Uno de más por Yami to Fujikiri
Resumen: Respuesta al desafío hecho por Rass. Antes de que se formara la comunidad, Aragon y Legolas se casaron y viven en el bosque negro y esperan al primer principe. Lord Elrond nunca le gusto la eleccion de su hijo y los llama para integrar el consejo. Ahora Legolas debe enfrentar el trabajo del embarazo durante la Guerra del Anillo.
Categorías: El señor de los anillos Personajes: Aragorn, Legolas
Géneros: Romance, Drama, Aventura
Advertencias: Mpreg=Embarazo Masculino
Desafíos: Ninguno
Series: Ninguno
Capítulos: 6 Completo: No Palabras: 19689 Lecturas: 9124 Publicado: 02/10/05 Actualizado: 28/07/06

1. Solar Sea por Yami to Fujikiri

2. Red Sweet Taste of Mine por Yami to Fujikiri

3. The Dream Foretold por Yami to Fujikiri

4. A Face Inside por Yami to Fujikiri

5. Rejoice with Me por Yami to Fujikiri

6. Strangers of Love por Yami to Fujikiri

Solar Sea por Yami to Fujikiri
Uno de Mas
Yami to Fujikiri

Respuesta al desafío hecho por Rass

Capítulo 1
Solar Sea





Un leve gruñido. No era más que de molestia. Los rayos matutinos del sol comenzaban a formar pequeñas efigies entre el polvo aún asentado en el ambiente de la habitación; si bien no tan grande como la de un heredero merecía; lo suficientemente vasta como para desatar la leve ira que el día traía consigo.
Era un gruñido no solo de modorra. Casi nunca tenía noticias de Imlandris. Nunca se hubiera imaginado que su querida familia, quien le habría dado cobijo incluso en las circunstancias más perjudiciales, se mostrara tan indiferente a él, solo por no tocar la suave bruma que albergaba su felicidad. De vez en cuando sus hermanos le mandaban alguna carta para saludar; cuidando sus palabras y no esforzando mucho su creatividad para así no abusar de sus derechos epistolares.
Más ahora no se trataba de ninguna cuidada y rápida carta describiendo el buen clima de Rivendel. Más aún un viaje a algún lugar recóndito de la Tierra Media no era su idea para pasar un día libre de los gritos de Thranduil.

Dulce terciopelo se poso en la piel de su cuello. Por unos segundos había olvidado el contenido del mensaje mientras el perfume de los bosques inundaba la estancia.

- ¿Levantado tan temprano y con esa cara?

Aragorn se volteó rápidamente para capturar los labios de su marido mientras este lo sujetaba por el cuello.

- Cualquier cara no es suficiente para enfrentar tus seductivos besos; aunque temo que contra las malas noticias no tienes el mismo efecto, amor mío.

Legolas vestía una ligera túnica blanca para dormir; sus cabellos reflejaban los rayos de sol que penetraban por las ventanas de la habitación. Aunque aún era muy joven, en una edad escalar élfica; su cuerpo ya había alcanzado su completo desarrollo. Desde niño había sido entrenado para convertirse en un guerrero de su raza y su pueblo en los bosques, lo cuál le daba cierta firmeza dentro de lo delicado de su figura. Constantemente se le admiraba por eso y su gran belleza, únicamente comparada con las maravillas de la naturaleza o un aire divino flotando a los alrededores. Su delicada figura se postraba en una ancha cama al fondo de la habitación. Aragorn observó como el elfo se ponía de pie, tratando de arreglar con sus manos un poco su cabello, aunque no era necesario, pensó el humano.

A pesar de sus gruesos rasgos; Aragorn lucía límpido y su piel, hasta cierto punto seguía teniendo la tersura de una infancia de inocencia. Acérrimamente Legolas contemplaba con una sonrisa a su esposo; muchas veces le parecía más infantil de lo que era y si decía eso, decía mucho. Tenía el cabello sujeto, con algunos mechones oscuros cayéndole en los hombros. Mientras deslizaba sus manos para separarlas del fino rostro del elfo, la pesadumbre y flojedad volvieron a apoderarse de su rostro; así cayendo pesadamente en el sitial en el que había estado leyendo la carta segundos antes. Legolas, por su parte tomó asiento en otro sofá detrás del de Aragorn, de modo que este le daba la espalda no intencionalmente.

- ¿Es que tu padre vuelve a quejarse y mandarte maldiciones en élfico? - Dijo Legolas sonriendo sarcásticamente mientras jugueteaba con su rubio cabello.

- Bueno habría sido que se hubiera acordado de que nos odia pero más lo demuestra mándandome de niñera. - Dijo girando sobre el asiento para encontrarse con el bello rostro del elfo.

- ¿Niñera? - Aragorn guardó silencio por unos segundos antes de tomar aire.

- ¡Todo esto es tu culpa! - Gritó no sin lanzar al rostro de su amante un tanto de babaza.

- ¡¿Mi culpa dices?! No tengo idea de lo que hablas... ¡Y deja de escupirme! - Gritó de la misma forma, aunque teniendo cuidado más de sus modales como príncipe que era, mientras se pasaba una mano por el rostro.

- Tu fuiste quien dejó escapar a Gollum, ¿No es cierto? - Dijo ya más calmado. - La guerra ha empezado ya y el camino para la destrucción del anillo único con ella. - Con este comentario Legolas también repuso su cotidiano semblante serio.

- Ya mi padre lo presentía, esto involucrará a toda la Tierra Media.

- Así es; sin embargo ahora hay una esperanza para no tener que comenzar batallas sin fin; como he dicho antes, la destrucción del anillo único es inminente; pero cómo y demás detalles seguramente será mi padre quien decida. Por ahora por un mensaje de él sé que un habitante de un lejano lugar, Hobbiton, lo lleva rumbo a Bree.

- Eso está lejos de aquí, además ¿Hobbiton, no es lugar para la gente pequeña, los llamados medianos?

- Así es, es un mediano quien lo carga. - El silencio se apoderó de ellos por unos momentos.

- Deben de seguirlos diversos peligros. ¿Pero porqué tu padre te ha dicho todo esto?

- Precisamente por eso; lo que quiere es que vaya a encontrarme con esa persona y lo ayude a llegar a Rivendel.

- ¡Imposible! - Aragorn se sorprendió por la fuerte reacción de su esposo, quien se había levantado de golpe de su asiento. - ¡Sabes muy bien que los Nazgûl estarán tras él, es un peligro que no puedes correr!

Aragorn sonrió al notar el sincero pesar por su seguridad que ocupó el corazón de su esposo. Lentamente, poniéndose él también de pie; le sujeto ambas manos y comenzó a hablar cariñosamente.

- Sabes muy bien que es mi obligación. Yo también al inicio me molesté al pensar que mi padre especialmente me llamó para acortar mis días para pasar a lado de a quien más amo; pero... analizándolo bien sé que es mi deber. Además tú mismo lo has dicho, numerosos peligros estarán asechando al valiente que aceptó llevar aquella carga, tenemos que ayudarlo, Legolas, ¿Entiendes eso? Nuestro linaje está por arriba de nuestros sentimientos, ese es nuestro destino.

Legolas bajó la mirada aún con la manos entrelazadas con las de Aragorn. Sabía que tenía razón aunque nunca antes había enfrentado la furia de Mordor y esto solo era el inicio. En su corazón sabía que una vez dentro de esto no saldría; sus ancestros velaban por ese destino también, siendo el heredero de Isildur, Legolas sabía muy bien que el derecho que su linaje representaba cobraría vida muy pronto y esta guerra lo respaldaba. Alzó la mirada para encontrarse con una llena de amor y comprensión.

- Bien, si quieres ir a matarte hazlo. - Dijo libérandose de las manos de Aragorn y haciendo un ademán de disgusto. - ¿Cuándo partirás?

- Hoy mismo, no hay tiempo que perder.

Después de unos segundos de silencio caminó hacia Legolas quien veía através del ventanal y le daba la espalda. Dulcemente pasó sus brazos por su cintura y lo atrajo a su cuerpo mientras comenzaba a repartir delicados besos a lo largo del cándido cuello. Legolas no pudo evitar emiter un suave gemido ante las caricias que el hombre le hacía sentir y échando la cabeza hacia atrás, cerró los ojos olvidándose de la conversación anterior.

- ¿Me darás mi despedida? - La voz del humano lo hizo despertar de la quimera en la que había caído. Una sonrisa cruzó por sus labios.

- ¿Qué clase de despedida quieres? - Dijo con una voz temiblemente seductora para el humano que se concentraba ahora en recorrer con la piel de sus manos todo el cuerpo de la belleza en su poder.

Por toda respuesta, el humano lo hizo girar sobre su eje mientras capturaba su boca explorándola a su placer; el elfo no tardó en corresponderle y pronto ambos se encontraban en una lluvia de besos y gemidos que continuaron en la cama de la cuál Legolas había apenas dejado minutos atrás. No tardaron en inhibir cualquier prenda que la temprana mañana les había concedido.

- ¿Legolas? - Pronunció el humano entre besos y caricias.

- ¿Humm? - Respondió el elfo sin abrir los ojos ni dejar su juego.

- Si no llegara a regresar, ¿te casarías con otro? - Cualquier respuesta se dejó explícita en el jalón de cabellos que el elfo le propició al humano; para inmediatamente continurar ambos su pequeño juego. Aragorn no tardó en volver a alzar la voz; difícilmente dejándose entender, pues tenía la oreja izquierda del elfo en trabajo de mordisqueo entre sus labios; mientras se divertía sintiendo a éste retorcerse bajó su cuerpo.

- Te... encargo... que le digas... a tu padre... todo. - Dijo entre hablando y mordiendo.

Otro jalón de cabello.

Y el elfo se olvidó de cualquier asunto entretanto se sumergía en el placer que la mañana prometía.



Tres horas después de su "despedida" en su habitación; Aragorn ya se encontraba cerca del arco principal que abría al Bosque Negro, con solo unas cuántas provisiones, una capa ya no tan conservada y su cotidiano caballo.

- Cuídate mucho por favor. - Dijo Legolas con renovado semblante de preocupación.

- No te preocupes amor, espérame aquí, ¿Si? - Dijo tomándo el rostro del elfo entre sus manos y bésandolo rápido pero profundamente. Después de eso montó tan ágilmente como el espíritu montaraz lo había instruído. Dió un último atisbo al elfo que lo secundaba y con una sonrisa andó las riendas y comenzó su viaje que lo llevaría a Bree.

- Tu humano te ha dejado. - Mientras observaba a Aragorn a lo lejos, introducirse al patio secundario del Bosque Negro; la voz fuerte de su padre lo distrajo.

- Ya te lo he explicado, ¿No Ada? - Dijo Legolas con un tono un tanto molesto y dando media vuelta se dirigió de regreso al palacio.

- Lo sé, solo estaba jugando contigo.

A veces el humor de Thranduil suele estar muy torcido. Pero realmente es una verdadera suerte ver que el rey de los bosques tenga humor.

Eso le hizo recordar a Legolas la rueda de bromas con sarcasmos que su Ada ofreció el día que Aragorn le pidió la mano de su hijo en matrimonio; rueda de sarcasmos antes claro de amenzarlo con echarlo a patadas. Una sonrisa se dibujó en el rostro del elfo.


******
- He visto un enano volar... espera no, es un humano el que está apunto de volar.

- Pero su majestad; yo amo a Legolas como nunca he amado a nadie; daría mi vida por vuestro hijo. - Decía Aragorn mientras se ponía en una rodilla ante la mirada dura del Rey del Bosque Negro.

- Y bien cumplirás con tu palabra, pues si no te largas ahora mismo de mi reino puedes olvidarte de tu vida y de todo lo demás.

En ese momento Legolas, quien se encontraba escuchando toda la conversación fuera del estudio, estuvo tentado a entrar a la sala para defender la palabra de Aragorn o inculparlo de acoso sexual; depende de cómo viera ambos lados de la moneda.

- ¿Qué tengo que hacer para desmostrarle que hablo con la verdad?

- Nada, ¡Fuera!, ¡Largo! ¡Déja a mi hijo en paz! ¿Qué puede ofrecerle un pobre montaraz como tú?

Ese momento, Legolas lo recordaría como el primero en el que Aragorn usaría su linaje para conseguir lo que quería; método que le serviría bastante en el futuro.

- ... bueno... eso... ¿Le bastaría el reino de Gondor y Anor?

******



Aquella vez, Legolas había comprobado que el amor de su Ada SI se mide en monedas de oro. La verdad es que sabía muy bien que Thranduil lo amaba bastante y él lo amaba también; si pudiera reencarnar; lo hubiera escogido de nuevo como padre; no tenía la menor duda.

Desde que Thranduil había aceptado el compromiso de su hijo y "el sucio montaraz" ambos habían vivido en el Bosque Negro, de eso eran dos años en una escala de hombres; así que para Legolas parecía que fuera ayer cuando se casó con el dúnedain.
Las peleas entre Aragorn y Thranduil que siempre acababan en un sumiso "como desee su majestad" de parte de Aragorn, no se hicieron esperar; pero fuera de eso su vida de casado era pacífica y placentera. Siempre que pensaba en Aragorn se imaginaba la inmortalidad y la felicidad formando un solo cuerpo.

Lo único que aflijia un tanto su matrimonio era Elrond. El otro Lord de los elfos nunca había aceptado su casamiento; desde que lo había adoptado le había comprometido como esposo con su hija Undómiel; cuando ni siquiera ella así lo deseaba. El haberse enamorado y casado era un alivio que aseguraba la felicidad de Legolas, Aragorn y Arwen. Ni siquiera Elrond se había tomado la molestia de asistir a la boda, la cuál se había llevado acabo en el Bosque Negro. Incluso los gemelos, Arwen, Galadriel, Celeborn, medio Lórien y medio Imlandris lo habían hecho; más Elrond solo había mandado sus maldiciones para Legolas específicamente. Esto, por supuesto, había acabado con la larga amistad entre el Señor de Rivendel y Thranduil; quien aunque no le caí aún la idea de ver casar a su único y adorado hijo con un mortal; se había inclinado por la felicidad de Legolas antes que sus prioridades; por lo cuál Legolas se encontraba muy satisfecho, aunque no se librar de los comentarios molestos por parte de su Ada, una vez todos los días por lo menos.

