Walk, walk, fashion baby por zabrina
Resumen: Cinco años después de Hogwarts, Draco es modelo y Harry va casualmente a uno de sus desfiles. A partir del momento en que se vuelvan a ver, sus mundos darán un giro de 180 grados.
DRARRY, LEMON.
Categorías: Harry Potter Personajes: Draco Malfoy, Harry Potter
Géneros: Romance
Advertencias: Ninguno
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 2 Completo:Palabras: 11970 Lecturas: 4383 Publicado: 14/10/11 Actualizado: 14/10/11

1. Capítulo único por zabrina

2. Capítulo único - parte 2 por zabrina

Capítulo único por zabrina
Notas del autor:

Disclaimer: esta historia esta basada en la serie Harry Potter de J. K. Rowling. Sus personajes no me pertenecen y no está escrita con fines lucrativos, sólo de entretenimiento.

Advertencia: Lemon explícito, de acuerdo al canon hasta el epílogo.

Características: One Shot, Fluffy, Lime, Lemon, EWE.

Pareja: Drarry.

Sumary: Cinco años después de Hogwarts, Draco es modelo y Harry va casualmente a uno de sus desfiles. A partir del momento en que se vuelvan a ver, sus mundos darán un giro de 180 grados.



WALK WALK FASHION BABY

 -Recuérdame por que estoy aquí – pidió Harry sonriendo. Una sonrisa muy grande y muy falsa, idéntica a la que tenía Hermione en ese mismo momento.
-Por que me estas acompañando a mi – contestó ella tan claramente como su sonrisa le permitía.
-¿Y por qué estas tu aquí?
-Por colaborar con el trabajo de Parvati, y por que le prometimos que vendríamos.
 Harry le echó un vistazo a la larga pasarela.
- Espero que no dure mucho.
Hermione asintió, comprensiva. Era el desfile de modas del lanzamiento de la primera colección de Parvati, un evento social donde estaban invitados la clase de magos que se fijaban en la ropa, en las apariencias, en los modales, etc. La persona admirada era aquella que iba con la última tendencia, que tenía clase y elegancia, que tomaba champagne con modales exquisitos, y hablaba de banalidades, como el tipo de tela más fina para usar en cortinas y que perfume era el más caro.
 Harry odiaba eso y sabía que Hermione también, pero ella no quería ir sola, y Ron no había querido ir ni por la comida. ¿Para qué estaban los amigos? Después de que ellos lo siguieron en la búsqueda de los Horrocruxes por medio país, lo menos que podía hacer él, era esto.
 A lo lejos vio a un grupito de Slytherins entre los que reconoció a Pansy Parkison y Blaise Zabinni. Ni Malfoy, ni Goyle ni Crabbe estaban presentes, evidentemente no fueron invitados.
 Algunos de sus compañeros de Gryffindor, como Lavender, Seamus y Dean también estaban. Harry los saludó con un poco de ánimo, por que evidentemente también estaban por compromiso, excepto tal vez Lavender. Pero no se los veía muy a gusto entre tanta gente pomposa y presumida.
 Se sentaron todos juntos en una de las largas filas de asientos blancos que encaraban la pasarela, también blanca. Lo único de color en la habitación eran algunos cuadros en las paredes y la vestimenta de los magos y brujas. Los asientos que eligieron estaban ubicados al medio, aunque Parvati le había reservado asiento a Hermione y Harry en primera fila. Consideraron que la exposición era mucha.
 Había una ligera música clásica sonando de fondo, que Hermione le comentó que era el lago de los cisnes de Tchaicovsky.
   En ese momento sonó una voz de mujer y Harry dedujo que era la locutora.
-Magos y Brujas, tomen sus asientos que el desfile esta a punto de comenzar. Vamos a presentar la primera colección de Primavera-Verano para hombres de la diseñadora en auge, Parvati Patil. Las telas están confeccionadas con magia de elfos, lo que las hace mucho más resistente, suave y protectora. Además el encantador estilo de esta joven las convierte en prendas imprescindibles para el guardarropa de cualquier mago o bruja.
 Hermione había ayudado a Parvati en la elección de los elfos. Todos ellos eran “renegados”, elfos como Dobby, que querían ser libres, usar ropa y tener paga. Parvati estaba feliz con la calidad de las prendas y Hermione sentía que había mejorado la vida de esas criaturas. Todos ganaban.
Con un murmullo animado fueron sentándose, Harry quedó entre Hermione y Seamus.
El muchacho le hizo un guiño coqueto y pronunció:
- ¡Hidromiel! – Y al instante apareció en su mano una copa con el líquido. Harry y Hermione gratamente sorprendidos también se pidieron un par de tragos, para aflojar la tensión del momento y la música relajante hizo lo suyo. Charlaron amenamente, y a los pocos minutos las luces bajaron al mínimo y en cambio las que iluminaban la pasarela se intensificaron, creando un fuerte contraste. La música cambió y en su lugar comenzó a sonar una más movida, con ritmo latino.
 En ese momento un muchacho morocho muy apuesto salió detrás de bambalinas y comenzó a andar por la pasarela. Todos aplaudieron. Modelaba una túnica verde oscuro, probablemente terciopelo con pequeñas estrellas doradas esparcidas, eran pocas y su tamaño delicado, por lo tanto la prenda lucía agradable. Al llegar a la mitad se sacó la túnica quedando en camisa de seda color verde botella brillante con detalles en dorado en los puños y los botones. Un pantalón beige tiro largo y medianamente ancho completaba el conjunto. Harry, que había asumido su sexualidad un par de años atrás, a los 21, no tenía ningún problema en admitir que el modelo era bello. Su camisa denotaba un cuerpo fibroso. Era alto, moreno y de ojos oscuros, y su rostro era delicado. No le importaría salir con el algún día.
 Hermione le limpió la baba imaginaria divertida. Cuando el modelo se iba apareció otro, un muchacho castaño, más delgado que el anterior, y cuando llegó al final de la pasarela, pudo apreciar que tenía unos ojos azules impresionantes. Iba con una túnica color vino muy ligera, y una camisa negra con el dibujo de una snitch plateada pequeña revoloteando a la altura del corazón. Harry quiso tenerla al instante. El pantalón era blanco, muy parecido al beige del moreno.
 Entro otro muchacho morocho de cabellos, pero de piel blanca, con un rostro que a Harry se le hizo femenino. Iba con una túnica plateada brillante con un corte asimétrico. Debajo traía una camisa Blanca con mangas hasta los codos bastante informal, y un pantalón negro ajustado a sus piernas. A Harry no le gustaba mucho ese estilo para sí, pero al modelo no le quedaba nada mal.
 Tras el apareció un muchacho rubio, de ojos verdes, bastante ancho de espaldas. Su rostro se le insinuó muy masculino, a diferencia del anterior. Iba con una túnica verde agua a juego con sus ojos, que tenía cierta transparencia, y Harry no pudo discernir que tela era. Bajo ella llevaba una remera de cuello redondo color gris con una inscripción en letra cursiva que no llegó a leer por la distancia. El pantalón era de jean clásico.
Luego entró un castaño de ojos miel cautivantes y Harry decidió que era el más bello hasta el momento, aunque su parecido con Remus Lupin hizo que sus mente no fueran muy lejos. Iba con una túnica color tierra con ribetes plateados, y debajo una musculosa del mismo color con el dibujo de un dragón verde en el centro. Llevaba bermudas beige holgadas.
 Continuó con un rubio platinado de piel clara y andar elegante, que traía una túnica azul noche con una lechuza en vuelo dibujada en plateado. Por debajo otra musculosa blanca ajustada que remarcaba perfectamente un pecho trabajado, suavemente tonificado que hizo babear literalmente a Harry. La bermuda en azul marino le hizo pensar en un marinero sexy. Definitivamente Harry iba a salir de ese lugar con una erección si no se controlaba.
 Fue entonces que el muchacho llegó al final de la pasarela y Hermione le tiró de la manga con fuerza llamando su atención. Ella ahogó un “ooh” tapando su propia boca con su mano, pero rápidamente la retiró y exclamó en un susurró:
-¡Es Malfoy!
Harry miró al chico haciendo pose y a esa distancia pudo apreciar los ojos grises y los rasgos un tanto cambiados con los años pero familiares. Su pelo más largo sin llegar a los hombros y suelto para todos lados había retrasado a Harry en reconocerlo.
 Se sorprendió mucho de lo cambiado que estaba el rubio y se sintió incómodo en pensar que hacía unos segundos había estado imaginando la forma de acercarse a él. Aunque probablemente estaba mas incómodo por las pulsaciones en su entrepierna
-¡Qué estas pensando, es Malfoy! – se reprendió mentalmente.
Pero no hubo forma de paliar su sorpresa. Los modelos salieron varias veces cada uno, y Harry sólo tuvo ojos para apreciar los cambios en el rubio. No era justo que los enemigos se volvieran tan sexys. “Debería estar prohibido”, pensaba Harry con la mirada vidriosa. Trató de controlarse por que estaba rodeado de compañeros que no dudarían en cargarlo si lo veían interesado en su enemigo del colegio. Pero podía percibir por el rabillo del ojo la mirada curiosa de Hermione. A ella nunca se le escapaba nada. Perra.

