Viento Negro por DI_MALFOY
Resumen: Aragorn rescata a Legolas de la muerte, ya que fué herido por un elfo oscuro. El rey queda flechado inmediatamente. Legolas sufre, pues perdió a su consorte. Se ha vuelto solitario. Una batalla elfica entre la luz y la oscuridad se avecina. ¿Legolas volverá a amar? ¿Aragorn luchará por su amor? Ultima hora:Cambio de rating a NC-17
Categorías: El señor de los anillos Personajes: Aragorn, Legolas
Géneros: Accion, Angustia, Aventura, Drama, Misterio, Romance
Advertencias: AU=Universos Alternos
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 14 Completo: No Palabras: 53782 Lecturas: 25231 Publicado: 19/01/07 Actualizado: 17/09/09

1. Tragedia por DI_MALFOY

2. Pesadillas vueltas realidad. por DI_MALFOY

3. Siete negro por DI_MALFOY

4. Alianzas por DI_MALFOY

5. Yo, soy tu... por DI_MALFOY

6. Dame un nombre por DI_MALFOY

7. Rompiendo barreras por DI_MALFOY

8. Invierno, niebla y nieve por DI_MALFOY

9. Temblando por DI_MALFOY

10. Una ventana al pasado por DI_MALFOY

11. Haldir de Lothlorien por DI_MALFOY

12. Antes que sea demasiado tarde por DI_MALFOY

13. Sombras del pasado y presente. por DI_MALFOY

14. Prisionero por DI_MALFOY

Tragedia por DI_MALFOY
Notas del autor:
Chicas y chicos. Mi primera aventura en EDSLA.
Disclaimer: Ningún personaje me pertenece –por desgracia- Los elfitos hermosos y no elfitos, pertenecen al maravilloso y desaparecido escritor: J.R.R .Tolkien Aclarando que no todos los seres con orejas puntiagudas y de rostros bellos, son de él, sino por ahí me vine a encontrar, que también hay Elfitos oscuros O.o de otros “dueños” Localicé algunos documentos por la red hablando sobre ellos, y son fascinantes. No recuerdo por el momento el nombre del creador de los personajes que voy a utilizar (Porque los encontré de suerte y no venían más datos, pero parece ser que son de un juego) Ni de dónde me los bajé (Plop O.o) Pero ya me estoy poniendo en ello- Así que si alguien sabe y reconoce los nombres, hágamelo saber. No quiero dejar sin crédito al verdadero dueño (a) ni quiero que vaya a pensar que me los quiero plagiar.



NA:Este es mi primer fic de ESDLA. Así que sean buenitas conmigo. No soy todavía una experta en la tierra media. ^.^



Quizás vayan a encontrar por ahí algunos detalles recordando otras obras. A veces me gusta entrelazar las situaciones que me agradan y voy tomando ideas de aquí y de allá, pero no mucho ¿Qué quieren? No lo puedo evitar.



Otra cosita más n_n: Algo de AU. Alteraré las cosas. Hmm, si, lo haré n_n La batalla del anillo nunca sucedió. Y revolveré cosas: Nombres, paisajes y parejitas het, lo siento, así es más divertido. Muahahaha.











VIENTO NEGRO





CAPITULO UNO





TRAGEDIA




















-Así que a pesar de todo, te vas Aragorn.



El apuesto ex montaraz -guardaba celosamente en su bolsa de equipaje- las muchas o pocas pertenencias que le serían de utilidad durante su, quizás largo e incierto viaje.



-No es para siempre Gandalf. Quiero descansar mi cuerpo y mi mente. Necesito salir de aquí ¿comprendes? Nunca pensé que al convertirme en el soberano de Gondor, mi antiguo y sencillo estilo de vida, se esfumaría en el aire. No soy capaz de continuar por el momento, sintiéndome preso en mis propias paredes.



-Te comprendo, sin embargo, no lo acepto. Tu pueblo te necesita; gustoso aceptaste el cargo y con ello, para bien o para mal, las consecuencias que conllevaba; nunca se te mintió Aragorn.



-Claro que nunca se me mintió y con gusto acepté el cargo para traer paz y prosperidad a mi pueblo; pero respirar el mismo aire, caminar los mismos caminos, comer y beber el mismo vino todos los días… Gandalf, si pudieras entrar en mi cuerpo y en mi mente por tan solo unos segundos, podrías comprender a la perfección mis motivos y no me mirarías de esa manera tan ridícula, acusadora y vetusta.



-Me llamas viejo Aragorn, lo acepto, pero no más que tú. Tu condición de ser un Elfo a medias te equipara conmigo- Sonrió el poderoso mago- Pensé que me conocías mejor; Si estuviera en tu lugar, haría lo mismo que su majestad. Volvería a mis antiguas correrías y disfrutaría del aire puro decembrino, de la basta tierra media; sin embargo- Gandalf hizo una pausa para dar una gran bocanada a su pipa- Vienen tiempos difíciles…



-Sé lo que viene a continuación Gandalf, no tienes que repetirlo. Hasta nuestros oídos han llegado los nefastos rumores. Estoy conciente de ello. Pero quiero y debo hacer éste viaje para reencontrarme. Necesito recuperar las fuerzas para vivir y seguir luchando por nuestra frágil paz, querido y sabio amigo… Ayúdame… Te lo suplico.



Gandalf el gris miró a Aragorn detenidamente. Efectivamente en su mirada suplicante podía verse la amargura y la soledad que guardaba su corazón. El supremo rey de Gondor sufría.



-No necesitas decir más. Te ayudaré. Me haré cargo de todo mientras decides volver. Cubriré tu ausencia como mejor se hacer; y espero firmemente que Elbereth te de sabiduría e inteligencia al tomar ésta arriesgada aventura. Nadie, ni el más sabio entre los sabios, podría adivinar con certeza lo que el futuro depara. Nadie…



Aragorn redujo la distancia que lo separaba de su entrañable amigo y colocó una mano sobre su hombro.



-Tú lo has dicho Mellonami. Tú lo has dicho- le sonrió - Te estaré agradecido eternamente.





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Una sombra se descolgó por uno de los más altos balcones de la ciudad. Cautelosa eludió a los guardias apostados en todas las puertas principales y se escabulló por uno de los oscuros callejones de la portentosa ciudad, que aún dormía. Sin hacer el menor ruido, pudo llegar a las afueras, donde un fuerte y veloz caballo le esperaba. Desatando sus correas, lo montó con gracia y de inmediato partió hacia rumbo desconocido -con su inseparable Anduril colgando de su cinto -perdiéndose de vista entre el oscuro follaje de los bosques circundantes de Minas Thirith.





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La primera semana resultó ser más agitada de lo que había planeado originalmente. Ya que vagó errante sin parar por amplios parajes; ya sea a monta o a píe en aquellos sitios en los que definitivamente no había otra opción, sobre todo en las cañadas y en las profundas barrancas. Siempre al lado de su inseparable caballo.



Cuando la fortuna le sonreía, refrescaba su cuerpo en las aguas cristalinas de las cascadas y bebía de los manantiales que la circundaban; para más tarde deleitarse con alguna comida ligera y echarse sobre la escasa hierba que le hacía frente al crudo invierno que se avecinaba.



Su vida comenzaba a tener sentido. La tranquilidad que le daba el ser dueño de su propio tiempo, le hacía olvidar por momentos sus responsabilidades de rey, a la luz del fuego de la hoguera. Acunado en su pequeño refugio improvisado, observando el tintineo de las estrellas, hasta que el finalmente el sueño lo vencía.



Nada parecía ir mal.



Su espíritu errante comenzaba a curarse del encierro voluntario.



Pero no fue hasta la siguiente semana que decidió volver a Gondor- Muy a su pesar-
Pesadillas vueltas realidad. por DI_MALFOY
Notas del autor:
Yo de nuevo.
NA:Este es mi primer fic de ESDLA. Así que sean buenitas conmigo. No soy todavía una experta en la tierra media. ^.^

Quizás vayan a encontrar por ahí algunos detalles recordando otras obras. A veces me gusta entrelazar las situaciones que me agradan y voy tomando ideas de aquí y de allá, pero no mucho ¿Qué quieren? No lo puedo evitar.

Otra cosita más n_n: Algo de AU. Alteraré las cosas. Hmm, si, lo haré n_n La batalla del anillo nunca sucedió. Y revolveré cosas: Nombres, paisajes y parejitas het, lo siento, así es más divertido. Muahahaha.

No se vayan a espantar cuando encuentren situaciones que en la historia original no tienen relación. ^^ ¿ok?

Y para las que preguntaron: Si, si va a ser un Aragorn / Legolas. Pero todo a su tiempo.



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CAPITULO 2


Pesadillas vueltas realidad


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Viajó toda la noche con el elfo entre sus brazos. Su respiración era tranquila aunque sin consistencia. No se alarmó, puesto que tenía entendido de la rápida y natural manera de reponerse de las heridas en aquellos cuerpos. Lo que le tenía preocupado era el origen de la extraña flecha que lo había herido. Nunca sus ojos vieron aquel labrado extraño en el costado y punta de la misma. El material era tan liviano, flexible, pero extremadamente letal… Todavía se preguntaba como el elfo había sobrevivido al ataque certero.

Aunque eso ya no importaba, ahora lo que apremiaba era llegar cuanto antes a Mirkwood- y de preferencia- llevarle con vida. Aunque había hecho lo humanamente posible por detener la hemorragia, no se podía cantar victoria.

Al amanecer del nuevo día, se encontró a las afueras del basto y misterioso bosque negro. Paró su marcha peinando el terreno con la mirada. Había una calma inusual y un aura extraña rodeándolo todo. Como si le estuviesen observando desde distintos ángulos. El aire gélido llenó sus pulmones y llevó hasta sus oídos ligeros murmullos inaudibles.

Susurros…

Renovó la marcha, pero no le permitieron continuar. Gruesas ramas de árboles le cerraron el paso. Era lo que Aragorn había temido en su interior. Así que después de todo, la leyenda era cierta. Al gran bosque negro, no le gustaban los extraños. El suave tintineo de sus hojas parecían advertirle: >

Con mucha cautela desmontó con el elfo entre sus brazos y lo mostró en señal de respeto y sumisión.

-Un hijo de ésta noble tierra está herido y necesita de su ayuda. Está muy débil y podría morir. Amin dele ten' he - Dijo en elfico claramente.

El silencio volvió. Aragorn comenzaba a desesperarse, si el bosque no le permitía la entrada, entonces habría grandes dificultades.

Pero no fue así. Las ramas se apartaron dejándole la vía libre. Y tras de sí, al menos una veintena de elfos esperaban, con sus arcos y lanzas poderosas, apuntándole directamente. Fue una total sorpresa para Aragorn. Si bien esperaba un recibimiento similar, nunca imaginó que aquella escena que se presentaba ante sus ojos fuera-hasta cierto punto- sacada de algún relato pasado de boca en boca, a través de los siglos.

Los elfos no llevaban armadura.

La mente de Aragorn recordó un pasaje contado de la boca del mismo Gandalf -años atrás, cuando era aún muy joven- externando que los elfos del bosque negro, preferían confiar en sus habilidades de sigilo y maniobrabilidad, que en el metal sobre sus cuerpos. De ahí que no los hubiese detectado.

Prácticamente eran sombras mezcladas con la naturaleza.

Dioses en la tierra media.

Todas aquellas criaturas magníficas eran portentosas; altos, fuertes, pero a la vez delicadas y de rasgos finos. Con cabellos largos y dorados; como rayos de sol. Piel nívea, llena de vida. Determinación y dulzura mezcladas en sus miradas. Era como estar en un sueño hermoso, sin soñar.

Uno de ellos, el que parecía ser el líder de aquella avanzada, se aproximó con cautela, secundado por dos más, que parecían cubrirle las espaldas, sin bajar la guardia. Observó a Aragorn, sin dirigirle ninguna palabra, mas su vista se posó de inmediato en el elfo que el humano llevaba entre sus brazos y pareció alarmado.

Con un movimiento rápido de su mano, dos elfos más se unieron y prácticamente le arrebataron al elfo herido.

-¡Tira ten' rashwe!- indicó Aragorn, ante la rudeza de los elfos guerreros. ¡Está delicado!- Casi gritó.

El líder acortó la distancia, mientras los demás guerreros se perdían con agilidad y rapidez, entre la espesura con el elfo malherido. Encaró al rey de Gondor, ligeramente más bajo.

-En nombre de Thranduil, señor del bosque negro y de su pueblo, te damos las gracias por haber traído a su joya más preciada de regreso al hogar, montaraz- Dijo en humano- Pero no eres bienvenido. Si dejamos el paso libre a ti a y a tu bestia (refiriéndose al caballo) fue porque traías a un hermano contigo. No vuelvas más por aquí, ó de lo contrario pagarás con tu vida.

Sin agregar más le dio la espalda al hombre con intenciones de retirarse.

-¿Puedo al menos saber tu nombre y el del elfo herido? –Preguntó Aragorn.

-Mi nombre no tiene importancia. Respecto a tu segunda pregunta, bastará con decir que harás muy feliz al rey cuando vea el rostro de su único hijo sano y salvo.

Aragorn asintió. De nada serviría insistir. Con los escasos datos proporcionados, se daba cuenta perfectamente de todo.

-Antes de que me marche, quiero entregarte esto.

Aragorn acercó un pañuelo, y lo extendió ante los ojos del guerrero. Era la parte trasera de la flecha que había extraído del cuerpo de su protegido.

-Esta flecha casi le cuesta la vida a su príncipe. Muéstrasela a tu rey, creo que la encontrará muy interesante.

Con recelo, el elfo tomó el pañuelo.

-Saesa omentien lle – Dijo Aragorn y haciendo una reverencia, volvió a montar y se perdió por la espesura del bosque a todo galope.


~~~~~~


-¡Noble señor, rey Thranduil!

El rey, quien observaba algunos documentos junto con sus consejeros, se levantó de su asiento con el alma en vilo. El apremio de uno de sus centinelas y fieles amigos al entrar de aquella manera precipitada a su flet pentagonal, solamente le confirmó lo que su corazón ya le había dicho la noche anterior. Algo malo y horroroso había ocurrido con su hijo. Casi temió preguntar.

-¿Qué sucede Glorfindel?

-Señor- El elfo se acercó- Se trata del príncipe…

-¿Dónde está mi hijo? –Preguntó con toda la calma de la que fue posible, sin parecer demasiado ansioso; aunque por dentro se estuviese muriendo de angustia.

-Lo hemos llevado a su flet personal, señor.

-Continuaremos otro día con la reunión.- Palabras dirigidas a todo su consejo, que permaneció en su lugar.- Tomó su vara de roble, y enroscó su capa elfica sobre su brazo.

A grandes zancadas, y con Glorfindel a su lado, recorrieron con premura los grandes y largos puentes colgantes, rodeados de robles y hayas, hasta llegar al ala sur del territorio. La zona más soleada y arbolada de todo el reino.

Había ya varios elfos y elfas apostados en la entrada, expectantes. Al llegar el soberano, bajaron la cabeza en señal de respeto, abriéndole paso.

El cuerpo de Legolas descansaba sobre su lecho, arropado con una sábana delgada. Lucía pálido. Thranduil se sentó a su lado y le acarició el rostro, con los sentimientos encontrados. Estaba feliz de tener a su hijo con vida, pero por otro lado, supo que una desgracia aún mayor había ocurrido.

Días atrás, había recibido noticias del vecino reino de Lothlórien, pidiendo ayuda y protección para sus mujeres y niños. Legolas su único hijo, junto con una pequeña comitiva de confianza, se había ofrecido ir en campaña y traerlos sanos y salvos, a petición expresa de la Dama Galadriel y su esposo Celeborn.

Al juzgar por el estado deplorable de su primogénito. La empresa había fallado. Todos y cada uno de los elfos de la caravana – a excepción de Legolas- habían muerto.

-Cuéntame Glorfindel. Cuéntame lo que sepas.

Éste sintió.

-Fui alertado por el grupo de centinelas apostados en las afueras del reino, su majestad; de que un extraño montado a caballo, se acercaba a bosque negro. Dadas las circunstancias, mi señor, me apresuré a encontrarme con ellos. En lo alto de la torre vigía pude comprobar las noticias. Siguiendo sus órdenes, lancé la voz de ataque, pero fue entonces que me di cuenta de que el humano no venía solo, sino que llevaba entre sus brazos a un elfo. No identifiqué de quién se trataba al principio, pero una vez interceptado, con gran dolor y desconcierto, comprobé que se trataba del joven príncipe.

-Hiciste bien, Glorfindel. Te lo agradezco. Dime una cosa más… Este hombre… ¿No pidió nada a cambio? ¿Se enteró de que era mi hijo?

-Absolutamente no, aunque preguntó por su nombre. No tiene de qué preocuparse, no hablé mas del tema…Y sobre el humano, señor… Hablaba elfico.

Thranduil respingó.

-¿Hablaba elfico? ¿Cómo puede ser posible? El misterio de nuestra lengua, la conoce muy pocos seres en la tierra media. Me preguntó cómo es que un ser inferior conoce sus secretos.

-Fue la misma pregunta que me hice, mi señor… Pero aún hay más. No solo no pidió nada a cambio por traer al joven príncipe, sino que me entregó esto… La flecha que le hirió.

Glorfindel extendió el pañuelo sobre el lecho de Legolas, y reveló la extraña flecha.

-¡Por los Valar! ¡Retírala de mi vista! ¡Aléjala inmediatamente de mi hijo! ¡Destrúyela!

-Señor… No comprendo. ¿Qué significa esto?

-Glorfindel… Creo que mis terribles pesadillas se han convertido en realidad-.Thranduil comenzó a pasearse desesperado por toda la habitación, sumamente alarmado.-Rogué e imploré a Tulkas(*) que nada de esto ocurriera! ¡No en mi tiempo y no a mi hijo! Pero mis ruegos no fueron escuchados.

-Sigo sin comprender señor.

-Ese pedazo de flecha que sostienes entre tus manos… Es la señal inequívoca de que tiempos oscuros nos acechan… Glorfindel… Mi hijo… Mi único hijo… Las mujeres y los niños, fueron atacados y asesinados por Serkes… Serkes Roitar

-¿Está completamente seguro mi señor?- Glorfindel palideció.

-Completamente, y eso sólo significa que... ¿cómo es que pudieron salir hacia la luz? Y lo peor de todo, es que estarán sedientos de venganza. Toda la raza élfica de la luz corre grave peligro-.
El padre de Légolas, pareció envejecer en breves instantes.
-¿Qué vamos a hacer señor? ¿Cuál será el plan a seguir?

-No lo sé Glorfindel… No lo sé… Ahora lo que me preocupa es la salud de mi hijo. Necesito que recobre el conocimiento lo más rápidamente posible. Necesito su testimonio para aclarar mis dudas y temores.

-Yo me haré cargo de Legolas, su majestad. Emplearé todos mis conocimientos medicinales para traerlo de vuelta. No dormiré, no beberé, no comeré si es preciso.

-Gracias Mellon sé que puedo confiar plenamente en ti. Sé que harás hasta lo imposible por que Legolas reaccione. Lo que me preocupa es… Seguramente preguntará por… ¡Elbereth Gilthomei! - exclamó con sumo pesar- No voy a tener fuerzas para decirle que su consorte murió en el ataque. Eso le destrozará el corazón… Sino es que esa maldita flecha lo ha hecho ya.


~~~~~~


Cabalgó un día más, sin parar, casi reventando al caballo. Y cuando se encontró en Minas Tirith, poco le importó ser visto por sus súbditos. Traía su mente llena de sentimientos encontrados. Estaba muy cansado interiormente. Al abrir la gran puerta de la entrada a sus aposentos reales, fue sorprendido por las expresiones de incredulidad de Faramir, y Gandalf.

-¡Elessar! Precisamente estábamos hablando de ti- Comentó Faramir, recibiéndolo con un fuerte abrazo.- En un placer volverte a ver amigo mío. Pensé que tu viaje de descanso duraría unos días más.

-Las formalidades no van con nosotros Faramir. Sabes que puedes decirme simplemente Aragorn, ó Trancos, como lo prefieras. Dime ¿hace mucho tiempo que estás aquí?

-Arribé la semana pasada.

-De haber sabido que vendrías, habría apresurado mi regreso. Lo siento, debo haberte hecho perder el tiempo. Supongo que vienes a revisar cuestiones de estado.

-En realidad ni yo mismo sabía que vendría a Minas Thirith. Y no te preocupes por el tiempo, me la he pasado bastante bien. Tu rey sustituto tiene un gran sentido del humor, cuando no está gruñendo, por supuesto.

-¿No hay un abrazo para éste viejo y sabio mago?- Interrumpió Gandalf al “escuchar” su nombre.

-Claro que sí Gandalf. Gracias por cubrirme en mi ausencia. ¿Cómo se encobtrarob las cosas durante mi lejanía? ¿Extrañaste al rey de Gondor?- Sonrió ligeramente.

-Ciertamente, te eché de menos… Al igual que tú al agua. Necesitas un baño con urgencia. Así que si quieres saber sobre los últimos acontecimientos en Minas Thirith, tendrás que asearte a conciencia. Tus ropas huelen a muerte.

Aragorn guardó silencio.

O bien Gandalf hablaba en sentido figurado, o quizás ya estaba al tanto de todo. El gran mago Istari siempre lo sorprendía con sus comentarios llenos de verdad.

-Seguiré tu consejo. Después me darás un gran trago de Miruvor, que vengo rendido.

-No solamente Miruvor- Intervino Faramir- Beberás con nosotros hasta decir basta. Tengo ganas de embriagarme hasta perder la razón y quiero que tú me acompañes. El rey alzó una ceja, dubitativo.

-¿Hay algo que deba saber, Faramir?

El príncipe de ithilien bajó la mirada. Aragorn lo conocía mejor que su hermano Boromir.

-Se ha separado de Ëowyn- Respondió Gandalf por aquel- Pero no soy yo quien debe contarte el resto de la historia, anda, apresúrate que el día es largo y hay muchas cosas que poner en orden. Quiero desprenderme del cargo cuanto antes.

-Volveré enseguida… Faramir, lo siento mucho buen amigo. Siempre pensé que ustedes eran la pareja perfecta. Se veían tan enamorados. El uno para el otro.

-Es una largo de contar Aragorn. Quizás tu opinión acerca de mí, cambie radicalmente cuando sepas la verdad.

-Lo dudo. Ahora con su permiso caballeros. Me reuniré con ustedes a la brevedad.¿Les parecería encontrarnos en una hora en el comedor principal? Me muero de hambre.

-Ahí estaremos. Me aseguraré de que las cocineras se esmeren. Respondió Gandalf volviendo a dar una gran bocanada a su inseparable pipa.


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Recostado sobre una tina de porcelana. Aragorn contemplaba la joya en forma de hoja. Había olvidado entregarla a aquel centinela de bosque negro. En realidad, aquella belleza de joya pertenecía al príncipe de Mirkwood. Por el momento su conciencia estaba tranquila, ya tendría oportunidad de hacérsela llegar de alguna manera sin perder la vida por ello. Aunque bien valía la pena correr el riesgo de ser atravesado por alguna flecha élfica, por volverlo a ver.

Estaba seguro de que la pequeña hoja era un objeto íntimo, personal, y muy apreciado por el dueño.

El príncipe… Hijo del rey Thranduil

Había memorizado el nombre del soberano. Sin embargo desconocía por completo el del hijo.

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Hasta akí x hoy. n_n

No me maten por hacer los capítulos pequeños, así podré actualizar más rápido ¿A apoco no está mejor? Así las y los dejo picados, aunque sea un rasguñito, jijiji. (Eso espero, que mi historia no vaya aburriendo O.o)

Sé que dejo en el aire muchas preguntas, pero poco a poco tendrán sus respuestas muahahahaha. Por cierto, decidí poner los significados de las palabras en elfico hasta el final.

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Amin dele ten' he Estoy preocupado por el.

¡Tira ten' rashwe! Con cuidado.

Saesa omentien lle Un placer conocerte

(*)Tulkas De los Valar. Ama la lucha, grande en fuerzas y proezas.

Serke Roitar Elfo oscuro. Según el documento que encontré no tiene una traducción a punto, pero vendría siendo como ”Asesino” ^^
Siete negro por DI_MALFOY
Notas del autor:
Gracias por todos sus comentarios.
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CAPITULO 3


Siete negro


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-Príncipe Legolas ¿puede escucharme?

Glorfindel había pasados tres días y tres noches al lado del príncipe. Cuidándole, fiel a su palabra. Era de madrugada cuando Legolas comenzó a dar síntomas de claridad. El centinela acercó un cuenco con agua, mezcló algunas hierbas y las colocó en la frente del enfermo para refrescarlo. Con la flama de su única luz, prendió fuego a dos pares de ramitas aromáticas, esparciendo el humo por todos los rincones.

-¿Está escuchándome? –Volvió a preguntar.

Hubo un ligero asentimiento de parte de Legolas y Glorfindel dejó escapar un profundo suspiro.

-Príncipe, trate de abrir sus ojos, haga un esfuerzo… Vamos… Luche.

-A-Atar…

-Su Atar vendrá pronto joven príncipe; sólo ábralos y estaremos del otro lado.

-¿R-Rúmil; eres tú?

-Soy Glorfindel su alteza ¿recuerda mi nombre?

-S-Si. Lo recuerdo, ¿porqué todo está tan oscuro aquí?- Preguntó Legolas, abriendo sus ojos por completo, tratando de enfocar el entorno.

-Todavía no amanece y la única luz con la que contamos, es la de ésta pequeña vela. Queríamos perturbarle lo menos posible.

-Me siento muy cansado y tengo sed… Hace mucho calor.

Glorfindel llenó un pequeño recipiente y le dio de beber.

-Está afiebrado, es lógico que esté sediento. Pronto pasarán los malestares, ahora que ha recuperado por completo el conocimiento. Respecto a su cansancio, le diré que después de tres días sin probar ninguna clase de alimento, su cuerpo está débil.

-¿Tres días? Pero… ¡Por los Valar! -su mente comenzó a aclarase- Glorfindel. ¡Las jóvenes elfas y los pequeños elfitos!

En un momento de lucidez intentó ponerse en pié.

-¡Alteza, no! No puede levantarse, todavía está delicado.

-Déjame ¡Corren peligro, debo ayudarlos!

-No hay nada que pueda hacer por ellos, príncipe. Está en Mirkwood. Está en casa. Para ser precisos, en su flet personal, recuperándose de la herida.

-¿Herida?

Al mirar a su abdomen, apreció algunos vendajes cubriéndole en su totalidad y una pequeña mancha oscura en su costado izquierdo.

-¡ATAR! -Gritó con fuerza- ¡ATAR!- Apartó la pequeña manta que le cubría y se puso en pie.

-¡Legolas! -Habló con fuerza Glorfindel, llamándolo por su nombre- ¡Contrólate o usaré la fuerza para aplacarte! ¡Regresa a la cama inmediatamente!

-¡NO! ¡ATAR! ¡ATAR!

La voz exaltada de Legolas pudo escucharse por todos los rincones del gran bosque negro, haciendo que toda la comunidad élfica despertase sobresaltada. Incluido el rey, quien al principio creyó estar adormilado, pero un tercer grito lo sacó del lecho y de inmediato supo que se trataba de su hijo. Rogó a todas las entidades divinas que no se tratase de alguna recaída inoportuna mientras cubría su cuerpo para salir a toda prisa.

-¡Legolas! Hijo…

Al entrar al flet, observó que Glorfindel trataba de hacer entrar en razón al príncipe. Cuando éste le vio entrar, con mucho esfuerzo logró acercarse hasta el y rodearlo con sus brazos descargando toda la tristeza, frustración y el coraje que llevaba por dentro. El corazón de Thranduil se desquebrajó al ver a su hijo llorar sobre su hombro, como cuando era un pequeño elfito.Hacía ya tanto tiempo de eso…

-Atar… Todo fue tan inesperado… Llegaron por todas partes… No pude hacer nada… No pude… No pude…

-Tranquilo hijo, tranquilo. Glorfindel, ¿podrías dejarnos a solas, por favor? Necesito hablar con mi hijo. Espera afuera.

-Con su permiso, altezas.

El centinela abandonó la habitación, no sin antes mirar aquella escena pocas veces vista. Y no por las muestras de cariño entre padre e hijo, sino porque Legolas nunca mostraba sus sentimientos delante de nadie. Siempre tan reservado, tan obediente, tan callado. Debía sentirse realmente mal, para que poco le importase que lo vieran llorar. Un elfo valiente, noble y audaz sin duda alguna.

-Vamos Legolas, no debes estar fuera de la cama- Dijo el rey aproximando a su hijo al lecho- trata de descansar. Necesitas dormir.

-¡No quiero dormir atar! no ahora que los recuerdos vuelven a mí. No podría conciliar el sueño sabiendo mucha gente murió por mi culpa, por mi ineficacia…

-No fue culpa tuya, hijo mío. Luchaste valientemente, hiciste todo lo que estuvo a tu alcance. Tanto que hasta estuviste a punto de perder tu vida por defender la de los demás. Estoy... Muy orgulloso.

-Rúmil presentía algo extraño sucedía detrás de la caravana cuando cruzamos por Amon Sül. ¡Rúmil! ¿Cómo está? ¿Dónde está atar? ¿Dónde?

Thranduil hubiese preferido que el tema no hubiese salido a la luz, sino hasta que Legolas estuviese lo suficientemente fuerte anímicamente como para digerir la noticia. Pero no podía negarle la verdad a su hijo por mas cruel que fuese. Una verdad que ni el mismo sabía con certeza. Aunque todo apuntaba hacia lo peor.

-No lo sé Legolas. Esperaba que me lo dijeses tú en cuanto te reestablecieras.

-¡Por Elbereth! Puede estar herido atar ¡Puede necesitar ayuda! ¡Debo ir a buscarle! ¡Me necesita!

-Calma hijo mío. He mandado a un grupo de excelentes rastreadores. Partieron hace dos lunas. No tenemos otra alternativa más que esperar por ellos y confiemos en los Valar que regresen con buenas noticias.

-¡Pero atar, no sabrán donde buscar, tomamos varios atajos para llegar a Mirkwood! ¡Por favor atar, déjame ir!

-Ionn, no insistas; no te fatigues. Sé que tu corazón está preocupado, pero ahora lo único que importa es tu restablecimiento. Es lo que todos deseamos. Ya habrá tiempo para todo lo demás. Ahora cierra tus ojos. Quel kaima.

Posando su rostro por el de Legolas, el rey le obligó a dormir. El príncipe pareció perderse en el mundo de los sueños, acompasado de una vaivén respiratorio tranquilo.

-Duerme mi pequeño. Horas de angustia y sufrimiento te esperan.

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-Por ahora el príncipe duerme, Glorfindel. Agradezco los cuidados que le brindaste a mi hijo. -Dijo el rey inmediatamente después de salir del flet del príncipe.

-Hice todo lo posible, mi señor.

-Francamente la recuperación de Legolas fue mejor de lo que me esperaba. Aunque no menos traumática. Le has salvado la vida a mi hijo y no acabaré nunca de agradecerte. De hoy en adelante tienes toda mi confianza.

-No tiene nada que agradecer, mi señor, era mi deber.

-La modestia no va contigo Glorfindel.

-Mi señor Thranduil- el elfo parecía dudar en preguntar o guardar silencio- ¿Quiere una opinión honesta de mi parte,si me permite su majestad?

-Por supuesto que te lo permito.

-Es al humano a quien debemos la vida del príncipe. De no ser por su oportuna intervención, ahora estaríamos lamentando la irremediable pérdida de su hijo.

-No digas nunca jamás esas palabras Glorfindel. Mi hijo no debe ni deberá nada a un simple mortal. Legolas no estará en disposición de retribuir, lo que sea que haya hecho ese salvaje montaraz por el. Porque así lo digo yo.Porque soy el rey. - en su mirada había furia y coraje.- Ahora dime ¿tienes noticias del mensajero que enviamos a Rivendel?

-Aún no su majestad. Es cuestión de horas. Estoy seguro que en cuanto la luz de Anar se pose sobre bosque negro las habrá y esperemos que por el bien de toda la comunidad élfica, sean gratas.

-Que tus palabras sean escuchadas… Ya puedes retirarte a descansar Glorfindel, estás cansado. Legolas dormirá algunas horas más. Yo me quedaré a su lado, es mi turno ahora de velar su sueño.

-Estaré al pendiente su majestad. Con su permiso me retiro.

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Hacía viento. El frío de la madrugada calaba los huesos, sin embargo aquellos portentosos hombres no parecían inmutarse, y gustosos compartían su exquisita bebida, sentados en una cómoda terraza, en la habitación real.

-¿No vas a reprocharme nada Aragorn? ¿Seguiremos siendo amigos, compañeros?

El rey de Gondor apuró un gran sorbo de su bebida antes de contestar.

-¿Quién soy yo para juzgarte Faramir? Cuando supe de tu gran pena – como tú le llamaste- Me tomaste por sorpresa, debo admitirlo. Pensé mucho en tus palabras la noche anterior, y para propios extraños llegué a la conclusión, de que a veces el destino nos tiene reservadas grandes sorpresas en los lugares menos esperados. Tú te diste cuenta de que el amor que decías sentir por tu esposa, en realidad no lo era. Simplemente era agradecimiento y como lógica consecuencia, con el paso del tiempo se volvió monotonía y ese espacio vacío que llenaba tu corazón, fue satisfecho- en parte- por los brazos y las caricias de otro hombre. Te diste cuenta de tus verdaderas preferencias, y eso es bueno, al menos sabes hacia dónde vas y lo que deseas… En cambio yo “el poderoso y gran señor de Gondor”- Dijo Irónico- El que debería ser una guía para su pueblo, no está seguro de seguir adelante. - reflexionó breves instantes antes de continuar:- Faramir, me siento vacío. No tengo ningún aliciente personal por el cuál luchar, pero cambiemos de tema tu y yo seguiremos siendo amigos a pesar de todo.

Otro trago apurado para ocultar su molestia y decepción consigo mismo.

-Gracias Aragorn, sabía que mi viaje hacia aquí no sería en vano y que encontraría consuelo en tus palabras. Ahora eres tú el que me preocupa. ¿No has pensado en formar una familia? El rey necesita de una reina. Quizás esa soledad que te inunda se aplaque con la compañía de una esposa.

-Una reina… ¡Una reina! Es lo que Gandalf se ha empeñado en hacerme recordar todos los días. Sin embargo no es mi prioridad, no estoy buscando con quién compartir mi lecho… Todavía.

La mente de Aragorn viajó hacia hasta su mente. En el momento exacto en que dos orbes azules le miraron con urgencia.

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-Te has quedado callado Aragorn. Conozco esa mirada perdida ¿en quién estás pensando? –Comentó Faramir, terminando su bebida y llenando su tarro nuevamente.-¿En algún asunto de faldas?

-Pienso… Pienso en algo imposible… No, permíteme rectificar. Enalguienimposible… Lléname el tarro hasta el tope.- Faramir hizo lo propio. Al parecer su amigo se estaba poniendo nervioso.

-¿Alguien imposible?- Citó enseguida el príncipe- Vamos camarada, ¿Quién podría resistirse al poderoso y solitario rey de Gondor? Para ti no hay imposibles. Si la mujer se está poniendo difícil, no hay nada mejor que la labia. A las mujeres les gusta sentirse importantes. Manda a su casa algunos objetos valiosos, un par de poemas románticos escritos de tu puño y letra, invítala algún baile real como tu pareja, jura tu amor eterno a la luz de Ithil y la tendrás rendida a tus pies por siempre y para siempre. Nunca falla.

-Para ser un tipo que gusta del sexo masculino, sabes mucho sobre mujeres, Faramir.- Aragorn le miró malicioso.

-No te olvides que crecí al lado de mi padre y que tengo un hermano bastante… Experimentado en todos los terrenos.

El rey sonrió.

-Agradezco tus sabios y bien intencionados consejos Faramir. Pero estoy seguro de que nada de lo que me has dicho, daría resultado.

-Oh, así que después de todo si hay alguien, Aragorn… Pensé que solo bromeabas. Eso sí que es una rara y extraña noticia. ¿De quién se trata? ¿Vive en Minas Thirith?

-Por el momento prefiero reservarme, Faramir, si no te molesta. No es oficial y quizás nunca llegue a haber nada entre nosotros. Dejemos todo como está.

-Está bien, no insistiré por ahora. Sólo quiero que me contestes un par de preguntas. ¿Es digna de ti? ¿Es atractiva?

Aragorn dejó su tarro lentamente sobre el borde de la terraza.

-Quizás… Yo no soy digno de aspirar a algo más. Es la criatura más bella que mis ojos jamás contemplaron.Tan pura, enigmática… Tan imposible e inalcanzable.

-¡Por Elbereth, Elessar! – Faramir se levantó de su asiento, incrédulo- ¡Estás enamorado camarada! Nunca pensé jamás vivir lo suficiente para ver el día en que por fin fueses enganchado. Debe ser alguien realmente especial para hacerte hablar y sentir de esa manera. No sé si felicitarte o compadecerte.

-¡No estoy enamorado!- Contestó enseguida Aragorn a la defensiva- Estoy impresionado e ilusionado, que es distinto. Mira, dejemos todo como está ¿quieres? Esta plática no sucedió y te prohíbo que comentes algo sobre esto. En especial a Gandalf, o no me lo quitaré de encima

-¿Y crees que no lo sabe ya? Aragorn, a veces eres tan ingenuo… Me voy a la cama, mi querido rey, que tenga dulces y húmedos sueños- Dijo Faramir haciendo una exagerada reverencia, situación que le ameritó un baño rápido de vino sobre su rostro y una carcajada burlona del señor de Gondor.

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Una larga semana pasó en la vida de Legolas. Siete largos y tortuosos días. La soledad como única compañía y los tristes recuerdos atormentándolo a cada momento. Rúmil, ya nunca más regresaría. Ya nunca más lo estrecharía entre sus brazos, ni le diría cosas bellas al oído, ni verían los bellos atardeceres desde la cima más alta de Bosque negro.

Había partido a Mandos para siempre.

A pesar de la tragedia ocurrida, sus ojos no habían vuelto a derramar una sola lágrima desde aquel día, cuando su padre le confortó. Sentía su corazón marchito por el dolor, sin embargo, algo dentro de el le impedía sacar sus verdaderos sentimientos cuando se encontraba en soledad, como solía hacer.

Como una barrera invisible. Como una garra que le apretaba la garganta.

Se sentía extraño, ajeno así mismo.

A ciencia cierta, no encontraba las palabras indicadas para encontrar una sana explicación a su comportamiento las últimas noches y días. Mas nada le diría a su Atar, suficientes problemas tenía ya con tratar de arrancarle una sonrisa, como para darle una preocupación más.

Por tal motivo, respiró profundamente, antes de llegar hasta la sala de consejo de Mirkwood. Había sido informado horas antes de la llegada de una comitiva especial desde Rivendel y que aguardaba en las afueras, esperando ser escoltada y bien recibida en la gran puerta de entrada de bosque negro,

-'Quel anduve, Atar

-'Quel anduve, Ionn. Me alegre verte de pie y de buen semblante. Es bueno tenerte de vuelta Legolas. Sé que tu pena es grande; aún así estás aquí, a mi lado, apoyándome. Sin embargo debo insistir en preguntar si quieres seguir adelante con esto… No me gusta el color negro en tus vestimentas.

-Atar, la tradición élfica dice que…

-Podemos dejarla de lado hijo mío.- Interrumpió Thranduil- Si te parece. Soy el rey y con una sola de mis palabras puedo excluirte de ella.

