"The orchids of the silence" por Mizuki Nagano
Resumen:

 

"Se que hay algo más detrás de lo que todos creen. Angeles y Demonios... sus intenciones nunca han sido mas claras. Sus leyes prohiben que los mortales sepamos de su verdadera existencia. Sin embargo, cuando uno de ellos decide romperlas, puede desatarse la guerra entre el Cielo y el Infierno, y el inicio de el Apocalipsis... ¿Será el amor lo suficientemente fuerte para evitar la batalla final y para que dos seres puedan encontrar el propósito de seguir viviendo?"

 


Categorías: Originales, Espiritual, Fantastica, Religiosa Personajes: Ninguno
Géneros: Drama
Advertencias: Otras
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 14 Completo:Palabras: 36404 Lecturas: 7480 Publicado: 24/01/12 Actualizado: 12/05/12

1. El exilio. por Mizuki Nagano

2. Encuentro con el destino. por Mizuki Nagano

3. Recordando el pasado. por Mizuki Nagano

4. Compensaciones. por Mizuki Nagano

5. Persecución. por Mizuki Nagano

6. Identidad revelada. por Mizuki Nagano

7. Reviviendo el pasado. por Mizuki Nagano

8. Realidad. por Mizuki Nagano

9. Calma antes de la tormenta. por Mizuki Nagano

10. El comienzo. por Mizuki Nagano

11. Engaño. por Mizuki Nagano

12. El ejército celestial por Mizuki Nagano

13. La batalla final. por Mizuki Nagano

14. Verdad por Mizuki Nagano

El exilio. por Mizuki Nagano
Notas del autor:
Es la primera vez que escribo algo así. Solo espero que sea de su agrado y que la historia pueda entenderse bien...
Sin duda era uno de los amaneceres más hermosos que se haya visto. Una mañana agradable con una cálida brisa que tocaba suavemente su piel morena, haciendo que ésta se erizara y se estremeciera ante el placentero contacto. El agua del pequeño río que bañaba sus pies, ayudaba a sentir con mayor intensidad el acúmulo de emociones que empezaban a crecer en su cuerpo. Con delicadeza, tomó agua entre sus manos y se refresco los hombros lentamente, bajándolas hasta su vientre, sintiendo venir el exquisito escalofrío que recorría su ser.

 

- Gabriel - llamó uno de los tres hombres que se habían acercado al lugar -. Ya es hora.

 

Caminaron por los Campos del Edén, dirigiéndose hacia la entrada de un gran templo de mármol color blanco. En su interior, se encontraban reunidos los setenta y dos Ángeles de la Kábala:

 

- ¡Silencio! - ordenó Haaiah. Un hombre alto, de mediana edad y aspecto cansado -. Tenemos un asunto muy grave que discutir.

 

Todo el templo se silenció ante la orden de Haaiah. Estaba claro que, para que Haaiah estuviera así de alterado, la situación debe ser muy grave y de extrema urgencia, si fueron convocados todos los ángeles y arcángeles del Paraíso.

 

- Todos recordarán lo sucedido hace poco más de dos siglos - dijo Haaiah -. El supuesto destierro que sufrió uno de los más poderosos demonios del infierno era de conocimiento de todos, o eso creíamos. Hace poco nos enteramos de que su destierro si se llevó a cabo, pero no precisamente hacia el lugar que nosotros suponíamos, si no que fue exiliado hacia la Tierra de los mortales.

 

Los murmullos se hicieron presentes en todo el templo. ¿Cómo era posible que un demonio caminara entre los hombres? ¿No se suponía que había sido cuidadosamente supervisado el exilio por ángeles y demás demonios, todo esto por mutuo acuerdo? Y si esto no era así:¿Significaba que había un traidor?

 

- ¡Eso no es posible! - dijo uno - ¡Es imposible que ponga un pie en la Tierra, y menos sin pasar por nosotros!

 

- ¡Eso losé! - gritó Haaiah - Lamento mucho lo que diré a continuación, pero no llegó por si solo a la Tierra - murmullos nuevamente -. Alguien tuvo que haberle ayudado y por desgracia, está entre nosotros - los ecos de asombro se hicieron notar de inmediato. Había un traidor entre ellos. Haaiah suspiró antes de proseguir -. ¡Manakel! - el susodicho quedó perplejo. Sabía que su castigo sería grande. Aquellos que traicionaban a Dios y a la Orden, eran castigados con el exilio al infierno. En pocas palabras, se convertiría en un demonio -. Tú le abriste la puerta al demonio ¡Tú nos has traicionado!

 

Las miradas de los presentes se centraron en Manakel. No era posible que alguien con conocimientos del bien y del mal, haya podido hacer tal atrocidad y más sabiendo las consecuencias que podrían producir, pero las pruebas estaban y lo señalaban a él. La sonrisa que empezó a formarse en los labios de Manakel no hacía más que confirmar su culpabilidad, ante el asombro de los presentes.

 

- Es verdad - dijo Manakel en tono sereno -. Yo ayudé a que llegara a la Tierra y lo hice por una buena razón. Sabiendo cada uno de ustedes, los pecados que ha cometido la humanidad, son capaces de perdonarlos cuando ellos así lo piden. Sin embargo, sabemos que su arrepentimiento no es verdadero, y seguimos con la esperanza de que algún día podremos ver como se unifica la humanidad, llegando así a la era de paz que tanto anhelamos para ellos... ¡No me parece justo que se les otorgue el perdón solamente a ellos! Mientras que las demás criaturas tienen su destino marcado en el momento que cometen un crimen y rompen las leyes impuestas por nosotros - todos los presentes hablaban entre ellos ante las palabras dichas por Manakel -. Merecen un castigo y que su destino sea igual para todos. Después de todo, hasta ellos saben diferenciar lo que es bueno o malo, por lo que no deberían estar exentos de nuestras leyes.

 

- ¿Debemos suponer que tu alianza con los demonios es para impartir justicia? - dijo Haaiah.

 

- ¿Justicia? Eso no... - Su rostro sombrío hacia ver sus claras intenciones - ¡Quiero ver a la humanidad sucumbir! Sólo al final se darán cuenta de sus errores. Ya que nosotros no podemos intervenir en el proceso de "purificación terrenal", no me quedó otra más que aceptar la tentadora oferta de los demonios - mientras una maliciosa sonrisa se dibujaba en su rostro -. ¡Una era de paz y armonía! no solo terrenal, sino que también divina. Y solo a cambio de unas cuantas almas humanas - su risa se escuchó en todos los rincones del templo.

 

- ¡Estás demente! - gritó uno.

- ¡Haz perdido el buen camino! - dijo otro, mientras que un manto de confusión e incertidumbre se hacía presente.

 

- ¡Suficiente! - gritó Haaiah - ¡Manakel! Esto lo sabrán nuestros superiores. Serán ellos los que te otorgarán el castigo y no esperes que sean benévolos. Mientras tanto, se enviarán a la Tierra a cuatro arcángeles para que encuentren al demonio. Solo ellos podrán hacerle frente y luego lo traerán ante nosotros.

 

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Un chico alto, entre unos 17 a 18 años de edad, caminaba por las calles de Osaka. Las miradas de hombres y mujeres se posaban sobre él. Tenía un atractivo natural único. Un cuerpo bien formado, una tez blanca, cabello negro azabache, labios finos y unos ojos oscuros de mirada penetrante. Algunos dirían que irradiaba arrogancia pura, mientras que otros solo veían la belleza misma.

 

- ¡JC! - dijo una chica de tez tostada, cabello castaño oscuro y ojos violeta, algo más baja que el chico -. Ya era hora que llegaras. ¡Siempre llegas tarde!

 

- No te alteres tanto Kiara. Relájate un poco. Por lo menos alégrate de que llegué - mientras recibía una mirada de fastidio por parte de la chica.

 

- No tiene caso discutir contigo. Después de todo siempre llegarás tarde - lo regañaba cerrando los ojos y dando media vuelta para dirigirse hacia el estacionamiento -. Será mejor que hayas cumplido las órdenes de Richard y tengas la información que te solicitó, sino nos cortará la cabeza a los cuatro -. Se subió al vehículo y encendió el motor. En las afueras de la ciudad se encontrarían con los miembros faltantes del grupo.

 

- Creo que no preguntaré porque llegaron tarde - dijo Bryan. Un chico de cabello negro con mechones blancos que caían hacia su rostro, ojos celestes y tez blanca -. El que si estará cabreado será Richard.

 

- Vámonos ya. Tenemos mucho que hacer y poco tiempo para ello - habló Jaden. De cabello anaranjado, ojos color miel y piel algo mas morena -. Arranca ya Kiara.

 

- ¡Eso haré, tonto! - cabreada por la situación. Mientras los demás solo se reían antes los reproches de la chica.

 

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- Espero que estén preparados para lo que enfrentarán en la Tierra - dijo Haaiah a los cuatro arcángeles. Estos asintieron de inmediato -. Los humanos no deben darse cuenta de su identidad. Su prioridad es buscar al demonio y traerlo lo más rápido posible. No podemos desperdiciar el tiempo.

 

- Lo peor que nos podría pasar es que se desate una guerra entre el Cielo y el Infierno - dijo Lauviah. Hermosa mujer de cabellera rubia plateada y ojos color turquesa -. Tenemos que evitar que esto pase. El destino de la humanidad y la de nosotros depende de ustedes.

 

Los cuatro arcángeles dieron media vuelta y se dirigieron hacia la salida del templo. La cabecilla del grupo era el Arcángel Miguel. Muy atractivo, de ojos rojizos y cabellera castaño oscuro, tez pálida, regente del elemento fuego y jefe del ejército celestial. Le seguía la Arcángel Gabriel. Hermosa mujer de cabello color chocolate, piel morena y ojos azules, regente del elemento agua y mensajera celestial. Luego venía el Arcángel Rafael. Tenía cabellera plateada y ojos grises, con una tez muy pálida, regente del elemento aire, protector de la salud y del noviazgo. Por último se encontraba el Arcángel Uriel. De piel blanca, cabellera rojiza y ojos verdes, regente del elemento tierra y acerca el conocimiento de Dios hacia el hombre.

 

- Gabriel - llamó Miguel a la chica -. Tengo entendido que tú no estuviste presente cuando ocurrió el exilio.

 

- Así es - bajando la mirada y un leve sonrojo aparecía en sus mejillas -. No estoy muy enterada de lo sucedido.

 

- La historia es algo larga - dijo Rafael sonriendo.

 

- Creo que tengo tiempo de oírla. Además, me informaría más de la situación - dijo algo apenada, para luego levantar la mirada y dirigirse hacia sus compañeros -. A propósito de eso. Tengo una pregunta que me inquieta.

 

- Dinos - contestaron los tres restantes al mismo tiempo.

 

- ¿Qué demonio fue el exiliado? - preguntó Gabriel. Ante esta pregunta, los demás bajaron las miradas. En sus rostros se podía apreciar la seriedad y la creciente preocupación que se reflejaba en sus ojos. Mientras caminaban por los Campos del Edén, fue Miguel quien respondió.

 

- Él pertenecía a la Orden de la Virtudes y de los Arcángeles. Fue uno de los primeros en revelarse y fue creado después de Lucifer. Es uno de los demonios más poderosos que existen y, sin duda alguna... la criatura más bella que se haya visto - esto lo dijo cerrando los ojos y recordando la primera vez que lo vio. Siempre se preguntó como era posible que existiera alguien así en el Infierno. Recordó como se sintió en aquel momento. La extraña sensación que creció en su pecho y el terror del cual fue presa, al ver como se desmoronaba su fortaleza ante aquella criatura -. No se deben dejar engañar por su apariencia. Recuerden lo que les he contado. Aún así, se nos hará difícil el poder encontrarlo.

 

- No creo que sea difícil encontrarlo - dijo Gabriel.

 

- ¿Acaso crees que él está en su forma demoniaca? - dijo Uriel, algo molesto por la ingenuidad de la chica -. Él se encuentra en una forma humana ahora, por lo que no podremos sentir su presencia. Lo peor de todo es que no recuerda que es un demonio, lo que dificulta nuestra búsqueda.

 

- ¿Perdió la memoria? ¿Cómo sucedió? -preguntó Rafael.

 

- Se le borró la memoria por precaución. Imagina si este estuviera con la memoria intacta. El Apocalipsis ya se hubiera vivido y de seguro muchos ya no estarían aquí - respondió Uriel -. De seguro hubiera destruido parte del Paraíso e incluso el Infierno. Después de todo, hasta los mismos demonios estuvieron de acuerdo con su exilio.

 

- Vaya... de eso no estaba enterado - dijo Rafael.

 

- ¿Y cómo se llama? - preguntó Gabriel. Todos callaron ante la pregunta. Fue nuevamente Miguel quien respondió, tras cerrar sus ojos y dar un suspiro.

 

- Fue el Rey de los Infiernos - todos prestaron atención ante las palabras de Miguel -.La Bestia... Beliar.

 

La marcha hacia la Tierra de los mortales seguía. Todos en silencio. La tristeza que se podía observar en los ojos de Miguel era evidente. Un manto sombrío cubrió a los cuatro Arcángeles en su marcha por los Campos Santos. Desesperanza, dolor, preocupación, confusión y tristeza, eran las emociones que estaban naciendo en Miguel ante la posible batalla que se avecinaba, y más ante el encuentro con su amado Beliar.

Notas finales:
Espero que les haya gustado la pequeña introducción a la historia. A ver si logro actualizar lo más rapido posible para que se logre entender el curso de la misma...
Encuentro con el destino. por Mizuki Nagano
La noche ya había caído sobre la ciudad de Osaka. A lo lejos, la alarma activada de un banco era lo único que se podía escuchar, mientras que las sirenas de las patrullas se oían desde la dirección contraria. Si la supuesta seguridad del banco Royal Osaka era de fama mundial y una de las mejores, ahora el robo hecho por el Escuadrón Alfa lo dejaba con una reputación más que devastada. El corte repentino de la alarma y el inquietante silencio que reino posteriormente, solo eran el preludio de los sucesos que empezarían a ocurrir. Mientras las patrullas y las fuerzas policiales se colocaban en posición para arrestar a los antisociales, estos solo tenían unos cuantos minutos para que la verdadera función comenzara. El sonido de las explosiones cercanas al banco, se escucharon a kilómetros del lugar. Los detonadores estratégicamente puestos solo provocaban confusión entre las fuerzas policiales. Los ciudadanos aterrados por las explosiones corrieron hacia la calle para poder escapar de estas, mientras veían como algunas de las construcciones se desmoronaban frente a sus ojos. Todo había salido de acuerdo al plan. Las continuas explosiones distraían a la policía, mientras ellos aprovechaban la oportunidad de escapar.

 

- Fue más sencillo de lo que esperaba - dijo Kiara mientras se cambiaba de ropa en la parte posterior del auto.

 

- ¿Podrías esperar Kiara hasta que lleguemos a la Fraternidad? Ahí te cambias de ropa y nos evitas los traumas por ver melones tan "grandes" - dijo Jaden, provocando la risa de los otros dos chicos y el enojo de la chica por el semejante comentario.

 

- Mejor mantén tú vista en el camino y no en los melones de Kiara - reprochó JC al ver como el susodicho mantenía la vista fija en Kiara y no en el camino, después de todo era él quien estaba conduciendo -. Si no llegamos a tiempo se enojarán con nosotros como la última vez.

 

- Si no mal recuerdo eso fue por tu culpa, JC - dijo Bryan mientras se reían los cuatro dentro del vehículo.

 

- No nos recuerdes eso. Prometo llegar a tiempo desde ahora - mientras los demás solo sonreían, negaban con la cabeza y rodaban los ojos como si no lo hubieran escuchado antes.

 

A pesar de que el camino hacia la organización quedaba cerca, a no más de hora y media, el camino se hacía agotador y algo tedioso. Jaden era el que conducía, en el asiento del copiloto se encontraba Bryan, en los asientos posteriores se encontraban Kiara a la izquierda y JC a la derecha, este último mirando hacia afuera por la ventana. Cuatro destellos en medio de la noche llamaron su atención, lo que provocó la reincorporación de éste mientras observaba aquellas luces descender a la Tierra.

 

- ¿Pasa algo? - llamó Kiara al ver como el líder del escuadrón veía atentamente hacia afuera.

 

- No... Creí ver algo, pero... Probablemente fue mi imaginación, producto del cansancio - dijo JC mientras Kiara solo asentía.

 

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- Que hermosa noche - decía Gabriel mientras dirigía su mirada hacia los cielos observando los brillantes destellos que débilmente alumbraban en la penumbra.

 

- No tenemos tiempo para admirar la noche, Gabriel - dijo Miguel, que también había observado la maravillosa noche, pero que ahora se disponía a continuar el camino hacia la ciudad -. Tenemos trabajo que hacer y un demonio que encontrar, pero primero debemos cambiar nuestros atuendos y esconder todo aquello que despierte sospechas entre los hombres.

 

Cada uno de los Arcángeles vestía con ropas blancas, simbolismo de la pureza de su corazón y de su categoría divina. Cambiar sus atuendos por las ropas mortales sería sencillo, así pasarían desapercibidos entre los hombres y podrían cumplir con su cometido.

 

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El pueblo de Tadaoka quedaba camino a la Fraternidad. Los cuatro chicos habían decidió pasar a la discoteca a divertirse. Un regaño mas por parte de Richard por llegar tarde no les afectaría mucho.

 

La discoteca se encontraba totalmente poblada de gente. Las luces y el sonido de la música invitaban a salir a la pista de baile. La música solo provocaba un erotismo único. La sensualidad de cada movimiento se podía ver en cada uno de los cuerpos de aquellas personas. Los que estaban sentados en el bar, bebiendo licor u otra bebida, solo observaban aquella escena. Sus miradas se posaban en los sensuales movimientos de la gente. Incluso cada roce lo consideraban placentero, lo que despertaba en ellos la misma necesidad de querer unirse al grupo de baile, para poder compartir la exquisita sensación.

 

- ¡Vaya!... Este lugar es fantástico - dijo Kiara mientras se dirigía a la pista de baile, arrastrando consigo a Jaden. Los otros dos solo veían divertidos los reproches y pataletas de Jaden. Al final de cuentas, era obvio que Jaden terminaría cediendo y que acabaría bailando con ella.

 

Mientras que Kiara y Jaden bailaban, los otros dos se dirigieron al bar. Tomarían unas bebidas sin licor, ya que no querían que esto los delatara delante de Richard, por lo que también tendrían que inventar una buena historia que explicara el porqué tardaron tanto. Estaban en lo mejor bebiendo y viendo como Jaden seguía batallando con Kiara, ya que él no quería bailar, cuando el móvil de JC empezó a sonar. Su nerviosismo se hizo evidente al ver quien era el que estaba llamando. Si tendría que inventar una excusa de su tardanza, tendría que hacerla ya. Rápidamente se levantó de la silla, disculpándose con Bryan por tener que dejarlo solo un momento, y se dirigió hacia las afueras del local. El móvil seguía sonando, mientras el solo veía la pantalla de este e intentaba aclarar las ideas para decirle una buena historia. Tan concentrado estaba en este hecho, que bajando las escaleras para salir al exterior en donde no se escuchaba la música, no logró poner bien un pie en el peldaño, lo que provocó la caída de éste. La preocupación lo asaltó de golpe cuando vio que alguien subía por las escaleras y que de seguro lo arrastraría con él en la precipitosa caída. A JC no le había dolido en absoluto, pero no se podía decir lo mismo del chico que estaba bajo el. Lentamente levantó la cabeza y posó su mirada en el rostro de aquel chico. La expresión de dolor que se podía ver en su rostro podría significar que tendría algún tipo de lesión. Sin embargo, su preocupación se fue al instante cuando el chico abrió sus ojos lentamente. Nunca había visto a alguien así. No había duda de que era un muchacho muy atractivo. Su cabello era rubio, bastante largo, llegándole por debajo de la cintura, sus ojos tenían un color celeste agua, piel blanca, labios finos pero carnosos, que invitaban a probarlos. Podía sentir su cuerpo muy apegado al de él. Se notaba que era esbelto, pero con un cuerpo bien formado. Se había quedado embelesado mirando al muchacho que no se dio cuenta de que éste lo empujaba suavemente para poder quitárselo de encima.

 

- Podrías quitarte de arriba mío, por favor. Sé que estás cómodo, pero yo me estoy asfixiando - dijo el chico mientras sonreía ante la mirada del otro chico.

 

- Lo siento - fue lo único que logro decir antes de ponerse de pie rápidamente y ayudar al rubio a pararse -. Lamento haber caído así... Yo... No se que pasó - su nerviosismo aumentaba cada vez mas. Movía sus manos e intentaba dar una explicación a lo ocurrido. El otro joven solo lo miraba algo divertido.

 

- No te preocupes. Alcancé a ver que venias observando tu teléfono - dijo mientras apuntaba en la dirección en donde había caído el aparato -. Aunque no creo que puedan llamarte mas.

 

Si antes a JC le preocupaba que el otro joven no se hubiera lastimado, ahora su preocupación estaba en salvar su propia vida. Con horror vio como su teléfono había quedado hecho pedazos.

- "Si creía que Richard me regañaría por no llegar a tiempo, ahora de seguro me mata por no contestarle" - pensó JC mientras se dirigía hacia lo que quedaba del móvil. Tras dar un largo suspiro y resignarse a lo inevitable, dio media vuelta y se dirigió al chico rubio. Esperó un tiempo para aclarar su mente antes de hablarle al muchacho -. ¿Te parece si para compensar el daño que te acabo de ocasionar, te invito una bebida? - le preguntó mirándolo directamente a los ojos, lo que provocó un ligero sonrojo en este. El rubio asintió con la cabeza y siguió al moreno.

 

Habían llegado al bar a tomar algunos tragos. JC, al no ver a Bryan en el lugar en donde lo había dejado, lo buscó con la mirada hasta percatarse de que se encontraba bailando con los otros dos.

- "Perfecto" - pensó JC mientras sonreía de forma pícara y se llevaba al rubio derecho al bar.

 

Varios minutos habían pasado desde que pidieron algo para beber. Ninguno de los dos era capaz de abrir la conversación, lo que hacía que el ambiente se tornara algo incómodo. JC solo veía como el rubio tenía la mirada baja, estaba algo sonrojado y jugaba con los dedos delineando el borde del vaso. Se notaba que ambos estaban terriblemente nerviosos. Al final después de un largo tiempo de silencio mutuo, fue el rubio quien se decidió a hablar.

 

- Hunter... - mientras JC ponía cara de que no entendía nada - Mi nombre es Hunter Smith - finalizó el rubio volteándose a verlo. JC soltó un suspiro de alivio.

 

- Me llamo JC Parker. Encantado de conocerte, aunque no fue de la manera que me hubiera gustado comenzar - dijo esto mientras se rascaba la parte baja de la nuca y su compañero soltaba una risa leve recordando lo sucedido.

 

- Ya te dije que no me pasó nada. Estoy bien -.

 

- De acuerdo... ¿Eres de por aquí? -.

 

- No. Vengo de Estados Unidos. ¿Y tú? - Mientras veía como JC ponía cara de asombro.

 

- Vaya... - dijo este sonriendo - Aunque no lo creas yo también soy de allá. Y... ¿Qué te trae por acá? - preguntó algo curioso.

 

- La verdad es que he viajado por muchos lugares. He ido a España, Brasil, México, Rusia y gran parte de América del Sur. Ahora quise conocer la cultura Japonesa.

 

- Tú andas de vacaciones y yo por cuestión de trabajo - dijo JC fijando su mirada en la copa. De ninguna manera revelaría su verdadero propósito en Japón y menos al chico que acaba de conocer.

 

- Ya me di cuenta de eso - JC nuevamente puso cara de no entender absolutamente nada - Vienes con esos tres que están bailando ¿verdad? - el asombro del moreno se notaba cada vez mas - Tú y los otros dos chicos tienen la misma vestimenta, y la chica ya venía con ustedes. Los vi cuando se bajaron del auto que está afuera - JC soltó un respiro de alivio. Se preocupó al pensar que había sido descubierto.

 

Pasaron mas de una hora conversando. Cada uno interrogando al otro e intentando averiguar sobre ellos lo mas posible. Al final se vieron interrumpidos por Kiara, alegando que ya era muy tarde. Cuando estuvieron a punto de irse JC regresó para poder despedirse del chico y, si era posible, de alguna forma poder contactarlo nuevamente. Estaba más que claro que estaba interesado en el chico y no iva a desperdiciar la oportunidad de verlo de nuevo.

 

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- ¡La ciudad es maravillosa! - decía Gabriel dando vueltas por todo el lugar.

 

- Por lo menos pudimos conseguir esta ropa. Solo espero que el dinero mortal que dejamos sea suficiente para compensar lo que hicimos - dijo Rafael recordando como entraron a una casa a las afueras de la ciudad, buscaron algo de ropa y dejaron una bolsa con dinero arriba de la mesa con una nota disculpándose por entrar a su hogar y tomar sus pertenencias -. Solo espero que nos perdonen por esto - entre preocupado y cabizbajo.

 

- El dinero que dejamos era más que suficiente - dijo Miguel muy firme -. Además no nos quedaba otra opción. No podíamos entrar a la ciudad con nuestras vestimentas. Recuerden que no deben saber quiénes somos - los otros tres asintieron ante las palabras de Miguel.

 

Ya habían pasado dos días desde que llegaron a la Tierra. Todavía no podían encontrar un rastro de Beliar.

 

- Por suerte los demonios fueron muy amables en decirnos que Beliar estaba en esta ciudad -.

 

- Eso es algo que me preocupa bastante, Uriel. Los demonios son todo menos amables. De seguro están tramando algo - dijo Miguel en tono serio.

 

Mientras seguían buscando al demonio y recorriendo las calles de Osaka, se estaban percatando de que a cada paso que daban, las miradas de las personas de los alrededores se posaba en ellos. Hombres y mujeres observaban cada movimiento de los cuatro seres. "Hermoso", pensaba cada uno de ellos al verlos. La belleza que irradiaban era imposible de ocultar. Los cuatro Arcángeles decidieron seguir su camino ignorando las insistentes miradas, después de todo, tenían una misión que cumplir.

 

Unas calles mas adelante se encontraba Hunter en la esquina de un restaurant. Habían quedado de encontrarse con JC a las 12:00 hrs. Hunter iva a dar media vuelta para irse cuando vio que el moreno se acercaba corriendo en aquella dirección.

 

- Siento... llegar... tarde - dijo este medio agachado e intentando regular su respiración.

 

- Bueno... Puedo perdonarte. Solo llegaste media hora tarde -.

 

- Para compensarte que te parece si vamos donde tu quieras - dijo JC con una gran sonrisa. Hunter solo asintió y le devolvió la sonrisa.

 

Decidieron ir a pasear a uno de los parques de la ciudad que quedaba unas cuatro cuadras mas abajo. Era uno de los parques mas grandes que habían en el lugar. Tenía áreas verdes, muchos árboles y dos lagunas. Era el lugar ideal para tener una conversación tranquila.

 

Los cuatro Arcángeles seguían recorriendo la ciudad, cuando Miguel sintió una extraña sensación. Volteó a ver a los dos chicos que habían pasado por su lado unos momentos antes. Uno de ellos era un poco mas bajo que el otro, pero su vista se centró en el chico moreno, más alto que el anterior. La sensación ya la había sentido antes, hace muchísimos años atrás, recordando el pasado y a él. Fijó su vista en aquel muchacho por varios minutos. Salió de su trance al ver como Gabriel le había tomado el brazo y solo con la mirada le preguntaba si estaba bien. Miguel solo le sonrió para darle alivio a la chica, dieron media vuelta y siguieron su camino.