Le mando la mirada mas inocente que pudo agradeciendo que no supiera legeremencia y que el fuera lo suficientemente hábil para detectar si alguien quería leer su mente. Había cosas, como esa, que debía llevarse a la tumba.
 En ese momento las luces hicieron juegos de colores y se oyó un sonido estridente, como anunciando un cambio, la música sonó fuerte, y subió a la pasarela una muchacha rubia que Harry identificó como la famosa cantante Lady Gaga.  La bruja era mucho más popular entre los muggles que entre los magos, pero Harry admitía que le gustaban algunas de sus canciones. En seguida reconoció esta como la más conocida.
 Harry comprendió por que había subido la cantante en cuanto Malfoy apareció luciendo sólo un traje de baño y sandalias, era una bermuda de piel de dragón verde y negro.

I want your drama
the touch of your hand,
I want you leather studden kiss in the scene
I want your love…
love love love
I want your love…


Harry era capaz de afirmar en ese momento que podía perdonar a Draco cualquier cosa por tener debajo suyo ese trasero. Era el mejor formado que había visto en su vida. Redondo, respingado, incitante. Harry sabía que Hermione lo miraba fijamente pero simplemente no podía apartar la vista. Estaba sujeto a la imagen del rubio como las raíces lo estaban a la tierra.

You know that I want you
And you know that I need you
I want a bad, your bad romance

Draco llegó a la punta de la tarima y conectó sus ojos con los de Harry. 


I want your loving
And I want your revenge
You and me could write a bad romance
I want your loving
All your love is revenge
You and me could write a bad romance..

De pronto la bermuda de Draco desapareció y quedó con una más pequeña y más ajustada, color azul marino. Sin despegar los ojos de Harry hasta el último segundo dio un giro y él pudo apreciar otra vez su figura de ensueño. Era como una de esas estatuas perfectas que los muggles construían en la antigüedad. Como esculpido por la sabia mano de un artesano.
 
Walk walk fashion baby…

Harry se lamió los labios deleitado,  bajo la divertida mirada de Malfoy.

Work it
Move that bitch crazy
 

Draco daba la última vuelta y echo la última mirada a Harry, con una ligera sonrisa.

J'veux ton amour
Et je veux ton revenge
J'veux ton amour
I don't wanna be friends

 Los otros modelos lucieron también sus trajes de baño, pero Harry había quedado prendado, totalmente arrebatado por el sex appear que destilaba su ex enemigo. Un hombre así no podía ser su enemigo nunca más.

 Cuando el desfile terminó Harry sintió la mezcla de sentimientos en su interior. Por un lado, la parte primitiva que le instaba a meterse tras la pasarela y buscar al rubio con el trasero de morirse. Pero su parte racional, que en ese momento hacía grandes esfuerzos por prevalecer, le advertía. ¿Qué le diría? “Hola Malfoy estas tan bueno que no me importa que seas un egocéntrico prejuicioso, ¿vamos a mi apartamento?” No eso no sonaba muy bien. “¿Te he visto por otro lado?” Eso era estúpido, no podía fingir que no lo conocía. No se le ocurría que decir, y cuando Hermione le miró insistente la parte racional aprovechó para emprender la retirada. Harry se fue del lugar con la sensación de que dejaba algo importante dentro.

 Sin embargo su parte racional perdió la batalla cuando Harry se enteró del siguiente desfile en el que participaba Malfoy. Era de un diseñador francés que presentaba su colección en Londres. Harry no sabia el nombre y poco le importaba, pero estaba decidido a asistir. Tenia que ver de nuevo al rubio.

 Acudió solo al desfile, y en cuanto lo reconocieron le hicieron un lugar en primera fila. Una muchacha sentada a su izquierda con largos rizos rubios y un vestido rosado que a su parecer era muy corto, intentó entablar conversación con Harry, quien contestó con monosílabos, buscando a Malfoy con la mirada. La joven noto su poco entusiasmo y rápidamente desistió de intentar llamar su atención. Justo a tiempo para el cambio de música, y Harry sintió un retortijón en el estómago de ansiedad incontenida. Un modelo que no conocía salió luciendo un traje de fiesta, pero Harry le prestó muy poca atención a los detalles. Pasaron un par más, hasta que finalmente vio salir a Malfoy.
 El rubio iba con el pelo hacia atrás, una camisa verde agua y un pantalón de vestir beige. Una túnica negra en su mano y zapatos también negros completaban el conjunto. Harry lamentó el exceso de ropa, pero aun así aprovecho para deleitarse con el maravilloso trabajo que el rubio había hecho con si mismo.
 Cuando llego al final de la pasarela y sus miradas se encontraron por segunda vez en menos de dos semanas, Draco levantó una ceja sorprendido. Decidió jugar un poco con Potter haciendo sus movimientos más sensuales sin perder la elegancia. El gesto del Gryffindor era como el de un perro cuando le muestras un trozo de ternera, y Draco sonrió petulante. Su mente trabajando rápido pensó en lo que estaba pasando. La primera vez que lo vio, en el desfile de Patil, supuso que había ido para apoyar a su compañera. Era obvio. Pero esta vez, Potter no tenía nada que hacer allí. No tenía conocidos, había asistido solo. Y otra vez tenía esa cara de degenerado al verlo a él. “Merlín”, pensaba Draco ya en los camarines, con el corazón acelerado, no sabía bien si por la exposición o por la presencia de Potter en primera fila. “¿Vendrá a verme a mi?”. No pensaba que Potter fuera esa clase de hombres. Pero no le encontraba otra explicación a su presencia, y era evidente su interés sexual.
 Había algo muy excitante en todo eso para Draco, y supuso que era por el hecho de ser Potter. El héroe. Su enemigo. No tan enemigo considerando las miraditas que le echaba. Se acomodó el cabello de forma más informal frente al espejo y observó su rostro. “Perfecto” pensó para si. Si Potter venia a verlo a él, tendría un buen show. Ahora le tocaba salir en vestimenta informal de verano.

 Harry vio a Draco salir con un chaleco tejido beige, algo suelto y una bermuda de tela vaporosa, blanca. El chaleco tejido estaba abierto dejando ver la tersura de su pecho con escasos bellos dorados, apenas visibles.

El rubio camino hasta el final de la tarima con gracia y cuando llegó allí se dio vuelta. Miró por su hombro y notó a Potter a un metro suyo, pendiente de cada movimiento. “Show time” pensó Draco divertido. Comenzó a deslizar el chaleco lentamente por sus brazos dejando ver de a poco su espalda bien formada y tonificada. Cuando terminó de sacárselo el chaleco dejó de cubrir su trasero, que sabía que la bermuda marcaba en todo detalle. Potter debía estar a mil. En ese momento apareció sobre si una camiseta azul que Draco tenía prevista, cuya adaptación anatómica haría notar lo mejor de si. Dio un último giro, y rió notando la incomodidad de su ex compañero. Le hizo una ligera inclinación a la izquierda con la cabeza, un coqueteo disimulado, y el Golden boy abrió la boca como un pez.
 Volvió a su camarín muy divertido, sabiendo que Potter entraría corriendo a buscarlo para llevárselo de allí en cuanto termine la función, y planeando la mejor forma de botarlo para reírse un poco. Una cosa era seducirlo y otra muy distinta era hacer algo con él.
 Pero para su decepción cuando salió la última vuelta Potter ya no estaba en su asiento. Se golpeó mentalmente por el sentimiento de vacío en su estómago y se obligó a seguir con la mejor de sus sonrisas.

Harry llegó a su casa apareciéndose frente a la puerta, y fue directo a su habitación.
 Con manos temblorosas desabrochó los botones de su pantalón de jean y liberó su miembro, pulsante, tan duro que dolía. Se masturbó con violencia pensando en el maldito rubio y sus movimientos excitantes, y tardó poco en acabar.
 Limpió la cama y un sentimiento de culpabilidad post-orgásmico lo embargó. Era Malfoy a quien estaba recordando. El maldito rubio que le hizo la vida imposible.
 Pero aun así, no podía controlar su propio cuerpo. Era mucho más poderoso que él. Draco tenía un aire seductor felino, embargante. Como un perfume al que aspiras y se queda en tu nariz haciendo cosquillas, confundiendo tus sentidos. Sus movimientos eran hipnóticos. Sus gestos atrevidos. Draco Malfoy era el ser humano más erótico del mundo, y lo tenía loco.

 Draco tenía presentaciones en desfiles aproximadamente cada dos semanas en esa época, que era temporada de estreno de colecciones por el cambio de estación. Su trabajo como modelo había surgido por mera casualidad, cuando en una de las tantas fiestas de Blaise conoció a un amigo francés de éste que era diseñador y le pidió que modelara para él. Draco no tenía ninguna pega en que admiraran su belleza, y siempre podía decir “no” si no quería participar. A fin de cuentas, no lo hacía por el dinero.
 Ese era el tercer desfile en que veía aparecer a Potter. Tres desfiles seguidos. Otra vez solo, en primera fila. Realmente el Golden boy lo desconcertaba. También aprovechó este desfile para jugar con el moreno, enviándole miradas insinuantes y moviéndose sensualmente. Si hubiera sabido que con solo hacer eso lo dejaba con esa cara de tonto, lo hubiese hecho en el colegio. Aunque claro, en el colegio no tenía el cuerpo que tenía ahora. Y Potter nunca lo había mirado. No de verdad. Sintió un retortijón en el estómago y se reprendió mentalmente. Ni Potter ni el pasado importaban ahora.
 “Aun así” pensó distraído mientras miraba esos ojos verdes hambrientos, “Hay algo placentero en seducirlo”.
 Draco no sabía bien por que estaba jugando ese juego, pero le gustaba. Sentía una sensación cálida, como de mariposas en el vientre cada vez que su mirada chocaba con esa verde esmeralda que lo invitaba a que muestre más, a que lo seduzca más.
 Potter tampoco acudió a hablar con él cuando terminó este desfile, para su frustración. Aunque nunca lo admitiría en voz alta, tenía la esperanza de que el moreno se le acercara, Draco podía imaginarlo, estaría tan cerca que sería intimo, y Potter hablaría con voz ronca de deseo.. Una punzada en su entrepierna lo sorprendió. El juego se le estaba yendo de las manos.  Potter podía ser un Gryffindor tonto con complejo de héroe y amante de los hijos de muggles, pero bien podrían decirle “el-chico-que-vivió-y-creció-para-ser-sexy”. Tenía una contextura física fuerte, una mirada bella y rasgos masculinos. Y Merlín, todo eso del mago más poderoso, Draco tenía que admitir que también le ponía.
 Pero, ah ah ah alto ahí, es Potter, y tirarse a Potter era arrojar sus convicciones por la borda. Aunque no sería la primera vez que lo hacía.