-No Atar. Déjame vivir mi profunda pena a través de mi vestimenta por un tiempo. Déjame hacerlo pues… Al no haber tenido la oportunidad de ver a Rúmil por última vez… Al no tener… Un cuerpo al cuál haberle dado el último adiós. Siento que es la manera adecuada de acompañarle en su viaje.Debo guardarle respeto a su recuerdo. Es lo menos que puedo hacer por él

-Bien, es tu decisión y la respetaré.

-¿Nos vamos padre? Una comitiva espera por nosotros. No es bueno hacerles esperar.

Thranduil asintió orgulloso por la entereza de carácter que estaba mostrando su hijo a pesar de la adversidad y escoltó a Legolas a nivel de tierra, donde un par de briosos caballos esperaban por ellos, junto con una escueta escolta de elfos guerreros, incluido Glorfindel.

No se dijo ni una sola palabra durante el pequeño trayecto. Todos y cada uno iban sumidos en sus propios pensamientos.

Desgraciadamente la llegada de Lord Elrond, junto con su familia y algunos de sus fieles seguidores, no era un buen augurio. No era una visita meramente formal, sino todo lo contrario. En los días en que Legolas estuvo ausente de la realidad, habían llegado funestas noticias a bosque negro.

Imladris también había sido presa de ataques furtivos, casi en igualdad de circunstancias al del joven príncipe y la caravana de Lothlórien. Aunque con menos bajas. Por lo tanto, viendo la tempestad venir aproximándose a pasos agigantados hacia la raza élfica, los principales líderes de los pueblos habían acordado reunirse con carácter de urgente en Mirkwood. La razón principal de llegar a ese acuerdo era “Legolas” El único sobreviviente – Gracias a la intervención divina de los Valar- de los ataques, ahora ya detectados, de poderosos elfos oscuros. Aunque éste último detalle, solo conocido por los regidores de las regiones más importantes y algún otro miembro de confianza. El testimonio de Legolas era de suma importancia para la futura organización y contraataque. Thranduil había pasado las dos últimas dos noches en vela, tratando de evitar que su hijo fuese expuesto a los recuerdos fatales, pero no encontró ninguna solución.

-Ionn- dijo Thranduil en un susurro- Eres inteligente y sabes lo que ésta visita conlleva. En cuanto arriben lo señores de Lorien, estaremos completos y comenzará el consejo. Serás el centro de decenas de preguntas incómodas.

-Lo sé. Pero estoy conciente de ello. Ayudaré en todo lo que me sea posible… Atar, no temas por mí. Me comportaré como el príncipe elfo responsable que soy. Si bien será doloroso, es necesario; cuentan conmigo y no puedo ni debo fallarles. Muchas vidas inocentes dependen de mí. El evadir mi responsabilidad me convertiría en un completo cobarde. Rúmil no lo hubiese querido. Debo ser fuerte por el… Debo ser fuerte para encontrar al responsable y cuando lo haga…

-Es lo menos que esperaba del joven príncipe de Mirkwood. Tu madre estará orgullosa donde quiera que se encuentre. Me tienes sorprendido Legolas. Esperaba una negativa rotunda de tu parte, y encontré todo lo contrario. Has cambiado Ionn. En solo siete días… Siete.




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Hasta aquí x hoy. ^^
Cualquier sugerencia es bienvenida.

PD:

Ya prontito Legolas y Aragorn volverán a verse las caras. Muahahaha. No desesperen.

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Atar:Padre.

Ionn: Hijo.

'Quel anduve, Atar: Buenas tardes Padre

'Quel anduve, Ionn: Buenas tardes hijo.

Ithil: Luna
Alianzas por DI_MALFOY
Notas del autor:
Perdón por la tardanza ^^
Para las que pidieron el feliz reencuentro ^^ Acá ta ya, muehehe. Me iba a tardar más, pero pensé que me iban a mandar muy lejos juar juar. Ya no les haré sufrir más a mis fieles lectoras. (Y lectores también ^^ ) Entonces, a ver qué les parece.










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CAPITULO 5





Alianzas





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Había sido una larga jornada. La bella y sabia dama Galadriel y lord Celeborn su esposo, gobernantes de Lothlorien del pueblo de los Galadrim, la ciudad de los árboles, habían llegado a temprana hora a Mirkwood. El recibimiento fue espectacular (ambos personajes muy queridos dentro de la comunidad elfica) A pesar de la tristeza y la incertidumbre por la perdida de vidas y la sombra que se cernía sobre Arda. Siguiendo las costumbres de Mirkwood, se les atendió de acuerdo a su rango en una pequeña reunión, pues el tiempo apremiaba.



Así pues, habiendo terminando todos los actos protocolarios, el consejo se reunió, aceptando por única ocasión, a otro miembro más dentro del círculo. Tal como lo había predicho Thranduil, Legolas se vio obligado a relatar con lujo de detalle, todo lo acontecido durante aquel funesto acontecimiento.



Sus manos temblaron, y su voz se cortó.



-… Habíamos despertado cantando. Había dicha y concordia en nuestra caravana. Las mujeres jugueteando con los pequeños elfitos; algunas otras aprovechaban para asearles… Nada parecía ir mal, hasta que… Rumiel… Se acercó hasta a mi, y me susurró al oído… Me susurró… Que había algo extraño en el aire… La tranquilidad era inusual. Para cuando quisimos poner en alerta a todos, las flechas ya nos habían alcanzado…



El momento fue tenso para todo el consejo. El rey del bosque negro a punto estuvo de cancelar y ahorrarle la pena a su hijo, mas nada podía hacer, el príncipe debía pasar por la difícil prueba. Su testimonio era vital e imprescindible.



-Mantícoras… Hydras, pegasos, y sobre la tierra Wargos… Orcos de Mordor… Y al menos una veintena de elfas y elfos oscuros. ¡Juro por Elbereth que Rumiel y yo hicimos hasta lo imposible por protegerles!



Para ese entonces Legolas ya había perdido la compostura. Manoteaba y vociferaba. Situación inusual en el, que siempre había mostrado calma y serenidad hasta en los momentos más difíciles.



-De mi arco salieron no menos de doscientas flechas, que dieron en el blanco, sin embargo… sin embargo no fueron suficientes…



Derrumbado, se dejó caer en un su mullido asiento, llevándose las manos al rostro.



Galadriel lo miró desde su confortable sillón, con su rostro dulce y sereno. Levantó su larga y esbelta figura y se plantó delante del príncipe. Se arrodilló. Legolas quiso protestar ¡La señora de Lorien no podía sobajarse! ¡Era el quien debía mostrar respeto ante su presencia, ser el quien debía postrarse ante ella y no al revés!



Cuando sus ojos azules se encontraron con los de ella y la señora tomó sus manos entre las suyas, se sintió descubierto en sus más íntimos pensamientos, como un libro abierto. Toda ella irradiaba un aire de cordialidad y tranquilidad, que lejos estaba el de tener puesto que se sentía sucio e in merecedor de aquella muestra desinteresada de afecto; de esa mirada misericordiosa y pura.



-Haz mostrado valentía Legolas. No debes sentir ninguna culpa. No dejes que la angustia y el desazón nublen tu corazón con pensamientos negros. De mi parte y por todas las almas caídas de mi pueblo te doy las gracias a ti y a Rumiel por haberlas defendido con coraje y gallardía. Te libero de la carga que llevas en tu conciencia sin razón príncipe Legolas de Mirkwood. Este acto de gratitud nunca será olvidado.



Depositando un beso en la frente de Legolas, Galadriel regresó al lado de su esposo Celeborn, quien la recibió con un beso depositado en una de sus manos.



-Creo que es tiempo de que Legolas tome un descanso- Sugirió Elrond- Ha cumplido con su deber y el consejo le agradece. Ahora es turno de los principales, de tomar las acciones necesarias a seguir.



No hubo más que decir, Legolas entendió el mensaje, levantó el vuelo y cerró quedamente la puerta tras de sí.



-Ahí va un elfo valiente y con mucha suerte. Todavía sigo preguntándome cómo es que pudo salir ileso de la contienda.- Volvió a tomar la palabra Elrond lanzando una mirada furtiva a Thranduil- Dado su escueto relato -Por razones conocidos por todos- la contienda fue desigual pero de poder a poder. Es un alivio tenerlo de vuelta para saber su verdad y saber a qué nos enfrentamos.



-Siento en tus palabras un deje de incredulidad Elrond- Indicó Thranduil poniéndose de pie- Quiero dejar en claro que Legolas, antes que ser un príncipe heredero al trono de bosque negro, es un gran guerrero ¡Uno de los mejores! Yo mismo fui quien le instruyó sobre el arte de la guerra. Han sido centurias de estudio y práctica. Fue su destreza e inteligencia lo que lo sacaron con vida de aquel infierno.



-Thranduil- Celeborn fue quien tomó la palabra- Todos sabemos de las capacidades de tu hijo, nadie las pone en duda. Pero no debemos olvidar que Rúmil también era un gran guerrero, con diversas aptitudes que podían rivalizar a la par con las de Legolas en cualquier campo. Sin embargo no le fueron suficientes y ya no está con nosotros.



-Al grano señores- Contestó enfadado el rey- No tiene caso venirse con rodeos a estas alturas. Lo que tengan que decir, han de decirlo ya.



-Thranduil-Dijo Elrond- Todos los aquí reunidos sabemos lo nefasto que puede ser una herida causada por un ente oscuro. Y sabemos también las nefastas consecuencias que esto acarrea. Por ley, un elfo y no elfo -Cualquiera que sea su rango- Debe ser… Sacrificado al ser alcanzado.



Se hizo un silencio sepulcral.



-…O de lo contrario, podríamos tener un enemigo potencial en nuestro bando a corto o largo plazo. Y eso sería como firmar nuestra sentencia de muerte. El final de nuestra raza.



-¿¡Acaso crees que no sé que tus palabras van dirigidas hacia mi hijo Elrond!?- El rey le hizo frente a el señor de Imladris y Celeborn tuvo que interponerse entre ambos- ¡Mi hijo no ha sido envenenado con ningún poder que venga del lado oscuro, si es lo que tu retorcida mente está pensando! ¡Mi hijo está limpio!



-¡Vamos, hay que guardar calma, todos estamos nerviosos!- Contestó Celeborn- Nadie está dando a entender nada Thranduil, sin embargo lo que dice Elrond es verdad y todos lo sabemos. Que sirva como un recordatorio para el futuro. Como todo parece indicar, habrá guerra, y cualquier guerrero que sea herido por un ser oscuro, deberá ser sacrificado para la supervivencia de los demás. Aunque esto nos parta el alma.



-¿Esta misma ley será aplicada también para el pueblo de los hombres y el de los enanos?- Galadriel hablaba poco, pero cuando tomaba control, era para decir algo de suma importancia. Vital.



-¿El pueblo de los hombres y de los enanos? -Thranduil pareció molesto- ¿Qué tienen que ver esos seres inferiores con nuestros asuntos?



-Mucho, mi querido Rey de Mirkwood- Indico la señora- La desgracia también a acaecido entre sus individuos. Esta inminente guerra también los involucra. Si queremos salvar Arda, si queremos que la paz regrese a nuestros verdes campos, deberemos crear una alianza con los humanos y los enanos.



-¡NO! ¡ME REHUSO TERMINANTEMENTE! ¡No pienso aliarme con un despreciable humano y un maloliente enano de Moria! La raza elfica siempre ha sido grande, inteligente y fuerte por naturaleza. No necesitamos de ellos para ganar ésta guerra. ¡SOLO UN ELFO PUEDE DERROTAR A OTRO ELFO! -Thranduil había perdido los estribos y varios objetos valiosos dentro de la habitación quedaron hechos pedazos.- ¡No me rebajaré!



-Tranquilízate Thranduil. Yo tampoco estoy seguro de que una alianza con el pueblo de los hombres sea lo correcto- Contestó el señor de Imladris- Pero dadas las circunstancias no tenemos otra alternativa. No podremos dar batalla a un ejército de tal magnitud, como lo es seguramente el lado oscuro, que se ha aliado con las criaturas de Mordor, hambrientas de poder. Ya somos pocos los elfos de la luz y si no queremos ser parte de la historia, debemos dejar del lado el orgullo y pensar con la cabeza fría. Hombres y elfos luchando por un futuro.



-Palabras sabias- Intervino Celeborn- Para hacer frente a un ejército de tal magnitud debemos crear una alianza, muy a pesar nuestro. Es nuestra única salida.



-¡Debe haber otra manera de solucionar esto!- Thranduil seguía insistiendo y viéndose acorralado decidió jugar su última carta -Dama y señora Galadriel- El rey de acercó hasta ella- Belleza, inteligencia, y sensatez son sus virtudes, por favor, reconsidere.



-He mirado en el espejo, querido Thranduil y el destino de todos nosotros se presenta como una nube gris, enmarcada por muchas horas de angustia y sufrimiento para nuestro pueblo. Nada está escrito. Los hilos de la vida pueden entrelazarse formando una red sin fin y si queremos que esos lazos, aunque débiles, prevalezcan, es necesario actuar, aunque eso conlleve a comportarse de manera diferente a lo acostumbrado. Necesitamos ayuda y los Valar nos la han puesto frente a nuestros ojos.



-Sea pues, señora. -Thranduil pareció resignado y triste-Sus palabras serán órdenes para mí. Pero quiero dejar muy en claro que no estoy de acuerdo.- Y haciendo una reverencia se apartó del grupo, a rumiar su enfado en un oscuro rincón de la habitación.



-Deberemos crear pequeñas comitivas para peinar más terreno- Continuó Elrond con don de mando- Mandaré a Elladan y Elrohir con el pueblo de los Rohirrim y los Númenor (*). Siendo dos jinetes solitarios no llamarán mucho la atención. Los elfos oscuros buscarán interceptar grupos de mas de diez. Y confío en los Valar que lleguen con bien… Y si me permiten externar otra opinión, dado que Thranduil está indispuesto. Mi hija Arwen y el príncipe Legolas podrían dirigirse hacia Arnor y Gondor, a solicitar ayuda real.



-¿Estás de acuerdo Thranduil? -Preguntó por mera cortesía Celeborn.



-No. Pero el consejo a tomado la palabra, son mayoría y no tengo otra opción. Legolas cumplirá con su parte aunque no estoy seguro de que una princesa elfa le acompañe; podría perder las uñas en el viaje.



-¡QUE INSOLENCIA!- Gritó Elrond saliendo de su casillas- Mi hija está ampliamente preparada para tal encomienda, no es ninguna elfa mimada, como has dado a entender. ¡Es una gran guerrera!



-¡Basta señores!-Dijo Galadriel-Lo que se ha dicho aquí, no saldrá de la boca de ninguno de nosotros. Todos tenemos nuestro deberes y encomiendas. Por mi parte mandaré un aviso al capitán de mi guardia, Haldir de Lorien, para que parta de inmediato hacia Moria… Y que los Valar se apiaden de nosotros.





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-Preferiría ir solo. No quiero exponer una vida más. Estando solo puedo moverme con mayor rapidez y filtrarme por caminos que no son propios ni dignos de una persona como Arwen, Adar.



Thranduil abrazó a su hijo.



-Hacía tiempo que no me decías así, hijo. Me gusta. Es impersonal, pero entre tú y yo, en la intimidad de nuestra compañía puedes decírmelo cuantas veces te venga en gana ¿me oíste?



-Está bien Adar.



-Ahora, respecto a Arwen, puedes dejarla atrás. Partirás más temprano, cuando todo Mirkwood duerme, antes del amanecer. Así llevarás varias horas de ventaja. Ya luego me las arreglaré para dar una buena excusa ante Elrond, elfo testarudo.



-Comprenderá, tarde o temprano que fue lo mejor… Adar, ¿Qué te pasa? ¿porque me miras así? No me voy para siempre.



-No te vas para siempre hijo, es solo que… Olvídalo. Tu Adar se está poniendo sentimental, es todo. Para un elfo como yo, a veces la edad pesa. Está próximo el aniversario de la partida de tu Ada a Valinor, y sabes que siempre me pongo un poco loco y voluble.



-Mi Ada. Le extraño mucho. Pero estoy tranquilo porque sé que está bien y algún día estaremos junto a ella. Como antes.



-Ya, que no nos tome la medida el sentimentalismo, hijo. Hay que portarnos como todos unos elfos hechos y derechos, parecemos un par de elfitos inmaduros. Hay trabajo que hacer. Necesitarás equiparte bien, el viaje será largo.

Thranduil tomó la pequeña mochila de viaje de Legolas que yacía sobre su lecho y colocó algunos objetos. Entre ellos pan de Lemba. Fresco, recién hecho, tal y como le gustaba al príncipe.



-No quiero que me hijo vaya a pasar hambre. Esos… Humanos no son de fiar. La hospitalidad no es su mayor virtud. Son bárbaros sin conciencia.



-Adar, empacas como si fuese a comer todo un regimiento.



-Nunca está demás.



Thranduil jamás había sido tan atento con Legolas. Y este le agradeció internamente. Sintiéndose importante y querido. Ahora más que nunca intentaría por todos los medios posibles que los humanos decidieran formar una alianza con la raza de los elfos. Iba a dar todo para no fallar una vez mas. Su Atar volvería estar orgulloso de el.



-Ahora descansa. Cuando la hora de tu partida llegue, vendré a buscarte.



El rey salió del Flet con el corazón en un puño. Algo dentro le decía que no volvería a ver a su hijo en mucho tiempo. Y no había tal. Solo quedaba rogar a las divinidades existentes, la protección para su primogénito y que la maldición oscura no se regase por su cuerpo.



Thranduil confiaba en la fuerza interior de Legolas, confiaba en ello. Por tal motivo nunca le reveló la peligrosidad de su condición al ver sido herido; por eso prohibió mencionar siquiera el funesto acontecimiento. De haberlo hecho, y conociéndole como le conocía, hubiese tomado la horrible determinación de arrancarse la vida de propia mano… Y Legolas era su único hijo, y le amaba. No soportaría verle muerto.



-Que las estrellas os iluminen, hijo mío.





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Los hombres son criaturas difíciles de entender, pero fáciles de manipular. A pesar de mi negativa a crear una alianza, te enviaré a ti Legolas, en mi nombre. Persuádelos con la elegancia de tu linaje. Si el don de la palabra falla, entonces… Pon en sus manos estas joyas hechas de Mithril, no podrán resistirse a tal tesoro. La avaricia es su punto débil. No confíes en ellos o te clavaran una flecha por la espalda cuando menos te lo esperes. Se precavido y mantén tus sentidos alerta.



Esas fueron las palabras y el encargo que su Atar le había indicado.



Con la única compañía de una vela. Legolas repasaba mentalmente las palabras de su padre, descansando tranquilamente en su cómodo lecho.



¿Tan malos podían ser los humanos?



Esa pregunta le rondaba la cabeza. Y todo, porque uno de esos hombres “malvados y traicioneros” le había salvado la vida. Un hombre que había arriesgado la suya al llevarle a Mirkwood, so pena de ser atravesado por una flecha.



Solo guardaba algunos recuerdos vagos de aquel día. Unos ojos azules, una cabellera larga, unas manos delicadas, expertas en el arte de la sanación y un par de tiras que le habían servido como vendas para contener la hemorragia en su costado. Esto último, lo había sabido por Glorfindel tras varios días de intentar sonsacarle información. Cuando se lo proponía, el centinela podía ser una tumba.



¿Quién habría sido ese Dúnadan? ¿En dónde viviría su salvador?



Acercó las vendas improvisadas hasta su nariz. En ellas estaba impregnado un agradable aroma, a pesar de estar manchadas con su sangre y de tener polvo por todas partes.



-Seguramente huele a el. Parecen formar parte de alguna prenda de vestir, de alguna chaqueta. El humano fue atento y yo no tuve oportunidad de agradecerle. Estoy en deuda con el. Algún día le pagaré el favor… Algún día.



De un soplido apagó la luz de la vela y todo quedó en penumbras.





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-¿Sigue empecinado?



-Si. La terquedad es parte de su personalidad. No puede durar toda la vida encerrado en su habitación. Deja que descargue su furia en soledad.



-¿Tres días no le han sido suficientes Gandalf?-Faramir no podía creer que Aragorn fuera tan testarudo- ¡Por Elbereth! No conocía esa faceta del rey de Gondor.



-Nunca terminarás de conocerle. En realidad ni el mismo se conoce.



Habiendo dicho esto la puerta se abrió revelando a Aragorn. Enfundado en su atuendo de montaraz, con Anduril colgando de su cinto sin barba y sin bigote. Faramir y Gandalf fueron de inmediato a su encuentro.



-Gandalf- Dijo Aragorn en tono serio- Fui injusto contigo. No pensé con la cabeza fría. Te pido perdón por haberte llamado asesino. Fue la desesperación y la impotencia la que habló por mi. Espero que tu corazón no me guarde rencor.



-Por mi ya está olvidado Elessar. Humanos somos y podemos equivocarnos.



-Faramir, ¿las familias han sido reinstaladas como fue mi deseo?



-Tal y como lo dispusiste. Tendrán una vida mejor y desahogada. No te preocupes.



-Bien. Quiero comunicarles que a partir de hoy haré rondines por toda la ciudad en diversos horarios. Son bienvenidos si gustan acompañarme. Daré órdenes a la guardia principal de apostar tantos hombres como sean necesarios hasta en el último rincón oscuro y olvidado. Nada pasará desapercibido. La noticia más insignificante llegará hasta mis oídos. Hasta que no sepamos realmente lo que está pasando, habrá toque de queda en Minas Thirith.



-Es lo más sensato que haz dicho en éstos últimos meses- Contestó Gandalf y su inseparable pipa- Veo que piensas salir.



-Exacto. Soy el rey de Gondor. Daré apoyo a mi pueblo. Que sepan que no están solos.



-¡Bienvenido a la vida real Aragorn! -Faramir se acercó y le dio un fuerte abrazo- Así te quería yo ver. Seguro de ti mismo, con vigor, decisión y determinación. Y no acorralado en tus cuadro paredes. Vamos ¡hasta te has afeitado!



-No lo adules tanto Faramir, o se volverá más insoportable.



El comentario de Gandalf el gris, arrancó sendas risas entre los otros hombres.



-¡Su alteza Ellesar! -El lacayo real, volvía a hacer acto de presencia.- Su alteza, disculpe la intromisión, sé que pidió no ser molestado bajo ninguna circunstancia, pero el motivo que me ha traído ante usted parece ser de suma importancia.



“Que no sea otra mala noticia, por favor” - Rogó Aragorn.





-Levántate, deja las reverencias para otra ocasión. ¿Qué sucede?



-Hasta Minas Tirith ha llegado un solitario mensajero de bosque negro, llamado también Mirkwood. Y ha pedido anuencia con su alteza real. Intenté explicarle que su majestad se encontraba indispuesto, pero el sujeto es muy insistente y… Le he hecho pasar a…



Al escuchar la palabra Mirkwood, Aragorn no esperó a que su lacayo terminara su presentación. Con pasos apresurados y sin importarle haber dejado atrás a sus mejores amigos se dirigió a su encuentro. El camino hacia la sala de recibimiento se le hizo eterna, como si cientos de metros se interpusieran a sus deseos.



Antes de penetrar en el recinto, inhaló aire para tranquilizarse. Tomó la perilla de la puerta y la fue girando lentamente. Aragorn podía escuchar los latidos de su propio corazón y una extraño calor subiendo hasta el último cabello de su cabeza. Cuando traspasó el umbral, encontró una silueta enfundada en una caperuza negra. Al sentir presencia, el “invitado” giró su cuerpo para encontrarse frente a frente.



Su presentimiento fue acertado.



Ahí, a escasos cinco metros estaba su elfo sin nombre El príncipe de Mirkwood. Lleno de vida. Fuerte, imponente, hermoso.aunque con deje de olvido y tristeza.



No era un sueño, era una maravillosa e inesperada realidad. ¿Cuántas noches soñó con un encuentro como ese? Había perdido la cuenta. El elfo le había robado el pensamiento desde la primera vez que sus ojos se habían posado sobre los suyos.



-Eres tú… Eres tú…



Dijo en un susurro, aún impactado.



Legolas por su parte, estaba casi en igualdad de circunstancias. No estaba seguro de que El Rey de Gondor, fuese el mismo humano que le había salvado la vida. Había ciertos rasgos que le hacían parecer a su salvador. Pero solo había una sencilla cosa que podía hacer para estar al cien por ciento seguro.



-'Quel undome Rey de Gondor- He hizo una pequeña reverencia.



-Nae saian luume' príncipe de Mirkwood.- Aragorn hizo lo propio.



Legolas sonrió. Su salvador y el rey eran la misma persona, hablaba elfico. Fortuita casualidad. Nunca esperó encontrarle tan pronto. Había tanto que poder decirle en gratitud, pero simplemente se quedó ahí parado, como estatua de sal. Solamente habían intercambiado algunas palabras días atrás y éstas habían sido en tono de súplica.



-Sea… Sea bienvenido a Minas Tirith, príncipe…. ¿Cómo debería referirme a usted, su alteza?- Aragorn dio el primer paso, al notar el nerviosismo del elfo. ¡Quería, necesitaba con urgencia saber su nombre!-.



-Disculpe mi falta de tacto al no proporcionarle mi nombre, su alteza real, fui descuidado. Puede llamarme Legolas Thranduilion



Legolas. Hermoso nombre y más, dicho por tus propios labios



-Hoja verde en Sindarin- Citó Aragorn de Inmediato. El elfo asintió.- Y usted, príncipe, puede llamarme simplemente Aragorn. - Otro asentimiento de parte del Legolas- Parece algo agitado, por favor tome asiento. ¿puedo ofrecerle algo de beber?



-Estoy sediento. Agua fresca estaría bien.



-Enseguida.



Sonó una campanilla que estaba encima del escritorio. Minutos más tarde, llegaría un sirviente que fue aleccionado para traer una gran jarra de agua natural y un tazón de frutas frescas. Legolas fue reservado al momento de comer. Después del largo viaje, había estado un poco harto de comer pan de lemba, por lo que los deliciosos y jugosos frutos fueron más que bienvenidos, aunque solo comió un par de ellos, no deseaba verse demasiado obvio y además no era correcto que el gozara del fruto de la tierra, mientras que el rey lo veía, sin participar del festín.



Lo que Aragorn hacía, era -efectivamente- observar a Legolas con detenimiento, pero no por su forma de comer, sino que estaba embelesado por su hermosura élfica. Sumado a que deseaba preguntar por su estado de salud. ¿Legolas habría viajado desde bosque negro para darle las gracias? ¿Porqué otra cosa sino, habría ido a verle? Sin embargo desechó de inmediato esa idea. Legolas no podía haber sabido en aquel entonces que el, era el rey de Gondor.



-¿Puedo ofrecerle otro platillo más, príncipe Legolas?



-No, Aragorn. Estoy satisfecho. Gracias.



Le había llamado por su nombre. ¡Por Elbereth! Sonaba tan distinto de su boca. Como un coro de aves. Podría haber muerto ahí mismo.



-Bueno, si, hay algo que puede hacer por mi- Legolas cambió de manera de pensar.



-Lo que sea.- Contestó el rey ansioso.



-Mi caballo Arod, viajo durante tres días sin descanso. ¿podría ser posible que le dieran de beber, y pastura fresca?- Aragorn sonrió, nadie se preocupaba tanto por su “medio de transporte” salvo el mismo.



-Tenga por seguro que mis hombres ya se han encargado de ello, príncipe. Su caballo no puede estar en mejores manos, créame. Y bien, ¿puedo preguntar a qué debo el honor de su agradable visita?



Legolas se tensó. Y por tal motivo se puso de pie.



-Aragorn. Antes que le explique lo que me ha traído hasta las tierras de su reino sin previo aviso- por lo cual pido disculpas- Quiero… Quiero darle las gracias por… Haberme salvado la vida. - El rey sintió correr por sus venas un torrente de electricidad- De no ser por su oportuna presencia, yo… No hubiera logrado sobrevivir. Yo no sabía, que al venir a Minas Tirith, me encontraría con ésta fortuita casualidad del destino. Los Valar han sido indulgentes conmigo y escucharon mis plegarias.



-Nada tiene que agradecer, príncipe Legolas. Era mi deber, cualquiera en mi lugar hubiese hecho lo mismo.



-Sólo llámame Legolas, Aragorn.



Sencillamente exquisito. Le había pedido que lo tuteara.



-Correcto Legolas. Como te decía…



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-¿Con quién está hablando Aragorn?- Preguntaba Faramir a Gandalf. El hombre estaba tratando de curiosear por una rendija de la puerta- ¡Está de espaldas, mal rayo me parta! ¿Quién puede ser tan importante, como para que Ellesar que nos deje con la palabra en la boca? Espera, se ha bajado la caperuza, Oh, oh, oh… Tiene una larga y sedosa cabellera rubia ¿será aquella mujer de la que me habló?





-¡Deja de fisgonear Faramir!



-¡Ouch! Gandalf, ¿que sucede contigo? ¿porque osas golpearme con esa ridícula vara?



-¡No es una ridícula vara, insensato! ¡Basta, aleja tu fea nariz de la puerta!



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-¿Cómo sigue tu herida Legolas? ¿Ha logrado cicatrizar?



-No del todo, pero eso no es importante ahora.



¿No era importante? ¡Pero si había estado al borde de la muerte! Por los Valar ¿Qué podría ser más importante que su salud?



-Aragorn, por favor, ¡el pueblo elfico necesita de la ayuda del pueblo de los hombres! -El rey cerró los ojos, en pláticas posteriores con Gandalf habían comentados los funestos presagios del futuro. Ahora se estaban volviendo una espantosa realidad - Nuestros pueblos han sufrido pérdidas de vidas. Vidas inocentes. A causa de… Elfos oscuros, en alianza con orcos y demás criaturas de Mordor- Aragorn permanecía sereno, escuchando atentamente a Legolas- Sé que en años posteriores, los elfos y los humanos han tenido roces pero…



-Calma Legolas. Ahora sé a qué has venido- El rey pareció entristecer, mas que nada porque había pensado que la “visita“ se debía a otro tipo de cuestión, como por ejemplo: verle nuevamente - Hemos corrido con la misma desgracia. Gente pobre e inocente de Gondor - y quizás de otras ciudades más- ha muerto a manos de esas criaturas que han atormentado a tu pueblo. Precisamente estaba poniendo al tanto- a gente de toda mi confianza- lo que he dispuesto para la protección de mi reino, aunque ahora que me he enterado y confirmado, de que son entes oscuros los que acechan la paz de Arda, no estoy seguro de poder defenderlos como es debido. - Aragorn pareció envejecer un par de años en cuestión de segundos-Solo un elfo, lucha de igual a igual con otro elfo, su manera de pelear es distinta a la de los hombres. Nosotros usamos la fuerza y la destreza de nuestras espadas, ustedes por el contrario, saben sacar provecho de su agilidad con arco, la flecha y las lanzas hechas de ese precioso metal extraído de Moria. En pocas palabras, Legolas. Estoy dispuesto a luchar, aún sabiendo de nuestras limitaciones… A cambio de que mis hombres sean instruidos por un elfo experto y a los cuales, les sean proporcionados, armaduras y armas elficas. Sólo así podremos pensar en una posible victoria. Sé que no hay tiempo suficiente, pero no tenemos otra alternativa.



Legolas estaba sorprendido y agradecido. Había pensado que convencer al rey de Gondor sería de lo más difícil, incluso llevaba a la mano esas joyas que su atar le había empacado, para suavizar el terreno. Ahora no harían falta. “El rey humano” solo pediría a cambio instrucción, armas y armaduras.



-El precio es justo, Aragorn. En nombre de mi padre, te doy las gracias. Y me pongo a tu entera disposición.



¿A su entera disposición?



Esa frase podría ser interpretada de mil maneras, y todas ellas… Indecentes.



-Quiero ser yo, quien entrene a tus hombres Aragorn.





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Continuará.





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^^ Hasta aquí x hoy chicas.



El encuentro fue un poco frío, pero ya se pondrá calientito muehehe. Yo se lo que les digo. Ahora que el elfito se queda en Minas Thirith ejem, ejem… Todo puede suceder O.o



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Númenor: Ya sé que fueron destruidos y bla bla bla, pero solo usé el nombre como referencia, no tendrán un papel importante, diremos que son como los “extras”. Ya dije que iba a ser revolvedero de cosas. ^^



Adar: Papá ^^ ADA: Podría ser como Mamá.



Mithril: Nombre elfico. Metal que podía ser trabajado como el cobre, y pulido como el vidrio. Mas duro que el acero templado, con la belleza de la plata común.



Los Dúnedain (singular: Dúnadan, en sindarin hombres del Oeste)



'Quel undome : Hmm, buenas tardes muehehe.



Nae saian luume': Ha pasado mucho tiempo.



Yo, soy tu... por DI_MALFOY
Notas del autor:
¡Que tengan buen fin de semana!y ya saben, cualquier comentario es bienvenido. Chau.
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CAPITULO 4


Yo, soy tu…


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-Elen sila lumenn omentilmo, Nae saian luume'.- Contestó el señor de Rivendel -Lord Elrond- con un ligero asentimiento de cabeza.

-Cormamin lindua ele lle- El rey Thranduil, abrazó con regocijo a su invitado principal. Haciendo más tarde lo propio con sus hijos, ya todos unos elfos de enorme belleza.

Legolas sin embargo se mantuvo siempre a distancia. Reservado. Cumpliendo únicamente con el protocolo real. “Siempre al lado de su Atar”

-Tiempos difíciles Thranduil, es una pena que nuestro encuentro sea por circunstancias desagradables y no como hubiese sido mi deseo.

-Elrond, olvidemos por un momento el motivo principal de tu llegada. Me alegra que hayas viajado con toda tu familia. Siempre serán bienvenidos en Mirkwood, mi hijo y yo nos sentimos honrados con su presencia.

-Legolas- Indicó Elrond- Te has vuelto un digno príncipe de tu tierra, un gran guerrero, y un gran hijo… El viento me lo ha dicho. Y el viento nunca miente…

-Agradezco sus palabras Lord Elrond; si acaso soy merecedor de tales elogios, todo se lo debo a mi Atar, que ha sabido inculcarme.

-Bien, ha sido un largo viaje intervino el rey de bosque negro- la plática para después, ahora lo importante es establecerlos adecuadamente y que estén confortables… Glorfindel, andando.

-Si, su majestad- Contestó el centinela apostando a la guardia a ambos flancos de la comitiva, marcando el paso hasta la entrada principal de Mirkwood.

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Una vez estuvieron establecidos en sus respectivos Flets y de tomar un ligero refrigerio Los señores Elrond y Thranduil, pasaron la mayor parte del día, en la sala del consejo discutiendo las posibles estrategias a seguir ante la eminente guerra, con órdenes expresas de no ser molestados. Un centinela de suma confianza permanecía alerta en la entrada.

A su vez, los gemelos Elladan y Elrohir aprovecharon el tiempo libre deambulando por los extensos y hermosos jardines al lado de la hermosa Arwen, maravillándose de la belleza milenaria de bosque negro y sintiendo nostalgia por su recién abandonada Imladris, su hogar.

Poco recordaban de aquella primera visita, centurias atrás, cuando eran apenas unos elfitos revoltosos que le hacían la vida imposible a su hermana pequeña, junto con Legolas.

-Ha cambiado. -Comentó Elladan.

-¿Quién, de qué hablas?- Contestó Elrohir- ¿Te refieres a Legolas? - Su gemelo asintió.

-Era más cálido, más… Alegre. Algo no está bien con el. No sé como explicarlo. Simplemente observen sus ropas negras, no me agradan en lo absoluto. Además… Pensé que al vernos recordaría los viejos tiempos y compartiría con nosotros esta caminata. Recuerdo que le gustaba salir a dar pequeños paseos, jugar en la cascada, montar a caballo… Y ahora se rehusó terminantemente a acompañarnos.

-Mi querido hermano, los elfos y los tiempos cambian -Ya no somos unos elfos revoltosos, correteando por todas partes- Aunado a que su corazón atraviesa una pena muy grande. Perdió a su consorte, mantén eso en tu cabeza.

-Lo sé Elrohir, pero..

-No busques una explicación Elladan, quizás no la encuentres- Dijo Arwen- Al igual que tú, y a pesar de las razones que nos acabas de exponer Elrohir, Legolas ya no es el mismo. Alrededor de el hay una aura extraña y atrayente.

-¿Atrayente?- Elrohir giró hacia a su hermana, cortando el paso- ¿Acaso será que…?

-No malinterpretes mis palabras- contestó de inmediato- Al decir atrayente me refería a…

-Dejemos la plática para después- Intervino Elladan señalando con la mirada hacia el frente.

Trepado en un árbol, Legolas parecía meditar- al parecer, sin percatarse de nada. Síntoma inequívoco de que algo pasaba. El príncipe siempre estaba alerta y era el primero en notar “otras presencias elficas” a su alrededor. Ahora su vista la mantenía fija en un punto inexistente.

-Dejémosle a solas. Vayamos a otra parte. Quizás después tengamos la fortuna de charlar un poco con el, vamos a tener tiempo de sobra, nuestra estancia en Mirkwood será prolongada- Los tres hermanos de Imladris tomaron otro camino, alejándose del triste y solitario príncipe de bosque negro.

**

Legolass

Legolass

Su nombre dicho un par de veces, apenas en un susurro. Pero lo suficientemente entendible para que Legolas reaccionara y se pusiera alerta poniéndose de pie sobre la rama en la cual descansaba, observando detenidamente cualquier movimiento, cualquier cosa que extraña que se presentase cerca.

Legolass

El viento comenzó a soplar, meciendo fuertemente las hojas de los árboles circundantes y pequeños arbustos en tierra. Anar comenzó a ocultarse tras un par de cúmulos, dejando parcialmente todo en densa oscuridad. Legolas concentró todos sus sentidos elficos a sus máxima capacidad, y dando un gran salto, aterrizó en posición de ataque, dejando ver ese par de dagas que siempre llevaba ocultas en sus ropas.

-¿Quién eres? - preguntó con firmeza-, pero no obtuvo respuesta. -¡Muéstrate!

-Todo a su tiempo.

Aquella extraña voz erizó hasta el cabello más fino en la cabeza de Legolas. No era una voz de ultratumba, sino todo lo contrario. Era melodiosa, tranquila, pero misteriosa.

-¿Quién eres? -volvió a preguntar- ¿Por qué te escondes de mi?

-Todo a su tiempo - Escuchó la misma respuesta, aunque al frente suyo pudo apreciar una sombra que se mimetizaba con el follaje e intentó acercarse.

-No des un paso más, Legolas, tal vez puedas encontrar algo para lo que no estés preparado.

La sombra se movió con prontitud, posándose sobre la rama de un árbol frondoso en cuestión de segundos.

-Eres un elfo oscuro.- Dijo Legolas.

No había sido una pregunta, había sido una afirmación. No sabía porqué, pero lo sabía.

Si, lo soy.- Contestó la sombra en un tono burlón. ¿Qué vas a hacer al respecto?

La ira dentro de su cuerpo creció en magnitudes inimaginables. Ese “ser” era un asesino, y se encontraba en Mirkwood ¿Cómo había traspasado las guardias de los centinelas? ¿Cómo osaba poner sus impuros pies en una tierra sagrada?

Y lo peor de todo.

Uno de ellos había sido el culpable de la muerte de Rúmil.

-¡Voy a matarte! -Gritó con todas sus fuerzas- ¡Voy a matarte!

Al mismo tiempo que lanzaba las dagas hacia la sobra, trepó con mucha facilidad hacia donde el ser se encontraba, pero el elfo oscuro era más rápido y se movía de manera sobrenatural por sobre todo aquella cosa que tuviese al alcance. Por más intento que hizo Legolas por atraparle, jamás lo logró.

-Es inútil Legolas, siempre estaré un paso delante de ti. Nunca podrás atraparme, ¿y sabes porqué?- El elfo volvió a reír- ¿Quieres saberlo Legolas?

