Bill suspiró alegre mientras se acercaban al puente levadizo del castillo. Krevdberg era su nombre. No sabía ni por qué o qué significaba, pero le resultaba interesante el nombre. Se hizo una nota mental de preguntarle a Tom cuando – no si, pero cuando – lo viera de nuevo.

Había mucho movimiento y ruido cuando entraron. Bill arrugó la nariz. No era nada placentero a sus sentidos. Podía oler los cuerpos sin bañar; excrementos de humanos y animales; el olor de animales en general; y por supuesto, comida podrida.

Seguro, Trümfels no era de los más deliciosos lugares en olor, pero era mucho mejor que esto. Estaba más abierto, permitiendo que los olores escaparan al viento. Los baños eran espaciados por un par de días; se lidiaba con los excrementos; y Tom se aseguraba de que se cavaran bodegas con la intención de evitar que la comida se pusiera mala.

Algunos de los hombres de Lord Josef llevaron los caballos a los establos, algunos otros se fueron en dirección de la taberna. Bill era uno de esos que no hizo algo. Fue llevado de manera brusca por todo el pueblo, por los escalones del castillo y llevado al jardín frontal.

Fue tratado como una típica mujer. Lo aventaron en un cuarto para lidiar con él después. Lo fastidiaba pero estaba parcialmente aliviado - Bill POR FIN sería capaz de hacer lo que más quería. Normalmente diría que “estar con Tom” era lo que más quería. Pero esta vez, todo lo que quería era dormir.

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Notas finales:
:D y Billa por fin esta en un castillo ¿sus sueños cumplidos?

Devi R. Black
Capítulo Dieciocho por Devi

CAPITULO DIECIOCHO

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Billa gruñó mientras rodaba. Sus ojos se abrieron de repente mientras corría hacía la ventana, sin importarle si había alguien caminando por debajo. Tosió y  vomitó mientras su estómago se vaciaba. Estaba tan ocupado tratando de respirar que no escuchó la puerta abrirse o cerrarse. Hizo su camino de regreso a la cama, gimiendo. Odiaba estar enfermo.

Varios minutos pasaron y una jovencita en lo que se sabía en la era de Bill, estaba en la pubertad, entró. Una vieja curandera venía con ella, cargando un tazón.

—¿Lady Billa?

—¿Sí?

—Camilla me dice que no se encuentra bien.

Bill asintió, a pesar de no saber quién era esa. Todo lo que quería era que terminara.

—Necesito que llene este tazón.

—¿Disculpe?

—Necesito que orine en este tazón.

—¡¿QUÉ?! ¡¿Por qué?!

—Está enferma, y es de mañana. ¿Ha dormido con un hombre últimamente?

—Sí…

—Entonces debemos de ver si trae un niño.

Bill tomó el tazón que ya contenía líquidos y se fue detrás de un pedazo de tela que colgaba del techo. Hizo lo que le pedían y salió con el tazón.

La anciana sonrió. —¿Mirará?

—¿Qué estoy mirando?

—Si la orina reacciona con el vino, está embarazada.

Bill parpadeó. Nunca había deseado tanto por una de las pruebas orina-en-un-palito de alta tecnología que las mujeres usaban en Berlín. Asintió y observó con la jovencita y la anciana como el vino reaccionaba con las proteínas de la orina.

—Felicidades, Lady Billa.  Está embarazada.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa y su cuerpo enteró cosquilleó, luego sacudió su cabeza. —Algo más está mal en mí. Puedo estar embarazada pero no es todo. Puedo sentir algo más, pero no sé qué.

—Déjeme mirar.

Bill asintió y se recostó. Sabía que algo más andaba mal, incluso si no estaba seguro de lo que era, y temía que pudiera lastimar a su hijo. El hijo de Tom. Sintió su pecho hincharse con el pensamiento, olvidando lo que su doctor de toda la vida en Berlín le había dicho: que si en algún momento quedaba embarazado, no podría llevarlo por mucho tiempo – su cuerpo no estaba lo suficientemente equipado.

—¿Qué siente?

—Me siento mal del estómago; siempre estoy cansada pero no puedo dormir; me enojo sin razón aparente; no puedo hacer del baño; y ahora que sé que estoy embarazada me soy cuenta que debería de estar hambriento pero no… Oh, y me dan calambres como si se fuera a acabar el mundo.

La anciana asintió, no entendiendo lo último, pero comprendiendo los síntomas. —Camilla, tráeme los dientes de león —la joven asintió y salió corriendo. La anciana se dirigió a Bill—. Eso debería de ayudarle… en el baño.

Habiendo escuchado que Lady Billa estaba vomitando, trajo consigo sus varas de oro y obligó a Bill a que comiera algunas, diciendo que calmaría sus mareos. Mientras él lo hacía, ella levantó su vestido para poner las piedras de ágata en la parte baja de su estomago para calmar los calambres. Su mano roso el miembro de Bill. No estaba duro pero la mujer había estado en el mundo los años suficientes para saber las diferencias entre un hombre y una mujer.

Los ojos de ambos se agrandaron al encontrarse. Bill comenzó a entrar en pánico, tratando de bajarse las faldas del vestido. Fue sin éxito mientras ellas tomaba los bóxer y los bajaba lo suficiente para poder mirarlo de reojo. Se giró sobre sus talones y se fue.

La respiración de Bill se incrementó al punto en que tuvo que jadear aire. Sus ojos se aguaron mientras trataba de respirar. Se recordó que tenía que mantenerse calmado, por el bienestar del bebé. El bebé. Estaba cargando el hijo de Tom.  Tom. Tom estaría emocionado, Bill estaba seguro de ello.

El pensar en Tom hizo maravillas con su respiración. Aunque no tan bien terminó su ataque de pánico la mujer regresó. Esta vez con Lord Josef.

—¡Milord, es una blasfemia!

—Déjame juzgar eso —el líder se mofó, observando a Bill con una mano protectoramente sobre su estomago. Le asintió a sus guardias, quienes se movieron rápidamente para mantener a Bill quieto en su lugar. Lord Josef removió los ajustados bóxer de Bill.

—Eres un hombre —Lord Josef comentó, sus cejas levantándose con diversión.

—No —Bill soltó. Sabía que no le iba a ayudar en nada pero se negaba a arrepentirse—. Soy intersexual.

—¿Eres qué?

—Intersexual. Soy hombre y mujer en un solo cuerpo. De acuerdo a las runas de Kara, los Dioses mismos me enviaron aquí.

—¡Le dije que era blasfemia! —la vieja aulló, agitando su dedo.

—Y que lo es. Uno con el que debemos de lidiar. Billa, entiende, somos una buena comunidad cristiana. No hay lugar para tus dioses paganos aquí, ni tampoco su brujería —había algo en la forma en que lo dijo que puso a Bill de nervios—. Venga, dejemos a Lady Billa —el grupo se fue, cerrando la puerta con candado detrás de ellos. Bill podía escuchar la voz de Lord Josef ordenando que se corriera la voz hacia los mercenarios cristianos, a las armadas cristianas, a cualquier religioso que deseara ver como se lidiaba con Billa como se debería de hacer con todos los Demonios Paganos.

La sangre de Bill se congeló. Lo iban a matar. Él y el hijo de Tom serían asesinados. No existía algo que Bill pudiera hacer para detenerlo. Pero lo intentaría. Tom lo encontraría. TENIA que encontrarlo.

Bill se acercó a la ventana, una mano en su estómago. Desde que la mujer esa le había anunciado la mitad de su diagnostico, no podía parar de tocarlo. Sabía que no era la única cosa pasándole a su cuerpo, pero si se enfocaba solamente en su vientre, podía sentirlo realmente.

Tenía aproximadamente dos meses de embarazo, así que aún no mostraba cambios, pero había algo que podía sentir en su interior. No podía ponerlo en palaras, sólo lo sabía. Se sentía estúpido por no darse cuenta antes – era tan obvio ahora que le prestaba atención.

Con el paso del tiempo en Trümfels, Bill había comenzado a ver la magia que los Dioses Nórdicos habían hecho por su gente. Miró al cielo, creyendo que si había alguien que pudiera ayudarle, serían ellos.

—No sé quien sea la Diosa de la fertilidad y de los embarazos y todo lo que implica —Bill comenzó pensativo, rezando—. Recuerdo que Freyja fue llamada, pero no tengo ni idea de quien rige que aún así que por favor, sean comprensivos. Ustedes saben por todo lo que pasado y hay demasiados de ustedes como para recordar. Pero por favor, quien sea que cuide de los niños… por favor protege a mi hijo. No sé por qué siento que es un niño, sólo lo sé. Por favor, protegido de lo que sea que Lord Josef esté planeando… y por favor dejen que Tom venga por nosotros a tiempo. Gracias.

Bill terminó su plegaria y estaba a punto de regresar cuando se dio cuenta que olvidó algo que siempre se decía. Se giró de nuevo y dijo la palabra, —¡saludos! (en realidad era ¡Salve!) —antes de regresar a su cama. No tenía nada más que hacer así que sería mejor dormir.

 

Había comenzado a nevar. Lord Tom y sus hombres estaban agradecidos de haberse quitado las armaduras. Los aros de hierro de la cota de malla eran insoportables cuando estaban congelados. Si estaban alrededor del cuello de alguien, se volvía difícil respirar.

Su paso se apresuró. Lord Tom recordó un gran pueblo que estaba cerca. Sus hombres podrían hacer buen uso de una cena tibia y algo de cerveza. Con suerte, lograrían llegar antes de que la nieve se volviera muy espesa. La nevada volvería lento el viaje, lo que significaba que para poder rescatar a Billa, los hombres tendrían que quedarse en las rutas principales donde la nieve estaría más compactada y sería más fácil viajar.  Habían caído pequeñas nevadas durante el pasado mes, pero significaban nada. A penas y quedaba nieve a la vista. Tom sabía que esta vez no tendrían tanta suerte.

Tom estaba atrapada en sus planes a futuro próximo que no escuchó el ligero retumbar. No fue sino hasta que Kara le llamó por su nombre que lo escuchó.

La mujer cabalgaba con él, sus sabios ojos bien abiertos. —Lord Tom, escuche.

Tom hizo lo que la mujer le pidió. Escuchó el retumbar. Y de repente, tronó fuertemente.

—Truenos.

—Lluvia y nieve juntos son un mal augurio, pero truenos y nieve…

—Oh Thor, mantén a salvo a Billa —Tom murmuró por lo bajo.

Los truenos no duraron mucho. De hecho, para cuando el pueblo que Tom recordaba estuvo a la vista, habían terminado. Pero cada hombre siguiendo al de rastas escuchó. Algunos venían de aldeas “cristianizadas” pero las viejas creencias eran difíciles de olvidar. Todos estaban tensos y en guardia mientras se aproximaban al pueblo.

 

Tom y sus hombres se quedaron ahí por un par de días. Él había hablado con su líder, quien le había permitido a la armada quedarse condicionados a que no causaran problemas. Cada hombre respetó la regla de Tom de no violaciones cuando se les permitía entrada a algún lugar, aunque casi todos encontraron compañía.

Tom no fue uno de esos. La idea de estar con alguien no le causaba algo; nadie podría compararse con Billa. Tom pasó sus días en la taberna con los oficiales principales de su armada: Gustav, Skvisgaar, Eadwig y Cynric. Había otros hombres de menor rango que se les unieron pero esos cuatros eran los principales.

Gustav era su segundo al mando en esta campaña, como Georg lo era en Trümfels; Skvisgaar guiaba el flanco derecho; Cynric llevaba el flanco izquierdo y Eadwig guiaba a los arqueros. Kara también había permanecido presente todo el tiempo.

La armada había quedado varada por una semana debido a la nieve. Mientras la nieve comenzaba a derretirse, un extraño caminante se detuvo dentro de la taberna. Todos dejaron de hablar para poder escuchar al hombre. Sabía todo lo que pasaba fuera del pueblo y era su fuente de noticias. Tom no le importaba nada de eso, excepto por una historia.

—Más arriba en Krevdberg, hablan de una atrocidad. Claman haber capturado a un demonio. Se dice que es el ser más hermoso que ha caminado sobre la tierra. Pero que es hombre y mujer en un solo cuerpo.

Los ojos de Tom se agrandaron. Billa.

—Dicen que puede seducir a un hombre con solo una mirada, volviéndolo incapaz e inútil —el bardo continuó.

Tom sonrió. Sí, la mayoría de las cosas en los cuentos se veían exageradas, pero eso era verdad. Bill había cautivado a Tom la noche en que se conocieron, e incluso ahora, Tom era un inútil contra él. Nunca podía decir que no a la luz que se había convertido en una de las cosas más importantes para él.

Estaba perdido en sus pensamientos que casi se pierde algo más que el vado comentó. —Se dice que un hombre relacionado con Lord Josef mismo ha caído bajo su hechizo, y que es el padre del hijo que ahora engendra el demonio.

Los ojos de Tom se agrandaron mientras miraba a Gustav y luego a Kara y de nuevo. No era uno de los que mostrara emociones en la mayoría de los casos, porque los hombres podrían leerlas y usar esas emociones como ventaja. Pero incluso el gran Lord Tom a veces olvidaba eso.

—¿Lo creen? —Lord Tom respondió, inclinándose hacia los dos.

Kara sonrió. —Es muy posible. Billa es mitad mujer.

Tom no pudo evitarlo. Sonrió. Y era una de las sonrisas más grandes que nunca había tenido en su vida. Billa, su Billa, estaba posiblemente embarazada. Y lo estaba, Tom estaba completamente seguro que era de él. Iba a tener un heredero.

—Tom —Kara le dijo de manera urgente, odiando tener que romper su momento de inmensa felicidad—. Lord Josef lo tiene en Krevdberg. El bardo acaba de decir que planean matar a Billa. Será en la noche en que comienza La Caza.

Tom asintió. Eran mediados de noviembre. Necesitaban estar en el norte en menos de un mes. Si la nieve permanecía de su lado y no los retenía en un lugar por mucho tiempo, Lord Tom estaba seguro de que llegarían al distante castillo de su hermano en el tiempo suficiente.

Tom se obligó a permanecer calmado ante el pensamiento de que su medio hermano tenía a Billa cautivo. Era justo como lo pensaba. Tom recordaba que una vez cuando era más joven, había encontrado un pequeño cachorro. Le había preguntado a su madre si podría quedárselo y ella le había dicho que sí. Josef había estado tan molesto de que Tom hubiera obtenido un cachorro y él no, que había estrangula al perrito hasta la muerte. Si él no podía tener un cachorrito, tampoco Tom. Esperaba que Bill no fuera otro cachorro.

Cuando Tom era un niño, bastante consciente de que el esposo de su madre no era su padre, le preguntó quién era su padre biológico. Wolfgar Trümper había sido un guerrero vikingo que allanaba su pueblo continuamente. Era el líder se su tribu, y era el que decidía que villa destruir. Conforme Tom creció, aprendió que él y su hermana no eran productos de violación, como la mayoría de los hijos de nórdicos eran. No, la unión de Wolfgar y Brunhilde fue planeada para parecer una violación.

Sven el Furioso, el esposo de la madre de Tom – no hay que confundirlo con Sven de Nerthlund, quien le dio a Tom algunos de sus hombres para ayudarlo a salvar a Billa – no fue engañado como su gente lo fue. Sabía que había sido escenificada esa violación. El medio nórdico Tom y Brynja habían sufrido por eso.

Eso hacía que Tom estuviera más determinado a seguir las maneras de la gente de su verdadero padre. Aprendió sus leyes, sus costumbres, aprendió todo lo que pudo. Pasó tiempo en una villa escandinava, aunque no era la de Wolfgar. Tom tomó Trümper como su apellido, así como su pequeña hermana. Tom sabía que la manera de vivir de los vikingos sería terminada por los mercenarios cristianos pero eso no lo detenía.

Josef, por otro lado, siguió los pasos de su padre Sven el Furioso. Había aclamado ser un hombre de un solo dios, leal a la iglesia, y dispuesto a marchar en una cruzada si había una. La mayoría de la gente sabía que sólo era una imagen que había puesto para poder hacerse de poder.

Desde que Sven el Furioso había muerto, Josef había tomado el mando de su pueblo. Tom se dio cuenta que esa debió de hacer sido su primera suposición cuando Bill fue raptada. Pero siendo el Lord que era, Tom sabía cuan cansado su rol era. Fue estúpido pensar que Josef no se aburriría y tomaría lo que fuera que hacía a Tom feliz. Era un error que Tom no volvería a cometer de nuevo.

Josef, aunque era un hombre grande, no había madurado de la manera en que Tom lo había hecho. Mientras que el último había viajado por toda la extensión de tierra, peleando y haciéndose un nombre para él mismo, Josef había vivido la vida lujosa. Siempre había vivido en Krevdberg, aunque años atrás, la comunidad se había llamado Geurberg. Fue la gente de Wolfgar quienes habían cambiado el nombre. Krevd era la palabra noruega para cobarde, lo cual Tom encontraba bastante acertado.

Krevdberg era una comunidad en tiempos modernos. No moderno como Bill, pero moderno para el año 1100. Todos tenían lo último en la moda y los pobres casi comían tierra mientras los ricos comían carne y bebían vinos especiados. El sólo pensamiento de hacer eso a su gente le repugnaba.

Tom trataba a sus cautivos bien. Eran alimentados y vestidos. Su clase de “cautivos” eran los esclavos romanos, como Cloelia. Tom se negaba a tener guerreros como cautivos. Una vida en una caja para un guerrero era peor que la muerte. Tom ayudaba a los hombres que llevaban la sangre nórdica. Aquellos que no, simplemente eran asesinados. Tom no quería mirarlos más de lo que tenía que hacerlo.

Josef era lo opuesto. Aventaba a cualquiera que se atreviera a mirarlo de la manera equivocada en una mazmorra.  Llenaba de impuestos a su gente sin parar, y no le importaba quien moría o quien viviera.

Hacía temblar a Tom el pensar que Bill estaba viviendo en un lugar con un hombre como ese.

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Notas finales:
Devi R. Black
Capítulo Diecinueve por Devi

CAPITULO DIECINUEVE

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Bill había estado en Krevdber por semanas, comenzando a contar a partir del incidente donde su estado intersexual se hizo conocido. Lord Josef se había asegurado de que casi no se le mandara comida. No le importaba si Bill o el niño morían.

Pero alguien si lo hizo. La bondadosa alma era una mujer ya anciana. Para los estándares de Bill no era tan vieja, pero en Germania, los cincuenta eran ya considerados vejez. Se había acercado a ver a Bill todos los días. Le llevaba comida y se quedaba para hablar con él por horas.

—¿Cómo es él? —Un día le preguntó.

—¿Quién?

—¿El padre?

Bill suspiró soñador. —Estaba como que enojado cuando lo deje. No quería que fuera al intercambio, pero lo hice que me dejara. Probablemente se ha vuelto loco y ha matado gente a diestra y siniestra-

—Dicen que el hermano de Lord Josef, Tom, es el padre.

—MEDIO hermano —Bill le corrigió—, y sí, lo es —Bill acarició su vientre. Apenas comenzaba a mostrar signos y estaba completamente enamorado de ello. Nada se comparaba con el ser capaz de ver el bultito donde el hijo de un hombre estaba.

—Cada día me preguntas mi nombre —la mujer dijo, acomodando su rubio cabello en su lugar—. Hoy te lo diré.

—¿Por qué esperar hasta ahora? —Bill preguntó, levantando la mirada de su vientre.

—Quería asegurarme.

—¿De qué?

—Quería ver cuánto amas a mi hijo, sin sentir que tienes que pretender. Soy Brunhilde, esposa del cesado Sven el Furioso y madre de Lord Josef y Lord Tom, y de la cesada Lady Brynja.

Los ojos de Bill se agrandaron. —¿Eres la madre de Tom?

Ella sonrió suavemente asintiendo. —Sí.

 

Desde entonces, Brunhilde se quedaba con Bill desde el amanecer hasta el anochecer. Hablaban de todo – cosas que Bill debería de esperar durante el embarazo, nombres de bebes, como Lord Tom se había comportado cuando niño y muchas otras cosas.

