Give me some HATE por umikito
Resumen:

Un amor adolescente que no pudo ser,
sólo se transformó en un amor presente que no puede ser.
Tantos años, tanto dolor... tan poco olvido.

¿Y la única constante? El odio.

[ FRERARD ]

By Umiko.
¡NO al Plagio!


Categorías: Famosos - RPS, Músicos Personajes: Ninguno
Géneros: General, Romance
Advertencias: AU=Universos Alternos
Desafíos: Ninguno
Series: H A T E
Capítulos: 3 Completo:Palabras: 4105 Lecturas: 3580 Publicado: 12/12/11 Actualizado: 22/12/11
Notas de la historia:

Ésta es la historia que abre paso a una serie de Fanfics con el mismo tema central: El Odio.

Porque el odio es el mayor cliché del romance, y toda autora de romances tiene que escribir sobre él. Respeto el odio, tanto como respeto el amor, espero ustedes también y con esta historia disfruten, amándola, odiénla... en fin, Siéntanla.

*

1. Please, II por umikito

2. Please, I por umikito

3. Please, III por umikito

Please, II por umikito
Notas del autor:

1. 

Ódiame, porque tu rencor es misericordia frente a tu olvido.

*

 

 

Give me some HATE 

*

Autor Original: Umikito.

Clasificación: G.

Género: Romance, General.

Pareja/as: Frank Iero & Gerard Way.

Disclaimer: Los integrantes de My Chemical Romance se pertenecen a sí mismos, no busco ningún bneficio económico con esta historia, la cual es sólo eso, una historia. No es difamación, es amor.

Especificaciones:
— Diálogo. 
«x» Pensamientos.
Narrativa distinta en cada capítulo.
Parte de la serie: H A T E.

Estatus: Completa. 3 capítulos. 3,935 Palabras.


 

 

 

 

 

 

Please, II

 

 

— ¿Podría deletrearlo, por favor?

El muchacho asintió resignado. Como si estuviera acostumbrado a escuchar esa frase después de decir su nombre.

—A-s-h-r-a-f.

—De acuerdo, Ashraf, en seguida te entrego tu orden.

El chico tras el mostrador sonrió, brindando confianza. Ashraf tuvo entonces la seguridad para regresar a su sofá naranja.

 

 

Lo más difícil de trabajar en esta cafetería no son los nombres raros, ni mis impulsos artísticos que me obligan a romper la tradicional sonrisa para convertirla en bosques o máscaras de teatro. Ni siquiera me molesta la máquina de expreso que se atranca a las precisas diecinueve horas de manera sobre natural. Tampoco me preocupa el ridículo sombrero que esponja todo mi cabello o lo mal que me hace ver ese delantal caqui con el logo de la empresa.

Hay algo más que me perturba y me hace estremecer a partes iguales.

Lo más difícil de trabajar en esta cafetería no es un algo... es un alguien.

No un ser cualquiera.

Un hombre que se vuelve perverso al tenerme frente a frente. Un hombre que no teme por mi piel, por mi ropa o por mi cabello y derrama bebidas calientes, heladas o hirviendo sobre mí.

La última fue un Capuccino demasiado caliente sobre mi espalda. Podría jurar que sentí la playera pegada a mi piel en ese instante, por lo que al llegar a casa, tuve que entrar a la ducha con agua helada completamente vestido por temor a desgarrar mi piel si intentaba retirarla.

Tal vez exagere al decir que sus ojos se vuelven diabólicos, pero sé que no.

Debería estar feliz.

Por una vez en la vida fui obedecido.

Por una vez en la vida, lo que desee, fue concedido; pero, lamentablemente, estoy a años luz de estar feliz.

 

 

Mi primer día no fue diferente a los primeros días en todo lo demás.

Estaba siendo torpe, muy amable y exageradamente sonriente, pero iba bien.

Ninguna bebida derramada o crema chantillí desbordada de las tazas, hasta que llegó él cubriendo el turno de tres a nueve, dándome dos horas para poder verlo antes de partir.  Su entrada no sólo hizo que mi respiración se cortara, sino que me obligó a sumergir a la intrépida cereza hasta el fondo de la taza, lo que por supuesto se traducía en la preparación de un nuevo café Moka.