Por ahora su mente se concentró en pedirle a Eru que protegiera a aquel por quien había entregado todo; pues sabía bien que sin Aragorn a su lado lo único y lo más lógico que le esperaría sería Mandos, acogido por la tristeza.

Pues dentro de la paz de los bosques, en su corazón sabía que la guerra que se desataría salía de los límites de su imaginación y por otro lado también sabía que los noldor y los avarin; los elfos de los tres reinos se preparaban para el viaje a los Puertos Grises; sabía que el tiempo de los elfos había llegado a su fin y temía porque la inmortalidad a lado de Aragorn no se hiciera realidad.



Notas de la Autora:

No me pude resistir en tomar este reto; debo decir que es el primer reto que tomo en slasheaven, así que espero hacerlo bien y que las espectativas de Rass no se vean frustradas. Por otra parte también espero que a todas les guste. Por ahora eso es todo... son las notas más pequeñas que hecho en mi vida.

Terminado el 2 de Octubre del 2005 en México, DF. Por Yami to Fujikiri
Red Sweet Taste of Mine por Yami to Fujikiri
Uno de más
Yami to Fujikiri



Capítulo 2
Red Sweet Taste of Mine






Nauseas - Vómito - Mareo. La mañana había pasado con ese sistema repetitivo. Era una mañana preciosa de otoño, 23 de Octubre. El otoño en su máximo esplendor; era una pena amanecer con un dolor que no permitiera saludar con esa beldad cuál se mereciera el dorado sol que concedía preciosos mares de luz.

Aquella mañana Legolas había abierto los ojos con la intención de ir a dar un paseo por las cercanías en el bosque; sin Aragorn no encontraba mejor distracción a su alrededor. Los árboles eran buenos amigos; es más fácil platicar con alguien que te escuchan incondicionalmente que con alguien que interrumpe incluso tus más profundos pensamientos y las plantas eso saben; lamentablemente es algo que solo los elfos comprenden e incluso, algunos elfos habían comenzado a olvidarlo. Pero no los elfos de Mirkwood, el Bosque Negro se caracterizaba por tres cosas esencialmente. Una eran sus arañas; tal vez la más preponderante; ningún extranjero quien haya visitado alguna vez el reino de los bosques del norte; habría de olvidar el martirio de cruzar aquel nido de telarañas que abría a Mirkwood. En fin; era algo con lo que los habitantes habían aprendido a vivir sin ningún problema. Otra característica importante era lo poco sociales que los elfos del norte eran y lo muy aguerridos; a diferencia de los elfos de Rivendel que prefieran pasar el día observar prosperar de una flor; los elfos del Bosque Negro prefieren pasar el día con un arco; eso les daba, por supuesto, grandes ventajas en las batallas que a veces parecían ser muy lejanas. La tercera pero no menos importante era su amor a los bosques; algo un tanto obvio siendo precisamente de los bosques; sin embargo un ermitaño puede tener un amor incondicional a un grano de arroz y pasarse el día platicándole de lo hermoso que su blancura prometía y nunca detenerse a escuchar el susurro de su crecer. En Mirkwood los elfos procuraban la felicidad de los gigantes sabios verdes y eso los hacía especiales.
Legolas siempre era un ejemplo para y de su raza. Amaba los bosques de forma prodigiosa. A veces Aragorn le recriminaba ese cariño tan especial, incluso lo amas más que a mí le decía de vez en cuando. Legolas sabía si eso era o no verdad.

Más esta vez la demostración de ese amor se vería frustrada.

En el momento de levantarse un golpe repentino lo vio obligado a recostarse de golpe de nuevo; pronto, un dolor muy fuerte en la cabeza comenzó a manifestarse. El elfo trató de contenerlo hundiendo la cara en la almohada y cerrando los ojos, como tratando dormir de nuevo; más no servía de mucho. Las enfermedades están muy lejanas de ser conservadas por los elfos, es algo que ellos no conocen, así que las opciones de lo que podría estar provocando este repentino malestar se cerraron ante el príncipe. Algunos años atrás, Aragorn pidió permiso a Thranduil de cortejar a su hijo y después de muchos gritos, maldiciones y golpes; todo de parte del Rey; este aceptó pesadamente, con la idea de que era algo que tenía que pasar y pasaría casi desapercibido. Por lo general el rey no solía equivocarse, pero aquella fue una de las raras veces en las que lo hizo. En cierta forma, Thranduil se empezó a preocupar, de cualquier forma ese era un hombre y los hombres desmoronan a los pies del primer elfo que ven y más aún si es un elfo tan bello como las historias contaban de Legolas y no faltaría la inteligente idea del humano por seducir al joven príncipe que lejos de tener alguna experiencia en el amor; tenía una curiosidad solo alimentada por vacíos; así que Thranduil no tardo en marca algunos límites para su hijo.
Por supuesto que la sorpresa de Legolas al enterarse de tan particular característica no se hizo esperar.


*******

- Pero Ada... ¿Crees que no se cuidarme solo?

- Bien sabes que no es eso. - Thranduil se encontraba de pie en el gran estudio donde el rey solía tratar asuntos a solas. Había mandado a llamar a su hijo después de mucho deliberar con su conciencia. En esto Thranduil tenía unos cuántos problemas; muchas veces el rey había dado pasos equivocados al poner sus emociones y miedos antes que las consecuencias y razones; pero algo que el Rey había aprendido de cada caída es cómo levantarse y andar con buen paso. Siempre mostraba su lado frío y calculador ante la demás gente pero Legolas conocía el verdadero yo de su Ada y Rey. Un padre amoroso, risueño hasta cierto punto y comprensivo. Un muy diferente Thranduil al que cualquiera imaginaría; pues el Rey creía, con justa razón, que el mostrar sentimientos o debilidades ante aquellos que no lo merecen es pérdida de tiempo y una mala jugada...

- ¿Entonces? - Cuando era un elfo, Legolas le tenía cierto miedo a Thranduil cuando lo hacía enojar; "las leyendas cuentan" reía Legolas con Aragorn "que los gritos de mi Ada aún se pueden escuchar en el resonar del viento" y entonces ambos lo comprobaban. Pero ese miedo casi se eliminó por completo con el pasar del tiempo. A veces si se asustaba un poco al verlo muy enojado; pero más nada, así, podía hablarle con confianza y sin temor.

- Legolas, pensaba contarte de esto cuando estuvieras listo y llegara el momento oportuno en el que unieras tu vida con alguien NO MORTAL en eterno amor... lamentablemente la segunda condición no se cumplió... de cualquier forma eso no importa. - Entonces Thranduil tomó aire. Cuando nació Legolas siempre pensó que sería Lindalë; su esposa y madre de su hijo y no él quien tuviera esta conversación. Lamentablemente Lindalë murió a solo un año desde que nació Legolas. Pero nunca se preparó o mejor dicho nunca encontró palabras exactas.

Hasta este punto, Thranduil ya estaba a la altura de Legolas, quien yacía sentado en uno de los sofás del estudio.

- Legolas tu tienes el don de la fertilidad; un don particular para nuestra inmortal raza; que Eru, en su infinita gracia nos ha brindado; pocos son los Eldar que pueden tomar vida dentro de sí; son muy afortunados los que sí pueden. - Por un segundo Legolas se quedó sin habla; no era algo que habría esperado saber con tanta facilidad.

- ¿Porqué me dices esto ahora? - Repuso de manera seria.

- ¿Hasta dónde has llegado con el tal Aragorn?


*******


Legolas pasó una mano por su frente. Tenía escalofríos terribles y pronto una necesidad de alcanzar el baño lo hizo salir de la cama con sumo apuro. Al llegar, un gran escalofrío recorrió todo el largo de su espalda para después doblarlo y comenzar a experimentar algo que nunca antes en su vida había hecho. Todo alimento ingerido el día anterior era devuelto, mientras pequeñas contracciones se apoderaban de su estómago. Cuando acabó el martirio descansó recargado en la pared; tratando de reponerse de lo ocurrido... Ahora no tenía duda... sonrió pesadamente.

- Habría querido que Aragorn se encontraba conmigo en estos momentos.

Sería algo difícil sobrellevar este acontecimiento por sí solo, no porque no pudiera; sino porque no sabía nada de lo que había qué hacer. Sin dudar tendría que acudir a la única persona a quien le tenía confianza en una situación como ésta, a parte de Aragorn... aunque eso signifique llevar la cruz de un decálogo de instrucciones y cien mil advertencias... todo por su bien.

Para con los elfos varones fértiles, el embarazo es un tanto más apresurado que con las elfas. Los síntomas de éste llegaban en la primera semana, los primeros días; así que Legolas no se extrañó que le sucediera. Aragorn se había marchado hacía ya tres días; la última vez que estuvieran juntos. También era sabido que el embarazo en los varones duraba de cuatro a cinco meses.

Con algunas dificultades; Legolas se vistió y arregló para salir de sus aposentos. Llevaba un traje blanco, ligero pues no tenía nada planeado para hacer que sus obligaciones de príncipe demandaran. En el camino a la búsqueda de su padre, trató de mostrarse lo más calmado posible. Por una parte tenía que disimular su estado de salud y por otra su estado anímico; que no era en lo absoluto malo. Por el contrario, el ahora saber que estaba esperando un hijo de la persona a quien amaba le hacía más feliz de lo que alguna vez había sido; un hijo representa el amor y la sabiduría; la sabiduría de dos almas con nada aún dicho entre ellas. Tenía un poco de miedo, es cierto, todo aquello era nuevo para él; pero sabía que no estaba solo; tenía a su Ada y tenía a Aragorn.

- Sariel. - Dijo, tratando de mostrar su siempre sereno tono de voz al sirviente que se había encontrado entre los pasillos del castillo. - ¿Has visto al Rey?

- Me parece que lo vi en su estudio, Príncipe. - Dijo el elfo y con una reverencia al otro, se retiró.

Por alguna razón no se encontraba asustado, sentía que no tenía porqué o las razones tal vez se habían consumado o tal vez nunca llegarían. Al frente de la puerta del estudio de su padre, el elfo no tardó en tocar para esperar el "adelante" del Rey. Legolas entró; como casi todos los días lo hacía. Thranduil revisaba algún papel en su escritorio. Alzó la cabeza para reconocer al intruso y al segundo, sonreírle como a nadie más.

- Hijo, justamente iba a llamar por ti, siéntate. - Dijo dirigiéndole con una mano a la butaca que le asignaba. Legolas lo hizo de inmediato. - ¿Venías por algo en especial?

- Algo así; dime primero, ¿Por qué querías hablar conmigo, Ada? - No era que tratara de retrasar el momento de decirle la verdad; más bien creyó que la sorpresa de ser abuelo, haría olvidar a su padre la razón que quería exponerle; más pronto notó que el semblante, hasta el momento pasivo, de Thranduil cambió a su común rostro serio.

- Aragorn partió hace tres días a Bree, ¿No es cierto? - Dijo poniendo ambas manos juntas para recargar su rostro en ellas.

- Sí, hoy harán tres días... ¿Qué hay con eso, le ha sucedido algo? - Pronto, una preocupación cayó sobre Legolas; si algo le pasara a Aragorn... ni siquiera podía pensar en ello.

- ¡No! - Exclamó apresuradamente el rey al notar la interpretación que su hijo había dado a sus palabras. - No es eso, estate tranquilo. - Un gran peso se abatió del corazón de Legolas. - Pero tiene que ver con la misión que Elrond le había encomendado. En definitiva, sigue en pie el que vaya a Rivendel con su protegido, pero respecto a eso, Elrond me envió un mensaje urgente. Me ha dicho que el anillo de poder no se le encomendará a Rivendel; pero tampoco dejará las cosas así, por muy engreído que sea, sabe mejor que nadie el peligro que acarrearía eso; por eso ha mandado una comitiva a cada los reinos para formar un Concilio que depare la mejor solución para ese problema; seguramente pedirá que alguien lleve el anillo a Mordor; una tarea que nadie se imaginaría cargar.

- Ya veo. - Bajó la mirada pensativo.

- Por supuesto que no me dijo todo esto para entretenerme; también pide representantes del Reino de los Bosques; Legolas, te quería pedir el favor de que vayas como en mi nombre con una escolta, por supuesto, tres elfos más te acompañarán.

La petición de su padre tomó por completa sorpresa al príncipe. Era una contrariedad. Thranduil sabía que Legolas nunca se negaría a hacer algo que el rey le pidiera; además, no tenía porqué; había ido a Rivendel muchas veces por su propia cuenta; incluso así fue como conoció a aquel montaraz; no era una dificultad para él; por supuesto que Thranduil no sabía de la situación en la que esta mañana el príncipe había emprendido. Legolas no podía decirle no a su Ada; además también quería ir a Rivendel, este asunto concernía a todos los reinos y por supuesto que al Bosque Negro también y qué mejor que el hijo del Rey para ir por las noticias y decisiones que el consejo demandara. Además no tendría problemas realmente; iría con escolta a Rivendel, es un camino que conocía muy bien; llegaría, estaría uno, dos días a lo mucho; para que el Concilio deliberara una solución no se tendría que emplear más tiempo; la sabría y regresaría con Aragorn a Mirkwood; era todo, su esposo lo acompañaría pues él también tendría que llegar a Imlandris, incluso ahora mismo tal vez ya estuviera allá; no tenía porqué temer, además apenas era el inicio de su condición y le tomaría a lo mucho solo tres días.

- ¿Legolas? - La voz de Thranduil lo sacó de sus pensamientos. - ¿Hay algún problema con eso?

- Ahm, no, Ada, ninguno. - Negó con la cabeza para después sonreír. - ¿Cuándo quieres que parta?