-Dijiste, todo a su tiempo- Contestó Legolas, hasta cierto punto cansado y decepcionado consigo mismo por perseguirle sin obtener resultados. Siempre se consideró un elfo con mucha agilidad.

-Ciertamente lo dije. Pero he cambiado de opinión. Voy a rebelarte mi identidad, ya que tu curiosidad es más fuerte que tu sentido común.

Impulsado por un fuerte vendaval, la extraña sombra sin forma se plantó delante de Legolas. El príncipe de Mirkwood sintió un torrente de electricidad recorriéndole todo el cuerpo, que le paralizaba todas sus extremidades incapacitándole para moverse. Estaba sin aliento, aturdido, Indefenso...

-Lamento tener que ejercer esta influencia en tu cuerpo, mi querido Legolas, pero podrías cometer un gravísimo error al tratar de lastimarme. Y eso no es bueno para ninguno de los dos.

Legolas sintió una mano invisible acariciar su mejilla… Y se sintió morir… Sintió morir cuando unos fríos labios se posaron en los suyos haciéndole cerrar los ojos y disfrutar de aquella caricia no deseada.

Puedo sentir tu miedo, puedo sentir tu frustración por no poder tocarme, puedo sentir tu nerviosismo, puedo saber lo que piensas y puedo saberlo porque yo… Soy tú…

Fue el momento en que la sombra tomó forma. Rebelándose como el doble oscuro de Legolas. Iguales en estatura, iguales en forma, iguales en belleza, pero a la vez tan diferentes. La misma voz… En lugar de los ojos de cielo del príncipe, se encontraban un par de orbes de color negro azuloso, al igual que su piel.

!¡No podía ser cierto!¡

¡Por los Valar, no!

-Ahora tengo que irme mi querido Legolas. Pero volveremos a vernos, muy pronto… muy pronto…

El elfo oscuro volvió a besarle y enseguida desapareció, soltando a Legolas de su prisión invisible… El príncipe comenzó a sentirse mareado y con muchos escalofríos, aunado a que el dolor en su costado izquierdo volvió a escocerle, como la primera vez, sintiendo que el suelo se habría a sus pies y una fuerza maligna lo arrastraba hacia dentro.


**

-¡Legolas!

-¡No, suéltame, no me toques! ¡Aléjate de mí!

-¡Legolas, soy yo, Elladan! ¿Qué fue lo que sucedió?

Cuando Legolas abrió los ojos, se encontró con el rostro conocido de Elladan, que lo miraba preocupado, sosteniéndole en brazos.

-¡¿Dónde está?¡ ¿Dónde?

-¿De qué hablas Legolas?- Elladan seguía desconcertado. -¿Alguien más estaba contigo?

-¡El elfo oscuro!

-Por Elbereth, Legolas ¿fuiste atacado!? ¿¡Elfos oscuros han traspasado las barreras de Mirkwood!?

-N-No, espera… Espera Elladan- Legolas pareció reaccionar- Necesito ponerme de pie. A-Ayúdame.

Una vez estuvo de pie, inspeccionó el lugar. Todo parecía marchar con normalidad. La misma tranquilidad y quietud, la misma hermosura de todos los días. Nada parecía estar fuera de lugar. No así el, que llevaba sus ropas sucias y con algunos golpes en su cuerpo. Al parecer había caído de la rama, en la cual meditaba.

-C-como… ¿Cómo fue que llegaste aquí? -Preguntó a Elladan- ¿Llevas mucho tiempo?

-En realidad no. Mis hermanos y yo paseábamos en los alrededores. Te vimos a lo lejos. Más tarde nos separamos. Yo vine a buscarte… Cuando llegué, te encontré tirado en el suelo. Parecías soñar con los ojos abiertos. Quizás tuviste alguna clase de pesadilla.

¿Un mal sueño? ¿todo debía ameritarse a un desagradable sueño?

Era una factible posibilidad. Desde su “apresurada llegada” a Mirkwood y en las circunstancias en las que lo había hecho, no había podido tener una noche tranquila.

Si, eso debía haber pasado. Nada había sido real. Nada…

-¿Te sientes bien Legolas? te noto tenso y muy pálido.

-S-si estoy bien, no te preocupes. Regresemos Elladan, es tarde. La noche pronto caerá y no es bueno deambular en la oscuridad. No en estos tiempos.

Sin embargo, al dar un paso, el aguijonazo volvió a atacarlo haciéndolo sudar frío. Necesitaba ayuda para caminar. Pero imposible pedírsela a Elladan o a cualquier otro elfo de Mirkwood. Su padre, el rey Thranduil había dado órdenes expresas de “no volver a hablar jamás del ataque sufrido por su hijo” Todo debía quedar en el olvido o se pagaría con el destierro definitivo de bosque negro. O peor aún, lo pagarían con su vida.

Legolas no discutió la orden. Pero la actitud de su padre lo desconcertó. ¿porqué ocultar que había sido herido? ¿Porqué? ¿Con qué finalidad?

-Adelántate Elladan, por favor. Yo… Todavía tengo cosas que hacer. Debo montar guardia ésta noche.

-Creí haber escuchado que partiríamos juntos y que no era bueno permanecer aquí.

-Cambié de opinión- Legolas intentó justificarse- Anda, ve con los tuyos. Deben estar preocupados por ti.

-Podría hacerte compañía, como en los viejos tiempos ¿recuerdas Legolas?

Los viejos tiempos.

-Son hermosos recuerdos Elladan ¿Cómo olvidarlos?- Legolas sonrió un poco- Está bien, puedes quedarte, pero sólo unos minutos. Las noches en Mirkwood son más frías que en Imladris y no creo que un elfo tan delicado como tú pueda soportarlo.

-¿Insinúas que soy débil y delicado?- Elladan también sonrió, al parecer Legolas seguía siendo el mismo de siempre. Al menos con el.

-No lo insinúo, lo sé…

-Te equivocas. He cambiado. Incluso podría retarte.

-¿Retarme?

-Tu sabes, un duelo de arquería. He mejorado bastante. Sería un digno rival.

-Eso… Eso está por verse…Elladan… Nadie ha podido vencerme… Nadie…

-Legolas ¿en verdad estás bien?

Imposible seguir ocultando el dolor. El príncipe sentía desvanecerse.

-Elladan… Necesito… Ver a Glorfindel… Con urgencia… No me siento bien… ¿Podrías ayudarme?

-¡Seguro!

El gemelo tomó el brazo de Legolas y lo pasó por detrás de su cabeza, para ofrecerle apoyo.

-Por favor, no comentes esto con nadie, ni siquiera con Arwen y Elrohir… Guárdeme este pequeño secreto. Nadie, mucho menos mi Atar debe enterarse…

-Mi boca será una tumba Legolas. Puedes contar conmigo. Para eso somos amigos…

-Gracias Elladan… Te estaré eternamente agradecido… Eternamente.

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-¡Su majestad Elessar!

Un lacayo y mensajero de la corte de Aragorn, interrumpió intempestivamente los minutos de esparcimiento de su soberano entrando atropelladamente en uno de los jardines reales.

-¿Qué es lo que sucede?- Contestó el rey en tono neutral, dejando a un lado su copa de Merivor.

-Su majestad- El lacayo se arrodilló una vez tuvo Aragorn enfrente de sí- Temo ser el portador de malas noticias.- Aragorn miró de soslayo a Faramir y a Gandalf, quienes a su vez, sobresaltados también por el rostro desencajado del muchacho, se colocaron a ambos costados.

-Te escucho.- Dijo Aragorn.

-Su majestad, a las afueras de Minas Tirith ha llegado un grupo reducido de mujeres; todas y cada una de ellas con heridas mortales.

-¡¡Qué cosa haz dicho!!

-Ellas… Ellas… Su majestad, ruego su clemencia. Necesitan ayuda…Algunos samaritanos las han refugiado en sus casas. Necesitan ser atendidas con prontitud, pero no hay los suficientes recursos… Son gente humilde. Es por eso que imploro en su nombre. Usted es el único que puede…

-¡Llévame hasta ahí!

**

A caballo, y acompañado por sus fieles amigos, Aragorn llegó a una pequeña zona de chozas en deplorable estado. Ya la gente te había arremolinado en una de ellas. Y al verlo llegar corrieron a su encuentro. Algunos llorando, otros arrodillándose, otros suplicándole.

Al entrar , observó varios cuerpos tendidos en el suelo, ya cubiertos con una manta. Habían fallecido. A la izquierda de los mismos se encontraba una anciana prestando auxilio a una joven que no rebasaba más allá de los quince y que extendía la mano a otra mujer, presumiblemente su madre. Ambas parecían cadáveres vivientes ardiendo en fiebre.

Fue con la mujer madura que Aragorn se acercó y la tomó por la otra mano.

-Mujer… Dime, ¿Cuál es tu nombre?

Ella abrió los ojos con mucho esfuerzo, pues se encontraba demasiado débil, sin embargo al ver el rostro de Aragorn, pudo sonreír.

-S-sabía que… vendría… Sabía que… No podía… dejarnos… abandonadas…Mi señor… Me llamo… Me llamo Agrora…

-Agrora- Contestó Aragorn- Te vas a recuperar, tú y tu hija estarán bien. Yo mismo me ocuparé.

Pero la mujer negó con la cabeza.

-Para nosotras, ya no hay más… Mi señor… Ya todo terminó, nuestro final de acerca… Es a otros… a quienes debe ayudar…

-Agrora, dime ¿Qué fue lo que pasó?

El llanto fue inevitable.

-Todo sucedió tan rápido…Durante la noche, cuando todo el pueblo dormía…¡Mataron a todos los hombres de manera cruel y espantosa! -Agrora comenzó a respirar con fuerza, al recordar todo aquello- Orcos… y ellos… Esos seres con orejas puntiagudas y de piel oscura…Junto con esas aves extrañas… ¡Haciendo esos ruidos infernales!

Gandalf, quien se encontraba de pie, puso una mano en el hombro de Aragorn. Este alzó la vista, encontrando esos ojos comprensivos y preocupados. Desgraciadamente, los acontecimientos que tanto habían temido, llegaban ya hasta las tierras de los hombres. Eso sólo podía significar una cosa.

Aragorn volvió su atención a la mujer.

-Agrora, debo revisarla. Por favor. Necesito que me indique, exactamente dónde…

-Sólo tiene que alzar la blusa, su majestad- Intervino la mujer que brindaba los primeros auxilios a la hija- Y encontrará lo que busca.

Siguiendo el consejo de la mujer, el rey alzó delicadamente el pedazo de tela del vientre, y lo que encontró debajo le hizo levantarse inmediatamente, con la mano sobre la boca para evitar vomitar. Basta decir que la gran herida de la mujer, se encontraba purulenta en su máximo grado y que faltaban trozos de carne y piel a uno de sus costados. El izquierdo para ser exactos.

Faramir se acercó hasta Aragorn que había perdido la compostura.

-Será mejor que salgas y dejes a Gandalf continuar.

-No, es mi deber ayudar en todo lo que me sea posible.

-Faramir tiene razón Ellesar- Contestó Gandalf- Desgraciadamente ya no hay mucho por hacer aquí- Dijo apenas en un susurro para que la mujer no escuchara- Ayudaré a las demás víctimas a morir sin sufrir más de lo que ya lo han hecho.

-¡Es que no quiero que mueran, Gandalf! ¡Juré proteger a mi pueblo!

-Su destino ya está escrito y nada puedes hacer para cambiarlo. El supremo rey de Gondor no tiene el poder suficiente ésta vez… Acéptalo. Ninguna hierba conocida por ti arrancará de las garras de la muerta a esta gente.

Aragorn miró con recelo al poderoso mago. Sus palabras eran ciertas, pero se negaba a creerlas.

-Tienes razón, yo no puedo hacer nada por ellas, pero tú sí… ¡Eres un mago poderoso! En ti se encuentra la sabiduría de la magia milenaria. Tú posees el Don… ¡Sánalas!

Gandalf el gris negó con la cabeza.

-No puedo intervenir contra los designios divinos Ellesar.

-¡Al diablo con los malditos designios divinos! ¿Cómo puedes permanecer de una sola pieza y no sentir remordimiento? ¿Acaso no te conmueve el dolor de ésta gente? ¡Míralas! ¡Míralas Gandalf!

-¡Aragorn, creo que no es le momento adecuado para discutir sobre quien debe y no debe morir!- Contestó quedamente Faramir interponiéndose entre el rey y el mago Istari. - A pesar de lo que pienses Aragorn, ahora nuestra preocupación debe centrarse únicamente en el resto de la gente. No se tú, pero yo estoy viendo avecinarse una calamidad de dimensiones jamás vistas en Gondor, ni en ningún otro pueblo gobernado por hombres.

-¿¡Acaso crees que no lo sé Faramir!? ¡Y por eso justamente es que temo por la seguridad e integridad de mi pueblo!

-Si tanto temes por tu pueblo, ¡entonces sal ahora mismo de aquí, y calma a toda esa gente que también forma parte de el y que permanece afuera esperando que su rey les dé palabras de ánimo! ¡Da ese primer paso maldita sea, no te comportes como un chiquillo malcriado! Sé que te duele el dolor de esas pobres mujeres, pero si no actúas con prontitud, muchas más personas correrán con su mismo y cruel destino.

Habían sido unas palabras muy duras, pero necesarias… Aragorn se había dejado llevar por la desesperación de no poder hacer más por aquella mujer y su hija. Y se había sentido débil y miserable.

Un simple mortal…


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Hasta aquí x hoy. ^^ Espero les haya gustado el chapter.

Perdón por haberme retrasado un poquito con éste capítulo, pero ya saben el dicho: Uno propone pero Dios dispone.

Se que parezco disco rayado pero “creo” que Aragorn y Legolas se encontrarán en el siguiente capítulo... crucen los dedos y que la inspiración, de para un capítulo lo doble de largo muahahahaha.

Saludos.

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Elen sila lumenn omentilmo, Nae saian luume' "Sería algo así como ^^: Un placer verte. Ha pasado mucho tiempo."

Cormamin lindua ele lle "Mi corazón canta al verte"

Dame un nombre por DI_MALFOY
Notas del autor:
Ahora si no me tarde nadita, juar juar.
Notitas: Mi regalito de vacaciones. No se pueden quejar , actualicé rápido.

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Las frases en cursiva, suelen ser los pensamientos de los personajes y algunas frases y palabras relevantes ¿ok?

Vamos a poner en aprietos al elfito un rato para que el reyecito lo consuele muhehehe, que eso es lo que les gusta. ^^





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CAPITULO 6


Dame un nombre


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La puerta sonó en repetidas ocasiones, sacando a Aragorn de su ensimismamiento. Al abrirse, reveló en primer plano a Gandalf y posteriormente a Faramir.

-¡Aiya, Mithrandir! - Dijo Legolas e hizo una pequeña reverencia. El mago correspondió de la misma manera.- Es en una sorpresa y un honor volverle a ver después de tantos años.

-¿Ya se conocían? -Preguntó Aragorn impresionado.

-Desde luego Elessar. Los elfos y los magos Istari han compartido centurias de amistad y conocimiento.

-¿Elessar?- Legolas volvió a tomar la palabra- ¿Piedra de elfo?

-Por supuesto que lo es. Pero no nos han presentado. Soy Faramir príncipe de Ithilien, hijo de Denethor II Senescal del reino y capitán de Gondor.- El hombre ofreció su mano a Legolas, el elfo ofreció la suya.

-Legolas, hijo de Thranduil. Príncipe del bosque negro, en Mirkwood.

Solo falta que le pongas al tanto de la talla de tus calzoncillos. Pensó Aragorn molesto.

-Legolas ha venido a pedir ayuda- Intervino el rey- encaminando las conversación y los ojos de Faramir hacia otro rumbo- El pueblo elfico en general, ha sufrido ataques de entes oscuros. Para ser más precisos de elfos oscuros. Gandalf, creo que lamentablemente tenías razón en tus suposiciones. Toda Arda corre grave peligro.

-Ya veo. Lamento profundamente todo lo que está sucediendo. Hiciste bien Legolas, en venir aquí.

-Precisamente estábamos llegando a un acuerdo- Dijo Legolas- Aragorn pide a cambio de su ayuda, armamento elfico para sus hombres, que por supuesto estamos en condiciones de proporcionar.

-También se hará cargo de adiestrar a los guerreros más jóvenes- Aragorn sonrió al elfo- Íbamos en la parte interesante, cuando fuimos bruscamente interrumpidos.- Bromeó.

-Y es aquí donde Faramir entra en acción.- Indicó el hombre barbudo- Legolas, como acabo de mencionar, soy el capitán de la guardia principal de Gondor, así que será todo un placer trabajar contigo. Intercambiaremos diferentes puntos de vista y nos enriqueceremos mutuamente. Tú me enseñarás a pelear a la manera élfica y yo te mostraré lo que un verdadero hombre puede hacer.

-Creo que Legolas está un poco cansado- Dijo Aragorn en tono serio presintiendo las intenciones de su senescal- Lo más conveniente es que descanse, mañana por la mañana detallaremos la estrategia.

-Aragorn, agradezco tu hospitalidad, pero debo partir cuanto antes. Todavía no termino con la misión que me fue encomendada.

-Pero si acabas de llegar. Fue un largo viaje desde Mirkwood.

-Debo seguir mi camino hacia el pueblo de los Rohirrim y pedir su colaboración, al igual que hice en Gondor.

-Con que de eso se trata.- Aragorn no pudo ponerse más contento- Faramir puede ayudarnos con eso ¿verdad, querido y leal amigo?

-Bueno, yo…

-Faramir conoce a la perfección a Éomer, ahora señor de Rohan. Son parientes muy, muy cercanos Con su intervención, será más fácil contar con su ayuda. Además ahorraríamos tiempo.

-¿Me permiten un momento?.- Faramir tomó por el brazo al rey y lo apartó- Aragorn, sabes perfectamente que por el momento no puedo poner un pie en Rohan, Éomer me comería vivo. Éowyn y yo no terminamos en las mejores condiciones y créeme, sería un suicido.

-Lo siento, había olvidado ese pequeño detalle. Se me ha ocurrido algo mejor.-Volviendo con los otros, volvió a tomar la palabra- Perdón por el pequeño retrazo caballeros. Había pasado por alto que Faramir tenía otro proyecto entre manos, así que…

-Será mejor que yo me encargue de ir a Rohan- Contestó terminantemente Gandalf- Ni tú Aragorn, ni tu Faramir, pueden abandonar Gondor. Minas Thirith los necesita. Hay que dejar resguardada la ciudad, con lo que se tenga y no pienso discutir la idea- Recalcó viendo que ambos hombres iban a protestar- Legolas, hijo, tu padre Thranduil te encomendó una importante misión. Sé que tu corazón es fiel a sus mandatos pero quiero que sepas que no hay tiempo. Quédate en Minas Tirith y ayuda al rey en lo que te sea posible. Yo hablaré con Éomer, estoy seguro de que no dejará a Gondor, ni mucho menos a la comunidad élfica abandonada. Tienes mi palabra.

-Mithrandir, confío en ti. Haré lo que me pides.

-Me llevaré a sombragris, mi fiel caballo. Estaré de regreso en poco tiempo, dependiendo de la decisión y organización del rey de Rohan. Marcharé enseguida, No puedo esperar más. Caballeros, me despido.-Ondulando su túnica al caminar, y haciendo que su cayado retumbara en el piso pulido. Gandalf, partió.

-¿Siempre es así de impulsivo?- Preguntó Faramir.

-Siempre, y ha de ser así hasta el final de sus días. Bien, creo que lo más conveniente sea seguir con el plan que había dispuesto, no sin antes instalar a nuestro distinguido huésped. Legolas, por aquí si me haces favor. Eh, Faramir, espera aquí si eres tan amable.

Aragorn, con toda la caballerosidad que fue capaz, ayudó al joven elfo a cargar su pequeña bolsa de viaje- junto con su carcaj-, haciendo sentir a este un tanto avergonzado. No era débil, podía hacerse cargo perfectamente de sus escuetas pertenencias, pero el humano se había adelantado a sus movimientos. Y su sentido elfico le indicaba que debía dejar las cosas tal y como estaban.

-Te gustará tu habitación.

A todo lo contrario que se podía pensar. Legolas fue escoltado a la planta baja. Una sencilla habitación con vista hacia la plazoleta principal. Con amplios ventanales y mobiliario sencillo. Aragorn sabía de buena fuente que los elfos no idolatraban la vanidad, así que todo lo que ahí había, dejaba mucho de ser lujoso, simplemente cumplía con su cometido. El de ser útil al huésped.

-Daré órdenes precisas para que siempre haya una bandeja con agua limpia, para el aseo de tu rostro y manos. Agua fresca para beber, fruta en abundancia y mucha luz del sol al amanecer. ¿Qué te parece Legolas?

Al elfo se le había hecho un nudo en el estómago. A pesar de todas las atenciones bien intencionadas del Rey, comenzaba extrañar Mirkwood. Hacía pocas días que había logrado conciliar el sueño, alejando esas horribles pesadillas de su pensamiento y ahora estaba seguro que volverían las terribles noches de insomnio. Se encontraba a cientos de millas de su hogar. Comenzaba a extrañar a su padre y su flet personal, donde se agolpaban cientos de recuerdos. Donde se sentía seguro.

-Estaré bien Aragorn. No te preocupes. No soy muy exigente.

-Cualquier cosa que se te ofrezca, sólo tienes que sonar ésta campanilla y un sirviente vendrá enseguida. Si es que no lo hago yo antes.- Ahora te dejo para que termines de instalarte. Yo saldré con Faramir a dar una ronda nocturna y poner en resguardo a la ciudad. Descansa.

-Yo, preferiría dar esa ronda con ustedes, sino te molesta. Quiero familiarizarme con la ciudad y con los alrededores. Hacer un mapa mental.

-Puedes hacerlo. Pero con una única condición.

-¿Condición? No comprendo.

-Antes de ser rey, Legolas, fui montaraz y sanador. Quiero revisar esa herida, si me lo permites.

Legolas retrocedió un par de pasos. No se sentía preparado para eso.

-Prometo no lastimarte. Por favor. No estaría bien de mi parte dejarte montar en estas condiciones. Una herida de tal magnitud, tarda en cicatrizar, y más si el paciente no guarda absoluto reposo. Has viajado por varios días sin parar. Me sentiría culpable si algo llegara a pasarte.

El rostro de Legolas se tiñó ligeramente de rosado. Y Aragorn sintió mariposas en el estómago.

-Estoy bien, de verdad. No es necesario. Glorfindel me atendió perfectamente.

-¿Glorfindel es tu sanador?

-Es el centinela de Mirkwood, y sanador personal de mi Atar. Tiene toda mi confianza.

Aragorn recordó el evento a las afueras de Mirkwood, con aquel elfo autoritario y temerario que le cortó el paso y amenazó con arrancarle la vida si volvía a poner su pie humano cerca. Demasiado rudo para su gusto.

-Está bien, no insistiré. Pero no dudes en pedir ayuda, si acaso llegases a necesitarla. Ahora estamos del mismo bando y debemos apoyarnos mutuamente.

-Hantale, Elessar.

Fue pura fuerza de voluntad, el haber permanecido a una distancia considerable. Porque de haber sido otras las circunstancias, le hubiese robado un beso y habría echado todo a perder. Ni siquiera estaba seguro de las preferencias del elfo.

-De nada Legolas. Entonces partamos ya, está oscureciendo.


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Fue extenuante para todos repasar de arriba abajo los siete niveles de la ciudad, con sus muros de 100 p de altura cada uno. Aragorn explicó detalladamente a Legolas, la distribución de la ciudad, y la finalidad de sus estrechos pasillos en zigzag. “Si el enemigo lograra penetrar en la ciudad- a pie-, tardaría mucho tiempo más llegar hasta el nivel principal de la torre”. El elfo, a su vez, siempre fiel a su carácter bondadoso, le hizo saber a Aragorn, que la ciudad sufría de sobrepoblación y que ante un ataque inminente, corrían el riesgo de perder cientos de vidas humanas. Faramir permaneció en silencio durante la ronda, salvo en aquellos puntos donde se apostaban los guardias y cuando Aragorn se dirigía especialmente a el.

La media noche los alcanzó. Prácticamente llegaron rendidos a las caballerizas, para dejar descansar a sus bestias. Por buen comportamiento, Arod, el caballo de Legolas recibió varios terrones extras de azúcar, al igual que Hasufel, el del rey.

-Tienes un caballo fuerte y hermoso Legolas- Faramir acercó sus pasos hacia Arod para acariciarle- Un ejemplar como este, solo refleja el cuidado y dedicación que su dueño tiene para con el. Podría incluso compararse con los Rohirrim. En verdad excelso. Como su dueño.

Legolas hizo caso omiso del comentario, pues no sabía del doble sentido que los humanos a veces daban a sus palabras. Era demasiado inocente en ese aspecto.

-Arod es mi compañero, mi amigo. Ha compartido conmigo infinidad de bienaventuranzas y desgracias. Le quiero incluso más que a mi mismo.

-Es tiempo de retirarse a descansar, mañana será un día ajetreado- Dijo tajante Aragorn- Andando.

"Legolas Hojaverde, mucho tiempo bajo el árbol en alegría has vivido. ¡Ten cuidado del Mar! Si escuchas en la orilla la voz de la gaviota, nunca más descansará tu corazón en el bosque.(*)"


Esa voz…

El corazón de Legolas se congeló. Por segunda vez el viento comenzó a soplar con fuerza, meciendo sus cabellos al compás de una lúgubre música de arpa.

-¿Me extrañaste Legolas?- El elfo oscuro hacía su aparición de nuevo, justamente a la entrada de la caballeriza, con el artefacto musical entre sus manos. Legolas volvió a ponerse alerta. Sacando un par de flechas de su carcaj y le apuntó directamente.

-¿Seguimos testarudos? Bien sabes que no puedes tocarme. Siempre iré un paso delante de ti.

-¿¡Qué es lo que quieres, porqué no me dejas en paz!?

-Simple y sencillamente porque formo parte de ti. Quieras o no, estamos destinados a estar juntos para bien o para mal. El elfo volvió a tocar, haciendo que los cabellos de Legolas se erizaran de emoción. Qué contradictorio parecía ser todo. ¿Cómo podía disfrutar de la melodía, si por dentro rabiaba?

¿Aragorn y Faramir? ¿dónde estaban ellos, porqué no los veía a su lado?

-Ellos no pueden verme, a menos que yo lo decida. No me conviene por el momento, ni a ti tampoco, así que debes estar agradecido por ello. Maldito conspirador. Sé cuáles son tus planes y los de esos humanos.

Legolas estaba confundido. ¿de dónde había surgido semejante ser, con qué finalidad? ¿porqué lo martirizaba de esa manera?

-Todas tus preguntas tienen una respuesta; hoja verde. Y te las contestaré todas y cada una de ellas siempre y cuando me apetezca. O cuando tú me lo pidas, de rodillas y con devoción. La sombra volvió a moverse con rapidez, para posarse sobre un caballo, y que de inmediato comenzó a protestar.

-¡Nunca haré tal cosa, ente oscuro! ¡Nunca me verás postrado ante ti¡ Antes preferiría la muerte.

-¿Ente oscuro? No me agrada en lo absoluto que te refieras a mí de forma tan despectiva. Necesito un nombre y tú me lo darás.

Haciendo el mismo truco de dejarle paralizado. Se acercó hasta Legolas y lo miró directamente a los ojos.

-Eso, así es, vamos, ¡sigue pensando en un buen nombre para mí! No intentes luchar contra mi intromisión, no puedes hacer nada para evitarlo. Vamos, mi querido Legolas ¡¡DAME UN NOMBRE!! -El príncipe peleaba con todas sus fuerzas por tratar de dejar su mente en blanco, sin embargo era una lucha perdida. El elfo oscuro se estaba saliendo con la suya.

-Buen trabajo elfo, buen trabajo, de hoy en adelante me llamaré Vas¨ Anderiel. Me gusta. Ya no seré más una sombra sin nombre. Poco a poco iré tomando forma gracias a ti, y me liberarás de la prisión en la cual estoy sumerjo… Es hora de irme. El rey de Gondor reclama tu presencia... Por hoy te dejaré descansar.

Depositando un beso en sus labios, Anderiel se esfumó en la nada, Tal cuál había llegado.

-¡LEGOLAS!- Aragorn trataba de que el príncipe volviera en sí- ¡REACCIONA, POR ELBERTH! ¡Faramir, trae un cuenco con agua, de prisa!

El rostro de Legolas estaba pálido. Hablaba cosas incoherentes. Negando con la cabeza y retorciéndose, como si algo le estuviera quemando.

-No, no lo haré… No lo haré… Anderiel… Anderiel… No lo haré… ¡Déjame en paz! ¡Vete!

El rostro fue cubierto por agua. Momento en que reaccionó, aún con la respiración agitada y tratando de soltarse de los brazos de Aragorn, que le mantenían sujeto.

-¡Legolas, soy yo, Aragorn! Mírame, centra tu mirada en mí, solo en mí. Muy bien, lo estás haciendo muy bien, tranquilo, todo está bien ya. No hay nada que temer.

-Aragorn, lo siento… No quería que esto sucediera.

-La culpa es mía por haberte dejado venir con nosotros. Estás exhausto. Nadie, incluso un elfo, puede resistir sin descansar por más de 32 horas. Faramir, ayúdame a llevarle hasta su habitación.

-No hace falta, puedo hacerlo por mi mismo.

Había mucho dolor en aquella herida que volvía a sangrar, pero que por llevar ropas holgadas y negras, no se notaba. Legolas sentía que se partía en dos, pero bien sabían los Valar, que no deseaba que nadie se enterara de su realidad. Mucho menos el rey de Gondor y su senescal. No ahora, que debía dar la cara por el pueblo de Mirkwood, y mostrar temple, entereza y fuerza. ¿Qué clase de líder guerrero sería, si se dejaba vencer, antes de haber comenzado? Había que afrontar la realidad; si debía pasar por esa dura prueba cada que Andariel apareciera, no tenía otra opción mas que soportar el dolor hasta sus últimas consecuencias.

-¿Estas seguro que puedes, Legolas?

-Claro que puedo.

-Apóyate en mí. -Faramir ofreció su brazo. El elfo lo tomó y se levantó, con la mandíbula tensa.- Estás tiritando. ¿tienes frío?

-Por supuesto que tengo frío, el agua que me arrojaron en el rostro, estaba helada, casi al punto de congelamiento.- Legolas trató de poner menos tenso el ambiente, tratando de bromear.

-Siento haber hecho eso- Se disculpó Aragorn- Pero no encontré otra manera mas eficaz, de que volvieras en ti. Y ahora por mi culpa estás pasando dificultades- A pesar de lo que dijera Legolas, Aragorn sabía que algo no andaba bien. Su amplio conocimiento de la raza élfica le daba una buena razón para pensar que el príncipe le estaba mintiendo deliberadamente. Los elfos no podían sentir frío ni calor. ¿Cómo entonces un simple cuenco de agua lo hacía temblar de aquella forma? ¿Quién era Anderiel? Bien, no le iba a insistir, si su huésped no deseaba hablar, no le obligaría, pero mantendría sus ojos bien abiertos.

-Lo mejor será que vaya a cambiarme de ropas - Reiteró el elfo- Alassëa lómë.

Dejó atrás a los hombres, de una manera no muy cortés. Pero necesitaba estar a solas. Necesitaba desnudarse y revisar la herida. Misma que había adquirido un tono morado y negro. Muy distinto de la vez que Elladan le llevó con Glorfindel. ¿Qué debía hacer ahora? No tenía los remedios adecuados, al menos para el dolor, y no pediría ayuda a Aragorn, eso estaba claro.

Agua

Mejor que nada.

Se lavó con su mano, dando un ligero masaje alrededor, tratando de lavar perfectamente. Al estar frío el líquido, mitigó un poco el escozor, adormeciendo la zona. Lavó también los vendajes anteriores y les puso a secar. Pero había que reemplazarlos, no podía tener el dorso descubierto al contacto directo con la ropa o podría infectarse aún peor - según palabras de Glorfindel-.

Indagó un poco por la habitación, y descubrió un par de mantillas blancas. Una de ellas fue convertida en varias tiras gruesas y delgadas, con las que se envolvió. El dolor fue menguando. Gracias los Valar que le habían dado las fuerzas suficientes para no caer por segunda vez en un día. Gracias a los Valar que le habían mandado a Irmo, patrono de los sueños para poder descansar en el suave lecho, en el apartado y místico reino de Gondor.


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-Es extraño- Comentó Faramir a Aragorn, al aproximarse a sus habitaciones- Extraño y a la vez enigmático y atractivo. Había escuchado de la hermosura de la raza élfica, pero siempre pensé que eran cuentos pasados de boca en boca. Nunca di crédito a ninguna historia, hasta hoy, que mi ojos contemplaron a la criatura más sensual, que mis ojos jamás hayan visto. ¡Etéreo! Como un hechicero, cuando ves el radiante azul de sus ojos, es como si te perdieras en un abismo, no sé como explicarlo. Me dan ganas de…

-¿Qué te propones Faramir? -Preguntó impulsivamente Aragorn al llegar frente a su puerta- No has hecho otra cosa mas que adular al elfo. Tampoco le has despegado la vista ni un solo momento. ¿De qué te dan…, ganas?

-¿Qué me propongo? ¡Absolutamente nada Elessar! solo estoy comentando lo que Legolas me ha hecho sentir. ¿Qué te pasa amigo? ¿Porqué me miras así?

- No contestaste a mi pregunta. ¿De qué maldita cosa te dan ganas? ¡Habla!

-Supongo que lo mismo que a todos los demás. Un buen polvo, eso es todo.

Cuando Faramir reaccionó, se encontró de espaldas contra la pared, con Aragorn sujetándole por la chaquetilla.

-Legolas no es un buen polvo. Es el príncipe de Mirkwood, y nuestro invitado. ¡No cualquier pelafustán como con los que te haz acostado! ¿¡Entendiste!?

-¡Tranquilízate hermano! No es para que te tomes las cosas tan apecho. No pienso tocarle un cabello, si es lo que te preocupa.

Aragorn cesó el agarre. Sin decir más abrió la puerta de su habitación, y azotó la puerta con todas sus ganas. Dejando a Faramir con la boca abierta.


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Tenía que admitirlo.

Había sentido celos de su mejor amigo.

Se reprochó mil veces por haberse portado como un salvaje. El pelafustán era el, que no había podido contenerse ante el descarado coqueteo de Faramir. ¿Quién era el, para prohibirle nada? ¿El rey de Gondor? Tonterías… No era nadie. No era nadie comparado con Legolas.

Legolas.

Quien ahora reposaba a escasos metros. Durmiendo en Minas Tirith y pidiendo ayuda para su pueblo. Si Alguien le hubiese dicho que el elfo de sus sueños dormiría esa noche bajo su mismo techo, le habría hecho callar de un buen golpe en la quijada por mentiroso.

Legolas

¿Porqué no podía apartarlo de su pensamiento ni un momento?

Nunca antes había sentido algo como aquello. Un extraño cosquilleo en todo su cuerpo. Un aire de nostalgia y de incertidumbre lo rodeaban todo. ¿debía dejar fluir ese sentimiento que comenzaba a nacer en su solitario corazón? ¿debía abrirle las puertas, y dejar olvidada la llave en algún rincón, para que jamás se cerrasen?

¿Estaba el alma y el corazón de Legolas vacante? ¿Habría algún elfo o elfa esperándole en Mirkwood?

Quizás. Era demasiado hermoso como para caminar en soledad. Demasiado puro, bello y sincero.

-No deberías ilusionarte, tonto rey- Se dijo mirándose al espejo- El no es para ti. Está muy por encima. No tienes ninguna esperanza. Hazte a la idea y no fantasees con situaciones que nunca se volverán realidad.

Llevó su mano hasta la bolsa dentro de su atuendo y sacó esa hermosa joya verde, en forma de hoja que siempre llevaba consigo.

-Tú le perteneces.- Le hablo a la piedra- Es tiempo de que regreses a sus manos, debe echarte mucho de menos.


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Un dulce aroma. Una suave brisa invernal colándose por la ventana semiabierta.

Abrió lentamente sus ojos y frente a el, una hermosa y reluciente Nipheredil pálida (*) junto a ella una nota y…

-¡Elbereth!

Legolas corrió hacia la mesita principal de su habitación y tomó la joya entre sus manos.

-¡Pensé que te había perdido para siempre! -Dijo en varias ocasiones, besando a la hojita.- ¡Pensé que nunca más volvería a tenerte entre mis manos! ¡Solo los Valar saben cuánto representas para mí!- Después de la sorpresa inicial, leyó la nota.


Legolas.

Primeramente te pido disculpas por haber entrado a tu habitación sin permiso. (Dejaste la ventana abierta) Pero dormías tan placenteramente que habría sido una torpeza más de mi parte, el despertarte. Y después de lo ocurrido, pensé que lo mejor para ti, era que saciaras de sueño.

Quiero que sepas que estoy muy apenado por no haber sido un buen anfitrión, y haberte causado ese desmayo inesperado. Seguramente estabas cansado por el viaje y no insistí lo suficiente para que dejaras de lado la idea de acompañarnos.

Por medio de esta bella flor, y esta pequeña, carta, quiero que aceptes mis mas sinceras disculpas. Y junto a mis palabras, devuelvo a ti, esta joya. Quiero pensar que es importante para ti y es justo que la tengas a tu lado.

Me despido, no sin antes dejar en claro, que quiero ser tu amigo, y espero, algún día llegues a confiar en mí. Es lo que mas deseo.

Sinceramente.

Aragorn.



Vistió su cuerpo con las primeras prendas que encontró a la mano. Saliendo a toda prisa, comenzó a buscar a Aragorn por todas partes. Algunos sirvientes le indicaron que el rey trabajaba muy temprano y con ahínco en la bodega, partiendo leña para el crudo invierno que se avecinaba. Fue por puro instinto y orientación élfica, que logró llegar hasta donde Aragorn apilaba ya, varios trozos pesados de madera. Con el torso descubierto y cubierto de tierra.

-Aragorn.- Dijo bajito.

El rey alzó la vista. Para encontrarse con un par de bellos ojos azules, teñidos de rojo, queriendo derramar algunas lágrimas. Mismas que nuca salieron.

Legolas se acercó decidido, y sin que Aragorn lo esperaba, le abrazó.


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Fin de éste capítulo. No me vayan a colgar por dejarlo en una parte medio interesante, muehehe. Pero las compensaré no se preocupen. Quizás haya más abracitos jaja. Hoy en la tarde espero terminar de contestar sus mensajitos del capi anterior. Saludos.

***


Aiya: Hola (salve)

Mithrandir: Peregrino gris en elfico.

Hantalë: Gracias.

(*) Este verso lo dijo Galadriel y no mi elfito oscuro ^^

Alassëa lómë: Buenas noches.






Rompiendo barreras por DI_MALFOY
Notas del autor:
Uff, por fin llegó jaja.
Hola a todos y todas ^^, como podrán observar, cambié el título del fic, me pareció un poquito más adecuado muehehe. En fin ya no entretengo más, a leer pues. Espero les guste



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CAPITULO 7


Rompiendo barreras


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-Y es todo lo que tengo que decir respecto eso…

La mano de Aragorn, fue directo al hombro de Legolas, en señal de apoyo. El elfo la palmeó con la suya, en agradecimiento.

-Lo siento en verdad.- Continuó el rey- Nunca habría podido llegar a imaginar, por todo lo que has tenido que pasar todos éstos días. Ahora sé por qué llevas luto y lo que representa esa joya para ti. Es lo único y lo último que conservas de… Tu consorte.

Legolas le había abierto una parte de su vida a Aragorn. Indirectamente, ambos estaban ligados desde aquel nefasto día.