Esperé ansioso a que su mirada conectara con la mía. Luego esperé a que por lo menos notara a su nuevo compañero... luego esperé que por lo menos se indignara cuando le di un ligero empujón tratando de llamar su atención.

Si no me hubieran sonreído esas niñas cuando les llevé sus malteadas, creo que podría empezar a dudar si seguía con vida, porque para él, aparentemente yo, Gerard Way no existía.

No juzgué, ni pregunté. Por fuera me decía que era para darle su espacio, por dentro, la verdadera razón intentaba esconderse: vergüenza. ¿Qué podría decir yo que justificara mi ausencia en cinco años?

Sin explicaciones, sin cartas, sin intentos de buscarlo...

Creí que me olvidaría, y creí haberlo olvidado. Lamentablemente, mi última suposición no se había cumplido. Sus ojos eran brillantes como siempre, su rostro dulce, como si invitara a acariciarle esas rosadas mejillas, y sus labios... no puedo pensar en sus labios sin que los recuerdos me invadan y mi almohada vuelva a perderse entre mis manos, estrujada por una fuerza interna de culpabilidad. Los remordimientos no se escapan, pero ya es demasiado tarde.

Continué con mis labores otra semana. En silencio con mi compañero de tres a cinco; sin atreverme a mirarle. A él, poco o nada parecía importarle.

Cuando las bromas entre compañeros se hacían presentes, tenía el privilegio de verle reír, luego, cuando me acercaba, callaba, huía o me miraba unos segundos antes de girar la cara y dejarme así. Deseoso de más, deseoso de su compañía... deseoso de algo más que indiferencia que me apuñalaba.

Un lunes me atreví a pedir su ayuda durante la preparación de un té. Sus manos habilidosas me mostraron y su boca se abrió por vez primera para dirigirse a mí. Sin alargar más el momento, la educada explicación terminó cada quien regresando a su personaje. Yo, el torpe camarero, y él, el fantasma de un pasado que me atormenta y me libera, me hace sonreír. De un pasado que da fuerzas para vivir.

¿Quién mejor que tú para conocerme?

¿Quién mejor que tú para confiar en el Destino?

Quién mejor que yo para entender el maquiavélico plan.

Por horas dando vueltas en mi cama, intenté buscar las palabras adecuadas para hacerle ver que su indiferencia me hundía, que su silencio me asfixiaba... que le necesitaba. Otra vez.

Mil y una vueltas di antes de llegar a la conclusión.

Como un deja vú llegaron a mí las mismas palabras pronunciadas cinco años atrás: por favor.

Simples, concisas y suplicantes.

Con ellas en mente mi plan dio marcha; le perseguí media hora hasta poder encontrarme a solas con él en la bodega.

Rodeados de granos de café y latas con crema de testigos, le tomé de los hombros hasta que escuchar el impacto de su espalda contra las gavetas. Era ahora o nunca; su mirada fría directa hacia mí sin amenazas, pero sin interés.

Dolía.

Quemaba.

«Creí que me olvidaría, y creí haberlo olvidado.»

Dolía.

Quemaba.

¿Quién podría vivir sabiendo que el primer amor te ha olvidado?

¿Quién soportaría ser ignorado por la razón de continuar?

Años oscuros nos habían hecho permanecer separados, pero la fe de volverlo a encontrar era grande, y sabía que en mi Destino, su presencia era fundamental.  Yo no puedo. No puedo ni quiero creer que de mis ojos se ha olvidado, que mi rostro lo ha enterrado y mis besos... no quiero creer que los ha desechado.

 

 

Ódiame susurré. Mi cálido aliento se impactó con la sensible piel de su oreja sintiéndolo estremecer . Ódiame, sin medida... sin clemencia.

>> Tu odio, Frank; prefiero mil veces tu odio a tu indiferencia. Ódiame, por haberme ido, por no regresar, por no ser valiente y dejar que me separaran de ti. Ódiame, porque tu rencor es misericordia frente a tu olvido.

 

 

. . .

 

 

Heme aquí entonces. Con el café diario sobre mi espalda y la mirada asesina tras de mí.

Por primera vez, doblego la voluntad de Frank Iero para lograr obtener su obediencia. «Jodido estúpido error.»