Notas finales:
El caítulo me quedo mas largo que el anterior. Espero actualizar mas rápido la historia para que se entienda mejor. Quizás este capítulo se salió un poco de lo que tenía planeado, pero cuando me lo imaginé no pude evitar escribirlo...
Recordando el pasado. por Mizuki Nagano
- ¡No saco nada enojándome con ustedes! Al parecer la disciplina en esta organización se está perdiendo. Es mi deber hacer que las cosas tomen su curso nuevamente y como no están aprendiendo a las buenas, tendrá que ser a las malas -.

- Vamos Richard... Acabamos las misiones... Solo llegamos un poco tarde - se excusaba JC - Además, nos pagaron extra.

- Eso no es excusa y se terminó la discusión. Ya no habrá castigos benévolos. Si quiero mantener la disciplina, tendré que volver a impartir los antiguos castigos - los cuatro chicos tenían una expresión de sorpresa. Sabían perfectamente a que se refería, ya que ellos en alguna oportunidad los recibieron -. Serán diez azotes a cada uno. No quiero reclamos. Creo que ya tuve suficiente paciencia con ustedes - JC bajó la mirada. Los otros tres miraban a cada uno de sus compañeros de equipo -. No quería llegar nuevamente a estos extremos, pero ya les di demasiada libertad. Ustedes sabían las consecuencias perfectamente bien... Ahora... pueden retirarse...

Los cuatro jóvenes abandonaron el estudio de Richard. Se dirigieron por el pasillo para llegar cada uno a sus respectivas habitaciones. Caminaron en silencio por un buen rato. Sabían que a la mañana siguiente se vendría el castigo. Kiara al ver los ánimos bajos de sus compañeros, fue la que abrió la conversación para romper ese inquietante ambiente.

- Oye JC. ¿Qué pasó con tu cita ayer? Creo que todos aquí quieren saber - dijo refiriéndose a Bryan y a Jaden. Los tres miraban con mucho interés al susodicho.

- Es que... Yo... - el sonrojo que le vino de golpe y el nerviosismo presente en todo su ser hablaban por el mismo.

- No me digas que ya te le declaraste y eso que apenas lo conoces - dijo Jaden algo divertido.

- ¡No es eso! Es solo que no quiero ir muy rápido y hay algo que me preocupa - dijo cabizbajo.

- ¿Qué te preocupa? - esta vez habló Bryan al ver la expresión de su amigo.

- Tengo más que claro que Hunter me gusta mucho, pero... temo perderlo - los otros tres miraron a JC con atención - No puedo decirle que me gano la vida robando y menos que soy un asesino a sueldo. Lo pondría en peligro a él... Además, si se llega a enterar, puede que no quiera verme nunca mas - lo dijo con tristeza en sus ojos.

- Comprendemos tu situación JC, pero debes decírselo. Por el bien de ambos -.

- No puedo, Kiara. Si quiero protegerlo es mejor que no sepa nada. Entre menos enterado esté de mi situación será mejor - esperó unos segundos para luego dar un largo suspiro -. Tengo que pedirles un favor a los tres - los cuatro interrumpieron su marcha por el pasillo -. Richard no sabe nada de Hunter y de seguro se pondrá histérico si se entera. Ustedes saben que a él no le agrada que tengamos mucha relación con gente de afuera, ya que podemos exponer a toda la organización. Si se entera de esto, es posible que mande a matar a Hunter. De favor les pido que me ayuden con esto y que no digan absolutamente nada.

- Sabes que puedes contar con nosotros - dijo Kiara sonriendo -. Aún así, sigo pensando que debes decírselo. JC... ¿Qué harás si él se entera por algún otro medio y te pregunta si es verdad? ¿Y si le pasa algo por no haberle dicho antes? ¡Tienes que prevenirlo de todo eso! - intentaba explicarle la chica. JC solo negaba con la cabeza. Cada vez se le notaba mas la preocupación en sus ojos -. Nosotros guardaremos el secreto para que nadie en la Fraternidad se entere, pero debes decírselo a él -. JC parecía entender lo que su amiga intentaba explicarle. Meditó un poco las cosas y le habló a sus tres compañeros.

- Me juntaré con él nuevamente en una semana mas. Tendré tiempo suficiente para pensar en como decírselo - dijo esto muy nervioso -. Ustedes tendrán que cubrirme ese día con Richard. Por favor... - en tono suplicante.

- ¡Cuenta con ello! - los tres jóvenes al mismo tiempo. Luego siguieron su camino. Esa semana la tendrían bastante pesada y necesitaban descansar.

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Llevaban tres días buscando algún rastro de Beliar y todavía no conseguían nada. Sabían que debían aprovechar cada minuto al máximo, pero sin ningún indicio de cómo era la apariencia mortal del demonio y más sabiendo que su memoria fue borrada, solo hacía que la búsqueda fuera mas difícil.

Los cuatro Arcángeles decidieron salir fuera de la ciudad. Llegaron a un prado escondido entre algunos árboles. En el se podía apreciar un pequeño río de aguas cristalinas junto a un gran sauce. Gabriel decidió meter los pies en el agua. Era lo que mas le gustaba hacer por la placentera sensación que le proporcionaba. Rafael y Uriel se sentaron en el borde del rió observando a la chica. Miguel decidió alejarse un poco del grupo. Caminó hasta el sauce y se recostó en el.

Demasiadas emociones se agolpaban en el pecho de Miguel. La sensación del día anterior, producida por aquel chico, todavía no desaparecía. Estaba seguro de haberla sentido antes. Estaba seguro de saber quien era el que emitía tal sensación, pero dudaba un poco de que aquel joven fuera el demonio que estaban buscando. Debía cerciorarse de aquello. Buscaría al muchacho para asegurarse de que no se tratara de un truco de su imaginación.

Cansado por todas las ideas que rondaban en su mente, cerró sus ojos y apoyó su cabeza en el sauce. Un recuerdo asaltó rápidamente sus pensamientos. El encuentro con aquel chico lo había afectado demasiado. Ahora todo el tiempo pensaba en el demonio.

- Beliar... - lo dijo en un susurro abriendo los ojos y mirando hacia el cielo. Por largo tiempo lo contempló, para luego cerrar sus ojos y recordar aquel día. El día en que conoció a su amado Beliar.

No era la primera vez que visitaba el Infierno, pero si la primera vez que veía a alguien como él. La atracción que sintió fue inmediata. El miedo se adueñó de él al sentirse invadido por distintas emociones que crecían en su pecho. Se había prendado de aquella criatura.

Sabía que su amor podría volverse su pecado al estar enamorado de un demonio, pero lo que Beliar le transmitía era único.

Recordó todas las escapadas del Infierno que le permitió a Beliar, simplemente para estar con el unos momentos. Se vieron a escondidas muchas veces en el Paraíso. El poco tiempo que tenían para estar juntos lo disfrutaban al máximo.

Todas esas veces que acarició su piel, besó sus labios y sintió su aroma. Aquellas hermosas tardes en que le demostraba cuanto lo amaba. Le hacía el amor una y otra vez. Muchas veces lo llevó al éxtasis. Muchas veces oyó de sus labios su nombre. Pero algo tan bueno no dura para siempre. Tarde se dio cuenta de la verdad y de las intenciones de Beliar. El saber que solo lo utilizó para poder obtener las llaves del infierno, dejó en él una herida cruel. Si no fuera por Uriel, quien era el único que sabía de su amorío con el demonio, el Apocalipsis se hubiera desatado hace mucho tiempo.

Beliar no había sido castigado, ya que sus planes no se llevaron a cabo, y Miguel fue perdonado.

Dos siglos después de lo sucedido, Miguel se enteró de otra verdad. La razón por la cual Beliar había sido desterrado algunos años antes. Una mortal fue la causante de su exilio. Beliar se había enamorado perdidamente de una humilde campesina, además de encontrar la forma para poder salir del Infierno y estar en la Tierra junto a ella. Sin duda, enterarse de ello había sido doloroso para Miguel.

Lentamente abrió sus ojos solo para darse cuenta de que había empezado a llorar. Dirigió sus manos a su rostro y sollozó en silencio. Necesitaba tiempo para tranquilizarse, pues no dejaría ver a sus compañeros lo mucho que lo afectaba aquel demonio. Luego de un rato pudo calmar su llanto, levantó el rostro y volteó a ver a sus compañeros. Esbozó una sonrisa al verlos sin preocupación alguna. Los tres arcángeles disfrutaban el momento de descanso. Se alegraba de que ellos no se hubieran dado cuenta de su estado. Luego se levantó del lugar y caminó junto al río. Era hora de continuar con la búsqueda.

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Tenían que entrar en la mansión sin ser vistos. Su propósito era matar a Kaito Fukushima, dueño de una de las empresas comerciales mas poderosas de Japón.

- Demonios... - dijo Jaden haciendo unas muecas de dolor -. Este dolor de espalda me está matando -.

- ¡Puedes bajar la voz! Si sigues quejándote todos se enterarán de nuestra presencia -.

- Lo dices como si a ti no te dolieran los azotes que recibimos antes de ayer, Bryan -.

- ¡Ya cállense los dos! - ordenó JC -. Tenemos trabajo que hacer, así que concéntrense en eso -.

Los cuatro entraron por el jardín, después de reducir a unos cuantos guardias. Se deslizaron silenciosamente hasta la mansión. Abrieron una de las grandes ventanas y se introdujeron por el salón. Con sumo cuidado pasaron a través de este hasta la puerta que conducía a un pasillo en donde divisaron a dos guardias más. Rápidamente, Bryan y JC, se posicionaron detrás de estos, sacaron unas navajas y con un solo movimiento cortaron el cuello de sus víctimas. Estos últimos no pudieron emitir ruido alguno. Posteriormente siguieron por el pasillo. Sabían perfectamente en donde se encontraba Kaito. Eso gracias a que se consiguieron los planos de la mansión, además de intervenir las computadoras de la empresa en donde estaba toda la agenda del empresario. A esas horas tenía una reunión con otros ocho sujetos en el sótano. El problema era que para llegar a él tenían que pasar inadvertidos, ya que había cámaras de seguridad que delatarían su presencia en el lugar, alertarían a Kaito y a seguridad.

- Kiara - llamó JC a la chica -. Por la puerta de la izquierda se encuentra seguridad. Encárgate de los que estén dentro e intenta intervenir las cámaras -.

- Entendido - sonrió con malicia la chica.

- ¿Quieres que te acompañe linda? - dijo Jaden sonriéndole con picardía a la chica.

- Como si necesitara a un tonto que me ayude con esto - respondió Kiara algo molesta lo que ocasionó una leve risa en Jaden.

La chica se separó del grupo y se dirigió a seguridad. Al entrar se percató de que solo había tres hombres dentro vigilando cada habitación de la mansión.

- Buenas noches caballeros - los tres hombres se voltearon para ver a la chica. El combate cuerpo a cuerpo le resultó de lo mas sencillo. Ahora los tres hombres yacían en el suelo con el cuello roto.

JC, Bryan y Jaden esperaban a que Kiara interviniera las cámaras. La chica se asomó por la puerta y les hizo un gesto para que pudieran proseguir hasta el sótano. En el camino se encontraron con otros guardias que también asesinaron. Al llegar a la entrada del sótano sacaron cada uno unas pistolas M9 con silenciador, después de todo, no querían alarmar a nadie mas. Al entrar, los nueve hombres se levantaron inmediatamente de sus sillas. Los del Escuadrón Alfa apuntaron y dispararon. No tuvieron misericordia con ninguno. Luego salieron del lugar teniendo cuidado en no dejar alguna huella que los delatara. Se encontraron con Kiara y abandonaron la mansión. La misión estaba completada.

Notas finales:
Bueno... estoy actualizando lo mas rápido posible para que no se pierda el sentido de la historia. Espero que pronto se llegue a la parte interesante.

 

Si ven alguna falta de ortografía me lo dicen por favor.

Compensaciones. por Mizuki Nagano
Hace mas de una hora que llevaba esperando a JC. Nuevamente llegaría tarde y quizás con que excusa le saldría esta vez, después de todo el moreno siempre tenía una buena historia para sus demoras. Su impuntualidad le sorprendía cada vez mas, pero no le importaba tener que esperar, ya que le gustaba demasiado.

Luego de tanto aburrimiento y pasear cerca del lugar de encuentro, se apoyó en el muelle. Observó por largo tiempo el vasto mar azul. Ya estaba atardeciendo. El sol empezaba a esconderse entre las olas y Hunter se estaba resignando a que el moreno no llegaría. De repente oyó a lo lejos unos gritos que decían su nombre. Se quedó observando en aquella dirección hasta divisar a JC. El moreno venía corriendo a su encuentro.

- Lo... siento... mucho... - respiraba agitado luego de la carrera -. Te lo compensaré... Te lo prometo...

- Ya me debes mucho - le dijo sonriendo -. Ya es tarde, así que te cobrare la compensación. Llévame a cenar y te doy la deuda por pagada.

- Trato hecho - dijo JC tomando la mano del chico y llevándoselo al restaurant Brisa Marina.

Mientras caminaban hacia el restaurant, JC miraba de reojo a Hunter. Un ligero sonrojo se presentó en sus mejillas. El rubio estaba muy atractivo. Llevaba puestos unos jeans azules, desgastados y algo pegados al cuerpo, una camisa blanca con los primeros dos botones sin abrochar y el cabello sujeto en una media trenza. Hunter empezó a notar las miradas del moreno, lo que provocó que se pusiera algo nervioso. JC al notar que estaba inquietando un poco a Hunter decidió mirar al frente. Hunter aprovechó este acto para mirar disimuladamente al moreno. Tenía que admitir que se veía realmente guapo. Vestía una camisa de color gris, también con los primeros dos botones desabrochados y unos jeans negros. Durante todo el trayecto estuvieron mirando al otro sin decir ninguna palabra.

- Creo que te tomaste muy enserio lo de la deuda - ya en la entrada del restaurant -. Este lugar es carísimo -.

- No lo es si tienes dinero - le dijo a Hunter sonriendo -. ¡Vamos! - jalaba al rubio, ya que veía que este no tenía ganas de entrar.

Los dos chicos observaron el lugar, ya que era maravilloso. El restaurant estaba decorado con temas marinos. Había grandes ventanales que dejaban ver el océano y música suave que le daba un toque de romanticismo. Decidieron sentarse junto a los ventanales.

- Puedes pedir lo que quieras. Luego iremos a bailar ¿Te parece? -.

- Me agrada la idea - dijo Hunter mientras tomaba la carta para ver el menú. Al abrirlo quedó atónito con los precios. Realmente era carísimo.

- ¿Qué sucede? - preguntó JC al ver la expresión de Hunter.

- Nada... Solo... Yo -.

- No te preocupes por el precio. Tengo dinero para pagar lo que sea - dijo con una sonrisa muy confiada.

- Me está dando curiosidad saber que haces para poder tener dinero - el aludido se sorprendió ante el comentario, lo que provocó que se pusiera nervioso -. Lo que es yo, trabajo bastante y ni aún así puedo darme estos lujos.

- Si... - dijo JC bajando la mirada. Sabía que tenía que decirle la verdad, pero el problema era como. Levantó la vista y miró a Hunter. Este seguía observando la carta eligiendo que comer, así que no se percató del cambio de ánimo del moreno.

La cena estaba deliciosa. Hunter era el que mas hablaba ya que JC seguía perdido en sus pensamientos, prestándole poca atención al rubio. Éste se dio cuenta de que el moreno no lo estaba escuchando.

- JC... - esperó respuesta del susodicho - ¡JC! - levantó la voz.

- ¿Me decías algo? -.

- Pues si... Veo que estas como ido. ¿Estás preocupado por algo? -.

- Estoy algo atontado nada mas. Supongo que tendré que compensarte mi falta de atención -.

- Si sigues así, tendrás una gran deuda conmigo para saldar. Me estás debiendo mucho ¿sabes? - dijo Hunter riendo -. Que te parece si me hablas de ti. He hablado todo el rato de mi. Ahora es tu turno -.

- Bien... ¿Qué quieres saber? -.

- Cuéntame lo que sea. No se... Háblame de tu pasado - ante esto JC bajó la mirada nuevamente -. ¿Dije algo malo? - preocupado por la expresión del moreno.

- No... Es solo que... - seguía mirando un punto fijo de la mesa. Se podía apreciar la tristeza en sus ojos -. No recuerdo mucho de mi pasado...

- Siento haber preguntado - desviando la mirada.

- No, no... No te pongas así - intentando animar a Hunter ya que vio que se entristeció -. Lo que pasa es que no lo recuerdo bien. No se si tenía padres o hermanos, una familia. No se en donde nací, ni cuando nací - el rubio fijó su mirada en él mientras decía todo aquello -. Solo recuerdo que siempre trabajé para poder sobrevivir. Nunca conté con el apoyo de muchas personas. Quizás sea mejor que no recuerde nada. Ya tengo mi vida hecha ahora - Hunter bajó la mirada... no se atrevió a decir algo. JC observó la reacción del rubio -. No tienes porque sentirte así... Sólo hiciste una pregunta -.

- Igual me sienta mal. Por querer saber de ti provoqué que te deprimieras - desviando la mirada nuevamente.

- Vamos... no seas tontito - le sonreía al rubio para que dejara de preocuparse.

- ¿Ahora soy tontito? - cruzando los brazos y fingiendo estar enojado. JC rio ante lo infantil que podía ser el rubio.

- Pidamos el postre ¿quieres? -.

- De acuerdo - sonriendo.

- Como es temprano todavía para ir a bailar, iremos a caminar a la playa -.

- Suena bien -. Ambos le sonrieron al otro mientras se miraban a los ojos.

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- Llevamos casi dos semanas aquí y todavía no encontramos al demonio - decía Gabriel mirando a sus compañeros -. Miguel, ¿estás seguro que en esta ciudad se encuentra Beliar? No me extrañaría que nos hayan dado una falsa información.

- Pienso lo mismo que ella - dijo Uriel mirando fijamente a Miguel. Éste solo cerró los ojos por un tiempo, luego alzó su vista al cielo y les respondió.

- Los demonios no se atreverían a dar falsa información. Aún así me inquieta que no podamos dar con su paradero -.

- Yo creo que todo esto es una trampa. De seguro algo están tramando -.

- Puede que tengas razón, Rafael. Haaiah dijo que los demonios estaban algo ansiosos cuando fueron a verlos. Quizás en verdad estén tramando algo - dijo Miguel en tono muy serio -. Mientras no tengamos pruebas de aquello, no podemos hacer absolutamente nada. Solo nos queda seguir buscando - se levantó de la banca, ya que estaban en una de las plazas de la ciudad -. "Necesito encontrar a ese chico" - pensaba Miguel -. "Necesito aclarar mis sospechas" - los cuatro arcángeles salieron de la plaza para seguir buscando al demonio.

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- Debo agradecerte la cena. Estaba deliciosa - dijo Hunter a JC. Ambos caminaban descalzos en la playa. Ya había oscurecido por lo que se podía ver la luna.

- No hay de que... - dijo JC sonriendo. La atracción por el rubio se hacía mas grande. Se estaba poniendo nervioso, ya que había decidido que se le declararía -. Hunter...

- Dime -.

- Yo... - estaba con la mirada en el suelo. No quería que el rubio viera su sonrojo -. Necesito decirte... - para ese entonces ambos habían detenido su caminata. Hunter estaba frente a JC. El nerviosismo del moreno era evidente.

- ¿Pasa algo? - Hunter se estaba preocupando un poco. Vio como JC bajó la mirada. Se acercó a él y con una mano levantó su mentón para mirarlo a los ojos. La cercanía con el rubio solo hacía que la situación fuera mas complicada.

- Quizás la forma correcta no sea decírtelo - acercándose mas al rubio y mirándolo fijamente a los ojos.

- ¿Qué...? - Hunter sintió el leve rose de los labios de JC. El beso fue corto, pero suficiente para transmitir todas las emociones escondidas de ambos. Al separarse, JC observó al rubio quien se ruborizó ante su mirada.

Si el plan era ir a la discoteca a bailar, pues estos habían cambiado con los últimos sucesos. JC se había llevado a Hunter a un hotel. Pagó la habitación más costosa y se encaminó con el rubio a ella. Cuando llegaron, observaron lo amplia y elegante que era, hasta tenía una gran ventana con balcón en donde se podía ver el mar. JC sonrió al ver el hermoso lugar.

- "Justo lo que quería" - pensó el moreno mientras apretaba un poco la mano de su compañero, notando que temblaba ligeramente.

Dio media vuelta y miró al rubio. Se notaba algo nervioso y asustado. Esto solo provocó otra sonrisa por parte de JC. Lentamente lo jaló hasta la cama, hasta que ambos se sentaron en ella. JC empezó a acariciar su mejilla mientras se acercaba para besarlo. El rubio solo se dejó llevar. El beso empezó lento y suave para luego volverse profundo y apasionado. JC empezó a recostar a Hunter lentamente en la cama, mientras que con sus manos acariciaba por encima de la ropa al rubio. Cuando decidió explorar su piel con sus manos, el rubio puso una de sus manos en el pecho de este y lo empujo ligeramente.

- ¿Qué pasa? -.

- Yo... yo nunca había hecho esto antes, JC - nervioso, con las mano algo inquietas y mirando hacia otro lado -. La verdad es que me da algo de miedo... -.

- "Típico" - pensó JC -. Si no quieres hacerlo, yo lo entiendo. Puedo esperar -.

- No es eso... - dijo algo alarmado al ver la expresión de decepción de su ahora amante -. Es solo que... No se que hacer.

- Entonces déjame a mi - le dijo sonriendo, mirándolo a los ojos y acariciando su mejilla -. Te prometo que lo haré despacio. No tengo intenciones de hacerte daño -.

- Lo sé - dijo el rubio mas tranquilo.

JC empezó nuevamente a besar al rubio. Comenzó a quitarle la camisa, ya que le estorbaba, y acarició su pecho bajando hasta su abdomen. Hunter solo podía emitir pequeños gemidos ante las caricias de su compañero. Lentamente JC bajo su mano hasta la cadera del rubio y luego se dirigió hasta el cierre del pantalón. Luego de abrirlo subió su mano nuevamente para recorrer su torso desnudo.

- "Si que tiene un buen cuerpo" - pensaba JC sin parar de besar y acariciar al rubio.

El moreno se detuvo de golpe y se levantó para observar a Hunter quien se extrañó por su repentino comportamiento. JC solo lo miró y sonrió seductoramente mientras se sacaba la camisa para luego volverse a posicionar arriba de Hunter. Las caricias y los besos continuaron por un buen rato.

- Estás excitado... - le decía entre besos JC al rubio -. Luego te volveré loco - dijo en un tono grave provocando una mayor excitación en su amante.

Los gemidos y jadeos eran cada vez mas fuertes. Luego de quitarse casi todas las prendas se quedaron ambos solo con los bóxers. JC frotaba suavemente su miembro con el rubio, mientras que este había pasado sus brazos por el cuello del moreno y lo besaba efusivamente. La respiración se aceleraba más con cada caricia. JC se cansó de los molestos bóxers. Decidido, comenzó a quitárselo al rubio y rápidamente hizo lo mismo con el suyo. Contempló el cuerpo desnudo de su amante. Hunter se ruborizó al ser observado de aquella manera. Esto solo logró hacer sonreír a JC quien se posicionó arriba del rubio.

- Dime una cosa. ¿En verdad es la primera vez que lo haces? -.

- Si... - casi en un susurro. Estaba apenado por la situación.

- Perfecto... Ahora serás mío... Tu cuerpo será mi templo -.

El moreno se dirigió hacia la boca de su amante. Lo besó suavemente. Empezó a lamer y morder sus labios. Luego siguió besando su mentón, bajó por su cuello, su pecho y su abdomen hasta llegar al miembro del rubio. Tomó su sexo con una mano y lo metió en su boca, mientras que con la otra mano acariciaba el torso de este. Hunter solo disfrutaba de la placentera sensación. Solo podía aferrarse a las sábanas de la cama. Luego de que JC jugara un rato, lamiendo su miembro, se separó de este.

- No se como quieres hacerlo -.

- ¿A qué te refieres... JC? - dijo con dificultad, pues el placer había sido demasiado.

- Me refiero a la posición, pero creo que ya sé como... -.

Suavemente JC jaló a Hunter para posicionarlo sobre sus piernas. Este quedó sentado encima del moreno. JC comenzó a morder su cuello. Hunter acariciaba su espalda mientras gemía suavemente. Una de las manos del moreno empezó a descender por su espalda hasta llegar a su entrada, en donde introdujo uno de sus dedos. El rubio se tensó de inmediato ante la intromisión. JC comenzó a mover su dedo para dilatar su entrada, besando al rubio para que este se relajara. Luego de dilatarlo un poco, introdujo un segundo y un tercer dedo. Lo que menos quería era dañar a Hunter. Al dilatarlo lo suficiente, reemplazó sus dedos por su miembro. Entró con lentitud en el cuerpo de su amante. Al terminar de penetrarlo por completo, esperó unos momentos para que el rubio se acostumbrara.

- Duele... un poco - algunas lágrimas habían resbalado por sus mejillas.

- Ya pasará amor... - dijo JC y besó al rubio para calmarlo -. Luego lo vas a disfrutar - le sobaba tiernamente.

Lentamente comenzó a moverse dentro del rubio. El placer que empezaron a sentir fue inmediato. A cada embestida que daba el moreno, Hunter soltaba un gemido cerca del oído de éste, lo que hacía que se excitara mas. Los movimientos eran cada vez más rápidos y violentos. Sus cuerpos estaban perfectamente sincronizados. JC deslizaba sus manos por la espalda del chico hasta llegar a su cabello. Tenía las intenciones de soltárselo, pero el rubio no se lo permitió. Esto no molestó al moreno. Posteriormente, este último recostó al rubio en la cama para penetrarlo lo mas profundo que podía. Quería oírlo gritar. Quería que dijera su nombre y pidiera por mas, lo que fue complacido por el rubio. Las estocadas eran fuertes, casi salvajes.

- Ya no... ya no aguanto - dijo JC entre jadeos.

Hunter había echado su cabeza hacia atrás. JC besaba y mordía su cuello, y con la mano tomó su sexo comenzando a masturbarlo. Ambos estaban a punto de llegar al clímax. JC sintió que se venía dentro del cuerpo de Hunter. La última embestida fue la mas profunda, provocabdo que su compañero también terminara y derramara su semilla en su abdomen. JC se quedo encima de Hunter por un momento. Intentaban calmar sus respiraciones. Luego el moreno salió del rubio para recostarse a su lado. El sudor de sus cuerpos reflejaba el esfuerzo físico de ambos.

- Espero no haberte lastimado mucho - volteando a ver a hunter quien todavía no podía tranquilizar su respiración.

- Solo dolió un poco. Nada que no se pueda sanar - sonrió y miró fijo a los ojos de su amante.

JC se acercó a Hunter y lo atrajo hacia él. Lo besó suavemente en los labios para hacer que luego este se recostara en su pecho. Estuvieron mas de una hora sin decir ni una palabra, disfrutando de la cercanía del otro y dándose pequeñas caricias.

- ¿Tienes algo que hacer mañana? - preguntó JC.

- No... ¿Por? -.

- Creo que te debo una - Hunter lo miró extrañado -. Creo que fui un poco brusco para nuestra primera vez.

- No me debes nada. A mi me gustó... -.