-Me la obsequió la noche antes de partir a Lothlorien, estaba tan contento y… Aragorn, estás completamente seguro que… No… De que Rúmil no estaba…

-Solamente había elfas, y elfitos, Legolas. Y por lo que me has contado, solamente tú y Rúmil, iban como escoltas. Te doy mi palabra de hombre. El no estaba entre los caídos.

Se levantó nervioso de la gran roca en la cual se había sentado, junto a un pequeño Arbol. Aragorn hizo lo mismo.
-Esta incertidumbre no me deja vivir. Mi Atar mandó a los mejores buscadores del reino y no encontraron una sola huella. Como si Arda se lo hubiese tragado. Mi mente me dice que Rumiel se ha ido a descansar a las salas de Mandos. Pero mi corazón no lo acepta. El no haber podido ver su… Cuerpo inerte, me obliga a…

-Te comprendo Legolas. Conozco las tradiciones élficas y sé que guardarás luto hasta que tu Atar así lo decida- El corazón de Aragorn se encogió por la incertidumbre-¿No es así?

El elfo asintió.

-Aragorn ¿cómo es que sabes tanto acerca de mi pueblo?

-Es una larga historia Legolas, pero bastará con decirte que Gandalf y yo hemos pasado años en compañía de cientos de libros. Para bien o para mal, el ser el rey de Gondor me obliga a ser una persona sumamente culta… Y aburrida.- Bromeó-.

-Yo no lo creo. No sé cómo explicarlo, pero charlar contigo me tranquiliza. Desprendes un aura, tan inusual entre los humanos… Si no supiera que eres un mortal, juraría por Eru que ante mi tengo a un medio elfo, como Lord Elrond.

Legolas no sabía cuánta verdad había en sus palabras. Sin embargo Aragorn no le reveló, absolutamente nada y le dejó continuar.

-Suelo ser muy reservado antenuevas amistades. Me cuesta trabajo abrirme a los demás. Sin embargo, contigo ha sido totalmente distinto. Las palabras fluyen ligeras de mi boca. Como si te conociera de siglos atrás.

Se hizo un ligero silencio entre los dos.

Aragorn luchaba contra el impulso de robar un beso de aquellos labios rosados y echar todo a perder. Estaba tan cerca del príncipe, pero a la vez tan lejos. Haciendo un acto de fuerza de voluntad- por segunda ocasión- decidió que no era el momento adecuado para aventurarse. Ya habría tiempo para comenzar a cortejarlo. Porque eso era en lo que había estado pensando durante toda la noche, antes de cortar la bella flor y depositarla furtivamente en la habitación de su huésped. Le daría tiempo al corazón de Legolas de sanar. Y si caso tenía suerte, gobernaría en el, como dueño y señor.

-Estás ampliamente correspondido Legolas- Contestó el rey viéndole fijamente- Me siento halagado por tus palabras. No sabes a qué grado. Es lo más sincero que alguien me ha dicho en toda mi larga vida.

-No más que la mía- sonrió el príncipe.

-¡Vaya, vaya, vaya! Por fin los encuentro- Legolas y Aragorn se giraron. Frente a ellos se encontraba Faramir, ya enfundado en su atuendo “formal” de senescal.- Pensé que sería una buena idea comenzar con el entrenamiento. Creí entender que el tiempo apremiaba… Y por lo que estoy observando, la disciplina se ha relajado un poco en Gondor.

Faramir estaba molesto. Aragorn le conocía demasiado bien. Le debía una disculpa por lo ocurrido la noche anterior, sin embargo no habían podido coincidir durante el transcurso del día. Hablaría con el después, en cuanto encontrara el lugar y momento adecuado.

-Faramir tiene razón Aragorn, será mejor que comencemos de inmediato. He sido perezoso. Me dejé llevar por la emoción.

-Bien- Dijo secamente el rey- Faramir, lleva a Legolas al campo de tiro. Reúne a los mejores hombres y les alcanzaré en cuanto me sea posible. Debo darme una buena ducha.- Haciendo una pequeña reverencia, les dejó atrás, con el alma en un puño.

Aragorn no quería dejar solo a Legolas por culpa de los malditos celos, pero no tenía otra alternativa. Debía, necesitaba creer que su senescal no aprovecharía su ausencia para intentar algo más con el elfo. Debía tener su salud mental intacta y no atrofiada, pensando mil y una tonterías.

Legolas no lo permitiría… Legolas no lo permitiría. Es un elfo fuerte e inteligente… ¡Por Elbereth parezco un chiquillo! Y Faramir no es un monstruo., no lo es, me estoy extralimitando… Pero es un conquistador, lo lleva en la sangre; bien podría utilizar el poder verbal para…Tranquilo Aragorn, nada va a ocurrir, toma el control de tus acciones. Nadie debe enterarse de tus sentimientos. Mucho menos Legolas, aún no es tiempo.

~~

-¿Amaneciste mejor Legolas? –Preguntó Faramir, trayendo al elfo de regreso a Arda-.

-Necesitaba descansar, eso era todo. Debí haber hecho toda una escena ¿verdad?

-Me preocupaste. En verdad creí que te enfermarías, ó algo peor. Pero después recordé que los elfos tienen un poder mayor de curación que nosotros los hombres; así que me fui a mi habitación, me desnudécomo todas las noches y dormí como un bendito, pensando en que todo estaría bien contigo. Me gusta dormir sin una prenda, es más cómodo… ¿Nunca lo has hecho, Legolas?

Faramir, tomó el brazo del príncipe y comenzaron a caminar.

-Solía hacerlo cuando era un elfo pequeño.

-¿Eso quiere decir que ya no lo sigues haciendo?

Recuerdos fugaces llegaron a la mente de Legolas. El y Rúmil haciendo el amor a la escasa luz de las velas esparcidas por toda su habitación, cobijados por la suave manta hecha de la tela más fina y delicada, regalo de bodas de su Atar.

-Ya no- Contestó bajito- ¿hacia dónde queda el campo de tiro?- Cambió el giro de la conversación, no quería recordar – por el momento- los hermosos momentos vividos con su consorte.

-Ya vamos llegando… Siguiendo con la plática, mi querido Legolas. ¿Puedo tomarme el atrevimiento de preguntar si…, hay una hermosa elfa o elfo habitando en tu corazón?
-No, ¡no hay ni los habrá, jamás! –Contestó molesto- El amor se ha acabado para mí.

Adelantando el paso, se despegó del senescal, quien lo observó a la distancia, confundido. No se necesitaba ser un mago genio para darse cuenta de que el elfo sufría por una decepción amorosa. Pero no se daría por vencido, ya averiguaría más. Había tiempo de sobra.

~~

-Henos aquí Legolas- Dijo Faramir- Bienvenido a mis dominios. Aquí es donde el ejército de Gondor y su magnífico senescal, realizan sus prácticas. No es muy grande por la propia extructura del edifico de Minas Tirith, pero es lo suficientemente vasto para nuestros propósitos.

De su cinto, desmontó un poderoso cuerno e hizo el llamado representativo de su tropa. Que no tardó más allá de algunos minutos en reunirse. Legolas perdió la cuenta, eran demasiados – pero a la vez tan pocos- Y la mayoría de ellos perdería la vida por defender Arda. Eran Mortales. La línea de su vida, tenía un principio y un final. Aunque también los seres inmortales agraciados, como los elfos, partían a Mandos; quizás, para algún día regresar.

Había un silencio expectante.

A pesar de permanecer de una sola pieza, siempre mirando hacia el frente sin hacer ningún movimiento. Los soldados miraban con cierta curiosidad a la imponente figura elfica. La mayoría de ellos nunca había visto algunovivoy tan cerca.

Faramir tomó la palabra.

Con voz de mando explicó claro y conciso, el propósito de la presencia de “El príncipe Legolas” y el resultado esperado, haciendo hincapié en que pelearían una difícil batalla contra la raza de elfos oscuros por la salvación de Arda y las futuras generaciones.

Todo seguía en silencio. Solo la voz de su senescal corrompía el entorno. Ningún guerrero parecía inmutarse; como si sus corazones fueran de piedra y hielo. Acostumbrados al derramamiento de sangre y a la barbarie.
Cuando llegó el turno de Legolas de referirse hacia los soldados, lo hizo con determinación fuerza y coraje. Tal y como le había enseñado su atar. Era un líder nato. El rey de Gondor lo observaba desde lejos con deleite y admiración. Una criatura fina, hermosa, bondadosa y letal al mismo tiempo.

-…El tiro con arco requiere una cierta dosis de fuerza, bastante coordinación y, desde luego, puntería. Pero el principal beneficio es que desarrolla -de una forma dificilmente superable, la capacidad de concentración. Todas estas son cualidades imprescindibles si quieres llevar la ventaja ante el oponente -Decía con determinación el príncipe.

-...Como a un buen herrero trabajando el acero. Para quien conoce la importancia de la ejercitación, sabe que, cada vez que levanta el mazo y lo hace bajar, la intensidad del golpe es diferente. La mano repite el mismo gesto, pero, a medida que se aproxima al hierro, sabe si debe tocarlo con más dureza o más suavidad…Como un molino… Para quien mira sus aspas una sola vez, parece girar con la misma velocidad y repetir siempre el mismo movimiento… Pero quien conoce los molinos, sabe que están condicionados por el viento y cambian de dirección siempre que es necesario…El arquero permite que muchas flechas pasen lejos de su objetivo, porque sabe que no aprenderá la importancia del arco, de la postura, de la cuerda y del blanco hasta después de haber repetido sus gestos miles de veces, sin miedo a errar. Hasta que llega el momento en que ya no es necesario pensar lo que se está haciendo. A partir de entonces, el arquero pasa a ser su arco, su flecha y su blanco…

Aragorn- recién llegado, observaba a lo lejos. Estaba impresionado con el pequeño discurso del Legolas, y al parecer también Faramir, quien se encontraba con la boca abierta. Legolas manejaba con tal delicadeza y sensualidad el arco y la flecha al momento de dar su explicación, que poco faltó para que ambos (rey y senescal) tuvieran una pronunciada erección.

-…Una vez disparada, el arquero ya no puede hacer nada más- continuaba Legolas- salvo seguir su recorrido en dirección del blanco. A partir de ese momento, la tensión necesaria para el tiro ya no tiene razón de ser. Por lo tanto, el arquero mantiene los ojos fijos en el vuelo de la flecha, pero su corazón descansa y él sonríe… Un Guerrero de la Luz, después de cumplir con su deber y transformar su intención en gesto, no necesita temer nada más: ha hecho lo que debía. No se ha dejado paralizar por el miedo; aún cuando la flecha no alcance el blanco, tendrá otra oportunidad, porque no ha sido cobarde…(*) Ahora daré una breve muestra de lo queremos llegar a alcanzar en la medida de lo que sea posible. Necesito un arco en buenas condiciones.

Uno de los guerreros- escogido por Faramir- entregó su instrumental.

-Espacio por favor- indicó el elfo muy dueño de la situación. Los soldados perdieron la formación y se abrieron en canal, dejando al “experto” en medio de ellos. Con temple y con mucha técnica adquirida a través de los siglos, cargó su arma mortífera y apuntó hacia uno de los blancos más alejados del campo. La flecha zumbó por el aire, descargando su aguijonazo letal justo en el círculo más pequeño. Los vítores no se hicieron esperar. Aragorn sintió su pecho henchido de gusto, acercándose de inmediato a Legolas para felicitarle con mucho entusiasmo.

-Es todo por hoy, tienen la tarde libre- Indicó Aragorn a los soldados- Vayan a compartir con sus familias, tal vez pase mucho tiempo, antes que les vuelvan a ver. Mañana temprano, a la misma hora… ¡Legolas, esto merece un brindis!

~~

-¡Salud!

Tres copas se alzaron chocando entre sí. Aragorn y Famir brindaron con vino espumoso, no así Legolas que se vió por bien servido con un ponche de frutas.

-Eres tremendamente bueno con el arco, principito. Pero no creo que puedas superarme con la espada.

-No dudo de tus cualidades Faramir, por algo eres el senescal de Gondor. Ciertamente la espada no es mi fuerte, pero me defiendo bastante bien.

-Por cierto Legolas- Intervino Aragorn- Gracias por las palabras que dirijiste a mis soldados. No les había visto tan eufóricos desde hacía tiempo. Eres un líder, no tengo duda de ello.- Alzó la copa y bebió un gran sorbo.

-Hey, ¿dónde me dejas a mí? –Faramir se sintió un poco ofendido- He dirigido decenas de ejércitos y nunca me haz dado ninguna clase de elogio. Vas a hacer que me sienta celoso.- El estar sentado justamente al lado de Aragorn, propició que la ira, la embriaguez, la calentura y el desquite, actuaran en Faramir. Sin recato acercó su mano hacia el cuello del rey, y lo atrajo hacia el, para morder con rudeza el labio inferior de Aragorn.

Legolas se quedó sin habla, dejando su ponche de frutas a un costado, en una pequeña mesita.

La primera reacción del ex montaraz fue apartar de un empujón a Faramir, quien ya probaba la sangre real y reía de una manera poco usual en el. Como si se estuviese burlando.

-Creo que es hora de que me retire. Querrán estar a solas.- Indicó el elfo, dispuesto a retirarse a sus habitaciones, pero Aragorn le cortó el paso.

-Legolas, no es lo que parece… ¡Faramir y yo no tenemos una relación!

-No tienes porqué darme explicaciones, Elessar.No soy nadie para juzgarles.

-Vamos Aragorn, no seas tímido, Legolas comprende ¿verdad príncipe del gran bosque negro? ¿O acaso en tu reino son demasiado mojigatos y puros como para atreverse a hacer cierta clase de muestras de “cariño” en frente de los demás?

Legolas frunció el ceño. Aragorn estaba ya, a punto de golpear a Faramir por decir estupidez tras estupidez. Pero el elfo enfrentó al senescal.

-No sé a que te refieres exactamente con la palabra “mojigato” no la conozco y en realidad no me interesa. Solo sé que haz bebido demasiado y no estás hilando tus ideas. Si quieres un buen consejo, ve a descansar. El ejército de Gondor necesitará un líder – de piez a cabeza- mañana por la mañana.

Sin decir más, salió de la habitación. Esta vez, el rey no siguió sus pasos. Sino que bajó la cabeza, apenado, sin tener razón. Ahora recordaba porqué los elfos y los humanos eran tan distintos, y no sólo en el aspecto físico, sino en el moral. Había un gran abismo entre ambas razas. Y ese pequeño conflicto ratificaba todo. Legolas bien pudo haber contestado el agravio de Faramir con otro, sin embargo, no lo hizo; y lo amó más por eso. Cada segundo, Légolas le daba una lección de humildad.

-Eres un bastardo Faramir -Dijo Aragorn decepcionado- No pongas de pretexto tu embriaguez. Tus palabras fueron dichas con cizaña… No sé que motivo te orilló, pero no quiero saberlo. Apartir de hoy, nuestra relación será meramente formal, de Rey a senescal. ¿quedó claro?

-¿Porqué defiendes tanto al elfo? – Contraatacó Faramir- A mí no me engañas Rey Elessar… Estoy, ebrio, pero no soy un estúpido, para no darme cuenta de que te mueres por el. Ahora sé que la criatura, hermosa y maravillosa de la cuál me hablaste recién llegué al reino, es ni más ni menos que Legolas… ¡Qué bella parejita!

-¡Cierra la boca Faramir, no sabes lo que dices!

-No, no lo haré. Te conozco de toda la vida, y tus ojos no pueden mentir. Estás loquito por ese rubio de orejas puntiagudas. Y no te culpo. ¡Es excepcional! Si señor… Pero adivina qué- Faramir volvió a reir, dejándose caer en el sillón, con cara de: “ yo sé algo que tú no”-. Tu hermoso príncipe no volverá a amar nunca más… Así que no te hagas muchas ilusiones con el. Es una pena… ¿No me crees? Entonces vé y pregúntaselo.

-Eres detestable cuando el alcohol corre por tu venas, Faramir. No sabes controlar tu lengua.

-¿Quieres apostar? Mi lengua a hecho enloquecer hasta a la persona más frígida del reino. ¡Puedo darte una mamada real para que puedas constatarlo. Es mi especialidad.

-No tiene caso seguir perdiendo mi tiempo contigo. Me das tanta pena… Y si sigues actuando de manera irreverente, vas a acabar en soledad. Estaba dispuesto a ofrecerte disculpas por lo de ayer, pero no tiene caso gastar saliva en alguien como tú. Adiós.

Faramir se quedó solo.

Aragorn lo había abandonado… Igual que los demás.
Bebió su último trago y estrelló el tarrón contra el suelo. Hervía de celos y de coraje. Gritó con todas sus fuerzas, echando fuera su frustración y su tristeza. Había actuado mal, estaba conciente de ello, pero no había podido evitarlo. El deseo de la carne era muy fuerte… Y el del alochol también, así que con mucho esfuerzo se levantó, y alcanzó la botella a medio terminar y se la empinó.

-A tu salud, Estel…

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-¿Legolas, estás ahí? ¿Podemos hablar unos minutos?
Aragorn había llegado hasta los aposentos del elfo, y había dado pequeños golpeteos a su puerta.
-Adelante- Contestó desde dentro Legolas.

-Perdona que interrumpa- Se disculpó Aragorn- Pero…Yo… quería…

Se quedó mudo.

¡Legolas estaba completamente desnudo! De pie ante el. Algunas prendas de vestir estaban revueltas en su cama. Aragorn giró inmediatamente con el rubor subido hasta el último cabello de su espesa cabellera.

-Lo siento… No pensé que tú…

-No tienes que disculparte a cada momento Aragorn. ¿Te has apenado al verme, no es cierto? Nosotros los elfos vemos la desnudez del cuerpo como algo natural. No sentimos pudor, nacemos desnudos, incluso los humanos. Si cubrimos nuestra piel con ropas, es porque algunas criaturas de Arda no comprenden… Toma asiento, me cubriré enseguida, no quiero incomodarte.

¿Incomodarme? ¡Por Elbereth!

-Y… cómo va tu herida, Legolas- Aragorn trató de cambiar el rumbo de la plática. ¡hacía demasiado calor!- V-¿Va mejorando?

-Mejorando, gracias. ¿Y como está tu labio? ¿Ya no sangra? fue una buena mordida.

¡Maldito Faramir, ya me las pagará. Me dejó en ridículo ante los ojos de Légolas, ahora pensará que soy un libertino.

-Bien… Sé que no debo pedir disculpas a cada segundo pero, lo que sucedió hace minutos… Disculpa a Faramir, ha pasado por dificultades en su vida personal y no atraviesa un buen momento. Es muy impulsivo pero en el fondo es una buena persona.

-El alcohol embrutece al hombre. Es lo que mi Atar siempre dice. Y tiene toda la razón… Ya puedes mirar, Aragorn.

Con ó sin ropa, Legolas era exquisitamente hermoso y elegante.

-Tu Atar es muy sabio.- Dijo el rey- Ahora, para compensarte, quiero invitarte a salir.

Lo había dicho. La noche anterior había planeado decírselo, pero no había encontrado las palabras necesarias. Y sin más ni más habían fluído de su boca. El mismo estaba sorprendido.

-I-¿Invitarme a salir? – Contestó sorprendido Legolas-.

-Pensé que sería una buena idea. Claro, si aceptas.

-No estoy muy seguro de querer salir. No me gustan las multitudes y no me siento anímicamente preparado.

-Por favor. Hazme el honor de disfrutar de tu compañía , no te quitaré mucho tiempo.

Aragorn había sido muy amable y cordial, lo menos que podía hacer, era aceptar. Sería desatento de su parte declinar definitivamente su oferta.

-Está bien, acepto tu invitación.

-¡Perfecto! No te arrepentirás, te lo aseguro.

Aragorn ofreció su brazo a Legolas, quien tímidamente lo tomó y se dejó guiar. Hubo un momento de silencio, mientras caminaban por los largos pasillos. Hasta el momento de llegar hasta la habitación personal del rey.

-Dame algunos minutos ¿quieres?- Dijo Aragorn entrando-.

Legolas se quedó en el marco de la puerta, sin atreverse a entrar. Solo pudo observar la sombra de su anfitríon reflejándose sobre una de las paredes. Cuando Aragorn regresó, lo hizo con sus clásicas ropas de montaraz.

-Así es más fácil pasar desapercibido entre la multitud. Es el precio que el rey de Godor debe pagar por tener algunos ratos de esparcimiento. No soy del agrado de todos, Legolas. Quién mejor que tú para entenderme.

-Comprendo, suelo hacer el mismo truco, cuando quiero escaparme un poco, en las afueras de Mirkwood… Espera, espera un momento…

Legolas acercó su rostro hacia Aragorn. Su ropa desprendía un olor peculiar, un aroma conocido.

-¿Llevabas este atuendo aquél día verdad? –El elfo pasó su mano por la chaquetilla sin apartar su vista.

-Veo que lo recuerdas- Contestó intrigado Aragorn.

-Mis recuerdos son vagos, las imágenes son difusas… Una cabellera larga - El elfo acercó su mano y acarició un mechón- Unos ojos azules misericordiosos… Sin embargo, tu olor sería difícil de olvidar. Aún conservo los vendajes con los cuáles pudiste detener la hemorragia. Los tengo justo al lado de mi cama. Un día antes de partir hacia aquí, los tomé entre mis manos y… Había un aire peculiar… Por eso lo reconocí de inmediato… Ahora sé que huelen a ti… Nuevamente te doy las gracias por haberme salvado la vida. Estoy en deuda contigo y espero algún día pagarte con las misma moneda.

-¡Legolas! -Aragorn temblaba de pies a cabeza. Su corazón parecía salir de su pecho – No estás en deuda conmigo, si hubieses estado en mi lugar, habrías actuado de la misma manera. Tienes un corazón noble… Por eso te admiro y por eso yo…

-Bien, ¿a dónde iremos?- Legolas cortó de tajo la conversación, puesto que sentía que se estaba saliendo de sus manos. Aragorn le atraía de una manera extraña y no sabía porqué. Su corazón todavía lloraba por la pérdida de Rumiel, pero el estar al lado de aquel hombre le hacía sentirse protegido y a la vez amado de una manera muy especial.

-Será una sorpresa.

-¿Me gustará?- Preguntó el elfo, entre divertido, expectante y temeroso.

-No lo sé, es mi primera citacon un príncipe elfo… Legolas, ¿fue mi imaginación, o acabas de sonreír?

-No fue tu imaginación, sonreí.- Contestó con sus mejillas sonrosadas.- Ya te he dicho que no suelo hacerlo con frecuencia, pero tu rompes con todas mis barreras. ¿Qué tiene el rey de Gondor, que hace que un príncipe guerrero, se sienta cohibido y apenado ante sus palabras, como un pequeño elfito inexperto?

Aragorn sabía perfectamente la respuesta: “Amor” en su máxima expresión.

-¿Mis palabras te ponen nervioso Legolas?

-Sí.- Contestó bajando la mirada y su rostro se volvió a teñir de rosa.

¡Por todos los Dioses, me encanta cuando se pone así.

-Si te incomoda…

-Está bien, me agrada, es sólo que no estoy acostumbrado… Los elfos tenemos una manera muy diferente de… Bueno,olvídalo, iba a decir una tontería.

-Nada de lo que dices son tonterías, anda, suéltalo, estoy intrigado…

-No, es una cosa sin importancia. Apurémonos, el tiempo es valioso.

-Tus palabras son órdenes para mí, seré tu esclavo por lo que resta de la noche.

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Penetraron a un pequeño recinto a media luz, a unos cuantos pasos de la entrada principal de Minas tirith. El dependiente, al reconocer a ”Trancos” (y el cual era su complice en sus correrías) le asignó de inmediato su mesa preferida. La más apartada y la menos iluminada de todas. Aragorn respiró aliviado al ver que el lugar prácticamente estaba vacío. Solo un hombre robusto degustaba en la barra principal y parecía bastante ahogado. Desafortunadamente los acontecimientos recientes, habían hecho que la población estuviese más reticente a salir por la tarde-noche. Sonrío para sí. Tendrían más intimidad. Legolas sin embargo se sentía extraño y había optado por no quitarse la caperuza, hasta no estar completamente seguro de que no había “peligro”. Aragorn comprendió a la perfección y no insistió. Los elfos todavía seguían llamando demasiado la atención entre los humanos y las relaciones entre ambas razas seguían pendiendo de un delgado hilo. Así pues, para no estar en discordancia, el tampoco se bajó la caperuza.

La luz tenue de la vela apostada en la mesa, les hacía verse -hasta cierto punto- enigmáticos y fantasmales.

-Suelo venir aquí siempre que me siento solo, tenso, ó triste. Ahora es diferente, tengo conmigo a una magnífica compañía y el sentido cobra otro rumbo. ¿Qué te parece Legolas? Sino te agrada, podemos buscar algún otro lugar.

-Hay quietud, es sobrio, me gusta.

-¿Puedo ofrecerles algo de beber? –El encargado se había acercado a ofrecer sus servicios-.

-Lo de siempre- Contestó Aragorn- Y para mi amigo, la especialidad de la casa.

-Enseguida.

-¿Cuál es la especialidad de la casa?- Preguntó el elfo, apenas se hubo retirado el mesero-.

-Oh, ya lo probarás, estoy seguro que te va a encantar… ¿qué sucede Legolas? te has puesto serio.

-Me pregunto si será correcto estar aquí, divirtíendonos, cuando afuera hay tanta gente que sufre… Cuando hay elfos oscuros acechando… No vine a Gondor de viaje de placer… Mi atar siempre me ha inculcado que el deber se antepone a todo. Y mi deber es prepararme para la inminente guerra… Y aún… yo… Le guardo luto a Rúmil.

-Entre los humanos tenemos un dicho que dice así: “Mañana puede ser demasiado tarde”- Aragorn puso su fuerte mano, encima de la de Legolas y la apretó delicadamente - Disfruta el hoy, el presente. Ya habrá tiempo de preocuparnos por el futuro. Olvidemos por unos minutos nuestras mutuas responsabilidades. Por nuestras venas corre sangre, nuestro corazón late ¡estamos vivos! ¿comprendes lo que quiero darte a entender?

Legolas asintió.

-Pero es tan difícil fingir que no pasa nada…Que Rúmil no…

-Eres fuerte Legolas- intervino Aragorn- Superarás tu duelo., Tarde o temprano, puesto que la vida sigue y si los Valar decidieron que todavía no era tu hora de partir a Mandos, es porque tienes una misión que cumplir en Arda. ¡Animo príncipe! Guarda en tu corazón los buenos momentos vividos con Rumiel, es lo que el hubiese querido… Y no verte abatido y triste…

Los ojos de Legolas se tiñeron de rojo. ¡El quería llorar, pero no podía!

-¡Aquí está su bebida caballeros! – Llegó el mesero para aligerar la tensión- Que la disfruten y espero que me traigan suerte, porque ahora no se han parado ni las moscas. Con permiso.

El príncipe elfo, tomó su tarro y lo apuró de un golpe, ante la mirada atónita de Aragorn, quien no había tenido la oportunidad de alertarlo.La bebida era ligera, pero a la vez fuerte para un elfo que no estaba acotumbrado a ingerir bebidas con cierto de grado de alcohol.

-¡Por Eru! –Dijo Legolas llevando su mano a la garganta- ¡Esto quema!- La tos no se hizo esperar y Aragorn parecía divertido, su elfo era tan ingenuo.- Es rasposa… pero tiene agradable sabor… ¿Puedo pedir otra Elessar?

-Por supuesto.- Aragorn alzó la mano y con un movimiento le dio a entender al encargado que deseaba otras más. Porque el tampoco se iba a conformar con una sola.

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Después de cinco tarros a tope, Legolas estaba un poco más “relajado” mareado y parlanchín.

-Dime una cosa Aragorn. ¿porqué no hay alguien contigo? Me refiero a que todo rey debe tener una esposa. Es lo que se acostumbra entre los humanos para preservar su estirpe.

-Supongo que soy difícil de entender. Si he de ser sincero, la mayoría de los hombres y mujeres que se han acercado a mí, ha sido por intererés y no por amor. Prefiero estar solo a pasar el resto de mi larga vida, con alguien a quien no ame.

-¿Cuántos años tienes Aragorn?

-Tengo 87 años.(*)

-Pero… No los aparentas, para ser un humano con tantos años estás… Joven.

-De donde yo vengo… Mi raza es longeva Legolas. Viviré muchos años más si los Valar me conceden la gracia. ¿ahora comprendes porqué estoy solo y no hay una reina conmigo?

-Si. Me apena tu soledad. Pero estoy seguro que alguien llegará a tu vida y sabrá apreciar tus cualidades. Eres un gran hombre Aragorn.

Ojalá que esa persona fueses tu. Nada me haría más feliz en el mundo Legolas, que compartir mi vida contigo

-¿Gustan que les toque alguna pieza en especial, jovenes amigos? Serían mis primeros clientes y no hemos comido nada en todo el día.

Un hombrecillo se había acercado hasta su mesa con una desgastada mandolina (*) y a su lado otro “ser” más bajito aún, con una flauta dulce. (*)

-¿Te apetece escuchar música Legolas?

-Me encanta la música…

-¡Muy bien!- gritaron los hombrecitos saltando de gozo y de inmediato comenzaron a tocar una suave melodía arrulladora.- ¡Para enamorados! –decía uno- ¡Años de dicha y felicidad! –gritaba el otro.

-¿Sería tan amable su majestad de concederme ésta pieza?- Aragorn acercó su mano en una clara invitación. Legolas no supo que hacer al momento, pero la mirada del rey lo dijo todo. Nervioso estiró su mano y se dejó llevar, dejando descansar su cabeza en el hombro de Aragorn y este a su vez colocó ambas manos en la cintura, mientras que las del rubio elfo lo sujetaban por la espalda.

Era un suave vaivén.

Aragorn estaba paseando entre nubes de color de rosa, flotando en el espacio infinito al tener a Legolas entre su brazos, como soñó tantas y tantas noches antes de su feliz reencuentro. El suave aroma de su elfo le nublaba los sentidos, lo hacía enloquecer, lo hacía vibrar, y lo hacía aventurarse a algo más, con la velocidad del pensamiento. Fue entonces que levantó la barbilla de Legolas y le besó con dulzura.

Con los ojos cerrados, el elfo respondió tímidamente y se dejó llevar hacia un lugar en su interior, que creía dormido para siempre.

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CONTINUARÁ

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Muehehe, hasta aquí x hoy chicas y chicos del clú ^^, perdón por tardarme tanto en subir el chap, pero he andado algo atareada. De cualquier manera espero que la espera (valga la redundancia) haya valido la pena. XD
Saluditos.

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(*) Idea relacionada con la página de Eloi López. “El camino del tiro con arco”

(*) Ahora, respecto a lo de la edad de Aragorn, recuerdo haber escuchado que le decía a Éowyn que tenía ochenta y tantos, no me acuerdo bien, así que me inventé el número después del 80 jaja.

Y lo de los instrumentos musicales, no estoy muy segura de que sean los apropiados para el mundo de Tolkien, así que ustedes disculparán si me equivoqué, no fue con intención. ¿ok?

Saludos.

PD: Sus comentarios los contestaré durante la tarde.
Invierno, niebla y nieve por DI_MALFOY
Notas del autor:
Esteee, toy triste porque me bannearon de los recomendados del mes, buaaaaaaaaaaa.

Noticias de última hora: Ya se arregló todo, yujuuuuu. Gracias Aura.
NA: Había estado cometiendo algunos errorcillos por ahí, como por ejemplo: Rumiel es en realidad Rúmil, uno de los hermanos de Haldir (el que fue consorte de Legolas) No sé de dónde saqué la “e” de más ^^. Bueno, pues ya está solucionado.





Recordándoles que las palabras en cursiva se refieren a pensamientos y detalles importantes





Otra nota: Este capítulo me gustó mucho O.o no suelo hacer comentarios acerca de lo que escribo, pero me nació. Ojalá no defraude.





















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CAPITULO 8








Invierno, niebla y nive








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Había sido una velada maravillosa. Y hubiese concluido muchísimo mejor, si Legolas no hubiese sucumbido al sueño profundo. Aragorn había bailado algunos minutos más, rodeando al dulce elfo entre sus brazos, deleitándose con el suave aroma de sus cabellos.





Deseando tenerle así, por siempre y para siempre. Hasta el final de sus días. Ser uno solo. Sonriendo, al imaginar a Legolas, sentado justamente a su lado, en el trono, sonriéndole radiante y mirándole con profundo amor y devoción, al igual que el. Cientos de años de dicha, felicidad y prosperidad.





Fue entonces que Aragorn llegó a la conclusión de que su larga espera había terminado. Había encontrado a la persona idónea para entregarle por completo su corazón y su alma. Ahora Legolas era su dueño, aunque no lo supiese. Pasase lo que pasase, no miraría a nadie más…





-Haré que me ames, mi querido elfo. Sanaré tu herida. Sanarás porque yo me encargaré de que vuelvas a sonreír como antes. Tendrás una razón para vivir, al igual que yo. Cuando todo esto pase, te declararé mi amor. Ya no estarás solo, porque me tendrás a mí, ¡Oh, Legolas! Si supieras cuánto te amo… Si supieras que no puedo sacarte de mi pensamiento desde que nuestras miradas se encontraron por vez primera…





Volvió a tomar la barbilla de Legolas para depositar otro tierno beso.





-Eh, señor Trancos, disculpe que… Lo interrumpa pero, tengo que cerrar… Si no le molesta… Recuerde que hay toque de queda. No quisiera exponerme a una severa llamada de atención de parte de los guardias.





¿Tan tarde era ya?





Aragorn asintió.





Sin soltar a Legolas, tomó un pequeño bulto de su pantalón y lo arrojó al dependiente -Guarda el resto- Dijo sonriendo el rey, al ver la cara de satisfacción del otro sujeto. Y los pequeños hombrecillos recibieron una gratificación en igualdad de circunstancias. El momento de regresar había llegado. El alba comenzaba a despuntar. Y su bello elfo necesitaba reposo.





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El cuerpo de Legolas era muy ligero. Aragorn no tuvo mayor problema para trasladarle hasta su habitación y arroparlo. Era como una escena familiar; de pareja. El rey se sentía tan enamorado e ilusionado, queriendo guardar la imagen de su elfo dormido, sintiéndose su protector.





-R-Rúmil…





Legolas hablaba en sueños y Aragorn dejó sus bellos pensamientos a un lado, sintiendo que su estómago se encogía. Si bien, sabía la verdad acerca de la situación de su elfo, no dejó de sentir un poquito de celos. Aunque se reprochó por ser tan inseguro. Evidentemente el príncipe había entregado todo su ser a ese elfo llamado Rúmil, mucho antes de conocerle. No tenía porqué sentirse mal por ello. Lo pasado, pasado… ¡Pero es que ya lo sentía tan suyo! Ya no podría, -ni quería- imaginarse toda una vida sin su compañía. Y eso era lo que más le preocupaba. ¿Qué pasaría con él, en caso de que Legolas lo rechazara? Era una factible posibilidad… Y la cizaña de Faramir resonó en su cabeza como fuertes campanadas: “Legolas no volverá a amar. Si no me crees, ve y pregúntaselo”-.





No quería saber las circunstancias por las cuáles Faramir “estaba al tanto” del estado anímico de Legolas. Ahora estaba seguro de que su senescal habría querido indagar más allá mientras se encontraba ausente. No había tomado tanta importancia al comentario mal intencionado, pero ahora, al pie del lecho de su amado, la connotación de sus palabras, tomaban otro sentido.





-No puedes, no debes negarte al amor Legolas- Dijo en un susurro, mientras éste cambiaba de posición - Sé que no me escuchas, pero quiero que sepas que sé por lo que estás pasando; yo también he sufrido por amor y creí morir en aquel entonces, pero el tiempo se ha encargado de sanar mis heridas y ahora heme aquí, derritiéndome por ti y deseando ser correspondido…





Finalmente algunos copos de nieve comenzaron a caer. La temporada invernal había llegado por fin a Gondor y a toda Arda. Aragorn caminó hasta el ventanal y miró nostálgico el suelo que comenzaba a tornarse blanco. El invierno… Que le traía funestos y malos recuerdos de antaño. La mayoría de sus seres queridos, habían partido a las salas de Mandos, justamente al caer la primera nevada. Siempre bajo extrañas circunstancias.





-No voy a dejarme atrapar por la tristeza. Este año será diferente… ¡Oh, destino, Oh dulces Valars! Desvíen sus miradas hacia otro horizonte. Pasen de largo por Minas Tirith y olvídense por unos momentos de Aragorn, rey de Gondor. No le hagan pagar más por lo algo de lo que no fue culpable… Por favor… No ahora que la ilusión me sonríe…





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-¡Elbereth! ¡Nunca me había sentido así! ¿Qué es lo que me sucede?





Legolas había despertado casi a medio día con algunos síntomas “extraños”-. Vaciando lo mucho o poco que conservaba en el estómago. Sentía su cuerpo tembloroso y su boca estaba completamente seca.





-Lógicamente son reacciones secundarias. Lo que los humanos llaman comúnmente: Resaca. Pero no puedes quejarte, pasaste una buena noche con ese humano. Y lo que vino después… ¡Dioses! Muy excitante…





El príncipe giró sobre sus talones encontrando a su “Doble oscuro” mirándolo burlón. Por reacción lógica, Legolas llevó su mano hacia su herida, encontrándose con la novedad de que ésta ya no sangraba, como cuando Anderiel hacía acto de aparición.





-¿Sorprendido?-Dijo el elfo oscuro con sorna- Puedes estar tranquilo, ya no te desangrarás, ni sufrirás desmayos. Pero no desaparecerá. Permanecerás con ella por los siglos de los siglos. O hasta que alguno de nosotros muera.





Legolas estaba sorprendido. El elfo parecía tan “real” y no como un sueño. Estaba seguro que si acercaba su mano, podría tocarle si que éste se desvaneciera en el aire.




-No soy una pesadilla, mi querido e ingenuo Legolas. Ahora estoy más vivo que nunca. Y todo gracias a ti. – Anderiel fue quien acortó las distancias y tomó a Legolas por el hombro. Haciendo que el elfo tiritara de frío. -Mírate, tiemblas como una manso corderito.





-Gozas haciéndome sufrir- Legolas regresó al retrete para vaciar lo último que le quedaba -¿Porqué no desapareces de mi vista? ¡Déjame solo! ¡Nadie te llamó, no eres bienvenido!- Una nueva arcada-.





- ¿Podrías dejar de hacer eso? es repulsivo…





-L-Lo haría, pero no puedo- Contestó Legolas más pálido de lo normal.- E-Esto es nuevo para mí, no se supone que deba pasarme esto. ¡Los elfos no enfermamos!





-Ya te he dicho que no es enfermedad. Sufres los estragos de una apasionada y erótica noche con ese hombre llamado Aragorn. Ahora te toca pagar las consecuencias de tu desliz.





-¿Mi desliz? Lo dices como si yo hubiese hecho…





-¿Y no lo hiciste?- Contestó malicioso el elfo oscuro- Dime una cosa principito… ¿Qué tanto recuerdas de tu cita de anoche?- Anderiel le había dicho las últimas y rastreras palabras justo en su oído-.





-Estabas perdido por el Alcohol…Y amaneciste completamente desnudo… ¿Quién te trajo hasta tu habitación? ¿El aire?-.





-¡Mientes! A-Aragorn no haría algo semejante… ¡No, no podría!- El escaso color que había en el rostro de Legolas acabó por esfumarse- ¡El es un caballero!-.