Nuevamente, recostado sobre la cama sólo puedo pensar que el odio es un sentimiento recurrente entre nosotros dos.

¿Será eso mi esperanza?

 

 

 

 

 

 

 

TBC

Promesas rotas y un adiós que en cinco años, nunca llegó.
Please, I.

 

Notas finales:

Bienvenidos a la Serie H A T E.
Espero la disfruten. Tenía muchas ganas de manejar este tema.
Ésta es una historia corta, simple. Un arranque de inspiración que quise compartir para compensar el hecho de llevarme de vacaciones a My CHEMICAL Romance por más tiempo por falta de Inspiración.

Ojala les guste. Gracias a quienes lean y puedan dejarme un lindo comentario.

Umikito;

Please, I por umikito
Notas del autor:

2.

Odio todo lo que representas, Frank Iero.

*

 

 

Give me some HATE 

*

Autor Original: Umikito.

Clasificación: G.

Género: Romance, General.

Pareja/as: Frank Iero & Gerard Way.

Disclaimer: Los integrantes de My Chemical Romance se pertenecen a sí mismos, no busco ningún bneficio económico con esta historia, la cual es sólo eso, una historia. No es difamación, es amor.

Especificaciones:
- Diálogo. 
«x» Pensamientos.
Narrativa distinta en cada capítulo.
Parte de la serie: H A T E.

Estatus: Completa. 3 capítulos. 3,935 Palabras.


 

 

 

 

 

 

 

Please, I

 

 

Un nuevo alumno jamás supone una amenaza.

Mucho menos si eres Frank Iero, con fieles amigos, fiestas cada semana, popularidad con las chicas y buen dinero que obtiene de las mesadas de sus padres divorciados, que en verano puede pasar las horas mirando la televisión o jugando a los videojuegos sin que ocurra algo.

Cuando se es un adolescente de dieciséis años es lo que la vida implica. Pero si hay algo que pueda llegar a ser sagrado para el gran Frank, era la esgrima. No temía decir que era el mejor del equipo y que su popularidad ganaba varios puntos en cada competencia interna.

Pronto serían los concursos regionales, donde Frank no dudaba en conseguir una victoria.

Tal vez demasiado altanero para unos, o demasiado seguro y atractivo para otras.

Parecía que nada ni nadie, podría romper su burbuja de mundo perfecto. Pero claro, el mundo apesta con su forma de montaña rusa, sus subidas y sus bajadas y esas terribles ganas de vomitar.

 

 

El día parecía ser cualquier otro cuando lo vio.

Un nuevo alumno que normalmente, no supone una amenaza, pero Gerard Way no era un alumno más, con un cambio de escuela quién-sabe-por-qué. Unos decían que porque había tenido una pelea, lo que le daba una fama de rudo; otros, porque se había peleado con un profesor a golpes frente a la dirección, lo que le daba fama de rebelde; y otros más que porque se había acostado con una maestra, lo que le daba fama de seductor.

Ninguna fue comprobada.

Ninguna fue cierta, pero los rumores mantuvieron al nuevo de cabello largo, negro, ojos verdes y vestimenta oscura a la orden del día. Cosa que consiguió asquear a Frank.

Lo cierto es que el nuevo las primeras semanas no mostró ningún indicio que pudiera dar pie a que los rumores continuaran. Simplemente, retiraba su cabello de la cara y entre clase y clase o durante el descanso, de su mochila extraía un grueso libro que leía con adoración. Cuando lo terminó de inmediato trajo otro pasándolo en silencio.

No hablaba con nadie, ni parecía crear interés de los demás luego de que los chismes se fueran apagando. Gerard Way se volvió invisible para el mundo, excepto para Frank, quien le mantenía vigilado para "evitar que hiciera algo estúpido" como intentar romper su burbuja o algo así.

A pesar de sus acosos, la vida dio una curva especial durante la clase de gimnasia. Con inocencia y casualidad, el profesor Valdez, de origen español y gran bigote castaño notó los reflejos de un nuevo alumno, que intentando perder el tiempo con la escoba, luchó contra una mariposa negra dentro del auditorio al puro estilo antiguo (como le llama él). Por consiguiente, y sin que el alumno opinara, Gerard Way, con habilidades naturales para el combate con arma blanca formó parte del club de esgrima.