Bill era la familia de Brunhilde ahora. Cuando su esposo murió, Josef la había tratado como se trataría a cualquier persona que envejeciera. Ignorando el hecho de que era su propia madre. Cuando Bill lo mencionaba, ella simplemente suspiraba y decía “Él es igual a su padre”.

Poco a poco, Bill aprendió sobre padre de Tom. Brunhilde lo pintaba como un hombre que era la versión más vieja de Tom, así que era una imagen atractiva a la mente de Bill. Hasta que mencionó su largo cabello facial rubio. Eso lo arruinó para Bill. Una cosa que fastidiaba a Bill era que Wolfgar Trümper nunca volvió por ella una vez que el esposo murió.

Brunhilde siempre le respondía que si aún estaba vivo, regresaría algún día. Era un Trümper – él siempre regresaba para reclamar lo que era de él. Bill amaba oír eso. Renovaba su fe en que Tom llegaría, y que lo salvaría a él y a su hijo de ser asesinados.

Asombraba a Bill de sobremanera que ella nunca preguntaba sobre su situación intersexual. Cuando le preguntó a ella, simplemente le había dicho que no le importaba. Tom ya tenía suficientes problemas a causa de su esposo y su primer hijo y luego el haber perdido a su hermana también – Brunhilde dijo que Bill estaba embarazado, y por las historias que había escuchado, Tom parecía feliz. No le importaba quién o qué era Bill. Ella era una madre, y al final de todo, todo lo que deseaba era que su hijo favorito fuera feliz.

Bill estaba complacido de escuchar eso, pero había una cosa que no le gustaba en nada cuando pasaban tiempo juntos. Cuando Brunhilde le visitaba, le enseñaba las viejas artes y costumbres. Las mujeres debían de usar maquillaje todo el tiempo. Bill no veía el porqué hacerlo si nadie lo veía, pero así era como se hacía en Krevdber, y bueno, a Bill siempre se le había enseñado a adaptarse a las culturas. Hizo lo que se le pedía.

Y a pesar de todo, Bill jamás notó que sus mareos, su falta de hambre o su incapacidad para dormir se relacionaban con su maquillaje. Conforme la fecha de su muerte se acercaba, el problema se volvía peor.

 

—Billa —Brunhilde le dijo a Bill mientras tocaba al bebe en su vientre gentilmente.

—¿Sí?

—Tomas vendrá por ti.

Bill sonrió. —Lo sé.

La mujer terminó de servir el té y sentó junto a él. —Quiero ayudarte a que regreses con él.

—¿Cómo?

—Habrá una batalla. Ruego porque Wolfgar esté aquí pronto, no importa si es él o Tom el que venga, estarás a salvo. Dejaré una capa blanca en tu puerta. Cuando la batalla comience, úsala. Te mantendrá a salvo, ruego. Hay una entrada a Krevdberg de la que muy pocos saben. Es piedra, así que los enemigos no pueden verla… —Brunhilde dibujo un mapa en el piso cubierto de tierra. Si había una batalla, ella abriría su puerta, y él tenía que seguir el mapa hasta que llegara a un pasillo. Parecía que era un callejón sin salida, pero un lado de la pared en verdad se abría.

Durante las semanas que había pasado ahí, Bill había aprendido a confiar en ella, y creía totalmente en que ella le estaba dando un verdadero plan de escape.

 

Lord Tom estaba haciendo sus propios planes. Había estado viajado, sólo deteniéndose cuando se necesitaba, por casi más de mes. Había llegado a Krevdberg varios días antes de la fecha en que Billa se suponía sería asesinada.

Mantuvo a sus hombres a un día de cabalgata del lugar, para que no los pudieran ver desde la fortaleza.

Pero ahora, el tiempo se había agotado. Bill sería ejecutado la siguiente tarde. Ni siquiera estaba seguro de su plan de recate. No es que Tom no tuviera un plan, era que realmente no confiaba mucho en el.

La niebla y ser muy descortés.

Ese era su plan. Había tanta niebla en el norte, que se había vuelto una ley no escrita que si uno tenía un mensaje que entregar, el mensajero se quedaría de pie muy quieto hasta que quien recibiera el mensaje se asegurara de que era humano.

En la niebla había monstruos, seres cambiaban de forma y espíritus diabólicos. Era considerado de cortesía dejarse ver primero. El plan de Tom era volverse uno con la niebla. Él y sus hombres no se quedarían quietos para dejarse ver. Usarían la niebla como cubierta, escalarían las paredes de la fortaleza y matarían a los guardias. Las puertas entonces se abrirían, dejando al resto de la armada entrar.

Sus hombres se dividirían. Algunos se quedarían en las puertas a pelear, mientras el resto entraba en combate directamente, deshaciéndose de todos aquellos en su camino, colándose por una entrada desconocida a la fortaleza que Tom usó para escapar cuando era niño.

 Tom estaba sentado junto a una pequeña fogata, abrillantando su cota de malla congelada mientras revisaba sus planes en su mente.

 

El día llegó. Era el último que tendría Bill. Innumerables ríos de gente fluían por las calles para poder ver como se le ponía fin a tal “atrocidad”. Pero la mayoría eran sacerdotes y mercenarios, o la gente común.

Desde su ventana, Bill podía observar el ruido de la ciudad en su día final. Intentó no pensar en eso. Tenía que pensar en el bebé de Tom. Con cada segundo que pasaba, su amor y adoración por el niño aumentaba. No podía dejarlo morir.

Había nevado terriblemente la noche anterior, y Bill rogaba para que eso no hubiera retrasado a Tom.

—Come and rescue me. I’m burning, can’t you see? —Bill cantó suavemente mientras su hoguera era armada—. Come and rescue me. Only you can set me free… —Terminó su pequeña canción que había creado—. Vamos, Tom. Se nos acaba el tiempo…

 

Mientras tanto, los hombres en el campamento de Tom estaban teniendo momentos horribles. Debido a la cantidad de metal que tenían con ellos, la mayoría de sus armas estaban congeladas.

Antes del mediodía, Tom había enviado a sus soldados a pie. Debían de esconderse por un lado del cerro hasta que Tom y su caballería llegaran.

El plan había cambiado, pero sólo ligeramente. Los hombres que se habían “unido” a los cristianos habían enviado mensajes vía halcón de que todos estaban dentro de la barrera. Tom tenía que enviar una señal y las puertas se abrirían para ellos.

 

El atardecer había llegado y aún no había Tom. Bill comenzaba a entrar en pánico. No podría dejarle a su amado una nota de despedida. Tom y su gente leían el alfabeto de runas, el cual no era el mismo que Bill había aprendido a usar.

La oscuridad había descendido y sólo era cuestión de tiempo para que los hombres vinieran por él. Desde su habitación podía escuchar a toda la gente congregarse, gritando que él debía morir. Apretó su vientre, acariciándolo con suaves círculos sobre la pequeña vida dentro.

Bill pudo escuchar las puertas principales abrirse de nuevo. Había pasado tantas veces en los últimos días que no le pareció extraño. Eso fue hasta que los gritos comenzaron. Frunciendo el seño, se levantó y fue a la ventana.

Su corazón casi se detuvo. Cientos de antorchas estaban entrando a la aldea. El sonido del metal contra metal y los gritos de horror le siguieron rápidamente.

De repente su puerta estaba siendo desbloqueada. Se giró rápidamente y vio a Brunhilde de pie ahí, como lo planeado. Bill corrió, tomando la capa blanca. Rogó porque ella estuviera en lo correcto y que eso lo salvara. Comenzó a seguirla a través de los pasillos helados de Krevdberg.

 

El joven de cabellos negros envuelto en la capa siguió a la abuela de su hijo fuera del castillo principal y hacia las calles. Fue guiado por un pequeño callejón, donde Brunhilde le mostró el camino que debía usar para salir.

Se giró para abrazarla. Sobre su hombro, en ese instante, vio a algunos de los hombres de Tom. Estaban dirigiéndose justo hacia él y la puerta abierta. Quizás pudo haber sido coincidencia, o quizás la voluntad de los Dioses, pero de cualquier manera, el grupo que había encontrado era liderado por Eadwig.

—Lord Eadwig ¿dónde está Lord Tom? —Bill preguntó, sujetándose fuertemente de la pared para resistir la oleada de mareos que le había atacado

—Fue a encontrarte.

El viejo hombre estaba complacido de que Bill estuviera vivo y con bien, aunque no había mucho tiempo para expresarlo. Los hombres pasaron por el pasillo y fuera de las paredes del castillo. Había hombres de Trümfels en el grupo, no sólo de las villas aliadas. Vitorearon mientras pasaban, viendo que aquella cuya consideraban su verdadera Señora estaba viva. Bill sonrió, aunque comenzó a pasar por entre ellos y entró de nuevo al castillo por la puerta de la cocina.

Las otras villas estuvieron inseguras al principio. Habían escuchado historias de Billa. Todos estuvieron conformes tras ver que en verdad ella era una belleza. Habían tenido sus dudas al pelear por ella, hasta que aquellos que conocían a Billa hablaron. Parte del tiempo del viaje se habían pasado intercambiando historias de cuan adorada era Billa por todos. Pero para cuando llegaron a Krevdberg, todos los hombres apoyaban la campaña.

 

Los hombres a caballo habían comenzado a prenderle fuego a las cosas. Cuerpos se extendían donde fuera y se apilaban. A Tom no le importaba a quien violaran sus hombres en ese pueblo. Gritos de los heridos y de aquellos siendo violados llenaban el aire.

Bill estuvo a punto de vomitar debido al olor a muerte y sangre que inundaba el ambiente. Pero por encima de todo el caos, aún pudo escuchar una voz.

—¡JOSEF!

Bill corrió hacia la ventana más cercana. Los hombres estaban llegando lentamente, Tom al frente. Había algo diferente en él.

—¡JOSEF!

Bill casi entra en el salón principal, pero se detuvo a tiempo, escondiéndose detrás de un tapiz. De repente, ambas puertas se abrieron y Tom se detuvo en el centro. Bill jadeó suavemente ante la vista, haciendo todo lo que había en su poder para no correr hacia él. No podía distraer a Tom. Puede que no fuera la época en la que estaba acostumbrado a vivir, pero no era estúpido.

Una simple distracción podría matar a Tom.

—¡Ah, hermano! —Josef dijo abriendo los brazos

—¿Dónde está Billa?

—Hermano, hermano ¿debes de tratarme así?

Tom estaba prácticamente humeando. —¿Dónde está Billa? —preguntó de nuevo.

—Tu preciosa Billa está en su cuarto. Es una atrocidad, Tom, no importa cuán hermosa. ¿Por qué te acostarías con tal cosa?

—Dame a Billa de vuelta y tu vida será perdonada.

—Venga, ambos sabemos que quieres matarme —Josef realmente era un hombre estúpido, no había estado en la batalla lo suficiente como para comprender la mirada en los ojos de Tom. Estaba asustado, pero Josef aún así no podía cerrar la boca—. Especialmente sabiendo que yo fui el que mandó a los hombres tras esa hermana pagana tuya.

El hombre frente a Tom mantenía a con quien iba a unirse Y a su hijo como prisioneros. El hombre frente a él estaba a quince minutos de matarlos a ambos antes de que Tom atacara su fortaleza. El hombre frente a él mató a su hermana.

La cabeza de Tom comenzó a sacudirse más fuerte, su respiración agitándose en entrecortadas bocanadas de aire. Bill miró a Tom, sus ojos casi en blanco. Su cabeza cayó hacia atrás y un aullido resonó desde su garganta.

—Tan primitivo, Tom —Josef se burló—. ¿Qué vas a hacer? ¿Llamar a tus Dioses paganos? Esto es un lugar cristiano, ellos no te sirven aquí.

—Odín, oh gran guerrero, te saludo a ti aclamándote. Este nuevo dios es de una clase débil. Concédeme tu poder, tus secretos revelados y patearé a este cristiano justo en el culo.

Josef comenzó a reírse. Sonaba tan fuera de lugar mientras el ruido en la fortaleza comenzaba a apagarse. Cascos de caballos retumbaron por el cielo, los perros aullando. Tom miró al cielo, incluso si no pudiera ver algo. Sus hombres afuera hicieron los mismo, aunque no pudieron ver algo tampoco.

Era la Caza. Josef había sido lo suficientemente ingenuo para poner la muerte de Bill en el día cuando Odin viajaba por todo el mundo con sus Einherjer – sus guerreros muertos.

—La procesión de la muerte —Gustav murmuró.

—Oscuros presagios de la muerte —Tom le sonrió malignamente a su hermano antes de golpear sus puños en su pecho. Gritó— ¡OSKOREI!

Kara se había mantenido a su lado, pero mientras Tom gritaba la última palabra, sus manos se elevaron al cielo y la niebla comenzó a acumularse a su alrededor, y Bill podía jurar que pudo ver las formas de hombres con lanzas.

—No deberé de huir condenado a la muerte, ¡porqué nunca he conocido el miedo! —Tom ladró, ganado más fuerza con esas palabras. Su cuerpo aún estaba temblando, su piel de lobo amoldándose a él, casi como una segunda piel.

En un intento de sacar su coraje, Josef desenfundó su espada, cargando contra Tom a través de la niebla.

Tom levantó su espada, riéndose mientras bloqueaba el primer golpe. Cada movimiento que Tom hacia era defensivo, lo cual causó que Josef pensara que él era mucho mejor de lo que en verdad se consideraba. Pero Tom continuó, luciendo cansado e incapaz de ser superior en la batalla.

Tom peleaba con las dos manos, Josef sólo con una. La espada del último golpeó contra el piso. En un milisegundo, ya había ido por su cinturón y sacado dos hachas.

Tom se burló. Tan típico de Josef.

Josef colisionó particularmente fuerte contra él, casi cayéndose sobre Tom mientras el de rastas caía al suelo. Josef estaba a punto de dejar caer las hachas sobre su cuello, cuando un movimiento atrapó el ojo de Tom.

Bill.

—¡Billa! ¡NO! —Tom gritó mientras su amante atacaba la espalda de Josef. Afortunadamente Gustav fue más rápido y tacleó a Bill lo más gentil que pudo.

—Billa, no —Gustav sacudió su cabeza, sosteniendo al hermafrodita histérico lo más quieto posible.

La distracción sólo se adicionó a la ventaja de Tom. Rodó para ponerse de pie. Él y Josef caminaron en círculo frente a frente. Bill, Brunhilde y Gustav observaron mientras Tom continuaba moviéndose en un círculo con su hermano. Su espada fue aventada a un lado en el proceso.

Tom aulló una vez más, sus ojos abriéndose enormemente mientras se aventaba contra su hermano. En realidad, el ver a su amado había sido el último golpe para Tom. Era la única cosa que lo había retenido de explotar antes.

Bill miró con horror mientras el hombre de rastas era herido profundamente en el brazo por la espada que Josef había recogido. Pero Tom no lo sintió. Tomó la espada y la deslizó aún más, sus ojos puestos en Lord Josef. La herida solo puso a Tom más enojado. La sangre corría libre por su brazo, haciendo que Tom luciera más terrible. Se quitó la espada de su brazo y recorrió con su dedo la punta de la espada, sonriéndole a su hermano.

Tomó la cabeza de su hermano, deslizando la punta a lo largo de la frente. Con jalón muy fuerte, Tom removió el cuero cabelludo y Josef gritó por piedad. Bill se había girado y vaciado su estomago un par de veces.

Con un gritó, Tom tomó la barbilla de Lord Josef, arrancando la cabeza completamente de su cuello.

Tom se había alterado tanto, que se había convertido en un Ulfheobar. Era lo mismo que un berserkr, pero mientras los berserkr luchaban con la piel del oso, los Ulfheobar lo hacían con la del lobo. Esos eran los más temibles guerreros. No sentían nada –no miedo, no dolor.

Gustav permaneció sujetando a Bill mientras Tom ataba la cabeza de su hermano a su cinturón por medio de la barba. Tom ya no podía ver a nadie más, ni siquiera a Bill. Golpeó sus puños fuertemente contra su pecho antes de hacer su camino a la puerta, ignorante de la sangre corriendo por su brazo. —¡Brutal batalla complace a los cuervos! —fue lo último que le escucharon gritar.

 

Gustav, personalmente, había llevado no sólo a Bill, pero también a Brunhilde, de regreso a lo más alto de la colina, donde los hombres de Tom deberían de regresar. Sabiendo que Tom era incapaz de hacerlo, se encargó de llamar la retirada. Lentamente, todos comenzaron a subir a la colina.

La gente visitando Krevdber nunca tuvo una oportunidad, y fueron los primeros en ser asesinados.

Bill estaba de pie en la colina, temblando. Gustav le había explicado todo. No sabía que apuñalar a alguien por detrás era una sentencia eterna en los oscuros lugares del Hel. Irónicamente, las acciones de Tom en la batalla no sólo le habían ganado una reputación en Germania, también acciones como esas le aseguraban más su lugar en Valhalla cuando muriera.

Pero Bill notó que esa, virtualmente, era la única cosa asquerosa y horripilante que los tan llamados barbaros hacían para ganarse un título. Creían tan fieramente en una batalla justa, que a menos de que fuera en defensa, nunca cambiarían el tipo de arma que usaban.

Bill le había señalado que Tom tenía una espada y una daga con él. Y Gustav le informó que no sólo eran hojas, también la daga estaba hecha del mismo metal que la espada. Cambiar espadas por hachas (o incluso arcos), como Josef lo había hecho, era considerado un acto de cobardía.

Bill estaba tan inmerso en sus pensamientos que no vio a Tom entre una de las masas que regresaron. No hasta que sintió la tibia piel de lobo sobre sus hombros. Bill miró hacia atrás en sorpresa y vio a Tom sonriéndole suavemente. Lo que había pasado en Krevdberg causó que su cuerpo cambiara completamente. Sus ojos, su postura, todo – simplemente no era Tom.

Pero ahora Bill podía ver que había desaparecido, y que Tom estaba de regreso. Se había limpiado y sus heridas estaban vendadas.

—Billa —Tom respiró su nombre, sus dedos recorriendo el suave cabello de Bill. El pelilargo tomó gentilmente su otro mano y la colocó sobre su vientre, dejando que Tom sintiera el bultito que tanto amaba. Tom se hincó para poder mirarle mejor antes de subir su mirada hacia Bill con más emociones en sus ojos de los que el joven de cabellos negros hubiese visto antes.

Parecía que el esfuerzo de no sólo la batalla,, pero también de su frenesí Ulfheobar, lo habían dejado agotado –demasiado como tan siquiera esconder sus emociones como usualmente lo hacía. Le levantó lentamente y sostuvo a Bill muy cerca, besándolo con toda la pasión que podía demostrar.

A pesar de lo que había visto no hace mucho, Bill no tenía miedo. Haberlo visto de primera mano que el Tom de la batalla se queda allá. Es verdad, sus pesadillas le seguirían pero para Bill era como si fueran dos personas totalmente separadas.

El lado peleador de Tom no era, y nunca debería de ser confundido con el hombre a quien había llegado a amar en tantos meses.

—¿Cómo pudiste, Billa?

—¿Cómo pude qué?

—¿Tratar de apuñalarlo así?

—Pensé que te iba a matar —Bill se encogió de hombros.

Tom le besó. —¿Prométeme que nunca lo harás de nuevo?

Bill sacudió su cabeza. —No puedo simplemente dejarte morir.

Tom le abrazó más fuerte. —Vine a rescatarte para que pudiéramos estar juntos. Quiero estar contigo incluso en la vida después de morir, y lo que casi hiciste hubiera arruinado eso.

Bill acarició su rostro lleno de líneas con ternura.  Tom parecía tener más líneas de expresión que cuando Bill se fue. —No lo  sabía. Prometo que no lo haré. Aunque tengo una pregunta.

—¿Qué es?

—¿Por qué no estabas usando una armadura hace rato?

Tom sonrió. —Lo iba a hacer. En serio. Incluso hasta la hice brillar para ti. Pero estaba tan enojado, sabía que no sentiría nada. Mi armadura sólo me hubiera vuelto más lento.

—Bien, pero hazlo de nuevo y yo te voy a matar con mis propias manos —Bill le amenazó. Se rieron suavemente, sosteniéndose uno al otro. Después de unos momentos, Tom abrió su boca para hablar.

—Billa, yo —Tom peleó con las palabras que nunca antes habían salido de su boca—. Te amo.