- Igual te lastimé. Vi que derramaste algunas lágrimas, así que te compensaré eso -.

- Si sigues con eso me deberás muchas cosas -.

- Por lo menos puedo pagártelas - abrazó fuertemente al rubio -. Y como yo quiera... - lo dijo susurrándole en el oído -. ¿Te parece si te invito un café mañana en la tarde? En la mañana tengo cosas que hacer. Sería como a las cuatro de la tarde.

- De acuerdo - dijo Hunter mirando directo a los ojos de JC -. Espero que llegues temprano, aunque lo dudo - mientras reía y veía la cara de molestia del moreno.

- Verás que llegaré temprano y haré que te tragues tus palabras - el rubio ya estaba riendo a carcajadas.

Después de media hora de estar disfrutando solo la presencia del otro, ambos se vistieron salieron del hotel y se despidieron.

- "Mañana si te digo toda la verdad Hunter" - pensaba JC mientras veía como su rubio se marchaba.

Notas finales:
Ha sido el capítulo mas largo que he escrito. Solo espero que haya quedado bien y sin muchas faltas de ortografía :D

 

Ya se viene el encuentro de los Arcángeles y mi querido demonio :P

Persecución. por Mizuki Nagano
Hunter caminaba por las calles de Osaka, hacia su encuentro con JC. Quedaron en verse en las afueras de un pequeño café a las orillas de la playa. El chico caminaba algo nervioso, ya que todavía pensaba en lo ocurrido la noche anterior.

- Quizás fue algo apresurado... - soltó un suspiro. Estaba algo preocupado -. ¿Y si solo fue una calentura? - deteniendo su marcha. Quedó pensando en aquello para luego mover la cabeza de lado a lado intentando alejar esos pensamientos -. "Estás pensando estupideces Hunter" - se recriminó mentalmente.

En las afueras del café ya se encontraba JC. Había decidido llegar a tiempo aunque sea una vez en su vida. Estaba recargado en una de las barandas del muelle, moviendo incesantemente una de sus piernas. El nerviosismo se le notaba a kilómetros.

- Que idiota soy... En que mierda estaba pensando - puso ambas manos en la cabeza - De seguro no viene... - se mordió el labio y bajó su mirada - Me apresuré... ¡Qué tontería! - algunas personas que pasaban se quedaban mirando al chico algo asustados, ya que había comenzado a caminar de un lado a otro y hablaba consigo mismo -. Esto te pasa por caliente JC. De seguro él cree exactamente lo mismo y no viene - cruzó los brazos por encima de la baranda y se daba pequeños cabezazos. Estuvo así bastante tiempo hasta que sintió que era observado insistentemente por alguien.

- Llegaste temprano - la sorpresa en ambos chicos se hacía notar. JC no era capaz de articular palabra alguna. Se había quedado embobado viendo a Hunter. El rubio vestía unos jeans grises, una polera negra y encima de esta una camisa blanca de mangas cortas. Tenía el cabello sujeto a una coleta. Se veía realmente atractivo, incluso mas que el día anterior - ¿Está todo bien? - se estaba preocupando al ver la expresión del moreno.

- Si, si... - salió de su trance y sonrió al rubio. Se acercó rápidamente a este último -. Te dije que te tragarías tus palabras, así que llegue hace un poco mas de una hora - lo dijo con picardía y orgullo en su voz. lo que provocó una sonrisa por parte de Hunter -. Además, pasé a comprar algo en una tienda de por aquí. Es un regalo para ti -.

- ¿Para mí? - sorprendido.

- Si... Date la vuelta y cierra los ojos -.

- ¿Es en serio? -.

- Solo hazlo - Hunter dio media vuelta y cerró los ojos. JC se le acercó por la espalda abriendo una pequeña cajita. De esta sacó una hermosa cruz de oro blanco y se la puso al rubio. Se acercó lo mas que pudo a éste. Movió su cabello a un lado y colocó la cruz alrededor de su cuello. Deslizaba sus dedos lentamente hasta el broche -. Espero que te guste - le susurró en el oído haciendo que el rubio se estremeciera, para luego abrir los ojos y observar el objeto que colgaba de su cuello.

- Es... es preciosa - tomó la cruz con sus manos y la observó. Una sonrisa empezó a dibujarse en su rostro. Luego se dio media vuelta y miró fijamente a JC - Muchas gracias -.

- De nada - sonriendo. Lentamente Hunter se acercó a JC para besarlo. Fue un beso corto pero apasionado. Al separarse JC contempló los ojos del rubio y acercó una de sus manos a su mejilla para acariciarla -. Te amo... - Hunter se sorprendió ante la confesión. Luego cerró sus ojos y sonrió.

- Yo también te amo - con un leve sonrojo. JC sonreía al verlo de esa manera.

- Bien... ¿Vamos al café o no? - le dijo al rubio sosteniéndole la mano y jalándolo suavemente.

- Vamos -.

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- Si que hay gente a estas horas -.

 

- Con el calor que hace no me extraña para nada, Rafael - dijo Gabriel mientras se pasaba una de sus manos por la frente quitándose las pequeñas gotas de sudor.

 

- No se quejen tanto y sigan buscando - dijo Uriel mirando hacia todos lados.

 

- Lo dices tan tranquilo como si no te afectara el calor - dijo con molestia la chica mirando a su compañero. Luego desvió la mirada al océano contemplándolo -. Sin duda es lo más hermoso que he visto en el mundo - sonrió -. ¿No podemos descansar un rato? Me muero por meter los pies en el agua -.

 

- No tenemos tiempo para eso - dijo Miguel en tono serio -. Sigan buscando -.

 

- De acuerdo... - la alegría de la chica fue cortada de golpe ante las palabras de Miguel.

 

Habían buscado prácticamente en toda la ciudad. Miguel era el único que sabía a quien buscar, ya que tenía sus sospechas y había pasado todos esos días buscando algún indicio de aquel chico. En cuanto a los demás, no sabían exactamente que buscar.

 

Ya habían recorrido un largo tramo de la playa. Las miradas de Miguel se posaban en cada persona que se parecieran al chico que vio hace muchos días. La inquietud de no poder dar con su paradero era cada vez mas grande. Miraba incesantemente de un lado a otro. Ya estaban llegando al final del trayecto cuando Miguel lo sintió nuevamente. Esa extraña sensación que le había dejado aquel chico recorría su ser. Buscó con su mirada al muchacho entre la multitud de gente hasta que lo divisó a lo lejos. El chico estaba caminando, jalando a otro hacia un café.

 

- Prepárense - fue lo único que dijo Miguel a sus compañeros. Estos solo lo miraron extrañados y lo siguieron entre la muchedumbre.

 

Ambos chicos ya habían entrado al café. Miguel los observó sentarse en una de las mesas que daban hacia la playa. Estaban viendo la carta mientras el moreno le conversaba al rubio y este solo reía.

 

Miguel se acercó un poco mas hasta quedar a las afueras del café. Se quedó observando por bastante tiempo. Ahora confirmaba sus sospechas. Esa sensación. Esas emociones tan familiares. Solo existía una persona que lo hiciera sentirse así. Por fin había dado con el paradero del demonio. Había encontrado a Beliar.

 

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- No se que pedir - miraba la carta de arriba abajo -. La verdad todo me parece rico -.

 

- No creo que sea tan difícil decidirse por uno - sonreía el rubio mirando a JC.

 

- Dilo por ti - dijo fingiendo molestia -. Además, no puedo comer cualquier cosa. Tengo que mantener la mercancía - refiriéndose a su cuerpo. Hunter solo reía a carcajadas antes las expresiones de JC.

 

- Entonces pídete algo bajo en calorías. Una ensalada por ejemplo - sonreía mientras se aguantaba las ganas de echarse a reír nuevamente.

 

- Pues dudo que vendan ensaladas aquí. No soy vaca para andar comiendo pasto y esas cosas, y más encima en un café - el rubio lloraba de tanto reír -. Bueno... Admito que como de todo pero no andaré pidiendo vegetales si salgo a comer afuera - seguía poniendo expresiones dando énfasis a lo que decía.

 

- Pide un pastel entonces y un refresco -.

 

- Eso engorda sabes - miraba muy serio la carta - Luego dirás que no me preocupo de mi estado físico -.

 

- Estás igual que muchas de las chicas que conozco - tenía la cabeza apoyada en una de sus manos y reía lo mas bajo posible. JC sonrió al ver al rubio divertirse.

 

Hunter ya había decidido que comer. JC seguía indeciso mirando la carta, hasta que se percató de que estaba siendo observado. Levantó la mirada y miró fuera del local. Un hombre alto lo estaba observando fuera de este. JC le sostuvo la mirada por bastante tiempo. Una extraña sensación empezó a crecer en su pecho. La preocupación y la ansiedad se apoderaron de él al ver que ese sujeto se dirigía a las puertas del local en donde se encontraba con Hunter.

 

- Hunter, tenemos que salir de aquí - el susodicho lo miró extrañado ante el repentino cambio de ánimo.

 

- ¿Qué? -.

 

- Que nos vamos ahora mismo. ¡Rápido! - tomo la mano del rubio y lo jaló fuera del local.

 

Corrieron todo el trayecto entre medio de la multitud de personas, hasta llegar al automóvil del moreno. JC se percató de que no era seguido por una persona, si no que eran cuatro sus perseguidores. Hizo que el rubio se subiera rápidamente al vehículo y encendió el motor.

 

- ¡¿Qué demonios está pasando?! -.

 

- ¡Te lo explico luego Hunter! Ahora ponte el cinturón y sujétate - JC partió lo más rápido que pudo.

 

Los cuatro arcángeles se quedaron viendo en la dirección en donde momentos antes había partido el vehículo.

 

- Ni creas que vas a huir de nosotros, Beliar - dijo Miguel en tono severo.

 

JC se dirigió afueras de la ciudad. Quedarse en esta era muy peligroso y mas sabiendo que esos sujetos podrían estar armados. Manejaba lo más rápido posible por la carretera, hasta que se detuvo por un lado de esta. Se bajó del vehículo junto a su compañero, no sin antes abrir el portamaletas y sacar algunas armas que escondió entre sus ropas para que Hunter no las viera, y lo jaló hacia un pequeño bosque cercano.

 

- ¿Puedes decirme que está pasando? - no obtuvo respuesta del moreno - JC, ¡contéstame! -.

 

- Solo sigue corriendo. Luego te explico -.

 

Avanzaron varios metros antes de detenerse en una pradera a las afueras del bosque. Ambos respiraban agitadamente. JC se volteó y miró al rubio. Se quedó observándolo por largo tiempo, buscando que decir exactamente, hasta que al fin habló.

 

- Debí decírtelo antes -.

 

- ¿Decirme qué? - la preocupación crecía cada vez más.

 

- Esos sujetos probablemente son de la policía - temblaba ligeramente.

 

- ¿Qué? - se sorprendió por lo dicho por el moreno e intentaba darle una explicación a lo ocurrido -. ¿Por qué nos siguen? -.

 

- Perdóname... Debí decírtelo desde el comienzo, pero tenía miedo de que no quisieras verme nunca más - sus ojos se habían llenado con algunas lágrimas -. No quería meterte en esto... - se llevó una de sus manos al rostro para intentar secar las lágrimas que amenazaban con salir.

 

- ¿Qué hiciste? -.

 

- Solo escúchame con atención ¿sí? - intentaba tranquilizarse a sí mismo y a Hunter -. Yo... Yo... Pertenezco a una organización de asesinos a sueldo - dijo esto mirando al rubio a los ojos. Hunter abrió más los ojos, sorprendido por aquella confesión -. He hecho esto hace mucho tiempo. No solo he matado personas, sino que también me especializo en robos y cosas así. Sé que debí decírtelo hace mucho y entenderé si me odias por lo que soy, pero la verdad es que nunca alguien me hizo sentir lo que tú me haces sentir - Hunter solo escuchaba y observaba al moreno -. Me enamoré de ti y no pude evitarlo. Sé que fue rápido pero... no se... - JC cayó de rodillas, llorando cabizbajo y a ojos cerrados, mientras que Hunter se acercaba a él. El rubio levantó el rostro del moreno y lo observó por unos segundos. Luego acercó su rostro al de él y lo besó en los labios para la sorpresa de este último.

 

- Yo también me enamoré de ti - le secó las lágrimas con sus dedos -. No podría odiarte...

 

JC levantó una de sus manos para acariciar el rostro de Hunter. Posterior a esto, logró escuchar ruidos que provenían del bosque. Desvió su mirada y pudo observar como esos sujetos venían entre medio de los árboles en dirección a ellos. El moreno se levantó rápidamente y le tomó la mano al rubio para poder salir del lugar. Al darse vuelta para correr en la dirección contraria, notó que el mismo hombre que se le había quedado mirando fuera de la cafetería estaba frente a ellos a unos metros más adelante.

 

- ¿Creíste que podrías huir de nosotros? - dijo Miguel mirando a los ojos a JC.

 

- Solo deja que Hunter se valla. Él no tiene nada que ver en esto - dijo en tono serio.

 

- ¿Estás loco? - dijo por lo bajo Hunter a JC.

 

- No tengo otra opción, Hunter. Lo que menos quiero es involucrarte más en esto - lo dijo también por lo bajo mirando al rubio.

 

- Tu amigo se puede ir. A él no es a quien estoy buscando -.

 

- Me parece bien - dijo JC para hacer una pausa luego y con cierto aire desafiante dirigirse al hombre delante de él -. Lo que no me parece bien, es que solo hayan mandado a cuatro policías tras de mí. No creas que me entregaré fácilmente - dijo mientras esbozaba una sonrisa.

 

- ¿Policía?... Nosotros no somos de la policía -.

 

- ¿Entonces qué demonios quieren? - dijo molesto por la situación.

 

- Solo hemos venido por ti... demonio -.

 

-¿Qué estás diciendo? -.

 

- ¿Acaso no me reconoces? -.

 

- Nunca te he visto antes y no me interesa quien seas, pero te diré algo. Si te interpones en mi camino... ¡Te mato! -.

 

Miguel y JC se sostuvieron la mirada por unos segundos. Los otros tres arcángeles ya habían llegado al lugar y los observaban. Miguel dirigió su vista a ellos y les asintió con la cabeza. Era hora de mostrar quienes eran realmente. Una brillante luz envolvió los cuerpos de los cuatro Aacángeles, cegando parcialmente a ambos chicos.

 

- ¡¿Qué está pasando?! - dijo JC intentando evitar la luz con la mano. Hunter hacía exactamente lo mismo que el moreno.

 

Después de pasados unos segundos, ambos jóvenes pudieron ver el cambio de aquellos cuatro sujetos. Ahora todos ellos vestían con ropas blancas y además tenían alas.

 

- ¿Pero qué...? - mirando con desconcierto en dirección a los arcángeles.

 

- ¿Qué son ellos, JC? -.

 

- No tengo la menor idea... y creo que no quiero saberlo -.

 

- Hunter... - habló Miguel dirigiéndose al rubio -. Te ruego que te retires de este lugar. Nuestra intención no es involucrarte en esto -.

 

- Yo pienso lo mismo, Hunter -.

 

- Estoy que te dejo solo con ellos -.

 

- Por favor Hunter. Hazme caso y vete de aquí. No te preocupes por mí que estaré bien - luego de mirar al rubio, se volteo y miró a Miguel a los ojos, desafiante -. Me encargaré de este sujeto -.

 

- Veo que no tiene ninguna intención de irse... - se cruzó de brazos - Gabriel - llamó a la chica.

 

- Dime -.

 

- Llévate a Hunter de regreso a la ciudad y bórrale la memoria. Será lo mejor para todos - lo dijo mirando al susodicho viendo como este negaba con la cabeza.

 

- ¡Tú no lo tocas! - JC sacó un arma apuntando a Gabriel.

 

- No cometas ninguna tontería. Además, con eso no podrías hacernos daño -dijo en tono severo Miguel.

 

- ¡No se qué mierda son! Ya me agotaron la paciencia - lo dijo con furia en su voz.

 

- Veo que no quieres cooperar a las buenas, así que no me queda otra que hacerlo a las malas, pero primero... - fijó su mirada nuevamente en Hunter y solo cerrando levemente sus ojos hizo que el rubio apareciera tras de si.

 

- ¿Cómo...? - dijo Hunter con desconcierto. JC no podía creer lo que había visto.

 

- Cálmate... Te prometo que no te haré daño - le dijo Gabriel a Hunter para tranquilizarlo, mientras los otros dos arcángeles se ponían detrás de él y lo sujetaban de los hombros - Solo venimos por Beliar.

 

- ¿Beliar? - preguntó JC -. ¿Quién es ese?

 

- Tú - dijo secamente Miguel extendiendo una de sus manos hacia el costado, en la cual de la nada apareció una espada -. ¿Reconoces esta espada? - miró a JC quien seguía apuntando con la pistola -. Veo que no... o solo por ahora. Pronto la recordarás de nuevo.

 

- Maldita sea... "¿Qué hago?" - pensó JC.

 

- Es la Espada Santa... Una espada mata demonios - dijo Miguel mirando la espada y luego fijando su vista en JC -. Descuida. No te mataré -.

 

- ¿Quiénes son ustedes? - preguntó el moreno cortante.

 

- Somos arcángeles - respondió Uriel -. Puedes ver a cuatro de los siete santos ángeles, enfrente de ti.

 

- Basta de palabrerías. Te llevaremos con nosotros, demonio - dijo Miguel empuñando la espada en dirección a JC.

 

- ¡Ya te dije que no soy él! - casi apretando el gatillo -. No me creo sus cuentos de fantasía. ¡Ahora mismo los mato a los cuatro! - disparó apuntando a Miguel en la sien. Su sorpresa fue grande al ver que este seguía vivo -. ¿Qué...? - lo dijo en un susurro.

 

- Ya te había advertido que no puedes hacer nada con eso... Viendo que todo será de la forma difícil, no me queda otra... - Miguel se estaba preparando para arremeter contra el moreno. JC al ver esto, dio un paso atrás y bajó el arma, viendo con impotencia a cada uno de los individuos que estaba frente a él para luego dirigir su vista a Hunter. Este último solo tenía la mirada puesta en JC. Unas lágrimas amenazaban con escapar de sus ojos -. ¡Prepárate!

 

Lo último que vio el moreno fue como Miguel se dirigió velozmente hacia él con la espada en la mano. Hunter vio con horror la escena mientras derramaba lágrimas de los ojos. Miguel estaba por herir a JC...

 

- ¡DETENTE! - fue lo único que gritó el rubio antes de cerrar sus ojos y dejar que las lágrimas siguieran bañando sus mejillas.

Notas finales:
No quería hacer el capítulo tan largo, pero bueno... Pronto se viene la gran batalla ^^ y más lemon xD
Identidad revelada. por Mizuki Nagano
La sangre corría por el filo de aquella espada que se había insertado en su hombro derecho atravesándolo. Solo era una herida, ya que su intención jamás fue matarlo. Pudo ver como las gotas de sangre, que resbalaban por la hoja de la espada, caían al suelo. Miguel reconoció enseguida aquella espada negra, ya que la había visto innumerables veces en el pasado. Era la espada exorcismo. No solo era una espada que mataba seres de luz, sino que también podía matar otros demonios. Ahora el problema no era la espada en sí, más bien era el poseedor de ésta. Miguel volteó lentamente su cabeza hacia atrás para ver a quien lo había atacado por la espalda.

 

- Me sorprende el hecho de que no me conozcas lo suficiente... Miguel -.

 

- No puede ser... - el asombro en el rostro de Miguel era evidente -. ¿Pero como...? -.

 

- Tantos años que compartimos juntos y aún así no eres capaz de reconocerme... Que decepción - dijo esto para luego esbozar una sonrisa.

 

Miguel solo podía observar atónito al ser que estaba justo detrás de él. Sin duda era a quien estaban buscando. Observó aquellos ojos que en su tiempo lo cautivaron. No había cambiado en absoluto, después de tantos años sin verse. Siempre le gustó su cabello negro ceniza, le gustaba tocar esa piel blanca de marfil, le gustaba observar esos ojos dorados que parecían poseer una pequeña llama de fuego, ya que siempre observó un fulgor especial en estos. Era el que una vez fue su amante, era su demonio... su Beliar.

 

- ¿Pero creí que tú eras...? - todavía en estado de shock.

 

- Déjame adivinar... ¿Creíste que yo era ese chico? - dijo Beliar refiriéndose al moreno. Este último no podía creer lo que sus ojos veían. No podía creer de que Hunter...

 

- Si... - lo dijo con un tono de voz bajo y con melancolía.

 

- Ya veo... - desvió la mirada hasta JC que se encontraba en el suelo observando la escena -. Pero debo felicitarte Miguel, ya que estuviste bastante cerca. Solo hubo una pequeña confusión de quien era quien - burlándose.

 

JC respiraba con algo de dificultad e intentaba comprender que era lo que estaba pasando. El moreno solo observada a esos dos seres que estaban solo a algunos centímetros de él. Todavía no era capaz de asimilar bien lo ocurrido.

 

- Se perfectamente bien a que vinieron ustedes, pero créeme que no tengo intenciones de volver al Infierno - dijo Beliar sonriendo con malicia.

 

- Eso es lo que tú crees, Beliar - dijo Miguel ya recuperado.

 

- Bien... Viéndolo de ese modo, no me queda otra que arremeter contra todos ustedes y si es necesario matarlos, lo haré -.

 

- ¡Inténtalo! - gritó Miguel con furia en su voz.

 

En cuestión de segundos, Beliar sacó la espada del hombro de Miguel y con un movimiento rápido golpeó a este, tirándolo lo más lejos posible. Los otros tres arcángeles, al ver lo sucedido, decidieron atacar al demonio. Beliar dio media vuelta para enfrentar a los otros tres. Un extraño brillo comenzó a aparecer en su mano izquierda que empezaba a crecer rápidamente. Beliar esperó el momento justo para lanzar la esfera de energía hacia sus atacantes y poder lanzarlos a la distancia. Luego de esto, Beliar se acercó a JC, lo levantó y lo sostuvo por la cintura muy apegado a él, y en un pestañeo desaparecieron ambos. Miguel solo pudo observar esto último, mientras la ira recorría su ser.

 

Beliar y JC aparecieron en un pequeño departamento en medio de la ciudad situado al lado de una plaza. JC seguía sin entender muy bien lo que estaba pasando. Él quería respuestas... y las iba a conseguir.

 

- ¿En dónde estamos? -.

 

- En lo que era el departamento de Hunter - respondió Beliar mirando a JC. Este solo estaba con la mirada perdida en el suelo.

 

- ¿Qué es todo lo que pasó? No entiendo... - decía JC negando con la cabeza.

 

- No hay mucho que entender y además, es una historia un poco larga de contar -.

 

- Creo que me merezco una explicación - mirando a los ojos de Beliar -. Es lo mínimo que puedes darme - el enojo estaba presente en sus palabras.

 

- Esta bien... Si te pones así será mejor que te cuente todo ¿no? - se sentó en la cama y con un gesto de su mano le hizo entender a JC de que hiciera lo mismo -. La verdad es que estoy desterrado en tu Tierra - miró a JC para saber que respondería este.

 

- ¿Y por qué te desterraron? - preguntó JC desviando la mirada ya que Beliar lo hacía sentirse algo incómodo y nervioso.

 

- De por si los humanos no deberían saber con certeza de nuestra existencia, refiriéndome a ángeles y demonios, pero sabes... yo no soy de esos que les gusta seguir las reglas al pie de la letra - una sonrisa empezó a formarse en su rostro.

 

- Explícate... -.

 

- Según nuestras leyes, ningún ángel o demonio debería pisar tierra mortal, pero no siempre se cumple esta norma. Mayoritariamente son los demonios quienes rompen estas reglas, por lo que se les da a los hombres una idea de que puede existir algo más allá de su comprensión -.

 

- ¿Te refieres a lo sobrenatural, no? -.

 

- Si... podría decirse que si - el silencio reinó en la habitación durante unos segundos -. Como sea... Yo logré salir del Infierno y venir a la Tierra solo por una razón.

 

- Supongo que esa razón fue la causante de tu exilio - miró a Beliar.

 

- Si... - dijo este con melancolía -. Me enamoré de una mortal - JC se sorprendió ante esa confesión -. Al principio solo tenía las intenciones de venir a la Tierra a hacer daño, pero cuando la vi... no se qué pasó... no lo sé con exactitud - JC desvió la mirada hacia otro lado para que Beliar no lo viera. Había tristeza en sus ojos -. Pero lo que ella me hizo sentir fue único... A pesar de que vivía en la pobreza, ella era capaz de irradiar calor y hacer sentir a los demás de que la vida tenía un propósito para cada uno de nosotros... Por primera vez sentí que alguien me miraba de una forma diferente. Por primera vez sentí que necesitaba de alguien más para seguir viviendo... - Beliar estaba perdido en sus recuerdos -. Escapaba del Infierno solo para estar con ella, pero cuando se enteraron de esto... todo cambió - la tristeza estaba presente en sus ojos.

 

- ¿Qué pasó? - preguntó JC sin siquiera mirar a Beliar.

 

- La mataron... - el moreno volteo a mirar a Beliar. Este último miraba un punto fijo en el suelo -. Alguien como yo no podía estar con ella - miró a JC -. Estar aquí junto a ella significaba poner en peligro a la humanidad... No solo podía afectar tu mundo, sino que también al nuestro, de modo que para evitar un caos mayor, los demonios se hicieron cargo de ella, a mi transformaron en un mortal y me borraron la memoria... o supuestamente tenía que ser así... -.

 

- ¿Y te exiliaron aquí? - dijo JC.

 

- Se podría decir que si... - mintió.

 

JC se levantó de la cama y caminó hacia la ventana, en donde se quedó observando el cielo nocturno por unos momentos. Beliar seguía sentado en la cama algo cabizbajo. El moreno luego volteó y miró el lugar en donde estaba sentado el demonio.

 

- ¿Qué harás ahora? - preguntó con los brazos cruzados.

 

- Me quedaré aquí... contigo - volteó su cabeza de lado y sonrió pícaramente.

 

- ¿Qué te hace pensar que tú me interesas? - lo dijo algo desafiante.

 

- Pues... cuando lo hiciste conmigo me distes a entender eso -.

 

- Yo lo hice con Hunter, no contigo - enojado por la situación.

 

- Hunter y yo somos la misma persona - Beliar se levantó de su lugar y caminaba muy sensualmente hacia el moreno, lo que alarmó un poco a este último -. Además, si yo no te gustara no estarías así de nervioso - lo dijo de la forma más seductora posible, provocando un sonrojo en JC -. Dime que no te gustaría hacerlo conmigo y me voy, pero si no... podemos divertirnos un poco esta noche - pasó sus dedos por el torso del moreno que lo sintió más que placentero.

 

- Basta... - lo dijo en un susurro y cerrando de a poco sus ojos ante las caricias de Beliar -. Sigue provocándome y te juro que no respondo por mis acciones - lo dijo con decisión.

 

- Eso quiero verlo - le susurró en el oído y posteriormente le lamió el lóbulo de la oreja.

 

JC no aguantó más y se abalanzó sobre Beliar buscando sus labios con su boca. Empezó lentamente a empujarlo hasta la cama mientras recorría desesperadamente su cuerpo con sus manos por encima de la ropa. Ambos cayeron encima de la cama, JC sobre Beliar. Este último solo se dejaba tocar por el moreno. Al cabo de unos minutos, JC se separa de Beliar con la respiración agitada y lo mira directamente a los ojos.