-No estés tan seguro de ello. Los hombres no pueden controlar tan fácilmente sus bajos instintos, su lujuria; ya deberías saberlo; siempre anteponen el placer sobre la cordura. Tú estabas indefenso y a su merced… Ahora bien, no besa nada mal. Tiene un punto a su favor… Y esas manos… ¡Dioses! Harían estremecer hasta la criatura más insignificante en toda Arda.





-¡Basta, no quiero escucharte más! ¡No sembrarás la duda en mí!- Legolas pudo levantarse y hacerle frente-¡Aléjate!





(Toc-Toc)





-¿Legolas, sucede algo?- Se trataba de Aragorn, quien tocaba la puerta de la habitación-.





-Ahí está de nuevo. El rey de Gondor en persona. Tú salvador. Parece que tiene un sexto sentido y siempre se presenta cuanto estás en dificultades. Siempre está al pendiente de ti ¡Qué conmovedor!-.





-¡¿Legolas, estás bien!?- Aragorn seguía insistiendo-. ¿Puedo pasar?





-¡Por supuesto que estoy bien! entra Elessar, te estaba esperando.





Para sorpresa de Legolas, había sido Anderiel, quien había dado la orden. Clara y concisa, con mismo tono de voz.





-¡Cómo te atreves!- El príncipe arremetió contra su doble, acorralándole detrás de la puerta del sanitario, comprobando así, que éste presentaba una forma bastante corpórea-.





-¡Me atrevo porque puedo! ¡Y lo seguiré haciendo cuantas veces me plazca!





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Aragorn ya había traspasado el umbral. Llevando una canasta grande de frutas frescas y una botella de Miruvor. Pudo apreciar que Legolas ya se había levantado de la cama ¿Pero dónde estaba?-. Le vio salir algo agitado del baño, con la mejilla derecha bastante roja.





-¿Sucede algo?-Preguntó el rey confundido, ese magullón era bastante notable-.





-N-no sucede nada. Amanecí un poco indispuesto.





-Lo supuse. Por eso te traje algo de comida y Miruvor. Te sentirás mejor después que hayas tomado un poco.- Aragorn depositó la cesta en la mesita; sirvió un poco de bebida en un tarro y se lo ofreció al elfo.





-No quiero tomar nada más, gracias- Contestó Legolas receloso- Con lo de anoche tuve bastante. No quiero volver a hacer el ridículo ni… Hacer cosas fuera de lo común.





-Legolas, si te refieres a lo que pasó anoche, yo puedo explicarlo.





¿Lo que pasó anoche?





Las palabras del elfo cretino aparecieron grabadas en la mente del príncipe.





-¡Calla, por favor!- Si antes se había sonrojado, ahora estaba al borde-. C-Cualquier cosa que haya pasado anoche, lo hice sin estar consciente de ello. Bebí demasiado. Ahora, por favor, necesito estar solo.





-Pero Legolas…





-¡Por favor Elessar! Necesito aclarar mis pensamientos.





Sintiendo sumo pesar, Aragorn obedeció y se dirigió cabizbajo hacia la puerta de salida.





-Respetaré tus deseos. Lamento mucho todo esto y lamento también que te sientas mal. No fue mi intención hacerte pasar un mal momento. Pero para serte sincero, no estoy arrepentido; por el contrario. Lo que sucedió anoche fue lo más hermoso, lo más bello que me ha pasado en mucho tiempo… Por cierto, no tienes que ir a la práctica de tiro si no quieres, hablaré con Faramir al respecto. Con tu permiso.





La puerta se cerró detrás de él y Legolas se sintió miserable. Había sido descortés, total y absolutamente.





-Debes anteponer tus intereses personales y tus sentimientos, debes hacerlo Legolas Thranduilion. No es momento de comportarte como un elfito- El príncipe se regañaba así mismo- Prometiste a tu Atar hacer todo lo posible y no estás cumpliendo con tu palabra… La palabra es sagrada… Atar debe sentirse orgulloso de ti…





-¡ARAGORN, ESPERA!





Legolas corrió veloz para alcanzar al rey, y lo hizo, en uno de los amplios corredores del palacio blanco. Aragorn detuvo el paso, sin embargo no volteó la mirada, sólo se quedó estático, si mover un pie. No deseaba verse descubierto en su dolor.





-Aragorn.-Habló el rubio- Iré contigo a la práctica, no quiero ser irresponsable.





-Claro el deber ante todo… Siempre el maldito deber- Contestó Aragorn entre dientes. -Pero para un oído sensible como lo es, el de un elfo- demasiado fuerte.





-Estás molesto conmigo ¿verdad?-El brazo de Legolas alcanzó el de su anfitrión y le hizo girar para encontrarse frente a frente - No quise ser impertinente. Pero debes entenderme. Aún guardo luto y lo haré por mucho tiempo más. Lo que sea que haya pasado entre nosotros debe… Quedar en el olvido. No quiero que tu corazón guarde falsas esperanzas…





-¿Lo que sea, que haya pasado?- Contestó Aragorn alzando una ceja- Creo que mal interpretaste mis palabras Legolas. Entre tú y yo sólo ha habido respeto… Lo de anoche fue… Fue algo maravilloso, vuelvo a repetírtelo. El haber probado tus labios fue como tocar el paraíso.- Las puntas de las orejitas puntiagudas del elfo se tornaron rojas-.





-¿Sólo, solo pasó eso?





-Lo juro por lo más sagrado que tengo.





-Entonces porque yo… Amanecí completamente desnudo. No recuerdo haberme…





-¡Legolas, escúchame bien!- Aragorn había perdido “parte de su paciencia”-. Tomó a Legolas por los hombros y lo recargó en la pared con algo de brusquedad-. Sé que los hombres tenemos fama de tomar todo aquello que nos gusta sin pedir permiso. No te culparé por ver un deje de duda en tus ojos. Hay cientos de humanos sin oficio ni beneficio que no tienen una pizca de conciencia y remordimiento… Pero yo no soy uno de ellos… Yo te respeto, siempre te he respetado… Preferiría perder ambas manos antes de mancillarte… Antes de manchar tú honra… No sé de dónde sacaste la absurda idea de que me había aprovechado de tu embriaguez. Pero puedes estar tranquilo. Si te desnudé fue porque vaciaste una parte de tu cena sobre mí, y sobre tu ropa… No habría sido higiénico que te dejara en tu lecho en tales circunstancias.





-Por Elbereth… Qué vergüenza… ¡Oh Aragorn! Perdóname, actué como un completo idiota… Lo siento… En verdad quiero que me disculpes.





-No hay nada que disculpar… Y ahora te diré -antes de que me falte el valor y de que me arrepienta- Que… Juré no decirlo hasta que toda esta tensa situación terminara, me lo juré mil veces, pero ya no puedo ocultarlo más…





-Aragorn…





-Deja que termine de hablar Legolas, luego podrás decirme lo que quieras- El elfo asintió en silencio tímidamente- Sé que para ti es muy pronto y no quiero incomodarte. Pero desde que te vi, la primera vez que te miré, te quedaste con mi corazón- Legolas cerró los ojos, presentía que algo como aquello sucedería - Ya no pude arrancarte de mi pensamiento. Día, noche, a cada momento, a cada minuto, a cada segundo estás presente… Legolas, me gustas, me gustas mucho… ¡Por lo que más quieras mírame!-.





El elfo negó con la cabeza, no tenía el valor para hacerlo.





-¿Por qué no? ¿Acaso es tan malo lo que estoy confesando? ¡Estoy enamorado!-.





-¡No!- Gritó Legolas y cesó el agarre- No, no, no… Estás confundido. ¿Cómo puedes decir que me amas, si sólo hemos intercambiado algunas palabras? Prácticamente somos unos extraños el uno para el otro. Tú no sabes nada de mí, ni yo de ti…





-Es por eso que te pido que me des una oportunidad de demostrarte que en realidad me importas. – Decía desesperado el rey- Déjame conocerte. Conóceme tal y como soy. Para ti seré como un pergamino abierto, donde no habrá secretos.





-Por el momento me pides algo imposible Aragorn. Mi corazón llora. La herida todavía está abierta y duele, duele mucho… Sería muy ruin de mi parte darte falsas esperanzas. Eres un buen hombre, sé que encontrarás a alguien que te ame…





-Pero yo quiero que esa persona… Seas tú… Legolas, no cierres las puertas al amor… No me contestes ahora, tómate todo el tiempo que necesites, no te voy a presionar. ¿De acuerdo? Sólo dime si lo vas a pensar.


-No sé, no lo sé. Estoy confundido, nunca esperé semejante revelación. N-No sé cómo manejar la situación, soy inexperto.





-Déjame estar contigo el mayor tiempo posible y lo demás vendrá solo.





El sonido de un cuerno a lo lejos, los regresó a la realidad.





-Faramir nos llama- Dijo Legolas- No le hagamos esperar más.





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La práctica fue intensa, fuerte, agotadora. Legolas podía ser “dócil” para cierto tipo de cosas, pero para otras era una muralla de acero. Faramir, y Aragorn tampoco se quedaron atrás, comportándose como buenos “aprendices”-. Podía haber dificultades entre ellos, pero el sentido de la responsabilidad, la llevaban muy arraigada y cooperaron con todo lo que estuvo a su alcance.





Una práctica de espada fue lo que cerró la cesión de aquella tarde cargada de adrenalina. Donde Legolas no se dejó amilanar por las constantes arremetidas de Faramir y las miradas preocupadas y llameantes de Aragorn. Todos quedaron cubiertos de lodo y nieve por el grandioso esfuerzo, sumados a los soldados que levantaron un extenso campamento en la parte más alta de Minas Tirith y en la torre vigía. La ciudad se convirtió en una verdadera fortaleza, en donde nadie entraba ni salía sin ser severamente inspeccionado.





-Poco a poco se va sintiendo el ambiente-. ¿Lo nota Rey Elessar?- Preguntó Faramir (desde la torre) lo más cortés que pudo, recordando que “su amigo” había cortado con una parte de su amistad - Una inmensa calma, que antecede a una cruenta guerra. Siempre es así. ¡Qué los dioses se apiaden de nuestra alma! Minas Tirith nunca antes estuvo tan callada. Por cierto ¿dónde está el elfo?- Preguntó despectivamente -¿Acaso fue a peinar su sedoso y fino cabello frente al espejo? ¿No soporta el clima gélido? ¿Fue a cambiarse de atuendo porque el olor a “hombre” le desagrada?





-Necesitamos esas armaduras y armas élficas, mi querido Senescal… Para contestar a tus absurdas preguntas, te diré que Legolas se encuentra dando precisas instrucciones a varios mensajeros de mi entera confianza, para viajar sin descanso hacia Mirkwood y demás comunidades élficas. Presiento que ya no nos queda mucho tiempo. Los elfos oscuros deben estar acechando en cualquier parte…





-Creí que esa era parte de mi trabajo, su majestad. Informar…





-No eras el indicado para ésta encomienda… Y no hemos tenido noticias de Gandalf. ¡Demonios! Ésta espera me está matando.





-Tal vez, Éomer se esté dando a desear. Y te recuerdo que la distancia entre Gondor y Rohan es considerable. Aún en sombragris, Gandalf apenas estaría llegando a las puertas del reino. Y esta repentina neblina no ayuda mucho ¿No te parece?-.





-No conoces al mago tan bien como yo- Recalcó Aragorn- Siempre tiene un As bajo la manga… Siempre espera lo inesperado de su parte. Tiene la extraña y rara cualidad de comunicarse – si así lo desea- Desde distancias remotas a cualquier parte de Arda.





-A veces pienso que esa vara que siempre lleva con él, es más de lo que aparenta ser- Dijo Faramir arropándose un poco más, el frío había arreciado-.





Aragorn sonrió para sí.





Faramir tenía mucha razón.





El cayado de Gandalf era como un tercer ojo para el mago Istari. Pero el pequeño gran secreto sólo era conocido por él.





-¿Tienes hambre Faramir?- Preguntó Aragorn-.





-No. Vaya usted, su majestad… Haré guardia. Para eso me pagan. Y descuide, cualquier novedad le será reportada a la brevedad. Tendré mis ojos muy abiertos.





-Entonces lo veré más tarde.





A Aragorn le dolía en el alma tratar de manera tan impersonal a Faramir, su amigo de toda la vida. Pero aún se sentía molesto por sus groserías y sus impertinencias. Lo mismo le sucedía al senescal. Quien apostado en la torre rumiaba su tristeza y su coraje… Estaba perdiendo a Aragorn. Por él había viajado a Gondor, por el había dejado a Éowyn. Y el Rey parecía no darse cuenta.





Lo amaba.





De toda la vida.





Darse cuenta de ello le había costado mucho. Aceptar que amaba a un hombre de su mismo sexo había sido un gran golpe, pero también una hermosa satisfacción. Ahora sabía lo que quería y a quién. Sin embargo no contó con la inesperada presencia de un elfo de bosque negro, poseedor de una enorme belleza y gallardía. Nada menos que un príncipe de buena estirpe. ¿Cómo competir contra eso? Era más que obvio que su amado estaba prendado del rubio; y los celos no lo dejaban dormir ni vivir tranquilo.





Había actuado como un perfecto estúpido y ahora estaba pagando las consecuencias. Por el momento se encontraba en un callejón sin salida. Nunca había aprendido a pedir perdón, no estaba acostumbrado y aunque en el fondo lo deseaba, no se animaba a dar ese primer paso.





El orgullo del hombre.





Su orgullo pisoteado.





-¿Porqué tenías que aparecer, Legolas de Mirkwood? Llegaste y me arrebataste la atención del hombre que amo. No sé si te odio… Si, te odio, como nunca he odiado a nadie…





-Faramir… Faramir…





Su nombre arrastrado por el viento. Para ser exactos, el murmullo provenía de las escaleras que conducían hasta su ubicación.





-¿Aragorn, eres tú?





-Faramir, Faramir…





-¿Legolas?-. No podía ser el-.





-Faramir, baja… Por favor. Baja, te estoy esperando. Tú y yo no hemos terminado...





-Con que esas tenemos. ¿No tuviste suficiente, elfo?- Gritó casi eufórico- ¿Quieres probar de nuevo el poder de mi espada? ¿Eres un estúpido masoquista?





-Faramir… No me hagas esperar más, te necesito… Quiero confesarte algo. Anda, no seas tímido… Baja de ahí. Es muy importante lo que tengo que decirte.





- ¿Porqué no subes tu? Si es tan importante, aquí te espero. Yo no pienso mover un solo músculo. Tengo órdenes de permanecer en alerta, y siempre cumplo con mi deber.





El viento comenzó a arreciar, acompañado de una ventisca de nieve, haciendo que Faramir tuviese que cerrar sus ojos. Pues los finos cristales de agua nieve le picaban como pequeñas agujas.





-Aquí estoy Faramir… Aquí estoy…





-¿Dónde? No puedo verte.





-Quizás no puedes verme, pero me sentirás… Cierra tus ojos…





Faramir sintió como unos brazos le sujetaban por detrás y una lengua se paseaba por su cuello y por su oreja. Tomándole por sorpresa.





-Oh, así que el elfo no es tan inocente después de todo- Dijo Faramir hasta cierto punto incrédulo, pero disfrutando-. Esa timidez que reflejas es sólo una máscara… Eres muy listo. Sabes cómo enredar a la gente.





-Me gustas Faramir… No te lo había dicho antes por temor a tu rechazo… Por eso intenté darte celos con Aragorn… Quiero que me poseas príncipe de Ithilien… Quiero sentirte… Hazme tuyo…





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CONTINUARÁ





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MuHAHA, No me vayan a colgar por dejarlo así n__n las haré sufrir un ratito jijiji.





El siguiente capítulo será NC-17 O.o no adelantaré más detalles. Porque la sorpresa deja de ser eso precisamente. XD





Gracias chicas por apoyarme con sus comentarios (y chicos) saluditos y que tengan buen fin de semana. Byeeee.


Temblando por DI_MALFOY
Notas del autor:
Holaaaaaaaaa.
Queridas lectoras, he de decir que hace muchos meses (pero muchos) que no escribo un lemmon -Como el slash manda O.o-. Me sentí un poco fuera de orden, pero creo que logré algo decente n_n y candente (aunque pequeño ¬¬) ya ustedes tendrán la última palabra, Gulp!

ADVERTENCIAS:

Como dije anteriormente, esta primera y pequeñita parte del chapter, será NC-17. Y ya saben lo que eso significa. Corazones sensibles absténgase juas, qué dramática ^^ No es para tanto (Crazy, tú si puedes saltártela O.o) Tomatazos, pedradas y demás maldiciones están prohibidas muehehe.






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CAPITULO 9


Temblando…


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Apresó sus labios de una manera desesperada y brutal, profundizando con su lengua, sujetándolo con fuerza de sus cabellos, mientras que con una de sus manos desgarraba con desesperación la ropa de aquel cuerpo que se le ofrecía sin ninguna clase de restricciones. Hasta que no quedó ninguna prenda cubriendo su desnudez, revelando su cuerpo delgado y delineado… Ya no había nada que se interpusiera entre su miembro erecto y el paraíso. Faramir parecía estar actuando bajo la influencia de algún embrujo, puesto que el animal que llevaba dentro de sí, explotó con tal saña, que no le importó girar el cuerpo de su amante y estrujarlo contra la fría pared de roca, haciendo que el rostro del elfo se impactara, con un sonido hueco. Separó las piernas de su amante- con una de las suyas- E inmediatamente después, colocó los brazos del ser etéreo por encima de su cabeza par a tener mayor control.

-¡Ahora sabrás lo que un verdadero hombre es capaz de hacer! Aullarás de dolor, pero también de placer- Dijo Faramir y mordió uno de los tersos hombros del elfo, haciendo que éste dejara escapar un leve quejido- Te gusta rudo… ¡Pues eso es lo que recibirás, ni más ni menos!

-M-Mi señor, haga de mí lo que quiera, soy su humilde esclavo…

Estas últimas palabras encendieron aún más el ánimo del senescal, que no esperó más y bajando sus pantaloncillos, buscó su miembro para taladrar la entrada de”Legolas”. No hubo una preparación, no hubo preámbulo; simplemente tomó salvajemente el trasero firme y redondo hundiéndose en la estrecha entrada, hasta el fondo.

Embestida tras embestida. Fuerte, profunda y constante.
-¿Te gusta elfo? ¿¡Te gusta que te folle!? ¿¡No era lo que querías!? ¡HABLA MALDITA SEA!- Faramir continuó más rápido y más fuerte, clavando sus uñas en la espalda, haciéndole heridas pequeñas que comenzaron a sangrar - ¡Dime que te gusta! ¡Que te encanta ser mi ramera, dilo!

El mencionado permanecía en un extraño silencio -salvo los gemidos- lo que motivó que Faramir se ensañara más. Le tomó por el cuello y lo tiró al suelo, boca abajo, presionando con el peso de su cuerpo, volviendo a separar las piernas de su amante. Lo penetró con rudeza por segunda ocasión. Faramir estaba empeñado en hacerle el mayor daño posible. No había placer (para el hombre) en aquella relación por extraño que pareciese. Era odio… Un odio irracional que iba en aumento conforme pasaban los minutos. El solo quería lastimar…Herir… Sodomizar… ¡Vengarse de él, por haberle arrebatado el amor y la atención de Aragorn!Legolas no tenía perdón de los dioses, Legolas no merecía ninguna clase de consideración. ¡Legolas no merecía nada! Solo desprecio y ser tratado como la basura que era…

*

Sintiendo que estaba al borde, Faramir retiró su miembro y obligó al elfo a que girara y se arrodillara ante él, para que Legolas atrapara su virilidad con la boca y terminara el trabajo. De inmediato fue atendido tal cual lo deseaba, siguiendo la misma intensidad y profundidad.

-¡Dioses! Sabes cómo hacerlo… E-eres un maldito experto… Vamos, cómelo todo…

Las manos del Hombre regresaron con brusquedad al cabello del rubio y tiraron hacia adelante y hacia atrás, marcando el ritmo.

-Así, así es como me gusta… ¡Apréndelo! Ahh, Oh, ¡Apréndelo bien ramera! Porque no será la primera ni la última vez… La clase de bichos como tú, siempre regresa por más… No tienen dignidad, ni amor propio… ¡Anda, no te detengas! Ahh, vamos, vamos, vamos…

Ya no pudo contenerse más y con un fuerte espasmo, terminó en la boca de Legolas. No dejándole levantar hasta que hubiese dejado todo limpio con la lengua. Hasta la última gota de semen… Su cuerpo había quedado rígido y tembloroso. Sintiendo una extraña sensación de goce y vacío… Un mareo extraño intenso lo abordó (apenas se hubo separado del elfo) obligándole a retroceder hasta la fría pared de piedra, para tomar un respiro.

Regresó el silencio y el viento frío.

Faramir abrió los ojos y se sorprendió al encontrarse completamente solo. Legolas ya no estaba, tampoco su ropa. ¡¿Cómo demonios se había vestido tan rápido?! Subiendo torpemente sus pantaloncillos, se aproximó hacia el borde de la torre, para tratar de ver hacia abajo. Pero ninguna alma atravesó. La neblina había menguado un poco, por lo que estaba seguro de que vería al elfo deambular desnudo y con premura por la plazoleta, con su vestimenta entre sus brazos, pero se equivocó… Como si se hubiese esfumado en el aire… Como si se hubiese convertido en polvo y el viento gélido selo hubiese llevado entre su corriente.

- ¡Esto no puede ser! Nadie puede escabullirse tan rápido, inclusive un elfo… ¡Valars! ¿Estaré sufriendo de alucinaciones? N-No, no, todo fue real, el elfo estuvo aquí… El muy maldito estuvo aquí. Lo sentí… follamos… Me corrí dentro de su boca… No puedo estar demente…

Abriendo su mano, pudo percatarse que tenía un mechón rubio entre sus dedos. Por la fuerza e intensidad de la relación, había arrancado algunos cabellos. No se había percatado de ello hasta ahora, que su pulso y respiración regresaban a la normalidad.

-Esta es una prueba irrefutable de que estuviste conmigo, Legolas de bosque negro. Te hice mío… Te entregaste a mí sólo por sexo… No mereces el amor de Aragorn y yo… Yo tampoco… -Abatido recargó su cuerpo sobre la pared, tratando de hilas sus ideas. - E-El odiar con toda mi alma a Legolas no me daba derecho de hacer lo que hice… Soy un estúpido. Caí en sus redes… Fui débil… ¡Aragorn no debe enterarse de esto, o me odiará más que a nadie en el mundo! Y yo no quiero que Elessar me odie… No podría soportarlo… ¡Oh Elbereth, ayúdame! Le fallé al hombre que amo… Me fallé a mi mismo por no saber controlar mi ira y mi frustración. No merezco ser lo que soy… No merezco ser el senescal de Gondor.


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Ardía por dentro.

Minutos después de haber cumplido con el deber de mandar los mensajes hacia tierras élficas, Legolas sintió que se quemaba. Algo en su interior había hecho explosión. Obligándole a perder el equilibrio y caer -sin poderlo evitar- al frío piso de mármol blanco. Intentó incorporarse en repetidas ocasiones, pero algo se lo impedía.Una fuerza extraña apretaba su cuerpo al máximo, al grado de dejarle casi sin aire en sus pulmones. Con mucho esfuerzo logró girarse para quedar boca abajo. Como un bebé humano, “gateó” algunos metros, para llegar a la pared y apalancarse de donde pudiera. Fue una tarea titánica volverse a poner de pie. Todas sus extremidades estaban entumecidas, rígidas. La temperatura comenzaba a subir con velocidad, tanto, que la ropa le escocía y terminó por desgarrar la mayor parte.
Gritó… Y volvió a gritar por la desesperación de no saber qué pasaba. Sin embargo nadie acudió en su ayuda, se encontraba -extrañamente- en completa soledad. Lo que más impactó fue sentir cómo “unas manos invisibles” se paseaban por todo su cuerpo, y el no podía defenderse… Regresó al piso, golpeándose en el rostro.

¡Por todos los dioses! ¿Qué le estaba sucediendo?

- ¡ATAR, AYUDAME…! ¡ELBERETH! ¡ADA, NO ME ABANDONES!

-Legolas...

Al alzar su vista se encontró rodeado de flores silvestres de muchos colores, en medio de un hermoso bosque de pinos. Frente a él comenzó a revelarse una silueta enfundada en una túnica vaporosa a perlada.

-Legolas… Ionn in

Esa voz la conocía.

-A-¿Ada? ¿Eres tú?

-Mi Legolas, mi hojita verde. Sigues igual de hermoso, como cuando eras un pequeño elfito travieso…

La madre de Legolas se arrodilló para acariciar la mejilla de su hijo, regalándole un poco de calma al atribulado corazón de Legolas. El elfo tomó la mano de su Ada entre las suyas y la besó con dulzura.

-Mamil (*) No sabes cuánto te he extrañado… Tenía tantas ganas de verte… De estar contigo… Me has hecho mucha falta.

-Calma pequeño, yo estoy aquí para confortarte. Todo está bien.

Fundiéndose en un abrazo maternal, Legolas cerró los ojos y aspiró el perfume de rosas de su madre. Volviendo a sentirse como un pequeñito indefenso.

-Mamil. ¿Estoy muriendo? ¿Es por eso que estás aquí? ¿Me guiarás por el camino?- Preguntó Legolas deseando que la respuesta fuese afirmativa-.

-Tu hora no ha llegado todavía, Ionn in. Tienes una misión importante que cumplir en Arda.
-Pero yo quiero quedarme contigo. Allá no hay nada para mí. Me siento solo, vacío. Rumiel se ha ido a Mandos y quisiera irme con él. ¡Por favor, llévame!

-Oh, mi querida hojita, desearía curar tu herida y sanar tu alma con mi amor, pero es imposible. Eres tú quien tiene el poder, busca dentro de ti y encontrarás la respuesta. ¡Se fuerte Legolas! No te rindas, lucha con todas tus fuerzas… No te dejes vencer… La maldad puede ser combatida… Domínale tú. Sé más inteligente y no le des armas para lastimarte. Enciérralo y no le dejes salir nunca más.

-No te entiendo Mamil. ¿A quién debo encerrar, a quién no le debo dar amas?

-Al miedo…

-¿Al miedo?- Legolas miró fijamente el gris azuloso de los bellos ojos de su madre.- Sigo sin comprender.

-El miedo, que ahora ya cuenta con un nombre. El, que va tomando poder poco a poco, y que se alimenta de tus temores, de tus angustias y de tus deseos más profundos… Aquellos deseos oscuros que conviven con nosotros y que afloran cada vez que tienen oportunidad… Aún los elfos de la luz, los poseen. El negro y el blanco, el blanco y el negro.

La mano de la hermosa elfa se posó en el costado izquierdo de Legolas.

-Mi hojita. Es hora de volver… Regresa.

-No quiero. ¡Déjame aquí, para siempre!

-Eso es imposible por ahora. Ya llegará el tiempo de reencontrarnos y volveremos a ser felices por toda la eternidad… Anda, date una nueva oportunidad de ser feliz y recuerda lo que he dicho… Alguien te espera con los brazos abiertos… Te amo Ionn in…

Besando su frente, comenzó a desvanecerse en el aire ante la desesperación de Legolas. Finalmente se quedó solo, con un nudo en la garganta. El pasto verde y las flores bellas se marcharon también, atrapándolo en la oscuridad de un remolino que lo arrastró hacia lo profundo; hacia lo incierto.



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-¿Mithrandir? Has llegado.

-Aiya, príncipe Legolas. ¿Descansaste lo suficiente?

-Creo, que sí… Aunque parece ser algo tarde, la habitación está muy oscura –Legolas se incorporó, hasta cierto punto confundido.

-La hora no importa. Me alegra verte despierto, después de cinco días de sueño profundo… Veo que te sorprende mi comentario.

-¡¿Cinco Días?! Pero cómo…

-No te levantes. Te explicaré lo que necesites saber, después de que comas algo.-Gandalf acercó un tazón hondo que despedía un agradable aroma. Legolas lo aceptó tímidamente. -Nos diste un gran susto, príncipe. Fue una ardua tarea, traerte de regreso.

-N-No comprendo.

El mago lo miró con detenimiento. Siempre con esa mirada seria y escrutadora que daba escalofríos.

-¿No recuerdas nada? ¿Qué sucedió hace cinco días?

-¿A qué te refieres Mithrandir?

-Uno de los guardas te encontró desmayado cerca de la entrada a palacio. Dio la voz de alarma y de inmediato te trajeron a tu habitación. Elessar pensó que habías sido víctima de un ataque sorpresivo… Tenías algunas marcas en tu espalda y llevabas las ropas desgarradas… La situación ha estado algo tensa estos días Legolas… Por eso necesito que me expliques, a mí antes que a nadie, qué ocurrió. Aragorn no es tan paciente como yo, tratándose de ti. Hubieses visto la escena que armó por no dejarle estar a tu lado el día de hoy. Quería ser el, a quien vieses en cuanto despertaras… Nunca va a cambiar, bien ahora necesito saber…

¿Qué podía contar Legolas, si el mismo no sabía a ciencia cierta lo que había sucedido? Tratando de ganar tiempo, dio algunos sorbos a su plato de avena.

-Sólo tengo recuerdos vagos, detalles. Un calor intenso dentro de mí, una fuerza presionando mi cuerpo contra el suelo y que me impedía el movimiento voluntario… Y… Me da pena decir esto…

-Te repito que puedes confiar en mí. De mi boca no saldrá nada.

-Bien… Sentí como si unas manos invisibles me… Me tocaran.Pero lo que tengo muy presente es a Mamil.

-¿Es tu Ada?

-Así es. Como si hubiese aparecido ante mí en el momento que más la necesitaba. Cómo su inmenso amor me rodeó con dulzura. Los verdes campos, la hierba, el aire puro… Era como estar en el paraíso. Todo era tan bello, que deseé quedarme ahí por siempre.

-Ahora sé por qué te rehusabas a despertar… Sobre todo ahora que tu herida habla mucho por ti.-

Legolas se congeló.

-¡Por favor! ¡Nadie más debe enterarse! Mi Atar lo prohibió so pena de muerte… Y mi Atar siempre cumple su palabra.

-Descuida Legolas para nuestro beneficio- aunque suene muy duro- Tu padre está lejos, por ahora. Lo que me plantea varias preguntas al respecto ¿sabes realmente porque prohibió a tu pueblo mencionar el incidente? ¿Te dio alguna explicación congruente con sus actos?

-No. Simplemente dio la Orden. ¿Acaso hay otra razón que desconozco Mithrandir?

-La hay, pero no soy yo el indicado para decírtelo… Ahora quiero que me digas ¿quién es Anderiel?

Golpe bajo a Legolas. Gandalf siempre directo al punto, así era él, cuando la ocasión lo ameritaba.

-Quiero la verdad, solo así podré ayudarte. ¿Quién es, o qué es Anderiel? Hablabas en sueños, y repetías constantemente ese nombre.

Era tiempo ya, de compartir con alguien su pena. Y quién mejor que el mago Istari para desahogar parte de su pena.

-A ti no puedo mentirte Mithrandir. Una extraña presencia ha estado atormentándome desde hace varios días. Aparece y desaparece a voluntad, y lo más extraño de todo es que solo yo puedo verlo, nadie más. Es igual a mí, excepto en el color de su piel y el color de sus ojos… Lo de él son fríos… Oscuros… Negros. El solo recordarlo me hace estremecer.

Gandalf prendió su pipa y le dio tres bocanadas amplias. Escrutando meticulosamente cada palabra. Cada una de ellas era muy importante, por más insignificante que fuese.

-…Las primeras veces, su presencia me dejaba exhausto, la herida sangraba en abundancia y yo sentía morir. La última vez que apareció ante mis ojos, me obligó a darle un nombre, apoderándose de mí. Si así lo desea, puede inmovilizarme y hacer lo que le plazca… Extrañamente la herida ya no sangró aquella vez y…

-¿Haz intercambiado algunas palabras con él?- Gandalf intervino.

-Sí… “Siempre voy a estar un paso delante de ti, puesto que yo, soy tú”. Considero que esto es lo más importante y lo más detestable que me ha dicho. Porque estoy pensando que tiene razón.- Legolas dejó su tazón en su mesita de noche. El apetito se había ido - Es más veloz que yo… No he podido darle alcance y eso me enfurece.

-Ya veo… Su presencia va cobrando fuerza… Es más corpórea…

-Gandalf- Legolas le habló de tú- ¿Hay alguna manera de detener todo esto? Siento que voy a volverme loco… Veo y siento cosas… No quiero vivir así. De hecho ya no quiero vivir…- Volvió a recostarse en la cama y se hizo un ovillo.

-Hmm. No tienes ganas de luchar… Quieres morir, y sería lo más estúpido que pudieses hacer. No actúas como un príncipe guerrero, sino como un elfo cobarde.

Gandalf nunca le había hablado de aquella manera. Sus palabras siempre habían sido de aliento y de felicitación, hoy sin embargo le restregaba en la cara su cobardía.

-Me duelen tus palabras Gandalf, pero tienes razón… Aragorn y Mamil me han dicho que los Valars me han dejado en Arda porque tengo una misión que cumplir… Que sea feliz; Pero no estoy de acuerdo con ellos. Desde que Rumil se fue, he perdido la esperanza.

-Legolas, creo que no es el momento ni el lugar adecuado. Pero muchas vidas dependen de ti. Vidas que correrán con la misma suerte que tú si son atacados por elfos oscuros. Viniste a Gondor para pedir ayuda y luchar por tu pueblo… El pueblo de los hombres confía en el pueblo de los elfos y viceversa… Es por eso que el pueblo Rohirrim ha acudido al llamado. Éomer, su rey, está ahora en Gondor, discutiendo un plan de batalla al lado de Elessar, y solo esperan a que el príncipe Legolas se restablezca y sea para ellos como un hermano más, para luchar por la paz de nuestra tierra y de nuestro mundo.

-Lo sé Gandalf, cuentan conmigo, mi Atar cuenta conmigo. Pero mi espíritu de lucha flaquea, cuando más dispuesto estoy a luchar. Es una sensación extraña, como si estuviese todo el tiempo…

-Ebrio. Somnoliento.

-S-Si.

-Ya nos encargaremos de eso. Por lo pronto debes comer algo y recuperar fuerzas- Gandalf volvió a acercar el plato de comida- Por cierto. Aragorn estuvo muy preocupado por ti. Día y noche a tu lado. Durmió poco, y comió menos.

-¿Es cierto lo que dices?

-Absolutamente. Le interesas mucho. Pero eso creo que ya lo sabes.- Gandalf rió malicioso.

-Lamento mucho haberle causado tantas molestias… Aragorn me declaró su amor, Mithrandir. Quiere que le dé una oportunidad.

-¿Lo intentarías, Legolas?

-A estas alturas ya no sé lo que quiero. No tengo cabeza para pensar en el amor.

-Sería un gran apoyo para ti. Si quieres un consejo, permítele acercarse a ti. Sino como una pareja sentimental, como un buen amigo, por el momento. Habla con él, sabe escuchar y sus consejos son sabios... Es hora de retirarme, mi joven príncipe; requieren de mi presencia en el consejo. Termina de comer y si te sientes con ánimos, sería todo un honor el que nos acompañases.

Gandalf el gris, se levantó de la silla cercana al lecho de Legolas y tomó una jugosa manzana del frutero.

-Deliciosas… Todas cortadas de propia mano del rey. Puedes sentirte muy afortunado. No todos pueden jactarse de “tener tal honor”. Haces que Aragorn se comporte como todo un muchachito enamorado.-Dándole una gran mordida, el gran mago se aproximó hacia la puerta.

-E-Espera Gandalf, iré contigo. Sólo dame unos minutos para asearme. No tardaré.

-Todos los que necesites Legolas… Todos los que necesites.


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-Así que no te preocupes Aragorn- Decía Éomer- Dejé mi ciudad resguardada y con órdenes precisas. Gandalf fue de mucha ayuda. Su gran conocimiento será una herramienta fundamental para que no tengamos que lamentarnos más de la cuenta. Desafortunadamente mucha gente morirá, no podemos negarlo, pero mientras menos bajas haya, será mejor para todos… Pienso que Gondor será una pieza fundamental para el ataque de… Esos elfos de la oscuridad. Por eso estoy aquí, para unir fuerzas y darles batalla… ¡Defenderemos Arda con todo lo que tengamos!

-Gracias hermano- Contestó Aragorn lleno de gratitud- Sabía que no ibas a dejarnos luchar esta batalla solos.

-Nunca haríamos tal cosa…

Éowyn traspasaba el umbral de la puerta. Sonriendo tímidamente, como siempre hacía cada vez que tenía a Aragorn enfrente.

-No pude persuadirla de que se quedara en Rohan- Dijo Éomer seriamente-Sabes lo necia que suele llegar a ser cuando se le mete algo en la cabeza.

-No soy una necia, simplemente consideré prudente venir a ayudar en todo lo que me sea posible. Soy una guerrera, nunca me lo hubiese perdonado… ¡Aragorn, es un placer volverte a ver!- La bella mujer le abrazó efusivamente- Disculparás el retraso, pero creímos oportuno viajar en dos grupos distintos para no ser el blanco de miradas curiosas.

-Es un gusto tenerte aquí, después de tanto tiempo, Éowyn. En verdad que no tengo con qué pagarles.

-Hicimos un pacto de hermandad, recuérdalo Aragorn. Hubieses hecho lo mismo por nosotros… Y a todo esto… ¿Dónde está Faramir?- Preguntó Éomer- El grandioso y responsable senescal de Gondor debería estar aquí.- Al escuchar el nombre de su antigua pareja, la mujer bajó la mirada.

-Cubre la guardia en la torre vigía. Tiene órdenes de no abandonar el puesto bajo ninguna circunstancia. Para este momento, ya debe estar enterado de su llegada. Debió haberles visto venir.

-Y es lo mejor que pudiese hacer, quedarse por siempre y para siempre ahí, porque de lo contrario le arrancaría la cabeza con mis manos…

-Éomer no es el momento ni el lugar adecuado, por favor.- La rubia se ruborizó.

-¿Puedo ofrecerles algo de comer y beber?- Sintiendo el ambiente tenso, Aragorn, hizo sonar la campanilla de servicio- El viaje fue largo y agotador. La nieve ha subido algunos centímetros y es difícil desplazarse.
-El camino estuvo complicado en algunas partes, pero nos las supimos arreglar bastante bien. Gandalf es una caja de sorpresas.

-¿Escuché mi nombre?

El anciano venía acompañado de Legolas- quien venía ligeramente retrasado. Aragorn contuvo el aliento. Su príncipe por fin estaba de pie y con buen semblante. ¡Gracias a los Valars! Habían escuchado sus plegarias.

-Supongo que no habrán estado hablando mal a mis espaldas mientras estaba ausente.

-En lo absoluto. Comentaba con Aragorn, que de no haber sido por tu ayuda, nos las hubiésemos visto muy difíciles por el camino…Oh y tú debes ser el príncipe Legolas de bosque negro, he escuchado mucho sobre ti. Mucho gusto en conocerte.

Éomer acercó su mano al elfo.

-Me llamo Éomer, rey de Rohan.

-Y yo soy Éowyn.- Dijo la mujer haciendo una pequeña reverencia.

-Un placer- contestó tímidamente Legolas.

-¿Te sientes mejor?- Aragorn colocó su mano sobre su hombro-.

-Sí. Gracias.- Legolas nunca levantó la mirada hacia el rey.

-El príncipe Legolas ha estado un poco indispuesto los últimos días- Dijo Gandalf con cierto aire sospechoso en sus palabras- El clima de Gondor no le ha sentado muy bien… Lo que me recuerda que Legolas debe decirte algo importante Aragorn, es sobre las armaduras élficas…

-Pero yo no…

-¡Pero claro que sí! Y mientras ustedes dos intercambian puntos de vista- Dijo arrastrando a ambos fuera de la habitación y guiñando un ojo al rey- Yo acompañare a éste par de Rohirrims a comer. ¡Me muero de hambre! Tanta, que sería capaz de comerme un Trol.