- Ahora mismo prepara tus provisiones, tienen que llegar lo más pronto posible. - Legolas se levantó rápidamente y se dirigió a la salida del estudio. - Te veo en unos minutos.


En solo media hora; cuatro elfos rubios vestidos con túnicas color castaño todos y junto a ellos el más alto, con vestiduras reales; estaban en el arco que formaban aquellos tres famosos árboles viejos del Bosque Negro.

- Te espero en unos días devuelta con la porquería de tu esposo. - Sonrió afectivamente Thranduil mientras revolvía el cabello de su hijo; un tanto alejados de los otros tres.

- Ada... - Le recriminó enojado por el último comentario. - Nos vemos pronto. - Cambió su expresión por una sonrisa mientras le besaba la mejilla al rey.
Pronto, Legolas montó en un caballo color pardo.

- Si cabalgamos rápido llegaremos a Imlandris para el atardecer. - El príncipe se dirigió a la escolta; quienes solo asintieron.

Y junto a los otros tres elfos emprendió un rápido viaje a Imlandris.

En el rostro de Thranduil se dibujó una marcada sonrisa al ver a su hojita disiparse a lo lejos.


Legolas por su parte; hizo apurar el paso. Pero atravesar los patios de los boques no es una tarea sencilla; a pesar de lo bien conocidos que se tengan; es realmente imposible, inclusive para un elfo; atravesarlos y llegar a Rivendel en un día. Legolas lo sabía; así que también tenía la posibilidad de llegar por la mañana del 24 de Octubre. Aunque habían ido con suma diligencia; el atardecer había llegado cuando apenas salían del patio antes del arco del Bosque Negro; como lo previsto por Legolas, si llegaba la oscuridad los caminos se harían más difíciles de recorrer; más el elfo tomó el riesgo de recorrer un poco más antes de detener el paso; aunque esto no fue mucho trayecto; bien es sabido el peligro que envuelve al Bosque Negro, aún para sus nativos.

Suspiro; para después bajar del caballo seguido por los demás. Los árboles, como en innumerables veces fueron su refugio; uno seguro y libre de peligro.
El viento balanceaba su rubia cabellera; un viento sanador, lo que todo elfo necesita. Se encontraba un tanto apartado de su escolta, para estar a solas... "o un poco a solas" pensó sonriendo y pasando delicadamente una mano por su vientre. Para entrar al sueño elfico, con los ojos abiertos, alertas, como acostumbran los elfos.

En definitiva llegaría por la mañana del 24 de Octubre.



Notas de la Autora:

Me fui rápido ^^ realmente quería que llegara a Imlandris, pero creo que me hubiera enredado bastante si no lo separo en otro capítulo, pues en Rivendel pasarán muchas más cosas; así que este fue realmente un "capítulo intermedio necesario para llegar a Rivendel". Lo de Octubre no es otra cosa que la fecha... ¿Recuerdan que Gandalf le indica a Frodo "y es la mañana del 24 de Octubre, por si te interesa saber" bueno, para ubicarnos en la historia ^^ no podía llegar Legolas el 23, ¿cierto?

Sam:Ay, qué bueno que te gustó. Lo de Elrond fue una de las condiciones de Rass y en lo personal me parece una fantástica idea y sí... ya no habrá nadie quien los separe, están casaditos formalmente.
Midhiel: Lo lamento, no me resistí; después de Legolas mi adoración es Thranduil; además muchas lo ponen de malo o cruel; se merece que alguien lo ponga de bueno y comprensivo; enamorate con justa razón de él.
Rass:Que te gustara era lo que más me interesaba; aquí está el tercer capítulo


Terminado el 05 de Octubre del 2005 en México, DF. Por Yami to Fujikiri
The Dream Foretold por Yami to Fujikiri
Uno de más
Yami to Fujikiri


Capítulo 2

The Dream Foretold



- Y es la mañana del 24 de Octubre por si te interesa saberlo...
- ¡Gandalf!


Varias veces, Legolas se había escabullido algún par de días de los ojos de su Ada y ocultado en Rivendel. En una de esas calaveradas, había conocido al joven Aragorn, 40 años antes; aunque Aragorn no había cambiado mucho desde entonces, para Legolas, seguía teniendo ese brillo en los ojos con el que lo conoció; con el que se topara entre los pasillos de Imlandris después de haberle pedido permiso a Lord Elrond de quedarse por dos años de estancia en aquel hermoso reino élfico. El Lord, por supuesto; le dio la bienvenida con los brazos abiertos. Elrond había conocido al hijo de su amigo Thranduil desde que era un pequeño elfo; pues, como era bien supuesto, había sido uno de los invitados a la ceremonia de nombramiento que se realizara en el Bosque Negro. Entonces Elrond sonrió ante el pequeño rostro que dibujaba una inocente alma en un profundo sueño élfico.



******

- Es idéntico a ti Thranduil.

- Pero con la belleza de su madre. - Dijo, aún sonriendo el rey.

- ¿Cómo lo llamarás?

- Tanto Lindalë como yo tenemos la mente en blanco; aún no sabemos que nombre le vendría bien al heredero del trono y mi hijo; además de que está tan bello. - Dijo mostrando un lado que pocas veces Elrond había visto antes. - Sin embargo, tú serás el padrino... - El Lord de Rivendel, quien se había remontado a observar al pequeño, levantó el rostro hacia el hablante que había dictado aquella frase.

- Te lo agradezco Thranduil. - Fue lo único que dijo antes de volver al pequeño. - Tiene un olor... a bosque... ¿Le han puesto alguna esencia?

- Claro que no, es un recién nacido.

- Entonces el aroma viene de naturaleza; es una pequeña hoja entre un tumulto de mellorns; una hojita verde, ¿Te suena bien? - Y le sonrió al otro; quien lo vio entre maravillado y confundido.

- ¿Hojita verde? ¿Dices, "Legolas"?

******




Efectiva y peligrosamente, Elrond lo había nombrado y desde aquel día había fungido de una forma cordial, afectiva y paternal sus funciones como padrino de la criatura; así que cuando las obligaciones de príncipe que tenía que llevar, lo agobiaban demasiado; Legolas corría a los brazos de su padrino, directo a Imlandris y en Imlandris había conocido el amor.

Aquella vez, Aragorn era un joven apenas, que en términos humanos se diría tenía solo aproximadamente 40 años; con su naturaleza de la rama de los Dúnedain.
Inmerso en aquella imagen de Isildur, Legolas lo conoció; como varias veces después y algunas décadas, lo volviera a recordar. En aquella habitación se habían conocido. Desde la última vez que Legolas estuviera en Rivendel, habían pasado más o menos cien años humanos; por aquello, se explicó; no recordaba haber visto a aquel hombre en un mundo de elfos; pues, según Thranduil, una vez que Legolas absorbe en su memoria un rostro, nunca más lo dejará ir. Por aquella época e incluso actualmente; el primero y único hombre que había conocido Legolas, era Aragorn, esa y entre otras, fue razón para cautivarse con la piel arraiga y los ojos insondables del humano.
Para el hombre la cautivación aún fue mayor. Sí, había vivido y crecido con elfos, pero era aquella vez la primera que veía un rostro tan hermoso y lleno de candidez como el del príncipe; aún más sus eternales ojos azules lo hechizaron desde aquella noche y para siempre; por eso no dudó en correr al Bosque Negro a una semana de la partida de Legolas; pues en esos dos años que compartieron juntos y que Legolas tenía como plazo para quedarse en Imlandris; fueron suficientes para que ambos cayeran en el sueño más dulce que cualquier criatura que habita la Tierra Media, pueda sentir. Ambos se habían enamorado perdidamente del otro; pero Legolas sabía que un amor con un mortal no podía quitarle el sueño ni las responsabilidades y al cabo de dos años tuvo que partir a lado de su padre. Cual fuera siendo su sorpresa al encontrarse con el hombre a quien amaba, una semana después, gritando su nombre a los pies del palacio.
Entonces Aragorn conoció a Thranduil y supo que gritar a todo pulmón el nombre de su hijo con él oyendo todo no era una idea de lo más inteligente.


___________________________________________________________________________________________________________________________________________


Era por eso que Legolas aún se maravillaba cada vez que arribaba a Imlandris. Era imposible, no solamente para Legolas, sino para cualquier otro ser vivo, no pasmarse ante la grandeza de Rivendel, incluso si se ha llegado un millón de veces. Y cuando la escolta y Legolas pasaron las puertas del sitio de Lord Elrond y bajaron de sus caballos; no pudieron evitarlo y de nuevo, Legolas le dio vueltas con su profunda mirada una vez más al espejo de realeza que contenía Imlandris.

Y profundo dentro de aquellas maravillas se encontraba cuando sintió dos fuertes brazos rodearle la cintura; seguidos de una nariz invasora en aquel espacio entre su cabeza y sus hombros.

- Te extrañé tanto. - Aragorn susurró en su puntiaguda oreja. Legolas le sonrió sin darle la cara. Esperó a que Aragorn lo obligara a dar la media vuelta para tenerlo de frente; lo cuál innovó segundos más tardes. Cuando sus bocas estuvieron a escasos centímetros de tentarse, Legolas respondió con un susurro casi igual de inaudible que el anterior.


- Yo también... y... - Legolas osciló de pronunciar palabra para luego sonreír. - Tengo algo importante que decirte.


- ¿Si? - Profirió Aragorn después de dar un leve beso a su esposo. - ¿Qué es?


- Ahora no; te lo diré después, ¿está bien?, cuando haya visto a tu padre y me dejen de temblar las rodillas de una buena vez. - Aragorn rió.


- Claro mi amor; lamentablemente yo ya pasé por eso; así que el temblor no lo compartimos. - Legolas hizo un gesto de disgusto antes de ponerse en marcha rodeado por el brazo de su marido a la casa de Elrond y seguidos por la escolta y representantes del Bosque Negro.


- ¿Ya conocen el camino a los establos, verdad? - Dijo Legolas dirigiéndose a la escolta. - ¿Podrían?


- Ná, cundo. - Y se retiraron.



Frodo y Sam admiraban la belleza de Imlandris desde un piso alto a la casa de Elrond que quedaba justo arriba de las cabezas de la pareja al llegar a ese punto. Aragorn hizo una mueca hacia donde los dos hobbits se encontraban sin voltear la mirada. Al notarlo, Legolas miró discretamente hacia arriba.

- Son los hobbits que ayudé; el moreno es el que carga el anillo hasta que el Concilio de una resolución.


- Ya veo; es un gran peso para una persona tan pequeña... que curiosas son las razas no élficas... - Dijo ladeando su rostro y mirando fijamente a lugar donde constaban los medianos. No mucho tardo aquel blanco rostro en ser tomado por aquellas bien conocidas manos. Legolas giró para encontrarse con la mirada sonriente de Aragorn.


- Qué curioso te vez tú así. - Le dijo sin dejar de sonreír. - ¿También yo te parezco gracioso? - Legolas se zafó del toque.


- La mayoría de las veces. - Iba a contestarle algo más, sin embargo una fuerte y recia voz los interrumpió.


- Legolas Thranduilion; casi cincuenta años de que Imlandris no cuenta con tu maldición. - El rostro contraído de Elrond y sus ásperos ojos clavados en los azules del príncipe de los bosques.


- Ada. - Se quejó Aragorn.


- ¿Qué? ¿Ahora me dirás cómo debo hablar? - Elrond se había girado velozmente para mirar desafiante a su hijo. - Veo que Thranduil te ha maleducado.


Legolas bajó la mirada y ahí, oculta, figuró una mueca de enojo. Que alguien vociferara algo en contra de su Ada le retorcía las entrañas; más aún si aquello eran solo mentiras malintencionadas.


- ¿Acaso no es verdad, Hoja Verde? - Vociferó Elrond al notar la mirada cabizbaja de Legolas quien solo pudo mantenerse en su lugar.


- ¿Has estado satisfecho, Ada? - Gruñó Aragorn al notar la dolida mirada de su esposo. - ¿Ya podemos irnos?


- Arwen te quiere ver; dijo que te esperaba en el lugar de siempre. - Legolas cerró los puños al oír el comentario, ya sin sentir sus uñas clavándose en la tersa piel y haciendo pequeñas, pero notorias heridas. Aragorn no pudo más que ahogar un gruñido; mientras que en el rostro del señor de Imlandris se podía visualizar una ligera sonrisa maliciosa.


Después de unos segundos de silencio, Legolas concibió el articular palabra, aún cabizbajo.

- Ve Aragorn. - Aragorn lo volteó a ver dudando. - Yo te esperaré en nuestra habitación. - Dijo ahora firmemente y mirándolo a los ojos, como emitiéndole esa confianza que el hombre siempre adoró. Después de mirarse a los ojos impávidamente; Aragorn asintió.


- Con permiso. - Dijo haciendo una reverencia cuando pasó a lado de Elrond; quien todo ese tiempo no había desviado la mirada sobre Legolas. Cuando Aragorn estuvo lo suficientemente lejos, Elrond comenzó a caminar hacia el príncipe. El Lord mantenía los brazos cruzados. Ambos no habían intercambiado miradas desde el inicio de la conversación.
Legolas se sorprendió cuando sintió la mano de Elrond apretar contra su antebrazo y mencionar bajo pero reciamente.


- Antes de comenzar la junta del Concilio de mañana quiero hablar contigo, ¿Te parece? - Legolas no respondió y a la vez, Elrond no esperó respuesta y enseguida se marchó. Legolas se quedó anonadado; mas pronto tomó su renombrado perfil de príncipe y se dirigió sigilosamente a su habitación designada.



________________________________________________________________________________________________________________________________________



- Arwen... no puedo aceptarla...


- Es mía y se la doy a quien me plazca... como mi corazón... - Sus miradas encontradas, la luz tenue del brillo nocturno embriagando su entorno. Arwen contenía esa espuma en su rostro que la hacía ver tan bella como la luna misma y en sus ojos se podía relucir el deseo.