Los ojos de Bill se abrieron enormemente, varias lágrimas comenzando a caer. —También te amo, Tomi. Ahora —ronroneó, deteniéndose sólo para besar a Tom apasionadamente —llévame a la cama o piérdeme para siempre… ¿O no  tienes suficiente energía?

Tom le sostuvo aún más cerca, con mucho cuidado de no aplastar su vientre—. Yo siempre tengo suficiente energía para eso.

+.+.+.+

 

Notas finales:
(1) OSKOREI

Wild Hunt-Noruego/Referido al medieval. Visión de espectros ya sean hadas del antiguo folklore u hombres muertos con la apariencia de cazadores que un frenesí desquiciado persiguiendo algo sobre el cielo, sobre la tierra o por encima de ella. Generalmente se consideraban presagios de guerra, muerte o plagas.

Y con esto despedimos el año, chan chan chaaaan.

Devi R. Black
Capítulo Veinte por Devi

CAPITULO VEINTE

+.+.+.+.+.+

Los hombres caídos de Lord Tom fueron juntados e incinerados. La armada fue deshecha. Cada grupo regresaba a su propio pueblo, cargando las cenizas de sus propios muertos a casa. Tom dejó que cada grupo se fuera con una palabra de verdadera pena ante la pérdida para la tribu. Había perdido algunos de sus propios hombres, y penó por la muerte de cada uno silenciosamente.

Pero una muerte por entre todas sobresalía en demasía para Lord Tom. Eadwig. El hombre no había sobrevivido la batalla. Tom lo dejó yacer en un pequeño bote que estaba en Krevdberg. Lo dejó partir hacia el océano donde prendió en llamas – el funeral de los reyes.

Bill se había ocupado a si mismo revisando a los heridos y tratando de ayudarlos. Aprendió algo que hubiera preferido no hacer.

El ungüento más efectivo para las heridas era orina de vaca hervida.

Bill se estremeció, dándose cuenta que eso era lo que tenía Tom en su herida. Juntos, él y Brunhilde atendieron a los hombres. El joven de cabellos negros había recibido muchos comentarios sobre su belleza, y más de unos pocos hombres habían caído victimas a primera vista. Pero ninguno se atrevía a más que sólo hacerle cumplidos. Cada hombre le temía a Tom con justa razón, pero sólo se incrementó después del relato de lo que ocurriera dentro del castillo en Krevdberg.

Después de un poco más de una semana, cada grupo que viajaba tomó su camino separado. Brunhilde aceptó la oferta de su hijo de regresar con él a Trümfels. Tom estaba feliz de ver que su madre aún estaba viva. Con Josef gobernando en la fortaleza, Tom pensó que había muerto años atrás.

Les iba a tomar poco más de un mes el volver a casa. Después de tres semanas viajando, Billa había comenzado a sentirse extraño. Se había puesto muy irritable, y sufría de calambres de vez en cuando. También comenzó a perder algunos sentidos. Su sentido del olfato había disminuido y a pesar de que estaba contento de estar de nuevo con Tom, comenzaba a ponerse apático.

 

Bill jadeó mientras cabalgaban juntos. Sus ojos se abrieron en sorpresa y volvió a jadear de dolor, sujetando su estomago.

—¡Tom!

El de rastas se giró al escuchar su nombre, inmediatamente haciendo que su cabello regresara. —¿Qué sucede?

Bill sacudió la cabeza. —¡No lo sé!

Kara se puso a su lado en menos de un segundo, apeándose de su caballo para ayudarle a bajar. Ella palideció al ver la sangre en la parte trasera de Bill. —Oh Billa…

Juntos, Tom y Kara, le ayudaron a ponerse en el piso sobre una cobija que había sido puesta ahí para ellos. La armada sabía que algo andaba mal, así que se alejaron lo suficiente para darles privacidad, pero lo suficientemente cerca para poder estar parados hombro con hombro y proteger al trío.

Bill jadeó más fuerte, lagrimas formándose en sus ojos debido al dolor. —¿Kara? ¿Qué está sucediendo?

Tom se arrodilló al lado de Bill, sus piernas sirviéndole de almohada. Seguía acariciando los cabellos negros de Bill. Estaba asustado. Clamaba nunca haber sido asustado por nada antes, y realmente era así.

Hasta que conoció a Billa. Ahora, tenía miedo de que algo le pasara al hijo de ambos. Pero más que eso, estaba aterrado de que Billa muriera. La vida ya había sido lo suficientemente dura con él, el pelinegro había sido secuestrado.

A pesar de sus deseos de estar equivocada, Kara no lo estaba. Y sabía que tenía que decirle a Bill. Eso la estaba matando. Habían estado viajando alrededor de 15 días, y Kara podía ver cuánto amaban, Bill y Tom, al pequeño feto en desarrollo.

Bill gritó de dolor, sujetando su vientre. —¡Tomi!

Tom le sostuvo más fuerte. —Estoy aquí, Billa. No te dejaré.

La sangre comenzaba a formar un pequeño cuenco debajo de Bill y Tom pensó que se pondría enfermo. Había mirado a muchos hombres a los ojos mientras les quitaba la vida y nunca se había sentido mal por ello. Pero ver el charco rojo que salía de Bill era casi demasiado.

—Bill —Kara comenzó lentamente.

—¡¿Sí?! —Bill gritó mientras otra ola de dolor atravesaba su delgado cuerpo.

—Y-yo lo siento… —Kara no podía ni mirarlo a los ojos al decirlo. Su cabeza estaba agachada y sus ojos cerrados.

—¿Sobre qué…? —Bill comenzó a llorar, seguro de que conocía la respuesta, pero rogaba por estar equivocado.

—Estás perdiendo al bebé —dijo levantando la mirada. Nunca había conocido a alguien como Bill en todos sus años. Él era algo especial y había aprendido a amarlo sinceramente. El verlo con esa mirada en sus ojos hacía que los suyos propios se llenaran de lágrimas.

Bill casi se ahoga con su llanto tratando de abrazar su estomago. —Por favor, no me dejes —suplicó como si el bebé pudiera escucharlo y hacer que sucediera. Entre más dolor sentía y veía más sangre escurrir más desesperado se sentía.

Sus ojos estaba abiertos y tenían una mirada desesperada, abrazándose desconsolado. No estaba seguro de que era lo que sujetaba tan desesperado exactamente. Con un grito final todo quedó en silencio.

El pequeño Trümper que Bill había tratado tan duro de cuidar había pasado a través de su cuerpo. Kara y Tom podrían escucharlo llorar pero los hombres haciendo el círculo, no. Tom estaba sentado en shock, mirando el desastre ensangrentado. Se había congelado, incapaz de sentir algo.

El cuerpo de Bill temblaba con sollozos silenciosos, incapaz de llevar suficiente aire a sus pulmones para llorar propiamente. Kara se giró, envolviendo al pequeño feto  que había salido. Comenzó a doblar la manchada sabana también.

Comenzó a alejarse, las lágrimas rodando por sus mejillas, pero Bill la sujeto del tobillo, deteniéndola. —¿Por favor? No te lo lleves…

Kara asintió y colocó la forma sin vida en brazos del hombre. Ni siquiera se había formado propiamente, pero eso no le importaba a Bill. Mirándolo borrosamente, Bill finalmente escuchó esas palabras que había enterrado en lo más profundo de su mente durante esos pocos meses de felicidad.

Incluso si LOGRAS embarazarte, Bill, nunca se quedará. Tu cuerpo es incapaz de soportarlo. Tienes unos cuantos meses, si eres lo suficientemente afortunado para eso. Usa un condón cada vez…

Bill apretó la pequeña forma contra él. —Sabía que te perdería —dijo con un susurro ahogado—. Siempre serás especial para mí. Te amé tanto. Nunca te olvidaré —Bill comenzó a mecerse de atrás para adelante y viceversa, el trauma finalmente entrando en su mente. No dejaría ir al pequeño envuelto entre las mantas—. ¿Por qué me dejaste?

Tom había tenido suficiente. No podía soportar escuchar a Bill continuar hablando. Se levantó y se alejó un par de yardas. Por segunda vez en su vida, Tom lloró. No le importó si sus hombres se encontraban ahí o no. Lloró por su hermana, y ahora lloraba por el que pudo haber sido su hijo.

Tom no sollozó tan fuerte como Bill. Sólo se derrumbó en el suelo, su cabeza agachada y su rostro entre sus manos. El llanto era lo único que podía escucharse, hasta que Tom lo rompió. Dejó caer su cabeza hacia atrás y dejó salir un aullido.

Eso sólo hizo a Bill llorar más fuerte. La última vez que Tom había gritado de esa manera era un grito de guerra. Esto sonaba tan roto, tan lleno de tristeza.

Bill dolía mucho, y lloraba tan fuerte. Había un sollozo atorado en su garganta, y hacia que respirar se volviera más y más difícil. Finalmente, cuando salió no hizo que el dolor disminuyera. Bill miró a Tom, aún acunando las mantas. E incluso a pesar de que sabía que no había manera de que regresara a la vida, no podía soportar la idea de que se lo quitaran.

—Él habría sido un fantástico padre para ti, mi pequeño —Bill susurró. Su frente se hundió gentilmente entre la sabana, pero rápidamente se retiró ante el olor sangre.

—Bill —Kara dijo suavemente y se hincó frente a él.

—¿Dónde está él? —Bill sorbió fuertemente—. ¿Dónde está mi bebé?

Kara sabía que se refería tras la muerte. Los guerreros iban a Valhalla; los enfermos y débiles iban a una parte del enorme Hel, mientras que la gente como Lord Josef iban a una parte separada de ahí.

—Él está con Frigg ahora —Kara replicó. No podía soportar el pensar que un niño se encontrara en algún vestíbulo del Hel.

—¿F-Frigg?

Kara asintió, abrazando a Bill. —Ella es la esposa de Odín. Ella se encarga de los matrimonios, las madres y creo, de los pequeños niños como tu hijo cuando dejan está vida.

—¿Y e-el estará a salvo?

Kara asintió. —Muy seguro. Nada puede nunca tocar a los niños ahí.

—¿L-lo prometes?

—Sí.

Bill lentamente le ofreció la manta de nuevo. Las lágrimas cayendo más fuerte de nuevo. Bill abrazó sus piernas con sus brazos y murió un poco más por dentro. Brazos musculosos le envolvieron por detrás. Giró y enterró su cabeza en el pecho de Tom. El de rastas había abierto su piel de lobo, poniéndola alrededor de su lastimada pareja.

—Quémalo —Tom dijo calladamente. Eso era dirigido a Kara, y dado que había el suficiente silencio, ella le escuchó.

Bill le miró. —¿Vas a quemar a nuestro hijo?

Tom asintió. Era una fortuna, que de donde estaban, pudieran ver un pequeño lago. Algunos de los hombres estaban uniendo pedazos de madera mientras otros golpeaban con sus hachas el lago hasta que el hielo cedió.

—Es la manera en que se hace para la realeza.

Bill observó a través de sus ojos adoloridos como su bebé era colocado, con todo y manta, dentro de la balsa que habían construido. No era muy grande y había sido cubierta con algo de heno traído de los caballos.

Dos arqueros se adelantaron, uno caminado al otro lado del lago. Al mismo tiempo, ambos lanzaron una flecha ardiendo. Cayeron en el heno y en pocos segundos la balsa estaba ardiendo completamente. Nadie se movió hasta que todo hubo ardido, y lo que no pudo quemarse, lentamente se hundió hasta lo más profundo del lago.

Bill se había vuelto insensible. Lágrimas aún fluyendo de sus ojos, pero no podía pensar y ver claramente. Sólo se sentó ahí, en shock, y Tom detrás de él. Ninguno se movió por un largo rato. Al final, habían sido Gustav, Brunhilde y Kara quienes habían terminado cargando a Bill hacia la carreta de provisiones. Tom totalmente destrozado caminó de regreso a su caballo.

+.+.+.+

 

Notas finales:
¡Feliz Año!

Inicienlo de maravilla :D Yo lo comienzo actualizando esta linda historia y uniendome a otro fandom :P ¡Ah! Y también enferma *sheers!*

Este capítulo es triste, muy triste ¡lo sé! para comenzar el año T_T pero era el que tocaba. Intentaré actualizar pronto el otro :D

Disfruten mucho mucho su inicio de año, recuerden que dicen que como uno lo empiece así lo vivira, yo lo comencé enferma y sin dinero, será un año muy difícil xD

Devi R. Black
Capítulo Veintiuno por Devi

CAPITULO VEINTIUNO

+.+.+.+.+.+

Gustav tomó el roll de líder de la armada de Tom, a pesar de que Tom aún estuviera ahí. En la mayoría de los casos, sería Georg el que tomará el lugar pero él no estaba, así que el comandante rubio tomó la tarea.

Tom se había encerrado con Billa, sufriendo su duelo juntos pero de maneras separas. Muy parecido a los lobos de los que Tom había formado sus maneras, cuando el alfa no era capaz de ser líder por cualquier razón, el beta tomaría su lugar.

En la carreta de provisiones, Bill yacía recostado en una pila de pieles. Su cabeza estaba volteada hacia un lado mientras miraba a la nada. Había parado de llorar hace días cuando sus conductos lagrimales se secaron. Tom yacía a su izquierda, lo suficientemente cerca para tocarlo pero aun así sin hacerlo. En una situación normal odiaría estarse quieto por tanto tiempo, pero no iba a irse del lado de Bill hasta que estuviera seguro que el pelinegro se encontraba bien.

 

Los días continuaron pasando con Tom permaneciendo cerca de Bill. Cada día, el muchacho de cabellos oscuros se ponía peor. Para cuando el grupo había regresado a Trümfels, ya no estaba durmiendo o comiendo. De hecho, Bill apenas y se movía. A penas y tenía energía para girar su cabeza. El hermafrodita usualmente pálido estaba mucho más blanco de lo normal

Tom estaba comenzando a sospechar que era más que la pena de su pérdida. El detonante para Tom era el temperamento de Bill. Se estaba volviendo en lo que sería llamado, en la época de Bill, como un Trastorno de Déficit de Atención Emocional – donde uno podría pasar de estar feliz a estar terriblemente enojado en menos de dos segundos sin razón virtual aparente.

Bill estallaba por las cosas más simples, y la energía que tomaba hacerlo causaba que colapsara. El joven pelinegro también sufría de calambres, aunque no era del todo serio.

 

Cuando se acercaron por fin a Trümfels, Tom salió del vagón, aunque cabalgaba en su caballo muy cerca a él. Los pobladores corrieron a recibirlos. Y juzgando por la actitud solemne, asumieron que Billa no había sido rescatada con éxito.

Tom observó su tierra. Las casas semi-destruidas, la puerta principal parecía haber sido reparada recientemente y estaba adornada con cabezas en palos.

—¡Tom!

Tom reaccionó ante su hombre, viendo a Georg corriendo hacia él. Se bajó de su caballo y los dos se palmearon mutuamente. El castaño habló muy bajo.

—¿Lady Billa?

Tom asintió y entonces, caminó los pocos escalones que había en la entrada. Se dirigió a la multitud. —Mi gente. Es con un corazón destrozado que estoy de pie frente a ustedes. Aprendimos que mi medio hermano, Lord Josef de Krevdberg, había secuestrado a Lady Billa. Nos unimos con muchos pueblos, y en resultado, nuestro ataqué en Kredvberg fue exitoso y ahora ella está donde pertenece… pero Lady Billa cargaba consigo a mi hijo y sin embargo, los Dioses decidieron conveniente llevárselo de nuestro lado.

Todos estaban entristecidos por las noticias. Tas aprender de esto, Hannah y Cloelia corrieron hacia el vagón para estar con su amiga.

Tom miró a Georg y a Gustav. —Recorrido de manada.

Ambos hombres asintieron y a pesar de que Tom y Gustav estaban cansados del viaje, remontaron.

Las sirvientas ayudaron a Billa a que entrará en la casa de Tom mientras los hombres se alejaban. Era un ritual para Tom. Si estaba lejos de casa por mucho tiempo, tomaría a aquellos cercanos a él y cabalgarán alrededor de los lindes de su tierra. Mientras le ayudaba a revisarla de posibles enemigos, para Tom era una forma de reconectarse, no sólo con su tierra pero también con sus hombres.

Georg y Gustav sentían lo mismo, habiendo hecho esos recorridos muchas veces. Cada uno regresaba a la aldea con un sentimiento más fuerte de orgullo, un sentimiento de calma, y un amor más profundo por aquellos que formaron parte de eso.

Generalmente, sólo eran Tom, Georg y Gustav los que iban. Sí Bill hubiera estado con salud, los hubiera acompañado. No sólo era un momento de reconexión, también era un momento para contar los eventos pasados.

Los daños sufridos en Trümfels, y las cabezas en estacas, se debían a un ataque que ocurrió en los meses que Tom no estuvo. Los hombres habían logrado vencer a los intrusos, saliendo no sólo victoriosos, pero también no habían perdido a ningún hombre – tres habían sido heridos, pero estaban casi recuperados.

Georg les había enseñado una lección importante – no importara quien estuviera en Trümfels: Georg, Gustav o Tom mismo – la Villa no caería ante nadie.

Tom estaba orgulloso y así se lo dijo a su amigo. Georg sabía que en verdad era cierto, incluso si la frase terminara sonando con poca sinceridad.

—¿Qué pasó ahí afuera? —le preguntó suavemente.

—Tenemos a Billa de vuelta, tenemos a mi madre también, perdimos a Lord Eadwig.

—¿Es por eso que todos sus hombres están aquí?

Tom asintió. —Están aquí para llevarse a Godiva a casa… Aún no puedo creerme que mi hijo ya no esté. Ni siquiera había nacido…

—¿Cómo está Billa?

Tom sacudió la cabeza. —No sé que esté mal con él. Sé que esta desconsolado pero algo anda mal. Puedo sentirlo. Puedo olerlo.

Bill no olía a que estuviera muy enfermo, pero Tom confiaba mucho en su sentido del olfato. Podía decir mucho de una persona sólo por su esencia.

—Podemos hacer que Madre le revise de nuevo —Gustav habló—. Ella y Dietlinde.

Georg asintió. —Sí —tocó el brazo de Tom—. Y sí lo peor empeora, viajaremos.

—Viajar no es lo mejor en su condición.

Georg asintió. —Lo sé. Pero aún tenemos el bastón. Si podemos llegar a Escocia ¿quizás puedan enviarlo de regreso a su propio tiempo? Seguramente sus artes curativas son mejores que las nuestras.

Tom asintió lentamente. —Probablemente llegue a eso, Gustav, deberás quedarte aquí esta vez.

El rubio asintió. Georg era el amigo más cercano de su Lord. Sí tenían que enviar a Billa de vuelta, siempre existía la posibilidad de que nunca regresara. Si ese era el caso, el castaño necesitaría estar ahí, para sostener al hombre que claramente se había enamorado perdidamente del pelinegro.

 

Demasiado pronto, su cabalgata se vio interrumpida. Uno de los muchachos del establo había cabalgado hasta ellos.

—¡Lord Tom! ¡Lord Tom!

—Habla.

—¡Es Lady Billa, milord!

Tom giró su caballo inmediatamente, cabalgando lo más rápido que pudiera el animal de regreso a la aldea. Georg, Gustav y el muchacho del establo le pisaban los talones.

Cuando Tom llegó, se bajó de un brinco del semental, dejando que el del establo se lo llevara. Subió los escalones de a dos. Entró y corrió hasta sus aposentos, donde Bill yacía recostado en la cama.

—Milord, estaba caminando y colapsó. Ha estado desmayado desde entonces —Dietlinde le informó.

—¿Kara o tú han logrado comprender que le sucede?

—No, milord. Lo he visto antes en villas más grandes, pero no sé cómo tratarlo. Kara ha intentado todo lo que puede pero nada parece funcionar.

Tom tocó el rostro de Bill tiernamente. Colocó un suave beso sobre sus labios secos. Sabía lo que tenía que hacer. Se giró hacia las mujeres.

—¿Está él lo suficientemente fuerte para sobrevivir una quincena?

—¿Él, milord?

—Dije ella. Ahora respóndeme.