Harry no sabía que estaba haciendo, pero no podía parar. En cada desfile que estaba Malfoy, el se presentaba. No se le ocurría acercarse, más por cobardía que otra cosa, prefería evitar la humillación. Dónde estaba su lado Gryffindor en ese momento, no lo sabía. Su cuerpo le pedía a gritos que lo haga, pero no. No estaba en sus planes. Se limitaría a observar, a deleitarse con cada detalle. Lo más probable es que tarde o temprano se cansaría y volvería a ser el auror concentrado únicamente en su trabajo que siempre era.
  Ya habían pasado cinco desfiles. Cinco, pensó Draco con frustración. Frustración sexual, para colmo. Seducir a Potter lo ponía de una forma jamás imaginada. Se había tirado a varios chicos, tratando de calmarse, pero no había servido de mucho. Así que decidió tomar cartas en el asunto.
 Sabía que Potter trabajaba en el ministerio, así que opto por probar suerte y se aventuró por allí una mañana. Se atavió con una túnica negra formal, un pantalón de vestir beige y una camisa negra a la que le dobló delicadamente los puños hasta el codo, informal pero elegante. Con zapatos a juego, bien lustrados como le gustaba a él. Su aspecto no podía ser mejor.
 Como si hubiera tomado felix felicis, encontró a Potter haciendo papeleo en el departamento de aurores. Entraba y salía de una oficina que Draco pudo leer, tenía una placa “Auror Harry Potter” obviamente los aurores no tenían su propia oficina, pero claro, ser Potter debía tener sus privilegios.
 
 Harry estaba arreglando los trámites del último caso resuelto, pensando en como librarse de su obsesión por el rubio. Hermione no paraba de mandarle miradas suspicaces cuando se encontraban en el ministerio o en la casa de alguno, y Harry sabía que ella sabía. No tenía idea cómo, pero la castaña sabía que el había asistido a otros desfiles.
 Estaba perdido en sus cavilaciones cuando de pronto escuchó la voz familiar:
-Auror Potter – sonó a sus espaldas. Su corazón dio un vuelco y sintió que se le erizaban los bellos de la nuca. Se dio vuelta despacio y sus ojos chocaron la mirada plateada.
-Me alegra encontrarte -  siguió Malfoy con una sonrisa bailando en la comisura de los labios – me pareció verte en los desfiles. No creí que fueras aficionado a la moda.Harry tragó con fuerza y pensó rápido que decir.
-He descubierto esta nueva faceta en mí – pronunció, entrecortado.
-Ya veo – dijo el rubio mirando alrededor con interés. -  Linda oficina. Un poco seria para mi gusto.
-No he tenido tiempo para decorarla – mintió Harry - ¿Qué haces aquí?
Draco enarcó una ceja.
- No quería molestarte…
- Perdón, no quise que sonara de esa manera… eh, siéntate – y señaló la silla frente al escritorio.
 Esa fue la invitación perfecta que Draco buscaba. Se sacó la túnica y la colgó en el perchero. Tomó asiento cómodamente frente al moreno.
- Vengo a solicitar una visita especial para mi padre en nombre de mi madre.
- Ah, claro – dijo Harry distraído, mirando los dos botones abiertos de la camisa del rubio – Aun le quedan dos años ¿No?
Draco asintió suavemente, sin despegar los ojos de los verdes.
- Bueno, deberías llenar un formulario, ya sabes, por todo el tema burocrático, y eh… mmm yo te lo traigo espera aquí.
 Harry salió rápido de la oficina momento que Draco aprovechó para echarle una mirada al trasero del auror. Lamentablemente estaba escondido bajo la túnica de aurores. Potter se comportaba con una torpeza más pronunciada de lo normal. No estaba muy seguro de que quería obtener exactamente de esa visita, pero el moreno tenía menos iniciativa que la arena de alejarse de la playa.
 Mientras, Harry trataba de tranquilizar sus nervios, se reprendía mentalmente ¿“He descubierto esta nueva faceta en mí”? Esperaba que no hubiera sonado tan estúpido como a el le pareció. Sacudió la cabeza, desconcertado. Él queriendo sacarse al rubio de la cabeza y el rubio apareciendo justo en su puerta.  
 Cuando el moreno volvió, Draco preguntó con tono casual:
-No sabía que los aurores tenían su propio despacho…
Harry tuvo la decencia de lucir avergonzado.
- Yo no quise aceptarlo pero no me escucharon – intentó justificarse
- No te preocupes no estoy aquí para molestarte – pronunció el rubio condescendiente – de echo-, dijo mientras llenaba el formulario – Me estas haciendo un favor.
Harry no se molestó en aclararle que en realidad era su trabajo.
- No es nada – contestó, y para su sorpresa recibió una sonrisa de Malfoy, que le pareció sumamente sexy.
 - Muy bien Potter, me ha alegrado toparme contigo – dijo entregándole el formulario completo. Se levantó, rodeó el escritorio y Harry se levantó también. Draco le tendió la mano y él la estrechó. Un calor eléctrico le recorrió desde los dedos a su espalda y sus ojos bajaron de los ojos color tormenta a la nariz delicada, con la curva perfecta y los labios finos, ligeramente rosados y con el resplandor de la humedad que hicieron que se le secara la boca. Draco notó que el Gryffindor miraba sus labios y se acercó un poco, estrechando la distancia y agrandando la intimidad. Esos ojos verdes eran nítidos, brillantes, de un color verde más bien esmeralda que los hacía especiales. Su nariz recta y los pómulos duros hacían su rostro más masculino, y los labios carnosos se veían sumamente apetitosos con el color rojo de las fresas. Parpadeó un poco y despertó de su ensoñación.   
- Bueno Potter, espero verte pronto – sonrió el rubio soltando su mano. Harry tenía la mirada fogosa, y Draco pensó que la tensión sexual era tan densa y evidente que en cualquier momento se haría visible como humo.
 Salió por la puerta, y comenzó a caminar despacio, contando hasta diez. Uno, dos, tres… pensó dejando salir al moreno de su estupor, cuatro, cinco, seis… ahora estaría mirando a su alrededor, siete, ocho, nueve
- ¡Malfoy! Draco sonrió para si y se dio vuelta con galantería,
- ¿Si?
-
 Olvidaste tu túnica – dijo Harry acercándose.
-Vaya, mi héroe – dijo burlón – gracias – añadió.
- De nada – contestó quedándose ahí parado sin más que decir.
-Sabes Potter, el sábado hay una fiesta, -comentó como al pasar -  ¿quieres venir?
-Eh… –dudó-  podría ser… ¿Dónde es?
-En casa de Blaise Zabinni, a la media noche
-No se como llegar y no se si Zabinni…
-No te preocupes por Blaise, yo puedo invitar a quien quiera, y yo te voy a llevar, como muestra de agradecimiento por las molestias que te tomaste hoy. No podrás decir que los Malfoy no somos agradecidos – añadió presuntuoso. Harry bufó, divertido.
-Claro, bueno, luego te envío una lechuza con mi dirección.
-La estaré esperando Potter – dijo con una última sonrisa y se fue.

- Qué. Fue. Eso. – Se preguntó Harry nervioso. Él podía ser torpe, pero no era un tonto. Malfoy le había coqueteado y lo había invitado a salir en toda regla. Disimuladamente, pero lo había hecho. Siguió cavilando sobre la escasa racionalidad que tenía todo. No solamente Malfoy lo había invitado ¡El había aceptado!. Aunque su cerebro aun no cayera de su sorpresa, su cuerpo ya manifestaba los síntomas de la ansiedad y la excitación. No sabía como encararía al rubio, o si lo haría. Pero esa noche sería digna de recordar.

El sábado a la tarde Hermione se apareció en su departamento sin avisar. Harry supo a que venía en cuanto vio su mirada inquisidora, pero no se la iba a poner fácil.
- Y ¿Qué tal las cosas? – pregunto la castaña mientras tomaban un té con galletas.
- Todo bien, ya sabes, mucho trabajo de oficina ahora que cerramos ese caso de traficantes de dragones.
- Claro – asintió Hermione condescendiente – ¿y, estas saliendo con alguien?
Directo al grano.
- No – contestó Harry, sincero.
Ella entornó los ojos.
- No es lo que he oído – dijo su amiga esbozando una sonrisa.
- No se que habrás escuchado, pero ya sabes que no tienes que creer todo lo que dicen de mi – dijo Harry con gesto enfadado.
En ese momento exacto su lechuza entró con la respuesta al mensaje que le había enviado a Malfoy con su dirección.

