Rey de corazones por Melanie_Lupin_Black
Resumen: Joey es el joven principe fertil de su reino, un reino pasifico que vive en paz y feliz, asta que en su camino se crusa el rey Seto.

Yugi hermoso primo de Joey jamas siquiera imagino el destino que le esperaba junto a Yami jefe del ejercito de Seto.

Ryu un simple joyero nunca imagino que seria el pago a un ladron, como el temido Bakura.

Malik solo tenia que cuidar de su prisionero Marik, sus ordenes jamas fueron enamorarse de este aunque justo eso paso.

Categorías: Yu-Gi-Oh Personajes: Joey Wheeler, Maximillian Pegasus, Mokuba, Ryou Bakura, Seto Kaiba, Tristan Taylor, Yugi Motou
Géneros: Angustia, Drama, Romance, Suspense
Advertencias: AU=Universos Alternos, Mpreg=Embarazo Masculino, Violencia
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 6 Completo: No Palabras: 5530 Lecturas: 8322 Publicado: 15/03/07 Actualizado: 26/09/07
Capítulo 4: El angelito del ladrón por Melanie_Lupin_Black
Capítulo 4: El angelito del ladrón


Bakura acostó a su angelito entre los cojines que formaban el lecho de su cueva. Una cueva llena de lujos y riquezas, como debía ser la cueva del rey de los ladrones.

Ryu dormía, su cabello blanco caía como una cascada sobre uno de los cojines, su gesto era tan tranquilo y relajado que parecía un verdadero ángel. Un ángel lleno de inocencia y pureza.

Inocencia y pureza que poco durarían, porque Bakura tenía claras intenciones de pervertirlo y acabar con su ingenuidad.

Bakura se cambió y se puso cómodo. Poco después comenzaba a despertar Ryu, quien se estiró sobre la cama como un minino antes de despertar con un bostezo.

Parpadeó un par de veces, desubicado y soñoliento, antes de darse cuenta de que estaba en un sitio que no conocía.

Se levantó sobresaltado mirando a su alrededor, buscando a sus amigos. Pero en lugar de sus amigos, a quien vio fue al ladrón.

Al tipo ese al que lo había entregado el moreno que lo había separado de Yugi, Marik y Duke.
Retrocedió como un gato asustado, erizado y en guardia.

Bakura se levantó de donde estaba con una sonrisa, eso hacía más interesante todo. Sonrió y se acercó al lecho. Ryu se levantó y corrió arrimándose a una pared y cogiendo un candelabro de bronce, el cual apretó con fuerza, listo para defenderse.

Bakura lo miró con intensidad, eso hacía mucho más sugestiva su cacería, la presa se resistía.

- Ven aquí, gatito, no me obligues a lastimarte.

- Aléjate de mí.

Tembló Ryu, que ya no tenía para donde retroceder.

Bakura se arrojó sobre él, Ryu levantó el candelabro para pegarle, pero una mano agarró su muñeca, haciéndolo soltar su "arma". Bakura lo estrelló contra la pared, Ryu gritó más por el susto que por otra cosa.

- Eres mío, gatito. Mi esclavo sexual de ahora en adelante.

- Nunca.

Gritó Ryu retorciéndose para tratar de liberarse.

Bakura lo cargó sin importarle sus forcejeos y protestas, y lo tiró en el lecho sin cuidado. Se ubicó sobre él. Ryu peleó, Bakura lo sometió divertido por sus vanos intentos de escapes, mientras le arrancaba la ropa.

No fue bonito, no fue tierno, las caricias fueron rudas, carentes de delicadeza o el cariño que se merecía la primera vez del pequeño albino.

Matando con cada embestida en su interior, las ilusiones, de una boda de blanco, de una familia, de una noche de boda en la que él fuera virgen, matando de un solo golpe las ilusiones del niño albino.

Sumiéndolo con cada embestida en su interior, cada vez más, en un pozo de oscuridad y tristeza.

Arrancándole un grito, el grito de un alma fracturada cuando regó sus entrañas con su esencia.
Bakura se dejó caer sobre Ryu, quien ya no peleaba, quien miraba hacia un lado con los ojos perdidos. Estaba cansado y satisfecho, obtuvo tanto placer como se imaginó; ese niño era una delicia.

- Eres mío.

Sonrió acariciándole la mejilla con una extraña suavidad. Ryu no discutió, ni siquiera reaccionó, era como si no lo hubiese escuchado.

Bakura acercó una sabana y lo arropó, besando sus labios de forma suave.

- Duerme.

Le ordenó, Ryu cerró los ojos y se hundió en un sueño oscuro lleno de pesadillas.
Bakura se levantó, buscó en un baúl una cadena de oro, con un grillete que puso en el tobillo del albino, mientras la otra parte la cerraba a una argolla en el piso.

Una vez hecho esto, Bakura se acostó junto a su niño albino, lo abrazó contra su cuerpo y se dejó él también llevar al mundo de los sueños, después de tan placentera noche para él.

Continuará...
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