 

- ¿Qué pasa? - preguntó Beliar algo molesto con el moreno.

 

- No se... no se muy bien... como comportarme contigo - intentando calmar su respiración, a lo que Beliar simplemente le sonrió.

 

JC se acercó para besar los labios del demonio, lo que hizo en forma lenta pero sensual. Con sus manos empezó a desvestir a Beliar, mientras se entretenía besando su cuello y mandíbula. Al cabo de unos minutos terminó de desvestirlo. Contempló aquel cuerpo que estaba justo debajo de él, no se veía tan diferente comparado con Hunter. JC sonrió ante este pensamiento y, sin más detenimiento, se desvistió lo más rápido que pudo y comenzó a darle placer a su ahora amante. Acariciaba cada parte de su cuerpo con mucha delicadeza y exploraba con su boca cada rincón de su ser. Esta lentitud no le estaba agradando para nada al demonio.

 

- No hace falta que seas tan delicado conmigo - JC levantó la cabeza y se quedó estático mirando a Beliar -. Me gustan las cosas más... candentes - lo dijo con lujuria en sus ojos y esbozando una sonrisa.

 

- Ya veo... - sonrió con complicidad -. Luego no quiero ninguna queja... ¿me entendiste? - ser el que dominaba la situación lo hacía excitarse más. Beliar simplemente seguía sonriendo... quería seguirle el juego.

 

JC besó con fuerza la boca de Beliar y comenzó nuevamente a recorrer su cuerpo con sus manos con brusquedad. Luego de saciar sus ansias con el cuerpo del demonio, posicionó su sexo en la entrada de este y sin ninguna preparación previa, se introdujo en él con una sola embestida. Beliar solo hizo una pequeña mueca de dolor.

 

- Te dije que no quería ninguna queja... - le susurró JC en el oído mientras le lamia el lóbulo.

 

El moreno no esperó a que el demonio se acostumbrara a la intromisión y empezó a dar fuertes embestidas en su cuerpo. A Beliar no le molestaba en absoluto sentir algo de dolor, por el contrario, para él era absolutamente placentero.

 

- Más... más fuerte - se lo decía entre jadeos a lo que el moreno complació sus demandas.

 

Cada estocada era cada vez más fuerte y salvaje. El exquisito vaivén era acompañado por los gemidos de ambos. Las gotas de sudor comenzaban a perlar la piel de ambos debido al esfuerzo físico. JC con cada embestida, intentaba darle en ese en punto en donde se podía alcanzar el éxtasis, mientras que masturbaba a su amante. Cuando por fin logró dar con aquel punto, Beliar ya no solo gemía, si no que gritaba por más, a lo que JC lo complació enseguida. Ambos estaban a punto de llegar al momento cúlmine. El moreno dio su última embestida mientras terminaba dentro del cuerpo de Beliar, en cambio este último, derramó su semilla en el abdomen de ambos. Al terminar, ambos quedaron exhaustos e intentaban calmar su agitada respiración. JC se posicionó al lado de Beliar cerrando los ojos y esbozando una sonrisa. Beliar mantenía los ojos abiertos y miraba un punto fijo del techo de la habitación. El moreno luego volteó a observar al demonio.

 

- Te dije que te arrepentirías -.

 

- No me arrepiento de nada... me gusta que me traten así - observó a JC y le sonrió seductoramente.

 

- Masoquista... - devolviéndole la sonrisa.

 

- Sádico... - ambos rieron.

 

Beliar se acercó al rostro de JC para besar sus labios, lamiéndolos suavemente para luego darle un beso más apasionado y demandante. Al separarse se quedaron mirando unos minutos. JC extendió su mando hasta el rostro de Beliar y acarició su mejilla con delicadeza. Posteriormente, ambos se acomodaron en la cama... era hora de descansar.

Notas finales:
Cha-chan!!!!! Pronto siguiente cap :P
Reviviendo el pasado. por Mizuki Nagano
Sus demostraciones de amor eran cada vez más frecuentes. Disfrutar de sus cuerpos era lo que hacían la mayor parte del tiempo y ninguno de los dos tenía ganas de hacer otra actividad. Podían empezar en las mañanas haciendo el amor y terminar por las tardes, luego de un breve descanso seguían en su fogosa actividad.

 

JC ahora se encontraba dormido medio de costado. Beliar simplemente lo observaba y acariciaba su rostro suavemente, después de todo no tenía intenciones de despertarlo, le agradaba ver dormitar al moreno. Sin hacer muchos movimientos, se acercó al rostro de JC lentamente para besarlo en la mejilla, luego dirigió su mano hacia su frente para quitarle algunos mechones de cabello que cubrían parte de éste. Se levantó cuidadosamente de su lado y se vistió, siempre con la vista fija en la cama observando al moreno. Luego de esto, se desvaneció entre las sombras de la noche... tenía asuntos pendientes que atender.

 

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Llevaba algunos días yendo a aquel lugar, en donde días antes se había encontrado con Beliar. Ahora el pequeño prado estaba florecido con pequeñas flores de color blanco, dándole a éste un aspecto bastante tranquilo y relajador. La suave brisa nocturna hacía que las flores se movieran al compás de esta, dando la sensación de encontrarse en medio del mar.

 

Miguel observaba aquel lugar, para luego dirigir su mirada hasta el cielo nocturno que estaba inundado por un millar de estrellas. Dejó que su mente vagara por los cielos del recuerdo, todos estos rondaban en torno a una sola persona... a Beliar. Cerró los ojos para recordar todos los momentos que estuvo con él. A pesar de que algunos eran tristes y le provocaban un gran dolor, no dejaba de pensar en él ni un solo momento, después de todo lo seguía amando. Estaba tan sumido en sus recuerdos que no notó la presencia de alguien más en el lugar.

 

- ¿En qué estás pensando... Miguel? - sorprendiendo al susodicho.

 

- En nada que te importe, demonio - lo dijo en forma fría y bajando la mirada.

 

- Si mi intuición no me engaña... Yo creo que estabas pensando en mi - esto provocó una respuesta de sorpresa en Miguel, inmediatamente después, bajó la cabeza al verse descubierto -. Por tu reacción, veo que así era - rió con malicia.

 

- Debería matarte ¿sabes? -.

 

- ¿Y por qué no lo haces? - Miguel volteó a ver a Beliar. Unos cuantos metros los separaban.

 

- Tengo que llevarte con mis superiores - esperó alguna respuesta por parte del demonio, pero solo reinó el silencio. La situación ya le estaba incomodando a Miguel -. ¿Por qué no me mataste el otro día? Tenías la oportunidad de hacerlo -.

 

- Tengo mis razones para no matarte, Miguel... - Beliar lo miró directamente a los ojos provocando un leve sonrojo en el arcángel. Su corazón empezó a latir con fuerza ante la mirada insistente del Beliar. Tenía que evitar a toda costa caer ante él, por lo que cerró sus ojos intentando calmarse -. ¿Qué pasa, Miguel? Te noto algo nervioso - dijo Beliar acercándose un poco a éste.

 

Miguel fijó su mirada en los ojos dorados de Beliar, extendió su mano derecha hacia el lado y apareció inmediatamente la espada santa. Miguel estaba decidido a terminar con esto de una vez por todas, dándole a entender el mismo mensaje a Beliar. Este último hizo exactamente lo mismo y convocó a la espada exorcismo.

 

- Tú y yo tenemos un duelo pendiente - ira reflejada en sus ojos.

 

- Veo que estás decidido - hizo una pequeña pausa -. ¡Entonces no te hago esperar más! -.

 

Beliar arremetió con rapidez en contra de Miguel, haciendo que éste último bloqueara su ataque con su espada. Beliar retrocedió, esto lo aprovechó Miguel para contraatacar, no teniendo mucho éxito ya que Beliar se desvaneció. Inmediatamente se volteó al sentir la presencia del demonio detrás de él, quien estaba a punto de lanzarle una esfera de energía. Miguel logró esquivarla y arremeter contra Beliar, quien no tuvo otra opción que defenderse de su contraataque.

 

La batalla no solo la habían llevado a cabo en la tierra, sino también el mismo cielo se transformó en campo de batalla. Cada uno sabía manejar la espada a la perfección. Cada uno era capaz de lanzar energía hacia el otro. Llevaban un poco más de una hora en batalla, cuando Miguel logró cortar la mejilla de Beliar.

 

- Veo que has mejorado un poco - se llevó la mano hasta su mejilla solo para ver que estaba sangrando. Ambos estaban separados por algunos metros y respiraban agitadamente - Pero ni creas que con esto me vas a ganar -.

 

- Tengo la suficiente experiencia para vencerte - dijo sonriendo confiadamente, provocando molestia en Beliar.

 

Ninguno de los dos cedería ante el otro, ya que ambos tenían pensado someter a su contrincante. Cada minuto que pasaba era crucial para definir al ganador. Miguel tenía una notable ventaja sobre Beliar, quien estaba mostrando señales de cansancio y al parecer pronto llegaría a su límite. El haber estado más de dos siglos sin actividad, le estaba jugando en contra.

 

- Te veo algo agotado, Beliar - sonreía ante el hecho de poder salir victorioso.

 

- No te daré en el gusto... - bastante agitado y algo preocupado.

 

Miguel atacó rápidamente a Beliar quien solo tuvo oportunidad de esquivar el ataque y huir hacia los cielos, pero de nada le sirvió, el cansancio lo hacía moverse más lento, hecho que aprovechó Miguel para atacar nuevamente. Arremeter contra el demonio tuvo consecuencias desastrosas para este último. La espada exorcismo había salido despedida hacia el bosque y Beliar fue lanzado hacia el suelo, provocando que algunos pétalos de las flores volaran por los aires. Miguel inmediatamente se posicionó encima de este y colocó la punta de la espada en el pecho de Beliar. Estaban en una posición demasiado comprometedora.

 

- Te vencí... - mirando directamente a los ojos de Beliar.

 

Se quedaron por varios minutos en esa posición observándose mutuamente, mientras intentaban calmar sus agitadas respiraciones. Miguel no pudo evitar perderse en la mirada de Beliar, no pudo evitar querer besarlo nuevamente, ni tampoco controlar todo lo que sentía por él. Se sumió en sus recuerdos, en los que él y Beliar estaban juntos, y eran felices... o por lo menos eso aparentaba. Nuevamente recordó la traición sufrida a causa de él. Era tanto el dolor que le producía rememorar aquellos acontecimientos, que sentía un gran vacío crecer en su pecho y que poco a poco empezaba a extenderse en todo su ser. Por tantos años guardó lo que sintió en aquel momento, que ahora que lo tenía en frente de él, ya no era capaz de aguantar todos aquellos sentimientos producidos por aquel demonio. La rabia, la tristeza, la impotencia por no haber hecho algo al respecto en ese momento y por lo que estaba pasando ahora, pero por sobre todo... no era capaz de entender como era posible seguir enamorado de aquel ser.

 

Beliar simplemente seguía observando a Miguel. Había visto como este comenzó a temblar ligeramente, mientras agachaba la cabeza y empuñaba con más fuerza la espada. Vio como algunas lágrimas empezaron a correr por sus mejillas y como este intentó controlarlas cerrando sus ojos fuertemente no teniendo mucho éxito. Beliar podía ver y sentir por primera vez todos los sentimientos que se había guardado Miguel.

 

- Un arcángel no debería derramar lágrimas por alguien como yo - lo dijo seriamente. Beliar extendió su mano para acariciar la mejilla de Miguel, quien seguía llorando.

 

Un pequeño silencio se instaló entre ambos. Miguel seguía con la cabeza gacha... sollozando. Beliar al ver que no obtuvo respuesta por parte del arcángel, deslizó la mano que acariciaba su mejilla hasta su mentón, le levantó la cabeza suavemente y obligó a Miguel a mirarlo a los ojos. Solamente pudo ver tristeza reflejada en aquellos ojos y un vago intento por ocultar lo que sentía. Beliar al ver esto, no pudo evitar acercar su rostro al de él y besarlo en los labios ante la sorpresa de Miguel. Fue un beso corto, suave... tierno. Para cuando se separaron, Miguel seguía sin entender el por que de aquella acción.

 

- Es la primera vez que te veo llorar - dijo Beliar sosteniendo la mirada con Miguel -. No puedo evitar sentirme culpable por ello... - sonreía con melancolía.

 

- Créeme que he derramado lágrimas en más de una ocasión por ti - dijo Miguel con algo de dificultad a causa del llanto - Dime... ¿por qué...? - sus sollozos eran cada vez mas fuertes -. No logro entenderlo... No puedo... - más lagrimas caían por sus mejillas. Beliar simplemente lo observaba sin saber que decir -. Yo te amaba... - casi en un susurro. Miguel esperó una respuesta por parte de Beliar, quien solo bajó la mirada sintiéndose más culpable de lo que ya estaba.

 

La brisa se podía sentir nuevamente, erizando la piel de ambos y llevándose alguna que otra lágrima de Miguel. Se quedaron en silencio por unos minutos hasta que el arcángel dio signos de actividad. Lentamente se acercó a Beliar para probar sus labios una vez más, en un beso tímido al principio, pero que con el tiempo se fue haciendo más profundo y exigente. Miguel dejó la espada a un lado sin romper el beso y luego empezó a acariciar por arriba de las ropas de Beliar el cuerpo de este, quien correspondía a todas las carisias recibidas. El arcángel empezó a descender por su cuello, mientras sus manos quitaban las ropas del demonio y viceversa. Al quedar completamente desnudos, se contemplaron mutuamente y ambos esbozaron una sonrisa. Miguel se apresuró nuevamente en explorar aquel cuerpo que hace mucho tiempo no tocaba y que sin embargo conocía muy bien, dirigiendo sus manos a su espalda y levantando suavemente a Beliar, para luego ascender por esta hasta llegar a su nuca, en donde deslizó sus dedos por la amarra que sujetaba su largo cabello negro y soltarlo. Beliar no mostró objeción alguna, ya que sabía que a Miguel siempre le gustó pasar sus dedos entre su cabello. Prosiguieron dando caricias y besos a su amante, hasta que Beliar abrió ligeramente las piernas y paso una de ellas por la cintura de Miguel, dándole a entender de que ya estaba listo para lo siguiente. Miguel entendió el mensaje y se posicionó en la entrada de Beliar. Con un movimiento suave comenzó a entrar en el cuerpo de éste hasta llegar al final, esperando a que su demonio se acostumbrara a la intromisión, pero para su sorpresa Beliar no tenía intenciones de esperar ni un minuto más, moviendo sensualmente su cadera para que Miguel comenzara con el exquisito vaivén. La demanda fue complacida por parte del arcángel quien empezó a moverse de forma lenta y pausada, aumentando el ritmo cada vez más, pero sin llegar a hacerlo de forma brusca.

 

- Siempre... odié... que me lo hicieras... así - se quejaba Beliar en el oído de Miguel. Este último solo sonrió ante el comentario, ya que sabía muy bien que su demonio odiaba la lentitud.

 

- Beli... Beli... - le susurraba en el oído, mientras le hacía el amor lentamente. Miguel era el único que lo llamaba de esa manera y sonrió por eso.

 

Miguel comenzó a masturbar a Beliar con la mano izquierda, mientras su mano derecha tomo la mano izquierda del demonio y la llevó por encima de la cabeza de este. Las embestidas eran cada vez más rápidas pero suaves, sus respiraciones acompasadas, sus cuerpos se acoplaban perfectamente bien al del otro. Miguel estaba por terminar en el cuerpo de Beliar sintiendo como su cuerpo empezaba a tensarse y notando que su amante estaba en la misma situación. Al cabo de unos segundos mas, ambos llegaron al ansiado orgasmo. Miguel salió lentamente del cuerpo del demonio y cayó a su lado agotado, luego se puso de lado para observar a Beliar quien mantenía sus ojos cerrados intentando calmar su respiración. El arcángel dirigió su mirada por el cuerpo de Beliar, quien se sintió observado y volteó a ver a Miguel.

 

- ¿Podrás perdonarme algún día? - extendiendo su mano al rostro de Miguel.

 

- Creo que ya lo hice... Beli... - esbozó una sonrisa. Beliar sonrió a duras penas, no estaba muy convencido de eso... solo por ahora.

 

Se quedaron observando al otro por lago tiempo, hasta que Miguel fue el primero en quedarse dormido. Beliar suavemente quitó algunos mechones de cabello del rostro de Miguel y lo miró por algunos minutos con tristeza.

 

- Tan ingenuo... Tan predecible... - acariciando el rostro de Miguel -. Se que no vas a perdonarme - la tristeza seguía en sus ojos -. Pero créeme que lo hago por tu bien... -.

 

Se levantó cuidadosamente de aquel lugar y se vistió en silencio. Dirigió su mirada hasta Miguel y se acercó a este para darle un beso en la mejilla y taparlo un poco con sus propias ropas. Luego de esto se retiró del lugar... había conseguido lo que quería.

 

Antes de encontrarse con JC, se detuvo en otro lugar para buscar algo. Llegó al departamento y se percató de que el moreno seguía dormido. Se acercó lentamente a él para no despertarlo y lo contempló dormir por largo tiempo. Colocó cuidadosamente una hermosa flor al lado de JC, lo besó en el rostro y luego dio media vuelta para retirarse de la habitación... ya no aguantaba más. Se deslizó silenciosamente por el lugar hasta llegar a la pequeña sala de estar, se sentó en un sofá en medio de la oscuridad y lloró en silencio.

Notas finales:
Me dio un poquito de tristeza escribir este capítulo, pero creanme que es necesario u.u... Este es el capítulo que mas me gusta de toda la historia.

Muchas gracias por sus reviews ^^

Realidad. por Mizuki Nagano
Comenzó a dar signos de querer despertarse. Se revolvía entre las sabanas que cubrían su cuerpo desnudo, extendiendo una de sus manos hacia el lado intentando buscar a alguien, pero en su lugar encontró otro objeto... una flor. Todavía algo somnoliento se levantó y miró aquella flor que tenía en la mano para luego dirigir su mirada por toda la habitación buscando a la persona con quien había compartido esa noche hace solo algunas horas. Dejó la flor encima de la cama y comenzó a vestirse, un bóxer y un pantalón bastaba, para luego tomar la flor nuevamente y salir de la habitación. Pasó una de sus manos por el cuello y movió ligeramente la cabeza, mientras iva de habitación en habitación buscando a Beliar. Al no encontrarlo, se dirigió a la sala directamente hacia la ventana para contemplar la noche, abriendo esta para salir al pequeño balcón.

 

La brisa nocturna era algo muy agradable de sentir, especialmente si era época de verano. Le gustaba sentir el contacto de su piel desnuda con aquella brisa, que le producía un exquisito escalofrío de bienestar. El moreno vio como la flor, que tenía en la mano, se movía ligeramente por la brisa, provocando que le entrara curiosidad. Acercó la flor hasta su rostro y olió su aroma. Inmediatamente empezó a sentir como sus sentidos comenzaban a desvanecerse asustándolo un poco, alejando la flor para poder recuperarse de aquello y ver si solo era un producto de su imaginación o era la extraña flor quien le provocaba aquella sensación. La acercó nuevamente a su rostro para verificar su suposición. Nuevamente cayó ante el encanto, sintiendo como todo a su alrededor se desvanecía, dándole la sensación de estar completamente solo. Comenzó a sentir un calor en su pecho, que crecía y se extendía a todo su ser. Su corazón empezó a latir más rápido y con fuerza, mientras que su respiración se hacía más agitada... Placentero... Aquella flor le producía placer, una sensación que lo estaba absorbiendo de a poco y que con el tiempo le agradaba cada vez más.

 

Alguien entró en la habitación y se había quedado observando a JC hace un buen rato. Lentamente se acercó por la espalda del moreno y posó una de sus manos en su cadera despertándolo de aquel trance. Inmediatamente JC volteó para ver a Beliar con la respiración agitada y con pequeñas gotas de sudor que recorrían su cuerpo.

 

- Veo que ya descubriste el misterio de la orquídea - lo dijo mirándolo directamente a los ojos y sonriéndole. JC solo lo miraba estupefacto. Beliar se acercó a su rostro y lo besó en los labios, haciendo que el moreno reaccionara y correspondiera al beso. Luego de esto se separaron -. Las llaman silenciosas... es por el efecto que producen, aunque dependiendo de la persona, pueden producir otras sensaciones.

 

- ¿Dónde estabas? - preguntó JC cortándolo de golpe y mirándolo a los ojos.

 

- Salí por ahí... - algo sorprendido por la reacción y saliendo al balcón para mirar la ciudad.

 

- ¿Por qué será que no te creo? - esperó una respuesta de Beliar, pero al no obtener ninguna prosiguió -. ¿Qué te pasó en la mejilla? No creas que no vi la marca - Beliar se dio media vuelta y enfrentó a JC.

 

- Fui a buscar a Miguel... Tenía un asunto que atender con él -.

 

- ¿Y ese asunto incluye ese rasguño y la orquídea que tengo en la mano? - lo dijo algo molesto. Beliar simplemente sonrió ante la actitud de JC, le agradaba provocar al moreno.

 

- ¿Estoy detectando celos... o es imaginación mía? - lo decía con picardía. JC observó al demonio y luego desvió su mirada -. JC... estás celoso - se acercó sensualmente al moreno y pasó sus dedos por su torso desnudo. JC no aguantó la provocación de Beliar acercándolo bruscamente más hacia él y levantándole el rostro para mirarlo a los ojos.

 

- Que te quede claro que yo no comparto lo que es mío - había ira en sus ojos. Beliar lo miró con sorpresa y luego lo empujó suavemente para separarlo de sí.

 

- Creo que no te he dado razones para que te pongas así -.

 

- Si me hubieras dicho a donde ivas y con quien estarías, no estaríamos en esta situación - lo dijo con una falsa sonrisa.

 

- Estabas dormido... no te iba a despertar por algo así - caminando hacia el interior y por toda la sala.

 

- Me estoy cansando de las mentiras, Beliar - se lo dijo en un tono de advertencia, provocando que el demonio detuviera su andanza y volteara a enfrentarlo.

 

- Creo que he sido bastante sincero contigo - lo dijo ya un poco enfadado.

 

- Sabes... ¡No te creo nada!... En primer lugar, jamás me dijiste que eras un demonio... en segundo lugar, ahora haces escapadas para verte con Miguel... y en tercer lugar, no creas que no vi como se miraron ese día ustedes dos - estaba más que enfadado, pero sin llegar a levantar la voz.

 

- Estás así porque estás celoso... Estás hablando puras estupideces - se dio media vuelta rumbo a la puerta de salida. JC al ver esto lo siguió, lo tomó del brazo y lo jaló a la fuerza hasta el dormitorio.

 

- ¡¿Qué mierda crees que haces?! - JC lo había lanzado hacia la cama boca arriba y se había montado arriba de él, sosteniéndole ambas manos por arriba de su cabeza.

 

El moreno acercó su rostro al de él y lo besó con brusquedad y fiereza. Solo estuvieron un corto tiempo así, ya que Beliar se desvaneció y apareció detrás de él, haciendo que el moreno se molestara aún más.

 

- Al parecer se te olvida con quien estás tratando, JC - fijó su mirada en la mirada negra del moreno. Este luego la desvió algo frustrado y molesto por no conseguir lo que quería.

 

- Solo eres un maldito demonio - lo dijo con desprecio para luego comenzar a vestirse completamente, salir de la habitación y luego del departamento.

 

Beliar simplemente caminó hasta la cama para sentarse y llevar una de sus manos a la cabeza, después de haber oído el portazo de JC. Luego de meditar un poco lo que había pasado, llevó una de sus manos hasta su cuello y sacó por debajo de sus ropas la cruz de oro blanco que le había regalado el moreno... observándola, mientras pasaban los minutos.

 

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Había pasado un poco más de una hora desde su encuentro con Beliar. Miguel se despertó y miró por los alrededores buscando a su amante. Sonrió recordando que el demonio jamás se quedó con él en los tiempos en que se veían juntos hace muchos siglos... era obvio que ahora hiciera lo mismo.

 

La noche seguía en su total esplendor. Miguel se quedó observando el cielo nocturno nuevamente, sonriendo al recordar lo que hace poco había ocurrido. Se levantó del lugar y comenzó a vestirse, siempre con la misma sonrisa de satisfacción, pero no le duró mucho al percatarse que algo le faltaba. Buscó con su mirada en el suelo aquel objeto que tenía a su cuidado... no lo encontró. Una idea asaltó rápidamente su mente. Comenzó a respirar con dificultad, mientras sus ojos se llenaban de lágrimas. La sola idea de que Beliar lo haya usado nuevamente lo mataba. Se sintió destrozado al darse cuenta que había caído bajo los encantos de aquel demonio.

 

- Estúpido... - se dijo así mismo cerrando los ojos fuertemente mientras las lágrimas caían por sus mejillas. Lloró por largo tiempo con los ojos cerrados para luego abrirlos y mirar un punto fijo -. Te odio... - lo dijo con rabia, con tristeza e impotencia... se sentía frustrado -. Te odio como no tienes idea... Te juro que voy a matarte, Beliar - por primera vez sentía que lo odiaba realmente -. ¡Te mataré! - lo gritó a los cielos, esperando que incluso el mismo demonio lo escuchara.

 

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Ya había avanzado unas cuantas cuadras lejos del departamento. Solamente podía pensar en lo que había ocurrido, provocándole más enfado y molestia. Al rato de estar vagando por las calles de la ciudad, se quedó parado a mitad de ésta meditando lo sucedido.

 

- "¡No seas estúpido, JC!" - se recriminaba mentalmente - "Ya no te puedes arrepentir de lo que hiciste" - cerró los ojos y movió la cabeza hacia ambos lados rápidamente para despejar su mente. Se quedó pensativo por unos minutos para intentar aclarar sus ideas -. Quizás... quizás exageré las cosas - dijo con algo de tristeza.

 

Por suerte no había nadie a esas horas de la noche. JC había pegado un gruñido de frustración, caminaba de un lado a otro y hablaba consigo mismo de lo que había sucedido, dándole más vuelta al asunto y cada vez estaba más seguro que la culpa había sido suya. Al poco tiempo se quedó nuevamente parado en un solo lugar, buscando el nuevo móvil en su bolsillo. Marcó un número y esperó a que le contestaran... necesitaba hablar con alguien.

 

- Vamos... contesta - esperó por un tiempo hasta que salió el buzón de voz - Kiara... ammm... si oyes esto, necesito hablar con alguien y pues... creo que tu eres la persona indicada... llámame luego - cortó algo decepcionado.

 

JC levantó la vista hacia los cielos esperando que cayera la respuesta que estaba buscando de éste, pero sin mucho éxito. Soltó un suspiro y volteó a ver en la dirección de la cual venía.

 

No sabía como logró llegar hasta el departamento y plantarse fuera de este, después de todo se tuvo que armar de valor para poder hacer lo que había decidido, además de que agradecía de que el conserje le hubiera devuelto las llaves del departamento, que hace una media hora antes, le había tirado por la cabeza, esto gracias al no poder controlar lo que sentía. Abrió la puerta lentamente y entró en silencio, se dirigió hacia el dormitorio y abrió muy despacio la puerta de este... estaba seguro de que Beliar seguía ahí. Al entrar, notó de que no se había equivocado en ello, ya que su demonio seguía ahí... sentado en la cama, mirando hacia la ventana y a espaldas de la puerta. Esbozó una sonrisa y se acercó a él en silencio hasta quedar enfrente de él. Pudo observar que Beliar estaba cabizbajo, observando un objeto que tenía entre las manos... era la cruz de oro blanco que él le había regalado a Hunter. Se alegró de que todavía la conservara.