- Arwen... yo amo a Legolas, estoy casado con él. - Dijo Aragorn bajando la mirada, ahora aquellas perlas relucientes, desorbitaron en el rostro de la elfa.


- Lo sé... - Susurró. - Solo esperaba que te dieras cuenta de que... ¡Te amo y estaba dispuesta a dejar la inmortalidad por ti!... esperaba que lo dejaras por mí. - Y cubrió su rostro élfico con ambas manos, ocultando algunas lágrimas. Aragorn solo atinó a tomarla por los hombros.


- Lo amo. - Arwen no necesitó oír más para salir corriendo del hermoso lugar.


Arwen había estado enamorada de Aragorn desde que el hombre tenía memoria; tampoco la elfa intentaba disimularlo demasiado. La estrella de la Tarde... así la solían llamar, por su gran belleza; tal vez solo un elfo podría enfrentarla en aquel aspecto y ese era, sin duda, Legolas. Siempre, un gran cariño en su corazón había guardado para con ella Estel, como era Aragorn llamado por los elfos. Más Arwen siempre esperó algo más, algo que nunca llegó y algo que se esfumó en cuanto el hombre hubo conocido al príncipe de los Bosques.



________________________________________________________________________________________________________________________________________



La habitación designada era la que antes había sido habitación individual de Aragorn; era pequeña pero con una cama amplia y un lumbral igual de amplio. Su iluminación consistía en dos antorchas de pie, engarrotadas a dos postes y un balcón que daba a un flanco muy vistoso de Imlandris, digno para un hijo del Señor de Rivendel.

Era en el barandal barnizado de aquel balcón donde Legolas postraba su cuerpo, inerte ante la vista que la noche le regalaba. Parecía sumergido en un sueño, más su naturaleza élfica le permitió escuchar los leves pasos de algún intruso en la habitación; intruso a quien conocía muy bien. No esperó a que su amado llegara a él, como otras veces; sino que caminó adentro de la habitación para encontrarse de frente a su esposo y sonreírle como lo hiciera horas antes.


- ¿Te has divertido? - Después de contemplarse, dijo Legolas, con un tono acusador.


- Vamos, mi amor. - Aragorn lo obligó a acercarse y lo abrazó cálidamente, mientras le frotaba la espalda. - Sabes que nunca nadie me podría despegar los ojos de tu belleza.


- ¿Qué te ha dicho? - Dijo Legolas en un tono más tranquilo, respirando el aroma del pecho del hombre.


- No mucho... algunos de sus sentimientos y yo la verdad, a quien amo y que nunca lo dejaría. - Dijo para después tomar el rostro élfico en sus manos y besar aquellos labios carmesí que tanto deseaba probar; hundiendo su lengua, hurgando a placer, mientras el elfo lo dejaba hacer.


- Gracias. - Cuando hubo terminado la inspección, dijo Legolas en un susurro sonriendo.


- ¿Qué era aquello tan importante? - Dijo Aragorn sin separar sus manos del rostro del príncipe. La expresión de Legolas cambió a una más seria. Llevó una de sus manos a su rostro para reposarla sobre la pétrea piel del hombre; obligándolo a separarla de su rostro y por inercia, bajar también la otra mano. Legolas tomó ambas en las suyas y lo guió a la cama; donde ambos tomaron asiento.


- Aragorn... bien sabías cuando nos casamos que yo era fértil... ¿cierto?


- ¿Cómo obviar algo tan importante, Legolas? - El príncipe lo miró fijamente a los ojos por unos momentos hasta que Aragorn reaccionó. - ¡Por Dios! - Dijo saltando de la cama.


- Aragorn... - Legolas se asustó ante la reacción de su marido. ¿Y sí le parecía muy temprano?, peor, ¿Si le parecía una aberración?... No lo podría soportar. Legolas se levantó también siguiendo los pasos de su marido, temeroso. - No... - Cabizbajo de nuevo. - Perdona, no pensé que... no... - Y pronto tenues lágrimas aparecieron en el rostro blanco. Pronto Aragorn se dio cuenta de su error.


- No, mi amor, no. - Dijo acercándose al elfo para tomarlo por los hombros. - Es solo que me sorprendió... no puedo creer que los Valar hayan dictado un destino tan dulce como éste... ¿Es verdad? - Legolas sonrió.


- Es verdad, no tengo dudas. - Aragorn le dio un repentino y fuerte abrazo y así lo levantó del suelo, dando vueltas con el elfo en brazos.


- ¡Aragorn, para! - Dijo Legolas entre increpando y riendo.


- ¡Voy a ser papá!







Me tarde bastante, sorry; ahora trataré de apurarme más n-n Pronto vendrá el siguiente capítulo.

- Ná, cundo: Sí, príncipe
A Face Inside por Yami to Fujikiri
Uno de más
Yami to Fujikiri

Beta: Midhiel


Capítulo 4
A Face Inside


Me acabo de dar cuenta que no pongo disclaimer en "Uno de más"...

Disclaimer: Lord of the Rings © J.R.R.Tolkien - Warner Brothers Entertainment, New Line Entertainment. Legolas, Aragorn, los demás Personajes e Historia de Lord of The Rings pertenece a los ya mencionados. Sin fines de Lucro.



Legolas se encontraba en un balcón, entre los pasillos que conformaban la hermosa estructura de la Casa de Lord Elrond, esperando conversar como lo había acordado con el Señor Elfo. El paisaje que desfilaba ante sus ojos era una verdadera obra de arte, las aguas del Bruinen ambientaban toda la obra élfica; sin embargo, Rivendel, a diferencia del Bosque Negro, tenía una cierta tendencia más estrecha con el arte y la estética que cautivaba siempre al hijo de Thranduil. Aún la mañana estaba muy joven, sin embargo, Legolas sabía que el Concilio iba a ser lo más temprano posible y en palabras del propio Elrond, la conversación debía tener lugar antes del Concilio.

Así estaba el arquero, después de pasar una noche de risas y amor sincero por las más recientes noticias que compartía con su esposo; así estaba, esperando al único elfo con el que le costaba enfrentar la mirada. Sólo un elfo podría haber escuchado las pisadas ligeras de otro, como Legolas lo hizo en cuanto Lord Elrond estuvo cercano a encontrarse con el esposo de su hijo.

- Alasse’ aurë, Lord Elrond - dijo Legolas, iniciando una reverencia al recién llegado.

- Hara – dijo, indicándole un asiento al elfo junto a una pequeña mesa no fuera del balcón donde se encontraban. - Seré breve con lo que te tengo que decir.

- Escucho sus palabras, mi señor. - replicó Legolas mientras tomaba asiento en el lugar indicado.

- El Concilio tratará asuntos importantes. - dijo Elrond hablando rápidamente. - Te resumiré las cosas: una guerra está por comenzar, el Anillo Único, la maldición de Isildur, ha movilizado a la Tierra Media y el Señor Oscuro ha comenzado a preparar todo para conseguirlo y acabar con los Pueblos Libres. Necesitamos destruir el anillo; mas esa tarea sólo será asignada a unos cuantos, pues no podemos llamar la atención del enemigo; nueve, he decidido que sean nueve los integrantes de la compañía que marchará a los fuegos del Monte del Destino y fundirá el anillo; pues nueve también son los Espectros del Anillo; sólo uno será el portador y estará bajo la protección de los ocho restantes.

- Noticias oscuras me ha venido a decir, mi Lord; ya sabía que algo grande se aproximaba; pues el Bosque Negro, encargado de mantener preso a Gollum, ya sentía este movimiento, mas no me imaginaba que tan inmenso asunto era con el que tratábamos; más, mi Lord, ¿porqué me dice esto a mí, fuera del Concilio, donde de todas formas me habría enterado como los demás?

- Escúchame, aún no decido quiénes serán los nueve integrantes, mas, ahora te pido, hijo de Thranduil que tú seas uno de los caminantes a Mordor. - acabó diciendo con voz profunda.

Legolas se quedó por un momento sin habla, estuvo apunto de aceptar inmediatamente, como sus principios de príncipe se lo demandaban, pero un pensamiento cruzó por su mente antes de decir cualquier cosa: Estaba embarazado; era imposible que marchara a la mismísima Puerta Negra, pues el peligro amenazaba también al hijo que llevaba ahora dentro. De alguna forma, tenía que negarse, pues el riesgo era muy alto, tanto que no estaba dispuesto a tomarlo. Estaba a punto de negarse, cuando Elrond comenzó.

- Thranduil es un terco, obstinado, avaricioso. - Al oír estas palabras Legolas estuvo a punto de ponerse de pie y responder al insulto; mas se contuvo, pues sabía que no era el lugar ni la persona más adecuada; sin embargo, por debajo de la mesa, sus puños apretaron fuertemente su túnica para intentar reprimir el enfado. - ... Siempre creí que su hijo era igual a él, hasta que te conocí mejor y supe que sí heredaste el carácter de tu Ada, pero también la dulzura de tu madre; siempre te vi como mi ahijado y un ser querido en mi familia. - Con esto, Legolas olvidó cualquier comentario anterior; estaba más que sorprendido por la declaración de su padrino. - Hasta que mi hijo decidió casarse contigo, entonces te vi como una serpiente venenosa; pues aunque no sea mi verdadero hijo, a Aragorn lo quiero tanto como a Arwen y los gemelos, tú nos lo arrebataste y no conforme con eso, le destruiste las esperanzas a Arwen, que amaba a Aragorn, lo sigue amando, estaban comprometidos desde un inicio, más desde que ustedes se casaron, se ha convertido en otra, le falta el brillo de la estrella que siempre tuvo en su mirada; ella fingió muy bien estar contenta con la boda de ustedes dos, al igual que Elrohir y Elladan, pero sabes muy bien lo que mi hija siente por Aragorn y lo que más deseo es verlos juntos...

- Yo nunca tuve intención... - Las palabras hirientes de Elrond le habían llegado hasta lo más profundo. - Yo...

- Sin embargo has hecho todo eso y ahora no me queda más que redimirme a aceptar ese matrimonio; pero no será gratis, ahora te ofrezco la oportunidad de enmendar algo de tus acciones para ganarte mi perdón y el de mi casa; sólo tienes que aceptar ser miembro de la comunidad. Sólo entonces aceptaré tu matrimonio con mi hijo y tendrán mis bendiciones.

Ahora Legolas se encontraba ante un dilema. Elrond había envenenado su mente y corazón, le había hecho creer que realmente había actuado como un egoísta y había venido a perturbar a los de Rivendel, que había acabado con la relación de Aragorn con su familia y le había destrozado la vida a Arwen; se sentía como una basura y lo que más deseaba era oír lo contrario, pedirle perdón a Elrond y que éste se lo otorgase; sí... no había otra opción, aunque eso significara un riesgo enorme para la vida que llevaba adentro.

- Estaré gustoso de servir a la casa de Imladris y de representar con honor y gloria a los de mi raza y mis bosques. – dijo, bajando un poco la mirada.

- Muy bien, entonces así será. Deja que Thranduil se entere por boca de tus acompañantes cuando estos regresen al Bosque Negro, de cualquier forma, su furia arrasará con todo Imladris cuando se entere que he mandado a su único hijo a la guerra, pero ya estará hecho; no podrá hacer nada, ya veremos, entonces, qué hacer con él. - replicó, poniéndose de pie rápidamente. Legolas imitó el gesto. y sin otra palabra. dio media vuelta y se alejó del príncipe . Ya estando solo dejó caer su cuerpo pesadamente en el asiento.

- Ahora tengo que convencer a Aragorn... mi Ada, de verdad lamento hacer esto sin su consentimiento; se supone que lo vería en unos días y ahora no sé si lo vuelva a ver. ¡No! - Ante este pensamiento sacudió su cabeza negando cualquier posibilidad. - No sólo solo se trata de volver a ver a mi Ada y mi reino, sino de defender a quienes amo y de mantenerme de pie siempre, por el hijo fruto de nuestro amor... Aragorn.



El concilio de Elrond llegó pronto, más pronto de lo que Legolas hubiera querido; pues no había pasado aún una hora desde su plática con el Lord de Rivendel, cuando el sonido de las campanas empezó a resonar en todo Imladris, clamando por la reunión el Concilio que definiría el curso de la Tierra Media en esta épocas de oscuridad total.

Legolas caminaba en silencio a lado de su esposo que parecía ajeno a cualquier oscilación a su alrededor. Legolas mantenía la mirada baja, pensando en todo lo que habría de suceder después de que aceptara la exigencia de su suegro.

- Largas son las desventuras que los medianos han pasado para llegar a Imladris, no habríamos tenido tanta suerte si no hubiera sido por la ayuda de Glorfindel. - dijo Aragorn, rompiendo el silencio en el que ambos se encontraban, y su declaración levantó un poco el ánimo del elfo.

- ¿Glorfindel ha estado con ustedes? - preguntó Legolas, sonriendo al recordar a su amigo de la infancia, con quien solía jugar junto a los gemelos en días de antaño. - Más aún no lo he visto.

- Lo verás seguro en el Concilio, es uno de los consejeros de la casa de mi padre. - explicó el hombre sin desviar la mirada del camino. - Ya he visto el daño tan grande que este anillo puede traer al mundo, pero no será hasta ahora cuando comprendamos la totalidad de su destrucción y la solución al problema. En este concilio nos encontraremos con una gran sorpresa.

Legolas bajó la mirada; sabía muy bien que para él no era sorpresa alguna lo que se hablaría en el Concilio, y le dolía hasta el alma tener que ocultarle a su esposo lo hablado con anterioridad.

- Legolas - Los pensamientos del elfo fueron interrumpidos por la voz del hombre a su lado. - ... sea lo que sea que planee, no digas nada mientras estemos ahí... - Terminó Aragorn sin siquiera mirar al elfo. Legolas se sorprendió al oír la seriedad con la que se había dirigido su esposo; mas no tuvo tiempo de protestar, ya estaban en el pórtico donde estaba destinada la reunión.