—Eso creo…

—Bien —Tom asintió firmemente—. Empaca todos los víveres que pudiéramos necesitar para ese tiempo. Apúrate —se giró para retirarse pero se detuvo en la puerta—. Y empaca un pequeño saco de ropa para Billa y para mí —y con eso Tom se fue.

Hizo su camino hacia la cocina y vio a Georg en el trayecto. —Empaca para quince días, cabalgaremos en poco tiempo.

—¿Una quincena? ¿Crees que llegaremos a Escocia en quince días?

El rostro de Tom estaba firme con triste determinación. —Cabalgaremos rápido, nos detendremos sólo para que los caballos descansen.

—Pero la nieve…

—Tenemos que intentarlo.

Georg no discutió, sólo se retiró para empacar algo de ropa mientras Tom disponía de comida para que fuera empacada.

 

El trío empacó tan ligero como pudieron. Sólo habría dos caballos, para hacer el viaje tan rápido como fuera posible, Sería más rápido sin una manada de animales y de hecho sólo serían los tres quienes irían. El viaje para rescatar a Billa había tomado tanto tiempo porque tenían que cabalgar a un paso que los soldados a pie pudieran seguir.

Cloelia había estado desesperada por ir, pero se quedó reluctantemente cuando le dijeron que sólo los retrasaría. No quería que sonara duro, pero el tiempo era lo más importante en ese momento.

 

Era una larga cabalgata. Tom estaba aún menos confortable porque mientras Georg cargaba los víveres con él, el lord de rastas compartía su caballo con Bill. Y como fue platicado en Trümfels sólo se detuvieron para descansar a los caballos y dormir. Comían y cuidaban a Bill durante esas veces.

Bill se había despertado poco después de que el viaje comenzara. La tristeza de haber perdido a su hijo aún era muy fuerte en él, pero al menos ahora estaba tratando de hablar. Pero cual fuera la enfermedad que le aquejaba, hacia que todo se volviera más difícil para él. El sólo decir el nombre de Tom le costaba mucho.

Era bueno porque aunque la furia de Bill seguía apareciendo, no tenía la energía para verbalizar las cosas.

Una sola tienda era erigida para dormir, y Tom y Georg llenaron sus espacios con pieles. Bill dormía junto a Tom. En realidad, estaba tan frío, que Bill prácticamente dormía bajo de él para permanecer caliente. Tom tomaba su rol seriamente y la mayoría del tiempo pasaba frío para que Bill pudiera permanecer caliente. La enorme cobija que Bill había comprado en el intercambio viajaba con ellos.

Y aunque Tom deseaba que no estuvieran viajando, y que las circunstancias fueran diferentes, no podía evitar sentirse en paz. Desde que Bill había sido rescatado, cada noche pasaba con sus brazos alrededor del joven mientras dormían. Deseaba que no hubieran pasado por la pérdida que sufrieron, deseaba que Bill no estuviera enfermo. Pero aun con todos sus deseos, por sobre todo, estaba agradecido. Bill estaba vivo y en donde pertenecía – al lado de Tom. Ese pensamiento y la calidez del delgado cuerpo acurrucado casi debajo de él hacía que las frías y largas noches fueran más soportables.

Las noches habían llegado a tales temperaturas que Tom le había pedido a su amigo que durmiera con ellos. Bill estaba apretado entre los dos, donde existía la mayor cantidad de calor. Era un arreglo que beneficiaba a todos. Todos estaban más calientes, lo cual se apreciaba gratamente.

 

La nieve se había vuelto espesa a su alrededor y sólo eran finales de enero. Hizo más lento su progreso pero sólo ligeramente. Antes de tener Trümfels, Tom había viajado en tipo Vikingo muchas veces. Tenía su justo historial de incursiones y saqueos. En muchos de esas incursiones, había tomado caballos que eran del tipo Escandinavo, usados para viajar en fríos paralizantes y con la nieve hasta sus vientres. Esos eran los caballos que el trío montaba para su viaje.

Lo que les debió de haber tomado 9 días en un caballo normal en un clima más cálido, a un paso estable, terminó tomándoles casi doce.

+.+.+.+

Notas finales:
¿Qué es lo que le estará pasando a Billa?

Devi R. Black
Capítulo Veintidos por Devi

CAPITULO VEINTIDOS

+.+.+.+.+.+

Pronto, el pequeño grupo se encontró en los Países Bajos. Para llegar a Escocia tendrían que atravesar el agua.

Era sólo coincidencia que hubiera un largo navío-dragón Noruego cerca de donde el trío se encontró con el agua. Cabalgaron hasta él. Era peligroso cruzar las aguas en invierno pero tenían que hacerlo.

—¡Hermanos! —Tom clamó, su voz fuerte mientras se acercaban al barco. Se detuvo y esperaron hasta que ellos los vieran, dándoles tiempo de que comprendieran que eran humanos y no un espejismo de los que estaban  acostumbrados a ver.

Los hombres les observaron y uno se les acercó.

—¿Quién eres tú?

—Tom Trümper, Lord de Trümfels e hijo de Wolfgar.

—¿Wolfgar? ¿Escucharon eso, hombres? —Llamó al resto de la tripulación—. Este es el muchacho de Wolfgar —se giró de nuevo a Tom—. ¿Quiénes son tus acompañantes?

—Este es mi mano derecha, Georg. Y esta cosa hermosa frente a mi es mi esposa, Billa.

—¿Billa?  Hemos escuchado historias de ella. Es por ella, y por ti, que Lord Josef está muerto.

—Sí.

El hombre asintió. —Wolfgar estará bastante complacido de escuchar eso.

—¿Lo conoce? —Tom preguntó elevando las cejas.

—Claro. Acabamos de regresar de Vineland con él. Él debería de estar a menos de un día de aquí. Nos fuimos antes que él. Es un buen hombre. Fuerte y honorable guerrero. Juró que luces casi igual que él.

—¿Quién eres?

—Herger. Bueno, Tom el Despiadado, ¿Cómo podemos servirte?

—Necesitamos llegar a Escocia —Tom dijo, mirando el agua. Había pasado algo de tiempo desde que le hubieran llamado Tom el Despiadado, pero era así como le conocían en Europa, excepto por las tierras rodeando Trümfels donde sólo era conocido como Lord Tom.

—¿Escocia? Podemos viajar allí cuando el clima se temple.

—No. Necesito ir ahora. Es de vida o muerte para Billa.

Herger frunció el ceño antes de darle la espalda al trío. Abordó su barco y habló con sus hombres. Después de unos momentos, estaba de regreso con ellos sonriendo.

—Sucede que mis hombres son más que capaces de maniobrar mi barco por las pocas aguas que un clima como este ofrece.

Tom sonrió y apretó la mano del Vikingo. —Muchas gracias, Herger.

—Lo que sea por el muchacho de Wolfgar.

Tom estaba sorprendido. No tenía idea de que tuviera tales conexiones en estos lugares. Decir el nombre de su padre era una mera oportunidad - podría proporcionarles ayuda o una pelea. Fueron afortunados esta vez.

Georg desmontó su caballo y se acercó a Tom. Bill aún estaba muy débil para hacer mucho por su propia cuenta, así que Tom gentilmente lo bajo hacia los brazos de Georg. El castaño sostuvo a Bill muy cerca mientras caminaban por la rampa. Sus caballos fueron guiados dentro del barco mientras un hombre llamado Frode los guiaba a una pequeña cabina.

Georg deposito a Bill en una cama ya hecho y luego se paró junto a él, en guardia. No conocía a estos hombres y aunque Tom parecía confiar en ellos, sabía que sólo era una máscara. Tom podía aparecer confiado y muy amistoso, pero los ojos del rubio constantemente estaban buscando por algo fuera de lugar. Georg no necesitaba que le dijeran una sola vez que protegiera a Bill sin importar el que.

 

Tom y Georg, ambos, se ofrecieron para ayudar a los hombres a remar. Era lo menos que podían hacer por los vikingos por tan solo pensar en ayudarlos a cruzar. Se rotaron – quien fuera que no estuviese remando, estaba con Bill.

Tom muy seguido hablaba con Herger sobre varios temas cuando no estaba con Billa. Había aprendido mucho de su padre, cosas que ni siquiera su madre sabía. Los dos se volvieron rápidamente conocidos – porque a Tom le costaba mucho tiempo considerar a alguien amigo – en el corto trayecto de su viaje.

Los mares eran crueles, pero no había otra raza de hombres como los noruegos para domesticar esas aguas. No importaba que les lanzara, los hombres vencían. Ni una sólo vez se pusieron arrogantes. Conocían el mar bastante bien, pero no eran tan estúpidos como para pensar que eran mejor que Aegir, el dios del océano.

Para Tom, esto era vida. Había viajado tipo Vikingo tantas veces en sus años previos. Georg lo había acompañado en eso también. El mar le llamaba, y fue así como llegó a Trümfels. Era un asentamiento cerca de la costa y del agua, y aunque Tom no había navegado desde que comenzara a gobernar su tierra sus barcos eran muy bien cuidados.

Y a pesar de su preocupación por Bill, Tom dejaba que su sangre tomara el control de vez en cuando. Eran eso días que se ofrecía para remar. Nunca se olvido de Bill, simplemente se enfocaba en el remo de madera en su mano, y el sonido de las olas golpeando contra el costado del barco. Se entristeció cuando arribaron finalmente a Escocia.

Bill, por otro lado, no podía esperar más a bajarse del barco y besar la tierra. Había vomitado tantas veces. Definitivamente era el peor viaje de su vida.

Tom sujetó a Herger, palmeándole la espalda. El lord de rastas les había informado que eran bienvenidos en Trümfels en cualquier momento. Herger le dio las gracias. Comenzó a subir de nuevo a su barco cuando se detuvo.

—¿Tom?

—¿Sí?

—¿Cuánto tiempo te quedarás aquí?

—No lo sé.

Herger asintió. —Nos quedaremos aquí por quizás una semana. Envía un mensaje. Sí estarás aquí para ese entonces, considérate con un transporte para ir a casa. Si has de llegar después, envía un mensaje y te esperaremos, si lo deseas.

Tom sonrió apreciando el gesto. —Gracias, Herger.

El vikingo rubio meramente levantó su mano en despedida. —Adiós, Lord Tom, Lady Billa y Lord Georg. ¡Qué Odín este con ustedes!

Tom y Georg tomaron sus espadas. Las levantaron con la punta hacia el cielo y golpearon la empuñadura contra el lado izquierdo de sus pechos. Sus brazos se alzaron muy alto en el cielo al tiempo que gritaban juntos ¡Odín! Los hombres en el barco golpearon sus puños contra un costado del barco.

Enfundando sus espadas, Tom y Georg giraron sus caballos. Tom levantó su mano en despedida antes de rodear la frágil figura de Bill fuertemente. Partieron rumbo a su destino.

 

Les tomó casi todo el día el llegar al pueblo más cercano. Tuvieron que preguntar a varia gente antes de poder obtener una respuesta. Estaban buscando por un astrónomo Escocés.

Eventualmente lo encontraron y Tom se estaba poniendo impaciente. Bill se ponía más y más enfermo con cada hora que pasaba. Georg sostuvo a Bill mientras del de rastas abría la puerta de una patada.

Los residentes gritaron de terror. Tom les miro y vio a una pareja ya mayor con tres pequeños niños, claramente nietos.

—¿Eres ti Cailean? —Tom demandó una respuesta del anciano quien asustado asintió. Georg y Tom se miraron entre ellos, relajándose. —Necesitamos tu ayuda. Ahora.

 

El anciano estaba más que asombrado de que Tom poseyera un báculo de hada. Tom había viajado mucho en sus pasados años, así que el nombre de Tom el Despiadado era conocido, ya fuera que él se refiriera a él mismo o no.

A pesar de haber puesto sus maneras viejas y salvajes en el pasado, Tom no tuvo ningún problema de amenazar la vida de los niños si el viejo le decía a alguien del bastón.

Cailean los llevó a una habitación trasera donde tenía cartas astrales y otras cosas que conservaba. El bastón que Tom le había robado a aquellos hombres en lo que parecía haberle robado siglos atrás estaba sobre la mesa. Mientras el viejo lo miraba, Bill entró al cuarto. Podía caminar pero no muy lejos.

Tom lo ayudó a sentarse en una silla y besó suavemente los labios secos del moreno.

—Me aseguraré de que te mejores, Billa —Bill le sonrió tirante.

—¿Por qué necesita viajar en el tiempo, Tom el Despiadado? —Cailean preguntó.

—Debo de enviar a Billa a su propio tiempo antes de que se ponga más enferma. Estoy seguro de que su gente sabe más de medicina que nosotros.

—¿Su tiempo?

—Sí. La trajimos aquí sin querer del siglo XXI.

—veinte uno… —el astrónomo divagó. Sacudió su cabeza y pasó sus nudosos dedos por encima del bastón de nuevo—. Este bastón sólo funciona con aquellos que posean sangre de hada. Veo que ha aprendido que tiene que haber pasado un año para que pueda funcionar.

—¿Así que eso es? —Tom dijo incrédulo—. ¿Tienes que ser un hada y mover los nudos al año exacto?

—No exactamente —el viejo dijo—. Cuando nuestro mundo, amor y guerra se encuentren. Sólo bajo esas circunstancias podemos activar el bastón.

Tom, Georg y Bill se sentaron en silencio mientras el viejo astrónomo Escoses abandonaba la habitación, tratando de entender a que se refería. Fue Bill quien finalmente rompió el silencio.

—¿Tom?

—¿Sí?

—¿Eres un hada?

Georg se rió, recordando lo que Bill le había dijo sobre las haditas.

—JODIDO MARIQUITA —Bill murmuró, un poco más fuerte de lo que quería.

—¿Mariquita? ¿Cómo es él un mariquita? —Georg preguntó, claramente confundido, confundiendo los términos.

De donde yo vengo, una mariquita es como se le llama a la gente gay.

—Pero él no está feliz… —dijo, acomodando su cabello café detrás de su oreja.

Bill sonrió, recordando que ahí gay significaba feliz. —Bien. Um, les llamamos así a los hombres que les gustan otros hombres… sabes, de la manera en que te gusta una mujer… sí, son llamados mariquitas.

Georg sólo se rió. Había disfrutado esa.

Cailean regresó al cuarto. Se paseó por ahí, observando varias cartas y modelos. Finalmente se giró en dirección al pequeño grupo viajero. —Los dioses están con ustedes esta noche. Todo el que desee viajar esta noche debe tocar el bastón, y debe de estar dispuesto a viajar hasta ahí. Lady Billa, siento que debería de guiarlos, ya que usted conocer mejor su tiempo que ellos.

Tom, Georg y Bill pusieron sus manos alrededor de la madera. Muy parecido a cuando Bill llegó, el báculo comenzó a brillar en azul y el aire se levantó a su alrededor. Se encontraron de repente en Berlín, no Escocia. Bill no sólo los había llevado a través del tiempo, sino millas más allá de su locación.

El viaje había casi drenado completamente la fuerza de Bill. Tom cuidadosamente lo levantó en sus brazos, diciéndole a Bill que sólo le dijera a donde ir. Bill estaba temblando muy fuerte para cuando finalmente llegaron al hospital.

Tom y Georg  estaban nerviosos era poco decir. Carruajes sin caballos pasaban rápidamente junto a ellos; estaban caminando sobre piedras duras y planas conocido como cemento. Los edificios eran enormes y estaban hechos de materiales que ningún hombre hubiera visto antes. Había postes largos con soles miniatura brillando en ellos.

Era demasiado para poder verlo, pero los guerreros dentro de los dos hombres tomaron el control, manteniéndolos en calma y viendo todo lo que se les atravesaba. Finalmente, llegaron a un gran edificio. Siguieron las indicaciones de Bill hacia el ala de emergencias.

Georg se acercó a una enfermera y dijo que un curador era necesitado. Ella le miró de arriba abajo y sonrió lascivamente. —Por este lado, cariño —ella le guió hacia un escritorio y le pidieron un carnet de salud.

Georg parpadeó confundido y se fue con Billa.

—¿Qué es un carnet de salud?

—Oh, mi-

—¿Bill? ¡Bill Kaulitz?

Bill levantó la mirada con la poca fuerza que le quedaba. —¿Qué estás haciendo aquí?

El doctor se arrodilló junto a él. —Bueno, trabajo aquí. Yo soy el que debería de preguntarte eso. ¡No te he visto en años! ¿Qué sucedió?

Bill sacudió su cabeza. El doctor miró a los hombres quien meramente se encogieron de hombros. El doctor pidió un cuarto y una enfermera.

Era un doctor ya grande, casi en sus cincuenta. Había sido quien había ayudado a traer a Bill al mundo, y dada la condición “anormal” del joven de cabellos negros, se había quedado como el doctor familiar de los Kaulitz.

 

Tom y Georg se quedaron en la habitación con Bill, sentados en las sillas que les habían ofrecido mientras Bill yacía recostado en la camilla. El Doctor Meyer tomó una muestra de sangre de Bill mientras esperaba a un ayudante.

Una enfermera rápidamente se les unió. Era la misma que había pensado que Georg era atractivo. Era joven, una cosa bastante bonita que gustó de Tom más fuertemente al verlo.

—Hey —la enfermera le dijo con voz áspera.

—Atrás, perra —Bill ladró con toda la fuerza que pudo juntar—. Ese es mi hombre.

Ella hizo un puchero muy notorio antes de girarse a Georg. —Siempre he preferido a los hombres más musculosos.

Georg sacudió su cabeza. —Mi mujer esta esperándome en casa. Lo siento.

La enfermera suspiró derrotada y se retiró para llevar la sangre a analizar.

El Dr. Meyer acarició el cabello de Bill. —¿Cómo te has sentido últimamente?

Bill habló lentamente. —Me he sentido muy mal del estomago; cansado pero no puedo dormir; realmente me enojó mucho y ya no me siento como la misma persona; no tengo hambre; me dan calambres horribles; y me siento tan débil…

—¿Cuánto tiempo tiene así? —El Dr. le pregunto a Tom

—Se ha puesto peor durante el último mes.

—¡Debieron de haberlo traído desde que comenzó!

—No podíamos hacer eso —Los ojos de Tom se achicaron.

—Se puso peor desde que… —Bill prefirió callar.

—¿Desde cuándo, Bill?

—Desde que perdió a nuestro bebé —Tom respondió triste.

—¡¿Estabas embarazado?!  Bill, por Dios, ¿qué has hecho?

—¿En nombre de Odín de qué está hablando? —Tom gruñó.

—Le dije que no hiciera eso. No puede llevar niños. Si queda embarazado, el producto moriría cada una de las veces.

Bill comenzó a llorar y Georg tuvo que retener a Tom de saltarle encima al doctor. Mientras esperaban, Bill comenzó a contarle al doctor algo de su historia. Dejo de lado la parte del viaje en el tiempo y sólo dijo que era una isla muy al norte de Escandinavia.

 

Bill era afortunado de que esa noche el área de emergencias estuviera virtualmente vacía.  No les tomó mucho a los resultados para llegar a sus manos.

El doctor miró los papeles y cerró sus ojos. Al abrirlos, miró la forma débil del pelinegro sobre la cama.

—Bill… Sufres de envenenamiento por plomo.

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Notas finales:
Devi R. Black
Capítulo Veintitres por Devi

CAPITULO VEINTITRES

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—¿Envenenamiento por plomo? —Lord Tom repitió. Cuando el doctor Meyer asintió, Tom gruñó—. ¿Quién lo envenenó?

—Nadie. Este tipo de envenenamiento ocurre cuando uno se encuentra rodeado de cosas que contienen plomo, tales como la pintura de las casas, gasolina, viejas pipas de agua e incluso ciertos contenedores de comida.

Bill meneó la cabeza débilmente ante la expresión incrédula de Tom. —No he estado cerca de cosas como esas. ¿Y si he estado rodeado de cosas…. muy, muy antiguas?

—¿De qué tan antiguas estamos hablando, Bill? Las pipas de agua comenzaron a existir en los años 30, y la pintura siempre ha tenido plomo desde que se creó. Alg-

—Espere… ¿pintura?

—Sí.

—¿Podría contar la pintura de rostro? ¿Cómo el maquillaje?

—No. A menos de que estuvieras usando cosas de la época oscura. Basaban sus maquillajes en plomo o huevo.