 

- Puedo preguntar... ¿Qué haces aquí? - dijo Beliar sin levantar la mirada.

 

- Necesitamos hablar - dijo algo nervioso y temiendo la reacción del demonio.

 

- Creo que ya nos dijimos todo... Te pido que salgas de aquí -.

 

- No me iré hasta que hablemos - esperó alguna objeción por parte de Beliar, pero al no obtenerla continuó -. Te debo una disculpa... Creo que exageré las cosas - intentaba que todo sonara lo más calmado posible, ya que no quería que se repitiera lo de la última vez.

 

- ¿Y disculparte por qué? -.

 

- Por lo que pasó - nuevamente no obtuvo respuesta de Beliar. Se arrodilló para poder estar a su altura y extendió una mano para levantar su rostro -. ¿Estuviste llorando? - lo dijo en tono bajo y preocupado al ver los ojos del demonio.

 

- Los demonios no derramamos lágrimas por otros - intentó desviar la mirada, pero JC se lo impidió.

 

- Tú si... - acarició su rostro y luego se acercó para besarlo, acto que Beliar no permitió levantándose del lugar y caminando por el dormitorio hasta llegar al otro extremo de la cama en donde se encontraba la orquídea. La tomó y se la llevo al rostro para aspirar su aroma, luego la alejó un poco y miró a JC a los ojos.

 

- Dime... ¿Qué sentiste cuando aspiraste su aroma? - refiriéndose a la flor. JC esperó unos segundos antes de responderle.

 

- Calma... bienestar... silencio... -.

 

- ¿Algo más? - el moreno quedó pensando si responderle o no. Al ver que Beliar lo miraba intensamente, optó por responderle.

 

- Placer... - mirándolo directamente a los ojos -. El mismo placer y éxtasis que tú me haces sentir -.

 

Se sostuvieron la mirada por unos minutos. Al final, JC se encaminó hacia Beliar, se paró delante de él y siguió mirando esos ojos dorados que lo volvían loco. Tomó la flor que Beliar tenía en su mano y la dejó arriba del escritorio, luego volteó a ver al demonio y lo acercó hacia sí por la cintura, levantó su rostro con la otra mano y lo besó suavemente en los labios. Beliar correspondió el beso y las caricias que el moreno comenzó a proporcionarle... era momento de una reconciliación.

 

~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~~

 

- ¡Te das cuenta de la gravedad del asunto, Miguel! - decía Uriel algo histérico.

 

- Ahora... ¿Qué vamos a hacer? - decía Gabriel algo preocupada.

 

- No nos queda otra que informar lo sucedido - dijo Rafael.

 

- ¡¿Cómo pudiste caer nuevamente?! - Uriel seguía recriminando a Miguel, mientras este estaba cabizbajo y los otros dos solo observaban -. ¡Sabías que esto podía pasar! -.

 

- ¡Ya lo sé! - miró fijo a Uriel a los ojos -. Ya no tienes que repetírmelo -.

 

- Tú y yo vamos a hablar de cómo pasó todo esto... - dijo Uriel, luego volteó a ver a los otros dos arcángeles -. Ustedes dos irán a informar de la situación a nuestros superiores. Solo nos queda esperar lo peor - los otros dos arcángeles solo asintieron, dieron media vuelta y partieron al Paraíso -. Ahora dime como pasó. Ya te cubrí una vez... pero no creas que lo haré de nuevo - en tono serio.

 

Miguel no tuvo otra opción... y se lo contó todo a Uriel, este último simplemente observaba cada expresión que realizaba el arcángel. Sabía perfectamente todo lo que le dolía a Miguel tener que contar lo sucedido. Sabía que decírselo a sus superiores podría tener consecuencias desastrosas, entre ellas, la misma expulsión del Paraíso hacia el Infierno.

 

- Miguel... - lo dijo en tono bajo -. Yo no puedo ayudarte más... Sabes lo que puede pasar. Solo queda esperar la desición de la Kábala -.

 

- Lo sé - lo dijo casi en un susurro y con la mirada baja, para luego levantarle y mirar a su compañero -. Pero seré yo quien mate a Beliar - Uriel se sorprendió ante esa declaración. Por primera vez vio odio en los ojos de Miguel - Te lo juro... -.

Notas finales:
Ya falta poco para el momento de la verdad :P El apocalipsis se acerca ^^
Calma antes de la tormenta. por Mizuki Nagano
Solo una sábana cubría la parte baja de sus cuerpos desnudos. Habían pasado lo que quedaba de la noche haciendo el amor, después de todo, era la mejor forma para una reconciliación.

 

El sol ya estaba en el punto más alto del cielo, lo que significaba que era bastante tarde, pero a ninguno de los dos le importaba mucho. JC abrazaba desde atrás a Beliar por la cintura dormitando todavía, mientras que su compañero llevaba un poco más de media hora despierto... estaba algo pensativo. Pasaron unos pocos minutos más antes de que el moreno diera signos de querer despertarse. Beliar simplemente sonrió al sentir a JC moverse atrás suyo.

 

- Buenos días... - le susurro en el oído a Beliar para luego empezar a darle besos por el cuello y seguir hacia su hombro.

 

- Buenos tardes dirás - sonriendo -. Ya son más de las doce -.

 

- No me importa - sonriendo y mordiéndole sensualmente la oreja provocándole algunas cosquillas -. Deberíamos pelear más seguido... - Beliar rió levemente ante el comentario -. Me excitan más las reconciliaciones.

 

- Si que dices estupideces - sonriendo y volteándose a ver a JC -. Pero quizás no sea mala idea - le sonrió muy seductoramente antes de besarlo -. A propósito... tu aparatito no me dejo dormir muy bien - el moreno puso cara de no entender lo que su demonio decía, aunque tenía una leve idea de lo que era y se sonrojó un poco por ello. Beliar al ver el sonrojo de su amante se sonrojó también al haber adivinado lo que el moreno estaba pensando -. ¡Hablo de tu teléfono! - dijo algo molesto provocando una risa nerviosa por parte del moreno -. ¿Cómo es que no lo sentiste? Si que tienes el sueño pesado - el moreno rió ante el comentario.

 

- A ver... - tomando el móvil en sus manos percatándose que tenía dieciséis llamadas perdidas y todas de la misma persona -. ¡Rayos! Se me olvidó llamar a Kiara nuevamente... ¡Que estúpido! - se levantó y se puso solo la ropa interior antes de llamar a la chica, paseándose por el dormitorio, mientras que Beliar lo observaba divertido y negando con la cabeza.

 

- Eres un caso perdido JC... - rió. El moreno solo lo observó y le hizo un gesto con la mano dándole a entender a Beliar que estaba conversando con la chica, lo que provocó otra risa en el demonio. Luego volteó a mirar hacia la ventana y se limitó a solo observar el cielo. Al cabo de unos minutos, JC cortó la llamada.

 

- Asunto arreglado... o más bien a medias - rascándose la nuca.

 

- Por tu expresión puedo decir que ella se molestó ¿no? - lo dijo mirando al moreno y sonriéndole.

 

- Algo... - dijo desviando la mirada mientras que Beliar reía -. Por lo menos te sigo divirtiendo - se miraron mutuamente por un corto tiempo -. Creo que me iré a duchar - Beliar solo hizo un gesto para darle a entender a JC que lo hiciera.

 

El moreno se dirigió al baño para ducharse mientras que Beliar seguía recostado en la cama observando la puerta del dormitorio por donde había salido su amante. Posteriormente, se reincorporó en la cama sentándose en esta y apoyando su espalda en la pared para luego soltar un suspiro. Cerró sus ojos por un momento... alguien más estaba junto a él.

 

- Sabía que vendrías pronto... Manakel - abrió sus ojos y dirigió su mirada hacia la ventana, en donde se encontraba el ángel.

 

- No has cambiado en nada, Beliar - dijo este acercándose un poco al demonio -. Creo que tenemos algunos asuntos que discutir -.

 

- Probablemente... - miró fijamente hacia los ojos de Manakel.

 

- Deberíamos comenzar ya... Solo es cuestión de tiempo para que se descubra todo y nos detengan - dijo serio.

 

- Tranquilo.... - le sonrió con malicia -. Solo esperaremos un par de días más. Luego comenzará el espectáculo - rió.

 

- ¡No podemos esperar más, Beliar! - acercándose más al susodicho y arrodillándose un poco para estar a su altura.

 

- ¡Quieres bajar la voz, idiota! - enfadado ya por los arranques de Manakel -. Esperaremos solo dos días más y al fin obtendremos lo que queremos... Lo único que te pido es que seas discreto y tengas algo de paciencia - miró hacia al frente un punto fijo -. Pronto todo será nuestro... - sonrió ante esa idea.

 

- De acuerdo, Beliar. Será como tu digas - se alejó un poco de éste -. Solo espero que todo salga bien.

 

- Todo saldrá bien - molesto por el comentario del ángel -. Ya lo verás... - ambos miraron en dirección a la puerta del dormitorio al escuchar abrirse la puerta del baño. Manakel desapareció rápidamente, mientras que Beliar esperaba a que apareciera JC. El moreno entró en el dormitorio secándose el cabello, se quedó observando a medio camino a Beliar ya que este le miraba fijamente.

 

- ¿Pasa algo? -.

 

- Nada fuera de lo normal - volteándose en otra dirección y fingiendo estar molesto.

 

- ¿Y eso? - algo extrañado por la respuesta. Seguía sonriendo y secándose el cabello.

 

Beliar volvió a dirigirle una mirada y se levantó de la cama. Caminó muy sensualmente hacia el moreno completamente desnudo. JC había dejado la toalla que estaba usando para secar su cabello de lado y solo observaba a Beliar, hasta que este quedó frente de él.

 

- Tengo pensado aprovechar la ducha de otra forma... - en su mirada había lujuria. Comenzó a pasar sensualmente sus dedos por el torso desnudo de JC, atrapando algunas de gotas de agua y descendiendo a través de este hacia su abdomen -. Pero hay algo que me está molestando aquí... - siguió su recorrido con sus manos en el cuerpo del moreno hasta llegar a la toalla que cubría su hombría. Lentamente tiró de esta hasta dejar a JC completamente desnudo. Ambos se seguían sosteniendo la mirada en todo momento. Posteriormente, Beliar tomó del brazo a JC y lo jaló hasta el baño, dio vueltas a la llave de la ducha e hizo que el moreno se metiera con él. El agua caliente comenzó a recorrer el cuerpo de ambos.

 

- Si que te gusta provocarme - acercándose a Beliar y arrinconándolo contra el cerámico de la pared.

 

- Como si no te gustara que lo hiciera - sonrió con picardía.

 

Inmediatamente JC besó a Beliar con necesidad... un beso demandante. Cada uno jugaba con la lengua del otro y apegaban sus cuerpos lo más que podían. Al cabo de un rato tuvieron que separarse por la falta de aire. Se miraron a los ojos intentando regular sus respiraciones, pero el moreno no era de esos que le gusta esperar, así que tomo la iniciativa y comenzó a besar y morder el cuello de Beliar, descendiendo hasta las clavículas, por el torso y luego el abdomen hasta un poco más abajo del ombligo. Beliar simplemente daba pequeños gemidos ante la placentera sensación que le provocaba el moreno, echando su cabeza hacia atrás y cerrando los ojos, mientras JC seguía con su trabajo. Al cabo de unos minutos el moreno se detuvo provocando molestia en el demonio, quien lo miró algo desconcertado. JC esbozó una sonrisa y se levantó para besar a Beliar, mientras lo levantaba e intentaba poner las piernas de este alrededor de su cintura, siendo el mensaje captado por Beliar que lo hizo inmediatamente.

 

El agua caliente seguía mojando sus cuerpos, haciendo que la actividad fuera más placentera. El vapor solo hacía que el aire se tornada algo pesado y que el calor se encerrara en aquella habitación... un calor que solo aumentaba el erotismo en ambos.

 

Beliar decidió permitirle a JC desatar su cabello por primera vez. Este último deslizó sus dedos por el cabello negro del demonio, lo agarró no muy fuerte y hecho su cabeza hacia atrás para poder morderle el cuello. Lentamente JC comenzó a introducirse en el cuerpo del demonio, al cabo de finalizar dicha tarea comenzó a embestir suavemente para después ir aumentando la velocidad. Beliar mantenía ambas piernas alrededor de la cintura del moreno, esto era para facilitarle el trabajo. El sentir el frío del cerámico con el agua caliente recorrer su cuerpo y, además, el exquisito roce de su sexo contra el abdomen del moreno, lo llenaba de placer, haciendo que empezara a gemir cada vez más fuerte. Ambos estaban por llegar al momento cúlmine. JC terminó dentro del cuerpo de Beliar, mientras que este manchaba los abdómenes de los dos. Ambos se deslizaron por la pared de cerámico hasta quedar arrodillados, Beliar encima de JC, en el piso de la ducha, intentando calmar sus respiraciones, viéndose a los ojos para luego darse un tierno beso.

 

Beliar se estaba secando el cabello, ya estaba vestido, y miraba de reojo a JC que se estaba colocando una polera color burdeo. El moreno se percato de que estaba siendo observado y se dio media vuelta para observar al demonio y darle una sonrisa de satisfacción.

 

- Tengo que salir ahora... - le dijo el moreno acercándose a Beliar y mirándole a los ojos - Quedé de juntarme con Kiara... le debo la explicación - dijo sonriendo y rascándose la nuca.

 

- ¿Tú y ella son buenos amigos? - se seguía secando el cabello.

 

- Bastante... siempre puedo contar con ella - desvió la mirada y sonrió - Aunque ahora está molesta porque no le contesté ninguna llamada. Supongo que tendré que compensarle aquello - rió nerviosamente mientras Beliar negaba con la cabeza - ¿Tú que harás? -.

 

- Saldré un momento también... me cansé de estar en el departamento - dejaba la toalla arriba de la cama. JC había cambiado su expresión a uno de molestia.

 

- ¿Te juntarás con alguien? - lo miraba a los ojos seriamente.

 

- No... - lo miró a los ojos también cambiando su expresión - ¿Seguirás con tus celos? -.

 

- ... - observó hacia otro lugar al ver la mirada acusadora del demonio. Esperó un momento antes de decir algo - Está bien... No diré más... Suficiente tuve con mis celos la última vez y la verdad es que no quiero que se repita -.

 

- Creí que habías dicho que querías que peleáramos más seguido - sonrió al ver la expresión de falsa molestia de JC.

 

- Detesto cuando ponen lo que he dicho en mi contra - saliendo del dormitorio fingiendo estar molesto. Beliar simplemente se rio ante aquella acción.

 

Al irse el moreno, Beliar se miró un mechón de cabello... quizás no era prudente salir así. Fue directo al baño y se miró en el espejo, se arregló un poco el cabello atándolo en una coleta e hizo unos ligeros cambios.

 

JC se quedó estático al ver a Beliar así. El demonio había tomado la apariencia casi idéntica de Hunter, lo único que no cambió fue su expresión. Beliar se arregló el cabello rubio y miró con sus orbes celeste agua a los ojos negros de JC.

 

- ¿Vamos? - esperó una respuesta por parte del moreno que se quedó embobado observándolo. Al cabo de un rato, JC logró reaccionar y siguió a Beliar hacia las afueras del departamento, cerrando tras de sí la puerta para posteriormente tomar el ascensor.

 

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Llevaba bastante tiempo escuchando las reprimendas de Haaiah, pero no podía hacer absolutamente nada ya que sabía que éste tenía la razón. Seguía escuchando cada palabra dicha por el ángel con la cabeza gacha y apretando con fuerza sus puños... estaba furioso, pero no por estar en esa situación, si no por el causante de aquello. Al cabo de un tiempo, y de que Haaiah terminara de dejar las cosas en claro, decidieron calmarse para analizar la situación.

 

- Lo que me preocupa ahora es cuando comenzará todo... - Haaiah miraba un punto fijo del suelo del templo.

 

- Tendremos que prepararnos para la batalla - decía Lauviah.

 

- Deberíamos estar buscando a Beliar, ahora que podemos sentir su presencia -.

 

- Puede que tengas razón, Uriel - dijo Haaiah y observó al susodicho - Pero... ¿quién nos garantiza que está en el mismo lugar? Beliar no es estúpido... - hizo una pequeña pausa para procesar todo - Si todavía no abre las puertas del Infierno es porque está esperando algo.

 

- ¿Pero qué? - preguntó Gabriel.

 

- Ese es el problema... - tomó un largo respiro antes de continuar - Miguel... - el susodicho levantó la vista al oír su nombre - Tú eres el que liderará el ejército celestial contra las tropas del demonio.

 

- También me encargaré de Beliar - se apresuró a decir.

 

- ¡No! - su voz se escuchó resonó por todo el lugar - Ya fue suficiente con lo que paso. No estás listo para enfrentarlo -.

 

- Haaiah... soy el único que puede vencerlo y lo sabes perfectamente bien - ambos se miraron directamente a los ojos.

 

- No podemos arriesgarnos, Miguel - dijo en tono firme.

 

- No voy a fallar esta vez - en sus ojos se podía ver lo decidido que estaba ante ello. Haaiah cerró sus ojos un momento meditando la situación antes de responderle.

 

- De acuerdo... Confío en que lo harás - esperó unos momentos antes de proseguir - En cuanto a los demás... nos prepararemos para lo que sea. Beliar tiene intenciones de abrir la puerta y desatar el Apocalipsis. Si esto sucede... nosotros tenemos que estar ahí para evitarlo - todos los demás asintieron ante las palabras de Haaiah.

 

Cada uno salió del enorme templo en direcciones opuestas. Mientras Haaiah avisaría de la situación a sus superiores, Miguel iva caminando por los Campos del Edén en compañía de los otros tres arcángeles.

 

- Miguel... ¿estás seguro de lo que quieres hacer? - preguntó Uriel no muy convencido de lo dicho hace un poco tiempo por el arcángel.

 

- Si... No caeré nuevamente ante Beliar y no permitiré que lleve a cabo lo que sea que tenga planeado.... - seguridad en cada una de sus palabras - Si es necesario... lo mataré - cada gesto y expresión le daban firmeza a sus palabras. Los otros tres arcángeles solo lo miraban. Uriel era el único que no estaba muy convencido de ello.

 

- Podríamos ir a la Tierra en busca de Beliar... antes de que esto suceda - dijo Rafael.

 

- ¿Acaso no escuchaste las palabras de Haaiah? - dijo Miguel mirando un punto fijo del horizonte. En todo momento no miró a ninguno de sus compañeros - Sería una pérdida de tiempo - Rafael suspiró - Solo nos queda alistarnos... - solo en esta instancia, Miguel volteó a ver a sus compañeros... quería darles seguridad. Luego de observarse por un tiempo, siguieron su camino por el Paraíso.

Notas finales:
Listoque xD Nuevo cap ;)
El comienzo. por Mizuki Nagano
Llevaban caminando unos minutos por las calles de la ciudad de Osaka. JC había quedado de encontrarse con Kiara cerca de un pequeño café en el centro, así que él y Beliar se dirigían a aquel lugar... luego cada uno iría por su lado. Ya estaban por llegar al lugar de encuentro, cuando JC se percató de que no solo estaba Kiara, sino también sus otros dos compañeros de equipo.

 

- No llegaste tan tarde... Creo que tener novio te está haciendo responsable - Bryan y Jaden se rieron ante el comentario de Kiara, Beliar simplemente sonrió y JC puso cara de molestia.

 

- ¡Ya cállense!... trío de brutos - lo último lo dijo por lo bajo, pero fue perfectamente audible para sus compañeros.

 

- Es una broma, hombre - dijo Jaden en su defensa intentando calmar la situación.

 

- Da igual... - cerró sus ojos y volteó la cabeza.

 

Kiara se había quedado observando al chico que acompañaba al moreno. Sabía perfectamente quien era. A su parecer, el chico era muy atractivo, tanto así que no le quitaba los ojos de encima, cosa que advirtió JC y le hizo un gesto, algo molesto por la actitud de su amiga, a lo que la chica simplemente sonrió al percatarse de que el moreno se había puesto celoso y ella no iva a desperdiciar aquella oportunidad para molestar y jugar un rato con él.

 

- Tú eres Hunter, ¿verdad? - el susodicho simplemente sonrió - JC nos había contado lo maravilloso que eras y de tu linda carita de ángel - el moreno abrió los ojos en sorpresa y un ligero rubor apareció en su rostro... se estaba avergonzando, temiendo que Kiara contara todas esas veces que solo habló de él.

 

Beliar sonrió ante esos comentarios y volteó a ver a JC, quien estaba todo rojo e intentaba desviar la mirada, mientras que Jaden y Bryan no aguantaban las ganas de echarse a reír.

 

- Me siento halagado por esos comentarios... y la verdad es que me sorprende que JC hablara tan bien de mí - el moreno posó sus ojos sobre Beliar y veía como este se acercaba a la chica muy... seductoramente - Pero créeme... - tomó el mentón de la chica y levantó su rostro para encontrarse con esa mirada violeta, luego le sonrió en forma entre seductora y maliciosa. Kiara simplemente se sonrojó de golpe con aquel acto -. Yo soy todo menos un ángel.

 

JC sentía su sangre hervir al presenciar aquel acto. Se acercó a ambos chicos y los separó, atrayendo hacia si al demonio que simplemente esbozó una sonrisa al conseguir poner celoso al moreno.

 

- ¡¿Y luego me dices que no tengo motivos para ponerme celoso?! - dijo mientras miraba a Beliar a los ojos... estaba molesto -. Creo que ahora tengo razones más que suficientes para estarlo - lo miraba fijamente, mientras la sonrisa de Beliar se hacía más grande.

 

Los otros tres chicos simplemente no aguantaban las ganas de echarse a reír viendo la linda escenita que tenían enfrente, tanto así, que no lograron aguantarse más y estallaron en carcajadas. El moreno volteó a ver a sus amigos con fastidio y algo de odio. Beliar al notar la expresión de JC, rió levemente.

 

- Hasta tu novio se dio cuenta... JC - reía Jaden, mientras que el susodicho puso cara de no entender nada de lo que pasaba.

 

- JC... eres... tan ingenuo - Kiara se agarraba el abdomen ya que le dolía de tanto reír.

 

- ¡¿Me pueden explicar lo divertido?! - JC se estaba enfadando cada vez mas. Pasaron algunos minutos antes de que se pudieran calmar y las risas cesaran.

 

- Que Hunter si entendió la indirecta - explicó Bryan. El moreno seguía sin entender lo que dejó en claro en su expresión -. Digamos que nos confabulamos para molestarte... ponerte celoso... y lo peor es que caíste redondito en ello - rieron nuevamente provocando mas molestia en el moreno. Se sentía estúpido al haber caído en algo así - Deberías controlar mejor tus celos, así evitas futuras vergüenzas.

 

- Cállate... - prácticamente lo dijo entre dientes y miraba hacia otro lado molesto. Beliar seguía mirando las expresiones del moreno algo divertido.

 

- Bueno... basta de cháchara y vámonos que tenemos cosas que hacer - dijo Kiara - Y no creas JC que se me ha olvidado la explicación que me debes - sonrió.

 

- ¡Si ya sé!... ya entendí - seguía molesto. Luego cerró sus ojos y suspiró para calmarse un poco -. Supongo que nos veremos en la noche ¿no? - le dijo a Beliar.

 

- Por supuesto... - le miró a los ojos por unos segundos.

 

- Bueno... andando chicos - los cuatro emprendieron la marcha bajo la mirada atenta de Beliar. A medio camino, JC regresó rápidamente y besó en los labios a su demonio, luego se giró y se fue sin decir nada. Beliar simplemente sonrió y luego se marchó del lugar, tenía pensado en ir en busca de Manakel para definir los últimos detalles...

 

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Estaba algo alejado del grupo, ya que necesitaba poder aclarar su mente y sus ideas. Tenía su mirada fija en el horizonte. La calma de aquel lugar le ayudaba bastante en su tarea... encontrar la forma de derrotar a Beliar. La verdad era que, aunque había dicho que lo mataría, no estaba seguro de poder hacerlo, pero podría encontrar la forma de derrotarlo sin tener que llegar a esos extremos, sabiendo que si no era posible hacerlo, no le quedaría otra que tener que acabar con el demonio. Seguía pensando en ello cuando sintió que alguien se acercaba.

 

- Veo que no estás seguro de poder acabar con Beliar - dijo Uriel mirando a Miguel, pero este seguía teniendo la vista en el horizonte.

 

- Costará trabajo, eso lo admito... - agachó la cabeza y miró el suelo. Esperó un momento antes de continuar -. A veces... a veces me cuesta creer que él antes haya sido uno de los nuestros - levantó de nuevo la mirada hacia el horizonte - ¿Por qué está haciendo todo esto? -.

 

- Es un demonio... ellos no tienen razones para hacer sufrir a los demás, simplemente lo hacen para satisfacción propia - esperó una respuesta por parte del otro arcángel, pero al no obtenerla continuó -. Beliar siempre fue ambicioso... a saber que ambiciona ahora - miró a Miguel, este último sintió que era observado y volteó a verlo también.

 

- Debí recordar todo eso antes de meterme con él ¿no? -.

 

- El amor ciega, Miguel. Se presenta ante nosotros en infinitas maneras y nunca llegaremos a comprenderlo en su totalidad, es inesperado y a veces puede doler demasiado... - le sonrió a Miguel intentando levantarle el ánimo y que dejara su sentimiento de culpa.

 

- Pero... ¿Por qué él? - dijo con una sonrisa melancólica y desviando la mirada.

 

- A esa pregunta, no tengo respuesta - dijo Uriel viendo algo de decepción en Miguel, para luego mirar el horizonte y volver a hablar - Hermoso... -.

 

- Lo es... - le echó una última mirada y luego caminó en dirección al templo -. Tenemos una junta ahora, será mejor que vayamos - Uriel asintió y lo siguió.

 

Caminaron en silencio hasta llegar al templo, Uriel mirando de reojo a Miguel para saber si este ya se encontraba mejor, lo que dedujo que si por su expresión.

 

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Los cuatro integrantes del escuadrón alfa estaban sentados en una de las mesas de la heladería... hacía una calor insoportable, por lo que refrescarse un poco no sentaba del todo mal. Ya habían hecho su pedido y llevaban un poco más de 1 hora discutiendo sobre lo que tendrían que hacer en los próximos días. Richard les había encargado una misión y al moreno no le gustó para nada. Kiara intentaba explicarle en lo que consistía su trabajo y que era lo que tenían que hacer, pero JC no estaba muy convencido de ello.

 

- ¿Es obligatorio que yo vaya? -.

 

- JC, eres el líder del escuadrón... no puedes faltar - intentaba explicarle Kiara ante las negativas del moreno - Si no vas, de seguro levantas sospechas en Richard y mira que ahora ya las tiene porque no te ve en mucho tiempo -.

 

- Y yo que quería estar con... -.

 

- ¿Tu carita de ángel? - lo dijo Jaden antes de que pudiera terminar de decirlo el moreno.

 

- ¡Sí!... y se llama Hunter... ¿ok? - desvió la mirada algo avergonzado al recordar el hermoso complot que habían hecho en su contra, ya que seguía molestándole el hecho de haber caído en una tontería así.

 

- Bien... será mejor que lo llames y le digas que estarás ausente por unos días - miró a JC a ver si este le respondía, pero lo único que hizo fue mirarla a los ojos - Velo por el lado bueno... nos pagarán mucho dinero y podrás seguir llenando de lujos a tu novio - le sonrió y le levantó las cejas.