Entonces estaré ahí a la media noche. Te prometo que lo vas a disfrutar.
 D
.”


Hermione escrutó su rostro con la mirada.

-¿Algo importante, tal vez?

Harry supo que se había traicionado a si mismo al ver el gesto irónico de su amiga y se rindió.
Le alcanzó la misiva, la cual ella leyó rápidamente.
- “D”... así que los rumores son ciertos, estas viendo a Malfoy…
- De hecho no, voy a ver a Malfoy. –la corrigió Harry.
- ¡Es tu primera cita! – la Castaña pareció muy emocionada.
- Er, no es una cita en si, sólo me invito a la fiesta de su amigo Blaise.
- Pero tu quieres salir con Malfoy, ¿o no?
- Es complicado, digamos que desde el desfile... Me siento atraído por el – eso era quedarse corto, pensó Harry – y bueno me lo encontré en el ministerio y me invitó a la fiesta, que es hoy.
- Vamos Harry, ¡si te invitó es por que también se siente atraído por ti!
- Hm si esa es mi teoría, pero…
- Sin peros Harry, ¡Es obvio! Tenemos que ver qué vas a ponerte... Tienes que ser muy confiado hoy, coquetear con los otros, que Draco no piense que la tiene fácil contigo... – la mente de la castaña trabajaba a toda máquina.
- Hermione, has notado que Draco es Malfoy, ¿verdad? ¿No lo sientes aunque sea un poquito extraño?
- Por supuesto que lo he notado, pero creo que eso es lo mejor de todo – Harry enarcó una ceja – yo se que no entenderás, es cosa de chicas.. ¡es tan cliché que lo hace súper romántico..!
- Hablas como si nos fuéramos a casar. A lo sumo echaremos un polvo.
Hermione le golpeó el brazo escandalizada.

-Ustedes los hombres saben como matar la ilusión de una chica.


 Draco se presentó a la hora puntual frente al apartamento del Gryffindor, y tocó el timbre. Había elegido una bermuda blanca y una camisa de seda azul marino, su color favorito. Su cabello caía informal y llevaba sandalias marrones.
 Harry salió sonriente.
-Que tal Malfoy – saludó Harry coqueto.Draco se quedó con la boca ligeramente abierta, algo que consideraba bastante indigno. Pero en ese momento no estaba en situación de pensar. Harry traía unos Jeans que destacaban sus mejores partes, y una musculosa negra totalmente pegada a su cuerpo fibroso. Cuando se dio vuelta para cerrar Draco pudo apreciar su trasero redondo y apretado en esos pantalones estilo muggle.
- Perfectamente – contestó sobreponiéndose – Bien, auror Potter – dijo con voz profunda – vamos a aparecernos. – Se acercó a la distancia de un beso y dejó la mirada clavada en sus ojos verdes. Lo tomó por la cintura y desaparecieron. Lo que el rubio no sabía es que Hermione estaba espiándolos desde la mirilla de la puerta y se quedó con una gran sonrisa triunfal.


 Aterrizaron en el vestíbulo de una hermosa mansión, donde se escuchaba la música proveniente de un salón a la izquierda. Hacia allí se dirigieron. Estaba lleno de jóvenes de su edad, con una mesa larga al costado donde había muchas bebidas. En seguida se acerco Zabinni a saludarlos.
- Draco, ¡trajiste a Potter! – exclamó estrechando la mano de ambos.
- Linda fiesta Zabinni.
-Llámame Blaise, Potter, me suena raro que me digan por mi apellido. -Harry asintió preguntándose por que el no sentía raro que le llamen Potter. De hecho, cuando Draco lo hacía, se sentía tan… sensual...
-Potter quiere conocer una fiesta, de verdad, espero no nos decepciones... – dijo el rubio sonriente
Blaise echó la cabeza para atrás y rió con ganas.
- Tu sabes que nunca lo hago – le tiró de una mejilla a Draco y se fue a buscar una bebida.
- Vamos a bailar Potter – dijo Draco tomándolo de la mano. Otra vez, Harry sintió ese cosquilleo de los dedos extenderse por su brazo y la ansiedad saltando en su estómago. Trago fuerte observando el cuerpo del rubio sin disimulos, aprovechando que éste estaba de espaldas y no podía verlo. En un momento se detuvieron, más o menos en el centro de la pista, y Draco volteó a encarar a Harry y empezó a bailar al ritmo de la música. El moreno lo imitó.
 - Y dime Potter – sacó charla el rubio - ¿Sigues haciendo el héroe en la academia de aurores?
- Algo así – sonrió Harry divertido, sonrisa que a Draco le pareció bonita. – Y tú, Malfoy, ¿haciendo gala de tu vanidad en la pasarela?
 - No puedes negar que te ha gustado lo que viste en la pasarela – contestó él con complicidad.
 - Es cierto – dijo Harry con la voz un tanto ronca. Draco sintió que eso iba directo a su entrepierna. Se acercó un poco, para cerrar distancia y se movió más insinuante. Potter estaba totalmente concentrado en él, con los labios enrojecidos que invitaban a Draco a mordérselos. Se estaba por acercar un poco más cuando Pansy apareció a su lado y tironeó su manga.
 - Ven a bailar conmigo Dray, solo un par de canciones ¿si?
-Ya estoy bailando con alguien Pans… – dijo Draco molesto por la interrupción, señalando a Harry.- Hola Potter – saludó la morocha – Hey Thomas, ¡te necesito aquí! Un muchacho morocho de piel oscura apareció y sonrió a Harry enseñando todos sus dientes blancos.Draco giró los ojos y con una mirada de disculpa hacia el ojiverde dejó a Pansy que lo arrastrara hacia otro lado de la pista.
 Harry admitía que el moreno era lindo, pero no era a él a quien quería devorar en ese momento. Las canciones pasaron y Harry charlo con sus compañeros de baile pero no paso a mayores con ninguno.
 Por fin unos minutos después encontró a Malfoy mirándolo en la distancia y decidió seguir el consejo de Hermione. Comenzó a coquetear con el castaño con el que bailaba, moviendo sus caderas más acompasadamente, y éste no perdió tiempo para estrechar la distancia y pegarse a su espalda, sujetándolo por la cintura.  De reojo vio al rubio con el ceño fruncido y supo que había logrado su objetivo. Siguió así un rato más hasta que éste desapareció de su vista, y luego se cansó, así que
se despidió del castaño quien quedó un tanto decepcionado.
 Draco pensó que las cosas no le estaban saliendo como lo planeado. Potter tenía a un montón de muchachos tras él que no lo dejaban tranquilo, y al parecer el auror tampoco les era indiferente. Pero planeaba dejarle en claro con quien tenía que coquetear esa noche. En cuanto pudiera liberarse de toda la chusma que lo acosaba a él mismo.
Malfoy llevaba una hora desaparecido y Harry estaba ya bastante transpirado así que dejó a su actual compañero de baile y se fue a la mesa de bebidas. Había muchas cosas que no conocía, y no pensaba probar tampoco, pero también había cerveza de mantequilla, hidromiel, wisky de fuego, y  eligió la cerveza de mantequilla.
 - Veo que no tomas cosas fuertes – susurró una voz en su oído y Harry sintió un escalofrío de placer.
Ahí estaba Malfoy de vuelta, con la camisa medio desabrochada y las mejillas sonrosadas por el calor.
- Prefiero dejar lo mejor para el final – contestó Harry. La música estaba fuerte, pero Draco había escuchado perfectamente. Aprovechó el cambio de tema pasa llevarlo de nuevo a la pista de baile.
 

Me di cuenta que me tiraste la señal..
Bailando yo te doy media vuelta
y me daña la salud mental!
tu movimiento mata
Me di cuenta que me tiraste la señal..
Tranquila que la cosa está resuelta
¡de aquí nos vamos sin pensar!
dale ahora nadie esta mirando..

Draco tomó a Harry por la cintura y comenzaron a bailar pegados. Ambos se sentían en la gloria, sus movimientos perfectamente coordinados hacían que sus cuerpos no se separaran, y el rubio aprovechó para apretar el trasero del moreno a su entrepierna pulsante

Nadie esta mirándonos,
Un par de horas no se mataran buscándonos…

..Como hablarán de lo que no se ve..
Podemos hacer lo que sea, Pero hacerlo bien
bailando en lo oscuro nadie se va a comprometer..

Harry podía sentir perfectamente el miembro empalmado del rubio en su trasero, calentándolo muchísimo. Dejó que las manos delicadas de Malfoy se escabulleran por debajo de su camisa y acariciaran toda la piel a su paso, enviándole ondas eléctricas de placer. Harry se sujetó del cuello del rubio tirando sus brazos hacia atrás.

Ninguno me va a dar lo que tú me vas a dar
me di cuenta que me tiraste la señal
bailando yo te doy media vuelta
y me daña la salud mental…

El restriegue con las caderas de Potter era sumamente erótico para Draco, y la canción le describía lo que estaba pensando, se estaba volviendo loco con ese cuerpo pegado al suyo.
 La canción cambió.

 Hace rato que tu mirada me está diciendo que...
te encantaría pasar una noche llena de...
¡Me estas tentando!
hace rato que te ando velando...
Tu cuerpo rozándome…
Estas excitándome…


- Cualquiera diría que esta canción está hecha justo para nosotros – le susurró Harry dándose vuelta y restregando su propia pelvis contra la del rubio. Draco asintió extasiado.