El concilio se estaba dilatando demasiado, empezando por Glóin, quien traía noticias devastadoras de Moria y con Elrond, quien había explicado las desventuras remotas y el daño de Isildur; Ya era tarde cuando Frodo, el portador del anillo, reveló el pequeño e importante objeto que había iniciado la nueva guerra.

- ¡Saca el Anillo, Frodo! El momento ha llegado. Muéstralo y Boromir entenderá el resto del enigma. - indicó Elrond al mediano, quien con un temor significativo alzó el anillo ante todos. Legolas se estremeció; ahí estaba el destino de la Tierra Media, pero era por mucho más que pelearía.

Entendía a la perfección la posición de aquel extraño hombre venido del norte, de la misma Ciudad Blanca, Boromir, pues estaba determinado a defender a los suyos, a las leyendas de antaño de los grandes reyes y a su padre, Señor de Minas Tirith. El se encontraba en la misma posición y por el Bosque Negro en parte habría de aceptar lo que inevitablemente vendría. Ni siquiera el gran estremecimiento que no sólo él, si no todos los representantes elfos que ahí se encontraban sintieron al oír la voz fuerte y clara de Mithrandir al pronunciar el grabado del anillo que tanta maldad traía a su alrededor.

Y aún, cualquier sentimiento de pesar que llevara cargando el hijo de Thranduil, no lo detuvo para hablar cuando debió hacerlo; al oír del gran peligro que acechaba con la huida de Gollum.

- Las noticias que me han ordenado traer deben ser dichas ahora. - dijo con la voz suave y dulce, típica de los Eldar, más aún endulzada con el aroma de los bosques. - Sméagol, ahora llamado Gollum, ha escapado...

Y tardó varios minutos en relatar el revés de los elfos del Bosque Negro al sentir la compasión sentida por la criatura Gollum. Y al terminar se sumió en pensamientos muy propios bajo un semblante serio, sombrío, nada típico de Legolas Greenleaf Thranduilion; algo que no tardó en ser notado por Aragorn, quien por momentos centraba su mirada en su esposo, embriagado por una gran preocupación.

Legolas continuó en ese estado somnoliento hasta que escuchó de nueva cuenta la voz de Gandalf responder a la risa de Bilbo.

- ...A los mensajeros que llevarán el anillo... - Legolas entrecerró los ojos, como rogando que lo que había escuchado fuera una simple confusión de sus oídos y que tal compañía nunca se hiciera realidad; pero continuaba esa plática; Bilbo le había respondido al Istari.

- ...¿Se te ocurren algunos nombres? ¿O lo dejaremos para después de comer?...

Nadie respondió. Discretamente, Legolas miró de reojo a Elrond, quien se encontraba sentado con su clásica postura firme, elegante. El Lord debió haber sentido aquella mirada tímida, pues de repente rodó los ojos hacia el lugar de Legolas y éste desvió inmediatamente la mirada. Situación que no pasó desapercibida por Aragorn.

En el tiempo en el que se desarrollaba esto, sonaban las campanas anunciantes del mediodía y aún nadie respondía; Legolas fue sacado del trance por la voz tímida del mediano al que apenas conocía de lejos.

- Yo llevaré el Anillo... aunque no sé cómo.

Y por primera vez en la vida de Legolas, alguien que no era su padre, le pareció tan fuerte como la misma marea y en silencio admiró el valor del mediano; sonrió pero no tardó en esconder esa bella sonrisa de la que Aragorn se enamorara, pues también le pareció ver al Lord de Rivendel sonreír de otra forma, forma que le hizo coger un temor indescriptible...

Terminó entonces el Concilio, el cual había ocupado toda la mañana. Ahora se encontraban almorzando algo ambos, en silencio. Ni Legolas ni Aragorn se habían cambiado el atuendo que habían vestido durante el Concilio. Legolas con una túnica discreta y Aragorn con un ropaje elegante que mantenía, por lo general, durante sus estancias en Rivendel. El hombre veía de vez en cuando al elfo enfrente de él, lo miraba apenas masticar de su plato, con esa mirada sombría que había mantenido desde el Concilio, entonces regresaba a su mismo plato, temeroso de saber la respuesta si preguntaba; más en esos momentos de gran preocupación, su lado real triunfaba.

- Legolas... - llamó suavemente, el elfo apenas levantó el rostro. - ... dime qué sucede, ¿Todo bien con el bebé? - Legolas notó la preocupación en los ojos de su marido. Y formó una sonrisa forzada.

- Por supuesto, no te preocupes, sabes bien que los de mi raza tenemos buena intuición y te aseguro que sabría si algo malo pasara. - replicó, manteniendo esa sonrisa que tanto pesar le empezaba a causar a Aragorn.

- No me mientas.

- No te miento. Si quieres creerme bien por ti, si no, entonces no deberías pedirme que almorcemos juntos. - Y se levantó bruscamente abandonando la estancia y dejando solo a Aragorn junto con todo lo demás, que por desgracia, no era lo mejor para el hombre; preocupación y miedo, eso era todo. Esta cambiando, eso es todo, repetía el humano y en momentos se convencía de que sólo era eso.

Habían pasado tres semanas en Rivendel desde el Concilio. Los medianos parecían disfrutar Rivendel a su plenitud, la gracia de los elfos y poco a poco sus preocupaciones empezaban a desaparecer, al menos de sus mentes.

Para Aragorn sus mejores días los pasaba con los gemelos o platicando con Frodo. Durante las primeras dos semanas, el tiempo con Legolas se había ido volviendo más insoportable, aún cuando el hombre se esforzara por lo contrario y también el elfo, pues sufría bastante cuando meditaba su culpabilidad en cada pelea. Mas, después de esas dos primeras semanas, ambos empezaron a comportarse afablemente con el otro, Aragorn comprendía que fuera el bebé o lo que fuera, había algo que más allá de inquietar a su esposo, lo mantenía fuera de sí y debía de ser más paciente que nunca. Por otra parte, Legolas entendía a la perfección la preocupación de Aragorn y ahora más que nunca debían estar juntos, tendrían un hijo pronto, debían estar juntos.

Y pasó una semana más y ya llevaban un mes en Imladris. Legolas ya tenía dos meses de embarazo y Aragorn se estaba volviendo sobre protector para su gusto. Aún los signos físicos de su condición no eran notorios, pero aspectos fisiológicos eran protagonistas de la preocupación bien fundamentada de Aragorn.

- Pero... - Legolas empezó a temblar de tan solo pensar en la idea de su esposo. - ... tu padre no.

- Vamos, mi amor, no es tan malo y es el mejor curador de la Tierra Media - dijo tratando de forzar al elfo, cuya fuerza no se igualaba a la del montaraz y sin embargo aún oponía una considerable resistencia. Pronto, Aragorn vio que sus esfuerzos por convencerlo eran inútiles. - No quieres que le pase nada malo a nuestro hijo, ¿cierto? - Legolas se mordió el labio ante la pregunta.

- Pero, existen otras... posibilidades... - dijo, tratando de pensar en un buen pretexto. La idea de Aragorn era terrible ante sus ojos, quería decirle a la peor persona que iba a ser abuelo, a Elrond, al que lo había forzado en todo el sentido de la palabra a ser parte de la compañía, a la cual Legolas ya pertenecía sin haberse formado aún, Legolas ya sabía que pertenecía

- ¿Posibilidades? – preguntó Aragorn intrigado. Y entonces Legolas no tuvo más remedio que decir el primer nombre más sensato que se le vino a la cabeza.

- ¡Glorfindel! - exclamó de un solo golpe.

- ¿Glorfindel?

- Sí, él tiene conocimientos de curación, además, es discreto y... le tengo confianza. - replicó el elfo sonriendo de manera desmesurada, lo cuál provocó un largo suspiro en el hombre.

- Está bien, de todas formas será solo un chequeo para que vuelvas al Bosque Negro. - Legolas nunca se hubiera esperado esto, no estaba dentro de sus planes, no era lo que debería suceder.

- ¿Regresar al Bosque Negro? – tartamudeó.

- Sí. ¿Qué sucede?. Ya has hecho todo a lo que tu padre te ha enviado, yo me quedaré un poco más para ver que sucederá hasta que parta Frodo, entonces nos encontraremos en el Bosque Negro.

- Aragorn... - dijo, tratando de mostrarse lo más indiferente posible. - ... si tu te quedas entonces yo me quedo; tú mismo lo has dicho, aquí está el mejor curador de la Tierra Media y si voy ahora solo, no sabes lo que pueda ocurrir. - trató de convencerlo; se suponía que él se quedaría hasta que Elrond dictara sentencia y anunciara a los miembros de la compañía que debían unirse con el mediano en el viaje para fundir el anillo; mas de esto, Aragorn no sabía nada.

- En eso tienes razón – ahora su esposo parecía más pensativo y sereno; sin duda alguna, las palabras de Legolas lo habían hecho meditar; aunque realmente su decisión dictara un destino más trágico para él y su familia que empezaba a formarse. - Está bien, nos iremos juntos hasta que mi padre dicte su decisión. - Legolas sonrió escondiendo una vez más su pesar.

- ¿Entonces Glorfindel? - preguntó Legolas, cambiando el rumbo de la conversación.


*****************

- ¡Hoja Verde, más te vale salir ahora mismo si no quieres arrepentirte después! - Los gritos de Thranduil eran temibles, pero nunca tan temibles como los que clamaba cuando el pequeño príncipe se escabullía en una travesura a su ada.

El pequeño tapaba sus oídos ante elescándalo de que pegaba su padre. Empezaba a temblar, verdaderamente y realmente arrepentido de haberse echado a correr mientras Thranduil lo reprendía al por haberse escapado de sus clases diarias para pasearse por el bosque. Entonces el pequeño sólo solo tenía seis años humanos de edad. También sabía que su Ada estaba verdaderamente enojado esta vez, pues sólo lo llamaba Hoja Verde cuando estaba muy molesto. Y esto Legolas sabía que no era para menos, pues había escapado del regaño de su ada justamente cuando este estaba reunido con algunos miembros de su Consejo y si había algo que enojara al Rey del Bosque Negro es mostrarse débil ante otros y este gesto de su hijo era suficiente para que se llegara a pensar en signos de debilidad de Thranduil.

- ¡Legolas! - Oyó nuevamente un grito del Rey mientras su cuerpecito se estremecía abruptamente. Entonces Legolas no soportó más el miedo y salió del armario donde se encontraba escondido.

- ¡Ada, Ada! No me pegues, tú me hiciste así.

****************


Esa fue la primera vez que Legolas observara a Thranduil sorprendido por las palabras de alguien más.

- Él me hizo así después de todo... yo soy el Príncipe del Reino de los Bosques y así lo demostraré. - dictó Legolas bajó la luna llena de otoño que se dibujaba en aquellos finales de la Tercera Edad.


-

Bueno, ¿Qué les ha parecido? costado Me costó mucho empezarlo

Terminado el 17 de Enero del 2006 en México, DF. Por Yami to Fujikiri.
Rejoice with Me por Yami to Fujikiri
Uno de más
Yami to Fujikiri
Beta: Midhiel
Respuesta al desafió de Rass


Capítulo 5
Rejoice with me


Disclaimer: Lord of the Rings © J.R.R.Tolkien - Warner Brothers Entertainment, New Line Entertainment. Legolas, Aragorn, los demás Personajes e Historia de Lord of The Rings pertenece a los ya mencionados. Sin fines de Lucro.







Rejoice with me





- ¡Por supuesto que no, Padre! - voficeró Aragorn enfurecido en la mismísima cara de Lord Elrond.

- ¿Te atreves a cuestionar mis órdenes? - replicó éste, con su siempre estoico semblante; aquella forma de hablar le había hecho ganar ante el más persistente hablador; pero también había enseñado bien a sus hijos.

- Sí – replicó. En otra situación, su respuesta hubiera llenado a Elrond de orgullo, pues su firmeza era de admirarse, mas pronto rectificó aquello. - Padre, no puedes haber escogido a Legolas...

- ¿Por qué no? - respondió el Señor de Rivendel desafiante. - ¿Porque es tu esposo? - Aragorn se detuvo en seco...



************************************************



- Te lo ruego Aragorn, no le digas ni una sola palabra. – suplicó Legolas, casi al borde de las lágrimas. El montaraz se preguntaba qué había hecho para que su consorte se sintiera tan frustrado. Dio media vuelta para encarar aquella figura delgada que se veía tan delicado, tan sensible a cualquier roce. Se acercó lentamente al borde de la cama y se sentó a su lado.

- ¿Por qué mi amor? Sé que mi padre no ha sido buena persona desde que nos casamos, pero después de todo... es su nieto, merece saberlo – le dijo mientras acariciaba la suave piel de su hombro.

- Aún no. Regresemos a Mirkwood y cuando nazca, se lo traeremos para que lo conozca. - le pidió el bello Príncipe, casi rogando. Sabía lo que pasaría entre Aragorn y Elrond si este último se enteraba de su condición, algo dentro de sí le decía que su suegro no cedería y lo obligaría a formar parte de la comunidad, aún sabiendo que estaba embarazado. ¿Y si Aragorn se enteraba de aquella conspiración? ... No quería que la relación entre Elrond y Aragorn terminara, por más enfermizo que el Lord de Rivendel fuera.

- Legolas... - algo iba a decir el hombre más el elfo lo interrumpió.

- Aragorn, si me amas de verdad, no le dirás nada – dijo retomando su actitud real, convincente.

- No puedes poner nuestro matrimonio en juego – replicó Aragorn pasando algo de saliva por su garganta.

- Y no lo haré, a menos que tú quieras... prométemelo y nada entre nosotros se volverá a interponer – aseveró con firmeza. Aragorn supo entonces que nada le haría cambiar de opinión.

- Te lo prometo.



************************************************


Aragorn recordó aquella plática y aquella promesa, sabía que Legolas nunca le perdonaría que la hubiera roto. Por alguna razón, el príncipe abominaba la idea de que Elrond supiera que la pareja esperaba un hijo. Pero ahora, en su estado; Legolas no podía viajar con la comunidad porque ni siquiera sabían cuánto iban a tardar.