 

- Créeme que él no es de ese tipo de gente... él tiene otras ambiciones - lo dijo para defender a su novio, aunque no sabía lo cierto de esas palabras y la clase de ambiciones que tenía -. Da igual... ¿Me esperan un momento? - levantándose de la mesa.

 

- ¿Lo llamarás? - preguntó Kiara.

 

- Si... - se alejó un poco del lugar y marcó el número del departamento - "Contesta..." - pensó JC, viendo que nadie contestaba. Al final sonó la contestadora - "Todavía no llega". Bueno... veo que no estás... mira... me salió un imprevisto y no estaré por un par de días. Te prometo que en cuanto llegue te compensare esto... Adiós... Te amo... - cortó. Suspiró al no haber podido hablar con su demonio, luego dio media vuelta y se reunió con sus compañeros.

 

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- Esto nos facilita las cosas -.

 

- ¿Puedo preguntar quién era él, Beliar? - preguntó Manakel, al ver que el susodicho miraba fijamente el teléfono del departamento. Ambos habían oído como el aparato empezó a sonar, pero Beliar no quiso contestar y solo escucharon como el otro chico dejaba un mensaje en la contestadora.

 

- Quien sea no te incumbe - dijo volteándose y mirándolo a los ojos -. Pero ya que él no va a estar, tendremos más libertad para afinar los últimos detalles... - sonrió maliciosamente -.

 

- Sigo pensando que deberíamos empezar ya - se cruzó de brazos y miró a Beliar, era mejor cambiar de tema.

 

- Si que eres impaciente... - empezando a molestarse -. ¿Acaso no sabes que pasará en dos días? - Por la expresión de Manakel dedujo que no tenía ni idea -. Si dieran un premio a la ignorancia, ¡tú lo ganarías con creces! - el ángel simplemente desvió la mirada -. En dos días, mi "querido amigo", ocurrirá un eclipse solar... -.

 

- ¿Y?... - preguntó Manakel ya fastidiado con la situación, cosa que notó Beliar y lo miró con enfado, pero intentó calmarse para poder explicar todo al ángel.

 

- Lo que queremos hacer es abrir la puerta de los abismos, la puerta que une la tierra de los mortales con el Infierno... ¿Cierto? - Manakel no dijo absolutamente nada, pero Beliar interpretó que si había entendido -. Ya hice la parte más difícil... Ya tengo en mi poder la llave del infierno y... podremos abrir la puerta -.

 

- Todavía no veo como encaja esto del eclipse - dijo, pero quiso retractarse enseguida al ver la expresión de Beliar. Manakel sabía perfectamente que si el demonio quería, podría acabar con él en un instante.

 

- Muchos de los demonios no toleran la luz del sol - Manakel agachó la mirada al ver lo enfadado que estaba Beliar - ¡¿Cómo piensas tener el control de todo si más de la mitad de los demonios no puede estar en el día?!... Sus poderes se disminuyen bastante, por eso aprovecharemos el eclipse -.

 

- Un eclipse tan solo dura unos minutos, Beliar -.

 

- ¿Crees que no lo sé?, ¡Idiota! - Beliar se había acercado peligrosamente a Manakel, provocando que éste retrocediera unos pasos al sentir que su existencia corría peligro -. Tengo el poder suficiente para prolongar mucho más de lo necesario ese eclipse y además de incrementarlo para que cubra toda la tierra. Podremos comenzar en el día y terminar con todo en unas cuantas horas hasta que anochezca... - movía sus manos para dar énfasis a sus palabras -. ¿Ahora entiendes el por qué debemos esperar dos días? -.

 

- Si... - dijo por lo bajo, temiendo que si lo decía más fuerte, o agregaba algo mas, Beliar fuera capaz de matarlo.

 

- Bien... - dijo Beliar mirando al ángel, para luego dirigir su mirada hacia la ventana de la sala observando la ciudad, estaba comenzando a atardecer. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro, al casi poder saborear lo que estaba por ocurrir.

 

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Habían planeado hace dos días como irrumpir en aquel lugar. Su trabajo era simple... tenían que matarlos a todos.

 

Se haría un congreso de la Alianza por la Libertad en una de las mansiones más lujosas de la ciudad de Kanazawa. Su misión consistía en matar a cada miembro del congreso, esto, gracias a que fueron contratados por uno de los miembros del partido político opositor. La envidia era una de las causas principales para llegar a esos extremos, pero a ellos no les importaba en absoluto... con tal de recibir el pago por ello.

 

El congreso se realizaría durante el eclipse, por lo que era una oportunidad perfecta para poder hacer su trabajo. Lo que les jugaba en contra era la excesiva seguridad de los eventos de esta índole, pero los retos era lo que a ellos más les gustaba.

 

- Entraremos cuando comience el eclipse, luego cada uno hace su trabajo - sonrió JC a lo que sus compañeros lo imitaron -. No se olviden de quienes son nuestros objetivos... Si se interpone alguien más... lo matan -.

 

El caos se adueñó del congreso con la serie de disparos que estallaron a mitad de este, justo cuando comenzaba el eclipse y todos estaban pendientes de ello. Uno a uno, fueron cayendo los miembros del partido político. Los de seguridad se apresuraron en contraatacar, pero sin mucho éxito... se enfrentaban contra asesinos especializados.

 

Cinco miembros habían logrado escabullirse y ponerse a salvo dentro de una de las habitaciones de la mansión, mientras algunos guardaespaldas esperaban en las afueras de esta por si se acercaba el enemigo.

 

Solamente habían pasado veinte minutos y ya se podía oír el silencio en casi toda la mansión, oscureciéndose cada vez más a causa del eclipse.

 

Recorrieron las habitaciones en busca de los integrantes faltantes del congreso, percatándose de que ahora había miembros de las fuerzas policiales... los muy malditos habían tenido que recurrir a pedir ayuda. Al escuadrón alfa poco le importaba el número de sus contrincantes, con tal de poder divertirse, matarlos y cobrar su paga.

 

Llegaron a una de las habitaciones más alejadas de la mansión, dándose cuenta de que estaba protegida por ocho hombres armados. Bryan fue el primero en atacar seguido de Kiara. Ambos atacarían cuerpo a cuerpo, mientras los otros dos disparaban y vigilaban que nadie más se acercara al lugar. Luego de acabar con todos, entraron en la habitación y mataron a los últimos cinco miembros del congreso. Al salir de esta y encontrarse con sus dos compañeros, se dispusieron a salir fuera del lugar por uno de los pasillos. Al llegar casi al final de este, aparecieron las fuerzas policiales... y eran muchos.

 

Faltaban unos pocos minutos para que el eclipse fuera total, cuando de la nada empezaron a caer muertos los de la policía. El sonido de una espada era lo único que se alcanzaba a escuchar antes de oír un desgarrador grito y los cuerpos cayeran mutilados. JC fijó la vista hacía el fondo del pasillo para ver quien era el que estaba acabando con todos, dándose cuenta de que el responsable de ello no era nada mas y nada menos que su demonio... Beliar. Este, luego de acabar con todos, levantó la vista y miró fijamente al moreno, el cual no podía salir del estado de sorpresa en el que se encontraba. Beliar se encaminó hacia éste con una sonrisa en los labios para quedar justo enfrente de él.

 

- Ya no nos queda tiempo - mirándolo fijamente a los ojos para luego dirigir su mirada hacia los compañeros de JC -. ¿No les importa si les robo a JC por ahora? - rió con malicia.

 

- ¿Qué...? - JC todavía no era capaz de articular palabra alguna. Seguía mirando fijamente a Beliar.

 

- Luego te explico - se acercó más al moreno, lo tomó por la cintura y lo atrajo hacia sí, luego se desvanecieron ante las miradas de los otros tres chicos.

 

Aparecieron al final de un pequeño pasaje escondido entre las montañas. JC notó la presencia de alguien más en el lugar.

 

- ¿Acaso fuiste por un mortal? - levantó una ceja y dirigió su mirada hacia JC, viéndolo de arriba abajo.

 

- Ya te dije que no es de tu incumbencia, Manakel - caminó hasta llegar frente a una de las paredes de la montaña, ignorando olímpicamente a los otros dos -. Es hora de comenzar con el espectáculo - rió -. El eclipse está casi en su totalidad... perfecto para abrir la puerta - sonrió ante este hecho.

 

- No estoy entendiendo absolutamente nada - el moreno se acercó a Beliar bajo la mirada atenta de Manakel - ¿Puedes explicarme que está pasando?-.

 

- Ahora verás la verdad, JC - miró al susodicho. El moreno no lograba entender lo que estaba pasando -. Si te traje aquí es para asegurarme de tu protección -.

 

- ¿Qué? - dijo Manakel sorprendiéndose ante esa declaración.

 

- ¡Cierra la boca, Manakel! - dijo Beliar ya hastiado por el comportamiento del ángel. Luego miró hacia el cielo... el eclipse total ya había comenzado -. Pronto obtendré lo que quiero - sonrió maliciosamente.

 

Comenzó a recitar una serie de oraciones en una lengua extraña. Manakel y JC se asombraron al ver como parte de la pared de la montaña cambiaba de forma... se asemejaba a una puerta. Esta tenía una serie de dibujos y jeroglíficos de un no muy buen aspecto, o eso le pareció al moreno. Lugo Beliar sacó una llave que colgaba de su cuello y la introdujo en la cerradura abriendo la puerta completamente. En su interior solo se podían escuchar algunos gruñidos y quejidos... la oscuridad albergaba criaturas que habían esperado ansiosos ese día. Beliar simplemente se deleitaba ante esto, mientras que los otros dos acompañantes miraban estupefactos dicha escena.

 

- Bienvenidos a la tierra de los mortales, amigos míos - rió Beliar sádicamente. El apocalipsis había dado comienzo...

Notas finales:
Se que el próximo capítulo será algo más choqueante xD Pero espero que con este hayan quedado satisfechos por ahora :P
Engaño. por Mizuki Nagano
En todo el mundo era posible divisar el eclipse que cubría la tierra. Millones de personas se habían amontonado en las avenidas de las grandes ciudades, en los parques, en las azoteas de los edificios, en donde algunas personas se aprovecharon de la situación y vendían cualquier tipo de bebida, comida e incluso rentaban asientos para disfrutar el espectáculo lo más cómodamente posible.

 

Una pequeña niña, tomada de la mano de su madre, observaba muy asombrada el bello eclipse a mitad de una de las calles de la ciudad, pero su atención hacia este fenómeno se vio interrumpido cuando creyó oír unos gruñidos provenientes de un callejón que se encontraba a su izquierda. La niña observó por unos segundos aquel oscuro pasaje, intentando ver qué era lo que produjo tal ruido, pero al no poder ver nada siguió observando el eclipse. Nuevamente se escucharon los gruñidos, por lo que la pequeña niña se soltó de la mano de su madre y fue al callejón a investigar. Su madre simplemente observó como su hija se soltó de su mano y caminó hacia el pasaje, luego siguió mirando el eclipse sin darle mucha importancia al comportamiento de su hija.

 

Apenas se podía observar algo en aquel lugar, causando que se tropezara algunas veces a cada paso que daba. La niña seguía buscando lo que provocaba el extraño ruido, hasta que divisó a unos cuantos metros una criatura de casi su misma estatura. Ella se quedó mirando en aquella dirección, esforzándose para tener una mejor visión de aquel ser, pero sin éxito; la oscuridad provocada por el eclipse no ayudaba en mucho. La niña sonrió al creer que se trataba de un perro. Se acercó un poco e intentaba llamar su atención haciendo movimientos con una de sus manos, mientras intentaba llamarlo. Ya estando a una corta distancia, se detuvo en seco y miró algo aterrada a la criatura al percatarse de que no era un perro, viendo como esta se paraba y mostraba su verdadera altura. El demonio dio media vuelta y miró a la niña directamente a los ojos. La pequeña entró en pánico al ver unos ojos rojo brillante observándola; había quedado completamente atónita.

 

La multitud seguía observando fascinados el acontecimiento, cuando comenzaron a oírse desgarradores gritos entre la gente. Estas comenzaron a mirar desconcertados a todos lados para saber que ocurría, entrando solo en pánico cuando lograron observar una criatura colosal que había aparecido de la nada y que tenía entre sus dientes a dos hombres, masticándolos y haciendo tronar sus huesos.

 

- ¡¿Pero... pero qué demonios?! - gritó uno y salió corriendo.

 

Toda la gente comenzó a correr en dirección opuesta e intentaba alejarse lo más posible de aquel ser. Mas gritos se escuchaban entre la muchedumbre que corrían para salvar sus vidas. Los demonios estaban masacrando uno a uno a cada hombre y mujer que se les cruzaba por el camino.

 

La madre de la niña buscaba desesperadamente a su hija entre toda la gente que huía despavorida. Miraba en todas las direcciones intentando encontrar a la pequeña, solo hasta que se percató de la criatura que salía del callejón. Llevaba en una de sus manos con afiladas garras a la pequeña desmayada, luego este miró a la mujer que tenía enfrente de él y que lo observaba, y se llevó a la niña hasta su boca en donde la cortó por la mitad.

 

- ¡AAAAAHHHHHHH! - gritó en total descontrol la mujer y unas cuantas lágrimas se asomaban por sus ojos.

 

El eclipse total cubría de oscuridad toda la tierra, misma oscuridad que hacía que la tierra temblara y se abrieran grietas. Que las grandes estructuras y edificios se desplomaran causando más pánico entre la gente. Que los mismos demonios consiguieran más poder...

 

Beliar, JC y Manakel estaban en uno de los edificios más altos observando lo que sucedía en las calles. Mientras que Manakel y Beliar disfrutaban con la vista, JC simplemente no podía creer lo que veían sus ojos.

 

- ¿Qué significa esto? - lo dijo algo bajo, pero perfectamente audible para que lo escuchara Beliar.

 

- Es el futuro, JC - dirigió su vista hacia el moreno y le sonrió. Este lo miraba horrorizado - Por eso te traje conmigo... Para tu protección - lo dijo serio sin desviar la vista del moreno.

 

- ¿Qué... qué pretendes? - lo decía asustado al darse cuenta de que no conocía para nada a Beliar.

 

- Solo quiero impartir justicia - lo dijo lo más tranquilo posible.

 

- ¡¿Qué?! - no podía creer lo que oía - Beliar... esto no está bien - observó al demonio con una mirada suplicante.

 

- Créeme que pronto lo estará - rió levemente - Cuando tome el control de todo - se acercó al moreno hasta quedar a su lado, luego volteó y siguió observando lo que pasaba -. Los humanos tienen una posición privilegiada. Son los únicos seres capaces de entrar en los Cielos y obtener el perdón, a pesar de los pecados que hayan cometido - miró a JC para ver si este respondía algo, pero solo obtuvo una mirada algo triste -. A ustedes siempre los trataron como sus iguales. Pueden ser capaces de cometer las peores atrocidades y aun así obtienen el perdón... No es justo... - seguía mirando al moreno directamente a los ojos -. Eso es algo que voy a cambiar e impondré nuevas reglas - sonrió -. Lastimosamente, no pude hacerlo antes. No tenía el poder necesario para poder derrocarlos, pero eso ahora va a cambiar - se paseaba de un lado a otro bajo la atenta mirada de JC -. Los seres "divinos" obtienen su fuerza de creencias humanas... la esperanza, la fe, pero por sobre todo... la fuerza que da el amor - hizo una pausa -. Nosotros... la obtenemos de sus miedos, su odio, la ira. Cada sentimiento y acto negativo nos fortalece, pero eso no es suficiente. Necesitamos la fuente de la energía vital; el motor que rige su vida y la mantiene en el buen camino... Lo único inmortal que ustedes tienen - volteó y observó a JC, luego se acercó hasta solo quedar unos centímetros separado de él -. Necesitamos el alma... y por suerte sabemos cómo corromperla y hacer que esta misma nos llene de energía, nos de poder - sonrió.

 

- ¿Los matarás a todos? - bajando la mirada.

 

- Si quiero destruir el Paraíso, necesito el poder suficiente para hacerlo - seguía explicándole al moreno -. Con esto... - se dirigió hasta la orilla y miró a las calles de la ciudad -. Obtendré todas las almas que requiero, tomo el control del Paraíso y consigo el mando sobre todo ser existente - le sonrió y luego dio media vuelta para juntarse con Manakel.

 

JC simplemente vio como este se alejaba y luego miró nuevamente lo que estaba pasando en las calles. Por primera vez en muchos años sintió miedo y desesperación. Una gran tristeza comenzó a invadir todo su ser.

 

Manakel y Beliar caminaban por uno de los pasillos del edificio ya deteriorado, tendrían una junta con los principales generales del Infierno. Siguieron caminando en silencio hasta dar con una gran puerta que daba a una enorme habitación.

 

- Vamos... - dijo Manakel con las claras intenciones de entrar, pero fue detenido por Beliar.

 

- Solo entraré yo - dijo el demonio y luego sonrió. Manakel lo miró con desconcierto -. Tengo algunos asuntos que resolver con ellos - el ángel sonrió al suponer de que hablaba Beliar.

 

Dentro de la habitación, había en total 12 comandantes demoniacos. Cada uno de ellos miró hacia la puerta cuando Beliar hizo acto de presencia, para luego cerrar la puerta tras de sí.

 

- ¿Y Manakel? - preguntó Alocer, gran duque y comandante del Infierno.

 

- ¿No nos vemos en dos siglos y es lo primero que preguntas? - lo dijo algo molesto, pero su expresión cambió rápidamente al ver la misma reacción de molestia en los demás demonios -. Lo siento, pero él no fue invitado a la fiesta - sonrió, desconcertando a los demás demonios en el lugar e invocando la espada exorcismo.

 

Manakel simplemente escuchaba desde afuera lo que pasaba en aquella habitación y sonreía por ello, recargado en la puerta y de brazos cruzados. Sabía perfectamente que Beliar acabaría con ellos, ya que ellos mismos fueron los que lo exiliaron y mataron a su amada. Mientras Beliar seguía asesinando a los comandantes infernales, Manakel se decidió en ir en busca de JC; tenía algunas cosas que aclarar con él.

 

JC había recorrido parte del edifico, ahora se encontraba en una de las habitaciones más grandes de este; se notaba que era uno de esos edificios corporativos. Se quedó observando por la gran ventana hacia el eclipse, que llevaba ya más de una hora, por lo que le inquietaba aún más. Bajó su mirada hacia las calles, viendo todavía como algunas personas corrían despavoridas, pero ya habían disminuido su número notablemente, solo se podía oír algunos gritos de socorro a lo lejos y los continuos gruñidos y gemidos de los demonios.

 

Manakel, luego de buscarlo casi por todo el edifico, dio con el paradero del moreno. Entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí, alertando a JC quien se volteó rápidamente para ver quien había entrado. Se sorprendió al ver quien era, pero intentó no dejar ver que estaba algo nervioso y preocupado.

 

- Te estaba buscando - sonrió Manakel, desconcertando a JC. Luego comenzó a acercarse al moreno -. ¿Puedo conversar contigo? -.

 

- Supongo... supongo que si - no le agradaba para nada Manakel.

 

- Tú y Beliar tienen una relación, ¿no? - estaba frente al moreno separados por unos cuantos metros.

 

- Si... ¿Por qué preguntas? - extrañado con la pregunta del ángel.

 

- Simple curiosidad - sonrió -. ¿Sabes algo del pasado de Beliar? Bueno, supongo que él te ha contado de su exilio y el porqué de ello -.

 

- Si... me contó -.

 

- Su bella Amelia... reconozco que era hermosa. Lástima que no terminó muy bien para ella ni para Beliar - JC se había molestado por aquel comentario y Manakel lo notó; era justo lo que quería.

 

- Quizás para ella, pero me alegra de que Beliar fuera exiliado aquí - desconfiaba cada vez más de las intenciones del ángel.

 

- Eso tiene "algo" de cierto. En primera, él jamás debió ser exiliado a la Tierra, pero ya vez como son las cosas - seguía sonriendo con cada palabra que decía -. Algunos se pusieron de acuerdo para mandarlo acá, sin que se enteraran allá arriba - rió -. Solo había que guardar el secreto por algunos siglos hasta que todo estuviera listo -.

 

- ¿Por qué me estás contando todo esto? - algo fastidiado.

 

- Vamos, JC... Lo único que quiero es que sepas algo más sobre la vida de tu querido Beliar - se acercó más al moreno -. Me parece lógico que estés enterado de todo - JC lo observaba con duda -. Beliar fue enviado a la Tierra para iniciar el Apocalipsis - hizo una pausa y miró hacia afuera, luego miró al moreno -. Bueno, con la ayuda de los arcángeles y especialmente de Miguel.

 

- ¿A... a qué te refieres con eso? - extrañado.

 

- Se necesitaba la presencia de seres de luz para que Beliar despertara de su letargo y, por supuesto, salió de acuerdo al plan... Hasta se pudo "obtener" las llaves del infierno como la última vez... Todo gracias a que Beliar sabe tratar con Miguel - se alejó un poco del moreno. Su intención era provocar una reacción específica de este. Luego de meditarlo unos segundos, el moreno se atrevió a preguntar.

 

- ¿Cómo obtuvo Beliar las llaves? - preguntó JC, provocando que Manakel cantara victoria mentalmente.

 

- Seduciéndolo por supuesto - le sonrió y se acercó un poco más a JC - Supongo que Beliar te contó que él y Miguel fueron amantes en un tiempo ¿no? - el moreno no podía articular palabra alguna, no podía creer lo que estaba oyendo -. ¿Por tu reacción debo creer que no te contó? - sonreía cada vez más - Beliar sedujo a Miguel anteriormente, mucho antes de que conociera a Amelia y ahora tuvo que hacerlo de nuevo. Fue bastante fácil para él. El estúpido de Miguel seguía enamorado de su Beli... así le decía él. - esto último lo dijo dándole la espalda al moreno y alejándose un poco de él.

 

JC no quiso escuchar más y salió de aquella habitación, dejando a Manakel completamente solo pero satisfecho; había conseguido lo que quería y se regocijó por ello.

 

Beliar se encontraba en la azotea observando el horizonte. Cerró los ojos para oír mejor los desgarradores gritos de la gente, sonriendo al conseguirlo. Llevaba unos minutos en ello cuando su placentera actividad se vio interrumpida por el moreno.

 

- ¡¿Puedo preguntar hasta cuando me ibas a mentir?! - con enfado y observando directamente a los ojos a Beliar, quien parecía no entender nada de lo que le preguntaba el moreno - Y sigues con tus mentiras, ¿no?... "Beli" - desprecio al decir el nombre acortado del demonio. Solo en esta instancia, Beliar logró comprender lo que pasaba y supo perfectamente quien fue el culpable de ello.

 

- ¿Acaso Manakel abrió la boca y te contó todo? - intentaba demostrar algo de molestia. JC se enfadó más con la respuesta del demonio y se encaminó hasta quedar enfrente de él.

 

- ¡Así que te tuviste que encamar con Miguel para obtener lo que querías, ¿no?! - esperó una respuesta por parte del demonio, aunque sea una que lo desmintiera, pero al no obtenerla y ver la seriedad de este, solo confirmaba la realidad - ¿Cómo pude ser tan estúpido? - dijo esto desviando la mirada y poniendo una de sus manos en la cabeza -. De seguro me utilizabas a mi también. ¡Como juguetito personal! - Beliar estaba ya bastante enfadado con la situación.

 

- ¿Y que si así fue? - el moreno se sorprendió ante esta declaración -. Tú no tienes ningún derecho a cuestionar mis actos - apuntó a JC -. Eres de las mismas personas que hacen lo que sea para conseguir lo que quieren, aunque tengas que revolcarte con alguien que recién conoces y solo por una calentura - el moreno sabía a qué se refería a su condición de asesino y a su apresurada relación con Hunter.

 

- Te odio, ¿sabes?... No se cómo mierda pude enamorarme de ti - cada palabra iba cargada con odio, repudio y desprecio - ¡Te odio! - dio media vuelta y salió del lugar, siendo observado por Beliar, que no hizo absolutamente nada para detenerlo.

 

Luego de que JC se fuera, Beliar cerró sus ojos e intentó calmar la rabia que sentía en aquel momento. Sonrió amargamente al darse cuenta de que lo había perdido, pero quizás era mejor así. Dio un largo suspiro para tranquilizarse y se dispuso en ir en busca de Manakel.

 

Todos los lugares del mundo fueron invadidos por las hordas de demonios que destruían y masacraban a cada hombre que encontraran en su camino. Masticaban su carne y devoraban su alma volviéndose más fuertes. Los gritos de desesperación eran cada vez menos audibles, y en las calles solo era posible observar restos humanos y charcos de sangre.

 

Beliar no tardó mucho en encontrar a Manakel, quien todavía se encontraba en la habitación en la cual conversó con JC y ahora solo miraba hacia afuera por la ventana, viendo como rápidamente las legiones de demonios acababan con todo.

 

- ¡¿Quién te dio el derecho de contarle todo?! ¡Maldito idiota! - sorprendiendo a Manakel, quien sabia que ver a Beliar en ese estado no era nada bueno. El ángel intentó calmarse para responderle al demonio.

 

- Solo te hice un favor - lo dijo algo bajo, tenía miedo de la reacción de Beliar.

 

- ¿Qué? - se sorprendió ante la estúpida respuesta del ángel. Luego se acercó rápidamente hacia él, mientras este solo se veía acorralado -. Te diré esto y que te quede bien claro. Si no te mato ahora, es porque te necesito con vida para poder entrar al Paraíso - estaba peligrosamente cerca de Manakel -. Si no fuera por ese ínfimo detalle, ya te habría masacrado hace mucho - odio cargado en sus palabras.

 

- Ambos sabíamos que esto podía pasar tarde o temprano - intentaba excusarse Manakel -. Solamente apresuré las cosas o, ¿me dirás que hubieras preferido verlo morir? Y sabes a que me refiero... - lo decía lo más calmado posible para no aumentar el enfado en el demonio. Beliar entendió a la perfección a que se refería Manakel... si no era porque su relación no estaba permitida y que posiblemente lo matarían, al igual como lo hicieron con Amelia, o que simplemente el tiempo acabaría con él -. Además, jamás te faltaron los amantes, Beliar - el susodicho miró fijamente hacia los ojos de Manakel. Una sonrisa maliciosa comenzó a formarse en su rostro, dándole al ángel la confianza para sonreír de la misma manera también.

 

- Quizás tengas razón - hizo una pausa y se alejó un poco del ángel, pero sin quitarle los ojos de encima -. Puedo conseguir a quien yo quiera, ¿no? - seguían con la mirada fija en el otro -. Ahora vete... necesito prepararme y tú me estorbas aquí - lo dijo serio.

 

Manakel obedeció enseguida y se encaminó a salir de la habitación con una sonrisa de satisfacción en los labios; finalmente había conseguido deshacerse del mortal. Beliar vio como el ángel desaparecía de su vista y luego fijó su mirada a las afueras, observando la ciudad devastada por las legiones demoniacas. Cerró sus ojos por un momento y luego sonrió; quizás Manakel tenía razón... o quizás no.

 

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Estaban casi todos reunidos en uno de los templos del Paraíso, cuando Reiyel, uno de los 72 ángeles de la Kábala, entra en el templo estrepitosamente. Todos se quedaron mirando en dirección al ángel que estaba en la entrada, algo agitado e intentado calmar su respiración.

 

- ¡Las puertas fueron abiertas! - dijo Reiyel lo más claro posible, provocando una serie de reacciones en los ángeles y arcángeles del lugar.