¡Qué violento...!
Cuando te pegas a mi cuerpo lento...
Cuando suspiras y me das de tu aliento...
No te miento..., que sediento... me siento…


Draco acercó su boca a la de Potter y sus miradas se encontraron. Estaba muriéndose por probar los labios carnosos del Golden boy, que venían pidiéndoselo desde hacía más de dos meses, desde el primer desfile.  Justo cuando iba a acortar el último tramo las luces se apagaron del todo.
 Esos pocos segundos desconcertaron a ambos. Blaise desde alguna parte de la sala gritó “¡Muy graciosos!” y volvió a encenderlas agitando su varita.
 - Me muero de sed – confesó Harry limpiándose la transpiración de la frente. Arrastró a Draco de la muñeca hasta la mesa de bebidas. Tomó un poco de cerveza y miró al otro, que en ese momento se servía algo que Harry no podía identificar. Tenía el fino pelo platinado pegado a su rostro por el sudor. De pronto se dio cuenta de que justo detrás de Draco se veía un gran ventanal que daba a un balcón. Miró al rubio, le sonrió y fue hacia allí.
 El balcón era grande, pero solitario. Sólo estaba él. Las estrellas brillaban con mucha intensidad, y Harry se apoyó en el barandal de piedra, agradeciendo la suave brisa primaveral que secaba sus cabellos y apaciguaba el fuego que lo corroía.
 Entonces sintió dos suaves manos aferrarse a su cintura y se dio vuelta, acorralado entre Draco y la piedra del balcón. Sus rostros estaban a apenas cinco centímetros de distancia, y Harry decidió que mirar a Draco a los ojos era como mirar el mar y perderse en sus profundidades, que ese momento íntimo y cómplice era absolutamente mágico.
 El rubio acortó la distancia y lo besó. Un beso fuerte, intenso, que lo reclamaba. Harry sintió un hormigueo en su lengua al tocar la de Draco, la ansiedad contenida en los ligeros mordisqueos del otro sobre sus propios labios. Todo a su alrededor se congeló mientras compartían ese beso aferrados el uno del otro, acariciándose como posesos. Las manos de Draco recorrían el pecho del moreno, y éste enterraba los dedos en los finos cabellos rubios y sedosos. No tenía idea de cuanto tiempo pasaron así, explorándose, reconociéndose, pero cuando por fin se separaron el Sly habló con voz jadeante:
- Vamos a mi apartamento – pidió y plantó otro beso sobre los labios hinchados de Harry.
 Este asintió y Draco se aferró a el, desapareciendo.
  Aparecieron directamente en una habitación grande, con una cama matrimonial en el centro que lucía muy cómoda, y Harry pronto comprobó que así era. Draco se sacó la camisa rápidamente mirando a su ex rival que estaba acostado ya sobre la cama, y se arrodillo sobre él. Le quitó la musculosa, ávido de tocar más piel, y luego paseo su lengua por el pecho del auror. Potter lo miraba con los ojos afiebrados, acariciando su cabello y Draco bajó hasta su pantalón, desabrochando los botones y bajándole el cierre. Tiró la prenda hacia abajo con movimiento grácil, y el moreno quedó solo en boxers. Harry aprovecho para ayudar al rubio a sacarse sus propios pantalones, y acarició su miembro rígido y caliente por encima de la fina tela que lo cubría. Draco gimió bajito, y él se sentó en el borde de la cama, para quedar a la altura del pene de Malfoy, quien estaba parado, mirándolo expectante, y le devolvió la mirada con una sonrisa bailando en sus labios. Retiró la tela liberando el miembro palpitante y acercó su lengua a la base, lamiendo de arriba a abajo. Malfoy empezó a gemir bajito, y Harry subió hasta la punta. La chupó con habilidad, mientras que con sus manos masajeaba los testículos del rubio.
 Draco estaba en la gloria y si Potter seguía haciendo eso con su lengua, él no iba a tardar mucho en correrse. Tiró al moreno sobre la cama interrumpiendo su labor y comenzó a morder su cuello expuesto, con la otra mano sujeto su miembro, que sin mirarlo pudo deducir que era grande, tal vez más que el suyo propio. Lo movió de arriba abajo, arrancando gemidos de su compañero, y se separó un poco para mirarlo. La visión de Potter gimiendo bajo si mismo era increíble, los labios colorados lo llamaron y Draco volvió a besarlo con ansia, momento que aprovecharon para acariciarse sus torsos mutuamente. Harry no podía más, y se lo hizo saber a Malfoy, que sacó de un cajón a su izquierda un pote de lubricante. Lo abrió y mojo sus dedos en el líquido espeso, y miró al Gry enarcando una ceja. Luego, llevo sus dedos a su propio cuerpo y empezó a prepararse a si mismo. Harry observó toda la escena jadeando, y ayudó al rubio a recostarse de espaldas, apoyando su pecho sobre la cama. Acarició el firme trasero, el mejor que había visto en su vida, consideró deleitado, y apoyó la punta de su miembro en la entrada del rubio. Lo miró buscando una confirmación y éste empujó su propio trasero, metiendo la punta. Harry echó la cabeza atrás y empezó a deslizarse dentro despacio. Estaba muy apretado y su pene no paraba de mandarle ondas de placer. Empezó a moverse arriba y abajo ganando velocidad, y en un punto el rubio gimió fuerte “ahí, justo ahí Potter” y Harry volvió a hacer el mismo movimiento una y otra vez, recibiendo gruñidos, gemidos y balbuceos como respuesta. “He querido que me hagas esto desde que ví como me mirabas en el primer desfile” dijo el rubio entrecortado “esto... ah… ¿Esto era lo que querías no?”... “¡Merlín si!” contestó Harry moviéndose cada vez más fuerte. Sujetó los hombros del rubio y lo obligo a voltear a cabeza para mirarlo a los ojos. Esa mirada plateada ardiente fue todo lo que Harry necesitaba. Gimiendo se corrió dentro del cuerpo del rubio, y con los últimos golpes a su próstata, el rubio se corrió también, una corrida monumental. Ver a Potter acabando dentro suyo, sus gestos y sus movimientos, fundir sus ojos con la mirada verde esmeralda, fue demasiado para sus sentidos. Ambos jadearon, recuperando el aire.
- Eso fue.. wow – dijo Harry entre jadeos.
 Draco asintió, y se quedaron acostados de lado un rato, en cucharita. Potter rodeaba con un brazo su cintura. Él encontró la posición bastante cómoda, así que con pereza agarró su varita, el moreno sacó su miembro del cuerpo del rubio y éste echó los hechizos limpiadores. Luego agarró la manta y los tapo a ambos, volviendo a la posición inicial. Con una última mirada al ojiverde, se acostó entre sus brazos y mecido por su respiración acompasada, se durmió.
 La mañana siguiente, Harry despertó y lo primero que vio fue el cabello platinado que le hacía cosquillas en la barbilla. Suavemente acarició la tersa piel del brazo de Malfoy, maravillado. Recorrió con el dedo índice su clavícula, la línea del mentón, su cuello fino. No supo cuanto tiempo estuvo así, podría haber sido largos minutos o escasos segundos. El rubio despertó, enseñando sus ojos plata, y Harry sonrió, sintiendo que su estómago se llenaba de calidez.
- Buenos días bello durmiente…
Draco lo miró enarcando una ceja y sonrió, una sonrisa que a Harry le supo a mariposas revoloteando en su interior.
-  ¿Admites que mi belleza no tiene limites, Potter?
- Malfoy, tu vanidad es tan grande que no me sorprendería que tuvieras un órgano extra por allí dentro solamente para producirla.
El rubio que en ese momento estaba jugando con un mechón de cabellos negros, agarró una almohada y le pegó.
- No es mi culpa ser tan perfecto – suspiró teatralmente, y se levantó vistiéndose. – vamos a desayunar.
- ¿No deberíamos bañarnos primero?
- No, primero desayunamos, creo que tendremos que juntar energías para ese baño... – susurró Malfoy en su oído. Harry se estremeció.
  El ojigris se puso a hacer un par de cafés y tostar unos sándwiches, mientras Harry observaba el departamento. Era muy Malfoy, un gran salón con enormes ventanales y sillones voluminosos y cómodos de cuero negro, en un extremo conformando el living. Estaba lleno de cuadros y adornos. En un extremo la cocina con algunas plantas y una barra de desayuno, y entre ésta y el living una larga mesa de roble.
 El delicioso aroma del café bailaba a su alrededor, y Harry miró a Draco, medio vestido con una camisa blanca, acercar las tazas y el plato de porcelana a la barra. Se sentó en uno de los taburetes y el rubio hizo lo mismo. Era una visión agradable, las manos aristocráticas tomando la porcelana con delicadeza y llevándosela a los labios. Malfoy era un hombre sin lugar a dudas bello, pero bello de una forma especial, como un diamante. Harry pensó que podría acostumbrarse a amanecer así. Pero su breve flirteo con Malfoy sería eso, breve, así que iba a aprovecharlo al máximo.
 Charlaron sobre sus respectivos trabajos entre tragos y mordidas, pero en cuanto terminaron Harry se levantó y le quitó la camisa blanca al rubio, que seguía sentado, con suavidad. Comenzó a darle besos en el hombro con lentitud. Draco se dejó hacer, tranquilo. Los besos del ojiverde eran relajantes. Finalmente se dio vuelta y lo besó, acariciando su mejilla. Sin prisas, disfrutaron el juego de sus lenguas, el roce de sus dedos, el calor del otro. Se separaron y se miraron a los ojos. Plata y verde haciéndose silenciosas preguntas, aceptando la realidad de quienes eran, por que al menos, en la intimidad, nadie podía verlos como Harry Potter y Draco Malfoy. Solamente eran dos muchachos, disfrutando inesperadamente del otro.
 Draco llevó a Harry hasta la habitación, y ahí a su cuarto de baño. El moreno se sorprendió, dentro había una ducha y un jacuzzi. Pensó que iban a ir al jacuzzi, pero los planes del rubio eran otros. Ayudó a Harry a desvestirse y abrió la ducha, para luego desvestirse a si mismo. Luego lo empujó dentro del agua tibia, que enseguida empezó a caer sobre sus cuerpos.
 Inició un beso posesivo, aferrándose a la espalda del moreno, quien sonrió. Draco le devolvió la sonrisa entre beso y beso. Sus erecciones crecientes se rozaban placenteramente. Su mirada color plata cambió a una más salvaje, y con rapidez dio vuelta al moreno, quedando de espaldas a si mismo. Introdujo los dedos en su entrada preparándolo, y Harry gimió con anticipación, inclinándose ligeramente para más comodidad del rubio. Este entró con suavidad, y Harry comenzó a gemir más fuerte cuando el movimiento aumentó su velocidad. Draco sujetó el miembro ya firmemente erecto y lo acarició, y comenzaron un vaivén rítmico bajo la calida lluvia de la ducha. Draco sabía que estaba golpeando el punto exacto por los fuertes gemidos del ojiverde, que obnubilaban sus sentidos. Si Potter seguía gimiendo así no tardaría nada en acabar, pensó mordiéndole el cuello y acariciando más fuerte su pene. Intentó concentrarse lo más posible. Cuando por fin no pudo más, y el estallido de placer lo embargó por completo, mordió el hombro de su compañero, fuerte pero sin hacerlo sangrar, y dio las últimas estocadas con fuerza. Harry gimió alto y acabo en la mano del rubio, que fue lentamente lavada por el agua, y Draco salió del cuerpo del otro, tratando de regular su respiración. Comenzaron a enjuagarse entre ellos, satisfechos y sonrientes. Potter tenía algo en la intensidad de su mirada y su deslumbrante sonrisa que hacía a Draco querer mantenerlo allí por siempre. Jamás le había pasado eso con otro chico. Acarició su cabello negro azabache aplastado por el agua y bufó, divertido “es la primera vez que veo tu pelo adoptar una forma no- caótica Potter” le informó con una sonrisa burlona. Harry rió y aplastó al rubio contra la pared de vidrio, besándolo con avidez.  Cuando terminaron de bañarse y se vistieron, volvieron al comedor y se sentaron en los sillones.