La mano de Bill lentamente se fue a su rostro. El Dr. Meyer frunció el ceño.

—¿Usaste maquillaje con base de plomo?

—Creo que si…

—¿Cómo? ¡Eso no existe desde hace siglos!

Bill se quejó y buscó la mano de Tom. —Sólo créame, por favor.

El Dr. Meyer no perdió más tiempo y limpio el rostro de Bill de cualquier maquillaje que trajera. Etiquetó algo para poder hacer pruebas.

—¿Puede curar a Billa? —Tom preguntó.

—Si puedo. El tratamiento se llama Terapia de Quelación. Básicamente, lo que haremos será poner Edetato de calcio disódico y dimercaprol en una intravenosa para que pueda entrar directamente a la sangre de Bill. También lo pondremos en una dieta alta en calcio, zinc, hierro y proteínas.

El Dr. Meyer llamó a la enfermera quien rápidamente se acercó y se retiró para ir por los medicamentos que el doctor necesitaba. Cuando regresó, el Dr. Meyer los inyectó directamente en la IV que previamente había puesto en el brazo de Bill.

—¿Por cuánto tiempo estará aquí? —Georg habló.

—Definitivamente por los próximos días. Quizás hasta una semana. Parece que está bastante cerca de la etapa en que se es más prominente a tener ataques e incluso entrar en coma. Entiendan, si eso hubiera pasado, lo más probable es que Bill hubiera MUERTO.

Tom mordió su labio, Miró a Bill. El pelinegro volteó a ver al doctor. —¿Puede dejarnos unos minutos a solas?

—Claro. Mientras hablan, veré que puedo hacer para arreglar lo del carnet de salud. Haré esto por fuera de los registro si es necesario. Sabes, tengo que decirlo, ustedes son la gente más rara que he visto. Parece como si vinieran de un set de película.

Bill le sonrió ligeramente. —Ya me conoce, siempre llamando la atención.

El Doctor Meyer se rio mientras salía de la habitación.

—¿Qué es una película? —Georg preguntó.

—Es como… una historia en la que muchas personas actúan. Ponen la historia en video para que la gente pueda ver sin importar donde estén.

—Eso suena interesante.

—Lo es —Bill aceptó. Se quedó callado por unos cuantos minutos antes de mirar a Tom—. Tienes que irte.

—No te voy a dejar Billa.

—Tienes que, Tom. Ya escuchaste a Meyer. Estaré aquí por casi una semana. El viejo ese de Escocia dijo que tenemos que esperar a que el amor, la guerra y nuestro mundo estén alineados o eso. Creo que sé que significa. Los planetas: Venus-amor, Marte-guerra y nuestro mundo-Tierra. Tienen que estar alineados. No tengo ni idea de cada cuando pase eso. Podrías estar atrapado aquí por años. Tom, Trümfels te necesita.

—Y tú también.

—Te amo, Tom. Si me amas también, te vas a ir y cuidarás a tu gente.

—Pero tú…

—Te extrañaré más de lo que nunca tendrás idea. Pero tienes un pueblo que guiar. Me dijiste una vez que sería una buena Señora de Trümfels. Siempre pones a tu gente antes que a ti mismo. Ahora es mi turno de ponerlos antes que a mí.

Tom tocó el rostro de Bill tiernamente. Había estado en lo correcto. Bill era perfecto para gobernar a su lado. “Ella” había comprobado eso.

Tom acarició ambos lados de la cara de Bill antes de dejar el más amoroso beso  que nunca hubiera dado en los labios de Bill. —Te amo, Billa.

—Y yo te amo, Tom —replicó entre lágrimas—. Cu-cuando regrese, quiero estar orgulloso de lo que has hecho con la aldea.

Tom asintió tratando de mirar a cualquier lado, sus emociones prácticamente tomando el control. Con un beso final a los labios de Bill, el de rastas se levantó y abandonó la habitación.

Georg abrazó fuertemente a Bill un momento antes de que el peli negro hablara. —Georg, cuida de él. Por favor, por el amor de los dioses, cuídalo.

—Lo haré, Lady Billa —se giró para seguir a su señor.

—¿Georg? —Bill estiró la mano, tocando el brazo del castaño.

—¿Sí? —dijo girándose.

—¿Me llevarás a casa?

Georg sonrió ante la elección de palabras del Bill. Inclinó su cabeza. —Lo prometo. No descansaré hasta que esté en Trümfels una vez más.

—Gracias.

—No, Lady Billa. Gracias por todo lo que ha hecho por Tom. Sabe que él le amará hasta que el Ragnarokr haya llegado y se haya ido ¿cierto?

—Por todo el tiempo que pase en Trümfels, nunca pude aprender que era el Ragnarokr —Bill admitió.

—Es la batalla final de los Dioses – el fin del mundo.

Bill se limpió los ojos y sorbió. Georg caminó hacia la puerta y le miró de nuevo.

—Le TRAIRÉ de vuelta.

 

Georg y Tom ya tenían tiempo de haberse ido para cuando el Dr. Meyer regresó.

—¿Bill? ¿Estás bien? —el moreno asintió—. ¿A dónde fueron los otros chicos?

Bill se limpió las lágrimas. —A casa.

 

Pero Tom y Georg caminaban por las calles de Berlín. No estaban recibiendo tantas miradas raras como uno imaginaría. Seguro, no todos los días dos guerreros vikinguescos caminaban por las concurridas calles, pero también era la era de las películas. La mayoría de la gente pensó que venían de un set de película.

—¿Disculpe?

—¿Sí? —Tom se giró para ver la mujer que le había detenido.

—¿Puedo tener su autógrafo?

Tom y Georg se miraron uno al otro. ¿Autógrafo? La muchacha buscó en su bolso por un pedazo de papel y una pluma. Puso una pequeña x donde quería que firmaran. Tom sonrió. Entendía. Cuando había una x presente en un pedazo de papel, uno firmaba con su nombre enseguida.

—¿Por qué lo quiere?

—¿Eres famoso, verdad?

Tom pensó en eso. Él ERA famoso en su tiempo. ¿Quizás esta gente reunía los nombres de los reyes de la guerra para mostrar que los conocieron y sobrevivieron? Tom tomó la pluma, sorprendido de que no tuviera que hundirla en tinta para que pintara. Firmó con su nombre después de la marca Gebo y Georg lo hizo después.

—¡Gracias! —la mujer dijo mientras seguía haciendo lo suyo.

Había tanta gente por todas partes. Hombres y mujeres usaban pantalones, y nadie cargaba armas. ¿Qué tipo de sociedad era esa?

Era extraño que en ese lugar la nieve realmente no se quedara. Seguro, había unas cuantas pulgadas en el piso, pero en Trümfels habría pies de altura. Un carruaje sin caballo les pitó mientras pasaba, asustándolos terriblemente.

—Georg, vayamos a casa. Ahora.

Tom y Georg pusieron sus manos alrededor del báculo y comenzó a brillar azul, desearon estar en Trümfels. Cuando sus alrededores se volvieron familiares, lo primero que hizo Tom fue dejarse caer en la nieve.

Nunca había estado más contento de estar en casa. Ya extrañaba terriblemente a Billa, pero al menos sabía en qué lugar estaba. Su admiración por Bill creció al doble. El hermafrodita vivía en un enorme lugar por si solo y parecía perfectamente contento.

Tom no estaba seguro si pudiera algún día soportar un cambio como el que Bill hiciera. Pasó de ser un “urbanita” a casi gobernar una pequeña aldea en la mitad de la nada, en comparación.

Tom sintió su corazón hundirse. Billa había dicho “cuando regrese” pero viendo cuan diferente eran los dos mundos realmente, no culparía al de cabellos negros si nunca regresaba. No podía evitar sentir un poquito de esperanza de que Bill lo hiciera, pero en verdad, no tenía nada aquí más que a Tom y a Cloelia. En Berlín, tenía un trabajo como diseñador de modas y seguramente, un montón de amigos allí.

Con un suspiro resignado, Tom miró a Georg quien aún sostenía el bastón. Eso le hizo pensar. —¿Georg?

—¿Sí?

—¿Por qué podemos viajar a través del tiempo?

—Porque tenemos el báculo con nosotros, Tom.

—Sí, pero Cailean dijo que uno debe de ser parte Hada, y estoy bastante seguro que no lo soy.

Georg parecía culpable. —Debo de ser yo. No lo sabía pero lo sospechaba. La madre de mi madre es mitad Celta. Aunque no sabía que era un Hada.

—Eso quiere decir que puedes hacer funcionar el báculo-

—¿Y traer a Lady Billa de regreso? Sí, así parece —Georg sonrió.

Tom sonrió a medias en respuesta. Quizás tendrían una oportunidad después de todo.

+.+.+.+

 

 

Notas finales:
Y así comienza el principio del fin.

Devi R. Black
Capítulo Veinticuatro por Devi

CAPITULO VEINTICUATRO

+.+.+.+.+.+

Doctor Meyer estaba más que sorprendido de descubrir que, efectivamente, el maquillaje que Bill usaba era de los años 1100.

De acuerdo con Bill, había sido secuestrado y llevado a una remota isla en el norte. Había estado encerrado en un lugar que vivía en el pasado; algo parecido a la Rusia moderna, un lado de la montaña era moderna y estaba al día, pero del otro lado de esa misma montaña, usaban aún carruajes de madera jalados por caballos.

Mientras estuvo ahí, se había enamorado, y lo habían secuestrado de su secuestrador original. Había habido una batalla, gente murió, y Bill regresó a Tom. Perdió al bebé que había llevado en su vientre, y luego en un intento de salvar a Bill del envenenamiento por plomo, lo habían enviado a su propio hogar.

El Dr. Meyer sentía que era importante que el muchacho de cabellos oscuros fuera a terapia.

La primera parada de Bill en el “camino a la recuperación” era uno del que estaba agradecido. Era la terapia de pérdida. Bill no podía sobreponerse de la pérdida del pequeño Trümper por si mismo. Pasó unos cuantos meses con el consejero con el que el Dr. Meyer le había enviado.

Y por más duro que resultó revivirlo todo, Bill estaba agradecido de haberlo hecho. Pudo llegar al punto en el que podía hablar de su bebé sin llorar. Su amor nunca disminuyó pero al menos se había vuelto más fácil vivir con ello.

Cuando pudo tenerlo bajo control, regresó a su trabajo. Fue difícil, habiendo pasado mucho tiempo fuera. No sabía que estaba a la moda, pero no pasó mucho antes de que pudiera estar de nuevo en la industria. La mujer de la limpieza, Constanzia, mantuvo un ojo sobre él. No quería que se lo volvieran a quitar.

Pero Bill ya no era el mismo.

No se había dado cuenta que cambió, pero sus compañeros de trabajo sí.

Después de que la terapia de perdida hubo terminado, su consejero Magda, lo inició en la terapia regular. EntRe Magda y la policía, Bill comenzó a cuestionarse a si mismo si en verdad sufría del Síndrome de Estocolmo.

Fue “secuestrado” y se había enamorado de quien lo había hecho.

Las autoridades trataron de decirle que estaba mal, que él era la víctima.

La decisión final de Bill – son unos idiotas. Pero si mantenía su versión de la historia, lo pondrían en un psiquiátrico. Y cuando Georg fuera por él, ¿cómo podría el guerrero de cabellos castaños vestido como un Vikingo no sólo sacarlo de una habitación acolchada sino también de un hospital mental?

Así que Bill se forzó a soportar las preguntas, nunca cambiando su historia.

Pero no eran sólo las autoridades quienes insolaron a Bill. Sí, regresó al trabajo. Logró incorporarse a cómo eran las cosas, pero ya no era amado por todos, ya no más. Trataba de hablar con sus compañeros como normalmente lo hacía, pero ahora ellos Lo ignoraban totalmente.

Bill comenzó a quedarse encerrado en su oficina. Constanza era su única compañía. Para ser justos, había sido solitario la mayoría del tiempo antes de conocer a Tom. Pero antes, al menos la gente QUERIA hablar con él.

Bill se había vuelto muy obsesivo. Su colección de películas pasó de cosas como Conoces a Joe Black y Un Ángel Enamorado a El 13vo Guerrero y El Rey Arturo. Comenzó a coleccionar joyería y cosas parecidas que fueran tipo Vikingo.

Ya no trabajaba la misma cantidad de tiempo extra que solía trabajar. Usualmente llegaba a su oficina muy temprano en la mañana y no se iba hasta que sintiera que su trabajo estaba perfecto.

Ahora, Bill sólo trabajaba lo normal, pero combinaba todo su tiempo libre entre estudiar y comprar. Leía todo lo que podía sobre Vikingos y la Edad Media.

Sus compras, por otro lado, levantaron algunas cejas más que sus hábitos de estudio hicieran. Bill compraba apenas lo mínimo. Suficiente comida sólo para sobrevivir, nada de nuevas ropas o música.

Su lista de compras era simple: cepillos de dientes, pasta de dientes, Q-Tips (hisopos), ropa interior, dulces, desodorante, maquillajes, tinte de cabello y cera para rastas.

Bill se había vuelto obsesivo con esos nueve artículos, consiguiendo los suficientes para que le duraran al menos casi toda la vida. Estaba seguro de que Georg regresaría por él, y quería estar seguro de que tenía todo lo que pudiera necesitar cuando el momento de dejar su tiempo llegara.

 

Los meses llegaron y se fueron y no había sonido o noticias de Georg.

Bill nunca perdió la esperanza. Su apartamento se estaba poniendo un poco amontonado por todas sus compras, pero nunca dejo de pensar que Georg vendría a buscarlo.

 

Casi un año había pasado de Bill esperando y almacenando cosas cuando un remolino de viento comenzó a formarse en la sala de estar del pelilargo. El de cabellos negros acababa de llegar a casa del trabajo. Disfrutaba un chocolate caliente, mirando por el balcón de su ventana.

Miró por sobre su hombro a la conmoción, su corazón latiendo de emoción. Se aventó hacia el castaño una vez que éste logró orientarse un poco. Se abrazaron fuertemente durante un minuto.

—¿Esta lista para volver a casa, lady Billa?

Bill se rio tontamente y tomó las bolsas llenas de cosas que había comprado, todo empacado perfecta y apretadamente y listas para llevarse. Llenó los brazos de Georg completamente y también los suyos.

—¿Necesitamos todo esto, Billa?

—¡Sí! ¡Ahora, vámonos!

—Hay algo que tiene que saber…

—¡Pfft! ¡Dime después! NECESITO ver a mi Tomi.

Georg sacudió la cabeza tristemente, pero Bill no pudo verlo. Ajustó los nudos y el par se encontró de nuevo (y todas las cosas de Bill) girando en Trümfels.

 

Georg llamó a una sirvienta para que llevara las interminables bolsas de Bill a su habitación, lo cual ella hizo, después de abrazar al hermafrodita y darle la bienvenida.

Tan envuelto estaba en su emoción de estar de vuelta a donde sentía que permanecía, Bill no notó que la orden de Georg fue que llevaran sus cosas a la habitación de Bill.

Escuchando que ahí era donde Cloelia estaba, Bill fue con la sirvienta y entró en la habitación.

Cloelia estaba allí. Sus manos arañando la espalda cubierta de sudor de Gustav quien embistió profundamente en ella causando que ambos gimieran.

—¡Oh Dios! —Bill chilló. Amos le miraron como un borreguito a media calle. Bill se giró y salió, diciéndoles que no se detuvieran por su presencia. Se rio para si mismo, feliz de poder ponerle un nombre al que Cloelia había mencionado que le gustaba.

Bill se deslizó por los pasillos. Se rio mientras pensaba como se sintió tan fuera de lugar cuando estuvo en su tiempo. Este era su verdadero hogar.

Su corazón casi se detuvo cuando vislumbro la imagen de rastas al otro lado del pasillo. Tom estaba de frente a alguien, hablándole, probablemente sobre el rumor de que Billa estaba de vuelta. Bill se acercó silenciosamente, y luego, tocó varias veces el hombro de Tom.

El de rastas se giró y se congeló. —¿Billa? —susurró.

La sonrisa de Bill se agrandó aún más de lo que la hubiera sentido en toda su vida. Se aferró al guerrero, enredando sus largas piernas en su cintura. Enredando sus manos en las tan extrañadas rastas, Bill acercó su rostro para que sus labios se encontraran.

Se besaron profundamente, desesperados por saborear al otro que por tanto tiempo se les había negado. Fueron forzados a separarse por una voz suave.

—¿Billa?

Bill volteó rápidamente su cabeza para ver a su vieja amiga. —¡HANNAH! —Se bajó de un salto de Tom y comenzó a correr hacia ella pero se detuvo. —¡Luces hermosa!

La moza del bar estaba embarazada.

—¡Georg debe de estar muy feliz! —Bill se rio contento.

Detrás de su espalda, Tom les indicó a todos que se fueran, lo cual hicieron rápidamente. Nadie quería ver lo que estaba pasando.

Bill estaba muy ocupado mirando a Georg. No entendía por qué el rostro del hombre lucía tan sombrío.

Cloelia y Gustav entraron a la habitación, donde Bill olvido su anterior curiosidad. Abrazó y besó las mejillas de su amiga.

—Necesitamos hablar —Hannah dijo.

Bill asintió y abrazó por la cintura a Tom. Su brazos se deslizaron hacia sus lados cuando el ambiente comenzó a volverse incomodo.

El grupo fue hacia el área del comedor y se sentaron. Hannah se sentó en el lugar normal de Bill, lo cual ya era extraño por si solo. Georg se sentó tan lejos de Tom como le fue posible.

—¿Podría alguien POR FAVOR explicarme qué está pasando? —Bill demandó, una mano en su cadera, sintiendo que algo realmente andaba mal.

—Yo… —Hannah comenzó.

—Mi mujer unió manos con tu hombre —Georg gruñó desde su asiento.

Los ojos de Bill se abrieron en sorpresa mientras miraba al amor de su vida y a su amiga. —¿Q-qué… P-por qué…?

—Billa, por favor, déjame explicar —Tom casi suplicó.

—Yo… yo —Bill tartamudeó antes de hacer la única cosa que podía hacer. Se abalanzó sobre la mujer que solía llamar amiga. Se fue con todo y puños pero terminó golpeando a Georg.

Hannah quizás había terminado con Tom, pero Georg aún la amaba, y moriría antes de dejar que alguien la lastimara. Viendo que no podía llegar a la mujer que se robó a su hombre, Bill se fue por la siguiente mejor cosa – el hombre mismo. Bill se alejó de Georg y soltó su puño con toda la fuerza que tenía contra la cara de Tom.

Y Tom parecía haber olvidado que Bill también era hombre, así que parecía muy sorprendido por la fuerza con que le golpeó.

Bill le miró por un breve segundo con sus ojos proyectando su corazón roto antes de correr lo más rápido que sus largas piernas podían llevarlo. Cloelia le persiguió tan rápido como pudo.

Toco ante la puerta cerrada. —Billa, soy yo.

Entró al cuarto ya que las puertas no tenían seguros. Se sentó en la cama junto a su llorosa señorita.

—Lo hicieron por ti, Billa.

—¡Tonterías!

Bill se levantó y salió hacia el campo, tratando de evitar que se repitiera lo que había pasado en el comedor. Caminó hacia el punto en donde había aparecido. Cloelia estaba justo detrás de él. Bill jugueteó con la roca que estaba en el suelo.

—Siempre pensé que Tom y yo nos casaríamos. Pensé que me amaba.

—Lo hace. Más que nada.

Bill ignoró a su amiga. Se quedaron callados por unos minutos antes de que el joven de cabellos negros hablara de nuevo.

—¿Por qué no te has casado, Cloelia?

Ella se encogió de hombros. —Cuando fuera lo suficientemente grande, huiría. Debía de regresar a Roma donde sería tratada como mujer, no como basura. Mis padres no querían que me casara porque no querían que un hombre o los hijos me retuvieran. Querían la libertad para mí. Lord Tom vino quince días antes de lo previsto para mi partida. Me enamore de uno de sus hombres y me quedé.

—Gustav.

Cloelia sonrió y asintió, incluso si no era una pregunta. —Gustav.

Bill sonrió. —Eso es muy lindo.

—Hannah estuvo casada una vez. Lo mataron en una batalla.