 

Los murmullos no se hicieron de esperar, llenando todo el ambiente del lugar, solo hasta que Haaiah tomó la palabra y los calmó a todos.

 

- ¡No podemos permitir esta falta por parte de los demonios! - dijo Haaiah. Todos los presentes se quedaron observándolo, pero este solo dirigió su mirada hasta uno de los arcángeles -. Miguel... - el susodicho prestó más atención -. Comandarás el Ejército Celestial. Ya habíamos acordado lo que haríamos si esto pasaba -.

 

- Sí, señor - respondió Miguel.

 

- Ahora... ¡Prepárense todos! No dejaremos que Beliar se salga con la suya - luego de dirigir esas palabras a todos los presentes, volvió a mirar a Miguel -. Tú tienes la tarea más importante. ¿Seguro que estás preparado para enfrentarlo? - Haaiah observó a Miguel fijamente. Un silencio incómodo se instaló en ambos. Miguel cerró los ojos por un momento y luego respondió.

 

- Haré lo que haga falta para derrotar a Beliar... - lo dijo firme y sin titubeos.

 

Haaiah solo observó la firme decisión en los ojos de Miguel. Luego cerró sus ojos y asintió, aprobando las palabras dichas por el arcángel. Este último se dispuso a salir del lugar junto a los otros tres arcángeles. Caminó con paso firme hacia la salida del templo.

 

- "Al fin nos veremos nuevamente las caras Beliar, y esta vez... haré que implores misericordia" - fue el único pensamiento de Miguel. Una sonrisa comenzó a formarse en sus labios ante dicho pensamiento, mientras caminaba por los Campos del Edén rumbo a la Tierra...

Notas finales:
Ya estamos llegando al final de la historia :P Disfruten el cap ^^
El ejército celestial por Mizuki Nagano
Habían pasado un poco más de cinco horas desde el inicio del Apocalipsis y Beliar solo podía pensar en su "pequeña" discusión con JC. A pesar de que, en el momento, no le había dado importancia a todas las cosas dichas por el moreno y que posteriormente incluso se haya burlado de ello junto con Manakel, ahora le pesaba el remordimiento y eso era algo que debía evitar a esas alturas, después de todo, estaba a punto de conseguir lo que deseaba.

 

- ¿En qué estás pensando, Beliar? - de brazos cruzados y a unos metros detrás del demonio. Este último le daba la espalda.

 

- En nada que te importe... - lo dijo por lo bajo y sin voltear a ver al ángel.

 

- No me digas que estás pensando en ese mortal - algo fastidiado.

 

- ¿Y que si así es? - se volteó a ver a Manakel. Se podía apreciar algo de odio en sus ojos -. No estaría así, si no fuera por ti -.

 

- Creí que ya habíamos arreglado ese asunto, pero veo que no es así - miró directamente a Beliar para ver si este respondía algo, pero reinó el silencio por unos minutos hasta que el demonio se acercó hasta él, quedando frente a frente. Beliar parecía querer decir algo, pero no lograba articular palabra alguna -. Esto puede afectar a nuestros planes ¿no? - terminó por decir Manakel.

 

- No lo hará... - con la cabeza gacha.

 

- No puedo creer que te hayas enamorado nuevamente de un mortal. A veces creo que eres patético, Beliar - cada palabra era dicha con desprecio.

 

Beliar había estado con la mirada baja, pero solo hasta que escuchó lo último dicho por Manakel. Levantó la mirada y enfrentó al ángel... la ira se reflejaba en sus ojos por lo que Manakel acabó por dar unos pasos atrás, temiendo nuevamente por su existencia. Mientras el ángel retrocedía, Beliar se acercaba hacia él, hasta que con su mano derecha lo tomó fuertemente del cuello y lo azotó contra una de las paredes de la habitación.

 

- Creo que ya te di demasiada libertad... te tomaste mucha confianza y atribuciones conmigo - se lo dijo muy cerca del rostro. Podía apreciar como el ángel temblaba ligeramente y unas pequeñas gotas de sudor resbalaban por su frente - No vuelvas a dirigirte a mí de esa forma, ¿me escuchaste? A la próxima... - con una voz tétrica - Te voy a despedazar... - una sonrisa sádica apareció en su rostro ante ese pensamiento.

 

Manakel no tuvo el valor de decir algo más y simplemente prefirió guardar silencio. Luego de que Beliar lo soltara y viera como este seguía un tanto nervioso, dio media vuelta y se alejó del lugar. El ángel simplemente no pudo seguir manteniéndose en pie y resbaló por la pared hasta el suelo, en donde terminó sentado y respirando con algo de dificultad.

 

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JC estaba escondido en uno de los tantos edificios, ya a medio desmoronar, de la gran ciudad. Después de su discusión con Beliar y que confirmara todo lo dicho por Manakel, optó por salir de aquel lugar, pero en las últimas horas solo había podido escapar de las grandes hordas de demonios que patrullaban por toda la ciudad. Ahora se encontraba recargado en una de las paredes del edificio, intentando calmar su respiración mientras algunas gotas de sudor recorrían su rostro... estaba agotado. Luego de descansar unos cuantos minutos más, decidió que era hora de continuar su camino y encontrar la forma de salir de la ciudad. Con mucho cuidado salió de aquel lugar, revisando si por el perímetro se encontraba otro de esos seres infernales, pero al no ver ninguno corrió por las calles de la ciudad. Luego de unas cuantas cuadras mas recorridas, se detuvo en seco al percatarse de que siete demonios estaban frente a él. Estos últimos miraron al moreno por unos segundos y luego arremetieron contra él rápidamente. JC simplemente se quedó en el lugar prácticamente paralizado viendo como los demonios se acercaban a él. Luego de cerrar sus ojos solo alcanzó a escuchar una serie de disparos y los aterradores gritos de los demonios.

 

- Primera vez que te veo tan descuidado - JC reconoció aquella voz inmediatamente, dándole valor para abrir los ojos, voltearse y observar a la chica que se encontraba unos metros atrás de él -. Creo que necesitas una de estas - dijo mientras que jugaba con un arma en su mano izquierda.

 

- Kiara... - observó a la chica mientras esta solo le sonreía. Luego dirigió su vista más allá y divisó a sus otros dos compañeros que venían corriendo a su encuentro.

 

- Debo suponer que tuvieron problemas ¿no? - dijo Kiara observando a sus dos agitados compañeros.

 

- Con esas cosas que están... por toda la ciudad, dudo mucho que no tengamos problemas... - dijo Jaden intentando calmar su respiración.

 

- ¿Que mierda son esas cosas? - preguntó Bryan ya recuperando la compostura.

 

- Demonios... - dijo por lo bajo JC, pero fue perfectamente audible para sus compañeros. Estos simplemente observaron al moreno algo incrédulos.

 

- Demonios o no... sean lo que sean están matando a todos - dijo Bryan.

 

- ¿Y qué haremos? - preguntó Kiara - ¿Alguien tiene algún plan? -.

 

- Tenemos que salir de la ciudad... - el moreno observó a cada uno de sus compañeros -. ¿Con cuantas armas contamos? -.

 

- No muchas... - respondió Jaden hurgando en el bolso que había traído en el hombro -. El problema es que... no todos esos bichos mueren con esto - dijo mientras levantaba un arma.

 

- Solo a los más pequeños podemos asesinarlos... pero hay dos que eran de mayor tamaño y no les hicimos absolutamente nada - dijo Kiara observando a JC.

 

- Ya veo... - cerrando sus ojos pesadamente -. Entonces... movámonos. Salgamos de aquí - dijo el moreno. Sus compañeros solo asintieron.

 

Luego de que Jaden le pasara algunas armas al moreno, se alistaron para poder salir de la ciudad, atravesando las calles y matando a todo demonio que se les atravesara en el camino.

 

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Beliar se encontraba en la azotea observando toda la ciudad. Pudo escuchar algunos disparos a los lejos... era más que obvio que los humanos contraatacarían y que algunos demonios murieran por ello. Por suerte solo serían asesinados los más débiles... esas bajas no le importaban mucho a Beliar. Seguía observando el horizonte cuando sintió a alguien detrás de él.

 

- ¿Ya estás mejor? - preguntó Beliar con una sonrisa. Sabía que lo que anteriormente le había dicho le había afectado al ángel.

 

- Si... - respondió por lo bajo. Beliar volteó a verlo.

 

- Bien... - seguía sonriendo. Ambos se miraron a los ojos.

 

Luego de que por varios minutos ambos se sostuvieran la mirada, Manakel desvió la mirada hacia los cielos, acto que fue seguido por Beliar que hizo exactamente lo mismo. Ambos apreciaron algunos destellos que bajaban desde el cielo haciendo que el ángel se preocupara y el demonio simplemente sonriera ante lo evidente de la situación.

 

- Ya se estaban tardando en llegar - rió maliciosamente Beliar.

 

- Esto traerá complicaciones... - seguía con la vista fija en el cielo oscurecido por el eclipse.

 

- Solo traerá algo de diversión - de mirar los cielos paso a mirar a Manakel -. No deberías preocuparte por ello... Solo escóndete para que no te encuentren -.

 

- Eso es más que seguro. No pienso volver al Paraíso para que me enjuicien... Con lo que me costó poderme escapar de ahí - dijo desviando la mirada y recordando como lo había hecho.

 

- Nunca te pregunté como lo hiciste... -.

 

- Tengo mis métodos... - le sonrió al demonio - Así como tú tienes los tuyos - Beliar le devolvió la sonrisa.

 

Luego de su pequeña conversación, Manakel se desvaneció rápidamente para ocultarse y Beliar dirigió su vista hacia el horizonte viendo como seguían los destellos luminosos en el cielo. Convocó a la espada exorcismo y se dirigió al lugar en donde había visto descender a parte del Ejército Celestial.

 

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Un pequeño grupo de persona estaba oculta en medio de la ciudad, en un local ya devastado. Un hombre de alrededor de unos cuarenta y cinco años, intentaba calmar a las otras cinco personas que estaban junto a él, mientras que afuera pasaban unos cuantos demonios. Intentaron guardar silencio hasta que los seres infernales se fueran de allí, pero uno de los demonios se detuvo, olfateó un poco el aire y dirigió su vista hacia el local. Luego de gruñir y hacer que los demonios que lo acompañaban se detuvieran y observaran en la misma dirección, se dirigieron hacia el local.

 

Solamente se alcanzaron a oír algunos espadazos y los gruñidos de aquellos demonios. Sus cuerpos habían sido cercenados... el pequeño grupo no alcanzó a percatarse de quienes fueron los que habían eliminado a aquellos seres.

 

Por toda la ciudad se empezaron a oír fuertes gruñidos y aterradores gritos, mas el sonido de algunas espadas... el Ejército Celestial había llegado a cada rincón del mundo y estaba exterminando a los demonios... o eso creían ellos, pues solo estaban acabando con las legiones más débiles. Las principales fuerzas demoniacas todavía no llegaban a la Tierra...

 

Miguel sobrevolaba la ciudad, junto con los otros tres arcángeles, mientras buscaba con la mirada a Beliar.

 

- Ustedes encárguense de acabar con las legiones demoniacas - ordenó Miguel -. Es mejor reducir su número ahora... no estamos en presencia de los demonios de más alto rango.

 

- Si no disminuimos su número ahora, cuando lleguen los más poderosos nos costará trabajo poder eliminarlos... - agregó Uriel.

 

- ¿Porqué no están aquí? - preguntó Gabriel.

 

- Necesitan más poder para venir aquí... Ese poder se los entregará Beliar - en tono serio -. Por esta razón, seré yo quien me encargue de él -.

 

Inmediatamente los otros tres arcángeles, luego de observar a Miguel y asentir a lo último dicho por éste, se unieron a los otros ángeles que se encontraban en batalla contra las fuerzas del infierno. Mientras tanto, Miguel se concentró en encontrar a su oponente.

 

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- ¡Ya no nos quedan municiones! - gritó Jaden.

 

- "¡Rayos! A este paso no saldremos de aquí" - pensó JC al ver que el número demonios que estaban a su alrededor aumentaba cada vez más -. ¡Tenemos que movernos! No nos podemos quedar en este lugar - sus compañeros asintieron.

 

Intentaban abrirse paso entre los demonios, pero cada vez resultaba más difícil, tanto así que se quedaron sin municiones y no tuvieron otra opción que huir del lugar hacia el centro de la ciudad.

 

- ¡Entre mas a la periferia de la ciudad, más de esas cosas hay! - gritó Jaden corriendo junto a sus compañeros.

 

- ¡Es como si supieran que intentaríamos escapar! - dijo Bryan.

 

- ¡No nos queda otra... que ocultarnos! - agregó JC, agotado por tanto correr.

 

Llegando casi a la esquina de la avenida, se encontraron de frente con una de las legiones de demonios. Se detuvieron al instante al ver cientos de demonios frente a ellos, lo que empeoraba la situación el hecho de no tener arma alguna con que defenderse. Los demonios fijaron inmediatamente su vista en los cuatro chicos que estaban frente a ellos y, sin pensarlo dos veces, arremetieron velozmente contra ellos, pero no lograron su cometido... algunos ángeles habían interceptado su ataque y ahora luchaban contra ellos.

 

- ¡Salgan de aquí! - dijo firmemente un ángel mirando a los cuatro chicos-. Este no es lugar para ustedes... Busquen refugio - luego de decir esto se concentró nuevamente en la batalla.

 

- Gracias... - fue lo único que pudo decir JC antes de dar media vuelta, junto a sus amigos, y marcharse del lugar.

 

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Miguel ya había recorrido gran parte de la ciudad buscando desesperadamente al demonio, pero no había logrado dar con su paradero. Sabía perfectamente que Beliar se encontraría ahí, de eso estaba seguro, el problema era que con tantas presencias demoniacas se le era difícil encontrarlo. Se estaba impacientando... cada minuto que pasaba era una ventaja para las legiones demoniacas y más para convocar a los príncipes del infierno.

 

- "¿Dónde estás?" - pensó Miguel recorriendo con su mirada la enorme ciudad. Su ansiedad aumentaba a cada minuto que pasaba.

 

Seguía buscando de un lugar a otro cuando se quedó estático, abriendo más sus ojos con la enorme impresión que se había apoderado de él. Notó como la presencia del ser que había intentado encontrar hace varios minutos estaba justo detrás de sí y más cerca de lo que él esperaba.

 

- ¿Me estabas buscando, Miguel? - le dijo Beliar al oído...

Notas finales:
Bueno... prometo que al próximo capítulo llegaremos a la parte más interesante y a la que muchos han esperado!!!!! Eso si... se que depués, posiblemente (para no decir que así será) me odien U.u pero bueno... son cosas del oficio.

 

Gracias por sus reviews ^^

La batalla final. por Mizuki Nagano
Un escalofrío recorrió su espalda al sentir a Beliar detrás suyo. Entrecerró un poco sus ojos e intentó calmar todas las emociones que se habían apoderado de él cuando se percató de la presencia del demonio.

 

- Ya era hora de que dieras la cara... Beliar - solo volteó un poco su rostro para apreciar al demonio. Se podía ver el odio en sus ojos.

 

- ¿Debo suponer que sigues molesto conmigo? - rió. El tibio aliento de Beliar rozaba el cuello de Miguel, haciendo que este se estremeciera un poco -. Ya que estoy aquí... podríamos comenzar ¿no? - se alejó algunos metros del arcángel -. Sé que a eso viniste - sonrió.

 

- Eres el ser más despreciable que he conocido - miró directamente a los ojos a Beliar. Reinó el silencio por unos segundos antes de que Miguel agregara algo más -. Créeme, demonio... voy a acabar contigo - esto solo provocó una sonrisa en Beliar, quien se relamió posteriormente los labios, gustoso de lo que pronto sucedería.

 

Miguel se preparó con la espada santa en la mano... estaba listo para atacar al demonio, este último simplemente disfrutaba ver al arcángel de aquella manera y sonreía por ello. Miguel rápidamente atacó a Beliar, pero este pudo bloquear su ataque y contraatacó también. Ambos se defendían y atacaban a la perfección. Ambos tenían un total dominio sobre la espada. Beliar aprovechó un descuido por parte de Miguel para azotar a este estrepitosamente contra el suelo e intentar acabar con él, pero Miguel logró reponerse y defenderse del ataque del demonio.

 

Mientras Miguel y Beliar seguían en su encuentro en los cielos, Uriel tomó el mando del ejército y optó que lo mejor era empezar a sacar gente del lugar, por lo que un grupo de ángeles comenzó a sacar grupos de persona de todas las grandes ciudades devastadas por las fuerzas demoniacas y los llevó a campos solitarios en donde estarían a salvo.

 

Miguel se estaba dando cuenta a cada minuto que pasaba de que no sería nada fácil derrotar al demonio y también se percató de que este había incrementado su poder, seguramente por las almas que ya habían sido corrompidas por las hordas demoniacas, lo que le estaba jugando en contra en el enfrentamiento.

 

Luego de haberse entretenido en gran parte de la batalla a espadazos, Beliar optó por comenzar a causar destrozos mayores con liberación de energía. Se alejó un poco de Miguel y se preparó para causar grandes daños, tanto a los seres de luz como a la humanidad.

 

- Dime, Miguel... ¿Darías tu existencia por seres como ellos? - sonrió.

 

- Si... - lo dijo sin titubear -. Y más si tengo el placer de derrotarte yo mismo -.

 

- Sabes... No te mataré ahora - dirigió su mirada hacia la ciudad en ruinas -. Lo primero que haré... ¡Será liquidar a ese ejército tuyo! - dijo con una sonrisa.

 

Dicho esto último, Beliar lanzó una poderosa esfera de energía hacia la ciudad en ruinas, en donde se estaban enfrentando las legiones infernales contra el ejército celestial... todo esto bajo la asombrada mirada de Miguel quien solo pudo observar lo que el demonio había hecho. Se destruyó gran parte de la ciudad, incluyendo ángeles, hombres y demonios, dejando un gran agujero sin absolutamente nada.

 

- ¿No te importa acabar con aquellos que te sirven, verdad? - dijo Miguel fijando su vista en el demonio, luego de ver lo que este provocó.

 

- Para alcanzar el éxito es necesario realizar sacrificios - dijo Beliar muy calmado provocando más molestia en el arcángel -. Además, para eso se mandan primero a los peones - rió sádicamente ante esto.

 

Miguel se cansó de escuchar las palabras de Beliar. El arcángel sabía que entre más minutos pasaran, el demonio se haría más fuerte, por lo que decidió acabar de una vez por todas con el enfrenamiento. Si el demonio utilizaba energía para destruir y acabar con todo, él también lo haría pero con el único propósito de derrotar al demonio. Miguel no esperó más y arremetió contra el demonio lanzando su energía en su contra. Este último desvió el ataque del arcángel y atacó de la misma manera. Sus ataques ahora se comprendían entre combates cuerpo a cuerpo y su propia energía lanzada al opositor. Beliar encontró la oportunidad justa para lanzar nuevamente a Miguel hacia un edificio, destruyéndolo por completo. Rápidamente el demonio buscó al arcángel entre los escombros que todavía caían al suelo y la gran nube de polvo que se había levantado por el acto, haciendo que no hubiera una buena visibilidad, lo que aprovechó Miguel para atacar de imprevisto a Beliar. El demonio logró defenderse del ataque y continuaron con su enfrentamiento.

 

Los demás ángeles y arcángeles seguían con la difícil tarea de liquidar con las legiones demoniacas e intentar salvar todas las almas humanas que podían, pero la tarea se estaba haciendo difícil, pues la cantidad de demonios estaba aumentando y acabar con ellos parecía algo imposible.

 

Uriel observó desesperadamente a Miguel quien seguía batallando con el demonio. Luego de observarlo por unos momentos, no pudo evitar pensar que se les agotaba el tiempo y que si Miguel no derrotaba pronto a Beliar, sería demasiado tarde.

 

- "Vamos, Miguel... No nos queda tiempo... ¡Mátalo de una buena vez!" - pensó Uriel mirando con súplica y preocupación a dicho arcángel. Luego siguió batallando contra los demonios que invadían la ciudad.

 

Ya había pasado más de una hora desde que comenzó el enfrentamiento entre Beliar y Miguel, y para la mala suerte de este último, pareciera que tenía perdido el encuentro, pues ya se estaba agotando y notaba que Beliar se estaba volviendo más fuerte.

 

- ¿Ya estás cansado, Miguel? - dijo el demonio en tono burlón, molestando de sobremanera a su contrincante -. Creo que no será como la última vez... - sonrió maliciosamente.

 

- No te voy a dejar ganar... - respiraba agitadamente y miraba fijamente a Beliar.

 

- Esta guerra ya la tengo ganada y todo gracias a ti... mi querido Miguel - cada palabra que decía, ponía mas furioso al arcángel -. Deberías controlar mejor tus emociones... Así hubieras evitado esta situación - rió.

 

- Juro que voy a matarte... - había ira reflejada en sus ojos -. ¡Te haré desear no haber salido del Infierno nunca! -.

 

Miguel intentó atacar rápidamente a Beliar, pero el cansancio le jugó en contra y para el demonio fue fácil esquivar sus ataques y contraatacar. La espada santa había volado por los aires y se perdió entre los escombros de la ciudad. Beliar atacó a Miguel, azotándolo contra el suelo y luego se posicionó arriba de este con la espada exorcismo apuntando a su pecho.

 

- Esto se me hace muy familiar, aunque se invirtieron los papeles... - sonrió con malicia.

 

El arcángel respiraba con mucha dificultad. Miraba a Beliar a los ojos y solo podía verlo con desprecio... o eso quería aparentar. No podía negar que le agradaba tener tan cerca al demonio, pero no olvidaba lo que había pasado la última vez que se encontró en una situación así, lo que aumentaba su ira hacia aquel ser.

 

- Tus últimas palabras, Miguel - se acercó un poco al susodicho y se apoyó en su mano izquierda la cual estaba al lado de la cabeza de Miguel.

 

- ¿Sabes la pena que me das?... ¿La lástima que siento por ti? - dijo firmemente sorprendiendo a Beliar -. Siempre hiciste todo para beneficio propio...

 

- Tú que sabes, Miguel - le cortó tajantemente Beliar -. Tengo mis razones para todo esto y se exactamente lo que hago -.

 

- ¡Y tus razones implican destruirlo todo!... ¿Alguna vez te importó... algo? - dijo Miguel, pero la verdad de las cosas era que hubiera preferido decir "alguien".

 

- Si... si hay cosas que me importan -.

 

-¡Mentira! - algunas lágrimas amenazaban con salir de sus ojos -. ¡Siempre jugaste con los demás!... ¡Nunca te importo lo que ellos sentían por ti!... incluso Amelia - Beliar se sorprendió con lo último dicho por Miguel -. Ella murió por ti, ¿sabes? Y es lo que le pasará a todo aquel que se fije en ti... - cada palabra la decía con desprecio -. Tú acabarás con todo... - miraba con odio a Beliar. Pasaron unos incómodos segundos antes de que Beliar se atreviera a decir algo.

 

- Miguel... - tenía la cabeza gacha. Sabía que lo dicho por el arcángel era verdad y no se atrevía a mirarlo a los ojos -. Yo... yo nunca quise...

 

- Te odio... - esas simples palabras habían herido profundamente a Beliar, quien comenzó a ceder ante Miguel -. Te odio como no tienes idea... - el demonio se atrevió a mirar al arcángel a los ojos y solo vio odio en ellos -. En mí... ya no hay amor por ti, solo te desprecio... -.

 

Ambos se sostuvieron la mirada por unos minutos. Beliar veía todo el rencor que sentía Miguel hacia él y este último solo veía como era observado por el demonio. Luego de observarse por un tiempo, Beliar bajó la mirada, mientras dejaba de empuñar la espada en contra del arcángel. Miguel se sorprendió ante la reacción del demonio y por un momento vio tristeza reflejada en sus dorados ojos, pero sus sospechas resultaron ciertas al ver como Beliar comenzó a temblar ligeramente... en verdad se habían invertido los papeles y ahora era el demonio quien estaba sufriendo. Luego de estar así por un tiempo, y de que Miguel no supiera que hacer, Beliar volteó rápidamente para detener el sorpresivo ataque de Uriel, quien había decidido atacar al demonio junto a los otros dos arcángeles al ver a su compañero en aquella situación. Miguel vio a Beliar defenderse al instante en que era atacado por Uriel y por unos segundos creyó ver como el demonio derramaba algunas lágrimas, pero desechó rápidamente esa idea al ver como Beliar se defendía y atacaba a la perfección a sus compañeros. Luego se levantó rápidamente de su sitio y fue en busca de la espada santa.

 

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JC y sus compañeros corrían por las calles de la devastada ciudad. Seguían intentando buscar una salida, pero se detuvieron de golpe al ver frente a ellos a uno de los ángeles, pero que sin embargo, JC era el único que lo conocía.

 

Manakel sonrió al ver frente a él a quien precisamente estaba buscando y comenzó a avanzar hacia él, mientras tanto el susodicho lo miraba con un creciente odio... después de todo, él fue el culpable de su rompimiento con Beliar.

 

- Estaba buscándote... - sonrió. Tenía ambas manos hacia atrás, ocultándolas en su espalda.

 

- ¿Y para que me buscas nuevamente? - preguntó más que fastidiado JC -. Tú y yo no tenemos nada más que decirnos... Ya los dejé en paz - refiriéndose a Manakel y Beliar -. Ahora solo me interesa salir de aquí con mis amigos -.

 

- Eso veo - dirigió su mirada hacia los acompañantes del moreno -. La verdad es que ellos no me interesan, así que se pueden ir - dirigió su vista nuevamente hacia JC - Pero si tengo algunos últimos asuntos que atender contigo - su sonrisa era cada vez más grande.

 

Los compañeros del moreno observaron a este último, esperando una respuesta por parte de JC quien parecía meditar la situación. Al cabo de unos segundos, el moreno levantó la mirada y fijó su vista en el ángel.

 

- De acuerdo... pero a ellos los dejas fuera de esto -.

 

- Trato hecho - cantaba victoria mentalmente.

 

- ¿Qué haces, JC? - dijo por lo bajo.

 

- Solo sácalos de aquí, Kiara... por favor - miró a la chica suplicante -. No quiero que se involucren en esto -.

 

Kiara observó a JC y supo que lo decía con toda la sinceridad del mundo. Sabía que las intenciones del moreno era de protegerla a ella y a sus dos compañeros, por lo que volteó rápidamente y corrió en dirección opuesta siendo seguida por sus dos no muy convencidos amigos. JC observó como estos se alejaron antes de enfrentar a Manakel.

 

- ¿Qué quieres? - demandante.

 

- Sí que tienes un buen corazón... y buenos amigos por lo que veo. Al parecer no estaban muy convencidos de dejarte solo - sonreía.

 

- La verdad es que no quiero que se involucren en esto y ojalá no hubiera sido así - mantenía su distancia -. Me hubiera gustado que ellos no regresaran por mi, pero después de que me fui de Kanazawa junto con Beliar, ellos creyeron que posiblemente me encontrarían aquí... junto a Hunter... - desvió su mirada al decir esto último -. Como sea... - fijó su vista nuevamente en el ángel - Dime ya que quieres -.

 

- Esperaba de que con la discusión que tuviste con Beliar, este al fin se olvidara de ti y se concentrara en lo que realmente queríamos - comenzó a acercarse un poco a JC -. Pero estoy viendo que eso... no va a suceder -.