Notas finales:

La historia es One Shot, pero al parecer es muy larga y se cortó así que la subire en dos partes :)

Capítulo único - parte 2 por zabrina

WALK WALK FASHION BABY

PARTE 2

 - ¿Por qué no sales con nadie, Potter? Debes tener a muchos a tus pies – preguntó Draco casual.
Harry lo miró intrigado pero sonrió.
-De hecho estaba saliendo con un muchacho hasta hace unos tres meses, pero no lo hicimos público. Era un compañero de trabajo, un auror un poco más grande que nosotros... William Clackes, no se si lo conoces…
-Clackes… – Draco se sintió molesto – si lo conozco, es un santurrón afeminado, en serio Potter, hasta tú estas para algo mejor...
Harry rió.
-Ese santurrón afeminado tiene un paquete entre las piernas así – contestó haciendo un gesto exagerado del posible tamaño.
Draco levantó ambas cejas y las bajó rápidamente, desdeñoso.
- Pero supongo que no tiene la habilidad y belleza que tengo yo.
- jaja, eso sería imposible ¿no? – rió el moreno.
Draco se sintió mejor al ver esa sonrisa cálida y sonrió también.
- ¿Y tú? Tanta “belleza exacerbada”, no debe ser para nada, ¿o si? – preguntó irónico.
- Es cierto, tengo mis amantes ocasionales, pero nada es lo suficientemente bueno para mí. – contestó el rubio con suficiencia.
Harry le pegó en el hombro jugando, pero en realidad la respuesta no le había gustado. Una pesadumbre se instaló en su estómago.
- Eres un caso perdido Malfoy. En fin, he disfrutado mi estancia contigo, pero ya es hora de irme.
 Draco lo vio levantarse, con ganas de pedirle que se quedara, pero no dijo nada. Sólo lo acompañó hasta la puerta.
- Podríamos vernos de nuevo uno de estos días – dijo de pronto antes de que Harry se fuera. Este sonrió mostrando sus perfectos dientes, y Draco se sintió aliviado.
-Claro – contestó el ojiverde y con una última sonrisa desapareció.
 Esa misma tarde Hermione apareció en su departamento, pidiendo lujo de detalles de lo que había pasado. Harry sació su curiosidad, divertido por los suspiros, las exclamaciones y los aplausos que de vez en cuando hacía su amiga, pero omitiendo los detalles más pudorosos. Ella estuvo especialmente emocionada cuando le relató su primer beso, en el balcón, y cuando él terminó de narrar, inmediatamente comenzó a planear formas de que Draco y Harry se vieran de nuevo. Él la observaba divertido por su entusiasmo, y también algo curioso.
- Aun así, ya te dije lo que mencionó al final, nada es muy bueno para él. Sólo soy otro de sus amantes ocasionales.
Ella hizo un gesto desdeñoso con la mano.
- No creo que lo haya dicho por ti, sino por todos los anteriores… y en realidad, creo que sólo exagera, es su forma de ser. No creo que piense eso de verdad.
Harry asintió no muy convencido.
   
Pasó una semana sin noticias del rubio. Harry pensó que ya se había olvidado de él, hasta que el viernes lo encontró a la salida del ministerio, elegantemente ataviado, esperándolo apoyado en un poste de luz. Harry sonrió sorprendido y se acercó a él.
- Veras Potter, pasaba por aquí y pensé que podía dignarme a invitarte un café. ¿Qué dices?
- ¿No será mucho sacrificio? – respondió él divertido y contento.
- Hoy me siento generoso.
Entraron a un bar a pocas cuadras de allí y se acomodaron en los sillones de un rincón. Harry le contó sobre el caso al que había sido asignado recientemente, y Draco lo escuchó interesado, haciendo gala de sus buenos modales. Luego le contó de su propia experiencia como modelo, su vida viviendo solo, las cosas que planeaba hacer y los lugares que planeaba visitar. Ambos coincidieron en que querían visitar roma y Harry comentó que siempre había querido ver París. Draco, que ya lo conocía, le relató todo lo que sabía sobre esa ciudad, y el ojiverde lo escuchó asombrado. Malfoy sabía mucho sobre cultura general. Descubrió gratamente sorprendido que el rubio tenía muchas cosas interesantes para contar. Conocía varios países y hablaba perfectamente el francés, se las ingeniaba con el alemán y chapuceaba con el italiano. Cuando Harry le pidió que hable francés, Draco lo complació, “Vous avez les yeux plus beaux que j'ai vu dans ma vie” (tienes los ojos mas hermosos que he visto en mi vida). Al moreno le encantó como sonaba el idioma en la voz del ojigris, delicado y placentero a sus oídos. “¿Qué dijiste?” preguntó curioso. “que tu pelo es un caso perdido” respondió el rubio riendo y Harry rió también.   
 La tarde pasó amena charlando, y Draco lo invitó a su departamento otra vez, pero Harry tuvo que rechazarlo pues había quedado en ir a cenar con Ron y Hermione. El rubio asintió desilusionado, pero no lo demostró. “Será la próxima entonces”.  Harry estuvo de acuerdo. Se despidieron en la puerta del café.
- Bien Potter, la pasé bien esta tarde, eres un buen oyente. – aprobó Draco.
- Es difícil no escucharte, parece que tienes muchas cosas que contar.
-Es que soy culto, Potter, algo que tú deberías fomentar.
- Engreído – lo riñó Harry divertido.
-Es la verdad – insistió Draco arreglándose la ropa innecesariamente – Nos vemos Potter.
 El rubio estaba dando vuelta para desaparecer, cuando Harry lo sujetó de la muñera. Éste quedo desconcertado, y el ojiverde aprovechó para acercarlo y depositar un suave beso en los labios, que Draco respondió. Fue un beso breve, pero intenso. Harry lo soltó, acarició la suave línea de la mandíbula del rubio y desapareció.

-Hoy lo vi de nuevo – le comentó a Hermione, aprovechando un momento en que Ron se fue de la sala.
 Hermione lo miró abriendo la boca en O y soltó un chillido bajo.
- ¡Te lo dije! ¿Qué te dijo?
 Él le contó los detalles de la “cita” rápidamente.
- No pensé que Malfoy fuera tan… interesante – comentó ella.
- Yo tampoco, fue una grata sorpresa. Hermione.. – Harry dudó en preguntar - ¿Qué crees que saldrá de todo esto?
- ¿Qué sientes por él? – preguntó ella. – Piénsalo bien, hace casi tres meses que estas con Malfoy en la cabeza. Personalmente, creo que te gusta, lo veo en tus ojos cuando me hablas de él.
 Harry asintió, pensativo. Malfoy era atractivo, interesante y seductor. Admitía que tenía un efecto hipnótico en él. Disfrutaba su compañía y no se saciaba de verlo, de recorrer cada uno de sus rasgos exquisitos. Pero no creía que Malfoy sintiera lo mismo por él.
 La castaño pareció adivinar sus dudas por que suspiró y dijo.
-Seriamente, Harry, a Draco también debes estarle gustando, si te ha ido a buscar al trabajo.
- ¿Tú crees?
Ella giró los ojos.
- Dudo mucho que Malfoy sea el tipo de persona que invita a sus amantes a un café.
Harry contempló esa idea y sintió un calorcito en el pecho que le hizo sonreír. Supo que era felicidad.
 Ella contempló la sonrisa de bobo de su amigo y suspiró contenta.