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No sabía que tenía entre manos Gandalf el gris. Pero Aragorn agradeció infinitamente la “inesperada ayuda”, estaba loco por estar a solas con Legolas. Este, por el contrario, se mostraba mucho más callado de lo normal. Distante.

-Vayamos a otro sitio a platicar. Los pasillos son muy fríos. No quiero que te resfríes.
-Por favor Aragorn. No me trates como un niño humano.

-¿Cómo dices?

-A-Agradezco tus cuidados y tus atenciones. Pero sólo haces que me sienta inútil. N-No quiero que vuelvas a hacerlo ¿está bien?

-Oh, vamos. Ahora sé porqué estás así… Quiero dejar muy en claro una cosa Legolas. Mientras estés bajo mi techo, mientras seas mi invitado, yo cuidaré de ti. Necesitas ayuda y lo sabes… Y yo estoy dispuesto a hacer todo por ti.

-Aragorn, no…

-¿Sabes las horas de angustia que pase, al saber que no podrías despertar? – Le tomó por los hombros de manera brusca- ¡No, no lo sabes…! ¿Y sabes por qué? ¡¡Porque la tristeza te está venciendo y a ti no parece importarte!! Pero yo no voy a dejarte caer ¿me oíste? Voy a luchar por ti, cueste lo que cueste.

-¿Tanto te importo Dunedain?

-Más que a mi vida… Estoy completamente perdido de amor por ti, y no pareces darte cuenta… Legolas, yo lo veo así… Los agraciados Valars te han puesto en mi camino, me lo han dicho en sueños y no pueden estar equivocados. Déjame ser quien sane la herida de tu corazón, por favor. Yo sabré hacerte feliz, solo quiero que me des una oportunidad, te lo suplico…

Aragorn cerró el abrazo. Sujetando fuertemente el cuerpo de Legolas contra el suyo.

-Déjame estar así unos minutos… No me rechaces… No me rechaces…

-Elessar, estás… ¿Estás llorando?

Legolas escuchaba como el poderoso rey de Gondor, el más importante de todos, lloraba en silencio en su hombro. Lloraba por el… Lloraba porque lo amaba… Y temblaba por amor.

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CONTINUARÁ

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Hasta aquí por hoy. Perdonen el retraso, pero se me han metido ideas locas a la cabeza últimamente jaja. No me hagan caso. Espero que el capi les haya gustado y de aquí en adelante, la cosa se va a poner color de hormiga muehehe. No se despeguen!!!
Una ventana al pasado por DI_MALFOY
Notas del autor:

XD
Holas. Perdón por la tardanza, pero me tomé unos días de vagaciones y anduve haciendo y deshaciendo fics muehehehe. Y por lo tanto no respondo si el capítulo sale muy meloso XD o muy trágico n_n





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CAPITULO 10


Una ventana al pasado


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Sintiéndolo vibrar entre sus brazos con mucha angustia, Legolas no dejó de sentirse miserable. El rey de los hombres sufría a causa suya y eso le infundía una grande pena. ¡No había sido su intención! Por Eru que no le gustaba ver a la gente sufrir; mucho menos a Aragorn, que se había portado tan gentil. Mostrándose incondicional, siempre a su lado, cuidándole, procurando su bienestar.

-Por favor. No te vayas nunca, Legolas. Ya no podría vivir sin ti. ¡Quiero abrazarte muy fuerte y jamás soltarte!

Escucha Legolas… Escucha…

-…Ya eres una parte importante de mi vida. Quiero que estés conmigo para siempre.

Escucha cada gota de agua, murmurando secretos entre la lluvia; abre tus ojos al amor alrededor tuyo. Puedes sentir que estás solo, pero yo estoy aquí contigo. Sólo recuerda escuchar a la lluvia…

Las dulces palabras dichas por su madre, regresaron con más fuerza a sus pensamientos. Es nueva oportunidad de la que ella le habló, parecía mostrarse nítida ante el. Parecía imposible e impensable, que pudiese intentar rehacer su vida con quien jamás imaginó. No tan pronto. No aún, la herida comenzaba a cerrar, pero todavía seguía ahí, latente recordándole a su amor perdido, a su primer amor.

Rúmil… Aragorn… Rúmil… Aragorn… No es fácil decir adiós, ¿Qué historia se esconde detrás? No resulta fácil olvidarlo todo y empezar de nuevo; ignorar la huella que ha dejado un beso. No resulta fácil encontrar de nuevo lo que se ha perdido, despertar el alma cuando se ha dormido. No resulta fácil a quién decir, te quiero. No resulta fácil…

-… Ya sé que ayer estabas junto a él y hoy se ha ido -Aragorn hablaba con el corazón en la mano- Que compartiste la noche tibia y el amanecer, que descubriste junto a él, la dicha. Ya sé que se ha parado tu corazón ¡Pero ahora mismo vas a echarlo andar Legolas! Es pronto para dar por un amor la vida… Es mejor olvidar, que llorar por amor.

-Aragorn no sé qué hacer, ni que decirte. Dulces Valar, ayúdenme.

-Vuelve a sonreír, Legolas. Olvídale. La vida es larga y estos golpes del amor, se olvidan. Después de cada noche nace Anar, iluminando cada rincón con su resplandor… Después de la tristeza, nacerá la dicha…. Y si hoy tienes maltratada el alma y duerme junto a ti la soledad, no importa, porque empieza un día más la vida…

Olvídale, me ha pedido, olvídale me ha suplicado. Ha pasado los últimos cinco días de su vida velando por mí. Aragorn en verdad me ama. Me ama. Me ama…

Finalmente, Legolas tomó una decisión. La más importante de todas. Si bien no estaba muy seguro, en su interior sabía que era lo correcto. Quizás el amor llegase con el pasar del tiempo. Haría caso a las palabras sabias de su madre.

-A-Aragorn. No voy a irme a ninguna parte.- Legolas afianzó el abrazo, rodeando a Aragorn por la cintura con mucha fuerza. Ahora era él, quien temblaba- Siempre voy a estar aquí, para ti. Incondicional. V-Voy a darme y a darte ésa oportunidad. P-Pero no me pidas más de lo que pueda dar.

¿¡Legolas le estaba dando ésa oportunidad tan anhelada!? El corazón del rey estaba a punto de salir de su pecho por la inmensa felicidad.

-¡Legolas, mi amor! ¡Me has hecho el hombre más feliz de Arda!

El hombre cubrió de pequeños besos el rostro del elfo, quien se dejó hacer.

-Legolas Thranduilion, sé que todavía no me amas. Pero yo me ganaré por entero tu corazón. ¡Juro por lo más sagrado que no te arrepentirás de haberme dado ésta oportunidad! Puedes estar tranquilo, no te pediré algo que no me quieras entregar por voluntad propia… ¡Dioses, estoy tan loco de felicidad, que quisiese gritarlo, fuerte y alto por toda Arda!

-Aragorn, por el momento me gustaría mantener esto en secreto. No es oficial y me sentiría incómodo si alguien más llegase a enterarse. Espero que me comprendas. Todavía llevo el luto. No sería bien visto.

-Mi pequeño hoja verde. Lo menos que quiero es incomodarte. Haré lo que tú me pidas. Ahora ¿me dejarías besarte?

Legolas ya se imaginaba algo como aquello. Pero asintió tímidamente. Aragorn levantó su barbilla y acercó sus labios. Hubo un poco de resistencia la principio, pero conforme fue pasando el tiempo, Legolas se fue relajando en brazos del rey y la caricia fue pasando de casta a una más fogosa. Sin embargo, fue el mismo príncipe quien regresó a la cordura y se separó.

-Alguien podría venir.

Aragorn sonrió.

-Me gustas mucho cuando tu rostro adquiere ese tono rojizo. Eres tan transparente en tu manera de comportarte y sentir…. Posees un corazón puro y noble.- Suspiró- Todavía no puedo creer en mi buena suerte.

Acarició gentilmente el rostro de Legolas con el costado de su mano derecha.

-Tu piel es tan suave como terciopelo. Y tus ojos azules reflejan el interior de tu alma. Son como un espejo de agua cristalina en el cual quisiera mirarme por siempre y para siempre. Ay Legolas, tienes mi vida en tus manos. Sería capaz de todo por ti.

Hermosas eran las palabras dichas por el rey de los hombres. Sinceras. Legolas podía percibirlo. Se sintió importante y altamente agradecido de no sentirse tan solo. Ahora había un pequeño calorcito dentro de él.

-Será mejor que volvamos Legolas. Hay asuntos pendientes que tratar y estoy sospechando que lo de las armaduras élficas fue solo un ardid para estar a solas conmigo y declararme tu imperecedero amor.

-¿¡Cómo!? Pero yo nunca hice tal cosa. Fue Gandalf quien lo dijo.

-Sólo bromeaba mi amor- El elfo volvió a sonrojarse. Casi creándose ya un hábito con cualquier palabra que dijese Aragorn- Me irás conociendo poco a poco, tenemos tiempo ¿verdad?

Más que una afirmación, fue una pregunta incierta. Ante los acontecimientos recientes, nada podía estar escrito. Hoy podría ser el hombre más feliz de toda Arda. Mañana, quizás no. Nadie tenía la vida comprada.

-Aragorn. Gandalf me dijo que estuviste al pie de mi cama mientras dormía- Legolas cambió el rumbo de la conversación, el tampoco quería hablar sobre el tiempo - Día y noche. Me cuidaste, me atendiste y… En fin. Estoy doblemente en deuda contigo. No me llevas la contra, por favor. Soy un elfo de palabra y juro por lo más sagrado que pagaré con creces todo lo que has hecho por mí.

-Eres obstinado, eso también me gusta… Ahora, quería postergar ésta conversación para más tarde, pero ya que has sacado el hilo, quisiera saber…

-Sobre lo que me ocurrió.

-Sí, sobre eso.

-¿Crees que sea mala idea ir a charlar a otro sitio más privado? Me refiero a Gandalf, al rey Éomer y su hermana. Sería una desatención de nuestra parte dejarlos solos. Han venido desde tierras muy lejanas.

-En éstos momentos están enfrascados en una gran plática. Están compartiendo amenamente, no creo que nos echen de menos un rato. ¿Porqué interrumpirles? Sé de un sitio adecuado. Nadie nos molestará. Sígueme.

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Era una habitación en la parte baja. Cerca de los sótanos. Donde nadie se aparecía, salvo que fuese estrictamente necesario. Estaba casi vacía salvo una pequeña mesa con un candelabro al centro y un par de sillas polvosas y una pequeña ventana en la parte más alta de la pared principal por donde se colaba un resquicio de luz. Muy sobria.

-Hace tiempo que no vengo. Disculpa el desorden. En un momento lo arreglaré.-Quitándose la chaqueta, la pasó sobre la superficie de las sillas para limpiarlas, ante la mirada incrédula del elfo- ¿Te sorprende? No es nada créeme, es solo una pieza de tela. Tengo decenas en mis aposentos, y creo que ahora está resultando realmente útil.

-No te gustan las cosas banales.

-Me gusta la sencillez. Y si tengo que vestirme con esto es porque mis concejales prácticamente me obligan. “Hay que guardar las apariencias”. El pueblo debe verme como todo un señor. Lleno de joyas por doquier… Y esa corona tan molesta que debo portar cuando me dirijo a ellos. Es aburrido y tedioso.

-Yo no soy un rey como tú Aragorn. Pero el hecho de ser hijo único, de una familia noble, me obliga a ciertas situaciones desagradables. No me gusta ser un príncipe elfo.- Era la primera vez que renegaba de su título, nadie lo sabía, mucho menos su Atar.

-Ahora ya tenemos otra cosa más en común- Aragorn rebuscó en sus bolsillos y encontró un fósforo que prendió raspándolo en la pared- Listo. Ya tenemos luz. Ahora si me haces el favor de tomar asiento. Aunque no son muy cómodas… Espera, sé como remediar esto.

Volteando su chaqueta, la colocó en el asiento que ocuparía Legolas a manera de cojín.

-Estarás más cómodo.

-Pero ¿y tú?

-De poder hacerlo, me sentaría en el suelo. Hay más espacio. Soy hombre de campo y estoy acostumbrado.

-Hagámoslo entonces. Yo tampoco deseo tantas formalidades.

Quitando la parte superior de su vestimenta, el príncipe la extendió por completo, después tomó la de Aragorn y la colocó junto a la suya.

-Así estaremos en igualdad de circunstancias. Ocupa la mía Aragorn, yo haré lo propio con la tuya.

Al rey le pareció una magnífica idea compartir de aquella manera. De haberlo previsto, hubiese traído una canastilla con frutas y una jarra de vino… Hacerlo al aire libre. Si, sería una magnífica idea en cuanto pasase el invierno y la primavera inundara los campos de Gondor y Minas Tirith. Un paseo con Legolas. Sonaba bien. Se lo propondría.

-Bien príncipe, ya estamos aquí, Querías privacidad. Estamos alejados de todos. Dime qué fue lo que sucedió…

Estando relajados, Aragorn se desprendió de sus botas y las arrojó hacia un rincón, recargó su espalda en la pared, cruzó las piernas y esperó jugueteando con sus dedos pulgares. Legolas por el contrario volvió a sentirse cohibido. Había sido su idea pero ya no estaba tan seguro de contarle todo.

-Antes podrías decirme ¿qué sucedió en todo éste tiempo? Gandalf mencionó que estuve ausente de la realidad por cinco días.

-Efectivamente fueron cinco interminables días… Fui yo quien te encontró…


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Había ido directamente al comedor para degustar algo. La práctica había sido agotadora y mi estómago estaba completamente vacío. Me senté e hice sonar la campanilla de servicio. La servidumbre llegó aprisa como de costumbre y les ordené que me llevasen algo ligero pero sustancioso. De pronto me vi solo, sin nadie que me hiciese compañía. Volvía sonar la campanilla y le dije a la mucama que mandara a un lacayo a avisarte que te esperaría. Supuse que estarías hambriento, tanto o más que yo.

Pero los minutos pasaron y no tuve noticias tuyas.

Mi platillo se enfrió. Pero eso era lo que menos me preocupaba. Sabía que algo no marchaba bien cuando llegaron tres mayordomos, disculpándose por no haber podido darte mi recado, ya que no te encontraron por ningún lado. No necesité escuchar más. Abandoné el comedor y me dirigí a tu habitación. Toqué en varias ocasiones pero no obtuve respuesta. No tuve otra opción más que utilizar la llave maestra y abrir- Una disculpa por eso… Tampoco estabas. La ventana de tu habitación estaba abierta y la nieve se había colado, mojando parte del piso y las cortinas estaban regadas en el mismo… No podías ser tan descuidado… Salí por la ventana sin importarme que hubiera mucha neblina y que comenzara a nevar. Grité tu nombre en varias ocasiones… Te llamaba con fuerza, con preocupación… Pero tú seguías sin contestar a mi llamado.


Aragorn se removió ansioso en el piso, suspirando y recordando aquel martirio.

No sé si fueron, horas o fueron minutos. Solo sé que con cada segundo que pasaba me sentía peor. Dentro de mí sabía que estabas en dificultades. Y si la ventisca cobraba fuerza, sería prácticamente imposible brindarte ayuda. Rogué por ti, supliqué a todas las divinidades que me ayudasen a dar con tu paradero y me escucharon dos horas más tarde. Cuando la luz de Anar se había ocultado por el horizonte… Cuando te vi tirado en el suelo, con nieve encima, creí… Pensé lo peor, ya que estabas semidesnudo y con algunas marcas de rasguños en la mayor parte de tu cuerpo. Tomé tu pulso y latía con debilidad. Pero estabas con vida y eso era lo que me importaba. Era prioridad darte calor y evitar que murieras por hipotermia. Te tomé en brazos y te llevé a tu habitación… Te arropé lo más que pude, pero comenzaste a temblar y a decir incoherencias… Delirabas. Y eso no era un buen síntoma. Ordené… No, más bien grité a quien pudiese oírme, para que trajeran paños y agua caliente.

Legolas escuchaba tondo con detenimiento, imaginando la escena, le parecía un tanto terrorífica y desesperante.

-Tenía a toda mi servidumbre rodeándome, viéndome trabajar. Alcé tu cabeza despacio y te hice beber un poco de Miruvor, que dicho sea de paso, no ayudó. Era la primera vez que no surtía efecto. Yo esperaba que entraras en calor en cuanto corriese por tu organismo, pero todo acabó de la misma manera. Seguías tiritando y yo estaba desesperado. Incluso te ofrecí té de Athelas. El resultado fue el mismo… Maldije, incluso rompí cosas. Estaba tan furioso que corrí a todo el personal de una manera injusta, ellos no tenía culpa alguna…Me quedé a solas contigo. Te miré. Parecías sufrir mucho ¡y yo no podía hacer nada! Temí verte morir Legolas… Nunca había sentido tanto miedo… Entonces fue que llegó a mi mente una medida desesperada… Y espero que me disculpes por lo que hice…

-Q-¿Qué fue lo que hiciste?- Preguntó Legolas ya que Aragorn parecía haberse quedado mudo de repente. Sólo miraba al elfo de manera extraña, a manera de disculpa- Elessar, ¿Qué pasó?- Aragorn tragó saliva.

-¿En verdad quieres saber? Quizás no te agrade lo que pasó. Puedes sentirte molesto conmigo.

-Estoy intrigado. ¿Cómo voy a molestarme por algo que no sé? Por favor, dímelo.

La verdad. Su príncipe quería la verdad. No era nada malo en lo absoluto, pero su elfo era tan impredecible, que quizás lo tomara de mala manera y echara a perder su gran y única oportunidad de seguir a su lado. Pero le diría de cualquier forma ¡y que Elbereth se apiadara de él!

-Yo…Te di calor con mi cuerpo. Tuve… Que desnudarme y meterme contigo entre las sábanas.

Ahora fue el turno del rey de apenarse. Legolas bajó la mirada y cerró los ojos. Pero no se movió de su lugar. Y se hizo un silencio pronunciado, hasta que Aragorn se atrevió a preguntar, so pena de recibir un puñetazo por atrevido.

-No… ¿No vas a decirme nada? ¿No estás enojado?

-Hiciste lo correcto. Gracias por ser sincero. Si bien me estoy muriendo de vergüenza, sé que no tenías otra alternativa. Confío en ti y sé que te portaste como un caballero. Debí haber estado al borde del precipicio si tuviste que recurrir a… Eso, como último recurso.

Haciendo un análisis de conciencia. Legolas relacionó el abrazo tierno y amoroso de su madre, con Aragorn. Había visto a su madre mientras deliraba, y las flores y el bello jardín… No podían ser otra cosa más que la cercanía del rey de Gondor y su energía vital.

-¿Ves? No estoy molesto sino agradecido.

Era la primera caricia que Aragorn recibía de parte del elfo. Un simple roce en la mejilla para animarlo. Le vio sonreír más de lo usual y…

¡BUM!

La pequeña ventana voló en miles de pedazos. Segundos después la puerta de entrada. No les había dado tiempo de reaccionar. Ambos fueron arrojados hacia el fondo dejándolos momentáneamente noqueados. Todo el mobiliario quedó hecho trizas. Aire gélido y nieve los rodearon. El golpe había sido duro, pero no para mantenerlos fuera de combate por mucho tiempo. Legolas fue quien reaccionó primero.

-¡Aragorn! ¿Estás bien?

El rey comenzaba a reaccionar, pero seguía sin enfocar bien la vista.

-Q-¿Qué pasó?

-No lo sé… Parece que fuimos víctimas de un ataque casi certero.

Al ver el cuarto hecho pedazos, el polvo y la nieve alrededor, Aragorn recobró la conciencia por completo.

-¡ELFOS OSCUROS!- Gritó y se levantó con premura.- ¡HA COMENZADO! ¡VAMOS LEGOLAS!

Abandonaron atrás los escombros y corrieron hacia la parte de arriba, donde ya la gente comenzaba a entrar en caos. Era un ir y venir en completo desorden.

-¡Iré por mis armas! –Dijo el elfo y se perdió veloz como el rayo por el pasillo principal.

Aragorn por su parte se dirigió hasta el despacho donde había dejado a Gandalf, Éomer y Éowyn, pero no encontró a nadie. Lo mejor sería ir por Anduril y salir a campo abierto para enfrentarse con el poderoso enemigo, donde seguramente se encontraban sus amigos, peleando.

La legendaria espada estaba en un salón privado, no muy lejos de su ubicación. Pero otra nueva explosión lo sacudió arrojándolo nuevamente al piso. ¡Por los dioses que se oían sonidos aterradores! Al grado de taparse los oídos pues los sentía reventar.

Legolas por su parte, ya se había montado su carcaj con las flechas listas para ser enterradas en el blanco. El par de dagas mortales las colocó en su cinto e intentó salir, pero no pudo. Le habían cortado el paso.

Se trataba de Anderiel, quien reía burlonamente desde el marco de la puerta.

- ¿A dónde vas con tanta prisa, principito?

-¡APARTATE!- Le dijo Legolas apuntándole amenazadoramente con una flecha.

-Ts, ts, sigues con tus feos modales. Sigues sin entender. Si tú me lanzas ésa flecha, será casi como condenarte a ti mismo a la muerte. ¿Eso es lo que quieres? Adelante entonces. ¡Mátame!

Legolas quería hacerlo, pero no podía. El arco y la flecha vibraban, listas para descargar el golpe mortal.

-¡Qué patético te ves!- Se bufó- Eres un tonto elfo cobarde. Al igual que Rúmil.

-¡Cómo te atreves a pronunciar su nombre! ¡Te lo prohíbo!- La flecha resbalaba lenta y peligrosamente por sus dedos.

-Si, ambos son tan estúpidos. Pero claro, son el uno para el otro. ¿Qué más se podía esperar? Cortados por la misma tijera.

-¡Tú no sabes absolutamente nada de mí! Mucho menos de Rúmil.

-Pero claro que lo sé. Sé muchas cosas que tú ignoras. Como por ejemplo… El paradero de su cuerpo.

Legolas no se esperaba una respuesta como ésa. Lo dejó totalmente desarmado.

-Veo que mi revelación te ha impresionado principito de pacotilla.

-¡Mientes! No creo en tus palabras. S-Solo lo haces para mortificarme.- Volvió a tensar el arco- N-No volverás a mofarte de mí… Hasta nunca. No fue un placer haberte conocido.

La flecha terminó por resbalar, dirigida directamente hacia el corazón de Anderiel. El príncipe cerró los ojos, esperando el aguijonazo final. Pero éste nunca llegó, solo sintió un fuerte dolor en el hombro izquierdo.

-¡Eso estuvo muy cerca! Demasiado. Debo reconocer que me sorprendiste. Ni tú mismo sabías a ciencia cierta lo que harías. Me descuidé, pero no volverá a suceder.

El elfo oscuro también sangraba del hombro.

- No voy a permitir que una situación como ésta se repita. Tú tienes que vivir hasta que el ciclo se haya completado. ¡Me darás esa libertad que tanto anhelo! Cueste lo que cueste… Y de una vez te advierto, que si no cooperas… Tu rey pagará las consecuencias.

-¡Deja a Aragorn fuera! Esto solo es entre tú y yo.

-Oh no mi querido Legolas… Desde que comenzaste a enredarte con él, marcaste su destino. Piénsalo. Si en verdad te importa su integridad, harás lo que yo te diga, cuando y donde yo lo decida.

-No tengo miedo. No caeré en tu juego.

-Como quieras. No digas que no te lo advertí. Puedo ser muy persuasivo cuando me lo propongo, y como muestra basta un botón… Toda ésta fiesta que escuchas allá afuera, fue organizada por mí. Sólo por mi… ¿Ahora ves el poder que poseo? ¡Escucha cómo gritan! ¡Huele el miedo! Piensa en lo que le podría hacer a ese pobre e insignificante mortal con sólo tronar los dedos.

-¡YA TE DIJE QUE NO TE TENGO MIEDO! ¡AHORA DESAPARECE DE MI VISTA! ¡VETE! ¡TU NO EXISTES! ¡NO EXISTES!

Las explosiones terminaron. Anderiel se fue difuminando poco a poco ante Legolas y una aparente calma regresó. Hasta entonces el príncipe pudo soltar todo lo que llevaba dentro. Gritó como nunca antes lo había hecho descargando parte de su frustración. Y se sintió mucho mejor, como si se hubiese quitado un gran peso de encima. Se sentía limpio.

Aragorn.

El hombre le vino al pensamiento y corrió a su encuentro. Cuando puso un pie fuera se percató del daño hecho. Había pequeños incendios y algunos heridos que eran atendidos por sus mismos compañeros. Algunas construcciones derrumbadas, pero no había señal de los reyes, Éowyn ó Gandalf.

-¡Oh no! la torre vigía… Faramir.

La torre principal estaba hecha pedazos. No quedaba piedra sobre piedra. Corrió hasta ahí atinadamente. El senescal de Gondor parecía estar malherido. Aragorn trataba de reanimarlo dándole respiración de boca a boca, mientras que la mujer le sostenía le aplicaba un torniquete improvisado en la pierna. Éomer permanecía un poco alejado, con cara de preocupación y Gandalf murmuraba en voz baja, un dialecto desconocido.

-¿¡Puedo ayudar en algo!?

-Hay que llevarlo dentro. Consigue alguna tabla que pueda servir como camilla. Debemos manipularlo lo menos posible- Dijo el rey y Legolas peinó el terreno. No había tal cosa.

-Las puertas del establo podrían ser de gran utilidad.

El cayado de Gandalf comenzó a tornarse azul y de la punta salió un poderoso rayo que las arrancó de tajo. Asuntando a los animales que se encontraban dentro, pero sin lastimarlos.

-Vamos te ayudaré.- A pesar de estar enfadado al grado máximo con Faramir, Éomer se veía en la necesidad de aportar, la vida de un hombre estaba en peligro, tratase de quien tratase. Era el puro sentimiento humanitario el que lo movía, nada más. La afrenta que había sufrido Éowyn había sido muy grande.

Con un mismo movimiento colocaron la humanidad de Faramir encima y tomando un extremo por cabeza, le llevaron hasta su habitación. La mujer se encargó de llevar agua caliente y paños limpios para limpiar la herida y Aragorn se quedó a su lado para contralarle la fiebre. Ya solo quedaba esperar a que Faramir reaccionara a las hierbas medicinales. Iba a ser una noche muy larga para todos.

-Legolas, tu también estás herido. Déjame revisarte.

Éowyn se había percatado de que Legolas llevaba toda la manga manchada de sangre.

-Es un rasguño sin importancia. No hay de qué preocuparse.

-Por más insignificante que éste fuese, podría infectarse. Acabas de despertar y no queremos que regreses al sueño profundo ¿verdad?- Le dijo sonriendo. ¡A pesar de todo sonreía!- Necesitaré que te quites la camisa por un momento.

-No, no, yo puedo arreglármelas solo. – Si Legolas se desprendía de ella, se darían de una herida un poco menos reciente y bastante llamativa- Iré con los soldados del regimiento, estarán desorientados y juré ayudarles en todo lo posible. Si me necesitan ya saben a dónde encontrarme… Aragorn… Debo irme ¿está bien? Aragorn ¿Me estás escuchando?…

El rey no le contestó. En aquel momento sólo tenía ojos para Faramir, su leal y viejo amigo. El elfo no supo porqué, pero sintió que su estómago se encogía. Una extraña sensación que le recorrió todo el cuerpo. Desde la punta del pie, hasta el cabello más fino de su cabeza.

-Vamos, yo te acompañaré. Seré de mayor utilidad allá afuera. Aquí todo está dicho.

Gandalf tomó del brazo a Legolas y con amabilidad le invitó a salir. Éomer se unió también, Nada tenía que hacer por Faramir y solo estorbaría a las manos maestras.


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CONTINUARÁ

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O.o ¿Comentarios? Cof, cof…

PD: Si por ahí “leen” algo conocido, recuerden que al principio dije que iba a hacer mezcladero de las cosas que me gustaban n_n

Ahora si Adiós. Que pasen bonito día.
Haldir de Lothlorien por DI_MALFOY
Bueno, pues a colgar de nuevo el capi. ¡Qué remedio! Snif!!



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CAPITULO 11


Haldir de Lothlórien


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Legolas no se dejó revisar el brazo, hasta que todos los soldados de Minas Tirith estuviesen perfectamente bien atendidos. Había sido una herida seria, pero que no ponía en riesgo su vida. Así lo había dicho Gandalf.

-Listo Legolas. Sanarás rápido, de eso no tengo la menor duda.

-Gracias Mithrandir.

-¿Qué oprime tu corazón, joven príncipe?- Gandalf le conocía bien y sabía que Legolas sufría, y no por su herida recién adquirida.

-Estoy preocupado por la gente de los pisos inferiores. ¿Se encontrarán bien?

-Despreocúpate, no fueron alcanzados. Sólo nosotros fuimos el blanco del ataque. Un ataque casi certero si me permites decirlo, no hubo pérdidas humanas. Afortunadamente Faramir está con vida. Sufrió una herida de consideración en la pierna pero estoy seguro que lo superará. Aragorn es un buen sanador. Con sus cuidados lo tendremos de regreso muy pronto.

Faramir y Aragorn.

Legolas no sabía porqué se sentía extrañamente olvidado por Aragorn, ni tampoco porqué sentía esa molestia justo al centro de su pecho.

-Gandalf necesito saber. Necesito respuestas… Mi doble oscuro fue el causante de ésta atrocidad. Es necesario que pongamos un alto a ésta desgracia cuanto antes. Ayúdame por favor.

Gandalf miró de reojo a Éomer, quien se encontraba a pocos metros de su ubicación, asegurándose de que los heridos durmieran, en la carpa improvisada.

-Ven conmigo Legolas. Ha llegado el momento de decirte algunas verdades.

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En el horizonte, los primeros rayos de sol lograban apenas traspasar la espesa neblina, que había llegado para no irse, hasta que la primavera llegase. Ahí, en la plazoleta donde Aragorn había sido coronado rey, Gandalf llenó de aire decembrino sus pulmones. Dando pasos lentos y ayudado por su cayado, llegó hasta la punta, dejando que el aire gélido meciera su larga cabellera blanca. A pesar de la desgracia, era una vista única, inigualable. Legolas miró hacia el vacío con detenimiento, parecía no tener fin.

-Legolas- Dijo al fin Gandalf- Quién mejor que tú para saber acerca de la historia milenaria de los elfos sobre Arda. No soy yo la persona más indicada para darte una nueva lección. Simplemente trataré de ser lo más claro y conciso posible. Escúchame con atención y después me dirás lo que quieras.

-Te escucho Mithrandir.

-Los elfos oscuros son aquellos que no contemplaron jamás la hermosa luz de los árboles de los Valar. Aquellos que no lograron terminar el viaje hacia las tierras imperecederas. Los elfos oscuros o Serkes Roitar (*) siempre han sido considerados un pueblo inferior. Sin embargo, a juicio de los elfos de la luz, estos elfos eran seres mágicos y superiores. También eran más sabios, más fuertes y más hermosos, y en sus ojos brillaba siempre la luz de las estrellas.

Nadie sabe cómo ni porqué, ya que no se ha hallado documento alguno en las distintas edades, pero esa frágil relación entre ambos pueblos se rompió. Una cruenta guerra se suscitó, dando como resultado, el exilio de los elfos oscuros hacia las profundidades de Arda. Y ahí han vivido milenio tras milenio. Sólo algunos, los más valientes se atrevieron a poner sus plantas en nuestro mundo -Ya que la luz de Anar los convierte en piedra- Y vivieron para contarlo… Así pues, ése es su castigo Legolas. Vivir por siempre y para siempre en la oscuridad por aquel acontecimiento que se perdió en el tiempo… Hasta ahora. Mi mayor temor es que quieran recuperar aquello que por derecho siempre les correspondió, a costa de lo que sea. El odio y el rencor hacia los seres de la luz se ha ido incrementando, volviéndoles crueles y malignos. Unos asesinos en potencia, que se han aliado con las criaturas de Mordor. Han sofisticado sus armas de guerra a tal grado que son casi imposibles de igualar. Un claro ejemplo, es la flecha envenenada que te alcanzó Legolas. Sólo los Valar saben porqué sobreviviste, puesto que una herida de tal magnitud, siempre termina con la vida del que la recibe. Pero ahora viene la parte más escabrosa y cruel, a mi parecer… Hay una ley entre el pueblo de los elfos. Una ley milenaria que siempre se había llevado al pié de la letra. Hablo en pasado mi querido y valiente príncipe, porque tu padre, el rey Thranduil la ha quebrantado.

-¿Mi Atar? Gandalf, no comprendo tus palabras.

-Me has dicho que tu padre ha prohibido siquiera mencionar el hecho de tu infortunio en bosque negro, so pena de muerte. ¿Por qué crees que lo ha hecho? Por dos razones muy poderosas. La primera por que eres su único descendiente y segundo, porque te ama… Te ama tanto que no soportaría perderte.

Legolas seguía confundido ¿Porqué su padre temía perderle? ¿Qué había detrás de todo aquello?

-Legolas Thranduilion, si tu padre hubiese cumplido la ley al pié de la letra, el mismo hubiese tenido que darte muerte.

Las palabras se atoraron en su garganta. ¿Morir a manos de su Atar? ¿Porqué, si él no había hecho nada para merecer tal castigo? ¡El era un elfo bueno, obediente, valiente, leal! Llevose una mano a su costado izquierdo y cerró los ojos. Ahora era el alma la que dolía más que otra cosa.

-Mi Atar debe estar sufriendo mucho.

-Noto tu desconcierto y tu profunda pena y lo lamento mucho. A mí también me duele en el alma. Pero todavía hay más cosas que debes saber. Es sobre Anderiel.

Legolas levantó su mirada y perforó a Gandalf con esas iris de un azul intenso.

-Es una hipótesis, mía por supuesto. En ésta incierta situación sólo nos queda especular.

Algunos copos de nieve comenzaron a caer.

-Por lo que me has contado. La aparición de tu doble oscuro se debió principalmente a tu herida mortal. Días después de que llegaste a bosque negro. Quizás el hecho de que conservaras la vida, originó que ésta presencia se desprendiera de tu yo interior, sacando la parte oscura de tu ser. Recuerda Legolas que todos tenemos una, incluso los seres de luz, como tú… Fuiste herido por un elfo oscuro, por eso mismo, esa parte maligna que brotó de ti, se transformó en uno de ellos. Quizás fue la ira y el odio que sentiste al ver cómo moría tu gente… Por eso es tan igual a ti, por eso mismo siempre estará un paso adelante, pues comparten casi todo. Pensamientos, ideas… Si tu mueres, cosa que no deseo- el también lo hará. Es por eso que pienso seriamente, que la ley de la cual escapaste, se centra en éste claro ejemplo. No pueden permitirle la vida a nadie que haya sido herido por una arma hecha por un ser de la oscuridad. Podría pasar lo mismo que te ha ocurrido y poblar Arda con dobles malignos. ¿Comprendes la gravedad?

-Entonces… Debo morir para que él muera. Debo morir, para que no haya una guerra.

-La guerra es inminente. Tu caso es un hecho aislado. Son cosas completamente distintas. Anderiel no tiene bando, es una criatura sin oficio ni beneficio. Simplemente existe. No pertenece a ellos, pero tampoco a los elfos de luz.

-El, dijo -cuando le enfrenté- Que no iba a permitir que otra situación como ésta- Dijo señalando su hombro- Volviese a repetirse. Que necesitaba completar el ciclo para ser libre, costara lo que costara. ¿Qué significan sus palabras Gandalf? ¿De qué ciclo habla?

-No tengo la menor idea. Lo siento. Pero lo que sí se, es que tú eres más inteligente que él. Suprímelo.

-El miedo- Susurró Legolas- La maldad pede ser combatida, no le des armas para lastimarte… Enciérralo y no le dejes salir nunca más. Esas fueron las palabras de mamil. Estoy seguro que en ellas está la respuesta.

Gandalf sonrió.

-Es muy probable. Mira dentro de ti, sólo tú puedes hacerlo.

El sonido de un poderoso cuerno cimbró las paredes de Minas Tirith haciendo eco por todos los alrededores.

-Ese sonido… Ese sonido es de… Gandalf, es… ¡Haldir! ¡Por Elbereth! ¿Cómo es posible?

-Espera Legolas ¿A dónde vas?

-¡Tengo que ir a recibirlo!

-No tan deprisa elfo, recuerda en qué condiciones te encuentras. Hay guardias por todas partes, y es el deber de Aragorn, como Rey de Gondor, ser el primero en dar la bienvenida, son las leyes de la ciudad. Estoy seguro que para éste momento, ya está enterado del arribo del capitán de Lothlórien. Vayamos al salón principal como es debido.


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-Espero que sean buena noticias- Dijo Éowyn, ayudándole al rey con su atuendo formal.

-Yo también.- Aragorn se aprestaba para recibir a la comitiva del capitán de los Galadhdrim- No soportaría otro mal día. Por favor Éowyn, cuida de Faramir mientras regreso. Cualquier novedad por más insignificante que ésta sea, házmela llegar con alguna mucama o sirviente.

Aragorn pudo ver el rostro de desencajado de la mujer de Rohan.

-A pesar de todo, sigue siendo tu esposo. Auxíliale en sus momentos de debilidad. Quizás algo bueno resulte de todo esto.

-Entre el y yo las cosas se han terminado definitivamente. Pero cuidaré de él, porque tú me lo pides Estel.

Hacía tiempo que nadie le llamaba por ése nombre. Casi lo había olvidado.

-Hazlo por mí entonces. Me ha salvado la vida y es lo menos que puedo hacer por el.

Aragorn tomó el rostro de Éowyn y beso su frente.

-Enseguida vuelvo.

Al quedarse en soledad. Éowyn acarició su frente, recordando la caricia de Aragorn. No pudo evitar que una lágrima corriera por su mejilla. Hacía tanto ya que nadie le demostraba cariño… Y se sentía tan sola. Aquellas manos callosas y varoniles le habían recordado su condición de mujer abandonada, traicionada y en busca de amor.

Estel.


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Había sido una larga aduana para la gente de Haldir. Era una pequeña caravana, con mucho cargamento y los guardias de la ciudad se habían mostrado reacios a dejarles pasar. Pero todo cambió cuando Aragorn les dio la bienvenida a las puertas de entrada, escoltándoles con mucha caballerosidad y cortesía hasta el último piso.

-En nombre de mi señor Celeborn y mi señora Galadriel, doy las gracias al pueblo de los hombres por contribuir a la causa de los Elfos de la luz y de toda Arda para mantener la paz.

-Maara tulda Coanyanna marilmanna. No hay nada que agradecer, es por un bien común. Necesitamos que la calma y la tranquilidad regresen a nuestras vidas. Y estoy seguro que uniendo fuerzas lo lograremos.

Haldir asintió conforme con las palabras del rey de Gondor.

-El rey de los hombres habla nuestra lengua, me siento complacido, después de todo Glorfindel tenía razón.- Aragorn alzó las cejas extrañado- Hemos cumplido con la parte del trato. Traje conmigo armamento y armaduras élficas para la protección de su ejército y algunos elfos guerreros dispuestos a dar su vida en caso necesario.

Fue el turno de Aragorn de asentir.

-Aiya Haldir. Andaluumello.

Legolas llegaba al salón, seguido de Gandalf y Éomer. La primera reacción de Haldir fue de alegría, pero después de tristeza cuando el príncipe llegó a su lado y lo abrazó con todas sus fuerzas sin importarle el dolor de su hombro. Ambos sabían la pena que albergaban en su corazón. Uno había perdido a su consorte, el otro a un hermano querido.

-Alassië nar i hendu i cenantet Legolas.