—No me importa —Bill se tensó.

—Billa, ella es su amiga. ¡Lo está haciendo por usted!

—¡Ella se CASÓ y ESTÁ fornicando con mi hombre y ¿dices que lo está haciendo por mi!? —Bill gritó.

—Billa, por favor ¡Escúcheme! —Cloelia le tocó el brazo pero él se la quitó de encima—. ¡Ellos no quiere estarlo! Tom necesita un heredero y ella puede dárselo. Sólo estará con él por un año y un día. Y entonces él podrá ser totalmente suyo de nuevo. ¿No cree que esto también la lastime? ¿Qué lastima a Lord Georg? ¡Ella se ofreció a si misma porque sabe que otras mujeres tratarían de quedarse con Lord Tom! ¡Ella quiere estar con Lord Georg tan desesperadamente como usted quiere a Lord Tom!

—¿Oh sí? ¿Cómo puedes estar tan segura?

—¡Porque ella ya está embarazada! Ella me dijo que tiene su propia cama en la habitación. Desde que se embarazo no la ha tocado, y Hannah está más que feliz con eso.

—¿En serio?

Cloelia asintió y Bill pudo ver la verdad en sus ojos. —Hay más, Billa. Como ya sabe, la unión de manos dura un año y un día. Eso es… Y su año y un día termina en menos de quince noches.

Bill se levantó, pero bajó su mirada cuando sintió la mano de su dama de compañía en su pierna. —¿Y Billa?

—¿Sí?

—Ella nunca durmió en la cama que usted y Tom compartieron.

Bill miró hacia el gran edificio frente a él. Esa simple oración puso tanto en perspectiva.

Por segunda vez desde que regresó a Trümfels, Bill subió los escalones hacia la casa de Tom.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Gracias por la espera :D

Devi R. Black
Capítulo Veinticinco por Devi

CAPITULO VEINCINCO

+.+.+.+.+.+

Tom había hecho lo que Billa le había pedido cuando dejo Berlín, hizo de Trümfels un lugar al que el joven de cabellos negros pudiera regresar y llamar hogar. La residencia de madera había sido fortificada, ahora estaba parcialmente hecha de piedra, aunque se notaba que aún estaba en proceso.

Bill entró al lugar al que había aprendido a amar. Tom, Hannah, Georg y Gustav estaban justo donde los había dejado.

—Necesitamos hablar —demandó Billa, mirando directamente a Hannah.

El grupo tomó sus asientos de nuevo, pero esta vez Bill tomó el mando. Tom era SUYO y pelearía por él si tenía que hacerlo. Cloelia y Gustav se quedaron a un lado, lejos de ellos, pero formando parte del grupo lo suficiente para poder ser usados como testigos si se llegara a necesitar.

Mientras estuvo en Berlín, no sólo había estudiado Vikingos, también a los lobos para poder entender a Tom aún mejor. Y si Tom mostraba poder de esa manera, Bill también lo intentaría. Se paró autoritativo mientras hablaba, su barbilla elevada para mostrar su rango. Hannah era mucho más pequeña que él así que entendiendo, se quitó del lugar que se había visto forzada a ocupar. Nunca fue un lugar en el que se sintiera cómoda sentándose.

 Tom no pudo evitar mirar a Billa con orgullo. Había aprendido tanto mientras no estuvo ahí, y Tom estaba más que complacido. Pero se quedó callado mientras todos se sentaban. Respondería todo, cualquier cosa, pero era el pelinegro quien necesitaba comenzar. Bill se sentó a su lado con una mirada firme en la mujer embarazada.

—¿Qué jodidos está pasando? —demandó.

—¿Desde el principio?

El moreno asintió y Tom se aclaró la garganta.

—Después de que te dejamos para que fueras sanado, Georg y yo viajamos de vuelta al navío de Herger. Cabalgamos de vuelta a Trümfels y todo estuvo normal por un tiempo. Te extrañe mucho, Billa.

—¿Así que te acostaste con alguien tan pronto me tuviste lejos de ti?

—¡No!

—Fui yo, Billa —Hannah habló—. Yo soy la razón por la que unimos manos. DEBES de escucharme. El rumor de que te habías ido salió y señoritas esperanzadas comenzaron a ser enviadas aquí de nuevo. Hablé con Tom, él y yo deberíamos de unir manos para que pudiera tener un heredero. De eso se trata todo este acuerdo.

—En poco tiempo, él tendrá a su hijo. En quince lunas, seremos libres. Tú, de entre toda la gente Billa, deberías de saber que no amo a Tom. Yo lo vi así, si él tenía un heredero lo dejarían en paz hasta que tú pudieras regresar a él.

—¿Y ahora qué? —Bill demandó, sus ojos escociendo por las lágrimas ante el recordatorio de que ella podía darle a Tom algo que él nunca podría—. Hannha, tú… —pausó para poder tragar el nudo en su garganta—. Tú tienes algo con Tom, cierto lazo, que yo nunca tendré.

—Yo… deseo anunciar algo —la moza del bar dijo. Los ojos aún furiosos de Georg se voltearon a verla, aparentemente no sabiendo que tenía en mente. Tom y Bill le miraron curiosos.

—Billa, cuando este bebé nazca ¿puedo pedirte que estés ahí?

—¡¿Qué JODIDOS?! Tienes todo el jodido descaro de todo el maldito mundo para a-

—¡Billa! ¡Escúchame! —gritó ella casi en llanto—. Yo no tocaré al bebé cuando nazca ¿lo entiendes? Un niño necesita ser primero cargado por su madre. Te pido, Billa, que lo sostengas primero. Estoy alumbrando esto por ti. Por ambos. Este es tu bebé. Yo solamente lo estoy cargando. Yo no tendré nada que ver con la vida de este bebé, excepto quizás para cuidarlo cuando haga falta.

Todos la miraron sorprendidos. Bill estaba llorando. No estaba feliz porque Hannah estuviera con Tom pero toda su furia anterior desapareció tras el anuncio de la mujer. El bebé sería criado como su Billa lo hubiese traído al mundo.

Georg aún la miraba. Sabía cuánto deseaba un hijo después de que el de ella lo hubieran matado hace mucho tiempo en una redada. Y aún así, estaba dando desinteresadamente lo que por derecho le pertenecía, para darles  a su Lord y “Lady” la vida que se les fue negada. Se estiró y acarició su mano, incapaz de seguir enojado con el hecho de que la vida que crecía en ella no era de él.

—¿Qué hay… qué hay de nosotros? —Bill preguntó tembloroso mirando a Tom—. El tiempo… La unión de manos es como los matrimonios. No podemos…

—¿Lord Tom?

—¿Sí, Hannah?

—Aún nos quedan quince noches de esto. Hemos sido leales uno al otro durante este tiempo. Pero Billa está aquí de nuevo. Todos entendemos por qué unimos nuestras manos. ¿No podemos terminar esto oficialmente ahora? Seguiremos casados, ¿pero no podemos regresar a lo que éramos? ¿Yo regresaré a mi propia cama,  Billa a su lugar junto a usted esta noche?

Tom puso su brazo alrededor de los hombros de Billa. —¿Qué dices, Billa?

—¿Realmente me darás a tu hijo? —Bill le preguntó a la moza.

Ella sintió. —Dije que estaba haciendo esto por ti. Ruego que siga siendo fértil y pueda dar a luz a hijos que pueda criar yo misma. Robustos muchachitos castaños ¿quizás? —le sonrió a Georg.

—De hecho —Georg asintió.

—¿Y puedo tener a mi Tomi de vuelta justo ahora? ¿No tengo que esperar un cuarto de ciclo? —Bill preguntó como un niño preguntaría si todos los regalos bajo el árbol de Navidad eran para él.

Tom se inclinó y capturó los labios de su pareja suavemente. —No hay espera.

La pareja reunida se levantó para ir a sus aposentos, pero Hannah se levantó también. Ellos le miraron y la mujer les sonrió juguetona. —Sólo me gustaría recoger mis pertenencias mientras pueda.

Todos se rieron y Georg se les unió a los tres mientras caminaban por el vestíbulo.

Como Cloelia había dicho, la cama de Tom estaba en la habitación, y una más pequeña cama individual estaba ahí también. Hannah se acercó a esa para recoger lo que era de ella antes de dirigirse a la puerta.

Bill y Tom estaban parados a mitad de la habitación abrazándose. Bill levantó su ceja perforada al ver la cobija que había adquirido para él y Tom. Tom siguió su mirada y sonrió cuando sus ojos se toparon con el material.

—Supongo que finalmente puedo usarla. Esperé hasta que pudieras disfrutarla conmigo.

Bill soltó una exclamación de felicidad suavemente y besó a Tom de nuevo, incapaz de tener suficiente de él.

—¿Billa? —Hannah le llamó, indicándole que se acercara con su mano ligeramente hinchada. Cuando el muchacho estuvo lo suficientemente cerca le dijo—, nunca me acosté en esa cama. Él siempre durmió solo.

—Cloelia me dijo. Gracias.

—Y nunca era yo…

El pelilargo el miró confundido. —¿Qué?

—Nunca era yo —repitió—. Sé que es difícil pensar en tu hombre con alguien más, pero eras siempre tú a quien él veía. De la misma manera yo pretendía que era Georg.

Bill le sonrió tristemente. —Lamento mucho que las cosas pasaran así. No importa cuantas veces me embarace, perderé al bebé. Gracias por darnos algo que yo no puedo.

Ella le tocó el rostro, las lágrimas deslizándose por su rostro, sus emociones finalmente tomando control de ella. —Si las cosas fueran al revés, me gustaría pensar qué harías lo mismo por Georg y yo.

Bill arrugó la nariz. —¿Eso enorme y viejo tonto? Ew —se rieron juntos y el mencionado “tonto” pasó junto a ellos cargando la bolsa de Hannah.

—¿Georg? —Tom llamó.

—¿Sí?

—Acomódala en una habitación dentro de la residencia. Me gustaría que se quedara cerca. —Tom le dijo guiñándole un ojo.

—Por supuesto —con eso el castaño se fue a poner las pertenencias de Hannah en su propio cuarto.

—Dos cosas ¿antes de que los deje solos? —Hannah preguntó rápidamente.

—Seguro ¿qué pasa? —Bill estaba curioso.

—Una es que dijiste que podías embarazarte pero no podías mantenerlo. Conozco el dolor de perder a un hijo. Puedo hacerte cierto té que puede evitar que te embaraces. No deseo verte a ti o a Tom pasar de nuevo por ese dolor.

Bill sonrió. Sabía que no tenían control de natalidad, pero se negaba a fijarse en el hecho de que era como una bebida de “La Mañana Siguiente”. A la larga, era mejor para todos si la bebía mientras desayunaba. Aceptó la oferta de la moza.

—La segunda es… Sé que va a ser muy difícil pero por favor… tu hijo ¿por favor amalo? ¿Cómo si fuera tu propio niño?

Asintiendo, Bill dijo que lo haría. —Espera… ¿es un niño?

Hannah asintió en secreto. —Eso creo. He tratado de ocultárselo a Tom así que no le digas.

—¿Una sorpresa?

—Exactamente.

 

Pronto la habitación se había vaciados y sólo quedaban Bill y Tom.

Ellos eran todo en suaves caricias y besos mientras redescubrían el cuerpo de su amante. Se volvieron uno nuevamente, ninguno de los dos manteniendo su placer en silencio. Juntos buscaron su clímax, y al final, yacían recostados abrazadas.

—¿Billa?

—¿Sí?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por no odiarme a mi o a cualquiera de nosotros por lo que encontraste al regresar.

—Regresé a ti y a un malentendido que se aclaró rápidamente. Todo lo que importa es que finalmente estoy aquí y contigo nuevamente. Oh, y traje cosas de mi propia época.

—¿Lo hiciste?

—Sí, te las mostraré mañana porque realmente ahorita no me siento como para moverme.

Tom se rió mientras besaba tiernamente el cuello de Bill. —Tampoco yo. Billa, te amo.

Bill giró su cabeza y le sonrió a Tom. —También te amo.

+.+.+.+

 

Notas finales:
Y nos faltan ¡4! capítulos para terminar :D

Devi R. black
Capítulo Veintiseis por Devi

CAPITULO VEINTISEIS

+.+.+.+.+.+

Bill le mostró debidamente a su amante los maravillosos tesoros que trajo de su tiempo. El guerrero tenía que probarlo todo, disfrutando los cepillos de dientes más que los palitos que tenía que usar. Bill se había carcajeado ante la cara que Tom hizo después de probar la pasta de dientes.

Las dos mejores cosas que Bill había llevado consigo era una cosa que olía extraño llamada cera para rastas y un delicioso bocadillo dulce llamado Skittles.

El guerrero estaba más que feliz de sentarse y comerse una bolsa entera de los dulces mientras las suaves manos de su amante ponían la cera en los pedazos enredador de cabello de Tom.

 

Billa nunca había estado tan emocionado como ver que llegara en Trümfels el día en que Tom y Hannah ya no estuvieran unidos.

Observó con interés como Kara, quien había precedido la unión de manos, desataba el nudo ceremonial, que los había mantenido unidos ese día, anunciándolos como libres.

La gente de Trümfels entendía  por qué Hannah estaba con Lord Tom desde un principio y lo apoyaban. Cuando Billa regresó, estuvieron más que dispuestos a aceptar que Hannah pasara las dos últimas semanas de su matrimonio con Georg mientras Billa pudiera pasarlas con Tom.

Era un momento bastante solemne que duró no sólo es e día, pero unos cuantos más.

Todo cambió una mañana cuando Georg vio banderas durante su patrullaje. Había estado en los límites de Trümfels cuando las observó. No se acercaron pero mantuvo sus ojos en ellos sólo para estar seguro.

Lo que se acercó a él lo hizo reírse. Cinco mercenarios. Eso iría bastante bien con Lord Tom. Georg los dejo pasar y Gustav los escoltó hasta la aldea.

Tom se rió en sus caras, pero mientras no hicieran algo que causara problemas, ni forzar a su gente que hiciera algo, les permitió quedarse.

Unos días después, Tom estaba en la parte trasera de su casa ayudando a fortificarla. Se estaba convirtiendo, de ser de madera, a una fortaleza de piedra y estaba bastante complacido.

Su trabajo, como sea, se vio interrumpido por Cloelia.

—Lo juro, Lord Tom, que eso fue lo que vi.

—¿El bastardo encontró el báculo?

—No lo sé.

Tom la dejó atrás rápidamente. Uno de los mercenarios había sido visto fisgoneando dentro y a los alrededores de la sala de Guerra, donde guardaba el báculo que doblegaba el tiempo, trayendo a Billa a él.

Encontró al hombre y al bastón. Hizo traer a todos los “hombres de Dios” ante él. Uno faltaba. Bastante enojado por haber sido desobedecido, Tom ordenó que los mataran. Usualmente no era así de precipitado pero los mercenarios sacaban lo peor de él.

 

El siguiente día fue igual. Tom estaba en la parte de atrás creando la pared de piedra. Bill, habiendo demandado ayudar, estaba en una mina justo sobre el monte detrás de la casa, trayendo piedras para que pudieran usarlas.

En la oscuridad, el mercenario al que no se le había dado muerte escapó y se fue a con su gente –las banderillas que Georg había visto. Pero esta vez, las banderilla no se quedaron donde estaban. Se estaban acercando.

Los hombres de Trümfels se estaban preparando para pelear, excepto Georg quien estaba montando su caballo. Entando en los lindes de la tierra, tenía unos minutos para perder –lo suficientes para cabalgar rápidamente de regreso y decirle a Tom.

—¡Los escoceses ya vienen! —Georg gritó mientras cabalgaba hacía la aldea en desarrollo. Subió los escalones con el caballo y abrió ambas puertas—. ¡TOM!

El de rastas corrió hacia el vestíbulo. —¿Qué sucede?

—¡Los escoceses ya vienen!

—¡Todos los hombres a la puerta principal! ¡Defiendan la entrada! —Tom gritó sus órdenes. Siguió a su siguiente al mando fuera de la residencia. Los límites de las tierras de Tom estaban bien delimitados, pero el muro y la puerta rodeaban a la aldea en sí. Los granjeros corrieron hacia la seguridad de la puerta con sus familias. Tom corrió, colocándose a si mismo detrás del último niño corriendo, entre su gente y los montañeses.

Los hombres que se acercaban no eran mercenarios – eran Escoceses encubiertos, tratando de encontrar su reliquia antigua.

La armada de Tom ahora era casi de mil hombres dispuestos a defender su hogar. Después de que Tom los guiara a rescatar a Billa, algunos de los hombres se habían quedado con él, otros habían viajado hacia Trümfels después. Los hombres encontraron en él a un buen líder y estaban ansiosos de pelear por y junto a él.

Georg se quedó de pie junto a Tom. Hannah había sido encerrada en la Sala de Guerra junto a Cloelia. Pero Billa no estaba ahí. El de rastas no tenía tiempo de ir a buscarlo, sólo rogaba para que el pelinegro fuera lo suficientemente inteligente y se escondiera.

—Oh no —Georg susurró.

La cabeza de Tom miró hacia donde los ojos de Georg estaba pegados. Trümfels era un asentamiento en medio del agua, así que los ataques acuáticos ocurrían, así como muchos intercambios e incluso refugiados sucedían de vez en cuando.

Pero esta vez dos grandes barcos Vikingos cargados de una buena cantidad de tripulantes se acercaban a la costa. Los Vikingos llegaban de un lado, los escoceses del otro. Trümfels sería afortunado de vencer a una marea. Pero eran incapaces contra dos.

Los escoceses estaban cerca, así que puso su atención en ellos por ahora. Las espadas fueron desenfundadas y el sonido del metal golpeando metal resonó.

 

Billa había estado trabajando duro llevando la enorme piedra que sería usada para las paredes. Estaba rodando una cuando escuchó órdenes siendo gritadas. No le prestó mucha atención hasta que escuchó el sonido del metal.

Bill se cantó a si mismo mientras continuaba empujando la enorme piedra. —Moviendo esta piedra, moviendo esta piedra, moviendo esta piedra —habiendo alcanzado la cima de la colina tenía que rodar la piedra para abajo, se detuvo y realizó con horror que había una batalla. Continuó empujando su piedra aunque ahora su dirección era por donde había llegado, aún cantando suavemente—. Muévela de regreso, muévela de regreso, muévela de regreso.

 

 Era obvio para los vikingos que Trümfels estaba bajo ataque. Miraron hacia el rubio alto que los guiaba. Les señaló a sus hombres en cual dirección ir después de que estuvieran detrás a la armada de Tom.

Tom sintió a alguien pasarle de largo mientras peleaba y se sorprendió al ver que era Herger, el hombre  que los había llevado en barco a él, a Georg y a Billa, hasta Escocia.

—¿Podías usar unos cuando hombres más? —el noruego le preguntó bastante jubiloso.

 

No pasó mucho tiempo antes de que los escoceses fueran vencidos. Esta vez, tomaron a unos cuantos hombres cautivos. Trümfels estaba a salvo, y el báculo aún estaba en resguardo. Tom hizo su camino a donde los guerreros vikingos estaban parados, reuniéndose con su líder.

—¡No puede ser! —la madre de Tom exclamó desde el lindel de la puerta por donde había salido.

El líder de los hombres noruegos era un hombre alto, con una cara que aunque era fuerte lucía suave. Cabello rubio canoso colgaba largo por su espalda. Ciertas partes de él estaban acomodadas en trenzas que combinaban con la de su barba. Sus ojos chocolate quedaban perfectamente con la piel bronceada, y un brillo plateado estaba a mitad de su labio. Su rostro parecía estar enojado, pero cambio cuando vio a Brunhilde. Su sonrisa lo iluminó todo.

Ella corrió hacia él y el hombre la encontró a medio camino, levantándola en el aire. Se besaron mientras giraban, causando que los observadores sonrieran suavemente.

En la mitad de todo eso, Bill salió de entre la pila de rocas y tomó la mano de Tom. El de rastas la apretó, aunque su mirada nunca dejo al extraño.

Brunhilde se giró a su hijo mientras era puesta de nuevo en tierra. —¿Thomas?