- Padre... - repentinamente Aragorn bajó la guardia, la voz, todo y suplicó - . Te lo pido por favor, no mandes a Legolas a Mordor.

- He tomado una decisión. Legolas, como hijo de Thranduil, debe acatar mis órdenes y tú, como mi hijo, has de acatarlas también -. Elrond se levantó del sofá y se retiró dejando al hombre cabizbajo.


Tan ensimismado estaba Aragorn en sus pensamientos que no escuchó los pasos del elfo acercándose.


- Son una dulzura, aquellos medianos – sonrió el Príncipe antes de abrazar a su esposo por la espalda - . Estaremos bien, tú nos protegerás.

- Me parece que no entiendes lo que esto significa, Legolas, no sólo tú, sino nuestro hijo están en riesgo – esta vez estaba realmente molesto y así se lo hizo saber a Legolas, a quien tomó por los hombros y mostró aquella forma altiva que sólo usaba cuando algo realmente le enfurecía.

- Sé mejor que tú el riesgo que tomo, pero déjame hacerme cargo de mis decisiones – le replicó en el mismo tono.

- ¡Pero no fue tu decisión sino la de mi padre! - gritó Aragorn, soltándolo y comenzando a pasearse por la habitación.

- Y yo la acepté gustoso – mintió -. Déjame ir contigo, Aragorn, verás que no tomará mucho y todo saldrá bien.

- Legolas, ¿no viste quiénes van en la compañía? Un enano, a ti te fascinan tanto como a mí los enanos, un hombre de Gondor, ¡Gondor! y se nota a leguas que no está enamorado del anillo y lo demás... medianos a más no poder; si no fuera por Gandalf diríamos que llevamos a un grupo de niños a su guardería – dijo con un sarcasmo notable.

- ¿Cuántas veces has recorrido los lugares más recónditos tú solo? - apenas se le ocurrían ideas para convencer al hombre.

- Entonces no llevaba conmigo un anillo que todo Mordor desea – replicó.

Legolas bajó la cabeza unos segundos en señal de fastidio.

- Voy a ir y ni tú ni nadie me lo impedirá – diciendo esto y con una salida rápida, el elfo cerró la conversación. Sentía un dolor intenso en el pecho y una respiración acelerada que escondió muy bien al hombre; le dolía estar así con Aragorn, le dolía más que nada.






...The Silver light is overthrown
rejoice with me
for we have denominated the devil...








- Una bella canción, Arwen.

La elfa dio media vuelta, aunque ya sabía de anticipado de quien provenía aquella voz.

- ¿Qué quieres? - le respondió cortante.

- Pensé que podíamos platicar, como solíamos hacer antes, ¿lo recuerdas? - no hubo respuesta, aún la paciencia de Legolas no estaba en su mejor momento -. ¿Dónde había escuchado ya esa canción?

- No lo sé – contestó de la misma forma; Legolas suspiró.

- Una vez Aragorn me cantó esa canción... - Arwen lo miró con dolor en los ojos.

- Yo la cantaba cuando él y yo nos conocimos. Recién regresaba de mi estancia en Lothlórien y vi a un joven apuesto clamando el nombre de Luthien en mí, pensaba entonces que realmente se había enamorado de mí y que así sería el resto de nuestras vidas...

- Perdóname... - susurró el elfo.

- No lo mereces, HojaVerde; eres vergüenza entre los nuestros – dijo despectivamente. Legolas no dio paso atrás.

- Elrond ha envenenado tu mente – replicó el elfo.

Ante tal afirmación, Arwen encaró al Príncipe, primero mostrando un semblante de sorpresa indescriptible, luego ira.

- ¿Cómo te atreves? - dijo con un hilo de voz tal vez por el enojo -. Vienes aquí a interrumpir mi vida y encima insultas de esa forma a mi padre - hizo una pausa - . Aragorn era mío, nos íbamos a casar y tú viniste y me lo quitaste.

- No era lo que pensabas cuando él y yo nos casamos, esas son palabras de tu padre. - interrumpió Legolas.

- Sólo sabes escupir mentiras – dijo de una forma tan tranquila que perturbó al príncipe.

- Cuando Aragorn puso sus ojos en ti, Elrond mismo le dijo que veía algo inalcanzable, que eras mucho para él... su opinión cambió radicalmente cuando vio lo que él podía hacer – se defendió sin cambiar la firmeza en su voz.

- Y tú también lo viste muy bien... - ella mantenía lágrimas encerradas en sus ojos y sus brazos cruzados, más para protegerse a sí misma que para cualquier otra cosa.

- Arwen... - trató de detenerla pero sus palabras fueron en vano. Algo en este día había salido muy mal, pues ya no habían brazos a los cuáles recurrir, su pelea con Aragorn, su intento fallido de hacer las pases con Arwen y había enanos por doquier.




El día pasaba rápidamente y al alba de la mañana siguiente, la comunidad formada por Elrond debía partir a su marcha a Mordor para destruir el Anillo Único; un lazo que unía a elfos, hombres, enanos y hasta los remotos medianos para la salvación de la Tierra Media... había que madrugar.




Esa noche Legolas se encontraba solo, seguramente Aragorn paseaba por Imladris, pensó el elfo; desde su última discusión no habían cruzado palabra; ese día todo había abandonado a Legolas, incluso el sueño, aunque éste no fuera muy necesario físicamente, si lo ayudaba en momentos como ése a olvidar sus problemas, aunque pocas veces había necesitado olvidar; su vida había sido o muy feliz o muy escasa, nada imprevisible; desde pequeño solo fueron estudios y servicio. Thranduil había trazado la vida de su hijo en un mapa y éste lo había seguido al pie de la letra; lo único fuera de las expectativas del Rey había sido Aragorn, fuera de eso, nada en la vida del Príncipe había cambiado el curso de lo establecido. No tenía demasiadas preocupaciones ni atravesaba penas grandes, ni siquiera pequeñas. No estaba acostumbrado a las peleas si no fueran por tonterías minúsculas de Thranduil o Aragorn, así que pasar por aquello esa noche estaba fuera de su entrenamiento real.


Cerró los ojos y trató de imaginar algún buen momento con su familia, tenía de donde escoger, mas lo primero que vino a su mente fue lo más obvio.



************************************************


Legolas se miró fijamente en el espejo.

- Hermoso en verdad - escuchó una voz conocida y miró hacia el portal de su habitación. Las sirvientas que le arreglaban el atuendo, se detuvieron a reverenciar al Rey recién llegado; Legolas bajó la mirada escondiendo su rubor.

- No bromee conmigo alteza – dijo en una forma demasiado diplomática para el gusto de Thranduil, quien guardo unos segundos de silencio y luego se dirigió a las costureras que habían continuado su trabajo con el príncipe.

- Salgan un momento, me gustaría estar a solas con mi hijo - éstas obedecieron las órdenes de inmediato. Se acercó a Legolas, quien mantenía la mirada baja. - Es verdad, te ves hermoso, lamento que sea para una escoria como la que te está esperando.

- Ada... - iba a reprender al Rey Elfo mas se contuvo y sonrió. - gracias... - eso de contenerse había durado mucho y se abalanzó a su padre en un abrazo profundo. Thranduil respondió al abrazo de inmediato, acogiendo a su hojita en sus brazos.

- Basta de melodramas - dijo Thranduil cortando el abrazo - . Tengo que prepararme psicológicamente para el trauma que estoy apunto de sufrir. - y dicho esto, el Rey salió dejando entrar a las sirvientas. Legolas sonreía, estaba feliz de ver a su ada contento, aunque no quisiera admitirlo. Volvió su vista al espejo, ¿realmente hermoso?




Una belleza sin igual, realmente hermoso, era lo primero que había pensado Aragorn al ver a Legolas llegar al salón real donde se celebraría la ceremonia que uniría a uno de esos lazos que difícilmente se ven, mortal y elfo. Legolas vestía un conjunto blanco de aquella mágica tela llamada seda, el saco le llegaba hasta las rodillas, una túnica larga del mismo color con bordeados azules que combinaban a la perfección con los ojos del príncipe y su corona símbolo de su realeza. Aragorn, por su parte, llevaba un conjunto similar, también de seda y del mismo color que los bordeados de la capa de Legolas y sin alguna capa o corona mas que con el Anillo de Barahir, símbolo de su linaje, señor de los Dúnedain.


Sí, en verdad su madre y Lord Elrond le habían dicho que sus anhelos por Arwen eran demasiados y ella nunca lo voltearía a ver... pero Legolas estaba tanto en linaje como en belleza a la altura de Arwen y aunque ella también lo había aceptado como su compañero, nada más hermoso para él que Legolas caminaba sobre la Tierra Media y en aquel momento nada más hermoso que aquella imagen habitaba en su corazón.


Legolas se puso a lado de Aragorn en un altar en la cabecera de la sala. En esa se encontraban los representantes del reino de Thranduil, sus consejeros, ayudantes y miembros del clero de los sindarinos del Bosque Negro, amistades y cercanías a los Thranduilion, ahí también se encontraban sonrientes Elrohir y Elladan y a su lado su hermana Arwen, rodeados de algunos otros elfos de Imladris, quienes como muchos otros que lo conocían, adoraban a Estel y a su prometido que tan querido en Rivendel se había vuelto.


Ahí mismo Thranduil y la bella Lindalë habían unido sus vidas y ahí mismo el Rey entregaba a su hijo a un sucio y desaliñado mortal, como él solía llamar a Estel. En cuanto el Rey subió al altar enfrente de la pareja, todas las voces se apagaron.


- En el nombre de mi sangre y mi raza y con el poder que mi linaje me otorga, yo, Thranduil Rey del Bosque Negro, estoy aquí para unir estas dos almas, que bajo la ley de los sindarinos han de mantenerse juntos hasta el final de los tiempos. - tomó así un pequeño lazo de diamantes discretos y lo enredó entre los dedos del elfo y luego entre los del hombre. - ¿Legolas Hoja Verde, Príncipe Heredero del Reino de los Bosques, estás aquí bajo la voluntad que tu corazón manda para unirte en matrimonio sagrado bajo la palabra y bendición de los Valar para honrar a Aragorn hijo de Arathorn y salvaguardar su unión por toda la eternidad?

- Estoy aquí y acepto su palabra - respondió sin quitar la vista de Aragorn, quien se encontraba en la misma situación.

- ¿Aragorn hijo de Arathorn, heredero de Isildur y Señor de los Dúnedain, estás aquí bajo la voluntad que tu corazón manda para unirte en matrimonio sagrado bajo la palabra y bendición de los Valar para honrar a Legolas Hoja Verde y salvaguardar su unión por toda la eternidad?

- En plena voluntad, estoy aquí y acepto su palabra –dijo con la voz más clara que Legolas había escuchado hasta ahora.

- Entonces, que este lazo mantenga sus corazones unidos, que estos anillos sean símbolo de la fidelidad entre los dos - dijo sacando de un cofre pequeñito que se había mantenido en el altar durante la ceremonia, dos anillos claramente elaborados de mithril, hermosos de verdad, brillaban como la luz de la luna misma. Thranduil les puso a cada uno de los anillos. - Y que esta daga - dijo tomándola de un lado de donde había dejado el cofrecito - consuma su juramento - con una seña, le indicó a Aragorn que extendiera su mano, Thranduil la tomó y por la palma abrió un corte un tanto largo, Aragorn notó la terminación brusca en señal de niñería de su enfado muy bien disfrazado, jugaba sí, pero... el Rey nunca cambiaría, pensó por unos segundos. - Legolas... - susurró el Rey y su hijo hizo lo mismo, mientras Thranduil aún sujetaba la mano del montaraz. - Con ambas manos en cada una de las suyas, Thranduil unió palmas... - Que la bendición de los Valar esté con ustedes por los siglos de los siglos.


************************************************



Abrió los ojos. Escuchó un ruido y unos pasos, no necesitó mirar para saber de la presencia del hombre, cerró los ojos. Sintió un peso más en la cama, a su lado.

- No soy quien para negarle algo, su alteza – escuchó la voz entrecortada del montaraz y volvió a abrir los ojos - . Es verdad que lo protegeré tanto como me sea posible.

Legolas no dijo ni una palabra, en su lugar rodó el cuerpo al lado contrario de Aragorn y simuló sueño de nuevo. Aragorn suspiró resignado, se levantó de la cama y se recostó en el sofá que estaba cercano al ventanal de la habitación.


Al día siguiente y con las bendiciones de Elrond, La Comunidad del Anillo partió hacia el sur.




Terminado el 16 de Abril del 2006 en México, DF. Por Yami to Fujikiri.

Me tardé siglos, lo sé, mil disculpas, trabajo, escuela y cero vacaciones, pero ya está aquí. Cierto, le cambié la canción a Arwen, jeje, sé que no es eso lo que canta; el verso que le puse es parte de "Libre" de Tristania (algunas relaciones con mi otro fic es mera coincidencia, jaja, no es verdad que utilizo mucho de allá aquí, nombres y detalles), también el título del capítulo es de "Libre", como dato curioso diré que todos los títulos de "Uno de más" son partes de canciones; al final del fic daré los créditos a cada una.
Strangers of Love por Yami to Fujikiri
Uno de más
Yami to Fujikiri
Beta: Midhiel
Respuesta al desafió de Rass


Capítulo 6
Strangers of Love



Disclaimer: Lord of the Rings © J.R.R.Tolkien - Warner Brothers Entertainment, New Line Entertainment. Legolas, Aragorn, los demás Personajes e Historia de Lord of The Rings pertenecen a los ya mencionados. Sin fines de Lucro.