 El caso que tenían asignado era sobre unos traficantes de polvos flu vencidos, que hacían que los magos y brujas inocentes que los compraban terminaran en cualquier lado, incluso chimeneas muggles, lo que tenía loco al equipo desmemorizador. Los niños muggles eran más fáciles por que creían que era santa claus en la época equivocada del año, pero los mayores pegaban alaridos que llamaban la atención de todos los vecinos y llamaban a la policía pensando que eran ladrones. Tenían la pista de que vendían los polvos en un pub de Hogsmeade, que la intuición les decía que era cabeza de puerco. Así que el equipo de Harry, que tenía doce aurores, se dividió en tres grupos y tres turnos para vigilar desde una esquina del pub. Llevaban varios días sin éxito, pero Harry aprovechó su estancia en Hogsmeade para invitar a Draco vía lechuza a las tres escobas. Así que esa tarde al finalizar su horario se encontró con él allí.
 Draco lo saludó muy formal con un asentimiento de cabeza, evidentemente poco dispuesto a grandes demostraciones en un lugar mágico público. Harry comprendió y se sentó en el otro extremo de la mesa. Madam Rosmerta se acercó a pedir la orden, y Harry la saludó efusivamente, mas Draco fue más reservado en su gesto. Si la mujer se extrañó de verlos juntos allí, no lo demostró. Enseguida llegó con las cervezas de mantequilla y dos vasos. Cuando ella se dio vuelta, Draco sacó un pañuelo de su pantalón y limpió el borde del vaso. Luego sonrió a Harry presuntuoso.
Harry rodó los ojos y rápidamente se sumergieron en una conversación sobre lo cambiado que estaba Hogsmeade desde que ellos dejaron el colegio. Draco sonreía discretamente, y aunque era aparentemente distante, Harry se sentía reconfortado con su presencia. Pensó que nunca se  cansaría de mirarlo, de disfrutar los ademanes elegantes con los cuales acompañaba sus palabras, los gestos medidos y los movimientos aristocráticos con los que bebía. Cuando terminaron la cerveza, Draco se acercó a la barra a pagar y desde allí le envió una mirada a Harry, que para algunos podía no significar nada, pero a él le decía todo.
 Salieron de las tres escobas y caminaron hacia un lugar más escondido. Allí Draco sujetó a Harry y desaparecieron.
 Aparecieron en la cocina del rubio, donde éste se zambulló sobre la boca del moreno, sujetándolo por la nuca y murmurando palabras inteligibles, Harry rápidamente le sacó la túnica al rubio y desabrochó su camisa negra. Draco restregó su miembro sobre el suyo, separados por los pantalones, y ambos gimieron en medio del beso. La ansiedad de esas dos semanas era tan fuerte que allí mismo sobre la barra de desayunar Draco convocó el lubricante y se lo tendió a Harry, quien entendió la indirecta y empezó a prepararlo rápido, con urgencia. Dejo el pote sobre la barra y Draco se apoyo contra ella, mirando a Harry a los ojos. Luego levantó sus piernas y envolvió con estas la cadera del morocho, quien sin perder tiempo lo penetró. Ambos gimieron con fuerza y el ojiverde empezó a moverse rápidamente, sus miradas fijas en la del otro, mientras gemían. Draco se apoyaba sólo con los brazos en la barra. El movimiento salvaje tenía al rubio derritiéndose de placer y paso poco tiempo antes de que ambos acabaran. Harry apoyó la frente en el cuello de Malfoy, que a fin de aliviar sus brazos agarrotados se sentó en el taburete. El rubio pudo sentir la sonrisa de Potter y también sonrió.
  Harry se quedó a comer allí, y descubrió con sorpresa que el rubio tenía un televisor gigante en una habitación rodeado de miles de películas. Así que prepararon juntos palomitas de maíz y vieron una llamada “los siete pecados capitales” que dejó a Harry impactado pues eran como aurores muggles. Draco reía de cómo el ojiverde se metía en la trama, mientras él era más observador y distante. Potter era sorprendentemente una agradable compañía, llenaba de calor y alegría su departamento solitario. Esa noche disfrutaron el jacuzzi donde le tocó a Harry recibir a Draco, y ambos se fueron a dormir contentos.
 Harry despertó temprano pues tenía que ir a trabajar, así que a las ocho ya estaba arriba. Beso a Draco en la cabeza y se hizo un desayuno rápido. El rubio se le sumó, somnoliento, murmurando algo de que no quería ver su cocina hecha un desastre, y Harry se hizo el ofendido pues el sabía perfectamente como prepararse un café. Lo hacía todas las mañanas. Antes de irse, el rubio le arregló la túnica de auror con un hechizo. Y Harry le agradeció con la mirada. Se acercó para darle el último beso.
- Nos vemos, auror Potter – saludó Draco. Harry sonrió y desapareció.

  Ese martes Harry invitó de nuevo a Draco a las tres escobas. Había pasado todo el día allí, pues al no tener suerte en cabeza de puerco empezaron a vigilar ese bar. De sus tres compañeros de trabajo, Lucian, Tom y William, sólo quedaba Bill. Harry se sentía un poco incómodo sentado en la misma mesa que él a solas, pero aun faltaba rato para que Draco llegue. Siguió la charla sin mucho interés, hablando sobre la posibilidad de encontrar a los traficantes y si sería allí donde harían los intercambios.
- Harry, no es de eso de lo que quería hablar. – comenzó Bill nervioso. Harry sintió que su estómago se encogía. – estuve pensando mucho en ti últimamente, y de verdad creo que deberíamos darnos otra oportunidad. – el moreno empezó a negar con la cabeza – escúchame – pidió Bill tomando su mano. – Creo que aun estoy enamorado de ti. – y al decir eso, se inclinó sobre la mesa y lo besó.
 Harry tardó unos segundos en pasar la sorpresa, y apartó al castaño bastante indignado. – Bill ya hablamos de esto, y de hecho estoy empezando a salir con alguien más. – La mirada decepcionada de su ex le aflojó el corazón. – no te preocupes, - dijo posando su mano en su hombro – ya encontrarás a alguien que te quiera como te mereces.
  Pero Draco, que había llegado temprano como era su costumbre, había visto toda la escena desde la puerta, por supuesto sin escuchar. Se dio media vuelta y desapareció. Apareció en su apartamento y se sentó en su sillón, tomándose la cabeza. Se sentía humillado. Y aunque jamás lo admitiría, muy celoso. El maldito Potter estaba viéndose con el idiota de Clacker, seguramente por sus “grandes dotes” pensó fastidiado. Había herido su orgullo. Evidentemente Draco no era suficiente para él. Pues bien, Potter podía irse a la mierda. Él podía tener a cualquiera a sus pies.
  Harry esperó en vano a Draco, pues este no apareció. Desconcertado, volvió a su departamento y le mandó un mensaje, pero jamás recibió respuesta. Los días pasaron, y la lechuza volvió siempre con las manos vacías. Harry quería ir a buscarlo a su apartamento para entender que pasaba, pero nunca había preguntado donde vivía. Las dos veces Draco lo había aparecido.
 Así pasaron los días, y el ojiverde se sentía cada vez más desconcertado, y aunque no lo admitiera, triste. Probablemente el rubio ya se había cansado de él.
 Hermione no podía entender el súbito cambio de interés de Malfoy, pero Harry la reconfortó.
- Te dije que sería sólo un polvo. Sólo tuve suerte y fueron dos.
 Pero a pesar de sus palabras Hermione sabía que su amigo estaba dolido.
  El trabajo distraía a Harry, y así pasaron un par de semanas. Intentó salir con un muchacho que también era auror, pero su conversación aburrida y su devoción por el “héroe” hizo que las cosas no prosperaran. Extrañaba la charla profunda de Malfoy, sus gestos vanidosos, la forma en que sonreía y sus ojos tormenta. Le gustaba recordar su primer beso, ese instante mágico en que se fundieron el uno en el otro bajo la frescura primaveral. Y sonreía como tonto para luego caer en la realidad, de que el rubio ya lo había botado sin siquiera explicaciones.
  En medio de eso, al menos obtuvo la alegría de resolver el caso en el que trabajaba. Resulta que los maleantes estaban haciendo los intercambios en el salón de té de Madam Pudipié. Se hacían pasar por parejitas y al ser un lugar más bien íntimo, podían pasarse la mercadería sin ser observados. Lo malo de haber resuelto el caso, es que en el Ministerio no tenía que estar tan concentrado, y entre papel y papel volvía a su mente los ojos plateados, la voz ligeramente arrastrada y los ademanes sofisticados.
  Fue dos semanas después que se enteró que el rubio participaría en un desfile dentro de tres días, y Harry decidió que al menos, iría a verlo por última vez.
  Estaba nervioso en su asiento mirando a los otros modelos cuando lo vio aparecer. Su estómago dio un vuelco y no pudo evitar pensar que estaba mas lindo que nunca con su camisa color plata y su pantalón de jean negro. Entonces sus miradas se encontraron y el corazón de Harry se aceleró a mil por hora. Draco no sonrió, pero no dejó de mirarlo en todo el paseo por la pasarela. Harry no sabía lo que significaba su mirada.
 Por su parte el rubio estaba nervioso y a la vez molesto. No podía entender que hacía Potter ahí, si había ido a reírse de él, o sólo para fastidiarlo. Las cartas que había recibido no las había leído, y ahora sentía cierto arrepentimiento de no haberlo hecho, pues no sabía a que atenerse.
 El desfile pasó rápido para Draco, pero para Harry fueron horas. Necesitaba ir a hablar con el rubio y preguntar por qué, aunque la respuesta que recibiera doliese.
  Sabía por la mirada intensa de Potter que este iba a acercarse en cuanto pudiera, y cobardemente pensó en desaparecer. Pero no, le haría saber al imbécil que él no era juguete de nadie, que no tenía derecho a hacer lo que hacía.
 Cuando el moreno entró en su camarín Draco sintió su corazón desbocado y todas sus convicciones venirse abajo. Se dio vuelta por que los ojos verdes lo debilitaban.
- ¿Por qué? – dijo Harry simplemente.
 Draco bufó irritado y se volvió a mirarlo.
- ¿En serio me preguntas por qué? ¿Qué te crees, que soy idiota? – preguntó levantando la voz. El ojiverde lució totalmente desconcertado. – Mira Potter vete y olvídate de que existo, no me busques más ni me mandes ni una puta lechuza, no quiero saber nada de ti. No se por qué perdí mi tiempo contigo.
- Pero... hablas como si yo supiera por que desapareciste.. – dijo Harry mortificado – al menos merezco que me expliques…
- No tengo explicaciones para ti Potter, véselas a pedir a Clacker.
- ¿Bill? ¿Que tiene que ver? ¿El te hizo algo?
- ¡Deja de hacerte el imbécil de una vez! – Draco dio vueltas por el camarín sin poder creer la hipocresía de Potter – te vi besándolo en el bar.
 A Harry le cayeron todas las fichas juntas.
- ¡No! Draco… ¡Él me beso a mi! Él quería volver conmigo y me besó pero yo le dije que no… ¡Le dije que estaba saliendo contigo! Bueno no exactamente tu nombre pero…
- ¿Y esperas que te crea? ¡Yo te vi Potter...!
- Lo interpretaste mal – Harry acorraló a Draco contra el muro – te lo juro – murmuró mirándolo a los ojos – no he dejado de pensar en ti desde ese día... tienes que creerme.
 Draco lo miró sin saber que pensar, momento que el moreno aprovechó para besarlo con posesividad, rodeándolo por la espalda con sus brazos, manteniéndolo firme contra la pared. Lo beso intentando demostrarle todo lo que había sentido. Se separaron unos segundos para mirarse a los ojos con sus respiraciones agitadas, y el ojigris vio la sinceridad en los ojos esmeralda. Sujetó al gryffindor del cuello y lo atrajo hacia sí, besándolo como si fuera la primera vez, tratando de expresar todo lo que lo había necesitado ese tiempo, la falta que le había hecho. Harry sonrió dentro del beso, sintiendo una felicidad imposible de poner en palabras.
- Te extrañé – dijo el ojiverde acariciando el rostro del rubio.
- Merlín, También yo, Potter – dijo Malfoy agitado.
- ¿Vamos a mi apartamento? – propuso embriagado por sentir de nuevo la calidez del otro.
- De acuerdo.
 Harry lo agarró del brazo y con un giro desaparecieron.
 