Bill soltó la mano de Tom, pero el rubio no lo dejo ir, forzando a Bill a caminar con él. Juntos se acercaron al vikingo. Los ojos de Bill casi se salieron de sus cuentas al ver el sorprendente parecido.

—Maldición —jadeó.

Brunhilda sonrió. —Tom, este es tu padre, Wolfgar.

Tom tenía una expresión casi de emoción infantil mientras miraba al hombre que había tratado de conocer y ser. Nunca lo había visto en su vida pero era todo lo que Tom había imaginado.

—Hijo —la voz de Wolfgar era profunda como un trueno. Tom tomó la mano que se le extendía y la sacudió. El hombre más grande abrazo al hijo fuertemente.

Los noruegos vitorearon y los residentes se vieron envueltos en la emoción también.

—¿Quién es esta belleza? —preguntó, guiñándole un ojo a Billa.

—Ella es mi Billa.

—¿Billa? ¿A la que mantuvo prisionera Josef?

—La misma.

Wolfgar sonrió y abrazo a Billa también. —Escuché sobre eso. Y por lo que me platicaron, está muy claro que eres mi hijo, Tom. Cuéntame la historia tú mismo.

Con eso, Tom guió a los hombres hacia su hogar. Le diría a su padre todo, y a cambio, escucharía las propias historias de Wolfgar. Pero primero, tenía que lidiar con los sobrevivientes escoceses.

Los hombres llenaron el vestíbulo, los prisioneros frente a Tom, quien tenía sólo a Billa a su lado.

—¡Cometimos un error! —los escoceses rogaron—. Sólo buscábamos regresar un pedazo de nuestra cultura a nuestra tierra. No nos dimos cuenta que sería tal masacre. ¿No podemos tener paz, Lord Tom, como una vez fue?

—Tendremos paz. Tendremos paz cuando-

Tom fue interrumpido cuando Bill se levantó de su silla. —Cuando respondan por las quemaduras del Westfold, ¡y los niños que allí yacen muertos! Obtendremos la paz cuando las vidas de los soldados, los cuerpos de los cuales fueron cortados aún yaciendo muertos contra las puertas de Hornburg, ¡fueron vengados! —La voz de Bill se alzó, una vena en su cuello hinchándose levemente mientras se dejaba envolver por su propio discurso. Miró al cura que estaba encogiéndose ante él y a Tom, y dejó que su voz bajara. Era baja, aunque seguía pudiendo ser oído por cada hombre y mujer en la estancia. Su voz rezumó veneno—. Cuando estén colgado de la horca para el deleite de sus propios cuervos, entonces OBTENDREMOS la paz.

Bill parecía salir del trance mientras terminaba, sonrojándose ligeramente cuando sintió todas las miradas incrédulas observándole. No había sonido, excepto por un pequeño grillo. Vio como Georg levantaba la pierna ligeramente, bajando su pie sobre el grillo. Un crujido se escuchó, pero los ojos no dejaron de ver a Bill.

—Me atrevo a decir —Georg sonrió después un momento largo y silencioso—, que eso fue bastante impresionante.

 

Al final, Tom decidió llenar de cicatrices a dos, enviándolos a su tierra con un mensaje de no intentar nada como eso de nuevo. Mató a todos los demás.

Esa noche, se sentaron bebiendo y contando historias no sólo para celebrar a sus invitados, pero también para celebrar la victoria de ese día.

—¿Wolfgar? —Bill preguntó en algún punto.

—¿Sí?

—¿Por qué tienes un aro en tu labio?

—¿Por qué tienes uno en tu ceja y en tu lengua?

—Porque son populares en mi cultura —Bill se encogió de hombros—. No sabía que ustedes tuvieran eso aquí.

—Por supuesto. Un aro en el labio es signo de realeza en las tierras del este, y el tres padres de mi padre fue rey —Bill no sabía que los pedazos de plata significaran eso, y lentamente giró su cabeza hacia Tom.

—Lucirías realmente sexy con uno.

—¿Sexy?

—¡Sí! Uhm… cierto… ¿Atractivo? ¿Guapo? ¿Apuesto?

Tom se lamió los labios mientras le sonreía a su amante. Bill tembló antes los pensamientos que esa acción causó.

Para el final de la noche, Tom, de hecho, tenía un aro en su labio. Aunque él lo prefirió hacia un lado en lugar de en el centro como su padre.

 

La mañana siguiente se pasó en dejar que padre e hijo se conocieran uno al otro. E igual como lo hacia para reencontrase con sus hombres, Tom llevó a su padre a cabalgar por todo su territorio.

—¿Qué has estado haciendo todos estos años, padre? —Tom preguntó, mirando al ligeramente envejecido reflejo de si mismo.

—He sido un vikingo. Encontré un lugar en donde me gustaría vivir, y me gustaría llevarme a tu madre también, si lo permites.

—¿Dónde es?

—Vinland. Una tierra muy al oeste.

—¿Así qué te irás de nuevo?

—Sí, Tom. Esta en nuestra sangre. Lo sabes.

Tom asintió. —Lo sé. Es sólo que no quiero que te vayas tan pronto. Te acabo de encontrar.

—¿Quizás me pueda quedar un poco más?

Tom sonrió. —A Billa y a mí nos gustaría.

—Ella es una hermosa mujer —Wolfgar comenzó.

—Lo es. Billa es lo más importante para mí.

—Y aún así escuché que es Hannah quien lleva a tu hijo.

—Billa es… estéril. Hannah está haciendo eso simplemente para darme un heredero. Billa y yo lo educaremos. Vamos a unir nuestras manos en tres semanas. ¿Te quedarás hasta entonces?

Wolfgar le sonrió enseñando los dientes. —No me lo perdería. Oh ¿Tom? —dijo mientras Trümfels aparecía ante ellos—. Hay un tema más que deseo discutir.

—¿Qué sería?

—Cuando tu madre y yo vayamos a Vinland…. Sé que tienes tu propia tierra aquí, y es una muy buena. Pero también tengo la mía. Me gustaría dejartela a ti, mi hijo.

Los ojos de Tom se agrandaron. —¿Lo harías?

La cara de Wolfgar estaba seria mientras asentía. —No mentiría.

Tom lo pensó por unos buenos minutos antes de responderle a su padre. —¿Puedo reclamarla y resguardarla en nombre de mi hijo mientras me quedo con Trümfels para mí?

—Creo que es un buen plan, Tom.

+.+.+.+

 

Notas finales:
A reír un poco :)

Devi R. Black
Capítulo Veintisiete por Devi

CAPITULO VEINTISIETE

+.+.+.+.+.+

Mientras el día de alumbramiento de Hannah se acercaba, también el día en que Bill y Tom se unirían en matrimonio. El muchacho de cabellos negros se encerraba por días enteros en la habitación suya y de Tom. La única persona que lo veía era Cloelia, quien generalmente sólo hacía mandados para él.

La cama de Hannah había sido removida de la habitación, lo cual era como un peso menos en su mente mientras se sentaba a mitad de la enorme cama que compartía con el guerrero. Estaba cosiendo su propio vestido de bodas.

Bill se negaba a dejar que Tom viera el vestido, haciendo que Cloelia lo escondiera cada vez que el de rastas estaba en cuarto.

La parte principal del vestido estaba hecha en un hermoso azul profundo. El plateado en las mangas, costado y bordado lo acentuaban a la perfección. Había estado feliz de saber que no había color tradicional para un vestido como lo era en su propia época.

 

El gran día finalmente llegó y Bill estaba más preparado de lo que imaginó que estaría. Kara era quien precedería la ceremonia y mientras terminaba de bordar diseños en la parte superior de las mangas algunos días antes, ella le había explicado exactamente que iba a hacer él.

Hannah le había pedido a Cloelia que le preguntara a Billa si podía ayudarle a alistarse. Estaba dividida. Si estuviera en el lugar de Bill, no querría saber nada de la mujer que cargaba al hijo del que sería su esposo ni tenerla cerca el día de la boda, pero al mismo tiempo, ella y Billa eran amigas…

Bill había aceptado enérgicamente la ayuda. Se puso su propio vestido y arregló su cabello y el maquillaje el mismo, pero era el apoyo de tener a dos mujeres ahí lo que necesitaba más. Brunhilde también estuvo con él todo el tiempo.

Sabía que si Simone estuviera viva, le hubiera forzado a hacer una ckeck list, así que el muchacho de cabellos negros sintió que era lo correcto hacer lo mismo.

Algo viejo – Brunhilde le dio a Bill un viejo pero aún elegante brazalete que solía usar en su juventud. Algo nuevo – el vestido de Bill ciertamente era nuevo. Algo prestado – Hannah le había preguntado a Billa si le gustaría usar los zapatos favoritos de ella, lo cual él aceptó. Y algo azul, bueno, el vestido de Billa era azul. Uno cosa de lo que Bill no había estado consiente eran de los seis peniques en el zapato, los cuales Cloelia puso ahí. Usualmente eran dados por tres personas diferentes, pero a Bill no le importaba.

Finalmente, llegó el punto donde ya no había más que hacer. Atando la espada a si cintura y tomando una bocanada de aire bastante nervioso, Bill salió de su antigua habitación donde había dormido la noche anterior.

Era la hora.

En su camino hacia afuera se encontraron con Wolfgar. Se sorprendieron de que no estuviera con los demás invitados como debería de ser. Les sonrió a las mujeres, más a Bill, mientras se acercaban.

—Bill ¿podría darle un regalo? Se está convirtiendo como en una hija para mi, y me gustaría que mi familia usara joyería tan fina como esta.

El hombre sacó de su bolsillo una suave tela. La desdobló para revelar uno de los más hermosos collares que Bill hubiera visto. Consistía en tres detallados círculos y delgadas cadenas que lo hacía lucir como una gargantilla, cuatro cadenas colgaban hacia abajo, conectando tres zafiros entre ellos. Las piedras también tocaban otras partes de la pieza.

Con lágrimas en los ojos, Bill aceptó el regalo y lo tocó ligeramente mientras su suegro cerraba el broche detrás de su cuello. Wolfgar sonrió y besó la mejilla de Bill antes de dirigirse rápidamente a donde se suponía que tenía que estar.

—Bueno, supongo que tengo algo azul —Bill sonrió.

 

Kara ya había establecido el círculo de protección en que los dos a unir manos deberían de estar. Todos en Trümfels y sus alrededores habían ido, aunque era sólo el área inmediata la que había sido santificada.

Parado en la puerta de la casa, Bill se giró a Cloelia y le entregó la espada que llevaba. Era tradición que la Doncella de Honor la cargara, y Bill había estado listo para rogarle a su sirvienta que fuera esa persona. No era una sirvienta para Bill, era su mejor amiga. Y ella aceptó gustosa, y ahora Bill caminaba hacia el grupo protegida por Cloelia y Hannah.

Había sido petición de Bill el que los casaran junto al agua y se sorprendió al ver que alguien había puesto un enorme arco. Miró a Hannah con los ojos abiertos enormemente. Ahora entendía por qué Georg se había encerrado. Era él quien había creado el arco sagrado para su mejor amigo. Bill no lo sabía en ese momento, pero cada pulgada de madera estaba diseñada intrincadamente y tallada.

Cloelia y Hannah siguieron a Bill durante el camino hacia donde Tom le esperaba. Y cuando vieron a sus hombres las dos mujeres se movieron a sentarse. Gustav tomó la mano de Cloelia mientras se sentaba junto a él, causando que sonriera. Georg había levantado su brazo y Hannah se había acomodado entre este y su cuerpo, cansada por la caminata.

La espada había sido entregada a Kara quien sostenía la de Tom también.

Kara le sonrió a Billa mientras se les acercaba. Sujetó una ramita de abeto y la sumergió en un recipiente de hidromiel. Sacudió la ramita frente a ella, haciendo que las gotas del líquido cayeran sobre ellos.

Los ojos de Tom mostraron algo que Bill aún no estaba acostumbrado a ver – travesuras. El muchacho de rastas había estado observando un rastro de hidromiel bajar por el cuello de Bill. Se acercó y lo lamió.

La gente de Trümfels observó con tanta incredulidad como Bill mostraba en su rostro. Ya habían visto a su señor casarse antes, pero aquello fue más como una transacción mercantil, no un acto de regocijo como parecía ser esta vez.

Bill se rió ante la acción de Tom cuando la sorpresa hubo pasado. Kara les sonrió a ambos antes de continuar. Llamó a los dioses, gritando lo más fuerte por la Diosa del Matrimonio misma, Frigg. Llamó a las deidades no sólo por protección pero también por todo lo que deseaba para sus amigos, que lo eran. Habiendo vivido de primera mano cuando Bill perdió a su hijo, y sabiendo qué pasaría cada vez que lograra embarazarse, dejó su deseo de fertilidad fuera de su discurso, murmurándose a si misma el volver completamente infértil al pelinegro, por su propio bien.

Era hora de la parte que Tom esperaba ansioso – el intercambio de espadas. Tomó su propia arma de Kara y miró a Bill a los ojos mientras la ponía en las manos del de cabellos negros. Era una espada que Wolfgar le había dado. A Bill le dijeron que debía aferrarse a ella hasta que su hijo fuera lo suficientemente grande para blandirla él mismo.

Bill sonrió mientras la sostenía muy cerca y le ofrecía la que él llevaba a Tom.

Era algo tan simbólico como sagrado para Tom que se negó a hacerlo en la ceremonia con Hannah. Era algo que sólo haría con Bill. El soberano guerrero había confiado en Bill la espada que mantendría vivo a su hijo en el futuro. No era una tarea que le daría a cualquiera. Y al aceptar la espada de Bill, aceptaba la responsabilidad de protegerlo de todo.

Kara les habló del amor y de la entrega de uno al otro. Y cuando esa parte de su discurso terminó, se giró hacia Bill.

—No es una espada la que hace a un Rey. Es su cabeza y corazón. Lo mismo sucede con la Reina. Lady Billa, al unir su mano con Lord Tom, debe de entender que para esta tierra, se convertirá en Reina. Con este título viene una responsabilidad sagrada – proteger, defender, valorar la vida de su gente más que la propia.

La barbilla de Bill se elevó mientras miraba a la multitud reunida para ser participes de la unión. No había persona en todo Trümfels que faltara. Sintió su pecho regocijarse de orgullo. Miró a Tom por un largo momento, su barbilla aún elevada y sus ojos brillando. Se giró a Kala. —Estoy consciente de las responsabilidades que están siendo puestas sobre mis hombros al convertirme en Señora de Trümfels. Lo aceptó como acepto a Lord Tom como mi esposo.

La mujer sonrió. —Entonces continuemos —les dijo que juntaran sus manos, y al hacerlo, ella las atacó con seda. Les pidió a los Dioses que bendijeran los anillos que intercambiarían. Tom le miró y ella penas y pudo contener la risa.

El muchacho parecía tan impaciente por hacer todo, para mostrarle a Bill cuando lo amaba y que nada los separara de nuevo. Con un asentimiento de cabeza, dejó que él tomará las riendas.

Tomando el anillo, Tom lo deslizó en el dedo de Bill, mirándolo amorosamente.

—Pido que los Dioses nos bendigan y nos otorguen felicidad por el resto de nuestras vidas juntos. Y voy a hacer lo que sea que tenga que hacer para que sepas cada día que te amo. Te amaré, te cuidaré y te protegeré por el resto de mis días.

Bill levantó su rostro al cielo para parpadear rápidamente y evitar que las lágrimas cayeran. Después de respirar profundamente, tomó el otro anillo y lo deslizó en el dedo calloso de Tom.

—Prometo honrarte y amarte con todo mi corazón por el resto de mis días. Prometo que no sólo  cuídate de ti si no de nuestro hijo también, lo mejor que pueda.

Tom miró impaciente a Kara. Ella los bendijo una vez más, colocando una mano sobre las de ellos y luego haciéndolo que caminaran por el círculo de poder dos veces. Luego le asintió a Tom, sabiendo lo que estaba casi muriendo por hacer desde que Billa dijo sus votos. Usando sus manos aún unidas, Tom jaló a Bill hacia él y lo besó con una mezcla ardiente de amor y posesividad que hizo que la cabeza de Bill girara.

Cuando se apartaron, Kara retiró el lazo que unía sus manos. Parándose frente a su gente, Tom sacó una de las zapatillas de tela de Bill. Y, con lo que sólo se podía describir como una sonrisa macabramente traviesa, golpeó a Bill en la cabeza con ella –para mostrar quien era el jefe en su relación.

Fueron separados en dos grupos –hombres y mujeres. Las mujeres se quedaron cerca del agua mientras el arco era levantado y llevado por los hombres a la parte frontal de su Residencia. Desenfundando su espada, Tom le bloqueó el camino a su nuevo esposo. Después de determinar que el Vestíbulo y su “nuevo” hogar estaban libres de malos espíritus de los que debía proteger a Bill, tomó la mano del hermafrodita y lo guió  dentro.

Los invitados comenzaron a entrar a la casa también. Era costumbre que la novia sirviera la primera ronda de cerveza, pero antes, había otra cosa que debía de suceder.

Habiendo mantenido su espada aún afuera, Tom se giró para encarar la puerta.

—¡Muéstranos de que estás hecho, Tom! —Georg gritó.

Todos los ojos estaban puestos en él mientras enterraba la espada profundamente en el poste de la puerta. Todos vitorearon y gritaron al ver que la espada fue enterrada casi hasta la empuñadura. Entre más profundamente enterrada fuera la espada, era más fértil el hombre.

 

El grupo comió y bailó hasta bien entrada la noche. Continuaron celebrando aún después de que Tom y Bill se hubieran retirado a sus habitaciones.

Sus bocas apenas y se habían dejado mientras su manos trataban de quitarle la ropa al otro lo más rápido posible.

Su ritmo variaba desde gruñidos frenéticos y mordidas hasta besos tiernos y caricias dulces, y de nuevo. Fue en un momento suave cuando Tom se detuvo.

—Billa —dijo muy bajito.

—¿Sí?

—¿Sabes que tienes dos entradas? Una femenina y una más… ¿masculina? —Bill asintió lentamente—. Me casé contigo porque te amo. Sé que no lo digo tan seguido como desearías escucharlo, pero lo hago. Y ya no me importa, como fue alguna vez, que tengas las mismas cosas que yo —para enfatizar, Tom tomó en su mano el miembro de Bill—. Deseo tomar ambos lugares esta noche, hacerte completamente mío.

Bill se estremeció de placer antes las imágenes llenando su mente de lo que vendría. —Oh, Tomi, sí.

Determinado a hacer la noche dedicada al placer de Billa, Tom lentamente deslizó el vestido hasta el sueño. Sus labios siguieron la tela por los hombros de Billa, por su pecho y hasta sus caderas. Tom levantó la mirada hacia Bill, quien seguía de pie, y lentamente deslizó hacia abajo los bóxer, permitiendo que el miembro endurecido del más joven se moviera libremente.

Tom inhalo y exhalo antes de llevar el órgano a su boca. Los ojos de Bill casi se salen de sus cuencas y posó sus manos sobre Tom para poder mantenerse de pie. El de rastas hizo una mueca, prefería el sabor un poco más femenino que Bill tenía para ofrecer, pero mientras fuera Bill, Tom lo tomaría.

Trató de imitar todo lo que disfrutaba que Bill hiciera y, aparentemente, el moreno lo disfrutaba también. La cabeza de Bill estaba echada hacia atrás y maullidos de placer escapaban de él. Decidiendo que ya era suficiente, Tom quito su boca y recostó a Bill en la cama. El de ratas enterró sus dedos en la entrada húmeda de Bill y tras notar que estaba más que listo, Tom besó fuertemente a Bill mientras penetraba la entrada usual.

Bill gimió fuertemente dentro del beso mientras se arqueaba bajo la atención de su esposo. Tom se movió lentamente dentro de él y las uñas, ya sin manicura desde hace tiempo, arañaron los músculos de la espalda. La boca de Tom parecía hambriento sobre el cuello de su esposo y su ritmo lentamente comenzó a incrementarse.

Los joven enredo sus piernas alrededor de la cintura de Tom manteniéndolo tan profundo como pudiera. Apretó sus músculos alrededor del pulsante miembro dentro de él, causando que Tom tomara aire ahogadamente.