 

- A mi ya no me interesa lo que haga o deje de hacer ese demonio - con desprecio -. Me dejó bien claro de que yo no le importaba en lo absoluto -.

 

- ¿Y tú le creíste? - esto solo desconcertó a JC - Por si no lo sabes, Beliar es un maestro del engaño y se perfectamente que te dijo lo que te dijo para que no estuvieras en peligro.

 

- Estás mintiendo... - lo dijo algo bajo.

 

- ¿En verdad crees que Beliar te utilizó? - pudo observar duda en los ojos del moreno -. Fuiste tan fácil de engañar... además, si Beliar te hubiera utilizado, ¿qué provecho hubiera sacado de ello? - esto sorprendió más al moreno, quien se estaba dando cuenta de lo cierto de esas palabras -. Beliar si está enamorado de ti y por desgracia... yo te considero un impedimento para lograr con nuestro objetivo. Un impedimento que estoy a punto de resolver - rio maliciosamente mientras descubría detrás de si la espada perteneciente a Miguel... la espada santa - Observé cuidadosamente la batalla entre Miguel y Beliar... solo aproveché la oportunidad que se me dio. Al tener en mi poder la espada santa... puedo matar dos pájaros de un tiro -.

 

- ¿Qué piensas hacer? - retrocediendo, viendo como Manakel se estaba acercando hacia él.

 

- Si te mato con esta espada... Beliar puede pensar que fue Miguel el culpable y lo más probable es que valla detrás de él para matarlo, así como mató a los comandantes infernales quienes asesinaron a su amada Amelia - su sonrisa se hacía cada vez más grande -. Esta espada supuestamente mata solo demonios, pero eso no es del todo cierto... Esto depende del portador... - rio.

 

JC corrió enseguida en dirección opuesta a Manakel, viendo como este se apresuró a atacarlo. Intentó escabullirse entre los desmoronados edificios sin mucho éxito, pues el ángel apareció delante de él y alcanzó a cortar un poco su torso. cuando éste se volteó para verlo. JC inmediatamente se llevó una de sus manos a su pecho e intentó presionar la herida mientras corría por las calles de la arruinada ciudad.

 

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Beliar se defendía ferozmente de los ataques de los tres arcángeles. Mientras tanto, Miguel no podía encontrar la espada santa, lo que comenzaba a desesperarlo. Sabía que la única forma de derrotar y acabar con el demonio era con la dichosa espada, pero no estaba totalmente convencido de matarlo, pues la imagen de Beliar derramando lágrimas seguía en su pensamiento y lo estaba perturbando.

 

Uriel y Rafael atacaron simultáneamente al demonio, haciendo que este retrocediera justo para que Gabriel lo atacara por la espalda, pero el cometido de la chica no tuvo éxito, ya que Beliar logró desvanecerse para arremeter en contra de los tres arcángeles, siguiendo con su encuentro.

 

Beliar ya se estaba cansando de luchar contra los tres arcángeles cuando súbitamente se percató de que JC corría por las calles siendo seguido de Manakel, y lo que más le alarmó fue ver como este último empuñaba la espada santa. Gracias a que estaba pendiente de esto, no logró esquivar uno de los ataques de Uriel, quien hizo que Beliar cayera estrepitosamente al suelo. Enseguida los tres arcángeles atacaron a Beliar, pero este logró reponerse a tiempo para defenderse y luego volver a los cielos para observar en donde se había ido el moreno, no tardando mucho en encontrarlo con la mirada. Se desesperaba al observar que JC era seguido por Manakel y este intentaba por todos los medios de acabar con él. Beliar optó por atacar con energía a los tres arcángeles e ir en la dirección en donde había visto irse al moreno.

 

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JC corría para poder salvar su vida y lo único en que podía pensar era en lo estúpido que había sido por creer en todas las mentiras que le había dicho anteriormente Manakel, y todo había sido para poderlo separar de su demonio... su Beli. Seguía pensando en esto cuando se tropezó y cayó al suelo, miró hacia atrás percatándose que Manakel había detenido su marcha y simplemente lo miraba con una expresión sádica. JC comenzó a arrastrarse de espaldas con la mirada fija en el ángel, mienras los latidos de su corazón se aceleraban cada vez más.

 

- Ya todo acabó - sonrió Manakel -. Prometo que lo haré rápido y sin dolor... - rio. El moreno se había quedado estático observándolo. Ambos se habían detenido y solo se clavaban la mirada uno en el otro, solo por unos segundos -. ¡Se terminó tu miserable existencia! -.

 

Manakel arremetió velozmente en contra de JC empuñando la espada santa. El moreno quedó perplejo ante aquel ser que solo tenía la intención de acabar con él y cerró sus ojos fuertemente en un intento de desconectarse de la realidad. Luego de esperar unos segundos, al darse cuenta de que no había pasado nada, abrió sus ojos lentamente para percatarse que solo a unos metros delante de él se encontraba Beliar, atravesando por el pecho a Manakel con la espada exorcismo. Este último no podía creer lo que estaba pasando.

 

- ¿Qué...? - con mucha dificultad - ¿Qué has hecho? -.

 

- Lo que debí hacer hace mucho tiempo, Manakel - dijo calmadamente Beliar en el oído del ángel -. Acabar con tu existencia... -.

 

- No podrás... - algo de sangre caía de la comisura de sus labios -. Entrar... al Paraíso -.

 

- Eso ya no me importa... - dijo seriamente el demonio -. Pero no dejaré que se repita nuevamente... no otra vez - esto lo dijo en un tono algo bajo.

 

Dicho esto último, Beliar empuñó con más fuerza la espada exorcismo en el pecho de Manakel, haciendo que este sangrara cada vez más. El ángel sabía perfectamente que esto lo mataría, de que ya no existiría nunca más, de que su alma quedaría atrapada en la espada de aquel demonio. Sabiendo esto último, Manakel se desvaneció ante la mirada atónita de JC, quien luego desvió su mirada rápidamente hacia la espalda de Beliar.

 

Cerró sus ojos por unos momentos y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Mantuvo esa expresión por unos segundos para luego abrir sus ojos y esbozar una mueca de dolor. Se llevó su mano derecha hasta la empuñadura de la espada que también atravesaba su pecho e intentó sacarla, pero no pudo... la espada santa estaba absorbiendo su fuerza y energía vital.

 

Los cuatro arcángeles habían visto a Beliar alejarse velozmente de la batalla y ahora veían el por que de su acción. Mientras los otros tres arcángeles miraban sorprendidos lo hecho por el demonio, Miguel sentía un gran dolor crecer en su pecho. Las lágrimas se agolparon rápidamente en sus ojos al ver que posiblemente Beliar moriría frente a él si no hacía algo al respecto. Se apresuró a posicionarse al frente del demonio viendo como éste intentaba quitarse la espada de su pecho. Miguel se arrodilló para quedar a su altura. Colocó su mano izquierda en el hombro de Beliar y con la derecha intentó sacar la espada incrustada en el pecho del demonio. Luego de unos minutos en que ambos intentasen quitar la espada, lograron su cometido. Miguel se deshizo de la espada santa y luego se concentró en Beliar.

 

- Beli... - intentó llamar al demonio -. Beli mírame... - tomó entre sus manos el rostro del demonio para observarlo a los ojos, pero sin éxito alguno... estaba semiinconsciente -. ¡Beli reacciona!... por favor... - lloraba.

 

JC que no había podido reaccionar anteriormente, al ver esto comenzó a levantarse y caminar lentamente hacía Miguel y Beliar, no pudiendo aguantar más las lágrimas que se habían agolpado en sus ojos.

 

- Yo... no quería esto... - lo decía con dificultad por la culpa de su sollozo y negaba con la cabeza -. Beli... no quería que terminara así... -.

 

- Lo... siento... - dijo con dificultad Beliar con la cabeza gacha. Miguel observó como unas lágrimas habían caído hasta el suelo. Luego, Beliar levantó la cabeza lo suficiente para que el arcángel se diera cuenta de que éste si estaba llorando -. Lo siento... tanto -.

 

JC no se atrevió a acercarse más, quedando detrás de Beliar y Miguel, observando a estos dos últimos y llorando en silencio.

 

- Por una vez... quería proteger... lo que me... importaba - dijo con demasiada dificultad y sonriendo débilmente, sorprendiendo al arcángel y al moreno. Miguel se acercó más a Beliar y lo abrazó, recostando a éste último en su pecho -. ¿Me perdonarán... algún día? -.

 

No hubo tiempo para esperar una respuesta, Beliar había comenzado a desvanecerse de la misma forma en que lo había hecho Manakel, ante la mirada impotente de Miguel y JC. El arcángel no aguantó más y comenzó a llorar desconsolado... sentía rabia... sentía pena... sentía un gran vació crecer en su pecho. JC se desplomó cayendo de rodillas al suelo y se llevó una de sus manos a su rostro en un intento de contener todas las lágrimas que había comenzado a derramar.

 

Uriel, Rafael y Gabriel se habían acercado un poco más y solo podían observar aquella escena. Cada uno era capaz de sentir el dolor de aquellos dos seres que lloraban desconsoladamente frente a ellos, pero ninguno quiso acercarse más... era mejor que liberaran el dolor que sentían en el alma.

 

Uriel, luego de observar por unos minutos más a JC y a Miguel, dio media vuelta y caminó unos pasos para observar la ciudad. Sin Beliar... la guerra estaba ganada. Sin su poder, acabar con las legiones demoniacas era más fácil y el eclipse llegaría a su fin. Cerró sus ojos y suspiró con pesadez, para luego contemplar el vasto cielo que comenzaba a despejarse dejando ver las estrellas de la noche.

 

- Ya todo acabó... - dijo casi en un susurro.

Notas finales:
Lo sé... lamento haber matado a Beli, pero así tenía que ser :S Espero compensar bien en el próximo capítulo por lo que acabo de hacer en este u.u
Verdad por Mizuki Nagano
Notas del autor:
Este es el último capítulo :P
Se quedó unos momentos en su vehículo, mientras sostenía el volante con ambas manos y miraba un punto fijo a través del parabrisas. Cerró sus ojos con pesadez y dio un largo suspiro, antes de apagar el motor y bajarse del automóvil para entrar en su casa, llevando consigo algunas cosas de su actual trabajo. Sacó las llaves de su bolsillo y abrió la puerta, dio una mirada a su hogar y suspiró nuevamente antes de subir por las escaleras y llegar a su habitación, en donde dejó muchas de las cosas encima de su cama, solo tomando el portafolios para poder sacar unos documentos y disponerse a leerlos en el escritorio que se encontraba en el lugar. Se sentó pesadamente y comenzó a ojear cada uno de los papeles que tenía en la mano, anotando de vez en cuando alguna observación de estos en una libreta.

 

Habían pasado diez años desde lo sucedido y ahora JC era dueño de una de las más prestigiosas empresas de informática y programación. Hace ocho años decidió abandonar la Fraternidad, después de lo sucedido, no se sintió capaz de seguir en aquella organización y optó por comenzar con una nueva vida. Estudió e hizo los cursos rápidamente, ya que para él no era ningún problema... siempre le gustó estudiar y ya tenía muchos conocimientos desde antes. Con el dinero que tenía ya de la Fraternidad, abrió un negocio que rápidamente ganó popularidad y muchos clientes, convirtiéndose en lo que es ahora... un exitoso empresario. Luego de cinco años, se enteró por medio de Kiara de que la Fraternidad se había disuelto y ahora cada uno de sus miembros había decidido hacer lo mismo que había decidido él... rehacer sus vidas.

 

Agradecía el hecho de seguir en contacto con su antiguo equipo, después de todo, ellos estuvieron siempre ahí para darle ánimos luego de lo ocurrido, además de que les contó todo acerca de Hunter y Beliar, por lo que sus amigos estaban al tanto de todos los acontecimientos ocurridos, desde la visita de los arcángeles a la Tierra para detener al demonio y hasta lo del Apocalipsis. Que sus amigos supieran la verdad le quitaba un gran peso de encima y le ayudaba a salir adelante.

 

Seguía revisando aquellos papeles con mucha minuciosidad... eran documentos muy importantes para la empresa. Leía una y otra vez cada hoja del documento cuando se sintió observado. Se detuvo en su trabajo y lentamente se giró desde su asiento hasta quedar mirando hacia la gran ventana de la habitación. Frente a él se encontraba alguien que ya conocía desde hace mucho y que no había cambiado en nada... una ventaja de poseer juventud eterna. Se quedó observando a aquel ser que conoció hace diez años, mientras este lo observaba desde la ventana. Reinó el silencio por unos minutos mientras se intercambiaban las miradas.

 

- Eres... eres Miguel, ¿cierto? -.

 

- Sí... - respondió el arcángel.

 

- ¿Qué haces aquí? - estaba algo intrigado por la presencia del arcángel.

 

- Hace mucho que quería hablar contigo y solo ahora reuní el valor para hacerlo... - JC simplemente lo observó. Miguel al no obtener respuesta prosiguió -. Quería conversar contigo... sobre Beli - terminó de decir finalmente. El moreno desvió y bajó la mirada. Se notaba que le afectaba demasiado -. Tu estuviste con él en el último tiempo y solo quería saber... - hizo una pequeña pausa y desvió la mirada algo nervioso -. Que tipo de relación tenías con él... - JC levantó la mirada y observó a Miguel.

 

- ¿Viniste a preguntarme sobre eso? - algo sorprendido e intentando comprender las intenciones del arcángel.

 

- No sé que habrá pasado entre ustedes, pero... - hizo una pausa para intentar calmarse. Hablar sobre Beliar también le afectaba mucho -. Solo quiero comprender lo que pasó... -.

 

- Yo no creo tener la respuesta a eso... - intentó sostener la mirada a Miguel, pero las lágrimas comenzaron a agolparse en sus ojos, lo que hizo que bajara la mirada -. Yo amaba a Beliar... y sé que tú también - lo dijo algo bajo y con dificultad a causa del llanto -. Eso me quedó más que claro... - sollozó por un tiempo ante la mirada del arcángel. Este último simplemente dejó que el moreno se desahogara. Luego de que JC lograra calmarse, levantó la vista y miró a Miguel -. ¿Sabes que fue lo último que le dije? - lo dijo con dificultad... las lágrimas amenazaban nuevamente con correr por su rostro.

 

- No... - lo dijo casi en un susurro y negando con la cabeza. Estaba en la misma situación que JC.

 

- Que lo odiaba... - más lágrimas caían por su rostro. Miguel se sorprendió ante lo dicho por el moreno -. Daría lo que fuera por haberle dicho que no era así... que a pesar de todo... lo seguía amando - se giró y simuló prestar atención a los documento encima del escritorio.

 

Lo único que se podía escuchar eran las hojas de los documentos que manipulaba JC. El arcángel se había quedado en silencio ante lo último dicho por el moreno, recordando que él había hecho exactamente lo mismo... y le dolía porque sabía que no era verdad. Miguel observó a JC y caminó un poco para acercarse a él, solo hasta quedar separado por unos dos metros.

 

- Yo desearía lo mismo que tu... - lo dijo algo bajo, pero perfectamente audible para el moreno quien comenzó a prestarle atención -. Yo también cometí el error... de decirle que lo odiaba - unas lágrimas resbalaron por su rostro -. La verdad es que... lo sigo amando -.

 

JC no volteó a verlo y solo se quedó en silencio por un tiempo para luego seguir en lo suyo, pero aunque intentara retener lo que sentía, le era completamente imposible. Por otro lado, el arcángel paseaba su vista llorosa por la habitación del moreno sin saber muy bien que hacer o decir. Observaba cada rincón de aquel lugar hasta que su vista se quedó fija en uno de los veladores que estaban al lado de la cama. Encima del velador se encontraba una hermosa flor, la cual Miguel reconoció enseguida porque ya la había visto hace mucho tiempo atrás. El arcángel se acercó para observar con más detalle aquella flor y la tomó con su mano para apreciarla mejor. No pudo evitar que un pequeño gemido de dolor saliera de sus labios y comenzó a llorar nuevamente. Luego se sentó en la cama y se llevó la otra mano al rostro... no podía creer que aquella orquídea estuviera en aquel lugar. Esperó unos minutos para calmarse antes de comenzar a preguntarle al moreno sobre la flor.

 

- ¿Dónde... conseguiste esta flor? - dijo con algo de dificultad. JC se volteó extrañado e intrigado por la pregunta de Miguel.

 

- Me la dio Beliar... - le respondió calmadamente o eso intentaba aparentar.

 

- ¿Cuándo? - preguntó inmediatamente Miguel.

 

- Hace diez años -. Se extrañaba cada vez más con las preguntas del arcángel - ¿Por qué preguntas? - no obtuvo respuesta.

 

Miguel observó por un breve instante a JC antes de cerrar sus ojos y llevar una de sus manos a su rostro.... no sabía exactamente si llorar o reír, pero de lo que si estaba seguro era que se sentía feliz. Intentó calmar su euforia antes de proseguir con la conversación e intentar disipar el mar de confusiones de JC. El moreno no podía entender aquella actitud del arcángel.

 

- Antes... Beli era un arcángel - Miguel miró a JC y le sonrió. El moreno simplemente se sorprendió ante el comentario -. No lo conocí en ese entonces, pero el que si tuvo contacto con él y logró conocerlo, fue Uriel - el moreno prestaba total atención al arcángel -. Siempre dijo que era agradable, en ese entonces, estar con él. Que solo al estar a su lado, podía llenarte con una paz única y que te dejaba una gran sensación de tranquilidad... es la misma sensación que te dejaban las orquídeas... - Miguel observó la flor que estaba en su mano, acto que imitó el moreno -. Estas orquídeas... son como si fueran una extensión de Beli. Su esencia misma está en estas flores... - sonreía mientras observaba la flor -. Muchos seres de luz iban a los campos que estaban repletos de estas orquídeas, solamente para descansar... Debió ser realmente maravilloso poder verlos... -.

 

- ¿Y qué pasó? - preguntó JC.

 

- Lucifer fue lo que pasó... - fijó su vista en el moreno -. Era un ángel muy hermoso, pero quería más poder del que ya tenía, así que se reveló contra Dios y fue expulsado del Paraíso... y con ello se llevó a un tercio de todos los ángeles del cielo, incluyendo a Beli... -.

 

- ¿Pero... como...? -.

 

- No lo sé... - negó con la cabeza -. Pero... cuando él se fue, todas estas flores se marchitaron y nunca más volvieron a crecer - JC se entristeció ante esto último -. Beli se las llevó consigo al Infierno... -.

 

- ¿Florecen ahí? - preguntó realmente sorprendido. Nunca pensó que algo tan hermoso creciera en un lugar así.

 

- Es el lugar más hermoso que hay en el Infierno y créeme que lo digo enserio - rio un poco -. Aunque lo único que cambió... es que ahora nadie se acerca a las flores -.

 

- ¿Por qué? -.

 

- Al principio, pueden transmitirte la misma sensación, pero con el tiempo... llegan a despertar las sensaciones mas ocultas de tu ser... y dependiendo de quien seas... pueden llegar a volverse adictivas, si no sabes controlar el efecto que producen en ti -.

 

- Igual que Beliar... ¿no? - sonrió con ironía.

 

- Si... - se quedó pensativo unos segundos -. Igual a él... -.

 

Ambos guardaron silencio por unos minutos y recordaron a Beliar, cada uno de una manera diferente. Luego de un tiempo, Miguel suspiró para continuar con el relato y que JC le prestara atención.

 

- Lo que me sorprende es que esta orquídea... - la levantó para señalarla -. No se haya marchitado... - un silencio inundó la habitación nuevamente -. Las orquídeas del Paraíso... se marchitaron por la ausencia de Beli... - JC se sorprendía cada vez más con las palabras de Miguel -. Que esta flor siga intacta... - bajó un poco la mirada y algunas lágrimas se asomaron en sus ojos, producto de la felicidad -. Solo... puede que exista la posibilidad... de que él siga con vida - las lágrimas resbalaron por sus mejillas.

 

Si JC antes estaba sorprendido con todo lo que había dicho Miguel, ahora simplemente no podía ocultar el shock que le había dejado lo último dicho por el arcángel. La idea de que Beliar estuviera vivo le rondaba una y otra vez en su mente, y se le hacía difícil de que eso fuera verdad. Luego de salir de su estado de sorpresa, se armó de valor para hacer la siguiente pregunta y que de seguro, sería la más difícil de responder.

 

- Yo lo vi morir... ¿Cómo es posible que siga con vida? -.

 

- No sé... - Miguel se levantó de la cama y comenzó a pasearse por la habitación, esto para intentar encontrar la respuesta a la incógnita -. La espada santa fue forjada para matar demonios... es imposible que sobreviviera -.

 

- ¿Entonces? - JC se levantó de su asiento y se acercó un poco al arcángel. Observaba como Miguel se paseaba de un extremo a otro, pensando en la posible respuesta a la incógnita.

 

- Es imposible... - se detuvo y cerró los ojos. Levantó ambas manos y las pasó por su rostro. Se quedó en silencio e intentó analizar lo ocurrido en el preciso instante en que supuestamente había muerto Beliar. Sus manos se deslizaron por su rostro y abrió los ojos sorpresivamente. La respuesta a la interrogante era más fácil y obvia de lo que esperaba. Miguel volteó para poder ver a JC a los ojos -. ¿Sabes lo que le pasa a una persona cuando comete suicidio? -.

 

- No... - mintió. La verdad era que si tenía una ligera idea, pero no se atrevía a decirla.

 

- Su alma va directo al Infierno... - se acercó un poco al moreno -. Ahora... ¿Sabes lo que le pasa a una persona, que entrega su vida por la de otro? -.

 

- ¿Un... sacrificio? - Miguel asintió. Una lágrima resbaló por la mejilla de JC, quien no podía creer en ese hecho.

 

- Si fuera un hombre... este tendría las puertas del Paraíso abiertas. No hay mayor prueba de amor que dar la vida por alguien a quien amas - explicaba Miguel -. Beli era un demonio, por lo que no se podía cumplir esto... pero creo que es suficiente como para permitirle seguir viviendo... - cerró sus ojos y retrocedió, hasta que llego a la pared en donde de apoyó. JC por su lado, no tuvo otra opción que sentarse en la cama. Puso sus codos en sus piernas y se llevó sus manos a su rostro... más lágrimas caían por sus mejillas -. El problema ahora es... saber si esto es correcto o no - algo de tristeza se reflejaba en sus ojos.

 

JC seguía sollozando, mientras que Miguel pensaba en aquella posibilidad de ver a su demonio nuevamente. Luego de pensarlo por un tiempo detenidamente, observó al moreno y luego se encaminó hacia él hasta quedar a su lado, tomó asiento en la cama y se dispuso a continuar con la conversación.

 

- Quizás no sea bueno que nos hagamos ilusiones... no por ahora. Primero quiero confirmar la sospecha - miró a JC a ver si este respondía -. Quizás dije todo sin pensarlo bien... -.

 

- No... - dijo algo bajo y con la cabeza gacha -. Me agrada la idea de... aunque sea una esperanza vaga... de volverlo a ver... - volteó y observó a Miguel. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. El arcángel le devolvió la sonrisa.

 

- Gracias... por escucharme -.

 

- Me hizo bien ¿sabes? - rieron un poco antes de continuar con la sonrisa que iluminaba sus rostros.

 

- Ya te he quitado mucho tiempo - Miguel se levantó, dejo la orquídea sobre la cama y luego se dirigió hacia la ventana -. Sé que estás ocupado... - volteó a ver al moreno y le sonrió. JC le devolvió la mirada y la sonrisa.

 

- Miguel... Si tienes noticias de Beliar... - algo nervioso -. ¿Me podrías...? -.

 

- Si, te avisaré... -.

 

- Sea como sea ¿sí?... Sea buena o mala... - suspiró y se encogió de hombros.

 

- De acuerdo... -.

 

Miguel se desvaneció ante la mirada del moreno. Este último sonrió y suspiró nuevamente. Volteó la mirada hacia la orquídea, manteniendo la sonrisa, y luego la tomó en su mano. Se levantó de la cama y caminó hacia el velador, dejando la flor en el mismo lugar de siempre. Luego se dirigió hacia el escritorio a continuar con la revisión de los documentos... estaba algo atrasado en ello. Por lo menos tener la esperanza de volver a ver a Beliar, lo hacía sentirse feliz.

 

Miguel se encontraba en el prado en donde diez años antes había batallado contra su demonio. Quiso visitar aquel lugar simplemente para recordar lo que había pasado, después de todo, no todos los recuerdos eran malos.

 

El sol ya se estaba ocultando tras las montañas... era realmente hermoso. La luz del atardecer iluminaba el mar de flores blancas que se encontraban en el prado, dándoles un brillo especial. Miguel dirigió su vista a todo el paisaje que se levantaba ante él. Cerró sus ojos por unos momentos, sintiendo la paz que le embargaba aquel lugar y que llenaba cada parte de su ser. Suspiró antes de abrir sus ojos y comenzar a caminar por el campo de flores, dirigiéndose en la dirección del atardecer. Solo caminó unos metros antes de detenerse en seco... una extraña sensación se extendió por todo su cuerpo. El arcángel observó a sus alrededores, no logrando ver nada fuera de lo normal. Intentó retomar su caminó y olvidar esa sensación, pero al ver hacia el suelo vio algo que llamó su atención. Entre todas las flores blancas, había una de color dorado anaranjado que resaltaba entre todas, por lo que el arcángel no dudó en agacharse para tomarla entre sus manos y observarla mejor. Sus ojos se abrieron por la sorpresa e intentaba articular palabra alguna... aquella flor no era otra que la misma orquídea que JC tenía en su poder. Intentó calmar su sorpresa respirando pausadamente, cerró sus ojos por unos momentos y llevó la orquídea hasta su rostro para poder aspirar su aroma. La sensación que entregaba aquella flor era simplemente placentera. Miguel se quedó unos momentos disfrutando todas aquellas sensaciones despertadas por la orquídea, hasta que súbitamente sintió que alguien estaba justo detrás de él y que este lo estaba observando. Se giró lentamente. No pudo ocultar la sorpresa cuando vio de quien se trataba. Comenzó a temblar ligeramente y una lágrima resbaló por su rostro hasta estrellarse contra el suelo. Miraba a aquel ser que simplemente le sonreía. Se quedaron intercambiando las miradas por varios minutos sin decir absolutamente nada, solo la brisa del atardecer causaba ruido entre los árboles cercanos y movía suavemente las flores del prado. Miguel creyó al principio que posiblemente se trataba de un sueño, por lo que cerró sus ojos para intentar tranquilizarse, pero la misma sensación que sintió anteriormente lo embargó de nuevo. Abrió sus ojos y dirigió su mirada hacia al frente. Una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro.

 

- No te ibas a deshacer tan fácilmente de mí... Miguel -.

 

El arcángel lo observó por unos segundos más, antes de emprender la caminata y acercarse más a él. Mantuvo su sonrisa todo el tiempo en que acortaba la distancia que los separaba.

 

- Ya me lo estaba imaginando... - la suave brisa movió los cabellos del arcángel, mientras cerraba sus ojos y seguía sonriendo. Un fulgor especial se observó en los dorados ojos del demonio -. Tardaste demasiado... Beli... -.

 

FIN.

Notas finales:

Solo me queda decir... Gracias a todas las personas que leyeron y comentaron el fic, pero esto no queda hasta aquí. Tengo escrita una segunda parte del fic que publicaré en unos días... es la continuación y relata bastante hechos que fueron cruciales en el desarrollo de esta historia y otro que no se conocen. 

Agradezco nuevamente las lecturas y nos veremos pronto :P

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