Ninguno de los que ahora marchaban en la recién formada Comunidad del Anillo había soñado siquiera con pisar la oscura y maléfica tierra de Mordor. Aquel recóndito sitio era objeto de lóbregas leyendas y alguna que otra pavorosa canción. Ninguno de los nueve caminantes, con excepción de Gandalf, había vivido lo suficiente para ser parte de alguna guerra, alguna batalla significativa que le pudiera brindar experiencia alguna para enfrentar los peligros próximos a enfrentar, ni siquiera Legolas. Incertidumbre y escama era lo que avivaba en sus corazones, mas ahora, su único objetivo era llegar a Mordor, destruir el anillo, pues en sus manos recaía toda esperanza de la Tierra Media.


Había, entonces, apenas comenzado el viaje que definiría el destino de la Tierra Media. Habían pasado apenas tres días desde su salida a Imladris. Las paradas eran escasas, a los ojos de Legolas no había tiempo que perder; raramente Aragorn daba opinión alguna acerca de lo que estaba bien o estaba mal, Boromir pasaba más tiempo hablando de la grandeza de Gondor que del bienestar de la comunidad, seguido por Gimli, quien prácticamente imitaba a la perfección la asiduidad del hombre en materia de la oratoria, pero éste se dedicaba más a la majestuosidad de los enanos.
Gandalf velaba por el bienestar de los hobbits, un tanto en secreto, pero siempre dejaba un poco a relucir su interés y cariño por la raza más prescindida de todas. Ante estos gestos, tanto hobbits como enano le agradecían todo lo que podían al mago.
Cada parada que se les permitía era utilizada sabiamente para alguna comida o simplemente para descansar los pies. En aquellos casos Legolas rodaba los ojos en señal de disgusto y se alejaba un poco para respirar algo que no fuera el humo de la pipa de Gandalf o el estofado de Sam, se alejaba un poco para relajarse entre sus adorados árboles y en ocasiones se alejaba un poco para lamentarse de la situación con su esposo, quien había pasado casi todo el tiempo de viaje hasta ahora en silencio.


- Las montañas nubladas - murmuraba Boromir a los dos hobbits más curiosos del grupo - . Este bosque que rodea Imladris no me da confianza absoluta.


- Estamos en un momento de oscuridad, Boromir - interrumpió Gandalf con su firmeza acostumbrada - . Ningún rincón debería darte confianza absoluta. Nos detendremos aquí unos minutos y si me hicieras el favor de inspeccionar los alrededores con Aragorn, tal vez tu confianza se vea, en algún modo, reconfortada – y, al término del disimulado regaño, se acercó a una roca seca tomando asiento en ella. Boromir miró al montaraz, quien ya se había adelantado a cumplir con la orden del mago, y lo siguió apresuradamente. Frodo sólo sonrió ante la escena típica del mago y se acercó a éste para gozar de algunos minutos de su compañía.
El resto de los hobbits comenzaban a escudriñar por cualquier cosa que pudiera ser comestible con una ayuda experimental de Gimli, quien lucía su buen saber en lo comestible y lo no comestible.


- Seguimos perdiendo el tiempo - musitó Legolas y se alejó del grupo con el propósito de no desacostumbrar sus piernas al caminar. Frodo vio de reojo al elfo y luego volteó su vista de nuevo al mago, quien había, al parecer, perdido el interés en la conversación que había comenzado con el Portador del Anillo; así que optó por seguir al eldar.


De alguna forma, tener a un elfo cerca era para Frodo un placer; podría conocer más de la gente hermosa, saber que no se había visto satisfecho para el hobbit durante su estancia en Imladris. Deseaba tener plática con Legolas, inducirse en la verdad que atravesaba los hermosos ojos azules del inmortal, saber porqué siempre mantenía ese semblante desazonado, nada típico de los elfos. Para Frodo y su curiosidad esto era materia fascinante.


Entre su caminar y algún comentario que intercambiaba con los árboles, Legolas miró a su costado derecho. Nadie con la mejor vista podría saber que hacia esa dirección los dos hombres inspeccionaban según las órdenes de Gandalf, pero Legolas, no sólo por si mirada profunda y su fascinante vista podía saberlo, sino también porque sentía el caminar de Aragorn, podía, incluso, olerlo hasta ese rincón. Bajó la mirada recordando su pelea, recordando incluso la razón de por qué estaba ahí, preguntándose una y otra vez cómo es que no estaba en aquellos momentos con Thranduil abrazándolo y alzándolo por los aires como si fuera un pequeño elfito. Seguramente su ada estaría feliz de saber que iba a ser abuelo. Sonrió, mas no pasó mucho tiempo antes de que regresara a la realidad, realidad en la cual seguramente su Ada ya se había enterado de la participación de su hijo en la Comunidad del Anillo por medio de los mensajeros. Se lamentó en silencio y siguió su andar casi sin darse cuenta.
Frodo casi había alcanzado a Legolas, a pesar de la dificultad que esto había significado. Como todo elfo, Legolas se movía ágilmente, incluso sin quererlo. Su andar era demasiado ligero, lo cual lo convertía en una criatura sumamente veloz a los ojos del pequeño hobbit, quien seguramente no habría alcanzo a Legolas sino fuera por la parada momentánea del eldar. Vio, entonces, como Legolas reanudaba su marcha y estaba apunto de alzar la voz para detenerlo, cuando vio como uno de los pies del elfo se hundía en la tierra, Legolas por su parte apenas se dio cuenta de tal hecho cuando cayó de lleno en un hoyo de fango.


- ¡Ay! - exclamó al no tener tiempo para caer bien, pues aquello había provocado que se lastimara la cara con las ramas sueltas de las paredes.


- ¡Legolas! - al ver lo sucedido Frodo corrió hacia donde estaba el elfo. - ¿Estás bien? - no era un hoyo muy grande para alguien como Legolas, así que no le costó mucho salir de él.


- ..Sí, gracias - le sonrió en señal de aprecio por su preocupación.


- Esta tierra no parece segura, entra el invierno y apenas está descansando de las lluvias de otoño - dijo Frodo - . Será mejor que regresemos con Gandalf y los demás - y desechó su idea de adentrarse al mundo del elfo.


- Tienes razón - inmediatamente Frodo tomó el sendero de regreso, Legolas miró de nueva cuenta el motivo de aquel incidente. - No es normal.



- ¿Qué fue lo que te pasó Hoja Verde? - dijo Gandalf sin apartar la vista del suelo; en la misma forma en la que Frodo lo había dejado. Legolas se sonrojó bastante, decir lo que había pasado no estaba en sus planes pues era algo verdaderamente penoso para un elfo - ¿Y en dónde estaban ustedes dos? No se deben alejar.


- Fuimos a caminar - interrumpió Frodo - . Me caí por cierto y Legolas me ayudó, pero terminé ensuciándolo más de lo que yo me ensucié. - aquellas palabras tomaron por sorpresa a Legolas, pero agradeció en silencio la discreción del hobbit.


- Les repito que no se alejen de nuevo - recalcó Gandalf, ambos asintieron. Con su fallido intento de internarse en el mundo de Legolas, Frodo se acercó al grupo de sus compañeros hobbits, quienes se deleitaban con un almuerzo anticipado junto con Gimli. Legolas se recargó en el tronco de un árbol cercano.


- No es normal, por más distraído que estuviera debí haber sentido lo frágil de la Tierra, ¿Será por el bebé? Pero... - pensaba Legolas.



x x x
x x x x x x





- ¿Sucede algo, Aragorn? - Boromir se había extrañado de la distracción del hombre, quien se había quedado mirando a un punto desde hacía varios segundos.


- Nada - fue la seca respuesta del montaraz. Mas, al igual que Legolas, Aragorn también podía sentir al elfo, también lo podía oler y reconocer su voz por más lejana que esta se oyera. Regresó su vista al camino que entre él y Boromir abrían.


- Me parece que no hay nada de qué preocuparse - dijo Boromir, aún mirando a su alrededor.


- Entonces regresemos - desde que partieran su voz se había vuelto más neutral; no sonaba a como la recordaba Boromir cuando conoció a Aragorn en durante el Concilio de Elrond, sin duda todos en la comunidad sabían que algo pasaba con Aragorn y pocos sospechaban de Legolas. Ni siquiera el resto de la comunidad sabía que ellos dos estaban casados, solamente Gandalf lo sabía. Para los demás era imposible averiguarlo, no lo aparentaban, no habían cruzado palabra alguna; incluso se podría pensar que apenas se conocían pues ni a amigos lucía su relación.


Aragorn no se dio cuenta cuando regresaron con Gandalf y los demás. Iba detrás de Boromir. Caminando en esa dirección lo primero que se encontraban era a Legolas recargado en un árbol; Aragorn se extrañó al ver el aspecto de su esposo con la ropa claramente sucia de lodo y dos o tres rasguños que alarmaban su rostro con un tono carmesí, se preocupó pero no dijo nada. Boromir se detuvo ante el elfo.


- ¿Ha pasado algo? - obligó a Legolas a mirarle y en cuanto lo reconoció bajó el rostro de nuevo, se sentía incómodo con la mirada del hombre.


- Nada - dijo sin más.


- Yo no diría nada, que aquellas marcas opaquen la belleza de tu rostro es de alarmarse - Legolas volvió a mirarle y observó una sonrisa rápida que el hombre le dedicó antes de seguir hacia Gandalf.
Aragorn vio con desconfianza la mirada que Boromir le dirigió al elfo antes de encaminarse de nuevo. Si quedaba algo de confianza en el hombre antes, después de esa mirada y ese comentario, se había esfumado por completo.


- Bien - dijo Gandalf poniéndose de pie - . Vamos a continuar, la confianza de Boromir se ha visto reconfortada después de todo - el hombre solo vio desafiante al mago quien no le prestó mucha importancia.


- Pero no hemos acabado - protestó Merry con algo, que Gimli aseguró, era comestible, atragantándosele en la garganta.


- No importa, Meriadoc, continuamos. - pronto todos estaban de pie y, siguiendo a un Gandalf ya adelantado en el camino, reanudaron la marcha. Legolas cerró los ojos por un momento y suspirando recobró ánimos para seguir con el viaje y seguir caminando, debido a esto se convirtió, también, en el último de la fila. Aragorn no se había movido del lugar a dónde había llegado así que al momento de cruzarse con él para continuar, Legolas trató de ser lo más indiferente posible y pasar al hombre por alto; mas antes de que pudiera seguir con su plan, sintió cómo el hombre lo tomaba por el brazo fuertemente.


Aragorn pretendía darle fin a todo éste juego; después de todo ya estaban ahí, no había forma de que pudieran solucionarlo pero más que otra cosa, no pretendía seguir alejado de Legolas un minuto más.


- ¿Qué quieres? - preguntó lo más bajo posible el elfo, esperando que los demás no se dieran cuenta de la escena. Frunció el ceño aparentando enojo ante Aragorn, mas éste no cambió su firme semblante ni la fuerza con la tenía a Legolas sujeto - . Basta - intentó zafarse.


- ¿Qué te pasó? - preguntó sin tomar en cuenta los intentos y jaloneos de su esposo.


- No te importa - dijo con un último jalón en vano.


- Sí, me importa - y jalándolo así sí mismo ahora lo mantenía sujeto por ambos brazos - . Te comportas como un niño.


- Mira quien habla, fuiste tú quien comenzó con todo eso y ahora suéltame, ¿quieres? Nos dejarán atrás - ya se habían quedado solos y a pesar de no querer que sus compañeros se dieran cuenta de la situación, Legolas si se preocupaba por separarse del grupo.


- Bueno, entonces también seré yo quien lo termine - en aquellos momentos poco era el interés de Aragorn por mantenerse con el grupo, ya los alcanzaría después; para él, mientras se mantuviera con Legolas, no tenía demás preocupaciones. Legolas rió ante el comentario.


- No te será tan fácil - por un instante Aragorn soltó a Legolas sólo para tomarlo de nuevo, ahora con una mano le sujetó por la cintura y con la otra tomó el rostro para forzarlo a besarle. Al contrario de las expectativas del hombre, el elfo no lo rechazó, así que optó por profundizar el beso. Legolas separó los labios para hospedar la clara ansiedad de su marido, quien ahora ya se encontraba degustando con la boca del otro. Legolas tampoco perdió partido, con sus brazos rodeó el cuello de Aragorn, profundizando aún más, si era posible, aquel beso que reunía todo el deseo y la avidez que había estado vehemente todo este tiempo. Era el orgullo el que los había estado matando. Ambos eran guerreros incontenibles y ninguno cedía. Durante esos días que habían estado distantes ambos extrañaban el sabor de la boca del otro, pero era el orgullo el que los había estado matando sin poder pedirse perdón, por más mínimo que el detalle fuera; en silencio Legolas le agradeció al hombre, pero la falta de aire se hizo también presente y ambos se separaron; Legolas bajó las manos hasta el pecho de Aragorn donde centró su mirada.


- ¿Funcionó? - el elfo sólo respondió con una sonrisa a la pregunta de su esposo. Deshicieron el abrazo que los mantenía unidos - ¿Y qué te pasó?
Ante la pregunta, Legolas bajó la mirada. Preocupación y duda inundaban su cabeza ante el extraño acontecimiento, aún le parecía muy inusual y no encontraba explicación alguna para tal descuido; sin embargo tampoco quería preocupar a Aragorn más de lo que ya estaba, no quería parecer débil y darle la razón a su esposo, aceptar que este viaje era un verdadero peligro para él y más que otra cosa, para su bebé.


- ¡Oigan! - Por un momento, Legolas bendijo el día en que conoció a los enanos al reconocer la voz de Gimli - . Si no se apuran, se quedarán.


Ambos optaron en silencio por dejar la conversación para después, cuando encontraran nuevamente un momento para estar a solas.


- Legolas - llamó Aragorn - . Mantente alejado de Boromir - al principio Legolas se sorprendió de la petición de su esposo, luego entre una leve risa le respondió.


- ¿Estás celoso? - preguntó poniendo todo de su parte para no llamar la atención de Gimli, quien marchaba delante de ellos.