El salón se quedó en silencio por unos minutos, respetando a los dos elfos en su sufrimiento. Aragorn -a pesar de todo- No dejó de sentirse incómodo, aquel elfo recién llegado era muy apuesto, alto, muy fuerte y estaba abrazando a Legolas con mucho apremio. No fue sino hasta que se aclaró la garganta que Haldir y Legolas dejaron de abrazarse.

-Elessar. Haldir es… Era hermano de Rúmil- Indicó Legolas con el rostro enrojecido, al igual que sus ojos.

Así que el capitán de los Galadhdrim era hermano de Rúmil. Eso quería decir, que su consorte debió ser un elfo de gran belleza y fortaleza, al igual que el recién llegado. Maldita sea.

-Lo lamento- Fue lo único que pudo decir, estaba molesto y no sabía porqué.- El viaje fue largo, le asignarán una habitación de inmediato, al igual que a sus acompañantes y más tarde nos acompañarán a la mesa. Deben estar hambrientos.

-Aragorn, sino te importa, desearía que Haldir se quedase conmigo en la habitación. Tengo tantas cosas que decirle. Por favor.

Aragorn se puso tenso y miró a Legolas de una manera fría.

-Gandalf, Éomer, ¿Podrían ocuparse del cargamento? Hay que clasificarlo de inmediato y ponerlo a disposición de los soldados a la brevedad. Debemos estar preparados ante un nuevo ataque.

-Como tu dispongas Elessar- Contestó Éomer a aproximándose a la salida.

-Las armaduras élficas escogen al hombre y no al revés, joven rey - Contestó Haldir con firmeza- Es necesario que un experto les indique la manera en que éstas funcionan.

-El rey Éomer de Rohan es un experto guerrero ¿O acaso está dudando de nuestra capacidad, capitán Haldir?

El ambiente te estaba tornando tenso.

-En lo absoluto su majestad, simplemente creí oportuno dejarle en claro la manera en cómo trabajamos nosotros, los elfos guerreros.

-Claro que lo sabemos joven Galadhdrim- Intervino Gandalf oportunamente- Legolas ha sido de mucha ayuda éstos días. Hemos aprendido mucho de el y de la raza élfica. Usted parece agotado, iré personalmente . Me encargaré de todo, no se preocupen. Éomer, si me haces favor…

Gandalf, tomó del brazo a Éomer y salió.

-Con su permiso debo retirarme. Hay un herido de gravedad al cuál atender. Le reitero mi agradecimiento capitán. Está usted en su casa. Nos reuniremos más tarde para tomar el desayuno.

Aragorn dio la media vuelta.

-¡Aragorn, espera!

Legolas acortó la distancia y le encaró.

-Desde los acontecimientos nocturnos, no hemos podido platicar. ¿Cómo se encuentra Faramir?

-Delicado, pero estable.- Dijo sin mirarlo.

Intentó reanudar la marcha, pero el elfo volvió a acortarle el paso.

-¿Y cómo estás tú?

-Estoy vivo gracias a él. Eso responde a tu pregunta. Ahora si me disculpas…

-Aragorn, ¿Qué sucede? ¿Estás molesto conmigo? Te siento distante y frío.

-Legolas, estoy cansado. La vida de un hombre depende de mí. No estoy para preguntas estúpidas. Mejor ve y atiende a… Tu amigo. Instálalo en tu habitación, como ha sido tu deseo. Estarán deseosos de compartir momentos juntos.

Otros pasos más hacia delante de parte de Aragorn y otros tantos más de Legolas para detenerlo.

-¿No vas a preguntar cómo me encuentro?

Aragorn estaba a punto de explotar de rabia y celos.

-No voy a hacerlo porque a simple vista puedo ver que te encuentras radiante de felicidad de tener a… Olvídalo. Déjame solo.

Apartó a Legolas bruscamente, haciéndole trastabillar un poco. Movimiento que no pasó desapercibido para Haldir. ¿Cómo osaba ese humano engreído tratar de esa forma tan altanera al príncipe de bosque negro? ¿Porqué Legolas se lo permitía? Cuando Legolas regresó a su lado se lo reprochó airadamente.

-No le culpes. Está tenso, pues la vida de su mejor amigo pende de un hilo. Sufrirnos un ataque sorpresivo por la noche. Todos estamos alterados.

-No lo defiendas Legolas- Dijo en élfico y en un susurro- Su naturaleza humana y su condición de rey de los hombres le hace pensar que está por encima de los demás. Si vine hasta Gondor, fue por un encargo especial, no porque tuviese ganas de conocer el corazón voluble y manchado de podredumbre de su rey… Si vuelve a tratarte como hace un instante, juro por los Valar que deseará no haber nacido.

-Haldir, te desconozco. No estás pensando con la cabeza fría. Tú también estás cansado. Ven conmigo, te instalaré en mi habitación y ahí podrás descansar.


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Destruyó casi todo lo que se encontró a su paso. Su despacho se llenó de objetos rotos. De alguna manera debía sacar afuera su frustración. Y de su cava personal sacó una gran botella de licor que destapó y la apuró de un solo trago. Y otra más que se estrelló contra la ventana de cristal.

No podía concebir que Haldir compartiera el mismo cuarto que Legolas. ¡No podía! Los malditos celos lo estaban matando. Por supuesto que Legolas no lo había hecho a propósito, lo conocía muy bien. Era demasiado transparente para jugarle una mala pasada, pero Haldir, Haldir, ¡HALDIR DE LORIEN DE LAS FLORES Y SU ESCULTURAL PORTE! Apenas había arribado y ya lo consideraba un digno rival.

Es hermano de Rúmil. Pero no por ése simple hecho puedo descartarlo. No ahora que Legolas ha quedado sin su consorte. Bien podría reclamar su derecho como elfo que es, de formar una nueva pareja con el. Así están dictaminadas sus leyes. Elberteh, no podría soportar perder a Legolas, lo amo con todas mis fuerzas.

Sacó una botella más.

Justo al lado de la ventana que había roto, había un grande y hermoso espejo. Se acercó y se miró detenidamente. Observó sus ojos, sus cejas, su nariz, su cabello… Sus manos. Eran duras y no tan suaves como las de Legolas. Su cutis no era tan perfecto y su cuerpo, aunque atlético no podía compararse.

Por primera vez dudaba de si mismo y sus capacidades.

Aragorn. Estás haciendo una tempestad en un vaso de agua. No te comportes como un chiquillo, por todos los dioses. No veas cosas donde no las hay. Una guerra se avecina y tu estás pensando estupideces. Compórtate como el hombre maduro que eres. Debieses ir a pedirle una disculpa por tratarlo con desprecio… Pero seguramente va a estar con el… ¡Demonios! No puedo soportarlo… No puedo seguir así… Debo controlarme, es lo mejor… ¡Casi olvido por completo a Faramir!

Dejó en el olvido la botella. Mas no su frustración. Para cuando llegó al lado de su amigo, estaba más tranquilo, pero sólo un poco. Éowyn le esperaba paciente.

-Estel ¿qué ha sucedido, fueron buenas noticias?

-Las mejores. Un capitán elfo, de Lothlórien ha llegado con el tan ansiado cargamento. Por fin estamos completos y listos para lo que venga.

-Gracias divinas, estuve orando por que todo resultase con bien. Ya solo falta que Faramir recupere el sentido.

-Es él quien más me preocupa por el momento.- Aragorn volvió a acercar su inseparable asiento y se colocó al lado de Faramir para cambiar sus compresas por una limpias- Ha bajado un poco la temperatura y la pierna lastimada ha dejado de sangrar. Gracias Eru.- Aragorn suspiró complacido.

-¿Has estado bebiendo?-preguntó la mujer.

-Sólo un poco.

-Algo te preocupa. No en balde te conozco desde hace muchos años. Ya sabes que puedes confiar en mí.

-Me preocupa todo y la vez nada. Ni yo mismo me entiendo. No me hagas caso.

Éowyn también acercó su silla . Y tomó las manos del rey entre las suyas.

-Debe ser una enorme carga para ti estar al frente de todo. Pero date cuenta de que no siempre se puede tener las respuestas adecuadas. Para eso estamos los amigos Estel. Apóyate en nosotros, apóyate en mí.

Aragorn se dejó acunar entre los brazos de la rubia.

-Necesitas descansar. Cierra tus ojos y duerme, yo velaré por ambos.


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-Así que ésta es tu habitación. Es acogedora pero no se compara con nada a Lorien y sus bellos bosques y flores. Debes sentirte encerrado entre éstas cuatro paredes.

-Sólo al principio. He llegado a acostumbrarme más de lo que te imaginas. Aunque no lo creas, el estar fuera de casa me ha ayudado a superar mi pena. Aquí no hay tantos recuerdos de su presencia.

-¿Quieres hablar de ello?- Haldir parecía sereno.

-No lo sé Haldir. ¿Y tú?

-Cuando me enteré de la partida de Rúmil a Mandos, sentí que una parte de mi se había ido con el. Deseé con toda mi alma haber ocupado su lugar. Aún le faltaba mucho por vivir. La manera en que murió… No merecía… Discúlpame Legolas. Pensé que lo había superado, pero al estar contigo, los recuerdos me inundaron. No me gusta mostrar debilidad - Haldir decidió acomodar sus escasas pertenencias en el lugar que le había indicado Legolas para tomar un respiro.

-Rúmil era mi todo. Era mi luz. El motivo por el cuál hacía mejor las cosas cada día. Y ahora que ya no está me siento vacío… ¿Cómo está Orophin?

-Sabes que tiene un temperamento fuerte. Es impulsivo. Quería venir conmigo y vengar la muerte de nuestro hermano, pero le convencí de quedarse en Lothlórien para resguardar sus murallas. Allá tendrá tiempo para pensar mejor las cosas. Vivir y superar su pena a su manera sin meterse en dificultades.

-Hiciste bien.

-No sé si hice bien, puesto que yo mismo albergo la sed de venganza… Sé que no es lo correcto pero… No quiero parecer grosero Legolas, pero quisiera cambiar de tema, sino te importa, ya habrá tiempo de desahogarnos mutuamente. Mejor déjame ver ése hombro y platícame sobre el ataque.- El hombro de Legolas se había vuelto a abrir un poco-.

Legolas explicó a grandes rasgos los acontecimientos, ocultando la parte de su doble maligno. A raíz de lo que había dicho Gandalf, no estaba seguro de que Haldir lo tomara con calma.

-De acuerdo a los detalles, no cabe duda de que elfos oscuros estuvieron detrás de todo. Lo que no me explico es cómo queda piedra sobre piedra. Es como si estuviesen divirtiéndose con ustedes, jugando a la presa y al cazador… Son muy listos, pero nosotros lo debemos ser aún más…. Listo, con ésta pomada que me ha proporcionado lord Elrond sanarás más aprisa. Por cierto, Elladan manda sus sinceros saludos, te ha mandado una carta. ¿Quieres leerla ahora?

-¿Decías?- Legolas estaba distraído y no había escuchado absolutamente nada.

-Legolas, creo que necesitas descansar. ¿Por qué no re recuestas un rato? Estoy seguro que no has dormido en toda la noche. ¿Quieres que te arrope?

Legolas asintió.

-Haldir ¿te quedarás unos días más?

-He cumplido con mi encomienda. No veo porqué deba quedarme más tiempo.

-Si yo te lo pidiera ¿te quedarías conmigo? ¿Cómo cuando éramos pequeños?

- No sé si podría permanecer aquí por más de dos días. Ésta atmósfera me asfixia.

-Por favor.

-Lo pensaré Legolas, te lo prometo, pero no te aseguro nada. Ahora duerme y recupera tus fuerzas.

-¿Me abrazas?

Legolas parecía un pequeño corderito indefenso ¿Cómo negarse?

-Bien.

Haldir se metió entre las sábanas y Legolas lo rodeó con sus brazos. Al poco tiempo se quedó profundamente dormido.


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CONTINUARÁ


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Buenos, eché a dormir a nuestros protas jajaja. Les dejé descansar un momentito. Espero no se molesten por la pequeña rabieta de nuestro a dorado rey ^^.

Acá algunas traducciones .

-Maara tulda Coanyanna: Bienvenidos a mi casa y a nuestra tierra.
-Aiya Haldir Andaluumello: Hola Haldir. Cuánto tiempo.
-Alassië nar i hendu i cenantet Legolas:Dichosos son los ojos que te ven Legolas.
Antes que sea demasiado tarde por DI_MALFOY
Notas del autor:
Bueno, parece que la página sigue con problemitas ^^
Bueno, bueno, bueno. No andaba muerta, andaba de parranda muehehe. Espero que la larga espera de éste capítulo, no defraude, que miren que me costó mucho O_o he andado con rollos existenciales los últimos días y no se me daba la vena para escribir ¬¬ Pero creo que salió, a pesar de todo jijiji.

NA: Creo que la página todavía tiene problemitas. Si ven x ahí algún símbolo extraño, letras faltantes, o acentos, ya saben porqué.



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CAPITULO 12


Antes que sea demasiado tarde


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Desde la llegada de Haldir a Minas Tirith, Aragorn se mostró distante e irritable. Y el primero en notarlo —sin lugar a dudas— Fue Legolas. De pasar a ser el centro de atención del rey, quedó rezagado a segundo plano, alegando que debía salva guardar la salud mermada de su Senescal, ya que gracias a su oportuna intervención conservaba la vida. Por eso pasaba la mayor parte del tiempo con Faramir. Largas y horas interminables para el príncipe elfo, que comenzaba a sentirse abandonado, por el que le había mostrado, puras atenciones y bellas palabras.

A una semana de su arribo, Haldir podía percibir ostensiblemente que Legolas parecía menos animoso que de costumbre. La alegría que le brindó al volverse a encontrar, se había esfumado. El capitán conocía demasiado bien al príncipe, como para advertir en él síntomas inequívocos de una tristeza extrema. Sumado a esto, alrededor de Legolas se percibía una aura extraña. Un aire de malignidad. Le había escuchado hablar por la noches, con sueños intranquilos. No había dudas. Estaba seguro de que algo le estaba atormentando. Por éstos acontecimientos, fue que decidió aplazar su partida.

Por tal motivo, aprovechando la culminación de uno de los entrenamientos vespertinos, Haldir —arrastró literalmente—a Legolas hacia un rincón, alejándolo lo más posible de miradas curiosas. Había que poner algunos puntos en claro y no era sano dejar pasar más tiempo. Preferiblemente antes de que el sueño pesado regresara al cuerpo del príncipe. Esa era la clave de la plática. El sueño desmedido… Legolas dormía demasiado y a horas no convenientes, no era absolutamente normal en alguien que siempre se había mostrado despierto y viváz.

—Ha sido una práctica agotadora —Dijo sin apartar la vista de Legolas—Creo que los hombres ya están los suficientemente preparados para lo que venga. Tienen las armaduras élficas en su poder. Nosotros ya hemos cumplido con nuestra parte del trato. Pienso que no hay nada más que nos ate a Gondor. Ha dejado de nevar, y los caminos estarán transitables. ¿Te gustaría regresar a casa Legolas?

Regresar a casa.

Regresar a Bosque negro, a Mirkwood al lado de su gente, al lado de su Atar. Si otras fuesen las circunstancias, estaría deseoso de partir a la brevedad. Ahora, después de todo los suscitado con Aragorn, no estaba tan seguro. Ahí se sentía bien. La ciudad había sido como una lenta y sustanciosa medicina para su marchito corazón. Poco a poco iba sanando, la pérdida de Rúmil ya no dolía tanto. Y todo se lo debía al rey de los hombres.

Aragorn.

¿Porqué se portaba tan frío con el? ¿Qué cosa había hecho mal, para que se mostrara tan renuente a verlo? En dos ocasiones había intentado hablar con el, pero se había negado tajantemente, alegando cansancio. Y esto último, dicho de la boca de uno más de sus sirvientes. No había dado la cara. Se sintió miserable y no sabía porqué… La naturaleza de los hombres aún le era desconocida en ciertas facetas. Al parecer Aragorn estaba pasando por una de ellas ¿o no?

Se sentía como una flor marchitándose. A la que le han negado la luz del sol y el agua para poder sobrevivir. A la que han arrancado violentamente de la madre tierra y que sin todos éstos nutrientes fundamentales, indudablemente morirá en el olvido. Legolas no quería perder los pétalos de su cuerpo, poco a poco. Ya había perdido a uno de ellos, y no querría perder otro más. No querría perderse a sí mismo…

Todos éstos sentimientos le perturbaban y lo volvían distraído. Sabía que Haldir sospechaba que no todo marchaba como debiera. Bastaba con verse reflejado en su mirada cristalina y comprender que estaba —casi enterado de todo —Las palabras sobraban, se conocían demasiado bien.

—A ti no puedo ocultarte nada Haldir. Eres como un hermano mayor. Me has dicho con tu mirada que estás preocupado por mí, y estás en lo cierto. Siento aquí dentro — Dijo señalándose el pecho — algo extraño. Un vacío… Que debiera estar lleno, o que no debiese estar ahí. No sé como explicarlo, porqué no sé que signifique. Ahora que has mencionado, la palabra “regresar” me ha vuelto ese indescifrable escalofrío que me hace temblar de angustia. Y regresa éste dolor, taladrándome con fuerza. Algo me dice que es mi deber permanecer aquí.

—Legolas Thranduilion. Ya no eres el mismo elfo que conocí. Pude comprenderlo el día de mi arribo y los días subsecuentes. Soy lo suficientemente experimentado como para decirte — sin temor a equivocarme — Que tu vida de ahora en adelante, será más difícil aún. Deberás tomar decisiones importantes que cambiarán la vida de muchos otros, incluyendo la tuya. — Haldir miraba hacia el horizonte blanco con tristeza — Quizás yo no sea el más indicado para decirte esto, ya que tal honor corresponde a tu Atar, pero viendo que él está lejos y que no hay nadie mejor que yo para comprenderte, he de decirte que los Valar, han puesto ante ti, una nueva oportunidad. Sólo que estás tan confundido que no te has dado cuenta. Yo mismo estoy sorprendido, si he de ser sincero, no esperaba que fuese demasiado pronto. A pesar de la pérdida de Rúmil, le sigo amando con el hermano menor que fue y le seguiré guardando luto en silencio, por todo lo el tiempo que sea necesario, ó hasta que los Valar decidan lo contrario. Legolas — Haldir lo tomó por los hombros — Siempre has sido un libro abierto para mí, por eso yo puedo ver lo que tú te has negado en reconocer involuntariamente, apegándote como siempre, al deber. Mi querido Hoja verde, mi querido príncipe, sufres a causa del amor, porque hay alguien a quien has comenzado a darle un lugar especial en tu corazón. Lo huelo en el aire. El viento lo grita y nunca se equivoca.

Legolas se apartó de Haldir, negando con la cabeza.

—No, no es posible. Todavía amo a Rúmil. Yo… Por eso llevo el luto.

—El luto lo llevas sólo en tus ropas, y no dentro de ti. No es un reproche Legolas. Sé que amas a Rúmil, pero de una manera distinta. Creo que es tiempo de que lo dejes ir definitivamente o acabarás siendo un elfo infeliz. No soportaría verte derrumbado, incapaz de volverte a levantar.

—Haldir ¿Cómo puedes hablarme así? Se trata de tu hermano ¿Cómo puedes pedirme que lo olvide?

—No te pido que lo hagas. Simplemente deja de hablar en tiempo presente, como si el aún estuviese… Con nosotros.

—Yo nunca vi su cuerpo inerte. Por eso me siento culpable. ¡No pude hacer nada por él! ¡No pude! ¡No pude! ¡No pude! Es mi culpa que haya muerto. ¡Es mi culpa! Deberías odiarme. Hice mis votos. Tus estabas ahí. ¡Juré protegerlo aún a costa de mi vida y le fallé!

La ira de Legolas ocasionó que el viento volviese a arreciar. Haldir nunca había visto algo semejante. Como si los elementos de la naturaleza estuviesen conectados a su temperamento cambiante. Y esa aura extraña que detectaba cada que caía la noche, volvió a hacerse presente.

—No te muevas , Legolas y ponte en guardia.

Haldir volvió a desenvainar su espada. Mirando sigilosamente cada rincón. Había una presencia muy cerca de su ubicación. Legolas supo inmediatamente de quién se trataba. No en balde había “convivido con el” las últimas semanas. Haldir logró detectar una sombra mimetizándose muy cerca de una de las paredes frontales.

-Hay alguien aquí… Puedo verlo y puedo sentirlo. Está por allá — Dijo en un susurro — Y por su aura puedo saber que es un ente oscuro.

—¿¡En verdad puedes verlo!? — Por fin una luz al final del túnel. ¡Por los Valar que alguien más, aparte de él podía ver su a doble oscuro —. Haldir entonces dirigió su mirada hacia Legolas. Incrédulo.

—¿Tú le has visto antes? ¡Respóndeme, Legolas! — Este asintió casi imperceptiblemente —.

Un pensamiento fugaz y atroz cruzó por la mente de Legolas en ese instante y se arrojó hacia Haldir.

—¡CUIDADO!

Una flecha surcó veloz por el aire, alcanzando destino en un árbol cercano. Ambos elfos habían caído hacia un costado. De no haber sido por la rápida reacción del príncipe. Haldir hubiese sido alcanzado irremediablemente.

—¿¡Qué fue eso!? — Preguntó Haldir —.

Legolas se levantó y dirigió su mirada hacia la gruesa flecha en el árbol. En cuestión de segundos, el tronco comenzó a secase y a volverse negro. La fuente de vida terminó por morir, ante los ojos de los dos elfos que no daban crédito a lo que veían. Ahora el significado de las palabras de Gandalf, cobraban más fuerza y más sentido en el príncipe. Tarde o temprano ¿El también se secaría por dentro y por fuera como el árbol?

— Haldir, no la toques. Es muy peligroso — Haldir había intentado arrancar la flecha, para mirarla más detenidamente —.

—¿Hay algo que deba saber Legolas?

La respuesta a la pregunta de Haldir, llegó con prontitud por medio de una risa estridente. En la parte más alta del árbol, se divisó una figura. Anderiel.

—Eres un elfo muy malo Legolas. Le ocultas secretos muy importantes al hermoso capitán Haldir. Si yo estuviese en sus botas, habría dejado de confiar en ti desde aquella vez, siglos atrás, antes que decidieras unirte con el bueno para nada de Rúmil… Oh, no me mires con cara de enojo principito de sangre azul. ¿temes que se me vaya la boca y le cuente a nuestro —casi hermano— que estuviste a punto de abandonar…

—¡No tienes ningún derecho! ¡Te lo prohíbo!

Con mucha cautela y discreción, Haldir se aproximó a Legolas sin dejar de mirar hacia arriba.

—Es idéntico a ti. Sabe cosas de ti. ¿Qué demonios está pasando? — Haldir pocas veces utilizaba lenguaje fuerte. Lo que indicaba que estaba extremadamente furioso.

—Yo puedo contestar sus preguntas, honorable capitán.

Con un gran salto, Anderiel se puso a su altura. Haldir saco una flecha de su carcaj y apuntó directamente al corazón del elfo oscuro, pero Legolas lo detuvo poniéndose un paso al frente. Entre ambos.

— No Haldir, ¡Detente!

—Le aconsejo que haga caso a las palabras de Legolas, o cargaría sobre su espalda con su muerte por el resto de su imperecedera vida. Mi querido y buen mozo capitán.

—Haldir, por favor, baja la guardia.

—Apártate Legolas.

-No puedo Haldir. El tiene razón. Si le matas, acabarás conmigo también…

¿Porqué no me llamas por mi nombre principito? ¡Acepta de una buena vez que existo y dame el lugar que me corresponde!

—Vamos Haldir, hazlo por mi. Todo tiene una explicación— Legolas hizo caso omiso a los reclamos de Anderiel. Era más importante para el que Haldir cediera y así evitar una desgracia —.

La situación era por demás inverosímil. Haldir estaba en una disyuntiva. Sin embargo la cara de angustia de Legolas le hizo pensar fríamente la situación y bajó la guardia a pesar de que iba en contra de sus principios. Si como había dicho Legolas — había una explicación — Quería escucharla a la voz de ya.

—Tengo muchas preguntas y necesito respuestas, pero no vas a ser tú, ente del mal, quien me las responda.

—Créame que soy el más adecuado para ello. Ya que nuestro príncipe es un elfo estúpido y cobarde que no sabe ni siquiera en dónde está parado.

Si había algo que no soportaba Haldir, era que insultaran a alguien de su raza, mucho menos a Legolas. La paciencia no era su mayor virtud. Iba a contrarrestar las pestilentes palabras, pero Legolas se adelantó.

—¡No soy un elfo estúpido! ¡Y TAMPOCO SOY UN COBARDE!— Fue turno de Legolas de tomarlo por las ropas, desafiarlo y estampar a Anderiel contra el piso— Si te he dejado vivir, es porque conviene a mis intereses… Si existes en éste plano terrenal, es porque yo te lo he permitido… Nada me costaría arrancarme la vida de propia mano y eliminarte de una vez por todas… Pero sería una estupidez de mi parte, dar mi luz a cambio de deshacerme de ti para siempre. Tú no vales la pena… Así pues, siéntete afortunado de respirar por un tiempo más, que ya encontraré la manera de deshacerme de ti. ¡Ahora largo! Desaparece de nuestra vista.

Anderiel fue levantado con brusquedad y apartado con otro fuerte empujón. Y Legolas se sintió liberado al haberle hablado de aquella manera. Una chispa se había encendido en su interior, ahora veía y sentía las cosas con mayor claridad.

—Es una lástima que no nos hayamos podido llegar a un arreglo satisfactorio para ambas partes. — Contrarrestó Anderiel — Ahora pagarán muy caro su insolencia… Legolas Thranduilion, príncipe de Bosque negro, Haldir capitán de Lothlorien. Escuchen bien mis palabras. ¡Escúchenlas bien y lleven el mensaje a su rey y al rey de los hombres!

Anderiel se veía amenazante tras ese remolino de nieve que se alzó alrededor de él.

—Cuando Ithil esté en cuarto menguante, cuando la vean llorar lágrimas de sangre, un enorme y poderoso ejército se levantará en armas. Las bestias del inframundo, los orcos y todas las criaturas aliadas de Mordor reclamarán lo que por derecho les pertenece y el reino de Gondor será testigo de nuestra victoria final. El momento ha llegado, es tiempo de resurgir de nuestras cenizas. Tiemblen, pues su fin se acerca.


Y desapareció, dejando tras de sí un aire de incertidumbre. Si sus palabras eran ciertas, estaban en graves aprietos.

—Si lo que ha dicho es cierto. Gondor será el punto estratégico de la batalla. Es vital que todo nuestro ejército se movilice cuanto antes. ¡Nos queda menos de una semana! ¡Por los Valar! Sería un auténtico milagro.

—Tenemos que hablar cuanto antes a… Gandalf Aragorn y Éomer, Haldir. —Legolas estaba a punto de marcharse pero Haldir no le dejó dar ni un paso más.

—¿Porqué crees en las palabras de alguien cómo el? Los seres de oscuridad no son dignos de confianza.

—Lamentablemente ha dicho la verdad, Haldir. Y no sabes cuánto lamento haberlo escuchado.

—Tendrás que darme una buena explicación, después de que todo esto pase, Legolas Hoja verde. Sin omitir ni un solo e insignificante detalle. ¡Y lo primero que me harás saber, es cómo, cuándo y porqué hay un elfo oscuro irreverente igual a ti, caminando libremente por toda Arda, amenazándonos de muerte!

—Lo haré , lo juro por lo más sagrado, pero ahora no es momento… Haldir, por amor a los Valar, no me mires con reproche, que soy el más afectado en todos los casos. Vamos, no hay tiempo que perder.


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—¿Aragorn? —Faramir abrió los ojos con mucha lentitud. Y lo primero que vio, fue el rostro de Aragorn, que presentaba un aspecto desaliñado y con barba de días .

—Faramir, ¡Gracias mil que has recobrado el conocimiento! ¿Cómo te sientes?

—Como si una docena de Olfiantes me hubiesen pasado por encima.

—No te levantes, en tu estado no es conveniente que hagas esfuerzos innecesarios. Sigues delicado.

—Mi pierna ¿Porqué no puedo moverla? —Preguntó angustiado Faramir — ¿Porqué no la siento?

Aragorn intercambio una mirada de complicidad con Éowyn, quien había permanecido a sol y asombra al lado de su rey.

—No hay de qué preocuparse. Dentro de poco volverás a recuperar la movilidad. Sufriste una lesión de consideración, pero tu vida ya no corre peligro.

—E -¿Estás seguro. ¿No me estás ocultando nada?

—Confía en mi Faramir. Al igual que yo lo hago contigo. Sé que no es el mejor momento para decírtelo, pero… Gracias por haberme salvado la vida — El rostro de Aragorn parecía compungido. Como si hubiese envejecido un par de años en unos cuántos días — De no ser por tu valentía y oportuna intervención, ahora no estaríamos sosteniendo ésta plática.

— Tu hubieses hecho lo mismo por mí. Así que no me agradezcas nada. Para eso estoy, para cuidar la espalda del rey.

El tono amistoso del comienzo, cambió. Faramir volvía con las formalidades de Senescal.

—Estuviste a punto de morir. ¡Estel no se ha separado ni un minuto de ti y así es como se lo agradeces¡ ¡Qué poco hombre eres! Deberías besarle los piés en agradecimiento. — La mujer había salido de su letargo, para retar al que todavíaera su marido.

-Eowyn, no…

-Lo siento Estel, pero creo que ya es tiempo de que alguien lo ponga en su lugar.

—Quiero dejar una cosa muy en claro — Aragorn volvía a mostrar la actitud de rey conciliador — Ambos saben que estamos pasando por tiempos difíciles. Debemos dejar atrás las rencillas personales por un bien común… Faramir, hemos sido buenos amigos durante muchos años, y por esa amistad, te pido que olvidemos los malos entendidos —Aragorn ofreció su mano, y Faramir la aceptó, después de pensarlo un poco, y con cierto recelo.

—No tendrás queja de mí. Por cierto. ¿Cómo se encuentran los soldados?

—Ya nos hemos ocupado de ellos. Vuelvo a repetirte que no te preocupes. Sufrimos algunas bajas, pero a pesar de todo, ha regresado una aparente calma a la ciudad.

—¿Nos llevamos entre las manos a algún bastardo?

—Desafortunadamente no. La situación fue extraña. Como si solo hubiesen estado jugando con nosotros. Divirtiéndose un poco.

Faramir estaba incrédulo.

—¡Maldición! Es peor de lo que pensaba. Aragorn ¿te das cuenta de la situación en la que nos encontramos? Estamos en clara desventaja. ¡Y esas malditas armaduras que no tienen para cuándo llegar!

—Has llegado al punto clave. Las armaduras están listas. Ahora nuestros hombres tienen una adecuada protección, gracias al al diestro capitán Haldir un elfo guerrero que ha llegado desde Lothlorien— Aragorn hablaba con mucho coraje e ironía cuando se trataba del “invitado de Legolas”. No podía perdonarle todavía que lo haya preferido a él, antes que otra cosa. — Arribó hace una semana y ha estado a cargo de nuestras tropas junto con el príncipe Legolas. Ya estamos completos y alertas ante lo que venga.

Faramir bufó.

—Así que ahora tenemos a dos elfos orgullosos en Minas Tirith. Me imagino que ése capitán debe ser un sujeto antipático, como todos los de su raza. Ojalá que ésta maldita guerra termine cuanto antes y se marchen definitivamente de aquí.

…Que se marchen definitivamente de aquí.

Aragorn no había pensado en la posibilidad de que su elfo se marchara por siempre y para siempre, pues estaba seguro de que Legolas acabaría cediendo a sus atenciones. Ahora ya no estaba seguro de nada. ¡Los malditos celos lo estaban matando! Haldir y el amor de su vida, solos en la habitación. Cada que lo imaginaba en brazos del capitán, amándose apasionadamente, le daban ganas de… De todo y a la vez de nada. Se había dicho imbécil y estúpido por haberle dejado el paso libre de buenas a primeras…

Le había dolido en el alma, haber rechazado ve a Legolas cuándo se lo solicitó, pero estaba tan reciente el enojo y la decepción, que se obligó a ser duro y dejarle en claro su postura. Y confiaba en Eru, en que Legolas hubiese captado su mensaje y le diera una respuesta definitiva de una vez por todas.


El sonido de fuertes golpeteos en la puerta, lo devolvieron a la cruda realidad. Éowyn se aprestó a abrir la puerta. Se trataba de Éomer.

—Aragorn, disculpa mi intromisión, pero… Tenemos noticias y es urgente que te presentes a la sala de juntas. Gandalf, Legolas y Haldir ya se encuentran ahí.

—¿Qué sucede Eomer?

—Me temo que nada bueno.

Aragorn asintió preocupado.

—Eowyn… ¿Podrías?

—No te preocupes Estel, cuidaré de él, aunque no lo merezca. — La mujer retó con la mirada a Faramir, quien sólo pudo desviar la mirada avergonzado. Bien le hubiese valido despertar muchas horas después. Había una plática pendiente y su mujer ya no iba aplazarla mucho tiempo más. Había llegado el momento de hacerle frente y decirle de una vez por todas, su verdad.


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—Aragorn, podrás ver, que el tiempo se nos está yendo como agua entre las manos — Gandalf había tomado la palabra.— Hay que actuar con presteza.

—¿Cómo pueden estar seguros de que Gondor será el punto clave para la batalla? Esos monstruos han estado atacando diversos puntos, diversas ciudades… Podría ser un engaño.

—Lo sabemos y eso es lo que importa. No echemos en saco roto la advertencia.

—¿La advertencia de quién capitán Haldir? —Haldir miró a Legolas, quien negó con la cabeza. — ¿Qué sabe usted, que nosotros no? ¡Hable! —Los ojos de Aragorn parecían echar lumbre. Sin embargo no intimidaban al orgulloso elfo.

—Por el momento no me es permitido rebelar la fuente de la información. Pero es un hecho que su ciudad está señalada. El ejército aliado deberá desplazarse hasta aquí en menos de una semana.

—¡Y lo dice tan fácil! ¡Habla de movilizar a miles de hombres por tierra! ¡No habrá tiempo para nada! Me extraña que lo hayan elegido capitán de Lothlorien, no tiene cabeza para razonar con inteligencia.

—¡Cómo se atreve a faltarme el respeto de ésa manera!

—Me atrevo porque puedo… Y quiero. — El rey encaró a Haldir. Frente a frente, sin palabras de por medio pues no hacían falta.

¡Vamos elfo, respóndeme como quiero! ¡Respóndeme! Que estoy ansioso por darte tu merecido.

—¡NO ES MOMENTO PARA RENCILLAS!

La poderosa voz de Gandalf les hizo callar.

—No dejemos que la desesperación nos nuble la razón. El panorama no es del todo favorecedor, pero todavía hay una luz al final de túnel. Montaré a Sombragris inmediatamente y viajaré día y noche. Mi plan es entrevistarme con Thorondor (*) , el jefe de las águilas guerreras y estoy seguro de que colaborará con la causa. Si todo marcha bien, podremos trasladar a varias decenas de hombres a la vez, montándolos sobre ellas.

—Thorondor está en Beleriand. (*) ¿Cómo vas a hacer para escalar ése pico escarpado? ¿Cómo vas a convencerle?

—¡Me estás subestimando Aragorn! — El cayado de Gandalf retumbó y cimbró al ser golpeado con fuerza contra el suelo de mármol — Te has vuelto un rey bastante patético, inseguro e incrédulo… No hagas que me decepcione aún más de ti…

Gandalf había dicho las palabras justas. Habían calado muy hondo en Aragorn, pues sabía que tenía la boca llena de razón.

—Gandalf, espera —Dijo Eomer — Yo voy contigo. Necesitarás toda la ayuda posible. No seré una carga para ti, mi caballo también es muy veloz y conozco bien el terreno.

—Esperaba que dijeses algo como eso — Gandalf sonrió — Un par de manos extras siempre serán bienvenidas. Ahora partamos que el tiempo es oro. Ya nos iremos proveyendo de comestibles por el camino. Caballeros, volveremos a tiempo para la batalla. Les doy mi palabra.

—¡Mithrandir!

—Dime, Legolas.

—Mucha suerte y…

—No me olvidaré del pueblo élfico, mi querido y leal príncipe. Los traeré a todos conmigo. Absolutamente a todos— El mago Istari sonrió con franqueza. — Mucha suerte también para ti. Creo que ya sabes lo que tienes que hacer. Busca dentro de sus y hallarás la respuesta correcta… Ve dentro de sus ojos—Fueron las últimas palabras de Gandalf el gris, antes de abandonar el salón junto con el Rohirrim.

De pronto los tres individuos que se habían quedado de pie, se miraron uno al otro. El silencio era denso. Sin embargo era el momento preciso para lo que Legolas tenía planeado. No sabía si era lo correcto, pero una vocecita interior le indicaba que iba por el camino.

—Argorn. Necesito hablar contigo… A solas. ¿Puedes concederme algunos minutos? Debo decirte algo muy importante.

Haldir entendió la indirecta. Y dio la media vuelta, no sin antes regalarle a Aragorn una mirada, que podría interpretarse de una y mil maneras. Aunque fue ampliamente correspondido.

—No voy a quitarte mucho tiempo Elessar, te lo prometo.

Aragon indicó a Legolas que podía sentarse en el diván.

—Prefiero permanecer de pie.

—Pues yo no. Estoy muy cansado- Con altanería y egocentrismo tomó asiento — ¿Y bien? De qué trata eso tan importante., según tus propias palabras… Sólo déjame advertirte, que si se trata del capitán Haldir, no me interesa. Nada que tenga que ver con el es importante para mí.

—No se trata de él. Sino de otro cosa.

Legolas se acercó a Aragorn, se arrodilló muy cerca de las piernas del hombre y se irguió para encontrarse muy cerca con los ojos azules del rey. Por consiguiente Aragorn se turbó pues no esperaba aquella actitud.

Legolas parecía interesado en observar a detalle los ojos. Pasó sus dedos por ambos, delineándolos con delicadeza, al igual que las cejas.

—Q-¿Qué pasa Legolas? ¿Porqué estás haciendo ésto?

—Estoy buscando una respuesta.

—Pero…

—Sh, calla o no encontraré lo que necesito.

El mismo baile de los danzantes dedos de Legolas se esparció por el resto de la cara y cuello, incluido el cabello. Y lo hacía de tal manera, que Aragorn se estaba volviendo loco. Como un volcán a punto de hacer erupción. Un manantial de agua caliente queriéndose desbordar en aquel cuerpo etéreo.

—Has sufrido mucho Aragorn. Sin embargo, a pesar de todo, has sabido salir adelante… Aragorn… Aýudame, ayúdame a salir adelante. — La voz de Legolas comenzó a quebrarse — Me siento extraviado y tu eres la persona que puede encontrarme. ¡Tus ojos me han hablado y no pueden equivocarse!

¡Legolas le estaba pidiendo ayuda! ¡Por Elbereth que nunca pensó escuchar esas palabras!

—Oh, Legolas, mi Legolas… —Aragorn abrazó lo abrazó con fuerza —¿Cómo puedo ayudarte? ¡Por favor dímelo y haré hasta lo imposible por complacerte!

—Sólo, sólo… Ámame y enséñame a amarte. Antes que sea demasiado tarde.

No fue un beso robado. Tampoco dado en contra de su voluntad. Era un beso largamente deseado por ambos. Por fin Aragorn podía sentir el ansia de Legolas; ya no había nerviosismo, sino entrega total.

—No quiero marchitarme… No quiero morir como el viejo árbol…

—No vas a morir Legolas. Vivirás y lo harás a mi lado. Juntos por siempre.

—¿Lo prometes?

—Es una promesa.