Que eso le rompió el corazón a Frank sería ridículo. Lo correcto es, que le hirvió la sangre de ira.

 

—Esto es definitivo muchachos —dijo Valdez, con su acento español y sus cejas bien alzadas—. Decidiremos ahora quién nos representará en las competencias nacionales.

—Profesor, ya habíamos acordado que yo lo haría —concretó Frank. Su mano alzada llamó la atención del profesor. El tono déspota, la atención de uno de sus compañeros.

—Pero como Gerard se ha establecido con nosotros hace poco, pensé en darle una oportunidad.

Frank escondió el bufido cerrando la boca. Tras la señal, el grupo se puso de pie para de dos en dos, emprender la elegante batalla que lograba en Valdez una emoción natural expresada en gritos de ánimo o frustración.

Uno a uno, combatientes iban cayendo, mientras que los ganadores se reducían hasta llegar al número dos.

Los dientes de Frank se ciñeron dentro de la mandíbula. Odiaba a ese chico. Realmente lo odiaba por querer arrebatarle lo que con tanto esfuerzo había obtenido. Gerard Way no era más que un golpe de suerte, una estúpida moda que debería irse.

—No tendré piedad —dijo Frank a su oponente.

—Me pregunto, ¿qué será más grande, tú o tu ego?

Afortunadamente la máscara le cubría, pero las mejillas de Frank se tiñeron de rosa al instante.

—Te odio, Gerard Way —confesó.

—No esperaba menos.

Entonces, con el toque final Frank fue vencido, logrando que un grito de pura frustración abandonara su garganta. Sus puños golpearon la colchoneta azul y su rostro, aún oculto por la confidencialidad de la máscara, se mojó a causa de lágrimas de rencor.

Lo odiaba, porque lo había arruinado todo.

— ¿Hubieras preferido que te dejara ganar? —Preguntó arrodillándose frente a su oponente—. Seguramente nos ahorraríamos el drama, pero, ¿realmente hubieras deseado que te engañara, Frank? Creo que ya tienes a demasiadas personas haciendo eso, además, si lo deseas, entonces no eres la persona que creí.

Gerard se puso de pie dirigiéndose a las duchas con la obligación de enfrentar un campeonato regional, con tanta emoción como la que se experimenta al ver una tortuga en una carrera.

Sin embargo, su cuerpo se estrella contra la pared de las regaderas logrando que en su frente aparezca un enrojecimiento que más tarde saldrá en forma de tumefacción.

— ¿Qué persona soy? —Escucha a su espalda—. Tú no tienes idea de quién soy.

—Claro que lo sé —responde, sintiendo todavía un terrible dolor en su frente—. Eres un mimado, un presumido que pretende ser el mejor porque tiene un montón de seguidores que lamen el suelo por donde caminas. Todos falsos, como tú.

>>Odio todo lo que representas, Frank Iero.

Fue en ese momento en que su voluntad titubeó. Lo que fue la oportunidad para Gerard Way, que en un rápido movimiento se enfrentó cara cara con su enemigo.

—Yo sé quién eres, Gerard —aseguró—. Un patético inadaptado incapaz de vivir su vida por miedo a arruinarla o con un trauma muy grande porque sus padres no te quieren o porque no eres lo suficientemente bueno para ellos.

>>Adivina —dijo acercándose hasta que su nariz tocó la contraria—. Jamás serás suficiente.

—Jamás trates de entenderme —advirtió en un susurro amenazador.

—Jamás te metas conmigo.

Con un puñetazo en la nariz Frank dio fin a su discurso, de una forma elegante dio media vuelta, sin esperar el golpe a sus piernas que le hizo caer.

Después de eso, llegaron muchos golpes, muchos insultos con palabras hirientes. No sólo en las duchas, sino en toda la escuela. Las continuas detenciones hicieron que ninguno asistiera a la competencia; lo cual causó más tristeza en el profesor Valdez que en el actual campeón.

Fueron durante los castigos que sus silencios se volvieron tranquilizantes. Lograron mirarse sin golpearse y analizarse sin inventar, exagerar o buscar defectos. Se vieron uno al otro como simples adolescentes tratando de sobrevivir.