La cabeza de Bill se movía de lado a lado mientras sus cuerpos sudorosos se mecían juntos. Tom bajó su mano y tomó el miembro de Bill, acariciándolo con fuerza mientras el cuerpo debajo de él comenzaba a temblar. Tom gimió, sintiendo como se corría sobre su miembro.

El de rastas siguió penetrándole, seguía bombeando a Bill hasta que lo escuchó gritar en éxtasis mientras liberaba su semen sobre el estomago de Tom, quien gimió aún más fuerte t comenzó a penetrarlo más duro mientras Bill le apretaba con los espasmos de su propio orgasmo.

Enterrándose rudamente en Bill, Tom se corrió fuertemente con el nombre de Billa en sus labios.

Tom cuidadosamente se dejó caer sobre Billa. Estaba temeroso de aplastar a la frágil criatura pero le aseguró que no lo hacia mientras su suaves manos acariciaban su rostro. Bill había dicho que disfrutaba el sentir el peso de Tom sobre de él, lo cual sólo hizo que el de rastas le besara.

Tom finalmente se movió hacia un lado y lo mantuvo cerca mientras sus manos acariciaban su perfecta figura. Bill era como barro en sus manos, y Tom estaba muy consciente de este hecho. Aunque no era muy diferente para él con Bill.

Se siguieron besando y tocando hasta que ambos estuvieron listos de nuevo para empezar. El de rastas tenía una mirada de inseguridad en sus ojos, así que Bill le dijo, paso a paso, que hacer. El muchacho de suaves cabellos negros rodó sobre si mismo y se posiciono sobre sus cuatro extremidades.

Con un asentimiento, Tom humedeció un dedo y lo deslizó por la entrada de Bill lentamente. El moreno se estremeció con la intrusión aunque le dijo a Tm que no se detuviera – nunca. El de rastas se rió y siguió moviendo su dedo dentro y fuera.

—Otro —Bill gimió.

Jadeó después de unos minutos. Tom agregó oro de sus dedos y pronto ya eran tres. Los siguió moviendo, mirando el rostro de Bill todo el tiempo. Finalmente, los ojos oscurecidos d placer le miraron. —Si no me jodes ahora, te mato.

Tom se levantó y giró la cabeza de Bill para besarlo fuertemente antes de escupirse en la mano para lubricarse. Se posicionó y lentamente se deslizó dentro. Su quijada se abrió y prácticamente vio estrellas de lo apretado que ese agujero era.

—Dioses, Billa —gimió.

No había nada que los mantuviera callados, pero en especial a Bill. Tom estaba haciendo todo lo que podía por no correrse pero ese delicioso calor que le rodeaba y los gemidos de su amante lo habían llevado casi al final.

Los gemidos se volvieron gritos y Tom accidentalmente rozó la próstata. —Justo ahí, Tomi. ¡Ngh! Tom hubiera sonreído superior ante el hecho de que Bill apenas y podía decir algo coherente, pero a decir verdad él no estaba para nada lejos de ahí. Sólo pudo sujetar las delgadas caderas de Bill y golpear repetidamente el punto que su nuevo esposo le rogaba que abusara.

Los gritos de Bill comenzaron a subir aún más de volumen conforme se acercaba a su clímax. Con una embestida particularmente dura del de rastas, el cuerpo de Bill se sacudió y gritó el nombre de Tom, corriéndose sobre las sábanas.

La visión de Tom se puso negra al sentí como Bill se apretaba alrededor de miembro y no pasó mucho antes de que su propia semilla comenzará a salir.

Bill colapsó sobre la cama totalmente sin fuerzas, y a Tom le tomó todo lo que le quedaba de energía para no dejarse caer sobre de él.

Se quedaron recostados en un silencio post orgásmico mientras los brazos de Tom rodeaban la figura sudorosa de Bill, atrayéndolo hacia su cuerpo. Bill dejó salir un suspiro contento cuando Tom enterró su nariz en entre sus cabellos negros.

Tom sonrió ante los suaves sonidos dejándose llevar por el sueño.

—No puedo recordar el haber sonreído tanto en mi vida como lo he hecho hoy —Tom dijo suavemente entre los cabellos de Bill al tiempo que el moreno se quedaba dormido con una sonrisa curveando sus labios.

Su tranquilidad fue destruida en cuestión de horas. Cloelia tocó rápidamente antes de abrir la puerta.

—¡Lord Tom! ¡Lady Billa! ¡Hannah está pariendo al bebé!

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Notas finales:
Alguien me informó que no terminé de subir la historia. ¡Una enorme disculpa!
Capítulo Veintiocho por Devi

CAPITULO VEINTIOCHO

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Berlín Moderno: Tres Años Después de que Bill y Tom Unieron sus Manos

 

Constanzia encendió su pequeño televisor para mirar las noticias matutinas antes de irse a trabajar.

—La policía ha cerrado el caso de la persona desaparecida bajo el nombre de Bill Kaulitz. Tres años atrás, el internacionalmente reconocido diseñador de modas desapareció después de haber sido localizado, tras ser secuestrado,  con un caso de plumbismo —el reportero estaba diciendo.

—Oficiales han determinado que fue secuestrado de nuevo, pero esta vez, no pudo sobrevivir.

La vieja señora del aseo apagó la televisión con una sonrisa. Bill le había dicho todo lo que sucedió.

—¿Lo estaba inventando? No creía que lo hiciera. Y por lo que había escuchado sobre Tom, y no era poco, era claro que Bill quería regresar. Extrañaría a su joven amigo, pero al final, ese era su camino.

—Adiós, Malijaba, mi pequeña rana, adiós.

 

Germania año 1100 – Siete años Después de que Bill y Tom Unieran Manos

 

Billa permaneció fiel al voto que hiciera muchos años atrás. Había ocasiones en que observaría Wolfram jugar y pensaría en el día en que el pequeño nació.

—Lord Tom! ¡Lady Billa! ¡Hannah esta pariendo al bebé!

Los recién casado salieron de la cama antes de que otra palabra fuera dicha y corrieron por el pasillo hacia donde Hannah estaba retorciéndose de dolor.

Georg había ido a encontrar una rama, dejando su lado abandonado. Bill inmediatamente tomó su lugar mientras Tom se quedaba fuera de la habitación. El castaño regresó con el pedazo de madera y lo colocó justo al lado de la moza del bar para las contracciones siguientes. Georg rápidamente salió y tomó su lugar junto a Tom.

Era un momento muy estresante para los hombres. No podían hacer más que esperar afuera, sabiendo que había la posibilidad de que la mujer o el niño murieran.

Hannah, como sea, estaba relajada en su cama. Las contracciones no eran muy seguidas aún, dándole tiempo de platicar con Bill.

—Hey —susurró, habiendo adoptado la palabra rara de Bill hace tiempo.

Bill le acarició el rostro. —Gracias, por dejarme estar aquí para esto.

—Gracias a ti por no odiarme –fue su única respuesta.

La moza del bar sólo hablaba en susurros, tomaba demasiada energía de ella, y el vivir en una época donde no había tecnologías modernas en caso de que algo fuera mal, Hannah trataba de conservar toda la energía lo mejor que podía. Sabía cuan largo era el proceso de dar a luz y si iba a vivirlo por las siguientes treinta y seis horas de nuevo, tenía que salvar todo desde ahora hasta el final.

Afortunadamente para todos los que estaban ahí, usualmente era el primer parto el que duraba tanto. Sólo fueron unas cuantas horas esta vez antes de que las contracciones se repitieran seguido. La rama fue colocada en su boca para que la mordiera.

Hannah se estaba preparando para el último pujamiento cuando sus ojos se abrieron. —¡No puedo tenerlo aún!

Kara, quien se había unido a la ocasión, le miró. —No puedes decidir, Hannah. El niño nace ahora.

—¡No! ¡Denme una espada!

Bill se sentó en shock ante la petición de su amiga. Kara sonrió ampliamente, antes de mencionarle a Cloelia que abriera la puerta.

—Tom —la mujer de las runas le llamó—. Dame tu espada. ¡Apresúrate! ¡No podemos esperar!

Tom corrió tan rápido como pudo por su espada, y luego de regreso. Se la dio a la mujer y miró como la puerta se cerraba lentamente en su cara.

Se le fue entregada a Hannah quien la puso sobre su estomago, aún enfundada. La mujer reunió toda su fuerza y pujo con todo lo que tenía.

Maldijo y gritó conforme la cabeza del bebé la estiraba para poder dejar su vientre. Después de que la cabeza saliera, el resto del cuerpo salió disparado.

—¿Quién deberá cortar la línea? —Kara preguntó respecto al cordón umbilical.

Los ojos se giraron hacia Bill, quien sólo estaba ahí sentado, llorando. Cloelia abrió la puerta e hizo la misma pregunta. Tom se ofreció voluntario y con la espada que estaba aún sobre el estomago de Hannah, separó a las dos personas.

Limpiando los orificios, Kara envolvió al bebé en una manta que ella misma había hecho específicamente para él. Había sabido que sería niño, igual que Hannah. La manta estaba agraciada con versos de protección, tanto para darle fuerza, coraje y sabiduría.

Bill había tenido un difícil momento sosteniendo al bebé, recordando demasiado bien cuando perdió al suyo. Pero cuando le miró, vio un bebe perfectamente formado, aunque un poco arrugado, quien seguro luciría igual que su padre.

Fue muy duro para él el sostener al pequeño niño y recordar cómo le había fallado al suyo.

Tom se acercó al lado de Bill sosteniendo su pequeña familia. Besó la rente del muchacho de cabellos negros, luego sus labios antes de acariciar el cabello de su hijo.

—¿Cómo deberíamos nombrarlo? —Tom murmuró.

—¿Wolfram? —Bill preguntó.

—Lobo-cuervo. Un hombre fuerte y bueno.

—Y nombrado tras tu padre —Bill le comentó sonriendo.

—Sí, eso también.

 

Hannah estaba un poco verde mientras observaba a los dos con su bebé. Era SU hijo, de ella, no de Bill. Trataba de recordarse eso a si misma muy seguido. Se volvió más fácil cuando Georg se sentó junto a ella y le habló; definitivamente una distracción muy placentera.

 

Bill se había enterado de los celos de la mujer. No era algo que ella pudiera evitar, y no le tuvo rencor. Eventualmente, ella logró poner eso en el pasado y se dedicó a ser la mejor tía que pudiera ser para el niño.

Pero aún así, no todo eran Skittles y arcoíris.

Tom se descubría estando en guardia cada vez más, u no tenía ni idea de por qué. Eso fue hasta que vio a Bill hablando con un amigo.

Durante algún tiempo, la “reina” de cabellos negros como la noche había comenzado a hablar más y más con uno de los hombres de Tom.

En la mente de Bill, era estrictamente inocente. Había conocido a Cedric mientras cabalgaba y su caballo se había asustado. El joven de cabellos rubios como el sol le había ayudado a calmar al caballo y desde entonces se habían vuelto amigos.

Pero Tom veía todo lo que Bill no – las miradas, los pequeños roces, y otras cosas parecidas. Sabía que su cama era la única que Bill calentaba. Nunca cuestionó eso, pero cuestionaba los motivos de Cedric.

 

Las sospechas de Tom no se confirmaron hasta que una noche se encontraba fuera haciéndole una nueva espada a Wolfram. En su cumpleaños número siete el niño comenzaría sus lecciones de pelea, y Tom quería que tuviera una nueva espada para practicar.

Bill había abandonado la Ahora completa residencia de piedra para preguntarle a su esposo si podía contarle la historia de Sigurd una vez más a su hijo cuando fue desviado de su curso.

—Oh, hey Cedric. ¿Qué estás haciendo aquí afuera? —Bill le preguntó a su amigo.

Su llamado “amigo” le respondió con un beso borracho.

—Ced, detente. Estoy casada, primero. Y segundo, sólo somos a mi- —fue interrumpido por besos aún más desesperados, y el otro hombre se atrevió a ir más lejos, rompiendo el vestido de Bill, aunque no completamente. Su secreto estaba a salvo, por ahora.

—¡Tom! —Bill gritó, tratando de mantener su boca lejos de la de Cedric así como tratar de mantenerse cubierto—. ¡TOM!

El gobernante de rastas había estado sentado en el establo mientras trabajaba, uniéndose aún más con su caballo. Escucho los gritos de su amado y se apresuró a llegar con su espada ya desenvainada. Escuchó a Cedric quitar a Billa de su camino pero tras haber escuchar al de cabellos negros intentar detenerlo, simplemente estaba muy enojado.

La mano de Tom sujeto el cuello del hombre quien ya tenía los pantalones abajo. Bill claramente estaba asustado e intentando no llorar.

Aún era verano, así que el sol estaba muy alto en el cielo, a pesar de lo tarde que era. L mayoría de la gente se había retirado por la tarde, y esa fue la razón por la que el borracho de Cedric sintió que podía tomar a Billa de esa manera.

Con un fuerte grito de Tom, Georg rápidamente llegó a su lado.

—Toma a Billa y ponle algo de ropa. Tráeme el tornillo.

Los ojos de Georg se agrandaron mientras miraba al hombre a los pies de Tom. —Uh, sí.

El castaño se quitó la camisa y cubrió a Bill con ella, dado que el vestido había sido destruido. Gentilmente lo guió dentro de la residencia hacia su esposa, Hannah quien de nuevo estaba embarazada; luego, tomo el aplasta pulgares de Tom.

Afuera, Tom había llamado la atención de todos mientras desnudaba al hombre frente a ellos. Georg salió y le dio el aparato.

—Este hombre, uno de los míos, trató de violar a mi esposa. Lo voy a decir una vez, y sólo una. Si alguien piensa que puede tocarla, el mismo destino será suyo.

Y con eso, se agachó junto al hombre que rápidamente regresaba a la sobriedad. —Vi la manera en mirabas a mi Billa. Vi todo. Me tomé mi tiempo porque tenía que. Ahora, desearás nunca haberla visto —Tom siseó mientras colocaba el aparato alrededor de la hombría de Cedric.

El punto de un aplasta pulgares era tener un pulgar (o dedo o incluso un dedo del pie) colocado en él. Al girar los tornillos se causaba que los huesos se rompieran. Las barras de hierro con espinas sólo le agregaban dolor insufrible.

Con el rostro carente de cualquier emoción, Tom hizo del hombre un ejemplo para su gente. No era un líder malo, como lo decía varias veces, pero tampoco era una fuerza que se debía de retar.

Los gritos de Cedric retumbaron por millas al parecer. Tom siguió ajustando los tornillos hasta que ya no pudo. El rubio ya se había desmayado en ese punto por el intenso dolor.

Con un golpe de agua fría Tom le despertó.

—Eso fue por tratar de violar a mi esposa. Esto es por traicionarme a mí. Sobre tu pecho. —Tom le comandó y el hombre rodó, gritando cuando su pene aún atrapado toco el piso.

Tom desenfundo su espada, y de nuevo con el rostro de piedra, abrió la espalda de Cedric a lo largo de la espina dorsal. Los gritos del hombre sólo se hicieron más fuertes mientras Tom metía las manos dentro de su cuerpo y hacia el frente donde separó cada costilla, una a una.

El de rastas giró los huesos hasta que todos estuvieron al revés, dándole a la espalda de Cedric la forma de alas de águila bastante ensangrentadas.

Cedric había quedado inconsciente, de nuevo, por el dolor pero eso no detuvo a Tom. Con jalones fieros, arrancó los pulmones del hombre.

Levantándose sobre sus pies, Tom levantó los órganos en el aire, la sangre corriendo por sus brazos.

—Si alguien me reta a mi o a los míos, TENDRAN el mismo destino. Escuchen bien mis palabras.

Tom caminó hacia el agua para limpiarse y Georg le llamó.

—¿Qué hago con su cuerpo?

—Alimenta a los cuervos.

 

Después de esa exhibición, Tom nunca fue retado de nuevo. Bill se había comenzado a tenerle miedo por un tiempo, y estaba molesto porque aunque casi lo había violado, Cedric había sido su amigo.

Pero Bill logró sobreponerse.

 

El cumpleaños de Wolfram fue algo especial.

Había recibido una espada de madera de su padre y su entrenamiento había comenzado ese día. Recibiría su espada de hierro cuando cumpliera quince, y era en ese entonces cuando comenzaría a participar en las batallas.

El niño de siete años había estado ansioso no sólo de recibir un regalo de su padre, pero también porque Tom lo entrenaría el mismo.

Después de que Wolfram naciera, y hasta su quinto año, Tom virtualmente lo había ignorado. No había nacido de Bill, así que cuando la emoción inicial se hubiera desvanecido, Tom no quería nada que ver con él.

Pero Bill, sin embargo, trataba al niño como lo que era – no sólo un humano, pero también su hijo, por sangre o no.

La “madre” de cabellos negros había tomado su té de la mañana siguiente cada mañana, sólo para estar seguro, y había arruinado completamente su sistema reproductivo. Ya no tenía que preocuparse dado que ya era verdaderamente estéril.

Cuando Kara le dijo eso, había desarrollado un amor más profundo por Wolfram dado que ese niño era el único que tendría. Lo había sabido antes, pero ahora era oficial en su mente.

Eventualmente, Tom había convencido a Tom de sus puntos de vista, y el de rastas comenzó a pasar tiempo con su hijo. Le contó montones de mitos, y también historias verdaderas de Wolfgar quien hace mucho había navegado hacia lo que se conocía, en la época de Bill, como Canadá.

 

~ ~ ~

 

Una década paso, y Bill y Tom estaban parados uno junto al otro, sus brazos alrededor del otro, mientras miraban a su único hijo navegar lejos de ellos. Wolfram ya había salido en aventuras Vikingas antes (como todos los muchachos lo hacía cuando alcanzaban los quince), pero ahora iría a ver la tierra que su abuelo le había dejado.

Era una despedida muy sentimental, especialmente para Bill, pero sabían que regresaría. Tom le había enseñado todo lo que sabía, y Wolfram se había vuelto un guerrero honorable a pesar de su juventud.

Todos en Trümfels se quedaron parados junto al agua para ver al hijo de su señor,  quien había crecido tan amado por todos, partir. Uno a uno, los aldeanos se retiraron hasta que sólo Tom, Bill y sus amigos quedaron. No se movieron hasta que el gran navío hubo desaparecido de su vista.

Gustav, con su brazo alrededor de su esposa Cloelia, se giraron rumbo a la fortaleza, seguidos pronto por Hannah y Georg, con Bill y Tom cerrando la comitiva.

Bill se detuvo en las escaleras que guiaban a la estructura de piedra con el arco de madera de su boda aún en su lugar.

—¿Tom?

—¿Sí, mi amor? —el de rastas preguntó mientras abrazaba a su Bill de ahora cuarenta y tantos años.

—Wolfram va estar bien allá afuera ¿verdad?

Tom le sujeto la barbilla y lo beso suavemente.

—Va a estar bien.

—Bien.

—Y el va a regresar a casa después de haberse encontrado una hermosa esposa para darnos nietos.

Los ojos de Bill se iluminaron y abrazó fuertemente a su esposo. —Bien. Quiero nietos.

—Yo sólo te quiero a ti —Bill sonrió mientras mordía la oreja de Bill. Después de todos esos años juntos, y muchos otros más en su futuro, Tom aún era tan vivaracho como cuando él y Bill estuvieron juntos por primera vez.

Después de ese inicio tan terriblemente duro, el par se dio cuenta que la vida sólo los estaba probando. Lograron vencer esas pruebas y sólo habían sido acercados más. El suyo era un amor que literalmente había sobrevivido al tiempo.

 

Mientras tanto, wólfram navegaba su propio camino y no podía evitar el pensar en su hermano – el que sería su hermano mayor si hubiera sobrevivido. Wolfram generalmente se refería a él en su propia mente como Einridi. Billa aun le hablaba de él y algunas veces pensaba que podía sentir la presencia de su hermano mientras navegaba por mares abiertos. Definitivamente, amaría la oportunidad de ir como Vikingos con él.

Y el otro pensamiento se quedaba con él eran sus padres y solía rogar a los Dioses que pudiera encontrar a ese alguien que significara mucho como Billa significaba para Tom.

EL FIN

Notas finales:
Y con esto nos decimos adiós. Muchas gracias por la paciencia y los comentarios. Lamento no haberla terminado a tiempo, pero ya está lista ;)
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