Los labios del príncipe elfo volvieron a ser apresados con fogosidad y éste respondió de la misma manera… Y después de semanas de angustia y desesperación, Legolas pudo llorar, pero no fueron lágrimas de tristeza, sino de felicidad. Lágrimas que fueron compartidas por una sombra que observaba todo desde un oscuro rincón. Y que supo desde ese momento, el significado de un beso de amor.


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CONTINUARA

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Ejem… Ya sé que me van a colgar por dejarlo así, pero aseguro lemmoncito apapachador y tierno para el que viene. Lo prometo. No podía dejar lo mero bueno para el final, esto debe ser special.

***

Thorondor es el Señor de las Águilas de la Tierra Media durante la Primera Edad del Sol.
Su nombre en el idioma élfico quenya, Sorontar, significa "Señor de las Águilas" (_Soron_ : Águila, _Tar_: Amo, Señor, Rey); aunque en sindarin significa "Águila elevada".
Sombras del pasado y presente. por DI_MALFOY
Notas del autor:
Ya, ya. Me tardé horrores, ni me lo recuerden. Snif!! No tengo perdón, lo sé. Sólo espero que no me vayan a linchar muahaha. Y que les agrade el capi. ^^

Saludos. NOTAS DE ULTIMA HORA Cambié el rating de la historia a NC-17 para que no me dejen comentarios anónimos, cargados de estupideces de una mente enferma e inmadura.
Im Still alive chicas, no me fuí de vagaciones… ¬¬

PD: Hay comentarios sin contestar. A la brevedad daré respuesta.




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CAPITULO 13


Sombras del pasado y presente


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Aragorn guardaba pocos bellos momentos a lo largo de su vida, y aquel era uno de ellos. Observar a Legolas dormitar, recargado gentilmente sobre su hombro, no lo hubiese cambiado por nada en el mundo. Era la segunda vez que lo sentía, piel con piel y sin embargo era muy distinto. Habían hecho el amor de una manera deliciosa e inolvidable. Haber conocido esa parte escondida del elfo, lo había dejado impactado y más enamorado que nunca.

Su entrega, su pasión. Su manera de hacer las cosas. Tan dulce y gentil. Legolas era bello por dentro y por fuera. Un ser que merecía ser felíz, y el, Aragorn, estaba dispuesto a brindar todo de sí, para nunca más, volver a verle llorar.

Legolas… Gracias Elbereth por haberlo puesto en mi camino… Te amo tanto. Como no creo que llegues a imaginarlo. Sólo espero que algún día, mis sentimientos sean completamente correspondidos. Sé que llegarás a amarme con todo tu corazón. —Aragorn jugueteaba con el cabello suelto y rubio entre sus dedos—Dioses. ¡Cómo pude dudar de ti! ¡Cómo pude dejarme llevar por los estúpidos celos! Ay, Legolas. Tengo tanto que aprender de ti. Debo ser mas racional y menos impulsivo.

Depositó un pequeño beso el la cabeza de Legolas, haciendo que el durmiente se removiera un poco, dándole la espalda. Aragorn pasó su mano sobre la cintura y lo apretó con un poco de fuerza contra su cuerpo, para no perder el contacto.

Unos pequeños besos en la espalda y en los hombros, tenían el firme propósito de hacerle despertar a Legolas y continuar con lo que habían comenzado horas antes. El cuerpo desnudo del elfo bajo la tela de las cortinas (que fueron casi arrancadas de su posición original) Era una dulce tentación, imposible de pasar por alto. El rey quería volver a perderse en las mieles del amor. Legolas era una flor repleta de néctar dulce y jugoso.

—Vamos Legolas, despierta. No seas perezoso.— Decía Aragorn juguetón —Quiero volver a sentirte muy cerca de mí. Vuelve a regalarme el placer de hacer el amor contigo, una vez más. Quiero demostrarte lo mucho que te amo.

Al no obtener la ansiada respuesta, Aragorn tomó y fritó su virilidad para volver a reanimarse y entrar en el cuerpo de Legolas, quien sólo gimió un poco. La penetración fue lenta, profunda, pero suave.

—Legolas, mi Legolas. Nos pertenecemos en cuerpo y alma. Yo soy de tí y tu eres de mí.

—Te quiero Aragorn. —Legolas parecía despertar excitado.—Te quiero.

—Hmm, podría permanecer así contigo, por siempre. Te amo, te amo… Eru, esto es como estar en el paraíso. Siento que no te merezco.

—Ámame Aragorn. Hazme sentir vivo.

El rey aumentó el ritmo sexual, ante la súplica enardecida de Legolas. Se estaba volviendo loco de placer. Loco de amor por ese hermoso ser, que le entregaba lo más sagrado que poseía.

¡Eran tantas las cosas que pasaban por la mente del rey! Que creyó estar perdiendo la cordura.
Los castos besos que regalaba a los hombros desnudos del elfo, se volvieron caricias subidas de intensidad. Si Legolas hubiese sido una deliciosa tarta de manzana. Aragorn lo habría devorado en dos hambrientas mordidas. Lo hubiese devorado por completo. Hasta el último de sus rubios cabellos.

—Eres tan perfecto…

Aragorn no podía observar el rostro de Legolas. Pero en el se reflejaba la picardía y el sentimiento. Su candorosa sonrisa, surcaba con gracia su rostro angulado dándole un toque travieso sensual y salvaje. Todo al mismo tiempo.

Así pues, en el bordé del éxtasis y sintiendo desbordarse, Legolas giró su brazo por detrás de la cabeza de Aragorn, atrayéndole más. Dando a entender con esto, que deseaba un poco más de potencia y el rey era una buen entendedor que no necesitaba de palabras. Lo complació con todas las fuerzas de las que fue capaz, hasta que ya no pudo más. Derramó por cuarta vez su semilla, dentro de Legolas, que no tardó mucho más en hacer lo mismo en la mano de Aragorn. Ambos gimieron, sudorosos. Las muestras de amor, habían sido cortas pero muy placenteras.

—Eres tan exquisito, amor, que no me importaría pasar así por todo lo que resta de mi vida.

Legolas lo miró de frente, perdiéndose en el azul de sus ojos. Le tomó el rostro y el dio un tierno beso en los labios.

—Gracias Elessar. Me hiciste revivir. Has venido a llenar éste vacío que sentía en mi interior. Ahora ya no me siento solo. Ahora sé que tu amor hacia mí es sincero, pues me lo has demostrado con hechos y no sólo con palabras. Creo cada una de ellas con los ojos cerrados. Ahora… Ahora sé… Que… Rúmil se fue, porque vendrías tú. Ya todo está claro. La venda que nublaba mis ojos, ya se ha disipado. Ya no hay oscuridad ni dolor, ni incertidumbre.

—Sí amor. Hay un futuro para ambos, después de todo.—Aragorn tomó la mano de Legolas y la besó —Un futuro prometedor lleno de felicidad. Una dicha que sería aún más completa, si aceptaras casarte conmigo.

Legolas se estremeció.

—Amor, sé que ésta proposición no te la esperabas tan pronto. Ni yo, debo confesarlo. Hasta hace poco yo… Bien, pensé que nunca encontraría a la persona ideal para compartir mi vida. Pero desde que te vi por vez primera, no pude alejarte de mi pensamiento en ningún momento. Supe que tú serías lo mejor que podría pasarme. Y no me equivoqué. Tienes mi corazón, tienes mi amor, mi lealtad, y mi fidelidad por toda la eternidad. Mis ojos jamás mirarán a otro ser que no seas tú. Antes preferiría arrancármelos.

—Aragorn.

—No me contestes ahora. De buena fuente sé que debe pasar cierto tiempo antes de que puedas desposarte de nuevo y que tu Atar, el rey Thranduill, debe darnos su venia y su bendición, como lo marcan los cánones. Pero si he pasado por largos e interminables años para encontrarte, qué mas da soportar unos cuántos días más. Estoy seguro que la espera valdrá la pena… Ahora, permíteme presentarte como mi pareja formal, ante los ojos de todos. Ya no quiero esconderme de nada ni nadie. Quiero darte el lugar que mereces ¡Quiero presumirte por todo Gondor! ¡Por toda Arda! Que todos miren lo felíz y afortunado que soy por tenerte. ¿Aceptas Legolas? ¿Quieres ser mi compañero?

En los ojos de Aragorn había una inmensa luz de alegría y esperanza. Y en el corazón de Legolas también. Una esperanza al final del camino. Sin embargo, la revelación de Gandalf, acerca de Anderiel lo tenía bajo un constante nerviosismo. Aragorn debía saber toda la verdad. Su verdad.

—Elessar… Debes saber algo importante, antes de darte una respuesta definitiva. Algo que sucedió hace algunas semanas, antes de llegar a Gondor y que es vital que sepas.

—Lo que haya pasado, pasado es. No me interesa Legolas. Nuestra historia apenas se escribe. Todo lo anterior no tiene validéz para mí.

—Pero Aragorn, no comprendes… De esto dependerá nuestro futuro. Por favor, déjame explicarte.

—Si tanto te empeñas en querer hablar de ello, lo haremos, pero después de que vuelva a hacerte mío. Ésa es mi condición…

Volvió a juntar desesperadamente sus labios contra los de Legolas como una fogosa demostración de pasión y el elfo se dejó llevar hasta donde Aragorn quisiese llevarle. Ya era suyo.

Completamente suyo…


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—Éowyn, lo siento. Pensé que al desposarme contigo, sería… Diferente. Pero me equivoqué. Lo primeros meses fueron magníficos, no puedo negarlo. Éramos felices y todo parecía marchar bien. Yo te quería. Realmente no sé cuándo fue que sucedió. Me refiero a nuestro distanciamiento. Simplemente me levanté un día y…

—Dejé de importante.—Éowyn miraba el paisaje nevado a través de la ventana de la habitación—Lo haces parecer tan fácil Faramir. Nos abandonaste cuando más te necesitábamos, sin dejar una nota. Huiste como un vulgar ladrón, dejando del lado tus deberes y obligaciones como el príncipe que eres. Pero claro, era más tu urgencia por irte de mi lado, que todo eso no importó mucho ¿verdad?

—¿Abandonaste? ¿Porqué hablas en plural Éowyn?

—No tiene caso que lo sepas. —La mujer miró con dureza a su esposo, aproximándose— Lloré mucho por tu ausencia Faramir. Pero mis lágrimas se han agotado. No derramaré una más por ti. No las mereces. —Faramir suspiró profundamente, hasta cierto punto derrotado— Ahora quiero separarme definitivamente de ti. Quiero mi libertad. No te será difícil mi querido esposo es lo que más ansías en toda Arda. Al igual que ésas amantes tuyas. Así podrán revolcarse libremente a su antojo y no mis espaldas… Porque al contrario de ti, yo si tengo dignidad.

—¡Por todos los Dioses Eówyn! ¿De qué demonios estás hablando? ¡Yo no me acuesto con ninguna mujer! ¡Estás equivocada!

—¡No mientas! Sólo los dioses saben cuántas noches te vi partir del lecho de amor, sigiloso, a hurtadillas, para encontrarte con todas ellas. Callé por amor a tí, callé por tratar de salvar nuestro matrimonio, pero fue en vano. Cada día te alejabas más de mí… Al grado de hacerlo sólo por lástima Como la última vez, antes que te marcharas… Sentías repulsión por mis besos y caricias llenas de pasión... Yo no merecía trato semejante Faramir… Yo, que te di los mejores años de mi vida, me pagas de la peor forma.

—No seas dramática, mujer. Ya te he pedido perdón de mil formas por ello, Éowyn. ¿Qué mas quieres? ¿Qué me arrodille y suplique porque olvides todo? Si es lo que deseas, tendrás que esperar. Como puedes ver, estoy imposibilitado.

—¡Eres un cínico! —Faramir recibió una sonora bofetada que le volteó el rostro —No sé como pude haber puesto mis esperanzas en ti. ¡TE ODIO! ¡No quiero volverte a ver en toda mi vida! Haz muerto para mí.

Con todo el dolor de su corazón salió destrozada de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con mucha fuerza. Se había prometido así misma no mostrar debilidad, pero Faramir se había comportado como todo un patán. Si bien, ya se esperaba algo como aquello, nunca imaginó que llegaría a sentir tanto odio y rencor hacia la persona que más había amado en toda su vida.

Las náuseas y los mareos regresaron con fuerza, haciéndola trastabillar. Por lo que tuvo que alentar su paso buscando con la mirada, algún sitio seguro donde guardar reposo.

Lo siento bebé. Hemos perdido a tu padre definitivamente. Pero yo sabré amarte por ambos. Nada te faltará y serás muy felíz. Regresaremos a Rohan y ahí vivirás rodeado de amor.

Éowyn acarició su vientre con dulzura. Se había enterado de su embarazo antes de llegar a Gondor y se había reservado la noticia para sí, antes de hablar con Faramir. Ahora sabía que había hecho bien en guardar el maravilloso secreto de vida. Y dada la inminente guerra, lo mejor que pudiese hacer, era regresar a su hogar cuanto antes y mantenerse a salvo. Otra vida se gestaba dentro de ella y debía protegerle.

—¿Se encuentra bien? —Se trataba de Haldir, que había estado caminando por los pasillos sin rumbo aparente. Haciendo rondines por los alrededores.

—Un poco mareada, es todo —Contestó Éowyn con una sonrisa forzada. Pues no le había escuchado llegar— No he dormido lo suficiente. Las noches han sido terriblemente frías e insufribles.

—Comprendo. ¿Cómo se encuentra su esposo? ¿Ha superado la etapa difícil?

Qué lejana se escuchaba la palabra esposo en la cabeza de la mujer.

—Sobrevivirá. —Dijo con amargura— Estel es un gran sanador. El mejor… Ahora si me disculpa capitán. Necesito descansar, con su permiso.

Éowyn era una mujer fuerte y valiente. Haciendo alarde de éstas virtudes, caminó erguida hasta sus habitaciones, dejando al capitán Haldir en soledad. Sin embargo, éste no dejó de mirar la puerta por donde había salido la dama.


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—Aragorn, ya debemos levantarnos. Se está haciendo tarde. Alguien podría entrar…

Era el turno de Aragorn de dormir como un lirón y Legolas movió la cabeza de izquierda a derecha, juguetón.

Es inútil que intente despertarlo. Está rendido. —Suspiró—Quizás deba dejarlo dormitar un poco más. Debe ser desgastante ser el soberano de toda una nación. Las típicas presiones de un gobernante que hasta ahora no ha podido ver más allá de sus responsabilidades. Que no ha podido ser él mismo, siempre dejando del lado su lado sentimental… hasta ahora.

Aquel pensamiento recordó a Legolas algo similar, hacía algunos ayeres en las profundidades de Bosque negro. Motivo que ocasionó que el príncipe elfo nublara su sonrisa.

—No quiero Rúmil. No quiero reemplazar a mi Atar cuando éste te marche a las tierras imperecederas.

—No tienes elección meleth nîn. Eres el príncipe. Y su único descendiente. Es por eso que tu Atar ha puesto todo su empeño en tu educación. Confía en ti y no puedes ni debes fallarle. Tu destino estuvo marcado, el día en que tu mamil te parió. Naciste entre sábanas de seda y tu nacimiento fue bendecido por los Valar. Está escrito en tu futuro que tomarás su lugar algún día.

—Para mi futuro deseo otra cosa Rúmil. Quiero ser yo mismo… Simplemente Legolas. Caminar y correr libremente por el viejo camino del bosque, nadar en el Anduín, en el lago largo, en el río encantado. Escalar las montañas nubladas…

—Aún siendo soberano de Bosque negro podrás hacerlo. No es ningún impedimento y lo sabes. Tu atar el rey Thranduil siempre ha sido de corazón aventurero y…

—Pero ya no sería libre. —Legolas observó a Rúmil con la vista nublada —Otros dispondrían de mi tiempo. Me pondrían horarios, me dirían que hacer y cómo comportarme a cada momento y no podría soportarlo. Dejaría de ser quien soy, para transformarme en una sombra de lo que fui.

—Tu excusa es absurda meleth nîn. Tu Atar siempre ha sido estricto contigo en cuanto a horarios y responsabilidades y nunca he visto en ti algún deje de desobediencia y rebeldía. Por el contrario, siempre has sido un ejemplo a seguir. Eres el orgullo de bosque negro.

—Que no lo hayas visto, no significa que no lo haya pensado Rúmil. No soy tan perfecto como todos piensan.


Legolas comprendió entonces… Si Aragorn lo aceptaba y lo comprendía con respecto a su doble oscuro, habría otro obstáculo aún mayor que sortear. Su atar. El rey Thranduil. Todavía podía recordar y sentir las dos bofetadas que le había propinado el día que había rebelado sus sentimientos hacia Rúmil.

!Eres un elfo y no una elfa! Tu obligación es tener descendencia y al lado de… ¿Cómo dijiste que se llamaba tu pérfido amante?

—¡No es mi amante! Es mi compañero y lo amo… Y es mi deseo desposarme con él.

—¿Acaso te has vuelto loco Ionn in? ¿Quieres ver el reino destrozado por un simple capricho tuyo? ¡Mira a tu alrededor! ¡Todo lo que ves, se ha logrado con esfuerzo y dedicación! ¡Siempre apegándome a las reglas! ¡Y es lo mismo que deberás hacer por ser quien eres! Mi hijo ¡El príncipe Legolas!


Las reglas.

Le había costado lágrimas de sangre que su atar reconociera por fin su relación con Rúmil. ¡Cuánto había luchado por ello! Y al final de toda la tempestad, su atar le había llegado a querer como un hijo más. Con Aragorn sería completamente distinto. Nunca de los nunca aprobaría su relación y volvería a la carga con su eterno sermón de apegarse siempre al código del pueblo élfico… Sumado a eso. Aragorn era un humano hombre. Su atar los odiaba, porque para él eran menos que escoria.

—Mi atar tiene motivos de sobra para desconfiar de los hombres —Reflexionaba Legolas—Pero a veces siento que su odio es completamente irracional. Nadie en todo Arda puede sentir tanto rencor hacia otro ser viviente, como él. Su corazón no puede ser tan cruel, no puede serlo… Y si una vez, por amor a mí, cambió de parecer, bien podría… Aceptar que Aragorn y yo… posiblemente… Estoy adelantándome a los hechos—Legolas masajeó sus sienes —No quiero atormentarme ahora por algo que puede ser solucionable o que podría terminar de otra manera dada la inminente guerra.

Sin ánimos de seguir recostado, se levantó, recogió su ropa del suelo y se vistió con la camisa, y el pantalón, llevando en brazos sus botas y el resto de su vestimenta. Dirigió una última mirada a Aragorn, depositó un beso en la frente y salió con sigilo de la sala de juntas para no despertarlo.


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—Es curioso. El clima es gélido, y sin embargo percibo la primavera.

Legolas paró su marcha. La voz provenía de un pequeño jardincillo improvisado (completamente cubierto de escarcha) en el interior de la residencia. La única parte del “hogar” del rey que carecía de techo.

—Eres un elfo nuevo.

Haldir decidió dar la cara por fín. Aunque Legolas sabía perfectamente a quién pertenecía la voz. El capitán lucía diferente con toda esa agua nieve mojándole el sedoso cabello. Como si acabase de tomar una ducha refrescante. Haldir tomó un pequeño copo que se había pegado a su cabellera y que rehusaba a desintegrarse. La observó antes de hacerse agua entre sus dedos.

—A veces quisiera poder sentir algunas cosas… Como el frío y el calor, de la manera en que los hombres lo sienten. Debe ser una sensación completamente diferente ¿verdad Legolas? Quién mejor que tu para platicarme … No, mas bien, para mostrarme un vívido y rojizo claro ejemplo de lo que estoy tratando de decir.

Haldir acercó su mano hasta la camisola de Legolas y la abrió un poco. En el cuello del príncipe se mostraban las claras huellas de la batalla pasional. El elfo, apartó la mano de Haldir con educación. Aunque sintiendo vergüenza de verse descubierto.

—¿Qué sucede Haldir? Te siento distinto. ¿Estás molesto?

—No me pasa nada en lo absoluto Legolas. Y no estoy molesto, simplemente… Olvídalo, no es importante. —Haldir sonrió con desanimo — El estar lejos de mi hogar me ha vuelto algo sentimental ¿puedes creerlo? El orgulloso y temido capitán de Lothlorien ha tenido un momento de debilidad… Bien, creo que ibas rumbo a la habitación. No te detengo más, ve a hacer lo que tengas que hacer. Yo seguiré vagando por ahí. Encontraré en qué entretenerme. No quiero volverme perezoso. Me disgusta estar en el mismo lugar por mucho tiempo sin hacer algo productivo.

—Espera un momento, Hal…

Haldir detuvo su marcha entrecerrando los ojos y giró hacia Legolas.

—Hacía tiempo que no me llamabas por mi sobrenombre. Tanto, que hasta pensé que lo habías olvidado. Es bueno saber que aún te acuerdas de aquellas pequeñas cosas que nos hacían felices antaño.

—Hal, hemos convivido como nunca en las últimas semanas, dormimos en la misma habitación, sabes todo acerca de mí. Somos confidentes. No tengo secretos para tí. Es por eso que tus palabras me desconciertan. Dime por favor qué sucede contigo.

—¿Realmente quieres saberlo?

—Sí, es mi deseo.

—Muy bien, te lo diré. —Acortando las distancias, Haldir se colocó justo a la altura de la mirada de Legolas. A escasos centímetros — El día de hoy he visto como un amor se marchita, y he sentido como resurge uno nuevo. He visto el odio y el rencor, y he sentido el deseo y la pasión recorriendo cada partícula de mi anatomía. Todo éste cúmulo de sensaciones han hecho que en mi… Me han hecho… —Haldir dudaba en abrirse completamente. — Me he dado cuenta de que estoy completa e irremediablemente solo. No hay nadie que me espere en Lothlorien ni en ninguna otra parte.

—Hal. Recuerda que me tienes a mí, a Orophin. No estás solo.

—Legolas, no. No es ésa clase de compañía lo que necesito. ¿Comprendes?

Legolas asintió.

—Si muero en la batalla…

—Hal no digas eso. Tú no vas a morir. —Legolas intentó abrazar a Haldir y reconfortarlo, pero el elfo capitán retrocedió— Legolas aún olía a hombre y a el orgulloso capitán elfo no le agradaba en lo absoluto.

—Es una factible posibilidad… Ahora Legolas, si muero en batalla… Antes de que pudiese ocurrir una tragedia, quiero que sepas algo que juré callar por los siglos de los siglos. Mis labios estaban sellados por un juramento de hermandad. Un juramento irrompible, y que ahora ya no tiene caso seguir guardando por más tiempo, dadas las circunstancias. Quiero que lo sepas ahora. De propia voz…

—No sigas Hal. No… No prosigas. Si lo haces me voy a sentir el elfo más miserable de todos. Tú no mereces sufrir por alguien como yo...

Haldir se removió nervioso ¿Legolas sabía su grande y penoso secreto.

—…Que no sé exactamente cuál será el rumbo de mi existencia de ahora en adelante. Haldir, conozco ése gran secreto entre Rúmil y tú. Hablamos de ello hace muchas noches. No tiene caso que te diga cómo es que el tema salió a la luz. Pero fue muy noble de tu parte hacerte a un lado para que tu hermano fuese felíz. Nadie sacrifica su propia felicidad a costa de otra. Eres un gran elfo y tienes todo mi respeto y admiración.

Haldir suspiró. Fue como si se hubiese quitado una enorme loza de sus hombros. Pero comprendió otra cosa aún más dolorosa. Sus sentimientos nunca iba a ser correspondidos.

—Bien. Es un alivio saber… Que estás enterado de todo. Yo sólo deseo que la decisión que has tomado sea la correcta y que seas feliz con el rey de los hombres. Espero que pronto te de el lugar que mereces , porque de lo contrario...

—Lo hará, no te preocupes. Lo ha prometido y creo en él.

—Era todo lo que necesitaba decirte, antes que otra cosa pudiese intervenir. Ahora estoy en paz. Aquí no ha pasado nada. Todo seguirá igual entre nosotros. Seguiremos siendo los grandes amigos de siempre.

Haciendo la clásica reverencia entre los elfos, Haldir se despidió con una sonrisa agridulce en su rostro. Legolas lo dejó partir sin decir nada más puesto que no era necesario. Pero sintió una profunda pena por aquel ser extraordinario, que no había podido encontrar con quien compartir su larga vida. Pero estaba seguro que tarde o temprano alguien llegaría para hacerle compañía y entregarle todo su amor. Haldir merecía la plena felicidad.

—Elbereth no te abandonará, Hal.


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Al abrir los ojos y no encontrar a Legolas a su lado, hizo que Aragorn se levantara de inmediato del pedazo de suelo alfombrado, preguntándose en repetidas ocasiones, si todo lo que había sucedido horas antes, habría sido una deliciosa realidad. Aún no podía creer que su elfo rubio le hubiese correspondido de tal manera… De sólo recordarlo ya estaba duro de nuevo. Pero no había dudas. Las cortinas estampadas olían a él. Habían hecho el amor. Muchas… Muchas veces.

Aspirando el olor de la blanca tela, enredó su cuerpo desnudo y envuelto en ella se dirigió al sanitario tarareando una clásica melodía Dunedain. El buen humor había regresado con intensidad. Incluso, su esbelta y bien formada figura (que le regresó el espejo de cuerpo completo) y que le hizo hacer algunas poses realmente extrañas, contemplando sus velludos músculos pectorales.

—Eres todo un hombre, Trancos — Se dijo así mismo henchido de orgullo — Estuviste a la altura. Todavía eres joven y muy potente. Estás más que listo para complacer a tu ardiente elfo cuántas veces quiera, en donde el quiera, a la hora que quiera.

En el cuarto de baño adjunto al saloncito de juntas, siempre había agua limpia dispuesta en sendos recipientes de mármol blanco. Así que Aragorn sólo tuvo que llenar la zona de baño hasta donde le apeteciera y mientras más fría, mejor. Todavía tenía la calentura por dentro. Había que bajársela a cualquier costo, si quería evitar tener alguna de sus acostumbradas erecciones inoportunas.

Se sumergió de una sola zambullida.

Al salir a la superficie de acomodó plácidamente, recargando su cabeza en el borde de la tina, sin abrir los ojos. Enjabonándose lentamente su cabellera, imaginando que eran las suaves manos del príncipe que lo acariciaban.

—Disfrutaría más si Legolas estuviese aquí conmigo. ¿Habrá ido a su habitación? Hmm, a su habitación… ¿Qué pasaría si yo…? No, también son los aposentos del capitán Haldir… Creo que debemos hacer ciertos ajustes en ése aspecto. Lo platicaré con Legolas en cuanto me sea posible. El hecho de que me haya correspondido, no quiere decir que cambie tan pronto mi manera de pensar respecto a Haldir. Hay algo extraño en la manera en cómo me mira. No es estúpido y debe saber que hay algo más que una mera relación de fraternidad entre mi elfo rubio y yo.


El sonido de la puerta (del sanitario) abriéndose y cerrándose estrepitosamente, le hizo ponerse en alerta.

—¿Legolas? —No recibió ninguna respuesta, salvo una risita tras la puerta — Oh, conque quieres ponerte travieso hoja verde. ¿Quieres jugar? Te voy a dar gusto.

—Te estoy esperando con ansias mi rey Elessar. Justo detrás de la puerta… Desnudo. Ven a mí, no me hagas esperar.

Imaginando aquella reveladora y excitante visión, enjuagó su cuerpo con rapidez, y sin molestarse en secarse y ponerse alguna prenda para ocultar sus partes nobles, salió completamente confiado, escurriendo en agua. La habitación parecía vacía. Salvó el gran ventanal, que debaja el libre paso del agua nieve. Aragorn inspeccionó meticulosamente cada rincón.

—No te servirá de nada esconderte de mi, amor. La estancia es reducida y tarde que temprano te voy a encontrar. Y cuando lo haga, prepárate, porque éste insaciable e incansable rey de Gondor, te hará subir hasta las nubes.

—Y yo te haré bajar hasta el mismísimo infierno.

No lo vió venir.
Todo se volvió oscuro.


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CONTINUARA

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O.O

No me vayan a golpear por dejarlo ahí. Prometo que ésta vez no me voy a tardar tanto en actualizar.
Notas finales:
Gulp!!!! o.o
Prisionero por DI_MALFOY
Notas del autor:
IM BACK!!!!
Más de un año fuera de circulación O.O
El capítulo es corto, pero es el primer paso para el regreso formal al mundo del slash, mis queridas lectoras (si es que todavía se acuerdan de mí). Espero actualizar con mayor frecuencia. Es una promesa.
Me da mucho gusto estar de vuelta.






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CAPITULO 14


Prisionero


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Cuando abrió los ojos, se encontró en un sitio completamente extraño a sus ojos. Estaba oscuro y olía a humedad; y las argollas en sus manos, sujetando sus brazos hacia un costado y hacia arriba, le dieron la vaga respuesta que aún estaba interrogante en su cabeza., misma en donde sentía un escozor, quizás en donde había recibido el golpe que lo dejó inconciente. Casi estaba seguro que estaba sangrando. Sus piernas estaban entumidas y retraídas. Moverlas y estirarlas casi fue un triunfo. Paulatinamente sus ojos se acostumbraron a la oscuridad y pudo apreciar que no se encontraba solo en aquel lugar hediondo. Una silueta humana podía apreciarse perfectamente a pocos metros; justo en frente, el sujeto tenía su larga cabellera sucia cubriéndole el rostro. Aquel desgraciado también estaba sujeto de la pared. Por el deplorable estado en el que se encontraba (su delgadez) Aragorn pudo presumir que llevaba semanas, quizás meses encerrado en la mazmorra, por lo que ahora llegaba una pregunta concreta hasta su mente: ¿Estaría vivo?

Estaba formulando la pregunta correcta para hacerle a su “acompañante” cuando escuchó voces a lo lejos. Su mirada se desvió hacia su costado izquierdo. Las sombras de varios individuos se reflejaban en la pared rocosa, gracias a la luz que le proporcionaban las antorchas que llevaban en las manos. Hablaban, casi gritaban y se reían a carcajadas; estaban eufóricos. Llegaron hacia la reja y la abrieron, haciendo un sonido chirriante que le pusieron los cabellos de punta.

Pensó Aragorn. Y si eran humanos, quizás estuviese recluído en… No quiso siquiera imaginarlo, porque de ser cierto, tenía los minutos contados.

—Es tu turno —dijo uno de ellos, al hombre cadaver, el más alto y calvo de los tres —. Tendrás el honor de compartir con el jefe. Si te portas bien, quizás te perdone la vida. Aunque dudo mucho que salgas con vida de ahí, no eres mas que un montón de huesos pegados a la piel.

Lo desencadenaron — no sin antes darle un punta pie — y lo llevaron arrastrando por el suelo. El pobre sujeto no hizo el menor intento por defenderse, simplemente se dejo llevar. Uno de los custodios ( pues eso pensó Aragorn que sería) lo miró y se acercó hasta él, poniendo su rostro lleno de cicatrices y sudoroso, junto a el, demasiado cerca para darse cuenta que tenía los dientes podridos y olía a orines.

—Luego irás tú — le dio una palmada en la mejilla y se rió — Más pronto de lo que te imaginas. El banquete principal.

—Déjalo en paz Timal, — contestó otro— Vámonos, antes que se haga tarde y seamos nosotros quienes terminemos en su lugar—. Timal se fue, no sin antes regalarle a Aragorn una mirada siniestra. La reja volvió a cerrarse y todo quedó en penumbras.

Aragorn dejó escapar un largo suspiro. Ojala que todo fuese una pesadilla. Pero no lo era y el sabía perfectamente que estaba en dificultades. Cerró los ojos derrotado. Estaba preso, y atado de manos, indefenso y a merced de alguien desconocido. ¿Cómo demonios había llegado hasta ahí? Tratar de analizar todo, era una pérdida total de tiempo, porque no tenía la certeza de lo que había ocurrido realmente. Sólo llegaban a su mente recuerdos fugaces… La tina de baño, la voz de… ¿Legolas? ¡Legolas! Su angustia fue en aumento. Había suspendido su baño porque lo escuchó al otro lado de la habitación y después, todo se volvió oscuro. Todo estaba encajando ahora; ¡Una trampa!

Trato de luchar inútilmente contra las cadenas que lo apresaban, pero lo único que consiguió fue lastimarse ambas muñecas. Estaba claro que no iba a librarse de ellas jamás, a menos que alguien lo liberara. Y los libertadores parecían ser sólo marionetas al mando de una mente más demoníaca. Alguien sin corazón, cubierto de mierda.

—No luches Dunadan. Conserva tus fuerzas. Es lo mejor y lo único que puedes hacer.

La voz que hizo eco lo tomó por sorpresa. Al parecer venía de un rincón, muy oscuro, detrás de el.

—¿Quién eres? — preguntó, pero no obtuvo respuesta. — ¿Dónde estamos? — reformuló la pregunta tratando de sacarle algunas palabras.

—¿Estás seguro de querer escuchar Dunadan? Quizás tus oídos no estén preparados.

El sobre nombre sólo lo había escuchado de los labios de Legolas. El mismo tipo de voz serena y dulce. ¿Se trataría de un elfo cautivo?

—Si tú sabes dónde nos encontramos, te agradecería que me lo dijeses.— dijo sereno, pero a la expectativa.

—Bajo tierra, y en poder de una horda de elfos oscuros, aliados con humanos, como tu. — dijo esto último con desprecio, como si le diese asco. Sin embargo Aragorn no intentó defender a su raza. Un duelo de palabras era lo último que se le hubiese ocurrido dadas las circunstancias.

— ¿Cuánto tiempo llevas aquí? — Aragorn aguardaba ansioso la respuesta.

— Demasiado. Tanto que he perdido la cuenta. Al principio traté de llevar un recuerdo mental, pero poco a poco fui olvidando. Mis objetivo principal ahora es mantenerme con vida, a pesar de todo. No quiero darle gusto a ese… Elfo oscuro de verme humillado, y de rodillas ante el como siempre ha querido. Todavía conservo la esperanza de salir de aquí.

— ¿Eres un elfo? — más que una pregunta era una afirmación. Aragorn era muy intuitivo.

— Demasiadas preguntas. He dicho lo que te conviene saber, es todo.

Aragorn tenia la cabeza llena de dudas, que estaba seguro, su acompañante de celda podría contestar en un dos por tres. Pero el individuo era orgulloso y celoso de sus secretos y de sus conocimientos. Si estaba en lo cierto ( y mucho temía que fuese así) las largas hora de espera e incertidumbre, terminarían por hacerle ceder. Revelaría todo por si solo.

—Tienes un golpe muy fuerte arriba de tu ojo derecho. Fue certero. Estoy asombrado, otro en tu lugar hubiese muerto ahí mismo—. Volvió a decir el hombre desconocido.

Aragorn había dejado escapar un ligero gemido de dolor. La cabeza quería estallarle en miles de pedazos.

—Tú que sabes.

—Todo y a la vez nada.

Aragorn soltó una pequeña sonrisa irónica.

—Por supuesto, el hermetismo ante todo.

Quería olvidarse por un momento de la ironía. Pensar que todo era producto de su imaginación, una pesadilla siniestra de la cuál despertaría, sólo para descubrirse en los brazos de su amado Legolas. Legolas y la inminente guerra que se avecinaba, y él, ahora, se encontraba en poder del enemigo. ¿Qué estaría ocurriendo en Minas Tirith? ¿Se habrían dado cuenta de su desaparición?

—¿Puedo hacerte una última pregunta? — Aragorn arremetió —. Necesito saber cuánto tiempo llevo aquí. Por favor.

—No lo sé con exactitud, pero alrededor de dos días es una buena cifra.

¡Dos días! Ahora estaba seguro que ya habrían notado su desaparición. Un fuerte aguijonazo le traspaso el alma y el corazón. Estaba perdido, ahora estaba cien por ciento seguro que moriría.

—¡Maldición! — En vano volvió a tratar de escapar de las fuertes cadenas que lo mantenían preso a la pared.

—Humano testarudo, no luches, pues es un vano. Nunca podrás soltarte. Hazme caso y conserva tus fuerzas.

—¡Tú no comprendes!— dijo el rey molesto — Mi pueblo me necesita. Se avecina una guerra y yo estoy aquí, atado de manos y pies. ¡Me siento tan impotente! ¡¡Maldita seas Elbereth!!

—¡Blasfemia! — gritó el recluso removiéndose en cólera — ¡Retira lo que haz dicho! ¡Porque juro por los Valar que en cuanto ponga un pie fuera de aquí, te haré pedazos con mis propias manos!

Aragorn dejó de luchar al escuchar las palabras coléricas del elfo (ahora estaba ciento por ciento seguro que lo era) por su mente había cruzado la idea de darle una sincera disculpa por haber arremetido contra una deidad élfica, pero no lo hizo porque se convertiría en un completo hipócrita. Su corazón estaba lleno de ira y deseaba a toda costa descargarla en contra de quien fuese, incluso, de él mismo. de repitió una y otra vez tratando de mantenerse cuerdo, sin embargo su precaria posición y la peste que inundaba la celda lo complicaban el triple. Odiaba reconocer que no tenía el control de la situación. Odiaba sentirse prisionero y odiaba ser el causante de la desgracia de Gondor. > Cerró los ojos, evocando las maravillosas horas al lado de su elfo amado, y se aferró a ellas para seguir conservando la calma. Si algo había aprendido de Légolas, era precisamente de su paz interior y su eterna esperanza aún en tiempos difíciles.

—Lo siento Elfo —dijo finalmente después de haber reflexionado a cerca de su actitud derrotista, dejando escapar un profundo suspiro— Sólo yo soy el responsable, y seré yo mismo quien tome las riendas de la situación a partir de éste momento. Soy el rey de Gondor, gobernante de Minas Tirith y haré lo que sea para salir de aquí… No voy a rendirme, lucharé hasta el final—. Dijo esto último para sí mismo, casi en un susurro.

—¿En verdad estás dispuesto a hacer lo que sea Dunadan? — La voz del elfo se había vuelto ronca, seca e intimidante.

—Lo que sea — contestó Aragorn.

—Procura no decirlo enfrente de esos humanos, porque te tomarán la palabra y acabarás arrepintiéndote de haberlo dicho. Te convertirás en su esclavo, tanto físico como mental… Prefiero morir antes de que me sigan poniendo las manos encima. ¡Yo no nací para complacer a los demás! —el elfo se revolvió incómodo en su lugar.

—¿A qué te refieres? — preguntó Aragorn con cautela.

—Los humanos no saben que hay algo más allá, que el mero deseo carnal. El cuerpo es sólo un molde que nos ha sido prestado para caminar sobre Arda, y no para codiciarlo como el mithril. Es por eso que mi pueblo es diferente al suyo en muchos aspectos. Nosotros trabajamos el espíritu a un grado mucho mayor del que pueden comprender. Y como recompensa se nos ha dado ésta bella apariencia a ojos humanos y a cualquier otra raza con capacidad de “razonamiento” sin embargo, gracias a la avaricia y a la codicia de gente sin escrúpulos, se ha venido deteriorando la confianza que antes nos hacía coexistir. Ahora lo único que buscan, es saciar sus propias necesidades manchando la honra de los demás.

Aragorn no necesito preguntar más. Ahora sabía perfectamente de lo que hablaba. La belleza de la raza élfica se había convertido en su verdugo. Aquel ser tenía toda la boca llena de razón y se sintió sucio… Porque la primera impresión que había causado Légolas en él, había sido justamente lo que había escuchado de viva voz de su compañero de celda… Lujuria. Y sintió igual o peor que los carceleros que lo mantenían cautivo, Dolía reconocerlo, pero el no era muy diferente a ellos.

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Continuará.
Notas finales:
Have a nice day!!!!
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