Viviendo una vida en un colegio lleno de personalidades y con el lema de "la supervivencia del más fuerte" más claro que en la jungla.

Frank entendió que Gerard sólo era tímido. Que sus habilidades en esgrima fueron gracias a los juegos con su abuelo, y que realmente quería encajar.

Gerard supo que Frank se sentía solo. Que era verdad, que cada frase salida de su boca dolía, porque era verdad; sus amigos eran inexistentes. En su lugar había únicamente cerdos lame-botas.

—Pero tú... eres la única persona que se ha atrevido a decirme todo eso —asegura.

—De frente —agrega Gerard para darle humor —. Yo he sido siempre invisible, pero tú fuiste el único que quiso verme. Me rescataste de esa invisibilidad y me convertí en algo. Fui el enemigo de Frank Iero, y eso hasta la fecha, es lo más importante que he logrado.

Frank sonríe mirando esos ojos verdes que desde hace días se cuelan en sus pensamientos, de día, de tarde o de noche; siempre están ahí brillando tan increíblemente perfecto, que dan ganas de sumergirse en ellos y jamás salir.

Tener esos sentimientos no es normal.

Tampoco se siente correcto.

Todo es más fácil con el odio. Simplemente insultas, golpeas y te vas; no te preocupas por si se siente herido, por si está triste o por si sus padres volvieron a regañarlo hoy.

La vida de enemigo es más fácil, pero si la continuara viviendo, Frank no podría disfrutar de esos momentos en que Gerard se hace pequeño entre sus brazos, mientras que, con vergüenza platica sobre las palabras que usan sus padres para describirlo. "Fracasado" e "idiota" parecen sus favoritas últimamente.

—Deberías agradecer que tus padres ya no estén juntos, Frank.

—Debería —repite, pero no piensa abrumar a su ex enemigo con sus propias tragedias. Es momento de consolar al chico tímido con soberbios padres.

 

 

Para mantener la diversión debieron seguir insultándose.

Para mantener su estado de felicidad, debieron salir un par de veces, al parque, a ver una película, a cenar en casa de Frank sin la presencia de su padre.

Fue ese viernes que pasó.

Tan natural y correcto que ninguno preguntó, ni se asustó con el momento. Sus labios se encontraron como si siempre hubieran estado juntos al tiempo que sus manos se acariciaron con tanta dulzura como si ambos tuvieran terror de quebrar al otro.

Las lenguas se encontraron, los suspiros salieron y una relación de montaña rusa surgió.

—Por favor —susurró a su oído—. Quédate a mi lado. Jamás me abandones.

—Lo prometo.

—Jamás me olvides, por favor.

—Lo prometo, Gerard.

Escondidos de "los amigos", la esgrima y toda la escuela siguieron con la farsa. Los enemigos cumplieron con su papel hasta el fin de semestre.

—Nos vemos en mi casa —dijo Frank dejando un beso a la altura de su cuello. Suave y ruidoso. Sus favoritos —. Te tengo una sorpresa.

—No puedo esperar —respondió riendo.

Pero Gerard jamás llegó.

Sus padres se enteraron de su romántica relación. El costo fue un ojo morado, un dolor en el pecho espantoso y la imposibilidad para caminar en algunos días. Desconectaron el teléfono. Organizaron la vida deprisa para sin más explicaciones o intentos de réplica, llevárselo a una nueva ciudad. Vigilado la mayoría del tiempo, los Way se justificaban ante su hijo diciéndole que "trababan de curarlo".

No lo hicieron, pero arruinaron su primer amor.

Luego del primer año ya no lo intentó. Se resignó a pesar que había sido cosa de niños.

Creyó que se olvidaría de Frank y Frank de él.

Nunca supo que su esgrimista esperó esa noche, ni que las noches siguientes siguió haciéndolo. Solo en una gran casa con la única esperanza: que su compañero no lo abandonara.

No también él.

 

Promesas rotas y un adiós que en cinco años, nunca llegó.

 

 

 

 

 

TBC 

Hoy sólo realidad. De amarlo hasta odiarlo, y odiarlo por amarlo tanto.
Please, III.