Cuando Draco despertó al día siguiente sonrió sintiendo los brazos del moreno a su alrededor.
Remolonearon en la cama, charlando y sonriéndose, admirándose el uno al otro.
- Lamento todo el malentendido… – Dijo Harry.
- Ya esta, olvidémonos de eso.
- Todo este tiempo…
- Lo sé. Yo también – murmuró el rubio con la voz entrecortada.
  Draco y Harry empezaron a verse más seguido, tres o cuatro veces por semana. Llevaron su relación sin prisas, con la mayor naturalidad posible. Un día, un mes después, Harry le contó que Bill había intentado un acercamiento otra vez en medio del departamento de aurores, aun delante de sus propios compañeros, y Draco decidió que era hora de dejarle algunas cosas claras al imbécil ese.
 Espero en el vestíbulo del ministerio por si el idiota se iba por la red flu y en cuanto lo vio aparecer, sacó la varita dispuesto a hechizarlo. Pero se dio cuenta de que Clacker venia tratando de hablar con Harry y eso lo enfureció más. Se puso delante de él con una mirada asesina capaz de atemorizar al mismo Voldemort, y gritó:
- ¡¡¡POTTER ES MIO!!! – y luego le encajó una trompada al castaño. Harry lo miró asombrado, sin confiar en lo que sus ojos veían. Pero supo que era cierto por la agitación formada a su alrededor. Se llevó afuera al Sly, tratando de tranquilizarlo.
 - ¿Estás bien? – le preguntó preocupado.
- Mucho mejor – asintió el rubio. Harry no podía creer que Draco, siendo tan poco demostrativo en público hubiese hecho una cosa así. Probablemente ni el mismo se lo creía. – bien, con eso no te molestará más.
 El ojiverde pensó que no era necesario hacer una escena para conseguir eso, pero juzgo prudente no mencionarlo.
- ¿Así que soy tuyo? – sonrió coqueto.
Draco lo fulminó con la mirada. – ¿Acaso lo dudabas?
 Harry negó rápidamente y levantó las manos en señal de rendición.


 Al otro día era sábado y Draco se quedó a dormir en su casa. Despertaron con los golpes de alguien en su puerta, y Harry se vistió rápido. Cuando miró por la mirilla vio a Ron, que tenía los ojos desorbitados. Le abrió la puerta con la ligera sospecha del por qué de su visita, y el pelirrojo le puso delante de los ojos la tapa de “El Profeta”, confirmándola.

 POTTER ES MIO
Esas fueron las palabras que gritó Draco Malfoy en el vestíbulo del Ministerio de la Magia  y seguido de eso golpeó al Auror William Clacker. El chico-que-venció estaba allí mismo presente y se fue con el joven Malfoy.
continúa en página 2. 

- Explícame que esta pasando – pidió Ron consternado. En ese momento pasaron dos cosas. Hermione entró por la puerta abierta, con cara de disculpas y diciendo “lo siento, intenté detenerlo...” y Draco apareció por el pasillo de la habitación en jeans y una camisa que no se había molestado en abrochar.
 - El titulo lo dice muy clarito Weasley – contestó el rubio sonriente.
Ron puso cara de haber visto a Peter Petigrew en persona, y Hermione y Harry lo sentaron en el sillón y le sirvieron un café a su enmudecido amigo. De a poco le explicaron las cosas mientras Draco tomaba su café muy divertido con toda la situación.
- ¿Entonces ustedes…? -preguntó Ron sin poder terminar la frase.
- Somos novios – asintió Draco feliz de terminarla por él.
 Harry enarcó las cejas como diciendo ¿Lo somos? Y Draco lo miró como retándolo a negarlo.
 Hermione a pesar del shock de su novio estaba muy feliz y propuso festejar con una cena allí esa misma noche. Draco dijo que “era la primera vez que estaba de acuerdo con Granger en algo”, y Ron quedó catatónico el resto del día.


Harry y Draco hicieron ese verano su primer viaje de enamorados juntos a Roma, pasando por París para deleite de Harry y diversión de Draco, quien disfrutaba la forma en que su novio lo miraba cuando hablaba francés, embelesado y excitado. El rubio sabía que lo único que necesitaba para tener una buena sesión de sexo en cualquier momento era susurrarle cosas en francés al oído. Su relación no era perfecta ni tampoco era lo que pretendían. Era lógico, por sus caracteres opuestos y a la vez complementarios, que hacían que se necesitaran uno al otro para sentirse enteros. Fueron la comidilla de todas las revistas mágicas del corazón que circulaban por Inglaterra, especialmente de Corazón de Bruja. En los años siguientes harían muchos viajes, y Hermione siempre diría que ella vio el potencial de esa pareja desde el desfile por el cual Draco y Harry se volvieron a encontrar. Hablando de desfiles, Harry asistió a todos y cada uno de ellos en los que Draco participó, en primera fila, jugando con sus miradas como la primera vez. Y Ron… bueno, Ron con el paso del tiempo recuperó la plena capacidad del habla, pero para cuando lo hizo, ya era obvio que esos dos no se iban a separar nunca más.

FIN

Notas finales:
Hola a todas! Les cuento que me volvi loca intentando que el formato saliera bien o__o.

Espero que les haya gustado, soy muy insegura con estas cosas, dude en publicarlo por que en general no me gusta nada de lo que escribo, siempre pienso que me ha quedado horrible. De hecho tengo otras historias guardadas en mi pc, aunque sin terminar, que tal vez algún día vean la luz, si me animo. Como ya les conté, soy muy insegura, si no les gustó por favor no me traten muy mal o es posible que no me anime a publicar nada más never in my life D:
 De todas formas creo que no podría superar a la histórica Perla Shumajer =P aunque admito que tengo la misma tendencia que ella a describir que tienen puestos los personajes todo el tiempo. En fin, cariños para todas las Darryescas!
 Sabri :3
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