- Es en serio - se detuvo un momento para mirarlo, Legolas entendió la seriedad de las palabras del hombre - Tengo un mal presentimiento, no confío en él - Legolas asintió en silencio y continuaron con Gimli.



x x
x x x x




- No... - hacía unos diez minutos que el mensajero de Imladris y la escolta que había acompañado al Príncipe a aquel reino élfico habían llegado al Bosque Negro ante el Rey Thranduil - . Esto no, esto no puede ser cierto... - acababa de leer la carta firmada por Lord Elrond . Nunca antes el rostro del Rey había mostrado tal miedo y desesperación como en aquel momento.


Sí, Thranduil de Mirkwood amaba las joyas y las piedras hermosas, era avaricioso, amaba los tesoros y todo aquello que brillara, amaba sus riquezas, pero también amaba a su hijo, su mayor riqueza, y lo amaba más que nada en el mundo y podría dar todos sus diamantes y sus esmeraldas por Legolas y por su felicidad; y ahora ahí, ante las palabras de Elrond, sabiendo que era su hijo quien se encontraba en medio de esta terrible guerra, que era su hijo quien corría peligro, el solo pensamiento le aterraba, tenía miedo; por primera vez en su vida, El Rey Thranduil tenía miedo. Envolvió su rostro con sus manos y ahí se refugió de la terrible realidad hasta que una idea lo inundó, aún con las manos ante su rostro, la rubia cabellera revuelta ante la negativa.


- ...Lo hizo a propósito... - susurró y de inmediato cambió su voz tan bruscamente, gritando – ¡Ese maldito desgraciado envió a mi hijo para matarlo! - bajó la voz - No lo permitiré, me pagarás esta traición con creces, Elrond de Rivendel, me la pagarás - de inmediato salió corriendo del estudio en donde había recibido la carta y el primer rostro con el que se encontró fue con el de su primer consejero real.


- ¿Se encuentra bien, su Majestad? - dijo alarmado, viendo el pálido rostro del rey.


- Erdhtor, haz que preparen mi caballo de inmediato - dijo deteniéndose en seco, sin pensar.


- ¿Sucede algo, su Alteza? ¿Planea salir? Entonces debe ir acompañado con su escolta - respondió el elfo, en cierta forma tratando de tranquilizar al mandatario.


- ¡No! - el grito hizo estremecer al consejero, quien pasmado se dedicó a guardar silencio - has lo que te ordeno, no quiero escolta esta vez - y Thranduil se adelantó al salón donde guardaba sus tesoros más preciados, incluyendo las armas que solía usar cuando se trataba batallar, días añejos y aún, lozanos. Ahí, se acercó a un cofre grande de color plateado y lo abrió revelando su contenido. Un majestuoso arco, tenía la traza sublime y guerrera de los arcos de los galadhrim pero la delicadeza de la raza silvana. Lo tomó entre sus manos; en un costado del cofre se encontraba un carcaj, compuesto por los mismos trazos que del arco.


- Mi señor - aquel consejero apenas figuraba entre la puerta del salón - . Su caballo está listo -
Thranduil lo siguió.



x x
x x x x





- y para correr levemente sobre la hierba y las hojas, o sobre la nieve... un elfo - y Legolas salió corriendo sobre la espesa nieve con el propósito de traerles un rayo de esperanza, aunque fuera leve como los rayos de aquel sol. A su regreso y con el informe de la forma en que seguía el camino, todos bajaron la insaciable montaña por el sendero que antes Aragorn y Boromir habían abierto a través de la nieve. Tras estar a salvo de la saña de Caradhras, la comunidad, entonces, zanjó el tomar un camino tan peligroso como oscuro, Moria.


El viaje hacia las Murallas de Moria fue decadente y algo silencioso; a pesar de algún leve argumento de Gimli, una despedida a Bill, el poney de Sam quien, a sugerencia de Gimli y confirmación de Gandalf, no sería útil y pasaría mejor tiempo tomando el camino de vuelta.


Por lo general, Aragorn y Legolas cerraban la marcha, de vez en cuando se tomaban de las manos y entrelazaban sus dedos y sin necesidad de palabra alguna se decían todas las cosas hermosas del mundo en un solo toque. Habían decidido, queriendo tomar un talante más discreto, mantener en secreto su condición como matrimonio y así evitar complicaciones con el resto de la comunidad, los hobbits en especial eran muy curiosos.


Llegaron, entonces, a las Puertas de Durin para encontrarse con un acertijo.


- ¿Qué significa habla, amigo y entra? - preguntó Merry. La voz serena de Gandalf y la respuesta rotunda de Gimli, cultivó bastante confianza en el resto. Por supuesto, sólo había que decir la contraseña y entrar; ¿por qué, entonces, había pasado tanto tiempo ya meditando contraseñas el mago? Poco a poco su paciencia se iba viniendo abajo.


Había, alrededor de aquel lugar, un bosque, como muchos otros paisajes tenían el propio. Legolas creyó que sería buena idea ir a indagar un poco, conocer más, tal vez especies de árboles extrañas para él, al fin y al cabo nadie estaba haciendo nada útil y en definitiva, nadie estaba haciendo algo más interesante que esperar la palabra mágica de Gandalf. Se alejó de donde estaban, siguiendo un tanto el curso del río que ahí anidaba mientras profundizaba en aquel sitio.
Encontró un árbol alto y demostrando la agilidad bien conocida de los elfos, subió hasta la copa de aquel majestuoso elemento de la naturaleza, no sin antes asegurarse de que era bienvenido en él. Subió, entonces, para descansar un poco, no del viaje sino de todo pensamiento que lo agobiaba y se quedó ahí respirando el ligero viento que se anegaba, viento catártico y puro.


Pasó no mucho cuando escuchó claramente unas cargadas pisadas acercándose al sitio donde estaba. Miró con cuidado hacia abajo y alcanzó a ver, a pesar de la oscuridad, a Boromir. Supo, de inmediato, que el hombre no sabía de su presencia y seguramente se había alejado del sitio de reunión con intenciones similares a las del elfo. Vio como Boromir inspeccionaba el lugar y al mismo tiempo se acercaba a un cúmulo de arbustos. De este cúmulo sobresalían, entre las hojas verdes, una planta de un color cercano al plateado. Boromir estaba a punto de cortar un gajo de ese hermoso ejemplar, cuando, apenas haciendo un leve ruido, Legolas saltó de la rama donde se encontraba.


- No la toques - le advirtió al hombre, quien de inmediato volteó alarmado, preparado a sacar su espada en defensa de cualquier extraño, pero enseguida reconoció al elfo - . No la toques, te hará daño - Boromir devolvió la vista a la planta.


- No lo sabía, no he visto nada así en mi reino - se defendió, regresando la mirada al elfo, quien se acercó hacia él con la mirada clavada en la planta.


- Estamos lejos de Gondor, a pesar de su belleza, muchas plantas pueden ser venenosas, como ésta lo es - luego miró hacia un costado - a diferencia de esta otra - y se inclinó a tomar desde la raíz una mata que yacía escondida y con un tono de verde tan común que en la oscuridad era casi imposible de concebir - . Tiene propiedades curativas, basta este pequeño brote para curar una fuerte fiebre - concluyó extendiendo la mano hacia Boromir para dársela, quien tomó de inmediato la hierba y junto con ella también sostuvo con fuerza la mano de Legolas.


- No lo sabía. Poco sabía de la sorprendente belleza y la gran sabiduría de los elfos hasta que los conocí más de cerca en Imladris - pronto Legolas notó la considerable fuerza que el hombre imprimía en él, sin poder soltarse - . Son maravillosos realmente, sin embargo... - bajó a tomar la muñeca del elfo, sin reducir la fuerza - ...nada como tú, nada tan bello... tan deseable.


- Te agradezco el halago - en este punto Legolas estaba más que incómodo, intentó soltarse jalando con fuerza pero no lo consiguió - . Pero te pediré de la más cordial forma que me sueltes - resaltó con la voz más firme que pudo y al mismo tiempo clavó su mirada en la del hombre, algo en ella le aterrorizó.


Boromir no perdió más tiempo y arremetió contra el cuerpo del elfo, cayendo encima de él, aún tenía sujeto a Legolas por la muñeca.


- Suelt... - estuvo apunto de alzar la voz cuando la hambrienta boca del hombre capturó la suya en un beso que lo dejó inmóvil por unos segundos; cuando reaccionó, comenzó a golpear el pecho del otro con la mano que tenía libre y a forcejear tratando de liberar la otra. Boromir no lo dejaba respirar, había aprovechado el intento de Legolas por hablar y así había introducido desde un inicio su lengua en la cavidad del elfo, explorándola como un loco. El elfo intentó quitarlo de encima con sus piernas, más no pudo.


- No es posible, por más fuerte o pesado que sea yo debería poder con él... ¿Por qué no puedo? - sintió como la mano del hombre con la que no lo sujetaba bajaba hasta su entrepierna, le entró el pánico; supo entonces que no podría con Boromir quien de pronto se separó del elfo para tomar aire. Legolas no pensó un segundo más y se preparó para gritar.


- ¡Alto! - lo detuvo la voz del hombre - . Antes de que grites piensa en Frodo - Legolas no tuvo tiempo de pensar en Frodo como le había dicho el hombre cuando sintió la húmeda lengua de Boromir recorrer su rostro. Apretó los dientes, cerró los ojos.


- ¡Aragorn! - clamó en silencio.


Boromir estaba tan concentrado saboreando la piel del elfo que no sintió el golpe que lo había hecho a un lado hasta que ya estaba debajo del montaraz.


- ¡Te mataré desgraciado! - la cara de Aragorn mostraba una furia y una ira que Legolas nunca había visto antes, ni siquiera cuando Elrond había echado a Legolas de Rivendel al saber que se casarían.
Aragorn mandaba puñetazos directos a la cara del de Gondor, quien apenas se podía defender. Un empujón de Boromir, en el segundo en el cual Aragorn había bajado la guardia para seguir golpeándolo, bastó para librarse del peso del montaraz y de inmediato se puso en pie.


- ¿Por qué? - vociferó Boromir apenas recuperándose - ¿También te gusta? Si quieres lo compartimos - Legolas apretó los dientes ante tal comentario, Aragorn por su parte estuvo apunto de volver a tirar al otro, decidido a matarlo de verdad esta vez, cuando la voz de Gandalf lo detuvo.


- ¡Deténganse los dos! - dictó detrás de Legolas, a quien ayudó a levantar, pues seguía en el suelo - ¿Estás bien pequeño? - el elfo sólo asintió - Boromir - llamó con aquella voz segura, firme, inmutable. Boromir lo miró de frente - . Espero, por tu bien, que nunca más se te vuelva a ocurrir ponerle una mano a Legolas de nuevo; tal vez no lo sepas, pero no eres indispensable para la Comunidad.


El silencio envolvió a los cuatro, Boromir sólo miraba al suelo, intimidado por las palabras de Gandalf.


- ¡Gandalf! - oyó la voz de Frodo desde lejos, no llevaba alarma ni premura, así que, de inmediato, el mago intuyó que no se trataba de algo grave, aún así salió de inmediato para atender el llamado del hobbit - ¡Boromir! - lo llamó y el hombre lo siguió también, procurando no mirar a Aragorn. - Que no les tome demasiado tiempo - concluyó mirando de reojo a Legolas y luego a Aragorn.


Dejaron que pasaran unos segundos. Pronto, Aragorn se adelantó hacia donde estaba Legolas con paso lento; se sorprendió al ver la rápida acción del elfo al tirarse desesperadamente en los brazos de su marido. Aragorn se apresuró también rodeándolo fuertemente; le sostuvo la cabeza, pues Legolas la había resguardado ya en el pecho del hombre. Con la otra mano recorría la espalda del elfo, confortándolo.


- Está bien, ya pasó todo - le susurraba al oído - Legolas - lo separó un poco de sí, sin romper el abrazo y le tomó la barbilla - . Ya pasó todo - acabó depositando un suave beso en los labios del temeroso elfo. Legolas se aferró de nueva cuenta a su marido, sujetando con fuerza su chaquetilla.


- Perdóname - el hombre se sorprendió ante tal comentario.


- ¿Qué? - lo tomó por los hombres obligándolo a mirarle – . Legolas no tengo nada que perdonarte, no... sabes que te amo, no podría culparte de nada, no tendría por qué - y con eso se acercó a beber de los labios de su elfo en un largo y pronunciado beso, al término de cual ambos se dedicaron una sincera sonrisa, representando todo el apoyo y amor que simbolizaba para el otro.


- Te amo - le susurró al hombre.


- Yo también te amo... a los dos - dijo posando ligeramente su mano en el vientre de Legolas - vamos - regresó su mirada hacia el otro - regresemos con el resto.




x x
x x x x





- Pronto... un nuevo orden comenzará... - dijo el elfo aún con los ojos cerrados, aún concentrado en su tarea. No escuchó ni siquiera, los ligeros pasos de su hija acercándose.


- ¿Qué órdenes manda el Señor Oscuro... Ada? - dijo Arwen con una sonrisa en su rostro, su mirada centrada en el palantír frente a ella.


- Pronto, hija mía, tendrás lo que por derecho te corresponde, pronto, la escoria que te arrebató tu felicidad... morirá - sentenció Elrond, separando su mano de aquel objeto.


- Elrond... - escucharon una agitada voz detrás de ellos - ...¿Cómo te has atrevido?... ¡¿Desde cuándo eres el aliado del enemigo?! - gritó Thranduil - . ¡Habla maldito, dime por qué has enviado a Legolas a esa guerra! - la voz de Thranduil era más que agitación, sorpresa, ira y furia. No podía creer lo que sus ojos veían. Ahora lo sabía, sabía que su hijo corría un gran peligro. Un inmenso terror invadió su corazón, tenía que hacer algo, tenía que salvarlo.


Elrond sonrió.



...TBC...




----
Perdón a todos por la tardanza y más que nada, gracias a Midhiel por todo.
Esta historia está almacenada en http://www.slasheaven.com/viewstory.php?sid=13005