 

Notas finales:

Y ya nada más queda un capítulo :)
Ojala todo salga bien mañana con mi último examen, para ponerme a escribir como Dios manda antes de volver a leer de Anatomía (x_x). Ojala les guste. Es una historia sencilla, corta. Un arranque de inspiración.

Gracias por sus lecturas y sus comentarios: wildeyejokers, krazy_girls_x, shadowundertherain, itsMixi, ismary666. Todos muy lindos y respondidos.

Saludos!

Umikito;

Please, III por umikito
Notas del autor:

3.

Lo odio, y deseo que algo ocurra para borrarlo del planeta.

*

 

Give me some HATE 

*

Autor Original: Umikito.

Clasificación: G.

Género: Romance, General.

Pareja/as: Frank Iero & Gerard Way.

Disclaimer: Los integrantes de My Chemical Romance se pertenecen a sí mismos, no busco ningún bneficio económico con esta historia, la cual es sólo eso, una historia. No es difamación, es amor.

Especificaciones:
- Diálogo. 
«x» Pensamientos.
Narrativa distinta en cada capítulo.
Parte de la serie: H A T E.

Estatus: Completa. 3 capítulos. 3,935 Palabras.


 

 

 

 

 

 

 

Please, III

 

 

—Y tú, ¿qué me recomiendas? ¿Frío o muy caliente?

La chica se muerde los labios al terminar la pregunta intentando ser suficientemente sexy para que ese camarero le haga una propuesta indecorosa que incluya alguna visita al baño de hombres.

—Frío —responde él finalmente —Muy frío.

Con una mueca se aleja de ella, quien con voz burlona da una justificación a sus sonrientes amigas.

—Seguro que es gay.

 

 

Soportar los comentarios de doble sentido de las clientas no resulta lo más difícil de este trabajo. Ni siquiera lo más interesante.

Lo difícil empezó apenas unas semanas atrás con un nuevo empleado.

En esta cafetería pasa nada, y nada es relevante, así que notar de pronto un par de ojos verdes es fácil y más cuando los conozco a la perfección. Al principio de mi vida me parecían ojos color verde vómito, luego fueron verde pasto y con el paso se solidificaron, volviéndose joyas, como quien espera frente al mar por un marinero que jamás regresará.

La primera semana fue terrible. Mis ojos me traicionaban lanzándole miradas furtivas mientras entregaba las malteadas. Aunque no quisiera admitir, compartir esas dos horas en los turnos eran el incentivo para llegar siempre puntual. Aunque no lo pudiera demostrar, volverlo a ver removió mi corazón llenándolo de esperanza, pero la fortuna me sonrió acompañada de conciencia y los recuerdos regresaron, cayendo como piezas de rompecabezas en el lugar correcto.

Yo no puedo tener esperanzas.

Él me olvidó, y así debí de haber hecho yo.

Cinco años no pasan rápido, menos sin tenerlo junto a mí, pero cinco años sí ayudan reflexionar, que al principio el odio nos unió, y tal vez, el odio es lo único que podemos mantener.

Una tarde sus palabras me lo confirmaron.

Ódiame susurró junto a mi oído. Tan suave y tan cálido como lo recordaba, logrando que mi cuerpo experimentara el recorrido de un profano escalofrío. Ódiame, sin medida... sin clemencia.

>> Tu odio, Frank; prefiero mil veces tu odio a tu indiferencia. Ódiame, por haberme ido, por no regresar, por no ser valiente y dejar que me separaran de ti. Ódiame, porque tu rencor es misericordia frente a tu olvido.

 

 

Y he cumplido.

Por eso su cuerpo recibe mis capuccinos, mis golpes, mi indiferencia y mi mal humor. Me gusta pensar que sufre una mínima parte de lo que yo sufrí. Me gusta creer que cuando regresa a casa a atender las manchas de café me recuerda y remuevo algo en su interior como él hace conmigo todas las noches.

Lo odio.

Sé que esto es odiar, porque, ¿de qué otra forma se llamaría a ese sentimiento que asciende por mi garganta que me impulsa a gritarle hasta dejarlo sordo? ¿Cómo más puedo llamar a estas ganas de apretarlo tan fuerte que lo deje sin aire?

