Rey de corazones por Melanie_Lupin_Black
Resumen: Joey es el joven principe fertil de su reino, un reino pasifico que vive en paz y feliz, asta que en su camino se crusa el rey Seto.

Yugi hermoso primo de Joey jamas siquiera imagino el destino que le esperaba junto a Yami jefe del ejercito de Seto.

Ryu un simple joyero nunca imagino que seria el pago a un ladron, como el temido Bakura.

Malik solo tenia que cuidar de su prisionero Marik, sus ordenes jamas fueron enamorarse de este aunque justo eso paso.

Categorías: Yu-Gi-Oh Personajes: Joey Wheeler, Maximillian Pegasus, Mokuba, Ryou Bakura, Seto Kaiba, Tristan Taylor, Yugi Motou
Géneros: Angustia, Drama, Romance, Suspense
Advertencias: AU=Universos Alternos, Mpreg=Embarazo Masculino, Violencia
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 6 Completo: No Palabras: 5530 Lecturas: 8321 Publicado: 15/03/07 Actualizado: 26/09/07
Prólogo por Melanie_Lupin_Black
Prólogo



El reino de Baitlan era un reino pacífico, tranquilo.



Su habitantes vivían en paz y felices. No era un reino muy grande, pero era próspero. Tal vez su característica más vistosa eran los ángeles del reino.



O así al menos los llamaban. No era otro que el ángel más hermoso, el príncipe Joey Wheeler. Joey era un hermoso príncipe de cabellos dorados como el sol hasta la cintura, ojos miel, piel clara y suave, esbelto y elegante. Parecía verdaderamente un ángel de deslumbrante belleza. Y el hecho de que fuera un príncipe fértil era lo que lo hacía ser más deseado aún. Pero su padre hacía oídos sordos a las peticiones de matrimonio para con su hijo que le llegaban, pues Joey sólo tenía diecisiete años.



Y el otro ángel, no era más que el hijo pequeño del rey. El pequeño duque Yugi, conocido como el ángel de la ternura. Yugi en realidad era primo de Joey, pero sus padres habían muerto cuando él era muy niño así que había sido criado como un hijo por su tío, el rey, lo que había llevado a ambos jóvenes a criarse como hermanos, pues además ambos eran fértiles.



Yugi Motu era una preciosidad de cabellos tricolores (rojo, negro y amarillo) que le llegaban hasta la mitad de la espalda. Sus ojos eran violetas, su piel clara, era delgado y apenas alcanzaba el metro cincuenta. Parecía un niño de unos doce o trece años, a pesar de sus ya recién cumplidos dieciséis. Sus ojos exudaban ternura e inocencia, y era tal vez el ser más cándido del mundo. Era tan inocente y dulce aquel pequeño duque, que al verlo las personas temían hasta levantar la voz, por miedo a corromperlo. Las personas temían hacer un sólo comentario sobre su belleza, por temor a incomodarlo, pues a los ojos de toda su gente, Yugi sería eternamente el niño de aquel reino.



No era como Joey, que aunque también era tierno y amable, poseía, cierto aire rebelde y desafiante, que sólo aumentaba más su deslumbrante belleza de por sí.



Ese día, Yugi había querido que salieran a dar una vuelta por el bosque, cerca del riachuelo. Pero había querido ir solo. Sabía que eso era imposible, que su tío-padre jamás lo dejaría salir sin una escolta. Así que había ido con Joey para no estar solo.



Joey, al saber lo que su adorado primo quería, había ido a donde su padre a decirle que iba a salir con Yugi y que lo haría sin escolta. El rey trató de protestar, pero Joey se puso cabezota y no cedió. Yugi quería caminar sólo con él por el bosque, y nadie contrariaría a su primito-hermano, era el pensar de Joey.



Al final, ante la silenciosa mirada suplicante de Yugi y su rebelde y precioso hijo Joey, el rey cedió y los dejó ir, total, Yugi y Joey eran amados por todos los súbditos del reino y nadie les haría daño, eso sí les advirtió que tuvieran mucho cuidado. Así que Joey se llevó su espada en el cinto y se fueron.



Yugi no llevaba espada, era un excelente arquero el joven, pero no le gustaba la violencia. Caminaban por el bosque cuando les pareció oír ruidos de caballos, cerca del riachuelo.



Joey no le dio importancia pero Yugi se puso extremadamente nervioso.



- Joey volvamos al castillo, tengo un mal presentimiento.



Pero Joey no le prestó atención, le regaló una sonrisa deslumbrante a la tierna criatura que lo acompañaba, y pasándole una mano por los hombros le sonrió.



- Anda, vamos al riachuelo y no te preocupes por nada.



Yugi miró a los ojos de su primo, pero él era una persona que no discutía ni llevaba la contraria a Joey o a su tío jamás, así que con un suspiro cedió.



***



Seto Kaiba, el gran rey de Andalar, estaba sentado en una piedra de aquel pequeño riachuelo con su primo y general de su ejército, el duque Yami Atemu.



Seto era un guapo hombre, un genio de apenas veinticinco años, quien, a pesar de su corta edad, había demostrado ser el mejor rey, el más temido de todo su reino. Su cabello era castaño, era alto y esbelto, su piel apenas estaba levemente bronceada por el sol y sus ojos eran de un frío y fascinante tono azul.



Yami por su lado, ya cumplía los veintiocho años, el hombre más fiel de Seto. Nadie podía llegar jamás al rey sin pasar antes sobre Yami, y eso era imposible pues era Yami el mejor guerrero que existía en el mundo. La persona que llevaba el ejército con una tremenda maestría y una mano de hierro.



Yami era alto como Seto, de cabellos tricolor (rojo, negro y amarillo) que desafiaban la gravedad en punta, de piel clara y ojos rojos como la sangre.



La razón por la que Yami y Seto estuvieran de incógnito y solos en el país de Baitlan, era porque lo estudiaban y analizaban, para poder invadirlo.



Baitlan tenía una deuda con el reino de Andalar, que nunca había pagado, así que Andalar pensaba cobrarla ahora, invadiéndola y quedándosela.



Era por eso que ambos andaban de incógnito allí.



Seto y Yami oyeron ruido de pasos acercándose, y se apresuraron a esconderse con sus caballos detrás de un árbol.



Entonces vieron ante sus ojos aparecer a dos hermosos ángeles.



Pero sobre todo un ángel rubio y de perfecta belleza, que dejó a Seto Kaiba, el gran rey de Andalar, sin aliento y deslumbrado. Era el ser más hermoso y perfecto de la tierra, fue el pensamiento de Seto.



Yami por su lado, aunque no podía negar que el rubio era bello, a quien realmente había encontrado hermoso fue al pequeño y angelical tricolor de inocente apariencia. Ante los ojos de Yami, parecía un mismo serafín, exudando belleza, pureza e inocencia a su alrededor.



Los dos hombres más fuertes de Andalar, y tal vez del mundo entero, quedaron sin aliento ante aquellos dos hermosos seres, que hablaban entre ellos en voz baja riendo.



Seto observó fijamente a aquel hermoso rubio y entonces lo decidió: costara lo que costara, él lo tenía que tener, no importaba quién fuera, ese rubio sería suyo.



Seto miró a Yami. Este le devolvió la mirada aún deslumbrado por el pequeño tricolor.



- Ya teníamos que volver a Andalar ¿verdad?



Preguntó el rey. Yami asintió.



- Pues lo haremos acompañados.



Dijo Seto con una sonrisa de medio lado. Yami asintió, llevando la mano a su cinto, del que pendía la espada.



Continuará...



Pobres Yugi y Joey, no saben lo que se les viene encima.
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