¿Cómo más se llama el deseo de estampar su rostro contra el piso hasta borrar esos ojos, esa nariz perfecta y esos labios tentadores?

Lo odio, y deseo que algo ocurra para borrarlo del planeta.

Quisiera que el brillo se perdiera, que su sonrisa se extinguiera y me dejara volver a vivir en paz.

Quisiera que llorara por mí como yo lloro ahora por él.

 

 

Un nuevo día de trabajo y la novedad de perder a Richard por un resfriado.

Eso representaría para mí llegar más temprano, y como soy un maldito buen amigo he obedecido. (No, no tiene absolutamente nada que ver con el hecho de ver a Gerard).

«Cállate conciencia».

El lugar está ligeramente vacío, mis ojos algo rojos por el desvelo y en mi mente todavía muy reciente el sonido de mis sollozos. Cuando llego él me recibe con una sonrisa que yo intento ignorar girando el rostro. «Tantos años en los que ni siquiera pude ser inmune a su sonrisa».

Me duele reconocer que como un idiota le he esperado, almacenando falsas esperanzas.

Ahora sólo puedo odiarlo.

Ahora sólo debo odiarlo.

Lo merece.

Lo necesito.

Pero...

Su cuerpo pasa junto al mío que parece congelado. A lo lejos escucho que el jarabe de cereza se ha terminado y no hace falta más para saber que ha ido a buscarlo.

Es un error y lo sé, me arrepentiré, también lo sé; pero volver a verlo, definitivamente tiene que significar algo y no poder olvidarlo, algo mucho más grande.

Remontando la escena de nuestra adolescencia, hago que su frente se impacte contra la pared.

—Te odio —digo a su oído. Le veo sonreír.

—Era lo menos que me esperaba.

Sus palabras como siempre me doblegan y su astucia se asoma cuando alcanza a girar para enfrentarme. Su frente se nota enrojecida, y aunque quisiera acariciarle, obligo a mi mano a permanecer quieta en su lugar.

—Pero ten presente que de acuerdo a la experiencia, tan sólo se odia lo querido.

Me sonríe y no hay más.

Lo odio tanto que esto debe ser amor. Tanto que me fundo en él, en su cuerpo y en sus labios que se abren para mí. Tan mágico y correcto por la primera vez.

-Por favor —susurra—, por favor, perdóname.

—Lo intenté, Gerard, intenté odiarte y terminar con esto, pero no puedo. Cinco años sin saber de ti y aún te...

Mi voz se esfuma y nuestros labios se encuentran otra vez. Me aferro a su cabello y él a mi espalda; y ambos a la necesidad de una distancia temporal tan extensa.

—Ya soy libre, Frank. No más regaños, no más insultos; sólo tú. Perdóname por no haberme atrevido antes a ir a buscarte.

 

Poco importan ya las explicaciones.

Poco importa cuando mi boca quiere recordar cada recoveco de la suya.

Hoy poco importan la indiferencia, el rencor o el odio; porque al final, sólo se odia lo que se quiere y por todo lo que poseo, yo amo a Gerard Way.

 

No más esperanza. Hoy sólo realidad. De amarlo hasta odiarlo, y odiarlo por amarlo tanto. Parecen funcionar.

 

 

 

 

 

 

E N D

Ódiame por piedad yo te lo pido.
Ódiame sin medida ni clemencia.
Odio quiero más que indiferencia, porque
el rencor hiere menos que el olvido.

Si tú me odias quedaré yo convencido
de que me amaste mi bien con insistencia.
Pero ten presente de acuerdo a la experiencia
que tan sólo se odia lo querido.

Ódiame - Julio Jaramillo.

 

Notas finales:

Y hemos llegado al final. Entiendo que pudo haber dado más la historia, pero no quería dejarla pendiente, quería tener algo terminado y corto para dar inicio a la serie de HATE que todavía no determino si consistirá en 3 ó 4 historias más largas que esto. Así que ojala les haya gustado y sigan teniéndome paciencia.

Gracias lectores anónimos y muchos abrazos a quienes me comentaron: sweet angel, krazy_girls_x & Morisqueta. Nos leemos pronto (espero. Inspiración ven a mí!).

Umikito;

Esta historia está almacenada en http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=38866